Sentencia Jdo. Penal 23 (Femen-Almudena)
Sentencia Jdo. Penal 23 (Femen-Almudena)
Sentencia Jdo. Penal 23 (Femen-Almudena)
NIG: 28.079.43.1-2014/0257489
Procedimiento: Procedimiento Abreviado 147/2017
O. Judicial Origen: Juzgado de Instrucción nº 29 de Madrid
Procedimiento Origen: Diligencias previas 2736/2014
SENTENCIA
El Ilmo. Sr. Don PABLO MENDOZA CUEVAS, MAGISTRADO-JUEZ titular del Juzgado
de lo Penal Número 23 de los de Madrid, quien ha visto el Juicio Oral del presente
procedimiento seguido por presuntos delitos de odio y contra los sentimientos religiosos, entre
las siguientes partes:
1º.- ANA U. G., habiendo estado representada por la Procuradora DOÑA ISABEL AFONSO
RODRÍGUEZ y defendida por el Letrado DON ENDIKA ZULUETA SAN SEBASTIÁN.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO- Con fecha de 10 de abril de 2.017 tuvo entrada en este Juzgado, repartido por el
Decanato de los Juzgados de Madrid, procedimiento abreviado instruido por el Juzgado de
Instrucción Número 29 de los de esta ciudad en el que se decretó, por auto de fecha de 9 de
febrero de 2.016, la apertura de Juicio Oral contra las acusadas por la presunta comisión de
delitos contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos (pareciendo, de esta forma,
la concurrencia del delito de odio que, como luego veremos, también fue objeto de acusación).
Incoado el correspondiente procedimiento en este Juzgado y previa admisión de los medios de
prueba que se estimaron pertinentes, se señaló día para la celebración de Juicio Oral, que tuvo
lugar, tras la suspensión del señalamiento inicialmente previsto para el día 24 de octubre de
2.018, el día 16 de noviembre de 2.018, con el resultado que es constatable en las
correspondientes acta y grabación audio/visual del mismo.
1º.- El Ministerio Fiscal consideró cometido por las acusadas un delito contra los sentimientos
religiosos del art. 524 del Código Penal, del que las consideró responsables, en concepto de
autoras, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, y
para las que solicitó:
a) La pena de prisión de 9 meses e inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de
sufragio pasivo durante el tiempo de la condena.
b) Costas.
TERCERO- Las partes elevaron sus conclusiones provisionales a definitivas tras la práctica
de la prueba declarada pertinente que pudo llevarse a efecto, informando después en apoyo de
sus respectivas pretensiones, concediéndose el derecho de última palabra a las acusadas.
HECHOS PROBADOS
ÚNICO- Junto a la calle Bailén de esta ciudad se alza la Catedral de la Almudena, templo
consagrado al culto de los católicos. Su carácter catedralicio le confiere la cualidad de templo
católico principal de la Archidiócesis de Madrid, teniendo también relevancia monumental,
estando además muy próxima a otros importantes monumentos de la Villa de Madrid, entre ellos,
el Palacio Real, el Teatro Real o la Plaza de Oriente.
Sobre las 09:00 horas del día 13 de junio de 2.014, las acusadas, ANA U. G. y CARLOTA
C.C., ya reseñadas, una vez abierta la Catedral al público, accedieron a su interior, se dirigieron a
la citada cruz, se desvistieron de cintura para arriba dejando su torso completamente desnudo, se
subieron a la peana de la Cruz citada y se encadenaron a la celosía enrejada antes descrita, con la
intención de que solo pudieran ser desalojadas con la rotura de las cadenas, lo que impediría que
el mismo pudiera efectuarse de forma inmediata. En su torso llevaban escritas las expresiones
“Altar para abortar”, “Gallardón inquisidor”, “aborto ilegal” o “tomemos el altar”. Además,
verbalmente, durante unos cinco minutos del tiempo total que estuvieron encadenadas, gritaron
expresiones del tipo “Altar para abortar”, “aborto ilegal, tomemos el Altar”, “aborto es
sagrado” y “libertad para abortar”, haciendo Carlota C. varias veces el gesto de santiguarse.
Los Agentes actuantes tuvieron que cortar las cadenas con una cizalla ante la negativa de las
acusadas a abrir los candados con los que las habían cerrado.
Se tomó la decisión de cerrar la Catedral en tanto que se ponía fin al incidente, volviendo a
abrirse después.
En estas fechas existía un intenso debate social sobre el contenido del proyecto sobre la
reforma de la regulación del aborto que, impulsado por el Ministerio de Justicia bajo la
denominación Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo, se
encontraba en ese momento sometido a la fase de informe del Consejo General del Poder
Judicial, no habiendo sido todavía emitido.
Las acusadas, activistas del movimiento “Femen”, ante el hecho de que la Conferencia
Episcopal Española se mostraba favorable a una modificación de la Legislación vigente sobre el
aborto, que consideraba una de las que menos protegía la vida humana en el mundo entero,
decidieron realizar la acción antes descrita como modo de dar relevancia pública a la posición
por ellas defendida, la de considerar el aborto un derecho irrenunciable.
FUNDAMENTOS JURÍDICOS
PRIMERO- Cuestiones previas.
Sobre este punto existe una absoluta falta de regulación expresa de la L.E.Crim., habiendo
sido la tradición la que ha determinado la posición del acusado dentro de la Sala de Vistas,
posición tradicional a la que se ha acomodado la arquitectura física de las mismas. Con
posterioridad, la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado vino a señalar en su art. 42 2 “El acusado
o acusados se encontrarán situados de forma que sea posible su inmediata comunicación con los
defensores”, por lo que la doctrina y la Jurisprudencia han venido a abogar en favor de la
aplicación extensiva de esta norma. En este sentido cabe citar al Tribunal Supremo Sala 2ª, S 3-
7-2006, nº 780/2006, rec. 826/2005 que hace abierta critica del sistema tradicional al mencionar
la distancia física entre acusado y cliente como elemento que impidió, en el concreto supuesto
solventado por esa sentencia, el adecuado ejercicio del derecho de defensa.
En el auto de admisión de pruebas se hacía alusión a razones arquitectónicas que impedían
colocar a las acusadas junto a su abogado, razones que ya no se dieron al haberse trasladado el
Juicio a la Sala grande del edificio Judicial, lo que posibilitó hacer aplicación analógica del
citado art. 42 2 LOTJ, quedando así satisfecho el deseo de la defensa de poder comunicar con las
acusadas durante el Juicio.
II. En cuanto a las características físicas de la Cruz el Juzgador ha intentado hacer una
descripción amplia, detallada y lo más objetiva posible a partir de las imágenes aportadas en el
acto del Juicio y con cuyo visionado se inició la fase probatoria. Sobre todo en el video aportado
con la denominación “Atena3.mp4”, puede verse imágenes que dan detalle de la estructura de la
Cruz, observándose nítidamente que las cadenas se fijan al forjado de hierro que rodea el madero
vertical de la Cruz, pero no directamente a éste, aunque no cabe excluir que, por el movimiento
de las mismas durante la acción de las acusadas, llegaran a tocarlo en algún momento, aunque en
todo caso sin producir daños.
III. Respecto de la ubicación de la Cruz dentro del templo, ambas acusaciones la ubican en el
Altar Mayor de la Catedral. Aunque no es algo que para el Juzgador tenga una importancia
determinante, el Canónigo encargado de la Catedral indicó que estaba ubicada en el centro del
presbiterio que estaba rodeado por unos cordones destinados a impedir el acceso del público que
visita la Catedral, pero que no es el Altar mismo. De hecho, otro de los testigos presentes, por
entonces seminarista, declaró que el Altar quedó afectado, pero no por la acción directa de las
acusadas, sino porque alguno de los periodistas presentes dejó sobre el mismo cámaras, mochilas
y otros instrumentos de trabajo.
IV- La acción que se relata que hicieron las acusadas es la que se ve y oye en los videos y
fotogramas aportados, no siendo negada por las mismas en su interrogatorio, en el cual solo
respondieron a las preguntas de su defensa, prefiriéndose aquella fuente de prueba a la
declaración de los testigos, pues sus manifestaciones al respecto, sin dejar de ser coincidente con
dichas grabaciones, son menos precisas y detalladas por el tiempo transcurrido.
V- Los Agentes actuantes que declararon como testigos confirmaron que las cadenas se
cerraron con candados, que las acusadas no les facilitaron las llaves, que nos las encontraron en
sus mochilas, una vez localizadas, y que tuvieron que cortarse las cadenas. Señalaron también
que, cuando ellos llegaron, las acusadas ya estaban en silencio y el templo estaba tranquilo.
VI- Se cerró la Catedral, pero no por decisión directa de las acusadas, y con la evidente
finalidad principal de que su acción no tuviera aún una mayor difusión. Según declararon los
Agentes actuantes, esa decisión de cierre provino de la decisión del personal de la Catedral. Este
cierre fue tan solo temporal y en un momento en que era libre el acceso, pero en el que no se iba
a celebrar ninguna ceremonia. El testigo entonces seminarista, hoy sacerdote, cifró la duración
total del suceso en una media hora y los gritos de las acusadas en unos 5 minutos.
VIII- Que las acusadas pretendían buscar una forma de dar publicidad a su posición sobre que
el aborto es un derecho irrenunciable se deriva con claridad de las expresiones que tenían
impresas en sus torsos y las verbalmente proferidas. En ninguna de ellas se tachan, por ejemplo,
de ridículas las creencias católicas y en ninguna de ellas se hace ver que los creyentes católicos
son ciudadanos de peor condición o no merecen todo el respeto que es lo que, objetivamente,
evidenciaría un claro animo de ofensa. Es cierto que ellas no podían dejar de conocer que su
modo de hacer pública y notoria su posición podía molestar a los católicos, quedando para la
fundamentación jurídica la determinación de si ello es o no suficiente para entender cometido
alguno de los numerosos delitos objeto de enjuiciamiento. De hecho, el propio testigo
seminarista declaró en fase de Instrucción, y confirmó en Juicio, que las acusadas pretendían una
“reivindicación”.
IX- Es obvio que fueron las propias acusadas quienes dieron aviso a la prensa que tomó
imágenes y grabaciones en el lugar de los hechos. Solo eso es compatible con que el Seminarista
viera que se produjera una entrada simultánea en el templo de las acusadas y de los periodistas.
X- Aunque se trata de un hechos posterior al suceso, lo que para el Juzgador hace que pierda
toda relevancia, la prueba practicada no permite adverarlo.
TERCERO- Razones por las que se considera que los hechos declarados probados son
atípicos penalmente.
El uso de imágenes religiosas en los templos católicos está normativizado por la Iglesia
Católica, en concreto por el canon 1188 del Código de Derecho Canónico de 1983 que señala:
“Debe conservarse firmemente el uso de exponer a la veneración de los fieles imágenes
sagradas en las iglesias; pero ha de hacerse en número moderado y guardando el orden debido,
para que no provoquen extrañeza en el pueblo cristiano ni den lugar a una devoción desviada”.
Igualmente hay que tener en cuenta el canon 1210 según el cual “En un lugar sagrado sólo
puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la
religión, y se prohíbe lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar”. La conducta
llevada a cabo por las acusadas es una muy clara e incontestable contravención de las normas
Dicho lo anterior, también parece incuestionable al Juzgador que, desde el punto de vista
penal, “ultima ratio” del derecho, y más teniendo en cuenta el carácter aconfesional del Estado,
lo que debe protegerse con el Derecho Penal estatal no es el total respeto por todos, católicos o
no, a las normas del Derecho Canónico o a las normas, escritas o no, de cualquier otra confesión
religiosa reconocida, sino que debe tenderse a la evitación de conductas que atenten en forma
efectiva al derecho fundamental a la libertad religiosa de sus ciudadanos, que se entiende que es
el bien jurídico protegido en este caso. La razón que lleva al Juzgador a pensar que es este, y no
otro, es el bien jurídico protegido en último extremo es que los delitos por los que se formula
acusación se insertan en el Título XXI del Libro II del Código Penal, que lleva la rúbrica
“Delitos contra la Constitución”. Y solo puede atentarse contra la Constitución mediante la
comisión de estas figuras delictivas si queda afectado el derecho fundamental a la libertad
religiosa que reconoce su art. 16 1. También parece claro que un Estado aconfesional no puede
defender como indiscutibles las convicciones religiosas, sino que debe hacer respetar la absoluta
libertad de profesarlas y la dignidad de quienes la practican.
Lo anterior nos lleva a recordar que según el art. 2 de Ley Orgánica 7/1980, de 5 de julio, de
Libertad Religiosa:
“1. La libertad religiosa y de culto garantizada por la Constitución comprende, con la
consiguiente inmunidad de coacción, el derecho de toda persona a:
a) Profesar las creencias religiosas que libremente elija o no profesar ninguna; cambiar de
confesión o abandonar la que tenía, manifestar libremente sus propias creencias religiosas o la
ausencia de las mismas, o abstenerse de declarar sobre ellas.
b) Practicar los actos de culto y recibir asistencia religiosa de su propia confesión;
conmemorar sus festividades; celebrar sus ritos matrimoniales; recibir sepultura digna, sin
discriminación por motivos religiosos, y no ser obligado a practicar actos de culto o a recibir
asistencia religiosa contraria a sus convicciones personales.
c) Recibir e impartir enseñanza e información religiosa de toda índole, ya sea oralmente, por
escrito o por cualquier otro procedimiento; elegir para sí, y para los menores no emancipados e
incapacitados, bajo su dependencia, dentro y fuera del ámbito escolar, la educación religiosa y
moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
d) Reunirse o manifestarse públicamente con fines religiosos y asociarse para desarrollar
comunitariamente sus actividades religiosas de conformidad con el ordenamiento jurídico
general y lo establecido en la presente ley orgánica.
2. Asimismo comprende el derecho de las Iglesias, Confesiones y Comunidades religiosas a
establecer lugares de culto o de reunión con fines religiosos, a designar y formar a sus
ministros, a divulgar y propagar su propio credo, y a mantener relaciones con sus propias
organizaciones o con otras confesiones religiosas, sea en territorio nacional o en el extranjero.”
No estará demás recordar, por lo que luego se explicará, que el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos ha señalado reiteradamente que la libertad de expresión constituye uno de los
fundamentos esenciales de una sociedad democrática, una de las condiciones primordiales de su
progreso y del desarrollo de cada uno. Sin perjuicio del apartado 2 del artículo 10 del
Convenio, vale no sólo para las “informaciones” o “ideas” acogidas favorablemente o que se
consideran inofensivas o resultan indiferentes, sino también para las que hieren, ofenden o
importunan: así lo requiere el pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura sin los cuales
no existe ninguna “sociedad democrática” (Handyside c. Reino Unido, 7 de diciembre de 1976,
§ 49, serie A no 24, y Lindon, Otchakovsky-Laurens y July c. Francia [GS], no 21279/02 y
36448/02, § 45, CEDH 2007-IV). Tal como lo consagra el artículo 10 del Convenio, la libertad
de expresión lleva aparejada unas excepciones que requieren sin embargo una interpretación
restrictiva, y la necesidad de restringirla debe estar motivada de forma convincente. Y en este
sentido debe citarse la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, sec. 3ª, S 13-3-
2018, nº 51168/2015 et 51186/2015, en la que se condenó a España por vulneración del art. 10
del Convenio, sentencia que, no obstante, no deja de remarcar: “El TEDH recuerda que la
tolerancia y el respeto de la igualdad de la dignidad de todos los seres humanos constituyen el
fundamento de una sociedad democrática y plural. De ello resulta que en principio se pueda
juzgar necesario, en las sociedades democráticas, sancionar, incluso prevenir, todas las formas
de expresión que propaguen, inciten, promuevan o justifiquen el odio basado en la intolerancia
(incluida la intolerancia religiosa), si se vela por que éstas “formalidades”, “condiciones”,
“restricciones” o “sanciones” impuestas sean proporcionales a la finalidad legítima
perseguida”.
Partiendo, por lo dicho, de que no puede haber una equivalencia entre infracción canónica y
delito y sanción penal en un Estado aconfesional y democrático, y que lo que puede justificar la
intervención penal es que el derecho a la libertad religiosa se vea verdaderamente afectado,
pasaremos al análisis de la posible tipicidad de la conducta enjuiciada teniendo en cuenta los
distintos tipos penales que han sido invocados; debiendo criticarse en este punto la clara
exacerbación calificadora en que ha incurrido la acusación particular, pues ha imputado la
comisión de 5 delitos por una única conducta, con varias agravantes, pidiendo pena separada por
Por la acusación particular se considera de aplicación el apartado 2 de dicho art. 510 que
castiga, con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de seis a doce meses, a “ Quienes
lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o
descrédito de alguno de los grupos a que se refiere el apartado anterior, o de una parte de los mismos, o
de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a ellos por motivos racistas, antisemitas u
otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a
una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de
género, enfermedad o discapacidad, o produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir,
faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de
material o soportes que por su contenido sean idóneos para lesionar la dignidad de las personas por
representar una grave humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos mencionados, de
una parte de ellos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a los mismos”.
Dejando a un lado los términos excesivamente amplios en que está redactado el precepto, que
no parecen demasiado acordes al principio de legalidad penal, que implica que cualquier
persona, con la sola lectura de la Ley Penal, sepa sin dudas lo que le está permitido y lo que le
está prohibido, parece que lo que este precepto pena es la realización de acciones que faciliten la
creación de un clima favorable al denominado discurso del odio.
Puesto que al Holocausto que se produjo durante la II Guerra Mundial precedió un discurso
del odio contra el pueblo judío, discapacitados o gitanos, en el que, de palabra y de obra, se les
consideraba de peor condición que al resto, con menos derechos, en definitiva, en el que se
atacaba su dignidad humana; parece que se ha querido, para evitar que la historia se repita,
adelantar el ámbito de protección penal, castigando penalmente, no solo ese discurso de odio
directo, también los actos de humillación, menosprecio o descredito que tiendan a provocarlo o
potenciarlo. Como recuerda el Tribunal Supremo Sala 2ª, S 12-4-2011, nº 259/2011, rec.
1172/2010, citando al Tribunal Constitucional, se trata de no tolerar la utilización del
menosprecio y el insulto contra personas o grupos, que faciliten la generación de sentimientos de
hostilidad contra ellos.
Castiga el precepto, por cuya infracción también acusa el Ministerio Fiscal a los que “en
templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas ejecutare actos de profanación en
ofensa de los sentimientos religiosos legalmente tutelados”.
Parece lógico arrancar el análisis sobre este delito tomando como referencia el contenido de
las sentencias de 18 de marzo de 2.016, del Juzgado de lo Penal nº 6 de los de esta ciudad, y de
la Sección 16 de la Audiencia Provincial de Madrid, de 16 de diciembre de 2.016, que revoca la
anterior, tanto por su proximidad temporal como, sobre todo, porque se refieren a un supuesto de
hecho con innegables equivalencias fácticas con el presente. La revocación de la sentencia de
instancia, que había sido condenatoria, se produce por entender que no se ha producido un acto
de profanación en un supuesto al que desde luego no cabe atribuir menos gravedad que al
presente.
La sentencia de la Audiencia Provincial parte de un examen casuístico de los diferentes
supuestos examinados por los Tribunales, comprobando que en los casos de condena habían
tenido lugar actos físicos sobre objetos inequívocamente susceptibles de ser profanados, lo que
lleva, por un lado, a excluir que el mero hecho de desnudarse de cintura para arriba constituya
ese acto de profanación y, por otro, a concluir que el tipo exige que estemos ante “un acto de
profanación claro, directo, evidente y, por supuesto, físico, y no derivado del simple hecho de
incumplir determinadas normas sociales, por mucho que ello pueda herir sentimientos religiosos
de quienes profesan determinada religión”.
La sentencia de instancia en cambio entiende que, aunque el tipo exige algo más que
manifestaciones ofensivas de carácter verbal, que, o bien tendrían entrada por la vía del art. 525
(de lo que luego nos ocuparemos) o bien serían atípicas, no es necesario que haya un contacto
físico directo con la cosa sagrada, para que exista profanación.
Según la RAE profanar es tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos
profanos; y la primera de las acepciones del verbo tratar es, según la RAE, la de manejar algo y
usarlo materialmente. En esta situación, tanto por una acepción literal de la palabra, como por la
evidente necesidad de evitar una aplicación extensiva de la Ley Penal que sancione cualquier
Por lo anterior no puede considerarse que se produjera, además de un acto ofensivo, un acto
de grave profanación que afectara al derecho fundamental a la libertad religiosa de los católicos
en cualquiera de sus vertientes.
Castiga el precepto a quienes “para ofender los sentimientos de los miembros de una
confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de
La comisión de este delito requiere que se haga escarnio (burla tenaz que se hace con el
propósito de afrentar, según la RAE). El adjetivo tenaz apunta a una cierta idea de continuidad o
contumacia que es dudoso que se de en este caso. Pero lo que es indudable es que lo que hicieron
las acusadas no es una burla de los dogmas, creencias, ritos o ceremonias de la religión católica o
una vejación de sus practicantes, con el propósito de minusvalorar a los creyentes o hacerlos de
peor condición por tener sus creencias, sino la de oponer, frente a la posición pública de la
Iglesia Católica de defender el carácter sagrado de la vida desde el momento de la misma
concepción, su posición, y la de una parte de la sociedad, de que existe un derecho al aborto y
que este es irrenunciable. Se hace además en un contexto en que existía debate político y social
sobre si la Legislación sobre el aborto debía ser o no modificada. Y en esta situación es cuando
cobran especial consideración las palabras del TEDH en el sentido de que, con la excepción del
discurso del odio, que ya hemos argumentado que no se da en este caso, debe soportarse la
defensa de ideas, incluso las que hieran, ofendan o importunen. Y esto es lo que claramente
hicieron las acusadas, defender una idea, la del derecho al aborto.
Hay que remarcar además que el tipo incluye un elemento subjetivo, puesto que se requiere
que el sujeto activo actúe "para ofender". Es decir, se quiere que la conducta de los autores se
haya realizado con la intención directa de ofender un sentimiento religioso colectivo. Y ese
animo ofensivo ni siquiera es atribuido de forma expresa en el apartado de hechos del escrito de
acusación particular, único que sostiene la comisión de este delito, luego elevado a definitivo. No
solo eso, los datos objetivos que dicho escrito consigna (el que las acusadas llamaran a la prensa
o el que eligieran la Catedral de la Almudena por su importancia) apuntan al animo exclusivo de
protesta política que las acusadas dijeron tener.
Del art. 522 se ha invocado el apartado que castiga a los que “por medio de violencia,
intimidación, fuerza o cualquier otro apremio ilegítimo impidan a un miembro o miembros de
una confesión religiosa practicar los actos propios de las creencias que profesen, o asistir a los
mismos”. El segundo al que “con violencia, amenaza, tumulto o vías de hecho, impidiere,
interrumpiere o perturbare los actos, funciones, ceremonias o manifestaciones de las
confesiones religiosas inscritas en el correspondiente registro público del Ministerio de Justicia
e Interior”.
Hacemos un análisis final y conjunto de estos preceptos porque en los mismos se materializa
de forma especial la exacerbación calificadora en que ha incurrido la acusación particular. Se
invoca su aplicación sin concretar en el apartado de hechos la práctica de qué actos religiosos
Al no haber personas responsables criminalmente de la infracción que motiva este juicio, las
costas deben declararse de oficio. (Art. 240 2º de la Ley de Enjuiciamiento Criminal).
Visto lo expuesto por las partes, los arts. citados y demás de general y pertinente aplicación.
FALLO
Que debo absolver y absuelvo libremente a ANA U. G. y a CARLOTA C. C. de los
diversos delitos de odio y contra los sentimientos religiosos de que ambas venían acusadas,
declarando de oficio las costas procesales causadas.
Así, pronuncio, mando y firmo ésta, mi Sentencia, de la que se unirá certificación a las
actuaciones.
E/
PUBLICACIÓN- La anterior Sentencia fue dada a publicar por el Ilmo. Sr. Magistrado-Juez
titular del Juzgado de lo Penal Número 23 de los de Madrid, estando en Audiencia Pública en el
día de la fecha. Doy fe
NOTA: De conformidad con el Reglamento (UE) 2016/679, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27
de abril de 2016, se informa que la difusión del texto de esta resolución a partes no interesadas en el
proceso en el que ha sido dictada sólo podrá llevarse a cabo previa disociación de los datos de carácter
personal que los mismos contuvieran y con pleno respeto al derecho a la intimidad, a los derechos de las
personas que requieran un especial deber de tutela o a la garantía del anonimato de las víctimas o
perjudicados, cuando proceda.
Los datos personales incluidos en esta resolución no podrán ser cedidos, ni comunicados con fines
contrarios a las leyes.