Actitudes para Recibir El Bautismo en El Espíritu Santo

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ACTITUDES PARA RECIBIR EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO

Ha llegado el momento de recibir el Espíritu Santo que Jesús ha ganado para


cada uno de nosotros. Quiere derramarlo con tanta abundancia y
generosidad, que será como un Bautismo en el Espíritu Santo, que nos
inundará por completo. Es un Don gratuito, pero si nosotros nos abrimos,
aprovecharemos mejor esta oportunidad que Dios nos da. Vamos a explicar
cómo disponernos a recibir el Don de Dios que Jesús va a enviar sobre
nosotros. Sin embargo, debe quedar claro que no se trata de una técnica o
método mágico. No. Dios hace las cosas como Él quiere, y Él ya ha planeado
desde la eternidad cómo nos va a enviar su Espíritu Santo.
Incluso, el Espíritu puede irrumpir en nuestro corazón antes de terminar la
presentación de este tema, como le pasó a Cornelio y a su casa cuando Pedro
les predicó (Cf. Hech 10, 44; 11, 15). Las primeras cuatro actitudes son
señaladas por el mismo Jesús, cuando proclamó:
Si alguno tiene sed, venga a mí y beba el que crea en mí: Jn 7, 37-38.
Tener sed, ir a Jesús, beber y creer, son las mejores actitudes para recibir esta
nueva efusión del Espíritu.
1ª Tener sed
Tener sed significa admitir nuestra necesidad de Espíritu Santo; reconocer
que nosotros, sólo por nuestros medios, no podernos alcanzar la plenitud de
la vida humana.
2ª Venir a Jesús Salvador y Señor
Jesús nos indica que si querernos recibir el Espíritu Santo, además de tener
sed, debernos ir a él; lo cual significa, aceptarlo corno el enviado de Dios, el
único Salvador y único Señor de nuestra vida. Por lo tanto, también implica
renunciar a cualquier otro medio de salvación fuera de él. Venir a Jesús
implica reconocer que él es el Mesías que bautiza en Espíritu Santo y en
Fuego.
3ª. Beber del Espíritu
Jesús invita a beber de su Espíritu Santo que brota corno un río de agua viva
de su costado abierto. El Espíritu Santo está totalmente disponible para
nosotros; tanto cuanto queramos. Se ofrece sin medida.

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4ª Creer Jesús cumple sus promesas
Estar seguros de que el Señor va a cumplir su Promesa. No para ver si Dios
nos da su Espíritu; sino porque nos lo va a dar. Él lo prometió y no puede
fallar. Es más, está garantizado por la misma Palabra de Jesús. El Mesías
pedirá a su Padre el Espíritu Santo que ha de dar a cada uno de nosotros. Por
eso, estarnos seguros de que vamos a recibir el Don de Dios. Nosotros, pues,
no lo vamos a pedir, lo vamos a agradecer. Nuestra plegaria será de acción de
gracias y de alabanza a Dios que ha cumplido su Promesa. Esta alabanza y
acción de gracias la hará en voz alta cada uno, abriendo su corazón; y si el
Señor quiere, nos dará también el poder de alabarlo con sonidos inefables
que nosotros no comprendemos, pero que son la oración en el Espíritu de la
que nos habla el Nuevo Testamento (Cf. Rom 8, 26). Estemos, pues, también
abiertos a ese don de lenguas que el Señor frecuentemente otorga con la
efusión del Espíritu.
5ª. Recibir lo que Jesús ya ganó por ti
La actitud primordial no debe ser la de entregar- te o consagrarte a Dios. Al
contrario, la de recibir y acoger el Don del Espíritu. No eres tú quien vas a ir a
Dios. Va a ser Dios quien va a llegar a ti. En vez de un acento activo, debe ser
pasivo: Dejar hacer al Señor lo que Él quiera. Todo corre por su cuenta.
Abandono total.
6ª Paz sin distraerse
Tu corazón debe estar en paz y tranquilidad; sin miedo ni ansiedad; sin
nerviosismo o temor. Simplemente va a ser un abrazo de tu Padre, Dios. Sólo
déjate amar y llenar por Él. Lo demás corre por su cuenta. No te vayas a
distraer contigo mismo o con los demás. Mira a Jesús, piensa en él. Tendrás
muchas tentaciones de distraerte, pero toda tu atención debe estar centrada
en el Señor Jesús. Aunque la persona que está junto a ti llore o se desmaye;
aunque temblara o se cayera el muro trasero; tú no te distraigas. A los
hermanos que lo necesiten, se les atenderá. Tú no te vas a preocupar por
ellos. Tú céntrate en el Señor Jesús. O mejor, déjate atender por el mismo
Jesús.
7ª. No depende de ti, sino de Jesús
No debes estar pensando: "No merezco el Don del Espíritu Santo". Ninguno
de nosotros tiene con qué adquirirlo. Pero Cristo Jesús, Hijo amado del

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Padre, lo mereció por ti y quiere regalártelo. Él, con su muerte y resurrección,
lo ganó para ti y ahora te lo ofrece gratuitamente.
Tampoco debes decir: "Yo no soy nadie para pedir el Espíritu Santo". Es
cierto, pero hoy, tú no lo vas a solicitar, es Jesús quien lo va a implorar por ti,
para ti. Tú lo vas a recibir. No necesitas solicitarlo. Cristo Jesús, a quien el
Padre siempre escucha y da todo cuanto pide, es quien va a solicitarlo para ti
este día. La recepción del Espíritu Santo no depende de nosotros ni de
nuestros méritos. Ni siquiera de nuestra preparación. Nadie puede estar
preparado para recibir al Espíritu de la Promesa. La donación del Espíritu
depende sólo de Jesús. El Espíritu Santo no viene porque seamos santos sino
para que lleguemos a serlo. No viene porque nosotros seamos buenos sino
porque Dios es bueno y cumple sus promesas.
8ª Perdonar
Antes de pedir al Padre, en el Nombre de Jesús, que nos envíe su Santo
Espíritu, vamos a quitar de nuestro corazón cualquier obstáculo que impida
que el Espíritu se derrame en nuestro corazón: Odio, resentimiento o rencor
que exista para con algún hermano nuestro, es una barrera. Por eso, es
necesario y oportuno perdonar y pedir perdón.
Oración de perdón de ofensas
En la siguiente oración se pueden cerrar los ojos, para ir trayendo a la
imaginación a cada una de las personas que se vaya nombrando.
 La primera parte de la oración la puede hacer el predicador en nombre de
todos los participantes. La segunda, es repetida en voz alta por cada uno.
 Perdono a mis padres porque no me dieron el amor y la atención que yo
necesitaba. Les perdono las veces que me hicieron a un lado, los castigos
injustos, los golpes y gritos con que me hirieron. Les perdono también su
silencio e indiferencia para conmigo. Les perdono las veces en que se
pelearon delante de mí, así como sus incomprensiones o preferencias por
alguno de mis hermanos.
Papá, mamá, los perdono de corazón con el mismo perdón de Cristo.
Que Dios te bendiga, papá; que Dios te bendiga, mamá. Yo les doy el
abrazo de la paz y la reconciliación, porque ustedes son los mejores
padres que yo pude haber tenido.

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 Perdono a mis hermanos por las veces que no me tomaron en cuenta. Por
hacerme a un lado en sus juegos y diversiones. Porque a mí no me tenían la
misma confianza que a sus amigos, por las ocasiones en que se aprovecharon
de mí y por las veces en que me acusaron delante de mis padres.
Hermano(a) ... yo te perdono de todo corazón con el mismo perdón de
Cristo. Que Dios te bendiga, hermano. Yo te doy el abrazo de la paz y la
reconciliación, porque Dios te escogió para que fueras mi hermano.
 Perdono también a mis compañeros de escuela por las burlas que hacían de
mí y de mi familia. Los perdono completamente. Perdono al compañero que
me puso aquel apodo que no me gustaba. Perdono a todos los que se reían y
burlaban de un defecto físico, de mi manera de ser o de mi familia.
Compañeros de escuela y de la infancia, los perdono de todo corazón
como Cristo me ha perdonado a mí. Que Dios los bendiga a cada uno en
estos momentos. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación,
especialmente a quien más me ofendió.
 Perdono a mis profesores y maestros por las veces en que me humillaron
delante de mis compañeros, por sus reprensiones o calificaciones injustas.
Por no haberme apoyado o ayudado. Por los complejos que en mí crearon
con sus actitudes, haciéndome sentir que no me querían; los perdono.
Maestros y profesores, Cristo, a través de mí, los perdona de todo el mal
que consciente o inconscientemente hicieron en mi vida. Que Dios los
bendiga a cada uno de ustedes. Yo les doy el abrazo de la paz y la
reconciliación.
 Perdono, de la misma manera, a mis jefes y superiores que no reconocieron
lo que yo era y hacía. Les perdono sus favoritismos y arbitrariedades; porque
nunca me dieron un cargo de verdadera responsabilidad; por las veces en
que fui víctima de sus injusticias. Les perdono el abuso de autoridad que
tuvieron conmigo. Sus presiones y chantajes.
Jefes y superiores, con la autoridad de Cristo, yo los perdono de todo
corazón. Que Dios los bendiga abundantemente a cada uno de ustedes.
Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.
 Perdono al novio(a), y amigo(a), que hirieron mi corazón, dejándolo
lastimado y desconfiado. Perdono a... que me usó como un mero pasatiempo
en su vida. Perdono a... que no supo corresponder con amor, a mi amor.
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N... , yo te amo ahora como Cristo me ama; por eso, te perdono de todo
corazón. Que Dios te bendiga. Yo te doy el abrazo de la paz y la
reconciliación.
De acuerdo con las circunstancias, se puede añadir el perdón a otras
personas:
 Esposo(a), abuelos, tíos o tutores.
 Familia política y parientes cercanos.
 A quien nos ha robado, injuriado o difamado.
 A sacerdotes, monjas y clero en general.
 También hay algunas personas que guardan un resentimiento para con
Dios, y no le han perdonado la muerte de un ser querido o un defecto físico.
 Muchos, tampoco se han perdonado a sí mismos una falta, un pecado o
error.
Yo perdono a todos y cada uno de los que me han ofendido. En el Nombre de
Cristo renuncio al odio, rencor y resentimiento que exista en mi corazón.
De manera especial, en estos momentos, perdono a la persona que más
me ha ofendido, que más mal me ha hecho. Pienso y veo a Cristo junto a
ella. Cristo la bendice y la abraza. Yo también la abrazo y le perdono de
todo corazón y para siempre con el perdón que Cristo ha tenido para
conmigo. Por mi parte, yo también pido perdón a quien consciente o
inconscientemente he ofendido. Pido perdón a Dios, a los demás y a mí
mismo de cualquier daño o perjuicio.
9ª. No programar la forma como vas a recibir el Espíritu Santo
Para terminar esta preparación, tú no debes planear cómo va a ser tu
experiencia cuando venga a ti el Espíritu Santo. A ti no te toca decidir cómo
va a suceder. Dios, desde la eternidad, planeó con sabiduría y amor cómo te
iba a tocar este día con su Espíritu. Tú no debes ponerle condiciones a Dios ni
limitar su acción, diciéndole: "Yo quiero tener la experiencia que tuvo mi
hermano, mi amigo o tal persona al recibir la efusión del Espíritu".
No. Eso no depende de ti. Depende de Dios, que te conoce y ya planeó la
forma de bendecirte. No le pongas tampoco ninguna barrera. Déjalo que Él
se manifieste como Él quiera. No debes dar rienda suelta a tus emociones,
pero tampoco debes reprimir tu emotividad, porque algo grande e
importante va a suceder hoy en tu vida.

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No te preocupes por la envoltura del regalo. Lo más importante es el Don del
Espíritu Santo que te va a inundar. Lo esencial no es lo que sientas o no
sientas: Lo fundamental es que hoy vas a recibir una nueva efusión del
Espíritu de Dios que va a cambiar tu vida. La prueba de que recibiste el
Espíritu Santo no es si sentiste bonito, lloraste o hablaste en lenguas sino el
cambio de vida que comenzarás a experimentar.
Algunos pueden recibir el Don del Espíritu de manera suave, como una brisa;
otros, de forma más fuerte, como un viento impetuoso. Tú no preguntes por
qué. Simplemente deja que el Señor haga la obra como Él quiera.
Oración pidiendo Espíritu Santo
Ahora, seguros de que no hay obstáculos en nuestro corazón, nos
abandonamos a Cristo para que él haga la oración y le pida a su Padre el
Espíritu Santo prometido para cada uno de nosotros. En esta oración, María
permanece cerca, como estuvo en aquel primer Pentecostés con los
discípulos de Jesús. Ella permanece al lado de cada uno de nosotros.
Como signo de apertura al Señor, se ponen de pie los que libremente quieran
recibir hoy la Promesa del Padre. Es Jesús, y sólo Jesús, quien da este Espíritu
Santo. Pero como signo de amor y solidaridad, algunos hermanos estarán
junto a cada participante, para unirse a la oración de Jesús pidiendo Espíritu
Santo. Se ora por cada uno de los hermanos, a los cuales se les invita a dar
gracias a Dios por el Espíritu Santo recibido, y que no pongan resistencia al
don de lenguas, por si el Señor quiere dárselos, ya que es frecuente recibirlo
en estos momentos.
Esta oración se da en dos tiempos:
 Una oración general con todos los participantes.
 Una oración personal sobre cada uno de los participantes.

Oración comunitaria

Jesús, Señor de los cielos y tierra,


creemos que moriste en la cruz
por nuestros pecados, pero que Dios te resucitó
y estás vivo para nunca más morir.

Creemos que el Padre te ha dado pleno poder


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en el cielo y en la tierra.

Estamos seguros de que cualquier cosa


que pidas al Padre, Él te la va a conceder.
Permítenos tomar tu Nombre Santo que está
sobre todo nombre y apoyados en tus méritos,
pedirle al Padre que derrame abundantemente
su Espíritu sobre nuestros corazones.
Padre Santo, en el Nombre de Jesús, el Mesías,
el Hijo de tus complacencias,
a quien no le niegas nada,
danos tu Espíritu Santo,
que Tú mismo nos prometiste.
Danos, Padre, una nueva efusión de tu Espíritu
que transforme todo nuestro ser
y nos haga criaturas nuevas en Cristo Jesús
para tu gloria. Jesús, sabemos
que tú estás lleno de Espíritu Santo.
Bautízanos en Espíritu Santo para que hoy
comience la mejor etapa de nuestra vida.
Espíritu Santo, ven a cada uno
de los que aquí estamos.
Llénanos de ti. Inúndanos, báñanos,
purifícanos, santifícanos y transfórmanos.
Ven y haz de nuestro corazón
un templo vivo donde habites por siempre.

Oración personal
A continuación, se realiza la oración personal sobre cada uno de los que
manifiestan quererla. Durante esta oración, sugerimos lo siguiente:
 La persona sobre la que se ora pidiendo el Espíritu Santo permanece en
alabanza, repitiendo en voz alta su oración. Esto facilita el recibir el don de
lenguas, cuando Dios lo quiere conceder.
 Se ora con el signo de solidaridad de imponer las manos sobre la persona.
 La oración se debe centrar en un solo motivo: Que Dios derrame una nueva
efusión de su Espíritu.

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 Sugerimos que aquellos que ya tienen ese don, oren en lenguas. Al
terminar se entonarán alegres cantos de alabanza.

Comentario sobre la efusión del Espíritu


A esta efusión del Espíritu generalmente se identifica como "Bautismo en el
Espíritu Santo". En otros lugares "Renovación del Espíritu" o "Release of the
Spirit", también se le llama "Renovación del Bautismo en el Espíritu Santo"
(aquí el término Bautismo en el Espíritu Santo se entiende como la iniciación
cristiana a través de los Sacramentos de iniciación). También se le denomina
"La efusión del Espíritu", o simplemente, para no absolutizar: "Efusión del
Espíritu".
Ningún término expresa totalmente la realidad que dicha experiencia
encierra. Tampoco es mi in tención justificar alguno de ellos. Aquí hemos
usado, sobre todo, "Efusión del Espíritu" o "Bautismo en el Espíritu", porque
es el más acorde con la terminología bíblica. Con "el Bautismo en el Espíritu
Santo" o "Efusión del Espíritu" sucede como con todo tipo de fenómeno
espiritual o místico.
Primero, se vive la experiencia del fenómeno; luego, se trata de explicar con
aproximaciones, imágenes o analogías; y, por último, se va precisando en un
lenguaje teológico apropiado. Lo cierto y más importante de esta experiencia
es que algo especial pasa en las personas que le piden a Jesús que derrame la
Promesa del Padre. Muchos señalan este momento como definitivo en su
conversión al Señor. Otros lo describen como la puerta que les ha abierto un
mundo nuevo en su vida espiritual, y todos hablan de un encuentro con Jesús
vivo. No se pueden cerrar los ojos ante la realidad de miles de católicos que
no han tenido necesidad de salir de su Iglesia para vivir esta experiencia
pentecostal. Quienes han recibido esta Renovación de su iniciación cristiana,
comienzan a tener una nueva visión de las cosas de Dios y de su Iglesia, una
fuerza poderosa para testificar a Jesús en todas las circunstancias de su vida,
un profundo sentido comunitario y responsabilidad por cada uno de los
miembros de la misma; en fin, una apertura a toda la gama de los dones y
frutos del Espíritu Santo. El Bautismo en el Espíritu Santo suscita sed de Dios,
gusto por la oración y amor a las Sagradas Escrituras.

SI LO PIDES, RECIBIRÁS EL DON DEL ESPÍRITU

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