El payaso risitas estaba triste porque no podía hacer reír a los niños en el circo. Su hada madrina lo ayudó dándole una poción mágica y enseñándole a mover su cuerpo y cara de maneras graciosas. En la siguiente actuación, el payaso pudo hacer reír a todos con sus nuevos movimientos y expresiones, y desde entonces siempre estuvo alegre y contento, por lo que lo llamaron el payaso risitas.
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El payaso risitas estaba triste porque no podía hacer reír a los niños en el circo. Su hada madrina lo ayudó dándole una poción mágica y enseñándole a mover su cuerpo y cara de maneras graciosas. En la siguiente actuación, el payaso pudo hacer reír a todos con sus nuevos movimientos y expresiones, y desde entonces siempre estuvo alegre y contento, por lo que lo llamaron el payaso risitas.
El payaso risitas estaba triste porque no podía hacer reír a los niños en el circo. Su hada madrina lo ayudó dándole una poción mágica y enseñándole a mover su cuerpo y cara de maneras graciosas. En la siguiente actuación, el payaso pudo hacer reír a todos con sus nuevos movimientos y expresiones, y desde entonces siempre estuvo alegre y contento, por lo que lo llamaron el payaso risitas.
El payaso risitas estaba triste porque no podía hacer reír a los niños en el circo. Su hada madrina lo ayudó dándole una poción mágica y enseñándole a mover su cuerpo y cara de maneras graciosas. En la siguiente actuación, el payaso pudo hacer reír a todos con sus nuevos movimientos y expresiones, y desde entonces siempre estuvo alegre y contento, por lo que lo llamaron el payaso risitas.
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El payaso risitas
Había una vez un payaso que no sabía reír y además cuando salía en el circo tampoco hacía gracia a los niños que iban a verlo.
El payaso estaba muy triste (Poner cara triste, apretando labios
suavemente y entornando los ojos). Pero un dio cuando estaba medio dormido y pensando qué hacer para no estar triste y hacer reír a los demás, apareció su hada madrina, y le preguntó: - ¿Qué te pasa?. - Pues que cuando salgo al circo y hago la función, nadie se ríe. Vamos, no me río ni yo. Mira no se me mueve ninguna parte de mi cara, ni puedo levantar ni brazos ni pies, de triste que estoy. - Bueno esto se va a solucionar muy pronto. Entonces, sacó su varita mágica, y dijo unas palabras: - Pata tááá pata tííí todo el mundo a reír. (Repetir). - ¿Ya está?, preguntó el payaso. - Ya está,- le contestó -; en la próxima función, lo veremos.
Pero antes tengo que comprobar si tienes preparado la cara y todo
el cuerpo para hacer reír a la gente. Tienes que moverlo todo, y entonces seguro que harás reír a todos y tú también te reirás y estarás alegre. Yo te acompañaré. (Los niños acompañan todos los movimientos para ayudar al payaso).
Y así lo hizo: (Empezó a mover los ojos, abriendo y cerrando
los dos a la vez, uno y otro alternando). (Luego continúo con los labios, haciendo pedorretas, juntándolos y separándolos sin hacer y después haciendo ruido, poniéndolo uno encima de otro, poniéndose serio y con sonrisa).
El payaso, cada vez se iba poniendo más contento, porque cada
vez movía más y mejor las partes de la cara. Siguió con la lengua (moviéndola de un lado para otro, de arriba a abajo, intentando tocar la nariz, dentro y fuera, paseándola por los dientes, rápido y lento). Después hizo como si fuese a inflar un globo (tomaba aire por la nariz y soplaba suave por la boca, después más fuerte para inflarlo mejor, incluso soplaba tres veces seguidas).
Todo iba saliendo muy bien y seguía más animado.
(Luego empezó a repetir palabras acompañado de palmadas: pa-lo, pa-ta-ta, so-pa, mo-no, ca-fé, si-lla, ven-ta-na, ni-ño, pozo, de-do,... - Siguió diciendo expresiones inventándose diferentes ritmos: ooooeeeee, hooolaaa, hola holaaaa., aíi, aíiiíí, aíiíí, eoo, eoo eooooo) Cuando el payaso vio que todo le había salido estupendamente sonrió y le dio las gracias a su hada madrina, y se despidió de ella: - ¡Adiós, adiós, muchas gracias!. Entonces el payaso actuó al día siguiente y mucho más días, y todos reían con las cosas que hacía (jajaja ja, jejejeje, jijijíji, jojojojojo, jujujuju)
Nunca más estuvo triste, y siempre estaba alegre y riendo.
Desde entonces le llamaban el payaso risitas. Por eso siempre debemos intentar estar alegres y contentos, para que los demás también lo estén.