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Qué Es La Psicología Humanista y La Terapia Humanista

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¿Qué es la psicología humanista y la terapia humanista?

Autor: F R A N C I S C O A G U I R R E S . - 8 FEBRERO, 2018

Los terapeutas humanistas deben su nombre a la psicología humanista, que


nace en la primera mitad del siglo XX con las aportaciones de reconocidos
psicoterapeutas entre los que destaca especialmente el trabajo de Abraham
Maslow y Carl R. Rogers. Este último aporta a esta forma de terapia su Enfoque
centrado en la persona.

Actitudes básicas del terapeuta humanista:

1. Congruencia (autenticidad): Es la base de la terapia centrada en el cliente y


una clave para el crecimiento integral a partir de la terapia humanista. Al aprender a ser
congruentes, pacientes y terapeutas están más en contacto con lo que sienten y piensan y
ello se convierte en una poderosa herramienta para responder a diversas situaciones de
vida.
2. Empatía: Al ser auténtico, los terapeutas humanistas están en posibilidad de
acompañar genuinamente las vivencias de cada paciente y entender el significado que éste
les da. Es sentir enojo, tristeza, soledad, etc., del paciente como si fuese propia, pero “sin
nunca perder la cualidad del como si”. También es muy importante saber comunicarle
claramente al paciente que está siendo entendido para que se sepa acompañado.
3. Aceptación positiva incondicional: En un mundo lleno de prejuicios, el
espacio de terapia toma gran importancia cuando se logra limpiar de “aceptación
condicionada” y de reprobación hacia las actitudes o la persona del paciente. La aceptación
positiva incondicional abre la puerta para que el paciente explore libremente su mundo
interno, pues entendemos que el paciente está haciendo lo mejor que puede con las
herramientas que tiene actualmente.

¿La psicología humanista hace diferentes a los terapeutas humanistas de otros


terapeutas?

Aunque existen numerosas diferencias, me parece importante resaltar su actitud de


aceptación frente a los actos de cada paciente, pues parten de la idea de que cada persona
ha hecho lo mejor que ha podido con los recursos que tiene a su disposición.

En este sentido, no es una terapia donde se juzga ni se critica, sino una donde se reconocen
los logros de cada persona y donde se buscan formas de mejorar gradualmente otras áreas
menos desarrolladas.

Esto no significa que se aprende a vivir con limitaciones, sino que la aceptación es


el primer paso de un proceso más amplio y profundo.

Los terapeutas humanistas son especialmente buenos para acompañar a personas que
No han tenido un fundamento sólido para confiar en sí mismas.
Herramientas de la terapia humanista:
 Atención física: La atención que se presta al paciente ha de ser claramente
percibida por el, y una de las maneras más claras de hacerlo es a través de la postura
corporal, de la mirada y de las respuestas no verbales que el terapeuta hagan a lo largo de
la sesión.
 Atención psicológica: Es aquella habilidad que se va desarrollando con el
tiempo, en la que el terapeuta puede discernir los puntos importantes dentro de la sesión y
usarlos para acompañar mejor a su paciente.
 Atención no verbal: Es observar los movimientos, cambios de voz, gestos,
etcétera que el paciente realiza sin darse cuenta, pues en ellos hay información importante
que puede ser aprovechada dentro de las sesiones.
 Concretización: Ayuda importante para ir de lo vago a lo concreto, de lo general
a lo particular en muchos de los temas tocados por el paciente y que le pueden ayudar a
clarificar su situación.
 Reflejo simple: Partiendo de la base de que el paciente ya hace lo mejor que
puede y que dentro de él están los recursos para alcanzar lo que desea, este tipo de reflejo
permite enfatizar algunas frases o palabras dichas por el paciente, pero de las cuales puede
no haber tomado conciencia. Reflejar ayuda a enfatizar o a hacer más prominente lo que se
dice, además de ser una excelente manera para dejarle claro al paciente que no está sol@.
 Reflejo de sentimientos: Las palabras del paciente comunican mucho más que
sólo ideas. También hay en ellas sentimientos y emociones implícitos que, al ser tomados
por los terapeutas humanistas y reflejados oportunamente, ayudan al paciente a
profundizar en su experiencia interior.
 Reflejo no verbal: Las vivencias del paciente también pueden ser expresadas con
un ademán, un gesto o incluso el movimiento de todo el cuerpo. Al hacerle patente estos
actos al paciente, desde una perspectiva fenomenológica, él mismo podrá completar piezas
de información respecto a lo que está sucediendo en ese momento.
 Comunicación de la comprensión empática: Podríamos decir que es la otra
cara de la moneda de la empatía. Una vez que logramos vivir el mundo interno del
paciente como si fuera el mundo del terapeuta, es esencial comunicárselo, pues la empatía
como herramienta terapéutica sólo es útil al paciente cuando éste se vive claramente
entendido, acompañado.

Objetivos de la terapia humanista:

Cabe destacar que uno de los principales objetivos de la terapia humanista es que las
personas que la toman se vuelvan cada vez más confiadas de sus propias decisiones y al
mismo tiempo encuentran mejores herramientas para enfrentar los momentos en que se
equivoquen o la vida les traiga retos inesperados.

Psicología humanista en la práctica: la


terapia humanista
Uno de los consejos más antiguos de la humanidad nos dice “conócete a ti mismo” y a
veces pareciera que es una frase vacía, pues convivimos con nosotr@s cada minuto de la
vida… entonces ¿cómo es que nos dicen que todavía tenemos que conocernos?

Hay muchas formas de crecimiento personal, y cada quien encontrará la más adecuada a
su forma de ser y a sus objetivos, y dentro de ello la terapia es una manera que cada vez es
aceptada más abiertamente en México y en el mundo entero.

Sin embargo, todavía existen muchos estereotipos y prejuicios contra las personas que
piensan en tomar terapia como una forma de conocerse y enfrentar así sus problemas de
una mejor manera.

La terapia humanista no es para “locos”


Al contrario de las creencias populares, la terapia humanista le sirve más a las personas
que tienen mayor salud mental, porque tienen un mejor lugar para realizar más cambios
positivos en su vida, dirigiéndola hacia donde lo deseen, pero con mayor claridad.

Por otro lado, es importante reconocer que todos los seres humanos (sí… toood@s)
tenemos momentos donde sentimos miedo, alegría, coraje, tristeza, angustia, enojo y
muchas otras emociones, y es importante saber cómo manejarlas de la mejor
manera posible, pues simplemente volteando a nuestro entorno veremos que la inmensa
mayoría de personas no nacemos sabiendo cómo hacerlo, pero la terapia puede ser una
gran herramienta de autodescubrimiento en este sentido.

La terapia humanista no es una “barita mágica”


Es cierto que los problemas emocionales nos duelen… y mucho.

Cuando estamos en medio de un problema que nos hiere o que lastima a nuestros seres
queridos, deseamos salir de ahí lo más pronto posible… a cualquier costo. Sin embargo, la
enorme mayoría de problemas que se gestaron con los años, no tendrán una solución
inmediata, o por lo menos no una que sea real.

Más frecuentemente, los problemas que hoy nos hacen sufrir, deberán irse desenredando
poco a poco para que la solución sea duradera y respetuosa de cada una de las personas
involucradas. En este sentido la terapia humanista ofrece un camino seguro pero no uno
rápido.

Buscar una respuesta rápida es algo común, pero no es realista. Si en verdad deseas atacar
un problema de raíz, No lo vas a hacer en cuatro semanas, pero es totalmente posible
hacerlo con paciencia.
En mi experiencia y en la muchas personas que han llevado un proceso de crecimiento
personal serio, los cambios reales se ven a lo largo del tiempo, y sólo si la persona se
compromete en ir más allá de sus limitaciones y miedos actuales, pero siempre con la
compañía y apoyo del terapeuta.

En todo México, y especialmente en la Ciudad de México, la terapia humanista cada vez ha


sido más reconocida como una forma seria y profunda de terapia que ayuda a recuperar la
autoestima y enfrentar situaciones emocionales dolorosas, pero de una manera suave y
respetuosa.

Así, la relación terapéutica desde el enfoque centrado en la persona es el fundamento que


posibilita que el paciente aproveche sus propios recursos para hacer frente a su situación
actual.

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