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Blue Moon El Espiritu de La Laguna

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DISEÑADOR

nombre: Jaume

EDITOR
LAIA
¿Qué oscura criatura se esconde LÓPEZ
nombre:

bajo las aguas de la laguna?


CORRECTOR
nombre:

ESPECIFICACIONES

título: Blue moon


Ahora que el curso ha terminado, Diana y sus
encuadernación: cartoné
amigos tienen por delante unas tranquilas vaca- medidas tripa: 190 x 250 mm
ciones de verano. Sin embargo, pronto se darán medidas frontal cubierta: 195 x 256 mm
cuenta de que los problemas no han hecho más medidas contra cubierta: 195 x 256 mm
que empezar... Un dragón amenaza con destruir- medidas solapas: -

lo todo a su paso y alguien muy poderoso en la ancho lomo definitivo : 21?

laguna está empeñado en sellar un pacto que


causará mucho dolor. ACABADOS

Nº de TINTAS: 4/0
Por si fuera poco, para las sirenas es más difícil TINTAS DIRECTAS:
que nunca ocultar su verdadera identidad, espe- LAMINADO:

cialmente desde que un par de periodistas andan PLASTIFICADO:

husmeando por el campus universitario… brillo mate


? uvi brillo uvi mate

Las pesadillas de Eiden no dejan de empeorar, y su relieve

falso relieve
hermana Liv tampoco está pasando por un buen
purpurina:
momento. La sospecha de que sobre la familia Ki-
rous pesa una terrible maldición es cada vez más
fuerte. La cuenta atrás para la próxima luna llena
estampación:
ha comenzado, pero Diana está decidida a salvar
a sus amigos… sin importarle las consecuencias.
troquel

OBSERVACIONES:

Fecha:

@teenplanetlibros PVP 15,95 € 10256153


@teenplanetlibro
@teenplanetlibro
planetadelibrosinfantilyjuvenil.com
CAPÍTULO 1

E
l dragón se lanzó en picado hacia Isla y Lucas echando una llama-
rada de fuego por la boca. ¡Iba a alcanzarles! Presos del pánico, los
dos amigos se zambulleron en el agua para evitar el fuego, que por
poco no les chamuscó la piel. El temible monstruo pasó volando a ras
del agua e Isla y Lucas se hundieron aún más en la laguna, tratando de
pasar inadvertidos. Si los gélidos ojos del dragón detectaban lo que se
escondía bajo las aguas, estaban perdidos...
Pero la bestia pasó de largo y prosiguió su camino hacia la orilla.
Segundos más tarde, sacaron la cabeza del agua y constataron que
el dragón estaba volando hacia el Festival de la luna de fresa, que es-
taba abarrotado de humanos. Compartieron una mirada de alarma y
sin decir una sola palabra comenzaron a nadar hacia el muelle. Aquello
pintaba muy mal.

En una zona apartada del Festival, lejos de la muchedumbre, Eiden


estaba hecho un ovillo en el suelo, sufriendo muchísimo. Un haz de luz
le atravesaba la espalda y le quemaba la piel. El chico gemía agónica-

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mente, a punto de perder la conciencia. A su lado, Diana, Edlyn y Mako
se sentían completamente inútiles.
—¡Tenemos que hacer algo! —exclamó Diana con lágrimas en los ojos.
No soportaba ver a su amigo sufrir de esa forma.
—Parece cosa de magia —sugirió Edlyn con nerviosismo—. ¿Le habrán
lanzado un maleficio?
—Pero ¿quién querría hacer daño a Eiden? —inquirió Mako, incrédulo.
De repente, Edlyn se quedó helada.
—Oh, no —pronunció con voz queda.
—¿Qué ocurre? —preguntó Diana sin apartar la mirada de Eiden.
Edlyn tenía la vista fija en el cielo y parecía haberse quedado sin
palabras. Mako alzó los ojos hacia donde miraba su amiga y se los frotó
con incredulidad.
—Diana.... —la llamó con un fino hilo de voz—. Parece que tenemos
problemas.
La chica apartó los ojos de Eiden con resignación y el espectácu-
lo que presenció la hizo estremecerse. Un imponente dragón estaba
surcando el cielo, justo por encima del Festival de la luna de fresa. La
bestia volaba en círculos como si estuviera buscando algo. Cada vez más
personas alzaban la vista y señalaban hacia el cielo, y aquí y allá se
empezaban a oír gritos de alarma.
De golpe, como si hubiera encontrado lo que buscaba, el dragón
detuvo su vuelo y viró bruscamente.
—¿Dónde irá? —preguntó Edlyn.
Un segundo más tarde, el dragón se abalanzó sobre ellos. Concreta-
mente, hacia el haz de luz que emanaba de la espalda de Eiden. Diana

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chilló con rabia e instintivamente alzó las manos y lo protegió creando
una barrera translúcida con el poder que le otorgaba la luna de fresa.
No permitiría que nadie hiciera daño a Eiden. El dragón frenó en seco,
incapaz de traspasar la barrera de Diana, y se elevó unos metros, como
si sopesara la situación. Instantes después volvió a la carga, pero fue
incapaz de atravesar ese muro de fuerza. Sin embargo, la sirena Aysun
se dio cuenta de que su barrera estaba comenzando a ceder bajo el peso
del dragón. No la podría sostener mucho tiempo más.
—Parece que el dragón va a por Eiden —constató Edlyn—. Deberíamos
esconderlo.
Aprovechando que el dragón había reculado unos metros para co-
ger impulso, Mako y Diana contemplaron al chico un momento. Seguía
agonizando y parecía que su salud había empeorado en los últimos
minutos.
Mako resopló:
—Mírale, Edlyn, ¿cómo vamos a esconderlo del dragón si un rayo de
luz le atraviesa el cuerpo? ¡Se le ve desde cualquier parte de la galaxia!
—¡Si tan listo eres, propón algo! —protestó ella.
Diana había dejado ya de escuchar su discusión: acababa de tener
una idea. No sabía si iba a lograrlo, pero tenía que intentarlo si quería
mantener con vida a Eiden. La sirena siempre había tenido el poder de
mover las aguas, pero nunca le había parecido que ese don fuera
de gran utilidad. Hasta ahora.
Cuando el dragón se elevó una vez más, Diana dirigió toda su con-
centración hacia la laguna. A continuación, canalizó un potente chorro
de agua hasta su amigo y se mordió los labios con aprensión, deseando

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con cada fibra de su ser que su plan funcionara. El largo chorro de agua
se elevó por el cielo y se dirigió hacia ellos, ante la mirada sorprendida
de Edlyn y Mako. Al fin, el agua entró en contacto con el rayo luminoso
y, en el acto, la espalda de Eiden dejó de arder.
—¿Estás mejor? —preguntó Diana mientras observaba a Eiden aten-
tamente.
Pero parecía que él había entrado en una especie de trance y no dio
muestras de haberla oído siquiera. Diana le tocó la frente con cariño:
estaba ardiendo. Se obligó a sí misma a apresurarse antes de que el
dragón los encontrara.
—¡Vamos, rápido! —exclamó.
Entre los tres cogieron en volandas a Eiden y se adentraron entre la
multitud del festival, confiando en pasar desapercibidos ahora que la
espalda del chico ya no ardía. Con un poco de suerte, el dragón ya les
habría perdido la pista. Edlyn oteó el cielo y se estremeció: al perder a
su presa el monstruo parecía enfurecido y había comenzado a lanzar
llamaradas de fuego sobre los puestecitos que encontraba a su paso. No
pararía hasta dar con ellos.
—Estamos cerca del almacén del café Ondina, escondámonos dentro
—propuso Mako.
La gente, presa del pánico, huía despavorida en todas direcciones.
El Festival de la luna de fresa estaba sumido en el caos y avanzar con
Eiden semiinconsciente resultaba casi imposible. Cuando al fin llegaron
al almacén de la cafetería, se metieron dentro y cerraron la puerta tras
de sí, jadeando por el esfuerzo y sin saber si estaban realmente a salvo.

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CAPÍTULO 2

N
o se atrevían a salir de allí. Edlyn se sentó en el suelo, entre los
botes de conservas, y Diana y Mako enseguida la imitaron, ex-
haustos. Les llegaban los gritos amortiguados de la gente que es-
taba en el Festival: el dragón seguía causando destrozos a su paso. A su
lado, Eiden estaba acurrucado de espaldas a la puerta y deliraba como
si tuviera fiebre. Mientras dormía no dejaba de temblar y estremecerse.
Tenía el rostro perlado en sudor y a ratos gemía.
—¿Qué debes de estar soñando, Eiden? —le susurró Diana mientras le
apartaba un mechón de la frente.
Se quedaron en silencio un largo rato, tratando de asimilar lo que
les acababa de ocurrir.
—No tiene ningún sentido nada de lo que está pasando —se lamentó
Edlyn con el rostro enterrado entre las manos—. ¡Un dragón en el cam-
pus y Eiden con una especie de maleficio!
—Es como si ambos sucesos estuvieran relacionados —se aventuró
a sugerir Mako—. Si no, ¿por qué el dragón estaba tan empeñado en
atacarle?

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En aquel momento, la puerta del almacén se abrió de golpe y los tres
dieron un respingo. Cuando en el umbral aparecieron Liv, Isla y Lucas
suspiraron aliviados.
—¿Estáis bien, chicos? —inquirió Lucas—. Estábamos nadando en la
laguna y hemos visto lo que ha pasado.
—Yo estaba en el muelle y me he encontrado con ellos —añadió Liv—.
No os veíamos por ningún lado y de repente se me ha ocurrido que os
podríais haber escondido aquí... —Liv dejó de hablar al darse cuenta de
que su hermano estaba acurrucado en el suelo—. ¡Eiden! —Corrió hacia
él y se agachó a su lado, pero el chico no pareció reconocerla—. ¿Qué le
ocurre? ¿Está inconsciente?
—Algo así —asintió Diana—. Estábamos en el festival y de repente
se ha empezado a encontrar mal. Entonces... —tragó saliva nerviosa—.
Entonces un potente rayo de luz le ha atravesado el cuerpo desde la
espalda y se ha desplomado. No sabía cómo ayudarle...
—Y luego ha llegado el dragón y lo ha atacado —añadió Mako.
—¿Qué? —exclamaron Isla, Lucas y Liv a la vez.
—Parecía que solo tenía ojos para Eiden, no le interesaba nadie más
—añadió Edlyn.
Liv no apartaba la vista de su hermano pequeño.
—Mi... mi padre solía decir que Eiden estaba maldito —pronunció con
voz temblorosa—. ¿Y si tenía razón?
A continuación, le quitó con cuidado la camiseta a su hermano;
la cicatriz que tenía en la espalda quedó al descubierto. Los demás se
aproximaron para ver mejor: efectivamente, en la espalda de Eiden po-
día verse aquella herida que tenía la forma de la laguna. Sin embargo,

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la cicatriz ya no era como Diana y Edlyn la recordaban. Ahora estaba en
carne viva, como si el mapa entero hubiera ardido hasta pocos minutos
antes.
—Parece que el rayo de luz que ha atraído al dragón brotaba de la
cicatriz —constató Edlyn.
La sirena no sabía mucho sobre cicatrices, pero aquello no le pareció
buena señal.
Liv levantó la vista del rostro de Eiden y miró a los demás. Tenía los
ojos llenos de lágrimas.
—Chicos, siempre he sabido que ocultabais cosas y, sinceramente,
nunca me ha importado demasiado. Pero ahora se trata de mi hermano
y quiero estar informada de todo. No puede haber secretos entre noso-
tros cuando la vida de Eiden corre peligro —les imploró.
Isla y Lucas se miraron brevemente a los ojos y asintieron al uní-
sono. Las situaciones extraordinarias requerían soluciones extraordina-
rias, aunque esto implicara romper la regla más importante del consejo
de la laguna.

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