El Chavo
El Chavo
El Chavo
Equipo Editorial
María Fernanda Pampín - Directora Adjunta de Publicaciones
Lucas Sablich - Coordinador Editorial
María Leguizamón - Gestión Editorial
Nicolás Sticotti - Fondo Editorial
Resonancias de El Chavo del Ocho en la niñez, educación y sociedad latinoamericana (Buenos Aires: CLACSO,
junio de 2020).
Los libros de CLACSO pueden descargarse libremente en formato digital o adquirirse en versión impresa
desde cualquier lugar del mundo ingresando a www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana
ISBN 978-987-722-620-1
Libro originalmente publicado con el título Resonances of El Chavo del Ocho in Latin American Childhood, School-
ing, and Societies, 2017 (New York: Bloomsbury Press).
© Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales | Queda hecho el depósito que establece la Ley 11723.
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Introducción.............................................................................................................................9
Daniel Friedrich y Erica Colmenares
Introducción.................................................................................................................... 51
Elenco................................................................................................................................. 53
Escena uno: Imaginado la niñez desde la adultez........................................... 55
Escena dos: Infancias en la vecindad del Chavo...............................................59
Escena tres: Los niños y niñas como audiencia................................................66
Escena final......................................................................................................................69
Escenas borradas........................................................................................................... 71
1. Educación mediática.............................................................................................209
2. Educación por el medio .......................................................................................210
3. La educación en el medio.................................................................................... 215
4. Lo educativo contra el medio ........................................................................... 223
Sin querer queriendo................................................................................................ 227
Da Capo........................................................................................................................... 232
Sumergirse hacia el medio, encontrar mediadores, y crear mesetas... 234
Coda ..................................................................................................................................241
¡Fue sin querer queriendo! ¡Se me chispoteó! Eso, eso, eso. ¡Es que no me
tienen paciencia! La mención de cualquiera de estos latiguillos a casi
cualquier latinoamericano menor de 5 años acabará por evocar, se-
guramente, un gran número de memorias afectivas vinculadas a El
Chavo del 8, quizás la creación más famosa del autor/comediante/
director/productor/actor Roberto Gómez Bolaños (también conoci-
do como Chespirito, un juego de palabras con la pronunciación es-
pañola de Shakespeare). Este show televisivo, que hacia mediados de
1970 alcanzó un pico de popularidad con una audiencia de 350 millo-
nes de televidentes por episodio a lo largo del continente americano,
dejó una marca indeleble en las vidas de múltiples generaciones de
los habitantes de la región y sigue siendo muy popular a través de
repeticiones, escisiones (spin-offs) y merchandising.
El Chavo del 8 es un personaje distinto a todos, aunque precisar
exactamente las razones de su éxito parece una tarea imposible. La
mecánica del show tiene por base un pequeño grupo de actores adul-
tos que personifican a niños y viven en una vecindad mexicana, esto
es, un complejo de viviendas habitado por individuos de bajos recur-
sos. El Chavo, sin ir más lejos, es un huérfano que vive en un barril
de vino (aunque refiera ocasionalmente que en realidad vive en el
9
Daniel Friedrich y Erica Colmenares
El Chavo del 8 fue creado por Roberto Gómez Bolaños en 1971 como
parte de la serie de personajes que aparecerían en su show Chespirito.
Todos estos personajes tienden a ser nobles, aunque presentan defec-
tos. El Chapulín Colorado, por ejemplo, constituyó una parodia de los
superhéroes estadounidenses. “Más ágil que una tortuga… más no-
ble que una lechuga… ¡su escudo es un corazón!”, anunciaba una voz
profunda al tiempo que Chespirito, con su minúscula complexión,
se ponía a saltar dentro de su calza roja, listo para embarcarse en
aventuras ridículas, en las que frecuentemente acaba él mismo sien-
do rescatado por las “víctimas” que habían clamado por su auxilio.
El Chómpiras, por su parte, era un ladrón de poca monta que jamás
logró hacerse de botín alguno; asimismo, los tratamientos que El
Doctor Chapatín ofrecía a sus pacientes no hacían sino enfermarlos
más que antes; por último, Chaparrón Bonaparte se rehusaba a volver
al hospital psiquiátrico del cual había escapado. Ninguno de estos
personajes, sin embargo, caló tan hondo en las audiencias como El
Chavo del 8. El Chavo fue quizás la creación menos extravagante de
Chespirito: un huérfano extremadamente pobre, siempre con buenas
intenciones y su estómago vacío como principal motivador. No tenía
superpoderes, problemas mentales o antecedentes penales. Era sim-
plemente un niño pobre de la vecindad.
El Chavo fue también el único sketch de Chespirito en el que todos
los otros personajes adquirieron notoriedad. La Chilindrina, una jo-
ven ocurrente y enamorada de El Chavo, engañaba a todo el mundo
para conseguir lo que deseaba. Su padre soltero, Don Ramón, nun-
ca logró mantener un trabajo estable y se esforzaba para huir del
12
Introducción
1
Otra razón para su nombre se vincula a que, antes de ser adquirido por Televisa, el
show fue transmitido por el Canal 8, de modo que el nombre “El Chavo del 8” puede
vincularse también a esta cuestión.
14
Introducción
2
Por supuesto que este escenario se presentó en distinto grado a lo largo del con-
tinente, lo que imposibilita delinear una generalización entre lugares tan distintos
como, por ejemplo, Bolivia y México.
15
Daniel Friedrich y Erica Colmenares
Este Chavo rizomático se halla en tensión con, y en contra de, los estu-
dios de cultura pop. Esta sigue resultando un objeto sospechoso des-
de más de una perspectiva académica y/o de un educador. Por caso,
algunas vertientes de la teoría social marxista siguen entendiendo
a la cultura pop como una producción ideológica que interviene
sobre la conciencia de clase sembrando mensajes que apuntalan al
orden capitalista (véase, por ejemplo, Sum, 2017; Wagnleitner, 2001).
Los simples hechos de su masividad y de ser producida por empre-
sas que persiguen la obtención de ganancias imprimen a la cultura
popular la marca ardiente de la complicidad. La ausencia de estudios
18
Introducción
Para concluir este volumen, los dos capítulos finales exploran la/s
intrincada/s relación/es entre El Chavo del 8 y los medios de comu-
nicación. Más específicamente, el Capítulo 7 explora los vínculos
políticos entre el contenido televisivo y la producción de identifica-
ciones y representaciones sociales de la educación escolar. Valiéndo-
se de las nociones de interpelación e identificación y de los trabajos
de Roland Barthes, Slavoj Zizek, Jaques Rancière y Jacques Derrida,
Treviño Ronzón plantea cómo Chespirito proveyó de una narrativa
corta y convocante acerca de una escuela situada en una sociedad
signada por la pobreza, la exclusión y la violencia, lo que produjo un
proceso de “identificación popular” tan complejo como interesante.
El capítulo explora cómo las representaciones e identificaciones so-
ciales generadas en shows televisivos como El Chavo del 8 deberían
ser problematizadas para obtener posibles nuevas explicaciones so-
bre la construcción de identidades, límites sociales, igualdad social y,
particularmente, sobre las dinámicas de la politización en torno a los
medios de comunicación. Específicamente, Treviño Ronzón se cen-
tra en la producción y circulación de estereotipos sociales, la violen-
cia implícita y explícita desplegada por y a través de los personajes
del show y los modos en los que este cuenta “historias” acerca de la
sociedad, los agentes sociales y sus vínculos con el Estado.
Partiendo de la presuposición de que la cultura está inherente-
mente imbricada en la educación mediática, el Capítulo 8 analiza la
serie para plantear que la educación mediática (y mediada) sucede
“sin querer queriendo” (esto es, de forma no intencional). De acuerdo
a Cabrera y Carbajal, la educación mediática (y mediada) ocurre en
un espacio de intermezzo, entre el contenido televisado (transmitido)
26
Introducción
Conclusión
Bibliografía
Chin, E. (2016). My Life with Things: The Consumer Diaries. Durham: Duke
University Press Books.
St. Pierre, E. y Pillow, W. (Eds.). (2000). Working the ruins: Feminist posts-
tructural theory and methods in education. Nueva York: Routledge.
Popkewitz, T. (Ed.). (2005). Inventing the modern self and John Dewey: Mo-
dernities and the traveling of pragmatism in education. Springer Palgrave.
St. Pierre, E. (2000). Nomadic inquiry in the smooth spaces of the field:
A Preface. En E. St. Pierre y W. Pillow (Eds.). Working the ruins: Feminist
poststructural theory and methods in education. Nueva York: Routledge.
28
Introducción
29
Escuela, imaginarios pedagógicos
e infancias latinoamericanas
en El Chavo del 8
Nicolás Arata y Daniel Friedrich
32
Escuela, imaginarios pedagógicos e infancias latinoamericanas en El Chavo del 8
Pero, como señala Hall, esta visión del “pueblo” que encarna lo po-
pular como un sujeto pasivo frente a la fuerza del capitalismo es no
solamente paternalista e insultante, sino profundamente anti-socia-
lista. Esto no implica sostener tampoco una mirada despolitizada de
la cultura popular. Por el contrario, Hall demanda una lectura com-
pleja, que respete las tensiones inherentes a los procesos de produc-
ción de subjetividades mediados por los medios masivos de comuni-
cación. Giroux y Simon (1989) se suman a la lente de Hall agregando
la necesidad de incluir la cuestión del placer en cualquier análisis
crítico de la cultura popular como sitio de pedagogía pública.
Estos y otros dilemas nos atraviesan al ver la serie El Chavo del
8 como un artefacto cultural desde donde pensar las relaciones en-
tre imaginarios pedagógicos, escuela e infancias en América Latina.
Como autores de una generación que transitó sus infancias duran-
te la década de 1980, fuimos “alcanzados” por los efectos de la serie
creada por Gómez Bolaño y permeados por las imágenes sobre la cul-
tura popular latinoamericana que diseminó la serie. Durante nues-
tra niñez en Argentina, aprendimos que en México a los niños se los
llamaba “chavos”, que los vecindarios eran espacios coloridos don-
de tenían lugar aventuras desopilantes y que las “tortas de jamón”
eran un bien preciado y no una combinación espeluznante de carne
y chocolate. Entendimos, también, que cualquier ofensa intencio-
nal –o no– hacia un adulto podría naturalmente llevar a recibir un
“zape” (golpe).
Estas imágenes (y nuestras propias lecturas, cargadas de me-
moria) pueden ser tratadas como fuentes a partir de las cuales in-
terpretar cómo una sociedad produce, circula y se apropia –a través
de medios masivos de comunicación– de distintos imaginarios de
escuela. Este artículo analiza, a partir de 23 sketches, los modos en que
33
Nicolás Arata y Daniel Friedrich
Durante las décadas de 1970 y 1980 del siglo XX, la escuela latinoa-
mericana fue objeto de fuertes acusaciones, debates e impugnacio-
nes. La corriente reproductivista explicaba cómo la institución había
sido programada para legitimar las desigualdades de clase. Las ideas
de Bourdieu, Passeron y Baudelot se esparcieron como reguero de
pólvora por las universidades del continente impugnando la imagen
de la escuela como “escalera para el ascenso social” concebida por los
liberales del siglo XIX. En su reemplazo, los teóricos de la reproduc-
ción contraponían la figura de una compleja maquinaria configura-
da para reforzar los patrones de origen de cada estudiante. Para esos
años, los movimientos de educación popular, que brotaban aquí y
allá, multiplicaron las perspectivas freireanas cuestionando los fun-
damentos de la pedagogía moderna, pero sin renunciar al optimis-
mo pedagógico que los movilizaba.
Una posición distinta se consolidó en las aulas del Centro Inter-
nacional de Formación de la ciudad de Cuernavaca, donde los llama-
dos a desescolarizar la sociedad lanzados por el teólogo Iván Illich
–quien acusaba a la educación formal de ser la “vaca sagrada” del
capitalismo y una herramienta de perpetuación del poder–, deposi-
taron frente a las puertas de los edificios escolares la pregunta por
una legitimidad que hasta el momento muy pocas personas se ha-
bían atrevido a cuestionar. Paradójicamente, en el momento en que
34
Escuela, imaginarios pedagógicos e infancias latinoamericanas en El Chavo del 8
El aula, como todos los días, tiene tres paredes visibles y una implícita,
ofreciendo una visión que se asume total de lo que sucede en ese espa-
cio, guiada por aquello a lo que la cámara decide prestarle atención. El
escritorio del maestro se encuentra al frente del salón, ubicado sobre
una tarima ligeramente elevada que, simbólicamente, oficia como una
valla que recuerda que quien detenta el saber está un poco más cerca
del cielo que el resto. Los pupitres de los alumnos están colocados en
36
Escuela, imaginarios pedagógicos e infancias latinoamericanas en El Chavo del 8
En la clase de historia
Las paredes del aula pocas veces son porosas. Hay momentos espe-
cíficos en los cuales sujetos que no suelen cruzarlas, lo hacen, inte-
rrumpiendo el funcionamiento cotidiano de la escuela. Los padres
rara vez son vistos en el aula, más allá del momento inicial en el que
dejan a sus hijos al cuidado del profesor. Pero “hoy” es diferente. Los
padres asisten a la escuela a verificar que los niños han aprendido y
que los aprendizajes son tangibles. Los padres de tres alumnos son
invitados por la institución, con la condición de que se “abstengan de
soplar”. El convite está dirigido a los padres de tres alumnos que han
reprobado: Chilindrina, Quico y el Chavo. De los tres, solo dos tienen
adultos que los acompañan. El Chavo, en tanto huérfano, no tiene
quien medie entre él y el docente.
La primera parte del examen es de dibujo, materia poco habitual
para reprobar (y para “soplar”). Los tres alumnos aparentan trabajar
en sus dibujos. El Chavo se obsesiona con perfeccionar su produc-
ción, al punto que no la quiere entregar hasta que el maestro se la
39
Nicolás Arata y Daniel Friedrich
No, nada más cuando guarda uno cosas buenas. Porque por ejemplo
si tiene uno basura, no conviene guardarla… Y lo mismo pasa con las
cosas que uno guarda en la memoria. Porque por ejemplo si llega un
niño y le pega a uno muy fuerte, no conviene guardarlo en la memo-
ria, porque lo vuelves a recordar y otra vez te duele. [Música emotiva
comienza de trasfondo]. En cambio, cuando te pasan cosas bonitas,
sí conviene guardarlas en la memoria, porque te vuelves a acordar,
44
Escuela, imaginarios pedagógicos e infancias latinoamericanas en El Chavo del 8
La clase anti-progreso
Bibliografía
50
Concepciones de niñez en la vecindad
Victoria Parra
Introducción
Elenco
El Chavo del 8
Chilindrina
Quico
Ñoño
Todos los niños del show exhiben características comunes que son
valoradas y esperadas en la infancia, tales como ser inocentes, ju-
guetones y experimentar emociones abrumadoras en momentos
de felicidad o tristeza. Chavo y sus amigos se ajustan igualmente a
ciertas normas sociales de comportamiento de la infancia, como por
ejemplo cuando juegan y asisten a la escuela. De esta forma, al retra-
tar que los niños de la vecindad cumplen con dichas normas y ex-
pectativas sociales de la niñez, el show contribuye a naturalizar que
ciertas características son innatas a la infancia, independiente de la
clase social y la cultura. En este sentido, los niños y niñas que crecen
en pobreza aparentan compartir características con niños que viven
en otros contextos socioeconómicos.
Las características anteriores posibilitan además distinguir cla-
ramente las prácticas y discursos de los mundos de la niñez y de la
adultez, insinuando que las emociones y actividades de los niños –ju-
gar, ser inocentes, no controlar las emociones, y ser estudiantes– son
esperadas y aceptadas durante esta etapa de la vida. En particular,
el mundo afectivo de los niños y niñas caracterizado por rápidas
emociones que gobiernan su conducta, es considerado intrínseco a
la niñez. Este discurso de inocencia, tal como Cannella (1997) argu-
menta, supone falta de conocimientos por parte de los niños, lo cual
sería una característica que sí poseen los adultos. De esta forma, al
mostrar a los niños como inocentes se puede a la vez reforzar la idea
de que requieren la supervisión de los mayores. En otras palabras, la
falta de conocimientos es una deficiencia que marca una diferencia
con el mundo de sus padres y supone que los adultos poseen madu-
rez para manejar situaciones de estrés dado la sabiduría y el mayor
61
Victoria Parra
Escena final
Escenas borradas
Bibliografía
71
Victoria Parra
Freud, S. (1960). Jokes and their Relation to the Unconscious. En The stan-
dard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud, Vol. VIII.
Hockey, J. y James, A. (1993). Growing up and growing old: Ageing and de-
pendency in the life course. Londres: SAGE.
Purdy, L. M. (1992). In their best interest? The case against equal rights for
children. Ithaca, NY: Cornell University Press.
TV Azteca. (2012). La historia detrás del mito: La vecindad del chavo. Méxi-
co: TV Azteca.
73
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo
mirando la televisión”...1
Pensando la diferencia y la alteridad, la niñez y la
educación
1
Esta cita proviene del coro del tema musical que tocaba en la edición brasileña de
El Chavo del 8.
2
Antes de obtener los derechos de las cuatro redes de radiodifusión que conformaba
el Sistema de Televisión Brasileño (SBT), el Grupo Silvio Santos ya era dueño del Canal
11 en Río de Janeiro desde 1976, conocido como TV Estudios (TVS). Este canal fue un
paso importante para crear SBT, que salió al aire en San Pablo y en todo el resto de
Brasil el 19 de agosto de 1981.
3
Nota del Traductor al inglés: Chavo, Quico, Don Ramón, Doña Florinda, Chilindri-
na, Profesor Jirafales, Señor Barriga, Doña Clotilde y Ñoño fueron llamados en portu-
gués Chaves, Quico, Seu Madruga, Dona Florinda, Chiquinha, Profesor Girafales, Seu
Barriga, Dona Clotilde y Nhonho, respectivamente.
75
Ana Paula Marques de Carvalho y Rita de Cássia Prazeres Frangella
4
“Eso, eso, eso”, “Sin querer queriendo” o “No quería querer quererlo”, “Es que no me
tienen paciencia”, “Bueno, pero no se enoje” son algunas de las frases más memora-
bles de El Chavo del 8 que se usan en la conversación diaria, lo que indica la difusión y
la apropiación general del programa por parte del público brasileño.
76
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo mirando la televisión”
5
Cuando hablamos de comercialización nos referimos a juguetes, útiles escolares,
cómics y otros productos personajes del programa, cuya misma ubicuidad refuerza el
argumento de que el show fue inmensamente exitoso. La popularidad del programa
es evidente también en la cantidad de sitios web y paneles de discusión dedicados a
él, así como en los numerosos libros que se han centrado en el programa como tema
central. Sin embargo, esto no es el enfoque de este capítulo.
77
Ana Paula Marques de Carvalho y Rita de Cássia Prazeres Frangella
6
Tomamos esta expresión a partir del trabajo de Homi Bhabha (2013, p. 134).
82
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo mirando la televisión”
Don Ramón: ¡Es que no entiendo cómo en tan poco tiempo puedes
volverte tan estúpido!
86
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo mirando la televisión”
Chavo: Ah, entonces cuando está realmente tonto puede salir a ju-
gar, Si eso era todo ¡Podría haber salido hace mucho tiempo! (Apud
Gusmão, 2014).
que –como señala Bhabha (2003)– son una autoridad híbrida y deses-
tabilizadora de la producción al hacer extraño lo que está en la raíz
de esa autoridad: nuestras reglas de reconocimiento, que se estable-
cen a través de la enunciación de la diferencia. O, más bien, hacemos
que la infancia sea una pregunta expositiva, ya no es un objeto para
ser visto, observado y apropiado. Esto ocurre cuando reconocemos
la infancia como otra, como una forma de alteridad.
7
Aquí nos referimos al proceso del Ministerio de Educación para producir y difundir
un plan de estudios nacional común básico para la educación básica.
88
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo mirando la televisión”
Bibliografía
Gonçalves, M. (2016). Eu, a televisão e os anos 80. 2010. Anos 80: liberdade
de expressão. Recuperado de anosoitenta.com.br/televisao.html. Visto en
julio de 2016.
94
“¡Aquí viene el Chavo del 8! Todo el mundo mirando la televisión”
95
De la novela picaresca a El Chavo del 8
Carlos Aguasaco
El nombre y su origen
la vida del Chavo. Como puede verse, El diario de El Chavo del Ocho
tiene una tipología textual propia de la novela picaresca y, con la ex-
cepción de que el personaje nunca llega a la adolescencia, despliega
todas las características de este subgénero literario.
Con respecto a su familia, el Chavo nos dice en el libro que no
conoció a su padre porque él “nomás se acostó y se fue” (2005, p. 11).
Sí llegó a conocer a su madre, pero “nomás tantito”. Por razones des-
conocidas, un día su madre no regresó a recogerlo al jardín infantil y
él de repente se convirtió en un huérfano o en un niño abandonado.
Después de vivir en un orfanato por un tiempo, el muchacho escapa
del lugar y termina en la vecindad, un bloque o manzana dividido
por su propietario en departamentos o viviendas para inquilinos de
bajos ingresos. Allí el Chavo encuentra refugio con “una señora muy
viejita” en el apartamento número 8; no obstante, cuando la señora
fallece, él se convierte en un niño desamparado al que sus amigos le
ofrecen albergue por turnos (p. 27). Por lo tanto, de acuerdo al mismo
personaje, el mote o apodo se deriva del lugar en el que inicialmente
se alojó al llegar a la vecindad.
La historia del Chavo no es nada nuevo. De hecho, pienso que par-
ticipa de una larga tradición literaria que se originó en España hace
más de cuatrocientos años con la publicación de El Lazarillo de Tor-
mes , una novela en la que Lázaro, el pregonero de la ciudad de Toledo
en España, recuerda su vida y, en primera persona, nos cuenta su
historia desde la infancia. Con respecto a su nombre nos dice: “A mí
llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez,
naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro
del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre” (2000, p. 12).
Hoy en día en España, y América Latina, donde se usa los apellidos
paternos y maternos, su nombre completo sería Lázaro González Pé-
rez, pero en la obra se identifica por una combinación de su nombre
de pila y el topónimo que da nombre al río junto al que nació. Cuan-
do tiene solo ocho años, la misma edad que el Chavo, Lázaro pierde
a su padre y queda al cuidado de su madre, que luego lo entrega a un
ciego para que sea su “guía” y criado.
102
De la novela picaresca a El Chavo del 8
En conclusión
Bibliografía
115
Carlos Aguasaco
Mast, G. (1979). The Comic Mind: Comedy and The Movies. Chicago y Lon-
dres: The University of Chicago Press.
Quevedo, F. (2000). La vida del Buscón llamado Don Pablos. Madrid: Cátedra.
Romero. J.R. (2007). La vida inútil de Pito Pérez. Caracas: El perro y la rana.
Sinclair, J. (1999). Latin American television: a global view. Oxford and Nue-
va York: Oxford University Press.
116
De la novela picaresca a El Chavo del 8
Starr, P. (2004). The Creation of the Media: Political Origins of Modern Com-
munications. Nueva York: Basic Books.
117
Chespirito cruza fronteras: Encuentro
entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
Limarys Caraballo
1
Pepito puede haber derivado de la serie del cómic homónimo de Luciano Bottaro,
aunque no he encontrado una conexión explícita entre la versión italiana de este per-
sonaje y la versión cubana de Pepito.
120
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
forma a las identidades construidas por sus “actores”. Como las iden-
tidades son fluidas y se construyen en el contexto de las interaccio-
nes de un individuo dentro de un mundo figurado, las culturas que
median a los mundos figurados también son dinámicas y cambian
continuamente.
Como he postulado, la noción de “culturas-en-transición” evoca
las múltiples maneras en las que la cultura, así como las identidades
que recursivamente las moldean e informan, interactúan con facto-
res como la clase socioeconómica, la política y la ciudadanía (Caraba-
llo, 2012). Por ejemplo, esta problemática atraviesa los debates actua-
les sobre la ciudadanía en América Latina, que abarcan temas de la
política de identidad hasta la conexión entre la diversidad cultural,
la identidad y la ciudadanía en las experiencias de los migrantes lati-
nos, en los cuales los procesos de globalización frecuentemente son
invocados como una forma de conceptualizar las ideas cambiantes
sobre la ciudadanía (Dagnino, 2005). Sin embargo, como argumenta
Guerra, para personas de color cuyas comunidades se ven afectadas
por la inmigración, las nociones globalizadas de identidad pasan por
alto la realidad y la importancia del cruce continuo de fronteras figu-
rativas y literales en comunidades de inmigrantes. Guerra propone
el concepto de ciudadanía transcultural como una persona que “po-
see más poder explicativo que ciudadanía global... para poder enten-
der nuestro compromiso con las identidades y contextos culturales
tanto globales como locales” (2016, p. 85).
Como tal, un mundo figurado existe en relación a otros límites y
contextos culturales, como los que están determinados por las afilia-
ciones locales, nacionales o étnicas de un individuo, y que entonces
forman parte de lo que cuenta como humor en los grupos culturales
al igual que más allá de ellos. La comedia de Chespirito es icónica
en su capacidad de reemplazar las fronteras nacionales y regiona-
les, lo que lleva a su asociación con una identidad latinoamericana
más amplia. Sin embargo, la idea de una identidad latinoamerica-
na puede ser problemática cuando oscurece el carácter situado de
nuestras experiencias, incluyendo nuestras experiencias de humor.
122
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
2
Las reseñas están disponibles en: www.imdb.com/title/tt0222541/reviews?ref_=-
tt_urv y http://www.imdb.com/title/tt0229888/?ref_=nmbio_mbio.
3
Los temas en estos análisis van desde una consideración informal de la personali-
dad de “superhéroe” (Saldaña) a un estudio de la metacognición de patrones lingüís-
124
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
125
Limarys Caraballo
Pepito, our eternal rogue child, has been to the moon, to hell, to the
Vatican and has, on several occasions, crossed the straits of Florida.
From his guilt-innocence he has suggested irreverent solutions and
on more than one occasion he has been more lucid than the analysts
and the academics. [Pepito, nuestro eterno niño rebelde, ha estado
5
En español, un rompecabezas es una palabra compuesta de “romper” y “cabeza”.
Como no hay una palabra similar en inglés, el chiste se pierde en la traducción.
126
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
127
Limarys Caraballo
Al referirse a los nuevos chistes que serán “lanzados” para la visita del
presidente y los nuevos productos que los vendedores estrenarán, Sán-
chez también está abordando implícitamente la generatividad de este
humor, la agencia creativa que conduce al chiste o artículo conmemora-
tivo recién acuñado para la venta. Mientras que el personaje de Pepito es
escrito de forma continua y colaborativa por quienes cuentan sus chis-
tes, el Chavo de Chespirito, entre otros personajes, fue su propia crea-
ción. La conexión entre el humor, las identidades y las culturas se ma-
nifiesta así en las experiencias del público de Pepito y el Chavo, como se
ejemplifica en las narraciones de los participantes en esta investigación.
6
Muchos artículos en Generación Y, así como sus blogs y sitios asociados dentro de la
plataforma más amplia de 14 y Medio, están disponibles en traducción. El blog ha sido
traducido y actualizado, incluso durante los bloqueos gubernamentales del acceso de
los escritores y cierres de sus sitios, por una red de contribuyentes fuera de Cuba. Sán-
chez regularmente enviaba correos electrónicos con sus publicaciones, lo cual lograba
pasando por turista y comprando acceso (muy costoso) en los cibercafés de La Habana.
128
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
Aunque Portelli (2003) sugiere que “las fuentes orales nunca son
anónimas ni impersonales, como los documentos escritos pueden
serlo a menudo” (p. 14), porque estos escritos fueron creados para
este propósito, los testimonios transmiten un paso adicional en lo
que Bruner describe como “procesos de selección” (1971, p. 6) a me-
dida que cada persona reconstruye y registra sus recuerdos e impre-
siones, reflejando las decisiones tomadas sobre qué recuerdos com-
partir y/o qué episodios o chistes contar. Puse especial énfasis en las
narrativas co-construidas por los participantes y yo misma, así como
sus referencias reales a los temas de Chespirito y Pepito, mientras
buscamos dar sentido a nuestras experiencias como inmigrantes de
países latinoamericanos y latinos de primera generación en los Esta-
dos Unidos (Clandinin y Connelly, 2000; Connelly y Clandinin, 1990).
Si bien la conceptualización de las culturas-en-transición de múlti-
ples generaciones de inmigrantes de varios países hace que la identi-
dad latinoamericana sea problemática, podría decirse que existe un
poder discursivo en la construcción atribuida de ser “latino” en los
Estados Unidos. Cuando grabé notas sobre conversaciones con fami-
liares y amigos como participantes y revisé las cartas y anécdotas
que me enviaron, las analicé a través de un proceso iterativo de selec-
ción de los temas que se repitieron en múltiples narrativas (Bogdan
y Biklen, 2007).
7
Aunque los participantes tienen una variedad de antecedentes, al momento de es-
cribir esto, todos viven en los Estados Unidos, de manera permanente o transitoria.
131
Limarys Caraballo
Supe que Maite y sus hijas cuando salieron de Cuba fueron a vivir a
México por muchos años y gozaron del programa de El Chavo del 8 y
8
Esta observación es algo problemática, dado que gran parte de la “comedia” física
en El Chavo del 8 involucra golpes, puñetazos y bofetadas. En este contexto, sin embar-
go, mi madre enmarca la “violencia” como lo que lleva a la muerte y al derramamien-
to de sangre, como en los géneros de acción.
132
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
Recuerdo haber visto ese episodio con mis padres cuando era muy
joven y me sentía exasperada porque era tan obvio que el ladrón
era el Señor Hurtado (hasta su nombre lo delataba, derivado de
9
A diferencia de otros países latinoamericanos, que tenían acceso a servicios inter-
nacionales similares, canales de televisión y transmisiones de radio, la televisión y la
radio cubanas son estrictamente censurados por el gobierno, que limita la programa-
ción disponible en la isla.
133
Limarys Caraballo
10
Ilan Stavans, profesor de cultura latinoamericana en Amherst College, señaló que
su padre fue actor invitado en El Show de Chespirito.
136
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
11
Una alusión a la Revolución Cubana en que Fidel Castro llegó al poder en 1959.
12
En español, regla [ruler] también se refiere al ciclo menstrual de una mujer.
137
Limarys Caraballo
El tema del programa era el solar, como le decían en Cuba a las casas
de los interiores, o sea que no daban frente a la calle, y en México le
dicen vecindad. Sin lugar a dudas, estos tipos de programas son muy
buenos, pues tratan de la vida cotidiana de la gente de a pie, o sea, la
clase trabajadora. (Teresita).
13
Por ejemplo, aunque las tasas de desempleo en México son típicamente altas, la
falta de ingresos de Don Román refleja un debate recurrente sobre cómo las tasas de
desempleo en México se calculan y en qué consiste estar empleado, si los pequeños
empleos que no proporcionan un ingreso estable cuentan como status de estar em-
pleado (Fleck y Sorrentino, 1994).
140
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
14
Esta es la frase pronunciada por cada “víctima” que El Chapulín Colorado rescata.
142
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
Como tal, los encuentros con el idioma y la cultura, a través del en-
tretenimiento popular, las anécdotas familiares y las interacciones
con los medios están llenos de oportunidades para ejercer dominio
en la construcción de identidades como ciudadanos transculturales,
no solo el consumo de narrativas existentes de nacionalidad y ciu-
dadanía latinoamericana. Repensar la ciudadanía de esta manera,
como consecuencia de la producción de identidades, y no al revés,
también nos desafía a pensar críticamente sobre los discursos pú-
blicos, como los relacionados con la globalización y el pluralismo.
Como afirma Guerra, “necesitamos ir más allá de las limitaciones in-
herentes que el término ciudadanía global nos impone a todos en su
emisión involuntaria de lo local” (2012, p. 85).
De esta manera, el humor de Chespirito resuena con tales nociones
de ciudadanía e identidades transculturales, ya que los espectadores de
varias generaciones y naciones comparten experiencias similares con
los programas, como las de las personas en mi grupo de investigación
narrativa. Sin embargo, estos recuerdos también transmiten la natura-
leza situada de nuestras interacciones con los personajes de Chespiri-
to y los chistes de Pepito, por ejemplo, ya que se basan en sus propios
contextos sociales y políticos locales. Presagiando un renacimiento más
público de agencia y participación en un país donde la ciudadanía se
redefine continuamente, Pepito está regresando a Cuba y el atractivo de
los bocetos de Chespirito es muy interesante discutir en los lugares don-
de sus bocetos sean bien conocidos. A pesar de la observación de Sán-
chez (2016), casi diez años antes sobre el aislamiento gradual de Pepito
hacia el margen, en la reciente visita del Presidente Obama, muchos lo
recibieron de nuevo con gusto al centro del escenario:
Esta mañana, durante unas horas, la gente dejará de lado las conversa-
ciones sobre los altos precios de los alimentos y las quejas sobre el colap-
144
Chespirito cruza fronteras: Encuentro entre El Chavo del 8 y Pepito en el exilio
Bibliografía
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148
El Chavo del 8 como un “público íntimo”
en Venezuela: ¿qué pasó con la Buena
Vida?*
Erica Colmenares
149
Erica Colmenares
ancho del país durante la década de 1970 (Ellner y Tinker Salas, 2005;
Lander y Fierro, 1996; Lander, 2005). Estas condiciones generaron
grandes expectativas de una mejor vida y “hundieron raíces profun-
das en el modo de pensar venezolano”, creando entre la población “la
autopercepción de una sociedad democrática e igualitaria” (Lander,
2005, p. 26). El optimismo pareció afianzarse y la “tesis del excepcio-
nalismo venezolano” empezó a arraigarse en la psiquis colectiva. Los
sectores populares de la sociedad, incluyendo a la mayor parte de la
fracción urbana (en la que prevalecían la clases baja y media-baja),
probablemente avizoraban un ascenso social. Y con esta posibilidad
en el horizonte, el apego a la buena vida, o al menos a una vida “mejor”,
cobraba sentido.
Esta esperanza y optimismo, sin embargo, tuvieron una vida
corta. Tras las fluctuaciones en el precio mundial del petróleo, la
drástica devaluación del bolívar venezolano en febrero de 1983, los
disturbios del Caracazo en 1989, y las políticas de ajuste estructural
del período 1989-1993, las condiciones económicas, sociales y políti-
cas se deterioraron (Ellner y Tinker Salas, 2005). Entre 1984 y 1991 la
pobreza casi se duplicó, al pasar del 36% al 68% (Di John, 2005; Lan-
der, 2005); la corrupción escaló, el ingreso per cápita se desplomó, el
desempleo creció velozmente y las perspectivas de cohesión social y
movilidad ascendente se desintegraron. Rápidamente, se conformó
una sociedad crecientemente dividida y polarizada, marcada por se-
gregaciones raciales y de clase cada vez más notorias. Así, de acuer-
do a Pedrazzini y Sánchez (1994), en la Venezuela de las décadas de
1980 y 1990 (es decir, la de mi infancia) emergió una “cultura de la
urgencia”: proliferaron el crimen, la ilegalidad y la economía infor-
mal. Ciertos aspectos de la crisis, que apenas una década atrás eran
difíciles de imaginar, comenzaron a volverse permanentes (Ellner y
Tinker Salas, 2005; Lander, 2005).
En este contexto, muchos venezolanos se vieron sumidos en un
impasse, o una crisis de la ordinariedad (Berlant, 2011), en la que la
confianza de su mundo (el que ya conocían, se les había prometido,
o imaginaban) comenzó a fragmentarse. El estado de precariedad,
156
El Chavo del 8 como un “público íntimo” en Venezuela: ¿qué pasó con la Buena Vida?
Sin embargo, con esto no quiero sugerir que el público íntimo crea-
do por El Chavo fue emocionalmente apuntalado para todos, o que el
show fue el único espacio de identificación y reciprocidad entre los
televidentes venezolanos de aquella época. Semejante afirmación
constituiría una negación del poder (y los efectos) del afecto, ya que
este resuena y se inscribe en los cuerpos de formas distintas, a veces
impredecibles. Seguramente existieron otros lugares de identificación
y reconocimiento, incluyendo la siempre popular telenovela venezo-
lana. No obstante, a diferencia de las telenovelas tradicionales y melo-
dramáticas que representan los padecimientos de una pareja (general-
mente blanca, etnocéntrica y heterosexual) antes de alcanzar un final
feliz, las escenas mostradas en El Chavo del 8 eran realistas y permitían
que los espectadores de distintos lugares se identificaran con ellas.
Para las clases media y alta, por ejemplo, existía un punto de identi-
ficación en la frustración de Doña Florinda de tener que vivir entre
la chusma, su decisión de permitir a su hijo Quico vivir con su abuela
para que obtuviera una mejor educación o en la exasperación del Se-
ñor Barriga ante las continuas evasiones de Don Ramón a la hora de
pagarle el alquiler, entre otros. Se trata de sitios que también pudieron
haberse constituido en fuentes de consuelo: “Bueno… al menos no me
va tan mal como al Chavo” o “Al fin y al cabo, mi vida podría ser peor…
bien podría tener el techo lleno de goteras, ¿no?” ; en fuentes de re-
dención: “(la pobreza) no es algo tan terrible, mira lo bien que la están
pasando” o “¡Mira qué simpático resultó el terrateniente rico! ¡Les lleva
regalos a los habitantes más pobres!”; en lugares de culpabilización:
“¡si la gente como Don Ramón dejara de ser tan perezosa y encontrara
un trabajo, la vida no sería tan mala!”, etcétera, etcétera. A la inversa,
para los espectadores de clase baja o media baja, el show puede haber
operado como espacio de consolación con el cual identificarse: “No
soy el único que trata de llegar al final del día”; de solidaridad: “Yo tam-
bién sé por lo que estás pasando, Chavito”; de confirmación: “También
a mí me preocupa que mis hijos salgan al vecindario por la noche por
todas las cosas malas que están pasando”, etcétera. Y para una niña
como yo, las travesuras de los jóvenes de la vecindad fueron sitios para
159
Erica Colmenares
afirmar que es uno de los únicos personajes que se las arregla para
afirmarse, aunque hasta cierto punto, en medio del impasse de la cri-
sis de ordinariedad. A través de la evasión, la persuasión, el regateo,
la manipulación y otras tácticas, Don Ramón se las ingenia para evi-
tar pagar mensualmente el alquiler de su departamento ¡a lo largo de
toda la serie! Aquí no estoy intentando glorificar ni justificar a Don
Ramón; lo que me interesa es su voluntad de cuestionar y resistir-
se a las convencionalidades (normativas) de la buena vida (Berlant,
2008). Por caso, en un episodio, cuando Doña Clotilde y Doña Florin-
da se lamentan de su imposibilidad para ir al cine debido a que “las
mujeres decentes no deberían ir a un espectáculo público solas”, un
indignado Don Ramón responde ocurrentemente “¿Y entonces por
qué no se vuelven indecentes?”. Aunque retórica, la pregunta puede
ser leída como una invitación a “vivir experimentalmente” en lugar
de “convencionalmente” (Berlant, 1998, 2008). En otras palabras, esta
escena ofrece vistazos de lo que podría ser probar cosas nuevas, prac-
ticar nuevas formas de sobrevivir, e imaginar nuevos modos de “estar
en relación” (Berlant, 2011). Esto incluye despatologizar sentimientos
negativos y arrancar de raíz los apegos normativos a las convencio-
nes sociales. El personaje de Don Ramón insinúa, de manera tanto
implícita como explícita, que tener una rabieta, enojarse o sentirse
ambivalente acerca de la propia suerte podría abrir camino para la
conceptualización de nuevas ideas acerca de cómo vivir. Al ser uno
de los dos personajes que mira periódicamente a la cámara, con lo
que se da a entender que se está dirigiendo directamente a los espec-
tadores, Don Ramón posiblemente llama a los televidentes a interro-
gar y desafiar la fantasía ilusoria de la buena vida (Berlant, 2008).
Y si bien es cierto que Don Ramón probablemente esta menos in-
teresado en cambiar el mundo que en ser derrotado por él, su incita-
ción, por pequeña que haya sido, tiene quizás el potencial para pro-
ducir formas de pensar alternativas acerca de la agencia y el cambio
(Berlant, 2008; Cvetkovich, 2012).
Semejante afirmación, sin embargo, requiere ser desentrañada.
¿Después de todo, cómo pueden reconciliarse las nociones de agencia
166
El Chavo del 8 como un “público íntimo” en Venezuela: ¿qué pasó con la Buena Vida?
Bibliografía
Berlant, L. (1998). Intimacy: A special issue. Critical Inquiry, 24 (2), pp. 281-288.
168
El Chavo del 8 como un “público íntimo” en Venezuela: ¿qué pasó con la Buena Vida?
169
Erica Colmenares
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170
Problematizando las figuras de Estado,
sociedad y sujeto educativo en la
televisión de Chespirito
Ernesto Treviño Ronzón
Atravesar la fantasía
a uno con los niños del Chavo, mientras que los adultos televidentes
lo hacen uno a uno con los adultos de la serie, pero también con su
propia niñez ya pasada y con la condición de niño de sus hijos, sus
nietos, sus sobrinos, sus vecinos o sus alumnos.
Sin rechazar del todo este tipo de lecturas, se toma distancia para
proponer otra. Una más cercana al eje de lo político. Por ello, es nece-
sario terminar de pasar por el sujeto. Se avanzará sobre esto hacien-
do referencia a dos figuras conceptuales: el atravesamiento fantásti-
co y la noción de sujeto en cuanto tal. De aquí en adelante se usarán
cada vez más como referencia algunos componentes del programa
de El Chavo del 8 –o El Chavo–, tanto en la vecindad como en la escue-
la, recorriendo algunas de sus continuidades y variaciones.
En un trabajo sobre la noción de “acontecimiento”, ese momento
que anima la irrupción de la movilidad radical en el mundo social,
Zizek (2014) explora algunas formas teóricas familiares en la filoso-
fía, el psicoanálisis y los estudios culturales y en su deliberación se
detiene en la figura de la fantasía. Para el autor, siguiendo a Lacan,
la fantasía proporciona, entre otras cosas, un marco que permite ex-
perimentar lo real como un todo significativo, su función sería soste-
ner la mecanicidad del mundo, la ridiculez de los actos de la realidad
diaria. A través de ella es posible soportar la innombrable trivialidad
cotidiana. En este plano y viendo la TV de Chespirito a través de esta
lente, es irrelevante si la vecindad no existe o si la escuela no es efec-
tiva, o si la pobreza no es risible, porque son producidas a través de
un marco narrativo que le otorga coherencia significante.
Pero si la fantasía se deconstruye, a través del acontecimiento o
el psicoanálisis, el sujeto se encuentra ante la posibilidad del sufri-
miento desestructurante o ante la posibilidad misma de atravesar
la fantasía, de identificarse plenamente con ella, funcionando como
un fondo transparente, aceptando su necesidad y estableciendo un
vínculo íntimo con ella. El atravesamiento de la fantasía o no pre-
suponen tipos específicos de fruición televisiva y sus implicaciones
para la conformación del sujeto son diferentes, pues no todos los
sujetos reciben la televisión de la misma forma y nunca lo hacen
184
Problematizando las figuras de Estado, sociedad y sujeto educativo en la televisión de Chespirito
y micro por ser abordados. Uno de ellos es la forma en que los conte-
nidos televisivos como los de Chespirito ponen en común elementos
significantes para la negociación y resignificación de instituciones,
regulaciones, estructuras comunitarias, sociales o culturales y cómo
estas, a su vez, ayudan a soportar la interacción del ciudadano con
el Estado. O en términos más simples: cómo ayudan a producir un
cierto tipo de estatalidad de forma cotidiana.
Para abordar esto es necesario un breve detour conceptual. Al res-
pecto, el contexto mexicano reciente mantiene líneas de continuidad
con el contexto de emergencia de la TV de Chespirito. Desde aquella
época y hasta la fecha el país atraviesa lo que de forma resumida se
ha llamado una crisis de Estado, expresión que agrupa procesos de
diferente alcance, por ejemplo, la incapacidad de las instituciones y
sus agentes para cumplir sus responsabilidades de alcance macro,
como la instauración de un Estado de derecho funcional, la dismi-
nución de la violencia, la pobreza, la marginación, o el cuidado de
los servicios públicos. Varios de estos marcadores de crisis presentes
durante el surgimiento de Chespirito siguen vigentes y, en la última
década del siglo XX se agregaron la corrupción y la impunidad (Ze-
peda, 2004; Le Clercq y Sánchez, 2015).
El análisis reciente del contexto mexicano ha mostrado insis-
tentemente que estos problemas no dan cuenta solo de gobernantes
corruptos o inefectivos, de políticas y programas públicos mal dise-
ñados y peor implementados, sino también del tipo de ciudadanos y
grupos que habitan el territorio y ayudan a la co-producción de esa
formación social y estatal. Es decir, la narrativa de la crisis estatal
se ha venido completando y superponiendo, con una más reciente
sobre sujetos-ciudadanos “ausentes”, que históricamente han busca-
do soluciones paralelas, informales y hasta ilegales para resolver sus
problemas, creando efectos que desactivan la creación de beneficios
colectivos y la modificación del Estado.
Esto incluiría a los propios agentes estatales, pero también a pa-
dres de familia, a jóvenes, a empresarios y comerciantes, médicos,
maestros, abogados, a los habitantes de comunidades, colonias y
189
Ernesto Treviño Ronzón
Bibliografía
202
Problematizando las figuras de Estado, sociedad y sujeto educativo en la televisión de Chespirito
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Ernesto Treviño Ronzón
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205
Educación mediática sin querer queriendo
José Carbajal Romero y Dulce María Cabrera
1. Educación mediática
El análisis sobre las interacciones que ocurren entre los sujetos y las
tecnologías, particularmente aquellas vinculadas con los medios de
comunicación se ha realizado desde distintos enfoques (Eco, 1984;
McLuhan y Powers, 1995; Sartori, 1998).
Desde hace algunas décadas, los procesos tecnológicos vincula-
dos con el procesamiento y puesta en común de información, abrie-
ron el debate acerca de la singularidad de lo educativo dando paso
a procesos de expansión que descentran a la educación del espacio
escolar y la llevan a otras agencias sociales, distantes por su origen
y funciones de los procesos de enseñanza-aprendizaje escolarizados
(Carbajal, 2003: p. 56).
Nuestro trabajo se inscribe en este debate y sostiene que lo educati-
vo concierne a la formación, es una producción inédita que escapa a la
voluntad del sujeto y consiste en articular referentes que proceden de
órdenes diversos, su configuración implica un ejercicio político en el
que concursan fuerzas y elementos significantes, que se conjuga con
otros procesos subjetivos como la identificación y el reconocimiento.
Podríamos decir que “lo educativo constituye e instituye el espacio de
formación de sujetos, es entonces, un espacio político donde ocurren
los procesos de identificación” (Carbajal, 2003: p. 57).
209
José Carbajal Romero y Dulce María Cabrera
Intermezzo
En estos párrafos nos interesa mencionar que esta figura tiene com-
ponentes variados cuya combinación no depende exclusivamente de
la televisión sino de los sujetos. En la sección anterior mencionamos
algunos aspectos relacionados con la figura del Chavo, como una fi-
gura compleja generada desde los mass media, ahora abordamos las
imágenes del Chavo como producciones subjetivas secundarias (de
Certeau, 2000). Esto significa que la producción de las imágenes por
los sujetos altera aquello ofrecido por la televisión e incide en la con-
figuración de nuestras representaciones. Al afirmar que lo educativo
ocurre por el medio atribuimos al sujeto la capacidad de construir la
figura del Chavo al mismo tiempo que este produce al sujeto.
El efecto mediático es interesantísimo porque la serie se transmi-
tió de 1971 a 1980 como programa independiente, desde 1981 hasta
1995 se incorporó al programa “Chespirito” en el que se presentaban
capítulos sueltos (Gómez Bolaños, 2007). Después de 1995 no hubo
ningún capítulo nuevo que pudiera actualizar los referentes socio-
culturales del contexto mexicano en el programa de televisión. En
ese sentido, la serie logró capturar elementos de la cultura popular
y mantenerse “sin cambios” durante cuatro décadas. El reconocido
programa hizo suyas muchas de las formas emblemáticas de la po-
breza que todavía son observables en las vecindades de la Ciudad
de México. Además consiguió la aceptación de públicos ubicados
214
Educación mediática sin querer queriendo
3. La educación en el medio
En ese orden de ideas, este autor nos ayuda a observar que la televi-
sión como un dispositivo (análogo al panóptico) no solo opera pro-
poniendo identificaciones en los espectadores de acuerdo a algún
contenido ideológico, económico y/o social; el medio también inci-
ta a otro tipo de prácticas que de Certeau llama “antidisciplinarias”
(2000, p. 45). Desde nuestro punto de vista esas prácticas pueden
ser aisladas y precarias, no son intencionales, pero van en contra
los patrones culturales dominantes de ellas, su función consiste en
mostrar que desde el otro lado de la pantalla se producen contenidos
distintos de aquellos lanzados en el medio de comunicación.
[El Chavo] calzaba un par de zapatos del llamado tipo "minero" que
evidentemente habían pertenecido a un adulto. Pero lo más caracte-
rístico de su atuendo era la vieja gorra con orejeras, las que en tiem-
po de frío le debían haber sido de no poca utilidad, pero… en pleno
verano, no hacían sino acentuar lo grotesco de su figura (Gómez Bo-
laños, 1995, p. 2).
Bibliografía
229
José Carbajal Romero y Dulce María Cabrera
230
Coda: Conexiones y reverberaciones de El
Chavo del 8*
Erica Colmenares y Daniel Friedrich
231
Erica Colmenares y Daniel Friedrich
Da Capo
1
David Graeber (2015) muestra persuasivamente cómo la burocratización de las uni-
versidades en los EE.UU. ha “estrangulado” toda “imaginación” y “creatividad” (p. 134).
Este autor afirma que: “Hubo un tiempo en que la academia fue el refugio social para
los excéntricos, brillantes, e imprácticos. Ya no más. Ahora es el dominio de los profe-
sionales del venderse a sí mismos. En cuanto a los excéntricos, brillantes e imprácti-
cos, pareciera que la sociedad no les destina ningún lugar” (pp. 134-135). Más aún, y de
particular relevancia para este libro si se toma en cuenta cuánto nos basamos en su
trabajo, Graeber afirma que si las encarnaciones contemporáneas de Gilles Deleuze,
por ejemplo, aparecieran hoy en la academia estadounidense, probablemente nunca
hubieran logrado siquiera graduarse en el colegio. Incluso si un Deleuze contempo-
ráneo encontrara un camino para concluir milagrosamente su carrera y obtuviera
232
Coda: Conexiones y reverberaciones de El Chavo del 8
233
Erica Colmenares y Daniel Friedrich
2
Se trata del disfraz que viste uno de los personajes de Roberto Gómez Bolaños, el
Chapulín Colorado.
234
Coda: Conexiones y reverberaciones de El Chavo del 8
3
El 2 de octubre de 1968, recordamos a los lectores, entre 30 y 300 personas, inclu-
yendo estudiantes, fueron asesinadas por la policía y el ejército mexicanos en el área
de Tlatelolco en la Ciudad de México.
237
Erica Colmenares y Daniel Friedrich
4
Para Deleuze y Guattari (1986) Kafka fue un precursor de la “literatura menor”. Es-
tos autores le dan crédito por dar “nuevo rostro” a la literatura, cambiando “tanto el
remitente como su receptor” (Bensmaïa, 1986, p. XIV).
238
Coda: Conexiones y reverberaciones de El Chavo del 8
5
Deleuze no oculta su desprecio por los clichés y shows televisivos.
239
Erica Colmenares y Daniel Friedrich
Coda
Bibliografía
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Coda: Conexiones y reverberaciones de El Chavo del 8
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Las autoras y los autores
248