La Magia de Las Palabras
La Magia de Las Palabras
La Magia de Las Palabras
FOR
ISABEL ALLENDE
todas gratis, palabras cortas, largas,;- blancas, negras, alegres como campa-
na, amigo, beso, o terribles como viuda, sangre, prisidn. Infinitas palabras
para combinarlas a mi antojo, para burlarme de ellas o tratarlas con res-
peto, para usarlas mil veces sin temor a desgastarlas. Estan alli, al alcance
de mi mano. Puedo echarles un lazo, atraparlas, domesticarlas. Y puedo,
sobre todo, escribirlas.
Es muy poco elegante que tome como ejemplo mi propia obra para
hablar de vivencias que supongo son comunes a casi todos los escritores.
Lo hago porque es el caso que tengo mas cerca, el que mejor conozco;
asi es que les suplico ser tolerantes.
Escribi La casa de los espiritus como un exorcismo, una forma de
sacarme del alma los fantasmas que lievaba por dentro, que se me habian
amotinado y no me dejaban en paz. Pens6 que si lograba ponerlos por
escrito les daria forma para que vivieran sus vidas, pero tambi6n los haria
prisioneros y los obligaria a cumplir mis leyes. De manera muy primitiva,
le atribuf a la palabra el poder de resucitar a los muertos, reunir a los
desaparecidos, reconstruir el mundo perdido.
Despu6s del golpe militar en Chile, el 11 de septiembre de 1973, un
hachazo parti6 el destino de millones de chilenos y tambien el mifo. No
voy a referirme aquf a la violencia de la dictadura, que no difiere mucho
de otras tiranias en nuestro mundo atormentado, ni al dolor de mi familia,
porque otros han sufrido y sufren mucho mis. La tragedia de America
Latina no se puede contar en casos particulares. Es un solo terrible lamen-
to. Desde los picos australes de Chile hasta la verde naturaleza de Centro-
america, a lo largo y ancho de esa tierra impera la desigualdad social, el
colonialismo, la miseria, la ignorancia, las lagrimas y la sangre vertida.
No pude adaptarme a la dictadura. Junto a miles de chilenos, abando-
n6 mi pais con mi compafiero de toda la vida y nuestros hijos. Nos acogi6
Venezuela, calida y generosa. Alli encontramos trabajo, amigos, un hogar.
Sin embargo, lejos de mi tierra me sentia moribunda, como un arbol al
cual le cortan sus raices, como un pobre pino de Navidad. Por largo tiem-
po, la nostalgia me paraliz6, pero poco a poco las heridas comenzaron a
sanar y el aire libertario de mi nueva patria consol6 mi alma. Entonces
senti la necesidad de expresar mis sentimientos, mis vivencias, que eran
similares a las de tantos latinoamericanos en la misma situaci6n. Quise
recuperar lo perdido: el paisaje de mi infancia, el pasado que la mala me-
moria estaba borrando, las gentes que am6 y tuve que abandonar. Desea-
ba aprisionar esos recuerdos para siempre.
Y asi, un dia de enero de 1981, coloqu6 una hoja en blanco en la
miquina y escribi: <Barrabds lleg6 a la familia por via maritima...>, y
segui escribiendo y escribiendo sin pausa durante un afio, hasta que ter-
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min6 la pagina nimero 500 con las mismas palabras con que comenc6 la
primera.
Mientras trabajaba no pens6 que ese libro podria cambiar mi destino.
No tenia ninguna experiencia con la literatura. Es verdad que a trav6s del
periodismo y el teatro habia descubierto el valor de las palabras, pero ni
aun en los suefios mas extravagantes sospech6 la repercusi6n que puede
tener un libro. No sabia que Esteban Trueba y los otros espiritus de esas
paginas le darian una insospechada dimensi6n a mi existencia.
El libro fue publicado por Plaza y Janes en Espaia, en otofio de 1982.
Cuando lo vi sobre un mes6n de libreria senti que me flaqueaban las
piernas. La emoci6n de tenerlo por primera vez en las manos fue muy
parecida a la que tuve en el momento de tomar en brazos a mis hijos al
nacer.
Para esa fecha, en Chile ya no quemaban libros pdblicamente en las
calles y plazas, como al comienzo de la dictadura, pero existia una infle-
xible censura amordazando todos los medios de comunicaci6n y las expre-
siones del arte. Sin embargo, la autoridad no siempre tiene 6xito en su
prop6sito de poner grilletes a las palabras. Las palabras prohibidas son
astutas, aprenden a moverse en la sombra, se introducen entre lineas, usan
claves y simbolos, se deslizan en las canciones y en los chistes, van de
boca en boca y asi consiguen transmitir las ideas y escribir la historia se-
creta, la historia oculta y verdadera de la realidad. Asi lo hemos compro-
bado en America Latina. Para las dictaduras es fundamental el control
de la opini6n ptblica, y creen lograrlo silenciando o manipulando la in-
formaci6n. Pero una virtud extraordinaria del lenguaje es que no se deja
utilizar. Tarde o temprano las ideas se rebelan, revientan sus camisas de
fuerza y se vuelven contra quienes intentaron burlarse de ellas. Eso esti
ocurriendo en Chile y en otros paises que soportan tiranias. Un largo apa-
g6n cultural ensombreci6 a la naci6n que durante cien afios estuvo a la
vanguardia del pensamiento latinoamericano, pero, a pesar de las drasticas
medidas, las palabras andan sueltas por la calle, uniendo a las gentes y
remeciendo conciencias.
La mas sorprendida con la buena acogida que tuvo La casa de los
espiritus en Espafia y en muchos otros paises de lengua castellana fui yo.
Me conmovi6 mucho que los personajes de mi libro pasearan por el mun-
do contando su historia a tantos lectores benevolentes. Me daba listima
pensar que no entrarian a mi patria, pero lo acept6 como un hecho in-
evitable. Jamds imagine que muchos chilenos desafiarian a la policia para
introducir algunos ejemplares al pais. Viajeros audaces lo disimularon en
su equipaje; otros fueron enviados por correo sin tapas, o partidos en
dos o tres pedazos para que no pudieran identificarlos al abrir los sobres.
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Conozco a una joven madre que pas6 varios libros por la aduana ocultos
en una bolsa de pafiales de su reci6n nacido. No se cuantos entraron asi,
burlando a la censura. No creo que fueran muchos, pero adentro se mul-
tiplicaron en fotocopias que circulaban de mano en mano. Me contaron
que habia listas para leerlo por turno y que algunas personas lo ofrecian
en alquiler.
Meses despues, presionado por la opini6n ptblica internacional, el go-
bierno militar consider6 necesario levantar la censura de libros para me-
jorar su imagen. Esa nueva disposici6n permiti6 la entrada al pais de
textos proscritos durante diez afios. Algunos libreros levaron La casa de
los espiritus, que fue acogida con carifio por mis compatriotas.
Si los espiritus ben6ficos de mi libro han cumplido su misi6n, es
posible que mostraran parte de la verdad a algunos que no desean verla.
Me han dicho que la novela esta de moda en Chile y que hasta los mas re-
accionarios la leen, para no desentonar. Deben de pasar de prisa los ilti-
mos capitulos, sobre el terror del golpe militar, pero es posible que algo
quede en sus corazones. En ese caso habr6 contribuido de alguna manera
al conocimiento de la dramatica realidad de nuestra tierra, donde unos po-
cos son due-ios de toda la riqueza y la inmensa mayoria restante vive en la
miseria. La inica forma de aceptar una situaci6n asi, para cualquier per-
sona que posea un minimo de decencia, es ignorar la verdad. Para disfru-
tar de los privilegios con tranquilidad es mejor no saber. El otro dia, por
ejemplo, recibi una carta de un lector que pertenece a esa oligarquia do-
rada que propicia el militarismo. Es una carta amable en la cual mani-
fiesta que le gust6 mi libro y espera que siga escribiendo, pero que, por
favor, no toque temas sociales o politicos, porque es desagradable y puede
acarrearme enemigos. Me qued6 pensando en ese miedo tremendo que
algunas personas sienten ante las palabras. No temen la violencia, la in-
justicia o la pobreza contenidas a presi6n en un caldo terrible que un dia
explotara. S61l temen que se hable de ello y, mucho mas, que alguien lo
escriba.
Cuando termin6 La casa de los espiritus no sospech6 que habia tejido
una telaraia que se extenderia por lejanos territorios, uni6ndome en es-
trecho abrazo con tantos lectores. No digo esto en un sentido figurado.
Me refiero a un abrazo real, fraterno, formidable. El hecho de estar hoy
aqui, tan lejos de mi casa, conversando con ustedes en esta Universidad,
demuestra el increible alcance que pueden tener las palabras escritas.
Cada dia voy al correo, y la viejita que atiende el mes6n me entrega la
correspondencia con una sonrisa de complicidad. Son cartas de lectores
desconocidos que al volver la iltima pigina de La casa de los espiritus
sintieron el impulso generoso de comunicarse conmigo. Una vez alguien
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