El Mundo Antiguo. Actividad
El Mundo Antiguo. Actividad
El Mundo Antiguo. Actividad
1. Realice una lectura atenta del capítulo “El mundo antiguo visto desde abajo”, del
libro “Mundo Antiguo”, de Jerry Toner.
Según Jerry Toner, se puede afirmar que los textos clásicos no reflejan la cotidianeidad
de las clases populares y marginados, simplemente lo que se ha hecho sobre estos
grupos son escritos muy superficiales e inclusive con un tinte despectivo, sin importar
que la gran masa de la población estaba constituida por esta gente. Los autores antiguos
consideraban que no era necesario documentarla. Por lo tanto, poner el foco en ellos
implica investigar un conjunto renovado de documentos y, a su vez, hacerlo de forma
inédita, es decir nueva y original, ya que se ha dado a conocer poco y nada sobre estos
grupos. Esos documentos pueden ser: fábulas, libros de chistes, oráculos, pinturas y
diversas representaciones visuales; que permiten comprender el mundo de la gente
“corriente” y por lo tanto tener otra mirada sobre ellos. Se puede comprender que su
mundo no estaba lleno de miseria, muertes y pobreza, sino que había todo tipo de
actividades que les permitía socializar e interactuar con distintas personas y pasar ratos
agradables, por ejemplo en los lugares de ocio: tabernas, tiendas de vino, asistir a
representaciones teatrales o reproducciones callejeras (grafitis, narradores orales), entre
otros. Sumado a esto, es fundamental no solo quedarse con lo que escribe la élite y
poder ver a las ciudades antiguas como un “todo” donde la mayoría de la población está
conformada por la gente “corriente”.
Según el autor, la situación económica de la gente corriente del mundo Antiguo era muy
inestable, y su mayor problema era la incertidumbre económica. Plantea que estaban
inmersos en una “pobreza artificial”, ya que adquirían dinero como para llevar un nivel
de vida básico, pero no mucho más que eso, y por lo tanto la pobreza siempre estaba al
acecho. Inclusive el grupo social que era considerado clase media en esa época (por
ejemplo, artesanos que vivieran de la renta) siempre estaban bajo la amenaza de
empobrecerse.
La gente que con sus ingresos podía pagar el costoso alquiler que suponían las modestas
habitaciones de las ciudades antiguas, vivían en bloques de viviendas. Sin embargo, la
mayoría de la población posiblemente viviera en barrios de chabolas (según la RAE, es
una vivienda de escasas proporciones y pobre en construcción, es decir, con materiales
de mala calidad), o simplemente, donde encontraran para refugiarse. En este tipo de
viviendas vivían hacinados, dicho de otra forma, eran lugares donde se concentraba una
multitud de individuos; no poseían cocina ni calefacción.
La vida urbana en las ciudades antiguas se hacía fuera de la casa. Estar en el hogar y
disfrutar de los placeres de estar en la intimidad hogareña era un privilegio reservado
para la gente con dinero y la élite. Por lo tanto, la gran masa salía a la calle: al mercado,
a la peluquería, a la taberna, a la tienda de vino y a los baños
El ocio y los pasatiempos sí existían en la antigüedad. El autor plantea que las tabernas
y las tiendas de vino jugaban un papel importante en la vida social de estas personas,
debido a que las tabernas les ofrecían un lugar barato y accesible donde conseguir
comida caliente y vino. A su vez, brindaban distracciones como música, prostitución y
juegos de azar. A este tipo de lugares frecuentaba la mayoría de la población, inclusive
los esclavos. Sin embargo, la clase alta consideraba estos sitios despreciables, al que
concurría la gente vulgar.
Los lugares de ocio podían ser: las tabernas, las tiendas de vino, representaciones
teatrales, producciones callejeras, carreras de carros, dibujar tableros de juegos en el
suelo. Esto evidencia que la gente corriente contaba con una gran gama de maneras de
entretenerse.
Los romanos tenían una concepción sobre las condiciones y comportamientos positivos
y negativos completamente diferente a los actuales, y estos se ajustan, por supuesto, al
contexto social, económico, cultural y religioso. Teniendo en cuenta esta afirmación, se
puede decir, que la práctica de abandonar a los bebés no deseados era conocida como
“exposición” y funcionaba como una forma aceptable de anticoncepción posparto. Es un
comportamiento considerado positivo por los romanos, ya que le daba una posibilidad
de sobrevivir al niño. Pues muchas veces eran recogidos por familias que no podían
tener hijos o que ya habían muerto. También, podían ser recogidos por traficantes de
esclavos, que criaban a los niños para luego venderlos.
El mundo romano era muy machista y esto se refleja en los grafitis (según la RAE,
firma, texto o composición pictórica que se realiza en una pared) que han perdurado en
el tiempo. La mayoría recogen una visión machista del mundo antiguo en el que las
mujeres romanas quedaban relegadas al hogar, bajo la intimidación del hombre,
guardadas como un “trofeo”. A su vez estos grafitis dan cuenta del peligro que corrían
fuera del hogar; exhortaban a los “machos” a violarlas con este tipo de frases: “Que el
amor haga arder en una montaña solitaria al que quiera violar a mi novia”.
Cabe destacar que en aquella época había una mirada diferente de la sexualidad con
respecto a la de hoy en día sobre lo que es aceptable o normal. Teniendo en cuenta esta
afirmación, lo normal en la antigüedad era que un hombre buscase penetrar a cualquier
otro ser humano que le pareciera atractivo: hombre, mujer, niña o niño. Ser hombre
significaba estar en la cúspide en todos los sentidos.
El matrimonio era casi universal, sin embargo, quien decidía todo sobre él (con quién se
casaba, cuándo y demás) eran los padres de las jóvenes, ellas solamente podían opinar.
Surgían matrimonios “arreglados” en los que no interesaba si la mujer estaba de acuerdo
o no, o si había o no amor de por medio. Por lo tanto, generalmente, eran abusadas
sexualmente y maltratadas físicamente. La concepción de violación dentro del
matrimonio no existía para los romanos.
Hay cierta naturalización de patrones en el imaginario colectivo que una mujer debe
seguir dentro del matrimonio, estos las convierten en “buenas esposas”, y establece lo
que se espera de ellas. De las esposas se esperaba que fueran obedientes a sus maridos,
y la violencia doméstica sería frecuente y normal. En esa época se pensaba en el
certificado de matrimonio como un documento que las convertía en esclavas; y los
esclavos no eran insolentes ni se rebelaban para con sus amos.
De las mujeres jóvenes, la sociedad exigía que controlaran sus emociones en público y,
probablemente, también en privado. El autor plantea que esta cuestión sería como un
tipo de entrenamiento para los papeles emocionales que deberían cumplir en la vida
adulta.