La Mesopotamia Protodinástica: 1. La Situación Étnica y Demográfica

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LA MESOPOTAMIA PROTODINÁSTICA

Mario Liverani

1. La situación étnica y demográfica.

Tras el paréntesis recesivo del Protodinástico I (2900-2750), la secuencia formada


por el Protodinástico II (2750-2600), IIIa (2600-2450) y IIIb (2450-2350) presenta un
desarrollo homogéneo. La situación geográfica, productiva y política del Protodinástico
II-III se caracteriza por un policentrismo, con una sereie de ciudades estado de
diemnsiones similares que se hacen la competencia entre sí. Al sur: Uruk, Ur y Erido, al
este: Lagash y Umma, enn el centro: Adab, Shuruppak y Nippuf, al norte: Kish y
Eshnunna; remontando los cursos del Tigris y el Eufrates aparecen Assur y Mari,
nuevos centros de la expansión sumeria. La influencia política y comercial irradia hacia
el golfo Pérsico, la meseta iraní, el SE anatólico y Siria.
La población es mucho mayor y sigue manteniendo la configuración de “islas”,
poblaciones aisladas, unidas por redes de canales.
En las zonas de regadío perdura la estructura de varios niveles: capital central,
centros intermeidos y aldeas. Es una zona de poblamiento lingüísticamente mixto.
En el Protodinástico II-III los documentos suelen estar escritos en sumerio. A una
mayor proporción de sumerios en el sur se opone una mayor presencia de acadios en el
norte.
Mezcla lingüística: nos encontramos con un elemento elamita al este, otro hurrita al
norte y elementos semíticos no acadios al oeste.

2. La ciudad-templo y la estructura social

El templo en la ciudad es centro ideológico y ceremonial y centro de decisión y


organización. Los espacios destinados a morado divina están flanqueaos por espacios
para la reunión de los fieles (patios), y espacios donde se guardan las provisiones y se
realizan tareas económicas y administrativas. En el período Protodinástico, el centro
directivo se sitúa aparte, como “palacio”, mientras el templo (LOS templos), conserva
sus funciones de culto y sus consolidades funciones económicas, aunque integradas en
la organización estatal. La visión mesopotámica reúne templos, palacios y casas
familiares en la categoría unitaria de “casa”, en el sentido de “unidad productiva” y
administrativa, célula básica de la sociedad. El “palacio” establece con las demás casas
una relación de dependendia y tributariedad.
Después del primer palacio de Yemdet Nasr, a partir del PIIIa aparecen palacios en
el sur (Eridu) y el norte (Kish, Mari).
Después de la aparición de palacios laicos sigue siendo muy importante la función
económica del templo, aunque condicionada por el palacio. La red de propiedades y
actividades económicas de los templos se organiza a través de la familia real, cuyos
miembros son “titulares humanos” de los templos.
El templo deja de ser el centro y se convierte en una célula del estado palatino; se
ocupa de la administración, el almacenamiento, los servicios y la producción primaria.
La población de las aldeas tiene que contribuir a la acumulación central de
productos mediante la cesión de una parte del producto, o mediante prestación de
trabajo. La organización central penetra en el campo mediante obras de infraestructura y
por medio de funciones administrativas.
Aunque amplias capas de la población permanencen “libres” en sus aldeas, y sólo
dependen de la ciudad-estado como pagadoras de trubutos y prestadoras de trabajo, la
parte de la población que depende del templo de forma integrada es cada vez más
numerosa; esta diferencia comienza a convertirse en una superposición económica de
carácter clasista. A medida que los aldeanos se empobrecen y sus miembros se ven
obligados a vender las tierras, se forma un campesinado no propietario que no tiene más
remedio que depender del centro para sobrevivir.

3. La tierra y el trabajo

La base económica de la civilización protodinástica es la explotación agropecuaria


de la llanura mesopotámica y la artesanía y el comercio como actividades derivadas. La
novedad del Protodinástico es la existencia de textos administrativos que completan los
datos arqueológicos.
Paisaje mixto de tierras de cultivo intenso, gracias a la irrigación capilar; las
parcelas son del tipo “camplo largo” y lindan con el canal por su lado más corto. En las
zonas donde hay un contacto más directo con el agua se cultivan hortalizas y árboles,
pero la mayor parte de la tierra se cultiva al cultivo de cereales (cebada, trigo y
escanda). Buena parte de las cosechas va a parar a los silos de los templos y palacios.
Estos excedentes ponen en marcha el mecanismo redistributivo, que ya hemos visto
en acción en la época de la primera urbanización.
En los centros urbanos progresa una artesanía de gran calidad, especialmente en la
Baja Mesopotamia del PIII, así como el comercio a larga distancia que proporciona los
materiales.
En las ciudades hay fuertes concentraciones de mano de obra, sobre todo en la
molienda de cereales (utilización de molinos de tierra por parte de mujeres) y en el
sector textil (también trabajo femenino).

4. El gobierno de las ciudades: entre administración e ideología

El territorio de la Mesopotamia protodinástica se divide en varios estados de


dimensiones “comarcales”, equivalentes en recursos y rango. Son el resultado de una
reestructuración que tuvo lugar, tras el predominioi nicial de Uruk, durante el período
de Yemdet Nasr y el PI. Cada ciudad es gobernada por una dinastía local cuyo título
varía (en Uruk “en”1, en Lagash “ensi”2, en Ur y en Kish “rey”3).
Se pasa de una identificación del poder político con el templo a una separación entre
el culto y la política (aparición de realeza laica). Surge la necesidad de subordinar los
templos a la administración estatal unificada, haciéndoles dependientes al palacio.
La pluralidad de dioses hace que se considere legítima una pluralidad de centros
políticos, uno por ciudad, uno por dios. Cada ciudad tiende a elevar el rango del dios
propio, colocándolo por encima de los de las otras ciudades. Reyes más poderosos se
arrogan el derecho a dirimir conflictos entre las demás ciudades, o asumen títulos que
revelan su control sobre otras ciudades.
En la medida en que la teología de Nippur (dios Enlil) adquiere preponderancia en
Sumer, se acrecienta el papel de Enlil como árbitro supremo del reparto de poder entre
las ciudades y en cada una de ellas.
Los reyes de las ciudades estado sumerias, una vez lograda la legitimación interna y
externa (aprobación de Nippur) son administradores de su territorio, poder delegado por
el dios. Las funciones básicas del rey son la administración de la economía y la defensa

1
El poder real procede del templo.
2
Presenta al dinasta como dependiente del dios ciudadano.
3
Destaca las dotes propiaente humanas.
contra ataques enemigos; también es responsable de las buenas relaciones con el dios.
El dios dejará de favorecer las cosechas o de proteger a la ciudad cuando el rey cometa
alguna infracción.
El rey nuevo, no por línea hereditaria o el usurpador, trata de justificar su posición
argumentando que, si el dios les ha elegido a ellos es porque posee las dotes especiales
del nuevo rey.
Las primeras inscripciones reales halladas en los templos pretenden “reclamar” la
eficacia y poderío del rey, así como su vínculo con el dios (estelas).

5. El mundo divino y la fundación mítica

La consolidación y el desarrollo de los estados crea la necesidad de una “fundación”


ideológica del poder.
El patrimonio religioso de los centros sumerios queda reflejado en las listas de
divinidades, las descripciones de templos y los componentes de los himnos. La figura
del dios ciudadano desempeña una función vital en la centralización de los recursos, los
procesos redistributivos y la justificación ideológica del poder.
El sistema redistributivo se justifica al conectarlo con el sistema de las ofrendas al
templo. Los campesinos que mantienen a las capas privilegiadas de la ciudad creen que
están manteniendo a la divinidad.
La justificación “mítica” consiste en situar la figura de un dios o un héroe fundador
en el origen de los aspectos físicos y culturales de la vida actual. La primera
organización del mundo se atribuye a un dios supremo, mientras que otros aspectos más
específicos se atribuyen a distintas divinidades para cada sector. A los dioses les
correspondería la “fundación” de los hechos naturales, y a los héroes la de las
instituciones sociales.

6. Rivalidades y hegemonías

Distintos yacimientos: en Ur aparecen complejos monumentales, como el


cementerio real. En Lagash se han hallado las inscripciones históricas más interesantes
y el archivo administrativo más voluminoso (del IIIb), pero se ha perdido la referencia
arqueológica, debido a los metodos de excavación del pasado.
La “lista real sumeria” no es fiable en lo que respecta a las dinastías anteriores a la I
de Ur, presenta en una sola secuencia varias dinastías contemporáneas, y censura por
completo las de algunas ciudades importantes (sobre todo Lagash y Eshnunna). Sólo en
el subperíodo IIIb hay una convergencia adecuada de los datos de la lista real.
Partiendo de los monumentos e inscripciones de la época se reconstruye un cuadro
de dinastías contemporáneas que compiten constantemente entre sí. Disputa por el
control de territorio con abundantes cultivos y pastos entre Lagash y Umma. Umma
siempre aparece como el enemigo agresivo, injusto y falsario y Lagash como ciudad
justa, agredida y victoriosa. La disputa llega a su punto culminante con Eannatum
(Lagash), a quien le debemos la “estela de los buitres”. Había frecuentes
enfrentamientos entre las ciudades estado por la posesión de tierras intermedias.
Hubo incursiones contra ciudades más lejanas para contar con el aval de Nippur. El
afán de hegemonía se va transformando en un afán de dominio universal.
7. La crisis interna y los edictos de reforma

Lugalzaggesi, fundador del primer “imperio”, antes de convertirse en rey de Uruk,


había sido rey de Umma, de la que heredó la tradicional rivalidad con Lagash; consiguió
resolver este conflicto con importantes fuerzas militares. Incluso después de la victoria
de Uruk, el ensi de Lagash, Urukagina todavía es capaz de publicar sus propias
inscripciones, señal de que conserva el poder local.
A Urukagina se le conoce por su guerra contra Lugalzaggesi y por un edicto de
reforma que arroja luz sobre los problemas sociales de su tiempo. El contenido jurídico
es una serie de medidas que acaban con los abusos del clero y devuelven las libertades y
restablecen una relación correcta entre la organización estatal y la población; restablece
el equilibrio alterado.
Estas disposiciones reflejan una realidad social en la que existe una clase
socioeconómica abocada al endeudamiento, a ceder sus propiedades e hijos al acreedor,
como pago de los intereses; esto se transforma en una servidumbre que es vista como
una grave alteración del orden social que se debe corregir “devolviendo la libertad”.
Quienes salen ganando, en calidad de acreedores, son los miembros de las clases que
giran en torno a las grandes administraciones del templo o del palacio, los únicos que
poseen excedentes de cereales y otros productos.

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