Congreso de Viena PDF

Descargar como pdf o txt
Descargar como pdf o txt
Está en la página 1de 16

CONGRESO DE VIENA

(Alianzas y contra-alianzas)

Rosa María Olvera Gómez


Marzo 2004

Existen momentos en la historia que determinan el futuro de estados


y continentes enteros. El Congreso de Viena, que se realizó del
otoño de 1814 hasta el verano de 1815, marcó no sólo el destino de
Europa sino de las Relaciones Internacionales hasta nuestros días.

1 CAMINO A VIENA

En 1812 las guerras napoleónicas habían acabado con la seguridad en Europa.


Francia, a pesar de aumentar su territorio y ver consolidados sus ideales
revolucionarios, resentía los estragos de las constantes batallas; la Grand Armée,
aunque era numéricamente grande, cada vez estaba peor preparada, en realidad
se había convertido en una fuerza multinacional integrada por franceses,
prusianos, alemanes, italianos y polacos.
Napoleón Bonaparte se había convertido en el enemigo común de los
europeos1. Las diferencias y reclamos parecían desvanecerse ante la amenaza
que representaba el Emperador Francés. Conforme Francia crecía territorialmente
el odio al General Bonaparte aumentaba. A pesar de que la nobleza2, sobre todo
la austriaca3, había empezado a sucumbir ante los ‘encantos’ del conquistador,
Rusia e Inglaterra no se resignaban a aceptar su dominio.

1
Los más de 376 mil austriacos, los 300 mil españoles, 289 mil rusos, los 243 mil británicos, 134 mil
prusianos muertos a causa de las guerras napoleónicas, ilustran la magnitud de la catástrofe. Aunque la
mayoría de las bajas fueron francesas. De los más de dos millones de decesos causados en el campo de batalla
o por las secuelas de la guerra, al menos la mitad eran civiles. Cfr. M. White, Selected Death Tolls for Wars,
Massacres and Atrocities Before the 20th Century, 2003, en users.erols.com/mwhite28/
2
Paul Johnson narra magistralmente las íntimas relaciones familiares que se establecieron a partir de que la
nobleza europea tuvo que departir con Napoleón Bonaparte. Cfr. Paul Johnson, El Nacimiento del Mundo
Moderno, Javier Vergara, México, 1999, cap. 2
3
El Rey Francisco I de Austria concedió la mano de su hija María Luisa a Napoleón Bonaparte.
Simbólicamente era inaceptable esa unión, pues representaba la legitimación del asesinato de María

1
En 1813, las victorias militares y los vínculos con la aristocracia
‘ennoblecían’ a Napoleón. El ‘nuevo status’ del General llevó a Austria, Prusia y
Rusia a que le propusieran un tratado4 en el que se establecían las condiciones
para regresar a la paz europea a cambio de la devolución de los territorios
arrebatados a estos tres imperios, pudiéndose quedar con el resto del Imperio
Napoleónico. El Emperador rechazó el acuerdo basándose en su poder militar. No
obstante, meses después, en Leipzig, tuvo lugar la batalla de las naciones en la
que la gloriosa Gran Armée fue derrotada. Este triunfo militar fue el resultado de
una acción conjunta de la Alianza Cuádruple, integrada por Inglaterra, Rusia,
Prusia y Austria.5
Tras derrotar a los franceses, en mayo de 1814 los aliados entraban a
París. Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra decidieron firmar un tratado con
Napoleón, con base en el cual se le cedía la isla de Elba y, a la emperatriz se le
otorgaba una pensión y se le concedería el título de Duquesa de Parma. El
nombre oficial del “Tratado de Fontainebleau”, indica el respeto y consideración
con que fue tratado el vencido emperador francés: “Tratado entre las potencias
aliadas y su Majestad el Emperador Napoleón.” Mientras se festejaba la derrota de
Napoleón cuando Metternich profetizaba que “la guerra se reanudará en dos
años.”6
Europa se preparaba para sentar unas bases sólidas sobre las que
descasaría la estabilidad del continente. La primera preocupación era ¿quién
quedaría al frente de Francia? Se dieron muchas respuestas, cada potencia
aportaba una, pero finalmente se decidió que la mejor opción era el regreso de los
Borbones. Luis XVIII ocupó un trono más para la casa de los Habsburgo7. Con
esta cuestión comenzaban las primeras pláticas en Austria, mismas que
recordaron a los entusiastas estadistas que antes de Napoleón había problemas e
intereses encontrados.

Antonieta, prima de la próxima emperatriz, a manos de los revolucionarios, representados por el Anticristo
Corso, apelativo con el que se refería la nobleza a Bonaparte. Cfr. Will & Ariel Durant, The Age of Napoleon,
MJF Books, Nueva York, 1975, pp. 220 y sigs.
4
Este tratado que fue rechazado por Napoleón se conoce con el nombre de “Tratado de Reichenbach”.
5
Esta alianza surgió oficialmente hasta noviembre de 1815, sin embargo, en la práctica funcionaba desde
1813.
6
P. Johnson, pág. 91
7
La familia Habsburgo controlaba gran parte de Europa a partir de las relaciones familiares y las
combinaciones matrimoniales.

2
2 INICIA EL CONGRESO DE VIENA

A Viena acudieron los representantes de las grandes potencias8 y las menores


como España, Portugal o la región italiana, no se quedaron fuera del evento.
Fueron también invitados personajes como el sultán de Turquía y el Papa. Haber
incluido a Francia al Congreso evitaba que la primera conferencia de paz moderna
se convirtiera en una reunión de vencedores, que podría haber tenido efectos
secundarios contraproducentes, como fue el caso del trato recibido por la
derrotada Alemania en Versalles, un siglo después. Era importante construir un
orden europeo sin darle la espalda a la aún poderosa Francia9.
En Viena se dieron cita todos los soberanos europeos y los dirigentes
políticos más importantes: Metternich Nosselrode, Castlereagh y Hardenberg eran
los representantes que integraban la cuádruple alianza10, que poco después se
convirtió en una pentarquía cuando se les unió Talleyrand. También asistió el
sultán de Turquía y el papa acompañado por el cardenal Consolvi, quien se
desempeñaba como consejero del Estado Pontificio.
El Congreso fue regulado y dirigido por las potencias rectoras, la
pentarquía, aunque en realidad la batuta estuvo en manos de Metternich, dirigente
anfitrión que obtuvo grandes triunfos políticos para Austria y se convirtió en un
gran mediador que llevó a buen puerto el Congreso .

3 EL REGRESO DE NAPOLEÓN

Casi un año después, en marzo de 1815 regresó al Continente un personaje que,


pese a no haber sido invitado a Viena, era un protagonista del Congreso:
Napoleón Bonaparte. El General había escapado de su cautiverio, logró llegar al
8
Concepto que, a decir de Eric Hobsbawn, surgió en aquel período. Cfr. E. Hobsbawn, La Era de la
Revolución, Crítica, Buenos Aires, pág. 110
9
En 1800, 15 de cada 100 europeos eran franceses (Cfr. Marcel Reinhard y André Armengaud, Historia de la
Población Mundial, Barcelona, Ediciones Ariel, 1966, p. 219); su ejército era el más grande de Europa y su
economía la segunda más importante (Cf. Charles Tilly, Coerción, Capital y los Estados Europeos. 990-1990,
Alianza, Madrid, 1992, p. 126).
10
La cuádruple alianza estaba integrada por Austria, Rusia, Gran Bretaña y Prusia.

3
continente y desembarcar en Cannes, en donde contaba con el apoyo de algunos
simpatizantes. Se instaló en las Tullerías y consiguió que Luis XVIII se asilara en
Gante. Las intenciones bonapartistas fueron rechazadas, para su sorpresa, sólo
su cuñado Joaquín Murat11, que gobernaba en Nápoles, le brindó apoyo. La
segunda sorpresa la recibió cuando encontró un ejército francés disminuido debido
a que Luis XVIII había abolido el servicio obligatorio. La presencia de Napoleón
paralizó a los invitados al Congreso, quienes suspendieron sus pláticas, crearon
otra coalición y decidieron cómo hacerle frente al otrora Emperador. Estaban
convencidos de que el regreso de Napoleón era incompatible con el deseo de paz
que imperaba.
Tres meses después, en junio de 1815 Napoleón fue derrotado
definitivamente por las fuerzas aliadas, dirigidas por Wellington, en la famosa
batalla de Waterloo. El enfrentamiento decisivo tuvo lugar nueve días después de
que el Congreso había llegado a su fin. Para el 25 de junio, los aliados entregaban
a Luis XVIII su trono.
Napoleón Bonaparte fue un protagonista del Congreso, porque sus guerras
ocasionaron que las potencias estuvieran dispuestas a unir fuerzas en contra del
enemigo. Además, cuando el Congreso estaba llegando a un punto muerto, casi al
borde del fracaso, la huída napoleónica de la Isla de Elba y los cien días de
gobierno a su regreso, estimularon que terminaran de atarse los cabos sueltos. La
filas se volvieron a cerrar para hacer frente al ‘usurpador’; Austria y Rusia limaron
asperezas y cooperaron en favor de la estabilidad europea. Las acciones de
Napoleón determinaron la política y el destino de Europa establecidos en Viena.

4 LOS PROTAGONISTAS

Los intereses en el Congreso eran de diversa índole. A Rusia, Prusia y Austria les
motivaba la devolución de territorios que el Emperador había ganado para Francia.
Para Inglaterra, lo importante era establecer condiciones de estabilidad para que

11
Joaquín Murat conservaba su trono porque se había aliado con los austriacos para pelear contra Napoleón,
pero al regreso de su cuñado, decidió apoyarlo, lo que provocó compartir derrota y ser fusilado. Con ello hubo
un trono más rápidamente fue ocupado por otro Habsburgo. Cfr. Luis Palacio Bañuelos, Siglo XIX, Instituto
Gallach, Barcelona, 1999, pag. 3004

4
el comercio no fuera obstaculizado y mantener la libertad de navegación12. Para
ello, era necesario establecer un equilibrio de poder en el Continente. La
aportación más importante de Metternich, el corazón de su filosofía, era
precisamente el equilibrio. Esta idea central fue defendida también por
Castlereagh y Talleyrand. La amistad que fue surgiendo entre ellos proporcionó un
ingrediente indispensable al Congreso de Viena. Ellos tres pasaron a la historia
como los estadistas que dieron paz y orden a Europa durante un siglo. El
Congreso fue dirigido por esta ‘unión tripartita’, que no quería que el resentimiento
prusiano, ni los excesos del Zar lo dominaran. Los representantes inglés, austriaco
y francés, coincidían en su visión de Europa como una región en la que se
preservara la paz mediante una cuidadosa balanza de intereses, donde ninguna
potencia pudiera imponerse.
Una de las amenazas más graves para la construcción del nuevo orden
europeo venía de la propia lógica de la diplomacia, que para ese entonces era
predominantemente secreta. Por ejemplo en junio de 1815, Inglaterra, Francia y
Austria se unieron contra la postura de Rusia y Prusia sobre el tema de Polonia13 y
Sajonia. No obstante, a pesar de que los tratados o pactos secretos se hicieron
presentes en Viena, los estadistas como Metternich no desviaban la mirada de la
causa europea, el austriaco se atrevía a exclamar: “abracémonos y olvidemos
todo. No volvamos a mencionar el incidente y tratemos los problemas graves”.14
El primer arreglo del Congreso fue el regreso de los Borbones a Francia;
Inglaterra estuvo de acuerdo con ello, siempre que la política externa estuviera en
manos de Talleyrand.

Las preocupaciones principales en el Congreso eran: ¿qué pasaría con Francia y


Nápoles? y ¿cómo repartir a Polonia y Sajonia?

En Francia se restauró la monarquía y gracias a la habilidad de Talleyrand, fue


reconocida como otra de las potencias rectoras. En Nápoles, después de la
muerte de Murat, por su desafortunado apoyo brindado a Napoleón durante el

12
Recordemos que uno de los pilares del imperio inglés fue su flota.
13
Polonia fue también dividida y entregada ante las pretensiones territoriales de las potencias (Rusia y Prusia
principalmente)
14
Cfr. P. Johnson, pag. 126

5
gobierno de los cien días, el trono también regresó a manos de los Borbones.
Polonia y Sajonia, ambas regiones, reclamadas por Rusia y Prusia
respectivamente, fueron divididas para satisfacer las pretensiones territoriales de
las dos potencias y garantizar así el entendimiento europeo.
Asimismo, el Congreso fue el marco en el que se abordaron diversos temas
de igual importancia, entre ellos: el futuro de la Confederación Germana, que
implicaba el destino de 38 estados; el establecimiento de las fronteras de los
Países Bajos; el arbitraje en la relación con Prusia y los países escandinavos; el
establecimiento de las fronteras de Suiza y la garantía de respetarlas y las
acciones internacionales en contra del comercio de esclavos.
Inglaterra apoyó casi todos lo reclamos territoriales. Castlereagh tenía muy
claro que el resultado del Congreso debía ser un conjunto de principios prácticos
que garantizaran la seguridad europea.15 El Imperio inglés consideraba la
conveniencia de ayudar a Austria a recuperar el poderío –al menos territorial- que
había tenido. El imperio de Francisco I estaba casi desintegrado desde 1812, pero
fortalecer a la ‘Gran Austria’ significaba poner un obstáculo al Zar y a sus
pretensiones en Europa Oriental y sobre todo en los Balcanes.
Por otro lado, también era de interés para los ingleses fortalecer a Prusia. A
ésta, se le concedió Sajonia, Renania, Westfalia y Pomerania y se convertía en la
principal fuerza de Alemania Septentrional. Con ello, se frenaban al mismo tiempo
las aspiraciones expansionistas francesas y rusas. Una barrera más para Francia
fue colocada en beneficio de Inglaterra, cuando se aceptó que Bélgica formara
parte de los Países Bajos, ello significaba cerrar los puertos flamencos a los galos.

A pesar de que políticamente el Congreso fue bien orquestado y dirigido, y aunque


los efectos colaterales fueron reducidos al mínimo, se pueden identificar al menos
otros dos grandes perdedores resultado del Congreso de Viena: Italia, que tuvo
qué ver como se repartían su territorio en aras de la estabilidad europea; y el
nacionalismo Alemán, que había sido estimulado por las ideas revolucionarias y
utilizado contra Napoleón Bonaparte. Pero ahora, era un obstáculo para el
anhelado orden europeo, de hecho el nacionalismo era visto como una amenaza

15
Cfr. Will & Ariel Durant, pp. 732 y 733

6
para la restauración. En el aire se respiraba el ‘deseo de equilibrio’, Alejandro von
Humboldt, quien se desempeñaba como consejero de la legación prusiana, se
manifestaba a favor de una confederación alemana que ayudara a preservar la
paz en el continente, que debía unirse para la defensa, no para la expansión;
soñaba en convertir a Alemania en un fideicomiso dedicado a la ciencia, la
educación y el progreso.
El sueño de Karl von Stein, y su federación posgermana, de reconstruir, con
ayuda de Zar, el Sacro Imperio, a expensas de los ‘príncipes pequeños’16, tuvo
que esperar algunos años. En realidad, Alejandro I de Rusia se mostraba
desinteresado ante este plan. El nacionalismo alemán empezó a mirar hacia Berlín
y dejó de confiar en Viena.

5 EL ACTA FINAL

Cabe señalarse que el acta final del Congreso de Viena fue aceptada por todas la
grandes potencias, más Suecia, España y Portugal. No obstante, tanto el Papa
como el Sultán se negaron a firmarla.

Se adoptaron medidas para evitar que Francia pudiera convertirse en una


amenaza una vez más. Con el pesar de Metternich, quien abogaba por mayor
severidad en contra de Francia, las condiciones finales, restablecieron las
fronteras galas de 1790. En aquel momento, se encuentran las semillas de
conflictos posteriores, por ejemplo a Prusia se le cedió la región del Sarre,
territorio históricamente disputado. También se le concedió establecer una
ocupación militar durante un periodo que de entre tres a cinco años. Estas
medidas fueron generando el resentimiento galo contra sus vecinos.
El interés primordial era que la Cuádruple Alianza pudiera garantizar que
Napoleón Bonaparte no regresara jamás y cooperar para que ninguna amenaza
semejante tocara suelo europeo. Los estadistas crearon en Viena un sistema de
congresos para prevenir conflictos en Europa17.

16
Entre los que figuraban Jorge III de Inglaterra que a su vez era Rey de Hanover; el monarca danés que era
también duque de Holstein y, el Rey holandés, duque de Luxemburgo.
17
El tema de los congresos posteriores será abordado un poco más adelante.

7
Geográficamente, el acta final dibujó un nuevo mapa, en el que se crearon
barreras a Francia. Gran Bretaña, si bien no tenía pretensiones territoriales,
enfocaba sus intereses en establecer las condiciones necesarias para el desarrollo
comercial. Aseguró en el documento las bases en el Mar del Norte, en Hanover18;
en el Mar mediterráneo, a través de Malta y las islas Jónicas; garantizó la libertad
de navegación en el camino rumbo a la India y aseguró bases en Ceilán y el Cabo,
territorios cedidos por Holanda.
Rusia retuvo Finlandia y Besarabia a costa de Turquía y, sobre todo, se
quedó con casi todo el territorio polaco. Ello convertía al Zar en el hombre más
importante de Oriente. Prusia logró conservar sus territorios polacos, parte de
Sajonia y el Oeste de Alemania. Austria renunció a Bélgica, a cambio de algunos
territorios más cercanos como: Venecia, Tirol, Milán, Salzburgo, Iliria. Suecia se
anexionó Noruega y en Italia se restituyeron a los príncipes. En la Península
Ibérica se regresaron sus tronos y fronteras.
El acta también dispuso la creación de estados que serían utilizados como
territorios de contención. Ese fue el origen de los Países Bajos, creado con la
unión de Holanda y Bélgica, cuya vida llegó hasta 1830. Al frente de este estado
quedó Guillermo de Orange. El mismo origen y propósito tuvieron Prusia Renania,
el reino de Cerdeña- Piamonte y la Confederación Suiza, cuya neutralidad fue
garantizada por las potencias aliadas.

Territorialmente, las potencias habían sido satisfechas; políticamente el orden


regresaba y se manifestaba un repudio por todo lo que pudiera sonar a revolución,
se había restaurado el orden. Ello implicaba una radicalización de la postura
conservadora ante los excesos revolucionarios.

18
Recordemos que el Rey inglés era al mismo tiempo el de Hanover.

8
6 LA SANTA ALIANZA

Pieza fundamental de este orden ‘restaurado’, se debió a la creación de La Santa


Alianza, diseñada por el Zar de Rusia en el marco del Congreso de Viena.
Alejandro I de Rusia19 señalaba que las bases para el orden europeo
debían ser la justicia, la caridad cristiana y la paz. Afirmaba que los influyentes
consejeros de los príncipes debían orientar los pasos de las potencias guiados por
esos tres preceptos. Confiaba en que todos eran miembros de una misma
comunidad cristiana.
La propuesta zarista generó inconformidad general. La mano de Metternich
salvó la idea original. Con base en el texto original, el ministro austriaco hizo
algunas modificaciones. El resultado fue un documento que condenaba las
revoluciones donde quiera que se produjeran y reafirmaba los principios que todos
los cristianos debían sostener: legitimidad20, orden y derecho establecido. El
ministro de Austria afirmaba: “en Europa sólo hay un problema, la Revolución (...)
La finalidad de los facciosos es única y uniforme, la subversión de la legalidad
vigente (...). El principio que los monarcas deben oponer a este plan de
destrucción universal es la conservación de la legalidad vigente21.” Con la Santa
Alianza se institucionalizó el uso de la fuerza contra cualquier movimiento
revolucionario22.
La ayuda internacional se traducía en hacer legítimo e institucional el
principio de intervención. También Metternich advertía de las limitaciones que
debía tener la práctica intervensionista: “Ningún gobierno puede atribuirse el
derecho a intervenir en lo asuntos de otro estado independiente. El derecho de
intervención bien entendido se extiende únicamente a los casos extremos en los
cuales, a causa de revoluciones violentas, el orden público se halla tan
quebrantado que el gobierno pierde la fuerza (...) En este estado de cosas, el
derecho de intervención corresponde de forma tan clara a todo el gobierno

19
Alejandro creía que era un elegido de Dios que tenía como misión acabar con las ideas revolucionarias. Se
consideraba como el gran vencedor de las guerras napoleónicas y su propuesta de la Santa Alianza obedeció a
la influencia de su mentora religiosa la baronesa de von Krüdeneer.
20
Con base en este principio, se restauró en el trono francés a Luis XVIII
21
Citado Luis Bañuelos, El siglo XIX, ... pág. 3008
22
Simbólicamente, la derrota de Napoleón suponía el triunfo sobre la revolución.

9
expuesto a los peligros de ser arrastrado por el torrente revolucionario, como a un
particular le corresponde el derecho de extinguir el fuego de una casa próxima
para impedir que alcance la suya” 23
La Santa Alianza se convirtió en un instrumento práctico que estrechó los
vínculos entre los mandatarios. En realidad se trataba de un pacto de ayuda
mutua entre monarcas cristianos con base en los preceptos de justicia, caridad y
paz, era preciso “ayudarse y socorrerse en cualquier ocasión y lugar”. Con la
Santa Alianza se colocó a la religión como base de la estabilidad de Europa, pese
a que la historia no aportaba evidencia alguna de que la religión garantizara el
entendimiento y la concordia entre los países europeos.24

Al crear esta institución, el Zar se convertía en el árbitro de Europa, satisfacción


personal para Alejandro I, quien había visto obstaculizadas la mayoría de sus
pretensiones durante el Congreso de Viena.
Las reacciones ante la ocurrente propuesta zarista no se hicieron esperar.
El Papa protestó, su molestia obedecía a que no podía permitir que un ruso
ortodoxo quisiera organizar al mundo católico. El sultán se sintió ofendido, pues
nunca aceptaría la guía espiritual de un infiel. Castlereagh no podía
comprometerse con la Santa Alianza, pues iba en contra de las leyes inglesas. A
decir de la Sra. Arbuthnot, quien hablaba en nombre de Castlereagh y Wellington,
la Santa Alianza era un idea absurda, pues era el origen de una policía general
para toda Europa, no podía tolerar la idea de movilizar las tropas de un país, para
establecer el orden en otro.

Con el suicidio de Castlereagh en 1822, Inglaterra se inclinó hacia una postura


más liberal de la mano de Canning, sucesor del canciller. Si bien nunca formó
parte de la Santa Alianza, a partir de la década de los veinte, el alejamiento fue
notorio; muestra de ello fue el apoyo brindado a todos los movimientos de
independencia latinoamericanos.25

23
Citado por Luis Bañuelos, ... pag. 3007
24
Cfr. Gallach, pag. 2989
25
De hecho, la lucha contra Napoleón obedeció a intereses prácticos y comerciales, más que ideológicos. La
ideología de la Restauración, no era compartida por los ingleses. Quienes en aquel momento habían asumido
algunas políticas liberales. La forma de hacer política estaba cambiando con remitente inglés.

10
La puesta en práctica de la Santa Alianza estimuló, por un lado, la
formación de sociedades secretas que abogaban por políticas liberales, por
gobiernos de monarquías constitucionales, entre estos grupos destacaron los
carbonarios; y por otro, favoreció los nacionalismos contenidos coercitivamente
hasta la segunda mitad del siglo XIX.

7 EUROPA EN CONGRESOS

Los estadistas estaban convencidos de que era indispensable que las potencias
de la pentarquía se reunieran periódicamente para discutir sobre lo que pudiera
poner en riesgo la estabilidad impuesta desde 1815. Con base en el artículo VI del
acta final, estos encuentros eran lo “(...) más saludable para la tranquilidad y la
prosperidad de las naciones y para mantener la paz de Europa26.” Conforme estas
reuniones se realizaban, se evidenciaba la fragilidad del equilibrio europeo. Este
sistema sólo duró 7 años, en los que se organizaron sólo cuatro congresos:
Aquisgrán, Troppau, Laibach y Verona.
El primer congreso se llevó a cabo de septiembre a noviembre de 1818 y
sus temas centrales fueron: la ocupación militar de Francia, la piratería en los
mares y la abolición de la esclavitud. Este fue el primer momento en el que se
puso en evidencia las diferencias entre los estados aliados –y encargados de la
estabilidad. Con ello se confirmaba que el único motivo por que las potencias
habían accedido a formar una alianza era la lucha contra Napoleón.
En el Congreso de Troppau, de octubre a diciembre de 1820, se abordó el
tema de las revueltas en Nápoles. Gran Bretaña y Francia habían decidido sólo
enviar observadores a la región. Mientras que Austria, Rusia y Prusia se
pronunciaban por la intervención. En el acta final de este congreso se reiteraba
que las revoluciones tenían un origen ilegítimo y por tanto debían sofocarse. En el
último momento Francia aceptó firmar el acuerdo.
En Laibach se llevó a cabo el tercero de los congresos durante enero de
1821. En él se decidió la intervención de Austria en el Norte de Italia y de Rusia a

26
Citado por Luis Bañuelos, ..., pag. 3008

11
zonas de Europa Oriental contra movimientos liberales. El resultado fue que,
después de la intervención, Austria controlaba toda la península itálica violando el
respeto por las fronteras establecidas en 1815.
El último de estos congresos tuvo lugar en Verona, de septiembre a
diciembre de 1822. Ahí, se aceptó la intervención francesa en España contra el
gobierno liberal que había sido impulsado por el mismo Fernando VII. Esta
intromisión estaba condicionada a que Gran Bretaña asumiera permanecer neutral
para evitar un conflicto mayor.

Los intereses encontrados y la competencia por el protagonismo político, arruinó el


sistema. Si se quiere hacer un análisis más completo no podemos ser indiferentes
a dos decesos que influyeron notablemente en el desarrollo de la política
internacional de los siguientes años. Ya había mencionado la muerte del canciller
Castlereagh, pero también debemos considerar la de Alejandro I. Cuando la
política exterior estuvo en manos de Canning, se impulsó un espíritu liberal que
contravenía el conservadurismo del Congreso de Viena. Cuando Nicolás I estuvo
al frente de Rusia, su principal interés era un acercamiento con Inglaterra, lo que
implicaba renunciar a las alianzas y pactos que se habían establecido con Austria
y Prusia, que dificultaban su relación con la Isla.

CONCLUSIONES

El 12 de febrero de 1815, el consejero secreto de Metternich, el prusiano Gentz,


escribió a Cardja, gobernador de la Valquiria: “Las grandes frases sobre la
reconstrucción del orden social, sobre la regeneración del orden político de
Europa, sobre la paz duradera fundada en el reparto de las fuerzas, etc., eran
recitadas para tranquilizar a los pueblos y para dar a esa solemne reunión un aire
de dignidad y de grandeza; pero el verdadero objetivo del Congreso de Viena era
la distribución entre los vencedores de los despojos arrancados al vencido”.
Metternich opinó al respecto: “A fin de cuentas, esta descripción es correcta”27.

27
Cfr. Roberto Calasso, La Ruina de Kasch, Anagrama, Barcelona, 1989, p. 43

12
Europa había sido azotada por las fuerzas de Napoleón Bonaparte.
Veinticinco años de guerra tenían arruinada la economía europea. Pronto la
sociedad empezó a padecer los estragos de las guerras napoleónicas sumadas a
las sequías de los primeros años del siglo XIX. Socialmente la presión iba en
ascenso; despidos, miseria y hambre fueron factores claves para el auge del
movimiento obrero de la segunda mitad del siglo XIX, situación que iba en contra
del espíritu del Congreso de Viena. No obstante, el orden establecido dio un
respiro a Europa.
El programa del Congreso no sólo incluía negociaciones de alto nivel,
también incluía bailes, banquetes, cacerías y conciertos28. Es decir, el Congreso
fue una combinación de discusiones decisivas y frivolidad. De hecho, las fiestas
habían demostrado ser el mejor momento para los arreglos políticos. Al final, entre
negociaciones y romances, Talleyrand y Metternich habían colocado a sus
estados como protagonistas del destino europeo. A lado de Castlereagh,
Nosselrode y Hardenberg, se había puesto fin a la tiranía de Napoleón, se habían
fijado nuevas fronteras y se habían establecido la bases para una nueva
organización europea. El Congreso de Viena no sólo pretendía resolver la
cuestiones pendientes, -entiéndase por éstas, sobre todo, las cuestiones
territoriales-; sino que se propuso la elaboración de una constitución para toda la
comunidad europea, cuya base sería el establecimiento de la paz y el “reparto de
los despojos” entre las potencias vencedoras, con la virtud al menos de no
aplastar a la derrotada Francia.
El Congreso de Viena de 1814-1815 no sólo fue la primera conferencia de
paz moderna29, sino que los procedimientos utilizados en él, fueron la pauta para
las conferencias internacionales siguientes e incluso para las que se celebran en
la actualidad. Asimismo, las decisiones tomadas en el Congreso de Viena
sentaron el precedente de muchas figura políticas que hoy reconocemos como
elementales para la política internacional. Por ejemplo, la Alianza cuádruple y
quíntuple y el sistema de congresos puede recordarnos al Consejo de Seguridad
28
Recordemos que para ese momento Beethoven estaba todavía en Austria, de modo que los invitados de
Francisco I fueron deleitados por el compositor.
29
Anterior al Congreso sólo habían tenido lugar acuerdos bipartitas o tripartitas, pero el alcance del evento y
la asistencia al mismo fueron elementos novedosos para su momento.
Autores tan distintos como Roberto Calasso y Paul Johnson, abundan en la novedades del Congreso de Viena,
“la primera convención internacional moderna”.

13
de la ONU30. Sin duda, en Viena se inició una época dinámica de esplendor
diplomático cuyo sistema estaba sostenido por la celebración de conferencias.
Aunque la organización original funcionó sólo hasta 1830, algunos
acuerdos, como los franco-germanos, duraron hasta 1870; y aunque, hacia la
segunda mitad del siglo XIX se podían ver dos posturas políticas opuestas: la de
Inglaterra y Francia –sistemas liberales-, y la de los regímenes absolutistas -Rusia,
Austria y Prusia-; la política exterior europea estuvo determinada por las pláticas
de Viena, y la estructura general del ‘concierto europeo’31 duró hasta 1914.

A pesar de las novedades y éxitos del Congreso de Viena, aún hoy se sigue
cuestionando su papel en el mantenimiento del orden internacional. Existen
versiones, como la de Karl Polanyi, quien ha dudado de la importancia del acuerdo
para el mantenimiento de la paz. Según, él, el siglo de ‘paz y progreso’ no sería el
producto de ningún acuerdo político, sino del dominio de los financieros en los
asuntos internacionales, que en ese momento, para asegurar mayores ganancias,
consideraban que era mejor la estabilidad que la guerra. Peor aún, según esta
versión, el ‘orden restaurado’ no restauró nada, por el contrario, bajo la égida
inglesa el librecambismo adquirió una dimensión nunca antes conocida. De
acuerdo a esta interpretación, por lo que respecta a los héroes de la diplomacia,
en realidad serían secundarios comparados a los miembros de las Haute Finance
(Altas Finanzas)32.
El analista norteamericano I. F. Stone, duda de los beneficios del sistema
de equilibrios al estilo del Congreso de Viena. En realidad, este sistema configuró
bloques que con el tiempo, se alinearon para hacer una devastadora guerra.
Además, la paz del XIX descansaba sobre un orden armamentista; las potencias
se hacían más poderosas, se armaban y organizaban mejor para la guerra,
esperando que con ello, ésta nunca llegara. El diagnóstico del estadounidense no
es halagador:

30
Esta idea la sustento en que los tratados tenían la garantía colectiva de estar vigilados por la pentarquía.
Este sistema fue efectivo hasta 1870.
31
Este concepto también fue acuñado en ese periodo. Cfr. Hobsbawn, pag. 110
32
Cfr. Karl Polanyi La Gran Transformación, México, FCE, 1992, cap. I

14
“El Concierto de Europa presidido por Metternich, desde el inicio fue
disonante. En quince años quedó confinado al este y el centro de Europa.
Las revoluciones de 1830 y 1848 estremecieron sus fundamentos y
provocaron la caída de Metternich. El equilibrio de poderes estimuló como
nunca antes una onerosa carrera armamentística, dividió a Europa en
bloques hostiles y la llevó inevitablemente a la Primera Guerra Mundial en
cuyas trincheras los hombres sufrieron el más grande baño sangre jamás
conocido. Al terminar, los hombres intentaron librarse de la política de
equilibrios de poder, para limitarse a la soberanía nacional –un eufemismo
para el derecho a matar- y crear una confederación mundial. El fracaso de
este intento condujo a un nuevo equilibrio inestable de poderes, una nueva
carrera armamentística que concluyó en la Segunda Guerra Mundial y a
otro intento de crear un orden mundial pacífico. Pero la Organización de las
Naciones Unidas pronto fue hecha a un lado por un nuevo equilibrio de
poderes de bloques hostiles que año con año aumentan sus gastos
militares. Aquí vamos de nuevo”33.

Este párrafo, escrito en el marco de la guerra fría, nos habla del peligro de
un orden basado en el equilibrio de poderes fuertemente armados. No obstante,
hoy, la supremacía militar de Estados Unidos nos hace reflexionar sobre qué será
más peligroso para la humanidad: el equilibrio de poderes o la instauración de un
orden unipolar.

33
I. F. Stone, ‘The Flowering of Henry Kissinger’ en The New York Review of Books, noviembre 2 de 1972

15
FUENTES

- Will & Ariel Durant, The Age of Napoleon, MJF Books, Nueva York, 1975
- Luis Palacio Bañuelos, Siglo XIX, Instituto Gallach, Barcelona, 1999, pag. 3004
- Roberto Calasso, La Ruina de Kasch, Anagrama, Barcelona, 1989, p. 43
- E. Hobsbawn, La Era de la Revolución, Crítica, Buenos Aires
- Paul Johnson, El Nacimiento del Mundo Moderno, Javier Vergara, México, 1999
- Karl Polanyi La Gran Transformación, México, FCE, 1992, cap. I
- Marcel Reinhard y André Armengaud, Historia de la Población Mundial,
Barcelona, Ediciones Ariel, 1966
- I. F. Stone, ‘The Flowering of Henry Kissinger’ en The New York Review of
Books, noviembre 2 de 1972
- Charles Tilly, Coerción, Capital y los Estados Europeos. 990-1990, Alianza,
Madrid, 1992
- M. White, Selected Death Tolls for Wars, Massacres and Atrocities Before the
20th Century, 2003, en users.erols.com/mwhite28/

16

También podría gustarte