VP Barudy PDF
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tratos infantiles
Dr. Jorge Barudy
Introducción
El desafío es saber cuáles son los recursos que los profesionales tenemos
para construir consensos sobre la existencia, la naturaleza y el origen de un
problema con los miembros de una familia, para luego acordar trabajar
juntos en la resolución de estos, movilizando y potenciando los recursos
naturales familiares, así como los profesionales. En el marco de esta
presentación hablaremos de los aportes posibles, pero necesarios para
trabajar con familias que de acuerdo a nuestros modelos hemos definido
como abusivas.
1)La capacidad de vincularnos como personas a otras personas.
Por otra parte la opción de trabajar con las personas que componen la
familia, con un enfoque individual sistémico está destinado a preservar y
proteger a las víctimas de las estrategias de manipulación de los
ostentadores del poder y responsables de los abusos y de la violencia. Esto
ocurre cuando estos no colaboran realmente con la intervención, no
reconocen los problemas de violencia ni menos su responsabilidad en la
génesis de estos. Se trata generalmente de familias con un historial
trangeneracional de malos tratos y abusos, donde las personas adultas con
prácticas abusadoras no recibieron cuando niños la protección necesaria ni
el reconocimiento de sus sufrimientos como víctimas. La intervención
individual sistémica consiste en facilitar procesos reparativos de los
múltiples traumatismos de las víctimas y ayudarles al mismo tiempo a
crear nuevas formas de familiarización con aquellos miembros de la familia
que se impliquen en los procesos de rehabilitación. Por ejemplo, el o la
progenitora que no ha abusado directamente, los hermanos u otros
miembros de la familia extensa. En estos proyectos de re-familiarización se
debe considerar también como recurso a las padres acogedores, las
familias de apoyo, los y las educadoras de Centros, incluyendo también a
los propios terapeutas.
Cualquiera sea la opción a la hora de actuar, nunca se debe perder de vista
que lo que organiza la intervención es la protección de los niños y niñas,
incluyendo a la mujer cuando existe violencia conyugal. El foco de la
intervención no es conservar la familia en tanto institución sino
restablecer una dinámica de respeto y de protección de todas las personas
fundamentalmente los más vulnerables. Lo único urgente es detener el
abuso y proteger a las víctimas, el cómo influir a las personas abusadoras
para que aprendan a convivir sin violencia ni abuso es una etapa que sigue
a la primera.
El recurso fundamental del o los terapeutas es su compromiso ético-
político con sus semejantes. Ético porque su accionar está destinado a
proteger los derechos de las personas y restablecerr el respeto de la vida, y
político porque se reconoce que la violencia y el abuso son abusos de poder
y por lo tanto la alianza social fundamental es primero con la protección y
la reparación del daño de las víctimas. Secundariamente, pero también
importante es la rehabilitación de las prácticas abusivas para contribuir a
modificar los circuitos de violencia. Nosotros usamos el concepto de
terapeuta en el sentido amplio para nombrar a cualquier profesional de la
salud, de la educación o de la justicia, comprometido en la mejora de las
condiciones de vida de sus semejantes.
Los niños sufren porque son víctimas de malos tratos, por parte de aquellos
que tendrían que protegerles. Estos padres no maltratan porque son “malas
personas” sino porque ellos no fueron bien tratados cuando niños, ni
protegidos adecuadamente de las prácticas malos tratos y abuso de sus
padres. Como consecuencia de esto no integraron modelos de parentalidad
suficientemente sanas.
Los malos tratos tienen consecuencias concretas para los niños, no siempre
visibles y pensables pero siempre presentes. Las consecuencias pueden
esquematizarse de la manera siguiente:
Daño traumático: los diferentes tipos de malos tratos son experiencias que
provocan estrés y dolor crónico y de gran intensidad. Nos referimos no sólo
al dolor físico, sino al psicológico, que no tiene una localización focal, pero
compromete el conjunto del organismo. Otros aspectos traumáticos de los
malos tratos son que el dolor es provocado por aquellas personas
significativas que son los padres, que dentro de sus funciones tienen la de
ayudar a calmar el dolor de sus hijos a través del consuelo y el cariño.
Numerosas investigaciones muestran que el cariño y el consuelo aumentan
la producción de endorfinas naturales en caso de dolor, ayudando por esto a
calmarlo (Goleman D., 1996).
Trastornos del desarrollo: una familia donde uno o los dos padres tienen
prácticas de abuso y de malos tratos impide o dificulta el desarrollo y el
crecimiento sano de los niños. Una parte importante de los recursos y de la
energía necesaria para enfrentar los desafíos de crecer deben ser utilizados
para sobrevivir al estrés y el dolor permanente. Diferentes investigadores
han demostrado que los malos tratos provocan alteraciones importantes en
el desarrollo del sistema nervioso central, que no siempre se pueden
recuperar. Mientras más tardía es la intervención mayor es el riesgo de no
poder recuperar este daño. Por lo tanto, los profesionales tenemos
responsabilidades cuando esto ocurre; como consecuencia de ello, muchos
de estos niños presentan retrasos mentales y psico-afectivos irreversibles.
Cuando introducimos que el otro eje del trabajo terapéutico son las
competencias parentales, nos referimos a la necesidad de evaluar e
intervenir las prácticas parentales incompetentes. En otras palabras,
intervenir para ayudar a los padres a mejorar las prácticas sociales de su
función, respetando siempre la importancia simbólica de la filiación
biológica. En función de los intereses, derechos y necesidades de los niños
y de las niñas, lo que importa es saber si sus progenitores disponen de los
recursos mínimos necesarios para asegurarles un crecimiento y un
desarrollo sano.
Para poder aceptar este modelo, los profesionales deben integrar que las
historias de vida y los factores contextuales no permitieron que un grupo
de padres y madres desarrollaran competencias para cuidar a sus hijos, y
que algunos apenas tienen recursos para cuidarse ellos mismos. Estos
padres no desarrollaron esta capacidad porque entre otros factores no
conocieron cuando niños los modelos de parentalidad sana por la
disfunción de sus padres y porque muchos de ellos fueron protegidos por
procesos de institucionalización no familiarizantes. Esto explica en
algunos casos el carácter irreversible de estas incompetencias.
Afortunadamente esto está evolucionando, y se comienza poco a poco a
introducir como parte de los programas de protección infantil experiencias
que permitan a los niños y niñas tener modelos de parentalidad sana. Un
ejemplo de esto son los casas de acogida con dimensión familiar, los
programas que incorporar familias de apoyo que ofrecen a los niños que
viven en centros pasar fines de semana o periodos de vacaciones con ellos,
el incremento de los programas de acogimiento familiar etc. Pero a pesar
de estos cambios queda aún mucho trabajo, para asegurar que todos los
niños y niñas conozcan modelos de parentalidad sanas que les ayude a ellos
mismos a ser padres adecuados.
Los diferentes tipos de incompetencias parentales.
Conclusión
Bibliografía
1) Barudy Jorge. “El dolor invisible de la infancia. Una lectura
ecosistémica del maltrato infantil “ Ed. Paidos . Barcelona. 1998.
2) Barudy Jorge “ Maltrato Infantil. Ecología Social: Prevención y
reparación” Ed. Galdoc. Santiago de Chile. 2000.
3) Barudy Jorge, Dantagnan Maryorie “ Guía de valoración de
competencias parentales” Ed. IFIVF , Barcelona . 1999.
4) Berger Maurice “ Les séparations parents –enfant à but thérapeutique
Ed. Dunod, Paris.1992
5) Cyrulnik Boris. “ Los patitos feos. La resiliencia : una infancia infeliz
no determina la vida”. Ed. Gedisa . Barcelona . 2002.
6) Goleman Daniel “ Inteligencia Emocional” Ed. Kairós. Barcelona.1996