Articulo La Memoria de La Tierra en El Peritaje Histórico

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LA MEMORIA DE LA TIERRA EN EL

PERITAJE HISTORICO: EL JUICIO CONTRA


EL LONKO VICTOR QUEIPUL1

Martín Correa Cabrera2


1. Resumen:

El día 25 de septiembre de 2014 la comunidad mapuche Epuleo Coñomil, “Collico”, ingresó


a realizar una ceremonia al predio particular Chamichaco, predio que forma parte de las
‘tierras antiguas’ y de la demanda territorial de dicha comunidad, oportunidad en que
solicitaron la presencia del Lonko de la vecina Comunidad Autónoma de Temucuicui, Víctor
Queipul.

La actividad fue desalojada por carabineros, el Lonko Queipul y otros mapuche fueron
detenidos y demandados por ‘usurpación’ ante el Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli,
contexto en el cual la defensa del Lonko me solicitó realizar un informe pericial histórico que
pudiera dar cuenta del contexto histórico y antropológico de la acción de la cual se le acusa,
de la historia del territorio demandado y del papel de la autoridad ancestral en dicha
actividad, que es el que aquí se presenta.

En este contexto, la Memoria de la Tierra, y los elementos que la componen, se ha


constituido en base legítima y argumento para las demandas territoriales mapuche.
El Informe consta de una descripción de la Metodología de Investigación utilizada, como
también de los hechos de los que se acusa al Lonko Queipul, de su calidad de autoridad
ancestral, de su importancia para las comunidades del sector, del contexto histórico y
territorial de la comunidad Coñomil Epuleo, y de las conclusiones a las que se arriba.

Palabras claves: Informe Pericial - Historia – territorio mapuche - Memoria de la Tierra

1
Los antecedentes aquí expuestos forman parte de la Tesis de Magister en Antropología de la Universidad Católica del Norte,
titulada “La memoria de las tierras mapuche antiguas”, Martín Correa C. (2012) y del Proyecto FONDECYT 1141077 “Estado y
violencia hacia los pueblos aymara, atacameño y mapuche (1883-1990)”.
2 martinkorrea@gmail.com

1
PERTINENCE OF TERRITORIAL MEMORY REGARDING EXPERTS REPORT:
THE TRIAL AGAINST LONKO VICTOR QUEIPUL

Summary:

On September 25th, 2014, the Epuleo Coñomil (“Collico”) Mapuche community members
arrived to the private property domain named Chamichaco in order to perform a traditional
ceremony. This domain belongs to what the community recognizes and has demanded as
“ancient territories”. During the ceremony they required the presence of the Lonko (chief) of
the neighboring Temucuicui Autonomic Community, Victor Queipul.

The activity was interrupted and evicted by the police (Carabineros), and Lonko Queipul and
other Mapuche were arrested and processed as “trespassers” at the Collipulli’s Court House
(Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli). It was in this context that the Lonko’s defense
asked for my participation as an expert in order to provide a detailed report on the historic
and anthropological contexts of the situation that derived into his arrest, as well on the history
of the demanded territory and the role of the ancestral authority during such ceremonies.
This report is here developed.

In this context, the Territorial Memory and all the elements that are included in it have
become legitimate basis and solid arguments regarding the Mapuche territorial demands.
The report includes a description of the Research Methodology used, as well as an
interpretation of the reasons for the presence of the accused during the events, the
importance of Victor Queipul for the communities of the compromised region, the historic
and territorial context of the Coñomil Epuleo community and the conclusions to which one
may arrive.

Key Words: Experts Report – History – Mapuche territory - Territorial Memory

2
2.- INTRODUCCION

El Informe Pericial Histórico Territorial que da origen a este trabajo es el resultado de la


solicitud de una autoridad ancestral mapuche y de su equipo de defensa en relación a la
realización de un estudio detallado del historial territorial de un predio particular objeto de
demanda mapuche, y al cual un conjunto de familias mapuche ingresaron a realizar un
trawún (reunión), para luego ser desalojadas por Carabineros.

En dicha actividad fue detenido Víctor Queipul Hueiquil, lonko de la Comunidad Autónoma
de Temucuicui, emplazada en la comuna de Ercilla y vecina al predio Chamichaco, a quien
posteriormente se le acusó ante el Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli del delito de
usurpación, por ingresar sin autorización a un predio particular.

La situación descrita no es para nada nueva. Tanto la denuncia y demanda por usurpación,
realizada por el propietario legal del predio lo son, como tampoco lo es el ingreso de familias
mapuche a un espacio territorial que consideran como ‘propio’, respecto del cual tienen una
vinculación por formar parte de las ‘tierras antiguas’, del que nunca se enajenaron y que
forma parte de la memoria histórica y del mapa mental comunitario.

Ahora bien, así como la demanda territorial mapuche ha desbordado el ámbito del gobierno,
de un tiempo a esta parte también se ha instalado en los tribunales, y es precisamente el
argumento de la legitimidad del acceso a las ‘tierras antiguas’ el que le ha saltado a la
palestra argumentativa. Ejemplos hay por montones: la demanda de Forestal Mininco
contra José Huenuche y José Cayupi, por las tierras antiguas las familias mapuche del Lleu
LLeu, y que pasaron a formar parte de la Hacienda Huentelolén; la demanda de usurpación
presentada por particulares contra el werken de la comunidad de Ranquilco Rodrigo
Curipan, en el Bajo Malleco, por demandar la restitución de las tierras del antiguo Lonko
Manuel Pillan; la demanda de usurpación presentada contra los miembros del Lof Marriao
Collihuinca, en Rio Bueno, por realizar una ceremonia en las tierras antiguas de Pascuala
y Pedro Marriao, cuyas tierras fueron inscritas por particulares en el no tan lejano 1895; las
tierras demandadas y hoy ocupadas por las familias mapuche de Temucuicui, luego de
múltiples desalojos y demandas interpuestas por René Urban, también ‘tierras antiguas’;
las tierras demandadas y ocupadas por las familias mapuche de Antilhue y Quilche,
usurpadas ‘legalmente’ hacia 1885 por las familia Stegmaier, Mera y García, entre otros.

Cada uno de los ejemplos citados corresponde a demandas territoriales de dominios


antiguos, que continúan vivos en la memoria comunitaria, memoria que constituye la base
de sus demandas, la mayor de las veces complementaria con antecedentes documentales.
Lo anterior ha significado para los demandados mapuche la decisión argumental de
reconocer que se ha ingresado al predio en conflicto -actualmente en dominio particular- y
asumir con ello el que se ha incurrido en un acto penado por la legislación, pero en base a
un acto pleno de legitimidad.

Así entendido, mientras los propietarios particulares plantean que los demandados
ingresaron al predio de su defendido sin autorización, la defensa alega que el origen de la
propiedad particular se basa en el desconocimiento administrativo y legal de la antigua
posesión mapuche del espacio territorial en conflicto, y que la decisión de las familias
mapuche de recuperar las tierras ‘que consideran suyas’ se basan en la tradición oral, en
la memoria compartida, en los relatos de cronistas, en las memorias del Ministerio de

3
Guerra e incluso en los propios documentos que constituyen el origen la propiedad
particular en cuestión, y de los cuales se remontan los títulos de propiedad actuales.

En conclusión, los Informe Periciales Histórico Territoriales han comenzado a ocupar un


espacio en los tribunales, un espacio en que se busca develar el contexto en que se
desarrolla una acción comunitaria que tiende a recuperar territorios ancestrales mapuche,
y que va más allá del ´delito’ contra la propiedad privada, porque precisamente pone en
cuestión la legitimidad de dicha propiedad, propiedad que se origina –la mayor de las veces-
en un acto ilegítimo recubierto de legalidad.

3.- ANTECEDENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRAFICOS

Víctor Queipul Hueiquil es Lonko de la Comunidad Autónoma de Temucuicui, emplazada


en la actual comuna de Ercilla, y como autoridad ancestral ha participado en diversas
actividades en las comunidades vecinas, tanto de tipo religioso cultural, como son el
Nguillatún y el Palín, como político territoriales, trawun y recuperación de tierras antiguas.
La referencia a autoridad ancestral tiene una extensa bibliografía, y se remonta a la época
colonial. Ejemplo de ellos es lo que describe Ruiz (2003), al señalar que ya

Hacia fines del siglo XVI el pueblo mapuche llegó a consolidar una organización estructural basada en
comunidades o Lof, las que se agrupaban en Aillarehues y éstos en identidades territoriales regionales,
llamadas Fütanmapu. Los representantes de todas estas organizaciones locales se reunían para las
decisiones más importantes y de interés general en el Gran Consejo, por medio de asambleas o
Parlamentos llamados Fütakoyag. En consecuencia, el Consejo mapuche tiene sus orígenes en las
asambleas de comunidades convocadas por los Longko, desde tiempos prehispánicos . (Ruiz: 2003)

En este contexto, debe entenderse que el Lonko Víctor Queipul es una autoridad ancestral
del pueblo mapuche, no solo de su comunidad, y en tal sentido se explica también su actuar
como vocero de la extendida Huelga de Hambre de los Presos Políticos Mapuche, en el
año 2010, así como su participación en múltiples gestiones ante autoridades regionales y
nacionales acompañando demandas territoriales de su comunidad y de otras comunidades,
entre las cuales rescatamos la demanda contra el estado chileno presentada el 10 de
diciembre de 2013 en el Tribunal de Collipulli por la propia Comunidad Coñomil Epuleo,
para exigir la restitución de sus tierras usurpadas, como ejemplos de lo señalado, y el ser
recibido incluso por autoridades regionales y provinciales en múltiples oportunidades como
máxima autoridad del pueblo mapuche.

Todo lo anterior deriva de la calidad de autoridad ancestral del Lonko Víctor Queipul, de las
obligaciones que exige dicha alta investidura y del convencimiento íntimo y profundo del
propio Lonko, lo que se desprende de sus palabras:

Cada vez que en una comunidad cercana en el territorio mapuche, en la comuna de Ercilla, hay alguna
recuperación de tierra, me han pedido que como Lonko pueda dar un apoyo a las comunidades. En este
caso, los peñis de la comunidad Coñomil Epuleo me pidieron que yo de alguna manera pudiera apoyar
esa recuperación de tierras, también teniendo claro que esas tierras son de ellos, que es el Estado que
trajo a los colonos y los instaló allí sin el consentimiento de la gente.3

La referencia al momento en que “el Estado trajo los colonos y los instaló” en tierras
comunitarias es fundamental para entender este proceso, y corresponde al proceso de

3 Víctor Queipul Hueiquil, Entrevista personal, Temucuicui, 11 de Junio de 2015.

4
Ocupación Militar de la Araucanía por efectivos del Ejército chileno entre 1862 y 1882, y la
posterior radicación/reducción a las familias mapuche –entre 1882 y 1929- a través de los
Títulos de Merced4.

Ambos momentos son fundamentales en la memoria de la tierra mapuche, son hitos,


históricos y espaciales, y es ahí donde se origina la gran pérdida territorial mapuche: “Antes
de la reducción ocupábamos muchos más”, “la tierra chica”, “la línea antigua”, “lo que quedó
afuera”, conceptos comunes en el cotidiano mapuche, así como “cuando llegaron los
winka”5, “ahí se hizo fundo, si eso antes era nuestro”, “antes colindábamos mapuche con
mapuche”, son frases recurrentes en la memoria territorial mapuche.

En términos territoriales, el Estado chileno reconoció en dominio a las familias mapuche


parte de las tierras ocupadas desde antiguo, aquello que la Comisión Radicadora de
Indígenas calificó como ‘efectivamente ocupado’, integrando en esta categoría la ruka, los
huertos familiares y lo cercado, dejando fuera los territorios de pastoreo, ramoneo,
extracción de leña y de recolección de frutos, es decir, los territorios antiguos, aquellos que
permitían la supervivencia material y cultural de las familias. Así mismo, las más de las
veces no se respetaron los deslindes naturales que separaban a las comunidades entre sí,
trazando líneas imaginarias en los planos y creando figuras geométricas alejadas de la
ocupación real.

Todo ello incidirá en que parte importante de los territorios del ‘cacique antiguo’ -
jurisdiccional y económicamente’- fueron catalogados como ‘baldíos y sobrantes’, sin uso,
por tanto fiscales y rematables por el Estado, para luego adjudicarlos a colonos chilenos y
extranjeros. He aquí el origen de la demanda territorial actual y que explica gran parte de
los juicios por conflictos territoriales en que se ven involucrados mapuche, el origen de la
demanda territorial y el fundamento de los actos que tienden a su recuperación.

En términos cuantitativos, el proceso de radicación/reducción implicará que -entre 1884 y


1929- se entreguen alrededor de 3.000 Títulos de Merced, abarcando las provincias de
Arauco, Bio Bio, Malleco, Cautín, Valdivia y Osorno, por un total 510.000 hectáreas para
alrededor de 80.000 personas, un poco más de 6 hectáreas por cada uno. Es necesario
aquí detenerse en 2 cifras que dan pistas respecto a cómo este proceso inicial afectó a las
familias mapuches: la primera, se reconoció en dominio una superficie correspondiente sólo
al 6% de lo efectivamente ocupado; y la segunda, el Censo de 1907 señala la existencia de
al menos 110.000 indígenas, es decir, de ese total hubieron al menos 30.000 personas que
quedaron sin tierra. (Correa et al, 2010)

Sin embargo, la demanda territorial actual no es una situación para nada nueva porque ya
durante los años posteriores al proceso de Radicación/Reducción (entre 1929 y la década
de 1960) los Juzgados de Indios de Victoria, Pitrufquen, La Unión, Temuco, Cañete, fueron
objeto de múltiples denuncias que se basaban, con sus propias especificidades en cada
territorio, en los mismos argumentos que aquí se exponen. Dicha situación volvió a adquirir
vigencia durante el proceso de Reforma Agraria (1965-1973), proceso en el que se presenta
como base argumentativa para la demanda territorial los sucesos acaecidos durante el

4 No deja de llamar la atención que en el lenguaje cotidiano se hable de las reservas indígenas, de las reducciones indígenas, pero
pocas veces se cuestione porqué se les llama así: se llaman reservas porque es lo que el Estado les reservó luego de adjudicar el
resto del territorio a particulares; se llaman reducciones porque eso fue, una reducción territorial; se les llamó pomposamente Títulos
de Merced, como si la titulación en dominio por parte del Estado fuera una merced, un regalo, y no el reconocimiento a una ocupación
antigua, sostenida en el tiempo, y con ánimo de señor y dueño.
5 Winka, extranjero, no mapuche. Alguna vez se me enseño que la voz winka provenía de we, nuevo en mapudungun, e inka, es decir

los nuevos inkas.

5
proceso de pérdida de las ‘tierras antiguas’, las tierras que no fueron reconocidas en
dominio a las familias mapuche en Título de Merced.

Luego, a partir de la década de 1990, y más específicamente a partir del año 1997, las
comunidades mapuche nuevamente han centrado su demanda territorial en las ‘tierras
antiguas’, por más que autoridades de gobierno e incluso académicos se empeñen en
señalar que la reconstitución de las tierras reduccionales constituye la demanda ‘efectiva’
de las comunidades mapuche, y que la propia Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
plantee que “… la idea de que los límites de la restitución de tierras están dados hasta
donde alcanza la memoria de los ancianos de las comunidades es una demanda
populista”.6

En la medida que organizaciones y comunidades mapuches han elevado sus


requerimientos a diversos organismos internacionales, y en contrario a la política territorial
gubernativa, la memoria de las tierras antiguas ha sido recogida como fuente de derecho
territorial en expedientes, resoluciones y sentencias de diversos organismos vinculados a
la temática indígena, como es el caso de la Federación Internacional de los Derechos
Humanos (FIDH), que reconoce que “Las reivindicaciones de tierras por parte del pueblo
mapuche, incluyendo en muchos casos reivindicaciones de tierras antiguas de las que
fueron despojadas por medios ilegítimos en el pasado, constituyen el fermento de la
situación de conflictividad social que atraviesa el sur de Chile durante la última década, el
denominado “conflicto mapuche”7.

Coherente con lo anterior, en el Informe sobre Chile al Consejo de Derechos Humanos el


Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos y libertades fundamentales
de los indígenas, James Anaya, señala que “El Estado chileno tiene la obligación de restituir
las tierras ancestrales de los pueblos indígenas”.8

La respuesta del Estado chileno no ha variado con el tiempo, y bien se resumen en las
repuestas enviadas el 13 de agosto de 2009 por el Comisionado Presidencial Rodrigo
Egaña y la Ministra de MIDEPLAN, Paula Quintana, a las preguntas que le envió el Comité
Para la Eliminación de la Discriminación Racial (CEDR) de la ONU, que consultó al estado
chileno “que medidas han sido tomadas para establecer un mecanismo efectivo para
reconocer los derechos de los pueblos indígenas sobre tierras y recursos naturales que se
basan en la ocupación y uso tradicional, de acuerdo con las normas internacionales
relevantes", ante lo cual el Comisionado respondió: “Las tierras indígenas se encuentran en
su mayoría demarcadas y sus límites son respetados. Desde finales del siglo XIX se
aplicaron disposiciones legales que dispusieron la titulación de los Mapuche, habitantes
originarios del país, proceso denominado radicación, que concluyó en el año 1929”9.

La respuesta oficial encuentra su correlato en el articulado de la Ley Indígena Nº19.253, de


5 de octubre de 1993, la que ordena en su artículo 3 que las tierras indígenas “por exigirlo
el interés nacional, gozarán de la protección de esta ley y no podrán ser enajenadas,

6 Política de Tierras de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), texto aprobado el 27 de agosto de 1999
7 “Chile, la otra transición chilena: Derechos del pueblo mapuche, política penal y protesta social en un Estado democrático”, N° 445/3,
FIDH, página 18, Abril de 2006
8 La situación de los pueblos indígenas en Chile: seguimiento a las recomendaciones hechas por el Relator Especial anterior Informe

sobre su visita de trabajo a Chile, los días 5 al 9 de Abril de 2009”. Consejo de Derecho Humanos de Naciones Unidas,
Recomendaciones del Relator Especial de la ONU sobre Derechos Indígenas James Anaya, A/HRC/12/34/ Add.6, 14 de septiembre
2009, pág. 6-8
9 “La Vía Chilena al Colonialismo: Política del Derecho a la Tierra en Wallmapu”, Bartolomé Clavero, Miembro del Foro Permanente

de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, en http://www.servindi.org/actuali dad.

6
embargadas, gravadas ni adquiridas por prescripción, salvo entre comunidades o personas
indígenas de una misma etnia.”

Luego, señala el citado cuerpo legal, las tierras mapuches son definidas como

“Aquellas que las personas o comunidades indígenas actualmente ocupan en propiedad o posesión
provenientes de los siguientes títulos:
a) Títulos de Comisario;
b) Títulos de Merced;
c) Cesiones gratuitas de dominio;
d) Aquellas que los beneficiarios indígenas de las Leyes Núm. 15,020, de 1962, y Núm. 16,640, de
1967, ubicadas en las Regiones VIII, IX, y X, inscriban en el Registro de Tierras Indígenas”.10

Es decir, para el Estado chileno y la legislación que se ha dado, sólo tienen el carácter de
tierras indígenas aquellas que el propio Estado adjudicó en dominio a los mapuches en el
proceso de radicación a través de los Títulos de Merced, las reducciones, ni una palabra al
uso y posesión ancestral, menos a las tierras antiguas.

En contrario, las comunidades y organizaciones mapuches comenzarán a presionar por la


ampliación de las tierras reduccionales a fin de reconstituir sus espacios y los territorios
antiguos. Estamos en presencia de lo que Víctor Toledo ha denominado la presencia de
“La Memoria de las tierras antiguas tocando a las puertas del derecho” (Toledo, 2007), y en
el caso específico de los peritajes antropológicos e históricos, tocando a las puertas de los
tribunales.

Como hemos planteado, la gran mayoría de las demandas territoriales mapuche van más
allá de los deslindes reduccionales y se dirigen a las ‘tierras antiguas’, el ‘mapa mental’
comunitario que se transmite de generación en generación, el espacio territorial que forma
parte de la memoria colectiva.

Hacemos referencia con ello a la Memoria de la Tierra, a la representación del territorio


comunitario, al recorrido compartido por los “lugares de la memoria” (Nora, 2009), poniendo
en valor aquellos eventos e hitos que van más allá que un recuerdo (Jelin, 2001:4), donde
los elementos aparecen estáticos, en un ejercicio comunitario que busca “una
reconstrucción del pasado con la ayuda de datos prestados del presente, y preparado
además por otras reconstrucciones hechas en épocas anteriores.” (Halbwachs, 1991:57)

Así entendido, la memoria colectiva no es el resultado de la suma de las memorias


individuales de una sociedad determinada, sino en la acción de poner en concordancia los
recuerdos de unos y otros, fijar puntos de referencia, hitos, acontecimientos, hechos, y darle
sentido a los mismos bajo un prisma que los aglutine. La memoria colectiva vincula presente
con pasado, permite la supervivencia de las identidades y en el caso de las comunidades
indígenas se manifiesta a través de los relatos, en la tradición oral, en las narraciones de
sucesos y eventos pasados que van adquiriendo cuerpo y pasan a ser ‘la’ historia de la
comunidad, construida y elaborada por el saber y el conocer compartido.

En la práctica, aquí se enfrentan dos memorias: la Memoria del Estado, la Memoria ‘oficial’,
que ve en los Títulos de Merced la fuente exclusiva de derechos territoriales mapuche, y la
memoria mapuche, que ve en ese acto de dominio un ‘hito’ fundamental, por cierto, pero en
el derrotero de la usurpación.

10 Ley Indígena 19.253, artículo 12.

7
En el sentido expuesto, en la elaboración del mapa mental de las tierras antiguas, e incluso
del derrotero posterior de esas tierras hasta nuestros días, los espacios comunitarios son
de una permanente recurrencia, y lo son en cuanto han sido testigos y marcan un territorio:
ríos, quebradas, alturas máximas, nacimientos de aguas (menoko), lugares sagrados,
senderos antiguos, cementerios, piedras, son lugares llenos de sentido, y forman parte
esencial de los recuerdos, del discurso, de la memoria.11 Bien señala entonces Halbwachs
que la memoria colectiva se apoya sobre imágenes espaciales, y va más allá, al sentenciar
que “la mayor parte de los grupos dibujan de alguna manera su forma en el suelo y
encuentran sus recuerdos colectivos en un marco espacial definido de esta manera”.
(Halbwachs, 1991:166)

Luego, los relatos, la tradición oral, revelan la historia íntima de las comunidades,
seleccionando hechos, sentimientos, atmósferas, que la historia tradicional la mayor de las
veces no les da cabida, y con ellos quienes realizan el ejercicio de recrear la historia
comunitaria recorren un camino hacia el pasado, recorrido que invita a los comuneros a
reconocerse, al ser testimonio de su propia historia, y entrega luces de cómo una
comunidad humana se percibe a sí misma a partir de la conciencia de sus mismos actores.

El relato, entonces, ocupa un lugar de privilegio, presentándose como el lenguaje


fundamental del saber popular y como valiosa fuente de conocimiento histórico. Acá nos
encontramos con otro obstáculo, y que tiene también efectos legales: el reconocimiento de
la validez del testimonio oral como fuente de conocimiento histórico, y en el caso de la
memoria territorial mapuche, como fuente de derechos. Junto al prejuicio inicial, que
entrega la exclusividad del conocimiento del pasado al texto escrito, fijo, inmutable,
‘verdadero’, aparecen un serie de críticas a la tradición oral, entre las que destacan las
distancia temporal respecto de los hechos a los que se refiere el relato, la fragilidad de la
memoria, la subjetividad de los testimonios y de quienes los emiten, entre otros.

Respecto de la distancia que se tiene con los hechos que se relatan, y a las distorsiones
que ello conduce, principalmente por la precariedad de la memoria, Portelli sostiene en
contrario que “por definición, el único acto contemporáneo al acto de escribir es el escribir
mismo. Siempre hay un margen de tiempo más grande o más pequeño entre el evento y el
documento escrito… De hecho, los historiadores frecuentemente han utilizado fuentes
escritas que fueron redactadas bastante después de la ocurrencia de los acontecimientos
que reportan.” (Portelli, 1988:21)

Luego, el texto escrito se nos presenta con aires de inmutabilidad, y con ello de objetividad
y permanencia en el tiempo, sin tomar en cuenta que “lo que es escrito es primero
experimentado o visto, y se encuentra sujeto a distorsiones aún antes de haber sido puesto
en el papel. Por lo tanto las reservas aplicadas a las fuetes orales deberían ser extendidas
al material escrito.” (Portelli, 1998:21)

Superado el obstáculo inicial nos encontramos con uno mayor: la ausencia de objetividad
en las fuentes orales, virtud de la que sí pueden ufanarse las fuentes escritas, los
documentos. Creemos, en contrario, que la subjetividad, y también la objetividad, no son
una característica exclusiva de una u otra fuente de conocimiento. Ya lo dice Le Goff:

11 Ver Molina Raul, “Reconstrucción de los etnoterritorios”, en Tierras, territorio y desarrollo indígena, 1995, Instituto de Desarrollo
Indígena, Temuco; Morales Roberto (comp.), “Territorialidad mapuche en el siglo XX”, Instituto de Estudios Indígenas, Universidad de
la Frontera, 2002

8
El documento no es inocuo. Es el resultado ante todo de un montaje, consciente o inconsciente, de la
historia, de la época, de la sociedad que lo ha producido, pero también de las épocas ulteriores durante
las cuales ha continuado viviendo, acaso olvidado, durante las cuales ha continuado siendo manipulado,
a pesar del silencio. El documento es monumento. Es el resultado del esfuerzo cumplido por las
sociedades históricas por imponer al futuro –queriendo o no queriéndolo- aquella imagen daba de sí
mismas. En definitiva, no existe un documento-verdad. Todo documento es mentira. Corresponde al
historiador no hacerse el ingenuo. (Le Goff, 1991:238).

Así, el documento escrito está cargado de intencionalidad, de subjetividad, y ello no lo


descalifica como fuente de conocimiento. Más aún, ¿es el texto escrito un resultado
‘espontáneo’ de los hechos de los cuales es testigo, sin macula?, ¿quien escribe la historia?
Asumiendo entonces que “el documento no es una mercancía estancada del pasado; es un
producto de la sociedad que lo ha fabricado según los vínculos de las fuerzas que en ellas
retenían el poder” (Le Goff, 1991:236), asumimos también que nuestro papel como
investigadores sociales es hacer hablar al documento, extraer aquello que no está a simple
vista, analizarlo también a la vista de la memoria colectiva.

Los informes ministeriales y militares, los títulos de dominio y los planos, las cartas, los
telegramas, muchos de ellos celosamente atesorados en las comunidades y de notable
coherencia con la historia comunitaria, deben ser parte de la memoria comunitaria,
integrarlos desde la memoria colectiva, no son ‘la’ historia pero si cuentan con elementos
que forman parte de ella.

Documentos escritos y tradición oral no se excluyen y la mayor de las veces -al


contraponerse- se enriquecen. ¿Qué nos dice respecto la historia de la usurpación el título
inscrito ante el Conservador de Bienes Raíces? Poco. El papel, el título de dominio, solo se
refiere a los deslindes, a los propietarios, a los colindantes, al día de inscripción. ¿Dice algo
respecto a la visión que tiene los propios mapuches y que recogieron de sus antepasados?
Sin duda no, pero el testimonio, el relato, la tradición oral, tienen la capacidad de integrar
dichos elementos, básicos por lo demás, las partes contratantes, los lugares, la fecha, pero
además los interpreta, los desarrolla, y les dan un lugar en la historia comunitaria.
Siguiendo a Ramos, “la continuidad de los grupos de pertenencia se objetiva en las políticas
de la memoria y en las prácticas cotidianas en las que éstas se actualizan, mientras que la
construcción de relaciones sociales de pertenencia tiene como basamento principal los
vínculos con los ancestros y con el territorio”. (Ramos, 2008:153). Así, la memoria de las
tierras antiguas se ha constituido en argumento para las demandas territoriales y
fundamento para su recuperación en los hechos, para su actualización.

Es en este contexto que se inserta el Informe realizado a solicitud de la defensa del Lonko
de la Comunidad Autónoma de Temucuicui Víctor Queipul Hueiquil y presentado ante el
Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli el 3 de agosto de 2015, acompañando la
comparecencia en juicio del autor del presente texto, quien se basó en su argumentación
en los antecedentes que aquí se exponen.

5.- INFORME PERICIAL HISTORICO LONKO VICTOR QUEIPUL

El presente peritaje histórico se realizó a solicitud de la abogada Karina Riquelme Viveros,


en relación a la Causa RUC 1400930673-1, RIT 921 – 2014 de Juzgado de Letras y
Garantía de Collipulli, con fecha 3 de agosto de 2015.

9
El objetivo del informe es dar cuenta del contexto histórico y antropológico de la acción de
la cual se acusa al imputado Victor Queipul Hueiquil, Lonko de la Comunidad Autónoma de
Temucuicui, es decir del ingreso el día 25 de septiembre de 2014 a la hijuela Chamichaco,
propiedad inscrita a nombre de Hernán Baier Borgeaud a fojas 134 vta. N°197 del Registro
de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de Collipulli del año 1991, sin autorización
de éste, hasta el momento en que fue desalojado junto a otros comuneros mapuche, por
Carabineros, por lo cual fue acusado por la Fiscalía de su eventual responsabilidad en
calidad de autor del delito de usurpación no violenta, previsto y sancionado en el artículo
458 del Código Penal.

5.1.- Metodología de Investigación

Para la realización del presente informe se ha recabado información documental existente


en las Memorias del Ministerio de Guerra y de Tierras y Colonización, en el Archivo Nacional
de Santiago y en la Biblioteca Nacional, como también de especialistas sobre la materia
territorial mapuche, en el marco de la investigación del autor del presente informe para el
Magister en Antropología, cursado en la Universidad Católica del Norte entre los años 2008
y 2012 que concluyó en la tesis titulada “La memoria de las tierras mapuche antiguas”, y
del Proyecto FONDECYT 1141077 “Estado y violencia hacia los pueblos aymara,
atacameño y mapuche (1883-1990)”.

Del mismo modo, contiene información sistematizada recabada en las carpetas


administrativas, expedientes de radicación y de reivindicación existentes en el Archivo
General de Asuntos Indígenas, Temuco, en el contexto de la realización del “Catastro de
Conflictos y Demandas de las comunidades mapuche en la Provincia de Malleco”, realizado
por el autor de este informe pericial y finalizado en el año en el año 1995, como también
información oral recabada en reunión ampliada realizada en el Gimnasio de Ercilla, el 23
de septiembre de 1993, donde se recabaron testimonios sobre las “tierras antiguas” y la
demanda territorial de la Comunidad Coñomil Epuleo, entre otras comunidades de la
comuna de Ercilla.

A lo anterior se agregan antecedentes recabados en la comunidad Epuleo Coñomil,


“Collico”, específicamente una entrevista sobre las demandas territoriales de la comunidad
realizada al Lonko don Carlos Coñomil, en su casa y en presencia de su familia, con fecha
8 de julio de 2007, en el marco de la investigación que concluyó en el libro “Las razones del
Illkun/enojo. Memoria, criminalización y despojo en el territorio mapuche de Malleco”,
publicado por LOM Ediciones en el año 2010 y elegido el Mejor Libro de año, en categoría
Ensayo, por el Consejo Nacional del Libro y la Cultura.

Finalmente, el día sábado 11 de Julio de 2015 el autor del presente Informe Histórico
Pericial realizó una extensa entrevista personal al Lonko de la Comunidad Autónoma de
Temucuicui, Víctor Quepuil Hueiquil, en su casa, con el objetivo de relevar su percepción
sobre el caso en que es imputado, las razones que lo llevaron a acudir a la comunidad de
Collico, y profundizar respecto de su investidura como Lonko, de sus obligaciones en el
ejercicio de su cargo, de su relación con su comunidad y con las comunidades vecinas, y,
finalmente, de las razones que lo llevaron a optar por enfrentar el presente juicio.

5.2.- Descripción y calidad de los hechos

Señala el parte policial de los hechos controvertidos:

10
El día 25 de septiembre de 2014, alrededor de las 12:15 horas, los requeridos VICTOR ENRIQUE
QUEIPUL HUEIQUIL, IRENE DEL CARMEN CALBUCOY MONTANARES, MARIELA DEL CARMEN
QUEIPUL HUEIQUIL, VANIA EDITH QUEIPUL MILLANAO, entre otros sujetos, ingresaron a la Hijuela
CHAMICHACO, sector rural de la comuna de Ercilla, de propiedad de la víctima HERNÁN HUGO BAIER
BORGEAUD, quienes junto con manifestar su ánimo de ejercer derechos de señor sobre dicha propiedad,
iniciaron la instalación de rukas y estructuras con tal objeto, negándose a abandonar el predio, ello no
obstante estar ocupándolo sin la autorización del propietario, quien producto de estas acciones se vio
impedido de ejercer el derecho de uso y goce de su predio, llegando al lugar personal Carabineros
quienes realizaron reiteradas peticiones para el retiro en forma pacífica del lugar por parte de los
requeridos, no obstante lo cual éstos mantuvieron una actitud reticente debiendo ser desalojados por la
fuerza pública.12

Como contraparte, y de acuerdo al testimonio del Lonko de la Comunidad Autónoma de


Temucuicui, Víctor Queipul Hueiquil, los hechos y las razones que explican su presencia en
la comunidad Epuleo Coñomil, deben entenderse en el contexto siguiente:

La comunidad Coñomil Epuleo quiso emprender un proceso de recuperación territorial y vinieron a hablar
conmigo. Yo no voy a mentir, yo veo que ningún mapuche cuando hace una ocupación de tierra está en
tierra ajena, es tierra propia, ancestralmente le pertenece, y teniendo esa claridad la comunidad Coñomil
Epuleo hizo ocupación del predio, donde hubo una detención de los werkenes y de las familias que
estuvieron como 10 días ocupando el predio. Cuando se hizo el control de detención, en el segundo día,
yo fui a la audiencia, y después de la formalización que recibieron los werkenes, en la ciudad de Collipulli,
decidieron hacer una reunión nuevamente en el predio recuperado.
Momentos después llegaron los carabineros, a mí me detuvieron y no opuse ninguna resistencia, porque
yo no estaba en lo ajeno, yo estaba en la tierra de los peñi, si además ellos me pidieron su apoyo yo
acato lo que ellos me digan, no voy a acatar lo que me diga Hernán Baier, el usurpador de esa tierra, así
que por lo tanto me detuvieron, y no estoy arrepentido y asumo las consecuencias que se me pueden
venir, porque estoy seguro de que yo no estoy en tierra ajena.13

En conclusión, de acuerdo a la versión entregada por el Lonko Víctor Queipul, en los hechos
que se le imputan no existió ánimo alguno de ingresar en tierra ajena ya que el predio al
que se ingresó forma parte de las tierras antiguas de la Comunidad Coñomil Epuleo, y que
en tal calidad forman parte de la memoria histórica comunitaria y de la demanda territorial
actual. Luego, la presencia del Lonko Víctor Queipul en la actividad desarrollada en las
tierras antiguas de la Comunidad Coñomil Epuleo:

En ningún momento he pensado que estaba en tierra ajena, sino que esa tierra históricamente es de
los mapuche, tal vez por un proceso jurídico llevado por el Estado se trajeron a esos colonos, pero
finalmente para mí ellos no son dueños legítimos, ellos son pasajeros. Hemos visto como muchos
colonos han dicho que llevan tantos años, pero cuando una comunidad recupera sus tierras ellos han
reconocido que están en tierra ajena y han tenido que hacer devolución de la tierra, ya sea
voluntariamente o porque el Estado ha intervenido nuevamente.
Ellos llegaron sin nada y se han ido con mucha plata. A las finales el Estado ha hecho negocio con
ellos, la víctima de la usurpación de la tierra somos nosotros, no los colonos ni los particulares que en
este momento se hacen pasar por víctima.
A nosotros nos quitaron la tierra, nos mataron, hay mucho Lonko antiguo que lo mataron, como también
a los kimche, para de alguna manera despojarnos de la tierra. Si en algún momento el Estado
reconociera la historia de los mapuche la víctima, los afectados, seríamos nosotros, no como se quiere
hacer aparecer que los colonos son las víctimas.

Más aún, un elemento fundamental que debe integrarse al presente análisis radica en el
hecho de que las tierras a las que ingresó el Lonko Víctor Queipul son de una vital
importancia, antigua y actual, para la totalidad de las familias mapuche del sector, no sólo
de la Comunidad Coñomil Epuleo, y que en tal carácter se han integrado a la memoria
comunitaria, en palabras del Lonko, “Son las tierras históricamente más antiguas en la

12 Sentencia en Causa RUC 1400930673-1, RIT 921 – 2014 de Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli
13 Víctor Queipul Hueiquil, Entrevista personal, Temucuicui, 11 de Junio de 2015.

11
comuna de Ercilla, y por eso tengo la certeza de estar en todo el derecho y cumpliendo mi
deber como Lonko al apoyar la recuperación de tierras en que se hizo mucha historia
mapuche.”

5.3.- El contexto histórico y las tierras antiguas de Coñomil Epuleo

Tanto la bibliografía especializada como diversa literatura hacen referencia a la importancia


que tuvo Coñomil Epuleo en el proceso de Ocupación Militar de la Araucanía (1862-1883),
como también del lugar que ocupan en diversos momentos históricos las tierras que en la
actualidad se demandan y en las que fue detenido el Lonko Queipul y otras autoridades
mapuche.

Efectivamente, a poca distancia de la actual ciudad de Ercilla, en el espacio territorial


circundado por los cerros Collico, Coipúe, Lonkotraro, Currimahuida y el Cordón de
Quechereguas, se encuentra el antiguo Lof del que fue autoridad máxima Epuleo Coñomil,
acerca de quien Tomás Guevara, en su obra "Las últimas familias y costumbres araucanas",
se refiere del modo siguiente:

La familia Epulef pertenecía al tronco de los Pailaweke. El viejo Pailaweke tuvo un hijo llamado Epulef.
Vivía éste con tres mujeres y dejó muchos descendientes. Su hijo Martín Konoemil Epulef o Epuleo vivió
igualmente con tres mujeres y se distinguió como bravo compañero de Kilapán. Le quedaron 770 hectáreas
en Collico, en la comuna de Ercilla. (Guevara, 1913:60)

Ahora bien, no estamos hablando de cualquier Lof, la referencia es a un espacio territorial


fundamental en las estrategias de resistencia mapuche contra los españoles, en un primer
momento, y contra el ejército chileno, luego. Así, las Memorias del Ministerio de Guerra
reconocen a las familias mapuche habitantes del gran Lof que dirigía Epuleo Coñomil como
aliados del Lonko José Santos Kilapan, y su territorio como refugio y guarida de los
rebeldes: “Los cerros de Pidenco i Collico servían de guarida a todos los bandidos asilados
en las tierras de los indios i a muchos caciques arribanos, cuando algún cuerpo del ejército
los perseguía” (Guevara, 1902:72).

Por otro lado, las tierras antiguas de Coñomil Epuleo eran, como lo son en la actualidad, un
importante lugar de encuentro de los guerreros mapuche y sus autoridades, quienes

… veían con profundo malestar el avance de la línea del Malleco. Aumentábase este disgusto con las
patrañas de despojo que los caciques vendedores de terrenos para los fuertes les inventaban, para
sincerarse ante ellos i no exponerse a sus iras. En marzo de 1868, celebraron una junta en
Quechereguas, a poca distancia al sur del actual pueblo de Ercilla, para acordar el plan que debían
seguir en vista de la invasión de sus tierras. (Guevara, 1902:56)

En el contexto señalado, en las tierras antiguas de Coñomil Epuleo, donde se llevó a cabo
la reunión en la que fue detenido el Lonko Víctor Queipul, con las diferencias del caso pero
sobre todo con las coincidencias que existen, se había realizado ya en el año 1868, con los
ancestros de las actuales familias, en hechos que forman parte fundamental de la memoria
histórica mapuche, como también de las memorias militares. Así se desprende de la carta
enviada por el General de División del Ejército de Ocupación de la Araucanía, Juan M.
Pinto, al Ministro de Guerra, el 29 de Abril de 1868, en la que hace referencia a la
preparación de un levantamiento en contra de las fuerzas de ejército chileno:

Es efectivo de todo punto el plan de ataque sobre la línea que los indios premeditaban de tiempo atrás,
i no puede ya quedar duda a este respecto desde que se ha venido a descubrir que efectuaban una
reunión general desde antes que entrase la expedición mandada por el Teniente Coronel Pedro Lagos.

12
Esta pequeña expedición, no obstante su corto número, ha conseguido dar al enemigo un buen
escarmiento, matándole bastante gente i destruyendo sus planes.
Sin embargo, persisten nuevamente en sus propósitos, según las últimas noticias que tengo, pues ayer
he recibido aviso de que habían ya más de 2.000 indios reunidos entre Collico i Pidenco […]
En los momentos de cerrar esta comunicación se me avisa que la reunión de indios que había en
Collico se ha dispersado repartiéndose en pequeños grupos que ocupan todo el frente de nuestra línea
desde Chiguaihue hasta Angol i que parecían apostados en observación de los movimientos del
Ejército. Dios guarde a US.
José Manuel Pinto”14

Una vez concluida la Ocupación Militar de la Araucanía, en el año 1883, acudimos a dos
procesos paralelos. Por un lado, las familias mapuche son radicadas/reducidas a través de
Títulos de Merced, y así no sólo dejan de tener como máxima autoridad a Epuleo Coñomil
sino también los diversos linajes y familias dejan de colindar entre sí, y sólo les es
reconocido en dominio la ‘puebla’, la ruka, lo cercado, las huertas familiares,
despojándoseles del gran territorio comunitario, de los bosques, los montes, los lugares de
pastoreo, todo lo que fue declarado baldío, sobrante, fiscal, y en esa calidad rematado a los
particulares. (Correa et al., 2010)

En segundo lugar, el territorio mapuche es parcelado en Hijuelas colindantes entre sí, las
que son adjudicadas a un número importante de familias de colonos, familias que reciben
del Estado chileno los espacios sustraídos a las familias mapuche insertándose entre ellas,
constituyendo este proceso el origen de los fundos actuales, el origen de los conflictos
actuales.

14Cuartel General, Carta al Ministro de Guerra, 29 de Abril de 1868, Angol, Memorias Ministerio de Guerra, a fojas 578 y ss.,
Archivo Nacional

13
Detalle Sector Comunidad Coñomil Epuleo, en Plano de Colonización de Bologna, 1916

Es en este momento histórico -una vez ocupado militarmente el territorio mapuche- en el que
las familias de Collico -como de todas las familias mapuche que habitan el cordón de
Quechereguas, entre ellas también de la comunidad de Temucuicui- pierden los dominios
antiguos, los que son adjudicados a familias colonas por el estado chileno. Al respecto, el
Lonko de la comunidad de Coñomil Epuleo, don Carlos Coñomil, expone de memoria el
conocimiento que recibió de su padre, los antiguos deslindes:

Mi padre, Segundo Coñomil, murió de 105 años, me conversaba mucho del plano antiguo y me indicaba
dónde le correspondía. Teníamos 1.700 hectáreas y nos entregaron en 1884 sólo 700 hectáreas (en el
Título de Merced). Mi padre mostraba los deslindes como eran: el sur con el estero Butaco, llegamos a un
puente que se llama Pozón, de ahí río Huequén por el norte, colindamos arriba con Cañuta Calvuqueo
hacia la cordillera, y para el otro lado con Ignacio Queipul, Temucuicui.
Yo escuché de los antiguos que esas tierras que faltan la tomó Baier, y puso un estacón grande ahí,
un roble, que ahora último cayó, ese fue el primero que hubo para acá y dentro de eso estaba Coñomil
Epuleo. Un día le prendieron fuego a ese roble, a ese menso roble, se veía de Victoria para allá, un
árbol maravilloso, y se quemó, el fuego bajó y bajó hasta que cayó el palo.
Así, con ese cerro de dolor, no pudimos pasar más allá. Ese roble estaba en Butaco, más allá de
Collico. Ese Alfredo Baier le dijo al cacique Mellado ‘dame 20 metros para acá y yo cierro entero para
allá, alambro todo’, y entonces le dio los 20 metros para acá y ese árbol quedó dentro de los 20 metros
y de ahí salió esa línea que va bajando y bajando para acá hasta llegar al salto de Lircay. Lo que se
tomó se lo tomo para el norte, para Lircay. Ese roble era como un ‘resorte’, ahí estaba el respeto.” 15

15 Carlos Coñomil, Entrevista personal, Collico, 8 de julio de 2007.

14
Finalmente, y que también habla de la importancia de las comunidades mapuche del
sector, tenemos que todos los Títulos de Merced fueron adjudicados en el año 1884, es
decir, los primeros Títulos de Merced entregados por el Estado chileno, lo que habla por sí
solo del interés de constituir y sanear rápidamente la propiedad particular y reducir la
propiedad mapuche. Así, no es casualidad que del total de 2.918 Títulos de Merced
otorgados por la Comisión Radicadora de Indígenas, las comunidades del Cordón de
Quechereguas, es decir, Ancapi Ñancucheo recibiera el Título de Merced N°1, Epuleo
Coñomil (Collico) el TM N°2, Huañaco Millao el TM N°3, Pancho Curamil el TM N°3ª,
Ignacio Queipul (Temucuicui) el TM N°3B y Cañuta Calbuqueo el TM N° 3C.

Plano de Título de Merced N°2, Epuleo Coñomil, de 1884, en Archivo General de Asuntos Indígenas.

A mayor abundamiento, un elemento común a las familias mapuche del sector, y que de
alguna manera avala el que haya sido una reconocida autoridad del área, es que en todos
y cada uno de los Títulos de Merced entregados por la Comisión Radicadora aparece como
testigo el Cacique Epuleo Coñomil.

En el contexto histórico descrito se debe entender, entonces, la participación del Lonko de


la Comunidad Autónoma de Temucuicui en las actividades y trawun de la comunidad de
Epuleo Coñomil, Collico, quien de acuerdo a sus palabras

Esas tierras son históricamente, ancestralmente, de la comunidad Coñomil Epuleo. Por eso los
documentos legales que dice tener Hernán Baier los tiene bajo el amparo de las armas, el amparo del
Estado que en algún momento despojó de sus tierras a los mapuche, por lo tanto es él quien está mal
puesto.

15
En cambio el mapuche que reclama su derecho es porque quiere volver a su tierra, trabajar en su tierra,
y es por esa razón que yo estaba en ese momento ahí, es por eso que también he decidido ir a juicio,
con la claridad de no estar en tierra ajena, son las tierras de Coñomil Epuleo.”

16
6.- Conclusiones

El presente artículo se basa en el Informe Pericial Histórico Territorial cuya elaboración fue
solicitada por el Lonko de la Comunidad Autónoma de Temucuicui, don Víctor Queipul
Hueiquil, en el contexto de una demanda que fue presentada ante el Juzgado de Garantía
de Collipulli, acusándosele de ingresar sin autorización a un predio particular objeto de
demanda territorial mapuche, acompañado de un conjunto de familias de las comunidades
Epuleo Coñomil (Collico) e Ignacio Queipul y Millanao (Temucuicui), en el mes de
septiembre de 2014, con el objetivo de realizar un trawún (reunión), instancia de la que son
desalojados por carabineros y luego demandados por el particular dueño del predio.

Los mapuche plantean que ingresaron al predio Chamichaco ya que éste corresponde a un
espacio territorial que consideran como ‘propio’, respecto del cual tienen una vinculación
por ser ‘tierra antigua’, del que nunca se enajenaron, que les fue sustraído por un acto
unilateral del Estado chileno en el proceso de colonización, y que forma parte de la memoria
histórica y del mapa mental comunitario, poniendo en contradicción la ‘legalidad’ del título
de dominio con la ‘legitimidad’ de la demanda mapuche.

La ‘memoria de la tierra’ se remonta, para ello, a los momentos previos al proceso de


Ocupación Militar de la Araucanía, de colonización y de radicación/reducción mapuche a
través de los Títulos de Merced, todos momentos que constituyen hitos, temporales y
espaciales, históricos y geográficos, y que constituye el momento en que se origina la gran
pérdida territorial mapuche.

En la práctica, se enfrentan dos memorias: la Memoria del Estado, la Memoria ‘oficial’, que
ve en los Títulos de Merced la fuente exclusiva de derechos territoriales mapuche, y la
memoria mapuche, la Memoria ‘de la tierra’, que ve en ese acto de dominio un ‘hito’
fundamental, en el proceso de pérdida territorial.

En cuanto al Informe Pericial Histórico Territorial que se elaboró y presentó como pericia en
el juicio, concluimos que cuenta con todos los elementos de validez metodológicos, de
forma y de fondo, y que en términos de contenido quedó comprobado que la pérdida
territorial de la comunidad Epuleo Coñomil se produjo en el proceso de ocupación militar de
la Araucanía (1862-1883), en el proceso de radicación/reducción y entrega del Título de
Merced (1884), y en la adjudicación de parte importante de los espacios territoriales
‘antiguos’ a diversas familias de colonos y particulares, de los cuales desciende Hernán
Baier, todos procesos que corresponden a un acto unilateral del Estado chileno, en el que
no se respetó la posesión y el uso efectivo de las familias mapuche, declarando dichos
espacios baldíos, sobrantes, fiscales y adjudicándolos a particulares y colonos.

Luego, se puso en valor la calidad de autoridad ancestral del Lonko Víctor Queipul Hueiquil,
y el que al participar en los hechos que se le imputan no hacía más que su actuar en el
ejercicio de sus funciones, que la actividad se realizó en un espacio territorial que pertenece
ancestralmente a la comunidad Coñomil Epuleo y que existen antecedentes, suficientes, en
consecuencia, que respaldan la legitimidad de la demanda mapuche.

Así, mientras la demanda hace referencia a una transgresión de la propiedad privada a


través de un acto de usurpación del dominio, como es el ingreso a un predio particular por
parte de un grupo de sujetos ajenos al mismo, la defensa de los imputados plantea que
dicho ingreso forma parte de una actividad político cultural mapuche, de demanda territorial.

17
En consecuencia, postulamos que el historial de la pérdida del espacio territorial
controvertido para las familias mapuche; la documentación que da cuanta de la ‘forma’ legal
a través de la cual construyó la propiedad agraria particular en el territorio mapuche, en
general, y en el Lof Collico, en particular; la memoria compartida de la ´linea antigua’ y de
la importancia que tiene cada espacio dentro del territorio ancestral, SON elementos
culturales e identitarios mapuche, deben formar parte de la discusión y decisión judicial, en
la medida que éstos forman parte del contexto de la acción controvertida, da la realidad
social y de las prácticas mapuche, “en la medida que las acciones del imputado reflejan
valores, creencias y problemáticas situadas desde lo indígena” (Fernández, 2015).

Postulamos que en los juicios en que se ventilan causas vinculadas a la demanda territorial
mapuche deben considerarse elementos no sólo del tipo penal sino también de contexto,
de identidad y culturales, de los cuales los tribunales de justicia deben hacerse cargo, en la
medida que forman parte fundamental y explican la acción objeto del juicio.

Para concluir, postulamos la importancia de los Informe Periciales Histórico Territoriales y


Antropológicos, y su aporte en la búsqueda de develar el contexto en que se desarrolla una
acción comunitaria que tiende a recuperar territorios ancestrales mapuche, acción que va
más allá del ´delito’ contra la propiedad privada, porque precisamente pone en cuestión la
legitimidad de dicha propiedad, propiedad que se origina –la mayor de las veces- en un acto
ilegítimo recubierto de legalidad.

18
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https://psicologiasocialdelamemoriauchile.wordpress.com/2015/03/06/pluralismo-juridico-y-peritaje-
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