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¿Como Te Atreves A Volver?

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¿Cómo te

atreves a volver?

Sophie Saint

Rose
Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5
Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Epílogo
Capítulo 1

Lorrie dio veinte pavos al taxista

mirando la fachada de piedra de la casa

familiar en la cincuenta y cuatro este.

Apretó los labios cuando vio salir de la

casa a un hombre vestido de negro con


una carpeta en la mano. Parecía que
tenía prisa, porque se metió en un coche

que salió al tráfico antes de que el

taxista le diera la vuelta. Abrió la puerta

y cogió la bolsa de viaje y el ordenador

colgándoselas al hombro antes de

sonreír al chófer que le entregó la

maleta que llevaba en el maletero. —

Gracias.

—De nada, guapa. Por esos

ojitos azules lo que haga falta. —Le


guiñó un ojo con picardía antes de
rodear el coche para volver tras el
volante. En otro momento le hubiera
hecho gracia su descaro, pero estaba tan

nerviosa que casi ni le había escuchado.

Se volvió y se dijo que debía tener

valor. Siempre había sabido que ese

momento tenía que llegar tarde o

temprano. Desgraciadamente había sido

más temprano de lo que le gustaría.

Dejó salir el aire que estaba


conteniendo y se acercó a los tres

escalones, que empezó a subir

deteniéndose en el segundo. Durante un

momento vio el zapatito de charol negro

con un calcetín blanco de hilo que había

llevado hacía años cuando había llegado

a esa casa el día del funeral de sus

padres, y se le cortó el aliento

parpadeando para ver sus deportivas


blancas. Con el corazón a mil miró la

puerta negra y el llamador dorado. —


Tranquilízate. Te vas a volver loca.

Dejó la maleta en el suelo y


alargó la mano para pulsar el timbre. Un

sonido que recordaba muy bien. Vio su

reflejo en el llamador dorado y

sintiendo un nudo en la garganta se

apartó la trenza rubia que tenía en el

hombro. Igual debería haberse arreglado

un poco antes de… La puerta se abrió de


golpe y se quedó en shock. Craig estaba
ante ella y la miraba de una manera que

podría congelar el desierto. Había

cambiado muchísimo porque parecía

mucho más hombre. De hecho, era un

hombre con todas las letras. Ahora tenía

más músculo y su cara había madurado

hasta convertirlo en una persona que

intimidaba con solo una mirada de sus

ojos verdes, que seguían rodeados por


esas larguísimas pestañas morenas que

siempre había envidiado. No se parecía


mucho al chico de veintidós años que

había visto la última vez, aunque sus


ojos eran los mismos y la observaban

con la misma frialdad con la que la

habían despedido aquel horrible día.

La sorprendió un poco que no

cerrara la puerta de inmediato, hasta que

se dio cuenta de que no la reconocía. Su

estómago se retorció porque estaba


claro que habían seguido con su vida y
que no se esperaba para nada que ella se

presentara y mucho menos precisamente

ese día. Pero claro, habían pasado trece

años y ella también había cambiado

mucho. De hecho había cambiado

muchísimo. Eran dos personas

totalmente distintas. Pero no pudo evitar

que su corazón saltara en su pecho igual

que cuando tenía quince años y le


observaba a escondidas.

—¿Quería algo?
Esa frase le confirmó que no la
reconocía. Incómoda solo dijo —
¿Craig?

Él entrecerró los ojos antes de

tensarse con fuerza mirándola como si

no se lo creyera. Reaccionando dio un

paso hacia ella cerrando la puerta lo que

podía y siseó —¿Qué coño haces tú

aquí?

—La abuela me llamó.


La miró sorprendido. —¡Estarás

de broma! No pienso dejarte entrar en


mi casa.

Lorrie se envaró y levantó la

barbilla sin dejarse intimidar. —Te


recuerdo que es mi casa.

—¿Es que en el tiempo que has

estado fuera de Nueva York te has

vuelto loca? ¡Ésta nunca ha sido ni será

tu casa y lo has demostrado en todos


estos años en los que no te hemos visto

el pelo! —Ella se tensó por su ataque y

agachó la mirada para que no viera que

le había hecho daño con su comentario.

—La abuela ha muerto.

Disimuló el dolor que

provocaron sus palabras antes de

mirarle de nuevo intentando ser lo más


fría posible. —Te acabo de decir que

me llamó. Estaba preparada para esta


noticia, así que gracias por ser tan
delicado.

La miró con desprecio. —Como


si te importara una mierda. No pienso

dejar que alteres a mi familia con tu

presencia. ¡Y mucho menos en un

momento tan sensible como éste! Vete

de aquí ahora mismo.

—Te aseguro que no hubiera

vuelto si no fuera porque la abuela


quería que estuviera aquí precisamente
este día —dijo con orgullo—. Ahora

apártate de mi camino. Estoy cansada y

quiero darme una ducha. Llevo catorce

horas de avión encima y no estoy para

tus tonterías.

Durante un segundo pareció

sorprendido con su respuesta, pero lo

disimuló enseguida. —¡Vete de aquí de


inmediato! Mi madre está a punto de

bajar y…

—Craig, ¿quién es?


La puerta se abrió y mostró a
Noelle Carliste, tan impecable como

siempre con su traje negro de Chanel y


con su cabello castaño esmeradamente

peinado en un moño francés. Su

ensayada sonrisa no llegaba a sus ojos

verdes, también como siempre. No se la

veía demasiado triste a pesar de que

acababa de perder a su madre, pero


claro, la tía no solía mostrar sus
sentimientos. Esa sonrisa se fue

congelando poco a poco mientras la

observaba sin decir ni una sola palabra.

—¿Cómo te atreves a volver? —siseó

dando un paso hacia ella como si

quisiera abalanzarse para arañarla.

Sin sentir ningún miedo porque

no era capaz de atacarla y estropearse su


manicura de cincuenta pavos, Lorrie

bufó sin ninguna delicadeza y agarró su


maleta pasando entre ellos. Se alejaron
de ella como si tuviera la peste y les
miró divertida disimulando lo dolida
que estaba por su cariñoso recibimiento.

De Noelle se lo podía esperar, pero de

Craig… Siempre había tenido la

esperanza de que lo hubiera entendido.

Al parecer había esperado demasiado

de la persona que más había querido

después de sus padres.

Sin mirar a su alrededor empezó


a subir las escaleras. —¿Pero a dónde

va? —preguntó Noelle indignada.

—Considera que ésta es su casa

y pretende quedarse aquí, madre.

—¡Eso ni pensarlo! —gritó

sorprendiéndola.

En mitad de las escaleras se

volvió con la maleta en la mano y


preguntó con ganas de fastidiar —¿Y

vas a echarme tú, Noelle? ¿Por qué no


lo intentas?
—¡Craig! ¡Echa a esta

zarrapastrosa de mi casa! —gritó

perdiendo los nervios.

La miró con asombro y bajó un


escalón amenazante. —¿Qué me has

llamado, pija estirada?

Jadeó de la indignación y Craig

se puso entre ellas mirándola como si

quisiera matarla. —¡Sal de esta casa de


inmediato!
—Llama a la policía si tienes

huevos —dijo asombrándole antes de


seguir subiendo las escaleras—. ¡Me

encantaría que les explicaras las razones


para echarme de mi casa! —Se volvió

cuando llegó arriba y dijo con rabia —

¡Suerte tenéis que os he dejado vivir

aquí todos estos años! ¡Y si lo hice fue

por la abuela!

—¿Se te ha ido la cabeza? ¡Y no


era tu abuela! —Craig la miró furioso.

—¡Nunca fue nada tuyo!

Palideció porque era cierto. No

tenían lazos de sangre, pero eso no

significaba que no la hubiera querido

como si lo fuera. Y Craig lo sabía de

sobra porque la había visto crecer a su

lado, lo que demostraba que solo quería


hacerle daño. —Cierto. No era nada

mío. Lo que nos unía no tenía nada que


ver con la sangre.
—¡No tienes vergüenza, no la
viste en todos estos años! —gritó él
perdiendo los nervios. Subió los

escalones y agarró su maleta tirando del

asa para arrebatársela. Lorrie vio

asombrada como la lanzaba al hall y

ésta se abría del golpe, desperdigando

sus pertenencias por todo el suelo de


mármol. La figura de cristal que siempre

llevaba bien envuelta para que no se


rompiera, salió de la maleta y a pesar

del envoltorio de burbujas pudo

escuchar cómo se rompía desde allí.

Sintiendo el corazón en la boca dejó la

bolsa de viaje y el ordenador en el

suelo. Bajó los escalones a toda prisa

arrodillándose a su lado y abrió el sobre

de burbujas sacando la figura de cristal

para ver que las alas del ángel y su


cabeza se habían roto. Sintió que el

último vínculo que había tenido con su


madre se esfumaba en ese momento y el

dolor que la traspasó fue como un


latigazo en el alma. Una lágrima llegó a

sus pestañas pensando de manera

frenética en si podía arreglarla pues era

lo único que se había salvado del

incendio, pero se dio cuenta de que era

inútil. Era demasiado pequeña y


delicada para que no se notara. La

cabeza rodó en la palma de su mano


hasta caer al suelo y tomó aire

intentando no llorar. Aquella triste

figura la había acompañado durante los

veintiocho años que tenía de vida. Aún

le quedaban los recuerdos y esos no se

los podían quitar.

Craig bajó un escalón. —Siento

que se haya roto, Lorrie —dijo


fríamente—. No imaginaba que llevabas

contigo algo de tanto valor sentimental


para ti.
—Oh, por Dios —dijo su madre
con desprecio—. ¡Si tu madre odiaba
esa figura! ¡Se la había regalado su

suegra y no podía ni verla! ¡La ponía

sobre la chimenea para que ella la viera

en Navidades, pero no la soportaba

porque no le pegaba con la decoración!

—¡Madre!

Pálida miró a Noelle, que sonrió

maliciosa. —Ahora tienes un peso


menos para irte de mi casa.

Furiosa se levantó lentamente

mirándola con rencor. —¡Eso quisieras,

pero pienso quedarme aquí y pienso

echaros a todos, malditos gorrones! ¡A

partir de ahora todo va a cambiar!

—¿Malditos gorrones? —

preguntó Craig acercándose por detrás

—. Serás desagradecida…

—¿Desagradecida? —
Asombrada le enfrentó. —
¿Desagradecida? ¡Desagradecido tú que
estudiaste la carrera a mi costa! ¡Eso

por no hablar de ese despacho tan caro


que tienes en la Quinta Avenida!

Craig la miró incrédulo. —

¿Estás loca?

A Lorrie se le cortó el aliento.

—No lo sabías…

—¡No la escuches, Craig! ¡Solo


quiere hacer daño! ¡La carrera te la pagó
tu abuela, como todo lo demás! ¿Qué te

va a pagar ésta si no tiene dónde caerse

muerta? Solo hay que verla.

Entonces Lorrie empezó a

comprender que la abuela Anne no les

había dicho nada de lo que había

ocurrido. Se echó a reír por la

desconfianza en el rostro de Craig y la


indignación de Noelle. —¿De qué coño

te ríes? —gritó Craig furioso cogiéndola


por el brazo.
—De vosotros. De todo lo que
va a ocurrir aquí hoy —dijo con
descaro.

—¿Por eso estás aquí? ¿Por el

maldito testamento? Si crees que te va a

dejar algo…

Ella se echó a reír de nuevo. Era

tan cómico. Miró hacia Noelle que


estaba preocupada y se rió aún más. Su

tía apretó los labios y furiosa le pegó un


bofetón haciéndole perder la sonrisa de

golpe.

—¡Madre!

Craig la apartó tirando de su

brazo para alejarla de ella, pero Lorrie

se soltó con furia y la señaló con el

dedo. —¡Te aconsejo que vayas

haciendo las putas maletas si no quieres

que tire a la calle esos carísimos trajes


de Chanel que tanto te gustan!

—¿Que tú qué? —preguntó ella


indignada—. ¿Cómo te atreves a
hablarme así? ¡Definitivamente estás

loca!

—Voy a llamar al abogado —


dijo Craig sacando su móvil de la

chaqueta—. ¡Al parecer tiene mucho que

explicarte! Porque tú no vas a recibir ni

un centavo de la herencia de la abuela.


De eso me encargo yo.

—Estará al llegar. —Lorrie les


miró con burla. —Para intentar suavizar

mi llegada.

En ese momento Calvin

Rossemberg apareció en el vano de la

puerta y se les quedó mirando con su

maletín de piel en la mano. Al ver las

cosas de Lorrie en el suelo apretó los

labios y dio un paso al interior de la


vivienda. —Al parecer tenía que haber

llegado antes.

—¿Qué mierda es esto, Calvin?


—preguntó Craig furioso—. ¿Qué hace
Lorrie aquí? ¿La has llamado tú? La
abuela le ha dejado algo, ¿verdad?

Pienso impugnar el testamento. ¡No voy

a dejar que se lleve nada después de que

no la viera en trece años!

El hombre que había sido

abogado de su abuelo le miró fríamente

con sus ojos grises. —¿Qué es esto? Lo


que era inevitable, Craig.
—¿Inevitable? —preguntó

Noelle alterándose—. ¡Te aseguro que


cada vez entiendo menos! ¿Quieres

explicarte de una vez?

El anciano la fulminó con la


mirada sin dejarse intimidar. —Creo

que es mejor que hablemos de esto en el

despacho. —Sonrió a Lorrie con cariño

y se acercó para abrazarla. —


Bienvenida, cielo.
Emocionada respondió a su

abrazo. —Gracias.

Noelle perdió todo el color de la

cara al ver como la abrazaba y Craig se

tensó con fuerza. —¿Qué nos tienes que


contar para que ella esté delante?

Calvin suspiró alejándose para

mirarle a los ojos. —Mejor vamos al

despacho, tenemos mucho que discutir

sobre el testamento de Anne.


Craig muy tenso fulminó a Lorrie

con la mirada antes de seguir a Calvin


hacia el despacho. Noelle impresionada

la miró sin comprender. Lorrie casi


sintió pena por ella, casi. Levantó la

barbilla y les siguió sabiendo de sobra

al drama que se enfrentaría en ese

momento, porque Noelle Carliste no

estaba preparada para escuchar lo que

venía ahora. Iba a ser interesante, eso


seguro.
Capítulo 2

Calvin abrió la puerta del

despacho como si estuviera en su casa y

sonriéndole le indicó la silla de detrás

de la mesa de caoba que presidía la

estancia. —Siéntate ahí —dijo como si


quisiera protegerla.
—No, siéntate tú. Así les

hablarás de frente. —Se sentó en el


alféizar de la ventana como cuando era

niña y sonrió. —Yo estoy bien aquí.

El abogado asintió y Lorrie


observó como Craig se abría la chaqueta

del traje y se sentaba ante el abogado,

que abrió su maletín sacando un buen

montón de papeles. Noelle se sentó al


lado de su hijo y le cogió la mano
obviamente asustada.

Calvin entrelazó los dedos sobre

los papeles antes de mirarles fijamente.

—¿Qué hace ella aquí? —

preguntó Craig a punto de explotar.

—Lorrie es mi cliente y aunque

toda esta situación podría resolverse sin

su presencia, tu abuela creyó oportuno


llamarla para que estuviera aquí en este

momento. —Apretó los labios como si


no estuviera de acuerdo. —Quería que
estuviera presente en su funeral. Pero tu
abuela falleció antes de lo que creíamos

y al celebrarse el funeral esta mañana, a


Lorrie le fue imposible llegar a tiempo.

Con las prisas no encontró una

combinación de vuelos adecuada y yo no

os dije nada porque sabía de sobra que

no lo retrasaríais por su llegada. Una

pena, pero las cosas son así.

Craig volvió la cabeza hacia ella


mirándola como si siempre defraudara a

todo el mundo. Toda una contradicción

porque si hubiera estado en el funeral sí

que se habría montado la gorda.

Chasqueó la lengua ignorándole y miró a

Calvin.

—¡Qué estupidez! Por supuesto

que no lo hubiéramos retrasado —dijo


Noelle indignada—. Yo decido cuando

se entierra mi madre y no lo hubiera


retrasado por ella ni por nadie. ¡Y
mucho menos por ella!

Calvin hizo una mueca. —Por


eso no me molesté en comunicarte los

deseos de tu madre, porque no hubiera

servido de nada.

Noelle tuvo la decencia de

sonrojarse ligeramente. —Siempre he

respetado los deseos de mi madre.

—Esa es una mentira que no me

voy a molestar en discutir. Y tu


matrimonio es un ejemplo.

Jadeó del asombro y miró a su

hijo buscando defensa. —Calvin… No

sé a qué viene esto.

—Viene a que por fin puedo

decir abiertamente lo que me dé la gana

porque tu abuela ha muerto. Y por ella,

pero sobre todo por tu abuelo, he

tragado bilis estos últimos veinte años.


Por eso. —Miró los papeles mientras

los Carliste le miraban asombrados.


Lorrie reprimió la risa ganándose una
mirada de odio de Craig. Ella levantó
las cejas y sonrió irónica sacándole de

sus casillas, pero el abogado siguió

hablando. —Como todos sabéis, el

abuelo, como todos le llamabais, Alfred

Carliste era un hombre con una gran

fortuna que enviudó de su primera


esposa siendo muy joven.

—Tenía treinta y tres años —


dijo Craig sin entender una palabra.

—Exacto. Contrajo segundas

nupcias con tu abuela diez años después.

Ambos aportaron una hija a ese

matrimonio.

Noelle asintió. —Sí, yo tenía

doce años.

—Te consideró una hija como a


la madre de Lorrie. Kathia tenía en ese

momento unos…

—Tenía once —contestó Noelle


antes de tragar saliva. —¡Todo esto ya

lo sabemos, Calvin!

—Déjame terminar.

—Madre, por favor. ¡No le


interrumpas a ver si nos enteramos de a

dónde quiere llegar!

Noelle se cruzó de brazos

molesta. —Continúa…

Lorrie bufó harta por su actitud


altiva y ambos la miraron con odio.
Forzó una sonrisa de oreja a oreja solo

para fastidiarles.

Calvin reprimió la risa. —

Bueno, el hecho es que encajasteis muy

bien en la familia y Alfred te cogió

mucho cariño, Noelle.

Algo totalmente incomprensible

para Lorrie, pero se mordió la lengua

sin soltar la pulla que pugnaba por salir


de su boca.

—Así que te adoptó. Te


convertiste en hija de plenos derechos a
heredar como Kathia.

—Sí —dijo Noelle.

—Cuando Alfred falleció


repartió su fortuna entre sus dos hijas y

su amada esposa. Kathia que aún no se

había casado recibió su parte y tú la

tuya. Eso sin mencionar la buena

posición en la que dejó a tu abuela, que


no tendría que preocuparse por el dinero
nunca más. —Ambos asintieron. —

Como todos sabemos después de nacer

Craig, tu marido perdió tu fortuna con

una malísima inversión. —Sin aliento

Noelle apretó más la mano de su hijo.

—Después de tu divorcio y el

escándalo, viniste a vivir aquí con la

abuela y con Craig. A la casa familiar.

Y fue tu madre quien sufragó vuestros


gastos porque tú nunca has trabajado.

Ni se dio cuenta del reproche


mientras su hijo se tensaba.

—Kathia invirtió muy bien su


dinero. De hecho, multiplicó por dos su

fortuna en apenas unos años con un par

de inversiones de riesgo que yo no le

aconsejaba. Y después se casó y como

todos sabemos se casó muy, pero que

muy bien. Su marido tenía fortuna propia


y cuando ambos fallecieron en el

incendio de su piso todo lo heredó,


como es lógico, su hija. Lorrie.

Noelle negó con la cabeza. —

No, no es cierto. Kathia perdió mucho

dinero con unos terrenos que compró en

Texas. Se los expropiaron y… Jack tuvo

que vender unas acciones cuando

compraron el ático. De hecho, cuando

murieron el seguro no pagó el incendio y


tuvimos que hacernos cargo de las

reparaciones de los vecinos…

—No es cierto —dijo Calvin


molesto—. Como siempre, porque
llevaban haciéndolo desde que eras una
niña, tu hermana te dijo eso para que no

te sintieras mal debido a la pérdida de tu

fortuna. Por supuesto no te dijo que

estaba arruinada, pero inventó esa

historia para que no te sintieras inferior,

seguramente. Y el seguro pagó porque


fue un incendio accidental provocado

por las luces del árbol de Navidad. —


Lorrie palideció al escucharle y agachó

la mirada viendo que se apretaba las

manos con fuerza. —Yo mismo he visto

el informe de bomberos. Nadie tuvo que

aportar nada de dinero por posibles

demandas ni nada por el estilo. Pero tú

te lo creíste todo porque así no te sentías

inferior por tus meteduras de pata, que

fueron bastantes.

—¡Calvin! —protestó Craig


indignado.
—Mira, muchacho… ¡Las
conozco de toda la vida y no me vas a
decir lo que yo mismo he visto! ¡A tu

madre no le correspondía ni un mísero

dólar de la herencia y consiguió su

apellido y su fortuna! ¡Y por su mala

cabeza lo perdió todo, porque estaba

más que avisada de que el matrimonio


con tu padre solo iba a darle disgustos!

¡Así que cierra la boca y escucha,


porque creo que ya está bien!

Noelle asombrada miró a su hijo

que impotente apretó los puños.

—Como estaba diciendo, Lorrie

lo heredó todo. Así que cuando

fallecieron sus padres de aquella manera

tan traumática, como era lógico Anne la

trajo a casa. La abuela era su tutora y

por lo tanto se encargaba de las finanzas


de la niña, que en ese momento acababa

de cumplir seis años. Con mi


supervisión por supuesto, porque Kathia
y su marido se fiaban mucho de mi
criterio. Cosa que siempre he

agradecido porque me ha facilitado el

trabajo. No debería contar esto porque

pertenece a la intimidad de mi cliente…

—Miró a Lorrie que se encogió de

hombros como si le diera igual. Calvin


sonrió diciendo —El hecho es que

dividí su fortuna en dos. Una parte


quedó en un fondo que no se podía tocar

hasta que la niña cumpliera veintiún

años y que a lo largo del tiempo dio un

buen rendimiento. La otra parte se

invertiría en diversos planes de

inversión. Algunos de alto riesgo, otros

no tanto.

—¿Y eso qué tiene que ver con


la fortuna de la abuela? —preguntó

Craig impaciente.

—Pues mucho, porque la


pensión que recibía tu abuela por la
viudedad se liquidó rapidísimo. En
apenas cinco años ya no tenía fondos

debido al nivel de vida que llevó.

Noelle dejó caer la mandíbula

del asombro. —¡Será una broma! Eran

más de treinta millones de dólares.

¡Recibió casi tanto como nosotras!

—Exacto. Pero los abogados que

llevaron el proceso en el que se te


involucró junto a tu exmarido, el dinero

que tuvisteis que darle a tu exmarido

para que renunciara a la patria potestad

del niño y consintiera en que se le

cambiara el apellido a Carliste como

quería tu madre y vuestro exagerado

nivel de vida, hicieron que esos fondos

fueran mermando poco a poco. —Volvió

unos papeles. —Viajes al Caribe y a la


Riviera como si el dinero siguiera

entrando a espuertas. Abrigos de piel,


Navidades en Aspen... El colegio de

Craig, vacaciones del niño en Londres


durante los veranos en ese carísimo

internado…

—¡Debía tener la mejor

educación! ¡Mira en lo que le ha

convertido!

Calvin parpadeó asombrado. —


Creo haber tenido esta conversación

antes… Cuando había que decidir el


colegio de Lorrie, creo que fue… —

Noelle se sonrojó con fuerza. —¿No

fuiste tú la que dijiste que podía asistir a

un colegio público? De hecho creo

haberte escuchado decir que si era lista,

sabría aprovechar las oportunidades que

le daba la vida y que ya tenía suficiente

con vivir tan bien a vuestra costa.

Craig miró a su madre incrédulo.

—¿Qué?

—¡Eso no fue así! ¡Y la abuela


la envió a uno de los mejores colegios
de la ciudad! ¡Fue ella la que se quejó
de lo caro que era tu colegio y como la

niña era pequeña pensé que durante unos

años podría ir a uno público!

El hombre bufó como si no

pudiera con ella. —Mira, mejor me

callo porque como explote…

—Por favor no te reprimas por

mí —dijo Noelle con desprecio.


—¡El hecho es que cuando llegó

la niña estabais casi en las últimas! Y


por supuesto yo expedí pagos de cierta

cantidad considerable de dinero para


sufragar los gastos porque la abuela me

lo pidió. Era la tutora de la niña y no

podía negarme. Pero yo no soy tonto y

en el siguiente pago le exigí que debía

poner la casa de aval por ese dinero. ¡El

colegio lo pagó Lorrie! ¡Cómo todo lo


demás! Y lo ha seguido pagando

absolutamente todo hasta el

fallecimiento de Anne. Incluso ha

pagado el funeral al que no ha podido

asistir. ¡Pero esto se ha acabado! —

Dejó delante unos papeles. —Tenéis

cuarenta días para abandonar la casa. Al

final de ese plazo, que me he visto

obligado a mantener porque me obliga la


ley, podrá sacaros la policía.

Noelle jadeó asombrada


llevándose la mano al pecho. —¡Craig
haz algo!

—Al parecer tenías muchas

cosas dentro, Calvin —dijo furioso

conteniéndose.

—Y tengo muchas más, que no

expongo por respeto a tus abuelos y a

Lorrie —dijo fríamente demostrando

que era uno de los mejores abogados de


la ciudad—. Muchacho, a ti te aprecio,
pero a tu madre… Nunca me he

encontrado con una persona tan ruin en

la vida. Te deseo suerte porque estás

ciego y la vas a necesitar.

—¿Cómo te atreves, abogaducho

de mierda? —Se levantó indignada.

—¡Madre! —Craig se levantó

lentamente. —Por supuesto nos iremos

de inmediato. Yo sí tengo recursos para


mantenernos.

—Siéntate, Craig. —El abogado


le miró fijamente. —Todavía no he
acabado.

Craig perdió parte del color de

la cara y Lorrie se mordió el labio


inferior sabiendo lo que venía ahora.

Frunció el ceño mirando a Calvin, pero

él no se dio cuenta mientras los Carliste

se quedaban de pie sin hacerle caso. —


Como sabes, tu abuela te dio un millón

de dólares cuando quisiste poner tu


propio despacho de abogados y

abandonar el bufete donde trabajabas a

pesar de no llevar ni un año allí. Pero

siempre has sido ambicioso y debo

reconocer que muy buen abogado. Tu

abuela confiaba en ti. Con ese dinero

pagaste la fianza de las oficinas y lo

decoraste a la última moda.

—Yo no pedí nada —siseó

furioso.

—Cierto, pero ella quería


ayudarte y cometió un error que por
poco hizo que perdiera totalmente mi
confianza, porque cogió esos fondos sin

mi consentimiento de la cuenta de

Lorrie. Por supuesto mi cliente no se

enteró en su momento porque aún era

menor y ya no vivía en la casa. No se le

comunicó cual era el grosor de sus


bienes hasta que llegó a la mayoría de

edad. Legalmente podría reclamarte el


dinero porque fue un robo a sus bienes.

Era menor y tutelada. Los gastos de

todo, absolutamente todo, deberían

haber corrido por parte de su abuela que

era su tutora. Pero como sabemos esto

no fue así y legalmente ahora podría

reclamároslo.

Lorrie sintió compasión por él


porque estaba pálido. Teniendo en

cuenta el recibimiento que le había


hecho después de tantos años, se dijo
que era estúpida por sentir pena por él,
pero no pudo evitarlo. Había vivido
nueve años a su lado. —Calvin, esto no

es necesario —dijo rápidamente.

—Te lo devolveré. —La

enfrentó fulminándola con la mirada. —

Te lo devolveré todo.

—¿Tienes seis millones de

dólares? —preguntó Calvin divertido.

Craig siseó —Pediré un


préstamo. El despacho me va muy bien.

Si vendo el piso puedo pagarlo.

Noelle se echó a llorar y Lorrie

no quería aquello. Sabía que se habían

portado muy mal con ella, pero enterarse

de que no sabían nada era una sorpresa y

el afán de venganza… En realidad eso

nunca había ido con ella. Solo quería la


casa porque durante los años que vivió

allí fue muy feliz. —No me debes nada,


primo. Cuando me enteré de mis
finanzas, le dije a la abuela que cogiera
el dinero cuando lo considerara
oportuno. Yo no lo necesitaba. —

Sorprendiéndoles fue hasta la puerta del

despacho y la abrió. —Estoy cansada.

Voy a darme una ducha y a dormir un

rato.

Craig la observó mientras se


alejaba hacia la escalera a través de la

puerta abierta y Calvin sonrió. —Un


corazón de oro, como el de su madre y

el de su abuelo. Sí, estaría muy

orgulloso de ella. —Suspiró

levantándose y recogiendo los papeles.

—Cuarenta días. Ni uno más.

—¿Por qué nos habéis ocultado

esto tantos años? ¿Por qué no nos lo

dijisteis cuando se fue de esta casa? —


preguntó muy tenso mientras su madre no

dejaba de llorar—. ¡Madre, no llores


más!
Su madre salió del despacho
corriendo pero él no le hizo caso. —
¿Por qué?

Calvin sonrió. —Ella tenía

quince años. Era menor y no tenía ni

idea de cuál era su posición económica.

Y tu abuela decidió no decir nada

porque tú aún estabas en la facultad de

derecho. Necesitabais el dinero. Y


después… —Con tristeza rodeó el
escritorio. —Supongo que era mejor

ignorarlo y seguir aprovechándose de

ella teniéndola lejos de casa. No fuera a

ser que volviera y en un arrebato os

echara a todos por como os

comportasteis con ella. Incluida tu

abuela. Todavía no puedo creer que la

echarais de casa cuando ella era la

dueña de todo. Pero claro, Lorrie lo


desconocía. Estaba agradecida de que la

enviarais al internado en lugar de


dejarla en la calle. Cuando se enteró de

todo varios años después en mi


despacho, simplemente se quedó sentada

en la silla mirando al vacío. Se quedó en

shock.

—¡Podía habernos echado

entonces! ¿Por qué no lo hizo? —gritó

furioso.

Calvin sonrió con desprecio. —

Porque ella no es como vosotros. No


quería enfrentar a la abuela a ese trance.

—¡Ahora resulta que es una

santa!

—¿Qué pasa, Craig? ¿Es difícil

digerir que la niña a la que echasteis

como a un perro, te ha pagado los gastos

casi toda tu vida?

—¡Sí!

—Pues es algo que tendrás que


digerir. Sobre todo porque si se fue de

esta casa fue por culpa de tu madre. —


Craig palideció. —Cuarenta días. —Le

miró amenazante. —Volver a hacerle

daño de alguna manera y os meto una

demanda que os vais a cagar. Puede que


seas muy buen abogado, pero yo tengo

más experiencia, mejores contactos y

muchos recursos. ¿Quién crees que

ganará? —Sonrió malicioso. —Buenas


tardes.

Impotente vio cómo iba hacia el


hall y apretaba los labios mirando la

ropa desperdigada de su cliente. Su

suela pisó algo y levantó el pie jurando

por lo bajo antes de agacharse y coger

los restos del ángel. Lo miró pensativo

antes de susurrar —¿Y ahora que va a

poner a su lado?

Craig sin entender caminó


lentamente hacia él. —¿Qué quieres

decir?

Sorprendido levantó la vista


dejando caer el ángel que se rompió del
todo. Carraspeó incorporándose. —
Tengo que irme. Me quedan mil cosas

por hacer. —Miró hacia el comedor

donde dos doncellas recogían las

bandejas del catering después del

velatorio. —¿Y May?

—Tenía jaqueca. Está acostada.

Ni siquiera estuvo en el velatorio.

—Entonces no creo que te


moleste recogerlo a ti. Porque lo has

tirado tú, ¿no es cierto?

Craig apretó los labios mientras

abría la puerta. El abogado dijo con

tristeza —No tienes ni idea de lo que

habéis provocado con vuestra actitud. Y

no sabes hasta qué punto ese ángel era

importante para ella. No tendrías vida


para compensarla, aunque quisieras,

porque hay cosas que no se valoran con


dinero. Como ese ángel. Estoy seguro de
que no hay nada que pueda sustituirlo.

—Lo sé.

Incrédulo se le quedó mirando.


—¿Qué te ha pasado, Craig?

—No sé a qué te refieres.

—Si no sabes lo que quiero

decir, mis palabras serían en vano. Si

tienes alguna duda llámame.

Salió de la casa cerrando la


puerta tras él y Craig vio como las
doncellas le miraban de reojo.

Ignorándolas miró hacia abajo y se

agachó cogiendo una de las alas. La luz

dio en el cristal y apretó los labios al

ver en su memoria los ojos de Lorrie

mostrándole el ángel en la casa de sus

padres esas navidades. Estaba tan feliz

porque su madre le había dejado

colocarlo sobre la chimenea. Él que


apenas era un muchacho la había cogido

en brazos elevándola para que tocara


con su dedito el ala de cristal. —¿A que

no hay nada más bonito en el mundo,


Craig? Mira como brilla.

—No, no hay nada más bonito.

—Algún día lo tendré en mi

casa. —Soltó una risita. —Mamá me lo

ha prometido.

No le extrañó porque su madre

le había dicho a la suya que no le


gustaba. —Tienes mucha suerte.
—¿Verdad que sí? Cuando haga

la cena de Navidad en mi casa yo


también lo pondré. Seré mayor y tendré

que encargarme de esas cosas —dijo


dándose importancia. Craig sonrió

porque para haber cumplido seis años

tenía las ideas muy claras.

—¿Me invitarás?

—Claro que sí. Y a la tía y a la

abuela. Vendrán papá y mamá. Y mis


hermanitos.

En ese momento entró Kathia con

una bandeja de aperitivos en la mano.

Estaba preciosa como siempre, con su

larga melena rubio platino suelta y un

bonito vestido rojo de terciopelo. —

¿Qué tramáis vosotros dos? —preguntó

con una suave sonrisa en los labios.

—Lorrie me hablaba de las


cenas de Navidad que piensa organizar

cuando sea mayor. —La dejó en el suelo


y ésta corrió hasta Kathia mostrando su
vestidito rojo del mismo terciopelo que
el de su madre.

Kathia se echó a reír. —¿Y te ha

hablado de quién será su marido? —

preguntó maliciosa.

Parpadeó asombrado. —¿Su

marido?

—Cielito, ¿quién va a ser tu


marido? —La niña se puso de puntillas
para coger un canapé de atún que le

encantaba. —¡Lorrie, espera!

—Mamá… tengo hambre... —Se

lo metió en la boca haciéndoles reír y

con la boca llena dijo con sus ojitos

azules chispeantes de la alegría —Mi

marido va a ser Craig, mamá. Ya te lo

he dicho.

Volviendo al presente dejó caer


el cristal al suelo asqueado y dijo

fríamente a las doncellas —Recojan


todo esto.

—Sí, señor Carliste.

Apretó los labios porque era la

primera vez que se avergonzaba de


llevar ese apellido. Tenía la sensación

de que no se lo merecía.
Capítulo 3

Lorrie se quedó en medio de

aquella fría habitación mirando a su

alrededor sin saber qué sentir. No se

esperaba que estuvieran sus cosas allí

después de tantos años, pero verla tan


cambiada había sido un shock. Hasta
habían pintado las paredes de gris perla

cuando antes eran rosas. Fue hasta

donde había estado su tocador blanco y

sonrió tocando la superficie del que

había ahora en color nogal. Estaba claro

que habían querido borrarla de su

memoria. Se preguntó si habían

guardado sus cosas en el desván o

simplemente las habían tirado.

Caminó hacia el baño y encendió


la luz. El baño era el mismo. Azulejado
en blanco tenía el suelo en mármol del
mismo color. Le encantaba ese baño
porque tenía una bañera antigua de

garras. Abrió el grifo del agua

acudiendo a su memoria miles de

recuerdos, como cuando su abuela tenía

tiempo y la bañaba. Le frotaba muy bien

el cabello mientras ella le contaba su

día y su abuela se reía a carcajadas de


las anécdotas del colegio. Sonrió con
tristeza porque durante los primeros

años sintió que era importante para ella.

La decepción vino después.

Se quitó la camiseta mostrando

su sujetador de algodón blanco y se

desabrochó los pantalones. Con los

talones se quitó las zapatillas y cuando

ya estaba casi desnuda con los vaqueros


por los tobillos, juró por lo bajo porque

distraída con sus pensamientos se había


olvidado de la maleta. Se subió los
pantalones cuando escuchó que se
cerraba la puerta de la habitación. A
toda prisa cogió la camiseta y se la puso

bajándosela apresurada antes de

acercarse a la habitación. Ver a May

cargando su maleta con el uniforme azul

que llevaba siempre la emocionó y se

miraron durante varios segundos. Había

envejecido. Ya tenía cincuenta y dos


años y tenía muchas canas en su cabello
antes negro como el ébano. Sonrió con

tristeza. —Te dije que te tiñeras.

La mujer se echó a reír y abrió

los brazos. Corrió hasta ella y la abrazó

con fuerza. —Mi niña… —dijo

emocionada con sus ojos marrones

llenos de lágrimas—. Mi niña bonita.

Ya estás aquí. —La besó por toda la


cara y la cogió por las mejillas

alejándose para verla bien. —Estás


preciosa. Te pareces muchísimo a tu
madre.

—May, estás harta de verme —


dijo divertida sintiéndose feliz después

de mucho tiempo. Era como volver a

casa. Justo en ese momento se sintió en

casa.

—Verte en directo es distinto. —

La cogió por los hombros alejándola. —

¿Has adelgazado?

—La cámara engorda.


—Uy, pues… Estamos en

problemas porque tienes que engordar


un poco.

Se echó a reír. —¿Me harás la

tarta de chocolate que me gusta?

La abrazó con fuerza. —Te haré


mil.

—¿Entonces te quedas?

—Por supuesto que me quedo.

—Se apartó yendo hasta la maleta. —Ya


lo había hablado con tu abuela. Me

quedo contigo.

—Craig y Noelle…

—Quiero a Craig muchísimo,

pero ésta es mi casa. Yo me quedo aquí

contigo. —Abrió el armario haciendo

una mueca. —Siento lo de la habitación,

pero…

—No importa.

—Sí que importa. Pero lo he

guardado todo. Hasta las muñecas que


tenías de niña. Si quieres…

No sabía si quería volver a ver

esos recuerdos. Era algo que había

quedado atrás y sería revolver el


pasado. —De momento no.

May asintió y sonrió con tristeza.

—¿Has traído el equipo?

—Claro que sí. Siempre va

conmigo. —Cogió la maleta y la puso

sobre la cama para abrirla.


—¡Esa colcha es carísima!

Chasqueó la lengua y al ver su


ropa que se había quedado algo vieja

hizo una mueca. May se puso a su lado

cogiendo una camiseta y levantándola


con dos dedos. Se echó a reír por su

cara de asco. —Eh, que me ha servido

mucho tiempo.

—Esto para tirar. —La tiró

sobre su hombro como si nada y empezó


a sacar cosas, a mirarlas como si fueran

harapos y a tirarlas al suelo tras ella.

—¡May!

—Uy, uy… Si tu abuela viera

esto, se moría otra vez de la impresión.

—¡Es ropa cómoda para los

viajes!

—Pues ya no viajas. Así que hay

que ir de compras. —Puso los brazos en


jarras mirando el interior de la maleta.

—No tienes nada para la cena.


Gimió porque era cierto que

durante la cena se vestían más formales.

Norma de la abuela. —Es mi casa y hay

reglas nuevas. Vaqueros. —La miró con


horror. —¡Esa norma es del siglo

pasado, May!

—No hay que dejar las buenas

costumbres. Aunque hoy tendrás que

ponerte vaqueros, claro. Mañana lo


arreglamos.
—Dentro de un mes me voy a

China, así que no tires nada. Ni el


impermeable, que te conozco.

May frunció el ceño. —¿Pero

qué dices? ¿Vas a seguir viajando?

—Bueno… no como hasta ahora,


pero pienso seguir con el canal.

La mujer se sentó en la cama

desilusionada. —Pensaba que te


mudabas aquí y…
—Y voy a vivir aquí. Pero el

canal es muy importante para mí y no


quiero dejarlo. Grabaré durante una

semana y lo publicaré en varios


capítulos. Ahora publicaré lo de

Australia. Tengo como para dos meses,

pero no quiero quedarme sin material.

—Nunca me ha gustado que

vayas por esos mundos tú sola. Y a tu


abuela tampoco.
Disimulando su dolor cogió una

muda limpia susurrando —Puede, pero


con mi vida hago lo que me da la gana.

Hace mucho que perdió el derecho a


decirme cómo debo vivirla.

May apretó los labios viendo el

dolor en su rostro. —Sobre esa noche…

La fulminó con la mirada. —No

quiero hablar de eso, ¿entiendes? Jamás.

—Asintió viéndola ir hacia el baño. —


Voy a asearme y después dormiré un

rato. No me despiertes para la cena. Si

luego tengo hambre, ya bajaré a comer

algo.

May se dio cuenta de que ya no

era una niña. Había dejado de ser una

niña aquella noche hacía trece años y

ahora era una mujer fuerte e


independiente que no necesitaba a nadie,

pero era lógico después de estar sola


desde entonces. Suspiró levantándose y
cogió un vaquero doblándolo por las
perneras. Del bolsillo trasero salió algo
que cayó en el interior de la maleta.

Miró dentro y frunció el ceño al ver que

era un blíster de pastillas. Al darles la

vuelta vio que estaban en otro idioma y

no entendía nada. ¿Sería ruso?

Preocupada fue hasta la puerta del baño

y abrió viéndola tumbada en el interior


de la bañera con los ojos cerrados. —
¿Estás enferma? —Se sobresaltó

mirándola con los ojos como platos. —

¿Estabas dormida? —gritó May

sobresaltándola más.

—No, claro que no.

—¡Sí, estabas dormida!

Suspiró agotada. —Que no…

—¡Sal de ahí ahora mismo!

¡Puedes ahogarte si te duermes!

Sonrió divertida levantándose y


May palideció al ver la cicatriz que

tenía en el pecho izquierdo. —Dios mío,

¿qué es eso?

Se llevó la mano al pecho y

agachó la mirada saliendo de la bañera.

—No es nada.

La agarró por el brazo

volviéndola. —¿Cómo que no es nada?

—Asustadísima le apartó la mano para


mirarla antes de elevar la vista hasta sus

ojos. —¿Te han operado de un tumor?


Mi hermana tiene una muy parecida.

—No es nada de eso, May. —

Alargó la mano cogiendo una toalla y se


rodeó el cuerpo rápidamente con ella.

—Ahora quiero acostarme, por favor.

—No hasta que me digas qué te

ha pasado. ¿Estás enferma? ¿Por eso

tomas pastillas?

—No, claro que no. Son


vitaminas para equilibrar la dieta. Estoy
bien.

—¡No vuelvas a decir eso! —

gritó perdiendo los nervios antes de

cogerla por los brazos para que la

mirara—. Sé que crees que estás sola en

este mundo, pero yo estoy aquí. Sé que

no he podido hacer mucho por ti todos

estos años, pero…

—Me quiero acostar —dijo


apartándose antes de salir del baño. Sin

molestarse en ponerse nada se tumbó en


la cama y May la miró con pena—.
Estoy agotada.

May asintió y salió pensativa de


la habitación apagando la luz y cerrando

la puerta. Casi se choca con Craig que

iba hacia su habitación. —¿Qué tal la

jaqueca? —preguntó él con unos papeles

en la mano.

—Bien.

Se alejó hacia la escalera y él


frunció el ceño. —May, ¿estás bien? ¿Te

ha dicho algo que te ha molestado?

Le miró sorprendida. —No,

claro que no. Sigue siendo encantadora

como siempre.

Craig se tensó con fuerza dando

varios pasos hacia ella. —La abuela te

lo contó, ¿no es cierto? No tenía

secretos contigo.

Mirándole a los ojos asintió. —


Si hablas de lo del dinero, lo supe desde
el principio. Lo sabía todo y no hice
nada. Y es algo que tendré que llevar

conmigo hasta el día en que me muera


porque la quería como a una hija. Todos

le fallamos, así que ahora no me extraña

nada que se cierre a nosotros.

—¿Que se cierre a nosotros? No

entiendo lo que quieres decir.

—Déjalo… —Bajó los


escalones y él la miró pensativo
mientras atravesaba el hall hacia la

cocina.

Craig se volvió hacia la puerta

cerrada de la habitación de Lorrie.

Caminó hacia ella y pasó de largo para

abrir la puerta de la habitación de al

lado, pero no llegó a entrar viendo los

trofeos del instituto y sus libros de la


facultad. Hacía diez años que ya no

vivía en esa casa, pero su habitación


seguía igual. Su madre le acababa de
rogar que durmiera allí esa noche
porque no quería quedarse sola con
Lorrie. Él le había dicho que debían irse

de inmediato, pero estaba tan alterada

que no había podido convencerla.

Gruñó entrando en la habitación

y dejó la documentación que tenía en la

mano sobre el escritorio. Distraído miró


el corcho colgado en la pared donde

antes apuntaba las cosas importantes y


frunció el ceño viendo a Kathia

sonriendo en una foto que había bajo una

hoja. Estiró el brazo y quitó la

chincheta. La foto cayó sobre el

escritorio mostrando a toda la familia en

aquellas últimas navidades. Todos

estaban en el sofá con una copa de

champán en la mano y él tenía a Lorrie

sobre su regazo. Se había quedado


dormida. Apretó los labios acariciando

con el pulgar sus preciosos rizos rubios.


Él tenía trece años, pero sentía una

necesidad de protegerla impropia de su


edad. Le había pasado desde que la

había visto por primera vez y cuando

había perdido a sus padres había

querido protegerla aún más. No sabía

cuándo las cosas habían cambiado y

todo se había ido a la mierda.


Empezaron a discutir por todo, a

alejarse el uno del otro hasta convertirse


en desconocidos y cuando ocurrió

aquello ya tenía tanta poca fe en ella que

le había dado la espalda sin ningún

remordimiento. Abrió el cajón y metió

la fotografía en el escritorio. Ahora

había vuelto y había puesto su vida patas

arriba.

Sentada sobre la cama con las


piernas cruzadas, vestida únicamente
con una camiseta de tirantes y el cabello
suelto, encendió la cámara y sonrió

mirando el objetivo. —Buenos días,


chicos. Bienvenidos a mi canal. Soy

Lorrie y esta es mi vida. —Suspiró antes

de hacer una mueca. —Disculpad la luz

porque he llegado de viaje y ni me he

molestado en encender los focos. —Se

miró el micro prendido a su camiseta.


—Pero vamos allá. —Guiñó un ojo a la
cámara. —Bueno, lo primero… ya no

hay ángel. Un accidente con la maleta.

Es lo que tiene viajar tanto, que a veces

gente descuidada puede tratar mal la

maleta y el ángel ha pagado las

consecuencias. —Sonrió con tristeza. —

Como veis no está a mi lado, pero sé

que mis padres me protegen desde

donde estén. —Sonrió más ampliamente


queriendo olvidarlo. —Bueno, vamos al

lío. Hace tiempo que os dije que esto


podía pasar y ha llegado el momento. A

partir de ahora mi vida va a cambiar un


poco. —Sonrió divertida. —Y como sé

que lo vais a preguntar… no, no hay un

hombre en mi vida que la haya

cambiado. Ni una mujer. Ni voy a tener

un bebé. Ni siquiera un perro. —Se echó

a reír. —Aunque lo del perro me


gustaría. Uno pequeñito que siempre

esté conmigo. Sí, no estaría mal. Tengo


que pensarlo. Bueno, el hecho es que

voy a asentarme un poco. Ya tengo

veintiocho años y voy a viajar menos.

Sé que os encantan mis viajes y seguiré

haciendo algunos al año. Sabéis que

viajar es mi vida y seguiré haciéndolo,

pero es hora de hacer otras cosas. Así

que ahí va… Esta es la pregunta y

tomárosla en serio porque llevo mucho


tiempo dándole vueltas. Como siempre

me aconsejáis y lo hacéis muy bien… he


decidido que vosotros podéis decirme

qué debería hacer ahora con mi vida. —


Miró a un lado y entrecerró los ojos. —

¿Clases de pintura? ¿Puenting?

¿Hacerme tatuadora? Uff, las

posibilidades son infinitas… También

podría buscarme un novio. Un cachas

que esté muy bueno y que me altere los


chakras. —Abrió los ojos como platos.

—¡Podría extender el canal a otros


aspectos de mi vida! ¿Qué me decís?

¿Os gustaría asistir a una de mis citas?

—Se echó a reír a carcajadas. —Por

verle la cara cuando llegara con la

cámara… —Se puso seria de repente.

—Leche, eso tengo que probarlo. Bueno,

esto ni lo voy a editar porque es un

video muy breve. Esperaré vuestros

comentarios. —Les guiñó un ojo. —No


seáis malos, pero disfrutad de la vida.

Un besito.
Estiró el brazo para apagar la
cámara y sacó la tarjeta para meterla en
el ordenador. Apenas media hora

después había colgado el video en

YouTube y se levantó saliendo de la

habitación. Caminó descalza sobre el

suelo de madera y bajó los escalones.

Había dormido más de doce horas y

apenas eran las seis de la mañana.


Estaba muerta de hambre. Abrió la
puerta de la cocina y se detuvo en seco

al ver a Craig vestido con un impecable

traje gris con la cafetera en la mano

sirviéndose un café. Estaba tan guapo

que paralizaría a la más pintada.

—Buenos días —farfulló

caminando hacia el frigorífico de puerta

doble mientras él la miraba como si le


hubieran salido dos cabezas sin dejar de

echar el café en la taza. Al escuchar el


sonido del líquido caer al suelo, miró
sobre su hombro para verle apartar la
jarra jurando por lo bajo. Se le había
desbordado la taza y había manchado el

suelo de café. —Límpialo, por favor.

—Eso pensaba hacer —siseó

dejando la taza sobre la encimera para

coger papel de cocina.

Forzó una falsa sonrisa. —Pues

muy bien. —Cogió el pollo que había en


una bandeja y lo sacó de la nevera.
Ignorándole metió el pollo en el

microondas. Se rascó el muslo y vio que

él no se había movido. Le miró

interrogante. —¿Qué?

—¿Tienes que ir desnuda por la

casa? —preguntó molesto antes de beber

de su café y jurar de nuevo porque casi

se quema.

La miró como si fuera culpa suya


y Lorrie hizo un gesto con la mano

negando. —No voy a dejar que me


cabrees. Estoy en mi casa y si quiero ir
en pelotas, voy en pelotas. —Se echó a
reír abriendo el frigorífico de nuevo y

sacando un refresco de cola. —Si te

molesta, por favor puedes irte cuando

quieras. Tienes vía libre. —Abrió la

lata y le dio un buen sorbo. La cara de

Craig le decía que estaba cometiendo un


sacrilegio. —¿Qué?

—¿Qué estás bebiendo?


—Un refresco.

—¡Es la hora del desayuno!

—¿Y?

—¡Desayuna como Dios manda!

Le miró como si no

comprendiera su idioma y en ese

momento sonó el click del microondas.

—Uy, mi desayuno.

Él gruñó antes de beber de su


taza y la observó sacar el pollo y poner
la fuente en la encimera. Empezó a

tararear y cogió una alita con los dedos.

Craig separó los labios viendo cómo se

metía la alita en la boca. Se tensó con

fuerza cuando la vio sacar el hueso

manchándose los labios de grasa. Ella le

miró de reojo y se pasó la lengua por el

labio inferior. Incómoda por como la

observaba le espetó —¿Qué?

Craig carraspeó dejando la taza


sobre la encimera. —Mejor me voy a
trabajar que…

—Pues muy bien. —Cogió un


poco de pechuga y arrancó un trocito

con los dedos metiéndoselo en la boca y

masticando.

—¿Tú trabajas? —Cogió su

maletín de una silla y se volvió

mirándola como si fuera imposible que

ella trabajara.

—Algo. —Se encogió de


hombros y le dio la espalda para comer

otro poco. Como no se iba le miró por

encima del hombro interrogante.

Él frunció el ceño. —¿En qué

trabajas?

—¿Te interesa?

—¡Si no me interesara no te lo

preguntaría!

—Edito videos. —Empezaba a


divertirse y se volvió con la lata en la

mano. Mirándole a los ojos bebió de su


refresco.

Al principio parecía que no la

entendía, pero luego la miró

escandalizado. —¿Videos? ¡No serán


videos porno!

Se atragantó con la cola y le

salió por la nariz. Se echó a reír yendo

hasta el rollo de papel de cocina para

coger un trozo. Limpiándose la nariz


preguntó —¿De dónde has sacado eso?
—¡No lo sé! ¡Será porque te

pillé en la cama con un tío que podría


ser tu padre y que no te he visto el pelo

en todos estos años! ¡Qué yo sepa no has


estudiado una carrera, así que no tengo

ni idea de los videos que editas! —La

señaló de arriba abajo. —¡Y una mujer

decente no se presentaría de esa guisa

ante un hombre al que no ve desde hace

años!
Lorrie palideció al escuchar que

había sido él quien la había encontrado


y todo lo que había dicho después

demostraba la opinión que tenía de ella.


—Así que soy una puta.

—Yo no he dicho eso —dijo

muy tenso.

—¿Ah, no? —Intentó disimular

que le había dolido. —Pues creo que es

lo que insinuabas. Eres abogado, sabes


escoger muy bien las palabras. Vamos

primito, ¿acaso no eres un hombre de

mundo? El sexo es algo tan natural como

respirar. —Dio varios pasos hacia él y

le tocó la corbata con la punta del dedo

índice. —¿Te molesta que vaya en

camiseta? —Hizo un mohín con la boca

cortándole el aliento y a Lorrie le pegó

un brinco el corazón porque parecía que


le gustaba. —¿Te atraigo, cielito?

Porque si no te atrajera no te importaría


que estuviera desnuda.

—Estás loca —dijo con


desprecio.

Ella se echó a reír porque estaba

que se subía por las paredes y su dedo

llegó a su barbilla queriendo provocarle

más, sintiéndose de nuevo como si

tuviera quince años. —¿Seguro? Porque


por cómo me miras parece que quieres

follarme. ¿Quieres?
Pálido dio un paso atrás. —Me

das asco.

Lorrie perdió todo el color de la

cara por el insulto y dijo con desprecio

levantando la barbilla —Si te doy tanto


asco vete de mi casa de una puta vez,

puñetero estirado. Y llévate a la

aprovechada de tu madre.

Craig se volvió saliendo de la

cocina como si le persiguiera el diablo.


Ella dejó salir el aire que estaba

conteniendo y agachó la cabeza.

—Sí que habéis empezado bien.

Se sobresaltó al ver a May tras

ella. Se puso como un tomate. —Estabas

ahí.

—Os oí hablar y como ya estaba

preparada, venía a haceros el desayuno.


—Hizo una mueca al ver la fuente de

pollo. —Niña, siéntate en la mesa a


comer como Dios manda.
—Sobre lo que le dije… —dijo

incómoda sentándose.

May cogió la bandeja sonriendo.

—El sexo es algo natural entre dos


jóvenes como vosotros. Estáis con las

hormonas alteradas todo el día.

Se puso aún más colorada sin

saber dónde meterse de la vergüenza. —

No, si yo… No hablaba en serio.

—Sí, claro. —Sin creerse una


palabra fue hasta la lata y se la llevó a

la mesa sentándose a su lado. —

Conmigo no tienes que excusarte. Te

gusta.

—¿A mí? —preguntó indignada.

—Sí, a ti. Y es lógico porque mi

Craig es guapo para morirse del gusto.

Eso por no hablar de que es inteligente,

elegante y mil cosas más que ya sabes.

—Que no me gusta, May. Deja


de decir disparates. —Se dedicó a
comer con los carrillos llenos mientras
ella la observaba como un halcón.

Masticando con la boca a reventar la


miró de reojo desconfiando porque esa

mujer no era de darse por vencida.

—No me mires así. Si no quieres

hablar no voy a interrogarte. —Suspiró

del alivio. —Pero si te lo quieres tirar,


te aconsejo que te des prisa.

Se atragantó con el pollo


tosiendo con fuerza y May le dio unas

palmadas en la espalda como para

desencajar vértebras. Levantó el brazo

deteniéndola porque le estaba dando una

auténtica paliza. Con los ojos

enrojecidos la miró y dijo con voz ronca

—Gracias.

—¡No me des estos sustos! Una


vecina de mi madre se atragantó con un

buñuelo y la espichó ante todo el


edificio que estaba reunido en una junta
de vecinos. No veas la cara que se nos
quedó.

Parpadeó asombrada. —Vaya.

No quiero ni imaginarlo.

—Pues no te lo imagines porque

es mentira. —Se sentó frente a ella y le

guiñó un ojo. —Pero ten cuidado.

Podría haber pasado.

Lorrie se echó a reír porque

había olvidado que le gustaba hacer esas


bromas. Era para matarla. —Estás loca.

Y tienes mucha imaginación. ¿Nunca se

te ha ocurrido escribir?

—Déjate de rollos y no cambies

de tema. —Se acercó más por encima de

la mesa. —¿Te gusta? Y te pregunto si te

gusta ahora porque yo sé de sobra que

estabas loquita por sus huesos cuando


eras una cría.

Se sonrojó con fuerza. —No, eso

es otra de las cosas que te inventas.


—A mí no me la das. No vive
aquí, ¿sabes? Te lo digo porque se irán

en cualquier momento. Por eso te decía


que te dieras prisa.

No pudo disimular su sorpresa.

—¿Ah, no?

—No, tiene un piso en el mismo

edificio donde trabaja. Es un obseso del

trabajo y casi no le vemos el pelo a no


ser los domingos que siempre viene a
comer. —Chasqueó la lengua. —Venía

por la abuela porque se lo impuso. Ya

es mayorcito para que nadie le imponga

nada, pero ya sabes como era. Cuando

se enfadaba…

Lorrie enderezó la espalda. —Sé

de sobra como era.

—Oh, cielo… Lo siento. Sé que

la querías mucho y que te dolió su


decisión.

—No quiero hablar de eso. —Se


levantó y llevó la fuente hasta la pila. —
Tengo mil cosas que hacer y…

—Bien que hablas con tus

seguidores —dijo May con pena.

Se volvió molesta. —¡Será

porque no tenía con quien hablar! ¡Los

primeros meses cuando llamaba por

teléfono la mayoría de las veces ni se

ponía! ¿Y después? Las llamadas eran


de risa. ¡Era como hablar con una
desconocida!

—Cuando te enviaron al

internado llorabas pidiéndole perdón y

queriendo volver. Y no podía ser. Te

estabas descontrolando y lo que pasó

esa noche…

Apretó los labios porque no

quería recordar esa horrible noche y lo

que ocurrió a la mañana siguiente.


Todavía no se lo podía creer. —Todos

cometemos errores y ella tampoco era


perfecta. ¡Ninguno lo era! ¿Por qué tenía
que serlo yo? —gritó dolida—. ¡Pero
claro, mi dinero sí que les interesaba!

May vio como salía de la cocina

y suspiró sabiendo que tenía razón. Pero

lo que más la apenó era ese dolor que

llevaba dentro. Tenía la sensación de

que todo lo que había pasado hacía trece

años la había marcado de una manera


que la había cambiado del todo. Su
Lorrie, aquella jovencita encantadora y

alocada que la abrazaba por las

mañanas y que demostraba a todos lo

que les quería, no volvería más.


Capítulo 4

En vaqueros cortos, camiseta y

descalza recorrió la casa con ojo

crítico. Cerró el cuarto del té que su

abuela usaba cuando quería estar sola y

chasqueó la lengua. Éste tampoco valía.


Con los brazos en jarras miró el piso
superior. Allí había más luz. Empezó a

subir los escalones y se detuvo en seco

al ver a Noelle con una bata de seda en

color melocotón y cara de no haber

pegado ojo. Como toda una dama

empezó a bajar las escaleras y levantó

la barbilla pasando a su lado. —Buenos

días, tía —dijo irónica.

—Ni me hables.

Divertida se cruzó de brazos.

Estaba claro que ella siempre tenía la


culpa de todo. —Si estás en mi casa, al
menos tenme respeto.

Se volvió de golpe. —¡Mira


niñata, puede que tú tengas dinero!

¡Puede que lo hayas pagado todo, pero

solo es porque has tenido suerte! ¡En

cuanto se me pase el disgusto y sepa

cómo voy a recomponer mi vida, me

largaré de aquí y espero no verte nunca


más!
—¿Niñata? ¡Niñata tú que has

vivido toda la vida a la sopa boba!

Su tía jadeó indignada. —

¡Menuda mentira! ¡Yo también trabajé!

—Se apartó su cabello castaño del


hombro. —¡Hace mucho! ¡Y hubiera

seguido trabajando si hubiera sido

necesario, pero a mí nadie me dijo nada!

¡La abuela se encargaba de todo como


siempre! ¡Eso me dijo cuando me
divorcié!

—Eres una víctima —dijo

socarrona.

—Exacto. —Levantó la nariz

como si fuera una princesa. —Ahora me

voy a desayunar si no es molestia. Tengo

que tomarme otra pastilla para el dolor

de cabeza que me habéis provocado y no

puedo hacerlo con el estómago vacío.

Lorrie puso los ojos en blanco


antes de seguir subiendo las escaleras.
Estaba claro que su tía vivía en su
mundo y era la víctima de todos. Al

llegar arriba empezó a abrir puertas y


cuando llegó a la habitación de la abuela

al fondo del pasillo, se detuvo con la

mano en el pomo. Lo giró lentamente y

abrió sintiendo un nudo en la garganta.

El aroma de su perfume llegó hasta ella

y cerró los ojos recordando sus abrazos


y sus besos a lo largo de los años.
Entró en la gran habitación y

miró su cama. Una auténtica obra de arte


con cuatro postes tallados con rosas y un

dosel de muselina blanca. Siempre había


creído que era una cama de cuento.

Apretó los labios acercándose a las

cuatro ventanas que daban luz desde el

este y desde el sur. Era la habitación

más luminosa de la casa. Se volvió y se

detuvo en seco al ver una foto suya en el


tocador. Era una foto reciente y se quedó

sin aliento al reconocerla. La había

sacado de su Instagram. Se estaba

bañando en un lago bajo una cascada en

un viaje que había hecho a Canadá y su

largo cabello caía mojado sobre su

espalda desnuda mientras miraba a la

cámara. Estaba muerta de frío, pero la

foto había salido preciosa. Que su


abuela la siguiera a través de las redes

la emocionó y cogió el marco de plata


para mirarla bien. Sonrió sin poder

evitarlo y con curiosidad abrió el primer


cajón del tocador. Asombrada dejó el

portafotos sobre la mesa sacando los

recortes del cajón. ¡Eran todos suyos!

Cuando había llegado a los diez

millones de seguidores, cuando le

habían dado el premio a la mejor


Youtuber del año, cuando había asistido

a una fiesta con mujeres que se


dedicaban a lo mismo que ella… Pasó

una tras otra porque tenía un montón de

recortes donde se la mencionaba. De

repente sintió mucha pena porque

aunque siempre sabía dónde estaba y

hablaban al menos una vez al mes nunca

había mostrado interés en su trabajo.

May sí, siempre que colgaba un video la

llamaba por Skype o le enviaba un


mensaje echándole la bronca.

Normalmente lo segundo. Decía que la


llamaría cuando se le pasara el susto.

Pero su abuela nunca mencionaba su


trabajo. Aunque por supuesto le había

dicho desde el principio lo que le

gustaría hacer con su vida, muy seria le

había contestado que no se metiera en

problemas y no lo habían hablado nunca

más. Era una pena que no fuera capaz en


vida de decirle que estaba orgullosa de

ella. Una auténtica pena.


Se pasó la mano por la mejilla

sorprendiéndose al tocar una lágrima y


se dijo que era tonta y una sensiblera.

Dejó los recortes en el cajón y lo cerró


de golpe antes de mirar a su alrededor

ignorando la foto de Craig guapísimo

vestido de smoking con una placa en la

mano. Caminó por la habitación

pensando en qué hacer con los muebles

cuando su mirada fue a parar a la foto de


nuevo. Sin poder soportar su curiosidad

cogió el marco y lo acercó lo suficiente

para leer la placa. Mejor abogado del

despacho Laurens and Williams. Tenía

fecha de hacía diez años. Hizo una

mueca. —No está mal, estirado. —Dejó

la foto en su sitio y acarició unos

pendientes de amatistas y esmeraldas

que había sobre el tocador en una


bandejita de plata.

—¿Te los vas a quedar también?


Se sobresaltó al escuchar la voz
de su tía que no parecía enfadada.
Parecía triste. Lorrie forzó una sonrisa.

—No, claro que no. Puedes llevártelo

todo si quieres. Eres su hija, es lógico

que te lo quedes tú.

Noelle dio un paso dentro de la

habitación y sonrió con tristeza. —Esos

pendientes te encantaban.

Se sonrojó porque era cierto. Le


había ocurrido desde niña y es que igual

los identificaba con su abuela porque se

los ponía mucho. —Pero da igual.

Además, a mí no me pegan —dijo sin

darle importancia.

—¡Oh, por Dios! ¿Quieres dejar

de hacer eso?

Parpadeó por su exabrupto. —

¿Hacer qué?

—¡Comportarte como si no
estuvieras furiosa con todos, cuando
deberías pegarnos un tiro por
aprovecharnos de ti! —gritó dando un

paso hacia ella—. ¡Te echamos! ¡Y


después nos gastamos tu dinero mientras

tú vivías aislada en un maldito colegio!

¡Te alejamos y nos mantenías!

Fue hasta la puerta sintiendo un

nudo en la garganta. —Mejor me voy a


mi habitación. No quiero escucharte.

—¡Eso es obvio! —gritó


siguiéndola—. ¿Qué pasa? ¿Ahora vas

de perfecta? ¡Si la abuela te echó de la

casa fue porque nos dejaste en ridículo

ante toda la ciudad! ¿La querías?

¡Deberías odiarla! ¡Se aprovechó de ti!

—¡Cállate!

—¡La muy bruja te engañó

después de deshacerse de ti porque se

avergonzaba de tu comportamiento! ¡No


te quería! ¡Nunca te quiso! ¡Solo quería

tu dinero! ¡Por eso te acogió cuando se


quedaba sin fondos!

Se metió en su habitación y cerró

la puerta apoyándose en ella sintiendo


que le faltaba el aliento. La angustia

recorrió su pecho escuchándola gritar —

¡Deberías odiarnos a todos! ¿Por qué

diablos quieres vivir aquí?

Sintiendo que su corazón se


retorcía de dolor se llevó la mano al

pecho y gimió mientras las lágrimas


fluían de sus ojos, porque estaba

diciendo todo lo que en el fondo de su

ser temió durante todos esos años, pero

nunca había querido enfrentarse a ello.

Destrozada sollozó y se dejó caer al

suelo. Se abrazó las piernas como

cuando era niña mientras las lágrimas no

dejaban de brotar y mientras el dolor se

instalaba en su pecho como aquella


mañana cuando vio sus reacciones hacia

ella. Recordó como destrozada e


intimidada por lo que había hecho,

escuchaba las palabras de los suyos


diciéndole que tenía que irse de Nueva

York de inmediato. Y esas palabras

cambiaron su vida para siempre. Por

primera vez desde la muerte de sus

padres se sintió sola y esa soledad no la

había abandonado desde entonces.


Tardó en recomponerse porque

las lágrimas no dejaban de salir y


después de una hora allí sentada se dijo

que era una estúpida por dejar que las


palabras de su tía la afectaran. Aunque

fueran ciertas. Ellos hacía mucho tiempo

que habían dejado de formar parte de su

vida y pronto desaparecerían de ella

para siempre. En cuanto se fueran de su

casa.
Ni quería pensar en si su abuela

la quería o no. Durante años en sus


llamadas se había emocionado muchas

veces hablando con ella como si sintiera


una pena grandísima de que estuviera

alejada de la familia, pero jamás le

había pedido que volviera hasta que

sabía que iba a morir. Ella al principio

había entendido que la echaran, pero

después de unos meses en el internado


del que no salía ni en vacaciones, se dio

cuenta de que no quería verla por Nueva

York para no disgustar a su hija, que al

fin y al cabo era lo que más quería en el

mundo como había demostrado millones

de veces. Pero el rencor nunca llegó

porque asumió que era una penitencia

por el mayor error de su vida. Un error

que había pagado con creces.

Sentada en el suelo de la
habitación miraba la cama ida en sus
pensamientos. No era la misma de
aquella noche, pero sintió un nudo en la
garganta viéndose en su imaginación y

recordándose a sí misma agotada,

sentándose en aquella cama cuando

llamaron a la puerta. Ésta se abrió y ella

miró hacia allí para ver a Craig vestido

de smoking, guapísimo y con cara de

cabreo. —¿Todavía estás así? —le


espetó molesto.
Disimuló el malestar que había

tenido todo el día y sonrió para


fastidiarle como la adolescente que era.

—Me visto enseguida, primito —dijo


con descaro antes de levantarse. Se

tambaleó ligeramente y soltó una risita.

Craig la miró asombrado

cerrando la puerta. —¿Estás borracha?

—Siempre pensando lo mejor de

mí —dijo yendo hacia el baño.


—¡Es la fiesta de compromiso

de mi madre! ¡Espero que te comportes!

Le miró sobre su hombro. —

Claro que sí, primito. ¿Cómo no me voy

a comportar? Seré una niña buena. —Se


metió en el baño dando un portazo

diciéndose a sí misma que estaba harta

de ese estirado. Se quitó el camisón y

abrió el grifo de la ducha gimiendo


porque le dolía todo. Y encima tenía que
soportar la fiesta poniendo buena cara

porque si no Noelle pensaría que lo

hacía para fastidiar. Se duchó a toda

prisa y se recogió su largo cabello rubio

en un moño en la nuca que la hacía más

mayor. Se maquilló más de la cuenta

sabiendo que eso fastidiaría a Craig, que

últimamente la criticaba por todo, y se

puso las medias a medio muslo con el


vestido verde agua que había comprado

para la ocasión. Era de un vaporoso


chiffon que llegaba a sus tobillos y

mostraba las sandalias plateadas que se


había comprado a juego. Decidió

tomarse algo para la gripe porque le

daba la sensación de que iba a pegarle

con fuerza, así que cogió del armarito

del baño unas pastillas que le habían

recetado el año anterior y se tomó dos.


Se echó algo de perfume y salió de la

habitación topándose con May, que en


cuanto la vio le preguntó —¿Estás bien?

—Sí, claro —mintió con descaro

—. ¿Ya están todos abajo?

—Esperando para la cena, niña.

Bufó y caminó hacia la escalera.

Tuvo que sujetarse a la barandilla

porque no se sintió demasiado estable.

Cuando llegó al salón sonrió a los


invitados. La abuela vestida de gris

perla se volvió con una copa en la mano


y sonrió con aprobación. —Lorrie
acércate. Déjame que te presente al
futuro marido de tu tía.

Se acercó a toda prisa y sonrió

al hombre que tenía una cara de lo más


agradable.

—Él es John Albert Dinning,

cielo. —Su tía le cogió del brazo

mirándole como si estuviera muy

enamorada.

—Encantada.
Él parpadeó sorprendido

mirándola de pies a cabeza con


admiración. —Vaya, vaya… Mira que

sobrina voy a tener. —Varios se echaron


a reír, pero ella se sonrojó de la

vergüenza por ser el centro de atención

mirando de reojo a Craig que se puso a

su lado. —¿Cómo es que no nos hemos

conocido antes?

—Lorrie ha estado muy liada


con los exámenes —dijo su primo

molesto—. Aunque para lo que le ha

servido... Ha suspendido dos.

Ella entrecerró los ojos. —

¿Tienes que seguir fastidiando con el

tema? Las ciencias se me dan muy mal.

—Ni siquiera lo has intentado.

La abuela se echó a reír. —


Bueno, bueno… Ese tema ya está

hablado y seguro que ahora se aplicará


mucho más. Sobre todo porque está
castigada sin salir con sus amigas y eso
hará que se ponga al día enseguida.

Lorrie gruñó alejándose para ir

hasta el camarero. —Un lingotazo. —El


camarero levantó una ceja. —Pues una

cerveza.

—Señorita…

—Un refresco de cola.

—Que bebas con tus amigas no

significa que puedas hacerlo aquí —


siseó su primo tras ella—. ¿Quieres

comportarte?

—¿Quieres dejar tú de

atacarme? —replicó con los ojos

brillantes de la fiebre.

Él entrecerró los ojos. —Como

un día me entere que te drogas, te pego

una tunda que no te levantas en un mes.

Chasqueó la lengua mientras él

se alejaba para hablar con un conocido.


Cogió el refresco de cola y se lo bebió
sintiéndose sedienta. En ese momento
llamaron para la cena y como era la

única que tenía esa edad nadie se fijó si


entraba detrás o no. Vio como un

invitado dejaba una copa de champán

sin tocar sobre una de las mesas y como

si nada se acercó a ella. La cogió

mirando a su alrededor y se la bebió

diciéndose que necesitaba aquello para


aguantar la noche, que iba a ser muy
larga. A partir de ahí todo fue difuso. Se

sentó al lado de Craig y sonrió como una

niña buena sin abrir la boca como

tocaba. Su primo la miraba de vez en

cuando como si quisiera matarla y un

par de veces le quitó su copa de

champán de las manos. Recordaba que

se había manchado el vestido y que se

reía como una loca. También recordaba


que él la había sacado del comedor a la

fuerza mientras su tía estaba


disgustadísima y su abuela la miraba

como si la hubiera decepcionado. Craig


la metió en la habitación de mala manera

y le gritó que durmiera la mona. Riendo

se quitó el vestido y se metió en la cama

con zapatos y todo. Ya no recordaba

nada más. Pero lo que sí recordaba era

despertarse sobresaltada por el grito de


su abuela, que escandalizada se llevó

las manos a la cabeza. Algo se movió a


su lado y vio como el prometido de su

tía se levantaba desnudo de su cama. Sin

entender nada le vio coger la ropa

gritando que no había pasado nada. Su

tía que llegó en ese momento corriendo,

se echó a llorar y le pegó un bofetón de

la que salía de la habitación, pero no se

fue de rositas porque Craig se tiró sobre

él en el pasillo dándole una soberana


paliza. Lorrie con los ojos como platos

miró a su abuela a los ojos cubriéndose


con el edredón y sin aliento simplemente

preguntó —¿Qué ha pasado?

Y puede que no lo supiera nunca.

Esa noche había destrozado su vida

alejándola de todo lo que conocía. La

enviaron a un internado en California.

Un internado muy caro que ahora sabía


que pagaba ella. De señoritas, por
supuesto. Estaba alejado de la ciudad y

las alumnas, consideradas chicas

rebeldes, no tenían posibilidad de estar

con el sexo opuesto en absoluto.

Algunas se pasaban allí las vacaciones

por los negocios de sus padres o porque

simplemente a sus familias les

importaba un pito donde estuvieran

mientras alguien las controlara. Allí


conoció a Evaline. Su mejor amiga en

aquel entonces. Era francesa y su padre,


que era viudo, no tenía ni idea de qué

hacer con ella. Así que había terminado


allí para que no perjudicara su carrera

política con sus correrías. Se habían

hecho amigas porque casi siempre

coincidían en vacaciones, pues no iban

al mismo curso. Evaline le llevaba dos

años y fue ella quien la metió en el


mundo de internet. Ella se aficionó a ver

videos para entretenerse y cuando


Evaline se graduó, sintió tanto su

pérdida porque estaba sola de nuevo,

que decidió colgar un video en la red

desahogándose. Recibió trescientas mil

visitas. La sorprendió tanto que la

siguiente vez que suspendió un examen

colgó otro video poniendo a caldo el

sistema educativo. Y así empezó.

Cuando terminó el colegio grabó su


salida y como les hacía un corte de

manga. Ese día se suscribieron a su


canal diez mil personas. Era consciente

de que había hecho de parte de su vida


un reality show, pero se sentía bien

cuando lo hacía. Puede que todas esas

personas que ponían sus impresiones al

final de sus videos fueran desconocidos,

pero muchas veces se sentía genial

leyendo sus comentarios y muchos la


consideraban como de la familia

después de tantos años. La única parte


de su vida que no había contado, era la

razón por la que la habían metido en

aquel sitio horrible que fue una cárcel

para ella casi tres años. Se levantó

lentamente y fue hasta su cámara que

estaba en el trípode. Se sentó en su cama

y sonrió con tristeza. —Hola otra vez,

chicos. Soy Lorrie y esta es mi vida. He

vuelto a casa.
El grito de May en el piso
inferior se escuchó en toda la casa horas

después. Lorrie salió de la habitación


corriendo y vio como Craig corría desde

el despacho hacia la cocina. Le siguió y

vio a May con los ojos llenos de

lágrimas ante un portátil que estaba

sobre la mesa de la cocina. Palideció

porque lo había visto.

—¿Qué? ¿Qué ocurre? —


preguntó Craig cogiéndola de los brazos

—. ¿Estás bien?

Sin dejar de mirarla susurró —

Mi niña…

Noelle entró en ese momento con

cara de susto. —¿Estás bien?

—Sí, sí.

Craig frunció el ceño soltando

sus brazos. —¿Entonces qué pasa? —


Miró la pantalla del ordenador y

palideció viendo el rostro de Lorrie


sonriendo con tristeza con el símbolo

del play encima. —¿Qué coño es esto?

—Esta es mi vida.

La fulminó con la mirada. —


¿Qué has dicho?

—Soy Youtuber. —Enderezó la

espalda mientras su tía miraba la

pantalla jadeando.

—¿Que eres qué? —La voz


lacerante de Craig le indicó que aquello
no le gustaba un pelo, pero le importaba

un pito. —¿Qué locura es ésta, Lorrie?

—gritó a los cuatro vientos antes de

empezar a bajar la página y ver

infinidad de videos.

—Dios mío —susurró su tía tras

él con los ojos como platos.

—Está muy bien —dijo May

limpiándose las lágrimas—. Tiene


muchos seguidores. Millones.

—Gracias May, pero no tienes


que excusarme. Con mi vida hago lo que
me da la real gana. —Retó a Craig con

la mirada. —¿Qué pasa? ¿Acaso tienes


algo que decir?

—¡Esto es inconcebible!

Su tía frunció el ceño. —¿Y qué

enseñas? ¿Maquillaje y esas cosas?

—¿Te parece que me maquillo?

—¿Clases de algo? Francés…

Piano…
—Tía, ¿ves algún piano por ahí?

—Habla de su vida, de sus


viajes… —explicó May—. De lo que le

ocurre. Lleva haciéndolo años. ¿He

dicho que fue Youtuber del año?

Craig la miró como si tuviera


cuernos y rabo. —Expones tu vida.

—Sí, básicamente sí. No sé de

qué te escandalizas. La abuela lo sabía.

—¿Que mi madre sabía esto?


¡Ahora entiendo que no volvieras a

casa! ¡Debía morirse de la vergüenza!

—¡No volví a casa por ti! —

gritó furiosa harta de callarse—.

¡Porque tú no te sintieras incómoda!

¡Por eso la abuela nunca me pidió

volver!

Craig se enderezó. —¿Qué

dices? Tú no querías volver. ¡Me lo dijo


miles de veces!

Lorrie palideció al escucharle.


—¿Qué has dicho?

—Dios mío —susurró May

llevándose la mano al cuello teniendo

que sentarse.

Todo el mundo la ignoró

mientras Craig y Lorrie se miraban a los

ojos. —Eso es mentira —dijo ella

pálida.

—¡Mientes tú! ¡Hasta te escribí


una carta pidiéndote que regresaras!
¡Nunca contestaste!

Se quedó sin aliento porque

parecía que decía la verdad y sintiendo

que se le retorcía el corazón miró a May

que se había echado a llorar de nuevo.

—¿Qué está pasando aquí? —

gritó Noelle perdiendo los nervios.

—La abuela no quería que


volvieras, Lorrie. —Dio un paso atrás

como si la hubiera golpeado y May


angustiada continuó —En parte por la
tensión que habría con Noelle en la casa
y en parte porque no podía enfrentarse a

ti. La avergonzaba su comportamiento.


Se avergonzaba de sí misma por cómo

fue contigo, sobre todo por lo que habías

hecho por ellos. Te echó de tu propia

casa. —Sonrió con pena. —Cada vez

que hablaba contigo por teléfono los

remordimientos la carcomían. Al
principio estaba furiosa por lo que había
ocurrido, pero después se dio cuenta de

que había sido muy dura contigo. Eras

una cría y se dio cuenta de lo que había

hecho. Te había apartado de todo lo que

conocías. Pero si volvías, puede que tú

le tuvieras rencor y la situación con

Noelle sería imposible. Así que no hizo

nada después del primer año. —Miró a

Craig que la observaba incrédulo. —


Escribiste esa carta, pero nunca la

envié. Ella me la quitó antes de que


pudiera hacerlo, diciendo que era mejor

dejar las cosas así. Si Lorrie regresaba


solo habría conflictos continuos por los

rencores de ambas partes y se dijo a sí

misma que nunca volveríais a ser una

familia, así que era mejor dejar las

cosas como estaban. La llamaba una vez

al mes para comprobar que estaba bien,


pero la borró de su vida. Supongo que

para que esos remordimientos la dejaran


en paz.

Los ojos de Lorrie llenos de

lágrimas miraron a Noelle que parecía

arrepentida. —Lo que te dije antes… No

lo sabía, te lo juro. Yo jamás le pedí que

no volvieras.

—Lorrie… Siento que… —

Salió corriendo sin escuchar a Craig,

que apretó los labios al oírla llorar.

—Dios mío —dijo May


torturada—. ¿Qué hicimos? —Se echó a
llorar tapándose los ojos con las manos.
—Mi pobre niña. Tenía que haber dicho

algo, tenía que haberla ayudado.

—Ahora es tarde para


arrepentimientos —dijo Craig muy tenso

—. Ella cometió un error que ha pagado

muy caro en todos los sentidos y la

abuela nos engañó a todos haciéndonos


creer que llevaba la vida desenfrenada

que siempre había querido y que por eso


no volvía a casa.

Pálido miró a su madre que se

apretaba las manos angustiada. —Le he

dicho cosas… Pero no creía… No las

creía, te lo juro. Mi madre no era mala.

¡La quería! ¡Siempre la ha adorado! —

Se echó a llorar. —No entiendo nada.

Craig la abrazó. —Mamá

deberías tomarte un sedante.

—Pues no lo sabéis todo —


susurró May volviendo el portátil hacia
ellos —. Tenéis que escuchar esto.
Capítulo 5

Suspiró mirando el techo de su

habitación a oscuras. Bueno, ya lo sabía.

Aunque nunca había querido admitirlo,

los actos de su abuela siempre habían

estado ahí y la confirmación de May era


lo que necesitaba para abrir los ojos
totalmente. Era hora de borrarla de su

vida como su abuela había hecho con

ella. Debía seguir adelante.

Se sentó en la cama y suspiró

bajando los pies al suelo. Tenía que

comer algo. Se había saltado la cena y

antes la comida, pero cuando May quiso

hablar con ella no estaba para nadie, así


que no había abierto la puerta

encerrándose en el baño hasta que se


fue.
Salió de la habitación a oscuras
y frunció el ceño al ver luz abajo.
Bueno, en algún momento tenía que salir

y no tenía por qué esconderse de nadie.

Bajó los escalones sin hacer ruido y

escuchó su voz. Se le cortó el aliento

porque era uno de los primeros videos y

cuando llegó al hall vio que la luz del


despacho estaba encendida. Se acercó

de puntillas para ver a Craig en mangas


de camisa mirando la pantalla del

ordenador fijamente. Se escuchó su risa

y a ella diciendo —¿Veis? Esto es lo

que nos dan para comer estas zorras.

Como podéis ver las latas están

caducadas. No os diré el nombre del

colegio para evitar una demanda, pero

lo que sí os diré es que estamos en

California. —Bajó la voz. —Por cierto,


el escudo del centro lleva un caballo. —

Lorrie se mordió el labio inferior. —


Otro día hablaré de los caballos. Es lo

único bueno que tiene este sitio, aunque


yo nunca monto. Pero ese es otro tema.

Por hoy ya está bien que si me pillan me

echan la bronca y me quedo sin película

el sábado. Un besote y hasta el próximo

video. Muack. —Craig apoyó los codos

sobre la mesa y se pasó las manos por la


cara como si estuviera agotado. Lorrie

dio un paso atrás por si se levantaba,


pero cogió el ratón pinchando en otro

video. Ella frunció el ceño. ¿Por qué

hacía eso? No entendía para qué quería

verlos.

Se alejó encogiéndose de

hombros y fue hasta la cocina. La luz de

la luna le daba la suficiente visibilidad

para caminar sin tropezar con nada, así


que fue hasta el frigorífico. Sonrió al ver

la tarta de chocolate y la sacó entera


poniéndola sobre la mesa. Regresó de
nuevo y sacó el bidón de leche y un vaso
de la alacena. Iba a sentarse cuando se
dio cuenta de que no tenía el tenedor.

Fue hacia el cajón cuando sintió a

alguien tras ella y se asustó volviéndose.

Craig apretó los labios. —Siento

haberte asustado. He escuchado ruidos y

he venido a ver.

Asintió rodeándole y sentándose

a la mesa. Durante un momento dudó en


si llevarse la tarta a la habitación, pero

mierda, era su casa. Podía comer donde

le diera la gana. Vio que él cogía un

vaso y se acercaba a ella. —¿Puedo

sentarme?

Se encogió de hombros como si

le diera igual y Craig se sentó ante ella.

Cogió el bidón de leche y la sirvió


primero. Con la boca llena de tarta

susurró —Gracias.

—No tienes por qué darlas. —Él


lleno su vaso y bebió un trago. Mierda,
tenía que haberse ido a la habitación. —
¿Estabas enferma? —Ella que estaba

masticando se detuvo mirándole sin

mover el gesto y él suspiró. —No

quieres hablar de ello. Lo sé. He

hablado con May y me ha dicho que

nunca has querido hablar de esa noche…


—Siguió masticando antes de coger su

vaso y beber sin quitarle ojo. —Y hasta


hoy no lo habías contado a tus

seguidores, así que he pensado…

—No pienses, Craig. —Dejó el

vaso sobre la mesa y sonrió irónica

apoyando los codos sobre la superficie.

—No te viene bien.

—Muy graciosa. —Apoyó los

codos como ella. —Contesta a la

pregunta.

—No soy uno de esos que


interrogas en los juicios —dijo con
descaro antes de meterse el tenedor en
la boca.

Craig miró sus labios manchados

de chocolate y a ella le dio un vuelco el


estómago, pero se dijo que era una

estúpida porque esa misma mañana la

había llamado puta y le había dicho que

le daba asco. Él se tensó al ver que le


miraba con frialdad. —No es un

interrogatorio. Solo quiero saber.


—¿De qué sirve ya todo esto?

—No lo sé, dímelo tú. Tú eres


quien ha colgado ese video.

Levantó la barbilla. —Estaba

dolida por lo que me dijo tu madre.

—Se arrepiente mucho de ello,

te lo aseguro.

Sonrió con burla. —No hace


falta que mientas. Me odia porque le

robé a su amorcito.
Craig se tensó. —Ni se te ocurra

hablar así. Ese hombre era un cabrón y


está muy agradecida de haberse librado

de él antes de que fuera tarde.

—Pues entonces debería darme


las gracias en lugar de abofetearme, ¿no

crees?

La observó pinchar el tenedor en

la tarta y comer un pedazo. —Está claro

que hemos hecho muchas cosas mal.


Se pasó la lengua por su labio

inferior antes de chupar el tenedor


distraída pensando en ello. —No,

realmente vosotros no hicisteis nada


mal. Solo lo ignorasteis. —Hizo una

mueca. —En cualquier otra familia le

hubieran denunciado a la policía, pero

claro los Carliste no podían meterse en

un lío así. Sería un escándalo mayúsculo

y ya lo era bastante la cancelación de la


boda. Eso demostraba lo que os

importaba. Lo que te importaba a ti.

Craig se tensó. —Me

importabas.

—Sí, claro. Tanto que fuiste a

visitarme. —Dolida le miró a los ojos.

—¿Cuántas veces fueron, primito? Perdí

la cuenta. Déjame pensar…

—¡Estaba enfadado!

—Enfadado. —Suspiró como si

estuviera harta del asunto.


—¡Sí, enfadado! ¡Al verte con

ese tipo en la cama se me revolvieron

las tripas! —gritó furioso levantándose

—. ¡Desde hacía unos meses te


revelabas por todo y aquello fue el

colmo!

—El colmo. —Se echó a reír. —

¿El colmo de qué? ¿Qué coño te

importaba a ti si me acostaba con uno o


con mil? Siempre me estabas
controlando, con quién salía, con quién

quedaba, quién me llamaba… Lo que a

ti te jodía era que no eras tú quien

estaba en la cama conmigo.

Craig palideció. —¿Qué dices?

—¡Puede que fuera joven, pero

no era imbécil! —Se levantó sonriendo

irónica. —¿Crees que no te oía? —Dio

un paso hacia él tensándole. —Te


escuchaba a través de la pared. El

cabecero se movía cuando te tocabas. —


Craig perdió todo el color de la cara. —
Y lo hacías a menudo cuando no tenías
novia, ¿no es cierto? —Acarició su

pecho haciendo que su pectoral se

endureciera y dijo provocadora —

¿Ahora te doy asco? Antes susurrabas

mi nombre cuando te corrías. Se nota

que las cosas han cambiado mucho. Ese


enfado debió ser de primera. —Giró la

cabeza a un lado mirándole a los ojos.


—¿No es cierto, cariño? Atrévete a

negar que cuando te tocabas pensabas en

mí. —Su mano llegó a su hombro. —

¿Qué pasa, cielo? ¿Te morías por

desvirgarme tú? —Hizo un mohín. —Lo

siento —dijo como una niña antes de

acercarse más—. Fui mala.

Cogió su antebrazo con fuerza.


—¡Deja de hablar así!

—¿Hablar cómo? ¿Como una

puta? —le retó con la mirada.


Él apretó más la mano que la
agarraba y Lorrie hizo un gesto de dolor.

La soltó de inmediato. —¿Te he hecho


daño?

Le miró incrédula dando un paso

atrás acariciándose el antebrazo y Craig

se llevó las manos a la cabeza. —No

quería…

—Déjalo —dijo con desprecio


antes de ir hacia la puerta. Se detuvo en
seco antes de salir y sin mirarle susurró

—Vete, Craig. Esto ya no tiene arreglo y

nos hacemos daño cuando es

innecesario. Acabemos con esto de una

vez y vete de mi casa.

—¿Por qué has vuelto? —

preguntó cortándole el aliento—.

Podrías habernos echado a través de los


abogados. ¿Por qué has vuelto?

—La abuela me lo pidió.

—¡Mientes! ¡No llegaste a


tiempo al funeral porque no quisiste! —
Se volvió para enfrentarle y él le gritó a

la cara —¡Si has venido es para


echarnos toda esta mierda en cara ahora

que no está la abuela para sufrir por

ello! ¿No es cierto? ¡Querías vengarte

por cómo te tratamos! ¡Pero a ella no le

echarías nada en cara porque aún la

querías! ¡A pesar del dolor que te


provocó su rechazo la querías! Hubieras
hecho cualquier cosa por ella, pero

nosotros somos distintos, ¿verdad?

—¡Sí! ¡Sois muy distintos! —

gritó furiosa—. ¡Tu madre nunca mostró

cariño por mí por la envidia que le tenía

a la mía! Y tú…

—¿Yo qué, preciosa? ¿Te

defraudé? —preguntó suavemente

viendo el dolor de sus preciosos ojos


azules—. ¿No te esperabas mi reacción?

Ella gritó de dolor antes de


lanzarse sobre él golpeando su pecho
con los puños una y otra vez fuera de sí.

Craig la abrazó con fuerza y cerró los


ojos pegándola a su cuerpo. Frustrada se

echó a llorar sin poder evitarlo

intentando soltarse, pero la pegó a su

pecho reteniéndola. —Lo siento, nena.

No sabes cómo lo siento.

Lorrie gimió de dolor contra su

pecho y lloró todo lo que no había


llorado en esos trece años sin que él

dejara de abrazarla en ningún momento.

Cuando terminó se sintió laxa y Craig la

cogió en brazos. Mirando su rostro la

pegó a su pecho y la besó en la frente.

—Lo arreglaremos, ya verás.

Ella ni le entendió y ni se dio

cuenta de que la colocaba sobre su cama


ni de que se tumbaba a su lado.

Tampoco se dio cuenta de que May


cerraba la puerta ni que él la abrazaba.
—Estoy aquí, cielo. —Le acarició la
espalda. —Estoy aquí.

Lorrie se despertó al sentir algo

en su espalda y fue cuando se dio cuenta

de que alguien acariciaba su cabello.

Frunció el ceño al sentir un latido en su


oído. No podía ser. Disimuladamente su

mano tocó lo que parecía un botón y


gimió por dentro. Otra vez no.

—Nena, si estás pensando cosas

raras soy yo.

Abrió los ojos como platos antes

de incorporarse apoyándose en su pecho

para ver a Craig tumbado tranquilamente

en su cama. Miró a su alrededor. Sí, era

su cama. Le fulminó con la mirada. —

¿Qué haces aquí?

—Has dormido mucho. ¿Estás


bien?
—¿Que si estoy bien? ¡Largo de

mi habitación!

Él sonrió con picardía de esa

manera que a ella la volvía loca y le dio


un vuelco el corazón cuando acarició su

muslo desnudo hasta llegar al borde de

su vaquero. —Estaba recordando aquel

día que entraste en mi habitación y por

poco me sorprendes. Lo hiciste a


propósito, ¿verdad? Lo del libro era una
excusa.

Se puso como un tomate. —No,

qué va.

Craig se echó a reír. —¿Qué

pasa, nena? ¿Tenías curiosidad? —Su

mano subió hasta su cintura y la tumbó

sobre él cortándole el aliento. —Eras

muy joven. —Esa mano acarició su

trasero haciéndola gemir. —Imagínate la


cara de la abuela si llego a decir algo —

dijo con voz ronca—. Me volvías loco.


Un año antes de irte supe que estaba en
problemas cuando te pillé hablando con
ese chico por teléfono, ¿lo recuerdas?

Los celos me devoraban pensando que te

veías a escondidas con él. —Tiró de su

trasero arrastrándola sobre su torso y se

miraron a los ojos. —Una vez May salió

de tu habitación y te vi solo con las


braguitas puestas. Esa imagen no se me

olvidará en la vida, preciosa. —Metió


la mano bajo la camiseta y acarició su

espalda haciéndola suspirar de placer.

—No sé cuánto hubiera aguantado.

Tenía que haberme ido cuando empecé

la universidad, pero no lo hice por ti.

Me decía que era para controlarte

porque la abuela ya era mayor para ello,

pero la verdad preciosa es que desde

que naciste supe que serías mía. —


Lorrie separó los labios de la

impresión. —¿Recuerdas aquellas


Navidades? Tus padres aún vivían.

Dijiste que sería tu marido ante todos.


Se echaron a reír, pero yo no lo hice

porque era lo que quería. Siempre me he

sentido unido a ti y tengo que reconocer

que no me tomé muy bien lo que ocurrió

esa noche. No sabía lo que te ocurría

desde hacía meses. Estabas distinta


conmigo. Como si estuvieras enfadada

y… —Al ver que se sonrojaba sonrió.


—Claro. Fue porque me escuchaste. ¿Te

asusté, nena? —La mano bajó por su

axila rozando su pecho.

Lorrie sentía miles de

sensaciones que la embriagaban y cerró

los ojos arqueándose ligeramente hacia

atrás sin poder evitarlo y él acarició su

seno. —Siempre sentí que eras mía,


Lorrie.

Ella abrió los ojos y le miró

emocionada. —¿De verdad?


Él miró sus labios. —Eres
preciosa. ¿Quieres que te bese, nena? —

Su mano acunó su pecho y ella se acercó


sin darse cuenta. Craig besó sus labios y

Lorrie sintió que volaba. Cuando su

lengua acarició su labio inferior fue la

sensación más maravillosa del mundo y

gimió impaciente acariciando su cuello

a la vez que abría su boca. Él la invadió


girándola para tumbarse sobre ella y
Lorrie abrió las piernas haciéndole

espacio mientras le correspondía

dejándose llevar. Él apartó sus labios y

frunció el ceño. —Lorrie…

Ella sonrió con los ojos cerrados

aún por el placer que la recorría. —

Nena… —Abrió los ojos e intentó

besarle de nuevo, pero él besó su labio


inferior alejándose otra vez antes de

carraspear. —¿Has tenido muchos


novios?
Parpadeó sorprendida por la
pregunta —¿Qué?

—Besas como si…

—¿Lo hago mal? —preguntó


horrorizada.

—No, mal no… Solo que…

Bueno. —Lorrie se puso como un tomate

y Craig entrecerró los ojos. —Besas

como si fueras virgen. Te dejas hacer.


¿Entiendes?
No sabía dónde meterse de la

vergüenza. —¿De veras? Pues no sé.

—Me ha sorprendido un poco, la

verdad.

La sorprendida era ella. Por

todo. Dos días antes quería echarla de


casa y ahora resultaba que estaba loco

por ella. ¿Qué diablos estaba pasando

allí? Y ahora le venía con eso. ¿Y qué le

decía después de soltarle que besaba


como si fuera una seta? ¿La verdad? No

la creería. ¿O sí? Tenía un lío mental

que no podía con él.

Craig la observaba en silencio.

—En todos estos años habrás tenido

novios. —Juró por lo bajo apartándose

y palideció mirándola asombrado. —

Dios, nena... Ese cabrón te dejó un


trauma o algo así.

—¡No! —Se sentó sorprendida.

—Ni me enteré. —Se puso como un


tomate. —Me dormí y cuando me
desperté él estaba allí, pero no sé lo que
pasó.

—¡Tenía que haber matado a ese

hijo de su madre! —Se levantó furioso.

Con la paliza que le había

metido había faltado poco. Se miraron

en silencio y Craig nervioso se pasó la


mano por su cabello negro antes de

sentarse a su lado. —Vamos a ver…


Después de eso… ¿Cuántos novios has

tenido?

—¡No voy a contestar a esa

pregunta! —dijo indignada—. ¡Yo no te

he preguntado nada!

—¡Tú ya sabías que tenía

experiencia!

Parpadeó sorprendida. —¿Me


estás preguntando si soy virgen?

—¡Pues sí! ¡Y contéstame rápido

porque me estoy imaginando cosas!


—¿Qué cosas?

—¡Pues que no has estado con

nadie en todos estos años, Lorrie! —Se

puso como un tomate y él la miró como


si le hubiera dado la sorpresa de su

vida. —Pero si tienes veintiocho años.

—¡Fuera de mi habitación!

—¡De eso nada! ¡Si tienes un

problema hay que solucionarlo! Voy a


llamar al psicólogo ahora mismo.
Se iba a volver, pero ella le

cogió por el brazo. —Ni se te ocurra.

—¡Suéltame, nena! No quiero

hacer algo que empeore las cosas. —

Tiró de ella arrastrándola fuera de la


cama e intentando retenerle dejó que la

arrastrara por el suelo. —¡Lorrie!

—¿Estás loco? ¡Estoy bien!

—¡Cómo vas a estar bien si no


has tenido sexo en tantos años! ¡Tú
tienes un trauma!

—¡Trauma el que me estás

provocando tú, idiota! —gritó llegando

al pasillo.

Noelle que estaba a punto de

bajar las escaleras miró a uno y después

a la otra antes de sonreír. —Estupendo,

¿volvéis a la normalidad? Me parece

muy bien.

Rojos como tomates vieron que


estaba encantada antes de bajar las
escaleras. Craig y Lorrie se miraron. —
Díselo tú —dijo él sorprendiéndola.

—¿Decirle qué?

Él levantó una ceja. —Lo


nuestro.

—¡Ni de broma! —protestó

Lorrie—. Es tu madre. Con lo que ha

pasado, me saca los ojos. Además, ¿qué

nuestro? ¡No hay nada nuestro!

Craig bufó. —¿Quieres


levantarte del suelo?

Lorrie se levantó con agilidad.

—Y estoy bien, de verdad. —Sonrió

seductora y levantó una ceja elevando su

camiseta para mostrar su vientre. —

Creo que voy a ducharme. ¿Me frotas la

espalda?

Él gruñó dando un paso hacia

ella para cogerla por la cintura. —No


puedo.

—¡Estoy bien! —Enfadada


porque le ponía el caramelo en los
labios para luego quitárselo, se apartó y

entró en la habitación agarrando el pomo


de la puerta. —¡Si beso mal es por tu

culpa, imbécil! No practiqué en su

momento por el marcaje que me hacías y

mírame ahora. —Le cerró la puerta en

las narices y echó el pestillo. —¡Tú te

lo pierdes, calientabragas!

—¿Calientabragas? Vamos
Lorrie, no te enfades. Tengo que trabajar

y…

—¡Qué te den!

—Te veo luego, preciosa.

Gruñó yendo hacia el baño y dio

otro portazo. Craig hizo una mueca al

otro lado. Alguien carraspeó tras él y se

volvió sorprendido para ver a May que


sonreía maliciosa. —Venía a ver cómo

estaba. ¿Cómo está? —preguntó con


cachondeo.
Carraspeó enderezándose. —

Pues muy bien.

—¿Preciosa?

Incómodo fue hasta su


habitación. —Tengo que cambiarme

para ir a trabajar.

—Claro que sí. ¿Está enfadada?

—No, qué va.

En ese momento empezó a sonar

Heavy Metal a todo volumen como


cuando tenía quince años y estaba

furiosa. Craig juró por lo bajo mientras

May levantaba las cejas. —Bueno, está

algo enfadada, pero se le pasará.

—Más te vale.

—¡Oh, por Dios! —gritó Noelle

desde abajo—. ¡Me había olvidado de

eso! ¡Craig haz algo!

—Como si pudiera —gruñó

entrando en su habitación y cerrando de


un portazo.
Capítulo 6

Craig subió los escalones de la

casa e iba a meter la llave en la

cerradura cuando escuchó los gritos.

Abrió la puerta a toda prisa y miró hacia

arriba porque venían de allí. May


bajaba las escaleras como si tal cosa. —
¿Qué pasa?

—Lo de siempre. Diferencia de

opiniones. Voy a hacer la cena.

Dejó el maletín al lado de la

escalera y subió a toda prisa. Las voces

venían del final del pasillo. La

habitación de la abuela.

—¡No puedes hacer eso! ¡Se van


a estropear! —gritaba su madre.

—¡Tía, deja de darme el coñazo

o lo tiro todo a la basura! ¡Qué manía


con acaparar!

—¡No todo el mundo va por la

vida con una mochila!

—Pues sería mucho más


práctico, te lo aseguro.

Craig se detuvo en seco en la

entrada de la habitación porque todo

estaba hecho un desastre. Había trajes

de su abuela en pilas por toda la

estancia y habían sacado todo lo que


estaba en los cajones. Ambas agarraban

un traje de noche de lentejuelas y a

punto estaban de romperlo en su disputa.

—¿Qué coño hacéis?

Su grito las sobresaltó y ambas

le miraron con los ojos como platos. —

¡Es culpa suya! —dijeron a la vez

señalando a la otra.

Entrecerró los ojos entrando en


la habitación. —¿Lorrie?

Levantó la barbilla. —¡Necesito


despejar esta habitación para poner mi
estudio y tu madre me está retrasando

porque quiere quedarse con todo!

—¡No puedes tirar un traje de


Chanel! ¿Es que estás loca? —preguntó

escandalizada como si fuera un

sacrilegio.

—¿Te lo vas a llevar?

—Bueno, de momento no me
vale, pero más adelante…
—¿Cuándo? ¿Dentro de cuarenta

años? ¡Esto es ridículo!

Ambas le miraban para que

mediara, pero él solo podía pensar en

una cosa. —¿Tu qué? —Dio un paso


hacia ella. —¿Has dicho estudio?

—Claro, hasta ahora grababa y

editaba en cualquier sitio, pero ya que

tengo el espacio… —Le miró

ilusionada. —He visto un ordenador por


internet que hace maravillas. Van a

flipar.

Flipado estaba él. Carraspeó

mirando a su madre de reojo que dijo

rápidamente —Y entiendo que quiera

ponerlo aquí, que es el sitio de más luz

de la casa. Solo necesito tiempo para

saber qué hacer con todo esto.

Ignorándola miró a Lorrie a los


ojos. —Vas a seguir haciendo videos.

—Claro.
—¡Tienes dinero de sobra! ¡No

necesitas exponerte de esa manera!

—No lo hago por el dinero.

Nunca lo he hecho por el dinero. Es mi


forma de vida. —Levantó la barbilla. —

¿Por qué? ¿Qué pasa?

—¿Qué pasa? —Miró a su

madre de reojo de nuevo que parecía

que no entendía nada. —Madre, ¿puedes


dejarnos solos un momento?
—¿Por qué no puedo

escucharlo? —Miró a uno y luego al


otro. —¿Me ocultáis algo?

Lorrie muy tensa no dejaba de

mirar a Craig, que tenía esa mirada


empecinada como cuando algo se le

metía en la cabeza y normalmente

siempre se salía con la suya. —No lo

voy a dejar.

—¿Por qué? ¡No lo entiendo!


—¡Me siento bien cuando lo

hago!

Él apretó los labios. —Te

sientes bien.

—¡Sí! ¡Durante todos estos años

ellos han estado ahí! ¿Dónde has estado


tú para decirme ahora lo que debo o no

debo hacer?

Craig palideció y Noelle miró a


su hijo asombrada antes de mirar a
Lorrie. —Creo que este vestido no me

interesa. Mejor me voy a tomar un té

que… No, me tomaré un sedante, si me

quedan, claro.

Su hijo suspiró. —Madre… No

lo entiendes.

—Sí, creo que lo entiendo muy

bien. Mejor os dejo solos.

Salió de la habitación tan

rápidamente que parecía que había visto


un fantasma y Lorrie siseó —No sé
cómo tienes el descaro de exigirme
nada.

La miró arrepentido. —No te

estoy exigiendo nada. Solo quiero que te


lo pienses bien. ¡Esto va a ser un escollo

en nuestra relación, Lorrie!

—¿Relación? ¿Qué relación? —

Lorrie se quedó de piedra porque

hablaba como si fueran a tener algo


serio. No era solo sexo, él hablaba de
algo más.

—No te asustes, nena.

—¿Que no me asuste? ¿Es que

crees que esto va a funcionar? —Tiró el

vestido al suelo. —¿Crees que estos

trece años se pueden borrar como si no

hubieran pasado? ¡Me abandonaste! —

gritó desgarrada—. ¡Ni te molestaste en

llamarme una maldita vez en trece años!

—Y me arrepiento de no haberlo
hecho —dijo fríamente—. ¡Pero no
puedo dar marcha atrás! Esta mañana…

—¡Esta mañana creía que

querías sexo!

—¡Te dije lo que pensaba! —


exclamó asombrado—. Te dije lo que

sentía por ti. ¡Te quería! ¡Todavía te

quiero, Lorrie!

Dio un paso atrás como si la

hubiera golpeado. —Entonces no quiero


tu amor.
Palideció mirándola asombrado.

—¿Qué dices?

—Si esa es tu manera de amar,

no quiero que me ames. Vete de mi casa.

—Le rodeó dejándole de piedra y salió


de la habitación antes de que pudiera

reaccionar.

Lorrie iba a huir a su habitación

sin poder creérselo y chilló de la

sorpresa cuando le impidió cerrar la


puerta metiendo el pie. La empujó sin

ningún esfuerzo y cerró la puerta tras él

con fuerza. —¡Vamos a ver, que me

estoy poniendo nervioso!

—¡Largo de mi habitación!

¡Mejor…Vete de mi casa!

—¡Deja de decir eso! —Dio un

paso hacia ella, pero Lorrie asustada

por lo que le hacía sentir dio un paso


atrás. Craig respiró hondo como si se

estuviera controlando. —Nena, vamos a


hablar de esto como personas
civilizadas, sin gritar y sin huir a
encerrarte en la habitación. ¡Ya no eres

una cría!

—¡Qué te den! ¡No tengo por qué

escucharte!

—Lorrie…

Ella chilló corriendo hasta el

baño, pero él la cogió por la cintura


elevándola y antes de darse cuenta la
había tumbado sobre la cama y él estaba

sobre ella. Frustrada intentó soltarse,

pero él le agarró las muñecas

colocándoselas sobre la cabeza. —Te

odio —dijo con rabia.

—No, preciosa… Me quieres y

tienes miedo, eso es todo.

Sus ojos azules se llenaron de

lágrimas. —Eso es mentira.

Él se agachó y besó una lágrima


que corría por su mejilla robándole el
aliento. —¿Sabes? Tengo un amigo al
que le he contado lo que te ocurrió. —

Ella jadeó de la indignación. —¡Si lo


has contado en la red!

—¡No es lo mismo! He contado

lo que yo quería contar.

—¡Lo has contado todo, Lorrie!

Se sonrojó con fuerza. —Bueno,

pero es cosa mía.

—Ahora también es cosa mía.


¿Me dejas continuar, por favor?

Ella entrecerró los ojos de la

rabia y él sonrió. —Bueno, le he

contado lo que te ocurrió en el pasado y

me ha dicho que deberías hacerte un

examen ginecológico antes que nada.

—¿Por qué?

—Para saber si eres virgen,


nena.

No entendía nada. —¿Y qué más

da?
—¡Pues da! Cree que puedes

tener un trauma debido a lo sucedido.

—¡Ese tío no me afectó en

absoluto! ¿Sabes qué me afectó? ¡Qué


las personas que quería me dieran la

espalda! —le gritó a la cara.

—Pues eso. Cree que no confías

en nadie y que te escudas en esos

videos. Son una muleta para ti. Te

desahogas en ellos en lugar de hacerlo


con personas de carne y hueso. Así que

iremos al ginecólogo y después te

llevaré a terapia. Tienes cita mañana a

las cuatro.

Lorrie no se lo podía creer. —

No voy a ir.

—¡Irás! ¡Puedes decir misa, pero

no es normal que una mujer preciosa e

inteligente no se haya acostado con


nadie en veintiocho años!

—Sí me he acostado con alguien.


El prometido de tu madre, ¿recuerdas?

—¡No tiene gracia, nena!

—¡Qué te den! ¡No tengo que

hacer nada que no quiera y no pienso ir!

—¡Vaya si irás! —le gritó a la

cara—. ¡Cómo si tengo que llevarte a

rastras!

Ambos se miraron con la

respiración agitada y antes de darse

cuenta se estaban besando el uno al otro


como dos desesperados. Él soltó sus

manos para tirar de su camiseta hacia

arriba sin dejar de saborearla y amasó

uno de sus pechos haciéndola gemir de

placer. Cuando apartó sus labios para

agacharse y meter un pezón en su boca

ella gritó de la sorpresa arqueándose sin

poder evitarlo. —¿Qué coño es esto?

A Lorrie se le cortó el aliento y

miró hacia abajo. Él la miraba


preocupado. —¿Lorrie?
Intentó bajarse la camiseta. —
No es nada.

Él se lo impidió mirando su
cicatriz. —¿Cómo que no es nada? ¿Te

han operado?

—Tuve un accidente.

Craig frunció el ceño. —

¿Cuándo?

—En el colegio.

Craig palideció. —¿Cuando


estuviste interna?

Suspiró apartando la mirada. —

El último año quise montarme sobre un

caballo. Me encantaban y no quería irme

sin montar al menos una vez. Así que me

subí en clase de equitación. Ni sé lo que

pasó. El caballo se encabritó levantando

las patas traseras y caí boca abajo sobre


un matorral. Cuando la profesora se

acercó gritó que no me moviera. Eso me


salvó la vida. Me había clavado una
rama del seto y quedó muy cerca del
corazón.

—Dios mío.

—Me operaron de urgencia y ya

está. —Él dejó que se bajara la camiseta

y se sentó en la cama.

—Nena, ¿cómo no nos

enteramos?

—Acababa de cumplir dieciocho


y les prohibí que os dijeran nada. Ya no
os importaba y… —Se levantó a toda

prisa. —Quiero que te vayas.

Craig la miró impotente. —No lo

sabía.

Ella no dijo palabra y él no

sabía qué decir. Se quedaron en silencio

durante varios minutos simplemente

mirándose a los ojos. —No podrás

olvidarlo, ¿verdad?

—No —susurró sabiendo que


hacía lo correcto.
Asintió levantándose de la cama

y yendo hacia la puerta. La abrió

lentamente y dijo sin volverse —Puede

que no me creas, preciosa… pero


aunque nunca te lo demostrara no he

podido olvidarte. Eso sería imposible y

nunca ocurrirá. Hablaré con mi madre

para que nos vayamos cuanto antes. —


Sin esperar su respuesta salió de la

habitación sin mirar atrás y Lorrie se


abrazó intentando que el dolor que

sentía en ese momento no la destrozara,

porque se sintió exactamente como el

día en que se fue de esa casa hace tantos

años.

Una hora después Lorrie más


calmada escuchó a su tía discutir con

Craig diciendo que ella no quería irse


todavía. Que tenía mil cosas que hacer y
que no iba a abandonar su casa hasta el
último momento. Su hijo intentó que

entrara en razón, pero nada. Ella seguía


en sus trece. Sentada en la cama vio la

cámara y sonrió maliciosa. —Vaya si se

va a ir.

Con la cámara en la mano salió

al pasillo y mirando el objetivo sonrió.


—Buenos días, chicos… Soy Lorrie y

esta es mi vida. —Se detuvo ante la


habitación de su tía que tenía la puerta

abierta y les enfocó con la cámara. —Y

esta es mi familia. —Miró el objetivo y

susurró —Bueno, familia, familia… —

Chasqueó la lengua. —Son postizos,

pero en los papeles dice que él es mi

primo Craig y ella mi tía Noelle. —Les

enfocó de nuevo. —¡Saludad a mis

seguidores!

Su tía forzó una sonrisa y saludó


con la mano mientras Craig se tensaba.
Miró el objetivo de nuevo. —Él es un
poco sieso. No se lo tengáis en cuenta.
Es abogado —dijo como si eso lo

explicara todo—. Están haciendo las

maletas porque se tienen que mudar. —

Volvió la cámara para que vieran el

enorme hall. —Esta casa es muy

pequeña para los tres. —Soltó una

risita. —¿Veis? La he heredado de mi


abuelo. —Se volvió a enfocar ella
misma.

Una mano le tapó el objetivo y

jadeó indignada mirando a Craig. —

¿Qué haces?

—¡No puedes grabar eso!

—¿Por qué no? —Sonrió

maliciosa. —Estoy en mi casa y puedo

grabar lo que quiera. Si no te gusta vete.


Es así de simple.

Craig siseó —Tengo una

reputación, ¿sabes? ¡No puedo salir en


videos de YouTube! ¡Y deberías

respetarlo!

—¿No te gusta salir en videos?

—preguntó con cachondeo antes de


hacer que lo pensaba—. Vaya, pues

tendrás que irte a toda leche, porque éste

lo subo hoy.

—A mí no me importa —dijo su

madre rápidamente pasándose la mano


por el cabello—. Podría hablar de
belleza. ¿Qué opinas?

Alucinada porque eso sí que no

se lo esperaba gritó —¿Estás haciendo

la maleta?

Su tía gruñó. —¡Dirás maletas!

¿Sabes todo lo que tengo que guardar?

Miró dentro de la habitación que

estaba impecablemente limpia. —Si no


has empezado —dijo indignada.

Noelle levantó la barbilla. —

Todavía estoy asumiéndolo.


—Tendrás cara. —Miró a Craig.

—Al final voy a tener que llamar a la

policía. Ya verás.

—Eso no será necesario. Madre,


empieza a recoger tus cosas. Hablo en

serio.

—Me lo pensaré.

Lorrie iba a abrir la boca, pero

Craig la cogió del brazo cerrando la


puerta de la habitación de su madre. —
Sobre lo de los videos…

—Déjalo, ¿quieres? Hace

tiempo que hago con mi vida lo que me

viene en gana. Y seguiré haciéndolo. —

Fue hasta las escaleras y gritó —May,

¿quieres salir en mi video?

—¡Sí! ¡Puedo enseñarles a hacer

tarta de chocolate como esas de las

recetas!

Soltó una risita. —Esto va a ser


interesante.
Editando el video de May se

echó a reír a carcajadas por una


anécdota que contó de cuando era joven

y salía a ligar. Miraba a la cámara con

los ojos como platos. —Y con descaro

me tocó el trasero.

—¿Y qué hiciste? —Siguió

revolviendo la masa de la tarta


sonrojándose con fuerza. —¿May?

Vamos, no te calles ahora.

—Bueno, era muy mono. Solo

por eso el guantazo fue algo más flojito.

—¿De verdad? ¿Le arreaste? ¿Y

qué hizo él?

—Me besó. —Soltó una risita.

—Y qué beso, niña. Casi se me caen las


medias del gusto.

Interesada puso los codos sobre

la encimera. —¿Y qué pasó después?


—Pues me casé con él. No podía

dejarle escapar con lo bien que besaba.

—Sonrió con tristeza. —Aunque me

duró muy poco.

—No sabía que te habías casado

—dijo asombrada.

—Oh, sí. Tenía diecinueve años.

Fue hace mucho tiempo. —Suspiró con

nostalgia. —El pobrecito…

Sintió un nudo en la garganta al


ver como se emocionaba. —¿Murió?

—¿Qué va a morir, niña? ¡Me

dejó tirada cuando conoció a otra que

bailaba mejor!

Parpadeó asombrada. —¿Y por

qué dices pobrecito? ¡Pobrecita tú!

May hizo una mueca. —No sé.

Le vi hace un par de años por la calle y


parecía muy triste. Me dijo que había

cometido un error y que ni me imaginaba


lo que se había arrepentido de haberme
hecho daño. Pero no había tenido el
valor de volver. —Miró la masa

pensativa. —Si hubiera vuelto le habría


recibido con los brazos abiertos,

¿sabes? Nunca he sido más feliz que a su

lado.

A Lorrie se le cortó el aliento.

—¿De veras hubieras vuelto con él?

—Sí. —La miró de reojo. —


Creerás que soy tonta.
—No, claro que no. Cada uno

tiene derecho a vivir su vida como crea


conveniente. No soy quién para juzgar a

nadie.

—Es que cuando estaba a su


lado… Me sentía viva. —Lorrie sintió

un nudo en la garganta. —He sido feliz.

Bueno, cuando me dejó estaba hecha

polvo, pero cuando conseguí este


trabajo todo cambió. Estaba distraída y
poco a poco volví a ser la de siempre.

He tenido una vida feliz, te lo aseguro.

Tengo dos familias, ésta y la mía.

—Pero…

May la miró a los ojos. —Pero

siempre he tenido un huequito en el

corazón. ¿Entiendes? —Lorrie asintió

porque la entendía muy bien. —Y es un

vacío que seguramente no se rellenará


jamás.

—¿Qué sentiste cuando le viste


de nuevo?

Sus ojos castaños brillaron. —

No lo sé. En cuanto le vi mi estómago

dio un vuelco y él también se puso


nervioso. Lo noté. Al principio

hablamos de cosas triviales, pero

cuando me iba a ir, me cogió por el

brazo y fue cuando me dijo que me había


echado de menos y que se había

arrepentido. Me quedé tan asombrada


que no supe qué decir y se fue.

—Lo siento mucho, May.

—Y yo. —Suspiró forzando una

sonrisa. —Bah, eso es agua pasada.

—¿Está casado?

Se sonrojó con fuerza. —No, ya

no. Su segundo matrimonio tampoco

duró mucho.

—Vaya… —Frunció el ceño. —

¿Y cómo se llama?
La miró como si estuviera loca.

—¿Qué se te está pasando por la cabeza,


niña?

—No, nada… Es por curiosidad.

—La curiosidad mató al gato.

Haz algo y unta la mantequilla en la


fuente que te has vuelto una vaga desde

que eres YouTuber. —Jadeó de la

indignación haciendo que riera.

Sentada en la cama pensó en ello


deteniendo el video. Viendo su sonrisa

maliciosa sonrió con tristeza pensado en

que le daba mucha pena que el amor de

su vida acabara así. Entrecerró los ojos

y fue a una de las funciones del editor

escribiendo una casilla:

“Si conoces a esta mujer y a su

marido, sobre todo a su marido, dime


su nombre en los comentarios a ver si

podemos solucionarlo. ¡Qué voy a


hacerle, soy una romántica!”
Rió por lo bajo y puso el video
de nuevo. Seguro que sus seguidores la
ayudaban.

Llamaron a la puerta y levantó la

vista distraída para ver a Craig apoyado

en el marco mirándola con una sonrisa

en la cara. —La cena está en la mesa.

—Oh, sí. —Cerró la tapa del


portátil colocándolo sobre la mesilla de

noche y se levantó de un salto. —Estoy


hambrienta.

La miró de arriba abajo

comiéndosela con los ojos y Lorrie se

sonrojó. —¿Qué era tan gracioso? —

preguntó de una manera que le erizó la

piel.

—Pues… ¿Sabías que May

había estado casada? —Él asintió. —

¿De verdad? Pues yo no tenía ni idea. —


Se acercó a él con intención de salir,

pero no se movió. Incómoda por como


la miraba se apretó las manos. —¿No
está la cena?

—He estado pensando…

—Vaya.

Él sonrió. —Muy graciosa, nena.

Ahora entiendo por qué tienes tantos

seguidores.

Puso las manos en jarras y

levantó la barbilla. —Pues sí.

—¿Quieres discutir? —Se


sonrojó porque discutir era más seguro

que hablar como lo estaba haciendo él.

Su voz la estaba poniendo muy nerviosa.

Y cómo la miraba aún más, porque le

daba la sensación de que lo que había

ocurrido antes ya se le había pasado. De

hecho, la miraba como si quisiera

comérsela allí mismo.

—No, claro que no.

—Estupendo, porque he pensado

que acepto tu oferta.


Frunció el ceño. —¿Mi oferta?
¿Qué oferta?

—La del sexo, nena. Acepto si

es lo único que vamos a tener. Así al


menos nos quitaremos la espinita. —

Dejó caer la mandíbula del asombro y él

sonrió. —Nos entretendremos mientras

aún viva aquí. Eso te lo aseguro.

Se alejó dejándola de piedra,


pero pensando en ello sintió que la
excitación la recorría de arriba abajo.

Madre mía, hasta le temblaban las

piernas. Frunció el ceño. ¿Tendría que

rechazarle? ¡Ni loca! Lo que había

sentido antes casi le provoca una

apoplejía y se moría por saber que le

ocurriría con un orgasmo. Sería sexo

nada más y como decía él así se

quitarían la espinita. Aunque la espinita


se la quitaría él, ella se iba a quitar una

estaca en toda regla porque estaba


deseando probarlo.

Sonriendo salió de la habitación


y se sobresaltó al ver allí a Craig. —

Estaba esperando por si querías

gritarme que ni de broma. Pero veo

que… —Ella se tiró sobre él atrapando

sus labios y Craig la agarró por el

trasero levantándola y pegándola contra

la pared mientras amasaba sus nalgas


por encima del pantalón. Sin aliento
sintió que apartaba sus labios para besar

su cuello y Lorrie gimió de necesidad.

—¿No cenáis? —gritó Noelle

desde abajo.

Él juró por lo bajo y la miró a

los ojos con la respiración agitada.

Excitadísima le escuchó decir —No,

madre. Cenaremos más tarde. —

Sujetándola la metió en su habitación y


cerró con el pie haciendo reír a Lorrie

que no se lo esperaba. Cuando la tumbó


en la cama se le cortó el aliento porque
empezó a desabrocharse la camisa. Le
había visto desnudo de cintura para

arriba muchas veces, pero ahora era más

hombre y el vello que recorría su pecho

la sorprendió. Y tanto músculo antes

tampoco estaba ahí. Se mordió el labio

inferior de la necesidad que recorrió su


cuerpo. Se moría por tocarle. Entonces

fue consciente de lo que estaba haciendo


y se puso algo nerviosa. —Si no lo hago

bien…

—Nena, lo vas a hacer

estupendamente —dijo con voz ronca

quitándose la camisa a toda prisa.

Al ver que se desabrochaba el

cinturón se dijo que no debía quedarse

parada y se sentó para quitarse la

camiseta. Su cabello cayó por su


espalda y sonrió tímida. Craig gruñó

cogiendo su nuca y besándola


apasionadamente. Apoyando una rodilla
entre sus piernas se tumbó sobre ella
mareándola de placer. Su olor la volvió

loca y se abrazó a su torso. El roce de su

vello contra sus pezones endurecidos la

hizo gritar de la sorpresa por el rayo que

la traspasó. Craig apartó sus labios y

mirándola a los ojos dijo con la


respiración agitada mientras acariciaba

su cintura —Tienes mucha ropa. —Se


agachó para besar su cuello y mareada

enterró los dedos en su cabello. Él

acarició su piel con la lengua

descendiendo poco a poco y rodeó con

ella su pezón antes de que sus labios lo

acariciaran. Lorrie se arqueó de placer y

él sin dejar de adorar su pecho llevó las

manos al cierre de su vaquero

abriéndolo sin que ella se diera cuenta.


Retorcida de placer sintió como acunaba

su otro pecho antes de chuparlo con


fuerza y gritó cuando su lengua acarició

el pezón. Él metió la mano entre sus


piernas y acarició sus húmedos pliegues

con suavidad. Cuando la yema de su

índice rozó su clítoris Lorrie gritó de la

sorpresa arqueándose con fuerza. Craig

no dejó de acariciarla mientras se

estremecía de arriba abajo hasta que


cayó sobre el colchón agotada. —Estás

preciosa cuando te corres, nena —dijo


él quitándole los vaqueros. Abrió sus

piernas y acarició sus muslos mientras

ella se reponía de la sensación más

maravillosa del mundo. Medio atontada

abrió los ojos y Craig sonrió besando su

vientre por debajo de su ombligo. —¿Te

ha gustado? Pues no has visto nada. —

Sus labios llegaron a su sexo y creyó

que moriría de placer. La torturó con la


lengua haciendo que la tensión de su

interior volviera de nuevo y


desesperada por liberarse una vez más,

se agarró a las almohadas gritando de


placer. Craig se tumbó sobre ella y se

aferró a sus hombros al sentir su

miembro endurecido entrando en su

interior. Se miraron a los ojos y él besó

sus labios con suavidad antes de gemir.

—Nena, me abrasas.

La presión creció a medida que


entraba y clavó las uñas en su piel. —
¿Craig?

—Casi está, cielo. Relájate. —

Movió las caderas con fuerza y aunque

la molestó un poco fue casi como una

liberación. Sin aliento se detuvo un

momento observándola y Lorrie acarició

su nuca. —¿Mejor? —preguntó como si

sufriera.

—Es… —Apretó su interior


haciéndole gemir y vio como cerraba los

ojos de placer. Fascinada lo hizo de


nuevo sin poder evitarlo y él gruñó
moviendo sus caderas. A Lorrie se le
cortó el aliento y sin darse cuenta rodeó

sus caderas con las piernas provocando

que llegara más adentro. Fue la

sensación más exquisita que había

experimentado nunca y movió su cadera

bajo su cuerpo. Craig perdió el control y


atrapó sus labios besándola como si

quisiera fundirse con ella antes de salir


lentamente de su interior para volver a

entrar con fuerza. Lorrie ya no fue

consciente de nada que no fuera lo que

le hacía sentir cada vez que invadía su

interior. Cada vez con más fuerza, cada

vez con más contundencia… Su cuerpo

se tensó con cada embestida hasta que

aferrada a él le suplicó por la

liberación. Craig entró en ella de nuevo


y su alma estalló en mil pedazos

llevándola al paraíso.
No cenaron. De hecho, Craig no
le dio un respiro en toda la noche. Y

tuvo que reconocer que fue la más

maravillosa de su vida. Besó y acarició

cada centímetro de su piel y se amaron

hasta llegar al agotamiento. Ni supo

cuando se quedó dormida y se despertó


cuando sintió una caricia en la cadera.
Sonriendo se volvió entre sus brazos y

se miraron a los ojos. —Tengo que ir a

trabajar. —Besó sus labios hinchados

suavemente. —Por eso estas cosas hay

que hacerlas en sábado, para descansar

el domingo.

Ella se rió abrazándole. —Me ha

encantado.

—Lo sé, nena. Tus gritos son


prueba de que te lo has pasado

estupendamente.
Parpadeó sorprendida. —¿He
gritado?

—Como una loca. —Craig rió

por lo bajo. —Ya verás lo que te va a


decir mi madre.

Se puso como un tomate y él ya

no se cortó en reírse a carcajadas. —

¡No tiene gracia!

La tumbó sobre la cama


colocándose encima y se le cortó el
aliento al sentir su miembro endurecido.

Él hizo una mueca. —Mejor me doy una

ducha fría. —La besó antes de mirarla a

los ojos. —¿Te duele mucho?

—No. Aunque me molesta un

poco.

—Ahora ya lo sabemos. —

Acarició su mejilla pensativo. —Que

aquella noche no pasara nada…

Perdió parte de la sonrisa. —No


quiero hablar de eso, Craig.
Él asintió y la besó de nuevo

como si la amara y a Lorrie le provocó

un vuelco al corazón antes de apartarse

de ella. Se tapó con la sábana viéndole


coger la ropa del suelo y vestirse. —

Tengo una hora libre para comer.

Ella frunció el ceño. —¿Y?

—Pues si quieres comer

conmigo.

—¿Para qué?
Craig gruñó abrochándose la

camisa antes de murmurar algo por lo


bajo.

—¿Qué?

—Que lo olvides, nena.

Ella sonrió radiante. —Hoy

tengo mucho que hacer. Van a venir a


llevarse los muebles.

Él levantó una ceja. —¿Tanta

prisa tienes?
—¿Para qué perder el tiempo?

—Estupendo.

—Además hay que pintar la

habitación de blanco y tengo que

comprar los muebles nuevos. Mucho que

hacer.

—Pues que pases un buen día.

Se agachó para darle un beso y


ella apartó la cara para mirarle con

desconfianza. —¿Qué haces?


—Darte un beso de despedida.

—Eso es de novios y nosotros


no somos novios.

—¿Cómo sabes si es de novios

si nunca has tenido ninguno? —La cogió

por la nuca y la besó intensamente.


Cuando estaba medio atontada se

incorporó y le guiñó un ojo. —

Tranquila, preciosa... Los amantes

también se besan.
—Ajá…

Sonrió yendo hacia la puerta. —


Estaré en casa a las seis.

—Pues muy bien. Como si me

interesara.

—Sí, tú sigue disimulando.

Jadeó indignada y él rió saliendo

de la habitación. Su estómago gruñó con


fuerza, pero mejor se quedaba en la

cama un poquito más que había dormido


poco.

Craig estaba en el despacho y

llamaron a la puerta. Su secretaria metió

la cabeza e hizo una mueca. —Hay una

mujer al teléfono que dice que necesita

un abogado.

Distraído con una declaración


dijo —Maryory no me molestes con esas

cosas. Que vaya otro.


—Ha dicho que necesita un

abogado con urgencia porque está en la

central de la policía detenida. Algo de

escándalo público o algo así. No la


entendía bien, había mucho ruido. No te

hubiera molestado con esto, pero lo que

me llamó la atención fue que dijo que

era tu prima.

Craig levantó la cabeza como un


resorte. —¿Qué has dicho?
—No sabía que tenías una prima

—dijo confundida.

Se levantó de golpe. —Acaba de

llegar a la ciudad.

—Pues la ha inaugurado bien —

dijo divertida. Asombrada vio que cogía


su móvil—. Oh, no. ¿A dónde vas?

¡Tienes citas! ¡Qué vaya otro!

La miró fijamente. —Aplázalas.


Esto no lo puedo delegar.
Salió del despacho a toda prisa

dejándola con la boca abierta. —Pero…

—Volveré cuanto antes.


Capítulo 7

Sentada en la celda miró de

reojo a Noelle, que no hacía más que

gemir cada dos minutos, antes de volver

la cabeza para ver a May que sonreía de

oreja a oreja. —Nunca me habían


detenido.
—Pues parece que te encanta.

—Es interesante. Una nueva


experiencia. Qué pena que no tengas la

cámara. Te iban a salir seguidores como

setas.

Su tía volvió a gemir y ambas la


miraron. —Detenida. Yo que no tengo ni

una multa de aparcamiento.

—Tía, ¿te has sacado el carnet?

—Pues no. —Levantó la barbilla


haciéndolas reír a carcajadas. —¡Era un

decir!

Un policía se acercó a su celda

con unas llaves en la mano y las tres se

levantaron de golpe mostrando la ropa

desgarrada. El poli hizo una mueca al

ver sus pelos y las marcas que tenía

Lorrie en los brazos. —Su abogado las


espera arriba.

—Gracias a Dios que ha llegado

—dijo su tía dramática. Fulminó al


policía con la mirada—. ¡Esto es un
atropello! ¡Ya verá cuando mi hijo les
ponga las pilas! ¡Les va a dejar

temblando!

—Sí, es una pena que no tenga la

cámara. —Miró al policía a través de la

reja. —¿Me pueden devolver mi móvil?

Es una herramienta de trabajo.

—Señorita, ¿quiere quedarse

aquí? Por mí perfecto.


—No, claro que no. —Salió de

la celda rápidamente. —Soy una


ciudadana ejemplar, ¿sabe? Detuvieron

a las personas equivocadas.

—¿Sí? Eso se lo dirá al juez.

Noelle volvió a gemir. —Voy a


tener antecedentes. —La miró con

rencor. —¡Por tu culpa!

—¡Fuiste tú la que te pusiste


histérica!
—Es que dio impresión, cielo —

dijo May comprensiva.

—Bueno, no pasa nada. Pagaré

la fianza y saldremos de aquí en un plis

plas.

—¿También pagarás la mía? —


preguntó su tía insegura.

—Sí, tía. También pagaré la

tuya. Menos mal que el abogado me sale


gratis.
May soltó una risita entrando en

el ascensor. —Me parece que lo vamos


a necesitar a menudo ahora que estás

aquí.

—Qué exagerada.

—Ya te han detenido antes.

Ella miró al policía. —En los


Estados Unidos es la primera vez, se lo

juro. Lo de la India fue una confusión en


la documentación. Le puede pasar a
cualquiera. Me soltaron enseguidita. Ni

abogado necesité, con eso se lo digo

todo.

—Este no es el caso —dijo el

poli guiñándole el ojo.

—Niña, éste quiere ligarte —

susurró May.

Ella que no reconocía las


señales sonrió de oreja a oreja. —¿De

verdad? —Miró al policía de arriba


abajo. —Vaya. —Soltó una risita. —
Pues no es tan difícil.

—Oye guapa, ¿y mi hijo?

Miró a su tía. —Solo somos

amantes.

Ambas jadearon indignadas.

—Una mujer liberada, como a

mí me gustan —dijo el policía

cogiéndola por el brazo para salir del

ascensor—. Cuando salgas de aquí…

—¡Cuando salga de aquí nada!


—exclamó su tía. La cogió del brazo

apartándola de él—. ¡Las manos quietas!

—Tú lo que quieres es que haya

algo entre Craig y yo para no irte de

casa.

—Pues sería perfecto, ya que lo

dices.

Jadeó llevándose la mano al


pecho. —¿Por eso se ha acostado

conmigo?

—Niña, no digas tonterías. Se ha


acostado contigo porque se le funden los

plomos cuando está a tu lado. ¿Es esta

puerta? —May la abrió sin preguntar y

en ese momento se volvió Craig que


estaba hablando con un hombre mayor

de uniforme. Pareció aliviado al verlas.

—Menos mal que estás aquí.

—¿Qué coño ha pasado? —gritó

sobresaltándolas. El policía las metió en


el despacho a toda prisa y cerró la
puerta. Las tres se quedaron en silencio

mirándole con ojos de carnero

degollado y el policía que había detrás

rió por lo bajo—. ¡Estoy esperando!

—Fue culpa de ella —dijeron

Lorrie y su madre señalándose la una a

la otra. Se fulminaron con la mirada—.

¿Culpa mía? ¡Tendrás cara!

—Es evidente que son familia —


dijo el policía divertido.

—Yo lo explico. —May dio un


paso adelante guiñándole un ojo al
hombre que levantó sus cejas castañas

de la sorpresa. —Pues verás, Craig…


Estábamos buscando muebles para la

niña, cuando de repente se acercó una

seguidora entusiasmada. Demasiado

entusiasmada. Lorrie amablemente se

hizo una foto con ella y ésta se fue. Pero

cuando salimos de la tienda debía haber


cincuenta chicas. La loca debió llamar a
sus amigas o vete tú a saber. Se tiraron

sobre ella para pedirle una foto y tu

madre se asustó cuando al tirar le

rompieron la camiseta. Antes de darnos

cuenta nos estábamos dando de leches

por quitárnoslas de encima y nos

detuvieron. Como la policía no sabía lo

que había pasado, nos detuvieron a

todas separándonos, claro… Porque si


no hubiéramos acabado en urgencias.

Craig apretó las mandíbulas con


fuerza mirándolas de arriba abajo antes
de preguntar —¿Estáis bien?

—Sí, claro.

Él se acercó y la cogió por la

barbilla para levantársela antes de

acariciar su cuello con suavidad. —Las

han agredido.

—No vamos a presentar cargos,


Carliste —dijo el policía—. ¿En serio

quieres llegar más allá?


—¿Más allá? —preguntó Lorrie

confundida.

—Yo sí voy a presentar cargos.

Os llevaré al hospital para el informe

médico de agresión.

—Eso, hijo... Déjalas


temblando. ¡Menuda panda de niñatas!

—Pero son unas crías… —dijo

Lorrie.

—Nena, no puedes consentir que


alguien te agreda. ¿Qué hubiera pasado

si no hubieras ido acompañada?

Pondremos la denuncia.

—Se entusiasmaron demasiado,

pero…

La miró fríamente. —Esto no

puede quedar así. Pondremos una

denuncia por agresión. No habrá juez en

esta ciudad que no me dé la razón. Y


habéis tenido suerte de que no os

hubiera pasado algo peor.


Se estremeció. —¿Qué quieres
decir?

El policía suspiró. —El otro día

mataron a una modelo en plena calle,


señorita Hetton. Una admiradora la

detuvo para sacarse una foto y cuando la

modelo no le hizo caso, le pegó un

empujón que la tiró a la calzada. Un taxi


la arrolló. Murió en el acto.

—Oh, Dios mío —dijo May


impresionada.

—Vamos a denunciar.

Lorrie entendía su punto de vista,

pero estaba segura de que esa seguidora

no había querido dañar a esa mujer de

esa manera. Como esas chicas tampoco

habían querido hacerle daño.

Simplemente se entusiasmaron

demasiado. —No, no voy a denunciar,


Craig.

—Pues yo sí —dijo su tía


llevándole la contraria como siempre.

—Sin su declaración no haremos

nada —dijo Craig molesto. Se volvió

pasándose la mano por su pelo negro—.


¿Rogers?

El policía negó con la cabeza. —

Como has dicho, sin su declaración no

tienes nada y el juez vería algo raro que

ella fuera la única en no denunciar,


porque al fin y al cabo es la famosa.
Nosotros vamos a soltar a las chicas

porque la fiscalía está saturada de

trabajo y realmente no ha habido sangre.

Las reprenderán y las echarán. Y como

ella no las quiere denunciar, no hay

delito.

Todos la miraron y negó con la

cabeza. Craig juró por lo bajo antes de


gritarle —¡Te estás equivocando!

—¡Son unas crías! ¡Se les ha ido

de las manos, eso es todo! Ahora si no te


importa quiero mi móvil y mi bolso.
Tengo que grabarme saliendo de aquí.

La miró asombrado. —¡Es


increíble! No vas a detenerte, ¿verdad?

—No. —Se encogió de hombros.

—¿Para qué lo preguntas si ya lo sabes?

La cogió por el brazo furioso. —

Ya hablaremos en casa.

Puso los ojos en blanco


dejándose llevar. Tardaron un rato en
darles sus cosas mientras él le echaba la

bronca sobre su seguridad porque no

podía reprimirse. Estaban a punto de

irse cuando aparecieron las chicas, que

nada más verla chillaron corriendo por

la comisaría para acercársele. Craig se

puso en medio y los policías las

apartaron. Cuando las alejaron, Craig se

volvió cerciorándose de que estaba


bien. —¡Tienes que denunciar, nena!

—Son unas cr…


—Vuelve a decir eso y… —
Apretó los labios furioso y Lorrie hizo
una mueca al verle un arañazo en la

mejilla. La cogió de la mano y tiró de

ella hacia la salida.

—¿Es tu novio, Lorrie? —

gritaron entusiasmadas—. ¡Te queremos,

Lorrie!

May la miró de reojo. Esa vez se

había asustado de veras porque ni con


Craig allí ni la policía se daban por

vencidas. —Igual deberías hacerle caso.

—Shusss.

Craig detuvo un taxi y todos se

mantuvieron en silencio durante el

trayecto a casa porque no estaba el

horno para bollos. En cuanto entraron en

casa Craig cerró de un portazo y la miró

fijamente. —Esto es… ¡Inadmisible!


¡No podrás ir segura por la calle si

continúas con tus videos, Lorrie!


—Ha sido una anécdota más. Y
muy mal que no me hayas dejado

grabarlo. Hubieran tomado nota y esto


no pasaría de nuevo.

—¡Esto es el colmo! ¿Tú crees

que alguien podía razonar con esas

energúmenas?

—Claro que sí. —Se volvió

para subir las escaleras dejándoles


pasmados. —Vaya, no he comprado
todos los muebles que quería. Mañana

tendré que salir de nuevo y odio ir de

compras.

—Yo te acompaño y terminamos

enseguida, ya verás —dijo su tía

haciendo que los demás la miraran—.

¿Qué? Alguien tiene que ayudarla para

que termine lo más rápido posible. Mira


que si le ocurre algo…

—Tú lo que quieres es llevarte

bien con ella para quedarte en la casa.


Noelle jadeó de la indignación.
—Menuda mentira. ¡Y se te está

soltando la lengua, guapa!

—¡Es que ya no tengo que


mordérmela, porque ya no trabajo para

ti!

—¡Dejad de discutir! —Craig se

abrió la chaqueta del traje y puso las

manos en jarras mirando hacia el piso


de arriba. —Y pensad como la
convencemos para que deje los videos.

Ambas se acercaron poniéndose

a su altura y mirando hacia arriba como

él entrecerraron los ojos. —Sí…

pensemos algo—dijo su madre

conspiradora.

Después de unos segundos May

les miró de reojo. Podía ver cómo les

salía humo de la cabeza dándole vueltas


al asunto y suspiró. —La niña lo dejará

cuando quiera.
La fulminaron con la mirada. —
Mejor me voy a preparar la cena. Es

algo pronto, pero eso que adelanto.

—Madre, ven al despacho.


Tengo que hablar contigo.

May se detuvo en la puerta de la

cocina y les vio recorrer el hall hasta el

despacho de la abuela. Se mordió el

labio inferior mirando hacia arriba y


caminó de puntillas para acercarse a la
puerta. Estos tramaban algo y ella se iba

a enterar. No iba a dejar que

manipularan a la niña como en el

pasado. Se acercó a la puerta que estaba

cerrada y pegó la oreja.

Craig se sentó en la esquina del

escritorio y miró a su madre sentada en

una silla ante él con una dulce sonrisa.


—Quiero que me cuentes qué ocurrió la

noche de tu compromiso con Dinning.

Noelle perdió la sonrisa poco a


poco. —Ya sabes lo que ocurrió. ¿A qué
viene esto?

—No, madre… No lo sé. Y te


aseguro que cada vez sé menos. Quiero

que me digas la verdad porque desde

esta mañana tengo un mal presentimiento

que me pone los pelos de punta. —Su

madre apretó los labios y él se levantó

furioso. —¡Lo sabía!

—Hijo, no lo entiendes.
—Claro que lo entiendo. Tú lo

sabías, ¿verdad? ¡Sabías que era ella la


que tenía el dinero!

—No, no lo sabía —respondió

muy seria—. No lo hice por eso.

Le miró a los ojos y a Craig se le


cortó el aliento. —Lo hiciste por mí.

—¡Te estaba distrayendo! ¡Tus

notas en la universidad habían bajado!


¡Sabía que era culpa suya! ¡Siempre
estabas pendiente de ella! Por Dios, si

hasta la ibas a recoger al instituto. —

May dejó caer la mandíbula del

asombro. —Tenía que hacer algo o no

conseguirías aquello por lo que habías

trabajado tanto. Era una cría, Craig.

—¡Precisamente, era una cría y

teníamos que protegerla!

Noelle levantó la barbilla. —Yo


también le tenía cariño, aunque no lo

creas. ¡Solo quería que se alejara un


tiempo y que tú te enfadaras! Sabiendo
lo posesivo que eres… —Gruñó de
manera poco femenina. —Además

quería suspender el compromiso con

Albert.

—¿Qué?

—¿Crees que iba a dejar que mi

prometido se metiera en la cama con


ella sin que hubiera una razón más

poderosa? ¡Era un cabrón que quería el


dinero que creía que tenía! ¡Me di

cuenta una semana antes de la fiesta,

pero no podía cancelar el compromiso

porque tendría que decir el motivo a la

abuela y ya había hecho bastante el

ridículo con tu padre! —Craig la miraba

sin salir de su asombro. —Así que le

insinué que Lorrie estaba interesada y le

puse algo en la bebida… no sé si me


entiendes.

—¿El qué? —gritó furibundo.


—Un inhibidor de la potencia
sexual. Para que no funcionara. —
Sonrió radiante. —¿A que pensé en

todo? En cuanto se metiera en la cama

de Lorrie, ésta se despertaría y se

montaría el escándalo. ¡Pero duerme

como una marmota! Estuve media noche

esperando y nada. Entonces empecé a


imaginarme cosas…

—¡Estaba drogada y enferma,


madre! ¡Podía haberle pasado algo muy

gordo!

—¡Pero de que estaba enferma

me enteré viendo el video que colgó en

la red! —Noelle hizo un gesto con la

mano. —Y él no podía. Debió quedarse

dormido por el alcohol y eso. Se había

pasado de la raya esa noche con la


celebración.

—¿Qué pasa, que teníais una

pareja abierta? Porque sino no lo


entiendo. —Su madre se sonrojó y tuvo
que sentarse. —Joder, ahora sí que estoy
en shock…

—Soy más moderna de lo que

piensas. A mí también me gusta

divertirme.

—¿Y por qué él no dijo nada?

Noelle hizo un gesto de

desprecio. —Pude ver en su rostro que


iba a hacerlo, pero te tiraste sobre él
antes de que pudiera. Menuda paliza que

le metiste. Ahí decidió no abrir la boca

y cuando habló conmigo con mucha más

razón, porque le informé de que ella

tenía quince años y que la abuela podía

denunciarle a la policía. Se fue tan

rápidamente que creo que hasta se mudó

del país.

—¡Entonces toda tu indignación,

todo tu dolor por la pérdida de tu


prometido, era mentira!
—Bueno, tenía que hacer que la
abuela se enfadara para meterla interna.

—¡No volvió a casa en trece


años!

—Eso no es cosa mía. Yo hablé

con mamá en cuanto conseguiste aquel

trabajo tan bueno en aquel bufete. Aquel

que conseguiste para el verano en cuanto


te licenciaste y le dije que podía volver

a casa.
—Increíble. —Incrédulo negó

con la cabeza. —No tienes ni idea del


daño que le hiciste, ¿verdad?

Noelle se sonrojó. —Supongo

que fue duro para ella.

—¡Supones! ¡Le rompimos el


corazón!

—¿Qué querías que hiciera?

¡Mamá no quería que volviera! ¡Yo no


podía decir la verdad y todo se había
hecho demasiado grande para que lo

ignoráramos si regresaba a casa! ¡Esa no

fue mi intención! ¡Yo solo quería que

tuvieras un futuro y ella te distraía! ¡Y es

obvio que tenía razón porque desde que

ha vuelto no puedes dejar de pensar en

ella! ¡Ya vuelve a ser el centro de tu

mundo!

—¡Porque la quiero! —gritó

furioso haciéndola palidecer—. ¡Es mi


mujer y siempre lo será! ¡No sé si algún
día me perdonará haberle dado la
espalda, pero te juro por Dios que
pienso hacer lo que haga falta para que

sea así! Vuelve a hacer algo por el estilo

y no te hablaré más, madre.

Noelle se quedó de piedra

porque su hijo jamás se había puesto así

con ella. Asintió levantándose


lentamente. —¿Se lo vas a decir?

Craig apretó los labios. —


Debería ser sincero con ella. Tiene

derecho a saber lo que ha ocurrido y la

razón por la que ocurrió todo.

—¿Pero?

—Pero si se lo digo, ese tema

enturbiará más nuestra relación de lo

que ya lo está y abrirá más aún las

heridas. —A May se le cortó el aliento.

—Hasta ayer por la noche ella había


asumido que se había acostado con él,

pero la sorpresa de enterarse de que no


ocurrió parece no haberla afectado. No
quiere hablar de ello y voy a respetar su
decisión. Egoístamente, lo reconozco,

pero si ella quiere olvidar no voy a

decirle nada.

Noelle fue hasta la puerta. —

Madre… —Se volvió para mirarle a los

ojos. —¿Por qué la insultaste cuando

llegó? Si querías que volviera…

—Hubiera sido raro que le diera


un abrazo, ¿no crees? —Sonrió con

tristeza. —Tenía que seguir mi papel de

novia despechada. Pero después debo

reconocer que me impresionó saber que

no había heredado un centavo y que

encima me había mantenido ella. Me

sentí mil veces peor si eso es posible.

Craig se tensó. —No vuelvas a


hacerle daño. Hablo en serio.

En ese momento llamaron a la

puerta principal y May corrió hasta la


entrada para abrir. Parpadeó
sorprendida al ver a un hombre con
pinta de surfero y pantalones cortos

mirando la fachada. Tenía el cabello

rubio a la altura de los hombros y unos

bonitos ojos verdes. Y tenía músculo,

vaya que sí. Éste sonrió. —Hola.

—Hola —dijo ella divertida

viendo que iba en chanclas—. ¿Te has


perdido? La playa está un poco lejos.
Se echó a reír. —Espero no

haberme perdido. ¿Vive aquí Lorrie?

Ay, la leche. —¿Lorrie?

—Sí, es rubia. —Puso la mano a

una altura. —Así de alta y con un cuerpo

de infarto. Una preciosidad de ojos


azules y una sonrisa por la que

recorrería el mundo.

Un chillido en la planta superior


hizo que ambos miraran hacia allí para
ver a Lorrie bajar las escaleras casi

volando radiante de felicidad. —¡Jason!

—Se tiró sobre él y la agarró por el

trasero girándose mientras ella le daba

besos por toda la cara. Labios incluidos.

Sintió a los Carliste tras ella que

les observaban igual de sorprendidos

que ella. —¿Quién es ese? —preguntó


Noelle por lo bajo.

—¿Crees que lo sé, madre?

¡Lorrie!
Lorrie le miró sonriendo de
oreja a oreja sin bajarse de ese tipo.

Craig sintió que le recorrían los


demonios, pero no podía protestar. Al

fin y al cabo solo era su amante. Y por

lo bien que se llevaban era evidente que

ese título iba a perderlo en breve. —

¿Nos presentas? —preguntó con ganas

de matar a alguien.

—¡Es Jason!
Los tres la miraron como si no

entendieran. —Es uno de los Youtubers


de aventura más importantes del mundo

—dijo como si fueran estúpidos antes de


mirarle de nuevo a los ojos y sonreír—.

Te he echado de menos.

Él le dio una palmadita en el

trasero. —Y yo a ti, preciosa.

Craig dio un paso hacia ellos,

pero su madre le agarró deteniéndole.


—Espera, hijo. No te alteres.

—¿Has visto eso, madre?

—¿Te quedarás? —preguntó ella

ilusionada.

—Claro, ¿casa y papeo gratis?

Me apunto, ya lo sabes. Y si hay

cervezas frías en la nevera soy todo tuyo

de por vida.

Lorrie se echó a reír mientras la


dejaba en el suelo. —Estupendo.
Craig gruñó apretando los puños

cuando salió de la casa y cogió algo que


tenía apoyado en la pared. El muy

cabrito tenía la mochila allí y se le


revolvieron las tripas al ver como se la

cargaba al hombro. Lorrie le miró

radiante como si acabara de llegar Papá

Noel. Cuando se puso a su lado le

agarró por el brazo como si no pudiera

dejar de tocarle. —Él es mi primo Craig


—dijo para rematarle.

Jason alargó la mano. —

Encantado.

Craig miró su mano y Jason

perdió algo la sonrisa cerrándola en un

puño por su evidente rechazo. Lorrie le

fulminó con la mirada antes de tirar de

él. —Ella es mi tía Noelle y ella es

May. Se encarga de la casa, pero es de


la familia.

May sonrió. —Mucho gusto.


Él sonrió. —Es genial estar en

Nueva York.

—Ah, que no eres de por aquí.

—No, soy australiano.

Lorrie chilló emocionada antes

de abrazarle por el cuello otra vez. —

No puedo creer que estés aquí.

La cogió por la cintura con un

solo brazo elevándola y Craig a punto


estuvo de saltar sobre él. —¿Dónde está
tu habitación, bonita?

—Piso de arriba, por favor.

Craig lo vio todo rojo y más

cuando se dirigieron hacia las escaleras.

—¡Lorrie!

Para su asombro ni le escuchó

mirando al australiano a los ojos como

si estuviera fascinada con él. Se echó a


reír como una colegiala cuando el tipo

la cogió en brazos y entraron en su


habitación. Sintiendo que quería quemar
la casa vio como el surfero riendo
cerraba la puerta con el pie.

—Me cago en la… —Fue hasta

la escalera y Noelle chilló antes de


cogerle por el brazo.

—¿A dónde te crees que vas?

—¡A sacarle de ahí!

Las risas en el piso de arriba le

decidieron y empezó a subir los

escalones mientras su madre tiraba de su


brazo. —No puedes.

—¡Déjame, madre!

—¡Es su casa, puede invitar a

quien quiera! No tienes derecho a exigir

nada.

A May se le retorció el corazón

al ver la impotencia en su rostro. Se

detuvo en seco en mitad de la escalera y


miró a su madre a los ojos. —No sois

nada, hijo. Ni siquiera primos. Si ni


siquiera te ha perdonado. No te
escuchará como no te escucha con lo de
los videos. Solo harás el ridículo

quedando en evidencia ante él.

—Tu madre tiene razón, Craig.


Si te enfrentas a ese chico al que aprecia

tanto, se enfadará contigo.

—Tienes que ser más listo que

ese…

Las risas en el piso de arriba le


hicieron palidecer y para todas fue
evidente que creía que estaban teniendo

sexo. May dio un paso hacia él. —Si se

acostó contigo ayer cuando nunca se

había acostado con nadie, ¿en serio

crees que lo está haciendo ahora? ¿Y

contigo en la casa?

Eso pareció aliviarle. —No lo

haría, ¿verdad?

—Puede que le tuviera mucho


cariño a ese chico, pero es solo eso por

mucho que él quiera más. Que lo quiere


—dijo su madre—. Si conoceré yo a los
hombres.

—¡Eso es evidente, madre! ¡Y


ella se deja querer! —Miró hacia arriba

conteniéndose.

—Hijo, vete a trabajar. Hasta

que te calmes. Y cuando vuelvas regresa

con la mente más fría. Tienes que ser


más listo. Como lo que me dijiste en el

despacho.
May chasqueó la lengua

cruzándose de brazos. —Yo no opino lo


mismo —dijo sorprendiéndoles—.

Debería contárselo todo y zanjar ese


tema de una buena vez.

Craig bajó un escalón. —Nos

has escuchado.

—Pues sí. Y me he enterado

como de todo lo que me entero en esta

casa. Ahora que no tengo a la abuela


pego la oreja. Por eso me enteré de lo

del testamento. Porque vosotros no

dijisteis palabra. —Hizo una mueca. —

Aunque yo ya lo sabía casi todo por la

abuela, claro…

—¡No te enrolles! ¡Nos has

espiado! —exclamó Noelle asombrada.

—¿Cómo crees que me he

enterado de que me ha desvirgado a la


niña esta noche?

—¡Estás despedida!
—No puedes despedirme,

Noelle. Ya no trabajo para ti. —Sonrió

maliciosa. —Trabajo para ella. Y me ha

aumentado el sueldo, que lo sepas.

Noelle jadeó asombrada. —No

puedes decírselo. ¡Me odiará!

—¡Ya está bien! —Craig bajó

los escalones, pero al llegar abajo sonó

el timbre de la puerta. Furioso fue hasta


allí y abrió para ver a un repartidor
cargado de paquetes.

—¿Lorrie Hetton? —Metió la

cabeza buscándola. —¿Vive aquí?

—Sí, vive aquí. —Satisfecho se

volvió gritando —¡Lorrie! ¡Baja!

La puerta se abrió y Lorrie salió

riendo a carcajadas. Miró hacia el hall e

hizo un gesto con la mano. —Recógelos


tú, ¿vale? —Guiñó un ojo al repartidor

que la miró babeando antes de entrar en


la habitación de nuevo dejando a Craig
pasmado.

Craig cogió la tablilla que tenía

en las manos y le espetó —¡Déjelo ahí!

—Sí, claro.

Noelle se acercó a los paquetes

con los ojos brillantes. —¿Qué serán?

—Son muestras —dijo el

repartidor dejando una gran caja al lado

de la puerta.

—¿Muestras?
—Conozco a otra Youtuber. Le

envío paquetes todos los días. Las


marcas les regalan cositas para que se

las pongan en los videos. Seguro que


vengo a menudo porque como Lorrie no

hay otra.

—¡Muchas gracias! —En cuanto

el chico salió, Craig cerró de un portazo

poniendo los brazos en jarras. —Esto se


nos está yendo de las manos. —
Asombrado miró a su madre que hasta

se había sentado en el suelo abriendo un

pequeño paquete. —¡Madre!

—Esto me encanta. May abre

ese.

—¿No debería abrirlo la niña?

—Desmintiendo sus palabras dijo —

Voy a por un cúter que no quiero que

nos rompamos las uñas.

Sin salir de su asombro vio


como las dos se ponían como locas
abriendo los paquetes. Gruñó por lo
bajo al escucharla reír de nuevo. Al

parecer con ese tipo se reía bastante.


Joder, le iba a salir una úlcera. Su

madre gritó enseñándole un paquete

negro que mostraba lo que parecía un

secador. —¿Qué?

—¿Sabes lo que es?

—Madre, no me fastidies.

—Mira, Noelle… Mira que


maquillaje. —May mostró una paleta de

sombras de ojos. Abrió todos los

cajones mostrando barras de labios. —

Esto es de lujo… —dijo con

admiración.

—¡Es como si viniera Papá

Noel! —Su madre cogió otra caja y la

movió de arriba abajo. —¿Qué será?

—¿Os queréis centrar, por


favor? ¡Tenemos que detener esto! —

Las dos le miraron como si no


entendieran una palabra. —Los videos,
¿recordáis? ¡No es seguro que los haga!

—Bueno, no todo es malo —dijo


Noelle agarrando otro paquete—.

Seguro que le pagan bien y esto se lo

regalan.

—Sí. —May tiró de la lengüeta

de un paquete y chilló sacando un


perfume. —Me encanta. Lo olí una vez.

¿Sabes cuánto cuesta esto?


—Doscientos treinta pavos. Lo

tiene una amiga.

Craig gruñó. —Lorrie es rica,

puede comprar todo lo que quiera.

Ellas se miraron como si no

entendiera nada y en ese momento se dio


cuenta de que no le iban a ayudar en

absoluto para que dejara esa profesión.

Eso unido a que volvió a escuchar cómo

se reían en el piso de arriba siseó —Me


voy a trabajar.

—Muy bien, hijo. Nosotras la

controlamos. No te preocupes.

Viendo como cogían otro

paquete abrió la puerta mosqueado. —

No vendré a cenar.

—Mal hecho —dijo May sin

dejar de abrir el siguiente—. Tiene que


verte y comparar. Si no estás, dejas el

camino libre.

—Trabajaré desde el despacho.


Cerró la puerta y se alejó de

ellas escuchando a su madre decir —

¡Una camisa de Vuitton! Esta no se la

pone con lo hippy que es. ¿Crees que me


la regalará?

—¿Con lo bien que le caes? —

preguntó May maliciosa.

Craig exasperado cerró la puerta

del despacho. May y Noelle se miraron.

—Pobrecito —dijo la asistenta.


Noelle agachó la mirada

acariciando la camisa entre sus dedos.


—Es culpa mía.

—Vamos, ¿en serio crees que si

la niña se hubiera quedado, hubieran


acabado juntos?

La miró sorprendida. —Pues se

me pasó por la cabeza, la verdad.

—Ella era una cría y él casi un


hombre. Hubieran discutido por mil
cosas y esto hubiera sido un infierno.

Piénsalo fríamente. A ella no le gustaba

estudiar. Él era un estudiante excelente.

No hubiera estudiado una carrera y eso

hubiera sido otra cosa que les hubiera

separado. Al final ella se iría alejando

de su control y se hubiera ido de casa en

cuanto hubiera podido. Ya lo hacía con

quince años. ¿No recuerdas sus enfados


porque él iba a buscarla al instituto?

Noelle sonrió. —Recuerdo que


casi nos deja sordos con el Heavy
Metal. Durante un tiempo fue
insoportable.

—Exacto. Le encantaba

fastidiarle. Y lo ponía porque él lo odia.

La miró sorprendida. —¿De

veras?

—Claro que sí. Había una


tensión entre ellos…

—Por la atracción.
—Puede, pero ella no estaba

preparada. Creo que la pilló por


sorpresa y ni sabía lo que le ocurría.

Porque…

—Era una cría —terminó


Noelle.

—Exacto. Pero ahora es distinto.

Esas cosas que en aquella época

parecían tan importantes ya no lo son,

como los estudios. Ahora son adultos y


la atracción sigue ahí. De hecho, es cien

veces más fuerte porque ahora no tienen

que reprimirse y para prueba está que

ayer mismo se acostaron cuando ella

debería odiarle con todas sus fuerzas.

—¿Crees que le quiere?

—Claro que le quiere. Craig ha

formado parte de su infancia y tiene

miles, millones de recuerdos


maravillosos con él. Hasta ahora Lorrie

se echaba la culpa de lo ocurrido esa


noche, precisamente porque no sabía lo
que había ocurrido. Las consecuencias
fueron terribles para ella, pero había una

justificación.

—Su mal comportamiento.

—No es que hubiera matado a

nadie, pero para ser Lorrie lo que

ocurrió fue muy fuerte. Así que en su


mente justificó el enfado de todos. Hasta

que se dio cuenta de que el perdón no


llegaba y no podía regresar a casa. Por

eso empezó los videos, porque se sentía

sola. —La miró a los ojos. —Cuando

digo que lo mejor es que lo sepa todo,

hablo en serio. Así habrá borrón y

cuenta nueva, ¿entiendes? No habrá más

mentiras. Todos sabréis lo que ocurrió y

todos podréis empezar de nuevo. Sobre

todo ellos. Lo necesitan. Se necesitan.


—Levantó sus cejas canas. —Piénsalo,

Noelle… Si realmente lo que te


preocupa es tu hijo, y por él has hecho

todo esto, ya has visto lo desesperado


que está por tenerla. En tu mano está que

empiecen de cero o que tu hijo viva con

el remordimiento de no haberle dicho la

verdad al amor de su vida.

May se volvió para ir hacia la

cocina y Noelle pensativa miró hacia el

piso de arriba donde en ese momento


empezó a sonar música de los Beach
Boys. Gimió con horror levantándose

del suelo. —Estupendo. Esto se va a

poner interesante.
Capítulo 8

Lorrie se echó a reír por la cara

que puso Jason después de contarle que

su “familia” quería que dejara de hacer

videos. Suspiró tumbándose en la cama

y su amigo lo hizo a su lado. Se


quedaron en silencio mirando el techo y
después de unos segundos susurró —Me

encanta que hayas venido.

—¿Ha sido duro?

—Te juro que no tengo ni idea

de lo que hago aquí. —Giró la cabeza

para mirarle. —No tenía que haber

venido. No sé por qué le hice caso a la

abuela. Tenía que haber dejado todo en

manos de Calvin.

—Ella te lo pidió. No podías


negarte en un momento así.
Apartó la vista avergonzada. —

Tardé un día en comprar el billete y no

llegué a tiempo para el funeral.

Su amigo se quedó en silencio.


—Era muy duro para ti, pero viniste,

Lorrie. Estoy seguro de que no sabías

que no llegarías a tiempo. Te conozco y

no tienes una pizca de maldad en tu

cuerpo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas


mirando el techo. —No me quería.

—Preciosa, no digas eso. ¿Cómo

no iba a quererte? Cualquiera que te

conozca se enamoraría de ti.

Sonrió con tristeza mientras una

lágrima recorría su sien. Se la limpió a

toda prisa avergonzada porque la viera

llorar y le miró de nuevo. —Pues

entonces es irónico que me haya


apartado. Eso sí, para pedirme pasta

siempre estaba dispuesta. —Gruñó


sentándose y se pasó las manos por la
cara. —No sé por qué me torturo con
esta mierda. Ya sabía lo que había

desde que Calvin habló conmigo cuando

cumplí la mayoría de edad y me explicó

la situación.

—En aquel momento tenías que

haber venido y haberles echado a todos.

—No podía hacer eso. —Miró

al vacío. —Son mi familia. La abuela ya


era mayor y no podía dejarla en la calle.

Al fin y al cabo yo heredé el dinero del

abuelo. Él no hubiera querido eso. La

amaba.

Jason se sentó a su lado y le

acarició la espalda. —¿Te crees que

ellos no lo sabían? Vamos, tu primo es

abogado.

Negó con la cabeza. —Tenías


que haberles visto la cara. Se llevaron

la sorpresa de su vida. Además, Calvin


nunca dice nada que no quiere decir.
Odia a mi tía, aunque aprecia a Craig.
Solo por la satisfacción de ver su cara

de estupefacción, cerraría la boca hasta

el momento adecuado.

—¿Y por qué la odia? Si ella no

sabía nada del asunto…

—Según tengo entendido, el


marido de Noelle quiso echarle la culpa

a Calvin de su mala cabeza. Era el


abogado de la familia y le quisieron

hacer responsable. Gracias a él y a su

trabajo mi tía no acabó en la cárcel. Fue

un escándalo tremendo, según me contó

May. Salieron en todos los periódicos

porque en su ruina arrastraron a otras

personas y les demandaron a ellos

porque convencieron a varias amistades

para que también invirtieran. Era algo


piramidal o algo así. Como mi tía era su

socia… Bueno, el hecho es que Calvin


la sacó del apuro contratando a los

mejores abogados. A ella la libraron del


asunto, pero mi tío acabó en la cárcel

porque mi abuela se negó a pagar su

defensa. Nunca le había gustado. Y

Calvin se mosqueó con mi tía por

intentar dejarle mal ante la abuela.

Aunque no lo consiguió, porque mi


abuela siempre ha confiado en Calvin

plenamente.
—Es algo bruja, ¿no?

Le miró fijamente. —No lo sé.

—¿No lo sabes?

—Siempre me ha dado pena.

—¿Pero qué dices? ¿Estás loca?

—La he comparado conmigo

muchas veces.

—No te comprendo.

—Llegó aquí siendo una niña. La


hija de la segunda mujer. Debió sentirse
como una acogida.

—Tu abuelo la adoptó.

—Ya, pero entras en una familia

nueva y tienes que amoldarte. A mí me

pasó y eso que tenía seis años. Ella era

mayor. Tuvo que ser un cambio muy

fuerte. Después siempre la estaban

comparando con mi madre.

—¿Comparando en qué?

—En que mi madre era más

guapa, más elegante, que era más lista…


He oído comentarios de ese tipo toda la

vida por parte de la abuela. No los hacía

a mal, pero recuerdo una cena… Yo

debía tener unos once años o así, era


Navidad y la abuela no dejaba de decir

lo maravillosas que eran las cenas de

Kathia. Kathia hacía ella misma el pavo.

Kathia tenía una mano para la


decoración… Kathia se vestía con

mucha elegancia…
—Entiendo.

—Sé que la abuela lo decía por


mí, porque nadie dudaría del amor que

sentía por Noelle. Lo decía para que me

sintiera orgullosa de mi madre y no la


olvidara, pero pude ver como la cara de

mi tía iba palideciendo poco a poco.

Siempre creí que le tenía envidia y estoy

segura de que Calvin también lo opina,


pero imagínate vivir bajo esa sombra
casi toda su vida. La perfecta

hermanastra que no hace nada mal.

—Bueno, a ti te ha pasado, ¿no?

Craig era el perfecto.

—Sí, pero es mayor que yo y un

hombre. Es distinto. —Se encogió de

hombros. —Supongo que las mujeres

nos preocupamos más de esas cosas. Y

mi madre también sabía que se sentía así


y por eso le contó mentiras sobre sus

finanzas.
—Supongo que ahora tu tía
pensará que su pluscuamperfecta

hermana es aún más perfecta porque


intentó proteger sus sentimientos. ¿No te

tiene rencor a ti también? Al fin y al

cabo la has mantenido… Y lo de su

prometido…

Parpadeó sorprendida. —Pues


parece que se le ha pasado. Hoy ha

estado como antes. No es cariñosa, pero


se puede hablar con ella.

—Eso sí que es raro, ¿no crees?

Sonrió divertida. —Hace tiempo

que intenté dejar de comprender a mi tía.

Puede tener un día buenísimo y ser

adorable, pero como esté de malas… —

Soltó una risita. —Creo que lo que pasa

es que no se quiere ir de casa. La

considera suya y es lógico porque ha


vivido aquí casi toda su vida. No se irá

hasta el día cuarenta y eso que hasta he


amenazado con grabarla. —Le miró
asombrada. —Estaba encantada.

Jason se echó a reír. —Les pasa


a muchos.

—Yo creía que le horrorizaría.

Está claro que no la conozco en

absoluto. —Miró al vacío de nuevo. —

Aunque claro, no les conocía a ninguno


porque hace trece años me hubiera

jugado la cabeza a que nunca me darían


la espalda.

Su amigo la abrazó a él. —

Vamos… no te tortures con eso. Se ha

acabado. Se irán y…

—Me he acostado con Craig.

A Jason se le cortó el aliento

tensándose con fuerza y la apartó

ligeramente para mirarle la cara. —


¿Qué has dicho?

Bufó levantándose de la cama y

yendo hasta el tocador. —Lo sé.


—¿Lo sabes? ¡Ese no era el

plan, Lorrie! ¡Era la destrucción total!

¡A no ser que acostarte con el enemigo

ahora sea una nueva táctica de guerra,


que puede ser!

—No tiene gracia.

—Joder, claro que no la tiene.

—Se levantó de un salto. —Cuando me

llamaste me dijiste que les echarías de

casa y les reclamarías legalmente el


dinero o si no los llevarías a juicio

dejándoles en ridículo. ¡Y ahora llego a

Nueva York y resulta que les has

perdonado la deuda, aún viven aquí y te

has acostado con ese cabrón! ¡Solo te

falta que te cases con él y que se quede

con tu dinero!

Apretó los labios sin ser capaz


de mirarle porque Jason había sido su

paño de lágrimas los últimos dos años


cuando le había conocido por
casualidad en la India. Habían
conectado al instante y desde entonces
se veían y hablaban muy a menudo. Y

ahora no sabía qué decirle.

Jason al ver la angustia en su

rostro se acercó y la abrazó. —No pasa

nada, cielo.

—Sí qué pasa. Soy un desastre.

—Le quieres. Le has querido

siempre. Ya estabas loca por él con


quince años y es algo que siempre has

tenido dentro.

—Él quiere más que sexo.

—Lógico, yo también querría a

una preciosidad como tú que además

está forrada —dijo con ironía

cortándole el aliento.

Asustada le miró a los ojos. —


¿Crees que quiere mi dinero?

—Es que aunque te quisiera sin

dinero no te merece, Lorrie. Esa es la


cuestión. No te merece de ninguna de las

maneras.

Se abrazó a él con fuerza

sabiendo que tenía razón. —Me alegra


que estés aquí.

—Y siempre estaré aquí, aunque

no te acuestes conmigo.

Lorrie rió por lo bajo y en ese

momento se abrió la puerta de golpe

sobresaltándoles. Craig entró en la


habitación mirando la cama y se detuvo

en seco al verles abrazados. Les miró

como si quisiera cargárselos. —La cena

está lista.

—Pues menos mal que no

estamos en la cama y retozando, porque

habría sido incómodo decirte cuando ya

estabas dentro de la habitación que


cenaríamos más tarde —dijo Jason sin

cortarse—. Pero ya que estamos


vestidos, cenemos porque estoy
famélico. Y me muero por una cerveza
bien fría. —La besó en la sien. —
Vamos, preciosa.

Lorrie soltó una risita dejando

que cogiera su mano porque era obvio

que solo quería fastidiarle. Craig la

observó ir hacia la puerta y siseó —

Nena…

—¿Qué hay de cena?

—¡No lo sé!
Estaba realmente furioso y ella

tiró de la mano de Jason deteniéndole y


miró a Craig estirando el cuello. —¿Te

ocurre algo en la mejilla? Se levanta


ligeramente.

—Es un tic —dijo Jason como si

nada.

—¡Yo no tengo ningún tic!

—Para eso va muy bien la


valeriana. —Jason tiró de su mano
haciéndola reír. —O un whisky. Voto

por lo segundo, es más divertido.

—Sí, tú tienes pinta de divertirte

un montón.

—Solo tenemos una vida, amigo.

—Tú y yo no somos amigos y no

lo seremos nunca.

—Haya paz. —Lorrie empezó a

bajar las escaleras. —¿Sabes que Jason


es uno de los Youtubers más importantes

del mundo?
—Sí, algo me has dicho antes —

dijo como si le sacaran una muela—. ¿Y

qué?

Sorprendida se volvió en las


escaleras. —¿Cómo que y qué? Hace

cosas increíbles. Deberías echarles un

vistazo.

—Si hablas de hacer rapel por

un edificio de cuarenta plantas…

—¡Me has visto! —Jason se


echó a reír. —En Shanghái estuve de

diez.

—Claro que sí, cielo. —Siguió

bajando las escaleras y ella y su amigo

se miraron de reojo al escuchar un

gruñido de Craig. Lorrie reprimió la

risa, estaba empezando a pasarlo muy

bien. Tiró de su amigo hasta el comedor


mientras Craig les seguía y allí estaba su

tía cambiada y ya sentada en su sitio de


siempre.
Noelle levantó una ceja. —
Querida, aquí nos vestimos para cenar.
—Miró a su amigo de arriba abajo

levantando ambas cejas al ver que

estaba descalzo como Lorrie. —¿No

tenéis zapatos?

—Tía, deja de fastidiar.

Nosotros somos más… libres.

—Libres —siseó Craig por lo

bajo yendo hasta la cabecera.


Lorrie parpadeó al ver que se

sentaba y cogía la servilleta abriéndola


de un solo golpe seco antes de ponérsela

sobre el regazo. —Primo… —Craig


gruñó de nuevo antes de levantar la vista

hacia ella. —Esa es mi silla.

May salió en ese momento con

una fuente de lasaña y se detuvo en seco

al ver que todos estaban en silencio. —


¿Qué pasa? Vais a cenar todos juntos,
¿verdad? Porque últimamente cada uno

cena a una hora y me dejáis la cocina

hecha un desastre. Así que a cenar.

Nadie se movió y Craig retó a

Lorrie con la mirada. —¿Qué has dicho?

—Esa es mi silla.

—Ay, madre… —dijo May por

lo bajo antes de dejar la lasaña en el


centro de la mesa—. Noelle, ¿te sirvo?

—Espera, que quiero ver en que

acaba esto —susurró sin quitarles ojo.


Jason se sentó como si nada y

cogió la pala sirviéndose una buena

porción. —No hay que dejar que se

enfríe el papeo y hace siglos que no


como cocina casera.

—Eso, hijo… tú come y calla —

dijo Noelle.

Lorrie puso los brazos en jarras.

—Soy la dueña de la casa. Esa es mi

silla, Craig. Me corresponde a mí.


Puedes sentarte al lado de Jason.

Él era el hombre de la casa y en

la familia siempre le había

correspondido esa silla como tradición,

pues antes la ocupaba su abuelo.

Siempre le había visto sentado ahí en las

comidas, pero ahora era su casa y sus

normas. Sonrió maliciosa. —¿Te


levantas, por favor?

Craig se levantó lentamente sin

quitarle la vista de encima. —Por


supuesto. Es tu casa y son tus reglas.

Jason que se iba a meter el

tenedor en la boca le miró frunciendo el


ceño. A Lorrie se le congeló la sonrisa

al ver que Craig no solo estaba molesto

sino que también había perdido algo del

color de la cara. Se sintió mal por

humillarle ante Jason y se sentó en la

cabecera en silencio perdiendo todo el


apetito.
May forzó una sonrisa. —¿Te

sirvo, Lorrie?

—Sí, por favor.

Todos se quedaron callados

demasiado tiempo y fue bastante

incómodo. Jason carraspeó. —Está


buenísima, May.

—Gracias.

—¿Me puedes traer una cerveza?

—Claro que sí. ¿Alguien quiere


algo más?

—Otra para mí —dijo Craig muy

tenso sentado a su derecha.

—Por supuesto. —Salió del

comedor a toda prisa como si fuera a

estallar una bomba en cualquier

momento.

—Bueno, Jason… —dijo su tía


forzando una sonrisa—. Así que haces

deportes de riesgo.

—¿Tú también me has visto?


—Sí, tuve curiosidad. Al

parecer eres toda una celebridad.

—Tengo bastantes seguidores.

—Es muy modesto —dijo Lorrie


con cariño—. Las marcas se lo rifan

para que pruebe sus productos.

—Hablando de productos —dijo

May entrando con dos cervezas en la

mano—. Te lo he dejado todo en el


estudio para no molestarte.
La miró sorprendida. —¿Me han

llegado productos?

—Sí, las cajas, ¿recuerdas? —

dijo Craig con ironía.

—Unas cosas preciosas —dijo

su tía.

Se encogió de hombros
metiéndose la lasaña en la boca. —Debe

habérmelas enviado mi representante.


Aunque no sé por qué, sabe que no uso
esas cosas.

—¿Puedo quedarme con la blusa

de Vuitton?

Levantó una ceja divertida y ésta

se sonrojó con fuerza. Aunque daba

igual porque en realidad no se la

pondría… Suspiró diciendo —Sí, tía.

Puedes quedarte con lo que quieras.

—Para mí el perfume —dijo

May rápidamente.

—Hecho —dijo su tía encantada


antes de mirar a Jason—. ¿Y a ti qué te

regalan?

—Tablas de surf, de skate,

productos de escalada… No sé, de


todo. Una vez me regalaron un

paracaídas. Era la leche.

Lorrie sonrió porque todo le

entusiasmaba y era imposible no estar

feliz a su lado.

—¿Y cómo os conocisteis? —


preguntó Craig con ironía mientras

cortaba la lasaña con el tenedor como si

estuviera destripando un cerdo.

—Fue en la India —dijeron a la

vez. Se echaron a reír y Jason continuó

—Yo iba a subir el Kinnaur Kailash y

estaba en Delhi. —Craig chasqueó la

lengua antes de beber de su cerveza.


Lorrie le miró de reojo mientras Jason

continuaba —Estaba comiendo unas


verduras en salsa de masala que estaban
para morirse en un puesto en la calle,
cuando veo llegar a esta preciosidad con
una cámara en la mano. Casi la atropella

un motocarro, menos mal que llegué a

tiempo. —Le guiñó un ojo y Lorrie

sonrió.

—Muy de película —dijo

Noelle con cachondeo—. ¿Sois novios?

—Novios —dijo Jason divertido


—. Eso es muy anticuado, ¿no?
Craig giró la cabeza como un

resorte. —No le has puesto un dedo


encima en la vida, así que no me toques

los huevos —dijo por lo bajo.

—Nuestro amor es platónico.

—El plato te vas a comer como


no dejes de joderme. —Se escuchó un

golpe bajo la mesa y Jason gimió.

—¿Jason estás bien? —Miró a


Craig furiosa. —¿Le has pegado?
—¿Yo? Es que va descalzo y se

me ha escapado un pie. —Craig le dio


una fuerte palmada en la espalda. —

Pero es un tío fuerte, ¿verdad que sí?

—¿Quieres comprobarlo?

—Cuando quieras —dijo entre


dientes.

—Bueno, ¿la lasaña está a

vuestro gusto? —preguntó ella como una


buena anfitriona. Los dos la miraron
como si fueran a comérsela a ella en

cualquier momento. Y no en el buen

sentido—. ¿Qué? Es la pregunta que

haría la abuela.

—Cierto —dijo Noelle antes de

limpiarse los labios con la servilleta—.

Chicos, comportaos como caballeros. La

decisión es de Lorrie. Si vais de gallitos


igual la desencantáis.

—Cierto. —Jason sonrió

encantado de la vida. —Muy cierto. Y


me prefiere a mí. Solo hay que verla.

Lorrie le miró asombrada, pero

cuando Craig la miró, forzó una sonrisa


y dijo sin pensar —Claro que sí, cielo.

Eres mi favorito.

—¿Que es qué?

Se puso roja como un tomate. —

Bueno…

—¿Seguro que esto es para


comentarlo durante la cena? —preguntó
May interesadísima sentándose al lado

de Noelle que puso los ojos en blanco

como si ya no pudiera con ella.

—¿Que es qué? —preguntó

Craig más alto dando un golpe en la

mesa que hizo temblar las copas.

—Bueno, a él le quiero mucho.

El sexo contigo es genial, pero… —

Miró a Jason con cariño con ganas de


fastidiarle. —Él es Jason.

Craig se levantó furioso y salió


del comedor como una tromba. El
portazo al salir de casa la sobresaltó. Sí

que se lo había tomado mal… Se mordió


el interior de la mejilla.

Su tía carraspeó y tomó aire

antes de mirarla. —¿Puedo hablar

contigo un minuto? —preguntó

levantándose muy seria—. A solas.

Sin esperarla salió del comedor


y Jason dijo —No tienes por qué ir,
¿sabes?

—Lo sé. —Se levantó de su silla

dejando la servilleta a un lado. —Lo sé

muy bien, pero si quiere hablar conmigo

debe ser importante. Sigue cenando.

Se metió una buena cantidad de

lasaña en la boca. —Tranquila, no te

preocupes por mí.

Sonrió, pero perdió la sonrisa

poco a poco saliendo del comedor y


cuando llegó al salón ya no sonreía en
absoluto. Como Noelle que caminaba de
un lado a otro mientras se apretaba las

manos. Su tía estaba muy preocupada y


Lorrie tomó aire de nuevo entrando en el

salón y cerrando la puerta tras ella. —

Bien, tía. ¿De qué quieres hablar que sea

tan importante como para levantarnos de

la cena?
Minutos después el sonido de

algo cayéndose al suelo sobresaltó a


Jason que miró hacia el hall dejando de

masticar antes de escuchar un chillido.


Asombrado miró a May que estaba

cenando con él porque no lo hiciera

solo. —¿Qué es eso?

—Nada, están limando algunas

asperezas.

—¡Serás bruja! —gritó Lorrie


furiosa antes de escuchar un grito de

dolor.

Jason levantó una de sus cejas

rubias. —¿Intervenimos?

—Tranquilo, pueden solas.

Cosas de familia. ¿Quieres postre? —

Escucharon como si se cayera un mueble

y Jason se levantó ligeramente sin dejar

de mirar fuera del comedor. —Hay tarta


de nuez.

Se volvió a sentar y sonrió. —


Un buen pedazo, por favor.

—Así me gusta. Interviene lo

justo y nos llevaremos bien.

—¿Y otra cerveza?

—Enseguida.

El sonido de algo de cristal al

caer les sobresaltó y Jason corrió hacia

el hall al escuchar un grito de dolor.

May corrió tras él y cuando abrieron la

puerta del salón vieron a Noelle con su


vestido desgarrado en la manga

acercándose a toda prisa a Lorrie que

levantaba un pie a la pata coja. La

sangre que caía al suelo desde su pie les

hizo palidecer mientras Noelle decía

preocupada —Cuidado, no te cortes. —

La cogió por el brazo para que

mantuviera el equilibrio y miró a May.

—Llama al doctor Grant, se ha cortado


en el pie. Y trae una escoba y algo para

que se calce.
Jason vio los cristales en el
suelo y juró por lo bajo antes de salir
corriendo como May.

—Mierda… —siseó Lorrie

intentando no llorar, no de dolor, sino de

rabia por las palabras de su tía, mientras

ésta apartaba los cristales de ella.

Su tía la sujetó por la cintura. —

¿Puedes llegar al sofá? Está detrás de ti.


Son dos pasos y ya he apartado los
cristales.

—Espera —dijo May corriendo

hacia ellas con la escoba en una mano y

el teléfono inalámbrico en la otra.

Barrió lo mejor que pudo y entre las dos

la sentaron en el sofá.

Jason llegó corriendo y se sentó

a su lado cogiendo su otro pie y

poniéndole una zapatilla de deporte. —


¿Estás bien? —Cogió su pie herido que

aún estaba en el suelo y lo elevó para


ver un buen pedazo de cristal incrustado
en la planta. —Joder.

—Sácalo.

—¡No! —ordenó Noelle—.


Enseguida llegará el médico y él

decidirá qué hacer. Si tenemos que ir al

hospital iremos. No lo toques, puede

tener seccionado un tendón o algo.

Lorrie miró incrédula a su tía


que parecía muy preocupada. Entonces
pensando en todo lo que le había dicho,

en que ella no había querido que

estuviera separada de la familia tanto

tiempo y las razones que había tenido

para engañar a todo el mundo, sintió que

el nudo que tenía en la garganta la

ahogaba. Ya no lo soportó y se echó a

llorar cubriéndose el rostro con las

manos porque ni tenía oportunidad de


esconderse para desahogarse a gusto.

Noelle se mordió el labio inferior al ver


que estaba desgarrada y sus ojos se

llenaron de lágrimas viendo el resultado


de sus maquinaciones. Nunca se había

sentido peor en la vida.

May llegó con unas toallas y

agarró a Jason de la mano levantándole

para poner la toallas sobre el sofá para

que apoyara el pie. —Eso, mi niña. —

Se sentó tras ella y la abrazó por la


espalda pegándola a ella. —Llora todo
lo que quieras. —La besó en la sien. —

Tienes todo el derecho a llorar.

Jason miró a Noelle como si

quisiera cargársela. —¿Qué le has

dicho?

—No es asunto tuyo.

—¡Ella es asunto mío!

En ese momento May gritó

asustada viendo como Lorrie se


desmayaba en sus brazos totalmente

pálida. —No, no. —Noelle se arrodilló


en el suelo a su lado y le dio unas

palmaditas. —¡Un paño húmedo!

May la abrazaba a ella como si

quisiera protegerla y Noelle gritó —


¡Túmbala!

Muertas de miedo la tumbaron y

su tía le levantó las piernas mientras

Jason salía corriendo para buscar un

paño húmedo. En ese momento


escucharon un portazo y ambas se
miraron reteniendo el aliento. Craig

caminó hasta el comedor, pero al verlo

vacío se volvió para subir las escaleras

cuando las vio en el salón. Palideció al

ver la sangre y entró en el salón a toda

prisa. —¿Qué ha pasado?

—Se ha desmayado y… —Su

madre le miró asustada viendo que se


arrodillaba a su lado y le daba

palmaditas en la mejilla.

Su hijo no esperó el resto de su


explicación. La cogió en brazos y fue
hacia la salida. —Hijo, ya viene el
doctor.

—Me la llevo al hospital. —La

miró fríamente. —Y espero que no

hayas tenido nada que ver en esto,

madre.

Noelle perdió todo el color de la


cara siguiéndole a toda prisa. May salió

tras ellos cerrando la puerta y Jason


salió de la cocina corriendo con un

trapo mojado en la mano. Cuando llegó

al salón parpadeó sorprendido y sacó la

cabeza del salón para gritar al piso de

arriba. —¿Estáis ahí?


Capítulo 9

May y Noelle sentadas en la sala

de espera del Presbyterian se miraron de

reojo viendo a Craig acercarse de nuevo

a la recepción para preguntar por Lorrie.

Estaba de los nervios y aunque Noelle


había intentado explicarse, él no la
había dejado porque no era el sitio

adecuado para hablar de esas cosas. —

Ahora solo quiero saber que está bien,

¿entendido? —había dicho furioso

levantándose del asiento y alejándose de

ellas.

—Dios mío… —Noelle se pasó

la mano temblorosa por la frente. —


Acabo de perder a mi hijo.

—Tranquila. Lo solucionaremos.

Esto es el principio, no el final.


La miró con rencor. —¡No tenía
que haberte hecho caso! ¡Tenía que

haber dejado las cosas como estaban!

—Que escondas la mierda no


significa que no siga ahí. Ahora Lorrie

podrá empezar de nuevo. —Miró a

Craig, que después de hablar con la

recepcionista se volvió pasándose las


manos por su cabello negro demostrando

lo nervioso que estaba. —Podrán


empezar de nuevo.

—¡Sin mí! ¡Porque ahora sí que

me van a echar a patadas!

—Igual tendrás que sacrificarte

un par de años. Pero Lorrie no es

rencorosa. —Hizo una mueca. —Tu hijo

lo es más. Pero te quiere, te perdonará.

La miró con asombro. —¿Que


me sacrifique?

—Ya va siendo hora, ¿no crees?

Por su felicidad. En cuanto tengan el


primer niño se les pasa.

—Te voy a…

—Ah, ah… Contrólate, guapa.

Ahí viene Craig.

Caminó ante ellas de un lado a

otro y las miró impaciente. —Tardan

mucho.

—Hijo, no llevamos aquí ni dos

horas. Seguro que tienen mucho trabajo.


Pero no es nada, te lo digo yo. De
jovencita me desmayé varias veces y es

algo temporal.

—¿Y lo del pie? —Se agachó

mirándola a los ojos. —¿Por qué estaba

el salón destrozado, madre?

Noelle forzó una sonrisa. —¿No

querías hablar de esto en casa?

Craig entrecerró sus ojos verdes.


—Se lo has dicho, ¿verdad?

—¡Fue culpa suya! —Señaló a

May asustada. —Ella me convenció


para que empezarais de cero. No quería

hacerle daño. Intenté que lo

comprendiera, pero se tiró sobre mí

fuera de sí y… Al quitármela de encima


tiramos el jarrón de cristal, pero ella se

lanzó sobre mí de nuevo. Solo quería

librarme de ella. —Abrió los ojos como

platos. —Y vaya fuerza que tiene.


Sobrehumana. —Craig apretó las

mandíbulas con fuerza y añadió


rápidamente —Entonces la empujé y

escuché su grito mientras yo me

levantaba. ¡Vi que se había cortado y la

ayudé! Creo que se desmayó de los

nervios.

—Sí, se desmayó de los nervios

—la apoyó May—. Pero es lógico. La

verdad es dura de asumir. —De repente


sonrió dejándole de piedra. —Y nos

hemos librado de Jason. —Entrecerró


los ojos. —Igual después de salir de
aquí, deberíamos llevarla a otro sitio.
Para quitar del medio al favorito.

Craig se tensó. —¡No es el

favorito! ¡Ese soy yo!

—Pues ella ha dicho… —La

fulminaron con la mirada. —Vale, que

se haya acostado contigo es un punto

más, aunque ella no lo vea de ese modo.

—¡Es que no hay otro modo de

verlo! ¡Es mi mujer! ¡Ese hippy puede


irse por donde ha venido!

La puerta se abrió y ansiosos

miraron hacia allí para ver a Lorrie con

unas zapatillas desechables, apoyándose

en unas muletas y caminando a la pata

coja. En ese momento se acercaron dos

enfermeras ansiosas por sacarse una

foto. Craig gruñó acercándose a ella


aliviado porque parecía estar bien,

cuando el médico salió tras ella. Pareció


sorprendida de verle mientras el doctor
le entregaba unas recetas. —Esto es
para el dolor y una pastilla para dormir
durante tres días, a ver si nos relajamos

un poco. —Le guiñó un ojo antes de

alejarse hablando con las enfermeras

que parecían entusiasmadas.

—¿Cómo estás? —Apartó un

mechón de su cabello rubio de las


mejillas y se dio cuenta de que no podía

hablar de la emoción. Con cuidado


agarró sus muletas tendiéndoselas a su

madre, que las cogió de inmediato

mientras May cogía los papeles de su

mano. —Ven, nena.

Ella le miró a los ojos en

silencio y alargó las manos. Craig sintió

que era un triunfo porque no le

rechazaba y con cuidado la cogió en


brazos pegándola a él. La escuchó

sollozar contra su cuello.

—Shusss, preciosa… —La


abrazó más a él queriendo protegerla. —
Se acabó. No quiero que sufras más por
esto. —Lorrie se abrazó a su cuello y

sintió como las lágrimas mojaban su

piel. —Odio verte así —susurró

saliendo del hospital—. A partir de

ahora solo quiero risas como cuando me

fastidiabas para sacarme de quicio


mientras estaba estudiando en el salón.

¿Lo recuerdas? Tarareabas y me


desconcentrabas a propósito. Te reías

cuando te miraba exasperado. Me muero

por ver a esa Lorrie de nuevo, cielo. Y

sé que está ahí. La he visto en tus

videos. Quiero que vuelva mi Lorrie.

—¿Quieres?

—No hay nada que desee más.

May levantó un brazo deteniendo


a un taxi. Después de que ella abriera la

puerta, él la metió en el vehículo con


sumo cuidado. Craig cerró la puerta y
Lorrie muy confusa cerró los ojos
apoyando la cabeza en el respaldo.

Cuando abrió la otra puerta y se sentó a


su lado los abrió de nuevo para verle

sonreír. —Enseguida estaremos en casa,

nena.

—Tenemos que comprar los

medicamentos —dijo May sentándose


delante y dándole las indicaciones al

taxista, mientras Noelle se sentaba al


otro lado de Craig en silencio.

Craig la abrazó por los hombros

pegándola a él—. ¿Te duele mucho el

pie?

—No. Me han inyectado algo

para ponerme los puntos. —Se sintió tan

bien a su lado… Que la abrazara de esa

manera como si quisiera protegerla la

emocionó de nuevo y se recostó sobre él


sin poder evitarlo.

Craig cerró los ojos aliviado


porque no le rechazara. En ese momento
dio gracias a Dios porque no le

rechazara después de todo el daño que


le habían hecho.

—No puedo posar el pie en una

semana. —Una lágrima mojó su camisa

y él acarició su espalda.

—No pasa nada. Nosotros te

cuidaremos —dijo May volviendo la


cabeza y sonriendo—. Puedes tener a
Noelle de esclava. Te la regalamos.

La aludida jadeó de la

indignación —Oye, que ya me ha pegado

una paliza. —Señaló el ojo. —¡Éste se

me va a poner morado!

May chasqueó la lengua como si

eso no hubiera sido suficiente y Lorrie

sonrió sin darse cuenta. —Te acabas de

quedar sin la camisa esa que te gusta


tanto.

Noelle la miró arrepentida y


preguntó —¿Me perdonas?

Craig se tensó. —Madre…

Ellas se miraron a los ojos y

cuando Lorrie no contestó, Noelle


apretó los labios. —Lo entiendo, de

verdad. Yo tampoco te perdonaría. —

Miró al frente. —Pero hice lo correcto.

—¡Madre!

Lorrie se enderezó de golpe

apoyándose en él. —¿Qué has dicho?


—Si no lo hubiera hecho…

¡Todo habría sido muy distinto! —


Levantó la barbilla orgullosa. —¡No

contaba con lo del dinero, pero eso fue


porque mi madre no fue sincera

conmigo! ¿Yo qué sabía?

—¡Trece años! —le gritó a la

cara—. ¡Me mantuvo lejos trece años!

—¡Y mira lo que esos años han

hecho de vosotros! Los dos triunfáis en


vuestras carreras. Sois los mejores en lo

vuestro. Si no hubiera intervenido, ¿qué

habría pasado?

—¡No lo sabemos porque

metiste la nariz como siempre! Y lo

hiciste para dejar a tu novio —dijo

incrédula.

—Bueno, es que así mataba dos

pájaros de un tiro… Siempre he sido


muy práctica.

La miró sin poder creérselo. —


Práctica. —Miró a Craig alucinando. —
Está loca.

—Bueno, nena… A mí no me

metas que estoy en medio.

—¡Pues bien que te pusiste de su

lado!

—No, no me puse de su lado.

Me puse de mi lado por los cuernos que

creía que tenía en ese momento.

Aquello era surrealista. —¿Qué


cuernos? ¡No éramos nada!

—Nada, nada… Nena, no me

hagas hablar. ¡Tú lo sabías!

—¿Y qué? ¡Era libre para hacer

lo que me diera la gana!

—¡No, no eras libre! —le gritó a

la cara—. ¡Porque eras mía!

A Lorrie se le cortó el aliento

mientras su corazón se ponía del revés.


Iba a decir algo, pero Craig siseó —

Atrévete a negarlo.
Cerró la boca y se enderezó en

su asiento mirando por la ventanilla y

cruzándose de brazos confusa. ¿Por qué

no podía negarlo? Quizás porque a pesar


de haber tenido oportunidades a

puñados, había rechazado a hombres

toda su vida. No directamente, claro…

Pero se había hecho la tonta y ellos al

final habían perdido el interés por su


falta de entusiasmo. Miró de reojo a
Craig que sonrió satisfecho. Gruñó

apartando la mirada y negó con la

cabeza. May había dicho que ella estaba

loca por él en aquel entonces y era

cierto. Le observaba a escondidas y

aunque protestaba cuando la controlaba,

a ella le encantaba. Y por supuesto que

casi le pilla en una de sus sesiones de

sexo individual. Había sentido algo en


su interior que le había hecho pegar la

oreja a la pared para escucharle. Ni


supo lo que se le pasó por la cabeza.

Simplemente se moría por verlo en


directo, pero él la echó de su habitación

a gritos. Se sintió ridícula y cerró la

puerta de un portazo. Después de eso

todo empeoró porque aunque a veces

escuchaba sus susurros al otro lado,

llegó a pensar que no escuchaba bien y


que él no sentía lo mismo por ella.

Empezaron los roces. Eso provocó que


él la controlara más y llegó un punto que

tenía que dar explicaciones de todo lo

que hacía. Sintió que se ahogaba y su

rebeldía adolescente salió a la luz.

Estaba claro que no sabían canalizar lo

que sentían en ese momento y era lógico

porque ella era un adolescente y él un

hombre.

Craig, preocupado porque estaba

muy seria, miró a su madre que tampoco


le quitaba ojo. Noelle se encogió de
hombros.

El taxi se detuvo y May alargó la


mano hacia atrás. —Craig la cartera.

Voy a entrar en la farmacia.

Él se la dio sin protestar

mirando a Lorrie que seguía sumida en

sus pensamientos y no debía pensar nada

bueno porque ahora fruncía el ceño.

¿Qué hubiera pasado si se

hubiera quedado? Analizando esa


posibilidad pensó en ello seriamente.

Craig le había dicho que no sabía cuánto

tiempo habría aguantado sin hacer nada,

¿pero cómo habría reaccionado la

abuela? Mal, seguramente. Ambos eran

primos para ella. Y la diferencia de

edad… Chasqueó la lengua negando con

la cabeza. Aunque igual no le hubiera

importado. Ella tenía pasta y les


mantenía. ¿Pero habrían durado?

Miró de reojo a Craig que estaba


muy tenso a su lado pendiente de ella.
—No, eso no es importante —masculló
antes de seguir con sus pensamientos.

—¿Y qué es importante, nena?

Le fulminó con la mirada. —

Nada que te importe. —Señaló a Noelle

con el dedo. —¡No tiene derecho a

meterse en mi vida y trastocarla de esa

manera!

—Tienes toda la razón —dijo


intentando calmarla al ver que se

alteraba de nuevo—. Nena, relájate que

no queremos que te desmayes otra vez.

—¡No voy a desmayarme! —le

gritó furiosa—. ¡La quiero fuera de mi

casa esta misma noche! —Entrecerró los

ojos. —Seguro que si hablo con Calvin,

puede meterla en la cárcel y todo.

—¿Harías eso? —preguntó su tía


asombrada.

Levantó las cejas


exageradamente aparentando sorpresa.
—¿Tú qué crees, maldita manipuladora?

¡Por tu culpa me echaron de mi casa!

Noelle se sonrojó. —Vuelvo a


decir que yo creía que era algo temporal

y que del dinero no sabía…

—¡Cierra la boca! —Miró a

Craig como si quisiera matar a alguien.

—Haz que se calle o me la cargo. ¡Y


entonces acabaré en la cárcel! —Craig
sonrió dejándola de piedra. —¿De qué

te ríes, idiota?

—Eso, nena… desahógate, no te

lo dejes dentro.

Le arreó un tortazo y Noelle

jadeó asombrada mientras Craig tomaba

aire por la nariz encajando el golpe. —

Muy bien, me lo merezco. Ahora… —Le

arreó otro tortazo y el taxista reprimió la


risa mirándole por el espejo retrovisor.

Craig gruñó cogiéndola por la muñeca.


—Mejor desahógate a gritos.

—¡Qué te den! ¡A ti y a la

capulla de tu madre!

—Niña, qué lengua —dijo su tía


con reprobación.

—¡Qué te den!

May entró en el taxi sonriendo

de oreja a oreja. —Ya estoy aquí. ¿Qué

me he perdido?

—Ahora la está tomando con el


chico —dijo el taxista divertido.

—Ah, no. —Se volvió para

mirarla muy seria. —Deja a Craig en

paz, que él no ha hecho nada.

—¡Exacto! ¡No hizo nada! —Se

enderezó cruzándose de brazos de

nuevo. ¿Habría funcionado su relación?

Por supuesto que no, porque en cuanto

se había sentido defraudado le había


dado la espalda como los demás.
En cuanto llegaron a casa ella

abrió la puerta del taxi queriendo salir

de allí cuanto antes porque el silencio la


estaba asfixiando. —Espera nena, que…

La puerta de la casa se abrió y

Jason salió corriendo y muy preocupado

se acercó. —¿Estás bien?

—Ayúdame a llegar a… —Ni

tuvo que terminar porque ya la había


cogido en brazos. —Gracias.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Qué te ha

dicho el médico? Porque has ido al

médico, ¿verdad? Aquí llegó uno, pero

no sabía qué decirle.

—Me han puesto unos puntos. —

Sonrió intentando relajarle. —No es

nada.

Él suspiró del alivio subiendo

los escalones que llevaban a la casa


mientras los tres les observaban con el
ceño fruncido. —Ese tío empieza a
tocarme los huevos.

—Sí, hijo… A mí también. —La

miraron y se encogió de hombros. —Ya


me entendéis.

—Está claro que se apoya

demasiado en él. Algo tendremos que

hacer para deshacernos de ese

entrometido. —May asintió. —Algo


drástico.
—¡Ella me quiere a mí!

—Ya, cariño… Pero el cabreo


no la deja ver más allá. Tranquilo, que

algo se me ocurrirá.

—¡Ah, no! ¡Tú no hagas nada! —

Furioso fue hasta la casa. —Madre,


empieza a hacer las maletas.

Noelle bufó mirando a May. —

¿Se te ocurre algo?

—Creo que hay maletas en el


desván.

—Muy graciosa. ¡Hablo de los

chicos!

—Las cosas volverán a su cauce

tarde o temprano. Si no pueden dejar de

tocarse.

Los ojos de Noelle brillaron. —

Eso es cierto. La niña caerá tarde o


temprano por muy enfadada que esté.

—¿Qué se te ha ocurrido ahora?

—Asombrada vio que iba hacia la casa.


—Noelle, cuidado que ya sabes que

después…

—¡No fue culpa mía! Mi plan

salió de perlas. —La miró maliciosa


justo antes de entrar. —Además,

primero tengo que pensar en cómo

librarme del australiano.

—Que Dios nos ayude.


Craig entró en la casa para ver

que el surfero la había sentado en el sofá


e iba a darle una copa de coñac. —¿Qué

coño haces? ¡No puede beber! ¡Está


medicada!

Parpadeó sorprendido. —Ah,

como me la ha pedido.

—¡Nena! —Le arrebató la copa

antes de poder llevársela a los labios.

—¡Era para ver si me anestesia y


no pienso en toda esta mierda un rato!

—¡La última vez ya sabes lo que

ocurrió! ¡No se mezcla alcohol con

medicamentos! —Se bebió él la copa de

golpe. —Joder, cómo necesitaba esto.

—¿Qué tal una pastillita para

dormir? —dijo May mirándola como si

fuera una bomba de relojería—. Eso te

hará dormir de un tirón.

—Dame dos.

Todos pusieron los ojos en


blanco y Jason reprimió la risa. —¿Te

ayudo a llegar a la cama?

—¡Tócale un pelo y te juro que

vuelves a Australia en una caja de pino!


—dijo Craig agresivo.

—Tío, deberías relajarte. —Se

apartó un mechón de pelo de su hombro

y los tres parpadearon del asombro

mientras Lorrie cerraba los ojos


haciendo una mueca.
Alucinado miró a Lorrie antes de

mirarle a él de nuevo. —¿Eres gay?

Jason se sonrojó con fuerza. —

¿Pero qué dices, tío? ¡Ahora sí que voy

a tener que partirte la cara! —el gallito


final no le dio mucha credibilidad y

Lorrie gimió de nuevo.

—Déjalo, Jason.

Craig la miró furioso. —¿Has


intentado darme celos con éste?
—No, la verdad —contestó

agotada de repente—. Salió solo.

—¿Salió solo? —gritó a los

cuatro vientos—. ¡Ya me parecía a mí

raro que un tío te dejara escapar dos


años!

Jadeó indignada. —Pues los he

tenido a puñados, ¿sabes?

—¡Claro que lo sé! ¡Solo hay


que verte!
Jason la miró asombrado. —

¿Piensas que soy gay? ¡Eso me pasa por


ir de sensible por la vida!

Parpadeó sin poder creérselo y

se sonrojó. —¿No lo eres?

—¡La madre que me parió!


¿Desde cuándo piensas eso?

—Bueno… es que… Hemos

dormido juntos y no has…

—¡Porque me gustabas
demasiado para meter la pata!

—Ah, ¡qué no es gay! —

preguntó Craig furioso—. ¿Y has

dormido con él?

—Estábamos de camping. —Se

puso como un tomate sin poder evitarlo.

—Solo había un saco.

—¡Encima en un saco de dormir!


—Miró a Jason como si quisiera

matarle. —Te voy a…

—¡Eh! ¡Qué es una mujer libre!


Y no hice nada. ¿Acaso estás sordo?

—Escucha lo que quiere —dijo

Lorrie cansada del tema antes de sonreír

a Jason—. Así que no eres gay. Genial.

—¿Cómo que genial? —preguntó

Craig muy tenso.

—Pues eso. Genial.

—¿No te gustará este tío?

—¿Es que no has escuchado en

la cena que soy su favorito?


—¡Eso era cuando creía que eras

gay! —Miró a Lorrie a los ojos. —¿Te

gusta? ¿Más que yo?

Uff, qué pregunta. —May, la

pastilla.

—Sí, cielo —dijo acercándose a

ella con un vaso de agua—. Toma esto a

ver si dejas de escucharles. Están muy

pesados.

—Y que lo digas.

—¿Lorrie? Estoy esperando. —


Craig dio un paso hacia ella mientras

bebía el vaso de agua. —Nena, no puede

atraerte más que yo. Nosotros tenemos

una conexión.

Jason bufó. —Anda y nosotros.

—¿Quieres cerrar la boca?

¡Estoy hablando con mi mujer!

—Ciérramela tú si puedes.

—¡Ya está bien! —Ambos la


miraron. —No tengo que decidir nada.
—Así se habla, sobrina. Tú pon

las cosas claras.

—¡Y tú haz las maletas!

—Uy, no. Es muy tarde. Mejor

mañana.

Gruñó alargando la mano hacia

Craig que de inmediato se la cogió para


levantarla. Antes de que pudiera

protestar ya la había cogido en brazos


para sacarla del salón. Ella suspiró
apoyando la cabeza sobre su hombro. —

No me extraña que estés agotada. —La

besó en la sien. —Entre rechazarme,

estar en la cárcel y todo lo demás…

Jason asombrado vio como

subían las escaleras e indignado puso

los brazos en jarras. —¡Esto es el

colmo! —Se volvió hacia las mujeres.


—¿Dónde duermo?

—Pues hay un hotel buenísimo

cerca del parque —dijo Noelle con una


sonrisa de oreja a oreja.

—Más quisieras —siseó

subiendo las escaleras—. Da igual. Si


yo duermo en cualquier parte.

May sonrió divertida y dijo en

voz bien alta —Última puerta de la

izquierda.

—Genial.

Craig entró en la habitación de


Lorrie y cerró la puerta con el pie
importándole un pimiento donde

durmiera mientras no fuera en esa

habitación. La tumbó con suavidad en la

cama y ella le miró a los ojos cuando se

sentó a su lado. —¿Por qué insistes?

A él se le cortó el aliento. —

Porque te quiero, nena.

Le miró como si la hubiera

decepcionado antes de girarse dándole


la espalda. Estaba claro que era una

respuesta equivocada.
Capítulo 10

Sintió un beso en la espalda y

como apartaba su cabello para seguir

hasta su hombro. Suspiró de gusto medio

dormida y dejó que la tumbara boca

arriba besando su cuello. —Buenos


días, nena —susurró contra su piel. Al
sentir su miembro erecto contra su muslo

se despertó del todo sintiendo que la

excitación aumentaba. Abrió los ojos y

gimió cuando acarició sus pechos. Craig

sonrió para mirar su rostro antes de

decir con voz ronca —. Tu cuerpo se

despierta antes que tú.

—¿Estoy desnuda? —preguntó


casi sin voz antes de cerrar los ojos de

placer al sentir sus labios sobre sus


pechos—. Dios…
—¿Te gusta? —Lamió su pezón
endurecido antes de mordisquearlo. —
No podía dejar que durmieras incómoda

—dijo colocándose entre sus piernas

mientras ella le hacía espacio

inconscientemente—. ¿Estás cómoda?

Se sujetó en sus hombros al

sentir la dureza de su sexo en sus

húmedos pliegues y gimió de placer


cuando la acarició de arriba abajo
rozando su clítoris. —Mucho.

—Eso pensaba. —Entró en ella

de un solo empellón haciéndola gritar de

placer. Craig atrapó sus labios ahogando

su grito y la besó tan intensamente, que

Lorrie se olvidó de todo abrazando su

cuello porque necesitaba aferrarse a él.

Craig apartó sus labios saliendo de ella


lentamente y mirándose a los ojos entró

de nuevo en su interior con fuerza. Fue


como si la traspasara un rayo y gimió
arqueando la espalda. Craig cogió su
muslo y susurró —Rodéame, nena.
Quiero que me sientas del todo. —Lo

hizo acariciando sus nalgas con la

pierna sana. Gruñó cogiéndola por la

cintura y sentándose sobre la cama. Al

sentarse sobre él, cerró los ojos de

placer antes de que Craig la besara

sujetándola por los glúteos y la elevara


para dejarla caer sobre su miembro. Fue
una sensación exquisita que quiso volver

a sentir y apoyándose en él repitió el

movimiento con su ayuda. —Eso es,

nena —dijo apasionado antes de besar

su labio inferior—. Lo haces de

maravilla.

Ida de placer sintiendo el roce

de sus pechos contra su torso, se elevó


de nuevo una y otra vez. Su vientre se

tensó poco a poco hasta apretarle con


fuerza en busca de liberación y Craig la
tumbó de nuevo sobre la cama
perdiendo el control. Gritó de necesidad
cuando con cada empellón se acercaba

al placer que estaba desesperada por

conseguir, hasta que Craig besando su

cuello entró de nuevo en ella haciendo

que cada fibra de su cuerpo se tensara,

estallando en un éxtasis liberador.

Laxa y agotada dejó que él

besara el lóbulo de su oreja mientras


aún disfrutaba del orgasmo que le había

proporcionado. Dios, ¿cómo podría

vivir sin eso ahora que lo conocía? Él

acarició su cintura. —Lorrie tienes que

tomar las pastillas. No te duermas.

Abrió los ojos y sonrió. —¿Qué

hora es?

—Las ocho.

Frunció el ceño. —¿No tienes

que trabajar?

—Es sábado. —La miró con


picardía. —Tengo todo el fin de semana

para hacer el amor. ¿Qué te parece?

Se echó a reír. —Agotador.

Acarició su seno mirándola


posesivo. —Joder, nena… Es que me

excito solo con verte.

—¿Desnuda o vestida?

Él frunció el ceño. —Espera que

lo piense.

—¡Eh!
Craig se echó a reír. —En

realidad, hasta tu voz me excita.

—¿Antes también? —preguntó

con curiosidad.

—Va a parecer algo

pervertido…

Le acarició la nuca. —Cuenta,

cuenta.

Craig sonrió. —El baile de


Grease de fin de curso. ¿Lo recuerdas?
—Sí, hacía de Sandy.

—Fue verte con aquella falda de


los sesenta con el jersey rosa y tener

sueños para una buena temporada. Hasta

que te vi desnuda, que ahí me di cuenta


de que tenía un problema grave.

Ella se echó a reír a carcajadas y

él sonrió. —Hablo en serio. Creía que

no estaba bien de la cabeza.

Sonrió y acarició su mejilla. —


Yo me toqué pensando en ti.

A Craig se le cortó el aliento. —

¿De veras?

Se movió bajo su cuerpo

excitándose de nuevo. —Mmm, me

ponía mucho escucharte al otro lado de

la pared. —Sintió como él se endurecía

de nuevo en su interior. —A veces iba a

mi habitación con alguna excusa para


intentar descubrir qué hacías. Y aunque

no estuvieras haciendo nada, me


excitaba solo con la posibilidad. —Él
se movió lentamente en su interior
haciéndola gemir. —Y soñaba que

hacías esto.

—¿De veras, preciosa? Dime lo

que te hacía. Porque voy a cumplir todos

tus sueños.

Estaba sentada en el sofá con la


Tablet en la mano viendo videos de la

competencia cuando Craig entró vestido

con unos vaqueros y un polo verde que

resaltaba el color de sus ojos. Se sentó a

su lado y cogió sus piernas

poniéndoselas sobre los muslos antes de

suspirar mirando unos papeles.

—Nena, ¿dónde está tu amigo?


—preguntó como si nada acariciando su

empeine con la mano libre.

Reprimió una sonrisa. —Se


levanta muy tarde.

—¿No me digas? —siseó

pasando la hoja como si la hubiera leído


—. ¿Y cuándo se va?

—Cuando quiera. Mi casa

siempre estará abierta para él.

Le escuchó gruñir, pero

afortunadamente no dijo nada. May entró

en el salón y carraspeó. Ambos la


miraron. —Hay algo en el jardín que…
No sé qué hacer. Se ha cagado en la

puerta de la cocina.

—¿Qué es? —preguntó Craig

levantándose con cuidado para no hacer

daño a Lorrie—. ¿Una rata? Ya le dije a

la abuela hace años que necesitamos un

gato.

—Qué asco. —Volvió a mirar la

Tablet estremeciéndose. —Había


olvidado las ratas de esta ciudad. Son

grandes como conejos.


—No, no es una rata. Creo que
es un bicho maltés de esos. Ahora están

de moda.

Lorrie levantó la vista hacia ella.


—Querrás decir bichón maltés.

—Lo que sea.

Miró a Craig preocupada. —¿Se

habrá perdido?

Se encogió de hombros. —

Cuando sepa lo que es…


—Es un perro, Craig. Son

perritos monísimos. Blanquitos y


pequeñitos.

—Mierda, ahora tendré que

poner un anuncio por el vecindario.

Salió del salón y May hizo una


mueca. —Creo que no va a tener que

poner un anuncio.

—¿Ah, no? ¿Sabes de quién es?

—Creo que es un regalo para ti.


Tiene un lazo rojo en el cuello.

Chilló de la alegría levantándose

y para asombro de May caminó sobre su

pie herido cojeando para ir hasta la

cocina. —Eso, deja las muletas. Total,

para lo que sirven.

Al entrar en la cocina vio a

Craig con el cachorrito en brazos

elevándole para mirarle a la cara y


volvió a chillar de la alegría al ver a

aquella cosita que era todo pelo blanco


con un enorme lazo rojo atado al cuello.
—¡Es precioso!

Craig la miró sorprendido. —


Nena, no deberías apoyar el pie.

Sin hacerle ni caso cogió al

cachorrito en brazos. —Qué bonito. —

Lo pegó a ella achuchándole. —¡Qué

bonito!

Él sonrió al ver su emoción. —


¿Te gusta?
—¿Que si me gusta? Éste ya no

se despega de mi lado. —Lo levantó


para mirar su carita. —Es lo más bonito

del mundo. —Lo pegó a ella de nuevo


mirando el lazo rojo. —¿No trae tarjeta?

—No. —Frunció el ceño yendo

hasta la puerta de atrás y abriéndola

para salir.

—¿Entonces tenemos nuevo

miembro en la familia? —preguntó May


divertida.

—El rey de la casa. —Abrió los

ojos como platos. —Le voy a llamar

Simba.

La puerta de la cocina se abrió

de nuevo. Craig frunció el ceño mirando

al cachorro. —No, no hay tarjeta.

—¿Un admirador secreto? —


preguntó May acercándose para

acariciar la cabeza del perrito.

—¡Lo que me faltaba! ¡Cómo no


hay bastantes en el piso de arriba!

En ese momento entró Jason en

pantalones cortos y sin camiseta

rascándose el torso y bostezando. Les


miró de reojo yendo hacia la nevera. —

Buenos días.

—¡Querrás decir tardes!

—Pues eso.

Lorrie reprimió una sonrisa


acercándose. —Mira lo que me han
regalado.

Jason sonrió. —Tan bonito como

su dueña.

—Se llama Simba.

—Nena, tenemos que averiguar

si es para ti. —Craig frunció el ceño de

nuevo. —¿Has dicho en los videos

donde vives?

—No, claro que no. No soy


tonta. —Caminó hasta él cojeando. —

¿Crees que no es para mí?


—¿Cómo han entrado en el

jardín para dejarlo? —Craig se tensó y

Jason también.

—Yo escuché un ruido esta


mañana temprano. Mi habitación está

encima, ¿no es cierto?

—Sí. —Craig volvió a salir al

jardín y Jason le siguió.

Ellas se miraron y en ese


momento escucharon que se cerraba la
puerta de la calle. Estiraron el cuello

hacia el hall para ver entrar a Noelle

cargada de bolsas de las mejores tiendas

de la ciudad. Puso los ojos en blanco.

—No quiero saber de dónde ha sacado

el dinero.

—¿Le has bloqueado las

cuentas?

Bufó porque se le había


olvidado, pero seguro que Calvin sí que

lo había pensado. —Yo ya no suelto un


dólar más. Que se ponga a trabajar.

—Muy bien dicho. ¿Necesitas

asesora de imagen?

—¿Qué?

—Tengo la sensación de que

algo así te va a proponer.

—¡Estarás de broma! —Su

cachorro soltó un ladridito. —Oh, ¿has

visto, May? Es para comérselo.

—Ya verás cuando te mee por


toda la casa.

Hizo una mueca. —Le enseñaré

enseguida. Tiene pinta de ser listísimo.

Escucharon los tacones de su tía

acercándose a la cocina y se detuvo en

seco al verlas allí. —Eso no será un

perro…

—Pues sí.

—¿Un perro en esta casa? ¿En


una casa del siglo diecinueve que tiene

antigüedades? ¡Esa cosa lo estropeará


todo!

—Como no estarás aquí para

verlo, da igual, ¿no crees?

Gruñó cruzándose de brazos. —


Está bien. Haz lo que quieras.

—Eso pienso hacer —dijo

mirando su vestido de seda azul pavo

real—. ¿Vestido nuevo, tía?

—¿Este trapo? Lo tengo desde


hace siglos.
—Es de hace dos semanas —

dijo May empezando a cortar unas


verduras.

—¡Serás chivata!

—¿Dónde has estado?

—¿Yo? Dando una vuelta. He

desayunado con una amiga. —Se acercó


a ella. —¿Y el chucho? ¿De dónde ha

salido?

—Es un regalo. —Miró a Simba.


—Creo.

En ese momento entraron los

hombres con cara de preocupación. —

¿Qué pasa? —preguntó su tía cogiendo

el perro de sus manos sorprendiéndola

cuando empezó a acariciarlo. Sin salir

de su asombro vio como le acariciaba la

barriga. Parecía que le encantaba.


Increíble cuando hacía dos segundos le

había llamado chucho.

Volvió a cogérselo de sus brazos


y siseó —Es mío.

Chasqueó la lengua. —Pues ya

me pedirás que lo saque.

Se sonrojó porque ella no podía.


—Ya lo hará May.

—Ah, no. Yo ya tengo mucho

que hacer.

—¡Pues Craig!

—Nena, yo puedo sacarlo

cuando llegue del trabajo, pero no antes.


Jadeó indignada. —¿No me vas

a ayudar?

—Claro que sí. Cuando llegue

del trabajo.

Jason miró hacia arriba

haciéndose el loco. Gruñó mirando a su


tía que sonrió radiante diciendo —

Cuando quieras puedes pedírmelo.

—Espera sentada. Como si tengo


que ir cojeando todo el camino.
—¿Con las muletas? ¿Por cierto

dónde están?

Craig se acercó cogiéndola en

brazos. —Como te hayas saltado los

puntos…

Acarició a Simba. —Ha


merecido la pena.

Todos sonrieron al verla tan

ilusionada con el cachorro y en cuanto la


sentó en el sofá Noelle lo hizo a su lado
hablando de las cositas que tendrían que

comprarle.

Él se acercó a la puerta donde

Jason las observaba muy serio con los

brazos cruzados. —¿Qué opinas?

—Opino que alguien ha entrado

en el jardín saltando un muro de dos

metros y ha dejado al cachorro. Eso

opino.

—Joder… —Se pasó la mano


por la nuca mirando de reojo a Lorrie
que había dejado que Simba caminara
por el sofá. —El otro día dijo en uno de

sus videos que buscaría novio y que


quería un perro.

—Lo vi en el avión. Le he dicho

mil veces que se expone demasiado. —

Le miró a los ojos. —Pero no hace caso.

Cualquier pirado puede creer que es una


invitación a tener algo con ella.

—Eso me preocupa, no voy a


negarlo. Pero me preocupa más el hecho

de que el que saltó el muro podría haber

entrado tranquilamente por la puerta de

la cocina. No tiene un cierre

precisamente seguro. —Jason apretó los

labios. —Joder, necesitamos una

alarma.

—Sí, y cuanto antes mejor.

Él se volvió poniendo los brazos


en jarras y ella le sonrió radiante. —

Tenemos que ir de compras. Necesita un


comedero y esas cosas.

—¿Por qué no va mi madre a

comprar todo lo que necesita?

—¡No! Quiero hacerlo yo.

—Tu pie…

—Iré con las muletas. No pasa

nada.

—Me apunto —dijo Jason

acercándose y cogiendo el cachorro—.

Esto va a ser divertido, ¿verdad


campeón?

El cachorro se meo en ese

momento empapándole el pecho desnudo

y todos reprimieron la risa al ver su cara

de asco. Extendiendo los brazos se lo

entregó. —Qué bonito, el chucho.

—Es que no se controla…

todavía. —Rió divertida. —Lo siento.

—Es que es muy listo y está

marcando territorio —dijo Craig irónico


—. Así que toma nota.
—Muy instructivo. Voy a

ducharme. —Se detuvo en la puerta y se

volvió. —Ese perro es caro, ¿verdad?

Es de pedigrí.

—Claro que sí —dijo Noelle

acariciando el lomo del cachorro—.

Solo hay que verle. Es un regalo de

primera. Seguro que te lo ha regalado

alguien que te aprecia mucho. Se nota


que tiene buen gusto. Para quien le
gusten los perros, claro.

Los hombres se miraron antes de

que Jason saliera del despacho.

—Tía, ¿por qué nunca tuvimos

un perro?

—Tu abuela no podía ni verlos.

—Sonrió al cachorro. —Pero ahora

estás tú aquí, ¿verdad? —Vieron


atónitos como el cachorro se subía a sus

piernas y no protestaba por el vestido.


¡Estaba más encantada que ella!
Increíble. Esa mujer nunca dejaba de
sorprenderla.

Lorrie miró a Craig que tampoco

daba crédito. —Madre, voy a ir a por el


coche. ¿Puedes buscarme las llaves del

Mercedes de la abuela? Hay que sacarlo

de vez en cuando.

—Sí, claro. —Se levantó

extrañada y salió del salón.

—Voy a apagar el ordenador.


—Vale, te espero aquí —dijo

cogiendo a su cachorro de nuevo


fascinada por él.

Salió a toda prisa y se cruzó con

su madre en la puerta del despacho. Ya


tenía las llaves en la mano. —Toma,

pero…

—Madre tienes que quedarte.

—¿Qué? —preguntó
decepcionada—. Parece que no está
enfadada conmigo. Se le ha pasado. ¿Por

qué no puedo ir? ¿Sigues furioso por lo

de ayer?

La metió en el despacho y cerró

la puerta. —Madre, un desconocido se

ha metido en la casa para dejar al perro.

Tienes que llamar a alguien para que

venga a poner una alarma de inmediato.

—¿Cómo que se ha metido en la


casa? —preguntó asustada.

—Bueno, el perro estaba en el


jardín y él solo no ha podido saltar el
muro.

—Entiendo. —Pensó en ello

distraída.

—¿Madre?

—Sí, sí, claro. Yo me encargo

de todo.

—Que sea seguridad de primera,

madre. Y no quiero que Lorrie se dé

cuenta. Ya veré como la entretengo.


—Tranquilo. Tengo un conocido

que se dedica a eso. Le llamaré de


inmediato.

Craig asintió cogiendo las llaves

de su mano. —Gracias.

—¿Crees que es peligroso?

—Con la alarma estaremos


seguros. No te preocupes. —La besó en

la frente. —Tengo que irme antes de que


baje el surfero.
—Sí, hijo. Déjalo todo en mis

manos.

Le observó ir hacia la salida

para ir a buscar el coche. Un admirador

chiflado. Lo que les faltaba para liar las


cosas. Aquello no iba bien.

May puso los ojos en blanco al

ver como Craig acorralaba a Lorrie de


nuevo contra una de las estanterías y le

susurraba cosas al oído haciéndola reír.

Con el perro en brazos le miró a la cara.

—¿Llevarás tú los anillos? Ahora eso se

lleva mucho. Tendremos que enseñarte.

El dependiente se puso a su lado

y les miró exasperado. —¿De verdad?

—¿Qué pasa? Están enamorados.

Tú a lo tuyo o les digo que no te


compren nada.

Levantó las manos en son de paz.


—Vale… —Se alejó refunfuñando —
Cómo se pone la casamentera.

Jadeó volviéndose, pero ya se

había metido tras el mostrador. —Será


sabiondo. —Miró hacia sus chicos y

sonrió porque se estaban besando como

adolescentes. Carraspeó y ambos la

miraron antes de sonrojarse con fuerza.


—¿No creéis que cinco horas para

comprar todo lo que necesita el perro


son suficientes?

—Solo nos queda el collar —

dijo Lorrie indignada—. Son decisiones

muy importantes.

Craig se apartó divertido. —

Nena, decídete de una vez. Voy a hacer

una llamada que tengo pendiente.

Lorrie suspiró viendo cómo se


alejaba rodeando una estantería de

comida para gatos y May se acercó. —


El blanco —dijo intentando que se
decidiera. —La miró sin comprender.
—El collar. El blanco.

—Sí, ¿verdad? —Lo cogió

mordiéndose su labio inferior hinchado


por los besos de Craig.

Vio claramente cómo las dudas

la asaltaban de nuevo mirando sin ver

los collares. Parecía algo preocupada y

sintió pena por ella. —Lorrie, no es


malo que le quieras.
Podía hacerse la tonta, pero

había llegado a un punto en el que


necesitaba consejo. —¿Crees que no?

—Te ha hecho daño. Todos te lo

hemos hecho. Si eres capaz de


perdonarme a mí no sé por qué no ibas a

perdonarle a él.

Suspiró mirándola a los ojos. —

No es lo mismo, May.

—Lo que tú querías era que tu


príncipe azul fuera hasta California y te

rescatara en un caballo blanco. Pero es

que el príncipe tenía un cabreo de

primera pensando que su princesa no le

quería, cielo. Esa es la historia que

nunca se cuenta a las niñas, que a veces

las princesas tienen que perdonar las

meteduras de pata de los príncipes.

—Como tú hiciste con tu marido.

—Exacto. A veces para avanzar

debes exponerte a que te hagan daño de


nuevo, que es lo que te aterroriza en este
momento, ¿no es cierto?

Los ojos de Lorrie se llenaron de


lágrimas. —Sí.

—Tú tienes la oportunidad que

yo nunca tuve y si te defrauda de

nuevo… —Se encogió de hombros. —

Piensa que al menos has tenido el valor


de intentarlo, porque lo que sientes con

él en este momento es lo único que


importa. Esos instantes al lado de la

persona amada son los que nos hacen

vivir y ser plenamente felices, cielo.

La miró pensativa mientras se

alejaba con el collar en la mano e iba

hasta el mostrador.
Capítulo 11

En cuanto abrieron la puerta de

la casa Simba entró corriendo,

tropezándose con los pies de Jason que

les esperaba con los brazos cruzados.

Lorrie gimió sintiéndose culpable por


haberle dejado solo todo el día.
—Lo siento, hemos tardado

mucho.

—No me esperasteis.

Abrió la boca sorprendida

porque había olvidado que él quería ir.

—Lo siento. Estaba tan entusiasmada


que…

Jason sonrió. —Se te olvidó que

estaba arriba.

—A ver si lo pillas —dijo Craig


por lo bajo.

Lorrie estaba muy avergonzada y

fulminó a Craig con la mirada antes de

decir —¿Sabes lo que vamos a hacer?

—Miró a su amigo a los ojos y sonrió.

—Saldremos a pasarlo bien. Iremos a un

musical y cenaremos por ahí.

—Nena, tienes el pie hecho

polvo y estás cansada de caminar con


las muletas.

Le miró como si quisiera


matarle. —Cierra el pico.

Jason sonrió. —No tienes que

esforzarte por mí. Cenaremos aquí. De

hecho ya he pedido la comida.

—¿De verdad no te importa? Me

da una rabia horrible que no pueda

enseñarte la ciudad como me gustaría

y… —Frunció el ceño al ver algo tras la

cabeza de Jason en el techo. Era


redondo y blanco. Estaba segura que eso
no estaba ahí esa mañana. —¿Qué es

eso?

—¿Eso? —Jason se volvió

mirando hacia arriba. —Una cámara.

Que no lo sepas tú… —Rió por lo bajo.

—Es algo irónico cuando casi duermes

con una.

Le rodeó llegando hasta ella y

Craig carraspeó. —Nena, estaba


previsto poner un sistema de seguridad

en la casa.
Le miró sorprendida. —¿De
verdad?

—Sí, para evitar robos. Ha

habido unos cuantos en la zona y… Pues


eso, que se ha puesto.

Parecía algo incómodo. —¿Me

estás mintiendo?

—No. —Se volvió hacia May

que también observaba la cámara con el


ceño fruncido. —¿Verdad?
Sorprendida respondió —¿Qué?

—Las cámaras… —Levantó sus


cejas negras. —Ya estaban previstas y

las han colocado hoy.

—Oh… —Miró hacia las

escaleras donde Noelle había aparecido


y asentía con la cabeza repetidamente.

—Sí, claro. —Sonrió a Lorrie. —Todo

lo que sea seguridad viene muy bien.

Lorrie no se creía una palabra y


miró a Jason que sonreía. —Piensa que

así no tendrás que llevarte la cámara

contigo por la casa. —Se echó a reír. —

Las tienes en el techo.

—Es verdad… —Miró hacia la

cámara. —¿Esto es un circuito cerrado?

¿Dónde se descargan las imágenes?

—No, nena. ¡No vas a hacer de

esto un gran hermano!

Chilló de la alegría sin hacerle


ni caso. —Seguro que está en el
despacho.

Caminó con las muletas hacia

allí y Craig siseó —Muchas gracias,

Jason.

—De nada. Era decirle la

verdad o darle la alegría de su vida y he

preferido lo segundo. Bienvenido a

nuestra vida… hermano. Les vas a

encantar.

El chillido de Lorrie les


sobresaltó antes de escucharla gritar —

¡Hay cámaras en toda la casa! ¡Esto es

la leche! ¡Tía te veo! ¡Deja de poner esa

cara de vinagre! —Su tía le sacó la

lengua y ella se echó a reír a carcajadas.

Craig suspiró pasándose la mano

por la nuca. —Bueno, no se lo ha

tomado mal.

—¡La leche, tiene sonido! ¡Esto


me encanta!

Miró a su madre como si


quisiera matarla. —¿Sonido?

—Es el sistema más moderno —

susurró.

Lorrie salió a toda prisa. —¿Por


qué no las hay en las habitaciones? Solo

son las zonas comunes.

—Creo que las que hay son

suficientes —dijo Craig exasperado.

En ese momento llamaron a la

puerta. —Ah, debe ser la cena —dijo


Jason abriendo la puerta para ver al

repartidor del día anterior con un

montón de cajas.

Sonrió a Lorrie como si fuera la

mujer más maravillosa del mundo, pero

perdió la sonrisa al ver su pie. —¿Te

has herido?

—No es nada. Un cortecito —

dijo acercándose con las muletas—.


Vaya, ¿qué es todo eso?

—Entrega urgente. Tenía que


entregar uno, así que los he traído todos
para que no tuvieras que esperar hasta el

lunes.

—Estupendo. —Cogió la tablilla


y sonriendo firmó la entrega. —Muchas

gracias…

—Antonio.

—Antonio. ¿Puedes dejarlo al

lado de la puerta? Mi tía se encargará.

—Sí, sí. Yo me encargo. —Se


acercó de inmediato y para asombro de

todos hasta ayudó a meter las cajas.

Craig reprimió la risa al verla

tan ansiosa.

Antonio terminó y se acercó a

ella incómodo. —¿Puedo sacarme una

foto contigo?

—Claro que sí. —Le dio las


muletas a Craig y se sujetó en su cintura.

—Lista para esa foto.

Simba se acercó a ellos y


Antonio rió. —Es precioso.

—Gracias. —Miró al teléfono y

sonrió mientras Jason sacaba la foto.

En ese momento llegó el


repartidor de comida y Jason entregó el

teléfono a Antonio para ir a recogerla.

El chico la miró con sus ojos castaños

brillantes de la alegría. —Gracias, eres

la mejor.

—Gracias a ti por seguirme.


—Si quieres yo salgo contigo en

esa cita para… —Craig dejó caer las


muletas y le cogió por el brazo

llevándolo hasta la puerta. —¡No me


importan las cámaras! —gritó antes de

que le cerrara la puerta en las narices.

Lorrie se echó a reír. —

Estupendo, ya tengo candidato.

—Muy graciosa.

—Yo también me ofrezco —dijo


Jason divertido yendo hacia el comedor.

Craig gruñó y ella le miró

mientras recogía las muletas del suelo.

Cuando se las iba a entregar Lorrie le

miró interrogante y él carraspeó. —

Nena…

—¿Tú no te ofreces? ¡Pues serás

el único! —Le arrebató las muletas. —

Claro, como ya me has llevado a la


cama.

—Tengo una profesión y…


—¡Y yo! ¡Si me quisieras como

dices, lo harías porque eso me hace

feliz!

Craig apretó los labios viéndola


ir hacia el comedor. Su madre al lado de

los paquetes puso las manos en jarras y

parecía decepcionada. —Madre, ¿qué

dirán mis conocidos?

Sonrió con tristeza acercándose.


—No vivas tu vida presionado por lo
que pensará la gente, hijo. Entonces

serás tan infeliz como lo he sido yo.

Solo piensa en lo que tú quieres sin

hacer daño a nadie. Creo que eso lo

hemos aprendido con creces, ¿no crees?

—Le besó en la mejilla y fue hacia el

comedor. —¡Uy, comida china! ¿En

serio, Jason? ¿Sabes lo que son los

restaurante gourmet a domicilio?

—Vive un poco, Noelle. Además


casi no engorda.
—Bueno, probaré un poquito.

Sentados en el sofá veían la


televisión mientras su tía iba abriendo

las cajas bajo la atenta mirada de Jason,

que reía divertido cada vez que sacaba

algo que la impresionaba.

—Madre mía, qué bonito —


susurró su tía sacando un estuche de
maquillaje.

Lorrie medio tumbada sobre

Craig miró hacia arriba y sonrió. —Ese

es para mí.

—Me parece muy bien.

La besó suavemente en los

labios Y ella susurró —Para mi cita.

Craig gruñó haciéndola reír. En

ese momento entró May con las dos


cajas que quedaban entre las manos. —

Estas son las últimas. —Sonrió a Lorrie.


—¿No piensas abrir ninguna? Al fin y al

cabo son para ti.

—Eso, nena… Te encantaba

abrir regalos. —Se incorporó y ella no


tuvo más remedio que sentarse. May le

ofreció las cajas y las miró pensativa

haciendo que todos perdieran la sonrisa

poco a poco y se dieron cuenta del por

qué. Porque hacía mucho tiempo que no


abría un regalo y menos suyo. Aunque
esos no eran suyos todos sabían que

estaba pensando eso. —Lorrie…

Agarró el primero de manos de

May y tiró de la tira, pero se le escapó y

molesta rompió el cartón intentando

abrirlo. Craig preocupado miró a Jason

de reojo que también se había tensado.

Lorrie revolvió dentro de la caja y sacó


un paquete rodeado de papel de

burbujas. —Más maquillaje, seguro. Si


nunca me maquillo —dijo exasperada
rompiendo el papel de malos modos—.
Si creen que voy a maquillarme ahora…
—Abrió el papel y se le cortó el aliento

al ver un ala de cristal. —Dios mío. —

Con cuidado sacó el ángel del papel

impresionada porque era igual que el

que había tenido durante tantos años.

Emocionada acarició sus alas. —Es

igual.

Craig se tensó cogiendo la caja y


le dio vueltas varias veces buscando el

remitente, pero solo salía la empresa de

mensajería. —¿Quién te lo ha enviado?

—Alguien que sabía lo

importante que era para ella —dijo

Jason sonriendo—. ¿Te gusta?

—Es precioso. —Se levantó y

caminó cojeando hasta la chimenea

mientras una lágrima caía por su mejilla


y lo colocó con sumo cuidado sobre la

repisa al lado de la foto de sus padres.


El ángel brilló ante sus ojos. —Es un
detalle precioso.

Craig entrecerró los ojos antes


de mirar con rencor a Jason. —¿Se lo

has regalado tú?

Pareció sorprendido por la

pregunta. —No, claro que no. Me

hubiera gustado tener ese detalle, pero


ni se me hubiera ocurrido dónde

buscarlo.
—El perro, el ángel… ¡Esto se

está volviendo muy personal!

—Los admiradores son así. —

Jason se encogió de hombros como si no

le diera importancia advirtiéndole con


la mirada.

Frustrado se pasó la mano por su

cabello negro, porque sabía que si ese

ángel la emocionaba tanto era porque él

había roto el suyo. Y se sintió fatal.


—¿Te gusta? —preguntó su tía

sonriendo mientras la observaba.

—Sí. Como he dicho es un

detalle muy bonito. —Se volvió

sonriendo y se limpió las lágrimas. —Es


una pena que no pueda agradecérselo.

¿Seguro que no pone quién lo ha

enviado?

—No, nena. Ya me gustaría a mí

saberlo.
—Abre el otro, Lorrie —dijo

May tan emocionada como ella


acariciando al cachorro que ahora

estaba en sus brazos.

—Sí. —Casi corrió hasta el


paquete y soltó una risita como si fuera

el día de Navidad. Abrió el paquete

ilusionada. Se echó a reír al sacar unas

paletas de sombras de ojos de una marca


carísima. —Está claro que me lanzan
una indirecta.

—Quizás deberías cuidar un

poco más tu aspecto. Antes te gustaba

vestir bien y maquillarte. ¿Recuerdas

cuando te daba clases? —preguntó su

tía.

La miró sorprendida porque se

había olvidado de eso. —Es cierto, me

las diste tú.

—Y puedo volver a indicarte lo


que está de moda. Es más, hasta
podemos dar unas clases y puedes hacer
tutoriales de maquillaje o ropa. Ahora

eso se lleva mucho. Sin perder tu


esencia, claro. Puedes seguir viajando,

pero cuando estés aquí puedes mostrar

otra parte de tu vida.

Dudó un momento. —¿Tú crees?

—Se mueren por saber lo que te

gusta. No tienes que mentir si no te


agrada una marca. Simplemente la
ignoras y punto. Pero si algo te gusta no

hay nada de malo en mostrarlo y hablar

de ello.

—Es una buena idea, Lorrie —

dijo Jason—. Y si hubieras leído los

comentarios de tus seguidores muchos

opinan lo mismo.

—Lo de eliminar YouTube de tu

vida está descartado, ¿no? —Lorrie


fulminó a Craig con la mirada y éste se

hizo el inocente. —Era solo una


pregunta.

—¡Pues no lo preguntes más! —

Cogió a su perro de manos de May y fue


hacia el hall. Gruñó al mirar los

escalones y gritó —¡Craig, quiero

acostarme!

Sonriendo se acercó a ella y

apoyó el hombro en el marco de la


puerta. —El perro se queda abajo.

—¿Qué?
—Nena, no puede dormir en la

habitación. Se acostumbrará y después


será imposible que duerma abajo.

—No tiene que dormir abajo.

Para eso le he comprado una cama. —


Levantó la barbilla. —Y le va a

encantar.

—Por eso, porque tiene una

cama fantástica en la cocina, ahí se va a

quedar.
—Pero es muy pequeñito.

Necesita cariño. —Le mostró su rostro.


—¿No te da penita?

—Mucha, pero debes hacerle

fuerte. ¿Qué harás cuando tengas que irte


de viaje y no estés en casa? Porque no

puedes llevártelo contigo a Camboya o a

Laponia.

Se mordió el labio inferior

porque sabía que tenía razón. Extendió


los brazos para que lo hiciera él porque

le daba una pena enorme y Craig sonrió

cogiéndolo en brazos y acariciándolo.

—Estará muy bien. No tengas pena por

él.

Gruñó viendo cómo se alejaba y

cuando regresó ella levantó una ceja al

ver a Simba caminando tras él moviendo


el rabito. Craig se volvió de golpe. —

Pero bueno, ¿qué haces aquí? A la cama.


—El perrito le miró con sus ojitos
negros sin dejar de mover el rabo.
Divertida se sentó en un escalón
observándoles. —Vamos a ver, tú

duermes abajo y nosotros arriba.

Simba le rodeó ignorándole y fue

hasta ella poniendo las patitas

delanteras apoyadas en sus piernas y

estirándose como si estuviera


desperezándose. Soltó una risita. —Está

claro que sabes imponerte, Craig.


Se acercó cogiéndolo en brazos

y se alejó de nuevo. —Oye, amigo... Tú


tienes tu cama y nosotros la nuestra.

Cuando regresó sonrió

satisfecho. —Has cerrado la puerta,


¿verdad?

—Qué remedio, no me entiende.

Se echó a reír y él la cogió en

brazos besándola en el cuello. —Nena,


hoy voy a hacer realidad otra de tus
fantasías.

Le miró con los ojos como

platos. —¿Tienes disfraz de gladiador?

Gruñó atrapando sus labios y

Lorrie le acarició la nuca entregándose

porque sus besos eran lo más

maravilloso del mundo.

—Buenos días —susurró


levantando la cámara—. Soy Lorrie y

esta es mi vida. —Soltó una risita

elevándola más para mostrar el cuerpo

de Craig durmiendo a su lado. —

Shusss… que está dormido. —Le dio un

repaso intentando no sacar su cara y sus

partes pudendas. —Se enfocó a sí

misma. —Sí, chicas… es de carne y

hueso. Pero no quiere salir. —Hizo una


mueca. —Y debo respetarlo. Qué se le

va a hacer. —Suspiró decepcionada. —


Eso sería un problema, ¿verdad? Aparte

de todos los que rodean nuestra


relación, sería un problema muy serio en

una pareja tener vidas tan dispares. Yo

ya me he acostumbrado a vosotros. —

Entrecerró los ojos confusa. —Aunque

no os conozco, claro. Personalmente al

menos. ¿Debería dejar a alguien a quien


sí conozco por personas que están a otro

lado del ordenador, Tablet o teléfono?


Vosotros me habéis dado mucho. Mmm,

interesante pregunta. Dejadme lo que

pensáis en vuestros comentarios. —

Suspiró girando la cabeza sin dejar de

enfocarse para comprobar que seguía

dormido. Y lo estaba porque si no ya

estaría gritando a los cuatro vientos. Ese

pensamiento la hizo sonreír y salió de la

cama yendo hacia el baño y cerrando la


puerta. —¿Sabéis? No sé si estoy

enamorada. —Sonrió ilusionada. —El


sexo es estupendo y eso, pero somos

muy distintos. Pero sí, le quiero. A pesar


de que me he dicho a mí misma que era

solo sexo, siento algo a su lado que no

he sentido con ningún hombre en la vida.

Mi corazón parece que estalla de la

alegría cuando me susurra al oído y

siento que se me eriza toda la piel


cuando roza mi mano. Es la sensación

más maravillosa del mundo. Las


mariposas en el estómago existen y me

están volviendo loca. —Perdió la

sonrisa poco a poco. —Pero, ¿y si me

hace daño? —Miró hacia la puerta. —O

peor, ¿qué ocurrirá si no vuelvo a verle

nunca más? —Sus ojos llegaron al

objetivo y mostró que estaba asustada.

—Porque si le pierdo entonces sentiré

un vacío en mi interior que no creo que


pueda rellenar jamás. —Suspiró

pasándose la mano por la frente. —


Seguramente esto no lo subiré a la red o

al menos reconociendo que le quiero,


porque no sé si tengo el valor. Esto es

demasiado personal, ¿no? —Miró al

objetivo de nuevo. —Ya no sé

diferenciar qué parte de mi vida debe

quedar para mí. Como no os conocía me

he desahogado durante años a través de


los videos, pero esto se ha hecho una

bola enorme que no sé si terminará


arrasando mi vida. ¿Hasta dónde debo

llegar? O mejor dicho, ¿debo continuar

así? Porque es evidente que ya lo he

contado todo. —Pensó en ello. —Igual

debería empezar a hablar con personas

de carne y hueso como dice Craig.

Aunque a veces te defrauden. —Se sentó

en el canto de la bañera. —Solo tengo

un amigo de verdad. Jason nunca me ha


decepcionado, pero no me he atrevido a

abrirme a otras personas después del


internado. —Se mordió el labio inferior

mirando la puerta. —Ni siquiera con él.


Sobre todo con él.

Llamaron a la puerta y apagó la

cámara a toda prisa metiéndola en el

armarito del baño. —¿Si?

—Nena, ¿estás bien?

—Sí, estaba hablando por

teléfono.

—¿Puedo entrar?
—Sí, claro.

La puerta se abrió poco a poco y


frunció el ceño mirando su desnudez. —

¿No sería una video llamada?

Se echó a reír acercándose y le

abrazó por el cuello. —¿Y si lo fuera?

Él gruñó cogiéndola por la


cintura y elevándola. —Tendría que

matarle… —La besó en el cuello


haciéndola reír y dejándose llevar. Al
parecer no se levantaban todavía.
Capítulo 12

Dos semanas después

Jason entró en la casa y se quitó

la cazadora vaquera. —Joder, cómo

llueve.

—Es lo que tiene abril, que en


abril aguas mil —dijo May divertida
yendo hasta el salón con el perrito

detrás.

Él sonrió. —¿Y Lorrie?

—En el estudio montando un

video. Craig trabajando y Noelle… —

Miró a su alrededor. —Ni idea de

dónde está.

—¿Ha llegado algo más?

—¿Aparte de los cromos que


coleccionaba de niña y el reloj de oro

de ayer? No, no ha llegado nada más.

—Craig debe estar que se sube

por las paredes.

—¿Y tú no?

—No, lo he aceptado. Soy un

caballero. —La siguió hasta el salón y

la vio coger un jarrón de cristal. —¿Qué


haces?

—Han llegado unas flores de su

agente. Al parecer está muy, pero que


muy contento porque le han hecho unas

ofertas de trabajo buenísimas que ella se

está pensando. —Jason apretó los

labios. —Y sí, seguramente se las estará


pensando por Craig. Igual deberías

hablar con ella. Está algo confusa.

Escucharon un grito en el piso de

arriba. Jason salió corriendo y subiendo

los escalones de tres en tres. Cuando


abrió la puerta del estudio vio que
Lorrie estaba sentada tras el ordenador

que habían tardado dos días en montar y

que tenía una cara de asombro que no

podía con ella. —¿Qué? ¿Qué pasa? —

Rodeó la mesa y dejó caer la mandíbula

al ver a Craig sonriendo a la cámara. Al

mirar hacia la parte de arriba de la

pantalla vio el logo que conocían tan

bien. —Hostia, ¿eso está colgado en la


red?

Pálida giró la cabeza hacia él.


—En cuanto le he visto la cara casi me
meo encima del susto.

Jason tomó aire. —¡No nos

pongamos nerviosos!

May entró en el estudio con un

cuchillo en la mano. —¿Dónde está?

¿Ha saltado por la ventana?

—¿Quién? —preguntó Lorrie


asombrada por la cara de loca que tenía.

—¡Joder, ya lo ha visto
trescientas mil personas! ¡Más que yo la

primera vez! —protestó indignado.

—¿Quieres dejar tu orgullo

profesional a un lado? ¡Tengo una crisis

entre manos!

—¿Qué pasa? —May se puso

tras la silla de Lorrie y dejó caer el

cuchillo del susto. —Leche, ¿ese es

Craig?

—¡Dios mío! —Lorrie se


levantó aún asombrada. —¡Estamos en
otra dimensión!

—Tranquilízate. Igual es algo

del trabajo —dijo May dudosa.

—Del trabajo. —Tomó aire. —


Puede ser.

May asintió. —Vamos a verlo.

Seguro que promociona el despacho.

Habla de un caso o algo de eso tan

aburrido.

—¡Mierda, tiene suscriptores!


—Jason puso los brazos en jarras. —Ya

no hay profesionalidad en esta

profesión.

Lorrie gimió tapándose la cara

con las manos. —Decidme que esto no

está pasando. —Les miró sorprendida.

—¿No hablará de mí?

May levantó sus cejas canas. —

Si no le das al play, no lo vas a saber.


¡Arráncalo de una vez!

Jason le dio al play antes de


poder evitarlo y los tres acercaron la
cara a la pantalla. Craig sonrió de

manera encantadora. —Hola a todos.


Soy Craig y esta es mi vida.

Seguramente ya me conocéis. Al menos

me conocéis el trasero porque mi novia

lo ha colgado en la red. —Hizo una

mueca. —Y no se cortó en colgarlo

como todo lo que le sucede en la vida.


Iba al lado del video sobre su nuevo
perro Simba. Por cierto, aquel que le ha

regalado el perro, acércate a mi mujer a

cien metros y vas a saber lo que es que

tengan que reconstruirte el rostro. —

Lorrie gimió mientras Craig tomaba aire

y forzaba una sonrisa. —Pero no pasa

nada. Somos hombres modernos del

siglo veintiuno y si tu novia enseña tu

culo a través de la red, no tiene


importancia… —Se señaló a sí mismo.

—Oye que yo la comprendo, se ha


pasado casi toda su vida adulta haciendo

esto y es parte de su vida. Por eso… —


Sonrió a la cámara. —Nena, esta noche

tenemos una cita, así que ponte aún más

guapa que te recojo a las siete. Yo llevo

la cámara.

Chilló sin poder creérselo y

asombrada miró a May que se echó a

reír al escucharla decir excitadísima —


¡Tengo una cita! —La abrazó
contentísima. —¡Tengo una cita!

Jason se echó a reír y se separó

de ella para besarle a él en los morros.

—¡Tengo una cita! —Corrió hacia la

puerta, pero se detuvo en seco con los

ojos como platos. —Necesito a mi tía.

¿Dónde está?

Su amigo se echó a reír con la

cámara en la mano y ella chilló —


¡Tengo una cita! —Se acercó al

objetivo. —¡Es el mejor día de mi vida!


—Salió corriendo y volvió mostrando el
rostro. —Por cierto, soy Lorrie y esta es
mi vida.

Salió al pasillo y se encontró

con su tía. —¡A ti te buscaba!

—¿De verdad?

Miró hacia atrás como si no se

lo hubiera dicho a ella y Lorrie la cogió

del brazo. —Necesito un vestido. Sexy.


Algo como para que le dé un infarto
cuando me vea.

—¿A quién?

—¡Tengo una cita con Craig!

Su tía frunció el ceño. —Ya iba

siendo hora. ¿Eso significa que ya no

tengo que hacer las maletas?

—No nos pasemos… El vestido,

que no tengo mucho tiempo.

Jason las siguió con la cámara

captándolo todo y para su sorpresa su tía


tenía un vestido rojo entallado que

además era de su talla y que le quedaba

como una segunda piel. Asombrada se

miró al espejo con los zapatos negros de

tacón que le había dado. Y eran

perfectos. Había temido que se

resintiera la herida que aún estaba algo

sensible, pero eran muy cómodos y no la

notaba nada. Eran exactamente su


número. Se miró el vestido de nuevo en

el espejo. No parecía el estilo de su tía.


—¿De dónde has sacado este vestido?

Su tía se sonrojó mostrándole


varios collares dorados que quedarían

genial con el look. —¿Qué?

Lorrie frunció el ceño yendo

hasta su armario y mirando bien su ropa.

Sacó una prenda y vio que tenía una talla

más que ella. Pensativa dejó el vestido


en el armario de nuevo antes de

volverse. —Tía, ¿me has comprado


ropa?

—No, qué va —respondió

avergonzada—. Lo tenía ahí de hace

siglos. De los ochenta. Ahora se llevan

así de ajustados de nuevo.

—¿Y lo guardabas en el armario

al lado de la ropa de temporada?

—Bueno… —Miró a Jason. —


¿Hay alguna razón para que tengas eso

encendido?

—Sí.
Gruñó mirándola de nuevo y

Lorrie pensó en ello. Los cromos, el

ángel de cristal que había conservado

todos esos años, incluso el reloj tan


parecido al que había tenido su madre y

que se había perdido en el incendio

como todo lo demás. Incluso el

cachorro. Todo lo que a ella le gustaba.

Era algo tan inconcebible que tenía


sentido. —Todo me lo has regalado tú,
¿verdad?

—No sé de qué me hablas —

dijo agachando la mirada como si le

diera mucha vergüenza—. Esos zapatos

te sientan muy bien. ¿Te hacen daño?

Se le cortó el aliento al darse

cuenta de que tenía razón. —Tía… ¿por

qué? —Noelle se sonrojó ligeramente y

Jason apagó la cámara saliendo de la


habitación discretamente. —¿Por qué lo

has hecho? No era necesario.


Forzó una sonrisa sin mirarla a
los ojos. —No quería que te enteraras.

—¿Por qué?

—Porque no creerías que lo


hacía con sinceridad. —Dejó los

collares sobre la cama y se sentó para

mirarla a los ojos. —No quería esto.

Recibías regalos y tienes admiradores,

así que pensé…

—Que nunca me enteraría.


Señaló el vestido. —Lo compré

por si algún día tenías una cita como


decías en el video. Tú no tenías nada así

y a tu madre le habría encantado. Tuvo


uno igual antes de que tú nacieras,

¿sabes?

Se emocionó con sus palabras.

—¿De verdad?

—Sí, se lo puso en su primera

cita con tu padre. Dijo que a él le había


gustado muchísimo. —Sonrió con

tristeza mientras sus ojos se llenaban de

lágrimas. —No la envidiaba como dice

Calvin. La quería, sentí mucho su

muerte.

Se sintió fatal y se sentó a su

lado. —Lo siento.

—No te disculpes, por favor.

Solo me faltaba eso. Pero el ángel lo


odiaba. Si lo sabré yo que en una fiesta

no dejó de hablarme del puñetero ángel


y de la suegra tan bruja que tenía.

Lorrie sonrió divertida. —¿De

veras?

—Sí, algún día te hablaré de


cómo era tu otra abuela con ella antes de

que muriera.

—Lo estoy deseando.

Se quedaron en silencio varios

minutos y Noelle la miró de reojo. —Te


han gustado, ¿verdad? Se te veía en los
ojos.

—Me han gustado mucho, tía.

—Quería alegrar algo tu vida. Sé

que te he hecho mucho daño y…

La abrazó por los hombros y

susurró —Te he perdonado.

Sorbió por la nariz. —No soy

buena persona, lo sé. Hasta había ideado

otro plan para que Jason se fuera de


casa, pero no he tenido que ejecutarlo

porque ha entendido que ya no tiene


nada que hacer. Aunque los regalos no

tenían nada que ver, ¿sabes? Tampoco

lo he hecho para que no me eches de

casa. Te lo juro.

—Claro que no, porque no tenía

que enterarme.

—Exacto. —Sorbió por la nariz

de nuevo y una lágrima cayó por su

mejilla. —Siento ser la tía cabrona que


te ha jodido la vida. —Lorrie la miró
sorprendida y se echó a reír a

carcajadas. —Eh, que lo digo en serio.

—Perdona —dijo intentando

retenerse—. Pero con lo fina que eres

esas palabras no te pegan nada. Aunque

sea la frase más sincera que te haya

escuchado nunca.

A Noelle se le cortó el aliento.

—¿Me crees?

Sonrió y la abrazó. —Claro que


sí, tía. Te creo y te perdono. —Noelle
sonrió y la abrazó. —Pero deja de idear
cosas que alteren mi vida.

—¿Tengo que hacer las maletas?

—Claro que sí.

Gruñó, pero hizo una mueca

abrazándola más. —Estás preciosa con

ese vestido.

—Es que tengo una asesora de

imagen estupenda.

Se apartó sorprendida. —¿Me


das el trabajo?

—Hablaremos de eso en otro

momento. Tía, tengo una cita.

Noelle sonrió. —Pero soy la

madrina de la boda, ¿no? Eso no me lo

vais a quitar.

—¡Tía!

—Oye, prefiero dejar las cosas

claras. Seré la madrina.

Exasperada se levantó. —¡No


nos vamos a casar!

Ahora la que se había quedado

de piedra fue Noelle. —Podéis esperar

un poco, pero… —Se tensó al ver las

dudas en su rostro. —Ah, no. ¡No vas a

dejar que los miedos te dominen! Vas a

ir a esa cita y te lo vas a pasar

estupendamente. A partir de ahora


dejarás de pensar en el pasado y

pensarás en el futuro. —Tomó aire


asintiendo. —Y del bebé y la boda
hablaremos otro día.

—¡Qué bebé!

—Bueno, quiero nietos… —


Apartó su cabello castaño del hombro.

—Aunque soy joven para tenerlos.

—¡Noelle!

—Que ya hablaremos de ello

otro día. No insistas.

—¡Está claro que siempre tienes


que salirte con la tuya! ¡Jason!
Noelle rió por lo bajo mientras

su amigo entraba en la habitación de


nuevo. —Que bien me conoces. Venga,

quítate la ropa que tienes que ducharte.


Tenemos poco tiempo y tienes un

cabello muy largo.

Nerviosa miró por la ventana del


salón. —Se retrasa.
Noelle miró analítica su cabello

rubio que caía por su espalda en ondas


dándole más volumen y cuando se

volvió revisó su maquillaje. Sonrió


satisfecha y Lorrie parpadeó. —Tía,

¿crees que le ha pasado algo?

—Esa sombra color tierra te

queda preciosa y combina muy bien con

el azul que ilumina tus ojos.

Lorrie bufó exasperada. —Voy a


llamarle.

—Estará al llegar —dijo May

divertida.

—Menos mal que esto es digital.

—Jason se partía de la risa por sus

nervios. —Se me hubiera acabado la

cinta hace rato. —Todas le fulminaron

con la mirada y chasqueó la lengua. —

No tenéis sentido del humor. Pero como


no se dé prisa se me acaba la batería.

De repente se detuvo en seco con


cara de horror. —¿No me habrá
plantado? —Noelle y May la miraron

como si fuera estúpida. —¿Qué? ¡Estoy


muy nerviosa!

Cogió su móvil del bolsito y le

llamó por teléfono. Se lo puso al oído

impaciente dando golpecitos con el pie

en el suelo. Mientras sonaba miró el


reloj de nuevo. —¡Veinte minutos! Esto

es el colmo. —Cuando no lo cogió,


llamó de nuevo preocupándose de veras.

¿Y si se había arrepentido?

Los tres se miraron y Noelle

forzó una sonrisa. —Es que ha tenido

que ir a su casa a cambiarse, seguro que

es por eso. Saldría tarde del trabajo por

algún pesado y se ha retrasado.

—Eso, niña. Relájate.

—Que me relaje… —siseó

poniéndose el teléfono al oído de nuevo


—. ¡Es nuestra primera cita! ¡Tenía que
ser perfecta! ¿Quién hace esperar a la
novia? ¿Quién? —Señaló a Jason. —

¿Tú me harías esperar?

Jason carraspeó mirándola de


arriba abajo. —Mejor no contesto esa

pregunta.

—¿Ves? —De repente se le

ocurrió una idea y jadeó llevándose la

mano al pecho. —Dios mío, ¿esto no


será para vengarse por haber publicado
el video en que sale en pelotas?

—¿Mi hijo sale en pelotas por

internet? —Noelle abrió los ojos como

platos. —¿Es que te has vuelto loca?

Se sonrojó. —Bueno, lo

publiqué en un momento de debilidad.

Tenía curiosidad por lo que pensaban

mis seguidores.

—¡Uy, a ti hay que controlarte

más!

—¿Y qué te han dicho tus


seguidores? —preguntó May con

curiosidad.

—¡Qué estaba como una cabra si

le dejaba escapar! Siendo fina. Otros


han dicho auténticas burradas sobre que

me falta un tornillo. —De repente

sonrió. —Pero la mayoría me han dado

ánimos y que me lo quede.

En ese momento sonó el timbre


de la puerta y chilló corriendo hacia
allí. Casi sin aliento la abrió para ver a

Craig sonriendo guapísimo con un traje

gris y un ramo de rosas enorme en la

mano. —¡Llegas tarde!

Él perdió la sonrisa de golpe. —

Nena, había mucho tráfico.

Lo pensó un momento y miró las

flores antes de sonreír. —Vale.

Aliviado se acercó y le dio un

suave beso en los labios. —Estás


preciosa.
Sonrió ilusionada cuando la miró

de arriba abajo con deseo. —¿Te gusta?

—Mejor no te digo cuánto.

Ella rió por lo bajo encantada


antes de coger el ramo y extendiéndolo

hacia atrás para que alguien lo agarrara.

—¿Nos vamos?

—Claro que sí.

La cogió de la mano mientras los


demás se acercaban a la puerta. —¡Qué
lo paséis bien! —les deseó May.

—Eso espero —dijo ella

volviéndose y despidiéndose con la otra

mano para verlas muy emocionadas.

Encantada le miró mientras la llevaba

hasta el coche. —¿Y la cámara?

—Ahí. —Señaló a un tipo que

tenía pinta de profesional que llevaba

una cámara como las de televisión.

—Vaya…

—¿Impresionada?
—Mucho.

—Pues aún no has visto nada —

dijo abriéndole la puerta del coche—.

Porque quiero que esta sea la mejor cita


de la historia.

—Esto no ha empezado muy

bien. —Sonrió encantada sentándose en

el asiento. —Pero ha mejorado mucho.

—Me alegro. —Cerró la puerta


y rodeó el coche sentándose a su lado.
—Vamos allá.

—¿Y el cámara?

—No le necesitamos aquí. —

Señaló una cámara en el salpicadero y

ella dejó caer la mandíbula del

asombro. —Así que no te preocupes que

lo tendrás todo en video. Tú solo

dedícate a disfrutar.

Emocionada porque se había

tomado tantas molestias se le quedó


mirando sin saber qué decir. Y ella
protestando nada más llegar. —Lo
siento.

Él la miró sorprendido. —¿Qué

sientes?

—Ser tan gruñona.

Craig sonrió. —No eres

gruñona. Te has puesto nerviosa.

Le dio un vuelco al corazón

porque en ese momento se dio cuenta de

que la comprendía perfectamente.


Durante esas semanas le había

demostrado que la conocía muy bien y

que a pesar de los años separados

conocía cada gesto o cada deseo. —¿Si

me conoces tan bien por qué te creíste lo

que pasó esa noche?

Él perdió la sonrisa de golpe

mirando la carretera. —Supongo que


porque lo que vi no me dejó pensar en

nada más. —Le cogió la mano como si


quisiera asegurarse de que estaba allí.
—He pensado mucho en ello en estos
días, ¿sabes? Supongo que fue mi
inseguridad y mis dudas. El miedo

porque te estabas distanciando de mí.

Cuando vi aquello me quedé en shock.

No me lo esperaba y reaccioné de la

peor manera posible. Lo siento, nena.

Me arrepentiré toda la vida de eso. ¿Me

perdonas?

—Claro que sí, cielo. Además,


si he perdonado a tu madre, cómo no

voy a perdonarte a ti —dijo

sinceramente.

La miró sorprendido. —¿Has

perdonado a mi madre?

Lorrie se echó a reír. —¿Sabías

que ella era la que me regalaba todas

esas cosas? —Craig no salía de su

asombro. —No, está claro que no.

—¡He puesto cámaras por toda


la maldita casa! —dijo furioso.
—Y nos vendrán muy bien, ya

verás.

A Craig se le cortó el aliento. —

Lo dices como si fuéramos a vivir allí.

Se sonrojó ligeramente. —

Bueno, ella no quiere irse y…

—Nena, ¿me estás pidiendo que

viva contigo?

—No. —Pareció decepcionado.


—Te estoy diciendo que no te vayas.
Craig sonrió como si le hubiera

hecho el mejor regalo del mundo. —


Gracias, preciosa.

—¿Lo harás? —preguntó

insegura.

Rió por lo bajo. —¿Que si lo


haré? Si no tuviera esta cita contigo ya

estaba llamando a la empresa de

mudanzas para que sacaran las cosas de

mi piso.
Sonrió radiante. —Perfecto.

Espera a mañana.

—Ya hemos llegado.

Craig aparcó el coche y ella

miró a su alrededor con el ceño

fruncido. Parecían naves industriales. —


Cariño, ¿dónde estamos? No conozco

esta parte de la ciudad.

—Lógico. Jamás te hubiera


dejado venir por aquí cuando tenías
quince años.

—¿Es un club de striptease?

Él se echó a reír y abrió la

puerta. —No, es algo mucho mejor.

Rodeó el coche e impaciente

Lorrie abrió su puerta. Él cogió su mano

para ayudarla a salir del vehículo

mientras el cámara les enfocaba. —Me


siento una estrella de cine —dijo

divertida.

—Precisamente.
Sin entender dejó que la llevara

hasta una puerta de metal. Ella hizo una

mueca. Aquello no tenía pinta de ser

muy romántico. Él abrió la puerta y se


quedó con la boca abierta dejándose

llevar al interior. ¡Era un estudio de

grabación! Había cámaras enfocando

una mesa exquisitamente decorada con

copas de cristal tallado y tras ella había


una pared con luces que caían en
cascada. Empezó a sonar una música

romántica y aparecieron dos camareros

vestidos con un largo delantal blanco

con canapés y champán.

—¿Te gusta? —preguntó

inseguro.

Se echó a reír encantada. —

¿Cómo se te ha ocurrido esto?

Él cogió las copas de champán y

le dio una. —Básicamente porque en


ningún restaurante nos dejaban grabar
este momento con comensales alrededor.

—Entonces es perfecto. —

Brindó con él y bebió mirándole a los

ojos.

A Craig se le cortó el aliento

viendo el amor en su mirada y susurró

—Nena, no tendré días en esta vida para

agradecer que hayas vuelto. Eres lo

mejor que me ha pasado.

—¿Aún con cámaras?


—¿Qué cámaras?

Ella se echó a reír y él la llevó


hasta la mesa. Apartó la silla para

sentarla como todo un caballero y

colocaron ante ellos un montón de


exquisiteces. —Esto tiene una pinta

estupenda. —Se metió un canapé en la

boca y lo masticó lentamente mientras él

bebía de su copa. —Quiero tener un


hijo.
Craig se atragantó tosiendo con

fuerza y ella hizo una mueca al ver que


se le había ido por el otro lado. —

Cariño, ¿estás bien?

Tosió de nuevo antes de mirarla


a los ojos. —¿Qué has dicho?

—Bueno, ya tengo veintiocho

años y…

—¡Si ni siquiera nos hemos


casado, Lorrie! Llegaste hace poco más
de dos semanas. No quiero precipitar

las cosas. Estamos en nuestra primera

cita.

—Bueno, ¿pues entonces por qué

no te pones condón?

Él se sonrojó con fuerza y se

adelantó sobre la mesa susurrando —

Nena, ¿tenías que decir eso ante la

cámara?

—Como acabas de decir, ¿qué


cámara? —preguntó divertida.
—Muy graciosa. —La miró

intensamente. —No voy a contestar a

esa pregunta.

—¿La de la cámara o la del


condón?

—¡Lorrie!

—Pues tu madre quiere un nieto.

—Frunció el ceño. —¿No será otro de

sus planes?

Craig apretó los labios. —Te


aseguro que jamás he hablado con mi

madre de condones. Y también estoy

seguro de que no quiere nietos antes del

matrimonio.

Ella suspiró porque tenía razón.

Noelle primero quería boda y

conociéndola de las grandes. —Tienes

razón. Pero yo lo quiero ya. En unos


días me voy a China. ¿Qué tal si lo

encargamos antes para que cuando


vuelva ya sea un hecho consumado?
Craig sonrió. —¿Y qué tal si nos
casamos primero y nos vamos a China
de viaje de novios?

Se le cortó el aliento. —

¿Quieres casarte? Si acabas de decir…

Él se levantó y rodeó la mesa

hasta colocarse a su lado. Hincando la

pierna en el suelo cogió su mano. —


Siempre has sido muy impaciente. Me

has estropeado la sorpresa.


—¿De verdad?

Asombrada vio como un


camarero dejaba un postre en forma de

corazón ante ella que ponía: “¿Quieres

cargar conmigo el resto de nuestras


vidas?”. Se echó a reír emocionada. —

Di que sí, mi amor. Haré lo que sea para

que los días que tengamos juntos sean

los más felices de tu vida.

Sus ojos se empañaron de


lágrimas. —No tienes que compensarme

por lo que ocurrió.

—Claro que sí. Pienso

compensar cada segundo que no hemos

estado juntos por mi estupidez, pero

solo puedo hacerlo si me dices que sí.

—Sonrió malicioso. —Aunque si me

dices que no tampoco te vas a librar de


mí.

Una lágrima cayó por su mejilla.

—¿Me lo prometes?
—Por mi vida, cielo. Te
prometo que te amaré hasta el día en que

me muera y jamás volverás a sentirte


sola porque pienso estar ahí para ti

siempre. ¿Me amas, nena? Porque es lo

único que me importa. Es lo único que

necesito, saber que me amas como yo te

amo a ti.

En ese momento todas sus dudas

se fueron de golpe y solo deseó vivir la


vida que le ofrecía. Una vida a su lado.

—Sí.

Craig sonrió metiendo la mano

en el bolsillo interior de la chaqueta y le

mostró un anillo de diamantes. Dejó

caer la mandíbula del asombro. —

¡Cariño! ¡Es enorme!

—Lo que tú te mereces —

susurró colocándoselo en el dedo.

Fascinada vio como le encajaba


perfectamente y se miró la mano
maravillada por los reflejos del
solitario. —Es lo más bonito que he

visto nunca. —Le miró a los ojos. —


Pero lo que más me gusta es lo que

representa.

Él se incorporó besando sus

labios y ella le correspondió poniendo

el alma en ello por si aún dudaba que le


quería. Craig se apartó ligeramente y

mirando sus ojos susurró —Este es el


mejor momento de mi vida.

Sonrió con picardía. —Pues es

una suerte que lo tengamos grabado.

Craig rió por lo bajo cogiéndola

por la cintura para incorporarla y

empezó a bailar lentamente al ritmo de

la música. —Te amo, preciosa.

Acarició su nuca. —No puedo


creerme que sea tan feliz.

—Pues es el principio. Me

alegro de que tuvieras el valor para


volver a mi vida.

—Y yo me alegro de haber

vuelto.
Epílogo

—¡Noelle, en serio! ¡Cómo no

dejes de pedir cosas a las marcas te

echo de casa!

—Hala, la amenaza del día. —


Le mostró un vestido premamá azul. —

¡Esto te va a quedar genial en cámara


para el día del parto! Éste cuando vayas

al hospital y el rosa para cuando salgas.

Bufó acariciándose el vientre y

salió del salón. —¡Cariño, controla a tu

madre! Me voy a ver el último video de

Jason al estudio. ¿Sabes que está de

safari en África? Que suerte tienen

algunos que no tienen que aguantar tías-


suegras pesadas.

—¡Niña, qué boca tienes!

Soltó una risita porque al fin la


había fastidiado y en ese momento
alguien llamó a la puerta. May dijo

saliendo de la cocina —¡Ni se te ocurra


abrir! ¿Cuántas veces te lo tengo que

decir?

—Si no saben dónde vivo. Craig

se encarga de eso revisando todos los

videos.

—Cierto —dijo su marido


saliendo del salón con Simba en brazos.
Dejó al cachorro en el suelo

acercándose a su esposa para abrazarla

por la espalda y acariciar su vientre de

seis meses.

—Estás embarazada. Y ese

repartidor puede tener la lengua muy

suelta —dijo May acercándose a la

entrada a toda prisa.

—Que no. Antonio no se lo ha


contado a nadie. Es muy discreto.

—Me da igual. —Abrió la


puerta y se quedó parada como si le
hubieran dado la sorpresa de su vida.

Lorrie estiró el cuello para ver

quién era, pero solo vio a un hombre


mayor con el cabello negro y con las

sienes plateadas, que llevaba un ramo de

rosas blancas en la mano. Él forzó una

sonrisa. —Hola, May.

—¿Quién es? —preguntó Craig


poniéndose a su lado para mirar.
—Shusss, tengo un pálpito.

—Hace un par de días mi


sobrina vio un video en la red y… Y

como sabía que trabajabas aquí… —

Dio un paso atrás incómodo. —No tenía


que haber venido.

Asustada dio un paso hacia ellos

para intervenir, pero May dijo —¡Ni se

te ocurra moverte! —Levantó la barbilla

y fue hasta la cocina.


El pobre hombre no sabía qué

hacer, pero entonces Lorrie vio la


resolución en su cara y entró en la casa

cerrando la puerta. Sonrió tímidamente.


—Buenos días.

—Buenos días —dijeron los

dos.

—Si me permiten…

—Amigo, dese prisa. No se


preocupe por nosotros —dijo Craig
divertido.

Él sonrió y miró hacia la puerta

de la cocina. —Vamos a allá.

—¿Un consejo? —dijo ella

emocionada.

—Por supuesto.

—Háblele con el corazón y no se

deje nada.

El hombre asintió antes de

alejarse con paso firme y con el ramo en


la mano hacia la cocina. En cuanto entró

escucharon que May gritaba —¿Cómo te

atreves a volver?

Lorrie sonrió girándose hacia su

marido que tenía el ceño fruncido y éste

preguntó —¿Les dejamos solos?

—Por supuesto. Si hay amor se

querrán para siempre. No importan las

dificultades que tengan.

La miró a los ojos. —¿Cómo


nosotros?
—Como nosotros.

La abrazó y besó suavemente sus

labios. —Te amo, preciosa.

—Y yo a ti, a pesar de tu madre.

Noelle jadeó indignada desde el

salón. —¡Lo he oído!

Sonrieron y ella susurró cerca de

sus labios —Yo también te amo, mi

vida. Solo soy feliz a tu lado.


FIN

Sophie Saint Rose es una

prolífica escritora que lleva varios años

publicando en Amazon. Todos sus libros


han sido Best Sellers en su categoría y
tiene entre sus éxitos:

1- Vilox (Fantasía)

2- Brujas Valerie (Fantasía)

3- Brujas Tessa (Fantasía)

4- Elizabeth Bilford (Serie época)

5- Planes de Boda (Serie oficina)

6- Que gane el mejor (Serie Australia)


7- La consentida de la reina (Serie

época)
8- Inseguro amor (Serie oficina)
9- Hasta mi último aliento
10- Demándame si puedes
11- Condenada por tu amor (Serie

época)

12- El amor no se compra

13- Peligroso amor

14- Una bala al corazón

15- Haz que te ame (Fantasía

escocesa) Viaje en el tiempo.


16- Te casarás conmigo
17- Huir del amor (Serie oficina)

18- Insufrible amor


19- A tu lado puedo ser feliz

20- No puede ser para mí. (Serie


oficina)

21- No me amas como quiero

(Serie época)

22- Amor por destino

23- Para siempre, mi amor.

24- No me hagas daño, amor


(Serie oficina)

25- Mi mariposa (Fantasía)

26- Esa no soy yo

27- Confía en el amor

28- Te odiaré toda la vida

29- Juramento de amor (Serie

época)

30- Otra vida contigo

31- Dejaré de esconderme


32- La culpa es tuya

33- Mi torturador (Serie oficina)


34- Me faltabas tú

35- Negociemos (Serie oficina)


36- El heredero (Serie época)

37- Un amor que sorprende

38- La caza (Fantasía)

39- A tres pasos de ti (Serie

Vecinos)

40- No busco marido


41- Diseña mi amor

42- Tú eres mi estrella


43- No te dejaría escapar

44- No puedo alejarme de ti


(Serie época)

45- ¿Nunca? Jamás


46- Busca la felicidad

47- Cuéntame más (Serie

Australia)

48- La joya del Yukón

49- Confía en mí (Serie época)

50- Mi matrioska
51- Nadie nos separará jamás

52- Mi princesa vikinga (Serie


Vikingos)

53- Mi acosadora
54- La portavoz

55- Mi refugio

56- Todo por la familia

57- Te avergüenzas de mí

58- Te necesito en mi vida (Serie

época)
59- ¿Qué haría sin ti?

60- Sólo mía


61- Madre de mentira

62- Entrega certificada


63- Tú me haces feliz (Serie

época)

64- Lo nuestro es único

65- La ayudante perfecta (Serie

oficina)

66- Dueña de tu sangre (Fantasía)


67- Por una mentira

68- Vuelve
69- La Reina de mi corazón

70- No soy de nadie (Serie


escocesa)

71- Estaré ahí

72- Dime que me perdonas

73- Me das la felicidad

74- Firma aquí

75- Vilox II (Fantasía)


76- Una moneda por tu corazón

(Serie época)
77- Una noticia estupenda.

78- Lucharé por los dos.


79- Lady Johanna. (Serie Época)

80- Podrías hacerlo mejor.

81- Un lugar al que escapar (Serie

Australia)

82- Todo por ti.

83- Soy lo que necesita. (Serie


oficina)

84- Sin mentiras

85- No más secretos (Serie

fantasía)

86- El hombre perfecto

87- Mi sombra (Serie medieval)

88- Vuelves loco mi corazón

89- Me lo has dado todo

90- Por encima de todo


91- Lady Corianne (Serie época)

92- Déjame compartir tu vida


(Series vecinos)

93- Róbame el corazón


94- Lo sé, mi amor

95- Barreras del pasado

96- Cada día más

97- Miedo a perderte

98- No te merezco (Serie época)

99- Protégeme (Serie oficina)


100- No puedo fiarme de ti.

101- Las pruebas del amor


102- Vilox III (Fantasía)

103- Vilox (Recopilatorio)


(Fantasía)

104- Retráctate (Serie Texas)


105- Por orgullo

106- Lady Emily (Serie época)

107- A sus órdenes

108- Un buen negocio (Serie

oficina)

109- Mi alfa (Serie Fantasía)


110- Lecciones del amor (Serie

Texas)
111- Yo lo quiero todo

112- La elegida (Fantasía medieval)


113- Dudo si te quiero (Serie

oficina)

114- Con solo una mirada (Serie

época)

115- La aventura de mi vida

116- Tú eres mi sueño


117- Has cambiado mi vida (Serie

Australia)
118- Hija de la luna (Serie Brujas

Medieval)
119- Sólo con estar a mi lado

120- Tienes que entenderlo

121- No puedo pedir más (Serie

oficina)

122- Desterrada (Serie vikingos)

123- Tu corazón te lo dirá


124- Brujas III (Mara) (Fantasía)

125- Tenías que ser tú (Serie


Montana)

126- Dragón Dorado (Serie época)


127- No cambies por mí, amor

128- Ódiame mañana

129- Demuéstrame que me quieres

(Serie oficina)

130- Demuéstrame que me quieres 2

(Serie oficina)
131- No quiero amarte (Serie

época)
132- El juego del amor.

133- Yo también tengo mi orgullo


(Serie Texas)

134- Una segunda oportunidad a tu

lado (Serie Montana)

135- Deja de huir, mi amor (Serie

época)

136- Por nuestro bien.


137- Eres parte de mí (Serie

oficina)
138- Fue una suerte encontrarte

(Serie escocesa)
139- Renunciaré a ti.

140- Nunca creí ser tan feliz (Serie

Texas)

141- Eres lo mejor que me ha

regalado la vida.

142- Era el destino, jefe (Serie


oficina)

143- Lady Elyse (Serie época)

144- Nada me importa más que tú.

145- Jamás me olvidarás (Serie

oficina)

146- Me entregarás tu corazón

(Serie Texas)

147- Lo que tú desees de mí (Serie

Vikingos)
148- ¿Cómo te atreves a volver?
Novelas Eli Jane Foster

1. Gold and Diamonds 1

2. Gold and Diamonds 2


3. Gold and Diamonds 3

4. Gold and Diamonds 4

5. No cambiaría nunca

6. Lo que me haces sentir

Orden de serie época de los


amigos de los Stradford, aunque se

pueden leer de manera independiente

1. Elizabeth Bilford

2. Lady Johanna

3. Con solo una mirada

4. Dragón Dorado

5. No te merezco

6. Deja de huir, mi amor


7. La consentida de la Reina

8. Lady Emily
9. Condenada por tu amor
10. Juramento de amor
11. Una moneda por tu corazón

12. Lady Corianne

13. No quiero amarte

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