Tratado de Criminologia Antonio Garcia P
Tratado de Criminologia Antonio Garcia P
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del infractor^. La conducta criminal se analizará, entonces, en función De este modo, para la teoría del aprendizaje social, el individuo no
de los estímulos que la provocan y los refuerzos que la mantienen. Pues comete el delito debido al impulso de fuerzas internas (explicación
se estima que las pautas de la respuesta, habitualmente atribuidas a psicoanalítica) o de estímulos externos (hipótesis conductista radical)
factores internos del individuo, pueden inducirse, eliminarse y restable- sino de u n a compleja y recíproca interacción continua de determinantes
cerse modificando las influencias externas del medio^. personales y ambientales en los que ciertos procesos simbólicos, vicarios
V autorregulatorios juegan u n papel predominante'' .
b) Conductismo (radical) versus teoría cognitiva y aprendizaje social.
•y '^ ^^ raetores geju"
P a r a el conductismo radical, el comportamiento humano (y, por tanto Se analizan, pues, los siguientes modelos^
el criminal también) se explica dinámicamente como mera concatena- 1) Modelos biológico-conductuales (modelos de condicionamiento del
ción de estímulos y respuestas, de acuerdo con su imagen del hombre
proceso de socialización). Se t r a t a de u n conjunto de construcciones
como máquina de reflejos y hábitos*. Sin embargo, todo parece indicar
teóricas que explican no cómo se aprende el comportamiento criminal,
que la conducta h u m a n a se rige por claves más complejas y organizadas.
sino por qué ciertas personas (los delincuentes) fracasan en la inhibición
Y que no deben excluirse, sin más, de la indagación científica todos los
eficaz de las conductas socialmente prohibidas cuando el resto de los
determinantes internos pretextando la inaccesibilidad del observador a
ciudadanos h a n aprendido a evitarlas. Particular interés tienen las
los mismos o la supuesta falta de relevancia etiológica, causal, de los
teorías de EYSENCK, TRASLER, MOWRER, Y la ya expuesta
procesos cognoscitivos. Por ello, la teoría cognitiva ha puesto especial
(sociobiológica) de JEFFERY. , ^ ^ . « j , ^ ^ y « ^ i ^ & » ^ , 3 f o
énfasis en la percepción del mundo por el delincuente a los efectos de
comprender el propio comportamiento criminal; en el contexto subjetivo 2) Modelos socioconductuales o del aprendizaje social. Intentan
del autor, en el desarrollo de las variables cognoscitivas («desarrollo explicar cómo se aprende el comportamiento criminal insistiendo en la
moral», por ejemplo), normas y valores del mismo, autoconcepto, etc.^. importancia de la observación y la imitación de modelos. Aun sin
descartar el interés que para todo aprendizaje tiene el condicionamiento,
El conductismo h a utilizado como modelo de aprendizaje fundamen- las teorías del aprendizaje social resaltan el del refuerzo positivo directo
talmente la concepción skineriana del aprendizaje operante (la conducta y, sobre todo, el mecanismo del aprendizaje vicario. Se h a r á aquí una
se controlaría por sus consecuencias inmediatas), y sólo en menor referencia obligada a las tesis de BANDURA, FELDMAN y otros.
medida la del aprendizaje clásico o pauloviano (por asociación de
estímulos). Por el contrario, las teorías socioconductuales del aprendi- 3) Teorías el desarrollo moral y del proceso cognitivo. Atribuyen el
zaje social ponen el acento en el llamado aprendizaje vicario-observacional comportamiento criminal no al defectuoso condicionamiento del proceso
u observación de modelos. e-'JJUJá; aoi ,í)V9tl9"
de socialización del autor, o a concretos aprendizajes, sino a ciertos
procesos cognitivos: a su percepción del mundo, al propio contexto
Se trata, pues, —en el caso de este último— de un mecanismo de aprendizaje
t abreviado. Observando las conductas de otras personas y las consecuencias de subjetivo del delincuente, al grado de desarrollo y evolución moral del
ttu i esas conductas, el individuo aprende sin necesidad de un tedioso proceso de ensayo mismo, valores y normas, y otras variables cognoscitivas de la persona-
f. y error; sin necesidad de experimentar personalmente —expost—\as consecuen- hdad. Se contemplarán las opiniones de PIAGET y KOHLBERG funda-
cias de los actos propios^ mentalmente.
4) Modelos factorialistas de rasgos o variables de la personalidad.
. _^irrmi ni &'i:>íiBaian3:Í9b 8u^ Bai Abandonada la hipótesis de la «personalidad criminal», los modelos
Vid. BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 20. factorialistas t r a t a n de identificar rasgos de la personalidad (variables)
^ Cfr. BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 19. Cfr. MIGUEL relacionados con el comportamiento criminal; dimensiones de la perso-
TOBAL, J. J., La aproximación conductual al comportamiento delictivo, en:
Delincuencia. Teoría e investigación, cit.. pág. 97 y ss.
* Cfr., en sentido crítico, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág-
397. En este sentido, BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., págs. 25 a 27.
^ Vid., BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 24 y ss. Hago mía, pues la clasificación que siguen SANCHA MATA, V., Y GARCÍA
Así, BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 26 y ss. GARCÍA, J., en: Psicología penitenciaria, cit., págs. 38 y ss.
690 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 691
nalidad del infractor de validez transituacional, independientes de otras nsicópatas, quienes exhiben más elevados niveles de extroversión y
variables y dotadas de poder predictivo. Todo ello, sirviéndose de neuroticismo (el n e u r o t i c i s m o , s e g ú n EYSENCK, potencia la
instrumentos objetivos de medición y cuestionarios como el MMPI. Los condicionabilidad de los introvertidos y los defectos de condicionabilidad
rasgos y variables consideradas son innumerables (extroversión-intro- de los extrovertidos)^".
versión, locus de control, esperanza-desesperanza, etc.). Se dará cuenta
sólo de algxmas formulaciones recientes. El modelo de condicionamiento de EYSENCKreconoce que la conduc-
' ta criminal se halla fuertemente influenciada por factores genéticos,
como lo están, también, otras variables de la personalidad.
Pero el proceso de socialización —y el defectuoso condicionamiento
2 . M O D E L O S BIOLÓGICOS-CONDUCTUALES ( M O D E L O S del individuo— desempeña un papel decisivo en la génesis de la conduc-
[ ; D E CONDICIONAMIENTO D E L P R O C E S O D E SOCIALI- ta delictiva. La calidad de los condicionamientos, el propio grado de
I ZACIÓN) condicionabilidad del individuo y las técnicas de educación empleadas
con el mismo (permisividad versus rigidez, por ejemplo) explican que
unos inhiban los comportamientos delictivos y otros no.
Un primer grupo de modelos explicativos del comportamiento crimi-
nal refieren éste a la socialización del individuo, y dicha socialización a Según EYSENCK, el niño va asociando el castigo («estímulo incondi-
procesos de condicionamiento. La razón es obvia: la mayor parte de los cionado») a las conductas prohibidas («estímulo condicionado») y, de este
hechos delictivos constituyen conductas adquisitivas para las que no se modo, poco a poco, forma y desarrolla u n a «conciencia» o «reacción
requieren especiales técnicas ni habihdades. Por lo que, desde un punto condicionada» de miedo y ansiedad ante comportamientos semejantes
de vista etiológico, no importa saber cómo se aprendieron los hábitos en el futuro: esto es, u n a instancia de control interno, autónoma, que
criminales, sino por qué algunos individuos no inhiben ciertas conductas actuará en lo sucesivo como factor disuasorio. Podría parecer poco eficaz
socialmente prohibidas, mientras el resto de los ciudadanos aprenden a y seguro dicho mecanismo de condicionamiento —continúa EYSENCK—
evitarlas. El comportamiento delictivo, pues, parece derivar entonces de en comparación con las poderosas resistencias contingentes a los actos
fallos o deficiencias en el condicionamiento del proceso de sociahzación''. delictivos. Y sin embargo, no lo es. El condicionamiento explica un
importante sector de la conducta socializada del ser humano. Investiga-
ciones empíricas con animales h a n demostrado, además, que su impacto
a) El m o d e l o de c o n d i c i o n a m i e n t o de EYSENCK. puede ser asombroso^^.
I f 1') Según EYSENCK, el comportamiento social se adquiere a través De hecho —concluye EYSENCK— la reacción autónoma o conciencia condicio-
de un proceso de condicionamiento, cuyo resultado final depende, nada aventaja, como factor de disuasión, a la propia amenaza del castigo que la ley
básicamente, de tres variables: la condicionabilidad de cada individuo representa, por tres razones poderosas: por su inmediación, por su anticipación y por
su inevitabilidad. En efecto, mientras el castigo tarda en aplicarse, la reacción
(esto es: la rapidez de adquisición y la resistencia a la extinción de las autónoma de miedo y angustia suscitada por la comisión del delito se produce
respuestas condicionadas, lo que, en buena medida depende del código
genético de la persona), el grado de condicionamiento y el modelo de éste.
La condicionabiHdad, para EYSENCK, guarda u n a estrecha y significa-
tiva relación con la introversión: a mayor introversión mayor ^° Sobre el modelo de EYSENCK, vid.: GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V.,
condicionabilidad. Los delincuentes, por ello, serían personas más Psicología Penitenciaria, cit., págs. 38 a 46; también, GARRIDO GENOVÉS, V.,
extrovertidas —peor condicionadas— que la población general. Y los Delincuencia y sociedad, cit., págs. 254 a 260, de los que se toma la presente
exposición. Recientemente:PÉREZ SÁNCHEZ, Jorge. Teorías biológicos-factoriales
y delincuencia, en: Delincuencia. Teoría e investigación, cit., págs. 76 y ss.
^^ Sobre los conocidos experimentos de WATSON Y, sobre todo, SOLOMON, a los que
HKÍKAH nhi>rrí.»ote se refiere EYSENCK para demostrar la importancia que tiene el condicionamiento,
Asi, GARCIA-GARCIA, J., Y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit. vid.: GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., donde se describen tales
Pág. 39.
experimentos, Así como el realizado por el propio EYSENCK (págs. 41 y 42).
692 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 693
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA
inmediatamente; el castigo sigue a la comisión del hecho criminal, la conciencia Dicha hipótesis que EYSENCK considera haber verificado experimentalmente"
condicionada o reacción autónoma también le precede; la imposición del castigo, por se completa con una constatación adicional: el neumf/c/smo provoca un genuino
último, es azarosa, puede tener lugar o no, mientras la respuesta condicionada de supercondicionamiento reforzando tanto los hábitos antisociales en el extravertido
miedo y ansiedad es inevitable^^.
como los hábitos socializados en el introvertido.
EYSENCK, por ello, considera más efectivo el aprendizaje clásico — Los extravertidos exhiben bajos niveles de activación cortical, son
por asociación de estímulos— que el instrumental. A su juicio, el más rápidos en el desarrollo de la inhibición reactiva y disipan ésta más
denominado aprendizaje «instrumental» es poco eficaz como mecanismo lentamente. Por ello, los extravertidos se condicionan y socializan peor
de disuasión contra el comportamiento criminal porque la consecuencia que los introvertidos en rapidez e intensidad. Y la predicción apunta a
aversiva (pena) que sigue a aquél se aplaza considerablemente (imposi- más elevados índices de conductas criminales en los extravertidos^^.
ción no inmediata, ni segura), con lo que se infringe u n a de las reglas
elementales de la efectividad del «condicionamiento operante» (esto es: La segunda «dimensión»: el neuroticismo, se asocia a labilidad emo-
el que se lleva a cabo a través de las consecuencias de la propia conducta cional, inquietud e hipersensibilidad^'^. Su base física (equivalente al
en el sujeto que la realiza). La intimidación penal es mucho menos arousal en la otra dimensión) reside en el sistema nervioso autónomo
efectiva que el condicionamiento «clásico» (asociación del acto prohibido lábil de los individuos de elevado neuroticismo, propensos a reaccionar
o estímulo condicionado con el estímulo incondicionado o castigo), ya que fuertemente, con acusados síntomas de ansiedad a los estímulos doloro-
el proceso de socialización forma y desarrolla en el individuo una sos, índices significativos de neuroticismo interfieren los procesos de
conciencia (reflejo condicionado) o respuesta autónoma estable, durade- aprendizaje social, de modo que las predicciones de EYSENCK asocian
ra y sólida que actuará, en lo sucesivo, como poderosa instancia de los mismos a la criminalidad.
control interno de los actos no deseados sirviéndose de implacables FELDMAN explica así la relación entre extraversión, neuroticismo y criminalidad:
agentes punitivos: los sentimientos de ansiedad y culpa. «Los individuos altos en N (neuroticismo) y bajos en E (extraversión) tienen una
fuerte capacidad para adquirir reacciones condicionadas de miedo; las personas
Así lo afirma explícitamente EYSENCK: «Nosotros esperaríamos que una altas en N y E muestran reacciones lábiles pero fracasan en adquirir respuestas de
reacción general de miedo y de displacer autónomos lleguen a asociarse con todas miedo a causa de su pobre condicionabilidad. Para cualquier nivel dado de E, cuanto
las actividades antisociales, a causa de la generalización del estímulo...»'^. más alto es el nivel de N, más alto es el nivel de delincuencia esperado. El sujeto
'VHL Maninuú •«98 íf)D BIíSs: MJbaoo Bl Bb 10 estable introvertido (o extravertido) será el más socializado; él condiciona bien, y el
2') La conducta delictiva, por otra parte, guarda estrecha relación con exceso de ansiedad no interfiere. El extravertido neurótico será el menos efectiva-
mente socializado, él es un pobre condicionador en cualquier situación y su alto nivel
la personalidad, ya que ésta juega u n papel destacado en el proceso de en N interfiere todavía más. El introvertido neurótico y los extravertidos estables
condicionamiento del comportamiento social según EYSENCK. A juicio
del autor, la variable de la personalidad que influye más en aquel C^witin; • m n0 9gii!«>íwtoí.fitó€í:ío|éCí>>fs&kf>S«ríGÍbil^^ tioUmkc
proceso es el mayor o menor grado de activación cortical (arousal) del
individuo, arousal que es más elevado en las personas introvertidas que
" De las diversas investigaciones de EYSENCK, destacan: Crime and Personality,
en las extrovertidas (las primeras presentan, por tanto, una mejor Londres, 1964, Routledge-Kegan Paul; del mismo y EYSENCK, S. B. J., A factorial
condicionabilidad que las segundas). ,i, study of psycoticism as a dimensión of personality, en: Mult. Beh. Research, 1968,
págs. 15 a 32; EYSENCK, S. B. J., y EYSENCK, H. J., Crime and Personality: an
empirical study of the three factor theory, en: British Journal of Criminology, 1970
(10), págs. 225 a 239; de los mismos: Personality differences between prisioners and
Controls en: Psychol. Reports, 1977 (40), págs. 1.023 a 1.028; EYSENCK, H. J.., El
modelo de condicionamiento del proceso de socialización, en: Análisis y modifica-
: . ción de conducta, 1981, vol. 7, núms. 14 y 15. Vid. PÉREZ SÁNCHEZ, J., Teoría
biológico-factoriales y delincuencia, cit., págs. 48 y ss.
EYSENCK, H .Dchncupncia y personalidad Madrid. Marova, 1976, págs 146 y ss. ^^ Vid. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
Cfr. GARCÍA-GAECÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit., pág. 41 y ss. Como apunta PÉREZ SÁNCHEZ, J., La teoría de la activación cortical
Pág. 41. •: '3! (arousal) correlaciona la necesidad de estimulación y la baja susceptibilidad a la
Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 256. • í" estimulación aversiva (Teorías biológico-factoriales y delincuencia, cit., pág. 89).
694 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 695
ocuparán una posición intermedia en socialización y, por consiguiente, en el nivel de El modelo de EYSENCK es rico en consecuencias en orden a la
delincuencia, ya que en cada caso la posición de una dimensión baja la socialización prevención de la criminalidad y el tratamiento del delincuente.
mientras la otra la apoya»".
Para el autor, el sistema educativo desempeña u n rol decisivo en la
En la segunda edición de «Crime and Personality» cita ya una tercera prevención del delito. Un desmedido culto a la permisividad perjudica la
dimensión: el psicoticismo. Los individuos de significativa puntuación efectividad del proceso de socialización porque restringe el número de
en la misma exhibirían perfiles semejantes a los del psicópata: sujetos 'ensayos de condicionamiento al dejar de castigar adecuadamente con-
solitarios, insensibles, inhumanos, hostiles hacia los demás, crueles, ductas negativas del niño. Sería oportuno un sistema que mantenga una
necesitados de nuevas sensaciones, etc. disciplina adecuada: suficiente para asegurar el condicionamiento ne-
cesario y no t a n severa como para generar procesos neuróticos en el
EYSENCK no ha especificado el soporte o base física de esta dimensión
sensiblemente asociada a la delincuencia. educando.
4') E n cuanto al tratamiento del delincuente, sugiere EYSENCK tres
P a r a EYSENCK, pues, es obvio que existe u n a relación inequívoca criterios^": la conveniencia de incidir, de modo directo (mediante dro-
entre comportamiento delictivo y puntuaciones elevadas en extraver- gas), en el sistema nervioso del penado, o con idénticos procedimientos
sión, neuroticismo y psicoticismo, «prescindiendo de las grandes dife- cuando éste padece alguna disfunción endocrina; acudir a técnicas de
rencias políticas, sociales y culturales entre los diversos Países»^*. modificación de conducta sobre la base del denominado condicionamiento
3') Finalmente, siempre según Eysenck, es necesario ponderar, operante (vg., economía de fichas), si bien tales sistemas no ofrecen
también, la incidencia áe factores situacionales que determinan el grado perspectivas esperanzadoras u n a vez que el recluso se reincorpora a su
y tipo de condicionamiento, junto a la condicionabilidad individual. medio originario; y situar los programas de tratamiento rehabilitador en
el marco de los regímenes abiertos, donde parece deben ser más eficaces
Porque esta última no constituye la única variable. Es más: las y operativos.
c o r r e l a c i o n e s a n t e s m e n c i o n a d a s ( e x t r a v e r s i ó n elevada-bajo
condicionamiento) valen en semejantes condiciones ambientales, no si 5') El modelo explicativo de la criminalidad de EYSENCK ha susci-
éstas difieren. tado u n a viva controversia. Seguidores y detractores del mismo h a n
tratado de verificar empíricamente las dimensiones de la personalidad
Una educación permisiva, por ejemplo, reduce el número de ensayos de en criminales y en grupos de control; los efectos de concretas variables
condicionamiento (en comparación con otra más estricta) lo que incide en la eficacia
del aprendizaje. Puede suceder, por otra parte, que un individuo haya sido condicio- (así, el efecto feedback sobre la extraversión); e incluso, el comporta-
nado no a evitar ciertas conductas antisociales, sino a todo lo contrario: con lo que, miento de éstas en determinados delitos o conductas antisociales dife-
si es introvertido, se condicionará bien, pero para convertirse en un individuo renciadas (vg., vagabundos y ociosos)^^ Existe ya u n a abundante y
antisocial, mientras si es extravertido, se condicionará mal, teniendo más posibilida- prolija literatura científica que evalúa y revisa la obra de EYSENCK.
des de sustraerse al aprendizaje delictivo^^
Críticas severas para la metodología y conclusiones del autor^^; o
an
^^ Cfr. GAEEIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 257 y ss.
FELDMAN, M. P., Criminal Behavior: A Psychological analysis, Londres, 1977, de la conducta delictiva en los años recientes» (El modelo de condicionamiento, cit.,
13 Wiley, página 145. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, ibídem. pág. 20). Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., Y SANCHA MATA, V., op. cit., págs. 42 y 43.
^ í EYSENCK, H. J., El modelo de condicionamiento del proceso de socialización, cit., ^° Cfr., GARCÍA GARCÍA, J., Y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
"'- pág. 10. Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 258; pág. 44 y ss.
GARCÍA-GARCÍA, 1., y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 42. ^^ Vid., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 254 y ss.
«El culto a la permisividad, tan sobresaliente en los paises occidentales —dice ^^ Por ejemplo, los de TAYLOR, WALTON y JOUNG, de 1973; GUERRA, de 1980;
Iso EYSENCK— en los últimos treinta años, h a tenido el efecto de reducir el número BURGESS(1972),HOGHUHIyFODDEST(1970),MACK(1969),CHOKAUNGAM
*' de ensayos de condicionamiento al dejar de castigar adecuadamente las conductas (1974), BLACK y GREGSON (1973), etc., todos ellos citados por GARRIDO
•'st negativas de los niños... lo cual, entre otros factores, ha contribuido al crecimiento GENOVÉS, V., op. cit., pág. 255.
696 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 697
confirmaciones —parciales, unas veces, totales, otras— del modelo
k
eysenckiano^^. de delincuentes, la teoría de EYSENCK sólo ha alcanzado u n a verifica-
ción parcial, incompleta.
BÍ 0f Prescindiendo de las objeciones genéricas al método e hipótesis conductistas^"
BÍao se ha reprochado, de modo específico, a Eysenck: que no precise respecto a qué tipo El perfeccionamiento de la metodología inicial del autor y la introduc-
de delitos y de delincuentes tiene validez su modelo teórico; la indeterminación del ción de nuevos diseños, por otra parte, no sólo obliga a u n a atenta
sustrato genético del mismo, así como la consistencia conductual derivada de sus evaluación de aquella, sino que abre nuevas perspectivas.
postulados; que no distinga debidamente la predisposición genética diferencial al
condicionamiento de la calidad diferente de las oportunidades de condicionamiento En efecto —continúa PÉREZ SÁNCHEZ— el hecho de que tanto la
que el individuo puede experimentar, confundiendo, pues, el factor genético con variable «P» psicoticismo, como la variable «E» extraversión», guarden
factores ambientales-culturales (vg., estilo de educación recibido); que trace las
oportunas asociaciones entre dimensiones de la personalidad y delincuencia sin
una estrecha relación con la conducta antisocial según demuestran
observar la acusada mediatización social que gravita sobre algunos individuos, de numerosas investigaciones (no así la variable «N», siempre en el modelo
modo singular por su elevado grado de participación en las actividades sociales, de EYSENCK) sugiere la búsqueda de lo que puedan tener en común uno
como es el caso de los extravertidos; por último, suele censurarse que Eysenck y otros rasgo de la personalidad. PÉREZ SÁNCHEZ llega a la conclusión
relacione la pobre socialización o pobre condicionamiento con la criminalidad, sin
más. Se argumenta que la teoría de Eysenck sirve para explicar el aprendizaje de
de que la «necesidad de estimulación» es el dato común que explica la
la conducta criminal, marco en el que los factores de la personalidad operan como relación de las variables «E» y «P» con la delincuencia: una acusada
factores predisponentes; pero no convence en el momento de explicar por qué se necesidad de estimulación sería elemento esencial en la génesis de la
comete el hecho delictivo y por qué el autor reitera, mantiene y conserva el conducta antisocial, loo ñau 89 maBksm'úgQ ob hubmeosi
comportamiento ilegal, extremos en los que la ecuación: costes-recompensas
parece ofrecer argumentos más concluyentes^^ «Si buscamos aspectos comunes en las variables que aparecen relacionadas
con el delito, encontraríamos que los sujetos con alta extraversión o/y con alto
.^.-'A.Ltiwjji> l a ::3u '
psicoticismo serían unas personas impulsivas, arriesgadas y con una fuerte nece-
sidad de estimulación necesaria para conseguir una ejecución óptima en su vida
b) La h i p ó t e s i s de la necesidad d e e s t i m u l a c i ó n c o m o rasgo de cotidiana. Pensamos que los citados fenómenos pudieron ser el centro, la parte
la personalidad: n e c e s i d a d d e estivaxúaLcióny actividad cortical fundamental, que explicara la relación de las variables «E» y «P» con la delincuen-
(«arousal»). . , •• . . f ^ . . . .,-yi>..-.;.,y-^r •.••, cia»^^.
Esta sugestiva hipótesis, propugnada entre nosotros por PÉREZ Según esto, las personas con gran necesidad de estimulación para
SÁNCHEZ, parte de u n a revisión crítica de la teoría de la criminalidad
conseguir un rendimiento óptimo (debido a un bajo nivel de activación
de EYSENCK.
cortical, probablemente) serían las más propensas a las conductas
Según PÉREZ SÁNCHEZ^^ después de treinta años de investigación antisociales que impliquen estimulación. Por ello —siempre ajuicio de
científica y más de u n centenar de trabajos sobre varias decenas de miles PÉREZ SÁNCHEZ— se ha podido detectar en todo tipo de personalida-
.£2, des antisociales (tanto en psicópatas, como en drogadictos o en indivi-
tOi'. tíTf íí=
f.í'í 'in>-i V cr;o[oi\<}orn r^ s'íjjq BSTSV duos considerados normales) u n a significativa necesidad de estimulación
(«hambre» de estímulos). Necesidad, por otra parte, más acusada en el
varón que en la mujer (en ésta, las puntuaciones de las otras variables
Cfr. GAEEIDO GENOVES, V., op. cit., ibídem. Una completa información sobre las
mvestigaciones llevadas a cabo en España siguiendo cuestionarios de EYSENCK relacionadas con la necesidad de estimulación y la conducta antisocial
para medir variables de la personalidad, en: PÉEEZ SÁNCHEZ, J., Teorías «P» y «E» son, también, menores que las del varón, como sus índices de
Diologico-factoriales y delincuencia, cit., págs. 83 y 84. criminalidad)^».
Así, la crítica que le dirige LÓPEZ REY, M., Criminología, Madrid, 1973 (Aguilar),
Bdí- ••) .ft!:i;raxj;!f!Í{9f)'
25 pag. 117 (crítica al conductismo radical, en puridad).
Una reseña de todas estas criticas, en: GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y .88
:0- iirrsiA A 'j V'jríi»ar0
S W * Í J ^'*' ^^^^' ^^^ ^ ^^°' ^^""^ """^^ evaluación de la Teoría de EYSENCK, vid.
fi^Hi^Z SÁNCHEZ, J., Teorías biológico-factoriales y delincuencia, cit., págs. 80 y 27
ss. PÉREZ SÁNCHEZ, J., Teorías biológico-factoriales y delincuencia, cit., pág. 85.
28
Teorías biológico-factoriales y delincuencia, cit., págs. 84 y ss PÉREZ SÁNCHEZ, J., Teorías biológico-factoriales y delincuencia, cit., págs. 88 j
89. ... . . . . ,. . ,. _„„..
698 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 699
i
700 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA. 701
d) En cuanto al modelo sociobiológico de JEFFERY, ya examinado en ámbito adecuado para llevar a cabo con éxito el control de la criminali-
otro capítulo de esta obra^^, baste con recordar ahora tres ideas. dad, baste con u n a remisión a lo ya expuesto en u n capítulo anterior^**.
JEFFERY parte de la hipótesis de que el comportamiento delictivo,
<n;s(i
como cualquier otro comportamiento, se aprende. De hecho, el autor
asume u n modelo conductista skinneriano que rechaza la introspección
como método de examinar la conducta y llevar a cabo las oportunas 3. M O D E L O S SOCIOCONDUCTUALES: EL A P R E N D I Z A J E
inferencias. «SOCIAL» fioioDsíaa Booñbaass «oyha^óo eof y isaiif:
Pero el modelo de aprendizaje de JEFFERY tiene u n importante
componente biológico, genético: es un modelo biosocial. A su juicio, el La teoría del aprendizaje social es la variante del conductismo más
código biológico traza importantes diferencias entre unos individuos y próxima a las teorías sociológicas del aprendizaje por transmisión
otros en orden a la capacidad de aprender en u n ambiente dado. cultural o asociación diferenciaP^. Su premisa es que la adquisición de
JEFFERY rechaza, pues, expresamente la denominada ley de la pautas y modelos criminales se lleva a cabo a través de un proceso de
«equipotencialidad», que presupone lo contrario, y lamenta que el aprendizaje evolutivo que descansa en la observación y en la imitación
evidente triunfo del conductismo sobre la introspección propia de los del comportamiento criminal de otros (aprendizaje vicario, observacional
análisis psicodinámicos signifique la consolidación de las tesis o proceso de modelado).
a m b i e n t a l i s t a s y, por t a n t o , que se p e r p e t ú e el mito de la Este modelo teórico se h a utilizado, a menudo, para explicar la
equipotencialidad^®. génesis de la criminalidad violenta^°. Su principal valedor es BANDURA,
siendo importantes las contribuciones al ámbito específico de la
De otra parte, el modelo de aprendizaje de JEFFERY descansa en el
Criminología de FELDMAN y GLASER. Según este punto de vista
principio del aprendizaje operante (aprendizaje por las consecuencias
(social learning approach) el crimen —en particular, el crimen violen-
derivadas de la conducta que experimenta personalmente el autor), no
to— es aprendido por el individuo y representa una respuesta normal a
en el denominado «clásico» (asociación de estímulos) ni en el «vicario» u
las situaciones y experiencias vitales del mismo. P a r a BANDURA, el
observacional, característico del aprendizaje social. De hecho, JEFFERY
individuo no nace como sujeto violento, sino que aprende a ser violento,
reprocha a este último que olvide la importancia del refuerzo primario
a actuar así, a través de sus vivencias diarias, de su interacción con los
y de los condicionantes biológicos. Olvide que el comportamiento crimi-
demás. Sobre todo por el impacto que tienen durante su niñez ciertos
nal constituye u n a conducta «reforzada» (tanto por un refuerzo positivo
ejemplos que provienen de personas especialmente significativas. Al
como negativo), u n a respuesta «operante», mantenida por sus conse-
observar como los otros emplean la violencia para conseguir sus propó-
cuencias, de acuerdo con u n a compleja fórmula (código genético del
sitos, siendo a menudo recompensados por ello (cine, televisión o incluso
individuo, experiencia personal del mismo, condiciones biológicas y
ambientales, anticipación por aquél de las consecuencias futuras
presumiblemente derivadas de sus actos, etc.^''). rit3í0f[>3jucf iojooq s\üs,5»rí:-!-\qo 19D aBriosi 8fu —ímnsi-i '*{«:
En cuanto a la opción prevencionista de JEFFERY —y su certera ^^ Sobre el problema, vid.: GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit.,
crítica a los sistemas legales represivos basados en la idea de intimida- pág. 85 y ss.
ción—, y a la trascendencia que asigna al factor ambiental-físico como ^^ Aunque la teoría del aprendizaje social que se examina en el presente capítulo sea
una teoría psicológica, se aproxima a las teorías sociológicas que operan con el
concepto de aprendizaje: fundamentalmente, a las teorías de la asociación diferen-
cial contempladas en el capítulo XIX (XIX 2-), donde se pondrán de relieve dichas
conexiones.
Vid. supra, capítulo XI, D6. *° Una de las críticas que se formulan al modelo de BANDURA es, precisamente, ésa:
36
Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 85. su reduccionismo, al polarizar todo el análisis y explicación del complejo fenómeno
37
Vid. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.. criminal en torno a la «agresividad» y la «violencia». Vid. CLEMENTE DÍAZ, M.,
pág. 47. El enfoque psicosocial en el estudio de la delincuencia, cit., pág. 136.
702 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 703
en la vida real), los comportamientos agresivos de los adultos van --sin necesidad de que el sujeto experimente personalmente las conse-
modelando la conducta del niño, quien aprende de este modo a actuar cuencias de sus propios actos— gracias a la operatividad de ciertos
violentamente. Los factores biológicos y los psicológicos pueden predis- símbolos y procesos autorregulatorios.
poner al individuo, pero la activación definitiva de las tendencias
Pero la teoría del aprendizaje social, aunque se aproxime a las teorías
criminales, violentas, se debe al entorno social, ambiental. Por ello
sociológicas de la asociación diferencial (SUTHERLAND), sigue siendo
BANDURA pone especial énfasis en la forma que adopta el comporta-
una teoría psicológica: psicosociológica.
miento social violento, lo. frecuencia con que se expresa, la situación en
que tiene lugar y los objetivos específicos seleccionados por aquél, como
extremos todos ellos ampliamente condicionados por las variables del
a) El aprendizaje social e n BANDURA.
aprendizaje social*^
1') Según BANDURA, el comportamiento criminal es comportamien-
Pero, como modelo teórico, el del aprendizaje social trasciende el to aprendido. «Si exceptuamos los reflejos elementales —argumenta—, las
ámbito estricto de la criminalidad violenta. Con el mismo t r a t a de personas no están equipadas con un repertorio innato de conductas.
explicarse, también, el proceso de adquisición de normas de conducta en Tienen que aprenderlas. Las pautas de respuesta nuevas pueden
general, de juicios y valores, y el desarrollo del autocontrol, esto es, la adquirirse por experiencia directa o por observación»"**. Ahora bien,
capacidad de tolerar la demora de u n a recompensa, de posponer recom- BANDURA advierte que el progreso de nuestros saberes actuales sobre
pensas inmediatas en favor de metas y objetivos a medio y largo plazo, el comportamiento del hombre obliga a superar trasnochadas y drásti-
de trazarse auto-recompensas y castigos, etcétera*^. cas alternativas respecto al carácter exclusivamente innato o exclusiva-
En cuanto teoría conductista, propone u n análisis directo del compor- mente aprendido de aquél. Carece hoy de sentido propugnar u n
tamiento humano (rechazo de la introspección del psicoanálisis) y ambientalismo radical o u n constitucionalismo extremo*^: «Natural-
explica el mismo en función de los mecanismos propios de todo proceso mente —añade*''— los factores biológicos juegan u n papel en el proceso
adquisitivo, lejos de la supuesta influencia de fuerzas ocultas que yacen de adquisición: los factores genéticos y hormonales afectan al desarrollo
en el pasado y operan por debajo del umbral de la consciencia. físico y éste, a su vez, puede influir sobre las potencialidades de la
conducta.» ,. , .• =^., . ^. - - .. r r
Como teoría del aprendizaje, pone el acento en el proceso de adquisi-
ción de los comportamientos delictivos (el delito se aprende como En el marco de dicho punto de partida integrado, contrapone
cualquier otro comportamiento social) y no en la condicionalidad del BANDURA dos modelos explicativos del comportamiento criminal: el
individuo o en los déficits del proceso de socialización de éste"*^. psicodinámico (psicoanálisis), basado en la introspección, y el conductista
(con sus diversas variantes: radical, moderado, etc.), que analiza direc-
Frente a las demás teorías del aprendizaje, que suelen descansar en
tamente la conducta, insertándola en el conocido mecanismo estímulo-
el mecanismo del aprendizaje operante —y, en menor medida, en el
respuesta.
aprendizaje clásico— las teorías del aprendizaje social potencian la
raodalidad vicarial u ohservacional (observación e imitación de conduc- Como buen conduct/staxechaza BANDURA la introspección y el mentalismo. A
tas criminales de otros), técnica que implica un aprendizaje abreviado su juicio, el psicoanálisis, además, infiere los determinantes internos de la conducta
a partir de la conducta misma de la que se suponía eran sus causas, utilizando
indebidamente la descripción como explicación'*'; interpreta fácilmente sucesos
j 'í'JÍ>i>í,t>' '•.•1(3 Svjí^ííil'i.' .riil,S..'DiT''-"'1/. i-<u ilv"!..»,. pasados, pero carece de operatividad predictiva respecto a los futuros""; sin que
Clr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 145 y 146. ,üoSí'\y;,a;¿ J f ..3^tjiiifiauiwaíi<8 ^sifeasM^itefe *feoí>T ,.A .AÍíUQKÍAa '"
*' Así, GARCÍA-GARCÍA, J., Y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
44 A
pág. 50.
Asi, BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 31.
Al modelo de aprendizaje de BANDURA que se examina en el apartado siguiente
Así, BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 31.
ó se le reprocha no conceder la debida importancia al proceso de socialización, tal vez
BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 31.
porque el autor acentúa en demasía el aprendizaje base del mismo (Cfr. CLEMEN-
BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 15.
TE DÍAZ, M,, El enfoque psicosocial, cit., pág. 138.
BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 1 7 . . . : :Í íi l'jh shosT
704 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA. 705
haya demostrado, tampoco, su capacidad de producir cambios psicológicos signi- respuestas y se experimentan sus efectos» (aprendizaje «operante»). Tal aprendi-
ficativos en el individuo al desarrollar sus premisas teóricas: no consta, por ejemplo zaje, por las consecuencias (inmediatas)ÚQ la respuesta, es el más rudimentario y
a juicio de BANDURA, que al hacerse conscientes al propio sujeto sus impulsos se basa en la experiencia personal y directa sobre los efectos positivos o negativos
internos dejen de actuar éstos como instigadores de su comportamiento criminal, ni de las propias acciones. Se trata, pues, de un proceso de reforzamiento diferenciad,
siquiera que se hagan más susceptibles de control"''. El hecho obvio —por último-— cuasi mecanicista, en el que se seleccionan las formas de respuesta que han tenido
de que la frecuencia e intensidad de una determinada conducta varía notablemente éxito y descartan las restantes de un modo automático o inconsciente.
según situaciones y momentos, pone de manifiesto que los supuestos impulsos , • Las consecuencias de las respuestas cumplirían una triple función: suministrar
internos no ofrecen una explicación concluyente^". información al individuo (momento del proceso de aprendizaje que no puede
sustraerse a cogniciones del sujeto), incentivarle o motivarle, anticipando las
qu Pero BANDURA opone diversas reservas al conductismo radical, que consecuencias previsibles en el futuro de comportamientos similares, y reforzar o
fortalecer automáticamente las respuestas^^; función esta última controvertida, ya
le permiten perfilar su concepto del «aprendizaje social» como opción que el reforzamiento parece un medio apto para regular conductas ya aprendidas,
integradora: «... Las personas no están ni impulsadas por fiíerzas para activarlas, pero ineficaz para crearlas, siendo más razonable suponer que el
internas, ni en manos de los estímulos del medio. El funcionamiento individuo no suele aprender conductas sin observarlas antes en otros^°; circunscri-
biendo incluso su operatividad a esta función activadora, según BANDU RA, es obvio
psicológico se explica, más bien, en términos de u n a interacción recípro- que la conducta no se regula por sus consecuencias inmediatas, sino que es
ca y continua entre los determinantes personales y ambientales»''^ necesario buscar determinantes más allá de tales consecuencias próximas aislada-
Al conductismo radical, en efecto, reprocha BANDURA desconozca la importan- mente consideradas, pues en otro caso no podría explicarse por qué continúan
cia etiológica causal de determinados procesos cognoscitivos, una vez constatado llevándose a cabo comportamientos que sólo reciben un refuerzo ocasional^\
—como parece haberlo sido— que cuando las personas se sirven de ayudas de
üj^.; naturaleza congnoscitiva generadas por ellas mismas, aprenden mucho mejor a
Aun sin restar importancia al condicionamiento de evitación que rige los
conducirse (y retienen más ese aprendizaje) que cuando se les refuerza por una
^^ ejecución repetitivas^. procesos de socialización, la teoría del aprendizaje de BANDURA descansa
-te Una cosa es el difícil acceso a las cogniciones del individuo o la escasa fiabilidad sobre el mecanismo del modelado, observación o aprendizaje vicarial. Este
Mm de los métodos utilizados para la evaluación de los mismos (vg., autoinformes) y otra es —afirma—, indispensable para la propia supervivencia humana. Abre-
^jlj muy distinta —y rechazable, según BANDURA^^— considerar espúreos todos los via, acorta, el proceso de aprendizaje y permite asumir la experiencia de los
, , determinantes internos de la conducta o cuestionar sus relevancia.
demás, haciéndola propia, sin necesidad de acudir a u n tedioso sistema de
ensayo-error con el riesgo y los costes inherentes®^ a éste.
2') Pero el dato que especifica y diferencia el enfoque de BANDURA
«Por fortuna los humanos —dice Bandura'^^— aprenden la mayor parte de su
es su concepto de aprendizaje (vicario u observacional, modelado).
conducta a través de la observación, por medio del modelado: al observar a los
P a r a fundamentar su tesis, contrapone BANDURA el aprendizaje demás, nos hacemos idea de cómo se efectúan las conductas nuevas y, posterior-
mente, esta información codificada nos sirve como guía de la acción. Evitamos
operante y el aprendizaje social, analizando lo que denomina determi-
errores innecesarios, aprendiendo, con ejemplos, cómo se deben hacer las cosas
n a n t e s antecedentes^'', d e t e r m i n a n t e s consecuentes^'' y «control (al menos de forma aproximada) antes de hacerlas por nosotros mismos.»
cognitivo»^®. , w-i fir r.-ryV^y^'lñ' 'ií}í~f/í-<^""v^"
^ «Tradicionalmente —recuerda BANDURA^'— las teorías psicológicas han par- Las consecuencias externas —dice BANDURA*'*— regulan, en buena
Pj;',. tido del supuesto de que sólo puede darse el aprendizaje cuando se efectúan medida, la conducta del hombre; no naturalmente las consecuencias
inmediatas y aisladas, momentáneas, sino las consecuencias globales agresión es recompensada, no castigada o ignorada, se produce el resultado
opuesto, incentivándose la comisión de actos de tales características^**. Existe,
que aquél procesa y sintetiza con u n a información retroactiva a partir de incluso, base experimental a juicio de algunos, para afirmar que, bajo ciertas
secuencias de sucesos. De este modo se opera u n importante refuerzo. premisas, observar el castigo ajeno puede ser tan efectivo para inhibir la conducta
Pero —añade BANDURA— el hombre guía sus acciones, en parte, por transgresora como experimentarlo personal y directamente^^
las consecuencias que observa en los otros y, también en parte, basán-
dose en consecuencias que crea por sí mismo, esto es: las consecuencias ' Dado que el sistema de sanciones legales descansa, en buena medida,
«vicarias» y las «autoproducidas»®®. en los efectos inhibitorios del castigo ejemplar, BANDURA reitera el
El aprendizaje vicario acentúa el rol de la observación de las conse- eventual impacto criminógeno de u n clima generalizado de infracción e
cuencias del comportamiento de los demás, sirviéndose de los conceptos impunidad: la observación de transgresiones que no se castigan tiende
de esfuerzo vicario, refuerzo vicario, castigo vicario, etc. Se parte, pues, a aumentar la aparición de la conducta prohibida en los observadores™.
de la hipótesis de que el individuo puede comprobar a menudo, en la vida De todo ello desprende BANDURA que atendiendo a los éxitos y a los
diaria, las acciones ajenas, observando cómo son recompensadas, casti- fracasos de los demás el individuo modifica sus propios pensamientos,
gadas o ignoradas. A través de la observación de los éxitos y equivoca- sentimientos y acciones^^
ciones de los otros adquiere u n a experiencia propia, aprende. La obser- Más aún: el observador suele aprender más rápido que las personas que le
vación del éxito de u n comportamiento ajeno, por lo general, incrementará sirvieron de modelo, porque puede concentrar su atención en descubrir las solucio-
la tendencia a actuar en el mismo sentido, mientras la observación del nes correctas, lo que explicaría la superioridad del refuerzo vicario en ciertos
comportamiento que se castiga producirá el efecto opuesto. Más aún: la ámbitos^^ y la pluralidad de funciones que cumple: de información, motivación,
observación de las consecuencias de las conductas de los otros determi- aprendizaje emocional, valoración, influencia, etc.'l
na, en parte, la fuerza y propiedades funcionales de los reforzadores
externos.®^ 3') El concepto de auto-refuerzo y la referencia a los mecanismos auto-
regulatorios completan el modelo del aprendizaje social de BANDURA.
^^ El refuerzo vicario se produce cuando el individuo vigoriza la tenden- Con razón advierte el autor que si la conducta individual estuviera
cia a realizar u n a conducta determinada al haber observado cómo otros regulada exclusivamente por las consecuencias externas, bien experi-
eran recompensados por realizarla. ,\X"' ¡^ "f*"'7 \ "- mentadas por el sujeto, bien observadas en otros, se ofrecería u n a falsa
Efecto que también tiene lugar con relación a las conductas delictivas: cuando imagen del hombre como sujeto (recte: objeto) sometido a las influencias
otras personas participan en actividades placenteras, inhibidas por prohibiciones situacionales. El hombre se comportaría como u n a veleta y se negaría —
sociales, y dichas actividades no se castigan, el efecto que se produce en los contra toda evidencia— que existe una fuente personal de control sobre
observadores es el de incrementar la tendencia a acciones semejantes y en el mismo
la conducta''*. Lo cierto —añade BANDURA— es que debido a sus
grado observado en los modelos que han recibido recompensas^^.
K>í\i '••i^l'Jí^f: 1 i w c><;?j«iA"- ^ í ^ v p i ; t ÍV/f isr»;.- capacidades de simbolización y de reacción ante su propio comporta-
miento, el ser humano es menos dependiente de los apoyos externos
El denominado castigo vicario es otro de los mecanismos del apren-
mmediatos^^ Mediante el auto-refuerzo, los individuos mejoran y man-
dizaje social. Con él se lleva a cabo el efecto inhibitorio de ciertas
conductas a través de la observación de sus consecuencias negativas en
los demás. Su impacto h a sido muy estudiado a propósito de la agresión
de comportamientos violentos. qs wo si-roai ,.t^.
El testigo de una acción violenta efectivamente castigada, por lo general, acusa
BANDUEA, A Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 146.
^ , una reducción en la tendencia a imitar la misma; mientras si observa que dicha 70
Así, BENTON,cit., por BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 147.
71
BANDUEA, A.Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 148.
/ . f f ; f í f ^ f e P f ~\-\' lv)rü':JÁ4f?^.áÍH:i-*4&,«««»i:-i.t.l-,„. •trofei BANDUEA, A.Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 152. " ' ' T'TO X
72
73 BANDUEA, A.,, Teoría del aprendizaje social, cit., págs. 149 y ss.
^^ BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 122. 74 BANDUEA, A.,, Teoría del aprendizaje social, cit., págs. 152 a 156. .•3-ñi
'^^ BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 144. 75 BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 157.
67 BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 146. BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 158. i
708 ANTONIO GAKCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 709
tienen su propia conducta, aplicándose a sí mismos recompensas siem- nredisposición individual (variable genética) incide fundamentalmente
pre que sus conductas se ajusten a ciertas normas autoprescritas''^- en la adquisición de las pautas criminales; los factores situacionales
mecanismo que sugiere la auto-regulaCión de la conducta por el ser (variable labeling) afectan, ante todo, al mantenimiento o perpetuación
humano. de la conducta infractora; las variables de aprendizaje (clásico, operan-
te observacional, etcétera) son los factores criminógenos por excelencia,
l a s co Como afirma BANDURA: «Una vez que una persona aprende a asignarse a si
misma criterios y a generar autorreacciones condicionales puede controlar su propia interactúan con los anteriores y despliegan su acción tanto en el
conducta a través de consecuencias autoproducidas. El desarrollo de funciones momento adquisitivo del modelo criminal como en el de ejecución de la
autorreactivas, portante, proporciona ai ser humano la capacidad de dirigir su propio conducta infractora y mantenimiento del estatus criminal.
comportamiento»^''.
Mientras la incidencia de estos últimos componentes del aprendizaje es muy
homogénea en el amplio espectro de la población delictiva, los factores genéticos
Actividad simbólica y capacidad auto-regulatoria son dos piezas actúan selectivamente, siendo más acusada la repercusión de los mismos en los
clave en el aprendizaje social. La primera hace posible el pensamiento individuos con problemas psicológicos o con puntuaciones extremas en las dimen-
reflexivo: por medio de símbolos verbales o icónicos, el individuo procesa siones de la personalidad"". Todo individuo, por tanto, se encuentra expuesto a la
influencia de modelos criminales y no criminales: el contenido y resultado del
sus experiencias y las preserva en forma de representaciones que le
aprendizaje de tales modelos dependerá de la interacción de las variables mencio-
servirán de guía de su futuro comportamiento. La capacidad de acción nadas.
intencional se basa precisamente en dicha actividad simbólica. Las
capacidades auto-regulatorias confieren al hombre la posibilidad de 1') En cuanto a la predisposición individual (factor genético),
ejercer u n control sobre su propia conducta, generando apoyos FELDMAN asume la teoría de la personalidad de EYSENCK para
cognoscitivos y consecuencias desencadenadas por las mismas conduc- explicar la adquisición diferencial de respuestas condicionadas, a favor
tas. Sin duda, afirma BANDURA''®, estas funciones auto-regulatorias se o en contra de la ley. La socialización exitosa, a su juicio, dependerá de
crean por influencias externas y se sirven ocasionalmente de su apoyo, un óptimo encuentro de las técnicas pedagógicas adoptadas y los
pero u n a vez establecidas, determinan en parte el comportamiento del atributos de la personalidad del individuo.
hombre. 1^*'„, .' . .%
No obstante, y salvo en el caso de los individuos con puntuaciones extremas de
las dimensiones eysenckianas (extraversión, neuroticismo y psicoticismo), el rol de
la predisposición de la personalidad explicado por EYSENCK a través de una
^^^b) El modelo de aprendizaje social de FELDMAN. condicionabilidad más o menos intensa y rápida que deriva de la formación reticular
de fuerte carga genética"^ no es tan acusado en FELDMAN.
El modelo de FELDMAN™ es un modelo complejo e integrado, porque,
según el autor, en los diversos momentos del proceso de aprendizaje
social intervienen factores genéticos, situacionales y conductuales. La 2') La teoría del aprendizaje de FELDMAN distingue dos supuestos:
adquisición y el mantenimiento de la conducta delictiva se hallan en se puede aprender a delinquir y se puede aprender a no delinquir®^. El
función del peso específico e interacción de las citadas tres variables: la mdividuo aprende a no delinquir debido a la socialización temprana,
cuyo poder restrictivo es mantenido por consecuencias positivas deriva-
das del cumplimiento de las normas, y por refuerzos negativos que
proceden de su ruptura. De modo que un entrenamiento deficiente en
""^ BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 158. conductas socialmente aceptadas puede generar u n repertorio domina-
'''' BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 172. do por actividades legalmente prohibidas
78 BANDURA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 27.
79 De FELDMAN, P., vid. The Making and Control of Offenders, en: FELDMAN, P-,
y ORFORD, J., editores, Psychological Problems: The social Contex, Chichester, i a;jw.v,THí:)iP': >j-,i.¿ ^ i aiJ/liJ r
1980, Wiley-Sons, del mismo: Criminal Behavior: A Psychological Analysis, Lon-
dres, 1977, Wiley. Sobre la obra y pensamiento de FELDMAN, vid. GARRID^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs 240 y 241.
GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 240 y ss. GARCÍA GARCÍA, J-> Así, GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 243.
y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit., pág. 51 y ss. ., Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., pág. 241.
710 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 711
El individuo puede aprender, también, a delinquir, por el efecto 3') Las variables situacionales operan, fundamentalmente, u n a vez
directo del refuerzo diferencial, modelamiento social e inducciones adauirido el modelo criminal, decidiendo la ejecución del comportamien-
situacionales. La conducta delictiva se mantendrá después como conse- to aprendido y la conservación o perpetuación de dichos modelos.
cuencia de ciertos procesos cognitivos autojustificadores que acompa-
ñan y subsiguen a la conducta criminal: fenómenos de autopersuasión®^ Las variables situacionales precipitan la comisión, dando la señal
cambios de valores, etc., que se potencian en su caso por la falta de oportuna. Ello sucede tanto en los delitos contra el patrimonio como en
contacto del delincuente con la víctima^* y ponen de relieve un dato los delitos contra la vida.
significativo: el individuo, a menudo, acomoda sus pensamientos y Según FELDMAN, la mayor o menor probabilidad de que se ejecute un delito
actitudes, ex post, a sus líneas de actuación, de modo que los cambios patrimonial depende, entre otros factores, de los siguientes: mayor o menor
cognoscitivos se producen después de la conducta criminal, en lugar de probabilidad de detención y castigo del autor, relevancia de los incentivos, existencia
o inexistencia de alternativas legitimas y de modelos de transgresión, grado de
precederla y motivarla^^. Otro mecanismo de mantenimiento de los
destreza y habilidades requeridas para su comisión, personalidad e identidad de la
modelos criminales es, desde luego, el refuerzo que deriva de los propios víctima (que sea o no extraña), nivel de autoestima del infractor, etc. Algunos de
actos antisociales^^. estos determinantes operan, también, respecto a los delitos contra las personas:
presencia de modelos de agresión que puedan ser imitados, previa conmoción
Aunque la mayoría de las investigaciones sobre aprendizaje son estudios de emocional en el individuo, desaparición de ciertos refuerzos válidos relevantes en el
'ém laboratorio, existen en la actualidad ya otros realizados con jóvenes, en sus habitáis proceso de reflexión que precede a la decisión criminal, etcétera''".
naturales, que según FELDMAN verifican la hipótesis del aprendizaje observacionai
o vicario:y no sólo en el seno de determinadas subculturas criminales, sino con
relación, también, a ia denominada criminalidad de «cuello blanco»'^^: «Parece, por En definitiva, el componente final de la teoría de FELDMAN entronca
p-m tanto —concluye FELDMAN"'^—, que el concepto de clase delincuente debe ser con las concepciones interaccionistas del «labeling approach», que acen-
revisado, ya que dondequiera que haya una combinación de modelos criminales de túan el impacto criminalizador de ciertos procesos sociales y su inciden-
i^t éxito, recompensas de fácil obtención, una baja probabilidad de ser detenido y un
-'SBL niínimo castigo, la probabilidad de hechos delictivos es considerable.» cia discriminatoria en el cuerpo social. De modo que el individuo cuya
disposición genética e historia específica de aprendizaje sugiera una
singular inclinación al acto delictivo, será, de hecho empujado por el
Prueba de la importancia de la observación como mecanismo de
propio sistema legal a la carrera del crimen mediante contactos
aprendizaje social es el papel relevante que FELDMAN asigna a la
estigmatizadores reiterados con el mismo^^.
televisión como procedimiento adquisitivo de modelos criminales violen-
tos. «La televisión —afirma FELDMAN— es u n tutor estupendo. Ense- Por último, concluye FELDMAN que apenas son ya necesarias teorías ad/?ocde\
ña cómo agredir y en consecuencia describe el valor funcional de la fracaso sociaipara explicar el comportamiento delictivo; comportamiento éste que
no es patrimonio de ciertos grupos marginados, si bien determinados ambientes
conducta agresiva»^®.
favorecen la adquisición de conductas criminales a través de la exposición de
bF>'imjrfír-i .) rtP ' S i ; v . i t > o '•
modelos e interrelaciones de carácter persuasivo o de experiencias directas''^.
^"^ Vid. GARCÍA GAECf A, J. y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit., pág. Al modelo del aprendizaje social pertenecen, también, las menos
53. conocidas formulaciones de ROTTER y de STAATS. El primero hace
** Así, MILGRAN, cit. por FELDMAN (Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, mas hincapié en las expectativas y control posible de la conducta que en
V., op. cit., pág. 53). 6l propio proceso observacionai; el segundo, en el estudio de las activi-
**' Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
págs. 53 y 56.
dades sociales (sobre todo, respecto al condicionamiento verbal bajo
^^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 241.
Züí i ^£i r'iO¿-t< fOtiüñf
'^^ Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
pág. 52. Refiriéndose a los trabajos, entre otros, de KNIGHT y WEST, CLINARD,
GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit., págs. 53
etc. y 54.
^*^ FELDMAN, P., The Making and Control of Offenders, cit., pág. 193. 91
92
Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 243.
*^ FELDMAN, P., The Making and Control of Offenders, cit. pág. 194 (cit. en:
PELDMAN, P., The Making and Control of Offenders, cit., págs. 213 (cit. en:
GARCÍA-GARCÍA J., y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 53). GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 54). -..i'^Ci -I-ív/
• ^
Tales procesos cognitivos o cogniciones son valiosos determinantes Se exponen, a continuación: los postulados de la Psicología de la Gestalt(a)M
internos de la conducta. De difícil acceso y evaluación, pero indiscutible teoría del desarrollo moral y cognitivo, con sus diversas formulaciones: teorías del
desarrollo moral, del razonamiento moral y legal, etc. (b); la teoría de las normas y
interés en el momento de interpretar y comprender el complejo compor- valores específicamente criminales y su revisión (c); algunas investigaciones
tamiento del hombre^^. empíricas de orientación cognitiva (d).
No son vivencias del pasado, fuerzas ocultas que yacen en el inconsciente, ni
meros rasgos de la personalidad; son determinantes internos de la conducta, a) La P s i c o l o g í a d e la Gestalt (M. WERTHEIMER, W. KOHLER,
actuales, de incuestionable relevancia etiológica, causal. Lo demuestra el hecho de K. KOFFKA, K. LEVIN, etc.). P a r a la teoría de la Gestalt todo fenómeno
que incluso los partidarios del modelo «operante» no tienen más remedio que
a»i ponderarlos, si bien traduciendo dichas operaciones cognoscitivas en términos
psíquico es u n a unidad inescindible, u n a unidad vital, un complejo o
^^^' conductuales y achacando sus efectos a la acción directa de fenómenos externos . estructura (Gestalt) que no puede descomponerse analíticamente sin
perder su esencia. Lo que sucede, también, con el crimen, fenómeno o
-n/ri-Sfi r i r k r i ' V ó í i Ti-» ^ r » /••? r L T -.•,, r« - ¡ o .\-fi r'^íT^i"-* . o o rU
^3 Sobre los modelos de ROFFEE y STAATS, vid. CLEMENTE DÍAZ, M., El enfoque
psicosocial en el estudio de la delincuencia, cit., págs. 134 y 135.
Así, los BANDUEA Y FELDMAN ya analizados. Vid. BANDUEA, A„ Teoría de
^* Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 144.
gg aprendizaje social, cit., págs. 191 y ss.
^5 Así, BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 24. Sobre las teorías del
Por ejemplo, el de WEEDELL Y YENDALL, sobre «impulsividad». Cfr., GARCÍA
desarrollo cognitivo-moral, véase el trabajo de GAREIDO GENOVÉS, V., publicado
gg GARCÍA, J., Y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 63.
con este título en: Delincuencia. Teoría e investigación, cit., págs. 111 a 127 l,y
igj, Vid. GARCÍA-GARCÍA, J., Y SANCHA MATA, V. op. cit., pág. 56.
bibliografía que el autor reseña).
®^ Cfr. BANDUEA, A., Teoría del aprendizaje social, cit., pág. 24. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 144. . _.. : y,;» :Í.J
714 ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 715
estructura total, compleja, organizada y distinta de los elementos que interesantes y de entrenar sus reflejos. Mientras, durante el cuarto y último estadio
hayan podido concurrir en su producción^°^. evolutivo (etapa de las operaciones formales) madura plenamente, siendo capaz de
utilizar un razonamiento lógico-abstracto. Es entonces cuando concebirá las normas
La percepción individual desempeña un papel decisivo en la Psicolo- sociales como producto de la voluntad humana, y no como entes sagrados e
gía de la Gestalt. inmutables^»"
Siguiendo a PIAGET, una subárea del modelo de «desarrollo moral» lo consti-
La percepción prepara y regula la acción, por operar como mecanismo de , ' tuye la llamada foma de perspectiva o role taki'ng. Con este concepto aún poco
^ adaptación del individuo al medio. La modificación de la conducta es contemplada, preciso se hace referencia a la habilidad del sujeto para diferenciar su propio punto
pues, en función de la estructura de la situación perceptiva entre el «yo» y el «mundo de vista del de los demás, captando al mismo tiempo perspectivas múltiples de un
exterior» que, lógicamente, puede generar un comportamiento delictivo^°2 |_g evento social. Algunas investigaciones (KURDEK; WALKER, etcétera) parecen
rp percepción de cada individuo varía, según sea éste más proclive a unas u otras haber constatado una significativa correlación entre las etapas del desarrollo
' / cualidades globales del objeto: las estructurales, las constitutivas o las expresivas. cognitivo, el role-takingye\ razonamiento morale^ adolescentes, operándose con
la hipótesis, incluso (SELMAN) de que las demoras en el desarrollo cognitivo
El delincuente —según los psicólogos de la Gestalt— no reacciona a incrementan el riesgo de problemas de comunicación interpersonaP"^.
estímulos específicos, sino a la configuración u organización total de
objetos que los rodean. Tales configuraciones son genuinas estructuras 2') Mayor interés tiene para la teoría de la criminalidad la formula-
o elementos mentales, que deben ser contempladas como experiencias ción de KOHLBERT^"^, quien comparte la premisa básica de la concep-
unitarias: cómo se producen las «leyes» que gobiernan sus cambios, de ción cognitiva, esto es, que la forma en que u n a persona organiza sus
qué factores dependen, etc.^°^ razonamientos en torno a las leyes y normas genera patrones de
conducta eventualmente delictivos^"^. Partiendo de las tesis de PIAGET,
Por ello, los partidarios de la Psicología de la forma (Gestalt) se
mantiene KOHLBERT la existencia de seis estadios en el proceso de
oponen tanto al conductismo como al factorialismo. Pues entienden que
formación del razonamiento moral del individuo, durante los cuales se
el delito es algo complejo, organizado, u n a estructura total, y no una
perfilan sus decisiones y juicios sobre el concepto de lo justo y lo injusto
simple respuesta a u n estímulo, ni un conjunto cuya esencia pueda
de distinta manera.
captarse descomponiendo por vía analítica sus rasgos o factores.
Tales estadios del desarrollo moral se reconducirían a tres grandes etapas: la
premoral[se buscan gratificaciones inmediatas, tratando el individuo de evitar, sin
más, el castigo); la convencional {mero acatamiento formal de las reglas y respeto
b) Teoría del desarrollo moral y cognitivo.
a la autoridad por el hecho de serlo); la de moralidad autónoma, caracterizada por
1') El gran iniciador de la teoría cognitiva fue J. PIAGET (1896-1980), el profundo respeto a los derechos y opiniones de los iguales, y a los principios
morales universales^"'*.
si bien no llegó a aplicar sus hipótesis a la explicación del comportamien-
to criminal. Según PIAGET, el individuo desarrolla su capacidad de
razonar a lo largo de un proceso en el que se pueden distinguir una serie
de etapas o estadios, que se inician con el nacimiento y culminan a los
doce o trece años —o más—; un proceso evolutivo cada uno de cuyos 104
Vid. PIAGET, J., The Moral Judgement of the Child, Londres, 1932, Keagan Paul.
momentos matiza el grado de desarrollo moral del individuo y las Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 144. Vid. GARRIDO GENOVÉS, V.,
características singulares de su razonamiento y respuestas. Teorías del desarrollo cognitivo-moral, cit., págs. 112 y ss. (periodo «egocéntrico»,
etapa de «realismo moral» y etapa de «relativismo moral»).
105
Así, en el primer estadio (sensomotor), el niño se limita a reaccionar a los Sobre el modelo «Role Taking», vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Teorías del desarro-
estímulos del medio de la manera más primitiva, tratando de alcanzar los objetos llo cognitivó-moral, cit., págs. 113 y ss.
106
«K <., ::,y:r KOHLBERT, L., Stages in the Development of Moral Thought and Action, New
York, 1969, Holt, Rinehart and Winston; del mismo: Development of moral
•-•^:X4. '»••••• , «Síjq .,ip ,isiam character and moral ideology, en: Review of Child Development Research, vol. I,
New York, Russel Sage Foundation, 1964.
^"1 Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 396. 107
Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y Sociedad, cit., pág. 298.
^"^^ Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 396 y 397. 108
Sobre las seis fases de evolución moral, vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág.
103
Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L, Criminología, cit., ibídem. 145. .-..t.t» .iv"H
716 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 717
Clasificando delincuentes y no delincuentes de acuerdo con su grado 4') FLAVELL y ENRIGHT h a n elaborado recientemente u n nuevo
de evolución moral en el estadio oportuno, KOHLBERT y sus colabora- modelo de «cognición social» (FLAVELL) con u n componente de desarro-
dores hallaron diferencias significativas: mientras la mayor parte de los llo (ENRIGHT), partiendo de la hipótesis de que dicho proceso evolutivo
no criminales (grupo de control) pertenecen a los estadios tres o cuatro interviene decisivamente en el ajuste conductual del niño según consta-
los delincuentes exhiben u n nivel llamativamente bajo de razonamiento taran SELMAN, SHURE y otros"^
moral en comparación con los no delincuentes de su mismo medio social ' El éxito de los enfoques cognitivos h a dado lugar en los últimos años
y background^°^ encuadrándose, por lo general, entre los estadios uno y a la proliferación deprogramas terapéuticos para delincuentes, tenden-
dos. De aquí desprende la teoría del desarrollo moral o cognitivo que los tes a elevar la capacidad razonadora de éstos y, en particular, a que
individuos que obedecen la ley sólo para evitar el castigo o que piensan superen la etapa «convencional» mediante el empleo de discusiones de
exclusivaifiente en sus propios intereses (razonamiento moral caracte- dilemas sociales"*.
rístico de los estadios menos avanzados) son más proclives al delito que
aquellos otros que ven en la ley un instrumento positivo para toda la Siguiendo el enfoque cognitivo se h a n llevado a cabo ya numerosas
sociedad y que simpatizan con los derechos de los demás. De algún modo, investigaciones, con resultados diversos no siempre concluyentes"^.
pues, sugiere, también, la teoría cognitiva que los delincuentes más Confirman, de algún modo, las premisas cognitivas, entre otros; el trabajo de
peligrosos participan de una «orientación moral» distinta a la de los JURKOVIC y PRENTICE"^ quienes comprobaron cómo los individuos evaluados
ciudadanos respetuosos de las leyes, sui generis, menos «evolucionada»; como psicópatas eran moralmente menos maduros que los neuróticos y los
subculturales; el de RUMAy MOSHER"^ constatando que la etapa de razonamien-
que el origen o explicación última del comportamiento criminal reside en
to moral de los 36 delincuentes evaluados correlacionaba significativamente con
el anómalo estancamiento o interrupción de dicho proceso evolutivo; y todas las medidas del sentimiento de culpa, excepto la perturbación del habla;
que la mejor terapia preventiva contra el delito consiste en inmunizar al FODOR"^ que repartió a 40 delincuentes y 40 no delincuentes el cuestionario de
sujeto con un elevado razonamiento moral"". KOHLBERT para evaluar sus respectivos estadios del desarrollo moral, observando
que los primeros obtenían puntuaciones significativamente más bajas que el grupo
3') Por su parte, TAPP"^ ha progresado en la verificación y redefinición de control; y, sobre todo, el de SAGI y EISIKOVITS, que otorga, también, calificacio-
nes superiores al grupo de control en un test de moralidad, incluyendo Ítems sobre
de las hipótesis cognitivas, si bien refiriéndose no al razonamiento
«moral», sino al razonamiento «legal». Su conclusión es muy similar a la
de KOHLBERT, Y, como éste, pone especial énfasis en la no superación
por el niño de la etapa preconvencional, entre los diez y los catorce años,
por entender que tal disfunción evolutiva tiene un profundo impacto "^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., ibídem; del mismo, refiriéndose al modelo de
FLAVELL y ENRIGHT: Teorías del desarrollo cognitivo-moral, cit., págs. 114 y ss.
criminógeno^^^. y 120 y ss.
^" Una información al respecto en: GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y socie-
dad, cit. páginas 299 y ss.
Una interesante información sobre los resultados obtenidos aplicando tanto el
modelo del «desarrollo moral», como el «rol-taking», en: GARRIDO GENOVÉS, V.,
Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 145. Vid.: GARRIDO GENOVÉS, V., Teorías del desarrollo cognitivo-moral, cit., págs. 117 y ss.
Delincuencia y sociedad, cit., pág. 299 y ss.; GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA "** JURKOVIC, G., y PRENTICE, N., Relation of Moral and Cognitive Development
MATA, V., Psicología penitenciaria, cit., págs. 56 y ss. to Dimensions of Juvenile Delinquency, en: Journal of Abnormal Psychology, 1977,
Vid., en este sentido: KOHLBERT, L.; KAUFMANN, K.; SCHARF, P., y HICKEY, V. 86. págs. 414 a 420. Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología
J., The J u s t Community Approach in Corrections: A Manual (Niantic, Conn: penitenciaria, cit., págs. 57 y 58.
117
Connecticut Department of Corrections, 1973); Cfr., SIEGEL, L. J., Criminology, RUMA, E. H., Y MOSHER, D. L., Relationship between moral judgment and guilt
cit., pág. 145. in delinquent boys, en: Journal of Abnormal Psychology, 1976, 72, 2, págs. 122 a
111
„ '^ ° naíiu'! ,jíoxi ,«0' 127. Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 299 y 300.
118
112 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 145 • • PODOR, E. M., Delinquency and susceptibility to social influence among adolescents
TAPP, J. L., A Child's garden of law and order, en: Psych. Today, 1970 (4), págS- 29 as a function of level of moral development, en: Journal of Soc. Psychology, 1972,
a 31; del mismo: Psychology and the law: an overture, en: An. Re. of Psychology, 86,2, págs. 257 a 260. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit.,
1976, págs. 359 a 414. Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 300.
pág. 299.
1.
718 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 719
resistencia a la tentación, etapa moral, sentimientos que siguen a la comisión de un ello, son muchas las concepciones criminológicas que acentúan el valor
1
delito, juicio en relación a la gravedad del castigo y confesión, etc."^ «expresivo» de la conducta desviada, atribuyendo a la misma u n a
función simbólica: el delito reflejaría —mantienen— los particulares
_, En España, especial interés tiene el trabajo que sobre caracterización valores del criminal, del subgrupo al que éste pertenece; encarnando, en
cognitiva de la delincuencia y a partir de un sistema experimental de todo caso, u n a actitud de rebeldía y rechazo intencionado hacia los de la
rejilla ajustado al modelo de GUNN presentaron RIVAS, GARRIDO y saciedad oficial, hacia los valores dominantes.
otros en 1982.
En un posterior capítulo se abordará //? extenso e\ problema, examinando las
Los autores hallaron una mayor complejidad cognitiva en el grupo de no teorías sociológicas más características (teorías estructural-funcionalistas,
delincuentes y discrepancias en la asociación de respuestas a constructos entre los subculturales, conflictuales, de los «valores subterráneos», etc.y^'*. Interesa aquí
dos grupos en el particular de agresividad^^o exclusivamente su dimensión psicológica.
í
720 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 721
sociedad tratan de justificar su propio comportamiento o neutralizar el reproche que por encima incluso de las imágenes subculturalesi^°; debiendo admitir-
merece. se, tan sólo, algunas diferencias a propósito de determinadas normas
891 proscritas (prohibición del robo, de la violencia, etc.). De suerte que en
Un año después, en 1981, BRAITWAITE y BRAITWAITEi^e llegan, tales ámbitos los valores criminales de la correspondiente subcultura
también, a u n a conclusión negativa al intentar verificar la hipótesis, autorizan o permiten —no exigen, de modo necesario— la comisión del
empíricamente, de que las elevadas tasas de criminalidad de la lower hecho delictivo; interpretación, por otra parte, que coincide con la
class responde al hecho de que éstas profesan unos valores distintos de conocida tesis de la «deriva» (drift) o de los valores subterráneos
los convencionales, unos valores criminales per se. sustentada por D. MATZA.
Para BRAITWAITE y BRAITWAITE, no hay evidencia alguna de la supuesta
asociación clase social-delincuencia, valores criminales-criminalidad. Ni el delito
2') Otro sector de la doctrina científica, sobre la base de trabajos
puede entenderse como expresión de los valores específicamente criminales de la llevados a cabo con la escala de ROCKEACH, llegan a la conclusión
/oíverc/ass{ies'\s de MILLER), ni como consecuencia del rechazo de unos valores opuesta: que existe una relación directa entre valores y criminalidad. Si
convencionales que inicialmente había asumido el desviado (tesis de MERTON), o los valores —término más ambicioso que el de actitud— actúan como
del desmoronamiento de los mismos (tesis de la «disociación», de DOWNES). guía para el desarrollo, mantenimiento y cambio de la conducta —se
dicei^i— ^g^Q suponer en buena lógica que los sujetos que exhiben estilos
Éste es, también, el punto de vista de BARRONi^V; y de SHERVINi^», de vida desviados poseen, también, sistemas de valores desviados. Que
quien desmentiría la tesis de MERTON y COHÉN al constatar que tanto una conducta delictiva persistente, por definición, presupone un siste-
los delincuentes como los no delincuentes asumen los valores de las ma de valores en el infractor desviado distinto en algunos puntos
clases medias, estimando aún más estos valores los delincuentes de la cruciales, bien por u n rechazo consciente o inconsciente de los valores
lower class que los propios estratos sociales medios. Tales resultados oficiales, bien por la no internalización de los mismosi^^.
coinciden, en lo esencial, con los obtenidos por KRATCOSKI y
KRATCOSKI129. De hecho, dos investigaciones realizadas también con la escala de ROCKEACH,
en 1971 y 1974, comparando los sistemas de valores de la población reclusa y del
Por su parte, un conocido trabajo de SHORT y STROOTBECK refuta correspondiente grupo de control avalarían la tesis de que existen diferencias entre
ambos.
igualmente la hipótesis de que los delincuentes lo son por apreciar más
El primero de los trabajos parece demostrar que los sistemas de valores de los
los valores prodelictivos que los estándares convencionales de la socie- grupos delincuentes se asemejan más entre sí de lo que se deriva de la comparación
dad oficial; por el contrario, los autores llegan a la conclusión de que con cada uno de sus grupos de controP^^^ Los criminales rechazarían aquellos
todos los grupos sociales estiman satisfactoriamente los valores medios. valores (terminales) que carecen de relevancia personal inmediata («mundo en
paz», «igualdad», «salvación»), mientras sucedería lo contrario con aquellos otros
valores que aportan una satisfacción personal inmediata («felicidad», «placer»). Los
delincuentes aprecian en mayor medida que el grupo de control valores como
«autocontrol», «sabiduría» (tal vez por representar cualidades de las que son
126 BRAITHWAITE, J., y BRAITHWAITE, V., Delinquency a n d t h e question ofvalues, deficitarios). Las mujeres delincuentes exhiben, en conjunto, un sistema de valores
en: I. J. of Offender Ther. and C. Criminology, 1981, 25, 3, págs. 273 a 289. Cfr., más «masculino» que las que componen el grupo de control (énfasis de valores
GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 311 y ss. como «vida excitante», «sentido de realización», «independencia», etc.).
1^' BARRON, M. L., Juvenile Delinquency and american valúes, en: American
— sociological Review, 1951, 16, págs. 208 a 214. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V.,
Delincuencia y sociedad, cit., página 316.
12® SHERWING, R. C , Social class valúes and deviant behavior. An empirical test of SHORT, J. F., y STRODTBECK, F. L., Group process and gang delinquency, 1965.
some theories of delinquency, 1968. University of Connecticut, Cfr. GARRID^ University of Chicago Press, Chicago. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Op. cit.,
GENOVÉS, V., op. cit., página 316. ibídem.
131
129 KRATCOSKI, P. C , y KRATCOSKI, J. E., The balance of social status grouping COCHRANE, R., Valúes as correlatos of deviancy, en: B. J. Soc. Clin. Psychol.,
within schools as an influencing variable on the frecuency and character ot 1974, 13, pág. 258.
132
' • delinquent behavior, en: FRIDAY, P. C. YSTEWART, V. L., edits., Youth crime and COCHRANE, R., The structure of valué systems in male and female prisoners, en:
' juvenile justice, Nueva York, 1978, Praeger, págs. 160 a 170. Cfr. GARRID^ ^g B. J. of Psychol., 1971, 11, pág. 73.
GENOVÉS, V., op. cit., ibídem. ^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 322.
722 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 723
El segundo de los estudios sigue arrojando diferencias de interés entre reclusos oxiológicamente neutro que permita justificar el mantenimiento de
y controles: «armonía interior», «placer», «sabiduría» y «autoestima» son valores
más positivamente estimados por reclusos, delincuentes, drogadictos y homo-
unos patrones desviados sin necesidad de operar con valores y normas:
^ ^ ' sexuales, mientras el valor «ambición» era menos apreciado por todos que en el orientación e s t a ú l t i m a que siguen, e n t r e otros, E N D L E R y
B'ííS caso de los controles^^". Tanto reclusos como delincuentes muestran mayor interés I^ÍANUSS0N"2_
'^ '• por los valores que aseguran una gratificación inmediata que aplazada. Aprecian de
Desde ella, se mantiene que, debido a la historia conductual del sujeto, determi-
modo muy especial, unos y otros, «sabiduría» y «autocontrol», por las mismas
' ' nadas situaciones poseen un significado determinado para individuos concretos. No
razones antes expuestas. Los delincuentes juveniles otorgan gran relevancia a
se trataría, entonces, de explicar la delincuencia en función de unos determinados
valores como «honesto», «obediencia», probablemente por la situación de «Invita-
valores, sino de constatar, simplemente, el dato objetivo de que ciertos patrones
!- '^^ dos»queexperimentanenlasescuelasdereforma. Contrasta el muy bajo deseo de
conductuales llevan a una persona a una concreta percepción de la realidad^''^.
[ . logro, de realización o ambición que se constata en los delincuentes —y no en los
I J-! reclusos adultos—. Los drogadictos, por su parte manifiestan su particular sistema
I íTOX- (je valores: rechazo déla ética del éxito (de la clase media) y de las fuerzas opresoras
i 8 .i del «yo», exhibición de una filosofía liberal, etc.'^^ No obstante, el propio autor
! oni< reconoce que de todo ello no cabe inferir, sin más, la existencia de un especifico
; sistema de valores delictivo, ni la correlación necesaria de éste con el comportamien- 5. ANÁLISIS FACTORIALISTA: «RASGOS» D E LA P E R S O -
.. to criminan^'': si, además, «el núcleo de los sistemas de valores de todoslos grupos NALIDAD
^ ^ ^ desviados y de los controles son bastante similares, reflejando ello así la cultura
9 i ' j básicamente similar en donde los valores de todos los individuos se desarrollan»^^'', a) El denominado «modelo factorialista» se caracteriza por la preten-
parece muy difícil que pueda establecerse una psicología diferencial en base a los
valores que dudosamente permiten trazar una tipología delictiva clara'^'*. sión de identificar, con u n a metodología diferencial factorialista, rasgos
de la personalidad que expliquen la consistencia de ciertas conductas.
3') Pero, incluso siguiendo la escala de ROCKEACH, existen investi- En particular, t r a t a de verificar h a s t a qué punto el comportamiento
gaciones que cuestionan la existencia de marcos o sistemas valorativos criminal se halla asociado a determinadas características estables de la
específicamente criminales. personalidad del infractor («rasgos» o «variables de la personalidad»).
Así, las de BALL-ROCKEACH (desmintiendo la correlación valores y violencia En su lugar se dio cuenta de la hipótesis de la «personalidad crimi-
._, interpersonal), DEITZ (1972) y POLAND (1978) y FEATHER, en 1975^39 nal», viejo mito positivista hoy desterrado; así como de los esfuerzos
llevados a cabo, sin excesivo éxito, en el campo de la Psicopatología
4') Descartada, pues, la existencia de un «sistema» de valores crimi- general y de la Criminología para fundamentar posibles correlaciones
nales como explicación etiológica del delito, la investigación se ha entre concretos rasgos de la personalidad y específicas conductas
orientado en dos direcciones, sin perjuicio de admitir la operatividad de antisociales"*.
la hipótesis comentada en el ámbito estrictamente terapéutico^*" o de
En la actualidad, el modelo de rasgos, desvinculado de sus anteceden-
rehabilitación del delincuente: proñmdizar en el significado de concre-
tes ideológicos (de la teoría de la «personalidad criminal»), es más
tos valores, como el del «autocontrol»"^ o perfilar u n modelo
consciente de sus propias limitaciones y perspectivas. Busca el respaldo
seioiiv éíb fi::;Si'"'Sf);•f@'íieiiool*í'eq«'!r|tlóf.ftófwtí'nofe.eypiafe
metodológico de instrumentos de medición objetivos. Se inserta en
modelos teóricos complejos, que ponderan la situación y, desde luego, la
1^* Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 323.
1^^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., ibídem. AÍ;X''«/"Í, ü . í , Al"ia..t,.'-% /.tfíCT
^^^ COCHRANE, R., Valúes as correlates of deviancy, cit., pág. 266. Cfr. GARRIDO "^ ENDLER, N., Y MAGNUSSON, D., Toward an interactional Psychology of
GENOVÉS, V., op. cit., ibídem. Personality, en Psychological Bulletin, 1976, 83, págs. 956 a 974. Cfr. GARRIDO
^^•^ COCHRANE, R., Valúes as correlates of deviancy, cit., pág. 266. GENOVÉS, V., op. cit. páginas 284 y ss.
^^* Así, GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., pág. 326. "' Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., pág. 285.
^^^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., pág. 326. ' ^ j Vid. supra, capitulo XII. Sobre «personalidad» y «conducta antisocial» vid. PÉREZ
" " Así, GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit, pág. 329. i vf' t SÁNCHEZ, J., Teoría biológico-factoriales y delincuencia, en: Delincuencia, teoría
"^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit. págs. 330 y ss. < iX ', >''¡ e investigación, cit., . ,
724 ANTONIO GAKCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 725
interpretación que de ésta hace el sujeto (las «variables cognitivas»). Y
la conocida tesis factorialista de EYSENCK^'''', y los resultados obteni-
revisa todos sus planteamientos, cuestionando, por ejemplo, la natura-
dos, aplicando el MMPI, en diversas investigaciones, baste ahora con
leza y operatividad de los «rasgos» (si realmente se t r a t a de realidades
una breve referencia a otros trabajos recientes.
psicológicas que «producen» la consistencia de una conducta, o de meros
constructos útiles para explicarían*^; si poseen —o no— poder predictivo Ante todo, los que implican u n a revisión general del modelo de rasgos.
estas variables psicológicas de la personalidad respecto al futuro com- Es el caso del realizado por ARGYLE^^^, quien llega a la conclusión de que en el
portamiento delictivo del individuo, etc.); y el fundamento mismo del delincuente suelen coincidir alguno o algunos de los siguientes rasgos: conciencia
modelo factorialista: esto es, la búsqueda de dimensiones válidas de la débil y escaso sentimiento de culpa; actitud de rechazo hacia la autoridad y
personalidad de carácter transituacional que operen con independencia tendencia al agrupamiento con otros delincuentes; impulsividad y mínimo autocontrol;
de las restantes vaiiables"*^. agresividad y percepción inadecuada de los sentimientos de los demás; también el
de YATES^^^, acentuando algunas variables de la personalidad propias del delin-
d Este nuevo enfoque, más complejo (modelo teórico) más relatlvlzador (preten- cuente: una orientación vital hacia el presente; mayor impulsividad; bajo nivel de
siones explicativas y predictivas) y mejor instrumentado (test y cuestionarios) ansiedad, alto nivel de extraversión y alto índice de idiosincrasia. Por su parte,
permitirá llevar a cabo trabajos de psicología diferencial, de base factorialista, en WALDO y DINITZ —como PÉREZ'^^—, después de revisar un elevado número de
grupos y subgrupos de delincuentes de Indudable Interés^'*'. Pero no pueden estudios, encontraron índices significativos de diferencias entre el grupo criminal y
desconocerse sus limitaciones en el ámbito criminológico. No en vano se ha el no criminal, si bien los resultados dependían de la naturaleza más o menos
cuestionado la fiabilidad de los mismos en el particular del autoconocimiento y objetiva de la técnica empleada: las pruebas de rendimiento, por ejemplo, discrimi-
""'^^ sinceridad del recluso y la escasa correspondencia entre los Informes elaborados naban menos que las objetivas, y éstas menos aún que las proyectivas. Los autores
so'í por éste y su conducta reaP''^ concluyeron que las pruebas de personalidad sirven más para detectar rasgos de
.gfiiyiíDnoo 8fij-x9r3 9h Bx'inaíaxafro-i a i nouo'úaKa aun 1 personalidad diferenciales entre subgrupos de delincuentes que entre éstos y los no
delincuentes. Conclusión que comparte PÉREZ^'^". RIVAS —y sus colaboradores—
De hecho, parece haberse comprobado, además, que las supuestas mantienen una postura igualmente escéptica, de reserva, al no haber podido
diferencias detectadas entre delincuentes y no delincuentes se reducen comprobar la existencia de factores de personalidad específicos en los delincuentes.
en la medida en que se objetiviza la técnica evaluadora; de suerte que, En un estudio de contrastes realizado por los mismos, parece observarse que son
aspectos globales y covariaciones —no rasgos singulares de la personalidad—
por ello, las de carácter proyectivo aprecian siempre rasgos específicos
donde quizá se trazan las diferencias^^^.
muy discriminatorios entre ambos grupos, mientras las denominadas
pruebas «objetivas» no advierten perfiles tan acusados y las de «rendi-
Un segundo grupo de trabajos va orientado a revisar la literatura y
miento» apenas permiten trazar diferencias relevantes^*^.
resultados obtenidos con el MMPI, inventario de personalidad muy útil
b) El modelo factorialista ha generado u n a inabarcable producción —sobre todo, su escala 4: «Pd», Psicopatía— cuyas 14 escalas primarias,
científica de la que ni siquiera es posible dar cuenta. Son innumerables con el tiempo, habían dado lugar a más de 500 escalas adicionales.
los rasgos de la personalidad cuya relevancia etiológica h a n tratado de •'• Especialmente meritorio es el esfuerzo revisor y de síntesis de GEARING II
verificar unos y otros autores (extraversión, neuroticismo, autocontrol, (1979)1=^ Los ámbitos de aplicación del MMPI preferenciales parecen ser: la
impulsividad, ansiedad, inteligencia, locus de control, etc.). Expuesta ya contraposición delincuentes primarios i/ersusdeWncuentes reincidentes (estos últi-
f -iO /!t')
11
r f^biíoq 'iup ,zo\piq¡no:' muhba ' iWrt'/fMaíH wiii-m^vO M» iowaqas»*! i&'H3ñímiúitc:íyaimsmm'^
^^^ Vid. supra, apartado 2.a. SÁNCHEZ, J., Teorías biológico-factoriales y delincuen-
Así, MISCHEL, cit. por GAECÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología cia, cit., págs. 76 y ss.
penitenciaria, cit., pág. 60. '^' Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit., 62 y ss.
146
Cfr. GAERIDO GENOVÉS, V., op. cit pág 239 v X ! l ú „"' \ ^^^ Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V.,op. c i t , ibídem.
147
En este sentido, GARCÍA-GAECÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit. pág. 65. '''' Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit., ibídem.
148
bobre tales limitaciones, vid. GARCÍA-GARCÍA, y SANCHA MATA V., op. cit., ^^^ Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit., 63.
pag. 60. ' ^^^ Cfr. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 64.
^^'^ GEARING, II, M. L., The MMPI as a primary differenciator and predictor of
r A R P T n n ' ™ Í ^ , ° ^ ' ^ ' ^ ^ ^ ' ^ " ^ ' ^ ^ ^ ^ ' J-' y SANCHA MATA, V., op. cit., pág. 63;
GARRIDO GENOVES, V., op. cit., pág. 240. behavior in prisons: A methodological critique and review of the recent literature,
Psychological Bulletin, 1979, 86, 5, págs. 929 a 963. '
726 TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 727
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
mos con puntuaciones elevadas en las escalas de psicopatía e hipomanía), la üueden ejercer u n a mayor o menor influencia indirecta en específicos
búsqueda de un indicador específico de la desviación sexual, para identificar y comportamientos delictivos al incidir en el fracaso escolar, desarrollo
nc predecir la homosexualidad, y de los rasgos de una personalidad predispuesta a la moral, autocontrol o en la posibilidad de acceder a las metas sociales por
adicción, sin que la homosexualscale (Hsx) o la heroin experimentalscale, hayan
arrojado hasta la fecha resultados satisfactorios; y, por último, la clasificación de los
vías legítimas^si.
.8!
subgrupos criminales (delincuentes socializados versus delincuentes solitarios y Parece obvio, por otra parte, que ciertas manifestaciones de la
runawayP''. Particular interés tiene el sistema sugerido por MERGARGEE^^^ por 'criminalidad se hallan significativamente asociadas a elevados índices
facilitar una rápida y fiable clasificación penitenciaria de los reclusos.
de inteligenciai'^2
Un tercer grupo de investigaciones opera con concretas variables de A principios de siglo, gozó de gran predicamento la tesis de la inferioridad
intelectual del delincuente^*=^ basada en los porcentajes de imbecilidad detectados
la personalidad: locus de control, desesperanza, inteligencia, etc. en la población reclusa. Durante los años treinta ganó terreno la opinión contraria,
Al «locus de control» suele invocarse con relación a la conducta mejorando la puntuación media del grupo delincuente conforme se perfeccionaban
los instrumentos objetivos de medición^'^*. Desde entonces, la polémica enfrenta
violenta y al comportamiento de ciertos grupos étnicos y subculturas, posiciones irreconciliables. Un sector de la doctrina admite una diferencia sustancial
para fundamentar que el delincuente posee, a menudo, u n «locus» más de ocho puntos entre delincuentes y grupo de control, de acuerdo con los resultados
«externo» que el grupo de control de no delincuentes, esto es, que no se que arrojan los diversos trabajos (muchos dé ellos aplicando los test STANFORD-
siente responsable de lo que le acaece en la vida —no se ve a sí mismo BINET y WELHSLER-BELLEVUE)i'==. Otros autores, como RAVINDRANATH y
como agente de las recompensas y castigos que puedan acontecer—, sino DAVID niegan diferencias relevantes entre ambos grupos o consideran inviable todo
intento de aislar la inteligencia de su marco socioambiental, por preceder éste a dicha
que atribuye todo al destino, a fuerzas externas ajenas a su control. El variable en cuanto factor causal del delito^'^^.
locus «interno» iría asociado a u n a mayor capacidad personal y
autoestima, a una condición social más favorable, por lo que cabe Los representantes actuales de ambas posiciones son HIRSCHI y
predecir, a su vez, menores índices de reincidencia en los delincuentes
HINDELANG (tesis diferenciadora)^*^'', de u n a parte; y SIMONSl^^ de
con «locus interno» que en los delincuentes con «locus externo»^^''.
otra (negando diferencias significativas).
En cuanto a la inteligencia, como variable de la personalidad, y su En España, ALARCÓN y PURÓN detectaron niveles intelectuales
posible relación con el delito, subsiste la polémica, si bien ésta se plantea inferiores en la población reclusa a la media de la población general, así
hoy en otros términos. Tradicionalmente se discutía si la inteligencia
genera criminalidad, es decir, si un déficit en dicha facultad^^°, entendi- 'I íií: ¡íi'-m^ioñi íiíus si o (!Bnoi\!Svi9ado Y fíínEieqo ,OOÍ2BÍ'
da en un sentido indivisible, uniforme y monolítico, produce, por sí solo iq !B eíosníne ss 6iooioG¡2'=Jfil.bsbiÍBnoavaq si 8b x eíivüii,,
y de modo directo, delincuencia. En la actualidad, se distinguen varias i*^! Vid. GARCÍA-GARCÍA, J., y SANCHA MATA, V., Psicología penitenciaria, cit.,
clases o tipos de inteligencia (verbal y no verbal), admitiéndose que pág. 66. También: PÉREZ SÁNCHEZ, J., Teorías biológico-factoriales y delincuen-
cia. Teoríaeinvestigación, cit., pág. 75; CEAD'ANCONA,M-Angeles, Inteligencia
y delincuencia, en: Delincuencia. Teoría e investigación, cit., págs. 287 y ss.
^^"^ Cfr. HALL WILLIAMS, J. E., Criminology and Criminal Justice, cit., págs. 51 y ss.
^^"^ Una referencia bibliográfica al respecto, en: GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuen- ^"^ Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 75 y ss., especialmente, 79 y
cia y sociedad cit., págs. 266 y ss. ss.
MEGARGEE, E., Anew classification system for criminal offenders, en: Crim. Just. ^^* Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 79 y ss.
and behavior, 1977, 4, págs. 107 y ss. ^^^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 227.
^^^ Sobre esta variable, vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., ^'^'^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., op. cit., ibídem. Vid., VOLD, G. B., Theoretical
págs. 276 y ss., también: PÉREZ GARCÍA, Ana M% Papel modulador de las Criminology, cit., págs. 79 y ss.
expectativas de control en la conducta delictiva, en: Delincuencia. Teoría e inves- '^®'' HIRSCHI, T., y HINDELANG, M. J., Intelligence and Delinquency: A revisionist
tigación, cit., págs. 338 y ss. Review, en: American Sociological Review, en: 1977, págs. 571 a 587. P a r a los
Sobre la relación existente entre bajos niveles de inteligencia y criminalidad, vid.: autores, u n bajo cociente intelectual tiene una incidencia criminógena indirecta, al
lo HALL WILLIAMS, J. E., Criminology and Criminal Justice, cit., págs. 49 y ss. propiciar el fracaso escolar.
,9- (quien cita, entre otras en este sentido, las opiniones ya paradigmáticas de SIMONS, R. L., The meaning of the I. Q. dehnquency relationship. American
GORING y GODDARD). , , Sociological Review, 43, 1978, págs. 268 a 270.
728 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 729
como un porcentaje superior de deficientes mentales en comparación con b) Un segundo cometido de la Psicología empírica consiste en clarifi-
los de la población no criminaP^^. car y desmitificar ciertos procesos reales que sirven de soporte a la más
No obstante, y sin perjuicio de diversas críticas a la metodología importante institución jurídica relacionada con el crimen: el castigo. La
empleada"", el centro de la discusión se ha desplazado a temas concre- reflexión jurídico-penal —la dogmática-— cuando se pronuncia sobre la
tos, al objeto de verificar correlaciones específicas. Así, el estudio de función «disuasoria» de la pena y su impacto preventivo-general, lo hace
SLAVSON, distinguiendo la inteligencia verbal y el razonamiento 'siempre, por su normativismo, desde el plano del «deber ser», operando
abstracto de la inteligencia no verbal y la aptitud mecánica"^; o los de con imágenes ficticias a menudo apartadas de la realidad. A la Psicología
MARCUS, HECHT y JURKOVIC y HOLLAND"^ que t r a t a n de com- corresponde desvirtuar el estereotipo intelectualista de delincuente y el
probar los índices de inteligencia general y de otras aptitudes mentales simplismo idílico con que suele describirse el impacto contramotivador
en los respectivos tipos de delincuentes y delitos. del castigo, supuestamente uniforme, infalible y atento, sobre todo, a su
rigor nominal. Demostrar la compleja ambivalencia de este peligroso
instrumento, las muy diversas variables que inciden en el proceso de
motivación y de disuasión, contribuirá, sin duda, desde u n a posición más
problematizadora, a la búsqueda de estrategias político-criminales
6. TEORÍAS PSICOLÓGICAS D E LA CRIMINALIDAD: VA- científicas y eficaces capaces de prevenir la criminalidad con racionali-
LORACIÓN FINAL dad, sin pasión, reduciendo el absurdo coste social de la «huida hacia el
Derecho Penal». •••''•' .,.-.= .. ,., ..,„.^,.,,»,,., .,.,•«..„..,,»*,.
La aportación de la moderna Psicología empírica a la Criminología
tiene un triple ámbito de incidencia u operatividad: ^ c) En el ámbito clínico, terapéutico, no es necesario resaltar la
perspectiva que se ofrece a la experiencia psicológica"^.
a) En primer lugar, elabora y formula las correspondientes teorías y
modelos sobre la génesis del comportamiento criminal. Cumple, pues, En todo caso, los amplios cometidos reservados a la Psicología
u n a ñmción explicativa de la etiología del delito. empírica en el marco del sistema penal —que tienen por objeto el delito,
A diferencia de los modelos psicodinámicos, basados en la introspección, la
el delincuente, la víctima y los agentes del control social: Policía,
moderna Psicología empírica opta por una observación directa de la propia conduc- protagonistas del proceso e instituciones penitenciarias— se concretan
ta. Al describir los procesos de condicionamiento y socialización, el mecanismo del en tres tipos de actividades básicas: de evaluación, de tratamiento y de
aprendizaje (clásico, operante y observacional) o la sutil incidencia de las variables entrenamiento "*.
cognitivas y de la personalidad, la Psicología se enfrenta al problema de la génesis,
estructura, desarrollo y dinámica del comportamiento criminal con las mismas claves La denominada Psicología comunitaria, pieza fundamental en los
y patrones con que analiza cualquier otro comportamiento, esto es, en términos programas depreuención del delito, será objeto de análisis más detenido
Bions puramente conductuales, contribuyendo a una explicación científica del mismo.
y diferenciado en u n capítulo posterior, dada su conexión con las teorías Capítulo IV:
ecológicas y ambientalistas^''^.
Explicaciones sociológicas del delito (I)
1. TEORÍAS SOCIOLÓGICAS D E L C R I M E N Y M O D E R N A
SOCIOLOGÍA CRIMINAL Rmpirnsi«4h.
i
732 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 733
en la insinuación de modernas tesis subculturales y confiictuales propias de la sociológicas que arrojan u n diagnóstico etiológicó sobre la criminalidad,
Sociología actual.
^oi( Por último, de las numerosas escuelas «eclécticas», la de MARBURGO destaca
de aquellas otras, también sociológicas, que sólo informan acerca de la
entre todas ellas por sus claves sociológicas; connotaciones apreciables en su génesis de la delincuencia renunciando a cualquier pretensión etiológicó
dualismo metodológico (la ciencia «global» del Derecho Penal reclamaría, también análisis sobre sus «causas» (vg., el «labeling approach»).
un análisis empírico del crimen como hecho «social»); en su diagnóstico etiológicó
o teoría de la criminalidad (concurrían la «predisposición individual» y el «medio Hecha tal salvedad, y dejando constancia de los matices diferenciales
social» en la explicación del delito); y, sobre todo, en su ambiciosa política criminal que separan a unas y otras teorías, se analizarán a continuación:
(lucha científica contra la criminalidad, incidiendo eficazmente en las causas
«sociales» de la misma). .•itt«ftÍ)J&dW Y o s e t"t. 3'I«I íftiTíi ^,
^ • -
A) Construcciones que carecen de un marco teórico definido (esque-
Ahora bien, ninguna de estas tesis ^sociológicas sólo en u n sentido mas «plurifactoriales» o factor approach). ^ ümoioqiA protonda'':
muy lato— pretendió integrar el comportamiento criminal en u n modelo
o marco teórico de relación de los acontecimientos sociales. Constituye- B) Teorías, en sentido estricto: inass'iqgi aoí siínlH (B
ron, eso sí, explicaciones fragmentarias del suceso delictivo, pero sin 1. Teoría «ecológica» (Escuela de Chicago) y teorías ambientales.
cohesión entre ellas, carentes de unidad y pretensiones teóricas 2. Teorías «anémicas», estructural-funcionalistas y sistémicas.
generalizadoras. Son u n antecedente claro, pero sólo un antecedente, de
la moderna Sociología Criminal. Concepciones sociolósicas, en sentido 3. Teorías «subculturales».
estricto, son aquéllas que parten de u n modelo teórico de relación de los 4. Teorías del «proceso social»:
acontecimientos sociales, y de u n a determinada teoría de la sociedad, y
pretenden insertar el comportamiento criminal en los mismos. Presupo- a') Teorías del aprendizaje (exclusivamente la de la «asociación
nen, como es lógico, u n preciso aparato conceptual, unos esquemas y diferencial»). •; • -
técnicas que fueron acuñándose en el proceso de autodeterminación de b') Teorías del «control». f,i' •, £•• -.1/
la Sociología general como disciplina científica autónoma, y la consi-
guiente aplicación de dicho instrumental al examen del delito. Este c') Teorías «interaccionistas». íii/;/!i,4.ni/".l (AJh .'» ki-íH,lt-
cambio metodológico, producto del positivismo, se acusó de forma 5. Teorías del «conflicto» (con o sin base marxista).
generalizada muy pronto en los Estados Unidos, donde la Criminología • '\ . ,• ' 1 itf'-'. / .h>t; v^íf
se concebiría como u n campo parcial de la Sociología, como Sociología
Criminal. A Europa llegó, sin embargo, después de la Segunda Guerra < • . , ' • • ' ' ' • ( ' , , . A'i''f •ítá«'..4'j ;•
que, sin excesivas pretensiones teóricas, pero con un método empírico sistematizar y generalizar el resultado de sus investigaciones sin
inductivo, atribuyen el comportamiento criminal a la concurrencia de incurrir en u n ciego empirismo.
una pluralidad de factores heterogéneos (rasgos básicos del delincuente,
vida familiar del mismo, incidencia de la escuela, organización del Así, por ejemplo, HEALY constató como variables eventualmente
tiempo libre, etc.)^- Su ámbito temático preferido es la delincuencia determinadoras de la desviación criminal: males hereditarios, anomalías
juvenil y el leit motiv de las diversas investigaciones la idea de desorga- mentales, constitución física anormal, conflictos anímicos, mal ambiente
nización^. El principio plurifactorial dominó la Criminología norteame- familiar, amistades inadecuadas, frustración de expectativas del indivi-
duo, condiciones insatisfactorias para el desarrollo infantiF, etc.
ricana entre 1915 y 1950 y posteriormente se apuntaron al mismo en la
propia Union Soviética -^rj^oj^-, 5. ^ «j?¡;. nsoBtno aup gswobainig HEALYfue, probablemente, quien utilizó por primera vez el principio plurifactorial
en la Clínica de Psiquiatría de Chicago (1915) en colaboración con el Tribunal de
Menores, acudiendo a enfoques psiquiátricos y de psicología profundad !
a) Entre los representantes de enfoques «plurifactoriales» puede
citarse a HEALY, el matrimonio GLUECK, BURT, ELLIOT y MERRILL, El matrimonio GLUECK llamó la atención sobre otras tantas cir-
WEINBERG, TAPPAN, CAVAN, CALDWELL, etc. Más difícil es resu- cunstancias ya mencionadas (rasgos básicos del individuo, vida fami-
mir o sintetizar el diagnóstico etiológico que ofrecen estos autores, por liar, escuela y organización del tiempo libre). Al matrimonio GLUECK
la diversidad de datos a los que atribuyen significado criminógeno y por se debe, sin duda, la más famosa investigación multifactorial, también
la ausencia de una genuina «teoría» o marco referencial que permita en el ámbito de la d^lincuejicia juvenil, publicada en 1950 bajo el título
«Unraveling Juvenile Delinquency»''^.
Gomo es sabido, los GLUECK eran partidarios de acumular e integrar conoci-
mientos sólidos y seguros, para con ello alcanzar otros conocimientos suplementa-
rios; a cuyo fin, y durante diez años, examinaron mediante equipos interdisciplinarios
í and Contemporary Problems, núm. 23, págs. 703 a 724. En particular, una (asistentes sociales, psicólogos, antropólogos y psiquiatras) quinientas parejas de
j, completa reseña bibliográfica sobre el análisis plurifactorial y la criminalidad delincuentes y no delincuentes, buscando factores diferenciales entre ambos en
juvenil, en: J. E. HALL WILLIAMS, Criminology and Criminal Justice, cit., págs. orden no sólo al examen etiológico, sino también al de pronóstico. Tomando como
* 89 y ss.; MANNHEIM, H., Comparativo Criminology, cit., II, págs. 606 y ss.; LÓPEZ campos preferentes de investigación la familia, la escuela, el municipio, estructura
' EEY, M., Criminología, cit., I, págs. 228 y ss.; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, de la personalidad.... etcétera, partieron de la contemplación de cuatrocientos dos
cit., págs. 396 y ss. factores o elementos comunes a ambos grupos, seleccionando progresivamente los
2 Así, GLUECK, SH., y GLUECK, EL., Jugendliche Rechtsbrecher, 1963, Stuttgart, de mayor relevancia; ajuicio de los autores, a los efectos de una correcta prognosis,
cit., pág. 185. éstos serían fundamentalmente tres: la vigilancia del joven por su madre, la
.^ Según J. E. HALL WILLIAMS (Criminology and Criminal Justice, London, 1982, severidad con que ésta le eduque y la armonía familiar.
Butterworths págs. 89 y ss.), cinco factores polarizan las investigaciones en la
materia en orden a la etiología de la criminalidad juvenil: hogares deshechos (the BURTON advirtió la existencia de ciento setenta «condiciones» o
• brochen home), tensiones familiares, disciplina y relaciones familiares, criminali-
dad en el seno de la propia familia y abandono del niño (neglect). En un sentido
factores que, a su juicio, desencadenarían en el niño un comportamiento
semejante, D. J. WEST y D. P. FARRINGTON (Who Becomes DeHnquent 1973): no deseable*^. . .^ -^^^ "••• - -•— - . . . - , - . ~^-~- ^.-
crueldad pasividad o abandono materno, disciplina estricta, severa o errática de la
madre, conflictos paternos, escaso control del niño por los padres, hogares deshe-
chos por divorcio o abandono, neurotismo materno, inestabilidad emocional de los
padres, etc. También: L. J. CARR, Delinquency Control, New York, 1941, págs. 104 HEALY, W., The Individual DeHnquent, 1922, Boston, Little, Brown, cit., págs. 130
y ss. Vid. COHÉN, A. K., Mehr-faktoren-Ansátze, en: Kriminalsoziologie (por F. y ss. El autor estimó relevantes u n a relación de ciento treinta y ocho factores, la
Sack y R. Konig, edit.), pág. 219 («Soziale Desorganisation»), en sentido crítico. mayor parte de ellos «psicológicos», aunque también «biológicos» y «socioculturales».
* Como advierte SCHNEIDER, H. J., (Kriminologie, cit., pág. 397) se ha caracteriza- Así, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 54.
do el delito por el Allumions Institut soviético, en 1976, como «el resultado de un GLUECK, SH., y EL., Unraveling Juvenile Delinquency, Cambridge-Mass., 1950;
complejo efecto recíproco de muchas circunstancias... en el marco de las cuales la una excelente información sobre el trabajo de los GLUECKS, en: SCHNEIDER, H.
personalidad desempeña u n papel relevante» (para otras manifestaciones del J., Kriminologie, cit., págs. 398 y ss.
principio plurifactorial en la, URSS, vid. págs. 417 y ss. de la obra citada). BURT, C , The Young Delinquents, London, 1944, págs. 600 y ss. .^^^^tn
736 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 737
Particularmente representativa es la opinión de M. A. ELLIOT y P. pero éste es, tal vez, el punto débil de los enfoques plurifactoriales: la
E. MERRIL, quienes, también sirviéndose de un método empírico usencia deliberada de un marco teórico y de u n principio sistemático y
inductivo, infieren como explicación de la conducta desviada (del niño) rdenador, que convierten el método empírico inductivo en u n empirismo
la acumulación o concurso de u n a pluralidad heterogénea de hechos que craso, en mera intuición guiada por decisiones subjetivas o por la llana
tal vez, por sí solos, aisladamente, no hubieran podido motivar aquélla. experiencia popular. Los esquemas plurifactoriales se quedan, pues, a
-jy El niño —dicen— es capaz de superar quizás uno o dos «hándicaps» (la muerte ifiedio camino sin adquirir el rango de «teoría criminológica»; en parte
''*• de uno de sus padres, la pobreza o una mala salud, por ejemplo); pero si a esto se por las razones ya expuestas, y en parte, también, por circunscribirse y
/"•¡t añade el desempleo y alcoholismo del cabeza de familia, la inestabilidad de una autolimitarse a u n a concreta y determinada temática (delincuencia
\^ madre que no sabe estar en su sitio, el subdesarrollo anímico del propio niño que deja juvenil, sobre todo)i^
9b pronto la escuela para trabajar, las pésimas condiciones de la vivienda familiar y
malas compañías, parece entonces que todos los factores en tal contexto se alzan De lo expuesto puede deducirse que los «esquemas plurifactoriales»
contra el niño. Si éste deviene criminal, concluyen ELLIOT y MERRIL, no suele ser han obtenido particular éxito en la praxis criminológica (clínica), en la
• por una razón única, sino por la acumulación de siete o a veces más circunstancias
ejecución penal y en laprognosis^^; circunscribiendo deliberadamente su
- í que les colocan en desventaja^. ,
*^p W 80Br atención temática a la delincuencia «juvenil», acerca de la cual h a n
aportado valiosas informaciones y conocimientos^^. Las miras terapéu-
'' > Como podrá observarse, predomina en todos los enfoques plurifactoriales
ticas y pragmáticas del modelo «plurifactorial» le h a n incapacitado en
la clave sociológica, aunque indudablemente algunos de los representantes
cuanto teoría generalizadora de la criminalidad.
más destacados de tales corrientes acusen reminiscencias biológicas muy
significativas (así, el matrimonio GLUECK)^°. Como doctrinas sociológi- Históricamente surgieron como reacción alpositivismo biológico, siendo mérito
cas, por tanto, entroncan con las tesis pluridimensionales y eclécticas de indiscutible de los mismos haber demostrado la insuficiencia y parcialidad de
cualquier teoría «monocausal»^^ ya que el crimen es, sin duda, un fenómeno mucho
FERRI y von LISTZ, si bien profimdizan y mejoran las mismas, sustituyen- más complejo y su análisis requiere «una mayor amplitud del campo visual», esto es,
do, además, el silogismo y la especulación de aquellos autores por un un mayor realismo libre de prejuicios dogmáticos. Tal vez por ello, las orientaciones
método experimental e inductivo, empírico^^. «plurifactoriales» representan en el espectro de las ideas criminológicas el eclecti-
cismd'' más significativo, ocupando un espacio intermedio y conciliador entre las
Los planteamientos plurifactoriales o multifactoriales se caracteri- teorías biológicas de la «predisposición» y las sociológicas del «medio»; o, por
zan y diferencian de otros, ante todo, metodológicamente. Parten de la expresarlo de otro modo, entre las teorías de la «personalidad» y las del «control
experiencia (método empírico inductivo), pero renunciando a cualquier tBq'/t ,-
marco teórico que pueda condicionarla o mediatizarla.
Como afirman WOLFGANG y FERRACUTI, refiriéndose ai «principio angloame-
^^ Para una critica de los enfoques plurifactoriales, vid. COHÉN, A. K., Mehr-
ricano de la pluralidad de factores»: «Se trata de reunir una cantidad de datos
faktoren-Ansátze, en: Sack, F., y Konig, R. (edit.), Kriminalsoziologie, 1968,
procedentes de fuentes accesibles, con independencia de cómo se inserten concre-
Frankfurt, págs. 221 y ss. Cfr. H. D. BARLOW, Introduction to Criminology, cit.,
tamente esos datos en un marco teórico; de hecho, este método de causación
págs. 35 y ss.
múltiple —añaden— utiliza los datos tal como llegan, para desarrollar nuevos puntos
A pesar de sus limitaciones teóricas, diversos autores entienden que el análisis
de vista que se desea surjan de las conclusiones que por vía de inducción se
plurifactorial es u n principio metodológico hoy dominante. Vid.: GÓPPINGER, H.,
obtengan en los análisis finales de los datos recogidos»^^.
Criminología, cit., pág. 58, refiriéndose al enfoque plurifactorial-integrador,
BARLOW, H. D., Introduction to Criminology cit. pág. 36; SCHAFER, St.,
Introduction to Criminology (1976, Reston, V. A.; Resten PubHshing Co.), pág. 85.
" M. A. ELLIOT y MERRIL, F. E., Social Disorganization, New York, 1941, págs. H Criticando la utilidad del mismo: LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit.,
y ss.; en este mismo sentido, M. H. NEUMEYER, Juvenile Delinquency in Modern ^. págs. 25 y 202 y ss.
Society, 1949, New York, págs. 62 y ss. " Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 55.
^° Vid. LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., pág. 23. Cfr. COHÉN, A. K., Mehr-faktoren-Ansatze, cit., pág. 219; BARLOW, H. D.,
" Vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 54; LAMNEK, S., Teorías de la Introduction to Criminology, cit., pág. 34.
criminalidad, cit., pág. 24. Sobre dicho eclecticismo, vid. BARLOW, H. D., Introduction to Criminology, cit.,
^2 WOLFGANG, M. E., y FERRACUTI, F., The Subculture of Violence, Towards an pág. 34; LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., pág. 24, quien subraya que
Integrated Theory in Criminology, 1967, Londres, pág. 41. el enfoque plurifactorial combina variables biológicas y socio-psicológicas. -
738 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 739
social» o «interacción», distinguiéndose netamente de otras concepciones prece- flatos, situaciones y factores para iniciar su labor, decide contar con
Pv dentes también eclécticas por el método inductivo y empírico que utilizan. dichos elementos y excluye otros en virtud de u n a opción personal,
m deológica o intuitiva (no verificada empíricamente aún) que, en todo
Í;^ b) Sin embargo, los esquemas plurifactoriales tienen numerosos caso, mediatizará y orientará el curso de la propia investigación.
^ puntos débiles que justifican el progresivo desprestigio teórico de aqué- Carece, pues, de sentido ocultar esa «decisión» previa y su indiscutible trascen-
^' líos a partir de los años cincuenta, después de casi tres décadas de ' dencia, dado que nunca se podrá disponer de todos los datos necesarios y que la
indiscutible protagonismo. Ya se ha apuntado el déficit teórico del que información del científico será, por fuerza, parcial y selectiva^^
adolecen —con sus consecuentes limitaciones— por falta de u n marco
general de referencia en el que pueda insertarse la explicación de la Por otro lado, la precisión y rigor científico de los esquemas
conducta desviada^**. En este sentido, algún autor ha denunciado que los plurifactoriales —más descriptivos que etiológicos—^^ deja mucho que
esquemas «plurifactoriales», al «acumular» información y tomar los desear; en las diversas investigaciones de este carácter, predomina la
datos «según vienen», no es que renuncien a u n a rigurosa teoría, sino que obsesión por identificar «factores criminógenos» singulares sobre el más
son la negación de cualquier teoría; son un mero «segmento» —que no complejo cometido de f u n d a m e n t a r el efecto criminógeno y la
teoría— en la historia criminológica, que no supera el rango de los intercorrelación o interacción entre los mismos^^; se atribuye a todos,
conocimientos «vulgares». Ciertamente, u n a teoría, por buena que sea, indiscriminadamente, u n a supuesta incidencia causal y etiológica por el
no basta; pero la praxis criminológica, sin el fundamento y orientación hecho estadístico de que acompañan la aparición del hecho delictivo sin
de u n a teoría, confiada a su propia dinámica, está condenada al fracaso. diferenciar ni interrelacionar el comportamiento de cada factor singular
Porque, sin u n a teoría científica, el método empírico se convierte en justificando la aportación respectiva de los mismos al suceso criminaP''.
«empirismo craso»^^. La búsqueda de datos y acumulación de conoci- COHÉN ha reprochado a los esquemas plurifactoriales confundir «factor» y
mientos obtenidos por u n a vía supuestamente empírico-inductiva, se «variable»; «factor» y «causa», y análisis estadístico y teoría científica, ofreciendo,
torna en u n a labor ciega, guiada a lo sumo por la intuición y el por otra parte, una explicación superficial que prescinde inadmisiblemente de la
subjetivismo; y, en definitiva, el resultado final reflejará simplemente la compleja interdependencia de los concretos problemas sociales, como pueda ser la
experiencia popular, de acuerdo con viejas explicaciones «ad hoc» del conducta desviada y el sistema social globaF^
SCHNEIDER, H. J., sintetiza en los siguientes términos las principales objecio-
comportamiento delictivo, fieles a la máxima «lo malo produce lo malo»^". nes al principio plurifactorial (Kriminologie, cit., pág. 397): 1) Opera fundamental-
Metodológicamente, además, cabe formular numerosos reparos a los mente con reclusos, esto es, con un grupo específico de la población seleccionado
por el sistema penal. En consecuencia, las características que se detecten en dicho
enfoques plurifactoriales, como h a n destacado HARTUNG, COHÉN y el grupo de internos no tienen por qué ser necesariamente extrapolables a la población
mismo GÓPPINGER. criminal general. Por el contrario, pueden derivar, de algún modo, de la acción
El punto de partida de los mismos, aunque pretenda ser objetivo y
neutral, no lo es. En efecto, cuando el investigador preselecciona ciertos orrttin if f í t r i ? fr 4 t'í'-ifT &tr'.j í> í T / \ ^ 1 "*"''""5ÍdB0i)in I
"jjVjíuí'Ojh^ol
^' Cfr. GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., págs. 55 y 56.
Como apunta COHÉN, A. K., Mehr-faktoren-Ansátze, cit., págs. 221 y ss.
^® Por todos, COHÉN, A. K., Mehr-faktoren-Ansátze, cit., pág. 221: «Un enfoque Los enfoques plurifactoriales destacan meras «correlaciones» o «asociaciones» (esto
multifactorial no es una teoría, es la renuncia a la búsqueda de una teoría.» Asi, es, llaman la atención sobre el hecho estadístico de que el delito suele ir acompañado
también: LAMNEK, S., Teorías de la criminalidad, cit., pág. 25. por ciertos factores lo que no equivale a demostrar la eficacia «causal»-«etiológica»
^^ Critica que dirigen, por ejemplo, SUTHEELAND y CEESSEY a los estudios de los mismos). Cfr. HIESCHI, TE., y SELVIN, H. C , False Criteria of Causality
plurifactoriales de HEALY. Cfr. GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., pág. 54. m Delinquency Eesearch, en: Social Problems, 1966, págs. 254 a 268.
^° Vid. COHÉN, A. K , Mehr-faktoren-Ansátze, cit., pág. 223, para quien los esquemas Cfr. GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., pág. 56. No siempre puede afirmarse que
plurifactoriales responden al aforismo popular «algo malo causa siempre algo Un factor precedente o concomitante al hecho criminal haya de ser negativo
malo», esto es: «consecuencias o resultados malos h a n de tener causas también necesariamente, según CEESSEY. Según COHÉN, A. K. (Mehr-faktoren-Ansátze,
malas; y causas malas han de producir necesariamente malos resultados». Según cit., pág. 22), los esquemas plurifactoriales confunden «factor» y «causa», presupo-
Oi COHÉN, el razonamiento criticado es muy simple: ciertos factores, especialmente niendo ficticiamente que todo factor posee en sí mismo un «potencial criminógeno».
el «hogar deshecho», producen u n a «tendencia a la desviación». COHÉN, A. K., Mehr-faktoren-Ansátze, cit., págs. 220 y 221. ,,:,„,„,, . o.j
740 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 741
a selectiva del sistema penal o de la propia institucionalJzación (encarcelamiento); 2) m aciones sobre el crimen procedentes de otras disciplinas afines a la
r. Desde un punto de vista metodológico, la comparación que el principio plurifactorial misma (Clearing House)'^''.
' r_. suele llevar a cabo para inferir los factores criminógenos tampoco satisface. Porque
^"^ contrapone el grupo de reclusos (grupo experimental) y otro grupo de no reclusos Uno de los partidarios más representativos de la Criminología
(grupo de control), en lugar de comparar reclusos (delincuentes) y no delincuentes. «integradora», GÓPPINGER, resume así el nuevo manifiesto:
P Al despreciar el campo oscuro y la cifra negra de la criminalidad, es obvio que sin
ij pretenderlo— pueden incluirse delincuentes (no conocidos) en el grupo de control «De la misma manera que el médico no observa al enfermo sólo desde puntos
;. de no reclusos; 3) El principio plurifactorial es una teoría exclusivamente referida a de vista químicos, físicos o sociales, sino con una óptica superior, la médica —
la persona del autor. Investiga sólo las características personales, corporales, aunque emplea los análisis de estas ciencias en el diagnóstico y en la terapia—,
" psíquicas y sociales del autor, no las que hacen referencia, por ejemplo; a la víctima también la Criminología debe esforzarse por contemplar su objeto —ya se trate del
& cala sociedad misma. Clasifica, por ello, y estigmatiza al infractor, sin poder mostrar delincuente en sus interdependencias sociales, ya de la totalidad del fenómeno del
9j cómo neutraliza y elimina la reacción social dichos factores criminógenos que exhibe crimen como tal— no sólo desde puntos de vista sociológicos, o biológicos, o
^1 el autor; 4) Por último, el principio plurifactorial equipara en relevancia todos los psicológicos, o dogmáticos, etc., sino con una v/s/ón crím/no/ógica supeúor»^^. Y
.i factores supuestamente criminógenos que, consciente o inconscientemente, ha añade; «En una Criminología así entendida no se trata únicamente, por supuesto,
preseleccionado antes de iniciar la investigación; sin percatarse de que unos tal vez del problema metodológico, sino de determinar la posición (interdisciplinar) de la
fi' tengan un poderoso significado etiológico en la producción del delito, pero otros, sin Criminología como ciencia...; se trata de una Criminología que, en definitiva, intenta
M duda, inciden muy poco o nada en su causación. Más aún, el principio'plurifactorial valorar, con su propia visión, sólo criminológica, los resultados de sus diversas
fg trata de fundamentar el valor criminógeno de ciertos factores, sin preocuparse por investigaciones e integrarlos en la contemplación «criminológica».., esto es, de la
^. explicar la relevancia diferencial de los mismos, el modo en que operan, su estructura correcta valoración de muchos resultados obtenidos con métodos diversos en
y dinámica, incidencia recíproca, etc. observaciones parciales que sólo mediante la coordinación de los mismos en el
marco de un análisis sistemático omnicomprensivo adquieren su valor real»^^.
^RiftTíiT} viH'i^tie'Ifi ééArgiw Wf'-ib átV
; , ,1',' . -o'dnr Como es sabido, el instituto de Criminología de Tübingen practica,
ijtlfit>. liijíi'i!n<-i:> pcilRnrticli.(
desde 1962, esta Criminología empírica, multidisciplinar (Derecho,
3 . E N F O Q U E S P L U R I F A C T O R I A L E S Y CRIMINOLOGÍA Medicina, Psiquiatría, Psicología, Sociología y asistencia social) y
íÁ «INTEGRADORA» ;dD3<5íÍ!í»»iti3.«BlébBidrertMt pluridimensional, cuya premisa teórica más característica parece ser la
necesidad de contemplar al delincuente no como individuo aislado, sino
'"' Aunque puedan existir ciertas semejanzas externas, no sería correcto en el contexto de sus interdependencias sociales^^. En cuanto a sus
confundir, sin embargo, estos enfoques plurifactoriales o multifactoriales investigaciones, el procedimiento seguido consiste en seleccionar dos
con la denominada Criminología integradora que algunos autores grupos de personas, un grupo de reclusos y un grupo de control de no
propugnan como principio «teórico» y ciertas instituciones utilizan en la reclusos, reclutado este líltimo por elección casual de entre la población
«praxis» criminológica^*^. El problema que suscita la «Criminología de edad semejante en u n a determinada región, confrontando después
integradora» no es tanto el de una teoría de la criminalidad más — los resultados que van obteniéndose con el análisis de los cortes trans-
aportación p r o b a b l e m e n t e ajena a sus pretensiones— como el
metodológico o incluso el de la propia autocomprensión de la Criminología
• n <í
como ciencia empírica multidisciplinar y pluridimensional, propósito 10 yvii'ni 1^
bastante más ambicioso que el de interrelacionar o coordinar las infor-
i¡;afii( T)fi n i 1' r J ,Ob»i
Ahora bien, los «pioneros» de la Escuela de Chicago matizan la prepara el camino a las posteriores teorías del aprendizaje, de las
relevancia criminógena del factor «espacial» con un característico enfo- subculturas y del conflicto; concepciones éstas que, en buena medida, no
que ecológico. La imagen de la «ciudad» como «macroorganismo», a son sino «diversificaciones» del tronco común^.
semejanza de cualquier ser vivo; la continua referencia a conceptos y
procesos orgánicos y biológicos (simbiosis, equilibrio biótico, invasión
dominación, sucesión, áreas naturales, etc.); y el propio modelo de
«crecimiento radial» (axiate Growth) de las grandes urbes del medio 2. OBJETO Y M É T O D O D E LA ESCUELA D E CHICAGO
oeste norteamericano, divididas en zonas concéntricas que irradian su
actividad desde u n centro neurálgico hacia la periferia (gradient of a) Desde 1860 numerosos grupos de emigrantes de todos los lugares de Europa
activity), evidencian el trasfondo «ecológico» de dicha teoría espacial o llegan a Norteamérica y se asientan en las ciudades del mGcfío oeste. El impacto de
tales movimientos migratorios se hace sentir especialmente en Chicago, que cuenta
1 ambientad. con 110.000 habitantes en 1860 y rebasa los 2.000.000 en 1910. La inmigración
masiva y el proceso vertiginoso de industríaiizaciónaea'n un nuevo tipo de habitat^,
I De este modo, la Sociología urbana deviene Ecología humana y social
de organización, estructuralmente distinto del tradicional. La gran ciudad se convier-
I (Human Ecology). ^ ^ ' ^ A ^ •'•'/"'*'»^"V/- ./A^./^-'X/X-'N.^'-V^^./X
te en «crisol» (meitingpotj de etnias, religiones, culturas y cosmovisiones. Pero
! ^*^ Por ello —y no sin razón— suele asociarse a la Escuela de Chicago con también en un preocupante foco úe problemas sociales, derivados del cambio social
' y del conflicto cultural: pobreza, marginación, suicidio, alcoholismo, prostitución,
\ la Ecología Social y con su llamativo análisis topográfico que pone criminalidad. En definitiva, el problema de la integración a la sociedad norteameri-
especial énfasis en el impacto criminógeno de la «desorganización cana de «culturas» con personalidad propia: el de la adaptación conflictiva a una
~* urbana», así como en determinados modelos de distribución del delito nueva estructura urbana e industrializada de grupos muy heterogéneos (costum-
por áreas o zonas de la gran ciudad. Sin embargo, como se apuntó, sería bres, lengua, educación, riqueza, raza, etc.) y móviles^.
incorrecto —excesivamente simplificador— identificar la Escuela de . _ . ^ .-..:A...
1^ Chicago con la denominada «teoría ecológica». Porque la Escuela de Este trasfondo explica el particular énfasis—desmedido, ajuicio de
Chicago es más que u n a teoría de la criminalidad, más incluso que una algunos— que puso la Escuela de Chicago en el cambio del entorno
escuela sociológica: constituye el germen y el crisol de las más relevantes espacial, ambiental (environment) y la impronta subjetivista de las
concepciones de la Sociología Criminal. Atenta al impacto del cambio teorías «ecológicas»^. Que se manifestara, fundamentalmente, como
social, particularmente acusado en las grandes ciudades norteamerica- Sociología urbana, preocupada por aspectos muy concretos y externos
nas desde la segunda mitad del pasado siglo (industrialización, inmigra- del mid-west norteamericano^": el crecimiento de las ciudades, la expan-
ción, conflictos culturales, etc.); e interesada por \os grupos y culturas sión de la industria y el ferrocarril, el mosaico de razas y nacionalidades,
minoritarios y conflictivos, supo sumergirse en el corazón de la gran el movimiento de la población, la distribución de los servicios, la
ciudad; conocer y comprender «desde dentro» el mundo de los desviados, anatomía de ciertos barrios yghetos (China Town, Little Italy, Chicago's
sus formas de vida y cosmovisiones, y trató de analizar los mecanismos North Side, etc.), las formas de vida de determinadas minorías y tipos
de aprendizaje y transmisión de dichas culturas asocíales*. humanos (el hobo, los bum, los tramp, etc.). Pues la «Ecología humana» t
ub ,--r\ ,eL n hFÍ>i .j i'
''^' Heredera, pues, del espíritu de los «reformadores sociales» europeos
y americanos del siglo XIX, la Escuela de Chicago esboza, insinúa y
Cfr. BALAN SONLO, K., Subcultura y delito, en. Delincuencia. Teoría e investiga-
ción, cit., pág. 145 y ss. También: VARONA MARTÍNEZ, G.: La mediación
• > " f ' ) . M'& -/'ua tíl^í'íij g reparadora, cit., pág. 45 y ss. .rr'.'tC'
^ Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 7 y ss., VOLD, G. B., Theoretical ^ Cfr.MORRIS,T., The Criminal Área, cit., págs 2 a 4. *
•i-i- Criminology, cit., págs. 181 y ss.; PARK, R. E., Race and Culture, en: CoUected g Cfr. TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, cit. págs. 56 y ss.
/ Papers of R. E. Park, vol. I (edit. H. Glencoe, III), 1950, pág. VIII (la ciudad como Así, refiriéndose a la obra de THOMAS y ZNANIECKI, PITCH, T., La teoría de la
«organismo» social). g desviación social, cit., pág. 47.
* Vid. TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, cit. págs. 57 a 59; MORRIS, T., i„ Vid. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 4.
The Criminal Área, cit., págs. 2 ss. , . , . . , , , . >,,,_.^.,,..,,,.,i,., ,..., .,. ,>J^... Cfr., ALIHAN, M. A., Social Ecology. A Critical Analysis, cit., págs. 6 y ss.
746 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 747
se ocupa, ante todo, de los procesos sociales y el profundo cambio social ción de un nutrido número de investigaciones de Sociología urbana, exponentes de
"acaecido a partir de la segunda mitad del siglo XIX que se polarizó enTas~ la metodología propugnada por Park. Entre otras^'^, en 1923, McKENZIE publica
grandes urbes". Es lógico, por ello, que la Escuela de Chicago hiciera de «TheNeighbourhood.AStudyofColumbusOh¡oi^;yANDERSEN,N.,«»TheHobo».
The Sociology of the Homeless Man»'**. En 1927, aparece «The Gang», de
las «condiciones» del cambio social «hechos» o «datos» reales que consti-
THRASHER^s. gn 1928, «The Ghetto», de WIRTH, L.==°; en 1929, «Gold Coast and
tuirían el objeto básico de su atención. Y que su análisis de la vida social the Slum», de ZORBAUGH, H/"', y «Delinquency Áreas», de SHAW, CL.^^.
se circunscribiera a los aspectos más externos y concretos de aquéP^
Dicha preocupación existencial, pragmática y autobiográfica por \o^ problemas En todo caso, la Escuela de Chicago no se limita a describir, sino que
oeste sociales —más que «académica»— fue manifiesta en uno de los pioneros de la pretende comprender y explicar los problemas sociales en su correlación
Escuela de Chicago, R. E. PARK, periodista antes que sociólogo'^ nacido en con la nueva estructura urbana, partiendo de^HlYeEsQa esquemas con^
Minnesota (1864) en el seno de una comunidad de emigrantes escandinavos, quien
g trabajó durante veinticinco años de reportero en Chicago e investigó las condiciones ceptuales y modelos de crecimiento y organización metropolitanos^^.
^,, sociales y la vida real de esta ciudad, obsesionado por el problema de las «culturas HcKENZIE establece, por ejemplo, una clara analogía entre el Ecosistema
aff-ürip;marginales» y de la «asimilación» de las mismas en la sociedad norteamericana. y la metrópoli^*. Y BURGESS diseña un modelo «espacial» que sirve de
!., Anticipando una de las directrices capitales de la Escuela de Chicago, PARK marco a sus investigaciones^^ i«í#ftll -m WN^ñk «W^
y-, advertiría que la ciudad, la región, la comunidad, debían de contemplarse no ya como
leiossB- mero ámbito geográfico-espaciál, sino en su dimensión écóTógicarcónTolJ7íirsü¥¡le" Frente a los estudios clásicos del West Side (1914)^'^, inspirados por
ppy-'^clase_de^_«o_rganismq """ una orientación correccionalista y simplificadora; o la íacmosa. Encuesta
-\~v.
*' b) La Escuela de Chicago generalizaría el empleo de métodos empí- -i«ytif/T*!;»1fíb '>íi' «'T^íf :'itHfíí*íí'ií*i>Mrf».':
ricos, de investigaciones de «campo», y de técnicas estadísticas ya más 1^ Particularmente representativa es la obra colectiva: The City, de la que son
perfeccionadas. PAKK adoptó el método antropológico de la observación coautores PARK, BURGESS y McKENZIE (Chicago, 1928, The University of
activa, participativa («participant observation»), pues su interés por Chicago Press).
1' McKENZIE, The Neighbourhood. A Study of Columbus Ohio. Cfr. MORRIS, T., The
conocer los conflictos sociales «desde dentro» —desde el mundo del Criminal Área, cit., pág. 3.
desviado— con datos fluidos y de primera mano, procedentes de la 18 ANDERSEN, N., The Hobo, 1923 (Chicago), University of Chicago Press.
observación directa, le obligaría a sumergirse en las entrañas de la gran is THRASHER, F. M., The Gang. A Study of 1313 Gangs in Chicago. Chicago, 1927
ciudad, sustituyendo los trabajos académicos, literarios, por sus propios (University of Chicago Press).
cuadernos de notas y experiencias personales". ^^o WIRTH, L., The Ghetto, 1928 (Chicago), University of Chicago Press.
^1 ZORBAUGH, H., The Gold Coast and the Slum, Chicago, 1929 (University of
i^Bfyíi Desde un célebre artículo que publicara en 1915 («The City: Suggestions for the Chicago Press). Del mismo: Natural Áreas of the City, en: The Urban Community,
g| Investigation of Human Behaviour in the Urban Environment»)'^, tal sería la orienta- Chicago (1925), edit. Burgess.
^^ SHAW, CLIFFORD. Dehnquency Áreas. A Study of the Geographie Distribution of
School Truants, Juvenile Delinquents and Adult Offenders in Chicago (1929).
Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 4, contraponiendo los dos modelos.
También: GARRIDO GENO VÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 184.
" Por esta razón, según T. MORRIS, la teoría ecológica cristalizó en u n a Sociología
McKENZIE señaló que el «ecosistema» de la comunidad h u m a n a era la metrópolis
urbana de la «gran ciudad» marginando el análisis de otros núcleos de población y su entorno próximo. Como en el ecosistema «natural», los elementos «abióticos»
(rurales), matización que, en puridad, no es consustancial al enfoque ecológico (The controlan los elementos «bióticos» de la gran urbe (entre aquéllos figuran las
Criminal Área, cit., pág. 4). condiciones climáticas y geológicas; y, sobre todo, las económicas que atraen o
12
Así, ALIHAN, M. A. Social Ecology, cit., pág. 6. expulsan gentes según sus respectivas habilidades o «roles»). La analogía «ecológica»
13
PARK retornaría en 1914 a la Universidad de Chicago como lector de Sociología. es aún más acusada entre volumen de población-recursos económicos (comunida-
Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 2 y 3. des urbanas) y cuantía de elementos bióticos-fertilidad de los abióticos (ecosistema).
Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 3; MATZA, D., El proceso de
2J. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 184.
desviación, cit., págs. 30 y ss.; TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, cit.,
Sobre el modelo espacial de BURGESS, vid.: The Growth of the City, en: The City
pág. 55.
(PARK BURGESS y McKENZIE), Chicago, 1928 (University of Chicago Press),
PARK, R. E., trabajo publicado en la American Journal Sociology, vol. 20 (1915), y
2g págs. 51 y ss. Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 4.
en: Human Communities, New York (Free Press), 1952, págs. 13 a 51 (edit. R- >^-
West Side Studies, New York, 1914 (Russell Foundation). Sobre tales estudios, vid.
Park).
M A T Z A , D., El proceso de desviación, cit., págs. 30 y ss. •' ••'' •'-••*'--"*- •**-'
748 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 749
de Pittsburgh (1914)2^, que contemplan la desviación «desde fuera» T3AWSON, F L E T C H E R , M A Y H E W , etc.), responden en buena medida
conformándose con atribuir los problemas sociales a las deficientes un enfoque «ecológico». E n todo caso, tres datos concretos permiten
condiciones de vida (un pobre círculo vicioso tautológico: «las cosas stablecer un razonable paralelismo entre la Estadística Moral y la
malas resultan de las malas condiciones»)^^ la Escuela de Chicago Fscuela de Chicago: ambas contemplan el crimen como fenómeno social,
procuró enfrentarse al problema de la desviación «desde dentro», esto es electivo; la cuantificación de los datos relativos al delito y al delincuente
tratando de comprenderlo desde el «mundo del desviado», desde la óptica íes permite ilustrar variaciones cualitativas, en orden a las variables de
del sujeto mismo, «tal y como se le aparece a éste»^^ Por ello, si bien no tiempo y de lugar; y conceden gran relevancia etiológica a los factores
llegó a superar la actitud correccionalista propia de todo movimiento de socioeconómicos objetivos, tal como la pobreza, educación, densidad de
reformadores sociales, fue capaz áe penetrar profunda y delicadamente población, etc., en la génesis del comportamiento criminaF^.
en el interior del fenómeno examinado, de captar su sentido y sintonizar b) Pero, sin duda, el antecedente próximo de la Escuela de Chicago se
con sus protagonistas, potenciando la apreciación, la empatia e impri- encuentra en la obra de THOMAS, W. L, y ZNANIECKI, F., «The PoHsh
miendo a las investigaciones u n giro subjetivista lleno de realismo, que
Peasant in Europe and America» (1918), valioso análisis de los proble-
constituye tal vez su más valioso legado^".
mas de integración a la sociedad norteamericana de una comunidad
c) Pero es el sustrato ecológico el que diferencia el método de aproxi- polaca que emigró al nuevo mundo. Dicha obra formula ya el concepto de
mación de la Escuela de Chicago al mundo del desviado frente a las más desorganización social como explicación última de la conducta desviada
vagas concepciones «subculturales»: la hipótesis de que los «desviados» 'y proclama la necesidad de conocer ésta «desde dentro»; enfoque
se concentran en un «espacio particular» de determinadas característi- metodológico que h a r á n suyo los «patólogos sociales» al examinar los
cas creando un «área cultural aislada» en el seno de la gran urbe. La problemas de integración y adaptación, y que daría lugar, posteriormen-
significativa obra de ANDERSEN sobre los «hombres sin hogar» («The t e , a una rica gama de investigaciones de «campo», que constatarán el
Hobo», 1923) refleja la mezcla de naturahsmo y espíritu correccional que hecho de la diversidad culturaP^.
caracteriza a la Escuela de Chicago; y, ante todo, la feliz síntesis de dos Para THOMAS Y ZNANIECKI, la génesis de la conducta antisocial de estas
perspectivas aparentemente contradictorias que la misma consigue: la minorías polacas tiene su origen en el desmoronamiento de los vínculos comunita-
Etnografía y la Ecología^^ /7¿75que eran la base de la organización social originaria cuando se insertan en un
sistema capitalista desarrollado cuyos objetivos y pautas prevalecen sobre los viejos
valores ligados al espíritu de'" cbinunidad. El control social primario, entonces, se
debilita y los instintos naturales del individuo, no controlados ni canalizados hacia
otro sistema de normas considerado también válido, dan paso a la conducta
irregular. Si la integraciónáe\ individuo en torno a valores compartidos es el elemento
3 . P R E C U R S O R E S Y P I O N E R O S D E LA E S C U E L A D E distintivo de un grupo social, la idea de la desorganización social, causa y efecto de
CHICAGO í p i i . J . Tí^ ! ^ J H I T , * f
comportamientos inconformistas, expresael proceso contrario: «una disminución de
rJo!c la influencia de las reglas de conducta existentes sobre los miembros individuales
a) Muchas de las investigaciones sociológicas llevadas a cabo en el del grupo». Por ello, según THOMAS Y ZNANIECKI, la única estrategia eficaz
respecto a dicha patología social es incidir positivamente en las «actitudes» de las
siglo XIX por la denominada£;sto(¿ísí¿caMoraZ (QUETELET, GUERRY, minorías desintegradas, generando un «reacondicionamiento» de las mismas que
origine un nuevo «instinto» social, un nuevo impulso hacia la «solidaridad» activa.
•> StJ,
1 > ¡'-OT ¡<:
/ (I') iKt'rtf ,tii'/a1<iMií'f!is I' ifd-i^oirx j i l '
^' The Pittsburgh Survey, New York (1914), Survey Associates. Kussell Saga
Foundation (editor Paul Kellog). Cfr. MATZA, D., El proceso de desviación, cit., pág- 32 Sobre el paralelismo existente entre la Estadística Moral y la Escuela de Chicago,
33 y ss.
vid. MORÉIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 42.
Cfr. MATZA, D., El proceso de desviación cit., págs. 33 y ss.
^^ Cfr. TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, cit., págs. 51 y ss. Sobre el
^^ Así, MATZA, D., El proceso de desviación, cit., pág. 37.
concepto de «desorganización social», vid. SCHNEIDER H. J., Kriminologie, cit.
Cfr. MATZA, D., El proceso de desviación, cit., págs. 36 y ss.
págs. 419 y ss.
Cfr. MATZA, D., El proceso de desviación, cit., pág. 38. ,,, ^,. ^^^ ¿^^
750 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 751
«I Pues, en último término, el problema del emigrante no es otro que el de quien se su habitat un equilibrio natural, dinámico. R. PARK fue el primer autor que aplicó este
_ encuentra en un nuevo escenario sin una guía moral por desconocer el «contrato esquema ecológico a la comunidad humana^^
Y social» o no haberlo interiorizado plenamente^".
PARK, BURGESS y McKENZIE trazaron las directrices básicas del b) BURGESS, siguiendo esta imagen «ecológica» anticipada por
modelo ecológico. RECKLESS, THRASHER, SHAW y McKAY, sobre PARK, trazaría el modelo teórico de desarrollo de la ciudad norteame-
todo, aplicaron el mismo al análisis de la delincuencia. ricana que puede estimarse representativo de la Escuela de Chicago''^.
oíaí-r-"' La Ecología es una rama de la biología que contempla las plantas y los animales
t'b en sus relaciones recíprocas con su habitat natural. La vida vegetal y animal se
PARK traslada el modelo «ecológico» a las comunidades h u m a n a s partiendo de un
rjb muestra como un todo complejo o entramado en el que cada parte depende de las
concreto modo de organización política de la sociedad: el del laissez-faire. Cfr.
otras en algunos aspectos de su existencia. Para sobrevivir, el organismo busca en
VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 182; MORRIS, T., The Criminal
«!.,-• í > « » I Í U l » l Área, cit., pág. 13.
>h\\
PARK, R. E., HumanCommunities, cit., pág. 118. Véase, también: McKENZIE, The
'lWnoOib?u-,oj^9i híi DíineisneD Lr.btií.!' Concept of Dominance and World Organisation, 1927; y en: H u m a n Ecology
Resaltando la conexión del análisis de THOMAS y ZNANIECKI con el pensamiento (Encyclopedia of the Social Sciences, 1942). Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área,
de DUEKHEIM, TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, cit., págs. 52 y ss. cit., págs. 6 y ss. En sentido crítico, ABBOTT, E. The Tenements of Chicago, 1908-
SIMMEL, G., The metrópolis and mental life (1893), en: The Sociology of G. Simmel, 1935 (Chicago, 1936).
Free Press, Glencoe, 1950 (edit. K. Wolfe). Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delin- Sobre el enfoque ecológico de PARK, R. E., vid., VOLD, G. B., Theoretical Criminology,
cuencia y sociedad, cit., pág. 183. cit., págs. 183 y 184; MORRIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 11 y ss. Referencia
36 a otros autores (Chamberlain, Colbert, Homer Hoyt, etc.) que siguen una orienta-
WEBER, A., The Growth of the city in the nineteenth century: A Study in statistics
(original de 1899), New York, 1963, Cornell Press, Ithaca. Cfr. GARRIDO GENO- ción semejante en: MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 14.
VES , V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 183-184. Vid. BURGESS, E. W., The Growth of the City, en: PARK, BURGESS, McKENZIE
Cfr. RAISER, TH., Das Lebende Recht. Rechtssoziologie in Deutschland. Baden- (The City), Chicago, 1928, The University of Chicago Press, págs. 51 y ss. Vid. infra.,
Baden, 1995. el modelo de crecimiento urbano de Burgess (gráfica).
752 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 753
c) Este sería, también, el punto de partida de McKENZIE, para quien «el *^ McKENZIE, The Metropolitan Community, cit., en The Criminal Área (MORRIS,
conocimiento de los procesos ecológicos resulta básico en todas las ciencias T.), pág. 9.
sociales, por cuanto las instituciones políticas y sociales tienen un sustrato ** McKENZIE, The Concept of Dominance and World Organisation (1927), cit. Cfr.
espacial», de suerte que la estabilidad de aquéllas se halla fuertemente MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 8.
"^ McKENZIE, en: The Neigbourhood. A Study of Columbus Ohio, cit. Cfr. MORRIS,
condicionada por la estabilidad de las relaciones espaciales"*^. Según T., The Criminal Área, cit., pág. 8.
*^ Vid. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 8; VOLD, G. B., Theoretical
í,ií'l:^i-tl.:torfi';í¡-rn-í>«írrr W '^ ftP'V- Criminology, cit., págs. 184 y ss.; GARRIDO GENOVÉS, V., Dehncuencia y
*^ McKENZIE, en: H u m a n Ecology (Encyclopedia of the Social Sciences), cit., Cfr- sociedad, cit., págs. 184 y 185. '. = -•' - "
MORRIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 6. '" BURGESS, E. W., The Growth of the City, cit., pág. 62. ./^flüO h.
754 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 755
Este modelo radial del crecimiento de la gran ciudad (axiate Growth) -ocial). Decrecen progresivamente con el distanciamiento de tales áreas
cuya representación gráfica en forma de mapas (mapas radiales) carac-
porque los roles facilitadores del sistema trófico gratifican con seguridad
• "
teriza a la Escuela de Chicago, guarda, según ésta, una estrecha relación económica y estatus al individuo cuyo nivel adquisitivo le permite
con la distribución geográfica de la criminalidad por áreas o zonas mudarse a zonas mejores que, por tanto, cobijarán a clases sociales
(«áreas criminales») y su dinámica. menos conflictivas^^
Existiría en todo núcleo urbano industrializado u n determinado Dicho esquema, conocido con el nombre de gradiente ecológico (gradient), fue
«espacio», geográfica y socialmente delimitado —una zona de transición formulado ya por McKENZIE y responde a la concepción de la ciudad como
«organismo» vivo cuya actividad —como la de cualquier otro ser vivo— irradiaría
o terreno entremedias, de nadie^*'— donde se concentrarían las tasas más desde un foco neurálgico central (la City, el distrito de los negocios) hacia su periferia
elevadas de la criminalidad. Áreas a la sombra de grandes edificios de (zonas residenciales)^^.
oficinas y almacenes de la City, qué'constituye el emplazamiento y base
de operaciones propicio de j a s bandas ,^ripünales (Glangland)^^. El
descubrimiento de estas «zonas dé'tránsitb)) altamente deterioradas y
con pésimas condiciones de vida e infi-aestructura, residencia forzosa de
4. ALGUNAS I N V E S T I G A C I O N E S S O B R E ÁREAS CRIMI-
las clases sociales más conflictivas (minorías, emigrantesTetcTexpíica-
ría el debilitamiento del control social y los índices alarmantes de NALES D E LA ESCUELA D E CHICAGO: C. SHAW, R. D .
delincuencia apreciados en^la^mism sb Béié ¡m MCKAY Y F. M. T H R A S H E R i^».a«M9tfpas-'fe0!
r •"""? Dato que conduce, según BARNES y TEETERS, a una de las hipótesis de la Chicago contaba ya, desde 1899, con el primer Tribunal Tutelar de
i , __K„, Escuela de Chicago: la criminalidad surge en los confines de la civilización y de las
• ' esferas de buena reputación, y en municipios que muestran insuficiencias en las Menores de su época: el de HuU House. La ciudad, además, acusó de
t condiciones de vida^°. modo muy especial durante los años veinte la resistencia a la «ley seca». u
I 8B19L1 Tal vez por ello, la delincuencia jiíi;e«.¿Z y la criminalidad organizada
De otra parte, los primeros ecologistas de la Escuela de Chicago polarizaron el interés de los investigadores sociales de la Escuela de
relacionaron directamente la oscilación de las tasas de criminalidad con Chicago^^.
la aproximación o distanciamiento de los grupos humanos respecto a a) Uno de los primeros estudios de área fue debido a dos mujeres
dichas zonas de transición. En una hipotética área metropolitana, y a estrechamente vinculadas al movimiento de reformadores sociales en la
tenor de la síntesis de sus axiomas espaciales y conductuales, las tasas Universidad de Chicago: «The Delinquent Child and the Home» (1912),
de conducta desviada aumentan conforme nos aproximamos a aquéllas de ABBOT y BRECKINRIDGE^^ Aun carente de u n a sóhda base teórica
y decrecen en la medida en que nos distanciamos de las mismas. y referido al Chicago de principios de siglo, marcó ya la pauta de
Alcanzan sus niveles más elevados en la zona de transición, donde se posteriores investigaciones. Las autoras centraron su atención en los
encuentran las peores viviendas de emigrantes y clases bajas que no problemas sociales de las poblaciones emigrantes, si bien concluyeron
llegan a adaptarse al habitat urbano e industrial y carecen de medios que el factor determinante de la criminalidad es más la privación
económicos para escapar a otras zonas menos deterioradas (movilidad económica propia de sus bajos status que la inadaptación urbana y
culturaPl , .j t . 4 r í
.ainnuu .<nW"i, -rio,vj¡(ii! n i-i^'mp>:fi^xñ^''ñ
i
directrices ecológicas de PARK, BURGESS y McKENZIE, tomaba como
modelo urbano de referencia la ciudad de Chicago. Pronto se sintió la focos industriales y comerciales.
necesidad de verificar hasta qué punto era válido para otras ciudades y Así, colocando los respectivos índices en una misma escala logarítmica, pudo
núcleos urbanos dotados de u n a fisionomía propia. demostrar que existe una diferencia significativa entre ambos, relevante en aquellas
ciudades que cuentan con un distrito comercial secundario en sus periferias:
Este fue el objetivo de A. LIND (1930), de la Universidad de Hawaii, en relación mientras los índices citados —ambos— decrecen en la medida en que nos
con la criminalidad de Honolulú («Some Ecological Patterns of Community distanciamos del área comercial céntrica, los de comisión de delitos lo hacen
Disorganization in Honolulú»'^). Observó el autor que la distribución de aquélla también, pero más acusadamente en las zonas II y III (áreas de «transición» y
seguía el mismo modelo espacial constatado en las grandes urbes norteamericanas, viviendas de los trabajadores) y mucho menos en las zonas IV (zona residencial) y
si bien su diagnóstico sobre la génesis del comportamiento desviado difería V (zona de cambio).
sustancialmente en atención a las características singulares de las islas Hawaii. La
8BÍ población indígena de éstas era polinésica (chinos, japoneses, filipinos, etc.), muy
heterogénea, y cada subgrupo contaba con concepciones culturales diversas: la LOTTIER, al analizar la distribución del delito en el área metropoli-
promiscuidad «sexual» para los polinesos o el suicidio en la comunidad nipona, por tana de Detroit, seis años después, llega a u n a conclusión semejante: los
ejemplo, no son síntomas de desorganización social, sino prácticas tradicionalmente índices de criminalidad experimentan la misma tendencia —un ligero
SÍ3 { aceptadas. De modo que mientras la asimilación cultural llevada a cabo en las crecimiento— en los contornos o límites de la ciudad donde termina el
ciudades norteamericanas se vio favorecida por la aceptación mayoritaria de una
cultura común, los patrones de conducta impuestos por ley a la población polinésica
distrito metropolitano y comienza la correspondiente comarca. A su
en Hawaii (los de la «América blanca») eran unos de los muchos existentes y juicio, la explicación residiría en la existencia de distritos comerciales
carecían del refrendo generalizado de la población indígena. Para ésta no merece- «satélites» en las afueras o extrarradio de la ciudad''^.
•2DqL rían el rango delictivo conductas que los tribunales castigaban como tai (vg. riñas,
el juego, etc.). En consecuencia, el análisis subculturaláe LIND hace concluir al autor
que la propia presión coercitiva ejercida sobre la comunidad indígena provoca un
conflicto con la ley, fuente de criminalidad y problemas sociales'^. c) Un tercer problema que polarizaría diversas investigaciones de
áreas es el de la propia relevancia etiológica de éstas en la génesis de la
criminalidad: si produce delincuencia determinado espacio por sus
b) SHAW definió las «áreas criminales» como «aquéllas donde la particulares características o si se limita a atraer a los individuos que
aeüncuencia ocurre más frecuentemente»^*, ambigüedad que suscita un por distintas razones son proclives a aquélla. Y, en cualquier caso, cuáles
• i^)¿A-í!') u ( : Í Í l y y n » une
son tales factores y su relación con el marco espacial de referencia.
^ ('M. í3'Sí){^ijt > . J h i ' í H p , , , ( i J ü o y "f 1 i(rn3HijFí)Uej[/* i/ "
Vid. SIEGEL, L. (Criminology, cit., pág. 171), quien recuerda la opinión generali- JHj'"fi"'WT'( ! , ' -i.í ^ ^ ' O ' Df'ui- IS m / ^ Kb
zada que asocia el crimen con la inferioridad racial y los grupos étnicos. tP . .1 ii F 'fn
70
SHAW-McKAY, Juvenile Delinquency and Urban Áreas, cit., págs. 162 y 163. LIND, A. W., Some Ecological Patterns of Community Disorganisation in Honolulú,
71
Vid. MOEEIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 92 a 106. cit., págs. 206 y ss.
72
The American Journal of Sociology, 1930 (vol. 36), págs. 206 a 220. R. C. WHITE, «The Relation of Felonies to Environmental Factors in Indianapolis»,
73
Cfr. MOERIS, T., The Criminal Área, cit., pág. 93. *"í en: Soc. Forces, 1932 (10), págs. 498 a 513.
74
Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., ibidem. ''^'^^ •' ' '^•^'-^ ''•''•'' ' " LOTTIER, ST., The Distribution of Criminal Offences in Metropolitan Región, en:
Journal of Criminal Law and Criminology, 1938 (29), págs. 37 a 50.
762 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 763
D. TAFT no llegó a resultados concluyentes en la investigación que Analizando factorialmente las siete variables junto a la tasa delictiva,
llevo a cabo en Illinois (1942), porque la muestra era muy reducida e extrajo LANDER dos factores (variables independientes): un factor de
incompleta. Pero sí pudo constatar la inestabilidad residencial de los anomia (que interpreta en el sentido de DURKHEIM y se asemeja al
delincuentes y la significativa concentración de éstos en distritos de concepto de «desorganización social» de SHAW y BURGESS), y otro
pensiones y albergues (rooming house districts), sin duda porque son los factor, que denominó socioeconómico. Su conclusión: la delincuencia (en
que ofrecen alojamiento al más bajo coste™. En igual sentido, ELMER Baltimore) se relaciona directamente con la anomia de un área y no con
resaltó años antes en su estudio sobre Minneapolis y St. Paul (1925) que las características económicas de la misma. Observó, por otra parte, que
el vacío normativo o los mayores obstáculos para las agencias del control la correlación entre los dos factores era elevada —si bien dicha asocia-
social informal tienen lugar no en las áreas de u n a elevada densidad de ción es «estadística—, lo que, a su juicio, «provee una explicación al hecho
población, sino en las de rápido cambio demográfico^^. de que la delincuencia se relaciona fuertemente con las propiedades
socioeconómicas de u n distrito...; las áreas caracterizadas por inestabi-
Por último, M. CLINARD, en lowa (1942), partiendo de un concepto
lidad y anomia son frecuentemente los mismos distritos que también
^' amplio de «urbanización», aplicable también a pueblos y pequeños
evidencian malas viviendas, bajas rentas y masificación. Pero la delin-
núcleos en los que cabe apreciar diversos grados de movilidad física y cuencia está fundamentalmente relacionada con la anomia, y no con las
^ solidaridad local, constató que el radio de acción del comportamiento pobres condiciones socioeconómicas del distrito»*^''.
delictivo oscila en relación directa al grado de «urbanización» de las
áreas de procedencia del delincuente. A su juicio, fenómenos como eT
«liderazgo», las «bandas» y la criminalidad «organizada» serían privati-
vos de los núcleos urbanos donde los contactos son «impersonales»^".
6. LA APORTACIÓN D E LA ESCUELA D E CHICAGO: R E -
d) Todas las investigaciones hasta ahora citadas respetan en líneas
F L E X I O N E S CRÍTICAS
generales —a pesar de su criticismo— la metodología y postulados
básicos de SHAW. Con u n a meritoria excepción acaecida veinticinco
A) La aportación más destacada de la Escuela de Chicago discurre en
años después de la obra de éste: el trabajo de LANDER (1954)®\ que
el ámbito metodológico y político-criminal.
aporta nuevos enfoques y salidas a la teoría ecológica contemporánea
como, por ejemplo, la precisa definición del concepto de «desorganización 1'. Sus investigaciones de «campo» inauguran u n a tradición irrever-
social» (anomia) y su relación con el comportamiento desviado^^. sible en la Sociología Criminal, que ha ejercido notable influencia en
posteriores estudios demográficos, urbanísticos y ecológicos.
El propósito del autor fue descubrir en qué medida siete variables sociales
relacionadas con la población, viviendas y características socioeconómicas de los La Escuela de Chicago, por otra parte, ha impulsado el análisis
yO t respectivos distritos influían en la tasa delictiva, extrayendo, mediante el análisis
suhcultural de la desviación, permitiendo u n mejor conocimiento de ésta
B 1 9. factorial, los factores subyacentes que explicasen las intercorrelaciones entre las
«desde dentro» —desde el propio mundo del desviado—, de los estilos de
f% , . . - - < • - " * • • • • • - ' vida y cosmovisiones de las minorías, de los mecanismos de aprendizaje
y transmisión de sus valores y pautas de conducta. En este sentido, la
TAFT, D. Testing the Selective Influence of Áreas Delinquency, en: The American teoría del «contagio social» de PARK, aun evocando viejos tópicos, tiene
79 Journal of Sociology, 1912 (48), págs. 202 a 213.
el mérito de señalar al «grupo» como transmisor directo de los modelos
ELMER, M. C «Maladjustment of Youth in Relation to Density of Population», en:
i^roceeding of American Sociological Society, 1925 (Chicago). Cfr. MORRIS, T., The
de conducta criminales, claro precedente de la teoría de la asociación
^^ Crimmal Área, cit., pág. 96. c?'/ere/2('/aZ de SUTHERLAND-^l , ., .«.,>;->. "( .-r-" (i,
CLINARD M. B. The Process of Urbanisation and Criminal Behaviour, en: The
«1 TAMníí''' '^°^™^1 °f Sociology, 1912 (48), págs. 202 a 213 a H a 4H ' ÍT . tf*í<
El empirismo de la Escuela de Chicago, por último, ha impuesto el l\ ALIHAN®\ entre otros, advierte que la Human Ecology descansa
necesario análisis estadístico de los datos policiales y judiciales relativos en una falsa analogía de las comunidades h u m a n a s y las restantes
al crimen, enriqueciendo y depurando el examen de éste^''. formaciones de plantas y animales. Inadmisible, a su juicio, porque las
^^**2'. Desde un punto de vista criminológico, ha resaltado las elevadas orimeras se rigen por fuerzas culturales y legales no asimilables a las
tasas de criminalidad de las «áreas» pobres y deterioradas de la gran nue gobiernan la supervivencia de otras especies en el mundo natural.
ciudad, advirtiendo, no obstante, que dichas tasas no son consecuencia Contemplar la gran ciudad a modo de «macroorganismo» social, explicando su
directa de condiciones económicas®''. proceso de expansión o la distribución geográfica del crimen con conceptos
fifí ecológicos, es una licencia desafortunada que distorsiona la realidad, en lugar de
, ' E n cuanto «teoría de la criminalidad», es probable que la Escuela de describirla, según ALIHAN.
Chicago haya exacerbado la incidencia criminógena «genérica» del
factor espacial (environmental factor), en perjuicio de la oportuna 2'. La teoría ecológica es, fundamentalmente, u n a manifestación más
identificación de los factores específicos o índices de desorganización de la Sociología urbana, que circunscribe su análisis a la gran ciudad.
social, así como de la relación de éstos en el marco ambiental de Desatiende, por tanto, los problemas sociales de las comunidades
referencia de acuerdo con el modelo ecológico de interacción social. «rurales» y de los núcleos de población menores®^.
Pero aun cuando la idea de «desorganización social» es muy imprecisa Parte, además, de un modelo de ciudad sui generis, ajustado tal vez
—más descriptiva que etiológica— y no se h a n verificado conexiones a las características de las grandes urbes del mid-west norteamericano,
«causales» inequívocas entre la criminalidad y aquellos «índices» o pero no generalizable. La hipótesis de los «círculos concéntricos» en
«factores» específicos, lo cierto es que la Escuela de Chicago ha sabido torno al distrito de los negocios es más teórica que realista, a juicio de
poner de relieve los altos índices de delincuencia de ciertas áreas que, en diversos investigadores®^.
todo caso, atraen y polarizan los problemas sociales.
3'. Se ha reprochado, también, a la teoría ecológica que opere con un
Político-criminalmente, el espíritu de los «reformadores sociales» de la esquema espacial excesivamente generalizador. Suponer que existe u n a
Escuela de Chicago sugiere no sólo un estudio riguroso de estas áreas, sino, correspondencia simple entre las propiedades de u n área concreta y las
sobre todo, una actitud de compromiso e intervención por parte de los características de quienes viven en ellas constituye u n a falacia: la
poderes públicos: vastos y ambiciosos programas de reordenación y «falacia ecológica», en expresión de ROBINSON®*. ,
equipamiento urbano, de mejoras infraestructurales de las grandes urbes,
B i a q o sb yín;)in9vnoDríc ¡9 ofxBiLn'
aliviarían, sin duda, los problemas sociales, contribuyendo al reforzamiento
del control social. Los de Chicago^^ y Boston®® son prueba de ello.
"^ ALIHAN, M. A., Social Ecology, A Critical Analysis, Columbia University Press,
New York (1938). Cfr. MORRIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 11 y ss.
Por más que McKENZIE t r a t a r a de aplicar su análisis posteriormente al área
B) Pero la teoría ecológica ha sido objeto, también, de numerosas metropolitana y a zonas de su extrarradio. Cfr. MORRIS, T. (The Criminal Área,
objeciones, cuestionándose su modelo de crecimiento urbano, metodolo- cit., pág. 4), justificando el proceder de la Escuela de Chicago al polarizar su enfoque
gía y resultados®". 7 " - " " - - " - H 1 -•"•;'^^' "<r-..Ui en tomo al proceso de urbanización.
^^ Así, ABBOTT, E., The Tenements of Chicago 1908-1935, Chicago (1936),
l í í í ' r f h - f r - i f i r t - r í f ! í >. I-SÍ11 ..í-n-f»-'- '•>' íulf^ñ'j-- ZORBAUGH. Natural Áreas of the City, 1925; MORRIS, T., The Criminal Área,
cit., págs. 15 y ss. Este último autor demuestra que el esquema «ideal» de la Escuela
^'^ Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 199. '^^^f^^^"^ de Chicago no conviene a la particular estructura de la ciudad de Londres (op. cit.,
'^^ Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 199. pág. 16). Resalta, frente al factor «espacial», la importancia del fenómeno «clase
El «Chicago Área Project» estuvo en marcha durante veinticinco años hasta el social» en la estructuración de todo núcleo urbano (op. cit., pág. 17), y los problemas
fallecimiento, en 1957, de SHAW. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit.,
específicos de las «minorías» étnicas en orden al establecimiento de las mismas en
págs. 196 y 197.
g la gran urbe (op. cit., págs. 17 y 18).
^^ Una valoración crítica en W. B. MILLER: The Impact of a «Total Community»
Sobre esta crítica de ROBINSON, W. S. (Ecological correlations and the behavior
Delinquency Control Project, en: Social Problems, 1962 (10), págs. 168 a 191- of individuáis, en: American Sociological Reviev*? 75 —195— págs. 351 a 357), vid.
^° Vid. BALAN SONLO, K., Subcultura y deUto, cit., págs. 150 y ss
GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 194.
'^^s
766 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 767
4'. E n particular, algunos aspectos y tesis de la obra de SHAW han Chicago— con las cifras «oficiales» de la Policía y la Administración de
sido objeto de numerosas objeciones. Que no haya distinguido satisfac- Justicia, dado que la actuación de las agencias legales del control social
toriamente, por ejemplo, las áreas de «producción» de criminalidad y las es discriminatoria y ciertos barrios son siempre objeto de u n a vigilancia
áreas de «comisión». O la propia validez de las «tasas de criminalidad» más estrecha y rigurosa que las restantes áreas de mejor reputación de
(delinquency rates), el significado de las «culturas» de las comunidades la ciudad. 1 * Ifir"©:
locales y la naturaleza misma del entorno físico^^.
^^<• JONASSEN^'^ califica de «determinismo ecológico» la teoría de la criminalidad de
eb ^B^ la Escuela de Chicago, por más que SHAW, anticipándose a esta crítica, admitiera .3í: ®Tc!08 nóJOBmtotr
' ' que las correlaciones apreciadas entre tasas de delincuencia y ciertas variables no
Ql pueden expresarse en términos de «causa» «efecto», sino como resultado de un 7. TEORÍAS A M B I E N T A L E S Y P R E V E N C I Ó N D E L DELITO:
fjsmm tercer factor'^^. Y BALDWIN^^ también en sentido critico advierte que por la misma EL D E N O M I N A D O « D E F E N S I B L E SPACE»
• t „ ú razón que para SHAW Y McKAY las características sociales y físicas de ciertos
**^ barrios «producen» delito, podría mantenerse lo contrario: que los delincuentes
a) Dos «tradiciones» de estudios de área'.103
^^~ tienden a «concentrarse» en aquellas áreas por la vis atractiva de sus características^^
referí iuicio íáí! »•
Otros autores critican no ya la supervaloración del factor espacial, La posterior evolución de las teorías espaciales a partir de los años
sino el propio concepto de las delinquency áreas y su significación. cuarenta se caracteriza por u n progresivo distanciamiento de las mis-
mas respecto al primitivo modelo ecológico de la Escuela de Chicago^°^.
HAYNER, entre otros, resalta la posibilidad de un control social y prevención
„ efectiva del crimen en las mismas^™. Y DOWNES^"^ estima tautológico el concepto Existen, sin duda, dos tradiciones en materia de estudios de área
de «desorganización social» que se supone característica básicade las delinquency inicialmente bien diferenciadas: la norteamericana y la inglesa. El
' áreas, por cuanto las tasas de delincuencia de un área determinada es el criterio modelo norteamericano acusa u n a preocupación prioritaria por el co-
definidor de la desorganización social y ésta, a su vez, se convierte en módulo de
ni/. rrecto empleo de las técnicas «estadísticas», cuyo refinamiento es palpa-
ponderación de las tasas de delincuencia.
Un modelo ecológico puro contribuye, además, a desplazar el problema criminal ble en las investigaciones de los últimos lustros. El inglés, más pragmá-
=-^' ^^ de un área a otra. Pero no lo elimina. tico, por la experiencia de los council houses, examinando el impacto de
la reubicación de las familias en nuevos barrios y siempre con un enfoque
5'. Por último, desde u n punto de vista metodológico, ROBINSON^"^ «microscópico» y particularizado^"^.
ha resaltado el inconveniente de operar —como hace la Escuela de El análisis estrictamente «ecológico» tiende a ser sustituido desde los
años cincuenta por el de área social y por métodos estadísticos
'^^ Vid. MOEEIS, T., The Criminal Área, cit., págs. 85 y ss. multivariados^^'^.
^«5 JONASSEN, C. T., «AEevaluation and Critique of some of the Methods of Shaw and t '• •
McKay», en: American Sociological Review, 1949 (vol. 14), págs. 608 a 615. i I.
9'' SHAW, CL., Delinquency Áreas, cit., pág. 21. Cfr. MOEEIS, T., The Criminal Área,
cit., pág. 91. ^°^ Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 192.
98 Cfr. GAEEIDO GENOVÉS, V., Delincuenciay Sociedad, cit., pág. 192; (GÓPPINGER, '2 Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 193.
H., Criminología, cit., pág. 40 y bibliografía allí citada. Las investigaciones en Inglaterra h a n sido tradicionalmente más «estudios de
89 TAFT y ENGLAND consideran que existe un fenómeno de inmigración selectiva en área» que estudios «ecológicos» en sentido estricto, como advierte MORRIS, T. (The
virtud del cual los delincuentes buscan ciertas áreas que por ello devienen Criminal Área, cit., pág. 101). P a r a u n a reseña detallada de las mismas, vid.
delinquency áreas y los no delincuentes otras distintas. TAFT, D. E. y ENGLAND, MORRIS, T., op. cit., páginas 101 y ss. El citado enfoque microscópico lleva a los
E. W., Criminology, cit., págs. 160 y ss. autores británicos a diferenciar sectores y calles de u n a misma área o barrio,
1"" HAYNEE, N. S., Delinquency Áreas in the Puget Sound Eegion, en: American análisis que, además, contempla otros datos no siempre ponderados por los
Journal of Sociology, 1933, págs. 314 a 328. ecologistas de la Escuela de Chicago. Por ejemplo: cómo adquieren aquéllos u n a
1" DOWNES, D., The Delinquent Solution, London (1967), Eoutledge Keagan Paul, reputación desfavorable y cómo dicha reputación persiste en el tiempo y amplifica
pág. 71. las tasas delictivas (Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Dehncuencia y sociedad, cit.,
i°2 ROBINSON, S., Can Delinquency bymeasured, New York, 1936, Cfr. MORRIS, I-, i„g pág. 193).
The Criminal Área, cit., págs. 57 y ss. Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 194 a 196.
768 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 769
El análisis de área social (SHEVKY, WILLIAMS, BELL, etc.)"^, h) Análisis ecológico y prevención del delito: el defensible Space"'
pretende relacionar la estructura interna de las ciudades con los cam-
bios acaecidos en el seno global de la sociedad, operando con tres Desde la importante obra de NEWMAN («Defensible Space», 1973)ii^
postulados básicos: el rango social, la urbanización y la segregación. las investigaciones ecológicas parecen orientarse a la prevención del
delito a través del diseño arquitectónico del espacio urbano, buscando,
Tienen, sin embargo, el inconveniente de sucumbir a menudo a la llamada
«falacia ecológica» (suponer que lo válido para una concreta «área» es válido además, u n a correlación específica entre determinados lugares de la
necesariamente también para los residentes de la misma); limitación que podrían ciudad y sendas manifestaciones delictivas.
superar con información sobre las familias individualizadas.
Este nuevo enfoque fue sugerido incluso por autores como JEFFERY"^,
quien se manifestó partidario de sustituir el conocido paradigma del
Los métodos estadísticos multivariados (LANDER, etc.), investigan
conflicto cultural por un análisis más atento al entorno físico-ambiental,
la incidencia de una serie de «variables» independientes en las tasas de
criminalidad (variable dependiente), aplicando el análisis factorial para al constatar que el crimen es muy selectivo en cuanto al lugar de
constatar las intercorrelaciones entre dichas variables. comisión (la mayoría de las áreas urbanas no son propicias al mismo).
Por ello, a juicio de JEFFERY, carecen de sentido los mapas de áreas
80F Aunque este método es ambicioso y prometedor, se ha reprochado al mismo el tradicionales, que pretendían delimitar las zonas criminógenas. Lo
inevitable subjetivismo del investigador en la preselección de las variables y en la
g., interpretación de los resultados así como una cierta «circulahdad» que conduce a
correcto sería u n a búsqueda de la relación espacio específico-tipo de
incluir la propia variable dependiente (tasa delictiva) entre las variables independien- delito^".
tes^"^ • ^ • •
Los principales estudios ecológicos orientados a la prevención del
m. delito a través del diseño arquitectónico urbano son los de KUBE"^,
, E n todo caso, como a p u n t a BLOCK^"^, unos y otros diseños de CHERRYi", o'DONELL y LYDGATEi", NEWMAN"^, B O O T H " ^
investigación han permitido instrumentar análisis precisos sobre distri- GILLIS y HAGAN120, RONCERi^i y ROYNERi^^.
bución espacial del delito: modelos de distancia espacial víctima-delin-
cuente en relación al lugar del crimen, métodos de diferenciación y
factorialización de áreas de alta-baja t a s a delictiva, etc. Al parecer, el
factor «clase social de área» ha probado su validez en numerosos estudios "1 Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 207 a 221;
ecológicos"". SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 341 y ss.
112 NEWMAN, D., Defensible Space, McMiUan, 1973. New York.
113 JEFFERY, C. R., Crime Prevention-through environmental design, 1977, Sage,
Beverly Hill.
"* Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 207.
KUBE, E., Urban Planning, architecture and crime prevention, en: Pólice Studies,
SHEVKY, E., y WILLIAMS M., The social área of Los Angeles. Analysis and 4 (1), 1981 págs. 9 a 15.
tipology, University of California Press., California (1949); SHEVKY, E., y BELL, CHERRY, R. S., Crime prevention through environmental design, en: Pólice Chief,
W., Social área analysis: «Theory, Illustrative application and computational 48 (12), 1981 págs. 48 y ss.
procedures», Stanford University Press, Stanford (1955). Cfr. GARRIDO GENO- ^" O'DONNELL, C. R., y LYDGATE, T., «The Relationship to crimes of physical
108 ^ ^ ' ^ ' ' -'-^^li^'^usncia y sociedad, cit., pág. 194. resources», en: Environment-Behaviour, 12 (3), 1980, págs. 207 a 230.
Vid. BALDWIN, J., Ecological and Areal studies in Great Britain and the United 11^ NEWMAN, D., Defensible Space, 1973, New York, McMillan.
States, en: Crime and Justice, 1^ (1979), págs. 47 y ss. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, BOOTH, A., «The built environment as a crime deterrent. A reexamination of
109 ^•' •'^'^li^'^u'^ncia y s o c i e d a d , cit., p á g i n a 1 9 4 - 1 9 5 . defensible space», en: Criminology, 18 (1981), 4, págs, 557 a 570.
120
BLOCK, R., Community, environment and violent crime, en: Criminology 17, 1 GILLIS, A. R., y HAGAN, J., «Density, delinquency and design formal and informal
(1979) págs. 16 a 57. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., control and the built environment», en: Criminology, 19, 4 (1982), págs. 514 a 529.
121
pág. 196. RONCEK, D. W., «Dangeroux places: crime and residential environment», en:
Asi, TIMMS, D., The urban mosaic: toward a theory of residential differentiation, Social Forces, 60 (1),1981, págs. 74 a 96.
122
University of Cambridge Press, 1971. Cambridge. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., ROYNER, B., «Crime Prevention and the environment. Street attacks in city
Delincuencia y sociedad, cit., pág. 196 («desigualdad social-delincuencia»). centres», en: Pólice Research Bulletin, 37 (1981), págs. 10 a 18.
770 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGL^ 771
A los que debe añadirse la valiosa aportación de «geógrafos del delito» 3' Late, pues, en ambas investigaciones la idea de que la prevención
como G. ABEYIE, que analizan éste desde un enfoque «espacial»- _j 1 crimen requiere u n análisis situacional más sólido que el suminis-
ÁNGEL o el propio REPETTQi^s. trado por los genéricos estudios de área tributarios de la obra de SHAW
ri Particular mención merecen los resultados obtenidos en algunas de yMcKAY. Este es el objetivo básico de O'DONNELL y LYDGATE (1980)
g supera el tradicional análisis de áreas, permitiendo u n a relación
ellas: específica: tipo delincuente-tipo de delito-lugar donde se produce; y
1'. KUBE (1981), por ejemplo, evalúa aquellas medidas que, a su juicio, son útiles aporta una valiosa información para la reestructuración y remodelación
en el campo del diseño arquitectónico urbano para prevenir la delincuencia de barrios^^*^. ^
Fundamentalmente ocho: limitación de la densidad de población por unidad de
hogar; valor de diversión de las áreas centrales de la ciudad y su necesario O'DONNELL y LYDGATE codificaron los recursos físicos en el distrito metropo-
incremento en términos residenciales; evitación del desarrollo de ghetos;cxeaáón litano de Honolulú y recogieron información sobre los delitos denunciados a la Policía
de nuevas formas de identificación, orientación y comunicación; logro de condicio- durante los años 1972 a 1975, excluyendo aquéllos que pudieran acusar más
nes óptimas para socializar niños y jóvenes en las áreas residenciales; mayor significativamente una actuación selectiva o discriminatoria de la misma^^^ Las
participación de los trabajadores sociales y de la Policía en los proyectos de tablas I y 11 reflejan la relación de las categorías empleadas para codificar los
8BeT reordenación urbana; orientación del control formal, de los trabajadores sociales y recursos y las medias —y desviaciones típicas— de los recursos físicos evaluados,
oJ . de la Policía, a modificar las oportunidades de comisión de delitos; e inclusión de la respectivamente. En cuanto a las relaciones apreciadas entre recursos físicos y
prevención de oportunidades para el delito en el planeamiento de las áreas criminalidad, sólo consideraron las de una especial consistencia (0,40) a lo largo de
residenciales^^''. los cuatro años abarcados. Al objeto de evaluar la relación existente entre los
2'. CHERRY (1981), siguiendo un planteamiento similar, acentúa la importancia recursos físicos, los datos relativos a éstos fueron sometidos a un análisis factorial,
de dos factores en orden a la prevención de posibles delitos en un lugar determinado: de donde se extrajeron dos factores: el c/oivr7toi4//7 dusmess {negocios en el centro
hb la idoneidad del mismo para ser observadoo vigilado y el grado de accescque ofrece de la ciudad) y los «negocios turísticos»; el primero, compuesto por cinco variables,
a terceros, atendiendo en ambos casos a las características urbanísticas y arquitec- con distintas saturaciones mínimas: servicios de construcción (0,85), servicios
• t' i tónicas de aquér^^. financieros (0,60), servicios médicos (0,48), servicios misceláneos (0,40) y bienes
di .'f--
al detall (0,47); el segundo, por otras cinco: entretenimiento (0,91), residencias de
OUC' paso (0,90), consumo de alcohol (0,80), lugares para comer (0,01) y bienes al detall
.i' X •".íi .'J. ! , f. (0,71). Los autores identificaron cinco patrones de relación: recursos físicos —delitos,
tratando de constataren cada patrón, mediante un análisis de regresión múltiple, la
La denominada «geografía del delito» es un enfoque espacial desarrollado durante correlación de recursos físicos más asociada a cada delito durante ios años 1972 a
los dos últimos lustros del pasado siglo, sobre todo, por BEUKGES-ABEYE («The 1975, tal y como revelan las tablas III, IV, V, VI y Vil.
geography of crime and violence: a spatial and ecological perspective», 1980, New 6TO,í>£¡Íüflt¡ni 3
York, Columbia University Press) quien le deñne como «el estudio de la manifes-
Según se desprende de las respectivas tablas, en los delitos de
tación espacial de los actos criminales... de la organización social y cultural de la
conducta criminal desde un punto de vista espacial» («The geography of crime, cit., vandalismo sólo u n concreto lugar supera el corte mínimo: las «residen-
pág. 2). El autor opera con las teorías de la «morfología urbana», desarrollando un cias permanentes», lo que atribuyen los autores a que tales hechos son
modelo de dicha morfología aplicada a barrios bajos y ghettos. Cabe destacar en esta cometidos por jóvenes en los vecindarios donde residen. En cuanto a los
dirección también, la obra de ÁNGEL, S. («Discouraging crime through city robos con escalamiento, la relación más significativa se aprecia con los
planning», 1968, Berkeley, California University Press), quien puso de relieve las
concomitancias de la evaluación del tráfico y de la criminalidad, correlacionando espacios que ofrecen mayores oportunidades: residencias permanentes
ambas, y la de EEPETTO, T. A. («Residential crime», 1974, Cambridge, M. A. y de paso, consumo de alcohol y entretenimiento. Las falsificaciones con
Ballinger) que estudia los crímenes «en el lugar de residencia» y sugiere con recursos físicos fuente de riqueza: bares, oficinas, servicios financieros,
FOWLEE, la hipótesis siguiente: la proximidad a zonas de residencia de sujetos iugares de comida, etc. Fraude, hurto y robo aparecen asociados con las
delincuentes es el factor principal de los robos entre vecinos (Cfr. CLEMENli!'
DÍAZ, M. La orientación comunitaria, cit., págs. 398). ÍZ;7,CÍ;:;3
124 46
Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. Delincuencia y sociedad, cit:, págs. 207-208.
125 Por ejemplo: si la situación de los inmuebles permite su observación por patrulla > 126
si el aparcamiento es adecuado; si el acceso a los apartamentos es muy visible Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Dehncuencia y sociedad, cit., pág. 209 (citando la
personas ajenas; si los niños pueden jugar en lugares fácilmente vigilables; si 127
opinión de NEWMAN sobre la obra de O'DONNELL y LYDGATE).
aceras, por su ubicación y amplitud, evitan el paso de transeúntes a los apártame Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 209 y ss., de cuya
tos, etc. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 208. obra se toman los datos de la presente exposición.
772 ANTONIO GAKCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 773
TABLA I TABLA II
C a t e g o r í a e m p l e a d a s p a r a l a c o d i f i c a c i ó n d e los r e c u r s o s e n el e s t u d i o de ivfpdias y d e s v i a c i o n e s t í p i c a s d e l o s r e c u r s o s físicos e v a l u a d o s , s e g ú n
', O'DONELL y LIDGATE (1980) O'DONNELL y LYDGATE (1980)
Según esta investigación, el prototipo de edificación que concentra más eleva- índices de delincuencia que se detectan en otros barrios urbanos con tráfico menos
das tasas de criminalidad reuniría una serie de peculiaridades muy significativas- intenso.
serían, por lo general, bloques de grandes dimensiones y superíiabitados, de más El «Defensible Space» no propugna una colectivizaciónOÍ^Q sofoque la libertad
fea; de siete pisos; parte integrantes de complejos arquitectónicos gigantescos. Incomu- individual sometiendo ésta aun control de todas las actividades humanas y espacios
nicados con el tráfico rodado de la ciudad, cuyos edificios de vivienda se extenderían vitales. Pe.''o tampoco incita a la autodefensaa\ margen de las instituciones oficiales.
sin orden ni concierto a lo ancho de un espacioso terreno. Los aledaños, anexos Se trata, por el contrario, de potenciar ciertos intereses comunes y relaciones
zonas colindantes y limítrofes al inmueble permiten toda suerte de movimientos y e¡ interpersonales de vecindad en aras de una mayor eficacia de los controiessociaies
libre acceso de cualquier transeúnte a aquél. Falta una división y una ordenación del informaies, de llevar a cabo una acción planificadora y preventiva de las criminalidad
terreno en su conjunto y de sus diversas partes o elementos que delimiten las en laque ladelimitación de espacios (públicos, semipúblicos, privados y semiprivados),
respectivas funciones de los mismos, sus destinatarios y, en su caso, responsabi- la clara distinción e identificación de vecinos y de extraños y el autocontrol de ciertos
lidades. Suelen carecer de portero, y tanto el vestíbulo, como el ascensor, las ámbitos (accesos, entradas, pasadizos, etc.), juegan un papel decisivo^^^
escaleras y los pasillos son accesibles a cualquiera. El anonimato y la ausencia de Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre el defensibie space no son
noim. todo sentido de vecindad, de comunidad, hace que los habitantes del inmueble no concluyentes, porque suelen versar sobre dimensiones muy aisladas. El análisis de
se sientan responsables —y experimenten como problema «propio»— de lo que regresión múitipie demuestra que muchas de las variables contempladas por
sucede más allá de los límites de sus viviendas. Falta de sentido de la «territoriali- NEWMAN apenas explican las oscilaciones de la criminalidad"', a excepción, tal
dad» que se explica porque no existe la oportuna delimitación y deslinde de lo público vez, de la capacidad de observación o vigilancia variable, cuya incidencia sí parecen
y lo privado, lo semipúblico y lo semiprivado; y porque los espacios públicos (calles, corroborar numerosos trabajos"''.
plazas, etc.) y colindantes (zonas verdes, lugares de recreo) desembocan directa-
mente, sin terrenos intermedios, en las propias viviendas. De este modo, al no
contemplarse los vestíbulos, corredores, ascensores, pasillos..., etc., como luga- Por ello BOOTH (1981) trató de evaluar un mayor número de dimensio-
res semipúblicos o semiprivados, de acceso a las viviendas y uso reservado para los nes en torno a a m b a s v a r i a b l e s : accesibilidad y observación.
habitantes de ésta, quiebra el presupuesto del buen funcionamiento del control
social informal de estos espacios, fracasando la observación y vigilancia debidos por
Metodológicamente, además, su trabajo presenta dos características dife-
parte de aquéllos. Lo que sucede, también, con zonas verdes, lugares de recreo y renciales: por u n a parte, la criminalidad se mide y cuantifica a través de
terrenos próximos: la infrautilizacion de los mismos, su defectuoso equipamiento y declaraciones de las propias víctimas; de otra, trata de ponderar el
ar ? progresivo abandono les convierte especialmente propicios para la comisión de
sentimiento de responsabilización de aquéllas respecto a las áreas públi-
delitos por la ineficacia del control sociaP^*.
cas, comprobando si existe la supuesta correlación entre las variables
Y, NEWMAN cree haber podido verificar algunos datos, así: 1) Que los edificios con citadas y el sentimiento de responsabilidad de los convecinos^^^.
B¡ 3t más de siete pisos son los más idóneos para la perpetración de hechos criminales.
La criminalidad aumenta con el aumento de pisos del edificio; 2) El tanto por ciento Tomó BOOTH dos muestras, una experimental (que había sido víctima de delitos
' TU de delitos que se cometen en ascensores es muy elevado (un 31 por 100 de los de robo con escalamiento o vandalismo), y un grupo de control, compuestos ambos
T te atracos en viviendas, según el autor constata), decreciendo inmediatamente cuando por setenta y tres parejas de viviendas, contrastadas de acuerdo con una serie de
se incrementan las posibilidades de observación y vigilancia (vg., instalación de variables. Evaluando cada vivienda en función de su accesibilidad y capacidad de
circuitos cerrados de televisión o cámaras); 3) Los espacios de mayor peligro son los observación, se construyeron cinco medidas de accesibilidad y seis de capacidad de
que necesariamente tienen que transitar los ocupantes de las viviendas para observación, como refleja la tabla VIII.
abandonar éstas o para retornar después, a las mismas si carecen de genuinos
«observatorios» naturales que les sirvan de protección o de patrullas policiales de
'>q89 s b <o')rrdonofTi» oJrr^í-íf'í'J '<u
•tU >í'<.j'jí,íTiitJi'.h>í' •=•; '
vigilancia; 4) Ciertas vías (pasadizos, calles vacías, salidas de la ciudad, etcétera) í.-b
incitan al crimen. Los primeros, porque permiten a extraños vagar sin obstáculo 135
alguno ni peligro de ser identificados como tales por espacios libres, buscando la Cfr. SCHNEIDEE, iJ. J., op cit.. págs. 344 y ss.
136
ocasión propicia. No sólo hacen fácil el acceso y la huida e impiden la identificación SCHNEIDER, H. J., ibídem.
137
del extraño, sino que deterioran el sentimiento de comunidad del inmueble y Según crítica de BOOTH, cit. por GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y
dificultan el funcionamiento eficaz del control social informal^^^. En cuanto a las vías 138
sociedad, cit., pág. 219.
de salida de las ciudades, algunas investigaciones ponen de manifiesto que la Así, los trabajos de: WALLER, I., y OHIKIRO: Burglary: the victim and the public,
criminalidad callejera violenta se duplica en las mismas, en comparación con los University of Toronto Press, Toronto, 1978; REPPETTO, T. A., Crime Prevention
throughenvironmentalpolicy: Aerifique, en: Am. Scient, 20(1976), págs. 257a288;
''?:'«-M«"fr!:W <""'l U t i » V ijJVt '..t u 'fj>jytjd'>'i j u ' 4fi' MOLUMBY, T., Patterns of crime in a university housing project, en: Am. Behav.
Scient. 20 (1976), págs. 247 a 259, etc. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia
139
y sociedad, cit., pág. 219.
^^^ Cfr. SCHNEIDER II J op c i t , pags 34,3 y sb BOOTH A. The built environment as a crime deterrent (A reexamination of
1^* Cfr. SCHNEIDER, H J , op c i t , pags 343 > ss '.3?
>c. defensible space), cit., págs. 557 y ss.
780 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 781
£ TABLA VIII rloctrinales. En la práctica, sin embargo, no hay obstáculo alguno para
Accesibilidad y o p o r t u n i d a d para observar, s e g ú n BOOTH (1981) vie el diseño arquitectónico urbano pondere las mismas en el momento
Accesibilidad
de proyectar nuevos barrios y viviendas"^.
Oportunidades para observar
• Sin obstáculos (cadenas, verjas, etc.) • No se puede ver desde la calle
• Una o más dimensiones superiores a los
. 400 pies • No se puede ver en más de una
dirección antes de utilizarse. 8 E N F O Q U E S «COMUNITARIOS Y P R E V E N C I Ó N D E LA
• Tres o más personas presentes ' No se puede ver a una distancia CRIMINALIDAD: LA D E N O M I N A D A «PSICOLOGÍA CO-
superior a los 50 pies antes de utili-
\ zarse MUNITARIA», S U S PARADIGMAS Y M O D E L O S D E IN-
• Señales de uso ' No se puede ver desde la puerta de la TERVENCIÓN143
vivienda.
• Rodeado por centros públicos ' No se puede ver desde la ventana de
I- la vivienda. La perspectiva ambientalista que ahora se expone, con profundas
rsyusiBqiis •iünElipt'. > No se puede ver desde el porche o connotaciones ecológicas, enraiza con el pensamiento prevencionista de
balcón de la vivienda la sociología urbana (Escuela de Chicago) cuya herencia recogerían
Fuente: GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág. 220. posteriormente los geógrafos del delito (GEORGES-ABEYIE, etc.), y los
más variados modelos psicosociales (teorías estructural-funcionalistas,
del aprendizaje, subculturales, del control social, interaccionistas, etc.).
El autor obtiene dos conclusiones^'*".
a) Los datos ambientales que incrementan el acceso o limitan la oportunidad de Surge a mediados de los años sesenta como reacción, por u n a parte,
l y •«•) observación de las áreas públicas no son factores decisivos para explicar la al desencanto y crisis producida en el seno de los modelos psicológicos
delincuencia, conclusión avalada por las opiniones recogidas en las entrevistas. Sí clínicos —y en la propia praxis (escepticismo ante los efectos de la
-íWo
lo son, sin embargo, en relación a aquellas áreas ubicadas en el interior de los
S'jídi grandes edificios y bloques de viviendas (vg., zonas oscuras, corredores, etc.). psicoterapia, insatisfacción por el resultado de los modelos de entrena-
b) De acuerdo con la tesis de NEWMAN, el sentido de responsabilidad comuni- miento psicológico—); de otra, como expresión de u n cambio sociopolítico
taria o de autorresponsabilización con los problemas del área es más acusado en obvio, que exigía un papel más activo de las pequeñas comunidades, en
aoíiiS!
eod.'íif:
aquellos espacios que tienen un acceso limitado y proveen amplias oportunidades perjuicio del monopolio ejercido hasta entonces por el poder central. Muy
de observación o control. ligada a la «Psicología ambiental», la denominada «Psicología comuni-
9b "^i'"
taria» se caracteriza por su trasfondo ecológico y por la orientación de
Parece obvio, pues, que es necesario resaltar la importancia del éste tanto hacia las personas como hacia los sistemas"*, esto es, por un
ambiente físico en el escenario del delito. Ahora bien, la obra de BOOTH concepto nuevo de «intervención», de su objeto, técnicas y destinatarios.
demuestra que es insatisfactorio un concepto «monolítico» de espacio
basado exclusivamente en datos físicos, con desprecio de la dimensión Punto de partida de la psicología comunitaria es la constatación del impacto
negativo de las instancias oficiales (Policía, tribunales de justicia e instituciones
«social» del medio: es imprescindible ponderar las variables del vecinda- penitenciarias) legales en la solución del «problema criminal», sobre todo en el
rio (estabilidad, composición y organización)^^^. El elevado costo econó- marco de los grandes núcleos urbanos úonúQ la participación de la comunidadSQ
mico de u n a reconstrucción del ambiente físico es otra de las objeciones
reahstas que pone a prueba la viabilidad de algunas propuestas
142
i «TT^ait En este sentido, GARRIDO GENOVES, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág, 221.
143
•5t IJT Sobre el problema, vid., por todos, CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación conuuii-
n'j>jj.4.T.YÍ taria en el estudio de la delincuencia, en: Psicología social y sistema penal, cit., págs.
140
Cfr. GARRIDO GENOVES, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 220 y 221. 383 y ss., de la que se toma la información expuesta.
141 144
Así, BOOTH, criticando a NEWMAN (The built environment as a crime..., cit-, Así, NIETZEL, M. T., Crime and its modification: a social learning perspective,
págs. 568 y 569). Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., pág- New York 1979, Pergamon Press. Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación
221. comunitaria, cit., pág. 390.
782 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 783
halla muy debilitada. De ahí que se perfilen dos orientaciones teóricas: una radical Una intervención comunitaria efectiva, desde un punto de vista
que propugna la no intervención absoluta, y otra moderada, que sugiere la exclusiva
onductual, respondería a las siguientes directrices, según NIETZEL:
intervención de cada comunidad afectada por el crimen mediante «centros sociales»
" " " e instituciones mediadoras intermedias. La primera, representada, entre otros, por
m a) La intervención tendría u n impacto preventivo. Si no de prevención
._„. SCHURR"^ entiende que la mejor manera de prevenir la criminalidad es no
orimaria, sí al menos de prevención secundaria.
» pj intervenir, no hacer nada, ya que cualquier intervención, como la experiencia
» i j ; demuestra, produce resultados no deseados, incluso criminógenos. El fracaso del Desde CAPLAN, suelen distinguirse tres clases de prevención: la primaria, la
40' sinfín de programas emprendidos hasta la fecha^'*'' se invoca por los partidarios de secundaria y la terciaria. La primaria actúa sobre toda la sociedad, antes de que se
A J Í í la «radical-non intervention». Por el contrario, el principio de la «no intervención llegue a producir y manifestar el problema (así, los programas que Intensifican
- 0 3 activa» o de la «intervención comunitaria», propugnada, entre otros, por NIETZEL, procesos de educación, o una más justa distribución de la riqueza, o un incremento
^ _ . invoca la necesidad de una «reorganización de la vida urbana, estimulando las de la ocupación). A la prevención primaria se han dirigido los programas de
'^ instituciones mediadoras entre la vida particular y privada del ciudadano y las psicología ambiental de prevención del delito (vg., «Defensible space»). La preven-
' '"* instituciones públicas»^'*' y pone el acento en los denominados centros sociales ción secundaria caracteriza aquellas intervenciones que inciden en sectores espe-
y en la familia como unidad socializadora del individuo cuyos vínculos primarios cíficos de la población, en los que cabe suponer que el problema social se presentará
, j p ¿ ^ debilita la gran ciudad—. Dichos «centros sociales» pretenderían, pues, robustecer prioritariamente. A este modelo responden los programas realizados, desde una
r . los vínculos familiares y comunales, fomentar las relaciones entre los distintos óptica estructural funcionalista, en sectores deprimidos, clases más desfavorecidas,
. '^ grupos de la comunidad y organizar programas destinados al bienestar de la misma, predelincuentes, barrios bajos, etc.: operan selectivamente, y en un momento
nnrit ^^^ y^g participación activa de los individuos en los problemas de sus comunida- posterior. Por último, la denominada prevención terciaria —institucional o no
ao[3¿:, des'*^. institucionalizada^ tiene como destinatario el delincuente, el penado^^".
,8,GJ8xltó/IOí»nüI-iBlíJJaíJ'fl39 SBílOSJ,) a9!BÍ0OaOD£aCI ÜQÍebO'
La Psicología comunitaria responde a u n a orientación fundamental- b) La intervención tendrá lugar en aquellos lugares donde se presenta
mente conductual (lo que no es sinónimo de «conductista»). Ello es lógico, el problema (orientación ecológica), en la propia comunidad.
porque dicha orientación —y no otras, como la intrapsíquica, la biológi-
Los programas comunitarios no pueden ser «islas institucionales», desvinculados
co-conductual de la personalidad, o el propio conductismo puro— es la del ambiente «local» donde se desenvuelve el individuo. No basta, tampoco, con que
más ajustada a los fines perseguidos: la intervención fuera del labora- tengan lugar «en» la comunidad, sino que han de estar «basados» en ella. Un
torio, que despliegue su eficacia en la misma comunidad. programa comunitario debe ofrecer al individuo, por ejemplo, asesoramiento legal,
asistencia médica y psicológica; debe dotarle de habilidades sociales para que sea
no '- En efecto, la denominada Psicología comunitaria parte del reconocimiento de capaz de conseguirse un empleo, instrucción suficiente, etc.^''^
y que el aprendizaje humano se desarrolla, ante todo, gracias a la mediación de una
serie compleja de procesos cognitivos superiores (vg., atención, memoria, pensa-
miento, lenguaje, etc.), y de que el aprendizaje por información verbal, básico en c) La intervención no se conforma con pretender una adaptación
®' multitud de programas comunitarios, carece de sentido al margen del aprendizaje personal del individuo, como si éste fuere el único destinatario. Preten-
" sociar"^ de, sobre todo, producir cambios institucionales, objetivo prioritario, que
trasciende el individualismo convencional y microscópico.
4
t' >^nCO Ü 3 9 BilBÍinun'C • A . n n l n »^n pi í.(
-.?! CiOU,',' í*
H|tiB' Este nuevo enfoque permite operar con variable psicosociales en el
5 r)«> ^1^- > 1, momento de prevenir el crimen eficazmente.
•^^íiMfdo'^^''^^'^'''^ ^rv«i>mt. 'sbfisihat Su postulado, pues, podría definirse así: incidiendo sólo en el individuo, no
"= SCHURR, E. M., Radical-noiíIntervention, Englewood Cliffs, 1973, Prentice Hall. siempre se acaba modificando el sistema, el medio; sin embargo, modificando la
Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación comunitaria, cit., pág. 391. institución, es probable que modifiquemos también al individuo. Una reorganización
"^^ Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación comunitaria, cit., pág. 391. ambiental incide, también, en la conducta de los miembros de la institución^^l
"^ Así, JIMÉNEZ DURILLO, F., Tratamiento y prevención de la delincuencia («vio-
. :, lencia y marginación social»), por JIMÉNEZ BURILLO, F., y otros, 1982, Murcia.
150
Secretariado de Publicaciones de la Universidad, págs. 29 a 42. Cfr. CLEMENl-C' Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., op. cit., pág. 383 y ss.
151
DÍAZ, M., ibídem. Vid. SMYKLA, J. O., Community-Bassed corrections: principies and practicas,
"** Vid. ANDER-EGG, E., Metodología y práctica del desarrollo de la comunidad, 1980, New York McMlllanPublisher, Co., 1981. Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., op. cit., págs.
Barcelona. El Ateneo. Cfr. CLEMENTE DÍAZ, op. cit., págs. 391 y ss. 393 y ss.
152
"^ Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., op. cit., pág. 392. Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., op. cit., págs. 392 y ss.
7^ ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
< Existirían, a su juicio, dos formas de sociedad: la mecánica y la 2') La tesis durkhaniana de la normalidad del delito, ya paradigmática,
orgánica''. es sugestiva en su fundamentación y fecunda en consecuencias político-
La primera responde a los estadios más primitivos de la evolución social. Es una criminales. El símil del «dolor» como síntoma de «enfermedad» constitu-
mBi sociedad autosuficiente, monolítica, uniforme. Cuenta con una mínima división del ye su punto de partida'^ y puede sintetizarse en dos proposiciones:
trabajo e idénticos valores compartidos por todos sus miembros. La solidaridad
social descansa en la uniformidad, y los grupos que la integran se hallan relativamen- Primera. La posibilidad de que se produzcan conductas «desviadas»
te incomunicados entre sí. es inevitable, desde el momento en que la «convivencia social» se concibe
Por el contrario, la sociedad «orgánica» —más compleja, dinámica y evolucio- como convivencia «reglada» (las «reglas» sociales sólo son susceptibles de
aaor nada— acusa una notoria división del trabajo: sus diferentes segmentos dependen
un cumplimiento parcial).
unos de otros. La solidaridad social se obtiene de la diversidad de funciones que
desempeñan aquéllos. Segunda. Las formas de la conducta «anémica» están predetermina-
das, caso a caso, por el tipo social dominante y su estado de desarrollo^^.
Ajuicio de DURKHEIM, el Derecho cumple u n a distinta función en
Toda sociedad, advierte DURKHEIM, mantiene su cohesión interna
cada uno de estos modelos de sociedad; y el crimen, en consecuencia
(«solidaridad social») mediante la presión que ejerce la conciencia
requiere, también, u n a valoración distinta.
colectiva (uniformidad) sobre sus individuos (diversidad). Dicha presión
En la sociedad «mecánica», la ley preserva la solidaridad social reforzan- admite los más diversos grados: desde la mera reprobación «moral» de
do la uniformidad de sus miembros en torno al grupo. Por ello, la función la conducta a la imposición de u n a «pena». Pero inevitablemente siem-
del Derecho se agota en la represión de toda conducta que se desvíe de las pre existirá un grupo de personas, más o menos numeroso, pero en todo
normas vigentes en un momento determinado. En la «orgánica», por el caso identificable, que no satisfará las exigencias de uniformidad de
contrario, el rol del Derecho consiste en regular la necesaria interacción de
los grupos que la componen, arbitrando los oportunos mecanismos ib iHa..UJiuy! -i*;***rfí^i^*yf|:iM:!:>iUtó:4;|,j^í;iAiii-, «S víl.«i|.í-
u n a sociedad incapaz de regular satisfactoriamente las relaciones entre la Aig'/'¿TO/7consolaba a los obreros, enseñándoles a contentarse con su suerte; les
«productores-consumidores» y «empresarios-asalariados, obreros»; o de mostraba que el orden social es providencial y les hacia esperar de un mundo futuro
definir el significado del trabajo para el individuo^^. las justas compensaciones a las desigualdades de éste. Moderaba, por otra parte,
a los patronos, recordándoles que los intereses terrenos deben subordinarse a otros
íW En su obra posterior, El suicidio, DURKHEIM desarrolla la teoría de más elevados. El propio poder temporal por la supremacía que ejercía sobre la
la anemia al constatar estadísticamente que las tasas de suicidio se actividad económica, convenía su desarrollo...; y las corporacionesáe los diversos
incrementan de modo significativo tanto en períodos de depresión como oficios, al reglamentar los salarios, el precio de los productos y la producción misma,
fijaban indirectamente el nivel medio de las rentas, nivel éste que, porfuerza, permite
de prosperidad económica; aparente contrasentido que atribuye a la efi buena medida regular las necesidades.
trascendencia no ya de la efectiva regulación social de las interacciones
económicas de los diversos grupos, sino de cómo percibe el individuo sus
En la moderna sociedad, dichos «poderes morales» h a n experimenta-
necesidades y el modo en que son satisfechas. El suicidio (anómico) no
do una profunda crisis, desmoronándose el entramado de reglamenta-
tiene su origen en la pobreza —la miseria protege contra el suicidio—,
ciones que aportaban coherencia y equilibrio a sus miembros. La religión
sino en u n a situación de crisis o de desorganización colectiva; cuando la
ha perdido su imperio. Los poderes públicos asumen y practican el
sociedad no está en condiciones de ejercer el necesario «poder regulador»
ideario del laissez faire, dando rienda suelta a las incontroladas apeten-
que sirve de límite y moderación a las pasiones y expectativas individua-
cias de las fuerzas económicas, que se ven liberadas de todo límite. Dejan
les, pero que hace posible, también, la satisfacción de las mismas en un
de ser u n factor regulador y moderador de la vida económica para
contexto general de equilibrio y armonía^®. H>lHUa abi
convertirse en instrumento y servidor de ésta. Explosiona la «apoteosis
-íRgílO? La felicidad de los seres vivos, argumenta DURKHEIM, descansa en el equilibrio del bienestar», convertido en fin supremo de los individuos y sociedades.
5ul; entre necesidades y mediosúQ satisfacerlas. Los animales consiguen el mismo con De este modo, se genera un estado de crisis permanente que deviene
''•"' una espontaneidad automática porque dependen de condiciones puramente «ma-
tjft feriales». No así el fiombre, cuya sensibilidad es un abismo sin fondo que nada
normal (anomia)^^
\^ puede colmar. Ni en la constitución orgánica, ni en la psicológica, del ser tiumano se Por ello, según DURKHEIM, la anomia es un factor regular y
Qj^ encuentran límites a sus pasiones. Sólo, pues, un poder regulador moral y externo
al individuo es capaz de «limitar» las «necesidades» de éste, de «moderarlas»,
específico de suicidios: u n a de las fuentes que alimenta su contingente
' ' poniéndolas en armonía con los «medios» y fiaciendo factible la satisfacción de las anual. Suicidio —el anómico— que difiere, por su etiología, de otras
mismas^' modalidades de suicidio (el egoísta y el altruista) de distinta estructura.
JiJ RT, í\5ff\r\r^r\ \\\ M trí^mr>/^«^ í \;^, -^ta > 1 i \ r <
El suicidio «egoísta», afirma DURKHEIM, se debe a que los hombres no perciben
La sociedad, en efecto, h a trazado históricamente diversos modelos de ya la razón de estar en la vida; el «altruista», a que esta razón les parece encontrarse
«reglamentación», modelos más o menos satisfactorios, pero en todo caso fuera de la misma vida; el «anómico», del sufrimiento que produce una vida
«útiles», porque cuando se limitan las expectativas, dice DURKHEIM, desorganizada; esto es, no de la manera de estar ligados los individuos a la
IfciOi
sociedad, sino del modo en que ésta disciplina sus vida^^.
«cada uno, por lo menos en general, está entonces en armonía con su
condición y no desea más que lo que puede legítimamente esperar»^". ^m(?«
Í>U ?.3jr; B) Teoría anómica de MERTON
La sociedad tradicional, añade DURKHEIM, había conseguido dicho equilibrio
mediante un sistema de «poderes morales» que disciplinaban la vida humana en Robert K. MERTON, en u n conocido trabajo publicado en 1938, que
todos sus ámbitos. En las relaciones socioeconómicas e industriales, por ejemplo. después revisaría y ampliaría^^, desarrolló la teoría de la anomia
sometiendo a un severo análisis las contradicciones estructurales de la material como meta máxima y obligada para todos los ciudadanos,
sociedad norteamericana industrial. mientras la estructura social restringe a ciertos grupos de la población
el acceso efectivo por vías institucionales lícitas a dichas aspiraciones^^.
<íi^ Según MERTON, existía u n a acusada tendencia en la teoría psicoló-
gica y sociológica de los dos últimos decenios a atribuir el funcionamien- Así fundamenta MERTON las dos proposiciones^básicas de su teoría
to defectuoso de las estructuras sociales a las deficiencias del control de la anomia: <>p r>(r\r»'~pi r
social sobre los impulsos biológicos imperiosos del hombre. A su juicio, 1'. Las contradicciones de la estructura cultural (objetivos) y la
sin embargo, la frecuencia variable de la conducta disconforme o desvia- estructura social (medios institucionalizados) producen u n a tendencia
da y el hecho comprobado de que ésta sigue pautas y formas distintas en a la anomia en la sociedad americana que afecta con particular intensi-
las diferentes estructuras sociales contradicen tal hipótesis. dad a las clases bajas.
P a r a MERTON, la conducta «desviada» es u n a reacción, normal Toda sociedad traza los objetivos y metas culturales que constituyen
(esperada) a las contradicciones de las estructuras sociales. el marco de referencia de las expectativas y ambiciones de sus miembros.
;K La estructura social ejerce u n a presión definida sobre los,miembros Pero al propio tiempo define, también, regula y controla los modos
de la sociedad que les induce a adoptar comportamientos «disconformes». admisibles de alcanzar aquéllos: cauces institucionalizados que suelen
Pero las tasas más elevadas de éstos se concentran en determinados coincidir con los sentimientos de la mayoría, no regidos necesariamente
grupos, lo que demuestra que no dependen de las tendencias biológicas por la idea de eficacia, sino por representaciones axiológicas, de «va-
individuales, sino del impacto diferencial de dicha «presión», que se lor» 26
- . t . „.;.., J „ _r...
experimenta en función de las respectivas situaciones sociales. La El adecuado equilibrio entre las dos fases dé la estructura social, propio de una
conducta desviada, por tanto, es la reacción normal: u n modo de sociedad bien integrada, puede quebrarse en dos supuestos limite: cuando se
concede una importancia casi exclusiva a la obtención, a toda costa, de los objetivos
adaptación individual a las contradicciones de la estructura sociaP''.
culturales sin el correlativo respeto de los procedimientos institucionalizados que
33- Su diagnóstico, como veremos, discrepa en diversos extremos del análisis delimitan el acceso legitimo a los mismos (el caso, según MERTON, de la sociedad
durkhaniano. Las «necesidades» del individuo que la sociedad no es capaz de norteamericana); o cuando, en sentido contrario, se olvidan aquéllos y la adhesión
ai
«satisfacer», no son necesidades «naturales» —como entendiera DURKHEIM— estricta a la conducta institucionalmente prescrita se convierte en un rito (sociedad
sino cu/tura/es, creadas e impuestas por la propia estructura cultural. La «cultura», tradicionalista «neofóbica» que hace del conformismo y la estabilidad su meta
por tanto, en lugar de limitar y moderar dichas apetencias, las //7c//'5/provoca, de máxima).
modo que la conducta desviada aparece como mecanismo de adaptación normal del
individuo a disfunciones estructurales en el seno de la misma sociedad. Por otra
Ajuicio de MERTON, la cultura norteamericana exalta como valor
parte, mientras DURKHEIM veía en la «anomia» una situación de crisis transitoria
del poder social de regulación, debida al acelerado y desorganizado cambio social supremo la acumulación de riqueza, símbolo de éxito y prestigio, de
impuesto por el proceso de industrialización, MERTON define aquélla como una status social.
disfunción estructural endémica, crónica, estable, inherente a cierto modelo de
El dinero, por su carácter altamente abstracto, anónimo e impersonal, es el
sociedad (la norteamericana), cuyas contradicciones internas producen una tenden-
,,;; criterio más adecuado para expresar esa meta: no importa de qué forma se ha
cia a la misma, que incide de modo desigual en los diversos grupos sociales.
«cuello blanco» demuestran que no es exclusiva de las clases bajas. Pero parte de u n individuo que, sin embargo, permanece sumiso a las normas
aun a pesar de la «ideología de clases abiertas» de la sociedad americana institucionalizadas. Consciente de la imposibilidad de acceder a aquél y
la presión de la estructura social es más acusada en estas últimas de los riesgos de frustración de las «altas aspiraciones», el individuo
porque encuentran obstáculos insalvables para acceder a los objetivos neutraliza la intensa ansiedad por el status rebajando el nivel de sus
culturales. Por ello, también, el comportamiento «innovador» se concen- propias aspiraciones (renuncia o autorreducción de las metas cultura-
tra prioritariamente en la «lower class». Cuando los canales de movili- les): opta por la seguridad que le reporta el férreo y rutinario acatamien-
dad vertical se cierran en u n a sociedad que exalta la opulencia económi- to de las normas institucionalizadas y se aferra ciegamente a éstas.
ca y el ascenso social de todos sus miembros, la conducta desviada se
La reacción ritualista, aun cuando no suela contemplarse como «problema
convierte en la «reacción normal» de los estratos menos favorecidos^^
social", responde a la estructura del comportamiento desviado. El individuo se
convierte en un «virtuoso de la burocracia», sometiéndose de modo tan extremo a
Este análisis teórico explica, según MERTON, las diversas correla-
las reglamentaciones por el profundo complejo de culpa que genera su no confor-
ciones entre la delincuencia y la pobreza. midad con los objetivos culturales. El ritualismo social, además, puede incubar
"3U3 \
agudas respuestas de genuina «rebeldía», ya que periodos prolongados de intensa
• atiaie « La pobreza no es una variable aislada que opere de la misma manera en todas
sumisión desencadenan, a menudo, explosiones de rechazo de los propios cauces
-'"DíjíTÍn Partes; es una más dentro de un complejo de variables sociales y culturales
institucionalizados (rebeldía).
g. interdependientes e identificables como tales. La pobreza en sí y la consiguiente
limitación de las oportunidades no bastan para producir un alto índice de conducta
,\'; . criminal. Ni siquiera la notoria pobreza en medio de la abundancia conduce Los individuos de la clase media se hallan significativamente repre-
necesariamente a este resultado. Pero cuando la pobreza y las desventajas que sentados en este modo de adaptación, ya que las pautas de socialización
comporta en la competencia por los valores culturales aprobados por todos los de aquélla fomentan la estructura caracterológica más predispuesta al
Bhíü miembros de la sociedad van unidas a un gran énfasis cultural en el éxito pecuniario
VíO"l como objetivo dominante, los elevados índices de conducta criminal son el resultado ritualismo: es en la clase media baja donde los padres ejercen una
«normal». Las estadísticas elementales (y no necesariamente fidedignas) de la presión más continua y eficaz sobre sus hijos para que acepten los
delincuencia indican que la pobreza tiene menos relación con la delincuencia en la imperativos de éxito y ascenso social.
rtoic, Europa sudorienta! que en los Estados Unidos. Las posibilidades económicas de los
pobres en dichas zonas europeas parecen más limitadas incluso que en los Estados c') Retraimiento^^.—Se t r a t a de u n a respuesta estrictamente «indivi-
Unidos, de modo que ni la pobreza ni la correspondiente restricción de las oportu- dual» y «minoritaria» caracterizada por el rechazo simultáneo de los
nidades bastan para explicar la diferencia de la correlación. Sin embargo, cuando objetivos culturales y de los medios institucionalizados. Quienes optan
tenemos en cuenta la configuración general —pobreza, limitación de oportunidades
-íí) é'.e y asignación de objetivos culturales— parece posible encontrar una explicación de por ella (psicóticos, parias, vagabundos, proscritos, drogodependientes,
por qué en nuestra sociedad existe una mayor correlación entre la pobreza y la etc.), constituyen, en términos sociológicos, un verdadero «cuerpo extra-
delincuencia que en otras sociedades caracterizadas por una estructura de clases ño», están en la sociedad pero no forman parte de la sociedad. La
'-'\ • rígida y por símbolos del éxito diferentes para cada clase»='^. sociedad, además, les rechaza porque no aportan nada positivo a la
misma.
b') Ritualismo^*.—Este modo de adaptación implica u n a actitud de
En efecto, el «conformista» contribuye al buen funcionamiento del engranaje
rechazo de los elevados objetivos culturales del éxito económico por
social; el «retraído», por el contrario, parece un «riesgo improductivo». El «innova-
dor» tampoco acata los «medios institucionalizados», pero, al menos, es «listo» e
intenta, a toda costa, acceder a los objetivos culturales, mientras aquél ni siquiera
Í'D hí'jo'i
atribuye valor al éxito; como el «ritualista» el «retraído» rechaza, también, las
aspiraciones que define la estructura cultural, pero el primero respeta las costum-
MEETON, R K , Estructura social y anomia, cit, págs 82 a 86rtT^Hphi(Hnr
• ' ' bres, el retraído» presta escasa atención a las prácticas institucionales.
^^ MERTON, R. K., Estructura social y anomia, cit., pag. 88. P a r a otras explicaciones
f
teóricas sobre la incidencia de la pobreza en la criminalidad, vid. SCHNEIDER, H.
J., Kriminologie, cit., págs. 404 y ss. Sobre la correlación «nivel socioeconómico» y
«delincuencia», vid. GARRIDO GENOVES, V., y SANCHÍS MIR, J. R. (Nivel
socioeconómico y delincuencia), en: Delincuencia. Teoría e investigación, cit., págs.
237 y ss.
Vid. MERTON, R. K , Estructura social y anomia, cit., págs. 92 a 96. g Vid. MERTON, R. K., Estructura social y anomia, cit., págs. 96 a 100.
800 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 801
Desde un punto de vista etiológico, el retraimiento expresa u n a vagancia y demás manifestaciones evasivas del individuo. La trascen-
conducta evasiva, de derrotismo, quietismo y resignación, ante un dencia criminal del tipo rebelión será más frecuente, sobre todo cuando
conflicto: es un mecanismo de huida. El individuo lucha entre dos se matice políticamente e implique la ejecución de actos en sí mismos
opciones contrapuestas: acatar la obligación moral interiorizada, si- delictivos. Por último, la reacción innovadora no debe reputarse por
guiendo las vías legales que conducen de hecho al fracaso, o dejarse fuerza criminal, aunque lo será si los procedimientos «eficaces» que
llevar por las presiones que le sugieren el uso de medios eficaces, pero escoge el desviado en lugar de los institucionalizados tienen tal carácter.
ilegales, ya que no puede acudir a procedimientos a la vez legítimos y En el caso particular de las altas finanzas no siempre será fácil delimitar
exitosos. El conflicto se resuelve entonces de modo drástico: abandonan- un «buen negocio» de u n a «colosal defraudación»^'^.
do tanto los objetivos culturales como los medios institucionalizados, con Recientemente se ha acudido al expediente teórico de la anomia para explicar
una huida completa. No esperará ya ninguna de las recompensas del el perfil y tendencias muy singulares de la criminalidad en los antes llamados «Países
sistema, pero se librará de las fi"ustraciones inherentes a u n a búsqueda del Bloque del Este» cuando a finales de la década de los ochenta y comienzos de
continua y estéril de aquéllas. .'ÍW^ &WV los noventa pasaron de forma súbita y acelerada del modelo socialista a la economía
de mercado y al régimen de las libertades sin un período de transición que permitiera
asoüsa En todo caso, el retraimiento es un modo de adaptación «individual» y realizar previamente los cambios y reajustes imprescindible que tan radical convul-
personalísimo, no colectivo. Incluso cuando este «desviado» entre en contacto con sión política, social y económica reclamaba, en la sociedad y en sus ciudadanos^''.
otros y participe de sus subculturas, no cabe la unificación con éstos bajo la égida El sentimiento de desorientación, inseguridad y frustración que experimenta el
de un nuevo credo cultural. ¡m-mj: ciudadano como consecuencia del repentino derrumbamiento de los valores tradi-
cionales explicaría según este enfoque teórico el alarmante incremento de los
nc índices de criminalidad y el perfil de ésta.
f p d') Rebelión^"^.—Como tipo de adaptación colectiva, lleva a lo indivi-
duos situados fiíera de la estructura social ambiental a imaginar y tratar
61 «<"' '-'-& ••aj|^._3up-,pt
de conseguir u n nuevo orden social. U n orden social radicalmente
distinto, dotado de normas culturales y representaciones del éxito más
3. C O N E X I Ó N D E LA TEORÍA D E LA ANOMIA CON OTROS
satisfactorias que establezca u n a correcta correspondencia entre las • ^Kjri JLJ " • T ^ j o m ;
MODELOS
ideas de mérito, esfuerzo y recompensa.
„,; A diferencia del mero «resentimiento», la rebelión reclama un verda-
La teoría de la anomia h a sido objeto de numerosas formulaciones que
dero cambio de valores.
desarrollan y enriquecen el esquema inicial de DURKHEIM y MERTON.
Desde un punto de vista «dinámico», la rebelión tiene dos momentos: en el
primero, se niega la adhesión a la estructura social, declarando al sistema barrera Pero, también, constituye el punto departida de otras teorías ajenas
u obstáculo insalvable para la satisfacción de objetivos legitimados; en el segundo, al estructural-funcionalismo. Parece necesario resaltar aquí su co-
se transfiere dicha adhesión a nuevos grupos poseedores de nuevos mitos. El nexión con el enfoque subcultural y el giro psicosociológico que experi-
«mito», por ello, cumple una doble función: atribuye a la estructura social la causa
menta en la obra de CLOWARD y OHLIN, sin perjuicio de que tanto las
jig de todas las frustraciones y presenta a los ciudadanos capaces una alternativa viable
¡3v a aquélla. t e o r í a s s u b c u l t u r a l e s ( C O H É N ) , como l a s del a p r e n d i z a j e
fi ^:*;;- ¿-í ?o"3m fs ,oieq ,<^3obBsil6noiDuli?ani eoibsm» eol BÍBOB oooamBí «ic! (SUTHERLAND) o la de la «oportunidad diferencial» (CLOWARD y
La releyanciapenal de los cinco «modos de adaptación» es, lógicamen- . í'Lfi teh i#fó'nftn\íÍRol!ífétTflo'á-^-i-'R%9bi8no'j TOJLia I-Í ,?,hm'<hA .5661 J['ÍHY' vw<*H
te, diversa. La respuesta «conformista» no plantea problemas. Tampoco
la ritualista, por su rígido apego a las normas institucionalizadas. La
opción del retraimiento puede adquirir connotaciones criminales en la Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 217.
^** Vid. FRANKOWSKI, S. y WASEK, A., Evolution of the Polish criminal Justice
medida en que la ley penal contemple y prohiba la drogadicción, System after world war two. An overview. En: European Journal of crime, criminal
law and criminal justice, 2 (1993), págs. 143 y ss.; Cfr., por todos, KURY, H.,
OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., Desarrollo de la sociedad y evolu-
ción de la delincuencia: una comparación internacional, en: Revista de Derecho
Vid. MERTON, R. K., Estructura social y anomia, cit., págs. 100 y ss. Penal y Criminología (2« Época), Uned, n^^ 6 (Julio del 2000), págs. 312 y 317.
802 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 803
W
OHLIN), se analicen con el necesario detenimiento en otros capítulos de pero las teorías subculturales lejos de romper con la tradición
esta misma obra. niertoniana, h a n procurado conciliar ésta con las directrices ecológicas
.t^ ^ 1') La «anomia» como explicación de la delincuencia de bandas («gang
¿e la Escuela de Chicago, partidaria de u n a visión pluralista de la
sociedad. El matiz diferencial entre uno y otro enfoque de la criminali- 6e.
delinquency»).- c ^ y t . t u ' - V a 1^4-. ^ dad de las bandas reside en que la teoría ecológica centra su análisis en
COHEN^'', como es sabido, se sirvió del estructuralismo mertoniano ia estructura interna délas bandas, mientras la subcultural se ocupa de
para analizar el problema de la criminalidad de las bandas. A su juicio las condiciones sociales que dan origen a la formación de las mismas''^.
el comportamiento criminal juvenil se produce más en grupos que de
2') La variantepsicosociológica de CLOWARD y OHLIN (teoría de la
forma individual. Y la mayoría de las veces se t r a t a de una rebelión
oportunidad diferencial)*^.
simbólica (no utilitaria), maliciosa y negativa (destructiva) contra los
valores de las clases medias por parte de individuos de las clases bajas CLOWARD y OHLIN contribuirían decisivamente a la integración
que pretenden de este modo conseguir unstatusy consideración entre los de las tesis anómicas y las subculturales, aportando u n enfoque más
componentes del propio grupo. matizado que entronca con la tradición ecológica y las teorías del
aprendizaje.
No obstante —y a pesar de que las teorías anómicas y las subculturales parecen
•;9 • llamadas a la integración""— el análisis de MERTON y el de COHÉN difieren en La teoría de la «oportunidad diferencial» subraya la trascendencia del
extremos esenciales. Para MERTON el crimen tiene naturaleza «utilitaria». Para
barrio o vecindad en orden al aprendizaje y posibilidad efectiva de ejercitar
COHÉN, simbólica. En MERTON, la conducta desviada es una opción o respuesta
«individual»; en COHÉN, una respuesta colectiva, de grupo. Según MERTON, el el rol criminal*''. Mientras MERTON mantiene que la clase baja tiene un
desviado busca con su conducta el éxito económico. Según COHÉN, un s/5/¿/5que acceso muy limitado a la consecución del éxito por vías institucionales
ie dé prestigio entre los suyos. A juicio de MERTON, el delito es un «modo de lícitas, CLOWARD y OHLIN matizan la eficacia de este factor estructural
adaptación» del desviado, que reacciona de este modo a las presiones de la con una referencia a los procesos de aprendizaje y oportunidades diferen-
estructura social. A juicio de COHÉN, un acto de rebelión frente a los valores de las
clases medias, negativo, destructivo. MERTON subraya la finalidad «normal» del
ciales unidos a la pertenencia del miembro de las clases bajas a un barrio
8C o vecindad determinados. Con ello se produce una clara aproximación a los
desviado de acceder —si bien por vías ilegítimas— a los objetivos culturales de las
clases medias. COHÉN enfatiza la idea de «frustración» como determinante deJa enfoques ecológicos de las «áreas criminales» de SHAW y McKAY y a la
respuesta criminal''\ En último término, las teorías anómicas y las subculturales propia teoría del aprendizaje de Sutherland*^.
•JUi parten de dos modelos muy distanciados del orden social .las primeras profesan una
concepción monolíticadel mismo, negando la posibilidad de un pluralismo axiológico Por otra parte, CLOWARD y OHLIN revisan también la concepción subcultural
en el seno de la sociedad; por el contrario, las segundas admiten la existencia de de COHÉN. A diferencia de éste, estiman que no son los jóvenes incapaces de
sistemas de valores divergentes creados por los respectivos subgrupos en torno a acceder por vías lícitas a las pautas culturales de las clases medias quienes
los cuales se organizarían los individuos.*^! Q M t s r t í f t í ^ í a i f t í M a M i delinquen; sino sólo aquéllos que, estando dotados para alcanzar un sfáfusen dicha
clase media, se ven imposibilitados de hacerlo por las limitaciones derivadas de su
Vid. COHÉN, A. K., Delinquent Boys: The Culture of the Gang. The Free Press, t En este sentido, BALAN, K., Subcultura y delito, en: Delincuencia. Teoría e
New York 1955. Además, el autor considera —apartándose, con ello, del análisis investigación, cit., págs. 152 y ss.
ecológico— que el gang (la zona de las bandas) no carece de «organización», de Vid. CLOWARD R. A., Illegitimate Means, Anomie, and Deviant Behavior, en:
«sistema de normas» o de «control social», sino que cuenta con u n sistema propio y American Sociological Review, 24 (1959), págs. 164 a 176; del mismo autor y
específico en buen estado de funcionamiento. Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, OHLIN, U., Delinquency and Opportunity, New York, Free Press, 1960.
cit., pág. 47. Sobre las concepciones subculturales, en su conexión con el estructu- Así, CLOWARD, R. A., Illegitimate Means, Anomie and Deviant Behavior, cit., pág.
ral-ñincionalismo, vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 219 y ss. 168.
Cfr. BARATTA, A., Criminología libérale e ideología della difesa sociale, en: Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 219; SIEGEL, L. J., Criminology,
Estratto da: La Questione Crimínale, 1 (enero-abril 1975, Bologna, 11 Mulino), West Pubhshing Company, 1983, St. Paul, págs. 186 y ss.; GÓPPINGER, H.
págs. 16 y 17. Bi 3i) m Criminología, cit., pág. 43; BARATTA, A., Criminología libérale e ideología della
Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 219 a 221. O i ínat difesa sociale, cit., pág. 17 y ss. ••
804 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 805
clase de procedencia. Además, consideran que la respuesta subcultural no es Las categorías jurídico-penales básicas experimentan, en consecuen-
necesariamente simbólica («no utilitaria»), sino que admitirla varias modalidades cia, una profunda revisión.
(«criminal», «conflictiva» y de «retraimiento») en función de las diversas oportunida-
des ilegítimas que el joven de las clases bajas puede hallar en su medio, con lo que La violación de una norma (delito) se estima socialmente disfuncional,
enriquecen la rígida tipología subcultural de COHEN^^ no ya porque lesione o ponga en peligro determinados bienes jurídicos,
9 BitOaJ Bl msp « 9 9í)t88T 8; sino porque cuestiona la «confianza institucional» en el sistema^^. El
3') El pensamiento estructural-funcionalista inspira, sin duda algu- d'elito es, ante todo, la «expresión simbólica de una falta de fidelidad
na, u n conjunto de teorías que aparecen en el seno de la Sociología hacia el Derecho»: u n a amenaza para la integridad y estabilidad socia-
jurídica alemana moderna (teoría sistémica de la prevención integradora) les^^, particularmente nociva cuando la infracción aparece de modo
y entre cuyos representantes destacan AMELUNG, OTTO, JAKOBS, manifiesto, visible. La teoría sistémica, por ello, adopta un enfoque
LUHMANN, etc.*^ .. , . . „ ;. . , . „ „ T ^ . «sintomatológico», para el que preocupa más la manifestación de u n
En común tienen todas ellas que trasladan el centro de atención al hecho disfuncional que las causas del conflicto mismo que puedan
generar aquél.
sistema social, subordinando a su buen funcionamiento —a la produc-
ción de u n eficaz consenso, por tanto, y sus equivalentes funcionales— Para la teoría sistémica, el Derecho Penal no se limita a proteger bienes jurídicos,
cualquier valoración ético-política, individual o colectiva^**. sino funcione^'*: la confianza institucional en el sistema y la seguridad de los
coasociados en su buen funcionamiento. Este axioma inspira también su concep-
Desde esta óptica sistémica, el individuo no es más que un «subsistema físico- ción «simbólica» de la cuipabiiidad. Para comprobar, fundamentar y graduar ésta no
iBÍic
psíqu¡co»''^ mero centro de imputación o adscripción de responsabilidades, y el importa si el sujeto «pudo» y «debió» comportarse de otro modo: la exigencia
ais s propio Derecho un «instrumento de estabilización social, de orientación de las funcionalista de restablecer la confianza en el Derecho mediante la contraposición
aaÍB acciones y de institucionalización de las expectativas»'^". Al «subsistema penal» simbólica de una pena será el criterio decisivo al respecto, exacerbándose así la
LírTjj corresponde asegurar la «confianza institucional» de los ciudadanos, entendida concepción « normativista», que prescinde de todo contenido psicológico-cognoscitivo
_j,jo^ dicha función como forma de integración en el sistema social (lo que en organizacio- en el juicio de reproche=^^ ^ " " " ' "^ "">•' '-'""^"-^o ^u ,.«.ra%^ on,»,,,
nes elementales llevarían a cabo mecanismos espontáneos de confianza recíproca jlfcOCS ?-^iafjl9Í0 91*n9 89nOÍOB¡91 3Bl
om; entre los individuos de una sociedad).
económicas, déficit cultural, etc.), como mantienen otras teorías socioló- ^ la estructura y tasas de la criminalidad. Pero al margen de estas
gicas. El crimen no tiene su origen en el impacto —nocivo— de ciertos situaciones anémicas, el crimen contribuye positivamente a la estabili-
factores sociales, ni en la descomposición del sistema o el efecto de dad y consolidación del sistema (función «integradora») y al necesario
contagio de u n medio en sí mismo criminógeno. Por el contrario, se cambio social (función «innovadora»)*^^.
estima inseparablemente unido a las estructuras cotidianas de un orden
social «intacto»: al normal funcionamiento de un sistema que «produce» "ijaia lab oinsixut:
delincuentes como también produce ciudadanos honrados®". 5') Legitimación «funcional» de la pena
Como resaltan las teorías de la anomia, el crimen es u n a conducta Para la doctrina funcionalista (teorías «simbólicas» de la pena, teoría
desviada más, que surge de la propia estructura social, de su inadecua- «sistémica», etc.), la pena —como cualquier otra institución social— no
ción o contradicciones internas para satisfacer las demandas y expecta- se justifica por razón de supuestos fines ideales que se atribuyen a la
tivas del individuo; esto es, de u n a crisis, desajuste o déficit estructural misnia (retribución, prevención general, prevención especial), sino por
derivado de la forma de organización o del estado de desarrollo del «tipo las funciones que efectivamente cumple en orden a la conservación del
social». Tales disfunciones, transitorias o inherentes a ciertos modelos sistema y a la confianza de los individuos en el buen funcionamiento de
de sociedad, provocan la conducta irregular como respuesta o modo de éste. Tiene, por ello, un condicionamiento estructural, no axiológico.
adaptación normal del individuo. Desde un enfoque funcionalista, carece de sentido toda discusión
•';::S-.:::*6:t'fcv Of^-u-í-.-^r sobre los fines «resocializadores» de la pena^^, pues al castigo correspon-
de exclusivamente u n a función preventivo-integradora en beneficio de
4') Normalidad y funcionalidad del delito .^^, | ^^.j. la estabilidad del sistema. ívV'V'" ' f ' ' j ' •lis^siíí' <f i
El funcionalismo no sólo aporta u n a teoría macrosociológica sobre la . ;irí 190 Ai-vobBUwHnoiantfiBIIIQKV,; •'" ' •• '-i
génesis de la criminalidad, sino una reflexión profunda en torno a las 'iOíbrM.ff íf^id» ísb 8o,tqs3.noa aoí e obsír^iaB BKÍBA frSie.hh m r\
«funciones positivas» que cumple el delito y su «normalidad». 6') Revisión de los postulados de la dogmática penal liberal
El pensamiento tradicional partía de la nocividad intrínseca de la La exigencia funcionalista de asegurar la confianza institucional en
conducta desviada, síntoma inequívoco de u n a peligrosa patología el sistema comporta u n a profunda revisión de los pilares del Derecho
individual y sociaP^ P a r a la teoría de la anomia, por el contrario, el Penal liberal (conceptos de «delito», «pena», «bien jurídico», «culpabili-
delito es «parte integrante de u n a sociedad sana», y el delincuente, dad», etc.).
«factor del funcionamiento regular de la vida social». Un fenómeno, Para el funcionalismo, el delito interesa más como expresión simbó-
pues, de la «Sociología normal» «la otra cara de la convivencia reglada» lica de infidelidad hacia el Derecho que como lesión o puesta en peligro
ya que las leyes de u n a sociedad orgánica sólo son susceptibles de un de bienes jurídicos. Y lapena, no como instrumento justo orientado a la
cumplimiento parcial (uniformidad versus diversidad). Patológico, en prevención general y a la prevención especial, sino como medio de
todo caso no lo sería el delito mismo (su mera existencia, siempre que no integración y solidaridad social, esto es, como reacción necesaria de la
rebase ciertos límites), sino las alteraciones bruscas e incontrolables de sociedad que asegura la vigencia efectiva (reconocimiento) de sus nor-
mas y restablece la confianza institucional en el sistema.
í'rtolorrinTn.T orrrRivr.traocr \ñ KV.1 (úMfn iTQSS 9 S f i 9 U 3 n í i 3fa
^^ De algún modo puede afirmarse que la proposición más original del funcionalismo
es ésta: reconocer que algo estimado «bueno» y en perfecto estado de funcionamiento
(el sistema) produce algo «malo» (el delito); y que de algo reputado «malo» desde la
óptica del sistema (el delito) derivan cometidos y aportaciones «positivas» para el Sobre las ventajas económicas y de la más variada índole que, por otra parte, depara
sistema mismo (función «integradora» de la conducta desviada). el delito (en orden, por ejemplo, al mantenimiento de ciertas profesiones que viven
^^ Sobre la «nocividad» o «disfuncionalidad» de la desviación en el pensamiento del mismo, de su existencia), vid. EISENBERG, U., Kriminologie, Heymanns
. tradicional, vid. GAECÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., Verlag, Kóln-Berlin-Bonn-München, 1979, págs. 62 y ss.
págs. 82 y ss. ,. , Cfr. BARATTA, A., Integración-prevención..., cit., pág. 547.: ohlñ^ih fí,t8S
810 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 811
Desde este punto de vista, el concepto tradicional del bien jurídico se cultural según la situación y status del individuo, etc.). En puridad,
diluye, sustituido por u n a ambigua referencia a las «funciones sociales» debieran propiciar un análisis objetivo del fenómeno delictivo, libre de
o necesidades del sistema. La función del Derecho Penal —afirma la prejuicios y excesos defensistas; y la instrumentación consiguiente de
teoría sistémica— no se agota en la tutela estricta de bienes jurídicos ambiciosos programas de controlde la criminalidad, fomentando u n a
sino que la trasciende: al Derecho Penal corresponde preservar el buen efectiva igualdad de oportunidades en el acceso de todos a los objetivos
funcionamiento del sistema y la confianza de sus coasociados en el cülturales^^. •«»j*(í4.f* itPM'-^-itH «íf»!«>w»ew?ii •;'**»•
mismo.
Sin embargo, el trasfondo ultraconservador y despersonalizado que
Por idéntica razón, la idea clásica de culpabilidad se normativiza subyace en la doctrina funcionalista sugiere una valoración más caute-
(funcionalizada) hasta sus últimas consecuencias, de modo que la losa.
capacidad del individuo de haber actuado de otra forma no integrará ya
la base del juicio de reproche. La absolutización del sistema; la concepción «simbólica» del delito y
la pena, y la revisión de las categorías fundamentales de la dogmática
La «renormativización» del criterio subjetivo de la imputación penal penal liberal (bien jurídico, culpabilidad, etc.), significan, en términos
significa que aquél (el reproche) se formula tomando como única pauta político-criminales, la crisis de uno de los axiomas más delicados: la
las exigencias funcionalistas de restaurar la confianza institucional en naturaleza subsidiaria del Derecho Penal.
el sistema (normativamente), y no cognoscitivamente; es decir, se
prescinde de todo el sustrato psicológico-individual referido al autor en Por otra parte, el iuspositivismo extremo; y el modelo tecnocrático,
sus concretas circunstancias. acrítico que profesa la teoría funcionalista, generan el riesgo de conver-
tir ésta en un mero instrumento teórico o coartada legitimadora de
Si se repara en la función limitadora del mspuniendiy garantista que cualquier sistema^^ - _ . ,
la dogmática clásica había asignado a los conceptos del «bien jurídico» y
de la «culpabilidad» quedará patente cómo el funcionalismo rechaza los Una perversión no siempre fácil de evitar de los postulados sistémicos,
pilares fundamentales del Derecho Penal «liberal» con los riesgos que tal por ejemplo, conduce a analizar prioritariamente la criminalidad paten-
opción entraña'^''. te y manifiesta, que es la «disfuncional» (desprecio de la criminalidad
oculta), prevaleciendo la «visibilidad diferencial» de la infracción sobre
la etiología real de los conflictos, que no siempre se «producen» en el
7') Implicaciones político-criminales del funcionalismo segmento social d o n d e se e x t e r i o r i z a n (política c r i m i n a l
«sintomatológica»), y desde luego, traslada el centro de gravedad de la
No cabe u n a valoración político-criminal inequívoca y unitaria de las investigación a la criminalidad de las clases bajas^\ •
teorías funcionalistas, porque de hecho pueden inspirar los más diversos
^ _ „ , , .;-f.b-
y contrapuestos programas de prevención y control del delito. Existe en
todas ellas, sin embargo, u n a tendencia de signo conservador endémica,
orientada al mantenimiento del statu quoyasu deliberada y sistemática ^ Sobre la influencia del pensamiento de CLOWARD y OHLIN en programas y
decisiones legislativas concretas de la sociedad norteamericana (The Juvenile
legitimación.
Delinquency Prevention and Control Act de 1961, el programa de lucha contra la
Sería injusto desconocer que algunos de sus postulados rebosan pobreza del presidente Johnson iniciado ya durante la administración Kennedy,
tolerancia y realismo («normalidad» del delito, la conducta desviada etc.), vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 191 y ss.; VOLD, G. B., Theoretical
Criminology, cit., págs. 223 y ss.
como «modo de adaptación» a las presiones de la estructura social,
Véanse las observaciones criticas de BARATTA, A., Integración-prevención..., cit.,
diversa intensidad de las contradicciones de la estructura social y la págs. 548 y ss.
Las teorías funcionalistas se preocupan, casi exclusivamente, de la criminalidad de
las clases bajas, como advierte SIEGEL, L. J,, Criminology, cit., pág. 191. El sesgo
w...>fí i."~; ríY:.í"í"i''i •!(""• I ,íriít5n.'i(>:y.'.nA aí> ,aff'
interesado de tal examen se debe, en parte, a sus propias premisas ideológicas: la
suposición de que también las clases «bajas» creen en los «valores» de las clases
En este sentido crítico, BARATTA, A., Integración-prevención..., cit., pág. 537- «medias», y es la imposibilidad efectiva de acceder por vías legítimas a tales
812 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 813
5. R E F L E X I O N E S CRITICAS: VALORACIÓN FINAL También el déficit empírico, que pesa sobre proposiciones t a n signi-
ficativas como la «función integradora» del delito™, carencia que trataría
1'. En el «haber» del estructural-funcionalismo figura, sin duda de colmar con u n a poco satisfactoria carga «especulativa».
alguna, la concepción del «crimen» como fenómeno social y normal; como Se le reprocha, igualmente, que establezca una correlación unitaria
u n a manifestación más de «conducta desviada» que, por otra parte e indiscriminada entre la estructura social y el comportamiento desvia-
cumple importantes funciones positivas en orden a la estabilización del do, cuando —objeta u n sector doctrinaF^— debiera verificar la relación
sistema y el cambio social. que existe entre determinados sectores o subsectores de las estructuras
Las teorías anémicas, a diferencia de otras explicaciones sociológicas sociales y concretas manifestaciones delictivas.
del crimen que referían éste al contagio o desorganización social, o a Tal imagen unitaria de la criminalidad suele reputarse ficticia y en
concretos factores sociales, han sabido formular una teoríageneralizadora pugna con la diversidad fenomenológica y etiológica del hecho delictivo.
según la cual el comportamiento desviado es una función del tipo social
dominante y su estado de desarrollo. O, dicho de otro modo: el normal Por último, se le objeta también al funcionalismo que su diagnóstico
funcionamiento del sistema social «produce» criminalidad, y la natura- sobre la génesis de la criminalidad prescinda por completo del compo-
leza de ésta (volum.en, composición, tasas, etcétera) depende de la nente biopsicológico individual que, parece, de algún modo condiciona e
estructura y evolución de cada tipo de sociedad. ,, ^„^ incide en la transmisión, al menos, de cualquier sistema de conducta''^.
- ü'iq ío ,itíGí ais jyA ío-axro'j has rro.rifT9V;»'rí '•QUIQÜ- ™ Así, MAYS, J. B., Crime and the Social Structure, Londres, 1963, pág. 68. Cfr.
GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 44.
iiíji objetivos culturales compartidos lo que explica el comportamiento desviado, lógi- ^^ Crítica muy generalizada que formulan, entre otros: COHÉN, A. K., Abweichung
camente más frecuente en aquéllas. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit-, undKontrolle, 1968 (München), págs. 131yss.;HAFERKAMP,H.,Kriminalitátist
pág. 224. normal, 1972 (Stuttgart), págs. 48 y ss.; OPP, K. D., K r i m i n a l i t á t u n d
'^^ En este sentido, NETTLER, G., Explaining Crime, New York, McGraw-Hill, 1978 Gesellschaftsstruktur, 1968, (Berlín), Neuwied, páginas 109 y ss.; GERHARDT,
(2^ ed.), págs. 228 a 230. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 224. U., Rollenanalyse ais Kritische Soziologie; Soziologische Texte, 72, Berlín (1971),
'^^ En este sentido crítico, LEMERT, E. M., Social Structure, Social Control, and Neuwied, págs. 47 y ss.; Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 45.
Deviation, en: CLINARD, M. B. (Anomie and Deviant Behavior, New York, 1964, '2 Así, MORRIS, T., A Critique of Área Studies, en: WOLFGANG, M. E., SAVITZ, L.,
.„ i- The Free Press), págs. 57 a 97. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág- y JOHNSTON, N. (edit.), The Sociologyof Crime andDelinquency, 1962, New York-
-v, 224. Londres, págs. 198 y ss. C&. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 45.
814 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
9 c) El político y político-criminal Sobre las concepciones «subculturales», vid. COHÉN, A. K., Delinquent Boys. The
Culture of the Gang, 1955. Glencoe, Illinois (y London, 1956, Eng. Ed.); del mismo
Desde un punto de vista político —y político-criminal— los esquemas y SHORT, J., Sociological Research in Delinquent Subcultures, en: The Journal of
estructural funcionalistas responden a designios claramente conserva- Social Issues, vol. XIV, n° 3 (1958), págs. 20 a 36; KOBRIN, S., Sociological Aspects
of the Development of a Street Córner Group: an Sploratory Study, en: The
dores del «statu quo» legitimadores de cualquier sistema social.
American Journal of Ortopsychiatry, vol. XXXI, n- 4 (1961), páginas 712-719;
Potencian la «reacción penal» como vía más eficaz de mantenimiento WOLFGANG, M. E., y FERRACUTI, F., The subculture of violence. Towards an
integrated theory in Criminology, Tavistock, 1967, Londres, YINGER, M.,
Contraculture and subculture, en: American Sociological Review, vol. XXV, n- 5
Polarizan el centro de gravedad de la investigación exclusivamente (1960), págs. 625 a 635; CLOWARD, R. A., y OHLIN, L. E., Delinquency and
Opportunities. A Theory of Delinquent Gangs, 1900. Glencoe; MILLER, W. B.,
en torno a la criminalidad «disfuncional», esto es, la criminalidad
Lower-Class Culture as a Generating Milieu of Gang Delinquency, en: The Journal
abierta y ostensible de las clases bajas""^. of Social Issues, vol. XIV, n° 3 (1958), págs. 5 a 19; del mismo: Violent Crime in City
Gang, en: The Annals of the American Academy of Political and Social Sciences, n"
Y propician inevitablemente u n a política criminal sintomatológica —
364 (1966), págs. 96 a 112; SAFFIRSO, L., Saggio introduttivo en CLOWARD, R.
que no etiológica— más atenta a la «manifestación» externa de un A., y OHLIN, L. E., Teoría delle bande delinquenti in America, Bari, Laterza (1968);
conflicto que a las «causas» del mismo"". i'>vfb SHORT, J. F. (Jr.), Differential Association with Delinquent Friends and Delinquent
Behavior, en: Pacific Sociological Review, I n-4 (1958), págs. 220 a 1.225; del mismo:
Street Córner Groups and Patterns of Delinquency: a Progress Report, en: The
,üí>í B J . ' , J ' . 3 Bii j ; I! O 4i<í) jjiíffo'ítijy;) t,
American Cathohc Sociological Review, XXIV, n - 1 (1963), págs. 13 a 32, del mismo
y STRODTBECK, F. L., The Response of Gang Leaders to Status Threats: an
Observation on Group Process and Delinquent Behavior, en: The American Journal
of Sociology, LXVIII, n- 5 (1963), págs. 571 a 579; de ambos: Group Process and
Gang Delinquency, Chicago-Londres, 1965, The University of Chicago Press;
En este sentido, BAKATTA, A., Integracion-provención , c i t , pag-, 534 y ó 44 y ss. WHYTE, W. F., Little Italy. Uno slum italo-americano (edición original: Street
(«modelo tecnocrático»). Córner Society. The Social Structure of an Italian Slum. Chicago, 1943); SYKES,
Limitación de DURKHEIM admite expresamente (vid. Las reglas del método G. H., y MATZA, D., Subterranean Tradition of Youth, en: The Annals of the
sociológico, cit., pág. 86) y que el sector doctrinal reprocha al análisis funcionalista: American Academy of Political and Social Sciences, n° 338 (1961), págs. 102 a 118;
por todos, GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 45. MATZA, D., y SYKES, G. M., Juvenile Dehnquency and Subterranean Valúes, en:
En este sentido, GAECÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., American Sociological Review, XXVI, n= 5 (1961), págs. 712 a 719; J. E. HALL
pág. 90. WILLIAMS, Criminology and Criminal justice, cit., págs. 116 y ss.; MAYS, J. B.,
Las teorías socio-estructurales ignoran la criminalidad de la clase media y de los Crime and Social Structure, 1963, Londres; también BALAN SONLO, Katy,
estratos más privilegiados. Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 191. Subcultura y delito, en: Delincuencia. Teoría e investigación, cit., págs. 145 y ss.;
Cfr. BARATTA, A., Integración-prevención..., cit., pág. 545. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 434 y ss.
816 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 817
criminalidad de jóvenes y adolescentes de las clases bajas, organizados organización social distinta, de unos códigos de valores propios o
en bandas. Carece, pues, de pretensiones generalizadoras. ""ambivalentes respecto a los de la sociedad oficial: de los valores de cada
"subcultura*.
Surge, además, tarde, en la década de los cuarenta, adquiriendo carta
de naturaleza con la famosa obra de CQHEN «Delinquent Boys» (1955) En todo caso, es necesario un examen singularizado de las diversas
teorías subculturales, porque la propia noción de subcultura recibe,
rar Qg gig^n modo, el concepto de «subcultura» se rescató de la tradiciónmertóniana
para cobrar nuevas dimensiones y perspectivas. Lo utilizaron ya las teorías de la 'según los autores, acepciones distintas. A menudo se utiliza como
anemia y, desde luego, la Escuela de Chicago, puesto que la delincuencia juvenil y sinónimo de subsociedad o, simplemente, para designar la mera diferen-
la criminalidad organizada han sido tradicionalmente dos focos prioritarios de ciación de roles. Otras, sin embargo, en el sentido bien distinto de
atención de la Criminología en los Estados Unidos. Pero las teorías «subculturales», contracultura, lo que acredita la peligrosa ambigüedad de este término^.
aun sin romper frontalmente con ambos precedentes, aportan un análisis sui generis
gff
del fenómeno criminal. •-•¥ ^-•, En principio puede tomarse como paradigmático el concepto de subcultura
'1 BO R¡ ofrecido por COHÉN: «Un sistema de valores y creencias que fomenta la comisión
de actos delictivos, confiere rango social a sus miembros por razón de tales hechos
~^©„Soncepto de subü^^^ la existencia de
y especifica la clase de relaciones que se han de mantener con las personas ajenas
_una sociedad plural, con diversos sistemas de valores «div.ergentes» en al mundo social de los delincuentes».
torno a los cuales se organizan los grupos desviados. Implica la necesi-
dad de examinar desde dentro el mundo de estas minorías, desdeÜa A la «su^iiltur-a» pertenecerían las siguientes características, según
Óptica de los^propiosdesviados, contemplando el delito como u n a opctón la opinióit^mayoritaria'^:
colectiva, áe «grupo». Y, en el caso específico de la delincuencia <<juvenil»,
como u n a decisión simbólica de rebeldía hacia los valores oficiales de las .a) La subcultura es u n grupo de rasgos diferenciales respecto a la
clases medias, muy distinta de la actitud «racional» y «utilitaria» de la sociedad oficial porque institucionaliza particulares formas de ver el
criminalidad de los adultos. Premisas todas ellas difíciles de asumir poi mundo o cosmoy¿s¿orees.,>r{i>í>rrí'pfrRbfiR Wi**¿íffA^b<íí^
las teorías de la anemia. ^íi•-éfe*i«^?^'«M^wt;ííW:^#>•eH^fl« b) Su código axiológico o sistema de valores cuenta con u n a cierta
Por otra parte, las^teorías subculturales discrepan también del autonomía, si bien no llega a independizarse por completo de la cultura
análisis «ecológico» de la Escuela de Chicago. No les interesa tanto la dominante.
estructura interna dejas^^^^^ el ori^ere^de éstas, estrecha- c) La subcultura tiene también u n a organización interna que regula
mente ligado al prob,k_majdalaesíraít/'ímcióa¿ociaLRepresentan, pues^ las relaciones de sus miembros. Estructuralmente se aprecia en la
enfoques de «clase social»^, no ecológicos ni espaciales o ambientales. misma un grado de cohesión y un entramado de relaciones similar al que
Paradlas concepciones subculturales no son determinadas «áreas» (urba- pueda existir en la sociedad convencional, i
nas) deterioradas («desorganización social») las que generan la crimina-
d) L a s subculturas surgen en u n modelo de sociedad plural y
lidad de las clases sociales bajas que habitan las mismas, sino todo lo
heterogénea'^. El^proceso de interacción con otras personas que padecen
contrario: las subculturas criminales son un producto del limitado
semejantes problemas de adaptación social genera un sentimiento de
acceso de las clases bajas a los objetivos y metas culturales de las clases
solidaridad de grupo y determinados estándares comunes®. La partici-
medias^; instrumento que ofrece a aquéllas la posibilidad de obtener
formas de éxito alternativas y sucedáneos en sus ghettos restringidos^
P a r a las teorías jiobculturales, el delito no es consecuencia de la
desorganización social, de la carencia o vacío normativo, sino d ^ u n a Vid. PITCH T. Teoría de la desviación social, cit., pág. 115.
Vid. PITCH T. Teoría de la desviación social, cit., pág. 114. it-^f aí-!r\ ^ m
Vid., HALL WILLIAMS, J. E., Criminology and Criminal Justice, cit., págs. 116 y ss.
i
Vid. FERRACUTI, F., y WOLFGANG, M. E., II comportamiento violento, 1966.
^ Resaltando el componente clasista de las teorías subculturales, MANNHEIM, H-, Giuffré Edit. Cfr. RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., pág. 363.
Comparative Criminology, cit., vol. II, pág. 499. Así, COHÉN, A. K , Delinquent Boys. The Culture of the Gang. New York, 1955
Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 182 y 183. H ,iM(ii:i^•TH^ (The Free Press), pág. 59.
818 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 819
pación en la subcultura aporta así a sus miembros el status que les niega criminalidad existía un auténtico dualismo de valores o normas, los de
la sociedad mayoritaria. Es, por ello, un mecanismo sustitutivo de la sociedad «oficial» y los de ciertas minorías.
participación social, u n a «minisociedad» de recambio para ciertas mino-
rías^ que gracias a una infraestructura organizativa y singular cuadro' Apartándose de los postulados de los ecologistas de la Escuela de
de valores obtienen de su integración en la subcultura el necesario^ Chicago concluyó que tales «áreas» no se c a r a c t e r i z a b a por u n a ausen-
sentimiento de pertenencia e identidad, de camaradería y estima. Por cia de valores (deterioro, desorganización social), ni siquiera por el
otra parte, la subcultura prepara al joven para u n a carrera criminal de "predominio o hegemonía de las pautas de conducta delictivas respecto a
adulto, razón por la que todas estas teorías relacionan estrechamente la las de la cultura de la sociedad oficial, sino que en las mismas coexistían
adolescencia de los delincuentes de clases bajas, las bandas y subculturas ambos códigos axiológicos: el criminal y el convencional.
y las carreras delictivas ^°. A su juicio, las subculturas criminales se originan en una situación de hostilidad
£ de grupo. Son_en definitiva, una expresión «colectJva»_de_Jas_adaptaciones_d£l
r.^.Procede ahora examinar las principales formulaciones doctrinales. individuo a las necesidades defensivas del «yo». El conflicto cultural generado en
esta situación se reflejaría psicológicamente en la interiorización por el delincuente
ec3irt^,3elBí9Í3nos.6"i iOQ5nid.m3!niajefi...>i»occonos''9i9Ítí
de una actitud vaiorativa ambivalente, dualista, que acreditaría, por ejemplo, su
destructividad agresiva^^
El c¡;)np,ppto de, «subcultura» se utiliza por primera vez en la Sociología COHÉN, director de Orientación del Indiana State Institution for
por A. M. LEE («Levéis of culture as levéis of social generalization», juvenile delinquents, trató de verificar por qué se observan tasas de
1945), según WOLFGANGy FERRACUTL Su posterior recepción por la criminalidad desproporcionadamente elevadas en las estadísticas ofi-
Sociología Criminal se debió, sin duda, al hecho de que los estudiosos de ciales entre los jóvenes de las clases bajas de los barrios pobres (slum),
la delincuencia juvenil durante los años cincuenta vieron en el mismo un concluyendo que el comportamiento delictivo del joven refleja u n a
instrumento útil para analizar y describir una de sus características _protesta contra las normas y valores de las clases medias de la cultura
jmás llamativas: la tendencia de los jóvenes a organizarse en bandas. Las norteamericana. Puesto que la estructura social impide al joven de las
investigaciones de los penitenciaristas sobre el mundo de las prisiones clases bajas el acceso_al bienestar por vías^ legales, experimenta un
(subculturas carcelarias) propiciaron, también, el éxito de este concepto jconflicto «cultural» o estado de frustración^'^ que determina la integra-
hasta entonces infrautilizado por las teorías de la anemia y la Escuela _ción del mismo en u n a subcultura, separada de la sociedad o cultura
de Chicago". oficial y que posee un sistema de valores directamente enfrentados a los
de aquélla; u n a subcultura «no utilitaria, maliciosa y negativa»^^ que
toma sus normas de la sociedad convencional para darles inmediata-
;H 8p-7
a) La aportación de KOBRIN' mente la vuelta. Dicha actitud «ambivalente» o «polaridad negativa» que
caracteriza a las subculturas explica que para éstas sea correcto u n
En 1951 KOBRIN, preocupado por el problema de la delincuencia comportamiento sólo por el hecho de que lo prohiba la cultura oficiaP®.
juvenil de Chicago, observó que en las áreas de más elevadas tasasjie
El modelo explicativo de COHÉN persigue un análisis global de la conductaúQ\
joven, que pondere todos sus componentes: sociales (estratificación social), cultu-
^ Cfr. GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., pág. 17. Vid. MAYS, J. B., Crime and
Social Structure, 1963, Londres, págs. 90 y ss. • .u ;OiwJua:.jr//.M?í.;ri,.i>iv ^^ KOBRIN, S., The Conflict ofValues in Dehnquency Áreas, cit., págs. 656 a 660. Cfr.
1" Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 183. " '" - -TT-riv PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 114.
" Cfr. MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., II, pág. 510. 14
COHÉN, A. K., Delinquent Boys, cit., págs. 24 y ss. y 132 (status frustration).
^^ KOBEIN S. The Conflict ofValues in Delinquency Áreas, en: American Sociological 15
COHÉN, A. K., Delinquent Boys, cit., pág. 25 y ss. pu,!ii:i<_-
Review, XVI (1951), págs. 653 a 662. 16
COHÉN, A. K., Delinquent Boys, cit., pág. 28 y ss. PEHÍ'H' -
^^P
820 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 821
rales (diversos valores de las respectivas clases sociales y problemas de adapta- restricción o limitación que trate de ejercerse desde el exterior de la
ción) y psicológicos (frustración)^'.
propia subcultura (autonomía)^\
Según COHÉN, l a ^ u b c u l t u r a criminal se caracteriza por varias 3') P a r a COHÉN, la subcultura criminal es u n a cultura de grupo
notas: (como explícita el subtítulo de su obra: «The Culture of the Gang»), y no
una solución «privada» «individual», en el sentido mertoniano^^.
i(l') Es gratuita (no lucrativa), maliciosa, destructiva.
Admite la existencia de una pluralidad de tipos de delincuentes
Gratuita, no utilitaria, en el sentido de que los propios hechos juveniles, algunos de los cuales vendrían determinados no ya por
criminales no persiguen la obtención de u n beneficio económico, sino factores subculturales, sino psicogenéticos. Pero su enfoque es socioló-
otros objetivos. \ ij~f©!FiBni^0 9eaetenimii3s •• - ~..~^^ gico: a COHÉN no le preocupa por qué u n joven pasa a formar parte de
«Robar por el placer de robar —dice COHÉN— independientemente de consi- una determinada subcultura, sino por qué existen las subculturas
deraciones de ganancia y de provecho, es una actividad a la que se atribuye va/or, criminales y cuál es la génesis de las mismas.
audacia, prestigio y una profunda satisfacción. En los esfuerzos empleados, "eíTel-
U2 ,:.
riesgo que se corre al robar cosas que, con frecuencia, son —más tarde— Por esta razón, tampoco aborda exhaustivamente un problema muy concreto:
desechadas, destruidas o regaladas, no hay un cálculo en términos racionales cómo se explica que jóvenes de una misma clase y entorno (corner-boys) se
inspirados en un criterio cualquiera de utilidad»^''. mantengan dentro de la ley, mientras otros se integran en subculturas delictivas. No
" S i * •« e - < i >
obstante —y aun tratándose de una cuestión que COHÉN relega al dictamen de
psicólogos y psicoanalistas— no oculta el autor la trascendental importancia de
Maliciosa, por cuanto la satisfacción deriva precisamente de la factores temperamentales y familiares. Concretamente, la fam///aóe\ joven de las
disconformidad de los otros. bajas clases sociales juega un papel decisivo en la génesis de las subculturas
criminales. Ahora bien, no la estructura interna de lafamilia, sino el rol de ésta en una
Negativa, destructiva, porque se enorgullece de hacer aquello que es estructura social de clases^^.
incorrecto según los estándares de las clases medias. •í'gísSfr
u2')l Una actitud valorativa arrj,bivalente, cuando menos (polaridad El problema, en definitiva, es: cómo y por qué surgen las subculturas,
negativa) respecto a las norma's de; Ist cultura oficial. y cómo se relacionan éstas con la sociedad oficial o mayoritaria.
Se trata —afirma COHÉN— no ya de «un conjunto de reglas y un modelo de vida Estratificación social, dualismo normativo (valores de las clases
distintos a las normas de la sociedad adulta respetable o bien indiferente ante ésta medias versas valores de las clases bajas), conflicto y actitud ambivalente
o por añadidura en conflicto con la misma. Resultaría admisible definirla, por lo del joven de las clases bajas, y frustración son los conceptos más
menos, por su polaridad negativa en relación a estas normas. Es decir, lasubcultura
destacados del modelo de COHÉN.
• 'I í delincyentetorriasusnorrnasdelaculturacircundante,perolasinvierte.Laconducta
.f;t del delincuente es justa, según los principios estándares que rigen su subcultura, P a r a COHÉN, u n a y otra clase social tienen sus respectivos códigos
.- precisamente porque es injusta según las normas de la cultura circundante»^''. de valores. La clase media, por ejemplo, pone u n especial énfasis en la
íKVrrííTIR» h í f Jfi'íR Rfí-lfíT R f[Arn? movilidad social, en la eficiencia y en la responsabilidad individuales, en
Hedonismo inmediato. Hedonismo inmediato porque la subcultura la racionalidad para perseguir sus objetivos, en el respeto a la propiedad,
propugna una satisfacción inmediata, «ya mismo», frente a la posposición en la constructividad en el uso del tiempo libre y, sobre todo, en el ahorro
o postergación del placer que caracteriza la actitud de las clases me- y en la postergación o aplazamiento del placer. La clase social baja, por
dias^". Espíritu de grupo, además, en cuanto intolerancia de toda el contrario, concede mayor significación a la fuerza física y a la
colectividad y mucho menor que las clases medias al ahorro y a la Según COHÉN, dicho conflicto admite tres opciones: adaptación
posposición del placer^''. „jw^^w, .,: (college boy), transacción o pacto (córner boy) o rebelión frente a los
valores de las clases medias (delinquent boy)^^. ,,Mc^
Pero las familias de las clases sociales bajas, que t r a t a n de seguir los
patrones y modelos impuestos por las clases medias (middle Class El college é>oy Irata de asumir los valores culturales y sociales de las clases
medias, a pesar de las insalvables carencias escolares, sociales e incluso lingüísticas
Measuring Rods) carecen de las técnicas socializadoras necesarias para para adaptarse al estilo de vida de aquéllas.
que sus jóvenes satisfagan las demandas de la sociedad norteamericana El córner boy representa la respuesta más común, acomodaticia y
(esto es, de la cultura dominante de las clases medias). Hándicap contemporizadora. No rompe frontalmente con la sociedad oficial, pacta y convive
insalvable que impide a aquéllos el éxito^®. con ella. Acepta las limitaciones que derivan de su pertenencia de clase y trata de
aprovechar las oportunidades del medio. Es fiel a los valores de su grupo, pero no
'^ El joven de las clases sociales bajas participa en buena medida de opta de modo manifiesto por la vía del delito.
ambos sistemas de valores. Aunque pertenece a la clase trabajadora, sus El delinquent boy resuQ\ye su <<frustrac¡ón de status» enfrentándose de forma
abierta á'los'vat&res convencionales de las clases medias. Como dice COHÉN, la i
propios padres se sienten atraídos por el estilo de vida y modelos de la
subcultura delincuente no acepta «pactar». No tolera ninguna «ambigüedad». V
clase media^*^, actitud reforzada por el sistema educativo que promueve Seguir las normas de la subcultura delincuente, definidas en su polaridad negativa
los estándares de ésta y responde a sus exigencias. Un continlio bombar- respecto al sistema de calificación social respetable, la propia inconformidad del
deo institucional le sugiere la aceptación de la cultura convencional delincuente respecto a los principios-estándares de la clase media, le ubican más
como requisito imprescindible del éxito y estima sociales^^. Pero al alto que el muchacho de collegemás ejemplar^".
enfrentarse con los valores de las clases medias, se encuentra en una
situación de desventaja, porque no sólo no se aplican a sustatus, sino que En la opción criminal (subcultura delincuente) COHÉN asigna u n
disminuyen la estima de sí mismo. valor explicativo muy sugerente a un concreto proceso psicológico,
psicoanalítico, que denomina reacíionformation^^. Se trata, en definiti-
El conflicto se produce inevitablemente cuando el joven de las clases va, de un mecanismo dirigido a compensar la angustia del joven de las
soéiales bajas da irriportancia a la «estima» (en el sentido de las clases clases bajas que parájcoñseguir la estima social se alza contra los valores
medias) y se identifica con éstas, y, al mismo tiempo, interioriza los valores de las clases medias. Estos, al haber sido interiorizados por el joven, ti
de su propia clase; puesto que encontrándose ubicado, de hecho, en una siguen actuando en su subconsciente y le producen un sentimiento de
posición social inferior —y en desventaja— no podrá satisfacer las démaií- angustia. P a r a neutralizar dicha angustia se pone en marcha un
das del grupo de referencia y se enfrentará con un problema de adaptación. mecanisniq psicológico de «formación reactiva» que explica ciertas
La asimilación de los estándares de la clase media le lleva a tomar características de la delincuencia subcultural (así, la violencia) y algu-
Conciencia de sus limitaciones en el juego competitivo y a desarrollar
actitudes ambivalentes respecto a los valores de una y otra clase^^. r^.i.íjo oj-íci
,,--i píiÍKírfúyrhfíibBbiíídBBfloqsQ'iBÍfl9\Bioíishñesíneisboebf;!
M-sqeaTÍe:ri0..,ddt,&^-tte®8«ilillíS ís^filj',bííbila}l ; 2^ La distinción de dos «tipos» de conducta en los jóvenes de la «lower-class»,
^* COHÉN, A. K., Delinquent Boys, cit., págs. 84 y ss. Cfr. T. PITCH, Teoría de la representados por el «comer boy»y el «college boy», procede de WHITE, W. F., Little
desviación social, cit. pág. 116; MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., II, Italy. Uno slum Ítalo americano (edición original: Street Comer Society. The Social
pág. 508; SCHNEIDEE, H. J. Kriminologie, cit., págs. 434 y ss. Structure of an Italian slum, 1943. Chicago), COHÉN, A. K., DeUnquent Boys, cit.,
25 Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 183; COHÉN, A. K , Delinquent Boys, págs. 128 y ss.
cit., páginas 97 y ss. ^^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 184; PITCH, T., Teoría de la desviación
^'^ COHÉN, A. K , Delinquent Boys, cit., págs. 87 y ss. social, cit., pág. 117; COHÉN, A. K , Delinquent Boys, cit., pág. 128 y ss.;
2^ Sobre la influencia en el joven de la lower class de los valores y estándares de las MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., II, pág. 509.
«clases medias» (Middle-Class Measuring Rods), vid. SIEGEL, L. J., Criminology, ^^ COHÉN, A. K , Delinquent Boys, cit., págs. 131 y ss. Sobre dicho mecanismo
cit., págs. 183 y 184; COHÉN, A. K , Delinquent Boys, cit., págs. 84 y ss. psicológico, vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 185; PITCH, T., Teoría de la
^® Vid. T. PITCH, Teoría de la desviación social, cit., pág. 117, explicando los términos desviación social, cit., páginas 117 y ss. En sentido crítico: KITSUSE, J., y
de dicho «conflicto» o «ñ-ustración» en el pensamiento de COHÉN; COHÉN, A. K., DETRICK, D., Delinquent Boys. A Critique, en: American Sociological Review, 24
Delinquent Boys, cit., págs. 65 y ss. (1958), págs. 20 y ss.
824 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 825
ñas formas paradigmáticas de la misma (delitos de las bandas contra la En su conocida obra Delinquency and Opportunity^^ (1960) parten
propiedad). CLOWARD y OHLIN de la existencia de subculturas independientes en
Porque el distintivo de tal mecanismo es la intensidad desproporcionada de la el seno de la sociedad. Subcultura criminal, para CLOWAHD-y OHLIN,
ge-
respuesta conductual al estímulo. La violencia incomprensible ÚQ la respuesta, la es aquélla en la que ciertas formas de actividad delictiva son un requisito
hlperacción —afirma COHÉN— se torna comprensible cuando reparamos que su indispensable para el desempeño de sus roles dominantes^''.
M cometido no es sólo responder al estímulo externo, sino proteger al agente frente a —1
una amenaza interna—la angustia—que compromete sus defensas.
Como COHÉN, entienden que la subcultura delincuente tiene su-V
Así puede entenderse, también, la peculiar actitud de los delincuentes de bandas
contra el patrimonio, en cuanto símbolo de las clases medias: el robo colectivoú%\ origen en la frustración que experimenta el joven de las clases sociales
'fe grupo, gesto institucional en la subcultura delincuente, no es sólo un modo de
agenciarse una cosa; es un medio que constituye la antítesis de los sobrios y
bajas al t r a t a r de conseguir, sin éxito, elstatus económico codiciado^^. La
subcultura criminal brota en las áreas donde aquél carece de oportuni-
diligentes «esfuerzos cotidianos de la profesión»^'^. dades para triunfar siguiendo las pautas de conducta institucionalizadas,
lícitas: «Aspirar a las nietas socialmente prescritas bajo condiciones que
4') En otra de sus obras, por último (The Sociology ofthe DeviantAct), imposibilitan el legítimo acceso a las mismas —afirman los autores— es
aporta COHÉN u n a descripción más compleja de los fenómenos desvia- "un preludio ya de la desviación»^^.
dos, enlazando con la tradición naturalista del funcionalismo y de la El conflicto que genera tal frustración se plantea entre los objetivos
Nueva Escuela de Chicago. Al considerar los diversos modos en que las o metas prescritos por la cultura dominante y las propias aspiraciones
desviaciones pueden formar bloques y facilitarse unas a otras un habitat de los jóvenes de las clases bajas, u n a vez concienciados del grado de
favorable, sostiene uno de los postulados «irónicos»^^ característicos del probabilidad efectiva de alcanzar dichas metas. Cuando el fracaso en el
funcionalismo: la interdependencia recíproca de lo «normal» y lo «pato- intento de mejorar la propia posición social es atribuido por el adolescen-
lógico». te al tipo de organización social más que a sí mismo, se verifica un
«No sólo lo que deploramos y lo que apreciamos son parte de un mismo tejido sentimiento de privación injusta referido a las normas oficiales. Enton-
fe sin costuras —afirma COHÉN—, sino que, en realidad, están tejidos de las mismas ces, el joven, que ve pocas esperanzas de progresar por vías o procedí- ^
jT;;v\:fibras»^*. , . „ .;.....,. .^„„-:., ..^ , . - ^ . - á .Í.. mientos legítimos, se uñirá a oj;ros con semejantes ideas, integrando una
r,i-.
subcultura criminal. El respaldo del grupo les h a r á dominar el senti-
•P%>^c) La teoría de la «oportunidad diferencial» de CLOWARD, R., y miento de deshonra, el temor o la mala conciencia por sus comporta-
OHLIN, L. ••()> •ííixp-' •t<Bvir.)asT• • m ^a. ? «si^oioaisq jnientos delictivos, suministrándoTes la participación en la subcultura
Al examinar las teorías de la anomia se destacó ya la conexión del
pensamiento de estos autores con el análisis mertoniano, sus analogías
y diferencias'^^ Procede ahora, por tanto, contemplar aquél desde la l t^'Tíil"! í .
óptica de las concepciones subculturales. ___ ^^ CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity: A Theory of Delinquent
Gangs. New York, The Free Press, 1960.
) 1 UU\>'' .1 '>t ' J t r 3' CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity, cit., pág. 7; sobre los
H ,V 1 .Hv )x ¡i 1 • nq autores vid. BALAN SONLO, K., Subcultura y dehto, cit., págs. 158 y ss.
1 •I
" ^ 4iÍí i. nj"« ! • » " ! / n U'i h rí. 3^ Sin embargo, ajuicio de BORDUA, existiría u n a diferencia entre los puntos de vista
de COHÉN y CLOWARD OHLIN al respecto, en el sentido siguiente: para COHÉN,
32 COHÉN, A. K , Delinquent Boys, cit., págs. 133 y ss.; Cfr. PITCH, T., Teoría de la los jóvenes de la «lower class» que integran las bandas criminales son los adolescen-
desviación social, cit. pág. 118. tes incapaces de satisfacer las exigencias de las «clases medias» (esto es: las
^3 Se utiliza este término («ironía») en la acepción que da al mismo D. MATZA (El impuestas por el «sistema educativo») mientras, según CLOWARD y OHLIN, se
proceso de desviación, cit., págs. 33 y ss.). trataría sólo de aquéllos que sintiéndose dotados (equipped) para alcanzar el status
'•^•^ COHÉN, A. K., The Study of Social Dissorganization and Deviant Behavior, en: R. de la clase media, chocan con el obstáculo insalvable que deriva de su extracción y
K. MERTON, L. BROOM y L. COTRELL (compiladores) Sociology Today, 1959, procedencia social (Cfr. BORDUA, D., Delinquent Subcultures: Sociological
New York, Basic Books Inc., págs. 473 y 474. Cfr. D. MATZA, El proceso de Interpretations of Gang Delinquency, en: Ann. Amer. Acad. Pol. Soc. Sci., vol. 338
desviación, cit., págs. 106 y 107. ,, (1961), págs. 120 y ss. Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 436 y ss.
^^ Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 219 y ss. «yiíq .{nóQ-l ^'^ CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity, cit., pág. 85.
1
1
826 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 827
criminal la oportunidad de conseguir el éxito personal y la plena interna y organización del slum; y proporcionan diversos «medios» u
Satisfacción a través de la aprobación gue^reci|)en de s^^^ "" oportunidades a sus miembros: la subculturacrirninaircrimí/za/^are^sj,
la subp:^ltura cQnflictiva (confUcTjmigs) y la subcúltufa abstencionista
1') Pero la aportación específica de CLOWAKD y OHLIN reside en la o «evasiva» (fetreatist gangs).
noción de cfpojtunidad diferencial (differential opportunies) que integra „—^ ,/'^ -"",,.. •
el pensarriiento mertoniano en el enfoque ecológico de la Escuela de a') La subcultura criminal nace en los slum integrados, donde existe
Chicago y la teoría de la asociación diferencial. 'una criminalidad adulta estratificada según la edad y con estrechos
vínculos con la organización convencional de su entorno.
Consideran los autores que no basta identificar tensiones estructura-
les y presiones hacia la desviación social para comprender la génesis de La subcultura cumple tres funciones básicas. Hace posible el necesa-
la conducta desviada (mecanismo efectivo de adaptación social en el rio aprendizaje á.e\]oYen, a quienes los delincuentes adultos le enseña-
sentido mertoniano), ni las posibles formas de ésta. Por ello, y para rán las normas del mundo criminal y las técnicas adecuadas para llevar
% explicar por qué los jóvenes de las clases bajas se orientan hacia modelos a cabo con éxito sus actividades, preparando su «carrera» delictiva
criminales —cómo las tensiones estructurales originan adaptaciones adulta. Crea u n marco efectivo de oportunidades, ofreciendo a sus
colectivas desviadas— acuden a la teoría anémica y, concrétament^^l integrantes vías alternativas para conseguir sus objetivos con éxito. Y
concepto de oportunidad diferencial (diferentes grados de acceso a articula un mecanismo de control del comportamiento del joven para
medios legítimos e ilegítimos), de procedencia ecológica. Según estóTel limitar el empleo de medios ilegales que podrían poner en peligro
origen de la conducta desviada —y la concreta modalidad o forma ^ u i ~ innecesariamente su propio beneficio (vg., la violencia irracional y
ésta adopte— depende no de variables como la edad o el sexo, sino del disfuncional)*^.
tipo de ambiente social en que tiene lugar: de la efectiva organización b') La subcultura de conflicto va unida al slum desorganizado, donde
social del slumy del mayor o menor número de oportunidades (legítimas la movilidad social y geográfica es muy elevada y existe una alta tasa de
o ilegítimas) que éste depare a sus miembros*^. precariedad en todos los componentes de la vida social. Como falta la
^' ~~ Si el área ecológica en la que reside un individuo proporciona a éste oportuna integración de los valores convencionales y los delictivos, falta
también u n a estructura estable de oportunidades ilegítimas. En conse-
la oportunidad de un éxito personal a través de actividades relacionadas
cuencia, la criminalidad en estas áreas es marcadamente individualis-
,' con el crimen (vg., robo, crimen organizado, etc.), sin duda alguna hará
ta, poco remunerativa, sin cobertura**. , .
uso éste de tales oportunidades ilegítimas para obtener provecho econó-
I mico. Se asgciaráiMLotrosjóxen Los jóvenes optan entonces por la violencia y el conflicto permanente con otras
bandas como forma de adquirir status, reputación y prestigio, ya que su grado de
Ahora bien, no todas las áreas de clases sociales bajas tienen idéntica frustración es mayor al no ofrecerles estas áreas muy deterioradas oportunidades
organización ni la estabilidad suficiente para ofrecer el mismo grado de (ni legitimas, ni ilegítimas) ni expectativas, y han carecido, también, de un aprendi-
oportunidades ilícitas. Existe, también, u n reparto desigual en el propio zaje de técnicas delictivas refinadas de adultos que puedan servirles de modelo. La
subcultura de conflicto, en definitiva, es el modo de asegurar el difícil acceso al placer
slum de posibilidades de acceder a los bienes y metas culturales por vías y a las oportunidades en ciertas áreas deprimidas''^
ilícitas*^. E/ «bopper», individuo jactancioso que esgrime armas para ganarse el respeto
lU'joirr, ,.ii (ijt.ií'i
de sus rivales y atenta violentamente contra personas y propiedades, es el prototipo
^ " 2') Frente al concepto unitario de «subcultura» de COHÉN, CLOWAKD humano más representativo de esta subcultura*'^.
y^)HLIN^distinguen tres tipos de suhculturas; tres tipos de «respuestas
colectivas», que se corresponden con otras tantas formas de estructura
*=^ CLOWAKD, R., y OHLIN, L., Delinquency andOpportunity, cit., págs. 23 y ss. y 171
y ss.
« Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 186; PITCH, T., Teoría de la desviación
*** CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity, cit., pág. 73.
social, cit., pág. 121.
*5 CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity, cit., pág. 24.
é
''^ Sobre el problema, vid. PITCH., Teoría de la desviación social, cit., pág. 122.
*' =
' Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 187.
"2 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 187.
828 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 829
c') Por Último, lasubcultura evasiva o abstencionista agrupa a jóvenes La complejidad del submundo juvenil urbano responde, sin duda, !
que no h a n conseguido el éxito codiciado ni siquiera a través de procedi- mejor a la existencia de unadiversidad de gangs, en el sentido propuesto
mientos ilícitos. Es producto, pues, de un «doble fracaso»*''. Según por CLOWARD y OHLIN, que al rígido esquema subcultural de COHÉN.
CLOWARD y OHLIN, la conducta abstencionista surge del difícil acceso Además, el supuesto carácter «no utilitario», «malicioso» y «destructivo» \
a oportunidades delictivas, tanto si el obstáculo procede de «prohibicio- de la única «subcultura criminal que COHÉN reconoce pugna con los
nes interiorizadas» por el joven como de la propia organización social de elevados índices estadísticos de delincuencia patrimonial detectados en
su entorno*®. el slum^}.
La clientela de esta subcultura es residual, ya que algunos jóvenes del 3') Por otra parte, el análisis de CLOWARD y OHLIN —a diferencia
slum consiguen adaptarse a la subcultura «criminal» aprendiendo sus de otros modelos teóricos— tiene importantes implicaciones político-
normas y técnicas (ilícitas o violentas), o incluso se acomodan a las criminales en orden al tratamiento y rehabilitación del delincuente,
oportunidades que les depara el medio, pactando con la cultura domi- como puso de relieve el programa de «lucha contra la pobreza» «War on
nante (el córner boy, en la terminología de COHÉN). Poverty» de las administraciones Kennedy y Johnson.
El integrante de la subcultura «abstencionista» se refugia en la droga, el alcohol^ Pues mientras COHÉN, MILLER, SHAW o McKAY consideraban
etc., para permanecer insensible e indiferente al rñuñdo convencional dérque se
evade. Para hacer frente a sus hábitos desarrolla una serie de actividades delictivas:
que el joven de las clases sociales bajas mantiene valores y actitudes en
tráfico de drogas, prostitución, comisión de delitos no violentos, etc. Su stafas directa oposición a los de la cultura de las clases medias, para CLOWARD
personal deriva precisamente de la actitud de distanciamiento que mantienen y OHLIN no existe tal polaridad. Al argumentar que muchos jóvenes
respecto a la sociedad oficial'"'. delincuentes comparten los valores y metas de la sociedad oficial, siendo
la ausencia de vías legítimas para acceder a los mismos el factor que
P a r a CLOWARD y OHLIN los tres tipos de subcultura están sujetos explica la desviación criminal, este punto de partida posibilita en
a cambios, en función de las transformaciones que se operen en el slum. términos realistas los programas de prevención del delito y de rehabili-
De hecho, constatan un continuum temporal entre u n a y otra según el tación del desviado. No será necesario un cambio de las actitudes básicas
grado de asimilación de la población inmigrada. En un primer momento, del individuo, sino u n a actuación de los poderes públicos incisiva que
los jóvenes inmigrados recurren al uso de la violencia para conseguir su provea de oportunidades legítimas de éxito al joven que ciertamente cree
status. En una segunda etapa, se organizan pragmáticamente en bús- en los valores convencionales®^.
queda de provecho, empleando procedimientos más funcionales. Por
último, cuando abandonen aquellos el slum por haber logrado ya un
cierto provecho económico, quedarán sólo los fracasados, que volverán al
uso de la violencia o se retraerán en subculturas abstencionistas^".
3. CRÍTICAS A LOS M O D E L O S D E C O H É N , CLOWARD Y
Con independencia de las objeciones que merezca la tesis de OHLIN: EVOLUCIÓN D E LAS TEORÍAS SUBCULTURALES
CLOWARD y OHLIN, lo cierto es que el modelo explicativo de la E N LA DÉCADA D E LOS A Ñ O S S E S E N T A
delincuencia juvenil urbana de estos autores parece más matizado y l>BD.tyXJDÍiTT89ÍJ» .«DBiJf^ ao:j» í
realista que el de COHÉN. a) La concepción subcultural de COHÉN ha sido blanco específico de
"Biuítuoats sJ?9 tib oviíEírí9S9iq9i ecm o' STI
tres críticas:
E n lo metodológico se le reprocha un significativo déficit empírico. A
juicio de MANNHEIM, por ejemplo, las conclusiones del autor derivan
"•^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 188; PITCH, T., Teoría de la desviación
social, cit., pág. 122.
** CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and Opportunity, cit., págs. 196 y ss.
*« Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 188. ^^ En este sentido, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 188.
50
"" PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 123. .r..í5í:MB;-í!&
Cfr. ^^ Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 188.
830 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 831
más de la experiencia personal del mismo al frente de la institución parece reflexiva, racional, coherente con u n sistema de valores alterna-
antes señalada que de estudios de «campo», empíricos^^. tivo, sino «emotiva», producto de u n conflicto «psicológico» inconsciente
La teoría subcultural de COHÉN, por otra parte, ha sido tachada de que no se traduce en u n a toma de conciencia realista ni en proyectos
ambigua. P a r a PITCH, COHÉN no explica satisfactoriamente la géne- colectivos^''.
sis de la propia subcultura, ni en qué sentido cabe hablar de u n a cultura Por último, se h a objetado también a COHÉN el monolitismo de su
de la «clase obrera», ni si se t r a t a de u n a genuina «subcultura» o —más 'concepto de subcultura, excesivamente simplificador. No parece realista
bien— de u n a «contracultura». ¿Surge, de hecho, de u n a efectiva contra- suponer que existe u n a única «subcultura» criminal, uniforme; ni
dicción entre las aspiraciones individuales y u n a estructura de oportu- tampoco basar la contraposición entre la delincuencia de adultos y la
nidades discriminatorias —se pregunta el autor— o COHÉN presupone, juvenil en la «gratuidad», «negatividad», «destructividad», etc., de esta
como parece, la coexistencia de objetivos enfrentados, antagónicos?^*. última, como h a n puesto de relieve CLOWARD y OHLIN'^**.
í' ' COHÉN no relaciona la cultura de la clase obrera con una particular situación b) La teoría de la «oportunidad diferencial» de CLOWARD y OHLIN
n a n t í social unificadora que lleve a una conciencia colectiva de problemas comunes, sino
ha sido también cuestionada desde diversos puntos de vista, si bien es
j que se limita a constatar cómo ciertos valores están más difundidos en esa clase que
n f i a / g|^ otras. Incurre, por ello, en un planteamiento circular viciado, porque primero su fuerte «componente de clase» el que h a polarizado las críticas.
n s ee define e identifica las respectivas clases, aislando arbitrariamente dos series de
En cuanto a la metodología seguida por los autores, cabe reseñar la
( I H / : valores que supone propios de cada una; y, luego, los interpreta aposteriorl, como
8SÍI9 condicionantes de la conducta de los miembros de los grupos que los profesan; misma objeción formulada a la obra de COHÉN: que es u n a construcción
r grupos previamente identificados con arreglo a este solo criterio subjetivo y apriorís- teorética y parcial de la delincuencia juvenil de bandas en los Estados
" " " " tico=^ Unidos, carente de todo respaldo empírico y de datos de primera mano,
9irp -íoJSBi i.9 8í>maixn gol B lelje'j'jB iiisq ?.»íí'.:\Vra9Í BW« ob cuyos resultados —sin verificación— no pueden generalizarse^^.
^ Resulta igualmente imprecisa en el modelo de COHÉN la naturaleza
En los años sesenta, diversas investigaciones h a n tratado de poner a
de la «subcultura delincuente» y sus relaciones con la sociedad o cultura
prueba el modelo explicativo de CLOWARD y OHLIN, siendo sus
oficial. Siguiendo la conocida distinción de M. YINGER^^ cabría suscitar
resultados contradictorios por el momento.
si se t r a t a de u n a genuina subcultura o de u n a contracultura; esto es, si
la denominada por COHÉN «subcultura delincuente» se presenta como J. LANDIS y F. SCARPITTI (1965), después de encuestar a un grupo de jóvenes
' • "8- presos y a un grupo de escolares (grupo de control), comprobaron que los jóvenes
resultado de la toma de conciencia de un concreto grupo humano en una
--' -i delincuentes percibían más acusadamente que los no delincuentes la efectiva
situación conflictiva y frustradora, que elabora u n sistema alternativo , '', limitación de oportunidades''". Dicino resultado se confirmaría por el estudio de J.
de normas propias en contradicción con las pautas valorativas dominan- SHORT, R. RIVERA y R. TENNYSON (1965) sobre bandas de delincuentes,
tes, disfuncional (contracultura); o si dicha «subcultura criminal» res- ••^'•'•í quienes encontraron que la percepción por el joven del limitado acceso a las
ponde a las características específicas de toda «subcultura» en sentido . • ,e oportunidades o vías licitas se asociaba más a la delincuencia de éste que la
percepción del acceso a las oportunidades ilegítimas''^
estricto (subsociedad funcional que comparte los valores de la cultura
dominante). La «subcultura criminal» de COHÉN tiene algunos datos . ' ' , • • . ' ; ' ' . < ' ' ^ ' , ' - - -
i
55 p í x C H , T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 119. ..-ú—^^, Jto... ''i SHORT, J., RIVERA, R., y TENNYSON, R., Perceived Opportunities, Gang
^^ M. YINGER, Contraculture and Subculture, en: American Sociological Review, Membership and Delinquency, en: American Sociological Review (30), 1965), págs.
XXV, número 5 (1960), págs. 625 a 635. 56 y 57. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 189 y 190.
832 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 833
Sin embargo, y a pesar de tales evidencias, otras investigaciones parecen sociales es el de la misma comunidad de la lower class; un sistema, a su
desmentir la tesis de CLOWARD y OHLIN,
m Así, L FANNIN y M. CLINARD (1965), operando con dos muestras de jóvenes
juicio, estructurado autónomamente desde hace mucho tiempo, íntegro
^^ ' delincuentes de clases medias y bajas, hallaron que existen diferentes actitudes y y completo, distinto del de las clases medias, cuya génesis guarda
,t n ' valores en una y otra clase social: los jóvenes de las clases sociales bajas se sentirían relación con un conjunto de intereses comunes, de situaciones ambien-
^ más rudos, fuertes, violentos, peligrosos y audaces que los jóvenes de las clases tales y de problemas cotidianos de sus miembros. La conducta de éste
ürg" "W ^g^jgg- los delincuentes de las clases medias se considerarían a sí mismos más leales, será desviada cuando se enfrente con las pautas convencionales al
é inteligentes, refinados, pulcros y peores que aquéllos. La clase baja quisiera ser (meta
if ideal propia) más dura, fuerte y violenta que la clase media; y esta última, más leal, seguir sus propios valores, lo que sucede a menudo, ya que los individuos
jg, afortunada y firme^^. A conclusiones semejantes llegaron M. ERIKSON y L. EMPEY, de la lower class ante opciones alternativas se rigen por el criterio del
jt también en 1965, al constatar que la pertenencia a una u otra clase conlleva ciertas menor coste y la ventaja inmediata. : Í-J.-ÍÍ :;?.
imágenes, valores y representaciones colectivas cuya repercusión en la conducta del
' " " joven desmiente los esquemas de la teoría de la ocasión diferencial**^. En consecuencia, la oposición a las normas de las clases medias sería
y. un requerimiento subcultural no intencionado, malicioso y directo, sino
Todo ello sugiere, al parecer, la hipótesis de que en un área concreta automático, debido a las diferencias existentes entre los dos modelos,
pueden existir más de un tipo de banda de los descritos por CLOWARD culturales'^''.
y OHLIN (bandas criminales, de conflicto y abstencionistas); además, Para W. MILLER existe, pues, una auténtica cultura de las clases bajas. Y la
aquéllas no se especializarían en particulares clases de conductas cada llamada «subcultura criminal» no sería más que un subproducto de la misma. A su
juicio, la tendencia a asociarse en un grupo de pares del mismo sexo es una
una, siendo menos intensas las obligaciones recíprocas de los miembros característica del estilo de vida de los varones adultos de cíase baja, cuya educación
de las mismas®*. ha corrido a cuenta, por lo general, de mujeres, y que, de este modo, aprenden los
t: •
c) El componente de clase del modelo subcultural, más acusado en aspectos esenciales del rol masculino. Por ello, los principales «valores» y
«estándares» de los adultos de clase baja y de los jóvenes que integran las bandas
CLOWARD y OHLIN que en COHÉN, es otro de los temas polémicos. callejeras (dureza, astucia, etc.) giran en torno a la virilidad^''.
ñ En la moderna Sociología pueden apreciarse dos orientaciones con-
trapuestas: la de W. MILLER, para quien existe u n a cultura de las La hipótesis de MILLER—que, por cierto, no tiene u n a orientación
«clases bajas», autónoma e independiente, y la de otros muchos autores «económica» a pesar de ser u n a teoría de «clase»— parece contar con el
que matizan la correlación subcultura-clase social o incluso la niegan respaldo de diversas investigaciones empíricas realizadas en Gran
(teoría de los «valores subterráneos» de D. MATZAy SYKES), concedien- Bretaña (T. MORRIS, D. M. DOWNES, etc.''^).
do primacía, por ejemplo, a conflictos generacionales o de otro tipo®^.
2') En sentido opuesto, MATZA y SYKES™ (1957) estiman que la':
1') P a r a W. MILLER*^® (1958), el sistema cultural que ejerce una delincuencia juvenil no t r a t a de expresar los valores propios de u n a /
influencia más directa sobre la conducta del joven de las bajas clases subcultura autónoma, supuestamente enfrentada a las normas conven-'
clónales de las clases medias, a los valores homogéneos y uniformes de y
\ <• la sociedad oficial. Por el contrario, ven en la misma u n conflicto í
•^2 FANNIN, L., y CLINARD, M., DilíeroiiOc:. in the Gonception of Selí as a Male generacional que hace surgir a la superficie unos valores «subterráneos» \
among Lower —and Middle—Class Delinquents, en: Social Problems, 13 (1965), de las propias clases medias. , ,, „ ,„ . „ .
págs. 205 a 215. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 190.
^'^ La Mar EMPEY-Maynard EEICKSON, Class Position, Peers and Delinquency, en:
Sociology and Social Research, 49 (1965), págs. 268 a 282. Cfr., SIEGEL, L. J-,
Criminology, cit., pág. 190. :ig9 £ gQ Cfr., PITCH, T. Teoría de la desviación social, cit., págs. 109 y 110.
^* Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 190. í Sobre la «Focal Concern Theory» de MILLER y los valores que desarrolla la «lower-
®^ En general, sobre la correlación «clase social»/«criminalidad», vid. SCHNEIDER, class» (trouble, toughness, smarthess, excitment, fate, autonomy), vid. Lower-Class
H. J., Kriminologie, cit., págs. 407 y ss.; GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y Culture, cit. páginas 14 a 17. íionnívesD s:
sociedad, cit., págs. 142 y ss. Cfr. SCHNEIDER, H. J. Kriminologie, cit., págs 438 y ss. ' 'vT
'^'^ MILLER, W. B., Lower-Class Culture as a GeneratingMilieu of Gang Delinquency, SYKES, G. H., y MATZA, D., Techniques of Neutrahzation: a Theory of Delinquency,
en: The Journal of Social Issues, XIV, TI- 3 (1958), págs. 5 a 19. en: American Sociological Review, XXXI, n^ 6 (1957), págs. 664 a 670. >. LJ. =
834 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 835
P a r a MATZA y SYKES, el joven delincuente no adopta u n a actitud BLOCH y jilED-EEHOFFER (1958) h a n criticado, también, el com-
deliberada de antagonismo o enfrentamiento directo respecto a los poneiíte «clasista» del modelo subculturaij^por entender que la banda es
un fenómeno universal propio de la juventud de todas las clases sociales,
É
valores convencionales, sino que con frecuencia los comparte. De hecho,
tiene mala conciencia al infringirlos, como ponen de relieve las «técnicas que supliría, en las sociedades más desarrolladas, los ritos de transición
de neutralización» o de «autojustificación» que idea para compensar el á la edad adulta de las culturas primitivas. P a r a los autores, la crimina-
complejo de culpabilidad. En la raíz de la delincuencia juvenil se hallan, lidad juvenil tiene u n a explicación «intergeneracional» y no de «clase».
por otra parte, valores cómo W'amor por la aventura y el peligro, el • Las bandas juveniles reflejan los problemas y dificultades de la adolescencia
desprecio de la monotonía cotidiana, la ostentación y la generosidad en frente al mundo adulto, problemas comunes al joven de cualquier clase social, raza
o cultura. Sus índices son más elevados en la juventud de las clases bajas por el
el uso del dinero, tjue sustentan la base ideológica de la leisure class adicional problema de adaptación al statusáe la clase media que padecen aquéllas,
descrita por VEBLEN . ^^^^^^^^ g.^,^^ mmfmm<Sémmmm- pero las causas y formas de manifestación de la misma son idénticas en una y otra
«Hemos supuesto con demasiada facilidad —afirmaba— que el delincuente clase sociaP'*.
onia profesa unos valores desviados y opuestos a los de la sociedad general. Esto se
debe en parte al hecho de que partimos de una visión demasiado simplificada del MANNHEIM (1965), siguiendo semejante enfoque crítico, mantiene
sistema de valores de los individuos que respetan la ley. Con la prisa de crear un
estándar para ponderar la desviación social, hemos reducido el sistema de valores
que la subcultura criminal no es u n fenómeno privativo de los jóvéñé'sde
^1
de toda la sociedad al de la clase media. Hemos ignorado tanto el hecho de que la Tas clases sociales bajas, sino común a todos los estratos sociales,
sociedad no consta exclusivamente de una clase media, como que la clase media constatable, además, en ciertos grupos (occupational or professional
está muy lejos de ser homogénea»^^^ ¡ol sb gbiv 9b oüíae IsbBaiféhsí» groups), actividades e incluso áreas geográficas delimitadas. La llamada
subcultura criminal, a su juicio, representa la parte visible de un
MATZA y SYKES apelan a dichos «valores subterráneos» de las iceberg; porque detrás de esa minoría juvenil que viola las leyes se halla
clases medias; valores que están en conflicto, sin duda, con otros valores un amplio y vasto sector social de la misma clase y de la misma
de la misma clase, pero que, a pesar de ello, son reconocidos y aceptados subcultura, que directa o indirectamente la apoya y la alienta, como los
por muchos en el marco de u n código axiológico no siempre armonioso y delincuentes de «cuello blanco» son respaldados por su subcultura^®.
coherente: la exaltación del riesgo y la aventura, del trabajo fácil, de la
Existe, pues, una subcultura criminal no sólo en ciertos sectores de la
agresividad y la violencia, propugnados por u n a supuesta subcultura
clase trabajadora o de las bajas clases sociales, sino mutatis mutandis,
juvenil autónoma, no difieren en absoluto de la ideología de la leisure de
también en las clases sociales privilegiadas, en las clases medias, etc. La
las clases medias.
white-collar crime o ciertos gremios de pequeños comerciantes y cons-
Según esto, el joven delincuente no es un extraño en el cuerpo social, tructores son ejemplos indiscutibles de subculturas. ^,. . „-.,^,„
sino un reflejo o caricatura inquietante de éste'''^. Pertenece a una •> 1^ ,9VüL lli S9U£
La única diferencia —más especulativa que empírica— que existe entre la
situación de élite que «consume sin producir»; contexto propicio para que subcultura criminal descrita por COMEN, CLOWARD y OHLIN y estas otras
afloren los «valores subterráneos» que el joven adopta. La delincuencia subculturas, viene dada por sus respectivas clientelas: la primera se nutre funda-
juvenil va unida más a u n conflicto generacional que a u n problema de mentalmente de jóvenes y adolescentes, estas últimas de adultos de los más
diversos ámbitos de la vida social^''.
«clases sociales».
Por ello, MANNHEIM considera necesario ampliar el objeto de los estudios
subculturales, aplicando este análisis a la criminalidad de los adultos de todas las
of
clases sociales. . . . .
:> si omc'} ,sbjoo0Oj -njín íjñnEjjríaíívxix Brn.'j
71 VEBLEN, T., Teoría de la clase ociosa, México, Fondo de Cultura Económica. «' •• ••,'íj'fobBJiJUí sb 'íoqil RohBv isi'ífta'f9ÍD oh.ja ,iT9GI) ITlí3ÁíIííiá"i
72 MATZA, D., y SYKES, G. H., Juvenile Delinquency and Subterranean Valúes, en:
American Sociological Eeview, XXVI (1961), págs. 715 y ss.; Cfr. PITCH, T., Teoría |
de la desviación social, cit., págs. 110-111. '" BLOCH, H., y NIEDERHOFFER, A., The Gang: A Study of Adolescent Behavior,
1958. New York, págs. 54 y ss.
MATZA, D., y SYKES G. H., Juvenile Delinquency and Subterranean Valúes, cit.,
^ MANNHEIM, H., Comparativo Criminology, cit., II, pág. 514. niKMj
página 717. En sentido crítico, PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs-
'^^ MANNHEIM, H., Comparative Criminology, cit., II, pág. 514. '¡'¡'•AÓS ... -
111 y 112. i, ;: ,. .
836 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 837
Pero en los últimos lustros, la desmedida relevancia que otorgan al gubcultura, tratando de verificar h a s t a qué punto es posible provocar
factor «clase social» las teorías subculturales cuenta ya con un significa- tales cambios en la misma desde «fuera»™.
tivo rechazo doctrinal avalado por numerosas investigaciones empíri-
En cuanto a las perspectivas de futuro del enfoque subcultural, existe
cas. Se ha llegado a la conclusión de que los modelos subculturales diversidad de opiniones.
/] exacerban, sin motivo alguno, el impacto criminógeno de la pertenencia
del joven delincuente a los bajos estratos sociales. Las teorías del control , Un sector doctrinal considera ya agotada la aportación del mismo,
I social y del conflicto —y, sobre todo, muy diversas investigaciones siendo partidario de compensar su inevitable ambigüedad e imprecisión
I empíricas al respecto— ponen de manifiesto que la cifi-a y tasas «reales» con una apertura o planteamientos «psicosociales» enriquecedores^".
y-/ de criminalidad (otra cosa son las «oficiales») no se distribuyen a lo largo Otros autores, por el contrario, detectan a partir de los años sesenta
/ de la pirámide social de acuerdo con el criterio de la pertenencia del un profundo cambio social que obliga a replantear sobre bases distintas
individuo a u n a u otra clase social. Antes bien, los «informes de el fenómeno de las subculturas. La oposición o rechazo de los valores
autodenuncia» y otras técnicas de estimación de la criminalidad real convencionales de las clases medias no es hoy ya privativo de la lower
demuestran que no hay diferencias significativas entre la criminalidad
class. Los respectivos contornos de la delincuencia juvenil «gratuita»,
de los jóvenes que pertenecen a bajos estratos sociales y la criminalidad
«maligna» y «destructiva» de las bajas clases sociales y la representada
[ de los jóvenes de otros estratos sociales. Lo que sí existe es u n muy
por otros movimientos sociales o políticos juveniles de las propias clases
! desigual reparto de las «chances» de resultar criminalizado y de la medias parecen más difusos. Ello ha modificado sustancialmente el
efectiva distribución oficial de la criminalidad, como las estadísticas cuadro interpretativo tradicional que circunscribía y limitaba la delin-
revelan. cuencia juvenil subcultural a u n sector muy preciso de la población: un
Las aportaciones, entre otros, de G. HARDMAN, F. L NYE, J. F. sector con problemas de adaptación que le impelían a optar por compor-
. SCHORT, V. J. OLSON, M. GOLD, D. REIMER, CH. R. TITTLE, W. J. tamientos desviados, incomprensibles desde la ética «utilitarista» de las
VILLEMEZ, D. A. SMITH, etc., desmitificando viejos tópicos de la clases medias.,,,;j,.:o C^^PÚMÜÍ cuunm- íüCMizan la füadtvre?; por fi!t:
Sociología Criminal de la mano de la experiencia empírica, refuerzan la El estudio de las «subculturas» —y de las «contraculturas»— según
citada tendencia crítica hacia los modelos subculturales, si bien desde este punto de vista, trascendería el ámbito de laloiver class, permitiendo
u n a perspectiva diferente^^. en un futuro próximo la comprensión unitaria de numerosos movimien-
i:, I No deja de ser significativo que uno de los últimos desarrollos teóricos del modelo tos protesta de amplia extracción social y sólo a p a r e n t e m e n t e
^,, subcultural —el de TH. N. FERDINAND, formulado en 1980 («Delincuency in heterogéneos®^ ^
Developing and Developed Societies», D. Shichor/Delos H. Kelly editores: Critical
Issues in Juvenile Delincuency. Toronto, págs. 279 a 296— prescinda de las
connotaciones «económicas» y de «clase». .„
•fi'ij's-rrtf-i ! f f i l i a l 1»*^
la lower class, debido a u n a serie de déficits y carencias que concurren 2. T E O R Í A S D E L A P R E N D I Z A J E SOCIAL («SOCIAL
en el mismo (pobreza, bajo status, etc.), pero, sin duda, también los LEARNING»)^
individuos de la clase media y alta pueden devenir delincuentes si sus
procesos de interacción con las instituciones sociales resultan pobres o Las teorías del aprendizaje social parten de la hipótesis de que las
destructivos. claves de la conducta h u m a n a hay que buscarlas no en determinados
rasgos inconscientes de la personalidad, ni en el desarrollo cognitivo de
Las t e o r í ^ dql «pi:oc9sp so^ialv en todo caso, ofrecen diversas res-
patrones, o modelos de comportamiento durante la infancia del indivi-
puestas al problema de la criminalidad y su génesis. Cabe hablar
duo, sino en el aprendizaje que la experiencia vital diaria le depara a
básicamente de tres subgrientaciones^: las teorías del aprendizaje social
éste^. El hombre actuaría de acuerdo con las reacciones que su propia
(social learningX'TSs teorías del control social (control theóryT^nag-— conducta recibe de los demás, de modo que el comportamiento individual
teorías del etiquetamiento o de la reacción social (labeling ápproacK~ se halla permanentemente modelado por las experiencias de la vida
Derstfective) cotidiana. Según este punto de vista, el crimen es u n a respuesta a
_ _„ ^ ' Qh aóonIII snu ^BnamiíaIs aiíp 8B1 fiíBqa^:•
rC) P a r a las primeras, el crimen es producto de un proceso de aprendizaje situaciones reales que el sujeto aprende: nada necesariamente anormal
social, normal. El comportamiento criminal se aprende, del mismo modo ni signo de una personalidad inmadura^: u n comportamiento o hábito
que el individuo aprende también tantas conductas y actividades lícitas adquirido, como BANDURA ha tratado de demostrar, siguiendo un
o meritorias, en su interacción con otras personas y grupos, a través de modelo psicológico, a propósito de la criminalidad violenta''. El delin-
un complejo proceso de comunicación. Se aprenden así no sólo las cuente aprende normas, valores y conductas asociadas a la actividad
conductas delictivas, sino los propios valores criminales, las técnicas criminal; esto es, el aprendizaje social incluye no sólo las pautas
comisivas y los m e c a n i s m o s subjetivos de r a c i o n a l i z a c i ó n o delictivas, sino también las técnicas adecuadas para llevarlas a cabo y
autoiustificación del comportamiento desviado. , • ' una gama de mecanismos psicológicos de autodefensa y aseguramiento
r"' . ' ~ . . (vg., neutralización del complejo de culpabilidad, etc.).
\ Según las teorías del control, todo individuo podría actuar criminal-
mente, si bien dicho potencial delictivo es neutralizado por sutiles
vínculos sociales que reclaman de aquél u n a conducta conformista. ^ Sobre las teorías del aprendizaje, vid. E. M. GAGNI, The Conditions of learning,
New York (1970), HOLT, RINEHAKT and WINSTON; Melvin H. Marx (edit.),
Cuando fracasan dichos mecanismos de control, quiebra su lógico Learning: Theories, 1970; Learning: Interactions, 1970; y Learning: Processes,
sometimiento al orden social y se produce el delito, asnevoi, at 1969 (Macmillan, New York); E. A. LUNZER y J. F. MORRIS, edit., Development
(^' Por último, la teoría del labeling approach contempla el crimen como in Human Learning, New York, 1968, Elsevier; J. DEESE y S. H. HULSE, The
mero subproducto del control social; el individuo se convierte en delin- Psychology of Learning, New York, 1967 (McGraw-Hill); J.-F. HALL, ThePsychology
of Learning, Philadelphia, 1966 (Lippincott); L. E. ROSS, Learning Theory, en:
cuente no porque haya realizado u n a conducta negativa, sino porque
International Encyclopedia of the Social Sciences, New York, 1968 (Macmillan y
determinadas instituciones sociales le h a n etiquetado como tal, habien- Free Press); C. R. JEFFERY, Criminal Behavior and Learning Theory, en: Journal
do asumido el mismo dicho «status criminal» que las agencias del control of Criminal Law, Criminology and Pólice Science, 56 (1965), págs. 294 a 300; D.
social distribuyen de forma selectiva y discriminatoria. El labeling GLASER, Criminality Theories and Behavioral Images, en: American Journal of
approach, por ello, no es u n a teoría de la criminalidad, sino de la Sociology, 61 (1956), págs. 433 a 444; Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology,
cit., págs, 229 y ss. Vid. supra, capítulo XIV.
«criminalización», que se aparta del paradigma etiológico convencional
Vid. SKINNER, B. F., The Behavior of Organism: An Experimental Analysis (New
y potencia al máximo el significado de la «desviación secundaria» York: D. Appleton), 1938, cit., por SIEGEL, L. J., Criminology, pág. 145.
(carreras criminales). ^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit. págs. 145 y 146.
', Sül
Sobre la adquisición y aprendizaje de pautas de conducta violentas, vid. BANDURA,
ni'V ,<IJO\ •J\ A., Aggression: A Social Learning Analysis, 1973, Englewood Cliffs, N. J.: Prentice-
iU'í: ijéq . ia .vgokíriirai'' Hall; del mismo: Social Learning Theory, 1977 (id.); The Social Learning Perspective:
• -'r- ' '-'• - -, .•i!i 9 . í r p • Mechanisms of Aggression, en: Psychology of Crime and Criminal Justice, 1979,
New York, Holt, Rinehart and Winston (edit. H. Toch), cfr. SIEGEL, L. J.,
fl
|í> f l ' i f T !
En este sentido, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 201 y ss. .1 r; Criminology, cit., pág. 146.
842 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 843
Cuatro son las formulaciones más conocidas de la teoría del aprendi- cia (IQ) del infractor, llegó a la conclusión de que no puede referirse la
zaje social: v^njieatj, uaju flííiíw», <íw.'>^ pvi'u, as conducta desviada a disfunciones o inadaptación de los individuos de la
^:,e la c\ii:$e medi,a y alta puedíjn '--• - " lower class, sino al aprendizaje efectivo de valores criminales, hecho que
podría suceder en cualquier cultura^^
A) Teoría de la asociación diferencial (SUTHERLAND y
Su punto de vista inicial, después rectificado'^', era, pues, netamente sociológico,
CRESSEY)i° ya que polarizaba el análisis en tomo a las relaciones sociales (frecuencia, intensi-
Se propugna ya por E. H. SUTHERLAND en los años treinta", y, dad y significado de la asociación), minimizando el interés de los rasgos diferenciales
de la personalidad del individuo'*. En un principio, además, SUTHERLAND
posteriormente, también por su colaborador D. CRESSEY. circunscribió su teoría de la asociación diferencial a ciertas clases de delitos
a) El primero, en sus investigaciones sobre la «criminalidad de cuello (actividad delictiva sistemática, profesional, etc.) para configurarla, después, como
teoría generaiizadora válida para explicar cualquier comportamiento criminal'^
blanco», la delincuencia económica profesional y los niveles de inteligen- Concretamente, la aplicó en su famosa obra «White Collar Grime»'^.
R R: Bffij 3S na.mr'D ís .Bíaiv '>fc oímia BÍSB aim'
a') El presupuesto lógico de la teoría sutherlaniana del aprendizaje
1" Sobre la teoría de la «asociación diferencial», vid.: M. E. OLSEN, The Process of viene dado por la idea de organización social diferencial, que, a su vez,
Social Organization,NewYork(1968),Holt,RinehartyWinston;D.MAETIND ALE, conecta con las concepciones del conflicto social.
Institutions, Organizations and Mass Society, Boston, 1966 (Houghton Mifflin); D.
R. CRESSEY, Application and Verification of the Differential Association Theory, Organización social diferencial significa que, en el seno de la comu-
en: Journal of Criminal Law and Criminology, 43 (1952), págs. 51 y 52; del mismo: nidad, existen de hecho diversas «asociaciones» estructuradas en torno
Other People's Money, The Free Press, Glencoe (Illinois), 1953 págs. 147 a 151; del
a también distintos intereses y metas. El vínculo o nexo de unión que
mismo: The Differential Association Theory and Compulsive Crimes, en: Journal
of Criminal Law Criminology and Pólice Science, 45 (1954), págs. 49 a 64; J. F. integra a los individuos en tales grupos y subgrupos constituyendo el
SHORT, Jr., Differential Association and Delinquency, en: Social Problems, 4 sustrato psicológico real de los mismos es el ostentar unos intereses y
(1957), págs. 233 a 239; del mismo: Differential Association with Delinquent proyectos comunes que se comunican libremente unos miembros a otros.
Friends and Delinquent Behavior, en: Pacific Sociological Review, 1 (1958), págs. Dada la divergencia que existe en la organización social, resulta inevi-
20 a 25; también: Differential Association as a Hypotesis: Problems of Empirical
Testing, en: Social Problems 8 (1960), págs. 14 a 25, A. J. REISS, Jr., y L. RHODES,
An Empirical Test of Differential Association Theory, en: Journal of Research in
Crime and Delinquency 1 (1964), págs. 5 a 18; M. L. DE FLEUR y R. QUINNEY, 12 E. H. SUTHERLAND, «White Collar Criminality», en: American Sociological
A Reformulation of Sutherland's Differential Association Theory and a Strategy of Review, 5 (1940), págs. 2 a 10. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 202.
Empirical Verification, en: Journal of Research in Crime and Delinquency, 3 1^ SUTHERLAND admitió solo excepcionalmente una eventual incidencia de los
(1966), págs. 1 a 22; SH. GLUECK, Theory and Fact in Criminology: A Criticism of factores individuales en la «asociación», llegando a ejemplificar que diferentes
Differential Association, en: British Journal of Delinquency, 7 (1956), págs. 92; a trazos de la personalidad o circunstancias ambientales podrían afectar el contacto
/ •• 109; J. B. CORTÉS, Delinquency and Crime, Seminar, New York, 1972, págs. 166 con los modelos criminales (Principies of Criminology, cit., 1939, pág. 7). Pero en un
a 178, L. REED ADAMS, The Adequacy of Differential Association Theory, en: trabajo postumo del autor éste afirmaba que no es posible explicar el delito con la
Journal of Research in Crime and Delinquency, 11 (1974), págs. 1 a 8; R. L. sola hipótesis teórica de la asociación diferencial, considerando imprescindible la
BURGESS y R. AKERS, A Differential Association. Reinforcement Theory of inclusión de las diferencias individuales en una teoría global (E. H. SUTHERLAND,
Criminal Behavior, en: Social Problems, 14 (1968), págs. 128 a 147; REED ADAMS, Critique of the Theory, en: The Sutherlands Papers, Indiana University Press,
Differential Association und Learning Principies Revisited, enj^ocial Problems, 20 1956, Bloomington A. K. Cohén, A. R. Lindesmith y K. Schuessler, edit.). Como
(1973) págs. 458 a 470; A. COHÉN, A. LINDESMITH y K. SCHUESSLER, The observa BALAN SONLO, K. (Subcultura y delito, cit., pág., 152) en dos matices
Sutherland Papers, Indiana University Press, 1956, Bloomington; A. E. LISKA., importantes se aparta SUTHERLAND de los postulados de la Escuela de Chicago.
Interpreting the Causal Structure of Differential Association Theory, en: Social Primero, entiende que los factores socioeconómicos no deciden por sí solos el delito
Problems, 16 (1969), págs. 485 a 492; JEFFERY, C. R. Crime Prevention Through (vg., White-collar Crime). Segundo, estima imprescindible añadir al análisis
Environmental Design, Sage, 1977, Beverly Hills (págs. 235 a 267 y 311 a 318); del sociológico del crimen, una perspectiva individualizadora (psicologicista).
mismo: Criminal Behavior and Learning Theory, en: Journal of Criminal LaW, ^ En este sentido, VOLD, G. B. Theoretical Criminology, cit., pág. 235.
Criminology and Pólice Science, 56 (1965), págs. 294 a 300. ^'^ Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 237.
" E. H. SUTHERLAND, Principies of Criminology, Philadelphia-Lippincott, 1939, Dryden Press, New York (1949), capítulo 14, págs. 234 a 256 («A Theory of White
págs. 4 a 9. Collar Crime»).
844 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 845
table que unos de esos muchos grupos suscriban y respalden modelos de 2'. La conducta criminal se aprende en interacción con otras personas,
conducta delictivos; que otros adopten u n a posición neutral, indiferente- mediante u n proceso de comunicación.
y otros, por último, se enfrenten de modo activo a los valores criminales Según SUTHERLAND, por tanto, se requiere un aprend/zajeact/vo'por paú.e áe\
y profesen los valores mayoritarios^^. individuo. No basta con vivir en un medio criminógeno, ni con manifestar, por
supuesto, determinados rasgos de la personalidad (bajo cociente intelectual) o
f^^'La denominada «asociación diferencial» será, pues, u n a consecuencia situaciones frecuentemente asociadas al delito (desorganización familiar, por ejem-
lógica del principio de aprendizaje a través de asociaciones o contactos plo). Para convertirse en delincuente es necesario un proceso de aprendizaje de las
en u n a sociedad plural, conflictiva^®. paajtas y modelos criminales; proceso en el que participan activamente los demás^^.
De hecho, SUTHERLAND evoca explícitamente la teoría del conflicto SUTHERLAND a s u m e de este modo el p u n t o de vista del
sociaP^ El crimen, a su juicio, tiene naturaleza política: es producto de
interaccionismo de MEAD y DEWEY, rechazando los postulados
definiciones emanadas de ciertas autoridades; definiciones —añade—
mecanicistas del behavorismo entonces imperante. El autor acentúa la
que en la sociedad conflictiva no siempre se comparten por todos los
trascendencia de la «interacción social» y basa el aprendizaje en un
grupos. La adquisición por el individuo de un determinado comporta-
proceso de «comunicación»^^.
miento es un proceso de aprendizaje social, no político-legal. La capaci-
dad o destreza y la motivación necesarias para el delito se aprenden a 3'. La parte decisiva de dicho proceso de aprendizaje tiene lugar en el
través del contacto con valores, actitudes, definiciones y pautas de seno de las relaciones más íntimas del individuo con sus familiares y
conducta criminales. allegados. La influencia criminógena depende del grado de intimidad
del contacto interpersonal.
b') P a r a SUTHERLAND no se «nace» delincuente. El crimen no se
«hereda» ni se «imita»^° ni se «inventa»; ni es algo «fortuito» o «irracio- Es muy inferior, por ejemplo, la de los poderosos medios de comunicación de
masas que la de familiares, amigos o pares, porque estos últimos matizan la
nal»: el crimen se aprende. El autor resumió su teoría de la asociación interpretación de las experiencias diarias y contribuyen de un modo muy eficaz a que
diferencial con nueve proposiciones^i: aHmbobéíWpaeffiifl^i el individuo supere la barrera del control social y asuma los valores delictivos^".
•' 1'. La conducta criminal se aprende. Se aprende como se aprende
también el comportamiento virtuoso o como el hombre aprende cual- 4'. El aprendizaje del comportamiento criminal incluye el de las
quier otra actividad: a través de idénticos mecanismos. técnicas de comisión del delito —muy simples, a veces, muy sofisticadas,
otras—, así como el de la orientación especifica de los correspondientes
móviles, impulsos, actitudes y la propia racionalización de la conducta
" Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 236. Como advierte BALAN
delictiva.
,; SONLO, K. (Subcultura y delito, cit., pág. 153) SUTHERLAND pretendía armoni-
,.._-. zar el análisis sociológico y el psicológico del delito, buscando u n a teoría Se aprende, pues, no sólo el modelo o pauta de comportamiento criminal, sino
,¡ omnicomprensiva válida tanto para el hecho colectivo del crimen como para su también el modus operandi o técnicas de ejecución del mismo; se aprende el
:; , dimensión individual, tanto para el rico como para el pobre, para el joven o el adulto. lenguaje (argot) y demás símbolos e instrumentos de comunicación con el mundo
I De ahí la finalidad de dos conceptos paralelos usados por el autor: organización criminal; se aprende, por último, el propio rol criminal, que el individuo asume y
diferencial (delito como fenómeno «social») y asociación diferencial (comportamien- racionaliza (mecanismos de refuerzo y autojustificación que tratan de neutralizar la
to delictivo individual). conciencia de culpabilidad), etc.
1** Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 236 y 237. Para el autor, esta Esto es, se trata de un proceso de aprendizaje como cualquier otro.
teoría significa tanto como afirmar que «quien anda con ladrones es muy probable
que termine convirtiéndose también en un ladrón»; que «quien se asocia con ¡rf> ÍR !rí>')r.nDJobnhí Aiof! 'ííair>'!''>ií f iisiiotíaiTít 'Min Í'O BÍ>?,b9nt BIÍIÜ
metodistas antes que con católicos romanos es más lógico que acabe siendo
metodista». ^^ «La criminalidad no puede producirse sin la ayuda de los demás» (Cfr. SIEGEL, L.
19 Cñ-. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 202. , M ?„ ^ J., Criminology, cit., pág. 203).
20 Resaltando las diferencias entre SUTHERLAND y TARDE (contra la opinión de ^^ Vid. BALAN SONLO, K., Subcultura y delito, cit., pág. 153.
MANNHEIM), vid. BALAN SONLO, K., Subcultura y delito, cit., pág. 153. ^^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 203. En sentido opuesto al de
21 E. H. SUTHERLAND y D. CRESSEY, Principies of Criminology, cit. (10^ ed.), págs- SUTHERLAND (en cuanto a la influencia de los medios de comunicación) se
80 a 82. pronuncia BANDURA.
846 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 847
c) CRESSEY, discípulo y colaborador de SUTHERLAND, es, desde el diversas objeciones, por su vaguedad, déficit empírico y excesivos
fallecimiento de éste en 1950, el principal valedor de la teoría de la niveles de abstracción.
asociación diferencial. E n un conocido trabajo^®, ha sistematizado y
Se ha censurado, por ejemplo, laambigüedad de la proposición sexta
tratado de contrarreplicar las principales objeciones dirigidas hasta
sutherlaniana. ¿Qué significa un «exceso» de definiciones favorables al
entonces contra aquélla, precisando proposiciones equívocas de la for-
comportamiento delictivo? ¿Ha contado alguien realmente —objetan
mulación sutherlaniana inicial.
entre otros, SH. GLUECK*^— el número de los modelos que favorecen
En este sentido —puntualiza CRESSEY— la teoría de la asociación una infracción de la ley y el de los que no favorecen la misma? ¿Ha sido
diferencial no establece una correlación directa entre el número de posible demostrar que en la experiencia predelictiva de la mayoría de los
contactos personales del individuo con modelos delictivos y el aprendi- criminales aquéllos h a n sobrepasado a éstos?*^. Dicha premisa, pues,
zaje de éstos, pues en tal caso habría que admitir que precisamente padece un elevadísimo grado de abstracción*^ y resulta difícilmente
quienes combaten el delito (policías, jueces, etc.) están más expuestos a verificable desde u n punto de vista empírico*'^.
la influencia de las pautas criminales por su continuo y estrecho trato Por ello, DE FLEUR y QUINNEY han tratado de reformularla acudiendo a la
con delincuentes. Lo decisivo, segiin el autor, no es la mera conexión con lógica simbólica y al modelo interaccionista. Según tal planteamiento, el aprendizaje
éstos, sino el hecho de que prevalezcan las definiciones favorables a la de motivaciones, actitudes y técnicas criminales, así como el predominio de los
criminalidad^''; no es la cantidad, sino la calidad del modelo lo que modelos delictivos sobre los convencionales, debe explicarse como un proceso que
tiene lugar en los grupos primarios del individuo y a través de una interacción
importa. si''t^¡nMiíii£'tíf^ií; ':^"sí^m'¿n 'Áúi-f,kr>x*ír^x'''éáñÚAU^it4,i'-éání- simbólica*^
"' Por otra parte, añade CRESSEY, el predominio de los modelos
delictivos no significa que deban ser necesariamente criminales los Un sector de la doctrina cuestiona el propio valor etiológico de la [
propagadores de tales pautas de conducta. Malos consejos paternos o la teoría anahzada. Las investigaciones de SHORT, REISS y RHODES — U*
admiración de la sociedad hacia ciertos crímenes impunes (juego, white- se dice— pueden demostrar sólo que los delincuentes tienden a asociarse
collar crime, etc.) tienen, también, un impacto antipedagógico indiscu- y relacionarse ante todo con otros delincuentes, pero no que dichas
tible aunque no procedan de violadores de la ley^® > ,,) ,;,j,. conexiones o contactos sean precisamente la causa de la criminalidad.
Con todo, CRESSEY reconoce que la teoría de la asociación diferencial de
Se trataría, más bien, de u n a consecuencia lógica: el individuo procura
nóiost SUTHERLAND no explica por qué una persona expuesta a la influencia de modelos siempre seleccionar a sus afines, a quienes manifiesta ideas, actitudes
í'3 f'ó' criminales sucumbe a la misma, mientras otra, en idénticas condiciones, es capaz y conductas semejantes a l a s propias**'. La cuestión sería, entonces, otra:
de superarla. Tampoco sería correcta ni realista la suposición de que todo acto
criminal responde aun aprendizaje de pautas sistemáticas y racionales de conducta:
tal prejuicio desconoce la existencia de crímenes absurdos producto del aislamiento
y anonimato dej autor^^
*^ Así, GLUECK, SH., Theory and Fact in Criminology: A Criticism of Differential
Association, en: British Journal of Delinquency, 7 (1956), págs. 92 a 109.
d) La teoría de la asociación diferencial aporta u n modelo teórico *^ Sobre el problema, vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 50 y bibliografía
generalizador, capaz de explicar también la criminalidad de las clases allí citada.
medias y privilegiadas'^''. Sin embargo, se h a n dirigido a la misma *^ Así, M. L. DE FLEUR y R. QUINNEY, A Reformulation of Sutherland's Differential
Association. Theory and a Strategy of Empirical Verification, en: Journal of
Research in Crime and Delinquency, 3 (1966), pág. 22.
*** Así, SHORT, J. F. (Jr.), Differential Association as a Hypothesis: Problems of
^** CRESSEY, D. Epidemiologies and Individual Conduct: A Case from Criminology, Empirical Testing, en: Social Problems, 8 (1960), pág. 24. Cfr. VOLD, G. B.,
en: Pacific Sociological Review 3 (1960), págs. 128 a 147. Cit. por SIEGEL, L. J-, Theoretical Criminology, cit., pág. 241.
Criminology, cit., pág. 230. •. 'w ^.-ir.un J . . I , J H / *^ M. L. DE FLEUR y R. QUINNEY, A Reformulation of Sutherland's Differential
^'' Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 205. Association Theory..., cit., pág. 9. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit.,
'* Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 205. pág. 241.
^s Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 206. *^ «Birds of a feather flock together», afirman gráficamente los GLUECK (GLUECK,
"" Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit. pág. 206. SH., y GLUECK, E. T., Unraveling Juvenile Delinquency, New York, 1950,
850 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 851
¿Por qué pertenece un individuo a la asociación a la que pertenece y no ¿Hasta qué punto no sería más cierto, afirma GLUECK, que ciertas técnicas
a otra? ¿Por qué busca determinadas esferas de contacto a menudo criminales son «inventadas» —no «aprendidas»— por el individuo, y que se aprende
ajenas y distantes de su medio, mientras otras personas de su entorno más aún el comportamiento convencional que el propio comportamiento delictivo?^".
rechazan estas conexiones?*^.
Las pretensiones generalizadoras de la teoría de la asociación dife-
¿Cómo explicar, según corroboran investigaciones llevadas a cabo en Tubinga
,, con reclusos y el correspondiente grupo de control, que ciertos marcos de relaciones
rencial constituyen, sin duda, el «talón de Aquiles» de la misma, porque
' . y contactos, completamente naturales para unos, resultan inaceptables para otros, 'no todo crimen es producto de u n aprendizaje social normal. Puede
•' • aun cuando la distancia entre el medio familiar y aquellas zonas era aproximadamen- explicar probablemente ciertos hechos delictivos, de acuerdo con el más
3< te la misma para los individuos de ambos grupos?"**. limitado alcance que atribuía el propio SUTHERLAND a este esquema
^;fi i3 ív^N^Krax; .liqavimsmmM&Mmiim^fi
teórico en su formulación inicial (actividad delictiva sistemática y
En todo caso, parece desmedido e incorrecto el intento de reconducir profesional)^®; tal vez, también, aquellos otros que cometen ciudadanos
toda actividad criminal a un proceso social, normal, de aprendizaje. Hay «honrados» con cierto beneplácito social, según confirman los self-
sin duda, experiencias que no son aprendidas*^, factores ocultos e reporter-studies^^ (corrupción, lesiones y daños con motivo de conflictos
inconscientes^" que influyen en la conducta. El crimen no siempre laborales o acontecimientos deportivos, defraudaciones fiscales, etcéte-
responde a patrones racionales y utilitarios: existen crímenes absurdos, ra). Pero no todos''''.
ocasionales, espontáneos, impulsivos, ajenos por completo a cualquier
mecanismo de aprendizaje^^ La teoría de la asociación diferencial
menosprecia los instintos primitivos del individuo (agresividad, sexua- B) Teoría de la «identificación» diferencial (GLASER)
lidad, posesión, etc.): instintos que explican numerosas conductas La convicción de que el concepto sutherlaniano de aprendizaje,
antisociales del niño y no cabe atribuir a aprendizaje social alguno'^^; debidamente revisado, ofrece un marco teórico satisfactorio para anali-
además, no pondera suficientemente las diferencias individuales, igno- zar la conducta delictiva, explica se hayan formulado desde entonces
rando que aun cuando la personalidad criminal no se hereda, determi- diversos esquemas y modelos que toman como punto de partida la teoría
nados rasgos o trazos del individuo generan en éste probablemente un de la asociación diferencial. . ^ . . —c ,_i
potencial criminógeno más elevado que en quienes carecen de tales
factores^^. Es el caso de D. GLASER®^ y su teoría de la «identificación», según la
cual el aprendizaje del delito implica más identificación con roles
criminales que asociación o contactos con delincuentes.. -—>,«
P a r a GLASEE, la criminalidad no se produce por interacción directa cación con criminales en los mass media), bien como reacción negativa
o comunicación con grupos sociales y sus subculturas, esto es, por contra las fuerzas que se enfrentan a la criminalidad^^.
aceptación de sus correspondientes modelos de conducta, sino a través
de sutiles mecanismos de identificación con determinadas personas que No obstante, la teoría de la «identificación» de GLASEE concibe la
proporcionan al individuo sus propias pautas de comportamiento. Iden- conducta delictiva como u n a conducta que el individuo preselecciona
tificación, afirma GLASEE, equivale a «elección de otra persona, desde intelectualmente y aprueba de antemano, descartando la posibilidad de
cuya perspectiva observamos nuestra propia conducta»^®. En el curso de situaciones casuales donde no operan tales mecanismos de identifica-
complejos procesos sociales, continúa GLASEE, el individuo elige deter- ción. Lo que, probablemente, más que ajustarse a la realidad no es sino
minadas personas o grupos sociales, con los que se identifica. No es un prejuicio con desmedida carga especulativa'^''.
necesario que coincida físicamente con ellos, ni que pertenezcan a su
entorno: les elige y toma de los mismos sus valores, actitudes y modelos.
No se «asocia», sino «identifica» con unos y otros. Í?|*ÍÍ« C) Teorías del refuerzo diferencial (Differential Reinforcement) y
del condicionamiento operante (operant conditioning)
«Una persona sigue el camino del crimen —concluye GLASEE— en
la medida en que se identifica con personas, reales o ficticias, desde cuya Tales teorías son u n intento de explicar el crimen como u n a modali-
perspectiva su conducta criminal parece aceptable»''". Tal teoría pone el dad más de comportamiento «aprendido», si bien incorporando al modelo
acento en los procesos de interacción, que mediatizan la elección de los de aprendizaje de SUTHEELAND diversos elementos de la teoría
modelos, incluyendo la interacción del individuo consigo mismo en la conductista''^ como son los «estímulos reforzadores».
racionalización de su propia conducta. Esta perspectiva hace que la De suerte que estamos en presencia de u n a reformulación de los
teoría de la identificación sea diferenciada para cada caso individual de esquemas originarios de SUTHEELAND, matizados con uno de los
criminalidad, integrativa de las condiciones anómicas, de las fi"ustracio- enfoques de la moderna teoría psicológica (fundamentalmente, el deno-
nes precedentes, de los códigos morales aprehendidos, de la participa- minado «condicionamiento operante»).
ción en el grupo o de otros elementos de la vida de u n individuo^^.
A pesar, pues, del sustrato psicologicista que subyace a cualquier
La reformulación que lleva a cabo GLASEE tiene el mérito de teoría del «aprendizaje» —y que ya fue objeto de examen pormenorizado
incorporar la teoría de los roles y otros aspectos de los modelos actuales en el capítulo XIV de esta obra— se justifica ahora y en este lugar una
del aprendizaje al esquema inicial de SUTHEELAND, excesivamente nueva referencia a ciertos autores (BUEGESS, AKEES, etc.) porque
rígido, haciéndose eco, además, del incuestionable impacto de los medios priman en los mismos la clave sociológica sobre el e n t r a m a d o
de comunicación de masas en la conducta del individuo, problema éste psicologicista y, en todo caso, por la afinidad de sus posiciones a las de
muy minimizado por SUTHEELAND^l Así, GLASEE resaltaría la SUTHEELAND.
posibilidad de una identificación del individuo con delincuentes, bien a
Para la teoría del «refuerzo diferencial», el crimen es un comporta-
través de u n a relación positiva con los roles criminales (vg., la identifi-
miento aprendido; pero el mecanismo de adquisición se precisa mejor
con ayuda del denominado «condicionamiento operante» (aprendizaje a
través de las consecuencias de la acción misma), bien a través de
situaciones no «sociales» —que refuercen o impliquen u n a discrimina-
^^ D. GLASEE, Criminality Theories and Behavioral Images, cit., pág. 440. Cfr.
1 ...nt.^ A tí mA-^íhf' A' a fi y'^'^O'.r,
GÓPPINGER, H., criminología, cit., pág. 51.
'"' D. GLASEE, Criminality Theories and Behavioral Images, cit., pág. 440. Cfr.
GÓPPINGEE, H., Criminología, cit., pág. 51. ga T •
®^ D. GLASEE, Differential Association and Criminological Prediction, en: Social ^'•^ Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 51. . '] J>
Problems, VIII n'' 1 (1960), págs. 6 a 14. Cfr. T. PITCH, Teoría de la desviación ''* Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, c i t , pág. 51. -., ' ' v
social, cit., pág. 66. '^^ Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 206; PITCH, T., La teoría de la desviación
*^^ Así, VOLD, G. B., Theoretical Crimninology, cit., pág. 242. - í 3 .rsaluf'. ir. •Jo social, cit., págs. 67 y ss.
854 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 855
ción a favor de la conducta delictiva— bien en el marco de la interacción y de controlar los mecanismos de refuerzo e inhibición antes citados
social, cuando la conducta de los otros produce semejante impacto. (asociación diferencial).
En estos términos, la teoría se presta a u n a verificación empírica más Una determinada conducta tiene lugar, según esto, cuando el individuo percibe
las ventajas de la misma sobre sus alternativas; es decir, cuando los mecanismos
fácil, sobre todo en las experiencias de laboratorio con pequeños grupos. de refuerzo de tal comportamiento prevalecen sobre los estímulos negativos. La
Además, como la reformulación en base a la teoría de los roles, la delictiva se produce cuando las definiciones positivas o neutralizadoras de ésta
investigación se extiende más allá de los límites de la subcultura, en un contrarrestan las negativas. De modo que cabe esperar el comportamiento desviado
modelo que hace especial hincapié en el aspecto individual del proceso en la medida en que haya sido objeto de un refuerzo diferenciai sobre otro
de aprehensión. Por tanto, esta teoría es u n a típica teoría conductista, comportamiento alternativo y aparezca definido como justificado o deseable™.
Posteriormente —una vez iniciado el individuo en actividades delictivas— su
y, en tal sentido, séxibica dentro de u n a de las tendencias más afortuna- conducta se verá apuntalada por diversos factores (refuerzo social, contacto con
das —especialmente en la actualidad— de la ciencia social norteameri- pares desviados, ausencia de castigo y rechazo por padres y allegados, etc.). Así,
cana*'®. la conducta desviada surge por imitación, pero se perpetúa gracias al respaldo
sociaP, tesis que AKERS considera haber podido verificar empíricamente en una
a) En efecto, ajuicio de AKERS*''', el individuo aprende a comportarse investigación llevada a cabo con 3.065 jóvenes drogodependientes de ambos
socialmente a través de un condicionamiento operante, de suerte que su sexos'^.
conducta es controlada por u n a serie de estímulos a los que sigue. Las
pautas del comportamiento humano en sociedad se adquirirían a través Las limitaciones de este enfoque —por lo que a las teorías de la
del impacto condicionante y modelador que ejerce el comportamiento de criminalidad aquí examinadas se refiere— derivan de la propia esencia
los demás. La conducta del individuo —añade AKERS'^^— se refuerza del conductismo, ajeno al problema de las «causas» (últimas) de la
cuando obtiene gratificaciones positivas o evita castigos (refuerzo nega- desviación y de su marco general de referencia^\ .«r mm^f^vi^urvin-
tivo); la misma conducta se enerva o debilita mediante estímulos
negativos (castigos) o pérdida de gratificaciones (sanción negativa). Que > nn
ii Vi ' •fí>;ri, BJíi'i '-O ^ohHUi »«"< ^oi sh i
surja o persista un comportamiento desviado dependerá del grado de
ventajas o desventajas asociadas a dicho comportamiento y a otros ™ AKERS, R.; KROHN, M., y otros, cit., pág. 638. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology,
comportamientos alternativos (teoría del refuerzo diferencial). cit., página 207.
" Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 207.
Según AKERS^^, el individuo aprende a evaluar su propio comporta- '^ AKERS y sus asociados (op. cit., págs. 636 a 655), encuestaron a 3.065 jóvenes de
miento a través de un proceso de interacción con personas y grupos ambos sexos sobre actividades relacionadas con drogas y alcohol sobre el modo en
especialmente significativos para el mismo: sobre todo aquellos grupos que percibían las diversas variables o factores del aprendizaje social y el «refuerzo
diferencial». Ponderaron cómo captan los encuestados las reacciones de sus padres
y personas que tienen capacidad de imponerle sus modelos de conducta y seres queridos ante tales actividades ilícitas; el número de personas admiradas
: , por aquéllos involucradas en las mismas; y si dichas personas castigarían o no
castigarían a los jóvenes por u n eventual abuso de estas sustancias. AKERS
^'^ Vid. T. PITCH, La teoría de la desviación social, cit., págs. 67 y 68. asegura haber constatado una sólida correlación entre el abuso de drogas y las
*^' Vid. AKEES, R., Deviant Behavior, a Social Learning Approach, 2- ed. (1977), : diversas variables del aprendizaje social, haciendo especial hincapié en la asocia-
Belmont, Massachussets, Wadsworth; del mismo y KROHN, M., LONZA-KADUCE, ción o contactos diferenciales. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 207
L., y RADOSEVICH, M., Social Learning and Deviant Behavior: A Specific Test of 73 rp pjrpQjj^ Teoría de la desviación social, cit., págs. 69 y 70. Por lo que se refiere a
a General Theory, en: American Sociological Review, 44 (1979), págs. 636 a 655; del la desviación social, el enfoque conductista no encara las causas generales, ni los
mismo y BURGESS, R. L., A Differential Association-Reinforcement Theory of modos de manifestación de la conducta no conforme, sino que se detiene en la causa
Criminal Behavior, en: Social Problema, 14 (1968), págs. 128 a 147. Cfr. SIEGEL, más próxima, es decir, aquélla que no debe deducirse de un cuadro de referencia
L. J., Criminology, cit., pág. 206 y 207; VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., general (véase la anomia), sino que puede detectarse directamente en el ambiente
páginas 242 y 243. donde se verifica la conducta. Sobre esa causa se puede actuar: el enfoque
"** Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 206 y ss. ^ conductista es el que se vincula más inmediatamente a las exigencias del sistema
^^ En: AKERS, R.; KROHN, M.; LONZA-KADUCE, L., y RADOSEVICH, M., Social dominante para garantizar la conformidad. Mediante la noción de estímulos
Learning and Deviant Behavior: A Specific Test of a General Theory, cit., págs. 637 reforzadores y discriminantes se pueden emplear técnicas de behavior modification
y ss. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 207. (modificación de la conducta) actuando precisamente sobre estos mismos estímu-
856 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 857
>
858 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DB CRIMINOLOGLV 859
autojustificando así la conducta desviada de los patrones de las clases buena medida, es más u n reflejo o inquietante «caricatura» de la misma
medias^^. sociedad que u n «cuerpo extraño» de ésta®^.
La teoría de la neutralización, utilizada por los autores para explicar ¿Qué función desempeñan las técnicas de justificación? ¿Cuáles son
la delincuencia (suhcultural) juveniP^, parte de u n a imagen diferente éstas?
del desviado, de la desviación, de la estructura de las clases sociales y de SYKES y MATZA fundamentan la no existencia de u n a radical
la propia subcultura criminal. , ^j^^ íitfV'K'Vtf'r \ y % v c \ V f P contradicción entre los valores del delincuente y los convencionales de
Para MATZA, la subcultura criminal es relativamente amorfa. Carece de roles la sociedad en diversos datos empíricamente constatados: el complejo de
I- formales y valores rígidos, vertebrándose gracias auna mera tradición oral. En modo culpabilidad del infractor, el hecho de que éste admire y respete a
alguno representa un todo uniforme y monolítico, autónomo e independiente, que ciudadanos honestos y seleccione sus víctimas, o que participe, como
enfrente su propio código normativo ai de la sociedad oficial. Antes bien, según
SYKES y MATZA, se inserta en un modelo de cultura plural que es, a la vez, ética
cualquier otro, en muchas de las actividades sociales licitas. Ello
y desviada"*. De hecíio, el joven acusa dicha ambivalencia, oscilando a menudo su significaría que, compartiendo los mismos valores de las clases medias,
conducta de uno a otro extremo, de la conformidad a la rebeldía''^ el delincuente juvenil desarrolla u n a variada gama de mecanismos de
En la base misma de la subcultura juvenil se hallan valores CQxno el amor a la autojustificación de su conducta criminal que le permiten apartarse
aventura y el peligro, el desprecio a la monotonía cotidiana y la rutina, la ambición
ROI í temporalmente de aquéllos y participar en los valores subterráneos de
por el dinero, como signo de ostentación y gratificación inmediata, el trabajo fácil, la
ÍB0fí agresividad, etc., que integran la ideología de la leisure class: valores subterráneos esa misma sociedad^". La conducta delictiva, según esto, procede de la
de capital importancia, ya que son compartidos por muchos, aunque entren en neutralización de los valores y modelos socialmente aceptados, que tiene
aoÍR colisión con los convencionales"'^ de las clases medias; y el joven es muy sensible lugar m e d i a n t e el empleo de u n conjunto de racionalizaciones
a los mismos si la sociedad no le provee de metas y roles específicos"'.
estereotipadas del comportamiento ilegaP^
Todo ello sugiere a los autores u n a reflexión critica: hemos partido de Las técnicas de neutralización o autojustificación serían fundamen-
u n a visión demasiado simplificada del sistema de valores de los indivi- talmente cinco^^: la exclusión de la propia responsabilidad; negación de
duos que respetan la ley al reducir el sistema de valores de toda la la ilicitud y nocividad del comportamiento; descalificación de quienes
sociedad al de la clase media, desconociendo que la sociedad no se han de perseguir y condenar éste; apelación a la supuesta inexistencia
compone sólo de clases medias y que la clase media dista mucho de ser de víctima del mismo, e invocación de instancias y móviles superiores.
homogénea; y hemos supuesto que el desviado profesa unos valores La exclusión de la propia responsabilidad es un mecanismo de
propios, rebelándose contra los de la sociedad, cuando realmente no hace autojustificación mediante el cual el delincuente se presenta a sí mismo
sino participar en valores subterráneos de amplia aceptación®*^; y, en como «impulsado» irremisiblemente hacia el delito por las circunstan-
cias que le rodean, con lo que «prepara» la desviación y la conducta
criminal, evitando de este modo sutil el choque frontal con la norma
jurídica.
En definitiva, el modo más sencillo de defenderse de la reacción negativa de la ^,-.
J H Í >i.-,
-i >íí-j'fr> :íO', í.'^' i"!
sociedad consiste en «redefinir» el propio comportamiento desviado como una ;scv A-n ! hrhím.ir^'.; -^ísjc-n '^\s nH i- ^í'. i-,.^' q ,íM i ;
conducta «realmente no criminal». Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit.,
[>í -^t
pág. 262.
83
SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 208. .. -.; , ,,-
89 Cfr. T. PITCH, La teoría de la desviación social, cit., pág. 111.
84
SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 208. '.••.••.".-—:-!"« Vr ftVPAf.T I^-A,
90 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 208. Sobre una de las finalidades
MATZA, D., Delinquency and Drift, cit., pág. 51. primordiales que persiguen las técnicas de autojustificación (preservar la autoimagen
Vid., T. PITCH, La teoría de la desviación social, cit., págs. 110 y 111. Sobre la del desviado como no delincuente), vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology., cit.,
leisure class, vid. VEBLEN, T., Teoría de la clase ociosa. México. Fondo de Cultura págs. 262 y ss.
91 SYKES, G. y MATZA, D., Techniques of Neutrahzation, cit., págs. 664 a 670.
Económica; vid., MATZA, D., Subterranean Tradition of Youths, cit., pág. 116.
87
SYKES, G., y MATZA, D., Techniques of Neutralization: A Theory of Delinquency,
92 Vid. GARCÍA-PABLOS, A., Problemas actuales de la Criminología, cit., págs. 147
cit., págs. 664 a 670. a 150; BARATTA, A., Criminología libérale e ideología della difesa sociale, cit.,
Cfr. T. PITCH, La teoría de la desviación social, cit., págs. 110 y 111. págs. 21 y ss.
i
860 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 861
Con frecuencia el lenguaje popular, debidamente manipulado o instrumentado, delincuente, se sacrifican en aras del respeto a normas y deberes que
define —«redefine», para ser más exactos— un comportamiento criminal como
proceden de subgrupos sociales a los que el criminal pertenece.
mero «accidente», «mala suerte» que puede suceder a cualquiera, simple «traspié».
Sobre tales técnicas de neutralización se han llevado a cabo diversas investiga-
ciones empíricas^^. R. BALL='^ R. REGOLI y E. POOLE^'s consideran haber podido
verificar la premisa fundamental de la teoría de la neutralización. Por el contrario, el
La negación de la ilicitud (penal) de la conducta es otra técnica de self-reportstudyÚQ HINDELANG llega a la conclusión opuesta: que delincuentes y
autolegitimación o autojustificación del comportamiento desviado, que no delincuentes profesan valores distintos^^ -'"'J^OIJUB ^vr^n
pretende restar importancia o trascendencia al mismo, atenuar el ilícito.
A menudo se invoca para ello la conocida distinción entre ilícito penal e La teoría de la neutralización explica satisfactoriamente por qué
ilícito administrativo; o la contraposición material: mala quiaprohibita- muchos jóvenes infractores no culminan sus carreras criminales al
prohibita quia mala. La conducta que t r a t a de «neutralizarse» se alcanzar la madurez. Por otra parte, que el delincuente no rechace los
presenta, lógicamente, como u n a conducta formalmente prohibida, pero valores convencionales de la sociedad parece u n a tesis realista y clari-
intrínsecamente indiferente; como mala quia prohibita, pero no nociva ficadora, muy adecuada para comprender determinadas manifestacio-
ni inmoral per se. ^ ^^^.^.^ ..VAf^f^yia,
nes de la criminalidad. No obstante, adolece de u n a inevitable ambigüe-
y¿, , El lenguaje facilita, también aquí, la buscada degradación del ilícito penal. Un dad y carga especulativa. Pues el problema —la piedra de toque de este
^^1 ^ acto «vandálico» se redefine como una mera «perturbación del orden». Un «hurto modelo teórico— sigue sin u n a respuesta empíricamente contrastada:
de uso», como una toma en préstamo. Una lucha cruenta entre pandillas rivales,
yiKr como un «conflicto privado». O una «detención ilegal» cometida por funcionario
¿precede o subsigue el mecanismo autojustificador al comportamiento
i39í' público, como una mera «retención». criminal que t r a t a de neutralizar?; ¿es la «causa» de que éste tenga lugar
•iB'ggi.í"0íii9i,ftTSí'f oíjMóí) lírí5'a.eiJ^- o una mera «coartada» expost'?^''
La negación de la víctima —negación de la condición efectiva de
víctima— t r a t a de presentar el hecho criminal como un acto de justicia,
a través de u n a descalificación del sujeto pasivo que «merecía» tal
«castigo». Este es justo, deseado por la comunidad, obra de la providencia 98
3. TEORÍAS DEL CONTROL
que se ha servido de la mano del «ejecutor»: un castigo merecido, y no un
acto criminal. Las llamadas teorías del control plantean el problema de la desvia-
ción criminal en otros términos: si todo individuo cuenta con el potencial
La descalificación de quienes han de reprobar el hecho criminal es
otro de los mecanismos de neutralización de la conducta delictiva. ••X^í
>
862 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 863
necesario para violar las leyes y la sociedad le ofrece numerosas O de interés y sensibilidad hacia los demás, carece, también, del indis-
oportunidades para hacerlo, ¿por qué, pues, muchos de ellos las obede- pensable control disuasorio, encontrando expedito el camino del crimen.
cen?
Lo que puede suceder con independencia del estrato social al que
' Para la teoría criminológica clásica, la respuesta se encuentra en el pertenezcan"^.
miedo al castigo, elemento básico del control social. Los teóricos del 1') Cuatro factores decidirían el arraigo o vinculación del individuo a
control, sin embargo, acudiendo a un análisis sociológico, ven en el miedo la sociedad, a juicio de HIRSCHPo^.
al castigo sólo uno de los muchos vínculos del individuo con el orden
social: no el único ni el prioritario. El individuo evita el delito — a') Apego y consideración hacia personas («Attachment»). Sin u n
aseguran— porque es el primer interesado en mantener u n comporta- sentimiento de afecto por las personas, el individuo pierde la capacidad
miento conforme a las pautas y expectativas de la sociedad; porque tiene de relacionarse coherentemente con el mundo y de desarrollar u n a
u n a razón actual, efectiva y lógica para obedecer las leyes de ésta: la conciencia social (vg., psicópatas). El apego a los padres es el vínculo
comisión del delito le depararía más inconvenientes que ventajas''^. primario que asegura el arraigo social indispensable de todo individuo;
sin el mismo, difícilmente interiorizará éste sentimiento de respeto
' ^ Lo que no puede explicar con la misma convicción la teoría del control hacia los otros y hacia la propia autoridad.
es por qué entonces hay personas que delinquen^"". La respuesta de las
control theories apuntan a la existencia de diversas y contradictorias b') Identificación y compromiso con los valores convencionales
concepciones o códigos morales en el seno de la misma sociedad. («commitment»). El tiempo y esfuerzo empleados en líneas de acción
convencionales (educación, ahorro de dinero para el futuro, cualificación
De las teorías del control merecen un examen particularizado las profesional, etc.) son decisivos porque cuanto más se comprometa el
formulaciones de HIRSCHI (social bond theory), BRIAR y PILIAVIN individuo con los valores convencionales (propiedad, reputación, presti-
(commitment to conformity), RECKLESS (containment theory), REISS gio, etc.), tanto más difícil será que delinca, siquiera por miedo a poner
(control interior) y GLASER (differential anticipation theory). en peligro su situación adquirida. --••-•'««:"- c+r-rnx:?-'?-'^-'-:-* -
c') Participación en actividades sociales («involvement»). Ajuicio de
'í^ a) Teoría del arraigo social («social bond theory») HIRSCHI, u n a intensa participación del individuo en actividades con-
vencionales (vg., escuela, esparcimiento, familia, etc.,) le aisla de u n a
Se formula por Travis HIRSCHI en su obra Causes of Delinquency,
eventual tentación delictiva, mientras el ocio y la desocupación poten-
aparecida en 1969^°^
cian ésta.
Según HIRSCHI, todo individuo es un infractor potencial, y sólo el d') Creencias («belief»). La probabilidad de delinquir sería más acusa-
miedo al daño irreparable que pudiera ocasionarle el delito en sus da en aquellos individuos que carecen de las creencias y códigos morales
relaciones interpersonales (padres, amigos, vecinos, etc.) e institucionales compartidos generalmente por quienes se hallan en u n a misma situa-
(escuela, trabajo, etc.) le frena. La causa de la criminalidad resultaría, ción social. Pues el desarraigo, la insolidaridad y el vacío moral, impiden
pues, del debilitamiento en el joven de esos lazos o vínculos que le unen desarrollar valores como el respeto a los derechos de los demás y la
con la sociedad. Cuando el individuo carece del necesario arraigo-social admiración hacia el código legal, frenos importantes de la conducta
-,, III i'jTioí 'ti"upnii J U ' O j/i'-ii.fiíimit) / •(
desviadaí"^
MeJ«Tvi>í' ir,a J Í J ^•^•AH Hinn ) !» í n-ñ
J w!-q ,
^9 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 211. -' ,r-'-v
1"" Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 211, citando a T. HIRSCHI, Causes of i«2 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 212.
Delinquency, cit., pág. 34.
103 HIRSCHI,T., Causes ofDelinquency, cit., pág. 231. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology,
1"! T. HIESCHI, Causes of Delinquency, Berkeley, 1969, University of California. Vid.
cit. pág. 212.
del mismo y GOTTFREDSON, M., Understanding Crime: Current Theory and ^"^ HIRSCHI, por otra parte, estimó que existía u n a cierta correlación recíproca entre
Research (1980). Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 211 y ss. los diversos factores mencionados. Una persona, por ejemplo, que rechaza toda
864 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 865
2') El propio HIRSCHI ha tratado de verificar empíricamente las principales mismos y recupera sus referencias o patrones normales; en segundo
hipótesis de su teoría, sirviéndose de un minucioso se/freportstuc/yúsXúbwáo entre
cuatro mil jóvenes estudiantes de California. Del mismo extrajo cinco conclusiones%
lugar, la evidencia de que existe un grado variable de compromiso y
que confirman aquélla^°^ aceptación de los valores convencionales que se extiende desde el mero
a'. Los jóvenes que demuestran un gran apego a sus padres son menos proclives miedo al castigo hasta la representación de las consecuencias del delito
a la comisión de hechos delictivos. en la propia imagen, en las relaciones interpersonales que se aprecian,
b'. Conductas que demuestran que un individuo comparte los valores convencio- eíi el status y actividades presentes y futuras, etc.
cont nales, como el tratar de conseguir una buena educación, no callejear, rehusar la
ÍW
bebida, suelen ir asociadas al comportamiento convencional. Lo qué significaría que, en situaciones equiparables, u n a persona con
c'. Los jóvenes que participan en actividades convencionales (deberes, trabajos elevado grado de compromiso o conformidad hacia los valores convencio-
de casa, etc.) se hallan menos implicados en hechos delictivos. Por el contrario, los
f. • que suelen involucrarse en actividades no convencionales son más proclives al nales es menos probable que se involucre en comportamientos delictivos
Offi'.' crimen. que otro individuo con inferior nivel de conformismo. Y a la inversa: dado
d'. Los delincuentes jóvenes mantienen escasas o distantes relaciones un cierto estímulo que ofrezca garantías de éxito o chances suficientes,
interpersonales. Los no delincuentes demostrarían un claro apego a sus pares. incluso un individuo con alto coeficiente de conformidad puede sucumbir
Oi9q e'. Delincuentes y no delincuentes comparten semejantes creencias sobre la
a la tentación del delito.
sociedad.
A juicio de los autores, el individuo trata de mantener relaciones
Otro conocido intento de verificar empíricamente el modelo teórico de positivas con la gente y de obtener así la aprobación de las personas cuya
HIRSCHI se debe a M. HINDELANG^os, en Nueva York. El autor obtuvo protección y afecto aprecia (padres, amigos, maestros, etc.). Después, su
resultados muy semejantes, excepto en el particular del apego del propio interés por ajustarse a las pautas convencionales condiciona la
delincuente a sus pares: HINDELANG observó que u n a estrecha iden- elección de amistades, optando por las que manifiestan semejantes preocu-
tificación con los pares guarda relación directa con actividades crimina- paciones y valores. De este modo se construirían los vínculos sociales que
les, mientras HIRSCHI llegó a la constatación inversa. „.j.5. ^.., reclaman e imponen conformidad; lazos o raíces en cuyo desarrollo inter-
vienen factores como el afecto por los pares, aspiraciones ocupacionales,
apego hacia los padres, preocupación por los resultados escolares, miedo a
b) Teoría de la conformidad diferencial («commitment to las privaciones materiales y sanciones rmidas al arresto, etc.
conformity»)
BRIAR y PILIAVIN acentúan la relevancia de un factor muy concreto: la relación
Se mantiene por S. BRIAR e I. PILIAVIN, y parte de dos premisas^"^; temprana del individuo con sus padres; relación decisivamente positiva cuando la
disciplina sirve para promover y reforzar comportamientos aprobados por la socie-
en primer lugar, la posibilidad de que estímulos pasajeros puedan
dad; pero muy negativa si el padre no recompensa con afecto la obediencia del hijo,
afectar en mayor o menor medida la tabla de valores y la propia conducta si le ignora o no es capaz de ofrecerle modelos de conducta adecuados, pues
del individuo en tanto éste se halla expuesto a la influencia de los entonces desmorona las ataduras que unen al niño con la sociedad y la propia base
sobre la que se asienta la obediencia voluntaria^°l ,
Bi n 9 I19BD aorrij
terísticas individuales del infractor. ¿Cómo es posible que u n individuo Los externos proceden de la coacción normativa que ejercen la socie-
que vive en u n área pobre y de elevadísimas cotas de criminalidad se dad y los diversos grupos sociales para controlar a sus miembros. De este
resista al delito? Indudablemente —según la teoría analizada— porque modo se promueven el sentimiento de pertenencia a la comunidad y
concurren en el mismo determinadas cualidades personales que le otros factores fundamentales, como consistente código moral; el refuerzo
aislan y protegen del crimen. La sociedad, desde luego, produce una de los valores, normas y objetivos convencionales; la supervisión efectiva
serie de estímulos, de presiones que impelen al individuo hacia la y disciplina; y unos roles sociales plenos de sentido.
conducta delictiva. Pero éstos son contrarrestados por unos mecanismos 2') Mecanismos de presión criminógena, de tres clases
internos o externos de contención (containments) que le aislan positiva-
mente. '' Impulsos internos («internal pushes»); comprenderían factores es-
trictamente personales, como el descontento individual, la hostilidad,
obíA tal efecto, distingue RECKLESS"i. nslni c rebelión, conflicto psicológico, ansiedad, necesidad de u n a gratificación
'^^1') Mecanismos de contención (internos y externos) inmediata, inestabilidad.
Los internos residen, en definitiva, en la solidez de la personalidad Presiones externas («external pressures»): de origen exógeno, que
individual; así, un buen autoconcepto, acusado «ego», alto grado de fomentan también la conducta desviada. Así, las condiciones de vida
tolerancia de frustración, metas y proyectos definidos, etc."^. adversas (vg., pobreza, desempleo, inseguridad, desigualdades, acceso
muy limitado a los bienes culturales, etc.).
Influencias externas («external pulís»): la conducta desviada de com-
pañeros, miembros de otros subgrupos y subculturas criminales, así
2^ ed., págs. 402 y ss. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 214. Del mismo: W.
como la influencia de los medios de comunicación de masas, etc., ejercen,
'^U\ RECKLESS, S. DINITZ y E. MURRAY, Self Concept as an Insulator against
Delinquency, en: American Sociological Review, 21 (1956), págs. 744 a 746; también, u n a fuerza atractiva criminógena que incide en el individuo.
también: The Good Boy in a High Delinquency Área, en: Journal of Criminal Law,
Criminology and Pólice Science, 48 (1957), págs. 1.826 y ss.; W. RECKLESS, S.
Según RECKLESS, pues, los dispositivos de contención operarían
DINITZ y B. KAY, The Self-Component in Potential Delinquency and Potential como diques contra la potencial desviación del individuo de las normas
Non-delinquency, en: American Sociological Review, 22 (1957), págs. 566 a 570; W. legales, aislándole de las fuerzas criminógenas; de las presiones, impul-
RECKLESS y S. DINITZ, Pioneering with Self-Concept as a Vulnerability Factor sos e influencias que le incitan al delito. De los mecanismos de conten-
ÍV3K
in Delinquency, en: Journal of Criminal Law, Criminology and Pólice Science, 58
ción examinados, los «internos» (inner containments) serían los más
(1967), págs. 515 a 523.
111 Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 215.
operativos en u n a sociedad como la norteamericana"^. En todo caso, un
112 RECKLESS concede una gran importancia al «autoconcepto» o concepto que tiene individuo que contara con ambos sistemas de autoprotección sería
uno de si mismo. Como a ñ r m a GÓPPINGER, H. (Criminología, cit., pág. 52), el menos proclive al delito que quien sólo dispone de uno de ellos en buen
«concepto de si mismo» es el «componente diferencial de reacción, que explica por estado de funcionamiento. El pronóstico parece claramente desfavora-
qué algunos caen en la tentación y otros no, por qué algunos tienden hacia
ble cuando ambos se encuentran debilitados.
conductas socialmente inaceptables, mientras que otros se alejan de ellas. El
concepto de si mismo y de los demás ofrece firmeza frente a los golpes de la vida en ¡ , RECKLESS ha intentado, también, una verificación empírica de su teoría de la
la elaboración interna de las experiencias. Consiste en lo que en el hombre ' ' ' criminalidad"". Para ello, llevó a cabo una primera investigación en un área de
permanece de sus vivencias, por ejemplo, actitudes, opiniones, prejuicios, etc.». Un elevados índices de criminalidad. Seleccionó 125 good boys basánáose en la
concepto favorable de si mismo «procura firmeza frente a la presión de lo repugnan- ,'. ^ opinión de sus profesores, analizando los informes y autoevaluaciones de los
te, frente a la atracción de las subculturas criminales, así como en los impulsos propios jóvenes sobre sus trayectorias, expectativas, relaciones familiares, etcétera.
causados por el descontento y las experiencias frustrantes».
Según la fuerza y la integridad de esta firmeza se puede hablar de un concepto de
si mismo favorable o desfavorable. Pero también las condiciones exteriores, ífconao AW A t..ri -.t>fiJ IOG . ívar/s!'! ÍE!>Í5-;:iloíao8 /lE-ji-iamA:ÍÍ:J .'/ongiíDfiHyQ .íSHXsafi
la vida familiar o la organización social en derredor, pueden repercutir positiva-
mente, incluso teniéndose un concepto de si mismo muy desfavorable, en cuanto ^^^ RECKLESS, W., ContainmentTheory, cit, pág. 402. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology,
cit., pág. 215. •^dfgúki'M'ámmrmsUí- ^-•
proporcionan por si mismas una cierta firmeza. (RECKLESS, W. C. Halttheorie, en: 114
MschrKrim, 44,1961, pág. 10). Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 52. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 215 y ss. do-fs«:,3;!,f('to ÍB8ÍB'(€
868 ANTONIO GAECfA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 869
RECKLESS llega a la conclusión de que el aislamiento del crimen es un proceso tado de u n a relativa falta de normas y reglas interiorizadas, de un
continuo que refleja la internalización de los valores no criminales y la conformidad desmoronamiento de controles erigidos con anterioridad y/o de u n
fiacia las expectativas de terceras personas muy significadas"''. En una investiga-
ción posterior de «seguimiento» (follow-up) RECKLESS compararía los goodboys
conflicto entre reglas y técnicas sociales. La desviación social es enten-
con otros jóvenes cuyos maestros consideraban delincuentes potenciales, consta- dida como la consecuencia funcional de controles personales y sociales
> tando diferencias significativas en cuanto a las relaciones con los padres, autoconcepto débiles, de suerte que el control personal sólo se contempla como el
y sentido de responsabilidad social de los jóvenes de uno y otro grupo"^, diferencias aspecto internalizado del control social. El reconocimiento del grupo
'**^'' siempre a favor de los del primero. Cuatro años más tarde, RECKLESS, MURRAY, delincuente como instancia de control para el propio obrar lleva a la
DINITZ y SCARPITTI, partiendo de la misma muestra, trataron de analizar los
cambios y evolución experimentados en ambos grupos de jóvenes"^. Los autores negación de las normas de la sociedad entera. REISS atribuye la
fiallaron una significativa estabilidad del autoconcepto y del comportamiento perso- conducta delictiva a u n fracaso del grupo primario; en primer término,
,ij -. nal en los «good boys» quienes conservaban una mejor imagen de si mismos y una a un fracaso de la familia, que no ha conseguido proporcionar al niño
u o i j superioridad «conductual» —también un mayor 'optimismo' que los jóvenes del papeles sociales adecuados y hacer compatibles estos papeles con sus
grupo de control—, pudiendo entenderse corroboradas las proposiciones de
necesidades, con ayuda del control social. Así explica el hecho de que
- RECKLESS, si bien son muchas las voces críticas que han denunciado la falta de
9XJB rigor metodológico de éste " ^ >g|^qf., ífifliíaíj^3||irf^;s>,S|-ptoifi ,
hijos de familias con concepciones sociales contradictorias se hagan
criminales o hasta reincidentes con mucha mayor frecuencia que los de
d) Teoría del control interior, de A. J. REISS^'^ familias bien integradas. El fracaso de estas personas lo deduce, entre
otras causas, de un «Yo» o un «Super-Yo» muy poco pronunciados en
Por sus conexiones con el Psicoanálisis y la Cibernética, la teoría del ellas, de u n a base moral o control interior escasos, respectivamente.
control interior de A. J. REISS guarda un estrecho parentesco con la de Como control interior debe comprenderse, en este contexto, la medida
RECKLESS, incluso en sus carencias, ya que t r a t a de fundamentar el efectiva de la internalización de concepciones de valores de normas
proceso de formación del «yo», del «concepto de uno mismo», sin excesivo
reconocidos 120 ) llHi .?,?.oV:» •'ísujoi f,1 si) Bbsiv89b jBí;)ubno3 BI B amil
respaldo empírico.
.... íiubvríhni IB ít^oii aup aoaiaBd aoíuamv eoí Bb BL
Como teórico del control, REISS rechaza los dos submodelos explica-
tivos de la conducta criminal más usuales: que ésta provenga de la e) Teoría de la anticipación diferencial («differential anticipation
presión que ejercen en el individuo determinadas estructuras o condicio- theory») poins o aonaínu fioa ..3J9 .OÍTIB;
nes sociales; o que el propio desviado, en virtud de u n proceso de Se formula por D. GLASER^^i^ quien t r a t a de conciliar con ella la
atracción o identificación con los valores delictivos, aprenda éstos, los teoría del control social y los conceptos básicos de la asociación diferen-
asuma. Por el contrario, REISS contempla la delincuencia como resul- cial. Su postulado es muy siraple: la decisión de cometer o no cometer un
delito se halla determinada por las consecuencias que el autor anticipa,
neiid rt?>«oífo'9feiOími9:li9jrk} * 'Up^up' =:' ' ' por las expectativas que se derivan de su ejecución o no ejecución.
Tales expectativas descansarían en tres factores: ' . , . „ . ,*>w.,
"5 Así, EECKLESS, W.; DINITZ, S., y MUREAY, E., Self-Concept as an Insulator
against Delinquency, cit., pág. 746. a') Los vínculos sociales que u n a persona desarrolla a lo largo de su
"« RECKLESS, W.; DINITZ, S., y KAY, B., The Self-Component in Potential vida. Estas ligaduras reclaman conformidad con el orden social y las
Delinquency and Potential Non-delinquency, cit., págs. 566 y ss.
"•^ SCARPITTI, F.; MURRAY, E.; DINITZ, S., y RECKLESS, W., The Good Boy in a
expectativas de los demás, propiciando u n a respuesta del individuo de
High Delinquency Área: Four Years Later, en: American Sociological Review, 23 acuerdo con los estándares de los otros. r)fí¡ñ ¡-'.'-•-.aúrií-úif-i nslpr..
(1960), págs. 555 y ss. ^ ' í'ioqsor)9b,9ualoS,^.'''•'-'rmnB:íxe v •ÍOVÍBÍÍÚÍÍ-ÍVJO?. loiÍÍIO')febBbíbsin
ii« Por todos: SCHWARTZ, M., y TANGRI, S., A Note on Self-Concept as an Insulator
against Delinquency, en: American Sociological Review, 30 (1965), págs. 922 a ^26.
120
Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 216. Vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 51 y 52.
"^ A. J. REISS, Delinquency as the Failure of Personal and Social Controls, en: ^^^ GLASEE, D., Crime in Our Changing Society, New York, 1978, Holt, Rinehart and
American Sociological Review, 16 (1951); Unraveling Juvenile Delinquency, en: Winston, págs. 126 y ss. Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 216. Vid.
Appraisal of Research Methods, en: American Journal of Sociology, 57 (1951). SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 216.
870 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 871
b') El aprendizaje diferencial de modelos, gustos y aptitudes que ^ de una misma familia, crecidas en u n mismo ambiente y con idéntica
determinarán si el individuo encuentra plena satisfacción con el com- ducación, u n a se inclina por el crimen y otra por la conducta conforme?
portamiento delictivo o con el convencional. • por qué u n a de ellas desarrolla un concepto de sí mismo relativamente
*" c') La evaluación por el propio individuo, según sus percepciones y favorable (un control interior intacto) mientras la otra adquiere u n
experiencia personal, de los riesgos y perspectivas derivados de la autoconcepto relativamente desfavorable?^^^ ¿Por qué jóvenes sin apego
conducta conforme a Derecho y de la conducta desviada^^^. a los valores convencionales se abstienen, sin embargo, de delinquir; o
.por qué delinquen jóvenes con u n muy considerable grado de compromi-
En definitiva, pues, según GLASER, las expectativas deciden el so e identificación con dicho orden socialT^^e ¿Cómo surgen, en definiti-
comportamiento futuro. El individuo se inclina por el delito si de su va y cómo se fortalecen o debilitan esos mecanismos de adhesión y
comisión se derivan más ventajas que desventajas, considerando sus compromiso con éste? ¿Qué es lo que determina el concepto de uno
vínculos con el orden social, relaciones con otras personas y experiencia mismo?i2^.
precedente. Ahora bien, tales expectativas, a su vez, dependen del
mayor o menor contacto de cada individuo con los modelos delictivos, !'i
ificias("^'í"
esto es, del aprendizaje o asociación diferencial.
•ir- ^> ú '\<
uno mismo, etc., son criterios o enfoques que pueden aplicarse, también
para el esclarecimiento de la criminalidad de las clases sociales privile-
giadas.
Por otra parte, y aunque algunas de sus concretas formulaciones
. "¡I J-" I I ,ti\ / I
pequen de abstracción e insuficiente respaldo empírico, lo cierto es que '" . I I • i u 11 í I '^ ".
muchos de sus conceptos y postulados sí son, al menos, susceptibles de •boiii * ' i" , ' t .•'-1 1 >í -
cuantificacióny constatación. Lo que no puede afirmarse de importantes / <
.-•t
proposiciones estructural-funcionalistas, por ejemplo^^^.
Pero las teorías del control dejan, también, numerosas cuestiones sin
respuesta. ií}B"Mí?9iTcS9i'Míi^ofiftfiftt«mh'-»Si^4fr^ so..
¿Existen relaciones funcionales —y, en su caso, cuáles— entre la
medida del control social interior y exterior?^^*. ¿Por qué, de dos personas
125
«2 Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 216. 3.rrííOLai9rttK>;:.ÍJ IK^ Vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 53.
4
126
12^ En este sentido, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 217. a:gh4::;m Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit. pág. 218.
127
124 Vid. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 52. .ít:ví íü' • Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 218.
fí-,
Capítulo XX:
Teorías del proceso social: El modelo
pgaflftaí*8'>n£ívoi^p-rq5¿."^ÍV3Í4^o,7BÍ interaccionista o paradigma de control (VI)
Se trataba, en puridad, más de unajsxplicación científica de los procesos de W. I. THOMAS*. La criminalidad no es como u n trozo de hierro, como
de criminalización, de las carreras criminales y de la llamada «desvia- j j n objeto físico, sino el resultado de un proceso social de interacción
ción secundaria» que de u n modelo teórico más, al estilo convencional, ¿definición y selección): existe en los presupuestos normativos, valorativos,
sobre la génesis y etiología del delito. siempre relativos, variables, circunstanciales, de los miembros de una
sociedad^. El labeling approach, por tanto, relativiza y problematiza el
Según esta perspectiva «interaccionista», no puede comprenderse ya
concepto de delito; o, si se prefiere, cuestiona la propia «variable
el crimen prescindiendo de la propia reacción social, del proceso social
¿ependiente», con lo que carece de sentido el paradigma etiológico^°. No
de definición o selección de ciertas personas y conductas etiquetadas
^interesan las causas de la desviación (primaria), sino los procesos de
(labeling approach) como criminales''. Delito (conducta desviada) y
criminalización, porque, en definitiva, según este enfoque, una persona
reacción social son términos interdependientes, recíprocos, insepara-
deviene delincuente cuando otras personas muy significativas le etique-
bles. La desviación no es u n a cualidad intrínseca de la conducta, sino
tan con éxito como tal. El control social crea la criminalidad. Por ello, el
atribuida a la misma a través de complejos procesos de interacción
interés de la investigación se desplaza desde el desviado y su medio
social. Como l a belleza, se halla en los ojos del observador'', en las hacia aquellos que le definen como desviado, analizándose más los
definiciones sociales. mecanismos y funcionamiento del control social o la génesis de la norma
El labeling approach supera el paradigma eíioZóg'íco tradieienal, que los déficits de socialización del individuo. Las carencias no se buscan
problematizando la propia definición de la crirninalidadj. en los controlados, sino en quienes ejercen el control, y el desviado pasa
'y"'7 La Criminología clásica, fiel a un modelo pos/t/V/sfádemaóo de las ciencias de |
^3. convertirse en «víctima» de los procesos de definición y selección
\ /, la naturaleza asumía las definiciones legales de delito como incuestionables, (paradigma de control)^^. El interaccionismo simbólico pone especial
reconociendo a las mismas un auténtico sustrato ontológico. La criminalidad se I énfasis en el significado que tiene el delito para su autor, en los efectos
" ' contempla como un objeto material más del mundo externo. Ser delincuente—como ] del etiquetamiento del mismo como desviado (estigmatización) y en su
1^ / ser enfermo o impedido— constituye una propiedad de la persona, del mismo modo j posterior asunción del status criminal (desviación secundaria) más aún
que el carácter delictivo de su conducta expresa una cualidad negativa inherente a|
ir
ésta; población reclusa y población criminal son, desde un enfoque tradicional,-
que en la etiología del propio comportamiento delictivo.
términos idénticos. Este consenso sobre el marco definicional y distribución de la|
,i criminalidad permite a la Criminología clásica centrar su estudio en la búsqueda de En síntesis, pues, los principales postulados del labeling approach
las «causas» de aquélla (paradigma etiológico); esto es, la identificación de las son:
variables independientes (predisposición individual, medio o entorno, etc.) para el
factor («variable dependiente») criminalidad. a') Interaccionismo simbólico y constructivismo social como esquema
explicativo del comportamiento humano.
Según el labeling approach^ por el contrario, el delito o el ser criminal La realidad social se construye sobre la base de ciertas definiciones y
como atributos de una persona (o de su comportamiento) tienen natura- el significado atribuido a las mismas a través de complejos procesos
leza sociaZj' definitorial, no ontológica. Integran u n a realidad social que_ sociales de interacción. El comportamiento del hombre, por tanto, es
se «construye» a partir de definiciones; según reza elconocido teorenm inseparable de la interacción social y su interpretación no puede prescin-
dir de dicha mediación «sim&óZica». El concepto que tiene el individuo de
sí mismo, de su sociedad y de la situación que ostenta en ésta, son
importantes claves del significado genuino de la conducta criminal.
'A:>:. ,.\ fí J ítM' jfi ^^ini-jh'M "'íVi.f.ují
O; Desviación y reacción social son recíprocamente interdependientes. Los procesos de criminalización, además, responden al estimulo de la
visibilidad diferencial de la conducta desviada en u n a concreta sociedad;
^ b') Introspección simpatética como técnica de aproximación a la esto es, se guían más por la sintomatología del conflicto que por la
realidad criminal para comprenderla desde el mundo del desviado y etiología del mismo (visibilidad versus latencia)^*.
captar el verdadero sentido que éste atribuye a su conducta.
e') Efecto criminógeno de la pena. La reacción social no sólo es injusta
c') Naturaleza definitorial del delito. El delito carece de sustrato (discriminatoria), sino intrínsecamente irracional y criminógena.
material u ontológico. Una conducta no es delictiva í?i se o per se
(cualidad negativa inherente a la misma), ni su autor criminal por Lejos de hacer justicia, prevenir la criminalidad y reinsertar al
merecimientos objetivos (nocividad del hecho, patología de la persona- desviado, su impacto real convierte a la pena en u n a respuesta intrínse-
lidad); el carácter delictivo de u n a conducta y de su autor depende de camente irracional y criminógena. Porque exacerba el conflicto social en
ciertos procesos sociales de definición, que atribuyen a la misma tal lugar de resolverlo; potencia y perpetúa la desviación, consolida al
carácter, y de selección, que etiquetan al autor como delincuente. desviado en su status criminal y genera los estereotipos y ideologías que
se supone pretende evitar, cerrándose, de este modo, u n lamentable
/« E n consecuencia, la criminalidad es «creada» por el control sociaLLas «círculo vicioso» (self-fulfilling prophecy)^^.
instancias o agencias del control social (Policía, fiscalía, judicatura, etc.)
no «detectan» o «declaran» el carácter delictivo de un comportamiento, La pena culmina u n a escalada dramática y ritual de «ceremonias de
sino que lo «generan» o «producen» al etiquetarlo así (función constitu- degradación»^® del condenado, estigmatizándole con el sello de u n status
tiva del control social). ^ «irreversible»". El penado asume u n a nueva imagen de sí mismo y
redefine su personalidad en torno al rol de desviado, desencadenándose
., La imposibilidad de trazar u n a nítida fi:ontera entre delincuentes y la denominada «desviación secundaria»^^.
no delincuentes (o de conocer la dimensión real de la criminalidad y sus
formas de aparición) prescindiendo del concreto funcionamiento del f) Paradigma de control. La naturaleza definitorial de la criminali-
control social, el papel creador de Derecho atribuido al juez; y l a ' dad impone la sustitución del paradigma etiológico por el paradigma de
inaccesibilidad de la «esfera interna» del delito, son datos invocados por , control. Dado que la criminalidad no preexiste a la ley ni a los procesos
los teóricos del labeling para fundamentar la supuesta función creadora de criminalización, sino que son éstos los que la «crean» (como no existe
de criminalidad («constitutiva») del control social ^^. la categoría de los delincuentes: u n a persona adquiere oficialmente tal
condición si así le etiquetan las agencias formales del control social, con
d') Selectividad y discriminatoriedad del control social. independencia de su conducta), lo decisivo será el análisis de dichos
El control social es altamente discriminatorio y selectivo. procesos de definición (génesis de la ley o criminalización primaria)^'' y
de selección (actuación criminalizadora de las instancias del control
El comportamiento delictivo es mayoritario y ubicuo, pero la etiqueta social). Los factores que puedan explicar la desviación primaria carecen
de «criminal» es un «bien negativo» que los mecanismos del control social
reparten con el mismo criterio de distribución de otros bienes positivos
(fama, riqueza, etcétera): el status y el rol de las personas. De modo que
las chances y «riesgos» de ser etiquetados como delincuentes no depen- / r r ' a.
1* GARCÍA-PABLOS, A., La normalidad del delito y el dehncucnte, cit.. pág. 344.
den tanto de la conducta ejecutada (delito) como de la posición del 1^ Sobre la self-fulfilling prophecy, vid. BECKER, H. S., Outsiders. Studies in the
individuo en la pirámide social {statusY^. Sociology of Deviance, New York, 1963, Free Press of Glencoe, págs. 34 y 35.
1'^ La expresión «status degradation ceremony» es de GARFINKEL, H., Conditions of
Success ful Degradation Ceremonies, en: American Journal of Sociology, 61 (5),
1965, págs. 420 y ss.
J /J.HiirH-jH .rt ).í^ÁM " Así, ERIKSON, K. T., Notes on the Sociology of Deviance, en: Social Problems, 9
(1962), páginas 311 y ss. Cfr. WOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 263.
12 Cfr. HASSEMEE, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., págs. 82 y 83. •
^^ El concepto de «desviación secundaria» procede de LEMERT, E. M., en: Social
1^ Vid. BARATTA, A., Criminología y Dogmática Penal, en: Papers, Revista de
Sociología, 13 (1980), pág. 29 y nota 30. Pathology, New York, 1951 (McGraw-Hill), págs. 75 y 76.
880 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 881
de interés, por tanto, y el propio enfoque etiológico que caracterizó a las GOFFMAN25, K. ERIKSON^^ A. CICOUREL^^, H. BECKER^», E.
teorías convencionales de la criminalidad es sustituido por u n enfoque SCHUR2^ T scHEFF^o, F. SACK^i (este último en la República Federal
definitorial o paradigma de control que pone su acento en los procesos de Alemana), etc.
criminalización (definición y selección). Su éxito en los Estados Unidos tal vez pueda atribuirse adosfactores^^. En primer
JSÍ En suma —y como apuntan VETTER-SILVERMAN^»— el labeling approach lugar, a las limitaciones de las teorías convencionales de la criminalidad, incapaces
acentúa dos proposiciones: la trascendencia de la reacción socialexx el proceso de de generalizar sus hipótesis explicativas. El labeling approach, por el contrario,
atribución del status delictivo al individuo, y el interaccionismo simbóiico como aporta un modelo teórico válido para cualquier comportamiento delictivo: una sola
rr teoría para todos los delitos. En segundo lugar, a la necesidad profundamente
I,. perspectiva idónea para explicar el impacto del proceso criminalizador en el
desviado. sentida en los conflictivos años sesenta de la sociedad norteamericana de verificar
el funcionamiento efectivo de las instituciones que integran el control social (escuela.
Policía, Administración de Justicia, administración penitenciaria, familia, etc.). De
ÍB >Q ;oi-KJ\ hecho, el labeling approach'polaúza su análisis en torno a la naturaleza, estructura
y funciones del control social y sus diversas instancias.
2. O R Í G E N E S D E L LABELING APPROACH
a) En el seno del labeling approach coexisten, sin embargo, dos
Aunque la perspectiva labeling adquiere el rango de modelo teórico
tendencias: u n a radical y otra moderada^^. La primera exacerba la
hacia los años sesenta, cabe señalar ya en los escritos de MEAD (1917-
función «constitutiva» o «creadora» de criminalidad que los teóricos de
1918), THOMAS (1923), TANNENBAUM (1938) y LEMERT (1951)
este enfoque atribuyen al control social. De suerte que el crimen no es
valiosos y significativos antecedentes de la misma^^.
sino una «etiqueta» que la Policía, los fiscales y los jueces (instancias del
La obra de MEAD, junto con la de H. BLUMER, sienta las bases del denominado control social formal) colocan al desviado, con independencia de su
«interaccionismo simbólico». THOMAS, por su parte, llamaría la atención sobre la
conducta o merecimientos objetivos^*. El ordenamiento jurídico —según
importancia del significado que el individuo asigna a las cosas y situaciones en el
~- momentode «construirse» la realidad social (teoremadeTHOMAS). TANNENBAUM esta tendencia radical— no traza u n a frontera segura y definitiva entre
'••^ elaboró los rudimentos de la moderna teoría del labeling (tagging, para el autor) al la conducta desviada y la permitida, sino meros «marcos de decisión»
;>: resaltar cómo etiqueta la sociedad al desviado y en virtud de qué proceso cambia abstractos. Las agencias del control social formal concretarán aquélla
éste de personalidad, identificándose y asumiendo posteriormente el status áe
desviado (the dramatlzation ofevll/^ Particular interés tiene el concepto de «desvia-
do» que aporta LEMERT y su distinción entre «desviación primaria» y «secundaria», r>0'^c;rri ia.iHiá
caso a caso, llevando a cabo u n a función «definitoria», t a n selectiva y selección (comportamiento del control social) son muy proclives a los modelos del
discriminatoria como el propio proceso de creación de las leyes confiicto sociai y B. tesis radicales. Mientras que los que centran su análisis en el
(criminalización primaria)^^. P a r a la dirección moderada, sin embargo impacto del etiquetamiento en la identidad del desviado (estigmatización, desviación
secundaria, etc.) suelen optar por un moderado interaccionismo simbóiico.
sólo cabe afirmar que la justicia penal se integra en la mecánica del
control social general de la conducta desviada. Esto significa, por una smifOj^
parte, que el proceso de estigmatización inherente al sistema penal (y
cuya parcialidad no se justifica) es inseparable del proceso general del
control social; de otra, que procesos de etiquetamiento semejantes 3. INTERACCIONISMO SIMBÓLICO Y CONSTRUCTIVISMO
tienen lugar también en el seno del control social informal (vg., niño SOCIAL
tildado de «oveja negra» por la familia, o de «alumno difícil» por el
maestro, etcétera), como pone de relieve el interaccionismo simbólico. P a r a el labeling approach, conducta desviada y reacción social son
términos recíprocamente interdependientes, del mismo modo que el
'd. b) A su vez, cabe igualmente u n a ulterior matización que afecta a la
comportamiento delictivo no puede aislarse de determinados procesos
temática y al posicionamiento ideológico de los teóricos del labeling
sociales que le definen como tal. La condición de «criminal» no evoca
approach, partiendo de la distinción entre u n a «macroperspectiva» y
ciertas cualidades negativas de u n a acción humana, inherentes a ésta,
u n a «microperspectiva» labeling^''.
ni tampoco concretos rasgos de la personalidad de su autor. Desde la
'- El enfoque del labeling ha sido utilizado, con particular acierto, para perspectiva relativizadora del labeling approach, lo decisivo es el proce-
analizar el efecto que produce en el desviado el proceso de atribución del so social de definición y selección de unas u otras conductas como
status criminal (estigmatización, desviación secundaria, etc.). Pero, desviadas o delictivas. Porque la «realidad» social se «construye» sobre
también, con el propósito de explicar los dos momentos anteriores: el el significado atribuido a determinadas «definiciones»: si se definen
proceso de creación o génesis de las normas legales (proceso de defini- ciertas situaciones como reales —decía W. I. THOMAS^^— éstas serán
ción) y el proceso de aplicación de las mismas (proceso de selección) a la reales en sus consecuencias.oj oaiitn'o s iik n'i 'Ammm f.
realidad social. . , :.
•^" ' Este enfoque metodológico entronca, como se verá, con el pensamiento de G.
El primer cometido, esto es, el análisis del impacto del etiquetamiento en la H. MEAD (18631931)"°. MEAD no sólo destacó la relevancia de las condiciones
identidad del autor y su conducta (microperspectivalabeling)?,^ inscribe en el marco sociales en la génesis del comportamiento humano, sino también el rol que
psicosocial. Bajo expresiones como «carrera criminal» (H. S. BECKER), desviación corresponde al propio individuo respondiendo a aquéllas e interpretándolas como
secundaria (LEMERT) o «modelo de círculo vicioso» (S. QUENSEL)^', se describen protagonista activo de un proceso de recíproca interacción en el que es tanto creador
los procesos de socialización en un rol delictivo; sucesos sociales guiados por los como producto o resultado de su medio social, sujeto y objeto"^ de un mismo proceso.
• 'I'"' elementos de la interacción que reaccionan y se definen recíprocamente, y que los
teóricos del iabeiing examinan, como es lógico, de la mano del interaccionismo De forma s u c i n t a p u e d e n r e s u m i r s e l a s p r i n c i p a l e s t e s i s
simbóiico.
interaccionistas con tres proposiciones*^:
El segundo ámbito del iabeiing approach (proceso de definición y de selección),
.88 vi! por el contrario, pertenece al plano sociai generai (macroperspectiva iabeiing),
a) Los seres humanos actúan sobre la base del significado que tienen
encontrando en los esquemas confiictuaies un modelo explicativo especialmente
para ellos las cosas que les rodean. 1! ¡i'' IZ^ ••^"p-
propicio^**. En consecuencia, los autores partidarios de la perspectiva iabeiing a)¿Q
aplican este enfoque a los procesos de definición (criminalización primaria) y • ; ' v . , y,q\( «6a=láteqrnienóioo9q30-itni'- eb ovilBastilso ia Ba-i^vam .''"YriJOC
' aq IsnirniíD oínoknstioqmoa Í9 srisií eup obsoitinpie la iiitíuo39t ,«uuj ^
!'*fi ;ii!í»si*i.4ii ••'«i-í'i'JíífIt.íY 't, í f ' í í l f í ' . w - " ! \\) .ti íitnau iniísbaic;
35 THOMAS, W. I., The Unadjusted Girl, Boston, 1923, Little, Brown, pág. 81.
Vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 85.
36 Sobre MEAD, G. H., vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 255.
Así, RÜHTTER, W., La Criminalidad, cit. págs. 54 y ss. 41
37 Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 255.
QUENSEL, S., Wie wird man kriminell?, en: Kritische Justiz, 4 (1970), págs. 375 42 Así, BLUMER, H., Simboliclnteractionism: Perspective andMethod, 1969, Prentice-
a 382. „ / • ,. -,;:„-, Hall, Englewood Cliffs, págs. 2 y 3, cit. por VOLD, G. B. (Theoretical Criminology,
Por todos, BECKER, H. S., Outsiders, cit., pág. 9. A K / i A OIÜOÍ";;; :
cit., págs. 255 a 258).
884 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 885
Psicólogos y sociólogos han desatendido ese componente simbólico ÚQ\ com- 4. SIGNIFICACIÓN QUE A T R I B U Y E AL C R I M E N EL DELIN-
i; portamiento humano, esto es, el significado que ei propio individuo atribuye a las
/ cosas. Para los primeros, la conducta del individuo puede explicarse en función de C U E N T E : LA D E N O M I N A D A «INTROSPECCIÓN
ciertos factores: estímulos, motivos conscientes o inconscientes, organización de la SIMPATÉTICA»^^ f ,
personalidad, procesos de percepción, etc. Los sociólogos ponen el acento en el
5/a/z/5social y sus demandas, los roles sociales, las exigencias culturales, normas La técnica de la sympathetic introspection permite captar el sentido
y valores, las presiones de la estructura social, etc. Pero unos y otros olvidan que lo
importante no son tales factores, psicológicos o sociológicos, sino, en todo caso, la
que para el delincuente tienen las definiciones de sí mismo, de su
significación (simbólica) que pueda atribuir a los mismos cada Individuo según sus situación y de su sociedad.
circunstancias y experiencias.
A ella se debe la atención que suele prestarse a las palabras del propio
criminal, al modo con que éste describe, autojustifica y racionaliza su
b) El significado de tales cosas deriva o procede de la interacción social proceder"*^; a relatos autobiográficos^'' de delincuentes; y, sobre todo, el
que cada uno tiene con los otros. Es decir: no reside en las cosas mismas esfiíerzo de algunos criminólogos por reconstruir el significado real que
ni en el individuo que las observa o conoce, sino en el proceso de una determinada acción tiene en la vida de la persona, sometiendo a un
comunicación recíproca de éste con los demás y con la sociedad. El análisis simbólico y sistemático las palabras e ideas de ésta**^.
carácter criminal de un acto, por ello, no es ni u n a cualidad intrínseca
del acto mismo, ni mero subproducto de la mente humana; se trata, por El interaccionismo concede especial relevancia a la definición de uno
el contrario, del significado o atributo que confieren a dichos comporta- mismo, a la imagen que tiene el delincuente de sí (self-image, «definition
mientos el contexto social y cultural del individuo, ¿^ifigi, ofhimself»): imagen que, en todo caso, cada persona se construye en el
proceso de interacción y comunicación con los demás.
c) El proceso de interacción social es un proceso abierto, dinámico, en
el que los significados atribuidos a las cosas se acuñan y modifican Ciertas conductas desviadas (desviación expresiva), determinadas
permanentemente a través de la interpretación o redefinición que hace estrategias del delincuente (técnicas de neutralización) e incluso el
la persona de los mismos en su continuo contacto y comunicación social. tránsito de la desviación p r i m a r i a a la secundaria, pueden explicarse a
El individuo es, al propio tiempo, creador y receptor de significados. través de la imagen que tiene el delincuente de sí mismo. Bien como
Determina los símbolos y es determinado por ellos. intento de proclamar u n a determinada imagen, bien como esfiíerzo
significativo por conservar a ultranza la imagen convencional a pesar
P a r a el interaccionismo, el comportamiento humano debe ser com- del carácter delictivo de su comportamiento, bien como mecanismo de
prendido siempre en el contexto del proceso interactivo en el que el autodefensa fícente a la reacción social. t, .,:
individuo se halla incurso. Tres definiciones le condicionan de modo muy
En efecto, la necesidad fansiedadjáe demostrar una determinada «imagen» de
particular: la definición de sí mismo, la definición de la sociedad en la
uno mismo podría explicar mejor que cualquier criterio biológico una rica gama de
que vive y la definición de su situación en el seno de dicha sociedad''^. conductasdesv¡adasydelictivaS(^í/6'5K/^c/(7/76'.í^AiS's/K5y'aparentemente «irracionales»
En consecuencia, si se quiere descubrir el significado auténtico que un determl- o «sin motivos», sobre todo en el marco de ia criminalidad juvenil y subcultural
^lyfí nado acto tiene para el individuo que lo realiza —el auténtico, el verdadero— será (hábitos sexuales, consumo de drogas y alcohol, conducción temeraria de vehículos
necesario penetrar en el mundo de éste, en el de sus símbolos y valoraciones, de motor, participación en manifestaciones ilegales de protesta social y desobedien-
trascendiendo la mera observación externa de los acontecimientos. Tal actitud, cia civil, desordenes públicos, etc f^
desde COOLEY'"', merece el calificativo de «introspección simpatética» y pretende, ,noj(io-rA)l ft'iSf ) í " o / w i y ^hlí lítp'"*!Í!,iiintj-«'^ aT 'i T d ,
ante todo, descubrir el significado que tiene el comportamiento criminal para el
propio delincuente.
45
1 f ! Tí", / !•>?, fí i1 !</• -"ti Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 258 y ss.
48
43 Vid. VOLD, G. B., Theoretical Commulugy, cit., pag«. 257 y ss. Cfr. VOLD, G. B. Theoretical Criminology, cit., pág. 259, nota 17.
47
*" COOLEY, CH. H., Human Nature and the Social Order, New York, 1902, Ch. Cfr. VOLD, G. B. Theoretical Criminology, cit., pág. 259, nota 18.
Scribner's Sons, págs. 8 4 y ss. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág- Cfr. VOLD G. B. Theoretical Criminology, cit., pág. 259, nota 19.
258. , f Cfr. VOLD G. B. Theoretical Criminology, cit., pág. 259. ^,,t,
886 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 887
4 La imagen de uno mismo ilustra, también, uno de los postulados de Conservar la imagen de uno m/smo\n\ac\a es decisivo, por cuanto los «crimina-
les» tienen peor condición en la escala social que los no criminales. Por ello, el
la teoría de la criminalidad interaccionista: que el comportamiento delincuente trata, ante todo, de mantenerla; y el proceso de información a quienes
delictivo se ejecuta por personas que no se definen a sí mismos como pueden etiquetarle como criminal obligándole a aceptar dicho status es utilizado
delincuentes. frecuentemente como técnica de control sociaP^
Por ello, también, cuando la reacción social es particularmente negativa y el
f' Dicha idea se sostuvo por D. MATZA^". Según MATZA, el delincuente delincuente no puede neutralizarla justificando su conducta como no criminal, se verá
juvenil no profesa unos valores propios, distintos de los de la sociedad obligado a otra estrategia defensiva. Reconocerá haberse visto involucrado en un
oficial, sino que comparte los valores convencionales de las clases tiecho delictivo, prometiendo cambiar en lo sucesivo. Lógicamente, dicha defensa es
medias. Es más: no se considera a sí mismo delincuente. Y dado que el menos sólida y eficaz que la anterior, pues admite el carácter criminal de su conducta
y, para conservar al menos en el futuro su imagen de no desviado, cede una parte de
comportamiento que lleva a cabo pugna con su propia autoimagen, para
ella (la del presente) siendo requerido a abandonar su comportamiento delictivo^''.
conservar ésta se ve obligado a t r a t a r de justificar aquél, redefiniéndolo 3oaft;>í>' Una última estrategia defensiva, subsidiaria de las dos anteriores, se produce
como no delictivo. Tal es el cometido de las técnicas de neutralización o • ' cuando el desviado no quiere o no puede poner fin a su trayectoria criminal. En un
justificación, que la doctrina ha podido constatar en numerosas moda- determinado momento no tendrá más remedio que organizar una defensa que
lidades delictivas^^ Bl íi MK-f^iífÉff tíSí Í incorpore la conducta delictiva a su propia autoimagen, de modo tal que pueda negar
o neutralizar el reproche de la reacción social. Adoptará entonces, diversas formas
c. En definitiva, se t r a t a de un sutil mecanismo de autodefensa frente «desviadas» como definiciones de sí mismo, imágenes en las que el comportamien-
to delictivo es reputado componente normal o natural del rol asignado al individuo.
a la reacción social. El crimen desencadena normalmente u n a reacción
En la medida en que éste se considera a si mismo desviado y reorganiza su propia
negativa en los demás (intervengan o no las agencias oficiales del control imagen en función de tal desviación, mitiga la eventual reacción sociaP^ El citado
social) y, a menudo, también en la persona misma del autor (aunque no mecanismo de autodefensa surge, por tanto, en el marco de la denominada
siempre lo reconozca). El modo más simple de defenderse frente a tal desviación secundaría;en\enú\enáo por «desviación secundaria», con LEI\/IERP^
reacción consiste en «redefinir» el comportamiento delictivo razonando la que tiene su origen en una redefinicióna^ue hace el sujeto de su propia imagen,
asumiendo la etiqueta de criminal e identificándose con ella.
por qué no se t r a t a de un acto verdaderamente «criminal». De este modo,
el individuo puede conservar su autoimagen de «no delincuente» mien-
El proceso de atribución del «status» criminal y los «efectos» del
tras continúa llevando a cabo conductas delictivas^^.
mismo en el individuo se examinarán posteriormente.
'. i'jí > '••/; '.) íi')'^i\m.i BÍ BSíiB'rtk? B -lEviaarios toq ovil;:
á
Theory of Delinquency, cit., págs. 667 a 670. También: SCHNEIDER, H. J., 5* Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 262 y 263.
Kriminologie, cit., págs. 763 y ss.; SANGRADOR, J. L., La victimología y el sistema 55 Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 263.
jurídico-penal, en: Psicología y sistema penal, cit., págs. 83 y ss. 56 LEMERT, E., Social Pathology, New York, 1951, McGraw-Hill, págs. 75 y 76.
888 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 889
lugar a su etiquetamiento®^. La etiología de la desviación primaria reacción social más aún que la propia conducta en sí que BECKER califica a quienes
carece de especial interés para los mismos. crean las leyes de moralentrepreneurá^'^. Sin embargo, tal afirmación no debiera
interpretarse en su acepción «causal» genuina*"*, en el sentido de que ciertos hechos
La razón es obvia. Para el labelingapproach, el delito tiene naturaleza definitorial, delictivos (hurto, robo, violación) existen porque se han definido precisamente como
í^íiiir no «ontológica». Es una cualidad «atribuida» a ciertas conductas, un "Status>> delictivos, de modo que no sucederían en el caso contrario. Dicha tesis radical
le asignado a su autor^". Como afirma K. ERICKSON^^ «la desviación no es una confunde el mundo «real» y la «valoración jurídica» del mismo. En puridad, no
Bi propiedad inherente a ciertas formas de comportamiento, sino una propiedad procede extraer del /abe//ngapproachtí\aQr\ós^\co alguno sobre la etiología del delito
m-SM conferida a las mismas por la audiencia que directa o indirectamente las observa». ya que sus teóricos se despreocupan de la desviación primaria, de sus factores y
¿.-^ •••
variables, comenzando el análisis del crimen en su fase terminai:en la de la reacción
sociaP^ El valor «constitutivo» que corresponde a los agentes del control social debe
^ En consecuencia, al problematizarse y relativizarse la propia defini-
interpretarse en su acepción simbólica, de acuerdo con las premisas del
ción de «delito», el análisis se desplaza de la persona del autor o del hecho interaccionismo: el etiquetamiento no «causa» la criminalidad, pero los modelos o
mismo a losprocesos sociales de criminalización^°; esto es, a los procesos pautas sociales de comportamiento derivados de la reacción social condicionan la
de definición (criminalización primaria) y de selección (atribución del naturaleza y significado atribuido a aquéllos, así como sus implicaciones y conse-
cuencias. La sociedad determina cómo ha de contemplar la gente tales actos y
status criminal), y al impacto que en la identidad del desviado produce
su etiquetamiento como tal (desviación secundaria). Lo decisivo será
investigar no por qué u n a persona comete u n determinado delita, sino
por qué ciertas conductas se definen socialmente como desviadas (pro- El labeling approach tiene, pues, tres niveles explicativos, cuyo orden
ceso de creación de las normas legales o criminalización primaria); qué lógico procede invertir:
concretos procesos sociales explican la selectiva aplicación dentales V Bjawiqagí si BSÜB-ÍXÍS ofaBJvaab fib isiaupris B1 ,9tiBa e i
reormas, etiquetando como delincuentes a las personas a quienes de^
hecho se les asigna el «status» de desviado (procesos de selección); X£QSio A) Impacto de la atribución del status criminal erit Ig. identidad del
ea;^erimen.ía el individuo en su identidad el nuevo status de desviado c(ue desviado ; . ... - > • - . . .:,?,....'.•-.;...,.= ••;>':;•-•
se le atribuyó (estigmatización, desviación secundaria, etc.)'^^
' "Los teóricos del labeling se refieren a dos efectos concretos del
Conviene, en todo caso, no exacerbar la eficacia creadora de crimina- etiquetamiento: la estigmatización del desviado y la alteración sustan-
lidad («constitutiva» en lugar de «detectadora») que el sector más radical cial de su identidad"'. -"^^^"""""^ '^^ x, «^^^a^ ^^úi^mnu^lüqw «J
del labeling approach asigna a la reacción sociaP^.
r) La mera etiqueta de «desviado» produce ya estigmas. El individuo
Ciertamente, éste mantiene que una conducta es criminal porque así la define y se convierte en u n proscrito de la sociedad, que recibe pública condena.
etiqueta la sociedad: no por su contenido intrínseco. Hasta tal extremo importa la
A menudo, ésta culmina u n verdadero proceso ritual de «ceremonias de
degradación»*^^ que le aislan de los demás ciudadanos «honorables» y
=« Cfr. PITCH, T., La devianza, 1975 (1^ ed.), Firenze, pág. 124. En igual sentido, •^^ BECKEE, H. S., Outsiders, Studies m the Sociology of Deviance, cit., págs. 9 y ss.
SCHUR (adscribed status). *'* E n el sentido del texto (teoría moderada): VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J.,
^^ ERICKSON, K., Notes on the Sociology of Deviance, cit., Social Problems 9 (1962), Criminology and Crime. An Introduction, cit., págs. 362 y 371 y ss. También,
páginas 307 y ss. SCHUR, E. M., Labeling Deviant: Its Sociological Implications, New York, 1971
**" Así, KITSUSE, J. J., Societal Eeactions to (deviant) Behavior: Problems of Theory (Harper-Row), pág. 16.
and Method, en: Social Problems, IX, n- 3, págs. 247 y 248. ^^ Vid. VETTER, H. J., y SILVEEMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
'^^ Vid. BECKEE, H. S., Outsiders, Studies in the Sociology of Deviance, cit., págs. 9 cit., pág. 372.
y ss., quien distingue el proceso «político» de definición de la conducta desviada 66 VETTER, H. J., y SILVEEMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit.,
(creación de normas) y el de «aplicación» de tales definiciones o etiquetamiento páginas 362 y 363. 'ihíg&fúWm mas BWoSíjsaM -•
(procesos de selección), que marcará el comienzo de las «carreras criminales». ^'^ Vid. SIEGEL, L . J . , Criminology, cit., pág. 220. • ., ; , "
'^^ Cfr. AKEES, R., Deviant Behavior: A Social Learning Approach 1973, Nadsworth s« Vid. GAEFINKEL, H., Conditions of Successful Degradation Ceremonias, cit.,
(Belmont, Ca.), pág. 24. págs. 420 a 424. ,^^,^ ,,,,,,,„. , ,.„,,;,„. , «.: ,. ,, , „ . ^ . , » ^ . - • - -
890 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 891
privan de toda suerte de beneficios sociales (repercusión negativa en el Con la estigmatización de u n a persona el proceso de interacción
ámbito familiar, vecinal, social, laboral, etc.). entra, pues, en u n a fase cualitativa distinta^*, siendo decisivo a tal efecto
el sello que imprimen las instancias oficiales del control social en el
un El status de desviado, por otra parte, tiende a consolidarse a través desviado; todo u n engranaje burocrático, inseguro de sí mismo, que
de u n sutil mecanismo psicosocial de redeñnición de la personalidad, de asumirá de buena voluntad los «clichés sociales» (estereotipos) sobre el
interpretación biográfica retrospectiva, basada en esterotipos y en la delito y el delincuente; y que, lejos de contrarrestar su propio impacto en
denominada «profecía de autocumplimiento»^^. el desviado, recrudecerán el mismo, potenciándolo; convirtiendo al
El mero etiquetamiento no sólo aisla al desviado, le margina y proscribe, «sujeto» cada vez más en «objeto» y deteriorando progresivamente su
sometiéndole a un trato social discriminatorio, sino que provoca una imagen de sí mismo^®. El internamiento del desviado en u n a institución
reconstrucción biográfica o interpretación retrospectiva de su personalidad. penitenciaria representa el punto más crítico de dicho proceso, porque
El pasado y el presente del individuo se examinan desde el prisma del nuevo al estigma de la pública condena se unen los t r a u m a s y privaciones de
status (criminal) al que ha sido adscrito, al solo objeto de refrendar el todo orden inseparables del actual régimen de cumplimiento de las
mismo. Dicha «lectura retrospectiva» permitirá reconstruir la personali- penas privativas de libertad.
dad total del desviado, encontrando sin duda en tiempos remotos —e De este modo, se cierra el fatal «círculo vicioso'>^^ ya que los «estereotipos», por
incluso en actos inocuos— antecedentes y presagios de su actual condición su propia dinámica ponen en marcha el mecanismo psicosocial de las denominadas
de proscrito que, de este modo, se ratifica y convalida^". profecías autorrealizables (self-fulfillingprophecy), a cuyo maleficio no podrá sus-
traerse el desviado, que hará buenos los pronósticos y expectativas en él deposita-
- Por otra parte, la etiqueta de desviado cataliza la respuesta y , , •. dos.
expectativas sociales (estereotipos), anticipando fatalmente el compor-
tamiento futuro de éste (self-fulfilling prophecy). 2') Una ulterior consecuencia del «etiquetamiento» del individuo
La sociedad no contempla al desviado tal y como éste es, sino según como desviado tiene lugar en su propia identidad o concepto de sí mismo
«espera» que sea^^. Operan, pues, decisivamente una serie de prejuicios o (self-identity) cuando asume dicha imagen de proscrito, se identifica
estereotipos convencionales respecto a aquél y su conducta previsible que profundamente con ella y redefine o reestructura su personalidad de
limitan sus oportunidades reales y le consolidan en el status de desviado. acuerdo con el nuevo status adquirido. ;,, ,
De un joven etiquetado ya de «delincuente», por ejemplo, todos (familia, En efecto, llegado a un cierto punto (desviación secundaria), el
Qt>.Dí? individuo puede verse compelido a aceptar la etiqueta de desviado como
maestros, vecinos, autoridades, etc.) esperan una futura actividad criminal. Será el
•*' primero en resultar detenido y acusado si se produce algún delito. Los padres de los parte integrante de su personalidad, organizando un estilo de vida en
9Í otros jóvenes les aislarán de sus hijos para evitar el contagio, sintiéndose en todos torno a la desviación^l Dicho giro cualitativo, que SCHUR denomina
y los demás ámbitos de las relaciones interpersonales el estigma del nuevo status
social «negativo»^^, con lo que tales jóvenes desde luego, verán coartadas sus
role engolfmenf^, es el momento final de un proceso frecuentemente
posibilidades de participar efectivamente en actividades y grupos convencionales^^. desencadenado por algún contacto o experiencia negativa del individuo
con los agentes del control social formal (detención, juicio, encarcela-
t /it-Baíbiíía'íálaBíSílítí-íta-W ,,»ifM;. miento, etc.). El etiquetamiento, en todo caso, es un evento que acompa-
'^^ Vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
cit., págs. 364 y ss.
^ Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 221.
'1 Vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
cit., pág. 365. ^5 RÜHTER, W., La Criminalidad, cit., pág. 59. .íyHaA5,;f, ífi^,íiai^W,
'^ Vid. RÜHTER, W. (La Criminalidad, cit., pág. 59). Según el autor, la persona ™ RÜHTER, W., La Criminalidad, cit., pág. 60.
«etiquetada» recibe junto a los «estigmas» propios, u n «status social negativo». '''' Sobre la distinción entre «desviación primaria» y «secundaria», vid. LEMERT,
'^ Respecto a este efecto restrictivo, vid. BECKER, H. S., Outsiders, cit., págs. 34 y 35 Social Pathology, cit., pág. 77. También TANNENBAUM, F., Crime and the
(el etiquetamiento limita las «opciones legítimas» del desviado); también, RÜHTER, Community, cit., págs. 19 y 20 (dramatization ofevil).
W., La Criminalidad cit., pág. 59. ™ SHUR, E. M., Labeling Deviant: Its sociological Implications, cit. (cfr. VETTER, H.
^* Cfr. RÜHTER, W., La Criminalidad, cit., pág. 59. -, -• J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., pág. 365).
892 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 893
ña a la persona para siempre y que cambia su vida por completo''^: sus propiciada por el carácter «definitorial» de la criminalidad y la inaccesi-
nuevas señas de identidad, patrón y eje del status social adquirido®°. Un bilidad de la esfera interna del delito®*'. Más aún que el mandato
status que tiende a eclipsar a cualquier otro^^ y, por lo general, sin normativo abstracto importa el proceso de concreción del mismo a la
retorno. realidad sociaP'', proceso éste dinámico y conflictivo, condicionado por
La irreversibilidad del status áe desviado se explica por diversas razones. En un sinfín de factores e intereses. Nada más erróneo que suponer —
primer lugar, porque no existe una «ceremonia terminal» que simbolice el levanta- mantienen los partidarios del labeling— que detectado un comporta-
miento de los estigmas"^ al desviado y la recuperación de su anterior identidad. De jaiento delictivo su autor resultará automática e inevitablemente «eti-
yj modo que, aun cuando éste se hubiere rehabilitado plenamente (vg., tratamiento quetado». Antes bien, los agentes del control social disfrutan de u n
exitoso), desde un punto de vista formal sigue vivo el diagnóstico o veredicto
amplio margen de discrecionalidad en la selección que efectúan, produ-
originario («desviado»). No se ha producido ningún cambio «visible» que permita
cancelarlo, revisión a la que, por otra parte, no suele ser muy propia una sociedad ciéndose toda suerte de forcejeos, pactos y transacciones*^
que opera con estereotipos indelebles"^. En segundo lugar, por que tal rechazo social
Que se etiquete o no etiquete a una persona como desviado, y, en su caso, la
4|p afianza al desviado en la desviación, al forzarle a permanecer o retornar a su clase de etiqueta y el trato que pueda recibir después de una eventual detención, son
subcultura para superar el aislamiento y neutralizar una negativa imagen de sí hechos que dependen de numerosas variables: de determinadas características
mismo. En acierto sentido, la participación en la subcultura representa el escalón sociales (5/<3/¿/5Índividual y familiar, raza, clase social, etcétera), de circunstancias
final del proceso de aceptación del status de desviado y cumple importantes
relativas al hecho ejecutado, de la reacción pública al mismo, de las actitudes de los
funciones"'*.
agentes del sistema respecto al desviado y sus valores, del grado de tolerancia de
la comunidad, de la concreta actuación policial, de la efectividad de ésta, de los
recursos disponibles"*' o de la singularidad del propio desviado en la sociedad y su
B) Proceso de atribución del status criminal (proceso de selección) capacidad de resistirse al etiquetamiento^", etc.
V) P a r a los teóricos del labeling la definición de la conducta desviada Una teoría del «labeling» rectamente entendida —como advierte
no se resuelve definitivamente en el momento normativo. Ni la aplica- MELOSSP^— debiera ocuparse no sólo de los comportamientos indivi-
ción de las definiciones legales a la realidad —al caso concreto— es un duales y de la interacción existentes entre quien pone la etiqueta y el
problema secundario, de lógica formal (subsunción). Todo lo contrario. etiquetado, sino también de los elementos socioestructurales variables,
La ley configura t a n sólo u n marco abstracto de decisión^^, en cuyo seno los cuales afectan al grado de probabilidad de que u n concreto compor-
los agentes del control social formal llevan a cabo u n a función «creadora»
iü \-
fi9 B I ; ! ' / M,-, ,'i,»íío fifí o(>rrf,sffTR^'jo hfí-feiffjrfí'-'t'ifj ,,•'', o h 'yUnvv
í. "'aobi,íV ^^ Cfr. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., págs. 82 y ss.
'^ SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 221. ^^ Sobre la necesidad de concebir hoy el «Sistema Penal» no como complejo estático de
^° Master opivotal status, segúnBECKER,H. S. Cfr. VETTER,H. J.,y SILVERMAN, normas, sino como complejo dinámico de funciones al cual concurre la actividad de
I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., pág. 365 las diversas instancias oficiales, desde la del legislador h a s t a la de los órganos de
81 VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit.. ejecución penal y de los mecanismos informales de la reacción social, vid. BARATTA,
página 366. jpi.ia A., Criminología y Dogmática penal, cit., págs. 26 y 27 («proceso de criminalización»),
^^ Así, ERICKSON, K. T., Notes on the Sociology of deviance, en: BECKER, H. S. también, GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 136 («Derecho efecti-
(edit.), The Other Side, New York (1964), The Free Press, cit., págs. 16 y 17. vamente vivido», Law in action).
83 VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and crime. An Introduction, cit., **^ Vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
página 366. cit., pág. 367 («Bargaining and Negotiation»).
*** Vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. Introduction, ^^ Así, VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
cit., página 367. P a r a los autores, la subcultura es el nuevo «hogar» del desviado. cit. págs. 367 y 368; también, KITSUSE, J. J., Societal Reactions to (deviant)
' ' Sus cometidos básicos consistirán en facilitar a éste el mecanismo psicológico Behavior, cit., pág. 28 («de la situación, lugar, biografía personal y social; y de las
" • (racionalización y neutralización de las actividades desviadas), el técnico o instru- actividades burocráticamente organizadas de las instancias del control social»);
mental (modus operandi delictivo) y el situacional e infraestructural (contactos, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 266 y ss.
oportunidades y servicios indispensables). "" Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 220.
**® Cfr. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 85. '' El Estado del control social. México. Siglo XXI, 1990. - • ^ '5 ,f
894 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 895
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA
tamiento sea definido como «normal» o como «desviado». E n este marco factores clave es el porte del joven, su apariencia física^™ y actitud hacia la Policía.
teórico, en consecuencia, el Estado es u n a «variable dependiente. Efectivamente, una actitud hostil no implica ni demuestra que el joven comparta los
valores criminales. Pero lo cierto es que recibe un trato más indulgente el que se
COHÉN y SCULL''^ han señalado con acierto que fueron la Criminología y la muestra arrepentido de la infracción, respetuoso con la Policía y preocupado por las
Sociología marxistas emergentes las que desarrollaron aspectos del control social sanciones que el joven que adopta una postura insolente, provocadora o irrespetuo-
__ de la teoría del «labeling» en una dirección que devolvió el Estado al centro del sa^°^ A una conclusión semejante llegan CHAMBUSS y NAGASAWA^°== con la
.g escenario. encuesta de «autodenuncia» que realizaron entre estudiantes blancos, negros y
-ü japoneses, todos ellos procedentes de bajos estratos sociales y áreas de elevadas
tasas delictivas, comparando tales datos con los índices oficiales de arrestos. Al
^j 2') En los últimos años se han llevado a cabo numerosas investigaciones fuerte énfasis que la cultura japonesa pone en el respeto a la autoridad atribuyen los
con el propósito de identificar los factores que influyen la decisión de los autores citados el menor número relativo de arrestos que padecen estos últimos en
agentes del control social formal: Policía^^, proceso^*, ñscales^"^, jueces^*^. comparación con los jóvenes blancos y negros.
Particular interés tienen las que t r a t a n de explicar por qué y cómo
hace uso la Policía del margen de discrecionalidad que ostenta en el Quién sea la víctima y cómo presenta ésta su denuncia a la Policía es
momento de adoptar sus «decisiones» definiendo u n a situación como otro de los factores relevantes, en opinión de BLACK^°^. Influyen, por
delictiva o no delictiva. De ellas parece desprenderse que existe una ejemplo, las preferencias manifestadas por el denunciante, según soli-
pluralidad de factores que contribuyen significativamente: relativos cite u n a respuesta «oficial» o se conforme con u n a gestión informal.
unos, a la persona del infractor, o al denunciante; otros, a la estructura También, la identidad del presunto infractor y su vinculación con la
organizacional y operativa de la Policía e incluso a circunstancias comunidad (la reacción policial difiere si se t r a t a de extranjeros, foras-
externas a la misma^^. teros, desconocidos, familiares, amigos, etc.). La propia actitud de la
víctima hacia la Policía (cortés, respetuosa, hostil) puede explicar u n a u
PILIAVIN y BRIAR^^ en un conocido estudio, creen poder demostrar con datos
que el proceso de interacción de la Policía con el infractor condiciona en buena otra opción, así como, al parecer, no existe discriminación alguna
medida la respuesta de ésta al delito. Para los autores, las decisiones de la policía atendiendo a la raza del denunciante^"^.
descansan más en ciertos «estereotipos» que en datos objetivos, relativos al hecho
mismo. En el momento de «definir» una situación, sería decisiva la estimación La propia estructura organizativa y operativa de la Policía condiciona
vi. policial de la persona y carácter del infractor, estimación basada en prejuicios (edad sustancialmente la actividad de ésta y sus resultados.
raza, peinado, compostura, etc.). BLACK y REISS''^' coinciden en que uno de los
CICOUREU°^ analizando en términos comparativos los índices de criminalidad
juvenil de dos ciudades con semejante población, concluye que las diferentes tasas
COHÉN, St., SCULL, A., Social Control and the State: Historical and Comparative BLACK, D. J., y REISS, A. J. (Jr.), Pólice Control of Juveniles en: American
Essays. 1983. Oxford, Roberston. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación
Sociological Review, 35 (1970), págs. 63 a 77.
reparadora, cit., pág. 63. loo Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 267 y bibliografía allí citada.
Una reseña bibliográfica en: BARATTA, A., Criminología y Dogmática Penal, cit., MI Vid. WERTHMAN, C , y PILIAVIN, I., Gang Members and the Pólice, en: Bordua,
pág. 28, nota 28 c).
D. J. (edit.), The Pólice, New York, 1967 (Wiley), págs. 46 y ss. Cfr. VOLD, G. B.,
Sobre el proceso penal, vid. una información bibliográfica en: BARATTA, A.,
Theoretical Criminology, cit., pág. 267.
Criminología y Dogmática Penal, cit., pág. 28, nota 28 f).
CHAMBLISS, W. J., y NAGASAWA, R. H., On the Validity of Official Statistics. A
Sobre la actuación de los fiscales, vid. BARATTA, A., Criminología y Dogmática Comparative Study of White, Black and Japanese High School Boys, en: Journal of
Penal, cit., pág. 28, nota 28 d). Research in Crime and Delinquency, 6 (1969), págs. 71 a 75. Cfr. VOLD, G. B.,
Sobre las decisiones judiciales, vid., BARATTA, A., Criminología y Dogmática
Theoretical Criminology, cit., página 268.
Penal cit., pág. 28, nota 28 e); también: BERGALLI, R., La recaída en el delito:
BLACK, D. J., The Production of Crime Rates, en: American Sociological Review,
modos de reaccionar contra ella (Barcelona), 1980, págs. 262 y ss.
35 (1970), págs. 733 a 748. Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs.
Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 266 y ss.; SIEGEL, L. J.,
268 y 269.
Criminology, cit., págs. 221 y ss.; VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology Una exposición detallada de las conclusiones de BLACK en: VOLD, G. B., Theoretical
and Crime. An Introduction, cit., págs. 368 y ss.
Criminology, cit., págs. 268 y 269.
PILIAVIN, I., y BRIAR, S., Pólice Encounters with Juveniles, en: American Journal CICOUREL, A. V., The Social Organization of Juvenile Justice, New York, 1968
of Sociology, 69 (1964), págs. 206 a 214. (Wiley), páginas 58 y ss. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 270.
896 ANTONIO GAROIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 897
de delincuencia obtenidas reflejan simplemente las respectivas estructuras cia, producen un determinado estilo de trabajo o personalidad en la Policía que
organizativas de las agencias de control. Los más elevados porcentajes de crimina- condiciona, a su vez, el modo de percibir y de responder ésta a las exigencias
82 í lidad y de reincidencia apreciados en una de ellas responderían a la mejor ambientales.
2BI implantación, organización y profesionalidad —y, por tanto, a los mejores resulta-
-ou; dos—de la división o departamento policial competente. En este sentido, LOFLANDi^e Ciertos estereotipos convencionales sobre el delito y el delincuente,
B! r ha encontrado una clara correlación entre el volumen de las personas identificadas,
arrestadas o perseguidas por la Policía y la infraestructura, entrenamiento y por último, y concretas presiones exógenas pueden incidir, también, en
8Bb especialización de ésta. Y SUTHERLAND CRESSEY^»', pusieron de relieve hasta la actuación discrecional de la Policía.
lA A qué punto el dramático incremento de las tasas de criminalidad en un momento dado
CICOUREL"^ ha puesto de manifiesto la repercusión de las teorías vulgares de
(Nueva York, 1950-1951) se explica por una simple razón técnica: el cambio de los
la criminalidad y de conocidos «clichés» o estereotipos en la posterior persecución
sistemas policiales hasta entonces en uso de registro e informe de las actividades
del delito. En la jurisdicción de menores y jóvenes se produciría un evidente «círculo
áe\\c(\va.s frecord/ngyreport/ngsystBmJ. _ ^._:Í:..:
vicioso» porque los criterios generalmente reputados válidos para explicar el delito
(pobreza, hogar deshecho, desorganización social, etc.) se asumirán oficialmente
Otro de los factores que influyen las decisiones policiales es el modo por aquélla para guiar la selección de los jóvenes delincuentes. De modo que tanto
en que la Policía concibe y define su propio trabajo. la definición oficial de los individuos criminales como la de las acciones delictivas se
hallan fuertemente influenciadas por las estructuras organizativas y políticas de las
BITTNER^"** ha demostrado cómo afectan a la actividad de la Policía —y sus agencias del sistema penal y por las características personales de sus miembros"^.
resultados— en un barrio concreto (Skid Row) los diversos «estilos» y «concepcio-
nes» acerca de la propia función policial. A su juicio, las definiciones policiales de una
situación son definiciones adhocy se basan más en factores como el conocimiento Factores políticos y ambientales pueden ejercer, en su caso, u n a
personal por la Policía de la comunidad y sus vecinos que en categorías jurídicas influencia significativa.
formales^"^. GOFFMAN"", para explicar el ámbito de discrecionalidad permitido a los
ir .8' SEIDMAN y COUZENS analizaron los programas de reducción de la criminali-
funcionarios y la trascendencia del aspecto informal del mismo, llamó la atención
dad emprendidos por la Administración Nixon y la repercusión de los mismos en la
Bffi; sobre la gestión de las diversas instituciones del control social (manicomios,
actividad policial, criticando el procedimiento «estadístico» con el que se consiguie-
prisiones, etc.), poniendo especial énfasis en el staffy sus concepciones más que
ron los objetivos «político-criminales» trazados"". A las presiones políticas tenden-
en los internos. SKOLNICK^", por su parte, mantiene que dos elementos concretos
tes a exigir de la Policía una mayor eficiencia, entendida ésta en el sentido de una
BflC —peligro y autoridad— combinados con una constante presión que reclama eficien-
mayor aproximación de los índices de criminalidad «registrada» y criminalidad
«esclarecida», se refieren las investigaciones de SKOLNICK"*^ ya citadas.
/oeñfr ''-nmoj '^onim leí íis obnR-
..bbsidOQ 9ínBi&iTi92 no;' •nh « h lio Semejantes resultados arrojan las investigaciones llevadas a cabo en
LOFLAND, J., Deviance and Identity, Prentice-Hall, 1969, Englewood-Cliffs. Cfr. la República Federal Alemana sobre la actuación policial^^^. De ellas
VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit.,
pág. 368.
parece desprenderse que el principio de legalidad es compatible con u n
107 SUTHERLAND, E. H., y CRESSEY, D. R., Criminology, 8^ ed. (1970). Lippincott, poder de decisión limitado pero propio, tanto en la adopción y atribución
Philadelphia, pág. 28. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 271. Así, definiciones como en el despliegue de las oportunas estrategias de
en Chicago, los delitos violentos contra el patrimonio pasaron de 1.263 a 14.544 en
un periodo de tres años; y los robos en casa habitada, de 879 a 18.689 en igual
tiempo. Lo mismo sucedió en Nueva York: u n a revisión del sistema policial de
registro de la delincuencia determinó u n incremento de u n 254 por 100 de ésta. íffS z,'i-l, •^f' ofifíti h ífá ».N ''»4í r J , 'I ' T
BITTNER, E., The Pohce on Skid Row: A Study in Peace Keeping, en: American
Sociological Review, 32 (5), 1967, págs. 699 a 715. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical ^^^ CICOUREL, A. V , The Social Organization of Juvenile Justice, cit., capítulos 4-7
Criminology, cit., págs. 271 y ss. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 273.
Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, "^ Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 273.
cit., 1" SEIDMAN, D., y COUZENS, M., Getting the Crime Rate Down Political Pressure
GOFFMAN, E., Asylums, 1961. Garden City, N. Y. Double day Anchor. Cfr. and Crime Reporting, en: Law and Society Review, 8 (3), págs. 457 a 494. Cfr.
VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 271.
pág. 369. 115 Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
SKOLNICK, J. H., Justice Without Trial, New York, 1966 (Wiley), Cfr. VETTER, cit., página 369.
H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, gil., pág. 369. 11*' Vid. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 261.
898 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 899
selección^^''. El ámbito de discrecionalidad policial, particularmente labeling subrayan la influencia decisiva en la actitud del juez de ciertas
acusado en relación a delitos menos graves, tendría según BRUSTEN^is categorías sociales (vg., clase social del acusado, relaciones familiares
u n a clara incidencia selectiva en perjuicio de las clases sociales bajas regulares o irregulares del mismo, situación laboral, etc.), no parece
debido a diversos factores: la especial vigilancia y control a que son pueda afirmarse lo propio respecto al contenido de la sentencia.
sometidos los barrios de trabajadores, los estereotipos que sirven de guía Las investigaciones empíricas realizadas en la República Federal
a la selección policial, la consiguiente interacción social: agente del Alemana por OPP y FEURERT^^s, PETERS124 y otrosíes, por sus limita-
control social-clases sociales deprimidas, etc."^. ciones metodológicas y resultados obtenidos no pueden estimarse con-
Menos concluyentes son, por el contrario, los trabajos que pretenden cluyentes. Lo mismo cabe afirmar respecto a las norteamericanas: aun
verificar los márgenes de discrecionalidad de las autoridades judiciales admitiendo que el factor racial (referido al infractor) tiene mayor
y la eventual aplicación selectiva de sus definiciones, etc.^^°. relevancia que otros, de los últimos estudios de LEMERT (1976),
N E T T L E R (1978), T I T T L E (1975), W E L L F O R D (1975) y
P a r a el labeling approach, el juez crea Derecho aplicando sus parti- PATERNOSTER-IOVANNI (1984), parece desprenderse que, en mate-
culares concepciones: si la ley habla sólo «en» y «por» la palabra el juez, ria criminal, las características del hecho mismo siguen siendo más
quien habla en realidad no es la norma legal abstracta, sirio el concreto importantes que otras variables ^^®.
agente del control social formal. Lo que parece especialmente obvio a
propósito de la inaccesible esfera interna del delito: dado que ésta no es 3') E n todo caso, la selectividad o discriminatoriedad del control social
observable, los agentes del control social formal (jueces) deciden al constituye una de las premisas fundamentales del labeling approach.
respecto, atribuyendo al individuo cualidades o intenciones que nadie Como razona SACK^^^, el crimen es u n comportamiento ubicuo que se
puede detectar^^^ distribuye en igual medida por todos los grupos sociales: un comporta-
Sin embargo, la directa e inmediata vinculación del juez a la ley, más miento normal y mayoritario, según demuestran las encuestas de
próxima que la de otros agentes del control social formal, reduce el marco «autodenuncia» (self-reporter survey) y los estudios sobre «cifra negra»
de discrecionalidad de sus decisiones^^^. Por ello, aunque los teóricos del
....^.,i /•k Í O •-'•iiJ cíjí 1 ¡ . j t í t ^ u c ü v M t CM< liT^í^stii: 123 OPP, K. D., y PEUKERT, R., Ideologie und F a k t e n in der Rechtsprechung. Eine
soziologische Untersuchung über das Urteil im Strafprozess, München, 1971. La
"' Así, FEEST, J., y LAUTMAN, E. (edit.): Die Polizei, Soziologische Studien und particularidad de este trabajo reside en el método empleado: casos ficticios. Los
Forschungsberichte, 1971, Opladen; BEUSTEN, M., Determinanten selektiver autores llegan a la conclusión de que las «variables sociales» inciden en la
Sanktionierung durch die Polizei, en: FESST, J., y BLANKENBURG, E., Die graduación de las penas. Cfr. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., págs. 262
Definitions-macht der Polizei. Strategien der StrafVerfolgung und soziale Selektion, y 263.
Dusseldorf, 1972. Cfr. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 261. 124 PETERS, D., Die Genese richterlicher Urteilsbildung und die Schichtverteilung
"^ BRUSTEN, M., Determinanten selektiver Sanktionierung durch die Polizei, cit., der Kriminalitát, en: Kriminologisches Journal, 4, págs. 210 a 232, de la misma:
pág. 44; en igual sentido, PETERS, D., Die Soziale Herkunft der von del Polizei Richter in Dienst der Macht. Zur Gesellschaftlichen Verteilung der Kriminalitát,
aufgegrifen Táter, en: FEEST, J., y LAUTMAN, R. (edit), 1971, cit., págs. 93 a 106. Stuttgart (1973). La autora operó con casos hipotéticos y con la observación paralela
Cfr. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 261. de supuestos reales, concluyendo que las categorías sociales de los acusados
"^ Vid. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 261. determinan tanto la definición de criminalidad como su eventual agravación. Más
^^° Una referencia bibliográfica en RÜHTER, W., Abweichendes Verhalten und aún: la particular incidencia de la criminalidad oficial en las clases sociales bajas
labeling approach, 1975. Koln-Berlín-Bonn-München, págs. 137 y 138. respondería exclusivamente a la actuación selectiva y discriminatoria del control
121 Vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 83. social. Cfr. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 263.
125
1^2 Este sigue existiendo en determinadas jurisdicciones no punitivas. (Vid. EMERSON, En materia de delincuencia de tráfico se han llevado a cabo, también, diversas
R. M. Judging Delinquents, Chicago 1969, Aldine; SHIBUTANI, T., Improvisad investigaciones, dirigidas a verificar un eventual comportamiento discriminatorio
News: A Sociological Study of Rumor, Indianapolis, 1966, Bobbs-Merril; Cfr. de los jueces. Cfr. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., pág. 263.
126 Así, VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 273); y en aquellos supuestos donde
la conducta desviada se describe con notoria flexibilidad, como suele suceder a cit., pág. 372.
propósito de la delincuencia de menores (Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology> 2' SACK F., Neuen Perspektiven in der Kriminalsoziologie, en: Sack, F., y Konig, R.
cit, pág. 270). -, , (edit.), Kriminalsoziologie, Frankfurt, 1968, págs. 431 a 475. j ^SRO'JIS ""
^
900 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 901
de la criminalidad, delincuencia de cuello blanco (White-Collar Crime), este nuevo enfoque en que el proceso de creación, modificación o
etc.^^®. Sin embargo, la población penitenciaria se nutre de modo muy derogación de leyes poco tiene de natural, espontáneo y altruista. Sería
significativo de las bajas clases sociales. Esto —siempre según SACK— ingenuo suponer —afirman^^*— que las normas jurídicas proceden de
no demuestra que los individuos pertenecientes a los bajos estratos Ün amplio consenso social, y que se orientan a la efectiva y necesaria
sociales delincan más (por supuestas anomalías o carencias), sino que tutela de intereses generales. Antes bien, en u n a sociedad plural y
están más expuestos que los de las clases medias y privilegiadas al riesgo democrática las variables verdaderas de todo proceso de definición
de ser definidos y seleccionados como delincuentes por las instancias del deben lojealizarse en las relaciones de poder existentes entre los diversos
control social. Dicho de otro modo: la m m i n a l i d a d es como un «hien gruposi^*'. PQJ, g^Q^ QI análisis del labeling, aplicado a los procesos de
negativo»^"^^ que la sociedad r e p a r t e ' ^ r a v é s de ciertos mecanismos y criminalización primaria (creación de las leyes) entronca con los «mode-
procesos con arreglo a los mismos criterios de distribución de los bienes los conflictuales»: en las normas penales —y sus reglas de aplicación—•
positivos: rol, status social, etc., pero en relación inversa y en perjuicio se verá el resultado del conflicto entre grupos socialesi^'^^ conflicto!
de las clases sociales menos favorecidas^^". En consecuencia, tanto el resuelto a favor del que tiene mayor «poder»!^''. Porque, como afirma
marco general de definición (leyes establecidas) como el proceso de RÜHTER^^^, u n a sociedad caracterizada por obvias estructuras de\
selección dirigido por las instancias del control social formal (aplicación dominio y poder no admite ninguna definición general de criminalidad
de las leyes), tienden a asegurar la atribución del status criminal de aceptada por todos, sino que impone la «imagen» de criminalidad
acuerdo con imágenes y estereotipos que, de este modo, se perpetúan necesaria para el mantenimiento de tales estructuras; imagen cuya
(modelo de círculo vicioso)^^\ ^.^^^v--., ^^,1-..,.. r.i.»-.( ,-»»- consecuente aplicación (en perjuicio de los desprivilegiados) a la socie-
dad configurará la propia realidad criminal de acuerdo con tales defini-
ciones.
C) Elproceso de «crimínalización primaria»: «labeling approach» y
modelos de «conflicto» . , , , •. Para el sector más radical del labeling approach, u n a conducta
deviene delictiva porque se prohibe por la ley, y sólo porque ésta la
ri Una de las consecuencias del labeling approach es la necesa ' «define» como delictiva, con independencia de otros factores (valor o
revisión del modelo de «consenso» como teoría explicativa de la génesis desvalor intrínseco de la acción misma). Y la ley «define» u n a conducta
de las normas legales^^^. Desde BECKER^^^, coinciden los partidarios de como delictiva porque interesa tal definición a ciertos grupos, sin que
ti importen consideraciones ajenas a ellos (vg., bien común). Es, pues, la
misma sociedad la que crea los delitos al aprobar las leyes^^^, de igual
1^^ SACK, F., Afirma que entre u n 80 y u n 90 por 100 de la población ha cometido modo que es la sociedad, también, la que crea o suprime la desviación al
alguna vez un hecho previsto en la ley penal como delito, según demuestran
°' diversos estudios citados por el a u t o r vid. N e u e n P e r s p e k t i v e n in der .'ij^írííMiíSíijsjsiiitó'igi|;íí4,jí^w í^fjfr
Kriminalsoziologie, cit. pág. 463.
129 Vid. PETERS, D., y PETERS, H., Theorielosigkeit und politische Botmassiegkeit
"* Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, L J., Criminology and Crime. An Introduction,
Destruktives und Konstruktives zur deutschen Kriminologie, en: Kriminologisches
.,,-, cit., pág. 370. - ' - ".•^:
" Journal, 3 (1972), páginas 241 a 257. Cfr., BERGALLI, R., La recaída en el delito,
®^ Vid. BARATTA, A., Criminología y Dogmática Penal, cit., pág. 22.- ' ^ ' " • •
cit., pág. 247.
'36 Vid. RÜHTER, W., La Criminalidad, cit., pág. 55.
1^° Vid. BARATTA, A., Criminología y Dogmática Penal, cit., pág. 29: «La variable
Sobre el papel crucial que desempeña el concepto de «poder» en el labeling
" principal de la distribución desigual de los status de delincuente parece indudable-
approach, vid. BERGALLI, R., Origen de las teorías de la reacción social (un aporte
mente ser, a la luz de las investigaciones recientes, la posición ocupada por el actor
al análisis y crítica del labeling approach), en: Papers, Revista de Sociología.
potencial en la escala social.»
Barcelona, núm. 13 (1980), págs. 88 y ss. También VOLD, G. B., Theoretical
131 BECKER, H. S., Outsiders, cit., págs. 9 y ss. Cfr., RÜTHER, W., La Criminalidad,
Criminology, cit., pág. 280.
cit., páginas 56 y 57. 138
RUHTER, W., La Criminalidad, cit., pág. 55.
132 Una referencia bibliográfica sobre el proceso de creación de las leyes desde la 139
«Society creates crime by passinglaws». Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology,
perspectiva del labeling, en: BARATTA, A., Criminología y Dogmática Penal, cit.,
cit., pág. 274, para quien tal formulación procede de MICHAEL, J., y ADLER, M.
pág. 27, nota 28 a).
J. (Crime, Law and Social Science, New York, 1933, Harcourt, Brance, págs. 5 a 20).
133 BECKER, H. S., Outsiders, cit., pág. 131. * - " -' ' '
902 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 903
definir en cada momento qué conductas deben estimarse normales o Así, el joven que ha causado lesiones aun peatón conduciendo bajo la influencia
desviadas. El proceso de definición o selección opera en todo caso de de bebidas alcohólicas sería sometido a un tratamiento de seis meses antes de que
idéntica forma, tanto si quienes ostentan el poder utilizan como criterio tuviera lugar el juicio, retirándosele la acusación caso de cumplir con éxito todo el
programa rehabilitador. De este modo podrían evitarse, además, los estigmas
las características objetivas de la conducta como si optan interesada- inherentes a la sanción penal.
mente por otros"". WolíP sí^pfts^SSPáÉaíf?" Estos programas ofrecen, a menudo, asesoramiento, servicios educativos y
familiares y asistencia médica. „ , , ^ .^,.«,„..e,«,
Un análisis histórico y realista demostraría que toda prohibición beneficia
siempre a alguien en ia medida en que con ella se redistribuyen los beneficios
, 9b sociales. Unas veces se trata de intereses concretos (seguridad personal, adquisi- b) Los «restitution programs» son, también, opciones «sustitutivas»
ción de poder, lucro económico). Otras, de un beneficio simbólico: del triunfo de una de las convencionales. P a r a evitar el estigma inherente a un «juicio», se
concepción o modo de vida. Pero, en cualquier caso, toda prohibición consolida las
relaciones de poder existentes entre los diversos grupos sociales, ya que sólo el que le ofrece la posibilidad al infractor de devolver a la víctima del delito lo
tiene más poder es capaz de definir a los demás como desviados^''^ Este grupo sustraído, de indemnizarla; o bien, de realizar algún trabajo útil para la
finí- obtendrá así ei apoyo de las agencias del control social oficial, institucionalizando comunidad.
formalmente su dominación y supremacía sobre los otros grupos^'*^, siempre según
los teóricos del labeling. j-*-r -iii n •'••••
GIBBS"*, por ejemplo, afirma que el laheling no está en condiciones ^ vas, inherentes a las mismas. Quienes caracterizan el delito como
de distinguir la conducta desviada de la no desviada, porque no puede producto de meras definiciones históricas, como etiqueta o status atri-
precisar a priori qué requisitos h a n de concurrir para que la conducta y buido a u n a persona por determinados procesos de selección^^'^ con
su autor sean o no etiquetados. Si la criminalidad no es más que el independencia, incluso, del comportamiento actual de aquélla, exacer-
resultado de u n a «definición» —añade HASSEMER"®— habría que ban la función efectiva de la reacción social y la interpretan, indebida-
investigar los presupuestos de tal definición, los factores que explican mente, en un sentido «causal», muy apartado del simbólico que mere-
por qué las instancias del control social se inclinan en u n sentido o en ^ce^^"*. Una cosa es que la justicia penal se integre en la mecánica del
otro^''", enfoque olvidado por el labeling approach. control social general de la conducta desviada —apunta HASSEMER^^''—
y otra muy distinta que cree o produzca ésta, que la genere. Mantener
Un reproche liiuy generalizado a los teóricos del labeling es el de lo segundo sería tanto como confundir «desviación primaria» y «desvia-
haberse desinteresado por completo de la desviación primaria y su ción secundaria»-^^®.
génesis o etiología^^\ tratando de sustituir un paradigma (etiológico) por
otro (paradigma de control), en lugar de corregir o reelaborar el primero De algún modo, incluso, la polémica sobre la zona oscura tan avivada por el
/5^5'///7gi'a/7/7A(?5cA(en la «zona oscura» están las conductas de hecho no criminalizadas
con el análisis de la reacción sociaP^^ o de reconocer que ambos son que, en puridad, debieran estarlo), se vuelve contra quienes la alientan. Puesto que
complementarios^^^. '^ITÍO si la delincuencia es tan sólo el resultado de una definición, no cabe entonces hablar
de «zona oscura». Cuando los valedores del /abe/inga,pQ\3.n a la «zona oscura»
El efecto creador de criminalidad que el sector más radical del están reconociendo implícitamente otros indicadores e instancias normativas «crea-
labeling approach atribuye al «control social» ha sido blanco, también, doras» de criminalidad, cuyas definiciones no coinciden con las definiciones tácticas
de frecuentes reparos. del control sociar^''.
consiguiente asignación al mismo de un rol criminal, sólo ratifica o (nocividad, daño causado, etc.) siguen siendo más decisivas que cual-
confirma («sella») unas experiencias precedentes, u n a realidad diferen- quier otra variable sociaP®*'.
cial. Pero no se debe enfatizar la trascendencia del etiquetamiento
2') Controvertido es, también, h a s t a qué punto influye negativamen-
formal ni desconocer que en muchos casos (vg., subculturas) el individuo
te en la autoestima del desviado o concepto de sí mismo su etiquetamiento.
busca vivamente y consolida u n a identidad desviada incluso antes de
haber sido etiquetado de modo oficial u oficioso^®^. Quiebran, pues, las Auna conclusión afirmativa llegan AGETON y ELLIOP^^ en el estudio longitudinal
premisas de la self-fulfilling prophecy. de 2.616 jóvenes caiifornianos; según los autores, el contacto con la Policía afecta
más a la propia imagen de aquéllos que cualquier otro factor (vg., influencia de su
Por último, desde u n a persipectivapolítico-criminal, suele reprochar- par). No obstante, se trataría de una incidencia diferencial: muy superior, por
se al labeling approach su falta de realismo e incapacidad para abordar ejemplo, en los jóvenes de bajas clases sociales (incidencia negativa), menos
acusada en los de las clases medias y alta y poco significativa en los de ciertas
los problemas básicos de la cuestión criminal. La crítica descansa en tres minorías (negros, hispanos, etc.).
datos: el hecho de que el labeling no se interesa por la etiología de la También FARRINGTON^^^ quien comprueba cómo la actitud del joven que ha
«desviación primaria»; el que se preocupe más de criticar la selectividad experimentado dicho contacto se torna más hostil y agresiva, incrementándose así
del control social y su impacto negativo, sugiriendo u n a radical (pero su propensión a involucrarse en actos delictivos.
Otras investigaciones, sin embargo, parecen demostrar lo contrario.
utópica) no intervención, que de analizar científicamente los factores y
Así, LIPSETT''' examinó a 265 jóvenes delincuentes juzgados por tres distintos
variables de las definiciones del control sociaP*^^; finalmente, el que no tribunales, evaluando mediante cuestionarios el concepto que tenían de ellos
se haya podido verificar el éxito de los programas alternativos sugeridos mismos —y de sus jueces— antes y después de sus respectivos juicios. Aun cuando
por el labeling approach (diversión, restitution programs) en orden a la LIPSETT no tuvo en cuenta la sentencia recaída ni el delito motivo del proceso, su
evitación de los «estigmas» propios del control social formal y a la conclusión fue espectacular: el contacto de los jóvenes con la justicia no había
afectado negativamente ni al autoconcepto de los mismos ni a su imagen de los
reducción de las tasas de reincidencia^*^*. demás; finalizado el juicio, y con independencia de toda suerte de variables (edad,
clase social, trato recibido, etc.), superarían la experiencia sin dificultades.
c') Desde un punto de vista empírico, las numerosas investigaciones
FOSTER, RECKLESS y DINITZ llegan, también, a un resultado negativo al
realizadas en torno a las proposiciones fundamentales del labeling analizar cómo repercute en la propia imagen el primer contacto de 196 jóvenes con
(selectividad del control social, estigmatización, incidencia negativa del la Policía"". Las entrevistas realizadas a éstos evidenciaron una general despreo-
etiquetamiento en la propia imagen, impacto criminógeno del mismo, cupación de los mismos ante el suceso, salvo en el particular de la previsible actitud
etc.) no pueden estimarse concluyentes. , , j j ^ ,^^^,^, „, policial de futuro y la incidencia de éste en sus expectativas u oportunidades de
empleo.
1') Una de las proposiciones del sector más radical del labeling: que
la decisión de etiquetar a un individuo como desviado se disocia del 3') Tampoco puede estimarse verificada la hipótesis de que el
contenido actual de su conducta, se halla muy cuestionada. Con etiquetamientoprodiíce crimen. O como, tal vez, sería preferible formu-
SILBERMAN^^^, un buen número de investigadores creen haber podido
comprobar que, de hecho, las personas «etiquetadas» suelen ser culpa-
bles de los delitos que se les acusa; de modo que los márgenes de ^"^^ Así, VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
discrecionalidad del control social formal son bastante más reducidos. cit., pág. 372, resumiendo el resultado de otras investigaciones.
167
E n la justicia penal, las características objetivas del hecho cometido AGETON, S., y ELLIOT, D., The Effect of Legal Processing on Self-Concept, 1973,
Boulder Colorado, Institute of Behavioral Science. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology,
cit., pág. 224.
,Í51J 168
FARRINGTON, D.; OSBORN, S. G., y WEST, D. J., The Persistence of Labeling
' y 1 Il.HUi
Effects, en: British Journal of Criminology, 18 (1978), págs. 277 a 284. Cfr. SIEGEL,
182 Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 265. L. J., Criminology, cit. pág. 224.
163 Vid. HASSEMER, W., Fundamentos del Derecho Penal, cit., pág. 86; también, LIPSETT, P., The Juvenile Offender's Perception, en: Crime and Delinquency, 14
SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 228. "•': •-' "ri;- (1968) página 49. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 222.
170
i'^* Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 228. FOSTER, J.; DINITZ, S., y RECKLESS, W., Perception ofStigmaFollowing Public
i«s SILBERMAN, CH., Criminal Violence, CriminalJustice, New York, 1978, RandoDi Intervention for Delinquent Behavior, en: Social Problems, 20 (1972), pág. 202. Cfr.
House, página 254. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 222. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 222.
908 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 909
larla: que genera más crimen del que evita"^; ni, desde luego, la categorías elementales del mismo (reacción social-desviación; estigma-
supuesta inseparabilidad de los dos términos fundamentales del labeline • carrera criminal; etiquetamiento-conducta desviada)^^°.
etiquetamiento y carrera criminal, estigma y desviación. La moderna doctrina es consciente, pues, de la necesidad de ulterio-
Algunas investigaciones, ciertamente, parecen poner de relieve que el mero res investigaciones sobre el impacto diferencial efectivo del etiquetamiento,
OU etiquetado incrementa por sí sólo los índices de comportamientos criminales del distinguiendo diversas variables^**^ Y así, lejos del simplismo apriorís-
desviado. Así, por ejemplo, las de GOLD, GOLD y WILLIAMS y WOLFCANG^'^ tico de los teóricos más radicales, h a n ido perfilándose con el adecuado
Otras, de THORNBERRY, McEACHERN, MEADE y HANEY, arrojan resultados
menos concluyentes^'^. Sin embargo, un conocido trabajo empírico de TITTLE^^" refrendo empírico algunas conclusiones precisas y matizadas^^^.
^oa. que parte del examen de 16 estudios longitudinales de ex penados e individuos erí THORSELL y KLEMKE^^^ mantienen que los efectos del etiquetamiento varían
W libertad condicional, desmiente todas las predicciones del labelingdS demostrar que según el estadio de la carrera cr¡minalúQ\ desviado. Si ésta se halla en sus orígenes,
3¿r los índices de reincidencia son mucho más bajos de lo esperado (entre el 24 y el 68 es probable que el contacto con las instancias del control social formal ponga fin a
por 100, con un porcentaje medio del 44 por 100). Según el autor, todo parece indicar la misma en lugar de potenciarla. Así lo estima, también, CAMERON'^", al constatar
que hay carreras criminales sin etiquetamiento alguno de sus protagonistas; que que los ladrones de almacenes noveles abandonan usualmente sus actividades
éste, a menudo, se produce una vez consolidada ya la identidad criminal; y que delictivas si son detenidos (sin duda porque no considerándose a sí mismos
incluso una vez etiquetado el individuo puede no surgir la carrera,delictiva"^. «ladrones» antes del arresto, el nuevo rol carece del necesario respaldo de grupo,
Aun resultado semejante, contrario también a las previsiones del labeling, llegan y el etiquetamiento produce su rechazo).
otros autores. Importa distinguir, también, el modo o procedimiento de imposición del propio
Así, investigaciones sobre consumo de marihuana, falsificación de cheques, etiquetado. A juicio de THORSELL y KLEMKE^''^ el impacto de éste difiere según se
ciertas malversaciones, etc., parecen demostrar que estos infractores inician y lleve a cabo de forma privada, confidencial («advenencia» del manager de los
ya, estabilizan sus carreras sin necesidad de etiquetamiento alguno (VETTER grandes almacenes al cliente) o en audiencia pública, con el ceremonial del proceso
SILVERMAN)i'l SUTHERLAND constató que carteristas y buncoartistsÚQN\Qx\Qx\ criminal. ^',\¿. •Konc) ^;.,,;-'lyi vid SiiajjS .M.';'/-m'í-!:.?-¡, iwn
profesionales consagrados antes de que el control social formal les etiquete^^^
CAMERON^^í' y COHN-STARK^'^ por su parte, concluyen en un estudio sobre
Las relaciones entre la instancia criminalizadora y el individuo
hurtos en almacenes que, una vez detenidos estos delincuentes, no suelen reincidir.
etiquetado pueden ser igualmente decisivas. Así, mientras el joven de
una subcultura, en la que encuentra apoyo de todo tipo, se siente menos
4') De todo ello se desprende que el labeling no ofrece u n a explicación
vinculado a las personas que le etiquetan como desviado —y es menos
satisfactoria del origen, del desarrollo y de la consolidación de la
accesible a la influencia de éstas— cualquier otro joven delincuente es
desviación. Que probablemente incluso no pretendió en sus orígenes
capaz de poner fin a su carrera delictiva sólo por el hecho de sentirse
sugerir la existencia de u n a correlación automática entre las dos
negativamente valorado por personas a las que estima^^®. La reacción de
r^dv
171
Así, VOLD, G. B., Theoretica] Criniinology, cií., púg. 266. ^ '' Sobre el problema, vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and
172
Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 224. Crime. An Introduction, cit., pág. 874 y bibliografía allí reseñada.
173
Vid. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, 181 Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
cit., pág. 373. cit., página 374.
TITTLE CH., Labeling and Crime: An Empirical Evaluation, New York, 1975, J. Cfr. VETTER, H . J , y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction,
Wiley, páginas 157 a 179. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 223. cit., págs. 374 y ss
175
Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 223. THORSELL, B. A. y KLEMKE, L. W., The Labeling process: Reinforcement and
176
VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., deterrent. En, Law and Society Review, 7 (1972), págs. 372 a 392.
página 372. 184 CAMERON, M. O., The Booster and the Snitch, cit. Cfr. VETTER, H. J., y
Vid., VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, cit., pág. 374.
cit., página 372. 185 THORSELL, B. A., y KLEMKE, L. W., The labeling process: Reinforcement and
CAMBRÓN, M. O., The Booster and the Snitch, New York, 1964, The Free Press; deterrent, cit. Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime.
Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, An Introduction, cit., página 374.
cit., pág. 372. 186 THORSELL, B. A., y KLEMKE, L. W., The Labehng process: Reinforcement and
Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An Introduction, deterrent cit. Cfr. VETTER, H. J., y SILVERMAN, I. J., Criminology and Crime. An
cit., pág. 372 _. , . ,.,, , _.„.,_,^.. ,.^„,„, „,.,,,,.-.. ..,...„..^. Introduction, cit., pág. 375.
910 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
hdad, desde luego, existe; pero depende de lo fácil o difícil que resulte
1. CONFLICTO VERSUS CONSENSO: UN NUEVO ENFO-
eliminar de raíz el propio «etiquetamiento». Pues, como han constatado
SCHWART y SKOLNICRi^^ el mero arresto de un individuo (sobre todo QUE DE LA «CUESTIÓN CRIMINAL»^
de las clases sociales bajas) disminuye ya sus oportunidades laborales
La Criminologíaposííiüisía cimentaba el orden social en el consenso,
sin que la sociedad se pregunte la causa y el resultado de tal medida.
atribuyendo a la desviación u n carácter patológico y disfuncional.
j5^wU«)0.iííO BsnoQj sM—ortBiíooD i9-roq .(H0.u\no3 !&>
' ' ^ sí 9b r --
oquip ob
1 Sobre las teorías del conflicto, en general, vid.: SIMMEL, G. Conflict, y The Web of
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Introduction, cit., pág. 375.
.r;v<:, .y,f;'i , j ; : ; ,no:.í"¡j:íDo-!Jn!
912 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 913
Como afirma William J. CHAMBLISS^, el pensamento positivista se a) El orden social de u n a sociedad plural no descansa en u n supuesto
resume en cuatro proposiciones: consenso, sino en el disenso. El conflicto es inherente a aquélla, porque
a) El orden social se fundamenta en el consenso. la sociedad moderna es antagónica y conflictiva.
b) El conflicto es funcional, en todo caso, cuando contribuye a un
''" b) El Derecho representa y tutela los valores básicos del sistema.
cambio social positivo. No expresa u n a realidad patológica, sino la
c) El Estado garantiza en la sociedad pluralista u n a aplicación propia estructura y la dinámica del proceso social.
neutral de las leyes anteponiendo los intereses generales de la sociedad
c) El Derecho representa los valores e intereses de las clases dominan-
a los particulares de los diversos grupos.
tes, no los intereses generales de la sociedad.
d) La Criminología examina las causas del comportamiento criminal
d) La justicia penal integra el mecanismo del control social y gestiona
que apartan a ciertas personas de dicho consenso.
la aplicación de las leyes de acuerdo con los intereses de las clases
Las teorías del conflicto, por el contrario —las teorías del conflicto en dominantes.
sentido estricto*—, parten de la tesis de que no es la integración
e) El comportamiento desviado es u n a reacción al desigual e injusto
normativa la que garantiza el mantenimiento del sistema y promueve
reparto de poder y riqueza en la sociedad^.
sus cambios necesarios, sino el conflicto, aunque parezca paradójico^
ová'-t Lógicamente, cuestiones como la decisiva influencia de unos y otros grupos de
ni 'Consideran que el crimen es u n a ñmción de los conflictos existentes poder en la configuración de la ley penal y posterior control de su aplicación, el
en toda sociedad, sin que por ello tales conflictos deban reputarse funcionamiento discriminatorio y sesgado de la Justicia y la correlación existente
necesariamente nocivos o disñmcionales. ,„ , j ,„ ,,» i ., u-, entre el sistema capitalista de libre empresa y las tasas de criminalidad, ocupan la
atención prioritaria de los teóricos del conflicto^
- Sus postulados básicos son: cJi-1 ."iü.M.aTíiíObot
,jf-[i, '..) /j-iu.Kii') J51JJ13B .T ;.TJV8H W9i
B b'iBw.jj :Í».4I,.. ,¿ m .lijU ,.íi ,'iHOQ>í¿IíiHAO ;íiüni!or.J ÍÍSIBÍIBSÍI SUÍI.'JÍD-:
/'" '" ' ' ; '''ir ífuaiuoLnKohamA :uo .eis^JíuiA [B3Í7SOÍO,Í;)O8'ÍO noiJfij
jínno3 aaiií') bñ& aRBiO :o;ng:ai hh :(8fle!) \"í;í B ñ
2. CONFLICTO CULTURAL, CONFLICTO SOCIAL Y CON-
and Conflict, 1976, New York, Academic Press;. O. WEIGEIT, The Politics of C E P C I O N E S CONFLICTUALES M A R X I S T A S
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,S^ Chandler; ST. SHAFEK, The PoHtical Criminal, New York, 1974, The Fres Press;
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;-t' CEA D'ANCONA, M- Ángeles, Las orientaciones críticas en el estudio de la
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•9 DO GENOVÉS, V., Eelaciones entre la sociedad y el sistema legal, en: Psicología
.0-, social y sistema penal, cit., págs. .45 y ss.; SCHNEIDEE, H. J., Kriminologie, cit., No son teorías del conflicto, en sentido estricto. Atribuyen la crimina-
Ju págs. 441 y ss. lidad bien a contradicciones internas de la cultura de u n a sociedad
S? Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 298 y ss.; PITCH, T., Teoría (desmoronamiento de sus estructuras heredadas, crisis de valores
'"'•' de la desviación social, cit., págs. 133 y ss.; SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág.
234. oficiales, doble moral, calidad de ejemplos de conducta específicos, etc.);
^ Cfr. W. J. CHAMBLISS, Functional and Conñict Theories of Crime, en: W. J.
O CHAMBLISS y M. MANKOFF editores, Whose Law, What Order?, 1970, New
York, Wiley, págs. 4 y ss.
* Excluyo, pues, las denominadas teorías del «conflicto cultural», que no son teorías
- " del «conflicto» en sentido estricto. En el seno de estas últimas, incluso, existen Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 234. Contraponiendo el modelo «consen-
•'"í importantes diferencias de matiz: unas implican meras «correcciones» del análisis sual» y el paradigma de «conflicto», desde u n punto de vista «epistemológico» y
"' funcionalista; otras, una explicación distinta de la dinámica del sistema social. Vid. «poHtico»: GARRIDO GENOVÉS, V., Relaciones entre la sociedad y el sistema
,/L PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 133. ^...,,.-.^, penal, cit., págs. 45 y ss. >,.t,i,..., ..J.UÍ,., ,4 tp O.ÍXJ,X*...,^
?»íí. Así, PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 133. ¡t'% 'jxi. Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 234. r 'ns.; neo Íe;íb) ib t,ius iümo
914 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 915
esto es, al cambio social, como mantiene TAFT®; bien a conflictos entre 3. TEORÍAS D E L CONFLICTO SOCIAL
los diferentes grupos culturales de una sociedad, según la versión de
SELLIN^, más próxima a las teorías que se analizan en este capítulo. i B snimiiaeib ienaq
a) Actualidad del enfoque conflictual.
OH 6j Teorías del conflicto social. ^ 't" Las teorías del conflicto tienen, sin duda, u n a larga tradición en el
Mantienen que el crimen es producto de los conflictos históricos pensamiento sociológico que hunde sus raíces en el análisis marxista del
existentes en toda sociedad. delito, el Derecho y la Justicia. La actual difusión y éxito de las mismas,
sin embargo, es u n fenómeno relativamente reciente, que puede atri-
c) Teorías del conflicto de corte marxista. ^^'***^H-^' ^n'-'-^'
buirse a tres factores^^.
Entroncan con elpensamiento marxista ortodoxo (MARX, ENGELS), En primer lugar, a investigaciones empíricas llevadas a cabo en las
polarizando el análisis del conflicto criminógeno en las estructuras de la décadas de los años sesenta y setenta (self repórter studies). Estas
sociedad capitalista. A este enfoque pertenecen la Criminología «críti- encuestas h a n demostrado que, contra lo que pudiera inferirse de las
ca», la llamada Criminología «radical» y la Criminología (neo)marxista estadísticas criminales oficiales, el delito se reparte por igual a lo largo
o «nueva» Criminología^". ,..aau 80.Í de toda la estructura social («ubicuidad del crimen»); que no es monopo-
Se analizarán, por tanto, sólo las teorías del conflicto «social» y las lio de las bajas clases sociales, sino u n a conducta incluso «mayoritaria»,
interpretaciones conflictuales marxistas y neomarxistas, excluyendo omnipresente en la totalidad del espectro social.
las llamadas teorías del «conflicto cultural»".
i.-,. , ,„ •.,,.., • . „ , . . , . „ , . ., ,,....„„,,...,,.,,,,;. ,:. ,-.üteliqssBmeteiete
'wiQ'i iíí1\¡ifl,'is,Hí f, ¡.«^/Mv^si yii-v'iíithij ísb mmiñ
« TAFT, D. R., Criminology, 1956, New York, págs. 115 y ss. y 341 y ss. en los márgenes o zonas divisorias de culturas vecinas, o bien, cuando el Derecho de
^ T. SELLIN, Culture Conflict and Crime, en: Social Science Research Council, 1938, una se extiende al territorio de otra distinta (colonización) o u n grupo humano
New York, págs. 32 y 33. concreto inmigra a una zona geográfica ajena (inmigración).
^•^ Se adopta, a efectos expositivos, la clasificación propuesta por SIEGEL, L. J., Aunque SELLIN pondera la influencia de los mass media, que pueden difundir
Criminology, cit., pág. 234. pautas de conducta en contradicción con las convencionales, su hipótesis del
" De estas últimas, baste con una sucinta referencia al pensamiento de TAFT y conflicto cultural encontraría el ámbito específico de aplicación en la delincuencia
SELLIN. de los inmigrantes. Concretamente de la llamada «segunda generación»., cuyos
;ji) TAFT deduce la criminalidad de la cultura de u n a sociedad. Sería producto, a su jóvenes cuentan con dos «culturas» a menudo contradictorias: la originaria de
juicio, del cambio social, guardando una relación estrecha con contradicciones procedencia (familiar) y la «adoptiva» (norteamericana). Sobre SELLIN, vid.
internas de la cultura misma: descomposición de relaciones tradicionales, carácter SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 443 y ss.
dudoso de estructuras heredadas, crisis de los valores oficiales, calidad insatisfac- Se h a objetado a la teoría del conflicto cultural que no está demostrado que las tasas
toria de los ejemplos de conducta o modelos, etc. P a r a el autor los elevados índices de criminalidad sean significativamente inferiores en las sociedades con menor
-i'' de criminalidad de la sociedad norteamericana encontrarían explicación en el índice de conflictos de tal naturaleza. Y que no es obvio que el eventual conflicto
;iI desmoronamiento de las estructuras tradicionales, en la doble moral y en la alta entre dos culturas no específicamente criminógenas deba provocar u n a «salida»
, competitividad propios de dicha sociedad (Criminology, cit., págs. 341 y ss.). criminal (Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 47).
SELLIN atribuye la delincuencia no ya a conflictos «globales» con la totalidad de la Pero, en todo caso, el modelo explicativo de SELLIN interesa como antecedente de
cultura de una sociedad, sino a conflictos parciales entre los diversos grupos las teorías examinadas en este capítulo porque, según el autor, tanto en los
culturales (Culture Conflict and Crime cit., págs. 29 y ss.): conflictos o contradiccio- conflictos primarios como en los secundarios, el Derecho no representa un supuesto
nes entre las normas de conducta de éstos. Los conflictos surgen, según SELLIN, consenso de los miembros o grupos de la sociedad, sino las normas de conducta de
en la medida en que una sociedad deviene compleja, porque entonces una misma la cultura dominante» (Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 299).
situación puede ser objeto de regulaciones distintas, total o parcialmente contradic- Una explicación teórica de la criminalidad juvenil en Israel es la que aporta S.
torias, según las normas de conducta de los diversos grupos o subgrupos que la SHOHAM. Su parentesco con las del conflicto cultural es evidente, al llamar la
integran, con los que el individuo se identifica. Los conflictos, para el autor, son de atención el autor sobre la ausencia de consenso axiológico en el seno de la familia
dos clases: «primarios» (entre dos culturas divergentes) y «secundarios» (estos como factor criminógeno básico (Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs.
últimos se producen cuando una determinada cultura genera varias subculturas, 444 y ss.). j.^,...
cada una de ellas con sus normas de conducta propias). En todo caso tienen lugar 12 Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 237 y 238.
916 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 917
Siendo esto así, el hecho de que las estadísticas oficiales no registren de modo Derecho para el logro de sus intereses privativos o para imponer a los
significativo la participación de las clases medias autorizaría a concluir que la justicia
demás grupos sus propios valores morales.
<-4j. penal discrimina a la lower class. Numerosos criminólogos, basándose en tales
investigaciones empíricas, afirmarán que el sistema penal no es sino un mecanismo Por último, el clima de controversia política y social que vivió la
(Q de control de las clases sociales bajastí\x\q\úomás al mantenimiento del statuquo sociedad norteamericana durante la década de los sesenta (movimientos
que a la protección de los intereses generales y del ciudadano honesto.
fe] de protesta y contraculturales) propiciaría igualmente el éxito de las
teorías conflictuales. Entre otras razones, porque éstas contemplaban el
E n segundo lugar, a la excelente acogida que, también a partir de los
hecho cotidiano del «conflicto» como un fenómeno normal, adoptando un
años sesenta, mereció u n enfoque teórico concreto: el labeling approach.
análisis crítico frente a la reacción de los poderes públicos al crear y
fEiil '-^ hipótesis fundamental del labelingapproacl?.-que el delito no es una «cualidad aplicar la legalidad a los disidentes. .bneaaiq s
? c r r pgggijygj, ^g |g acción, ontológica, material, sino «atribuida» (naturaleza no
«ontológica», sino definitorlalja ciertas personas a través de complejos procesos de
interacción scc/^/altamente selectivos, de suerte que lo decisivo no es la propia
conducta, sino el status ÚQ\ autor; así como la otra premisa teórica del «labeling b) Evolución de las teorías del «conflicto social»: la aportación
approach»: el comportamiento discriminatorio—constitutivo, no meramente «decla- de DAHRENDORFy VOLD. El «conflicto» en COSER y SIMMEL.
rativo»— del control social, potencian, sin duda, el análisis conflictual, hasta el punto
;"* de que no parece ya viable el estudio del delito desligado del de la «reacción social», R. DAHRENDORF y G. B. VOLD son dos pioneros del enfoque
incluso si no se comparte el valor «constitutivo» que el labeling approach SiS\qna al conflictual. Del primero se ha dicho que su obra ha adquirido para éste
control sociaP^. el rango de u n auténtico «catecismo»^*^. En cuanto a VOLD, la edición
original de su Theoretical Criminology es el primer texto que sigue a los
La difusión del labeling approach no sólo ha reforzado el análisis de postulados básicos de la Sociología del «conflicto»". La obra de COSER
las teorías del conflicto, sino que ha hecho surgir u n a verdadera escuela y SIMMEL, por otra parte, interesan aquí porque amplían o rebasan el
de criminólogos capitaneada por R. QUINNEY, A. TURK y W. análisis estrictamente funcionalista, atribuyendo a la «desviación»
CHAMBLISS, que h a n tratado desde entonces de identificar la crimina- social unas funciones que anticipan ya el posterior enfoque de las teorías
lidad «real» en los Estados Unidos, llamando la atención sobre dos del conflicto^*. ^-i -" >
extremos: la desigual distribución del poder y la riqueza en la sociedad
V. DAHRENDORF^^ es uno de los primeros autores que sitúa el
americana y el funcionamiento de su justicia penal como genuino
mecanismo del control social". Su tesis central, como advierte D. conflicto social no sólo en el centro de la dinámica del sistema, sino en el
GREENBERG^'', puede resumirse en u n a idea: la ley penal no es propio eje de equilibrio del mismo.
producto de un consenso moral o de los intereses comunes de toda la A su juicio, el modelo de sociedad funcionalista basado en el «consen-
sociedad, sino del poder relativo de los diversos grupos que se sirven del so» resulta utópico, sin apoyo real, porque supone que todo cambio social
normal proviene de u n proceso «orgánico», patológico, explicable sólo por
•"^ bivdaás'te 9Hp'¥;:issafff{iríariÍBi)afa-aoiaifií*íí;jíljí>Ji3a^ factores extraordinarios en lugar de asumir la evidencia contraria: que
ísofe 8 sísaaikiíKitKfo a triBfáKixílBaqes im iSrasfiíuoiSü b mi
no existe tal consenso. Que el cambio (fundamental change) es, de hecho.
La Criminología «critica», que parte de un modelo «conflictual» de base marxista,
supera no obstante los postulados del labeling approach, ya que no refiere la
conducta delictiva a la «reacción social» fundamentalmente, sino a la estructura
social (capitalista). Sobre el problema, vid. CEA D'ANCONA, M- Ángeles, Las
orientaciones críticas en el estudio de la delincuencia, cit. págs. 198 y ss. Sobre la 16 Así, TAYLOR, I.; WALTON, P., y YOUNG, J., The New Criminology: For A Social
Criminología crítica, vid.: SERRANO GÓMEZ, A., La Criminología crítica, en: Theory of Deviance, 1973, London, Routledge and Keagan Paul, pág. 240.
Anuario de Derecho Penal, 1983, págs. 49 y ss. " Así, THOMAS J. BERNARD, en: Theoretical Criminology, 1979, cit., pág. 282.
Vid. MEIER, R., The New Criminology: Continuity in Criminological Theory, en: 1** Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs. 135 y ss.
Journal of Criminal Law and Criminology, 67 (19M), págs. 461 a 469. Cfr. SIEGEL, 19 R. DAHRENDORF, Class and Class Conñict in Industrial Society, 1959, Stanford,
L. J., Criminology, cit., pág. 238. Connecticut: Stanford University Press; del mismo: Out of Utopia: Toward a
^^ GREENBERG, D., Crime and Capitahsm, 1981, Palo Alto, California: Mayfield Reorientation of Sociological Analysis, en: American Journal of Sociology (64), 2,
Publishing página 3; Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 238. págs. 115 a 127, 1958.
918 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 919
el estado normal de toda sociedad: se produce continuamente y en todos 1". Toda sociedad está sometida continuamente a u n proceso de
sus niveles, porque siempre hay individuos que no comparten el orden cambio.
social y se encuentran en condiciones de t r a t a r de sustituirlo. Hasta tal 2". Toda sociedad muestra disenso y conflictos por doquier. El conflic-
p u n t o es n o r m a l dicho proceso social de cambio que, según to social es omnipresente.
DAHRENDORF, los sociólogos debieran estudiar más los factores que
interfieren el mismo que los factores que lo impulsan^". 3". Todo elemento de u n a sociedad aporta su contribución a la
desintegración y al cambio de aquélla.
Algo semejante mantiene DAHRENDORF respecto a la idea del
«conflicto»: nos preguntamos por sus causas, cuando lo realmente 4". Toda sociedad se basa en la coerción de algunos de sus miembros
anormal no es la presencia, sino la ausencia de conflictos y debiéramos sobre los otros^''. "'"•" — — •-- —
sospechar de la sociedad que no dé muestras de ellos. Podemos suprimir- Sin embargo, DAHRENDORF rechaza el concepto marxista de «cla-
los temporalmente, regularlos, encauzarlos y controlarlos, pero ni el se», «estado» y «conflicto», por considerar que el proletariado ya no es una
mejor de los filósofos ni el más eficaz de los dictadores será capaz de clase homogénea, unitaria y cohesionada de individuos paupérrimos y
erradicarlos de u n a vez para siempre^^. >AvlWf*"^;'ASWaiAWi sin cualificación. Los trabajadores, en la actualidad —argumenta—
;»ifpOi Para DAHRENDORF, el modelo «conflictual» no está llamado a sustituir al integran diversos grupos: especialistas, semiespecialistas y no especia-
0133 modelo funcionalista de «consenso», pero sí a complementarlo por ser el más lizados, cuyos intereses respectivos no necesitan tanto unos de los
; ^. idóneo para explicar el cambio social^^. En definitiva, afirma, las sociedades se otros^®.
mantienen cohesionadas no por el consenso, sino por el constreñimiento; no por una
*"*-'•' " concordia universal, sino por la coerción y violencia de unos sobre otros^^. Es lógico, por ello, que el revisionismo de DAHRENDORF haya sido
objeto de toda clase de críticas desde u n análisis marxista ortodoxo.
*' No obstante, el análisis de DAHRENDORF, específicamente dirigido '.ni - ím Así, se le ha reprochado su visión puramente «economicista» y simplificadoradel
a la sociedad capitalista «avanzada»^*, difiere de modo ostensible del ¿f,] pensamiento de MARX^'. Que relegue el ámbito del conflicto a la esfera política^".
pensamiento marxista ortodoxo, aproximándose en algunos extremos a Que reduzca el concepto de «clase» o «grupo» a una mera «asociación» basada en
la perspectiva funcionalista. intereses objetivos, desligando el cambio social de la dinámica del proceso econó-
•A •'• mico^^, concepto éste —el de «cambio»— que ni siquiera puede reconducirse a la
is ;,;.; Según DAHRENDORF, toda sociedad constituye un entramado plural y compe- í . categoría parsoniana de la «innovación». Y, sobre todo, que su modelo conflictual
!' titivo de «grupos» de intereses, articulado a través de cierto tipo de «relaciones» se aproxima al enfoque funcionalista cuando DAHRENDORF sugiere veladamente
(imperatively coordinated associations). La desigual distribución de poder y autori- que los roles de dominación y subordinación son complementarios, integrándose
dadgenera en cualquier clase de organización social (en la capitalista, en la feudal, funcionalmente para el mantenimiento de la estructura social^".
en la socialista) dos «grupos»: los que detentan el poder y la autoridad y los
sometidos al control que ejercen los primeros. Donde quiera que existan tales
condiciones, existirán también, por fuerza, conflictos. Ahora bien, estos conflictos no 2'. G. B. VOLD tiene el mérito de haber trasladado al ámbito de la
siempre evidencian un desmoronamiento de la estabilidad social. Pueden ser Criminología los esquemas conflictuales elaborados por DAHRENDORF
''-'>' • «funcionales», contribuyendo a un desarrollo más justo y efectivo del orden social y otros en el seno de la Sociología general. Su teoría criminológica del
conflicto, sin embargo, no puede s u m i n i s t r a r u n a explicación
Cuatro postulados resumen el modelo «conflictual» de DAHRENDORF:
tíi'^^'"^ j -/ ' f T , G
•(n.i-ti '^i^ nofif / tii í í í / n 25 DAHRENDORF, R., Class and Class Conflict in Industrial Society, cit., pág. 48.
26 DAHRENDORF R., Class and Class Conflict in Industrial Society, cit. Cfr.
20 Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 300. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 238.
21 DAHRENDORF, R., Gut of Utopia, cit., págs. 126 y 127. 2"^ Así, PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 140.
22 Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 301. 28 Citando a PIZZORNO, PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 141.
23 DAHRENDORF, R., Out of Utopia, cit., pág. 127. 29 PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 142. ^j. „,j
2^* Vid. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs. 140 y ss 30 PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 141. , , . í',
920 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 921
generalizadora del delito. Pues, como el propio autor advierte^^, se
Con ello no quiere afirmar el autor sólo que ciertos delitos^^ reflejan de
circunscribe estrictamente a ciertas situaciones en las que los hechos
modo específico determinadas tensiones sociales, sino algo más: que la
delictivos surgen de la confrontación de grupos que pugnan por mante-
propia realidad del crimen parece inseparable del proceso social y su,.
ner su síaías. al dicha proceso socií.
dinámica antes comentada.
La criminaiidad que no guarde una relación directa con la lucha existente entre
'^ Tal sería, en la opinión de VOLD, el trasfondo del conocido concepto sociológico
• los diversos grupos de intereses (vg., delitos impulsivos), deberá analizarse con
de «delito» aportado por E. SUTHERLAND cuando este último autor lo definía no ya
arreglo a otros enfoques teóricos.
como comportamiento o acto individual previsto en la ley, sino como gama de
interrelaciones o situación sociaP".
Según VOLD, el conflicto es inherente a la dinámica social: se trata
—afirma el autor— de «uno de los procesos sociales básicos de los que Porque, según VOLD, la totalidad del proceso político de creación del
depende el continuo devenir social»^^. vji^Wvajat
Derecho, de violación de la ley y de aplicación del ordenamiento jurídico
La orientación psicosocial de su teoría del conflicto descansa en la al infractor refleja directamente el hondo conflicto que existe entre
concepción interaccionista de la formación de la personalidad y en la del diversos grupos de intereses y su pretensión de luchar por el control del
comportamiento colectivo, concepto este último (collective behavior) poder policial del Estado.
estrechamente unido al de «proceso social»^^. Asume, pues, la tesis de El conflicto entre los valedores de la ley y quienes la violan —continúa VOLD^^—
que el hombre es un ser «grupal», parte y producto al mismo tiempo del existe ya con anterioridad a la promulgación de la norma. Después, constituye la
grupo. Y la sociedad, el resultado de un tenso equilibrio dinámico entre propia base de ia instancia legislativa. Se prolonga durante el proceso penal y
grupos con intereses contrapuestos, que rivalizan entre sí para mante- culmina durante el tratamiento en prisión del delincuente. Conflicto, pues, por
""^ doquier: entre miembros de la legislatura, en el Parlamento; entre acusación y
ner o mejorar sus respectivos status. La «acción colectiva», por tanto,
'"""^ defensa, en el proceso; entre funcionario y recluso, en el establecimiento peniten-
debe estimarse un principio normal de toda organización social: los ciario; entre oficial de vigilancia y penado en libertad bajo palabra, en el régimen de
diversos grupos nacen o desaparecen continuamente en función de las libertad condicional. ,.<-. .. n-» .-4-v..-,-Kn. . >,,-,•.
necesidades de sus miembros^*.
3'. La aportación, por último, de COSER*» y SIMMEL'^i —circunscrita
El conflicto entre los diversos grupos se produce, a juicio de VOLD, cuando
devienen competitivos y operan en un mismo campo de interacción, esto es, al al ámbito de la Sociología general— merece, también, u n a mención.
! solaparse o entrecruzarse sus respectivos intereses^^. Pues, aunque no pueden ser considerados «pioneros» ni genuinos repre-
sentantes de las teorías del conflicto, influyeron en éstas indirectamen- Todo ello conduce a u n modelo social en el que el «conflicto» desempe-
te. Primero, al resaltar los cometidos positivos que desempeña la ña funciones semejantes a las de la «integración normativa»*''.
«desviación», con u n análisis que rebasa los límites del enfoque En efecto, de acuerdo con algunos planteamientos de SIMMEL,
funcionalista. En segundo término, porque COSER y SIMMEL dejaron concibe COSER el conflicto como proceso operante hacia la integración
u n a significativa huella en el pensamiento de otros teóricos del conflicto del grupo. Más aún: como «forma de socialización». De modo que
como VOLD y DAHRENDORF. apurando al máximo las posibilidades teóricas que brinda la interpreta-
L. COSER integra la perspectiva parsoniana a su teoría de la ción funcionalista del universo social, llegará a afirmar que para el
desviación, apurando al máximo las posibilidades que brinda el análisis mantenimiento del grupo t a n necesario es el conflicto social como el
fiíncionalista del «conflicto»^^. propio consenso*^.
Siguiendo a DURKHEIM, considera que el delito no es siempre El conflicto —argumenta COSER— es u n a auténtica «válvula de
«disfimcional» para el grupo. Antes bien, promueve u n a mayor cohesión seguridad» del orden social; mantiene las divisiones sociales y los
social y ética en torno a la norma violada y contribuye a la redefinición sistemas de estratificación; y estimula el necesario cambio normativo,
de la misma. El acto desviado, según COSER, señala con más claridad siempre que la hostilidad y el antagonismo se mantengan dentro de
los límites de la conducta lícita y, por tanto, el rechazo colectivo del ciertos límites bien definidos y no cuestionen la legitimación del sistema
infi'actor consolida la unidad del grupo. .íf^,ftgp mismo.
No obstante, al examinar COSER las funciones de la desviación en el seno del El conflicto, ante todo, canaliza la agresividad y frustraciones repri-
lOf
grupo mismo y en las relaciones de éste con el mundo exterior, discrepa de midas, impidiendo que dicha carga pasional alcance u n nivel peligroso,
DURKHEIM. Porque, ajuicio de COSER, laexpulsión del desviado resultadisfuncional destructor. Si no hubiera oportunidad de expresar el disenso, la hostili-
^,, jj para el propio grupo en ciertos supuestos límite^l
dad, el individuo se sentiría anulado. El conflicto libera u n a agresividad
reprimida capaz de destruir las propias bases del consenso, consolidan-
El punto de partida de la teoría de la desviación de COSER es la
do así éste. Es u n a válvula de seguridad que da salida y neutraliza la
distinción entre desviación social «innovadora» y desviación social
tensión social*^.
«criminal»: el innovador actúa en bien de toda la colectividad, mientras
el delincuente busca la consecución de sus intereses particulares. La Pero, además —y aquí sigue el autor un concepto de «conflicto»
categoría de la «innovación», que implica un cierto tipo de cambio asimilable al de «competencia»**^—, es un expediente psicológico adecua-
sistemático, entendida como com.portamiento orientado a u n a mejor do para mantener la estratificación social. El conflicto establece y
adaptación del sistema al mundo exterior y a la solución de algunos conserva la identidad y los límites de sociedades y grupos. Las hostili-
conflictos internos, ocupa un lugar fiíndamental en el pensamiento de dades estructuradas y los antagonismos recíprocos permiten mantener
COSER. Determina los mecanismos decisivos para el propio equilibrio las divisiones y los sistemas de estratificación: impiden que desaparez-
del sistema, a diferencia de la significación bien distinta que asignaba can progresivamente los límites entre subgrupos de u n sistema social*®.
a la misma MERTON al incluir en ella supuestos típicos de desviación Pero el conflicto cumple tal función no sólo en una sociedad de «castas»,
criminal**. sino también en u n a organización social como la norteamericana; en u n a
• i }-. n i^p' í^ t ! o ! h ) ' , ,if,ni'ií rii A j . ^i^o sociedad donde la movilidad social vertical se halla institucionalizada,
4 )í VI/ "" J O ÍI íi r • u íf X) p" 11 n 1 iprr
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*2 Vid. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs 134 y 140. -:•!'."-•
45 PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 135. íj,*
''^ L. COSER, Some Punctions of Deviant Behavior and Normativo Flexibility, en: The
46 PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 136.
American Journal of Sociology, Vol. LXIX, n^ 2 (1962), págs. 172 y ss.
47 Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social cit., pág. 138.
*" Vid. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 135. P a r a COSEE el ejemplo Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social cit., pág. 138.
Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 138. •Jífl. .-nJ
paradigmático de conducta «innovadora» es la del científico.
924 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 925
que concede clara prioridad al status «alcanzado» sobre el status «atri- En última instancia, pues, COSER —siguiendo a los «patólogos
buido» —añade COSER*'"— la hostilidad entre los diversos estratos se sociales»— equipara «conflicto» y «diferenciación de roles». El conflicto
mezcla con u n a fuerte atracción positiva hacia aquéllos del vértice de la se convierte en u n parámetro de racionalidad y funcionalidad que
jerarquía social. Si no hubiera antagonismo, los grupos de status se contribuye al armónico desenvolvimiento de los roles sociales, en base a
desvanecerían al difuminarse los límites entre ellos y el exterior. O, la diferenciación de éstos y a la existencia de u n contexto normativo
dicho de otro modo: la ideología de la competencia, basada en una compartido^^ „ _, • , ._ .„,_:- _ , j .
estructura social de estratos, incentiva a quien se encuentra en una -iÍ8 80l ñioOB X^l SÍ BUp 9»
posición desventajosa: t r a t a de motivarle positivamente hacia los valo-
res del sistema y le fuerza a aceptar su status efectivo^^ c) Teorías del conflicto social modernas e investigaciones
empíricas: referencia a la obra de W. CHAMBLISSyR. SEIDMAN,
Por último, el conflicto cumpliría u n a tercera función positiva, siem-
R. QUINNEY, A. TURKy otros.
pre que se desarrollara también en un contexto normativ amenté delimi-
tado: promover la necesaria modificación de las leyes, de acuerdo con el 1') Teorías del conflicto y administración de la justicia penal: el
cambio de las circunstancias sociales. Gracias a aquél, afirma COSER, análisis crítico de W. CHAMBLISSyR. SEIDMAN.%-¡Y.:SIBM(
la sociedad puede concienciarse de la trascendencia de las normas y de
Desde los años setenta, diversos autores^* h a n acudido al enfoque
los valores conculcados por el infractor: recuerda, actualiza y revitaliza
«conflictual» para analizar el funcionamiento de la justicia penal,
los mismos. E impulsa el reajuste de las relaciones sociales al cambio
concluyendo que éste no es sino u n a función de las relaciones de poder.
previo experimentado^^ ^i,í«;^M4M>«ji-(!;^!,f^Wii;?íjt#'»%sií?^
Los pioneros de tal orientación fueron W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN
Pero, en todo caso, para el autor el conflicto «funcional» es un conflicto limitado;
"^ un conflicto sobre objetos particulares que deja a salvo las bases del sistema y
con su obra: Law, Order and Power^^. Y su tesis: que el poder del Estado
O; presupone un marco de consenso: el denominado conflicto «realista» («instrumen- —que encarna la justicia penal— no es u n mecanismo neutro, capaz de
-f tal», en la terminología mertoniana) o «innovador», característico de aquellas resolver pacíficamente los conflictos sociales (teoría del consenso), sino
g, conductas que infringen las normas institucionales para asegurar la consecución de la expresión misma del conflicto permanente característico de nuestra
metas y objetivos culturalmente prescritos. Porel contrario, el conflicto «disfuncional»
sociedad, cuya estructura y funcionamiento responde a los intereses de
(el «no realista») cuestiona la legitimidad del sistema mismo, implicando toda la
^,( personalidad del individuo afectado. En consecuencia, pone en peligro la estructura los grupos de poder (teoría del conflicto)^®. ,-íii,,«i5írt«*rte AÍV»,
del orden social, ya que significa más que el mero rechazo de las vías legales y la
Los autores verifican la hipótesis «conflictual» en los dos momentos
correlativa opción a favor de cauces ilegítimos.
más significativos del sistema: el de la creación del Derecho en la
instancia legislativa y el de su posterior aplicación por los tribunales de
Según COSER, por otra parte, el conflicto «no realista» —el
justicia.
disfuncional— surge en situaciones de represión del conflicto «realista»,
por f a l t a de t o l e r a n c i a , de p e r m i s i v i d a d social, de c a u c e s P a r a CHAMBLISS y SEIDMAN el proceso real de creación de las
institucionalizados que den salida a éste. La intensidad de u n conflicto leyes dista mucho de la imagen bucólica que patrocina el modelo del
que amenaza de destrucción el consenso social —afirma COSER— no consenso. El supuesto «bien general», los «intereses públicos», no expli-
deriva del conflicto mismo, sino de la rigidez de las estructuras de una can en términos realistas la génesis del Derecho, inseparable de las
sociedad monolítica que acumula hostilidades sin encauzarlas, que
radicaliza aquél.
^^ Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs. 139 y 140.
.gSff ,4ía^,IfiÍ')p8,íW)J:í,0J.^fe l!i . " ! JÍÍ4 5" Entre otros: ST. L. HILLS, E. QUINNEY, E. D. WKIGHT, C. A. HAKTJEN, B.
KRISBERG, H. E. PEPINSKY, etc. Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit.,
Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pag 136 pág. 308, nota 36.
51
Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pag. 137. ^^ Law, Order and Power, Addison-Wesley, Reading, 1971.
52
Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 139. 56 W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., pág. 4.
926 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 927
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA
actividades de ciertos grupos de interés^''. Incluso cuando la ley refleja forman parte hace posible el comportamiento sesgado, discriminatorio
unos valores «morales» —añaden CHAMBLISS y SEIDMAN— éstos y mediatizado del control penal®^.
son los valores de determinados grupos que se imponen a los valores
morales de otros. El ordenamiento jurídico no expresa, pues, con neutra- 2') R. QUINNEY y la «realidad social del crimen».
lidad u n inexistente código de valores mayoritario, producto del consen- Hasta su conversión oficial al marxismo, la obra de R. QUINNEY
so social, sino los particulares intereses y concepciones de concretos «The Social Reality of Crime»'^^, es u n claro exponente del análisis
grupos. La posibilidad de que la ley acoja los sistemas de valores propios conflictual no marxista^^.
de cada uno de los grupos que integran u n a sociedad pluralista no se
El autor parte de la normalidad e inevitabilidad del conflicto en todo
reparte por igual entre todos ellos. Por el contrario, guarda u n a estrecha
tipo de sociedades. Y atribuye éste al desigual reparto del poder, a la
relación con la posición política y económica de los mismos: con las
lucha por el poder como mecanismo dirigido a la consecución eficaz de los
estructuras de poder^'^.
intereses particulares. En toda sociedad —afirma QUINNEY®*^— los
E n cuanto al segundo momento, el de la aplicación del Derecho, conflictos entre personas, grupos sociales y culturales son inevitables,
CHAMBLISS y SEIDMAN llegan a idénticas conclusiones, tomando consecuencia natural de la vida social. La distribución diferencial del
como referencia la decisión de los jueces y tribunales que sientan poder produce conflictos; conflictos que tienen sus raíces en la pugna de
precedente o doctrina al resolver casos dudosos; esto es: el ámbito los diversos grupos en busca del poder.
supuestamente más objetivo y libre de valores del sistema^^. Ajuicio de
El modelo «conflictual» de QUINNEY puede resumirse en seis propo-
CHAMBLISS y SEIDMAN, la jurisprudencia tampoco es neutral. Los 67.
jueces «crean» Derecho, en último término, fundamentando sus fallos en siciones
criterios «valorativos»; pero tales referencias axiológicas no proceden del Primera: naturaleza definitorial del delito. Según QUINNEY, el
Derecho natural, sino, ante todo, de sus propias concepciones persona- delito es u n a definición de la conducta h u m a n a que procede, en las
les'"'. Además, diversos factores sociológicos (extracción social del juez, sociedades organizadas políticamente, de determinados agentes e ins-
rol de la magistratura, tipo de formación de los magistrados, etc.) tancias autorizados. Con ello, sigue QUINNEY las tesis fundamentales
contribuyen a que los valores y criterios de las decisiones judiciales del enfoque interaccionista de la desviación: naturaleza «definitorial»
beneficien de antemano más a las clases privilegiadas que a las depri- del delito y eficacia «constitutiva» del control social. E n efecto, para
midas**!. . > ÍÍ ,•,, :] fef rtñ'jñ¡i<rf >;í)'ruj QUINNEY el delito es u n a «definición», carece de sustrato ontológico: el
juicio que hacen ciertas personas (autoridades) sobre las acciones de
En definitiva —concluyen CHAMBLISS y SEIDMAN^2_^ ^^^to en su
propia estructura como en su funcionamiento las «agencias oficiales»
actúan en servicio de los intereses de los grupos de poder cuando crean
o aplican el Derecho. El interés «público» o los «intereses generales» son •^^ W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., pág. 269.
tenidos en cuenta sólo en la medida en que coinciden con los intereses *"' Little, Brown, Boston, 1970. Otras obras de R. QUINNEY: Critique of Legal Orden,
1973 Little, Brown, Boston; Criminal Justice in America: A Critical Understanding,
particulares de aquéllos. La naturaleza «burocrática» de tales «agen-
1974, Little, Brown, Boston; Class, State and Crime: On the Theory and Practice
cias» y la conexión de las mismas con la estructura «política» de la que of Criminal Justice, 1977, New York McKay; From Repression to Liberation, en: R.
A. Scott y J. D. Douglas, New York, Basic Books; R. QUINNEY y J. WILDEMAN:
The Problem of Crime, New York, 1977, Harper-Row, 2^ ed.
®° Así, VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., pág. 317, quien distingue dos
57 momentos en la obra de QUINNEY, el segundo de ellos de orientación marxista. A
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., pág. 73. una orientación muy semejante responde la teoría del conflicto de K. F. SHUMANN
58
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., págs. 473 y 474. en la literatura criminológica del ámbito germano parlante (Cfr. SCHNEIDER, H.
59
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., pág. 75. J., Kriminologie, cit., pág. 447).
60
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., págs. 125 a 151. ^'^ R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, Little, Brown, 1970 (Boston), págs. 9 y
61
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN, Law Order and Power, cit., págs. 95 a 115.
62
W. CHAMBLISS y R. SEIDMAN,
:<'!•• S S .
Law Order and Power, cit., pág. 503. ^•^ R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., págs. 15 a 23.
928 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 929
otras, juicio independiente de las cualidades o características de las La tesis de QUINNEY difiere aquí en dos extremos de otras teorías del conflicto
acciones mismas''®. Dicho de otro modo: no existe «el» crimen, sino semejantes, como la de VOLD". En primer lugar, en cuanto a los titulares o
protagonistas del conflicto. Para VOLD, éste enfrenta a «grupos de intereses
personas «criminalizadas» a través de ciertos procesos de formulación y organizados», mientras OUINNEY mantiene que la lucha se produce entre «seg-
aplicación de las definiciones legales que, por tanto, «crean» la crimina- mentos de la sociedad» organizados (vg., profesionales, trabajadores, etc.) o no
lidad. u^íSíJiíiaiBBacpeueiiicBHBXM^jBfEf m.a|fiiaiioiiS' organizados (por ejemplo, reclusos, enfermos mentales)'^. En segundo lugar, por las
propias pretensiones generalizadoras de una y otra teoría conflictual. VOLD
Segunda: formulación de las definiciones de delito. Las deñniciones circunscribía la validez de su análisis conflictual a ciertos hechos delictivos. QUINNEY,
de delito describen comportamientos que entran en colisión con los por el contrario, considera que toda manifestación de la criminalidad puede explicar-
intereses de aquellos «segmentos» de la sociedad que tienen el poder de se con este esquema, incluyendo los crímenes (impulsivos, etc.) que VOLD excluía.
A su juicio, también las personas que actúan por impulsos emotivos o irracionales
control sobre la Policía. representan un «segmento social» —si bien no «organizado»—con normas, valores
Los preceptos legales, según esta proposición típica de las teorías del y orientaciones ideológicas semejantes, comunes'^. La conducta de tales personas
sería definida como criminal por quienes tienen más poder y están en condiciones
conflicto, representan los intereses de quienes detentan el poder en la de proteger así sus intereses. La ausencia de una confrontación «política» externa,
sociedad. Donde quiera que exista u n conflicto entre grupos sociales, visible, en estos casos no significa —continúa QUINNEY— que no existan conflictos
aquéllos que ostentan el poder configuran el Derecho en su propio entre los diversos segmentos sociales, sino que uno de ellos ostenta un poder
beneficio, sojuzgando a los rivales^^. Tales grupos modificarán, si es hegemónico sobre los demás, hasta el extremo de que la lucha real adquiere el mero
rango de actos individuales de resistencia por proceder del segmento no «organiza-
preciso, las condiciones sociales; promoverán iniciativas para que se do».
protejan intereses políticos, económicos o religiosos y cambiarán, inclu-
so, las concepciones generales sobre el interés «público».
Cuarta: desarrollo de los modelos de comportamiento en relación a las
Tercera: aplicación de las definiciones de delito. Las definiciones de definiciones de delito. Los modelos de comportamiento se estructuran —
delito se aplican por aquellos «segmentos» de la sociedad que poseen el en u n a sociedad organizada por segmentos— en función de las definicio-
poder de configurar la administración de la ley penal velando por su nes de delito. Según QUINNEY—y de acuerdo con las proposiciones de
cumplimiento. ~:^--„, „ ,„,j , ^ ^ v ,-„^„,^ ,v»-„,-^--:;..•• la llamada «asocjacióre diferencial» de SUTHERLAND— cada segmento
Por tanto, los intereses de los grupos que detentan el poder se hacen social cuenta con un sistema normativo propio, con pautas de conducta
sentir no sólo en el momento legislativo (creación de las definiciones que se aprenden y transmiten a sus miembros en sus respectivos
legales), sino también cuando el Derecho se administra y aplica (aplica- ámbitos culturales y sociales. Que dichos modelos «normales» de com-
ción de las definiciones legales). Las actividades encaminadas a hacer portamiento se etiqueten de «delictivos» por la ley depende de la mayor
cumplir las leyes, según QUINNEY, se orientan igualmente a la protec- o menor proximidad del segmento a las estructuras de «poder» que
ción de los intereses del poder, siendo tres los factores que deciden la formulan las «definiciones legales». Influyen, desde luego, diversas
efectiva imposición de las sanciones penales: las expectativas de la variables sociales (oportunidades de acceso legítimo al éxito, procesos
comunidad en orden al proceso discriminatorio de la aplicación de las interpersonales de asociación e identificación, experiencias y concepcio-
leyes, la visibilidad de la infracción y el nivel de denuncias de los nes propias de cada segmento), pero la probabilidad será tanto mayor
particulares, y la ideología y comportamiento de las agencias oficiales cuanto menor sea el grado de poder e influencia del segmento concreto
encargadas de hacer cumplir las leyes''". en el mecanismo de creación de las leyes y de aplicación del Derecho.
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^** R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., pág. 16. ' ^1 Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 302 y 303. '
^^ E. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., págs. 17 y ss. Esta segunda '2 R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., pág. 38.
proposición es muy semejante a la tesis conflictual de VOLD (Cfr. VOLD, G. B., ^^ R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., págs. 249 a 252 (en relación con la
Theoretical Criminology, cit., páginas 287 y ss.), a quien el propio QUINNEY cita. «criminalidad violenta»). E n similar sentido: A. T. TURK, Conflict and Criminality
™ R. QUINNEY, The Social Reality of Crime, cit., pág. 18. ,...., .-, - -i. • en: American Sociological Review, 31 (1966), pág. 342. ; A-Ü , r í.-i"i«:iup"",*l "'
930 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 931
1
QUINNEY asume la doctrina «interaccionista» del labeling approach a este necesidades de éste. Cuando determinados modelos de comportamiento
respecto cuando afirma que las personas etiquetadas de «delincuentes» tratan entran en conflicto con los intereses del poder, sus agentes —el sistema
después de adaptarse al nuevo «status>> aprendiendo a desempeñar el rol criminal de la justicia penal— los define como criminales.
con el que se identifican. Lo que, a su vez, aumenta las posibilidades de que la
conducta futura de las mismas sea definida como criminal. El delito, desde esta En consecuencia, QUINNEY combina un enfoque interaccionista del delito
perspectiva interaccionista, tiene una estructura dual e implica no sólo la conducta (labeling approach) y \in modelo del conflicto social semejante al sustentado por
de las personas «etiquetadas», sino también la de quienes ostentan el poder de VOLD y DAHRENDORF'^ Pero se aparta inequívocamente del pensamiento
«etiquetar» a aquéllas: es, pues, el resultado final de unas experiencias comunes, marxista ortodoxo en aspectos sustanciales. Su obra no utiliza el término «clase»
continuas y recíprocas'". social, sino el de «segmento». En ningún lugar de la misma se afirma que el poder
político resida en un grupo particularáe la sociedad y que la causa del delito guarde
relación directa con los «modos de producción». Por último, QUINNEY rechaza la
Quinta: «construcción» de las concepciones de delito. Las diversas naturaleza «patológica» que el marxismo atribuye a la criminalidad''^.
concepciones sobre el delito se «construyen» y difunden en los segmentos Fiel a una orientación marxista «suigenerls» es la obra de SUMNER, C. (La
sociales a través de los medios de comunicación. Sociología de la Desviación. Una Necrológica)''^. Para el autor, el concepto de
«desviación» ha perdido consistencia como categoría científica por falta de consen-
^_ QUINNEY parte de la sociología contemporánea del «conocimiento» so sobre su presupuesto (la «normalidad»). Asistimos, a su juicio, a una extraña
o «constructivismo sociaW^: el mundo en el que vive el hombre es coalición entre la izquierda y la derecha criminológica con el objeto de marginar el
fundamentalmente «subjetivo» y producto de la «interacción social». análisis «etiológico», centrando todos los esfuerzos en la prevención del delito, el
Según QUINNEY, la noción de «delito» puede referirse bien al concreto control de la policía y las víctimas. Pero el propio concepto de «control» habría
fracasado, también, porque presupone consenso y políticas penales coherentes. En
acaecer tal y como los individuos lo «experimentan» de modo personal, consecuencia, estima que vivimos bajo una lamentable «censura»: una cultura de
bien a las concepciones de la realidad que diversos procesos de interacción la «censura». ..iMaitf'W.i
social —incluidos los mass media— crean y transmiten a aquéllos. Pero,
en todo caso, las diferentes imágenes del crimen se «construyen» y 30 Conflicto y criminalización: AUSTIN TURK80
«difunden» como parte de un proceso «político» que impone u n a particu-
lar jerarquía de valores e intereses en nombre de un supuesto «bien A. TURK p r o p u g n a u n modelo de conflicto próximo al de
general». Las concepciones del crimen —concluye el autor— se constru- DAHRENDORF, radical, totalizador y no marxista. Modelo basado en
yen desde el poder «con intención» y ofrecen u n a visión interesada de la las «relaciones de poder» existentes en cualquier sistema económico (no
realidad: son un «acto político». Quienes ostentan el poder imponen «su» sólo el capitalista) que, a su juicio, explica satisfactoriamente el fenóme-
realidad a los otros y amoldan la opinión pública a sus definiciones de no de la desviación y el de la criminalización desde u n a perspectiva
delito: la «realidad» del crimen, por tanto, es la más sutil e insidiosa neutra, objetiva, libre de valores^^
forma del control sociaF^. p.y, ^ Según TURK, los individuos difieren unos de otros en el modo de percibir y
comprender los fenómenos sociales. Dichas divergencias les lleva al conflicto. Cada
8 Sexta: la realidad social del crimen. La realidad social del crimen se persona o parte en conflicto trata de llevar a la práctica su respectivo modo de pensar
construye a través de la formulación y aplicación de las definiciones de y actuar, lo que ocasiona una lucha deliberada sobre la distribución de los recursos
delito, el posterior desarrollo de los modelos de conducta referidos a las
mismas y la construcción de las concepciones del crimen. '- '- ' ' . ' ' . t . ' U f J Í X J )-•fcJt'íftih.M
77
Según QUINNEY, las ideas que profesa la sociedad sobre el delito son Vid SIRGEL. L -I, Oiminology cit, pag 243 -"^ •' r^^•^.''-».r rrrf'• m-
^ Vid. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 312 j ss.
controladas por el poder y la justicia penal actúa para asegurar las ^' ^ The Sociology of Deviance. An Obtuary, 1994. Buckingham, Open.
**" A. TURK Criminahty and Legal Order, 1969, Chicago, Rand McNally; del mismo:
Conflict and Criminality, en: American Sociological Review, XXXI, n- 3 (1966),
'* Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 242. - - - - • " • « - ,. r.-^,. págs. 341 y ss.; Analyzing Ofñcial Deviance: For Nonpartisan Conflict Analysis in
'^ Vid., por todos, P. L. BERGEE y TH. LUCKMANN, The Social Construction of Criminology, en: Radical Criminology: The Coming Crisis, 1980, edit. J. Inciardi
Eeality, Doubleday, Garden City, 1966. Cfr., VOLD, G. B., Theoretical Criminology, (Beverly Hills, California: Sage Publications), páginas 78 y ss.
cit., pág. 304. ^^ Vid. TURK, A., Analyzing Official Deviance: For Nonpartisan Conflict Analysis in
''^ R. QUINNEY, The Social Reahty of Crime, cit., pág. 304. -......-> .<. •„,„,.,. .,..., Criminology, cit., págs. 78 y ss. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 243.
932 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 933
t^ítf disponibles y el acceso efectivo a las metas perseguidas. Quienes comparten Distingue TURK entre normas «culturales» y normas «sociales»: las primeras
affir> creencias y actitudes semejantes se agruparán. De este modo, los conflictos se aparecen asociadas a formulaciones verbales de valores, las últimas a concretos
institucionalizan y adoptan la forma de sistemas de estratificación: los diversos modelos de comportamiento actuales**^. Desde el punto de vista de las autoridades,
grupos de conflicto se convierten en una parte fija, independiente, de la estructura las normas culturales hacen referencia al Derecho «escrito», las sociales al Derecho
O J M social. Tales sistemas se caracterizan por la explotación económica, explotación «vivido», aplicado. Según TURK, el conflicto será más probable cuando exista un
•K3Q f, sostenida por la dominación política %x\ sus más variadas modalidades: desde la acuerdo muy estrecho entre la norma cultural anunciada por las autoridades y sus
violencia física a las más sutiles formas de persuasión política. El «poder» es el modelos de conducta actuales; y, también, un elevado grado de congruencia entre
atributo básico que determina la posición de un grupo en la estructura social: los el modo en que evalúan el supuesto los individuos que poseen el atributo en cuestión
igbo cambios que pueda experimentar un grupo en su posición no reflejan sino cambios o que realizan la conducta y sus normas «sociales» respectivas**'. La formulación de
Qtj-je. en la distribución del poder. Los miembros de un grupo, a su vez, comparten sus TURK presupone que no se dicte ni ejecute norma alguna sin que antes surjan
j ^ S5 experiencias con los otros integrantes del mismo, con los de los grupos antagonistas diferencias culturales o sociales entre autoridades e Individuos. La probabilidad del
y el entorno que les rodea en un decisivo proceso de intercomunicación. Las conflicto, para TURK, depende del grado de «organización» y del nivel de «sofisti-
j; relaciones humanas —concluye TURK— son esencialmente dinámicas, cación»^" de unas y otros. El conflicto es más probable cuando los individuos están
QB g Interdependientes y se hallan sometidas a un continuo cambio. Por ello, el conflicto «organizados». Y cuando autoridades e individuos actúan con bajos niveles de
•nesr representa el proceso social básico''^. sofisticación^^.
.:iííin ^\-
La concepción del «orden social» de T U R K se d i s t a n c i a En cuanto al segundo problema, tres factores, según TURK, determi-
significativamente del modelo de consenso. P a r a los teóricos de este nan la mayor o menor probabilidad de que un conflicto conduzca a la
último, el orden social surge de la internalización por los individuos de criminalización de los individuos: la evaluación de la conducta prohibi-
las normas y valores que encarna y expresa la ley. TURK, por el da por la Policía y grado de coincidencia de la misma con la que efectúen
contrario, mantiene que dicho orden social descansa en un equilibrio los tribunales^"; el «poder» relativo que detenten quienes aplican la ley
«consenso»-«coerción» sostenido por las «autoridades». Estas han de y quienes se resisten a ello, y el «realismo» del conflicto, esto es, las
procurar que las relaciones de poder no sean ni excesivamente coerciti- consecuencias derivadas de éste en orden al incremento o reducción de
vas ni excesivamente consensúales e igualitarias^^, y sólo en la medida las expectativas de éxito de uno y otro grupo^^
en que lo consigan, los ciudadanos asumirán como inevitables, sin
iíí''jKc;!.'J.iaíí);j'Jísi'jDx?ii^ íq;.;í i;.';ta)ciuj-
cuestionarlos, los roles sociales de la autoridad. Según TURK, todo
orden social descansa en este mecanismo de «condicionamiento». Las
relaciones de autoridad se consolidan no porque los individuos —de '•^ A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., págs. 36 y ss. -ífi&ítífc
forma consciente o inconsciente— crean en la justicia y legitimación del ^' A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., págs. 55 y ss.
orden social establecido, sino en tanto h a n sido condicionados para ** El concepto de «sofisticación» es utilizado por TURK como sinónimo de «conocimien-
to de modelos o pautas en el comportamiento de los otros que es utilizado con
aceptar como u n hecho más de la vida que dicho orden es el que existe
pretensiones de manipularlos». Cfr. VOLD, G. B., Theoretical Criminology, cit.,
y con el que cuenta la autoridad»*. },eWMfe. mmwo ékfld. pág. 306.
A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., págs. 58 a 61. Por el contrario, el riesgo
Partiendo de este análisis del orden social, formula TURK u n a teoría de conflicto será inferior si autoridades e individuos son muy «sofisticados», ya que
de la «criminalización» que pretende especificar bajo qué condiciones las las primeras buscarían estrategias más sutiles que la coerción para conseguir sus
discrepancias culturales y sociales entre autoridad e individuos condu- fines y los individuos sabrían acceder a sus objetivos sin precipitar un conflicto con
cirán a u n conflicto; bajo qué otras tendrá lugar la criminalización en el el poder del Estado.
A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., págs. 65 a 67. Si Policía y Tribunales
seno de éste; y en qué medida influye el grado de pobreza de u n individuo
coinciden en la nocividad de la conducta, el índice de arrestos será muy elevado y
en la probabilidad de ser etiquetado como criminaP^. muy severas las sentencias. Si la Policía encuentra ofensiva la conducta prohibida,
jíí - r
\i pero no los Tribunales, la tasa de detenciones será alta, y benignas las sentencias.
-TRírt'íC.rfní'tl'T -Í€Í>{ :«>iif;fvi>f I \i-r- íírtO a i \ I Si sucediera a la inversa, los arrestos arrojarían índices bajos y los fallos condena-
**2 A. TURK, Analyzing Official Deviance, cit., págs. 78 a 91. ./_,•.« torios penas muy severas.
*^ A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., pág. 42. s! 11 f' A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., pág. 70. El «realismo» de un conflicto
*" A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., pág. 44. viyLsnif ,'AH' significaría —para las autoridades— la posibilidad de mantener la relación de
^^ A. TURK, Criminality and Legal Order, cit., pág. 53. ' ' r < i.ci , poder invirtiendo escasos recursos en la aplicación de las leyes, y, desde el punto de
m
934 ANTONIO GAKCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 935
Por ello el análisis «conflictual» de TURK aplicado al delito se aparta de las manifiesta, por ejemplo, que determinados problemas del individuo seguirán siendo
premisas de la «teoría de la desviación» yasume el enfoque del iabeling approacii irresolubles en tanto no se destruyan las estructuras sociales y culturales del
(teorías de la criminaiización). Con dos consecuencias fundamentales: que momento^'.
<: probiematizae\ propio concepto de «conducta desviada» —instrumento, a su juicio Por otro lado, TURK discrepa ostensiblemente de las tesis marxistas. No habla
de quienes detentan el poder en el marco conflictual para criminalizar a quienes de «clases», ni de «clase dominante», sino de «partes» fparíiesjde \a sociedad: \as
2U2 \ carecen del mismo''^—; y que establece una estrecha relación entre tres factores que «autoridades» y los «individuos», cada una de ellas con sus respectivos valores e
P-' ' desvinculaba la Criminología clásica: posición de las partes en el conflicto, tipo de intereses y cuyo efectivo reconocimiento por las leyes dependerá del grado de
,; conducta discriminada y sanción efectiva que aplica la autoridad legítima^^. «poder político» que unas y otros posean. Además, se opone a una drástica
dicotomía del cuerpo social que dividiría éste en dos: las élites dominantes,
E n efecto, según TURK, hacerse criminal es distinto que llevar a cabo monopolizadoras del poder político, y las masas, privadas por completo de éste.
Según TURK, el poder no se distribuye socialmente de una manera tan nítida y
u n a conducta delictiva. Una persona es valorada —favorable o desfavo- simplista, ni las leyes reflejan sólo los intereses de la élite dominante, ni ésta se ve
rablemente— no por su comportamiento, sino por concretas reacciones libre por completo del riesgo de la criminaiización^^.
de los demás que le «perciben» como «infractor» o no infractor. En
consecuencia, lo decisivo no es la conducta misma y sus cualidades, sino Por ello, desde u n enfoque marxista riguroso, se h a reprochado a
los procesos sociales de valoración y asignación de status que tienen TURK que su análisis discurra en un contexto político abstracto, y que
lugar en un contexto de conflicto; procesos que si cuentan con el refrendo desvincule las «relaciones de poder» de las relaciones económicas y
de las autoridades públicas constituyen la «criminaiización» y, cuando sociales de «clase»®^. . - ^ ' >.
carecen de tal respaldo oficial, la «estigmatización». La etiqueta «oficial»
de la conducta, en todo caso, marca el origen de su carácter delictivo, del Las teorías del conflicto expuestas —no marxistas— h a n sido objeto
«status criminal». Criminaiización equivale, por tanto, a «atribución de de numerosas criticas. <^ím.^^mip^^í¡^k^f^i*liJ^:•(^l^;li^^i
status», lo que desde u n análisis conflictual significa que la conducta Se las reprocha, en primer lugar, que no sean capaces de explicar satisfactoria-
delictiva no se examina ya en sí misma como fenómeno objeto de mente la génesis o causación del comportamiento criminal. Pues, en efecto, si fuere
explicación, sino que se convierte en u n a de las diversas variables cierto, como pretenden, que el delito surge de un conflicto de poder: de un conflicto
entre quienes detentan el poder y quienes carecen del mismo, lo lógico sería que
existentes o vinculadas a la probabilidad de la criminaiización®*. Se hace estos últimos dirigiesen el comportamiento criminal hacia y contra los poderosos. Lo
especial hincapié —afirma TURK— no en la conducta criminal de que realmente no sucede. Y dicha contradicción no puede obviarse ni eludirse con
individuos sospechosos, arrestados y detenidos, sino en el proceso un supuesto desplazamiento del conflicto, como insinúan algunos teóricos. Las
conflictual que define como criminales a unos contendientes adscribién- teorías del conflicto de poder tampoco aclaran convincentemente la desigual
distribución de la criminalidad entre los diversos grupos sociales. Parten de la
doles el correspondiente status^^.
premisa de que los grupos poderosos criminalizan a los que carecen de poder: lo
Finalmente, es oportuno recordar dos notas del modelo de TURK, que, de ser cierto, debiera traducirse necesariamente en una elevadísima sobrecar-
ga de criminaiización de ciertos grupos (niños, jóvenes, mujeres, tercera edad, etc.),
comunes a todas las teorías del conflicto «social» aquí examinadas: su que carecen de poder en nuestra actual sociedad. Las estadísticas oficiales, sin
elevado nivel de abstracción y el fundamento no marxista del mismo. embargo, demuestran todo lo contrario. Se objeta, también, a las teorías del conflicto
la extrema simplificación con que operan al identificar «poder» con «poder político»
La obra de TURK refleja un pensamiento profundamente abstracto, teorético; y
o «económico», desconociendo que existen otras muchas clases de poder (moral,
''í' sus proposiciones sobre el «cambio social» bordean la utopia'^ cuando el autor
científico, ético, etc.). Y que se limiten a diferenciar sólo dos grupos de individuos:
los que tienen todo el poder y los que no tienen ninguno, cuando realmente no existe
tO U v i I b -f {.írlGiurrrn ) JIJÍ
en la actual sociedad tan drástica alternativa; ni hay individuos faltos por completo
ía
t •„. „'-íf de poder, ni ésta es una situación generalizada, porque la dinámica social fuerza a
vista de los infractores, un cierto compromiso con las autoridades para que forzando los diversos grupos aun continuo proceso de transacción y compromisos. Finalmen-
al máximo la legalidad y, sin renunciar a aplicarla, no lleguen a hacerlo.
^^ Vid. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 145. IV< !
^^ Vid. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., pág. 143. ,. . , „ , , . .
^•^ TURK A., Conflict and Criminality, cit., pág. 341. j -[ • .>!« 97
TURK, A., Criminality and Legal Order, cit., pág. 58. • i'Vy tat
^^ TURK A., Conflict and Criminality, cit., pág. 345. ^ sna;. 98
TURK, A., Criminality and Legal Order, cit., pág. 33. -' -•' «
^"^ E n este sentido, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 244. f ij'vjvr! ,,..»„. Cfr. PITCH, T., Teoría de la desviación social, cit., págs. 145 y 146.
936 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 937
te, el propio paradigma de conflicto, esto es: la supuesta inexistencia, en la sociedad jjian ciertamente superiores los índices de delincuencia de aquéllas, si
lou .. plural de nuestro tiempo, de un tácito consenso entre todos sus componentes sobre bien atribuyen este dato real a la necesidad de sobrevivir de los
las principales definiciones y principios axiológicos del orden social, parece muy
deprimidos, a motivaciones egoístas de diversa índole^"'' o al hecho de
í debilitado después de algunas investigaciones empíricas (GRAEME NEWMAN, CH
í W. THOMAS, R. J. CAGE, S. C. FOSTER, etc.). De ellas se desprende más bien'todo que tales clases sociales profesen unos valores u ostenten unos intereses
9 2©!. lo contrario: el ciudadano es más o menos consciente de lo mal que funciona el radicalmente enfrentados a los convencionales de las clases medias.
9b ot sistema, de la selectividad y discriminatorledad del control social y de sus operado- Existen i n v e s t i g a c i o n e s que p a r e c e n d e m o s t r a r la a c t u a c i ó n
BoifS!' res. Pero, no obstante, sobre las definiciones oficiales (legales) de lo delictivo o no discriminatoria del sistema penal, pero otras arrojan el resultado
,; delictivo, sí existe un llamativo consenso a pesar de las notorias diferencias
contrario: que la Administración de Justicia no es parcial exclusivamen-
,. existentes entre los diversos grupos sociales, tanto en el aspecto político como en
V el económico, cultural, etcétera^"". te con los pobres y grupos minoritariosi°l "*,|mí#f-Í!ait*il«lÍftí«M^í
D. JACOBS y D. BRITP"^ examinaron, por ejemplo, la relación que pudiera existir
fatMeiíieütó - Rü pov su c&^j. entre el uso de la fuerza por la Policía con resultado mortal, el porcentaje de grupos
d) Algunas investigaciones empíricas de orientación minoritarios en una población y otras variables como el número de delitos violentos,
«conflictual». área geográfica, etc. A juicio de los autores, los datos obtenidos avalan la teoría
«conflictual» si bien sólo parc¡almente;Qs\.o es, la tasas de homicidios causados por
A diferencia de las investigaciones dirigidas a la evaluación del la autoridad demostraría una discriminación económica pero no una discriminación
modelo «consensual», las ahora reseñadas ponen menos énfasis en la racial.
A. LIZOTTE'"' trató de verificar igualmente el modelo «conflictual» tomando
validez de las hipótesis de u n a u otra teoría del conflicto y, en su lugar,
como muestra ochocientos dieciséis casos criminales enjuiciados por los tribunales
pretenden demostrar t a n sólo que los «principios» básicos del modelo de de Chicago en el período de un año. Para ello, y con un complejo método estadístico,
conflicto cuentan con el refrendo empírico. Tres de ellos son objeto de un analizó los efectos de ciertas variables legales (arrestos precedentes, gravedad del
interés prioritario: las tasas de criminalidad relativas de las clases caso, no constitución de fianza, cuantía de ésta, influencia del asesoramiento de
bajas, el comportamiento discriminatorio de la justicia penal y la letrado en el fallo, etc.) y del statusáQ\ administrado (ocupación, raza, etc.) en las
sentencias condenatorias.
evolución histórica del Derecho Penal como exponente de los intereses El autor, de acuerdo con la hipótesis «conflictual», halló significativas desigual-
de las «clases dominantes»^°\ dades en las resoluciones jurisdiccionales asociadas al factor racial y ocupacional.
Tanto los trabajadores blancos como los negros recibirían penas de prisión mucho
Sus resultados no pueden estimarse concluyentes ni definitivos^"^. más severas que los trabajadores de «cuello blanco», existiendo el doble de
i Algunas de ellas, desde luego, parecen demostrar que las clases probabilidades de que los primeros siguieran en prisión^™.
TH. CHIRICOS y G. WALDO^"^ son de otra opinión después de examinar diez mil
privilegiadas cometen tantos actos delictivos como la lower class. Sin
cuatrocientas ochenta y ocho sentencias condenatorias de internos en tres Estados
embargo —y en todo caso—, carece de verificación empírica la hipótesis
de que las elevadas tasas relativas de criminalidad de las clases bajas
responda precisamente al comportamiento sesgado, discriminatorio, de Vid. J. TOBY, The New Criminology is the Oíd Sentimentality, en: Criminology, 16
la Administración de Justicia^°^. Pues no faltan criminólogos que esti- (1979), páginas 513 a 526. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 244.
Vid. CH. WELLFORD, Labeling Theory and Criminology: An Assessment, en:
i^iy*'^ n^HS- "'^ «Ji.-.,í\.w,v -f*- Social Problemas, 22 (1975), págs. 332 a 345. Cfr. SIEGEL, L. J. Criminology, cit.,
pág. 244.
106
Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 448 y ss ü¡ D. JACOBS y D. BRITT, Inequality and Pólice Use of Deadly Forcé: An Empirical
Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 244. Assessment of a Conflict Hypothesis, en: Social Problems, 26 (1979), págs. 403 a
Una amplia información sobre las investigaciones empíricas dirigidas a verificar la 412. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 244 y 245.
107
hipótesis del conflicto, en el particular aspecto del «pluralismo axiológico» (inexis- A. LIZOTTE, Extra-Legal Factors in Chigago's Criminal Courts: Testing the
tencia de u n único código de valores compartido por todo el cuerpo social), en: Conflict Modal of Criminal Justice, en: Social Problems, 25 (1978), págs. 564 a 580.
GARRIDO GENOVÉS, V., Relaciones entre la sociedad y el sistema penal, cit., Cfr. SIEGEL, L. J. Criminology, cit., pág. 245.
págs. 48 y ss. Extra-Legal Factors in Chicago's Criminal Courts, cit., pág. 577.
109
Vid. M. HINDELANG, Race and Involvement in Common Law Personal Crimes, TH. CHIRICOS y G. WALDO, Socioeconomic Status and Criminal Sentencing: An
en: American Sociological Review 43 (1978), págs. 109 a 125. Cfr. SIEGEL, L. J-, Empirical Assessment of a Conflict Proposition, en: American Sociological Review,
Criminology, cit., pág. 244. . ^ „, , _ . . . _ . 40 (1975), págs. 753 a 772. Cfr. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 245.
938 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 939
jg 'f. del sudeste norteamericano. Los datos obtenidos por los autores demostrarían Si bien hunden sus raíces en el pensamiento de MARXy ENGELS, la
•tnf inequívocamente —a juicio de éstos— que el 5/5/¿/5 socioeconómico del infractor
convicto no guarda relación con la severidad de la pena impuesta por los tribunales.
moderna Criminología marxista recibe u n impulso decisivo y renovador
9Í) Dicha conclusión, que contradice la hipótesis del modelo conflictual, vendría avalada con la obra de I. TAYLOR, P. WALTON y J. YOUNG «The New
8» por el hecho de que se verificó en tres Estados diferentes y para un total de diecisiete Criminology», publicada en 1973. Dicha obra entronca con las directri-
¡asi clases diferentes de delitos"". ítMJrtcaDfcoB-gei, ces de la National Deviancy Conference (NDC), organización constituida
en 1968 por u n grupo de sociólogos británicos, quienes desde u n enfoque
En un caso límite, pero muy significativo, sí pueden considerarse ,«interacGÍonista» (labeling approach), criticaron el sesgo conservador de
verificados empíricamente los postulados de la teoría del conflicto: en el la Criminología inglesa y norteamericana, y, sobre todo, su estrecha
de la pena capital. Esta se ha reservado, de hecho, a individuos de los dependencia financiera de las agencias gubernamentales. La tesis
más bajos estratos sociales o pertenecientes a determinadas m i n o r í a s " \ fundamental de estos autores es la del labeling approach: que, actual-
mente, el control social no constituye u n a mera respuesta al delito, sino
un factor generador de desviación criminal. En 1973 se operó una
I- 30l 9b OiOiui A .; significativa escisión en el seno de la National Deviancy Conference
4. TEORÍAS D E L CONFLICTO SOCIAL D E INSPIRACIÓN cuando ésta profundizó en el examen de la naturaleza política del control
social. Un sector de la misma seguiría definitivamente la perspectiva del
MARXISTA: C R I M I N O L O G Í A «RADICAL», CRIMI-
labeling approach, otro, por el contrario, el pensamiento marxista.
NOLOGÍA «CRÍTICA» Y «NUEVA» CRIMINOLOGÍA
En los Estados Unidos, a finales de los años sesenta, surgió una
a) Las teorías del conflicto social que ahora se analizan asumen escuela criminológica «radical» en torno a la Universidad de California,
fielmente los postulados del marxismo ortodoxo, contemplando el cri- en Berkeley, espoleada por los acontecimientos políticos y culturales de
men como fimción de las relaciones de producción de la sociedad la sociedad norteamericana (guerra del Vietnam, motines carcelarios,
capitahstaii^. ,e^,feH;JBGfo^^Trtbo.-\íÍ3y/óqlf^-síy>; movimientos feministas y de derechos humanos, etc.). Los autores más
ISffOfDftqL 'A \ «• . 'í TOlStóf ÍÉ'éEbB1003B 39lBti0l0Dlbanui d9n0);-bt0391 3B representativos de esta orientación marxista fueron, entre otros, A.
PLAIT, P. TAKAGI, H. y J. SCHWENDINGER, R. QUINNEY, W.
óDnElí! oüeüov áb a 201 «iLir
CHAMBLISS y B. KRISBERGn^.
"° TH. CHIRICOS y G. WALDO, Socioeconomic Status and Criminal Sentencing, cit.,
b) Criminología marxista contemporánea: proposiciones teóricas.
Pág-767. mrvRí--
111 Así, SIEGEL, L. J., Criminology, cit., pág. 245. ^ ' La Criminología marxista contemporánea ha conseguido formar un
11^ Estas teorías del conflicto son teorías sobre la criminalidad «de» la sociedad
cuerpo de doctrina incorporando al pensamiento originario de MARX y
capitalista. Las explicaciones que ofrece la Criminología marxista al hecho de la
8' , delincuencia «en» los países socialistas se examinará en otro apartado posterior. ENGELS aportaciones posteriores, entre las que destacan la obra de G.
En todo caso, existen importantes diferencias entre las teorías del conflicto no RUSCHE y O. KIRCHEIMERi" y la de W. BONGER^^ P a r a la teoría
. T- > marxistas examinadas en el apartado anterior y las que ahora se contemplan, fieles
:;: al enfoque marxista ortodoxo.
Para las teorías del conflicto no marxista, el crimen es producto normal de las social como confrontación de «clases» antagónicas, una de las cuales subyuga y
:.; tensiones sociales. Carece de significado patológico. El orden social consta de una domina a la otra sirviéndose del Derecho y de la justicia penal. El conflicto,
! pluralidad flexible de grupos, segmentos y estratos que compiten por el poder inherente a la sociedad capitalista, por último, es un conflicto de clases enraizado
político sin llegar a monopolizarlo por completo. Las estructuras de dominación se con los modos de producción de aquélla y la infraestructura económica (Cfr. VOLD,
articulan sobre la base de un poder «diferencial» no absoluto, siendo éste sólo uno G. B., Theoretical Criminology, cit., págs. 315 y ss.)
de los factores que inspiran la creación y el proceso de aplicación de las leyes. Por "^ Vid. SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 246 y 247. Véase CEAD'ANCONA, M^ Án-
último, estas teorías sitúan el conflicto, por lo general, en u n ámbito político y geles, Las orientaciones críticas en el estudio de la delincuencia, cit., págs. 196 y ss.
abstracto, desconectado de los modos de producción e infraestructura socioeconómica "'' G. RUSCHy O. KIRCHEIMER, Punishment and Social Structure, New York, 1939,
de la sociedad capitalista. Columbia University Press.
j Por el contrario, el análisis marxista ortodoxo ve siempre en el crimen u n producto ^'^^ Sobre el pensamiento de W. BONGER, vid. A. TURK, introducción y notas a
histórico, patológico y contingente de la sociedad capitalista. Contempla el orden «Criminality and Economic Conditions», Bloomington: Indiana University Press,
940 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 941
marxista, según se expondrá, la causa primordial del crimen reside en Postulados del modelo radical serían^^®
la naturaleza competitiva de la sociedad capitalista. Los individuos de a') El conflicto fundamental se produce, en la sociedad capitalista,
las clases oprimidas cometerían el delito por frustración, resentimiento entre la clase dominante y la clase trabajadora. La criminalidad es un
o necesidad. La riqueza fomenta el crimen porque éste es un instrumen- «bien negativo» que limita los derechos, chances y recursos de los que
to de la lucha social que afianza y perpetúa las respectivas posiciones de una sociedad dispone. Mediante la criminalización —que descansa en la
las clases enfrentadas en dicho conflicto. El Derecho y la Justicia operan propiedad y en la estructura de poder de u n a sociedad— se mantiene la
como mecanismos de control de las clases oprimidas al servicio de estructura clasista de ésta y el sometimiento de las clases trabajadoras
quienes detentan la riqueza y el poder. Sólo u n a sociedad basada en los por las clases dominantes que ostentan la propiedad de los medios de
postulados socialistas sería capaz de dar respuesta y solución al proble-
producción y el control de tales medios. El poderío económico la permite
ma del crimen.
utilizar el Estado como instrumento de dominación criminalizando en el
Las teorías radicales, en sentido estricto, difieren de las teorías del marco de la lucha de clases cualquier comportamiento contrario a sus
conflicto antes analizadas (no marxistas), y de las interaccionistas intereses. La clase dominante impone su ideología de modo que el
(labeling approach). P a r a las primeras, la propiedad pi:ivada de los sistema de valores oficiales sojuzga a la clase trabajadora y se pone al
medios de producción o la lucha de clases apenas si intervienen en la servicio de aquélla.
explicación del conflicto de poder que genera la criminalidad, esto es: en b') La criminalidad proviene de las contradicciones del sistema
la criminalización de los que carecen de poder, efectuada por quienes lo capitalista. Por ello, las estructuras de poder, clasista, de aquel se hacen
detentan, fenómeno válido tanto para la sociedad capitalista como para sentir en las definiciones de delito y en los procesos de criminalización.
la socialista. Las teorías del labeling, por el contrario, acentúan la Los delitos de los poderosos no se criminalizan, porque los capitalistas
relevancia del proceso de interacción entre infractor y portadores del tienen la fuerza suficiente para impedirlo. Se habla, por ejemplo, de
control social, destacando el valor simbólico que tienen ciertas definicio- delitos «económicos», delitos del «gobierno» y delitos de las instancias del
nes sociales (etiquetamiento, estereotipos), así como la actuación selec- «control» como muestras de tal privilegio. A los delitos económicos
tiva de las instancias criminalizadoras. Las teorías radicales, a diferen- pertenecen, entre otros, los de contaminación ambiental, evasión de
cia de las anteriores, apelan al conflicto de clase en la sociedad capita- impuestos, fraude a los consumidores, etc. Delitos de gobierno serían la
lista, a la estructura clasista de ésta y de su sistema legal como corrupción (soborno, cohecho, etc.), el abuso de poder político, etc.
mecanismos de los que se sirve la clase dominante para oprimir a la clase Delitos de las instancias del control: los delitos de la justicia penal, del
trabajadora en el sistema capitalista. Aunque muchos de los represen- sistema legal, de la Policía, de los órganos de la ejecución penal, etc. A
tantes de esta orientación del conflicto gusten en autopresentarse y estos hechos criminales habría que añadir otros muchos, ausentes de los
definirse como «marxistas», no son pocos los criminólogos soviéticos que códigos y textos legales, pero que suponen conductas socialmente daño-
niegan a los mismos tal calificativo. La etiqueta de «radicales» refleja sas en perjuicio de los derechos fundamentales del hombre tutelados por
adecuadamente la extremosidad de sus tesis, la ausencia de todo la Constitución, como el racismo, imperialismo, colonialismo y otras
compromiso o transacción en sus planteamientos, el abierto rechazo de formas de sometimiento y explotación, los atentados contra el derecho de
la Criminología conservadora tradicional y el de las reformas liberales todos a u n a vivienda decorosa, a un sustento adecuado, a la dignidad
introducidas en el sistema, y u n a actitud que se caracteriza por el humana y a la autodeterminación, etc. Estos hechos criminales gozan de
retorno a las «raíces» en el momento de ofrecer alternativas al pensa- un trato de favor por ser los cometidos por las clases dominantes, a
miento tradicional. diferencia de los delitos convencionales contra las personas, que proce-
den del envilecimiento de las condiciones de vida del sistema capitalista,
1969. Cfr. SIEGEL, L. J., Crimmology, cit., págs. 247 y ss. También, desde luego, >0;.« :Í A G 1, J. í 1 r^ J :: í ! : j 'íUCírjíí ^i ,3-jo.í.íí fi^.^ .!. i/,-".^ju ::• s.¡ v^ •-.X>ÍÍ M''*'^*
debe citarse la obra de MELOSSI, D. y PAVAKONI, M. Cárcel y fábrica. Los
orígenes del sistema penitenciario (Siglos XVI-XIX). México, Siglo XXI {2r ed.),
U6 Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 40 y ss.
1985. >* i,I >>^trf-
942 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 943
ejemplo—, de tal suerte que éste suministra así los medios necesarios a una serie pios axiológicos y las bases del sistema mismo, esto es, acepta la ficción
de grupos que, de otra forma, serían una carga insoportable para el Estado. de un Derecho «neutral» que protege supuestos intereses generales. Y
d». Especial interés tiene el pensamiento de R. QUINNEY, que evolucionó de un
supone que tal Derecho se administra y aplica imparcialmente, sin
enfoque conflictual a un análisis marxista riguroso^^". Según QUINNEY, el objeto de
la Criminología es poner de manifiesto la función real del Derecho en la sociedad discriminaciones sustanciales, orientado a la realización de la justicia.
capitalista, esto es, la salvaguarda de la clase dominante. De este modo —según el análisis marxista comentado— el criminólogo
9>«i> A su juicio, la sociedad norteamericana se basa en un sistema económico
capitalista avanzado. El Estado se estructura en ella para servir a los intereses de legitima explícita o tácitamente un sistema social injusto y criminógeno,
la clase dominante: la clase capitalista. La ley penal es un instrumento del Estado y haciéndose cómplice del mismo y contribuyendo a la represión de las
de la clase dominante para conservar y perpetuar el orden social y económico clases oprimidas^22.
existente. El control del crimen en la sociedad capitalista se lleva a cabo a través de
una serie de instituciones establecidas y administradas por una élite gubernamental Al examinar al «desviado», da por buenas las definiciones oficiales y
que representa los intereses de la clase dominante con el objeto de preservar dicho el funcionamiento selectivo del control social, admitiendo como objeto
orden «doméstico». Las contradicciones internas del sistema capitalista avanzado incuestionable de su investigación el subproducto final contingente que
exigen que la /oiverc/asspermanezca subyugada a toda costa mediante la violencia
y coerción del sistema legal. Por ello, sólo una nueva sociedad basada en el ideario
aquél suministra.
socialista podría hallar solución al problema del crimen. Su experiencia y conocimientos profesionales aportarán un valioso
e». El impacto necesariamente criminógeno del sistema capitalista se denuncia,
sustrato empírico al sistema que potencian su efectividad^^^.
también, por B. KRISBERG^^^ en su obra «Crime and Privllege», quien considera el
delito «función de los privilegios» que existen en la sociedad capitalista. El crimen, Por ello, autores como PLATT124 reclaman u n a nueva Criminología
según KRISBERG, es «creado» por los poderosos para asegurar las estructuras de
«crítica» del sistema, capaz de autodefinir su objeto y metas con indepen-
dominación, ya que permite desviar la atención de la violencia e injusticia social que
ejercen aquéllos sobre las masas manteniendo a éstas sojuzgadas y oprimidas. La dencia de las definiciones legales , zi%r, -f^^z bi
sociedad capitalista descansa sobre el privilegio de ciertas clases sociales, enten-
diendo por privilegio la posesión de ciertos bienes que son positivamente estimados
por un grupo social particular en un momento histórico; pero, también, determinados 3') El método «histórico»-«analítico» de las investigaciones marxistas.
nóír derechos —a la vida, libertad, felicidad, etc.— o rasgos y cualidades del individuo
(inteligencia, sensibilidad, humanidad...). Los criminólogos marxistas se sirven muy raras veces de los estándares
Para KRISBERG, la fuerza, esto es, el uso efectivo de la violencia y la coerción y métodos de las ciencias sociales porque consideran inhumanas todas
es el factor decisivo en el momento de determinar qué grupo social puede definir y las técnicas de medición de la Criminología liberal-positivista. Recha-
Üip.'. conservar los privilegios.
zan, también, las investigaciones puramente empíricas, utilizando en su
lugar u n método de investigación histórico y analítico. Dicho método
2') Finalmente, el pensamiento marxista h a denunciado la función
permite u n análisis del fenómeno criminal «macrosociológico» (vg., cómo
legitimadora de la Criminología «positivista» tradicional y su falta de
afecta el proceso de acumulación de riqueza a las tasas de criminalidad)
autonomía científica, por considerar que ésta se limita a acatar las
o «microsociológico» (incidencia de las interacciones criminales en los
definiciones legales del sistema capitalista contribuyendo servil y
individuos que viven en la sociedad capitalista). En todo caso, el análisis
acríticamente a la perpetuación de u n orden injusto.
í
del desarrollo histórico de las instituciones y agencias del control social relieve de qué modo inciden en una mujer que ha sido víctima de un delito de
de la sociedad capitalista (Policía, Administración de Justicia, Derecho violación las expectativas de una sociedad capitalista'^^.
Penal, sistema penitenciario, etc.), es uno de los planteamientos más
característicos de la metodología marxista^^^. b') El análisis histórico polariza igualmente buena parte de las
investigaciones criminológicas marxistas. Con él t r a t a de demostrarse
O' Las investigaciones marxistas son, pues, más analíticas, descriptivas
que los cambios de la legislación penal responden a la evolución del
y situacionales que metódicas y estadísticas^^''.
capitalismo económico. ii>yii!iij^jj.J^!_,jJiijii'iDn±'j¿>ióti.iQ-^^^^
a') Especial atención dedican al estudio de las relaciones entre delito Así, M. RUSTIGAN concluye que las reformas legislativas introducidas en la
víctima, delincuente y Estado. Dos temas —dos postulados capitales del sociedad inglesa durante el siglo XIX son el resultado de la presión del mundo de las
marxismo— son objeto de la mayor parte de los trabajos: el delito —^y su finanzas para imponer una protección de la propiedad acorde con sus intereses'^^'
control— como función del capitalismo y el sistema de la justicia penal R. PETCHESKY destaca las conexiones existentes entre las industrias relacionadas
como justicia de clase^'^\ con el mundo de las prisiones y el capitalismo a lo largo del siglo XIX"". Y P. TAGAKI
describe la situación y régimen penitenciario como exponente de un sistema de
Así, W. CHAMBLISS analiza el proceso a través del cual llega a definirse el control estatal centralizado sobre los individuos desviados"'^. «BTrroiiir;
comportamiento «desviado» como «delictivo» en la sociedad norteamericana^^^
01
Con un enfoque marxista muy similar, T. CÁRTER y D. CLELLAND, tratan de
La evolución de las modernas agencias policiales constituye otro de
comprobar si la reglamentación del proceso en los tribunales de jóvenes delincuen-
tes es, también, reflejo de una estructura social de clases^^^. Por su parte, D. los focos de interés para el análisis histórico marxista, que t r a t a r á de
GREENBERG y D. HUMPHRIES, estudian la relación entre clase social y pronun- relacionar el capitalismo económico y el control de los disidentes políti-
-t
ciamientos judiciales, evaluando fiasta qué punto privan las estructuras de poder a cos que aquéllas aseguran.
los individuos de la /ower class de los beneficios derivados de la revisión de
sentenciase^'". En general, no parecen desprenderse conclusiones definitivas e Los trabajos de S I . SPITZER y T. SCULL sobre la historia de las policías
inequívocas de tales investigaciones^^^ 9b m privadas'^^; el análisis histórico efectuado por D. HOFFMAN en torno a los excesos
Por último, otro de los ejemplos representativos del análisis marxista —y de su policiales en la represión de la International Wokers of the World"^ y el de S.
.8
método— lo ofrece el trabajo de H. y J. SCHWENDINGER, que pretende poner de HARRING, relativo a la evolución de la moderna Policía'^', responden a esta
Bít'ji- ! i.'.i.. .•. -'A L 'u-dy.''wciiií-ijíri'ftímitfíV-?ío,ori '"uisíxiBraeosoiom' orientación. , ,
Hfibo ' •'. n i.i-"-- - . . , ,
O fTfOfMTr irii f r r-í,
Cabría añadir, por último, orientaciones actuales, minoritarias, como cuando ofrecen como única alternativa al crimen la sustitución radical
las que se autodenominan realismo radical, comunitaristas, constituti- de aquél y aspiran a u n a sociedad (socialista) paradisíaca sin delito.
vas e incluso abolicionistas de nuevo cuño^^^.
•-•ÍBÍIB
Siguiendo muchos teóricos del conflicto el enfoque «interaccionista»
(labeling approach), cabe dirigir a los mismos las objeciones que merece
dicho análisis.
5. TEORÍAS DEL CONFLICTO: REFLEXIONES CRÍTICAS En cuanto a las teorías conflictuales de orientación marxista orto-
doxa, baste con reiterar algunas de las críticas específicas a las que ya
^; En general, puede admitirse que la aportación más positiva de las se ha hecho mención en páginas anteriores. Fundamentalmente, las
teorías del conflicto reside en la crítica y desmitificación del paradigma limitaciones propias de su método histórico-analítico. Pero, también, la
«consensual». Con notorio realismo, h a n puesto de relieve que la socie- rigidez dogmática de algunos de sus conceptos capitales (vg., clase
dad moderna es u n a sociedad plural y, por tanto, necesariamente social, propiedad versus control de los medios de producción, etc.), no
«conflictiva». Y que el conflicto puede contribuir de modo decisivo a la siempre adecuados para analizar objetivamente el fenómeno criminal
integración y al cambio social, como el propio «consenso». de la sociedad capitalista avanzada"".
J., 29 (1975), págs. 439 a 443; GODÓNY, J., Eeport on Criminological Eesearches otrora socialistas sugiere u n a breves reflexiones sobre los postulados
in the National Institute of Criminology and Criminalistics in Hungary, en: Crime convencionales del pensamiento marxista oficial y las investigaciones
and Industrialization. First Seminar for Criminologist from Socialist and criminológicas llevadas a cabo durante los últimos años.
Scandinavian Countries in Helsinki, 1976, Stockolm, págs. 234 a 252; DZIALDOW,
R., Jugendkriminalitát in Polen (reelaborado por R. Barim: conclusiones de los La nueva situación política e histórica priva de actualidad —que no
informes presentados por los institutos de países del este en la FU), Berlín, 1971; de interés— a buena parte de ellas, si bien —y esto es positivo— resalta
PLATH, D., y REUTER, L., Bekámpfung rowdyhafter Verhaltensweisen, en: N. J.' la historicidad y la contingencia del propio saber científico, u n saber
26 (1972), págs. 284 a 289, MINKOWSKI, G. M., Massnahmen zur Vorbeugung der
siempre relativo, dinámico e inacabado, abierto al ñituro y muy condi-
Jugendkriminalitát, en: N. J., 26 (1972), págs. 168 a 173, BÓHME, K. M.;
MOLDENHAUER, K.; TENNER, G., y WITTKOPF, E., Zur Entwicklung der cionado por el marco histórico-social. Es, pues, u n momento especial-
Wirtschaftskriminalitát in der Deutschen Demokratischen Republik, Teil II mente idóneo para hacer balance y extraer las oportunas consecuencias
K r i m i n a l i s t i k u n d forensische Wissenschaften, 8 (1972), págs. 25 a 33; de la confi:'ontación de los respectivos modelos.
BERKHAUER, F. H., Wirtschaftskriminalitát in Deutschland. Ein Systemvergleich
89e
zwischen der Deutschen Demokratischen Republik und der Bundesrepublik 'l^í^^ l o q ,BíaiÍBf Doa bcbaboe .eí eb'úomm sa obíisí
Deutschland, en: ZStW 87 (1975), págs. 788 a 825; SCHROEDER, F. C , Das .smaiíTí BI noa s'
Sowjetrecht, en: Aus Politik und Zeitgeschichte Beilage zur Wochenzeitung «Das
Parlament» vom 8. VIII. 1962. págs. 413 a 431; del mismo: Versagen der
gesellscháftlichen Rechtspflege in der Sowjetunion, en: Recht in Ost und West, 16
2. E L M É T O D O MARXISTA-LENINISTA Y LA CRIMINO-
(1972), pags. 265 y ss.; del mismo: Jugendstrafrecht und Jugendkriminalitát der LOGÍA SOCIALISTA
DDR im westdeutschen Schrifttum, en: Deutschland Archiv, 11 (1978) págs. 497 a
500; FRIEBEL, W.; MANECKE, K.; ORSCHEKOWSKI, W., y otros: Gewalt-und ^'^Los autores tal vez más representativos de la Criminología socialista
Sexualkriminalitát. Erscheinungsformen, Ursachen, Bekámpfung, 1970, Ost Ber- (LEKSCHAS, GERZENSON, KARPEC, etc.), coinciden en u n a doble
lín; FRIEDRICH-EBERTSTIFTUNG, edit.: Kriminalitát, Strafvollzug und
ResozialisierunginderDDR, 1977,Bonn;BISCHOF,J.;MEINEL,J.,yRÓSSGER, apreciación: que la Criminología «socialista», esto es, la Criminología
W., Vorbeugung und Bekámpfung der Gewalt und Sexualkriminalitát, en: Staat marxista-leninista^, es radicalmente distinta en sus orígenes, evolución,
und Recht, 26 (1977), págs. 417 a 419; FRIEDRICH-SCHILLER UNIVERSITÁT método y concepciones de la que denominan «Criminología burguesa»,
J E N A (edit.), R ü c k f a l l k r i m i n a l i t á t . K r i m i n o l o g i s c h e , s t r a f r e c h t l i c h e , hasta el punto de resultar inviable la comparación entre ambas; y que
strafprozessuale und kriminalistische Probleme, Jena, 1978; BAUER, R. W., y
SVENSSON, R., Symposium zu methodologischen Problemen und neuren
el comienzo genuino de la Criminología socialista entronca con la obra
empirischen Ergebnissen der Forschung des Rechtsbewüsstsein der Persónlichkeít, de ENGELS «La situación de la clase trabajadora en Inglaterra» (1845)
en: NJ (1976), págs. 204 a 207; REUTER, L., Erfahrungen und Probleme der y el propio pensamiento de MARX. Ambas afirmaciones son correctas,
Rechtspropaganda in der UdSSR, en: Staat und Recht (20), 1971, págs. 1.746 a y porque la Criminología socialista tiene sus coordenadas específicas,
1.760; RENNERT, H., Untersuchungen zur Gefáhrdung der Jugend und zur será objeto de estudio por separado, partiendo de u n a breve síntesis de
Dunkelziffer bei sexuellen Straftaten, en: Psychiatrie, Neurología und medizinische
Psychologie, 17 (1965), págs. 361 a 367; SHICHOR, D., The New Criminology: Some la aportación de sus pioneros: ENGELS y MARX.
Critical Issues, en: BritJCrim 20 (1980), págs. 1 a 19; C. WRIGHT MILLS, The
Marxist, 1970 (6- reimpresión); Soviet Criminology, 1969 (compilación de P. H.
En todo caso, y a modo de introducción, deben resaltarse cuatro
Solomon, Jr.); M. D. SHARGOVODSKI, The Causes and Prevention of Crime, en: características singulares de la Criminología socialista, para situarla
Soviet Review, V. 3, 1964; R. HARTMANN Die Bürgerliche Kriminologie am debidamente en el marco más amplio y general de las ideas y escuelas
Scheidewege, en: Wíssenscháftliche Zeitschrift der Humboldt Universitát zu criminológicas:
Berlin,XVII, 5 (1968); VODOPIVEC, KOBAL, BAVCONy SKALAR, Kriminologija,
Lubljana, 1966; LÓPEZ REY, M., Criminología, Madrid (Aguilar), 1973,1, págs.
167 a 215; KAISER, G., Kriminologie. Ein Lehrbuch, 1980, C. F. Müller Juristischer
Verlag. Heidelberg-Karlsruhe, págs. 78 a 87, MERGEN, A., Die Kriminologie. Fine
Systematische Darstellung, 1967, Berlín, Frankfurt A. M., F. VAHLEN GMBH, ^ La Criminología socialista se basa en la metodología del marxismo-leninismo. Vid.
págs. 12 y ss.; SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 413 y ss.; LEKSCHAS, ;> GERZENSON, A.; KARPEC, I., y KUDRAZAWZEW, W., Kriminologie. Lehrbuch,
J.; HARRLAND, H.; HARTMANN, R., y LEHMANN, G., Kriminologie. Theoretische '• cit.; BUCHHOLZ, E.; HARTMANN, R.; LEKSCHAS, J., y STILLER, E.,
Grandlagen und Analysen, 1983, Berlín Este. „ ,j .í-í\>/íxiJaiX)-j.M Sozialistische Kriminologie, cit. Por todos, KAISER, G. Kriminologie. Ein Lehrbuch,
cit., págs. 82 y ss.; LÓPEZ REY, M., Criminología, cit.. I, págs. 169 y ss.; MERGEN,
A., Die Kriminologie. Fine Systematische, Darstellung, cit., pág. 12.
954 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 955
a) Desde u n punto de vista ideológico, parte del «materialismo todas sus implicaciones, aporta seguridad y coherencia a la Criminología
histórico» y «dialéctico», de la absoluta primacía de la infraestructura socialista, pero restringe, del mismo modo, sus posibilidades y capacidad
económica como factor determinante del cambio social y restantes crítica, sometiéndola a un singular dogmatismo^.
«superestructuras», y de la comprensión de la historia como producto de d) Por último, desde un punto de vista orgánico y funcional, la
la lucha de clases. Tales premisas condicionan su teoría de la crimina- Criminología socialista es u n a disciplina «auxiliar» de las ciencias
lidad, que será u n a teoría «exógena». Pues, frente al individualismo de jurídicas, sin autonomía alguna, dependiendo a menudo los centros de
la Scuola Positiva (sobre todo en su dirección antropológica), la investigación directamente del Ministerio de Justicia o de la Fiscalía
Criminología «socialista» halla la causa última de la delincuencia fuera General del Estado®. El recelo ideológico del marxismo-leninismo hacia
del hombre mismo: en el «sistema» capitalista, en la organización lo estrictamente «empírico»'', y la desconfianza en el Psicoanálisis, la
económica de la sociedad burguesa. Y, en buena lógica, mantiene que el Psicología y la Sociología, explican el monopolio tradicional de los
«crimen» es un fenómeno histórico unido a ésta, que morirá de muerte «juristas» y el escaso éxito conseguido por la i n v e s t i g a c i ó n
natural cuando se consolide la sociedad socialista, por ser ajeno, extraño interdisciplinaria.
e incompatible con la misma. . , „ . . » . ..».,,
Í£) oviJíatfej, : ,.,..., íBqforr í i - ....,.,..
b) Desde un punto de vista político-criminal, la Criminología «socia- •ari i R«fnfr¡' • Pi i tW<!»?fíiíí*f rttíi;.
lista» no pretende «explicar» el delito, sino «luchar» contra la criminali-
dad, a fin de conseguir su total erradicación. No quiere «quedarse a 3. LA EXPLICACIÓN D E LA CRIMINALIDAD E N E N G E L S ,
medio camino»^, según frase muy sugestiva de KARPEC, sino que busca M A R X Y OTROS P I O N E R O S D E L P E N S A M I E N T O MAR-
el más efectivo control social posible. Por ello, y a diferencia de u n a XISTA
buena parte de la Criminología occidental, no es u n a Criminología
teorética, sino, ante todo, u n a Criminología «práctica» y «aplicada»^, que a) Suele cifrarse el origen de la Criminología «socialista» en la obra de
se proyecta sobre la vida cotidiana; y que concede más importancia a la ENGELS «La situación de la clase obrera en Inglaterra», aparecida en
«prevención» de la criminalidad que a su propio estudio «etiológico» o 1845, por razón de que se esbozara ya en ella el diagnóstico marxista
búsqueda de sus causas. De aquí se desprende, también, que para la sobre la génesis de la criminahdad. En efecto, F. ENGELS (1820-1895)
Criminología «socialista» el control social de la desviación no sólo no es puso en relación ésta con la lucha de clases en el seno de la nueva
problemático, sino que se prolonga más allá del campo penal, de modo sociedad industrial, con la rebelión del proletariado contra la burguesía.
que el evidente éxito conseguido en la «lucha» contra el crimen implica El robo, para ENGELS, sería la forma más primitiva de protesta,
siempre el correlativo detrimento de la libertad individual. aunque —precisamente por ello— no llegara a ser jamás reflejo general
c) Desde u n punto de vista metodológico, la Criminología socialista del espíritu de la clase obrera^.
exhibe un llamativo y férreo monolitismo, impuesto por su vinculación
l'Wl>l''í^l' ' ! ( " ! ' tj ) h H J ' l í U j j l IJlí ' l i l i l y l>OJ Si.) ÍJÍI» í n
al marxismo-leninismo, que contrasta con el pluralismo casi errático de
la Criminología occidental rica en directrices y orientaciones (biológicas,
psicológicas, psiquiátricas, sociológicas, eclécticas, etc.) y víctima, tam-
bién a menudo, de su propio empirismo. El marxismo-leninismo, con 5 Vid. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 177 ss. y 183 ss.; MERGEN, A., Die
Kriminologie. Eine Systematische Darstellung, cit., págs. 12 y ss.
'^ Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 85; LÓPEZ REY, M., Criminología, cit.,
I, página 169 y 181.
^ Cfr. KAISEE, G., Kriminologie, cit., pág. 83. SegúnMEEGEN, A. (DieKriminologie 7 Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I,'pág. 176.
Eine Systematische Darstellung, cit., pág. 15), la Criminología én los países 8 Vid. F. ENGELS, Biografía del Manifiesto Comunista, Editorial México, S. A., 1949
socialistas no es tal Criminología, sino pura Política Criminal. pág. 152, donde se sintetiza el pensamiento del autor. También: The Condition of
" Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 83; LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, .; the Working Class in England in 1844, London, Alien and Unwin, 1950. Sobre
pág. 177. ENGELS, vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 410 y ss.
•mi
956 ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 957
b) K. MARX (1818-1883) sienta las bases de u n a nueva concepción LOMBROSO el segundo de ellos— pueden estimarse continuadores del
dialéctica, materialista y determinista de la sociedad y del hombre^. pensamiento socialista.
Aunque el pensamiento «criminológico» de MARX fue impreciso e
F. TURATI^^ cofundador del Partido Socialista del Trabajo italiano, considera
inconcluso, pueden resaltarse dos tesis muy conocidas del autor con «criminógeno» al sistema «capitalista», basándose en que éste genera graves
relación al delito: su «superabilidad» histórica y su «utilidad». Para diferencias entre ricos y pobres, causa de la codicia y la violencia que, a su vez,
MARX, el crimen es un producto «patológico» del sistema capitalista, provocan el delito. TURATTI creyó encontrar un sólido fundamento a su tesis en la
que quedará abolido cuando desaparezca la sociedad de clases. Pero, al curva de la criminalidad, paralela, a su juicio, a la génesis del proletariado, lo que
demostraría que la miseria y la desigual distribución de la riqueza son los principales
propio tiempo, el crimen produce ciertos «beneficios» en la sociedad
factores criminógenos, y que el escaso porcentaje de criminalidad explicable por
burguesa, según MARX: produce la ley, los tratados, la administración componentes individuales (biológicos, psíquicos, etc., inferior al 10% según el autor)
de justicia, los abogados y procuradores y demás categorías propias de desaparecería progresivamente con un mejor orden socioeconómico basado en la
la división del trabajo que crean, a su vez, nuevas necesidades y nuevos cultura y el bienestar materiaP".
medios para satisfacerlas^". Anticipándose a tesis funcionalistas actua- N. COLAJANNP^ mantuvo una tesis semejante: a mejor distribución de la
riqueza, menor criminalidad; a mejor organización social, menor criminalidad. El
les —y, en todo caso, a la famosa formulación de DURKHEIM— afirmó
factor «económico» tiene, para COLAJANNI, una influencia indiscutible en la
MARX que el crimen tiene, también, un impacto «social» positivo (al criminalidad: directa, al obligar al individuo a hacer frente a sus necesidades de forma
agitar los sentimientos morales y estéticos e interrumpir la monótona criminal si carece de otras posibilidades, o indirecta, al provocar situaciones
seguridad de la vida burguesa) y «económico» (en el mercado de trabajo, criminógenas (guerras, hambre, prostitución, vagancia, alcoholismo, etc.)^^
al detraer una parte de la población y crear múltiples ocupaciones)". d) Finalmente, particular interés merece la obra del criminólogo marxista holan-
dés W. BONGER «Criminología y condiciones económicas», publicada en 1916^''.
c) Otros autoresi2, F. TURATTI (1857-1932) y N. COLAJANNI (1847- Como «sociólogo», entendió BONGER que el factor determinante de la criminalidad
es el «ambiental» (social) —aunque existan circunstancias «personales» que hagan
1921), contradictores ambos de la Scuola Positiva —discípulo directo de
más propensos a ciertos individuos al delito—, razón por la que, a su juicio, el
fenómeno delictivo requiere una explicación «sociológica». Lógicamente, encuentra
ésta en el «sistema de producción» y en la «lucha de clases». Todas las manifes-
taciones de la criminalidad reflejarían las relaciones entre las diversas clases
^ Sobre la influencia decisiva de la infraestructura económica del capitalismo, y, en económicas y las condiciones socioeconómicas, pues el factor económico es
particular de los medios de producción, vid. MAEX, K., Grundrisse: Introduction to siempre la fuerza primaria y decisiva. Para BONGER, un sistema productivo basado
the Critique of Political Economy (traducción de M. Nicolaus), New York, 1973. en la propiedad privada y el provecho individual fomenta el egoísmo y el crimen: es
Vintage, págs. 106 y 107; también: Zur Kritik der politischen Okonomie, 1859 criminógeno^^ Una tesis similar puede encontrarse, también, en LENIN: la causa de
(Prólogo a la edición de 1897, pág. XI).
^^ K. MAKX, Theories of Surplus Valué, vol. I, London, 1969, Lawrence and Wishart,
págs. 387 y 388.
^ No obstante, y a pesar del aparente «funcionalismo» al que se adscribe el texto 13 F. TURATTI, II delitto e la questione sociale, 1883.
citado de MAEX, según TAYLOR, I., WALTON, P., y YOUNG, J., entienden MAEX " Sobre TURATTI, vid., BONGER, W. A., Introducción a la Criminología, cit., págs.
pretendía enfatizar con el mismo la naturaleza criminógena del sistema capitalis- 142 y 143. También, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 330
ta, ridiculizando el p a r a d i g m a «consensual-funcionalista» (vid. The New y 331.
Criminology: For A Social Theory of Deviance, London, 1973 Eoutledge and Keagan 15 COLAJANNI, N., Sociología Crimínale, cit. por BONGER, W., Introducción a la
Paul, pág. 212). Sobre la «utilidad» del crimen, vid. K. MARX, Bénéfices Secondaires Criminología, cit., pág. 143.
du Crime. En: Deviance et Criminalité. París, 1970, Libraire Armand Colin, págs. i*' Sobre COLAJANNI, N., vid. BONGER, W. A., Introducción a la Criminología, cit.,
84 y 85. pág. 143; también, RODRÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 331
^^ Ajuicio de BONGER, W. A. (Introducción a la Criminología, cit., pág. 143), deben y ss.
incluirse en esta orientación marxista: A. BEBEL (1840 1913), autor de; Die Frau " Otras obras de W. A. BONGER: Religión and Crime (1913), Race and Crime
und der Sozialismus (1883); B. BATTAGLIA (90), La dinámica del Socialismo (traducido al inglés en 1943), Introduction to Criminology (publicada en 1936). Los
(1886), P. LAFAEQUE (1842-1911), Die Kriminalitat in Frankreich, 1840-1886 artículos de W. A. BONGER se han reproducido en el primer volumen de la colección
(1890) y P. HIESCH (t 1868), Verbrechen und Prostitution (1897). También habría postuma de sus obras («Verspreide Geschriften», 1950). Vid. RADZINOWICZ, L.,
que citar a ZDEAVO, MISLOV, SCHNEIDEE, KELINA y RASHKÓVSKAIA En busca de la Criminología, cit., pág. 102.
(autores de: Derecho Penal Soviético. Parte General. Edit. Temís, Bogotá, 1970); 1** Sobre la aportación de W. A. BONGER, vid. RADZINOWICZ, L., En busca de la
vid. SCHNEIDEE, H. J „ Kriminologie, cit., pág. 412 y ss. criminología, cit., págs. 101 y ss.; SIEGEL, L. J., Criminology, cit., págs. 247 a 249.
958 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 959
la delincuencia se halla en la explotación, la necesidad y la miseria de las masas; esto La etapa stalinista supuso, sin embargo —y en todos los países del
es, en la dinámica del sistema de producción del capitalismo. De donde extrae LENIN
dos consecuencias: la criminalidad desaparecerá con la desaparición del capitalis- orbe socialista—, u n estrangulamiento de la Criminología, un parénte-
mo («no sabemos con qué rapidez y en qué medida, pero sí sabemos que va a sis de treinta años^\ E n 1929, por ejemplo, la Sección de Derecho y
desaparecer», decía el autor) y la que entre tanto se produzca, en el periodo de Estado Soviético de la Academia Comunista y de su órgano «Revolución
transición hacia el socialismo, se explica precisamente por la reminiscencia y Derecho» acusa de desviacionismo a todas las investigaciones llevadas
criminógena de hábitos «burgueses» aún no extirpados^l
a cabo con u n enfoque biológico y psiquiátrico, por entender que las
conclusiones obtenidas respecto a la herencia, características constitu-
«'%: cionales y mentales del criminal, etc., contradecían la tesis marxista. Lo
que conduce a la supresión del importante instituto citado.
4. ETAPAS Y O R I E N T A C I O N E S D E LA CRIMINOLOGÍA
Por último, la era KHRUSHCHEV significó, al menos, im cierto impulso
SOCIALISTA
y respaldo gubernamental a las ciencias sociales. Ciertamente no llegó a
'''Fí 'tiir/'-ídnfi-
considerarse la criminalidad en los países socialistas como un «problema
a) Panorama general de la investigación criminológica en los países social», pues ello contravendría uno de los dogmas del marxismo-leninismo
socialistas (incompatibilidad del crimen con el sistema socialista), pero, de hecho, a
partir de los años sesenta surgen los primeros manuales de Criminología
, No existe u n a línea de continuidad en la investigación criminológica,
y puede cursarse esta disciplina como asignatura en facultades y centros
ni ésta es uniforme y homogénea en todos los países socialistas. Pues
oficiales^^. Así, en 1963 se crea, bajo la directa dependencia de la Procioradiiría
aunque discurra siempre por el marco estrecho del marxismo-leninismo,
General de la Unión Soviética, el «Instituto de la Unión para el estudio de
las visicitudes políticas h a n influido decisivamente en las directrices y
las causas del delito y la formulación de medidas preventivas»; en 1965
pautas criminológicas. : r. ' " T—......
GERTSENZON publica el primer manual soviético de Criminología («In-
r Cabe, por de pronto, distinguir tres «etapas» bien definidas, y, a su troducción a la Criminología Soviética») y, un año después, en 1966,
vez, trazar las orientaciones peculiares de cada país^". La primera etapa, aparece la primera obra oficial de Criminología («Criminología Soviética»),
la leninista, expira a finales de los años veinte. La segunda es la obra colectiva de dieciséis autores, entre los que destacan: GERTSENZON,
estalinista, que, de hecho, se extiende hasta la década de los sesenta. La KARPEC y KUDRAZAWZEW, que vería una segunda edición en 1968 con
última arranca de dicha década y se prolonga hasta el declinar político el título abreviado de «Criminología». De 1966 data, también, el primer
de STALIN y consiguiente afirmación de KHRUSHCHEV. manual de Criminología en la República Democrática Alemana, obra de E.
BUCHHOLZ, R. HARTMANN y J. LECKSCHAS, denominado
El período leninista permitió, con las naturales limitaciones, una
«Criminología Socialista».
cierta actividad criminológica, de corte biosociológico y psicológico,
interdisciplinaria, pues el materialismo histórico no se sintió incompa- No obstante, esta evolución tiene características diferenciales en los
tible con el empirismo. Se realizaron investigaciones en establecimien- respectivos países socialistas^^. La Criminología en la República Demo-
tos penitenciarios, sobre todo por médicos, publicadas por los centros de crática Alemana, por ejemplo, acusa u n a preocupación muy marcada
Saratov y Rostov, durante la década de los años veinte. En 1925 el hacia la elaboración conceptual, teórica y sistemática, propia del genio
Comisariado del Pueblo creó incluso el Instituto Estatal para el Estudio alemán y ausente, a menudo, en los modelos criminológicos «prácticos»,
de la Criminalidad y del Delincuente, dividido en cuatro secciones: la
socioeconómica, la penitenciaria, la biopsicológica y la de criminalística,
y dotado de una oficina de Estadística.
21 Vid. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 179 y ss. •' • '•
22 Vid. LÓPEZ REYM., Criminología, cit.. I, págs. 179 y ss. Vid. SOLOMON, P., Soviet
! ..1 > k . •>
Criminology, Cambridge. Instituí of Criminology, 1969. N° 1.
^^ Cfr. RODEÍGUEZ MANZANERA, L., Criminología, cit., págs. 334 y 335. 23 Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 78 y ss.; KAISER, G., Kriminologie,
2" Vid. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 177 y ss. Lehrbuch, cit., págs. 79 y ss. ... , ,, ... .. .. .- „ , . ,-,
960 ANTONIO GAKCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 961
que ven en la Criminología básicamente u n a «ciencia aplicada». Es lista». Pero carece de sentido en la sociedad socialista, es extraña, ajena
probablemente, la que ha sabido plasmar mejor en la legislación las e incompatible con ésta^®. La criminalidad morirá de muerte natural
medidas preventivas y el control social de las conductas desviadas^*. cuando se supere la sociedad burguesa, ya que su causa última no reside
^' La Criminología yugoslava, por su parte, destaca por la flexibilidad en el hombre, sino en las estructuras económicas de un determinado
y realismo de su metodología interdisciplinaria, lejos del dogmatismo modelo social, intrínsecamente criminógeno. De ahí que la Criminología
marxista-leninista que tanto limita las posibilidades de la investigación socialista persiga la total erradicación del crimen de su seno, y no
y crítica criminológica; y por otra circunstancia singular, poco frecuente admita, siquiera, ciertos índices de criminalidad razonables^^.
en los restantes países socialistas: la publicación de estadísticas crimi-
Este punto de partida, utópico y dogmático, se torna consiguientemente en una
nales actualizadas, si bien sólo judiciales y penitenciarias. En el plano actitud severa de incomprensión iiacia la normalidad del crimen y del criminal,
«ideológico», un sector de la Criminología yugoslava afirma la existencia propugnando la «lucha» social contra ambos, el «desprecio universal», el «aisla-
de otros factores criminógenos, además del económico (así, BAVCON) y, miento» y la «extirpación» de dicho «cuerpo extraño»^". Porque la Criminología
en consecuencia, admite que la criminalidad no es ajena y extraña al «socialista» tiene a gala «no quedarse a medio camino», ni conformarse con
«explicar» el porqué del delito en lugar de luchar contra éste y transformar las
sistema socialista. En algunas obras colectivas, como la Criminología de estructuras sociales criminógenas^^
VODOPIVEC, KOBAL, BAVCON y SKALAR (1966), se estudia tam-
bién el delito como «fenómeno individual» (la personalidad del autor,
Pero tales declaraciones no parecen satisfactorias ni suficientes ante
cuestiones sobre la herencia, interacción entre ésta y el mundo circun-
la evidencia de que la criminalidad no ha desaparecido en los países
dante, procesos psicológicos básicos, etc.), con importantes concesiones
socialistas: que existen, desde luego, fenómenos delictivos semejantes,
a enfoques psicológicos y sociológicos^^.
a veces idénticos, a los que tienen lugar en países capitalistas.
Algún otro ejemplo de desviacionismo ideológico cabe señalar en
Polonia y Hungría, países en los que, desde la década de los sesenta, se í ,<^t>,^fiao^í,pl,9fá üf ,fc>ii}.í ».»
constata un claro florecimiento de la Criminología. Así, en Polonia, no
parece acatarse la tesis oficial de que la delincuencia desaparecerá con J u g e n d k r i m i n a l i t á t u n d Pádagogik, en: Neue J u s t i z , Berlín, 1964, 18/8;
el socialismo; y SZABO, en Hungría, tras concebir la criminalidad como R E N N E B E R G , Die g e s e l l s c h á f t l i c h e n G r u n d l a g e n d e r s c h r i t t w e i s e n
Z u r ü c k d r á n g u n g der K r i m i n a l i t á t u n d die Aufgabe des sozialistischen
«fenómeno social», atribuye al menos al hombre u n a «capacidad Strafgesetzbuches der DDR, en: Staat und Recht, 1963, 10/12; SAKKAROV: Der
configuradora» de su propia vida y del delito, apartándose, pues, del XXII Kongress der Kommunistischen Partei und die Aufgabe der Liquidierung der
exclusivismo que la doctrina marxista asigna al factor socioeconómico Kriminalitát in der Soviet Union. En: Die sovietische Justiz, 1962, Nr. 6. Cfr.
como causa de la delincuencia^". MERGEN, A., Die Kriminologie. Eine Systematische Darstellung, cit., págs. 12 y
. -í. ss.; Cfr. SCHNEIDER, H. J.; Kriminologie, cit., págs. 414 y ss.
^^ La criminalidad, para el marxismo, es una consecuencia del pasado histórico, cuyas
raíces no ha podido extirpar aún el socialismo. Como dice MERGEN, A. (Die
h) Explicaciones teóricas del crimen: teoría de los rudimentos y de Kriminologie, cit.,pág. 13),unsurvivalsofthepast. Cfr. KAISER,G.,Kriminologie.
la desviación ideológica^^i^, -i,,. Jiii{*WOT^SS»-f IWlaf J»Í1,J»«"t^-Jiíí,J
Lehrbuch, cit., pág. 84.
2^ Vid.: FREIBURG, A., Zur Jugenkriminalitát in der DDR, cit., págs. 489 y ss., ANE,
H., Die Jugendkriminalitát in der DDR, cit., Berlín, 1976 (Politologische Studien,
P a r a el marxismo, la criminalidad no es un mal inevitable, sino el 7); HARRLAND, H., Zu einigen Aspekten der Kriminalitát und ihrer Ursachen,
subproducto histórico de u n a sociedad de clases, de la sociedad «capita- cit., págs. 159y ss.; HENNIG, W., y LEKSCHAS, J., Das historisch bedingte Wesen
der Kriminalitát und Grundlinien Kriminologischer Forschung in der DDR cit.,
págs. 1.147 y ss.; BUCHHOLZ, E., y HARRLAND, H., Gedanken zur Entwicklung
der Kriminalitátsvorbeugung in der DDR, cit., págs. 322 y ss.; Cfr. KAISER, G.,
^* Cfr. LÓPEZ EEY, M., Criminología, cit., I, págs. 192 y ss. 3ÍJ S5ríÓ..I J
Kriminologie, cit., págs. 84 y ss., MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., págs. 12 y ss.
^' Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 202 y ss. 3 » Sa>'TO,J :
^0 Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 89.
^'^ Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 208 y ss. "'
^^ La Criminología socialista hace buena la tesis 11 de MARX a FEUERBACH: «Los
^"^ Vid. SHARGORODSKI: Ursachen und Verhütung der Kriminalitát, en: Soviet
filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras, pero lo que
Sociol., 1964, 3/1; E. MANNSCHAIZ, en: Ursachenforschung aus dem Gablete der
importa es cambiarlo.» "• • " ,.. ».-...i.-.' .->.. ..-^... • ,»•'>.• :.-.--.....J ..I,,™...- >«
962 ANTONIO GAECIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 963
¿Quiere esto decir —y se reconoce— que también el sistema «socialis- Se pensará entonces que la criminalidad —concretamente la que se produjo en
la Unión Soviética entre 1918 y 1938— debe contemplarse más bien como
ta» es criminógeno, que produce su propia criminalidad? ¿Significa esta consecuencia tardía y «objetiva» de las estructuras sociales y económicas, del
evidencia, tal vez, que existen unos factores criminógenos neutros zarismo, de la guerra civil, del analfabetismo, de la escasez de viviendas, de la falta
respecto a cualquier sistema? El marxismo-leninismo, desde luego, no de programas juveniles, del alcoholismo, etc.^''.
admite siquiera la hipótesis de que el sistema socialista genere delin-
cuencia. Sería contradictorio con sus premisas reconocer que ésta Una vez estabilizado, sin embargo, el sistema socialista, la doctrina
constituye un «problema social» en u n a sociedad sin clases donde se ha oficial acude a otro planteamiento con claras connotaciones «subjetivas»
abolido la propiedad privada y no hay contradicción alguna entre los y «psicológicas»: la delincuencia aparecerá condicionada por factores
intereses individuales y los colectivos. Por ello se ve obligado el marxis- subjetivos, en el sentido de «carga» o «vicio» de u n a herencia psíquica del
mo a explicaciones dogmáticas y artificiosas, t a n imposibles de verificar nasado que continúa aún activa^^.
empíricamente como lo es la tesis de que el crimen desaparecerá en la
Gomo ejemplo de dicha herencia suele citarse un cierto afán insano por poseer,
todavía no conocida sociedad sin clases. una mentalidad de pequeño burgués dirigida hacia el lucro personal que todavía
subsiste (en forma de codicia, etc.).
s Es lo que sucede con las teorías de los «rudimentos», de la «contami-
nación» y de la «desviación ideológica»: t r a t a de explicarse la criminali-
dad como resultado de la influencia de diversos restos y vestigios aún no
superados de la mentalidad capitalista (teoría de los rudimentos) o de los
agentes del imperialismo capitalista extranjero (teoría de la contamina- cit., pág. 13 (citando un texto de la Fiscalía General del Estado: Festschrift für A.
BAUMGARTEN, Berlín). En Yugoslavia, Polonia y otros países socialistas no ha
ción) que producen el efecto de una «desviación ideológica»^^. llegado nunca a profesarse la tesis radical de los «rudimentos» o, en todo caso, no
de forma mayoritaria. Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit.. I, págs. 198 y ss. y
Pero la propia doctrina oficial h a experimentado, con el tiempo, una
209 y ss.; BUCHHOLZ, HARTMANN, LEKSCHAS y STILLER (Sozialistische
cierta evolución, ya que la sola teoría de los «rudimentos» no puede Kriminologie, 1971, págs. 204 y 205) reconocen que la teoría de los rudimentos no
justificar por qué una persona puede encontrarse fascinada por tales puede explicar el hecho comprobado de que el crimen prolifera más en las grandes
vestigios del capitalismo, ni por qué dicha persona resulta así motivada ciudades y en determinados espacios de éstas que en los pequeños niicleos rurales;
a cometer un delito^^. esto es, aumentan sus tasas precisa y paradójicamente allí donde las estructuras
m^múf-mmánmm^^vm ssé. sociales, económicas y culturales del socialismo han avanzado más. P a r a funda-
mentar este hecho, acuden los autores a la teoría de la «desorganización social»: las
f.'rfi lifl.l'tí/iíir í í-ath/xíf-
relaciones sociales y el control social informal —según esta teoría— se hallan
intactos en las pequeñas ciudades y núcleos rurales, mientras que el anonimato que
caracteriza el modo de vida en las grandes ciudades perjudica a aquellos, daña los
^^ Sobre la teoría de los «rudimentos», vid.: LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen
vínculos primarios del individuo y genera crimen. Cfr. SCHNEIDER, H. J.,
der sozialistischen Kriminologie, en: BUCHHOLZ, E.; HARTMANN, R.;
Kriminologie, cit., págs., 414 y 415. Otros autores, conservan la teoría de los
e LEKSCHAS, J., y STILLER, G. (edit.). Sozialistische Kriminologie, 2^ ed. (1971),
rudimentos como único modelo explicativo de la criminalidad en la sociedad
págs. 108 y ss.; G. LEHMANN, en: Germán Democratic Republic, Int, Handbook,
socialista, pero distinguen tres fases o momentos históricos hasta la plena conso-
2, 1983, págs. 235 a 256, Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, cit., págs. 414.
lidación de dicha sociedad admitiendo la inevitabilidad del delito en tanto no se
.1 Sobre la teoría de la «desviación ideológica», vid. BUCHHOLZ, E., Die sozialeii
culmine tal evolución con el advenimiento definitivo del comunismo (así, LEKSCHAS,
,, Bedingungen der Kriminalitát in der Deutschen Demokratischen Republik, en:
J.; HARRLAND, H.; HARTMANN, R., y LEHMANN, G., Kriminologie. Theoretische
, BUCHHOLZ, E.; HARTMANN, R.; LEKSCHAS, J., y STILLER, G. (edit.):
Grundlagen und Analysen, 1983, Berlín Este).
:.•: Sozialistische Kriminologie. Ihre theoretische und methodische Grundlegung,
Berlín (1971), págs. 213 y ss. Cfr., sobre el problema, MERGEN, A., Die Kriminologie, ^^ Cfr. MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., págs. 13 y ss. («survivals of the past»).
cit., págs. 13 y ss.; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 37. En general, vid. Según la doctrina oficial, se t r a t a de «excesos ocasionales» que terminarán desapa-
supra, nota 28. reciendo cuando la sociedad socialista acabe con la explotación del hombre, el paro,
^^ Vid., manteniendo la tesis oficial: RENNENBERG, Die Gesellschaftlichen la pobreza, el antagonismo de clases, etcétera.
Grundlagen... cit. 10/12; SHARGORODSKI: Ursachen und Verhütung der ^^ Según SAKKAROV (Der XXII Kongress der Komunistischen Partei und die
Kriminalitát, en: Soviet Sociol, 1964, 3/1; en sentido crítico, E. MANNSCHATZ, en: Aufgabe der Liquiedierung der Kriminalitát in der Soviet Union, cit., Nr. 6), las
Ursachenforschung auf dem Gebiete der Jugendkriminalitát und Pádagogik, en: raíces de la criminalidad se hunden en el pasado capitalista y siguen determinando
Neue Justiz, Berlín, 1964,18/8; vid., también, en MERGEN, A., Die Kriminologie, el presente como si se t r a t a r a de u n a «pesadilla» que atormenta al hombre.
964 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 965
Finalmente, la Criminología socialista, desde la década de los sesen- En todo caso, para la Criminología socialista el crimen es siempre un
ta, h a comenzado a replantear el dogma de la «superación» total de la fenómeno de «patología» sociaF'', de anormalidad, que puede y debe
criminalidad en la sociedad sin clases, admitiendo algunos autores tratar de erradicarse con un adecuado y eficaz sistema de control y
(especialmente yugoslavos y polacos) que ni la elevación del estándar de prevención. En modo alguno se halla dispuesta a asumir la inevitabilidad
vida ni los modernos métodos de adoctrinamiento e integración del (Je la delincuencia o incluso ciertos índices constantes, crecientes a
individuo en la comunidad están en condiciones de erradicar aún menudo en nuestros días, de criminalidad, como sucede con la denomi-
fenómenos como la criminalidad o la propia alienación^*^. nada «criminalidad del bienestar», unida precisamente a las sociedades
superdesarroUadas y opulentas. Admitir —como admite la Criminología
«burguesa»— un budget des crimes sería tanto como resignarse a
prescindir de sus propias premisas ideológicas^*^.
Cfr. MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., págs. 13 y ss.; LÓPEZ REY, M., Sin embargo, en este prejuicio dogmático reside, sin duda alguna, el punto más
Criminología cit., I, págs. 196, 198 y 209. En efecto, poco a poco parece insinuarse débil de la Criminología socialista. Primero, porque la supuesta incompatibilidad del
ái un análisis revisionista y más matizado de la génesis de la criminalidad en la crimen con un determinado modelo de sociedad (el socialista) es una tesis doctrinaria
sociedad socialista, especialmente fecundo en la doctrina polaca y yugoslava. Así, diariamente desmentida por la realidad y por las estadísticas: sólo desde la utopía
el polaco LESZEK LERNELL, rechaza la teoría de los rudimentos manteniendo que puede hablarse de una sociedad sin delito. Segundo, porque tal premisa conduce a
lejos del simplismo de la misma, el mero cambio de los miodos de producción no unas pretensiones político-criminales desmedidas: la total erradicación de la delin-
termina con el delito, ya que subsisten aún en la sociedad socialista conflictos, cuencia, meta que sólo puede alcanzarse con el precio de la pérdida de la libertad
desigualdades y déficits en las relaciones interpersonales generadores de crimina- y a costa de una tensión asfixiante de los instrumentos del control sociaP^.
lidad (Grundriss der allgemeiner Kriminologie, Warschau, 1973, págs. 214 a 220).
Bí Los yugoslavos: L. BAVCON, B. SKABERNE, R. VODOPIVEC (Die Kriminalitát
Oí in der sozialistischen Gesellschaft. Erwiderung auf Lekschas'Kritik, en: Revija za c) Funciones asignadas a la Criminología socialista y autodefinición
Kriminalistiko in Kriminologijo, 19 (1968), págs. 105 a 109; SEPAROVIC Zvonimir
9f Paul, en: Yugoslavia, Int, Handboock, 2 (1983), págs. 629 a 659, y otros, reconocen
de la misma
Oí que la abolición de la propiedad privada no acaba, por completo, con la alineación
de suerte que el delito sigue siendo u n hecho en la sociedad socialista y sólo una La Criminología socialista suele autodefinirse como la «ciencia que
:s lenta evolución de ésta podrá eliminarlo. El crimen tiene unas raíces más profun- examina el estado de la criminalidad, su dinámica, causas y medidas
ai das. Gran predicamento h a adquirido en los últimos lustros la denominada teoría para su prevención en la sociedad socialista»''", «aplicando los principios
-f; de la «alienación», defendida, entre otros, por los yugoslavos M. MILUTINONIC
(Comtemporary Criminology, en: IntJCrimPen, 2 (1974), págs. 213 a 223), L.
BAVCON, M. COBAL, L. MILCINSKI, K. VODOPIVEC y B. UDERMAN
(Sozialpathologie Ljubljana, 1968) y por el criminólogo soviético U. S. DZEKEBAJEW (Vergleichende Kriminologie: Jugoslawien), SCHNEIDER, Psychologie, 1981, págs.
(Kriminalitát ais kriminologisches Problem, 1974, Alma-Ata). Según esta teoría, el 1.048 a 1.062, y por el húngaro M. VERMES (The Fundamental Questions of
crimen es consecuencia de determinadas contradicciones socioeconómicas que se Criminology, Leiden-Budapesto, 1978). Cfr. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie,
dan en la sociedad capitalista de clases y en la etapa de transición de ésta a la cit., págs. 415 y ss., de la que se toma esta reseña.
sociedad socialista. Porque ésta última, aun suprimiendo la propiedad privada de Cfr. MINKOWSKI, en: Neue Justiz, Berlín (1964), 18 a 21; HUGO-LUNGWITZ, en:
los medios de producción, no puede erradicar todavía la explotación del hombre y Neue Justiz, Berlín (1964), págs. 17 y ss.; LEKSCHAS, J., precisamente porque
el sistema de clases heredado de una etapa anterior. Incluso en la sociedad considera patológica la criminalidad e incompatible con el orden socialista, se niega
socialista existen, pues, contradicciones criminógenas: por ejemplo, desigual distri- a admitir que sea un «mal eterno», inseparable de toda sociedad de hombres
bución de los bienes económicos como consecuencia de u n insuficiente desarrollo (Theoretische Grundlagen der Sozialistischen Kriminologie, en: Sozialische
económico, no satisfacción de necesidades materiales e intelectuales básicas en los Kriminologie, cit., por BUCHHOLZ, E.; ILARTMANN, R.; LEKSCHAS, J., y
más bajos estratos sociales, conflictos entre intereses individuales y sociales, STILLER, G., págs. 4 4 y 72). Vid., también, VOLD, G. B., Theoretical Criminology,
competitividad y anhelo de beneficios, rechazo del socialismo en la conciencia del cit., págs. 313 y ss., para quien el carácter «patológico» del crimen es uno de los
hombre, tendencias burocratizadoras negativas, reacciones irracionales contra la postulados definidores de la criminología «marxista» frente a las concepciones
criminalidad y la desviación social, etc. El propio principio plurifactorial se «conflictuales» no marxistas.
38
defiende, también, en algunos sectores de la Criminología socialista. Así, por los Sobre el problema, críticamente, KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 89 y ss.
39
polacos: B. HOLYST (Kriminologie, Warschau, 1986) y J. JASINSKI (en: Poland, Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 90.
40
Int. Handbook, 2, 1983, págs. 511 a 525); por los yugoslavos: SEPAROVIC GERZENSON, A.; KARPEC, I., y KUDRAZAWZEW, W., Kriminologie: Lehrbuch,
(Yugoslavia, Int. Handbook, 2, 1983 págs. 629 a 659) y VODOPIVEC, K- cit. (PostdamBabelsberg, 1967), pág. 17. ., , • "-i
966 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 967
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA
del materialismo histórico y dialéctico al campo especial de la investiga- 3) Que no es u n a disciplina autónoma, sino instrumental de la
ción y control de la delincuencia»''^
• j^^gprudencia, de las disciplinas jurídicas** y, en definitiva, del Estado,
a Los diversos autores resaltan como características de la misma: dirigida a la mejor implantación de la sociedad socialista. Se afirma,
incluso, que es u n «elemento parcial de la dirección de la sociedad»
1) Que concibe el crimen como fenómeno social, en conexión con
( L E C K S C H A S ) * ® , orientado a la consecución del socialismo.
determinadas estructuras económicas, y no como acontecimiento «indi-
vidual» explicable desde supuestas patologías del autor, al modo que lo Como dice el autor citado: «La función de la Criminología socialista consiste, por
tanto, en aportar una contribución a la implantación total del socialismo en todas las
hace la Criminología «burguesa»*^. jA.aBírislj
esferas de la vida material e ideológica y, en especial, también en la vida cotidiana»'"^.
2) Que pone el acento más en laprevencióny control efectivo del delito
en la lucha contra éste, que en el mero examen etiológico, explicativo de 4) Por último, la Criminología socialista pretende ser, ante todo, u n a
la criminalidad. No interesa, pues, «interpretar» la génesis de la delin- ciencia práctica y aplicada, más que u n a disciplina teorética, de profe-
cuencia, sino «transformar» las causas económico-sociales que la produ- sores, como suele suceder con la Criminología «burguesa»*''. Ello signi-
cen, a diferencia de los objetivos menos ambiciosos que se propone la fica que uno de sus objetivos inmediatos y prioritarios será el de formular
Criminología «occidental»*^. y ofrecer proposiciones concretas a los órganos del Estado, a quienes
corresponde la lucha contra el delito, para que dicha lucha sea científica
y eficaz. Se preocupa, pues, m á s que la Criminología «occidental» por
proponer medidas concretas de prevención y control. Entre otras, la
elevación del nivel cultural y educativo del pueblo y el de la disciplina
41 social.
GERZENSON, A.; KAEPEC, L, y KUDRAZAWZEW, W., Kriminologie: Lehrbuch,
cit., pág. 21. Como afirma BUCHHOLZ: «La disminución de la criminalidad debe conseguirse
42
«Mientras la Criminología burguesa concentra su atención en la personalidad del mediante la ampliación del elemento del orden en todos los campos de la vida social,
delincuente, con lo que en la mayoría de los casos deja a u n lado las cuestiones empezando por la familiar..., a lo que deben contribuir la vigencia de una ley sobre
relacionadas con sus verdaderas causas en la sociedad burguesa, o también, si se la enseñanza unitaria y las medidas para la cualificación profesional de los trabaja-
t r a t a de las causas de la criminalidad, las analiza desligadas de la forma de ser del dores»''^
capitalismo como orden social, la Criminología Soviética investiga la criminali-
dad... como un fenómeno social» (GERZENSON, A., KARPEC, I., y KUDRAZAWZEW,
W., Kriminologie: Lehrbuch, cit., pág. 12). La Criminología «socialista» reprocha a
la «burguesa» que ésta no reconozca la existencia de profundos conflictos sociales,
inherentes a la naturaleza y contradicciones de la sociedad capitalista, sino que los
** GERZENSON, A.; KARPEC, I.; KUDRAZAWZEW, W., Kriminologie: Lehrburch,
enmascara refugiándose en explicaciones biológico-individuahstas del delito. Vid.
cit., pág. 27. Los autores se refieren a la «Criminología y otras r a m a s de la Ciencia
RESCHETNIKOW, F. M., Die derzeitige amerikanische Kriminologie, Moscú,
Jurídica», definiendo a la primera como «ciencia social que pertenece al campo de
1965, Cfr. SCHNEIDER, H. J. Kriminologie, cit., pág. 414.
43 las ciencias jurídicas» (op. cit. pág. 25). Tal concepción de la Criminología repercute
El reproche básico de la Criminología «socialista» a la «burguesa» es que ésta, hasta
en el ámbito «organizativo», de modo que las investigaciones criminológicas suelen
ahora, se h a limitado a explicar e interpretar el crimen, sin conseguir eliminarlo,
llevarse a cabo en Institutos Jurídicos o adscritos a Ministerios de Justicia
neutraHzando los factores determinantes del mismo. Vid. LEKSCHAS, J.,
(Kriminologie: Lehrbuch, cit., págs. 42 y ss.).
Theoretische Grundlagen der Sozialistischen Kriminologie, en: Sozialistische
^^ «Elemento parcial de la dirección de la sociedad» o «momento parcial de la gestión
Kriminologie, cit. (BUCHHOLZ, E.; HARTMANN, R.; LEKSCHAS, J.; STILLER,
de la sociedad socialista» (LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen der
G.), págs. 137 y ss.
SoziaUstischen Kriminologie, en: BUCHHOLZ, E., HARTMANN, R.; LEKSCHAS,
Sobre el problema, vid. BAVCON, L.; SKABERNE, B.; VODOPIVEC, K : Die
J., y STITTER, G., Sozialistische Kriminologie, cit., págs. 76 y ss.
Kriminalitát in der Sozialistischen Gesellschaft. Erwiderung auf Lekschas Kritik,
*^ LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen, cit., pág. 71.
en: Revija za Kriminahstiko in Kriminologijo, 19 (1968); STILLER, G., Marx'Lehre
*' Cfr. KAISER. G.. Kriminologie. cit.. pág. 83.
über die Ursachen und die Bekámpfung der Kriminalitát sowie ihre Anwendung
""^ Así, BUCHHOLZ, E., Die Sozialen Bedingungen der Kriminalitát in der Deutschen
in der Deutschen Demokratischen Republik, en: K. Marx, Begründer der Staats-
Demokratischen Republik, en: BUCHHOLZ, E.; HARTMANN, R.; LEKSCHAS, J.,
undRechtstheorie der Arbeiter Klasse, Berlín (Ost), 1968; KAISER, G., Kriminologie,
y STILLER, G. (edit.), Sozialistische Kriminologie. Ihre theoretische und
cit., págs. 84 y ss.; GÓPPINGER, H., Criminología, cit., pág. 38.
methodische Grundlegung, cit. (1966), págs. 205 y ss. .i ,• nii i .¡-MII^ .TOUI
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 969
968 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
contacto con las instituciones encargadas del control y prevención del crimen a fin
El control del crimen —en la Criminología socialista— no ofrece de lograr la adecuada coordinación de esfuerzos''^
reparos, no se cuestiona, a diferencia de lo que ocurre en la sociedad
«burguesa» que t r a t a de legitimar el mismo porque aparece como De todo ello cabe inferir, pues, que los mecanismos del control social
«problemático»'"'. Por ello, mientras en ésta la lucha contra el crimen se se encuentran perfectamente elaborados y ensayados por la Criminología
reserva a los órganos del Estado (aunque nominalmente se afirme que socialista. A diferencia de la «burguesa», aquélla se ha manifestado
es «tarea de todos»), en la socialista es u n a responsabilidad compartida partidaria de reducir al máximo el riesgo de la desviación del individuo,
y asumida por los diversos protagonistas sociales (empresas, organiza- captando sus actitudes y conciencia jurídica, esto es: dirigiendo activa-
ciones, fábricas, escuelas, etc.), de modo que se articulan científicamente mente los procesos de socialización mediante una atenta «educación» y
todas las estrategias y modalidades imaginables de control y preven- «propaganda» legal psicológicamente orientada®^.
50
ción' ^iWtíívH Y-'í^AJ; .4i^vW-fí¿i t i i í ,:s,S,:,-.
Baste como ejemplo alguna disposición legal de la antigua República
Democrática Alemana: d) Resultados obtenidos en las investigaciones criminológicas
r Artículo 90 de la Constitución: «La lucha contra el delito y su prevención
Sl¿36r\.
A pesar del recelo marxista hacia el «empirismo», h a n proliferado ya
concierne a la sociedad socialista, al Estado y a todos los ciudadanos.»
Artículo 3 del Código Penal: «Los encargados de empresas, órganos del Estado en los últimos años investigaciones de esta naturaleza en los países de
e instituciones, los presidentes de cooperativas y de organizaciones tienen la la órbita socialista. El fenómeno tal vez se deba a la constatación de que
obligación de educar a los ciudadanos contra maquinaciones ideológicas hostiles y también u n a investigación empírica puede «consolidar» y «reforzar» el
no tolerar violaciones de la legalidad y disciplina socialistas, haciéndoles responsa- sistema, más que a un giro metodológico reaP^. Dada la orientación
bles de establecer una cooperación estrecha que prevenga el delito y reeduque al
delincuente. A tal efecto, eliminarán las causas y condiciones del delito y reforzarán
«práctica» de la Criminología socialista, que es —ante todo— u n a
la legalidad y disciplina. Los órganos estatales y jurisdiccionales se hallan obligados Criminología «aplicada», las referidas investigaciones h a n versado
a prestar la asistencia necesaria.» sobre problemas «candentes» (delincuencia de «menores», «gamberrismo»,
Artículos 26, 32, 46 y 47 del Código Penal: Allí donde se ha cometido un delito, delitos cometidos bajo la influencia del alcohol, criminalidad económica
o allí donde un delincuente se halla empleado, las personas e instituciones antes y de funcionarios, delincuencia sexual y violenta, delitos de tráfico,
mencionadas deberán cooperar estrechamente con los trabajadores y grupos para
la discusión y aplicación de medidas adecuadas tan pronto como una sanción no etcétera), con el propósito político-criminal deliberado de ofrecer fórmu-
privativa de libertad es impuesta, aquéllas están obligadas a proteger la actividad las concretas que permitan su erradicación^''. El resultado «oficial»; más
reeducadora del grupo correspondiente sobre la persona sentenciada; y se esforza- significativo parece ser la progresiva reducción de la criminalidad y de
rán especialmente en lograr la reintegración de los ciudadanos condenados a pena los índices de reincidencia en los Tpaíses socialistas^^.
de prisión, debiendo ayudar a la organización colectiva de trabajadores en dicha
reeducación y reinserción del delincuente. Del mismo modo, las personas y
BÍOf
9b <.
dirigentes citados tienen la obligación de recabar la cooperación de todos los
trabajadores en las causas criminales, y asumen importantes obligaciones, como
cumplimentar las peticiones y recomendaciones de los órganos judiciales, cooperar Vid. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 193 y ss
en la puesta a prueba del delincuente y en su reinserción social y profesional, evitar Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 86 y ss. WP ,J U II 'V. 1 J l i M^I
que personas con riesgo de delinquir lleguen a cometer el delito y mantener estrecho 53
Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 85.
54
ffOdRfsr
Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 180 y ss.; KAISER, G., Kriminologie,
cit., págs. 85 y ss.
ir í^l,•!^.^o^ Deo'jítiof
Es incuestionable el hecho de que las tasas de criminalidad de los países socialistas
49 son muy inferiores a las de los países capitalistas. Sobre este problema, vid.
Vid. KAISEE, G., Kriminologie, cit., págs. 83 y ss.
50 CONNOR, W. D., Deviance in Soviet Society. Crime, Delinquency, and Alcoholism,
Como afirma WINKELBAUER (Volkspolizei, Berlín, 1964, págs. 95 y 96), la
New York, London, 1972; HELLMER, J., Zur Kriminalitat in beiden Teilen
superación de los factores criminógenos arraigados en la etapa capitalista prece-
Deutschland, en: Festschrift für R. Maurach (edit. por F. C. Schroeder y otros),
dente reclama la «acción colectiva» de «todos los ciudadanos»: todos los trabajadores
1972, Karlsruhe, págs. 641 a 658; FREIBURG, A., Zur Jugendkriminalitát in der
son llamados a colaborar en la lucha contra el delito. La lucha contra el delito —su
DDR en KZfBS 27 (1965), págs. 489 a 537. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág.
prevención y control— es «cosa del pueblo» (así: CEEUZBURG, en: Shóffe, Berlín,
86. E n sentido crítico: SCHROEDER, F. C , J u g e n d s t r a f r e c h t u n d
1964, págs. 11/8 y 11/9: Cfr. MERGEN, A., Die Kriminologie, cit., pág. 16).
970 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 971
Ahora bien, no es fácil comparar o extrapolar estas conclusiones a los reflejo «estadístico», a pesar de su trascendencia cualitativa y cuantita-
correlativos ámbitos de la Criminología «occidental». El proceso de tiva, por lo que u n análisis limitado a las estadísticas oficiales (judicia-
elaboración de los datos, los datos mismos y su posible significación les) que prescindiera de la ponderación de aquéllas falsearía la realidad.
crirninológica deben contemplarse a la luz de los respectivos «sistemas»
y no aisladamente. El menor gravamen de la criminalidad en los En todo caso, el aparato «estadístico» de la Criminología socialista
sistemas socialistas responde, ante todo, al intenso control social, que merece serias reservas. Porque tales estadísticas no existen, o se
reduce al máximo el riesgo de la conducta desviada o irregular^*'. Sería publican tardíamente. Porque, con frecuencia, versan sobre períodos
ingenuo desconocer, por ejemplo, la existencia de u n a responsabilidad lejanos poco actuales. Porque, a menudo, no discriminan cualitativamente
legal que se prolonga más allá del Derecho Penal, y el espectacular los datos que constatan, limitándose a ofrecer porcentajes poco signifi-
despliegue de todos los dispositivos y estrategias científicas del control: cativos''^. Late, pues, en el fondo, la sospecha de manipulación política,
educación legal, propaganda legal, integración social, adoctrinamiento^''. confesada por aquel juez moscovita para quien lo decisivo no es publicar
Tales técnicas de controP*^, por otra parte, no siempre tienen el adecuado las estadísticas, sino contribuir al progreso del socialismo®". Progreso
que reclama la confianza en el sistema y u n a actitud optimista en los
resultados de la lucha contra el crimen.
Pero, sin perjuicio de las puntualizaciones y reservas expuestas al
Jugendkriminalitát der DDE in westdeutschen Schrifttum, Deutschland Archiv,
11 (1978), págs. 497 a 500. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 86. hecho evidente de que los índices de criminalidad y reincidencia son más
^^ Según KAISER, G. (Kriminologie, cit., pág. 86), influyen decisivamente la existen- favorables en los países socialistas, procede ponderar algunos datos muy
cia de una responsabilidad jurídica que va más allá del propio Derecho Penal y la significativos que derivan de fuentes oficiales de aquéllos.
efectiva movilización de todos los instrumentos disponibles del control social. Vid.
ESER, A., Gesellschaftsgerichte in der Strafrechtspflege, Tübingen, 1970; En primer lugar, el elevado porcentaje, en el total de la criminalidad,
BORUCKA-ARCTOWA, M., Citizen Participation in the Administration of Justice: que corresponde a la delincuencia juvenil^\ esto es, de personas nacidas,
Research and Policy in Poland, en: Zur Soziologie des Gerichtsverfahrens (Sociology crecidas y educadas en la sociedad socialista que, por tanto, no h a n
of the Judicial Process, recopilado por L. M. FRIEDMAN y M. REHBINDER,
Jahrbuch für Rechtssoziologie und Rechtstheorie, 4, Opladen, 1976, págs. 286 a
experimentado el impacto de otras formas de vida. Los índices de esta
299); SCHROEDER, F. C , Versagen der gesellscháfthchen Rechtspflege in der criminalidad representan un serio motivo de reflexión. Pues, de no
Sowjetunion. Recht in Ost und West, 16 (1972), págs. 265 y ss. Cfr. KAISER, G., admitirse explicaciones «biológicas» a tal fenómeno —claramente
Kriminologie, cit., pág. 86. «desviacionistas» e incompatibles con las teorías del marxismo— com-
^^ Lógicamente, los índices de «reincidencia» son, también, mucho más satisfactorios prometerían el dogma de la erradicación del crimen en la sociedad
en los países socialistas; como contrapartida, el volumen relativo de población
carcelaria (penados y preventivos) en estos países supera el nivel medio de los
socialista y el supuesto monopolio criminógeno de la sociedad burguesa.
países occidentales (Cfr. KAISER, G., Kriminologie,, cit., págs. 86 y 87).
En segundo lugar, se aprecian unas magnitudes estadísticas constan-
^® Las teorías del aprendizaje social han tenido, también, impacto en los países
socialistas. En los últimos años h a n proliferado investigaciones sobre «educación tes —y no decrecientes— en ciertos sectores de la criminalidad (delitos
legal», « p r o p a g a n d a legal», etc. ( R e c h t s b e w ü s s t s e i n , R e c h t s e r z i e h u n g ,
Rechtspropaganda, etc.). La propia Psicología juega u n papel importante como
medio de propaganda legal e instrumento al servicio de la Administración de ,'<ía'ví j .ioii'ip.íd ,'rxt KifTíH tM)
Justicia. Vid. KLOTSCHKOW, W., HARRLAND, H., Sozialistische Integration KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 87; SHICHOR, D., The New Criminology:
und wissenscháftliche Forschung zu Problemen der Kriminalitátsbekámpfung, en: Some Critical Issues, BritJCrim 20 (1980), 1-19.
N J 29 (1975), págs. 439 a 443; BAUER, R. W., SVENSSON, R., Symposium zu Sobre algunos datos estadísticos relativos a la criminalidad en la URSS y en la
methodologischen Problemen und neuren empirischen Ergebnissen der Forschung DDR, vid. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, págs. 188 y ss. (especialmente 195).
des Rechtsbewüsstsein der PersonHchkeit, N J 1976, págs. 204 a 207; REUTER, L-. En general, KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 88.
Erfahrungen und Probleme der Rechtspropaganda in der UdSSR, Staat und Recht, «Publishing statistics, but making progress». Cfr. PFEIFER, G., Justice in Moscow,
20(1971), págs. 1.746 a 1.760; DETTENBORN, H.; FRÓHLICH, H. H.,y LEKSCHAS, 1964, New York. Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit., pág. 89.
J., Gegenstand und Aufgaben der Rechtspñegepsychologie, N J 26 (1972), págs. 70 E n Moscú y Leningrado, más del 50 por 100 de los casos llevados ante los jueces, son
a 75; del primer autor: Selektivitát des Rechtsbewüsstseins der Personlichkeit und casos de «gamberrismo». Cfr. LÓPEZ REY, M., Criminología, cit., I, pág. 191. Vid.,
Soziale Wirkung des Rechts, Staat und Recht, 28 (1979), págs. 127 a 137. Cfr- también: KAISER, G., Criminología. Una introducción a sus fundamentos cientí-
ficos. Madrid (1978), Espasa Calpe pág. 53. .v.. '•.;.. .;•-. • •, •.J'^^í .ií! W
972 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 973
contra la propiedad privada, lesiones, violación, robo, homicidio, etc.)'^^ en lo que aventaja, sin lugar a dudas, a l a Criminología «occidental». Ello
muy a pesar de la eficacia de los mecanismos de control antes aludidos' se explica por la propia autodefinición de aquélla como ciencia «práctica»
y no sólo esto: la distribución de la delincuencia por edades, el porcentaje y «aplicada» y por los objetivos finales que se traza a sí misma: contribuir
de la criminalidad de la mujer, las características típicas de la persona- a la total erradicación del crimen. A diferencia de lo que sucede a la
lidad del inñ-actor, los problemas de los grupos y bandas criminales, la Criminología «burguesa», más preocupada por «explicar» teoréticamente
delincuencia sexual y la de tráfico y otros muchos fenómenos delictivos el crimen que por «combatirlo», y escéptica respecto a la posibilidad real
presentan extrañas semejanzas en los países socialistas y los occidenta- e incluso legitimidad de todo intento de eliminarlo por completo de la
les. Lo que tal vez permita deducir la existencia de unos factores convivencia. Los puntos más débiles y criticables de la Criminología
criminógenos «neutros» respecto al sistema o modelo social, aunque tal «socialista» son tres: su férrea subordinación y dependencia a un
conclusión no satisfaga las explicaciones marxistas del delito®^. determinado marco ideológico, que se traduce en la instrumentalización
de la misma al servicio de éste y en el dogmatismo de muchas de sus tesis;
? . . i í 5 ; 4 . w ; ; > ^ í ^ ^ i:^^^'^' vM^-
'ft'Wtes'^ el monolitismo metodológico (marxismo-leninismo) de sus planteamien-
tos, en contraste con la riqueza de enfoques observada en la Criminología
5. RECAPITULACIÓN FINAL: CRIMINOLOGÍA «SOCIALIS- «occidental», y, en consecuencia, un claro recelo hacia el empirismo, que
Jt TA» Y «CRIMINOLOGÍA B U R G U E S A »^4 limita las posibilidades de la investigación criminológica y disminuye su
capacidad crítica en los países socialistas; y, por último, sus desmedidas
El aspecto más positivo de la Criminología socialista reside en la pretensiones político-criminales: el utópico exterminio del crimen en la
perfecta elaboración y praxis del control social y prevención del crimen. sociedad socialista. Utópicas y desmedidas, porque cuando se declara la
incompatibilidad de ésta con el delito se crea u n modelo inflexible e
intolerante de convivencia, donde cualquier conducta irregular o desvia-
Vid., entre otras muchas investigaciones: DZIADOLW, E., Jugendkriminalitát in da es anormal —como lo sería, también, todo delincuente—, trazándose
n Polen, cit. Berlín, 1971; PLATH, D., REUTEE, L., Bekámpfung rowdyhafter
unas metas sólo alcanzables a través de la presencia asfixiante de los
B Verhaltensweisen, NJ 26 (1972), págs. 284 a 289; MINKOWSKI, G. M., Massnahmen
zur Vorbeugung der Jugendkriminalitát, N J (26) 1972, págs. 168 a 173; FREIBUEG, controles sociales en la vida cotidiana. La Criminología «burguesa» no
O ha conseguido éxitos t a n llamativos en su lucha contra la criminalidad,
A., Zur Jugendkriminalitát inder DDR, KZfSS 27 (1975), págs. 489 a 537, BOHME,
9. K. M., MOLDENHAUER, K., TENNER, G., WITTKOPF E., Zur Entwicklung der pero, en todo caso, nunca ha pretendido el exterminio de ésta, ni pagar
Wirtschaftskriminalitát in der Deutschen Demokratischen Eepublik, Teil; II, por ello el alto precio de la libertad; antes bien, entiende que son
I Kriminalistik u n d forensische Wissenschaften, 8 (1972), págs. 25 a 33;
normales ciertos índices de delincuencia; que existe incluso, u n cierto
BEEKHAUEE, F. H., Wirtschaftskriminalitát in Deutschland. Ein Systemvergleich
zwischen der Deutschen Demokratischen Eepublik und der Bundesrepublik volumen de criminalidad constante y creciente, unido al progreso y al
Deutschland, en: ZStW87 (1875), págs. 788 a 8 2 5 ; SCHEOEDER, F. C., Die Planer desarrollo, inextirpable; y asume el riesgo de la «desviación», en lugar de
erfüllungsfálschung ais Form Komunistischer Wirtschaftskriminalitát, en: Msch controlar de cerca el curso de los procesos de socialización del individuo,
Krim 62 (1979), págs. 140 a 148; FRIEBEL, W.; MANECKE, K.; ORSCHEKOWSKI,
con el adoctrinamiento y la pedagogía social.
W., y otros, Gewalt und Sexualkriminalitát. Erscheinungsformen, Ursachen,
Bekámpfung (Ost) Berlín, 1970; BISCHOF, J.; MEINEL, J.; EOSSGEE, W., Cabe, no obstante, presumir para los próximos años u n a recíproca
Vorbeugung und Bekámpfung der Gewalt-und Sexual Kriminalitát, en: Staat und
Eecht, 26 (1977), págs. 417 a 419; DÁNIS, S., Aktuelle Probleme und Aufgaben im aproximación de los dos modelos criminológicos analizados. El «occiden-
Kampf gegen die Kriminalitát, N J 33 (1979), págs. 259 y 260; GODONY, J., Eeport tal» h a de ser menos «individualista» y más «práctico», más «aplicado»,
on Criminological Researches in the National Institute of Criminology and poniendo el acento menos en el análisis teorético de las «causas» del
Criminalistics in Hungary, en: Crime and Industrialization, First Seminar for delito y más en el de su «control» y «prevención». El «socialista», por su
Criminologists from Socialist and Scandinavian Countries in Helsinki, Stockolm,
parte, debe flexibilizarse, renunciando a su excesiva carga dogmática e
1976 (págs. 234 a 252), IRK, F., Kozúti Balesetek (StrassenunfáUe), 1979, Budapest.
Cfr. KAISER, G., Kriminologie, cit. pág. 86. ideológica, emprendiendo el ya iniciado camino del empirismo y de la
Así, KAISER, G., Criminología. Una introducción a sus fundamentos científicos, autonomía de la investigación criminológica.
cit., página 54. ;í>fíSirE>w B{íisrrtOíJiB»8fi*«srKMO«aiiKi aiü'i ri.,.is-,.i.s J-IUSÍI'.--
Vid. KAISER, G., Kriminologie, cit., págs. 89 y ss. ,,,,. .,,.,,., ^ ... .,„^^,,
974 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 975
Oi El trascendental cambio político que se ha producido en los llamados países del tampoco pueden sustraerse los otrora países socialistas. De otra parte, el cambio
Bloque del Este a finales de los ochenta y comienzo de los noventa explica el nuevo político explica también el descenso significativo de los altísimos porcentajes de
«f
perfil y tendencias de la criminalidad en los mismos, así como la aceleración del encarcelamiento que exhibían los países del Bloque del Este (amnistía y medidas
Ti de gracia)"".
proceso de aproximación de ambos modelos de Criminología''^.
6Í Con anterioridad al citado cambio, por ejemplo, la tasa de criminalidad registrada Los países del Bloque del Este viven en la actualidad bajo un nuevo marco
ai y la cuota de encarcelamientoie comportaban de forma muy distinta en los países político, social y económico. Pero el tránsito del Estado socialista que cierra sus
ÍB industriales occidentales y en los socialistas del «Bloque del Este". En los primeros fronteras y extrema los mecanismos del control de sus ciudadanos (si bien les
la tasa de criminalidad registrada era mucho más alta y, sin embargo, más baja — garantiza un estándar mínimo de vida) al Estado democrático y social de Derecho,
en términos comparativos— la de encarcelamiento'^'^. Que en los países socialistas de la libre competencia y la economía de mercado, exige previos y profundos
Bi la tasa oficial de crimen registrado fuese significativamente más baja tendría fácil reajustes en las estructuras de la sociedad, en sus valores, y en las actitudes y
1\ explicación teniendo en cuenta las muy diferentes condiciones de vida de los países hábitos de los ciudadanos. Por ello, cuando dicho cambio es un cambio radical, y se
rií del llamado «Bloque del Este» (menos libertad, presión asfixiante del control social, produce de forma súbita y acelerada —sin transición— y, además, las sociedades
;B'
penas más severas, menores oportunidades de delinquir, etc....). Que en los países que lo experimentan son sociedades sin recursos, en el umbral de la pobreza, más
socialistas, lógicamente, los porcentajes de encarcelamiento \uesen más severos que cambio estamos ante una auténtica convulsión o colapso-'^.
-asiix que en los países occidentales industrializados sería coherente con el rigor de los Las teorías de ia 5/7C/77/5 explican satisfactoriamente el sentido de desorienta-
órganos de persecución penal de los países del Bloque del Este, propio del sesgo ción, de inseguridad, y de abatimiento que experimenta el ciudadano cuando
ideológico y pautas políticocriminales de los modelos socialistas. contempla el brusco y repentino desmoronamiento del marco de valores tradiciona-
ua 9V.Í El cambio social y político acaecido en estos últimos lustros ha generado una 80bE}' les y sus consecuencias^".
situación genuinamente anémica de desmoronamiento súbito y radical de los Con el nuevo marco político, social y económico, y como consecuencia de la
valores y reglas tradicionales. El acelerado incremento de la delincuencia —y el perfil forma en que ha tenido lugar tan importante convulsión, los países del antiguo
de ésta— es una manifestación más de la mencionada situación de anemia. Se Bloque del Este han visto caer sus exiguos Ingresos/jeAC^/p/fee incrementarse las
comprende, pues, que la tasa de criminalidad experimente desde comienzos de la tasas del desempleo. La esperada recuperación económica ha sido una recupera-
9-'3if:! década de los noventa un ascenso muy severo en los países del denominado ción anémica. Han aumentado los índices de suicidio y las muertes por intoxicación
«Bloque del Este», si bien sin alcanzar los niveles que dicha tasa alcanza en los alcohólica, han descendido significativamente las tasas de natalidad y las expecta-
países occidentales industrializados''^ Se trata, pues, de un proceso normals\ que tivas de vida^\ El ciudadano de los otrora países socialistas, experimenta con
profunda frustración el imposible acceso a las metas de bienestar y prosperidad que
K o l Í:ÍÍ>.-- ¡•*+fTP;í*'ÍÍ»tt '''íé'^éiv le oferta la economía de mercado, y la permeabilidad de sus nuevas fronteras
constituye el mejor escaparate de su impotencia. Las tasas de criminalidad sufren,
Sobre la criminalidad en los otrora países socialistas y su posterior evolución, vid.: lógicamente, un ascenso severo al reducirse, además, la presión de las instancias
KURY, H., Crime development in the East and the West: a comparison, en: Raska, formales e informales del control social. Y con los índices de la delincuencia se
E. Y Saar, J. (edits.). Crime and Criminology at the end of the century. IX. Baltic incrementa, también, el sentimiento general de inseguridad y, desde luego, el miedo
Criminological Seminar (Mayo de 1996), 1997 (Tallinn), págs. 187 y ss.; KURY, H., al delito, que, a su vez, potencian las actitudes punitivas de la sociedad, esto es,
OBERGFELL-FUCHS, J., Crime and development and fear of crime in nuevas tendencias autoritarias e intransigentes que reclaman más represión, más
postcommunist societies, en: Szamota-Saeki, B., Wojcik, D. (Edits.). Impact of rigor'^.
political, economic and social changa on crime and its image in society, 1996, SCHEINOST ha relacionado razonadamente la criminalidad con cambios
Varsovia, págs. 117 y ss.; KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J., y WÜRGER, M., sociopolíticos de la sociedad checa: «la profunda transformación de nuestra socie-
Kriminalitát und Einstellung. Ein Vergleich zwischen Ost-und Westdeutschland., dad —una transformación económica básica relacionada con un enorme cambio de
2000. Freiburg; SIEMASZKO, A. (Edit.), Crime and Law Enforcement in Poland on
the threshold ofthe 21>='century, 2000, Varsovia; BIENKOWSKA, E., Die wichtigsten
Aspekte der Kriminalitátsentwicklung im heutigen Polen: die letzte Dekade, en:
Boers, K , Ewald, U., Kerner, H.J., Lantsch, E., y SESSAR, K , (edit.). Sozialer Cfr. KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, cit., ibidem.
Umbruch und Kriminalitát in Deutschland, Mittel-und Osteuropa, 1994, Bonn, 69 Vid. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., Desarrollo de la
págs. 27 y ss. sociedad y evolución de la delincuencia: u n a comparación internacional, en: Revista
Cfr., KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, o: ¿qué efecto de Derecho Penal y Criminología (2^ Época), 2000, rf 6 (julio), págs. 308 a 313.
preventivo tienen las penas?, en: Revista de Derecho Penal y Criminología (2002), Cfr. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th.„ Desarrollo de la
número extraordinario, págs. 281 y ss. sociedad y evolución de la delincuencia, cit., pág. 317.
En Polonia, la frecuencia media (número de hechos punibles por 100.000 habitan- Cfr. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., op. cit., págs. 309
tes) asciende a 2.775 en el año 1998. En Alemania, dicha frecuencia media era de a 313.
7.869 el mismo año. Cfr. KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminali- 72 Cfr. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., op. cit., págs. 309
dad, cit., pág. 282. y 317 (sentimiento de inseguridad-miedo al delito); 358 y ss. (actitudes punitivas).
976 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
•V
de mercado y una nueva acumulación de capital sin un marco legal adecuado, una
001
reconstrucción básica de la legislación así como de las agencias de aseguramiento
de la misma, la poderosa ola de población de jóvenes nacidos entre 1974 y 1976, la Ltí prevé 'ú en
38'
conciencia social y el sistema de valores, hiasta cierto punto también la apertura de
fronteras y la ola migratoria que pasa por el territorio de la República checa>>^3 i. T:Uito de i .ni
eOltíiT
-9ÍD0r SiíC -í !C»2«|©b,80 V 1
9 b 010
SCHEINOST, M., The national and international factors of the rise of criminality
in the territory of the Czech RepubHc towards the end of the century. En: GiHnsky,
Y y Kostjukovski, Y (edits.), Crime and Criminology at the t u r n on the XXI Century,
St. Petesburg, 1999, pág. 78.
Así, KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., op. cit., págs. 313
y 314.
Cfr. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., op. cit., págs. 313
ñ
a 318.
Cfr. KURY, H., OBERGFELL-FUCHS, J. y FERDINAND, Th., op. cit., págs. 318
a 334.
Capítulo XXIII:
ae
rtv ', -TiiTP j a Docte^Ubu lií' íip peí I, -ciu,- La prevención del delito en un Estado social y
democrático de Derecho^
.nn
¿irttfi,ikléiH!tiib% íAí ytíitrm^é^nú- :mñ~tí(M '«rA) C)ÍIO¿íKM»íJifev-s-iíI
1. LA P R E V E N C I Ó N D E L DELITO E N E L E S T A D O «SO-
' • > ! r- !(->. ,\ ^,q'..'\.r..ar. •••:
CIAL» Y «DEMOCRÁTICO» D E D E R E C H O
_™M5:Ííy^^- Si^ duda, éste es el enfoque científicamente más satisfacto- del penado. Se trata, pues, no tanto de evitar el delito como de evitar la
rio, y el más acorde con las exigencias de un Estado «social» y democrá- reincidencia del infractor. El concepto de prevención se equipara, así, al
tico de Derecho7\ de prevención «especial», mucho menos ambicioso por razón de su
destinatario (el penado, no el infractor potencial ni la comunidad
oínaxijí jurídica), efectos pretendidos (prevenir simplemente la reincidencia del
¡jiSUAi o^úah í'í oífííix »^ .hV. \^-.
\v.r\\'->»
ya penado, no evitar la criminalidad) y medios utilizados para la
consecución de aquéllos (la ejecución de la pena y el tratamiento
2 . EL CONCEPTO D E «PREVENCIÓN» Y S U S D I V E R S O S
rehabilitador).
l9 C O N T E N I D O S
Í9fc En sentido estricto, sin embargo, prevenir el delito es algo más —y
Todas las Escuelas criminológicas se refieren a la prevención del también algo distinto— que dificultar su comisión, o que disuadir al
delito. Que no basta con «reprimir» el crimen, que es necesario anticipar- infractor potencial con la amenaza del castigo. Desde un punto de vista
se al mismo, prevenirlo, es ya un tópico. Pero u n tópico a veces equívoco «etiológico», el concepto de prevención no puede desligarse de la génesis
o vacío de contenido, por las muchas acepciones que se asignan al del fenómeno criminal. Reclama, pues, u n a intervención dinámica y
concepto de prevención. . ,^,,,.,, ^^ ....^, «u^,/^ ,.UII.J-^t.vtÍÍ^ »y positiva que neutralice sus raíces, sus «causas». La mera disuasión deja
Áq t>*í of,t ,ii<i'->'ítiini un •' i-i.sar' éstas intactas. De otra parte, la prevención debe contemplarse, ante
todo, como prevención «social», esto es, como movilización de todos Tos
a) Prevención, disuasión y obstaculización del delito efectivos comunitarios para abordar solidariamente u n problema «so-
cial». La prevención del crimen no interesa exclusivamente a los poderes
En efecto, un sector doctrinal identifica la prevención con el mero públicos, al sistema legal, sino a todos, a la comunidad, pues el crimen
efecto disuasorio de la pena. Prevenir equivale a disuadir al infractor no es un cuerpo «extraño», ajeno a la sociedad, sino u n problema
potencial con la amenaza del castigo, contramotivaríe. La prevención, en comunitario más. Por ello, también, conviene distinguir el concepto
consecuencia, se concibe como prevención criminal (eficacia preventiva criminológico de prevención —concepto exigente y pluridimensional—
de la pena) y opera en el proceso motivacional del infractor (disuasión). del objetivo genérico, poco exitoso, por cierto, implícitamente asociado al
concepto jurídico penal de prevención especial: evitar la reincidencia del
Pero otros autores entienden también por prevención el efecto disua-
penado. Pues este último implica u n a intervención tardía en el problema
sorio mediato, indirecto, perseguido a través de instrumentos no pena-
criminal (déficit etiológico); acusa u n marcado sesgo individualista e
les, que alteran el escenario criminal modificando alguno de los factores
ideológico en la selección de sus destinatarios y en el diseño de los
o elementos del mismo (espacio físico, diseño arquitectónico y urbanís-
correspondientes programas (déficit social); y concede un protagonismo
tico, actitudes de las víctimas, efectividad y rendimiento del sistema
desmedido a las instancias oficiales del sistema legal en el liderazgo de
legal, etc.). Se pretende así, poner trabas y obstáculos de todo tipo al
aquéllos (déficit comunitario).
autor en el proceso de ejecución del plan criminal mediante una interven-
ción selectiva en el escenario del crimen que «encarece», sin duda, los
, q u l g «Uiisupij ;uiix.)yr,'Uí- ^'IBIÍISÍI-'U
costes de éste para el infractor (vg. incremento del riesgo, disminución sn 3inoi;)98
de beneficios, etc.), con el consiguiente efecto inhibitorio. b) Prevención «primaria», «secundaria» y «terciaria»^
P a r a muchos penitenciaristas, finalmente, la prevención del delito no No debe extrañar, por ello, que goce de especial predicamento —desde
es un objetivo autónomo de la sociedad o los poderes públicos, sino el Caplan— la distinción entre: prevención «primaria», «secundaria» y
efecto último perseguido por los programas de resocialización y reinserción
<>,-vJ"> ' Unul ^itt'ir, ií-«»f. ítólibf!) \^,v ui.koirb'A f--i t.i n-
• 'ífI fih Í.P.IA:.Í'ÍT-Í;„'W,.,;t,v;k;t¿,:.vt. 5 Sobre esta distinción, vid. KAISER, G., Introducción a la Criminología., Madrid
'OHAD hi
i. (Dykinson), 1988, 7^ Ed., pág. 125 y ss.; CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación
Vid. GARCÍA-PABLOS, A. Criminología, cit., pág. 364 y 365. comunitaria en el estudio de la delincuencia., en: Psicología social y sistema penal,
984 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA 985
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA
La llamada prevención secundaria, por su parte, actúa más tarde en El problema de la prevención y control del delito gozó siempre de
términos etiológicos: no cuando —ni donde— el conflicto criminal se particular atención en la Criminología «socialista», que desde un prin-
produce o genera, sino cuando y donde se manifiesta, cuando y donde se cipio se autodefinió como ciencia práctica, aplicada'^ y comprometida con
exterioriza. Opera a corto y medio plazo, y se orienta selectivamente a
concretos, particulares, sectores de la sociedad: aquellos grupos y a
íí>'>dt
subgrupos que exhiben mayor riesgo de padecer o protagonizar el ^ Sobre estos programas, vid.: CLOWARD, R., y OHLIN, L., Delinquency and
problema criminal. La prevención secundaria se plasma en la política opportunity: atheory of delinquentgangs., 1961. Chicago, Free Press; COHÉN, A.,
The delinquent subculture., en: Rubington, E., y Weinberg, M.S.: Deviance: the
interactionist perspective, New York, 1981 (M. Millan Publisher Co), págs. 264 y
- 265; SCHEITZGEBEL, R.L., Sucesos privados en lugares públicos, en: BANDURA,
Madrid, 1986, (Alianza Editorial), compilación de Jiménez Burillo y Clemente, A., RIBES, E., Modificación de conducta: análisis de la agresión y de la delincuen-
págs. 383 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., pág. 367 ss. cia, 1980, México (Trillas), págs. 91 a 111. Cñ-., CLEMENTE DÍAZ, M., La
•^ Así, KAISER, G., Introducción a la Criminología., págs. 125 y 126. orientación comunitaria en el estudio de la delincuencia., cit., págs. 384 y ss.
' LÜDERSSEN, Kriminologie, 1984 (Baden-Baden), págs. 151 y ss. Cfr., KAISER, ^ En general, sobre la Criminología «socialista», vid.: GARCÍA-PABLOS, A.,
G., Introducción a la Criminología., cit., pág. 126. Criminología, cit., 2001 (Tirant lo Blanch), pág. 357 y ss; del mismo, véase, supra,
Capítulo XXII. .„.;,,,.:-.,,
986 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 987
el sistema. Ningún otro modelo criminológico ha sabido desarrollar con calidad. También deben ponderarse los «costes», y «riesgos» de u n a
t a n t a convicción la teoría y praxis del control social del comportamiento drástica reducción de los índices de criminalidad cuando tales resulta-
desviado, conectando la investigación de las «causas» de la criminalidad dos se obtienen mediante determinados medios y con consecuencias
con la minuciosa elaboración de planes y estrategias de prevención de la conocidas (restricción asfixiante de la libertad del ciudadano).
misma. La Criminología socialista proclamó como objetivo prioritario el En todo caso, dogmas anacrónicos como la «anormalidad» del delin-
prestar apoyo inmediato a la «praxis» y verter sus conocimientos y cuente; la historicidad y contingencia de la desviación criminal, «cuerpo
experiencias hacia los órganos de persecución penaP"; cuidando de «no extraño» al sistema socialista; la naturaleza exclusivamente patológica
quedarse a mitad de camino»^\ en claro reproche al academicismo
y disfuncional de ésta; su posible y deseable extirpabilidad^®; actitudes
teorético de la Criminología burguesa exclusivamente obsesionada por
aberrantes como la del absoluto y universal desprecio que merece el
«explicar» el delito, en lugar de combatirlo. Sus portavoces oficiales,
infractor"; o políticas criminales agresivas y maximalistas, a modo de
siguiendo el espíritu de la conocida tesis decimoprimera de MARX a
cruzadas que pretenden utópica e ilegítimamente erradicar el crimen y
FEUERBACH, y la naturaleza «instrumental» de la Criminología al
eliminar el mero riesgo de la desviación dirigiendo los procesos de
servicio de la jurisprudencia y «como elemento parcial de la dirección de
socialización del ciudadano mediante u n a presencia asfixiante de los
la sociedad» ^^ socialista, reiteraron ser función prioritaria de aquella
mecanismos del control social, no parecen hoy compatibles con los
ciencia no ya «interpretar» la génesis de la criminalidad, sino «transfor-
presupuestos axiológicos del Estado «social» y democrático de Derecho.
mar» las causas económicosociales que la producen. Y erradicarlas,
Ni siquiera en aras de u n a eficaz prevención del delito y del óptimo
contribuyendo a la total implantación del socialismo en las diversas
esferas de la vida material e ideológica, así como en la propia vida rendimiento del sistema legal, i J s 9íJíj,;(ííxni;?H9 41^ ?<:
cotidiana^^. ..:,,..:.•-/-.", El espectacular giro experimentado por la Criminología «burguesa»,
cada vez más interesada por la prevención del delito como lo demuestran
La Criminología —en puridad, la Política criminaP'*— socialista ha los miles de programas de los que existe noticia^®, no deben difuminar las
conseguido «éxitos» indiscutibles en la prevención del delito. Pero profundas diferencias que separan ambos modelos criminológicos. Pre-
forzoso es reconocer, también, que el concepto de prevención cobra en venir el crimen significa en uno y otro marco político algo muy distinto.
este marco ideológico connotaciones muy singulares^^. Y que el rendi-
miento del control social no es el único ni principal indicador de su ,,,,.._ Durante los últimos cincuenta años la mayoría de los países industriales acusa
' ' uns¡gnificativoincrementodelatasadedelincuenc¡acomúnregistrada(polic¡almente).
; ' ' También en los países del antes llamado «Bloque del Este» se observa un fenómeno
• . -> semejante a partir del trascendental cambio político que tuvo lugar en los mismos a
' 1 finales de la década de los ochenta y comienzo de los noventa: el ascenso de la
^^ Vid., KAISER, G., Introducción a la Criminología., cit., págs. 66 y 67. l i . ,, criminalidad común registrada".
" Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., pág. 369; KAISER, G., Introducción
a la Criminología., cit., pág. 67.
12 Así, GERZENSON, A.; KARPEC, l y KUDRAZAWJEW, W., Kriminologie: Lehrbuch.
Aktuelle Beitrage der Staats und Rechtswissenschaft, 1967, Heft. 20, Bd. 1 y 2., ^"^ La Criminología socialista sustenta una teoría 'exógena' de la criminalidad (vid.,
Postdam, Babelsberg, pág. 27; LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen der GARCÍA-PABLOS, A., Criminología., cit., pág. 370.
í Sozialistischen Kriminologie, en: BUCHHOLZ, E., HARTMANN, R., LEKSCHAS, ^^ Sobre dicha actitud de 'desprecio' absoluto hacia el infractor, vid., KAISER, G.,
J. y STILLER, G.: Sozialistische Kriminologie. Ihre theoretische und methodische Introducción a la Criminología, cit., pág. 69. Desde coordenadas antropológicas y
Grundlegung, Berlín, 1971, págs. 76 y ss. uprnisti ori'l culturales muy distintas, la sociedad japonesa cultiva, también, una «cultura de la
1^ Así, LEKSCHAS, J., Theoretische Grundlagen, cit., pág. 71. •- : . vergüenza»: el delito estigmatiza a la propia familia, al grupo del infractor (vid.
^* Como matiza MERGEN, A., Die Kriminologie. Eine Systematische Darstellung, Ruth BENEDICT: The Chrysanthemum and the Sword, 1946. Boston).
1967 (Berlín, Frankfurt), Vahlen, F., págs. 15 y ss. 1® Unos 6.500 programas de prevención h a n contabilizado, para el decenio 1965 a
^^ Por de pronto, la prevención y control del delito deja de ser 'problemática'; y no se 1975 en los Estados Unidos, WRIGHT y DIXON (Community Prevention and
reserva a los órganos del Estado, ya que se entiende que «es cosa del pueblo» y debe Treatment of Juvenile Delinquency. AReview of Evaluations, en: JResCrim., 1977,
asumirse por todos los agentes sociales como 'acción colectiva'. Cfr., MERGEN, A., pág. 36). Cfr., KAISER, G., Introducción a la Criminología., cit., pág. 125.
• '- Die Kriminologie., cit., pág. 16; también, GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., 1^ Vid. KURY, H., Crime development in the East and the West: a comparison, en:
pág. 369 y ss. RASKA, E., SAAR, J. (edit.), Crime and Criminology at the end of the century. IX.
988 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 989
Con anterioridad al citado cambio político dos datos concretos distinguían la se desplaza, por tanto, de la ley al sistema legal, de las penas que el
realidad criminal de unos y otros países: en los del Bloque del Este, la tasa oficial de
ordenamiento contempla a la efectividad de éste; todo ello desde la
criminalidad era mucho más baja que la de los países occidentales según las
estadísticas policiales; sin embargo, la cuota de encarcelamiento en los otrora concreta y singular percepción del autor, cuyo proceso motivacional
países socialistas era más elevada que en los países industriales occidentales y las deviene más complejo.
penas más duras. Con el nuevo marco político de los países del «Bloque del Este»
-»RÍ<
la situación criminológica se ha invertido. La cuota de encarcelamiento se ha
reducido sensiblemente en estos últimos, mientras la tasa de criminalidad registrada
ha emprendido un incremento dramático, aún sin alcanzar todavía el nivel que a) Modelo clásico
ostenta en los países occidentales^"
Atener de u n a opinión muy generalizada, el Derecho Penal simboliza
la respuesta primaria y natural, por excelencia, al delito, la más eficaz.
Dicha eficacia, además, depende fundamentalmente de la capacidad
disuasoria del castigo, esto es, de la gravedad del mismo. Prevención,
3 . M O D E L O S TEÓRICOS D E P R E V E N C I Ó N D E L DELITO. disuasión e intimidación, según esto, son términos correlativos :_el
^1 E X P O S I C I Ó N Y R E F L E X I O N E S CRÍTICAS incremento de la delincuencia se explica por la debilidad de la amenaza
penal; el rigor de la pena se traduce, necesariamente, en el correlativo
La respuesta tradicional al problema de la prevención del delito se descenso de la criminalidad. Pena y delito constituyen los dos términos
concreta en dos modelos muy semejantes: el clásico y el neoclásico. de una ecuación lineal. De hecho, muchas políticas criminales de nuestro
Coinciden ambos en estimar que el medio adecuado para prevenir el tiempo (recte: políticas penales) responden a este modelo falaz y
delito ha de tener naturaleza «penal»^^ (la amenaza del castigo); que el simplificador que manipula el miedo al delito y t r a t a de ocultar el fracaso
mecanismo disuasorio o contramotivador expresa fielmente la esencia de la política preventiva (en realidad, represiva) apelando en vano a las
de la prevención; y que el único destinatario de los programas dirigidos «iras» de la Ley.
a tal fin es el infiractor potencial. Prevención equivale a disuasión, a
disuasión a través del efecto inhibitorio de la pena. Las discrepancias El modelo tradicional de prevención no convence en absoluto, y por
son accidentales. El modelo clásico polariza en torno a la pena, y al rigor muchas razones. -
o severidad de ésta, la supuesta eficacia preventiva del mecanismo 1 Ante todo, la supuesta excelencia del Derecho Penal como instrumen-
intimidatorio. Participa, además, de u n a imagen estandarizada y casi i to preventivo —frente a otras posibles estrategias— parece más produc-
lineal del proceso de motivación y deliberación. El denominado modelo I to de prejuicios o coartadas defensistas que de un sereno análisis
neoclásico, sin embargo, refiere la efectividad del impacto disuasorio o científico de la realidad^^. Pues la capacidad preventiva de un determi-
contramotivador más al funcionamiento del sistema legal, tal como éste nado medio no depende de su naturaleza (penal o no penal) sino de los
es percibido por el infractor potencial, que a la severidad abstracta de las efectos del mismo. Conviene recordar, a este propósito, que la interven-^
penas. En orden a la prevención de la criminalidad el centro de atención ción penal tiene elevadísimos costes sociales^^. Y que su supuesta
efectividad dista mucho de ser ejemplar. La pena, en puridad, no o
, -if;jinoríu-in . C »v,
disuade: atemoriza, intimida. Y r e f l ^ j n á s la inipotencia, el fracaso, la
ausencia de soluciones que la convicción y energía imprescindibles para
Baltic Criminological Seminar, 1966 (22 al 25 de Mayo), Tallin, 1997 (págs. 187 y
ss.). j ,1 l>í\ M
20
Vid. KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, o: ¿qué efecto 'f.:>!"\ , 1 ' 1 - 1 9 7 i<l
preventivo tienen las penas?, en: Eevista de Derecho Penal y Criminología (UNED),
Número extraordinario sobre el Congreso de Derecho Penal y Criminología celebra- Sobre el problema, criticando la 'huida hacia el Derecho Penal', GAECIA-PABLOS,
do en la Universidad a Distancia en Noviembre del 2000 (págs. 281 y ss.). A., Problemas y tendencias actuales de la Ciencia Penal, en: Estudios Penales,
Criticando que la represión penal sea el instrumento de prevención: SACK, F., Barcelona (Bosch), 1984, pág. 123.
Právention durch Eepression? Aus der Sicht eines Kriminologen, en: Polizei und Vid., GARCÍA-PABLOS, A., La supuesta función resociahzadora del Derecho
Právention (BKA), 1976, Wiesbaden, págs. 36 y ss.
Penal, en: Estudios Penales, cit., pág. 95.
990 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGL^ 991
abordar_ los problemas sociales] Ninguna política criminal realista previsor, calculador, que no se aviene a la realidad por generalizar unos
puede prescindir de la pena, pero tampoco cabe degradar la política de clichés decisionales ni siquiera válidos para la delincuencia económica
prevención convirtiéndola en mera política penal. Que u n rigor desme- convencional (menos aún, desde luego, con relación a la denominada
dido, lejos de reforzar los mecanismos inhibitorios y prevenir el delito, criminalidad «simbólica» o «expresiva»)^°. Pues lo cierto es que el
tiene paradójicamente efectos criminógenos, es algo, por otra parte, infractor indeciso valora y analiza más las consecuencias próximas e
sobre lo que existe evidencia empírica^^. Más dureza, más Derecho inmediatas de su conducta (vg. riesgo de ser detenido, prisión provisio-
Penal, no significa necesariamente menos crimen. Del mismo modo que nal, etc.) que las finales o definitivas (gravedad de la pena señalada por
el incremento de la criminalidad no puede explicarse como consecuencia la ley p a r a el delito). Sus previsiones y actitudes, además, sitúan en
exclusiva de la debilidad de las penas o del fracaso del control social. planos muy distintos los «riesgos» improbables de padecer aquella pena
El modelo de prevención clásico, en segundo lugar, revela u n análisis y los beneficios seguros derivados de la comisión del hecho criminal.
Precisamente porque cuenta con librarse del castigo decide cometer el
demasiado primitivo y simplificador del proceso motivacional y del
delito^^. La certeza, pues, de unos beneficios inmediatos, seguros, preva-
propio mecanismo disuasorio^^, pues, como a d v i e r t e n KURY^*^,
lece sobre la eventualidad de unos riesgos que descarta o contempla
DÓLLING^'' y VILLMOW^*^ —entre otros muchos— quienes suponen
como improbables, por graves que éstos sean.
que la eficacia disuasoria del castigo depende del rigor o severidad del
mismo interpretan de modo simplificador y reduccionista u n marco de Las ciencias empíricas, finalmente, h a n demostrado la complejidad
relaciones psico-sociológicas mucho más complejo en el que interactúan del mecanismo disuasorio.[Todo parece indicar que en el mismo intervie-
un sinfín de v a r i a b l e s . ^ , , ^ f ^ ^ ^ ^ ^ r HiíMíHS'í&i;y nen muchas y diversas variables, que interactúan, además, de forma no
Profesa, en efecto, u n a imagen intelectualizada del infractor, casi siempre uniforme. La gravedad nominal del castigo, el rigor de la pena,
algebraica, ingenua, al suponer que la opción delictiva es producto de un es sólo u n a de ellas, de suerte que su concreto efecto inhibitorio o
balance de costes y beneficios; de u n a fría y reflexiva decisión racional contramotivador depende, caso a caso, del comportamiento e interacción
en la que el culpable pondera la gravedad de la pena señalada al delito de las demás variables^^.j Así, por ejemplo, u n a pena de seis años de
y las ventajas que éste le puede deparar^''. Estereotipo de delincuente privación de libertad ti'ene, sin duda, u n efecto intimidatorio muy
distinto en los siempre diferentes procesos motivacionales. No decide
sólo la duración del castigo (la duración abstracta y nominal de la pena):
la naturaleza del delito de que se trate, el tipo de infractor, el grado de
^* Sobre los efectos criminógenos de una pena desproporcionada, vid., GARCÍA-
PABLOS, A., Problemas y tendencias actuales de la Ciencia Penal, cit., pág. 123.
^^ Vid., ALVIRA MARTÍN, Francisco, El efecto disuasor de la pena, en: Estudios "Ylai hi k,.'>bí;íi«iijif3 x dOjgípajSj^ olun^'j
penales y criminológicos, VIL, (1984), Santiago de Compostela, págs. 11 y ss.
^^ KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, o: ¿qué efecto preven-
^° Distinguiendo el efecto disuasorio de la pena en la delincuencia 'instrumental' (vg.
tivo tienen las penas?, en: Revista de Derecho Penal y Criminología, número
patrimonial) y en la 'expresiva' o 'simbólica' (vg. droga, delitos pasionales, etc.) y
extraordinario a propósito del Congreso de Derecho Penal y Criminología celebrado
manteniendo que falta dicho efecto en la última —o es muy reducido—: ALVIRA
en Noviembre del 2000 en la UNED, pág. 304.
MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena, cit., pág. 17 y 18. Sobre el delincuente
^^ DÓLLING, D., Was lásst die Kriminologie von der erwarteten spezial-und general
de las altas finanzas, el medio ambiente —en general, el crimen organizado—, etc.,
. práventiven Wirkungen des Jugend Kriminalrechts übrig?, en: Bundesministerium
que si condiciona la comisión del crimen a una positiva ponderación previa, racional
der Justiz. Das Jugendkriminalrecht ais Erfüllungsgehilfe geselschaftlicher
y objetiva, de los riesgos y beneficios, vid.: KURY, H., Sobre la relación entre
Erwartungen?, 1995, Bon, pág. 155.
sanciones y criminalidad ..., cit., pág. 308.
^* VILLMOW, B., Diversión auch bei wiederholten und schwereren Delikten:
^^ Muchos estudios empíricos demuestran precisamente que el delincuente padece
Entwicklungen und Kontroversen in Hamburg, en: Deutsche Vereinigung für
u n a «distorsión perceptiva», esto es u n a defectuosa percepción de la realidad que
Jugendgerichte und Jugendgerichts hilfen, DVJJ; Kinder und Jugendliche ais
le hace considerarse inmune a la ley y el castigo. Vid., ROSS, ROBERT, R.,
Opfer und Táter. Právention und Reaktion. Dokumentation des 24. Deutschen
FABIANO, E. y GARRIDO GENOVÉS, V., El pensamiento prosocial. El modelo
Jugendgerichtstages vom 18. bis 22 Serptember 1988 in Hamburg, 1999 (Godesberg),
cognitivo para la prevención y tratamiento de la delincuencia. Monográfico de la
págs. 428 y ss.
Revista «Delincuencia», 1990, n - 1 , pág. 31.
^^ Vid., ALVIRA MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena, cit., pág. 11.
32 En este sentido, GARCÍA-PABLOS, A., Criminología., cit., pág. 374 y ss.
992 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 993
apoyo informal que pueda recibir el comportamiento desviado^^, la pronti- informal que éste espera del entorno social si comete el delito, etc.^^;
tud e inmediación de la respuesta al mismo, la personalidad del delincuen- incluso, a lo que las investigaciones de Góttingen denominan «la expe-
te, el modo en que la sociedad y el delincuente perciban^'' el castigo riencia penal subjetiva»^^
(adecuación, efectividad, etc.) son circunstancias que condicionan decisiva-
mente el poder disuasorio concreto de aquél. Dicho de otro modo: una pena El efecto disuasorio real de la pena (de la amenaza o conminación penal) se halla
muy condicionado por \3, percepción subjetiva c/eiinfractorres'pec'LO a la virtualidad
de seis años de privación de libertad no intimida siempre lo mismo, ni de la efectiva imposición del castigo si comete el delito. Determinante será, en este
intimida siempre y en todos los casos más que una pena privativa de ' sentido, no la mayor o menor severidad nominal de la pena abstracta, sino el mayor
libertad de dos, de tres o de cinco años. o menor porcentaje de riesgo que asocia el delincuente potencial a la comisión del
delito valorando las circunstancias concretas del caso (grado de dificultad que
El rigor de la pena no es, desde luego, —a tenor de las investigaciones entraña la ejecución del delito, pericia y capacidad propia para llevarla a cabo
empíricas— el único ni el principal factor. No se puede asociar, por tanto, exitosamente, efectividad real del sistema legal, etc.).
severidad del castigo y efecto disuasorio de éste, sin ofrecer u n a imagen En dicho cálculo o evaluación de las consecuencias próximas derivadas de la
comisión del delito, las investigaciones empíricas pj^recen haber verificado dos
simplista de u n a realidad mucho más compleja en la que intervienen extremos^**. En primer lugar, que el infractor —sobre todo, el habitual— adopta-una
numerosas variables psicológicas y sociológicas. Todo parece indicar que actitud marcadamente más optimista en la ponderación de riesgos que el ciudadano
en el proceso de deliberación el infractor pondera el riesgo-—maypr~o^ respetuoso de lasjeyes. Tal actitud puede deberse a una cierta distorsionen la~
menor— de ser descubierto (siempre subjetivamente apreciado), sibien percepción de la realidad , o «síndrome de optimismo» no justificado, característico
del perfil psicológico del infractor, o todo lo contrario: al pragmatismo y experiencia
dicha evaluación del i-iésgo es u n a variable de escasa significación y al
de éste, que le permiten valorar con realismo la escasa efectividad del sistema legal
parecer solo tiene relevancia en infracciones menores. Pero más aún que y, portante, la alta probabilidad de cometer el delito impunemente. Enjegundo lugar,
el riesgo a ser descubierto, determinadas circunstancias y condiciones que, a su vez, ef grado de optimismo tí\\\ere según la naturaleza del delito y la
relativas al proceso de socialización (transmisión de normas y valores, '-' ''-^ personalidad correlativa de su autora El delincuente sexual, por ejemplo, no suele
encuadramiento del individuo en u n concreto contexto social, grado de -• •; i • siquiera plantearse la posibilidad de ser castigado. El delincuente contra el patrimo-
nio y la seguridad vial, por el contrario, calcula racionalmente los riesgos de la
vigencia real de las normas y presión de éstas sobre el comportamiento comisión del delito. Más aún lo hace, sobre todo, el delincuente en el ámbito
desviado) poseen un decisivo peso específico disuasorio^^. Entre estas socioeconómico y el medio ambiente, y, desde luego, las corporaciones en el
últimas variables, las diversas investigaciones conceden especial signi- particular de las sanciones pecunañas^^ En el caso del delincuente terrorista, el
ficación al mayor o menor grado de conciencia de la obligatoriedad de la -• ''í efecto disuasorio del castigo —incluido el de máximo rigor— depende menos de la
'ir;, i percepción subjetiva del autor sobre el riesgo de imposición de aquel y de su
norma en cuanto compromiso y experiencia moral del sujeto, medida
severidad que en el de otros delincuentes.
según la reprochabilidad del hecho; a la frecuencia de la comisión del
delito en el círculo de amigos y allegados al infractor; a la reacción
No le faltaba razón, pues, a BECCARIA al mantener ya en 1764 que
lo decisivo no es la gravedad de las penas, sino la prontitud con que se
impongan; no el rigor o la severidad del castigo, sino su certeza o
^^ Sobre la relevancia de otra variable: la posibilidad de 'redefinir' el rol de delincuen-
te, vid. ALVIEA MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena (citando las investiga- infalibilidad: que todos sepan y comprueben —incluido el infractor
ciones de TOBY), cit., pág. 18. potencial, decía el autor— que la comisión del delito implica indefecti-
"* El efecto disuasorio solo puede producirse, en todo caso, a través de la representa- blemente la pronta imposición del castigo^". Que la pena no es un riesgo
ción simbólica o anticipación cognitiva del castigo. Dicha mediación simbólica futuro e incierto sino un mal próximo y cierto, inexorable. Pues si las
obliga a poner el acento en la «percepción subjetiva» de aquel. Vid. ALVTRA
í.iUKlKi.Hüc: ,.í>!v ,aoDol 'loq ,£-.?r8B,loo3n BisuDga o Ofn8í:)rcBlo on-'.Bbosn IB irídoy
MARTÍN, F., El efecto disuasor de la pena., cit., pág. 14 y 15.
Cfr. KURY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, cit., págs. 303 y
304, sintetizando los resultados de las investigaciones de: BOCK (1991), VILLMOW
:. :JIJT ..I .noLmira ,,8.D .íEraoaa .obíinaa sj.
(1999), SCHUMANN (1984), DÓLLING (1984), SCHÓCH (1988), HEINZ (2000), ^' Por todos, SCHÓCH, H., Zur Wirksamkeit der Generalprávention, en: Prank, C. y
MÜLLER-DIETZ (1996), etc. otros. Der Sachverstándige im Strafrecht/Kriminalitatsverhütung, 1990, págs. 91
y ss.
Vid. La síntesis acertada que realiza HEINZ, W., Kriminalpolitik an der Wende
^^ Cfr. GARRIDO, V. y otros. Principios de Criminología, cit., págs. 196 y ss.
zum 21. Jahrhundert: Taugt die Kriminalpolitik des ausgehenden20. Jahrhunderts
^^ Cfr., GARRIDO, V. y otros. Principios de Criminología, cit., págs. 196 y ss.
für das 21. Jahrhundert? Bewáhrungshilfe, 2000, págs. 147 y ss. ;_,^,, j^,
*o De los delitos y las penas, Madrid (Aguilar), 1974, págs. 128 a 134. ,, ,,„,=,,»
994 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 995
leyes nacen para ser cumplidas, habrá que convenir con el ilustre gectores de la delincuencia (vg. ocasional). Pero no cabe esperar dema-
milanés, que sólo la efectiva aplicación de la pena confirma la seriedad siado del mismo. El sistema legal deja intactas las «causas» del crimen,
de la conminación legal. Que la pena que realmente intimida es la pena actúa tarde (desde u n punto de vista etiológico), cuando el conflicto se
, que se ejecuta: que se ejecuta pronto, que se ejecuta de forma implacable" manifiesta (opera, pues, sintomatológicamente). Su capacidad preven-
^y habría que añadir: que se percibe por la sociedad como jusiaTy^ tiva, en consecuencia, tiene unos límites estructurales insalvables. A
} merecida. .; - medio y largo plazo no resuelve por sí mismo el problema criminal cuya
is ;^0-/-:. stesfe snoQ sk th Ijfefwmofí
dinámica responde a otras claves.
b) El modelo neoclásico uo'asionBíenuoib eísí o En segundo lugar, y contra lo que a menudo se supone, no parece ya
razonable atribuir los movimientos de la criminalidad (el incremento o
Para la denominada escuela neoclásica (o moderno clasicismo) el el descenso de sus índices) a la efectividad —mayor a menor— del
efecto disuasorio preventivo aparece más asociado al funcionamiento sistema legal. Ni la fragilidad de éste, sin más, determina u n ascenso
(efectividad) del sistema legal que al rigor nominal de la pena*^ Sus correlativo de la criminalidad (de la criminalidad «real», naturalmente,
teóricos, de hecho, atribuyen la criminalidad al fracaso o fragilidad de no de la «oficial» o «registrada»), ni una mejora sensible de su rendimien-
_ aquél, a sus bajos rendimientos. Mejorar la infraestructura y la dotación to reduce en la misma medida los índices de criminalidad. No existe tal
del sistema legal sería la más adecuada y eficaz estrategia para prevenir correlación porque el problema es bastante más complejo y obliga a
la criminalidad: más y mejores policías, m á s y mejores jueces, más y ponderar otras muchas variables. Por la misma razón, mejorar progre-
mejores cárceles. De este modo se «encarecen» los costes del delito para siva e indefinidamente los resultados de la prevención del delito a través
" el infractor, —aseguran—, que desistirá de sus planes criminales al del sistema legal, potenciando el rendimiento y efectividad de éste es
comprobar la efectividad de u n sistema en perfecto estado de funciona- una pretensión poco realista, condenada al fracaso a medio plazo*®. De
miento"'^. La sociedad, concluyen los partidarios de este enfoque neoclásico, una parte, porque no falta razón, quizás, a quienes invierten la supuesta
tiene el crimen que quiere tener, pues siempre podría mejorar los relación de causa a efecto, afirmando que no es el fracaso del sistema
resultados de la lucha preventiva contra el mismo, incrementando legal lo que produce (causa) el incremento de la delincuencia (efecto),
progresivamente el rendimiento del sistema legal; perfeccionando el sino este último (el aumento de la criminalidad) el que ocasiona la
equipamiento y dotación de éste. Invirtiendo más y más recursos en sus fragilidad y el fracaso del sistema legal*^. Y de otra, porque no se deben
necesidades h u m a n a s y materiales cabría siempre esperar y obtener, de confundir la criminalidad «real» y la «registrada», suponiendo errónea-
forma sucesiva e ilimitada, más éxitos y mejores resultados*^. mente que los valores de esta última constituyen u n indicador seguro de
la eficacia preventiva del sistema legal. Más y mejores policías, más y
Pero este modelo de prevención tampoco convence. mejores jueces, más y mejores prisiones —decía a este propósito un
' E n orden a la prevención del crimen, la efectividad del sistema legal autor— significa más infractores en la cárcel, m á s penados, pero no
es, sin duda, relevante, sobre todo a corto plazo** y con relación a ciertos necesariamente menos delitos*''. Una sustancial mejora de la efectividad
del sistema legal incrementa, desde luego, el volumen de crimen regis-
<^ajr!.' • HHnp nm<i h¡^í)0 '*o^í4^^. Jal) 11:913fcsrqnii %+gpTfí n' • trado, se captura más crimen y reduce la desproporción entre los valores
«oficiales» y los «reales» (cifra negra). Pero no por ello se evita mas
* Sobre el moderno clasicismo o escuela neoclásica, por todos, vid., SCHNEIDER, B!i'i.t:..ín,«-j5Vj;rr-:oq f ;í;,.'"JjKf r i-i u u f>o'j'-
H.J., Kriminologie., 1987 (Walter de Gruyter), págs. 364 y ss.
*2 E n este sentido, BECKER, G.S., EHRLICH, L, TULLOCK, G., COOK, Ph. J-, - '.^'yvJ^> • . r f ( .'"-ílü '
R U B Í N , P.H., etc. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., pág. 375 y ss. de lo que se suponía en la observancia de las leyes Vid , KAISER, G-; ^^ ^°
^'^ Así, R U B Í N , Paul H., The Economics of crime. (Ralph Andreano-John J. Siegfried- a la Criminología., cit., pág. 121.
44
editores: The Economics of Crime), 1980, págs. 13 a 25. "^ Vid., GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., págs. 376 y ss. Q^^
Investigaciones empíricas parecen demostrar, por ejemplo, que disuade más al ""^ Vid., GWYNN NETTLER, Explaining Crime, 2^ Ed., 1978, pág- ^ " ''
infractor indeciso el riesgo de ser descubierto que la gravedad nominal, mayor o SCHNEIDER, H.J., Kriminologie., cit., pág. 368.
menor, de la pena. Que el marco legal de ésta o su medición judicial influyen menos "' Así, JEFFERY. Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., ibidem-
996 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 997
crimen ni se produce o genera menos delito en idéntica proporción: se variables: si es cierto —o no— que la amenaza de la pena evita la
detecta más crimen. Mala política criminal aquella que contempla el comisión de delitos y previene la criminalidad; si la imposición y
problema social del delito en términos de mera «disuasión», desenten- cumpHmiento de la pena concreta mitiga —o no— el riesgo de reinciden-
diéndose del imprescindible análisis etiológico de aquél y de genuinos cia del infractor. E n definitiva, sí existe evidencia empírica de que la
programas de prevención (prevención primaria). pena satisface las necesidades y expectativas sociales^" que los modelos
disuasorios asignan al castigo.
Pésima política criminal aquella que olvide que las claves de una
prevención eficaz del crimen residen no en u n fortalecimiento del control Verificar empíricamente la efectividad real del castigo es, sin duda, una imperiosa
necesidad. De Jieciio, sin embargo, las numerosas teorías que esgrime la doctrina
social «formal» sino en u n a mejor sincronización del control social sobre las funciones de la pena carecen de sustrato científico —de apoyo empírico—
«formal» y el «informal»''^ y en la implicación o compromiso activo de la y, por tanto, no están en condiciones de legitimar el castigo'^'. Son especulaciones,
comunidad. 13 jai, » voaJiwili proposiciones normativas, que operan en el ámbito del debersery que la realidad
ítiiei J:í>'£'iK';"
empírica no refrenda. Algún autor ha censurado recientemente el contrasentido de
Es imprescindible distinguir entre «política criminal» y «política que la propia justicia criminal —institución estatal que despliega una intervención de
penal», si no se quiere privar de contenido y autonomía el propio trascendencia máxima para el individuo y la sociedad— haya eludido todo control
concepto de «prevención». Este último reclama cierta política criminal empírico sin preocuparse de comprobar científicamente si dicha intervención
(de base etiológica, positiva, asistencial y social, comunitaria), no fórmu- cumple los objetivos que la legitiman^^ pero la propia Criminología empírica se ha
desentendido también del estudio de la realidad del castigo, y de la efectividad de
las represivas o intimidatorias, meramente sintomatológicas, que se las diversas sanciones, hasta hace pocos lustros^^. Los estudios econométricos
desentienden de las raíces del problema criminal y prescinden de toda sobre la eficacia preventivo general de la pena se inician en la década de los setenta
información científica al respecto. o finales de los sesenta^*; y el estado de la investigación al respecto, según Bock, es
en la actualidad «más que pobre»^^. Más recientes aún son los metaanálisis que
i
998 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 999
tratan de evaluar las investigaciones empíricas sobre la eficacia preventivo especial
m de la pena. De hecho, las decisiones políticas se rigen más por actitudes y elevados de reincidencia se apreciarían en los penados que padecieron
á percepciones de la población (que pulsan las encuestas) que por criterios científico
empíricos de racionalidad y utilidad^'*.
condenas más rigurosas y estrictas**".
En cuanto a la eficacia preventivo general de la pena, los autores
b) Se ha afirmado en una obra de reciente publicación^^ que son pocos estiman que aquella parece más asociada al riesgo o probabilidad de
los estudios empíricos dirigidos a verificar los efectos reales del castigo descubrimiento del delito que al rigor o severidad nominal del castigo
(en particular, la capacidad disuasoria de éste) —todos, se advierte, mismp^^, todo ello siempre desde la percepción subjetiva del infractor,
realizados por psicólogos, sociólogos y criminólogos— sorprendiendo "^ue evaluaría, caso a caso, la entidad del mencionado riesgo o probabi-
que la doctrina penal se haya desentendido del problema, y que se limite lidad de ser detenido. La gravedad de la pena y de su régimen de
a crear, interpretar y aplicar las leyes. ~^ cumplimiento carecería de relevancia en orden a la capacidad disuasoria
de aquélla como instrumento de prevención'^^, lo que podría predicarse,
^ Los autores de la obra citada, partiendo de la experiencia empírica, también, de la pena capital y su nula incidencia en las tasas de
entienden que ésta refuta los postulados básicos de los modelos homicidios®^.
disuasorios. Desmentiría, desde luego, la supuesta encada preventivo
especial de la pena (en el delincuente concreto que la padeció), incapaz
de evitar su reincidencia. Y solo verificaría, parcialmente además, las
c) Las tesis de la obra reseñada merecen alguna matización.
exigencias de la prevención general en cuanto que el riesgo o probabili-
dad de que se descubra el delito y detenga al infractor (y_no el rigor del En primer lugar, no parece razonable se reproche indiscriminada y
_castigo) parece ser un elemento esencial en orden a la prevención de la categóricamente a la doctrina penal no haberse esforzado por verificar
criminalidad^^. con un método empírico los efectos reales del castigo. Ni tampoco que se
identifique a aquélUa con los postulados de los modelos disuasorios.
El fracasopreventivo-especial de la pena —siempre según los autores
mencionados— se habría constatado en una investigación de REDON- En efecto, la crítica desconoce que la Ciencia del Derecho, a pesariie„
DO, FUNES y LUQUE sobre la reincidencia en el delito^^jmjs^pñncipal su indiscutible aproximación a la realidad social, a los sistemas sociales
conclusión fue que la prisión,/)er se, no previene ni evita la recaída^eiid^ y al mundo empírico durante los últimos lustros, no es ni puede ser una
delito. Del estudio examinado se desprendería —contra las premisas y ciencia empírica, sino normativa. No corresponde, pues, a la misma la
postulados de los modelos disuasorios— que los índices de reincidencia verificación empírica de la capacidad disuasoria real de la pena y sus
aumentan con el incremento de la frecuencia de ingreso en prisión del variables, sino a otras disciplinas.
infractor y con el de la duración de la prisión y rigor de_las condiciones
de cumplimiento y extinción de la condena. Esto es: la probabilidad de Or.r . .10
reincidir aumenta en proporción al número de veces que el infractor
había ingresado en prisión, y a la duración de ésta. Y los índices más
60
Cfr., GAEEIDO, V. y otros, Principios ..., cit., págs. 192 y 193. Los autores citan
1 ' Uíf , ti }í ¡fui I otras investigaciones que también refutan los postulados de los modelos disuasorio's,
si bien discrepan en parte de las conclusiones de la de Eedondo, Funes y Luque.
'! r. Concretamente, las de LIPTON, MARTINSON y WILKS, de 1975 {The effectiveness
«9
of correctional treatment: A Survey of treatment evaluation studies. New York.
^^ Como advierte, con razón, KUEY, H., Sobre la relación entre sanciones y crimina- Praeger), y BRODY, de 1976 [The Effectiveness of Sentencyng. Home Office
lidad ..., cit., pág. 291. Research Study, 35. Londres, HMSO), Según estas últimas el efecto de la cárcel en
^' GAKEIDO, V. y otros, Principios ..., cit., págs. 191 y ss. HÍUÍH .Aivitm SÍ; la vida futura de los condenados es mínimo, no apreciándose diferencias sustancia-
^^ GAKEIDO, V. y otros, Pr¿w«p¿os..., cit., pág. 199. ' "' les en la conducta posterior entre quienes cumplieron penas de corta o de larga
^^ Justicia Penal y reincidencia. Barcelona, 1994. F u n d a d o J a u m e Callis. La inves- duración (GARRIDO y otros, op. cit., pág. 194). '¡vi,»,,:)
61
tigación, realizada sin grupo de control, ponderó la reincidencia de una muestra de Cfr., GAEEIDO, V. y otros, Principios ..., cit., págs. 194 y ss.
62
485 delincuentes por un período de seguimiento de tres años y medio. Cfr., GAEEIDO, V. y otros, Principios ..., cit., pág. 199. '"jñAí)
63
Cfr., GAEEIDO, V. y otros. Principios .., cit., págs. 197 y 198. " ' \ m
1000 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1001
r Por otra parte, sería injusto ignorar que u n a de las constantes pena es solo un «medio», no un «fin», en si misma. Castigamos, pues, «ne
/históricas de la evolución del Derecho penal moderno es, precisamente peccetur», no «quia peccatum est», ya que —afortunadamente— la pena
/ su progresiva racionalización y autolimitación: la necesidad imperiosa jia perdido su aureola mágica, sacra y solo se legitima en cuanto cumpla
/ de verificar y controlar sus objetivos®'' sometiendo a u n a abierta crítica las funciones que se le asignan. La historia y la experiencia h u m a n a han
el efecto real de sus instrumentos. La crisis definitiva de las llamadas avalado su eficacia preventivo-general como instrumento al servicio del
teorías absolutas de la pena®^, el debate sobre la (supuesta) función control y evitación del delito, pues sus fracasos —ciertos y llamativos,
\ resocializadora de ésta®®, los serios esfuerzos por someter a límites el como demuestran los índices de criminalidad— no pueden ni deben
principio intimidatorio, distinguiendo entre intimidación y prevención 'ensombrecer aquélla. Sabemos que, a pesar de la pena, siguen
(general positiva)®'', la búsqueda de sustitutivos y alternativas a la pena cometiéndose delitos. Pero, sin duda alguna, es fácil suponer que se
de prisión clásica, reduciendo en todo caso su duración y mejorando el cometerían muchos más, y que .devendría imposible la convivencia, hoy
régimen de cumplimiento de la misma®® expresan, inequívocamente, la por hoy, sin la pena.
mencionada tendencia racionalizadora de la Ciencia Penal.
Además, la doctrina penal contemporánea —y sobre todo, la llamada
'^ Tampoco parece correcto identificar la opinión dominante de la teoría de la prevención general positiva— subraya hasta la saciedad que
doctrina penal contemporánea sobre los fines de la pena con los postu- no pueden identificarse los conceptos de prevención general e intimida-
lados de los modelos disuasorios, abiertamente criticados, por cierto, en ción o disuasión. La pena, según dicha tesis, sería u n poderoso instru-
páginas precedentes de esta obra. La doctrina penal española, a mi mento de integración social, de suerte que su capacidad disuasoria
juicio, no comparte las premisas metodológicas ni las implicaciones pasaría a u n segundo plano comparada la misma con su «fuerza creadora
políticocriminales de un paradigma que polarice el debate sobre el de costumbres» al actuar como «indicador» y «censura» de la conducta
castigo en torno a la idea de intimidación eficaz q que iegitima-éste prohibida formulando el correspondiente tabú®®.JLaj)ena^ cumple, por_
apleando a sus brillantes éxitos preventivo generales_y, prexe.ntivo tanto,-:--_se insiste—una función «pedagógica», de ejemplaridad, «ético-
especiales. Menos aíín, que asocie tal efectividad al rigor y severidad del social», reforzando la pretensión de vigencia de las normas jurídicas en
castigo, desconociendo otras muchas variables. i|.ít Tá conciencia de la comunidad a través del «veredicto» que la conmina-
ción legal entraña^".
Existe, en efecto, un amplio consenso doctrinal cuando se define la
pena como «amarga necesidad» según fórmula que utilizó con éxito el Desde la famosa obra de BECCARIA( 1764), sin embargo, sabemos no
Proyecto Alternativo de Código Penal alemán (1966). La pena nació solo que la necesidad es el fundamento último del castigo («toda pena que
como institución —y se justifica, día a día-z:^px(r-¥azones de.estricta no se deriva de la absoluta necesidad es tiránica»), decía el autor^^ sino
necesidad social, como instrumento indispensable para la salvaguarda que la propia eficacia intimidatoria de la pena no depende de su rigor y
de la sociedad y prevención del crimen. Los penalistas hemos entonado severidad, sino de la certeza («infalibilidad») y prontitud con que se
hace ya tiempo el «definitivo adiós a Kant y Hegel», aceptando que la imponga, entre otros factores. La pena «cierta», «pronta», «necesaria» y
naía go-roii;,!,; io.í'.CS'f y Sfef .TOfiq*,.iK) V.- kÍK\io«rÁ',ñoí.íó'V ^V ,Du.t: «proporcionada» al delito —aseguraba el Marqués de Beccaria— es más
— Hoq aoí nBÍj/tai í i'iidfnEí 'nsp 89f i obcyi tasv eficaz que la pena dura y crueF^. La pena injusta o desproporcionada
^* Portodos, STRATENWERTH, G.,DieZukunftdesstrafrechtlichenSchuldprinzips. aterroriza, no intimida, desacredita al sistema y a menudo produce
''f * 1- Edición (1977), Heidelberg-Karlsruhe, Müller Juristischer Verlag (4), págs. 5 a efectos criminógenos, según acredita u n a dilatada experiencia históri-
•• 7. Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., (2^ Ed.), pág. 104. ca. Esta ha demostrado, también, los riesgos de u n a concepción estrie-
'^^ Sobre el problema, vid., GARCÍA PABLOS A., Derecho Penal, Introducción, (2'
Ed.), cit., págs. 132 y ss. os! .^üq •u^liolJ-
^'^ Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., (2^ Ed.) págs. 159 y
ss. Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., (2^ Ed.) págs. 143 y
^^ Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal Introducción, cit., (2^ Ed.), págs. 141 y 144, citando a H. Mayer, Cerezo, Antón Oneca y otros.
ss. Así, STRATENWERTH, G., Strafrecht, A.T., cit., pág. 26.
®^ Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., (2^ Ed.) págs. 104 y De los delitos y de las penas. Madrid, Alianza, 1969, Cap. III, pág. 28.
72
ss. De los delitos y las penas. Capítulo 47, pág. 112.
1002 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1003
tamente intimidatoria del castigo, que entroniza el terror penal, mediatiza
atribuirse la recaída en el delito en tales casos solo y exclusivamente a
al penado en aras de fines prevencionistas y esgrime la pena pública
la pena, ni es correcto extrapolar esta conclusión, desde luego, con
por decirlo con palabras de Hegel— como «el amo que levanta el bastón
pretensiones de universalidad, a todos los supuestos de reincidencia
contra el perro»^^.
afirmando la inutilidad del castigo.
f Que los alarmantes índices de reincidencia demuestran, en buena No obstante, se comparte la aprecración básica de la obra comentada (fracaso
medida, el fracaso preventivo especial de la pena, es casi u n tópico en el preventivo especial de la pena en orden a la evitación de la reincidencia) siempre que
debate doctrinal sobre los efectos reales del castigo. Ahora bien, sin no se confunda ia mínima capacidad preventivo especial de la pena —cierta— con
desconocer que ni el incremento de la criminalidad responde necesaria la efectividad del tratamiento. Pues, como se observará a continuación los más
recientes metaanálisis no descartan el efecto preventivo-especial del tratamiento,
y exclusivamente al fracaso del control social formal, ni la pena se
sino el de la pena.
justifica solo o prioritariamente por exigencias de prevención especiaF*.
Finalmente, y contra lo que mantiene AKERS''^ la doctrina penal no Por lo que se refiere al (relativo) fracaso preventivo general de la
ignora la denominada «disuasión informal»^'^, esto es, la existencia de pena^®, tampoco parece sea ésta, en puridad, la conclusión que se
sanciones o consecuencias sociales negativas asociadas a la comisión de
un delito e imposición de la pena que, desde luego, pueden intervenir en
78 TITTLE, Ch.R. y A.R. ROWE, Certainty of Arrest and Crime Rates: A Further Test
los procesos motivacionales y disuasorios con indudable eficacia preven-
of the Deterrence Hipótesis. Social Forcé 52,1974, págs. 455 a 462; SAMESON, R.
tiva. Lo que sucede es que el lenguaje abstracto del Derecho oculta una y J. COHÉN, Deterrent Effects ofthe Pólice on Crime: A Replication and Theoretical
dimensión importante del problema y da la falsa sensación de que al Extensión. Law and Society Review 22, 1988; págs. 163 a 191; WILSON, J.O. y
jurista solo le interesa un análisis formal del mismo''''. BARBARA BOLAND, The Effect of Pólice on Crime. Law and Society Review 12,
1978, págs. 367 a 384; ANDERSON, L.S., CHIRICOS, Th.G. y WALDO, G.P.,
Formal and informal sanctions: a comparison of deterrent effects, en: Social
Problems, 1977 (25), págs. 103 y ss.; JACOB, H., Deterrent Effects of Formal and
i ' d) En cuanto al radical fracaso preventivo especial y preventivo Informal Sanctions. Law and Policy Quarterly 2, 1980, págs. 61 y 60; JENSEN,
general de la pena que se t r a t a de fundamentar empíricamente en la G.F., M. ERICKSON, and J.P. GIBBS, Perceived Risk of Punishment and Sell-
o b r a c o m e n t a d a ( P r i n c i p i o s de C r i m i n o l o g í a ) , p r o c e d e n dos Reported Delinquency. Soical Forces 57, 1978, págs. 57-78; LOGAN, C.H., Arrest
puntualizaciones. Rates and Deterrence. Social Science Quarterly 56, 1975, págs. 329 a 344;
LUNDMAN, R.J., One-Wave Perceptual Deterrence Research: Some Grounds for
'* Ante todo, que no cabe generalizar las conclusiones que se obtienen the Renewed Examination of Cross-Sectional Methods. Journal of Research in
de investigaciones realizadas sin el necesario grupo de control, como Crime and Delinquency 23 (1986), págs. 370 a 388; MEIER, R.F. and W.T.
JOHNSON, Deterrence as Social Control: The Legal and Extralegal Production of
sucede con la mayoría de los trabajos que se citan con el objeto de ilustrar Conformity. American Sociological Review 42, 1977, págs. 292 a 304; MINOR,
la incapacidad de la pena para prevenir la reincidencia. Ni puede W.W., A Deterrence-Control Theory of Crime. In R.F. Meier (ed.), Theory in
Criminology. Beverly Hills: Sage, 1977, págs. 117 a 137; MINOR, W.W. and J.P.
,-jíj « í i j j p iisxíi, Vzt JSUH i.U J ^ » « t > " - O J Í Í 9 Ü I B « B D B X I O I " HARRY, Deterrent and Experiential Effects in Perceptual Deterrence Research: A
Repliction and Extensión. Journal of Research in Crime and Delinquency 19,1982,
'^ Cfr., GAECÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., {2" Ed.) págs. 141 y págs. 190 a 203; PATERNÓSTER, R., L.E. SALTZMEN, T.G. CHIRICOS and G.P.
ss. WALDO, Perceived Risk and Deterrence: Methodological Artifacts in Perceptual
'^^ Cfr., GARCÍA PABLOS, A., Derecho Penal. Introducción, cit., (2^ Ed.) págs. 156 y Deterrence Research. Journal of Criminal Law and Criminology 73, 1982, págs.
ss. 1.238 a 1.258; del mismo, Perceived Risk and Social Control: Do Sanctions Really
''^ Críminologícal Theories, 1997. Los Angeles. Eoxbury Publishing Company. Cfr., Deter?. Law and Society Review 17, 1983, págs. 457 a 479; PATERNÓSTER, R.,
GARRIDO, V. y otros. Principios..., cit., pág. 199. L.E. SALTZMAN, G.P. WALDO, and T.G. CHIRICOS, Estimating Perceptual
'"' Sobre la disuasión informal, vid. GARRIDO, V. y otros, Principios..., cit., págs. 198 Stability and Deterrent Effects: The Role of Perceived Legal Punishment in the
y 199. Inhibition of Criminal Involvement. Journal of Criminal Law and Criminology 74,
Naturalmente —y aunque no suela explicitarse— cuando el jurista pondera el 1983, págs. 270 a 297; PATERNÓSTER, R., and L. lOVANNI, The Deterrent Effect
efecto disuasorio de la pena de prisión, no contempla solo la duración nominal o of Perceived Severity: A Reexamination. Soical Forces 64, 1986, págs. 751 a 777;
efectiva de ésta, sino todo lo que implica una privación de libertad en la esfera PATERNÓSTER, R., The Deterrent Effect of the perceived certainty and severity
personal, profesional, laboral, familiar, social, etc., etc. of punishment: a review of the evidence and issues, en: Justice Quarterly, vol. 4, n-
1004 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1005
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1006 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGL^ 1007
De Otra parte, cuando se habla del efecto preventivo general del castigo se fracaso de la pena privativa de libertad (del encarcelamiento) incapaz de
piensa en algo más que el mero impacto intimidatorio, disuasorio, de éste en ei
infractor potencial; y, desde luego, suele asociarse no ya a la pena abstracta y reducir las tasas de reincidencia.
nominal que la ley señala al delito sino al funcionamiento del sistema legal y sus Pesimista fue la conclusión de Robert Martison^' cuando entonó el radical
.TiJf diversas instancias (policía, tribunales, etc.). «nothing works», y más matizada, pero también negativa, la obra de este mismo
autor en colaboración con DOUGLAS S. LIPTON y J. WILKS''^
Otro tanto cabe afirmar de la investigación de D.A. ANDREWS y J. BONTA, para
Por lo demás, las investigaciones empíricas más recientes parecen
quienes el efecto medio del encarcelamiento sobre la prevención es del -0'02. Por
corroborar —con distintas precisiones y matices— los dos postulados el contrario, dicho efecto medio es positivo (-i-0'13 por coeficiente pi) entre tratamien-
que se analizan. ^mñ¡'i hottalogimi Rcwew 42. to en instituciones cerradas y prevención, lo que demuestra según Andrews y Bonta
que el efecto del tratamiento correccional es más intenso y positivo, en términos de
En cuanto a la eficacia preventivo especiaP^ del castigo, recientes prevención de la reincidencia, que el de las sanciones penales no acompañadas del
metaanálisis que se comentan en el Capítulo XXIV®° demuestran el oportuno tratamiento. Además, a juicio de los autores, comparando el efecto
preventivo especial del encarcelamiento con el de otras posibles medidas y técnicas
-II9G mBimanmtí mam^mi&^m'ú MÍÍMÍÍMWÍ-MJS tefocf;»'. de control (vg. vigilancia policial, libertad condicional vigilada, custodia en libertad,
etc.), todo indica que cuanto más profunda e intensa sea la presión del sistema penal
ra ANDREWS, D.A., I. ZINGEE, E.D. HOGE, J.BONTA, P. GENDEEAU y P.T. (vg. encarcelamiento), menos probable será que el penado deje de delinquir de
CULLEN, Does Correctional Treatment Work? A Psychological Informed Meta- nuevo una vez cumplida la condena (-0'07 por coeficiente pi)^^.
Analysis. Criminology 28, 1990, págs. 369 a 404; CULLEN, F. Y P. GENDEEAU, LIPSEY, en su metaanálisis sobre 397 estudios en torno a programas de
The effectiveness of Correctional Eehabilitation. En L. GOODSTEIN y D . L ! tratamiento halla una relación global entre prevención y tratamiento del 0'172 medido
MACKENZIE, eds., The American Prison: Issues in Eesearch Policy. New York: según el effectsize. Para el autor, los tratamiento más útiles son los diseñados para
Flenum Press, 1989; LAB, S.P. y WHITEHEAD, J.T., An Analysis of Juvenile delincuentes de mayor riesgo, los que contemplan, también, a familiares y amigos
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M.W., Design Sensitivity Statistical Power for Experimental Research. Sage 9P'- asistentes sociales, los que no se agotan en la función estrictamente correccional y
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' Explanation: A Casebook. T.D. COOK, H. COOPEE, D.S. COEDEAY, H.
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' of Treatment with Juvenile Delinquents?. En What Warks: Reducing Offeding. Effects. In Meta-analysis for Explanation: A Casebook. T.D. COOK, H. COOPEE,
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Later, 12th International Congress on Criminology in Soule, South Korea; LIPTON, Studies on the Effectiveness of Treatment with Juvenile Delinquents?. In What
D., S., MARTINSON, E. Y WILKS, J., The Effectiveness of Correctional Treatment, Works: Reducing Offending. Edited by J a m e s McGuire: John Wiley & Sons:
New York: Praeger Publishers, 1975; MARTINSON, R., What Works? Questions Chichester, England, 1995; LIPTON, D.S., The Effectiveness of Correctional
and Answers About Prison Reforme. The Public Interest 15, 1974, págs. 22 a 45; T r e a t m e n t Revisited Thirty Years Later. 12th International Congress on
ANDREWS, D.A. and James Bonta, The Psychologyof Criminal Conduct. Cincinnati: Criminology in Soule, South Korea, 1998; LIPTON, D.S., MARTINSON, R. And
The Anderson Pubhshing Co., 1998; ANDREWS, D.A., I. ZINGER, R.D. HOGE, J. i Wilk, J., The Effectiveness of Correctional Treatment. New York: Preager Publishers,
BONTA, P. GENDEEAU, and F.T. CULLEN, Does Correctional Treatment Work? : 1975; MARTINSON, R., What Works? Questions and Answers About Prison
A Psychological Informed Meta-Analysis. Criminology, 28,1990; págs. 369 a 404; Eeform. The Public Interest 15,1974; págs. 22 a 45; del mismo, New Findings, New
CULLEN, F. And P. GENDREAU, The Effectiveness of Correctional Rehabilitation. Views: A Note of Caution regarding Sentencing Eeform. Hofstra Law Eeview 7,
In L. Goodstein, and D.L. MacKenzie, eds., The American Prison: Issues in 1979; págs. 243 a 258; PALMEE, TedB., Matching Worker and Client in Corrections.
Research Policy, New York: Plenum Press, 1989; GEEENBEEG, David F. and Social Work 18, 1973, págs. 95 a 103.
• RONALD C. KESSLEE, The Effect of Arrests on Crime. A Multivariate Panel **° Vid. Infra., Cap. XXIV, 3.5'.
• Analysis. Social Forces 60, 1982; págs. 771 a 790; LAB, Steven P. and John T. ®^ What Works? Questions and Answers About Prison reform, The Public Interest, 15
' WHITEHEAD, An Analysis of Juvenile Correctional Treatment. Crime & (1974), págs. 24 y ss.
Delinquency 34, No. 1,1988, págs. 60-83; LEEMAN,P.,Community Treatment and ®^ The Effectiveness of Correctional Treatment, New York, 1975, Prager Publischers.
Social Control: A Critical Analysis of Correctional Policy, Chicago: The University ^^ The Psychology of Criminal Conduct, 1998, Cincinnati: The Anderson PubHsching
' of Chicago Press, 1975; LIPSEY, Mark W., Design Sensitivity Statistical Power for Co., especialmente, pág. 263. Cfr., FEEDINAND, Th., Does Punishment Work?,
Experimental Research. Sage Publications. Thousand Oaks, C.A.; 1990; del mismo, cit., págs. 335 y ss. (traducido por A. SERRANO MAÍLLO).
lUlU ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1011
ofertan, además, programas de otra naturaleza, y los denominados programas
multlmodales'"'. En este mismo sentido, ANDREWS y BONTA''^ estiman que los La incapacidad de la pena de muerte"^ para prevenir el delito parece, sin
programas más efectivos son los que se centran en casos de especial riesgo, en embargo, obvia, aunque no pueda hablarse, desde luego, de la existencia de un
Isoib hábitos y actitudes específicamente criminógenas y los que se ajustan a los estilos
omai personales del penado.
LIPTON''^ después de revisar la efectividad preventivo especial de tratamientos
Bieq
de muy diversa naturaleza,llegó a la conclusión de que mientras el castigo es inútil SORENSON, J., WRINKLE, R., BREWER, V. y MARQUART, J., Capital
para prevenir el delito (la prisión no mitiga a las tasas de reincidencia), el tratamiento punishment and deterrence: Examining the effect of execution on murder in Texas.
puede ser eficaz, especialmente, la supervisión intensiva del infractor en comunidad, Crime and Dehquency, 45 (1999), págs. 481 y ss.; THOMSON, E., Effects of an
los programas educativos para jóvenes y los tratamientos de inspiración cognitiva o execution on homicides in California. Homicide Studies, 3 (1999), págs. 129 y ss;
basados en el aprendizaje social. ZITELMANN, R., Mehrheit pládiert für Todesstrafe. Umfrage: 55 Prozent wollen
LAB y WHITEHEAD, menos optimistas, rechazan la posibilidad de un efecto hárteste Sanktion bei Kindesmord. Die Welt, 14 agosto de 1998; SNELL, T., Capital
rehabilitadoráe\ tratamiento, excepto en el caso de los programas de desjudicialización punishment 1998. U.S. Department of Justice, Office of Justice Programa. Bureau
eíS.íífl; («diversion>>)^^.di3oq ZÍ of Justice Statistics Bulletin, 1999. Washington; Mignon, S.I., Holmes, W.M.,
H^.iiuq 1ÍUMBÍ10IV .0v; icnínc» Pólice recruits' a Hitudes toward the death penalty. Criminal Justice Policy
'* En cuanto a la eficacia preventivo general de la pena (y de las diversas Review, 1999, 10., págs. 29 y ss.; BAILEY, W.C, The Deterrent Effect of the Death
Penalty for Murder in California. Southen California Law Review 52, 1979, págs.
instancias del sistema legal) existe una experiencia empírica difícil de 743 a 764; Disaggregation in Deterrence and Death Penalty Research: The Case of
abarcar, tanto por su volumen como por su dispersión. Aparte de la ya Murder in Chicago. Journal of Criminal Law and Criminology, 74,1983 , págs. 827
examinada en torno a la eficacia disuasoria del castigo y sus variables^^, a 859; Murder and Capital Punishment:An Analysis of Televisen Execution
interesan las investigaciones realizadas sobre la efectividad de la Publicity. American Sociological Review 55; 1990, págs. 628 a 633; Deterrence,
Policía, sobre la pena de muerte y sobre la pena privativa de libertad. Brutalization and the Death Penalty: Another Examination of Oklahoma's Return
to Capital Punishment. Criminology 36,1998, págs. 7 1 1 a 733; BAILEY, W.C. and
y isno-; Las consecuencias de la hue/ga cíe /apo//aay su repercusión en los índices de
R.D. Peterson, Murder and Capital Punishment: A Monthly Time Series Analysis
criminalidad es uno de los temas clásicos (huelgas de Boston, Montreal, Helsinki, of Execution Publicity. American Sociological Review 54, 1989, págs. 722 a 743;
etc.). De tales investigaciones se desprende un incremento selectivo de la delincuen- Capital Punishment, Homicide, and Deterrence: An Assessment of the Evidence,
cia, esto es, aumenta el número de delitos graves (por ejemplo, los robos con in Studying and Preventing Homicide, edited by M.D. Smith and M.A. Zahn.
violencia) pero no, vg. el de los asesinatos. En la hipótesis contraria, una especial Thousand Oaks, CA: Sage, 1999, págs. 223 a 245; BALDUS, D. and J. COLÉ, A
'o efectividad de la Policía disminuye la comisión de ciertos delitos, pero no la de otros"^. Comparison of the Works of Thorsten Sellin and Isaac Ehrlich on the Deterrent
Effects of Capital Punishment. Yale Law Journal 18, 1975, págs. 170 a 18;
'' ' K BOWERA, W.J., The Effect of Execution Is Brutalization, Not Deterrence. 1988,
págs. 49 a 89, in Capital Punishment: Legal and Social Science Approaches, edited
by K.C. Haas and J.A. Inciardi. Newbury Park, CA: Sage; BOWERS, W.J. andG.
Pierce, The Illusion of Deterrence in Isaac Ehrlich's Research on Capital Punishment.
LIPSEY, M. W., Juvenile Delinquency treatment: A Meta-analj^ic Inquiry into the Yale Law Review 85,1975, págs. 187 a 208, del mismo, Deterrence or Brutalization:
Variability of Effects, en: Meta-Análisis for Explanation: A Casebook. New York, What Is the Effect of Execution?. Crime and Delinquency 26,1980, págs. 453 a 484;
fafi
1992: Russell Sage, págs. 98 y ss. y 122 y ss. Del mismo: What do We learn from 400 COCHRAN, J.K., M.B. CHAMLIN, and M. SETH, Deterrence or Brutahzation?An
Research Studies on the Effectiveness of Treatment with Juvenile Delinquents?, Impact Assessment of Oklahoma's Return to Capital Punishment. Criminology, 32,
en: What Works: Reducing Offending, 1995, Chischester (England), Edit. J.Mcquire: 1994, págs. 107 a 134; DECKER, S.H. and C.W. KOHFELD, The Deterrent Effect
John Wiley-Sons. Cfr. FERDINAND, Th., op. cit., pág. 336. of Capital Punishment in the Five Most Active Execution States. A Time Series
The Psychology of Criminal Conduct, cit., págs. 261 y ss. Cfr. FERDINAND, The., Analysis. Criminal Justice Review 15, 1990, págs. 173 a 191; EHRLICH, I.,
op. cit., pág. 336. Participation illegitimate activities: a theoretical and empirical investigation.
The Effectiveness of Correctional Treatment Revisited Thirty Years Later, 12- Journal ofPoliticalEconomy 81(3), 1973, págs. 521 a565; del mismo, The Deterrent
International Congress on Criminology in Soule, South Korea, págs. 26 y ss. Cfr. Effect of Capital Punishment. Working Paper 18, National Bureau of Economic
FERDINAND, The., op. cit., págs. 337 y ss. Research, 1973, del mismo, The Deterrent Effect of Capital Punishment. A
An Analysis of Juvenile Correctional Treatment, en: Crime-Delinquency, 1988,34, Question of Life and Death. American Economic Review 65,1975, págs. 397 a 417;
ns 1, págs. 77 y ss. Cfr. FERDINAND, Th., op., cit., pág. 340. del mismo. Capital Punishment and Deterrence. Journal of Political Economy 85,
88
Vid. supra..., en este mismo Capítulo XXIII, 3.a), a propósito de la crítica al modelo 1977, págs. 741 a 788; FOX, J.A., Persistent Flaws in Econometric Studies of the
clásico de prevención. Deterrent Effect of the Death Penalty: A Discussion of Layson's Findings. Testimony
Sobre el problema, vid. FERDINAND, Th., op. cit., pág. 331. t..-. .;• to the Subcommittee of Criminal Justice, Committee on the Judiciary, U.S. House
of Representativos, May 7,1986; FOX, J.A. and M.L. RADELET, Persistent Flaws
1012 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA. 1013
de vista preventivo general, ni preventivo especial, cabe esperar que un c) El enfoque situacional como modelo prevencionista
endurecimiento del castigo reduzca los índices de delincuencia juve-
niP^^ a'. I n t r o d u c c i ó n
- ' E n resumen: la imprescindible verificación empírica de la efectividad Se analizan, a continuación, u n conjunto muy heterogéneo de teorías
del castigo y sus variables se plantea hoy en u n marco ambiental muy que contemplan el crimen como opción racional, utilitaria, instrumen-
singular por el incremento de las tasas de la delincuencia durante las tal, altamente selectiva (el delito busca el espacio adecuado, el momento
últimas décadas y el de la actitud punitiva de u n a sociedad alarmada e oportuno, la víctima propicia, etc. etc.) propugnando, en consecuencia,
insegura como la de nuestro tiempo, transida de conflictos y frustracio- una intervención específicamente dirigida a neutralizar aquellas situa-
nesi24, coyuntura que explica u n a confianza injustificada en la eficacia ciones de riesgo (oportunidades) que ofrecen u n mayor atractivo al
del castigo, en la severidad de la pena, y en políticas penales de infractor.íVfTorr>Ruíríí .«ateL'MiíJafi .H9Íe"fO{trn9.i sfífHííirTRvl ««AÍ
desmedido rigor («zero-tolerance», ley conocida como «three-strikes» • E l postulado de la selectividad del crimen, postulado paradigmático de la llamada
etc.) de elevados costes sociales. Sin embargo, y aún cuando el castigo prevención situacional, revela el inequívoco parentesco de este análisis con las
cuenta con u n a secular legitimación ética y moral que pocos cuestionan, teorías espaciales y ambientalistas expuestas en otro lugar de esta obra^^'. Por otra
desde u n punto de vista científico, estrictamente, empírico, no hay parte, el subrayado utilitarista del delito, como opción racional e instrumental,
aproxima, también, la llamada prevención situacional al enfoque neoclásico,
evidencia de su efectividad preventivo general.ÍNo hay constancia de que
economicista, que ve en el crimen una opción reflexiva, calculada, oportunista, que
el rigor de la pena o el aumento de las cuotas de encarcelamiento ¡Jéics pondera los costes, riesgos y beneficios en función siempre de una oportunidad o
reduzcan las tasas de la criminaHdad y eviten el delitol Este tiene sus sv. ,bfc- situación concreta^^'^.
claves propias, su propia dinámica, ajena en buena medida —como en su j ' C v ; ' ü v .'•.""•*.:""^!./v¿::',-^ 'fcí^x*.,•...* ->"ni.,Mv%.' f. ^^ ^. % ^r-^.^-*\r'
día advirtió FERRIi25_ al sistema penal, a las leyes que dictan los No se trata, en puridad, de u n modelo o paradigma prevencionista en
poderes públicos y sentencias que ponen sus tribunales. La prevención sentido e s t r i c t o , sino de h i p ó t e s i s y t e o r í a s d e s o r d e n a d a s y
a través del Derecho Penal cuenta con unas limitaciones estructurales fragmentariamente insertas en u n marco teórico aún poco preciso y
obviasi26. Pero, lamentablemente, las decisiones políticas y las políticas definido.
criminales prefieren optar por un Derecho Penal simbólico que sustituye
"-'"' Todas estas orientaciones tienden a sustituir los modelos clásicos explicativos
criterios científico-empíricos de utilidad y eficacia como legitimación del "O- del delito (de base socio-estructural o psico-dinámica) por un análisis estrictamente
castigo (instrumental) por la fácil cobertura de actitudes y expectativas 'i'J situacional. Algunas de ellas toman en cuenta de forma prioritaria los espacios
sociales no siempre regidas por principios de racionaHdad y proporción. j-- //5/¿r¿'5;otras, el comportamientoáe\ individuo en dichos espacios físicos. Y no faltan
- " autores que incluyen estas teorías situacionales entre lo que denominan teorías
- i> integradoraso generalesáe \Si cnmmaMaá^^'^ 3-«oc?mK?aif)'
•x.-, ...¿Títóibñíef o\
. - .goÍ3©8S9b Í:C fiol ojLBlq otio.0 a ..s&Tísmte« s i -
ítLíJ.mW
^^"^ Las teorías espaciales, que arrancan del modelo «ecológico» tienen, como se indicó,
DOLLING, D., Mehrfach auffallige Junge Straftáter-Kriminologische Befunde una clara vocación 'prevencionista' más acusada aiín que la 'etiológica'. Vid., supra,
-Gfi und Reaktionsmoglichkeiten der Jugend Kriminalrechtspflege. En- Zentralblatt capítulo XVI, 7 (Teorías ambientales y prevención del delito).
für Jugendrecht, 1989, págs. 313 y ss. Cfr. KUEY, H., Sobre la relación entre ^^^ Sobre este enfoque economicista, vid. supra, capítulo VI, 2.A).d,2' (El moderno
sanciones y criminalidad, cit., pág. 308. clasicismo o neoclasicismo), cuyos principales representantes (Becker, Ehrlich,
Cfr. KUEY, H., Sobre la relación entre sanciones y criminalidad, cit., págs. 281 y Tullock, Rubin, etc.) contemplan el crimen como 'opción económica' (economic
ss. cholee) y racional, reclamando u n a respuesta del sistema que se ajuste tanto en lo
126 ^^"^•^^' ^•' Los nuevos horizontes ..., cit., págs. 233 y ss. u^^liX^líZ . operativo como en lo decisional al binomio costes-beneñcios.
Como afirma HEINZ (Kriminalpolitik an der Wende, cit., pág. 157), «la criminali- ^"^^ En este sentido, ROLDAN, H., La seguridad privada en la prevención del dehto, en
dad está influida por un amplio número de factores económicos, sociales, individua- La Ley (6.II.2001), pág. 4. El autor considera ejemplos representativos de la
, t-í . les y situacionales que se hallan regularmente fuera de la influencia del sistema primera opción (espacialista en sentido estricto) a SHERMAN, GARTIN y
jurídico-penal». BUERGER. De la segunda, a FELSON. Y de la t e r c e r a a H I R S C H I y
1020 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1021
Las numerosas investigaciones empíricas realizadas durante los b'. E v o l u c i ó n d e las t e o r í a s p r e v e n c i o n i s t a s d e orientación
últimos lustros de acuerdo con este enfoque, son fruto del más riguroso situacional
pragmatismo, que busca éxitos preventivos a corto plazo, operando con
el criterio de la relevancia estadística de determinadas variables Las teorías prevencionistas, de orientación situacional (espaciales,
espaciales, temporales, personales, situacionales. Esto es, se desvincula ambientalistas, etc. etc.) se desarrollan, fundamentalmente, a lo largo
deliberadamente la prevención de la criminalidad de todo análisis y de las dos últimas décadas (del pasado siglo XX). Entre sus principales
diagnóstico etiológico de este problema social. Dicho de otro modo: la representantes cabe citar a: CLAREE, R., FELSON, M., COHÉN, L.,
denominada «prevención situacional» no se interesa por las «causas» del 'CORNISH, B., TREMBLAY, P., HARRIS, P.M., etc., etc.i^o. Particular
delito (prevención primaria), sino por sus manifestaciones o formas de relevancia tiene la aportación de las investigaciones de CLARKE, R. y
aparición, instrumentando programas que se limitan a neutralizar las FELSON, M.i3i_
«oportunidades» (variables temporales, espaciales, situacionales, etc.),
pero dejan intactas las raíces profundas del problema criminal. A juicio de MEDINA ARIZA, principal valedor en España de este
modelo prevencionista en ciernes^^^, la prevención situacional del delito
No es de extrañar que estas teorías situacionales prescindan de toda nace en la unidad de investigación del británico Home Office cuando R.
referencia a la etiología del delito y renuncien al variado repertorio CLARKE era su director. En 1976 el Home Office realizó u n estudio
teórico de modelos explicativos del mismo. sobre suicidios, constatando que cuando el gas tóxico (método de suicidio
De una parte, y en el ámbito general de la propia Criminología, se aprecia, preferido hasta el momento por los ciudadanos británicos) fue sustituido
le» también, un cierto clima de hastío y escepticismo respecto a la virtualidad y por el gas natural en sus domicilios, el número total de suicidios
perspectivas del más elemental de los objetivos de esta ciencia: la explicación del disminuyó significativamente. R. CLARKE interpretó este hecho en el
crimen. Lo que avala no ya el éxito de otros paradigmas o modelos teóricos
explicativos del delito no etiológicos (por ejemplo, el de control), sino el claro
consenso tácito existente en torno a pretensiones en otro tiempo secundarias: la
\ o prevención y la intervención en el problema criminal. Hoy interesa más, pues, ^"^^ Una completa reseña bibliográfica sobre la prevención situacional, en: MEDINA
prevenir el crimen e intervenir en el mismo, que elaborar nuevos expedientes ARIZA, JUAN J., El control social del delito a través de la prevención situacional,
teóricos explicativos del comportamiento delincuencial. Pero de otra parte, la Revista de Derecho Penal y Criminología, Universidad Nacional de Educación a
sov sociedad exige hoy a sus políticos e instituciones un control del delito eficaz, con Distancia, n- 2 (1998), en prensa (Se cita la paginación provisional del propio autor).
resultados a corto plazo, que evidencien la rentabilidad de los recursos públicos e i^*! De los muchos partidarios de este enfoque (COHÉN, L.E., CORNISH, D.B.,
inversiones destinadas a tal fin. Los programas de prevención primaria concitan HARRIS, P.M., BRANTINGHAM y BRANTINGHAM, P.J. y P.L., MAYHEW, R.,
escaso entusiasmo porque nadie apuesta por intervenciones altruistas a medio y ROSS, H. etc.), destacan: CLARKE, R., y FELSON, M. Vid: CLARKE, R. (edit),
largo plazo cuyos éxitos, difíciles de evaluar, cosecharán en cualquier caso otros. Es Situational Crime Prevention. Successful Case Studies, 1992. Albany, NY: Harrow
lógico, por tanto, optar por estrategias abreviadas de prevención que, por contar con and Heston; del mismo: The distribution of deviance and exceeding the speed limit,
un sólido apoyo estadístico (alta selectividad temporal, espacial y situacional del en: The British Journal of Criminology, 36, 2 (1996), págs. 169 y ss.; del mismo:
crimen) aseguran, al menos, a corto plazo los rendimientos deseados. Crime Prevention Studies, Preventing Mass Transit Crime, 1996, vol. 6, Monsey
(NY), Criminal Justice Press; CLARKE, R. y FELSON, M. (edits.), Routine Activity
and Rational Cholee. Advances in Criminological Theory, vol. 5 (1993), New
La denominada «prevención situacional» centra todas sus investiga-
Brunswick, Transaction Publishers; CLARKE, R. y HARRIS, P.M., A rational
ciones y programas de intervención, de hecho, en la delincuencia cholee perspective on the targets of automobile theft, en: Criminal Behavior and
utilitarista de las bajas clases sociales urbanas, que alarma al ciudada- Mental Health, 2 (1992), págs. 25 y ss; CLARKE, R., y WEISBURD, D., Diffusion
no. Su mensaje es, por tanto, social y político criminalmente conservador of crime control benefits: Observations on the reverse of displacement, en: Crime
y defensista. Se t r a t a de prevenir eficazmente el crimen, sin analizar ni Prevention Studies, vol. 2 (1994); FELSON, M., Crime and Everyday Life. Insights
and Implications for Society, 1994, Thousand Oaks, CA, Pine Forge Press; del
incidir en las raíces últimas de este doloroso problema social. mismo, A crime Prevention extensión service (en: Crime Prevention Studies, vol.
K< (jujind S'iíeuo ownyíj.d ib i- a c a í i-^b o' n i oraoj o/'jh-íS^ 3, Monsey 1994, New York, Criminal Justice Press, edit. Clarke, R.); del mismo:
' s í í . f>iípv'jq;í)Gbriij^y9 í i\.H y J i ' I J O Í I •fasífU'^ Those who discourage crime, en: Crime and Place. Crime Prevention, vol. 4, 1995
(John, E. y Weisburd, D., edits.). Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., El control social del
GOTTFREDSON. Con buen criterio estima que la teoría de las actividades delito, cit., ibidem.
rutinarias o cotidianas de FELSON es una de las teorías situacionalistas.
i^'^ Vid. MEDINA ARIZA, J. J., El control social del delito, cit. ..., ibidem. -^ - •
XUÜ
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1023
sentido de que del m.ismo modo que muchos de los ciudadanos que
habían adoptado la seria decisión de suicidarse renunciaron a materia- criminal, altamente selectivo, que merece un análisis autónomo capaz
lizarla al carecer de la oportunidad de hacerlo en la forma escogida, sin de identificar y valorar sus variables principales (oportunidad).
buscar un método alternativo, muchos delincuentes harían lo propio En efecto, la Criminología tradicional subordina la prevención del delito al estudio
esto es, renunciarían a la comisión del delito, si una inteligente política previo de sus causas. Cualesquiera que fueren éstas (teorías de la criminalidad),
preventiva incidía en el factor «oportunidad» disminuyendo las posibi- entienden los partidarios de la denominada prevención situacional, el análisis
tradicional comporta inequívocas connotaciones deterministas, tanto en la explica-
lidades de éxito del infractor. Casi al mismo tiempo, en los Estados ción misma del delito como en el modo de entender la intervención preventiva en el
Unidos, JEFFERY, R^''^ NEWMAN, O.^^^y GOLDSTEIN, H.^^s propon- mismo^^**.
drían un modelo de prevención criminal basado en la modificación del
ambiente físico^^'^, incluso a través del diseño arquitectónico y urbanís- Por ello, a las teorías etiológicas de la criminalidad oponen los
tico y un modelo policial no reactivo sino proactivo que diseñase políticas
partidarios de la prevención situacional las llamadas teorías del cri-
y estrategias de prevención situacional. La noción «espacio defendible»,
men^^^. Y al enfoque etiológico y determinista otro meramente descrip-
de NEWMAN^^'^ sugeriría, por ejemplo, la adopción de muchas medidas
tivo, situacional, atento a una evidencia empírica: que el delito no es un
atentas a la selectividad temporal y espacial estadísticamente significa-
fenómeno casual, fortuito, aleatorio, sino selectivo, que busca el lugar
tiva del crimen (reducir la altura de los edificios, controlar los puntos de
oportuno, el tiempo idóneo, la víctima propicia, precisamente por tratar-
acceso, modificar el aspecto externo llamativo de ciertas construcciones,
se de u n a opción racional, instrumental. Así, —afirman los partidarios
mejorar la iluminación, incrementar el tráfico peatonal, etc. etc.).
del modelo situacional— mientras las teorías de la criminalidad preten-
den prevenirlo a través de ambiciosos e irrealizables programas sociales
y de desarrollo económico que alteren el entorno social, o mediante
c'. F u n d a m e n t o del m o d e l o p r e v e n t i v o s i t u a c i o n a l : s u s p r i n c i p a - utópicos proyectos de rehabilitación que conviertan al infractor en
les tesis
Ay modélicos ciudadanos, las teorías del crimen sugieren u n a intervención
en las situaciones y contextos donde éste se manifiesta con una signifi-
' Las teorías preventivas, de base situacional, se presentan a sí cativa relevancia estadística, esto es, incidiendo en el factor oportuni-
mismas como alternativa fecunda al modelo clásico y etiológico de dad"*^. Racionalidad e instrumentalidad del crimen, selectividad de éste
prevención de las denominadas teorías de la criminalidad. Conciben el en sus formas de aparición a tenor del factor oportunidad e intervención
crimen como una opción racional e instrumental. Y propugnan, ante preventiva situacional son tres nociones que definen el hilo argumental
todo, una intervención preventiva en las variables más relevantes del
de este nuevo modelo en ciernes. Í;,, jiiovinuesi!'; i- :* ín(,
suceso criminal al que reconocen u n a dinámica propia.
En las muy heterogéneas teorías de la prevención situacional el
a) Teorías de la criminalidad versus teorías del crimen. Los teóricos
concepto de oportunidad pasa a un primer plano porque es el que
de la prevención situacional reprochan a la Criminología tradicional su
permite explicar por qué el delito se concentra en determinados espacios
análisis etiológico, determinista, desconocedor—dicen— del componen-
y momentos. Pero su contenido es poco homogéneo. Unas veces el
te racional de la conducta humana, y de la dinámica del propio acto
incremento de oportunidades (se t r a t a siempre de un criterio diferen-
''•'IHiL. cial) tiene su origen en cambios sociales y tecnológicos. Otras, en estilos
••?'aJ«í^, i ..íiíisi •}„i5;,;tijIBMt 4iSÍtH^^
íf4i
de vida que conllevan u n a mayor exposición a lugares, situaciones y
133
personas peligrosas. Otras, incluso, conectan con la variable sexo, edad elemento, el facilitador del crimen, es decir, personas que suministran
o clase social. las herramientas necesarias para el delito^**^, elemento que guarda
Como lian demostrado COHÉN y FELSON^''^ momentos de bienestar económi- indiscutible parentesco con la «disponibilidad de cómplices» a la que se
.'(: 00 pueden propiciar un aumento significativo de oportunidades criminales, y según refiere TREMBLAY"^.
é; todos los indicios el riesgo de vlctimización se comporta de forma distinta según las
La teoría de las actividades rutinarias de FELSON y OCHEN explica el incremen-
i£^.. variables sexo, edad, y clase social en la medida en que unas y otras conllevan
to de las tasas de criminalidad como consecuencia, a su vez, de un incremento del
tetflSi distintos estilos de vida y, en consecuencia, una mayor o menor exposición a
factor riesgo {oportunidad) de comisión del delito (o de exposición a éste) determi-
3 situaciones de riesgo^^.En todo caso, según FELSON"^ el crimen tiene una
nado por el cambio de los estilos de vida y de la organización social. Para los autores,
dinámica propia ajena a cuestiones estructurales y sociopolíticas como ia desigual-
los cambios estructurales de la vida moderna en cuanto a las actividades rutinarias
'J' r'', dad, la pobreza, el desempleo, la justicia social y el sistema del bienestar. Lo decisivo
de las personas incrementan las tasas de la delincuencia, porque la sociedad
w i : " * a tal efecto es observar los contextos espacio-temporales que delimitan su comisión:
moderna ofrece al delincuente potencial más objetivos asequibles, más víctimas
tí7? ' cómo se produce en el tiempo y en el espacio, en qué situaciones y bajo la
propicias y mejores oportunidades. Permanentes desplazamientos de un lugar a
T0"'" convergencia-estadística de qué factores.
otro, por ejemplo, aumento del tiempo que se pasa fuera de casa, aumento y mayor
[r
visibilidad de las propiedades y de las transacciones explicarían que el gran
•3 COHÉN y FELSON h a n ofrecido sugestivas formulaciones teóricas escaparate de la sociedad del consumo exhiba tentadoramente al infractor potencial
de la noción de oportunidad con su conocida «routine activity approach» más y mejores oportunidades para delinquir: más objetos a su alcance, más
víctimas, más circunstancias y situaciones de exposición al riesgo, mejores técnicas
o enfoque de las actividades cotidianas. A tenor de la misma, el crimen
e instrumentos para la comisión del delito. La teoría de las actividades rutinarias
se produce cuando convergen en tiempo y espacio tres elementos: la " confiere, pues, a la actividad criminal naturaleza ecoiógicademaáa de la interacción
presencia de un delincuente motivado, un objetivo alcanzable y la '•• ''' de elementos en el espacio-tiempo, afirmando la interdependencia entre delincuente
ausencia de un guardián capaz de prevenir su comisión"''. El propio y víctima, en el sentido de que la estructura espacial y temporal de actividades
F E L S O N " ^ h a a ñ a d i d o dos f a c t o r e s m á s q u e i n c r e m e n t a n ,,. rutinarias lícitas del ciudadano (víctima) influiría al afirmar la interacción de elemen-
tos en el espacio-tiempo, y sostener la interdependencia entre delincuentes y
significativamente la oportunidad criminal o riesgo de que se cometa el víctimas^'"'. No en vano, para esta teoría la estructura temporal y espacial de
delito: la ausencia del denominado supervisor íntimo (persona próxima ?•; n actividades rutinarias lícitas de los ciudadanos (víctimas) juega un papel decisivo en
al infractor que neutraliza o frena su potencial delictivo) y el comporta- •;;; í-j la configuración del factor oportunidad.
miento del denominado gestor del espacio o personas con competencia
para controlar y vigilar algunos de éstos (portero, vigilante, conductor de Las teorías de la prevención situacional, de otro lado, subrayan las
autobús, etc. etc.). Por su parte, CLARKE sugiere la inclusión de otro dimensiones temporal y espacial del delito, fuertemente asociadas a la
distribución de los objetivos y del movimiento cotidiano de los
infractores"^.
i .(', .Bísn ,Jh no u 1. i S
"1 Vid. COHÉN, L. y FELSON, M., Social Change and Crime Rate Trends: A routine
M'
Activity Approach, en: American Sociológica! Review, vol. 44 (1979), págs. 588 y ss.
Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 4 y ss.
^^^ Sobre la información que aportan al respecto las encuestas de victimización, vid.,
supra. capítulo V, 4°. "8 Cfr. MEDINA ARIZA, J. J., op cit., pag_ 4, nota 4_
"=* FELSON, M., Crime and everyday life, 29. Ed. (1998). Fine Forge Press, Thousand i« TREMBLAY, P., Searching for co-offenders, en: CLARKE, R., y FELSON, M.,
Oaks., págs. 19 y ss. Cfr. ROLDAN, H., La seguridad privada en la prevención del (edits). Routine Activities and Rational Cholee. Advances in Criminological Theory,
delito. La Ley, 6.IL2001, págs. 4 y ss. 1993, vol. 5, New Brunswick, NJ, Transaction Publischer, Cfr. MEDINA ARIZA, J.
"* Vid. COHÉN, L. y FELSON, M., Social Change and Crime Rate Trends, cit. (1979), J., op. cit., pág. 4, nota 4.
mantienen que el crimen se produce cuando concurren temporal y espacialmente i« Vid. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., págs. 203 y 204.
u n infractor motivado, u n objetivo alcanzable y la ausencia de un tercero, con i« Vid. BRANTINGHAM, P.J. y BRANTINGHAM, P. (edits), Environmental
capacidad para intervenir en la situación y disuadir al delincuente (Cfr., MEDINA Criminology, 1991 (2- Ed.), Prospect Heights, II, Waveland Press; de los mismos:
ARIZA, J. J., pág. 4). Criminality of Place. Crime Generators and Crime Attractors, en: European
"5 FELSON, M., Those who discourage crime, cit., Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. Journal on Criminal Policy and Research. Crime Environments and Situational
cit..., pág. 4, nota 4. _ ,.....„ Prevention, 3 (3), 1995, págs. 5 y ss. Cfr. MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 7.
1026 ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1027
Numerosas investigaciones empíricas han demostrado que existen determina- Por el contrario, la sustracción de vehículos para uso temporal sucedía, sobre todo,
'BU-IB "^°^ «puntos calientes»^^" porque ciertas áreas o lugares y momentos aumentan las en automóviles deportivos de fabricación americana y aspecto atractivo. Por último,
" oportunidades criminales, buscando selectivamente el crimen tales «HOT POTS» y en cuanto al robo de vehículos para su uso permanente, se observaban índices
muy semejantes en vehículos muy caros y vehículos, no tan caros, deportivos de
fabricación extranjera. La constatación de inequívocos índices diferenciales de
Por último, como apuntan CORNISH y CLARKE^" las teorías de la riesgo de victimización, según las características de los respectivos modelos
prevención situacional enfatizan el componente racional de la conducta acreditaría el componente racional, instrumental de estas infracciones. En orden a
delictiva. Conciben, pues, el delito como unaopción racional, instrumen- la observada 'racionalidad' del crimen, se entiende fácilmente que los vehículos
tal, orientada a satisfacer determinadas necesidades y objetivos: dinero, alemanes, sobre todo los descapotables, fueran un objetivo idóneo para la sustrac-
ción de objetos de sus interiores, por la calidad de los equipos de radio de los mismos.
status, aventura, etc. etc.^^^.
El beneficio, pues, era elevado y la dificultad para conseguirlo, reducida. Que estos
be ^
mismos vehículos no fueran sustraídos para uso temporal, se explica, también, por
Diversas investigaciones empíricas sobre robo de pisos y robo de el hecho de que carezcan de cambio automático, lo que dados los hábitos y gustos
vehículos h a n puesto de manifiesto la instrumentalidad del delito, esto del usuario norteamericano entraña un inconveniente. Este enfoque economicista
es, su racionalidad en cuanto opción calculada que pondera en el caso aclara, del mismo modo, por qué, sin embargo, los vehículos de fabricación
concreto costes y beneficios, riesgo y rendimientos. americana concentran los índices más elevados de sustracción para uso temporal.
Son potentes y llamativos, esto es, modelos que se ajustan a la imagen que pretende
De todas ellas, particular interés tiene la realizada por CLARKE y dar de sí mismo el infractor joven, y, además, tienen cambio automático y no suscitan
HARRIS, en 1992, quienes analizan los robos de vehículos de motor sospechas cuando y donde suelen ser utilizados. Por último, que sean los modelos
partiendo de una clasificación de los modelos de automóviles y distin- más caros, de lujo, los que experimentan un índice más elevado de sustracción para
guiendo, a su vez, caso a caso, el mayor o menor riesgo en que cada uso permanente se comprende por el beneficio que la reventa depara a sus
sustractores.
modelo incurría, bien de que se sustrajeran objetos materiales del
interior de los mismos, bien de que fueran robados para u n uso temporal
o incluso permanente^^^. d'. Técnicas de p r e v e n c i ó n s i t u a c i o n a l
Comprobaron estos autores que los índices más elevados de sustracción de
objetos del interior de los automóviles se daba, significativamente, en vehículos de
La prevención situacional persigue u n a reducción eficaz de las
•.!Vi fabricación alemana, dotados de buenos equipos de radio, y en los descapotables. oportunidades delictivas a través de u n a incidencia y modificación del
ambiente o escenario del crimen que incremente los riesgos o dificulta-
des (costes) y disminuya correlativamente las expectativas y beneficios
^^'^ Sobre la selectividad espacial del crimen y los denominados 'hot spots', vid. ECK, asociados a la comisión del mismo.
J. y WEISBUKD, D. (edits), en: Crime and Place. Crime Prevention Studies, vol. 4,
1995, Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 3. Dicha concentración
Como advertía uno de sus teóricos^*'*, las diversas técnicas de preven-
; ' estadísticamente selectiva del crimen en ciertos espacios físicos responde a la ción situacional h a n de dirigirse de modo muy selectivo a específicas
misma lógica que la alta selectividad espacial de otros fenómenos estudiados por la formas de la criminalidad. Implican el diseño, manipulación o gestión
estadística y conocida por las Compañías de Seguros (vg. los «puntos negros» en sistemática y permanente del espacio, entorno, medio o ambiente. Y
materia de tráfico de vehículos de motor).
tienen que instrumentarse de manera tal que, en la percepción del
^^1 CORNISH, D.B. y CLARKE, R. (edits.), The Reasoning Criminal. Rational Choice
Perspectives on Offending. New York, 1986, Springer Verlag; de los mismos: delincuente potencial, impliquen u n incremento de los riesgos y dificul-
'" Understanding crime displacement: An application of rational choice theory, en: tades de la opción delictiva con la consiguiente reducción de los benefi-
•Y' Criminology, vol. 25 (1987), n^ 4, pág. 933 y ss. Cfr. MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., cios esperados. E-^li":,; .., , . _ , . . , ; * llt i .1^:
•••• p á g . 6.
^^^ En cuanto a la instrumentalidad del crimen como opción racional y económica, Según CLARKE^=^ todo proyecto de prevención situacional comprende varias
postulado de la teoría neoclásica (BECKER, EHRLICH, y otros), vid., supra: etapas. Primero se obtiene información sobre la naturaleza y dimensiones del
capítulo VI, 3. Excurso.
Un análisis, desde este enfoque economicista, del robo de vehículos de motor, en:
CLARKE, R. y HARRIS, P.M., A rational choice perspective on the targets of ^^^ CLARKE, R. (edit), Situational Crime Prevention. Successful Case Studies, 1992,
" automobile theft. En, Criminal Behavior and Mental Health, núm. 2 (1992), págs- Albany, NY: Harrow and Heston, cit. Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 11.
25 y ss. Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 6. . ^^"^ Cfr., MEDINA ARIZA, J . J . , o p . cit, pág. 12. .••" •
1028 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1029
concreto problemadelictivo.Acontinuación, se analizan las condiciones situacionales Una primera posibilidad consiste en el examen y centroide entradas^ saiidas,
,0- que permiten o facilitan la comisión de delitos en el ámbito examinado. Después, se cuya finalidad no es tanto excluir personas no deseadas como incrementar el riesgo
390iDr lleva a cabo un estudio sistemático de los medios, estrategias e iniciativas capaces de detección de quienes no cumplen los requisitos para acceder o abandonar un
eb eo\ de bloquear las oportunidades existentes, optándose por las más prometedoras determinado espacio. Las alarmas utilizadas por establecimientos comerciales
eb seí económicas y sencillas. Finalmente, se evalúa la experiencia introduciéndose los cuando se tratan de sustraer ilegalmente objetos de los mismos o los procedimientos
3 o l ^ cambios necesarios en función de los resultados obtenidos. convencionales de aduana e inmigración serían ejemplos de este subgrupo de
técnicas preventivas. También la denominada vigiiancia formaio^ue llevan a cabo la
policía y personal de seguridad privado para disuadir a los delincuentes potenciales.
^ Las numerosas técnicas de prevención situacional pueden clasificarse La videovigilancia constituye una modalidad más que la moderna tecnología ofrece
en cuatro grandes grupos: las orientadas a incrementar la percepción del al servicio de la vigilancia formal. A idéntico objetivo se orienta la vigiiancia por
esfuerzo asociado con un particular delito, las que incrementan la empieados, esto es, la función supervisora que éstos realizan y, desde luego,
percepción del riesgo, las tendentes a reducir las recompensas esperadas acredita un relevante impacto preventivo. Por último, también la vigiiancia naturai,
propiciada por las características arquitectónicas, urbanísticas, convivenciales del
y, por último, las que persiguen potenciar los sentimientos de culpa del propio habitat (así, mejora de iluminación e infraestructura, de servicios, modifica-
mfi-actor . :'«'¥«í3n^*'iíKt'l6ífo*'#r«tfl ción del diseño arquitectónico y urbanístico, movilización de vecinos a través de
asociaciones de barrio, etc., etc.).
Un primer conjunto de técnicas de prevención situacional pretende
incrementar el esfuerzo o dificultad de la comisión del delito en la
percepción individual del infi"actor. Un tercer conjunto de técnicas preventivas de orientación situacional
pretende reducir laganancia o recompensa del delito, los beneficios y
Ello puede conseguirse, por ejemplo, mediante la instalación o establecimiento
9.L' de barreras físicas (vg. candados, materiales reforzados, mecanismos que rechazan expectativas positivas asociadas al mismo en la percepción delinfi:-ac-
objetos falsos, etc.) que dificultan los objetivos o planes criminales (entorpecimien- tor.
tos de ios objetivos).
Una medida muy eficaz consiste en el despiazamiento deiobjetivo. Es lo que
También, mediante el denominado controide accesos, es decir, delimitación de sucede cuando, por ejemplo, se sustituye la utilización del dinero como medio de
determinados espacios físicos (oficinas, fábricas, residencias, etc.) a través de
pago por otros objetos (fichas o tarjetas en las cabinas telefónicas) lo que evita la
obstáculos materiales (vallas, puertas, etc.), personales (recepcionistas, porteros,
concentración y manipulación de importantes sumas de dinero en estos y otros
Sí? etc.) o incluso técnicas (por ejemplo, claves o contraseñas para acceder a cuentas
lugares (gasolineras, supermercados, etc.); unafinalidad semejante se persigue con
I-í bancarias o servicios informáticos).
las medidas que dificultan y controlan la adquisición de drogas y sustancias
Otra medida preventiva que persigue incrementar el esfuerzo es la desviación de psicotrópicas en las farmacias, productos que explican la alta siniestrabilidad de
transgresores con la que se trata de mitigar la posible convergencia en tiempo y estos establecimientos. Otra de las estrategias preventivas más eficaces consiste en
espacio de infractores tentados de cometer el delito. Así, la inutilización de ciertos la identificación de iapropiedadcQn signos indelebles que alertan sobre el origen de
espacios físicos (cierre de determinadas calles, la limitación temporal del uso de
la cosa sustraída. Con ello no sólo se consigue su eventual recuperación, sino que
concretos establecimientos o espacios con el objeto de evitar concentraciones en los
-ff: se dificulta la reventa de este material en el mercado negro, con la correlativa
mismos, por ejemplo, establecimiento de una hora de cierre de tales locales), etc.
devaluación del mismo. Por último, la llamada eiiminación dei beneficio es otra
etc.
medida operativa y eficaz que inutiliza el uso o funcionamiento de la cosa sustraída
ni, Por último, otra técnica que persigue el incremento del esfuerzo con fines haciendo poco rentable para el infractor la comisión del delito (así, por ejemplo, la
Y preventivos es el llamado controide faciiitadores, u objetos que se utilizan decisiva- previa instalación en equipos electrónicos de códigos o claves que sólo el propietario
íyi. mente en la comisión de delitos (así, las armas de fuego y su control, pertenecen a
este subgrupo de técnicas preventivas). ., ; , conoce). ;u' oi.//iic!í
fcf rÁit.-i-^,''i/4-'.
instancias del control social formal o informal. Más aún, como conse-
cuencia de la evolución social, se observan inequívocos cambios que
i nraxis^**^, un nuevo modelo de prevención en el que el Estado, y en
narticular la policía y demás agencias del control social formal, pierden
afectan de modo muy relevante a la eficacia de los mecanismos tradicio- el rnonopolio del control y prevención del delito, que se concibe, como
nales del control social formal e informal. problema comunitario, responsabilidad de todos^®**.
Bmsf ^p efecto, el control social Informal, según advierte FELSON'''=, ha perdido Es cierto que el crimen se concentra significativamente en torno a concretos
^'^® efectividad como consecuencia de la progresiva incorporación de la mujer al espacios físicos de la gran ciudad^''^ y que el factor oportunidadno puede despreciar-
^^^'- mercado de trabajo, la precariedad del empleo, el creciente poder económico, se en el momento de explicar la distribución y tasas de la criminalidad ocasional.
8B3T autonomía y libertad del mundo juvenil, la masificación escolar, etc. Pero tambiéri Tampoco es un descubrimiento de la teoría de las actividades rutinarias que un
sucede lo propio con el control social formal, incapaz de dar respuesta con su actual cambio sensible de los estilos de vida genera o propicia nuevas formas de
cSÍBí estructura, dotaciones y costes aun problema social cuyos índices alcanzan valores delincuencia o un incremento de ésta al contar el infractor potencial con nuevos
6b or preocupantes en buena medida por razón de las nuevas oportunidades que el instrumentos y más víctimas. En definitiva, que cambios significativos de la organi-
SB! £ cambio económico, social y tecnológico depara al infractor. zación social aumenten el riesgo del delito, que incrementen las oportunidades de
que se cometa y, en último término, las propias tasas de criminalidad no es un
oib' hallazgo reciente. Y, desde otro punto de vista: que la mejora de las condiciones
Por ello, las estrategias convencionales de prevención, deben comple- económicas y de la calidad de vida de una sociedad puedan no conducir necesaria-
mentarse con otras, rutinarias, cuasidomésticas, asociadas a los estilos mente al correlativo descenso de sus tasas de criminalidad, sino todo lo contrario,
de vida, hábitos, costumbres y actividades rutinarias del individuo y de al incremento de éstas, tampoco es una paradoja inexplicable.
las organizaciones. Siendo el riesgo de victimización un riesgo diferen- La teoría de las actividadesrutinaríasno es, en puridad, una teoría explicativa de
la criminalidad, sino una teoría de la victimización. No fundamenta por qué ciertas
cial, selectivo, no cabe duda que una elemental actitud de cuidado y personas delinquen^^", sino por qué el crimen tiende a buscar ciertos espacios y
vigilancia, de responsabilidad y cautela, por parte de la víctima poten- ciertas personas. Por otra parte, afirmar como afirman los valedores de esta teoría
cial en determinadas situaciones mitigará sensiblemente aquél con que quien se expone más al riesgo de devenir víctima del delito resulta más
éxitos preventivos muy relevantes. victimizada parece una obviedad^^^ en la que suelen incurrir quienes sobrevaloran
la relevancia del factor oportunidad. ,, ,,.
¡•rtiti Que la víctima, de hecho, puede contribuir con su conducta —legítima, desde
luego— a su propia victimización, es una constatación empírica incuestionable. Otra
cosa distinta es que este dato pueda utilizarse, manipularse, por el infractor como convencionales del control social (Routine precautions, criminology, and crime
técnica de autojustificación, por ejemplo, culpabilizando a la víctima. Realidad prevention, en: Hugh D. Barlow (edit). Crime and Public Policy; Putting theory to
empírica y falseamiento ideológico de la misma pertenecen, pues, a ámbitos Work, 1995, Boulder, CO: Westview Press. Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág.
diferentes. La experiencia diaria demuestra el riesgo que comportan ciertos hábitos, 19 y 20.
estilos de vida, y situaciones, así como la eficacia preventiva de conocidas medidas '^^' Sobre la teoría y praxis de estas medidas preventivas en la actualidad, vid.
' y í rutinarias (evitar ciertos lugares a determinadas horas, instalar pequeñas alarmas, MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., págs. 20 y ss.
í. iíi í utilizar un radio-cassette extraíble, no exponer ciertos objetos de valor a la vista, ^^^ Sobre la necesidad de contemplar la prevención del delito como «problema»; y como
etc.). problema «de todos», especialmente de la «comunidad» —y no solo del sistema legal
y sus instancias oficiales—, con todas las implicaciones que se derivan de este
«postulado» en orden a la prevención de la delincuencia, vid. GARCÍA-PABLOS, A.,
La teoría de la prevención situacional ha potenciado estas estrategias
La prevención del delito en el Estado social de Derecho, en: Estudios Penales y
o precauciones rutinarias como mecanismo autónomo o vía indepen- Criminológicos, XV (1992), Santiago de Compostela, págs. 77 y ss. Las llamadas
diente de prevención a la que augura u n brillante futuro en los próximos 'precauciones rutinarias' no son, pues, técnicas preventivas propias —ni exclusivas,
lustros^®^. De hecho, gana terreno progresivamente en la teoría y en la desde luego— de un modelo 'situacional' sino, como se propugna desde la moderna
Victimología, medidas elementales de neutralización del riesgo de victimización,
./••lo i v?9Vi .c'jvfii artívfiiá -Tol 'í'nioH UÍSDOH ranivitü >iríXi'rCÍ 5.50línoiiíio'l,. J . H ,'
asumidas de forma voluntaria, prudente y responsable por personas y colectivos
í, 1, Á.írífA AVí\n:iff:
que exhiben una especial vulnerabilidad y son conscientes de ella.
.r-¡ i .'nit! ..,tí-i . n i 169
^^^ Sobre el progresivo menor rendimiento de las técnicas del control social convencio- Vid. GARRIDO GENOVES, V. y otros, op. cit., pág. 206.
nal (tanto del 'formal' como del 'informal'), vid. FELSON, M., Crime and Everyday "° En este sentido, AKERS, R. L., Criminologícal Theories, 1997. Los Angeles:
Life, cit., cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 20. RoxburyPubhschingCompany. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág.
166 PQJ. gÜQ^ FELSON, M. (op. cit., ibidem) estima que estas técnicas situacionales 207, quien duda de la capacidad explicativa del fenómeno criminal de esta teoría
tienen gran futuro. E incluso CLARKE, R., y el propio FELSON, M., hacen de las que, no obstante, entiende formalmente bien construida.
IVl
mismas un nuevo modelo de prevención (situacional) distinto de los mecanismos Vid. AKERS, R.L., op. cit. Cfr. GARRIDO GENOVES, V. y otros, ibidem
1034 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1035
f. Reflexiones críticas a las teorías p r e v e n c i o n i s t a s de o r i e n t a c i ó n previsión y neutralización con estas técnicas preventivas, lo que explica el éxito de
situacional las mismas en concretas formas de la delincuencia violenta (violencia doméstica,
etoc vandalismo juvenil, secuestros aéreos, etc.)^'^
El todavía poco definido modelo en ciernes de prevención situacional
ha sido ya objeto de numerosas críticas. Algunas de ellas son comunes b") La supuesta racionalidad de la opción delictiva (racionalidad e
a toda teoría criminológica que sobredimensiona el factor oportunidad instrumentalidad de la decisión criminal) es otro tópico que se generali-
en la explicación de la génesis o etiología del delito. O cualquiera de las za y extrapola indebidamente por las teorías de la prevención situacional
variables que expresan la selectividad estadística del crimen en sus ' más allá de los casos de autores e infracciones donde tal premisa resulta
formas de manifestación (especialmente, las variables temporales y cierta y comprobada. Las teorías criticadas operan con una imagen
espaciales). Otras objeciones, se comparten también con las concepcio- ficticia de autor que calcula y pondera racionalmente los pros y contras
nes economicistas, neoclásicas, que examinan el delito como opción (costes y beneficios) de la opción criminal; y atribuyen a todos los delitos
racional, utilitaria e instrumental, contemplando al infractor como una estructura lógica, instrumental, que sólo cabe predicar de manifes-
individuo pragmático que actúa guiándose por el binomio coste/rendi- taciones concretas de la criminalidad (delincuencia económica, profesio-
miento, coste/beneficio («economic cholee»). Por último, un tercer grupo nal, financiera, etc.), no generalizable ni extrapolable a otras formas del
de críticas y objeciones se dirige específicamente contra estas teorías crimen no instrumentales (vg. criminalidad expresiva, simbólica,
situacionales censurándoles su escasa eficacia al prescindir de todo subcultural, etc.)"".
análisis etiológico del problema criminal. O formulando contra las
mismas un amplio abanico de reparos éticos (falta de legitimidad) y c") Las teorías de la prevención situacional yerran al sobrevalorar
políticocriminales. »p.Mrí#»%6 'm^M'^im-rnik factores y variables ocasionales. Como se ha recordado a las teorías
ecológicas, espaciales y ambientales, el espacio físico —la ocasión, la
a") En efecto, aunque el crimen es un fenómeno altamente selectivo, oportunidad, en definitiva— puede atraer o favorecer la comisión del
dicha selectividad tiene una repercusión muy distinta según la clase de delito, pero solo eso: no crea, ni genera criminalidad"^. Confunden, pues,
delito de que se trate. Por ello, el factor 'oportunidad' carece de una causa (prevención primaria) y síntoma (prevención situacional) por lo
incidencia homogénea y no puede invocarse, ni desde un punto de vista que la prevención, así entendida —prescindiendo de cualquier análisis
etiológico, ni preventivo, como criterio inexorable, con pretensiones de etiológico— es u n a prevención ineficaz, sin alma, cínica. Interviene allí
universalidad. No cabe duda que ciertos delitos exhiben un inequívoco donde y cuando el delito se manifiesta (síntoma), pero no en sus raíces
perfil situacional, ocasional, como puede constatarse estadísticamente, o causas, donde y cuando se genera aquel (etiología).
pero no todos. Otros muchos, no. Por ello, las técnicas de prevención
d") Una prevención orientada a criterios rigurosamente espaciales,
situacional carecerán de virtualidad y eficacia respecto a aquella parce-
por otra parte, obstaculiza, aplaza o desplaza la comisión del delito, pero
la de la criminalidad exenta de tales componentes 'oportunísticos' (vg.
no lo evita. Sus efectos, por tanto, no son tan positivos como pudiera
delincuencia expresiva o simbólica, delincuencia pasional, etc.).
Los partidarios de la prevención situacional reconocen la lógica de estos reparos
pero tratan de minimizarlos con diversos datos y argumentos. Así, advierten que si "^ Así, MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., págs. 25 y 26, revisando las conclusiones
bien las técnicas de prevención situacional son especialmente idóneas para contro- obtenidas por TEDESCHI y FELSON (racionalidad e instrumentalidad de la
lar ciertos delitos (los 'ocasionales') de menor gravedad (bagatelas), estas infraccio- violencia), compartidas por DOBASH, POLK, NEDEGAAED, y otros; CLARKE
nes tienen, desde un punto de vista estadístico, cuantitativo, una gran relevancia y (éxito preventivo de las técnicas situacionales en aeropuertos a finales de la década
repercusión social, apareciendo de hecho asociadas a manifestaciones más graves de los setenta); FELSON (id. con relación a los actos vandálicos de los 'ultras' en
de la criminalidad^'^. En segundo lugar, observan que incluso en los delitos más estadios de fútbol); HOMEL, BJOR, KNUTSSON y KUHLHORN (respecto a
serios y alarmantes pueden constatarse componentes situacionales susceptibles de violencia juvenil durante los fines de semana); LA VIGNE (violencia carcelaria);
LLOYD (violencia doméstica), etc.
.••|-/l.r>-,-;ii!o>" > í-.í.fif 'Tii-j/'i,:'. ñí '' Sobre estas críticas, y con relación al modelo economicista neoclásico con el que las
En este sentido, MEDINA AEIZA, J. J., citando investigaciones de Wilson, Kelling, teorías situacionales se emparentan, vid. supra, capítulo VI, 2, A), d), 2').
'-'Ole y otros (op. cit, págs. 24 y 25). ^^ Sobre estas objeciones, y a propósito de las teorías espaciales, vid. supra, Capítulo
XVI,6B. ..-...,fe-,,.,-..,.,, ^-
1036 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1037
suponerse, ni con carácter general (cualquier clase de delitos), ni, desde supuestos y bajo qué condiciones es más probable que se produzca el citado
luego, a medio y largo plazo. Salvo en supuestos de u n a demanda desplazamiento (teoría de la adaptabilidad del delincuente, de la familiaridad del
criminal rígida, el crimen buscará otro espacio físico menos protegido espacio físico, de las propiedades que estructuran selectivamente la decisión
criminal, etc.). Por último, un sector de la doctrina de la prevención situacional mitiga
otro momento más idóneo, otra víctima más vulnerable, otra situación
los efectos negativos del desplazamiento con la noción complementaria de la
menos arriesgada ... para conseguir sus objetivos. Dicho desplazamien- difusión de beneficios, esto es, invocando la influencia positiva y bienhechora de la
to, además, tendrá con frecuencia connotaciones sociales regresivas y prevención así orientada más allá de la situación o contexto concreto, personas y
discriminatorias, ya que el infractor buscará las áreas y espacios cuyos momento cronológico de la intervención misma. A su vez, la comprobación de tales
titulares no puedan financiar el coste de los dispositivos de protección efectos secundarios, pero ciertos y saludables descritos por CLARKE, WEISBURD^**^,
esto es, los de más bajos niveles de renta; y, a su vez, los poderes públicos HESSELING^**^ y otros, habría permitido mejorar el diseño y rendimiento de los
programas de prevención, sugiriendo determinadas estrategias muy eficaces^^".
polarizarán los esfuerzos preventivos (entendidos en una acepción El efecto de «desplazamiento», portante, admite una rica gama de manifesta-
meramente policial y restrictiva) en torno a los grupos y subgrupos ciones y merece un juicio matizado. El desplazamiento como observa REPETTO^''^,
definidos 'ex ante' como poblaciones 'conflictivas' (siempre minorías y puede dar lugar a la comisión de otro tipo de delito, o dirigir la acción del infractor
bajos estratos sociales). hacia otro objetivo menos protegido, hacia otro lugar distinto o momento de comisión
diferente. O puede impulsar una innovación o mejora de las técnicas delictivas. Pero,
Los teóricos de la prevención situacional reconocen el efecto de « desplazamien- de otra parte, el efecto de «desplazamiento» puede ser maligno o benigno, según
' /c^^que provocan las técnicas de inspiración situacional, pero matizan el significado los casos. Maligno, por ejemplo, si lleva consigo la ejecución de un delito más grave
y relevancia del mismo. En primer lugar, advierten, dicho desplazamiento puede (vg. el cristal antibala no impide el robo sino que éste da paso a la toma de rehenes
producirse, pero no es inevitabie y tiene, en todo caso, alcance limitado'^'*. En para su comisión); benigno, si la modalidad criminal sustitutiva reviste menor
segundo lugar, añaden, no siempre el desplazamiento debe reputarse negativo: gravedad que la inicialmente pretendida. En ciertos supuestos, sería cuestionable
existe un desplazamiento benigno y un desplazamiento maligno. No cabe, pues, si se trata de un desplazamiento maligno o benigno (vg. el atracador frustado se
censurar todo desplazamiento si significa aparición de formas alternativas de convierte en traficante de drogas)^***^.
criminalidad menos graves y serias, o una nueva distribución demográfica o En España, todo parece indicar que las medidas de seguridad instaladas en
geográfica del delito socialmente menos nociva''^ En tercer lugar, observan que ya bancos, farmacias y gasolineras fueron eficaces y, a tenor de la estadística policial,
se conocen los mecanismos internos y condiciones del desplazamiento, de suerte consiguieron reducir sensiblemente el número de atracos a tales establecimientos.
que siendo éste previsible pueden diseñarse las estrategias situacionales adecua- Además no consta que tal descenso diera lugar a un incremento correlativo del
das para neutralizarlo. Así, HEAL y LAYCOCK^^^, GABOR^'^ ECK^"", CORNISH y número de atracos a otros locales y blancos menos protegidos^^''. En cuanto a la
CLARKE^'^\ entre otros, han formulado diversos criterios para explicar en qué sustitución del radiocaset convencional por el de carátula extraíble que impide el uso
YÍ:S del objeto sustraído parece ha producido un doble efecto positivo: evitar el robo de
* r , t \i .P.
jvrlao'fq BviariBqza s i a n a b f í s í a l n a í i s m n i B A U
i^« Vid. MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 28, revisando las conclusiones de CLARKE,
ECK y HESSELING, R. (Displacement: A review of the literature, en: Crime CLARKE, R. y WEISBURD, D., Diffusion of Crime control benefits: Observations
Prevention Studies, vol. 3, 1994), entre otros.
177 on the reverse of displacement, en: Crime Prevention Studies, vol. 2 (1994). Cfr.,
Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 30 y 31, refiriéndose a las investigaciones MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 33 y ss.
de BARR y PEASE con relación al denominado «desplazamiento benigno» (BARR, HESSELING, R., Displacement: A Review of the Literature. En: Crime Prevention
R. y PEASE, K., Crime placement, displacement and deflection, en: Tonry, M., y Studies, vol. 3 (1994). Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., pág. 33.
Morris, N., edits., Crime and Justice: A Review of Research, vol. 12,1990, Chicago, Así, CLARKE, R. y WEISBURD, D., sugieren, entre otras medidas: la distribución
University of Chicago Press).
178 gratuita y aleatoria de dispositivos de seguridad de elevado coste, no accesibles a
Vid. HEAL, K. y LAYCOCK, G., Situational Crime Prevention: From Theory Into todos; la concentración de tales mecanismos en los objetivos más vulnerables y
Practica, London, 1986, Home Office.
179 visibles; la divulgación y publicidad de tales medidas para incrementar el efecto
GAJBOR, Th., Crime displacement and situational Prevention: Toward the
disuasorio en los infractores potenciales, etc. Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit.,
devolopment of some principies, en: Canadian Journal of Criminology, 32 (1990), pág. 34.
180
págs. 41 y ss.; Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., págs. 31 y ss. 185
Crime Prevention and the displacement phenomenon. En: Crime and Delinquency,
ECK, J., The Treat of crime displacement, en: Criminal Justice Abstracts, 25
1976 (22), págs. 291 y ss. Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 813.
(1993), págs. 527 y ss. Cfr., MEDINA ARIZA, J. J., op. cit., págs. 31 y ss. 186
181 Cfr. BARR, R. y PEASE, K., Crime placement, displacement and deflection, 1990,
CORNISH, D.B. y CLARKE, R., (edits.), The Reasoning Criminal. Rational Choice en: Crime and Justice: A Review of Research, vol. XII, págs. 277 y ss., cit. por
Perspectives on Offending, New York, 1986, Springer Verlag. Cfr., MEDINA GARRIDO GENOVES, V. y otros, ibidem.
ARIZA, J. J., op. cit., pág. 32.
Cfr. GARRIDO GENOVÉS, V. y otros, op. cit., pág. 813.
1038 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1039
los radiocasetes protegidos y, también, el de vehículos de motor, en generaP^**. Como se hasubrayado acertadamente, el efecto más perverso del situacionalismo
En el extranjero existen conocidas investigaciones empíricas sobre el efecto —y de su insistente reclamo a la autoprotección— puede ser su derivación
desplazamiento, como la de HESSELING que revisó 55 estudios sobre la materia. inevitable, pero peligrosa, hacia la tenencia de armas^''^. Países donde dicho
De ellos, 33 detectaron tal efecto, si bien la criminalidad que se generaba en otras fenómeno se ha generalizado, como los Estados Unidos (por razones, desde luego,
^ áreas peor protegidas era menos extensa y menos nociva (desplazamiento benigno) complejas) conocen los riesgos de la dinámica defensa-agresión y las consecuen-
--I que la prevenida. Otros 16 estudios de los revisados no constataron efecto de cias de tan nocivo círculo vicioso. Por ello no debe pasarse por alto el dato que recoge
desplazamiento alguno y 6 observaron la denominada ^^ difusión de beneficiosa^ (en el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior; en España existen más de dos
áreas cercanas donde no se realizó ningún esfuerzo preventivo específico también millones y medio de escopetas en poder de particulares^^"; así como el también muy
descendieron las tasas de criminalidad)^^'*. elevado número de armas blancas, instrumento, por cierto, que se ha convertido en
^B Dicha í< difusión de beneficios» se ha observado igualmente en otras investiga- el favorito de los homicidas'^'^.
ciones. Así, la de CHAIKEN^'°, demostró que la intensificación de la labor policial en No obstante, como afirma ROLDAN^^^ la gestión de la seguridad personal es un
el metro de Nueva York de las patrullas nocturnas redujo, también, la criminalidad hecho sociológico incontestable que, además, ha encontrado reconocimiento jurídi-
diurna porque el delincuente se limitó, sin más, a evitar este medio de transporte co en la propia dogmática penal (relevancia del comportamiento previo de la víctima
menos seguro ya para el mismo. del delito a los efectos de la imputación objetiva, de la realización del tipo o de la
ruÉM De todo ello cabría concluir que las medidas de prevención que se examinan no determinación de la pena).
,m producen necesariamente un efecto de desplazamiento hacia otros blancos, ni, en
t\\i\ su caso, éste es siempre negativo. Y que, en principio, parece que contribuyen a un
9Vf: descenso de la criminalidad, no neutralizado por la mayor nocividad del delito
La obsesiva proliferación de técnicas situacionales de prevención
39r realmente cometido. Aunque estas técnicas de prevención se han aplicado preferen- evocan la imagen de u n a cultura orwelliana. Las ciudades se convierten
lOn temente a delitos menos graves —y a fenómenos relativos al ordenpúbiico— no en fortalezas, las viviendas en fortines y guaridas seguras. La ideología
9fdi deben infravalorarse, ya que tanto el miedo al delito como las infracciones menos de la seguridad altera nuestros estilos de vida e impone prácticas
se graves guardan una relación directa con la criminalidad grave^^^
insolidarias. La prevención del crimen adquiere connotaciones estricta-
Los estudios más recientes llaman la atención sobre la particular eficacia
ne > preventiva de dos de las muchas técnicas de seguridad: las de rediseño ambiental mente policiales, defensistas, frente al enemigo común, impulsando
,!sta y las de vigilancia^^l estereotipos perversos del infractor y estados de opinión exacerbados
.301 que retroalimentan victoriosas cruzadas contra el delito pictóricas de
1 t.
La seguridad privada no persigue, desde luego, objetivos de justicia, No hay datos fiables en España sobre la incidencia de la seguridad
ni la protección de intereses colectivos. Quien concierta servicios priva- privada en la prevención de la criminalidad. Tampoco sobre la deseable
dos de seguridad es porque desconfia de la eficacia de los servicios colaboración de la seguridad privada con las instancias de la seguridad
públicos, de la lentitud y escaso rendimiento de éstos. Pretende, pues, la pública, colaboración requerida legalmente toda vez que la seguridad
tutela pronta y efectiva de sus intereses con un coste proporcionado^"^, privada participa en las tareas y cometidos del control social formal. Lo
por más que desde un punto de vista normativo el ordenamiento jurídico cierto es que la seguridad privada se rige por unos principios propios y
configure la seguridad privada como medio de prevención del delito que actúa con arreglo a los mismos^^". Quizás solo cabe por tanto aspirar a
h a de contribuir al mantenimiento de la seguridad pública^°^. Ahora que procure u n a prevención intensa en el orden clientelar y al menos
, fr*!is'Í9'ínm.úV'AI' r a l
diñisa respecto a los demás ciudadanos^^^. O dicho de otro modo menos
'o-mnswr3(i(sas~'M.''túit'jfíH-f'^'
2»* Cfr. EOLDAN, H., op. cit, pág. 5. :,'. '
2"^ Así, MUÑOZ USANO, F., Visión integral de la seguridad interior en los países de 210
Así, STANGELAND, citado por ROLDAN, H., op. cit., pág. 6.
la Unión Europea, como necesidad derivada de sus procesos de liberación, en: 2U
Cfr. ROLDAN, H., op. cit., pág. 6.
Seguritecnia, págs. 50 y ss. (1994), cit. por EOLDAN, H., op. cit., pág. 6.
^^ La vigilancia privada en estas superficies beneficia no solo a quien la contrata, sino
206 Cfr. ROLDAN, H., op. cit., págs. 5 y 6. ^i^iv ,tci«*.8d) fiBtwTinjo? st
a todos los que las habitan. Cfr. ROLDAN, H., op. cit., pág. 6. 't
20' Cfr. R O L D A N , H., op. cit., pág. 6. ,-. 213
Cfr. ROLDAN, H., op. cit., pág. 6, citando la opinión de VAN DIJK.
20« Cfr. R O L D A N , H., op. cit., pág. 7. 214
Cfr. ROLDAN, H., op. cit., págs. 6 y 7, en relación a los procedimientos de
20^ Así, Exposición de Motivos de la Ley de Seguridad Privada de 1992. Cfr. negociación de la seguridad privada. .,) i. ;,jiuí:¡ .; ,;• • T-^^ -*
ROLDAN, 215
Cfr. ROLDAN, H., op. cit., pág. 6. >,.» J^BC , tiu .CK^.H M A Í , . ,
H., op. cit., pág. 6.
1044 ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1045
exigente: que la seguridad de los que pueden pagar no afecte negativa- destinatarios naturales (infractor potencial o el penado) de tal interven-
mente a la seguridad de los que no pueden pagar^^^. ción, al extender ésta a otros protagonistas del fenómeno delictivo (vg.
la víctima) y a datos, factores o elementos que convergen de modo
decisivo en el escenario criminal (vg. espacio físico, diseño arquitectóni-
co, habitat urbano, clima social, etc.). • > "•'• ^ '^-'
5." ANÁLISIS Y EVALUACIÓN D E LOS P R I N C I P A L E S PRO- Es, precisamente, ese soporte empírico que suministran las discipli-
GRAMAS D E P R E V E N C I Ó N D E L DELITO nas criminológicas lo que distingue u n a prevención científica del crimen
de u n a intervención caprichosa, arbitraria y a ciegas en éste; u n a
a) El éxito de la filosofía «prevencionista» ir.,,: . V prevención racional, reflexiva, del mero intuicionismo diletante, el
3' voluntarismo político o el despotismo no ilustrado, actitudes impropias
Asistimos durante los últimos lustros al éxito arrollador de la filosofía de un moderno Estado social y democrático de Derecho.
prevencionista, a tenor del asombroso número y variedad de los progra-
mas de prevención del delito ensayados en los diversos países. La
información sobre éstos todavía es parcial, fragmentaria y no permite la h) Referencia a los más significativos programas de prevención.
imprescindible evaluación científica de los resultados obtenidos. Pero,
en todo caso, cabe hablar ya de u n giro sustancial criminológico y De los innumerables programas de prevención conocidos, baste con
políticocriminal, de un genuino nuevo paradigma: el prevencionista. una somera información sobre los presupuestos teóricos, directrices y
A su definitiva consolidación h a n contribuido probablemente dos contenido de algunos de ellos:
factores. E n primer lugar, el fracaso ostensible del modelo represivo
clásico, basado en una política penal disuasoria como única respuesta al V. P r o g r a m a s d e p r e v e n c i ó n s o b r e d e t e r m i n a d a s «áreas geográfi-
problema del delito. La comunidad científica parece haber tomado
cas»
conciencia de la escasa efectividad real y elevados costes sociales de
dicho modelo que, por cierto, se enfrenta demasiado tarde —y mal— con Operan estos programas sobre el factor «espacial» y acusan u n a
el fenómeno delictivo y olvida que política penal y política criminal no inequívoca inspiración «ecológica». Su presupuesto doctrinal (Escuela
son la misma cosa. En segundo lugar, el propio progreso científico y la de Chicago) es la existencia en todo núcleo urbano industrializado de un
útilísima información que diversas disciplinas aportan sobre la realidad determinado espacio, geográfico y socialmente delimitado, que concen-
delincuencial. Si el crimen no es un fenómeno casual, fortuito y aleatorio, tra las más elevadas tasas de criminalidad: áreas muy deterioradas, con
producto del azar o la fatalidad, sino un suceso altamente selectivo, como pésimas condiciones de vida, pobre infraestructura y significativos
aquéllas revelan (el crimen sabe escoger el momento oportuno, el espacio niveles de desorganización social, residencia obligada de los grupos
físico adecuado, la víctima propicia, etc.), una información empírica humanos más conflictivos (emigrantes, minorías raciales, marginados,
fiable sobre las principales variables del delito abre inmensas posibili- etc.) y menesterosos^^^. El espíritu reformista de los teóricos de la
d a d e s a su prevención eficaz. L a Criminología, como ciencia Escuela de Chicago sugirió u n a actitud social de compromiso y de
interdisciplinaria, t r a t a de identificar aquéllas, explicando de qué forma intervención por parte de los poderes públicos en estas áreas deprimidas
interactúan y cómo configuran dinámicamente el muy complejo y (vastos programas de reordenación y equipamiento urbano, mejoras
selectivo hecho criminal. Por ello, el progreso criminológico enriquece infraestructurales, dotación de servicios, etc. etc.), al estimar que de este
nuestros conocimientos sobre el delito y sugiere nuevas estrategias de modo se aliviarían los «problemas sociales» de las grandes urbes, con el
prevención cada vez más ambiciosas, ampliando incluso el círculo de
^•"^^ Sobre los postulados 'ecológicos' que sirven de fundamento a estos programas vid.:
Cfr. ROLDAN, H., op. cit., pág. 6., citando la opinión de LARRAURI. supra, cap. XVI, 4 y 5.
1046 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1047
correlativo refuerzo de los mecanismos e instancias del control social y ciudadanos, los niveles de salud, educación, cultura, los servicios e
disminución de los índices de delincuencia^^®. infraestructura, etc. Interesa, pues, u n a intervención social y comunita-
nt ria, a través de prestaciones positivas, no u n a estrategia disuasoria,
Los programas de Chicago y Boston fueron testimonio fiel de tales
premisas doctrinales^^''. represiva y policial. Tales áreas geográficas deben ser objetivos priori-
tarios de política social, no ghettos, «reservas», ni «zonas de alto riesgo».
„ Sin embargo, u n a política prevencionista que opere básicamente
sobre el factor espacial, de área (de área geográfica) no puede convencer. .gjiiTpiffKíJi
Exhibe un pernicioso déficit científico, al asignar al medio físico una 2'. P r o g r a m a s de p r e v e n c i ó n del delito e n el d i s e ñ o a r q u i t e c t ó n i c o
desmedida relevancia etiológica en la génesis de la criminalidad. Evi- y u r b a n í s t i c o dirigidos a la r e m o d e l a c i ó n de la convivencia
dentemente, aquel «atrae» pero no «crea» delito. Por otra parte, el vago humana
concepto de «desorganización social», «leit motiv» de estos programas,
oculta un peligroso desconocimiento de los factores que actúan en el Desde la famosa obra de Newman, publicada en 1973, («Defensible
marco espacial de referencia: es una auténtica coartada. Y, faltando un Space»), las investigaciones ecológicas sustituyen el análisis de área por
análisis situacional más sólido sobre tales variables^^°, forzoso es reco- un enfoque microscópico^^^ que detecta específicas correlaciones estadís-
nocer que dicha política criminal, en puridad, no previene el crimen sino ticas entre espacios concretos de la gran ciudad y determinadas mani-
que lo desplaza a otras áreas, no lo evita, lo relega y postpone. Pero a festaciones delictivas. Partiendo de tal premisa, que hacen suya geógra-
estas carencias y limitaciones se unen objeciones ideológicas más gra- fos del crimen, r e p r e s e n t a n t e s de orientaciones sociobiológicas
ves: el riesgo de que los programas de base espacial, de área, sean (JEFFERY)^^^ y de la llamada Psicología Comunitaria, los programas de
profundamente regresivos, antisociales y discriminatorios. Primero, prevención se orientan hacia la reestructuración urbana^^^ y utilizan el
porque el lógico esfuerzo preventivo suele perder todo contenido social
(prestaciones a favor de ciertas áreas), adoptando un cariz puramente
policial y represivo. Prevenir significa, entonces, controlar, vigilar, f)Ji,'«it?'%5í'^J -t'rafVífl'ía Jr}i¡^BlbJt¡i^f'ii«l
reprimir. En segundo lugar, porque de hecho se controla, se vigila y se ^^1 Este enfoque microscópico h a predominado en los estudios de «área» —que no
reprime siempre a los mismos —los grupos humanos que habitan los «ecológicos»— del Reino Unido. Vid., MORRIS, T., The Criminal Área, cit., págs.
barrios conflictivos y «peligrosos»—, acentuándose de este modo el 101 y ss.
impacto selectivo y discriminatorio del control social so pretexto de una 222 JEFFERY propuso sustituir el paradigma de conflicto cultural por un análisis
inteligente acción preventiva (recte: policial), i^ ilifoMífgs «físico-ambiental», al constatar que el crimen es muy selectivo en el momento de
escoger su escenario espacial; a su juicio, la biisqueda de la correlación: espacio/
En términos de prevención, entendida ésta en su acepción genuina delito tendría más interés que los tradicionales mapas de áreas. Vid. supra. Cap.
(prevención primaria), lo deseable es que el Estado «social» vuelque XVI, 7.
^^^ La literatura cientíñca al respecto es ya amplísima. Vid.: Novelles Approches de
todos sus esfuerzos, positivamente, en favor de las áreas geográficas Criminologie Clinique (sous la direction de OTTENHOF, R., et PAVARD, A.M.),
deprimidas, mejorando la calidad de vida en ellas, el bienestar de sus Érés, págs. 84 y ss. (Études de Criminologie Urbaine); FAVARD, A.M., La prévention
dans la ville, en: Ármales de Vancresson, n= 24 (1987), págs. 101 y ss.; LEMAITRE,
• í,!/ A., Recherches sur l'insécurité urbaine et sa prévention, Revue Internationale de
218 1 ^,, .''WÍHÍ l^'íj'l ^if o u criminologie et de pólice technique, Vol. XLII, 2., 1989 (abril-junio), págs. 185 y ss.;
Cfr., supra, cap. XVI, 6.
219 FAVARD, A.M., Observatoire permanent et prévention situationnelle, en: Revue
Vid., con relación al «Chicago Área Project», VOLD, G.B., Theoretical Criminology,
science criminelle, 2,1989 (abril-junio), pág. 380 y ss.; GAZZOLA, A., La prévention
cit., pág. 196 y ss.; y en cuanto al Proyecto de Boston: MILLER, W.B. (The Impact
de la déviance en milieu urbain, en: Revue Internationale de Criminologie et de
of a «Total Community Delinquency Control Project», en: Social Problems, 1962,10,
pólice technique, vol. XLI, 1988 (octubre-diciembre), págs. 411 y ss.; REPETTO,
págs. 168 y ss.).
220 T.A., Crime Prévention through environmental policy, en: American Behavioral
Esta es una objeción reiterada que los posteriores estudios espaciales (Defensible Scientist, 20 (1976), págs. 275 y ss.; MAYHEW, P., Situational prévention: two
Space) dirigen a los teóricos de la Escuela de Chicago y, en particular, a los análisis proposals for research in the context of crime and public housing, en: Crime and
'ecológicos' (Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V., Delincuencia y sociedad, cit., págs. 208
Public Housing. Research and Planning Unit., Paper G. London: Home Office
y ss.).
(Hough and Mayhew edits.), 1982.
1048 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1049
diseño arquitectónico^^* para incidir positivamente en el habitat físico y
los escenarios criminógenos, sus edificaciones y anexos, remodelando
ambiental, procurando neutralizar el elevado riesgo criminógeno o
sobre otros parámetros la convivencia urbana. De u n a parte, se dificulta
victimario que exhiben ciertos espacios y modificar, también de forma
la comisión del delito («Target Hardening») mediante la interposición de
satisfactoria, la estructura «actitudinal» y «motivacional» del vecino o
barreras reales o simbólicas que incrementan el riesgo para el infractor
habitante de éstos^^^. :_ ^ __..,.__ — " « " ^ * * a v^i.* fié;9S^^\m Ja-s/t
..... i ; j . . ; potencial (vg. medidas dirigidas a mejorar las vías de acceso a los
Constando, pues, la significativa incidencia de los factores arquitec- recintos, los puntos de observación activa y pasiva, iluminación, etc.). De
tónicos, urbanísticos y ambientales^^e en la delincuencia ocasional o t r a , se f o m e n t a n a c t i t u d e s p o s i t i v a s en el v e c i n d a r i o , de
surge una nueva concepción prevencionista que pretende intervenir en responsabilización y solidaridad («sentido de comunidad»); actitudes
lí")"; L.\-t-\i ¿t \ imprescindibles para mejorar el rendimiento del control social informal
1,5 í. 1- •
...;. Por o t r a ;: ya que, según todos los indicios, las elevadas tasas de delincuencia no se
ü^otiv" de H«t,<v- explican sólo y exclusivamente por razón de las características físicas y
224 En cuanto a una intervención preventiva a través del diseño arquitectónico, vid.: arquitectónicas de ciertos espacios, sino por el anonimato y ausencia de
NEWMAN, O., Defensible Space, New York, 1972 (Macmillan); NEWMAN, O. y sentimiento de vecindad de sus habitantes que en parte genera el propio
FRANCK, K.A., The Effects of building size on personal crime and fear of crime, en: habitat urbano y que, desde luego, deteriora la efectividad del control
Population and Environment, 5 (1982), págs. 203 y ss.; SHAFFER, G.S. y social.
ANDERSON, L.M., Perceptions of the security and altractiveness of urban parking
lots, en: Journal of environmental Psychology, vol. 5., n- 4 (1985), págs. 311 y ss.; En definitiva, pues, se t r a t a de u n a arquitectura preventiva que
MAYHEW, P., Defensible space: The current status of a crime prevention theory,
en: The Howard Journal, 18 (1979), págs. 150 y ss.; FOWLER, F., Reducing aprovecha la selectividad espacio-ambiental del crimen urbano.
residential crime and fear: The Hartford neighborhood prevention program. ,^<05ípff'. Los programas de prevención menos ambiciosos persiguen simplemente neu-
Boston, Center for Survey Research, August., 1979; ÁNGEL, S., Discouraging ,ff B */ trallzar la peligrosidad de ciertos lugares (gasolinera, entidad bancarla, supermerca-
Crime Through City Planning, 1968, Berkeley,C.A.,Universityof California Press; aup do, parking, bloque de apartamentos, etc.) Incrementando las medidas de control y
GOMMER, R., Crime and Vandalism in University Residence Halls: a confirmation g'^ij, vigilancia de los mismos. Tienen un neto cariz policial (vg. asegurar la identificación
of defensible space theory, en: Journal of environmental Psychology, vol. VII, n - 1 , de extraños al Inmueble y visitantes —y el seguimiento ininterrumpido de éstos—,
1987 (marzo), págs. 1 y ss.; MCINNIS, P., BURGESS, G., HANN, R. y AXON, L., ' " V* el control del exterior desde el interior del recinto, potenciar el uso de los espacios
The Environmental Design and Management (EDM). Approach to Crime Prevention - u n ; anexos, etc.). Distribución o reparto de los recursos económicos de un determinado
in Residential Environments (Program Branch User Report, n° 1984-84). Solicitor espacio urbano, accesibilidad al mismo y posibilidades de vigilancia u observación,
General of Canadá, 1984; PHELAN, G.F., Testing Academic Notions ofArchitectural activa y pasiva, que éste ofrece son los factores más relevantes cuya remodelación
Design for Burglary Prevention. How Burglars Perceive Cues in Suburban pretenden aquellos programas. _ , _;_
Apartment Complexos. Documentación presentada a la reunión anual de la
American Society of Criminology, Atlanta. Georgia, 1977; POYNER, B., Design
Against Crime: Beyond Defensible Space, Cambridge, 1983, Cambridge University A muchos de estos programas me he referido ya al examinar las
• Press; WILLIAMS, J.E., Hall, Criminology and Criminal Justice, Butterworths. propuestas concretas o estrategias preventivas que sugieren las llama-
London (1982), págs. 233 y ss.; FREHSEE, Fórdert der moderne Stádtebau die das teorías «situacionales» de CLAEKE y otros^^^ Dichas estrategias
' Kriminalitát, en: Ist Straffalligkeit vermeidbar. Moglichkeiten der General
perseguirían cuatro objetivos: incrementar en la percepción del infractor
pravention, 1982, Bochum (edit. Kury); KUBE, Stadteban, Wohnarchitektur und
Kriminalitát. Pravention statt Reaktion, 1982, Heidelberg. potencial el esfuerzo necesario para cometer el delito y la dificultad de
^^^ A este propósito, vid., CLEMENTE DÍAZ, M., La orientación comunitaria en el llevar a cabo ésta con éxito (lo que se podría conseguir mediante
estudio de la delincuencia, cit., págs. 396 y ss. (refiriéndose, en concreto, a la obra instalación de barreras físicas que entorpecen los planes y objetivos del
de NEWMAN). delincuente; mediante el control de accesos a través de obstáculos
Sobre la influencia de factores 'ambientales' en el comportamiento humano, vid. materiales, personales o técnicos; mediante la desviación de transgresores
' Introducción a la Psicología ambiental (Compilación de JIMÉNEZ BURILLO, F. y
1 ARAGONÉS, J. I.), Madrid, 1986 (Alianza Editorial), capítulos VII (calor, frío, y con el control de aquellos instrumentos que suelen utilizarse en la
iluminación, radiaciones, etc.), VIII (estímulos sonoros, ruido), IX (medio físico
' 'construido', vivienda y diseño de edificios), XI (problemas sociopsicológicos del ./•);-'rifí^)í! )• if'/AM , — X -
' medio urbano), XII (diseño arquitectónico y barreras ambientales: espacios públi-
cos y habitat), XIII (estrés ambiental). ) fV^W
Vid. supra 3.c).d'. (en este mismo capítulo). 'TWÍ ,Y.^to
1050 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1051
ejecución del delito; incrementar el riesgo inherente a la comisión del Estos programas, aún a pesar del enfoque microscópico que les
delito (con el control de entradas y salidas, con la llamada vigilancia caracteriza (frente a los programas de área geográfica), saben aprove-
formal, con la de los empleados, y con la vigilancia natural que depara char la relevancia criminógena de ciertos espacios físicos para diseñar
el propio habitat, etc.); reducir las ganancias o recompensas derivadas una intervención preventiva y eficaz contra el delito. Ya que éste busca
del delito, los beneficios y expectativas que el infi-actor asocia a su selectivamente determinados espacios físicos (y prueba de ello son las
comisión (lo que se conseguiría bien desplazando el objetivo, bien «correlaciones estadísticas» constatadas), los programas examinados
marcando la propiedad del objeto para impedir su reventa y facilitar la tratan de remodelar el habitat urbano, neutralizando la peligrosidad de
recuperación del mismo, bien inutilizándolo para su posterior uso por el aquéllos. Más allá de u n a mera arquitectura defensiva, los más ambicio-
infractor). Una última estrategia, de distinta naturaleza, perseguiría sos persiguen u n a remodelación de la propia convivencia urbana, puesto
incrementar los sentimientos de culpabilidad del delincuente a través, que el anonimato, la indiferencia, la masificación y la insolidaridad que
por ejemplo, de campañas que refuercen la condena moral de su caracterizan a la gran ciudad de nuestro tiempo, debilitan sensiblemen-
conducta, que sensibilicen a la sociedad o que premien positivamente el te la efectividad del control social. El crimen, sin duda, es muy selectivo
comportamiento conforme a las normas de conducta. al escoger el espacio 'físico' propicio. Pero lo cierto es que la gran urbe
Otros, sin embargo, asocian los objetivos prevencionistas a una actual, que aglomera masas de individuos anónimos, sin vínculos, ni
efectiva reestructuración del habitat urbano. Reclaman mejoras de raíces, ni conciencia de vecindad, ni identificación o apego a su habitat,
infraestructura, servicios y equipamiento; la adecuada división y ni positivas relaciones interpersonales, constituye un 'escenario social'
reordenación del territorio, aledaños y zonas colindantes; y precisas particularmente idóneo. Porque a las características arquitectónicas del
«barreras simbólicas», o reales que definan u n espacio como «público», espacio físico se añaden u n a determinada estructura y organización
«común», o «privado», delimitando sus respectivas fronteras^^®. Van, social que genera específicas actitudes, motivaciones y comportamien-
pues, mucho más allá de una estrategia puramente defensiva, ya que tos en quienes integran dicho escenario (delincuente, víctima, especta-
intentan conseguir un cambio cualitativo en las actitudes individuales dor o testigo del delito, etc.) ciertamente funcionales para el éxito del
(«sentido de comunidad») y en el propio modelo de convivencia urbana, suceso criminal.
más comunicativa y solidaria, reclamando un activo compromiso «comu- Con todo ello, no debiera olvidarse que los programas analizados más
nitario» en la prevención del crimen^^^. que prevenir el delito dificultan su comisión o desplazan la misma hacia
otros lugares. Y que, por tanto, no son programas de prevención 'prima-
1 í'
ria', pues las raíces últimas del crimen permanecen intactas. Tienen,
además, u n a inmanente vocación represiva que pronto se impone,
228 Para una exposición más detallada de la obra de NEWMAN y de los numerosos sustituyendo a la imprescindible intervención social.
estudios espaciales de orientación preventiva, vid., supra. cap. XVI, 4 y ss.
(investigaciones de Kube, Cherry, O'Donnell y Lydgate, Booth, etc.). ; ; í l ' Pero tampoco se debe sobredimensionar la capacidad preventiva de estos
^^^ Siendo el crimen un problema «comunitario», nada más lógico que requerir un serio programas espacio-ambientales. Un concepto monolítico de espacio, por de pronto,
compromiso de la propia comunidad para su prevención. Cfr., al respecto: FAVARD, basado en datos exclusivamente físicos con desprecio de la dimensión social del
A.M., VEUNAC, M., y CASTAIGNEDE, J., Participation communautaire á la medio, resulta insatisfactorio. Es menester ponderar, también, variables sociales
prévention de la délinquance. Conditions de mise en oevre et d'effectivité, 1987 (vg. estabilidad, composición y organización del vecindaho)^^". Las investigaciones
. (Roneo); LEWIS, D. y SALEM, G., Community crime-prevention. An Analysis of a sobre el «defensible Space», además, parecen poco concluyentes al ocuparse de
developping strategy, en: Crime and Delinquency, 1975; Crime Prévention Issue, dimensiones muy aisladas: muchas de las variables contempladas por Newman
por: Cantrell, B. (A Commitment to Crime Prévention); SUNDERLAND, G.B. (The
Community: APartner in Crime Prévention), CROWE, T.D. (An Ounce of Prévention:
' A New Role for Law Enforcement) y COTTER, B.J. (The FBI's Dual Approach to
Crime Prévention), en: FBI Law Enforcement Bulletin, 1988 (octubre), vol. 57, GARRIDO GENOVÉS y VIDAL DEL CERRO, M.B., Ñau Llibres, 1987, Valencia,
núm. 10, págs. 2 y ss.; DAVIDSON II, WILLIAMS, S. y ROBINSON, M.J-, págs. 107 y ss.); WRIGHT-DIXON, Community Prévention and Treatment of
Psicología comunitaria y modificación de conducta: un programa comunitario para Juvenile Delinquency. A Review of Evaluations, en: J. Rescrim, 1977, págs. 35 y ss.
la prevención de la delincuencia, en: Journal of Corrective Psichiatry and Behavioral 230 Cfr., GARRIDO GENOVÉS, V. (citando las conclusiones de BOOTH), Delincuencia
Therapy, 1975, 21, págs. 1 y ss. (en: Lecturas de Pedagogía Correccional, por y sociedad, cit., pág. 221.
WST ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1053
(«Defensible Space»), por ejemplo, apenas inciden significativamente en las osci-
Ahora bien, la noción de «prevención comunitaria» es poco precisa. En un
j, laciones de la delincuencia, según advierten numerosos análisis de regresión
sentido amplio, se habla^^^ de prevención, «basadaeniacomunidad», incluyendo en
^ múltiple^^^ En cuanto a los programas que persiguen dificultar la comisión del delito
i'^ («Target Hardening») mediante el adecuado diseño arquitectónico y urbanístico la misma tres «submodelos»; prevención sobre los ambientes de riesgo o áreas
JS cabe reiterar la objeción dirigida, en general, a todos los programas estrictamente criminógenas, prevención situacional y prevención comunitaria, en sentido estricto.
.s espaciales: que no previenen el delito, lo desplazan hacia otras áreas menos En su acepción más precisa, sin embargo, prevención «comunitaria» se opone,
gnkg protegidas, dejando intactas las raíces profundas del problema criminal; y que tienen precisamente, a prevención «situacional». Prevención comunitaria quiere decir,
f • una inspiración policial y defensiva, no etiológica. para algunos, prevención «integradora», «incluyente», que rechaza el castigo y
propone alternativas reconciliatorias y de reforma sociaP^^ concepto en todo caso
difuso, que enlaza con el de solidaridad y control colectivo^^^. Para otros, no obstante,
prevención comunitaria es sinónimo de «seguridad de la comunidad» («community
y. Programas de orientación «comunitaria» safety»), expresión que evoca el problema de las relaciones entre el poder estatal
y la sociedad civil y la colaboración de lo público y lo privado, lo central y lo local^^".
El marcado giro «comunitario» es una de las tendencias más caracte- Se discute, incluso, si el concepto de comunidad (participación de la comunidad)
rísticas de la moderna Criminología empírica. El crimen se define como debe entenderse como «medio» o como «fin»^^^ y si aquel equivale a «altruismo
«problema comunitario», la prevención del delito como «prevención organizado» o a «convivencia local».
A la idea de una «prevención comunitaria» y a programas de esta naturaleza se
comunitaria» y la intervención en el mismo, también, como «interven- refieren, desde perspectivas ideológicas diferentes, numerosos teóricos. Así, desde
ción comunitaria». Más aún: el concepto de comunidad ha llegado a el llamado nuevo «realismo radical», MATTEWS, subraya la necesidad de desarro-
convertirse en un recurso simbólico para el control social contemporá- llar nuevas formas de policía locales, controladas democráticamente^''", sustituyen-
neos^^: se habla de «policía comunitaria»^^^ de «justicia comunitaria», etc, do la tradicional policía «de estilo militar» por otra policía de base «comunitaria»
etc. «community policing»). También algunos representantes del «comunitarismo»,
como BRAITHWAITE y PETTITse manifiestan escépticosrespectoalacriminalización
y apelan a la prevención del delito a través de la construcción de la conciencia de los
Acertadamente, FAGET advirtió que asistimos a una transformación ciudadanos, los movimientos sociales y la comunidad, esto es, a un control social
del modelo penal represivo clásico en un modelo de integración social, dialógico y participativo dentro de una comunidad dotada de sentido^'''.
orientado hacia una política criminal participativa, anclada en una «i-;>.-
ideología de la inserción, la prevención, la individualización y la parti- En el futuro, sin duda alguna, estos programas cobrarán un creciente
cipación de la comunidad^^*. Prevención, pues, y comunidad son concep- protagonismo y efectividad. En definitiva, son los que asumen con mayor
tos necesariamente interrelacionados. Hasta el punto de que ya no
coherencia la naturaleza social y comunitaria del problema criminal y
puede comprenderse la prevención del crimen en un sentido 'policiaV, ni
los que ensayan, con un realista y operativo enfoque local, casi domés-
siquiera 'situacional', desligada de la comunidad: la prevención es
prevención comunitaria, prevención «en» la comunidad y prevención tico, fórmulas proactivas, participativas y solidarias para abordarlo. La
«de» la comunidad. Reclama una movilización de todas las fuerzas vivas, prevención, en ellos, tiene un contenido positivo, no negativo ni
una dinamización social, y una actuación o compromiso de todas ellas en
el ámbito local.
^^'^ Así, GARRIDO GENOVÉS, V./LÓPEZ LATORRE, M^ J., La prevención de la
delincuencia. El enfoque de la competencia social, Valencia (1995), Tirant lo
Blanch, págs. 331 y ss.
Como advierte BOOTH (The Built environment as a crime deterrent. A
'^^^ Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 79.
232 reexamination of defensible space, en; Criminology, 18 (1981), 4, págs. 557 y ss.
^^'^ Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 127.
233 Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., págs. 127 y ss.
^^* Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora..., cit., pág. 130. «Se pasa
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., págs. 127, nota
de la prevenció^ituacional —dice la autora citando a HUGHES—, como elemento
326, citando a GOLDSTEIN, BITTNER, SIMONy FEELEY, SKOLNICKy BAYLEY,
de gestión, a una prevención multiinstitucional que invoca la participación de toda
McLANGHLIN, MARTIN, NORMANDEU, FIELDING y otros. Contraponiendo
la comunidad en la lucha contra el delito».
un concepto «militarizado» de policíay un concepto «comunitario», vid.: MATTHEWS,
2^3 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora..., cit., pág. 128, citando
R., Crime Prevention. Disorder and Victimisation: Some Recent Western
a NELKEN.
234 Experiences, International Journal of Sociology of Law, 1994 (22), págs. 87 y ss.
2*" Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 72.
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 127.
^*i Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 78. .
TÜ5T ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1055
, Por tanto, la prevención eficaz de la criminalidad de jóvenes y voca el éxito económico, rápido, fácil y mediocre, no asociado al esfuerzo
menores obliga a dirigir la mirada hacia la sociedad de los adultos: hacia personal digno, de algunos adultos supuestamente triunfadores.
los modelos y pautas de conducta de ésta, hacia su marco de valores c) Criminalidad subcultural y rearme axiológico positivo. E n térmi-
«oficiales» o «subterráneos». Algunos de estos valores, modelos y pautas nos de prevención, no se t r a t a sólo de evitar mensajes sociales
de conducta son inequívocamente criminógenos (vg. violencia, corrup-
antipedagógicos, de neutralizar los valores negativos, sino de llevar a
ción, insolidaridad, etc.), de suerte que el magisterio social ejerce una
cabo u n magisterio positivo: de aportar al joven y al menor pautas de
labor antipedagógica. Lo mismo sucede cuando se percibe u n flagrante
'conducta y modelos que den un sentido a su existencia, de ofrecerle
divorcio entre los valores sociales «oficiales» y los «subterráneos» que la
alternativas e incentivar su compromiso y participación. Pues muchas
propia sociedad practica: las contradicciones generan, siempre, actitu-
de las conductas irregulares de estos infractores son conductas
des negativas y lecturas perversas incluso de modelos inobjetables.
subculturales, esto es, simbólicas: significan —o quieren significar— la
Sólo, pues, u n a profiínda revisión de los valores sociales proclamados huida, la evasión activa de u n a sociedad cuyo orden de valores no
y vividos por la sociedad adulta garantiza la prevención eficaz de la comparte el joven; o incluso el rechazo abierto y la rebeldía hacia las
criminalidad de jóvenes y menores. La modificación radical de ciertos pautas de conducta y actitudes oficiales de la sociedad adulta. Es
comportamientos de los adultos, de determinados ejemplos, será a decisivo, pues, que la sociedad adulta sepa ofrecer u n a sugestiva
medio o largo plazo, la estrategia preventiva más duradera y estable. alternativa de valores al joven y que éste pueda optar a favor de la
participación y el compromiso por el cambio social, en lugar de supuestas
b) Aprendizaje ohservacional y mensajes antipedagógicos. La socie-
actitudes de pretendida rebeldía o improductivo nihilismo que debieran
dad adulta debe evitar ciertos mensajes equívocos, susceptibles de una
lectura criminógena por el joven o menor. Hjatmif^ir desmitificarse. ISÍJtí i 0 1 ! U Q l t > l 4 U A K M J I S » \ t í J í s U Í S l J i!K y j . j p U V I Ü l J í
Si la adquisición de habilidades cognitivas ha demostrado ser una Por EOSS, ROBERT R., FABIANO, E. y GARRIDO GENOVÉS, V., en: Delincuen-
eficaz técnica de intervención resocializadora, porque aisla al delincuen- cia, 1990, n^ 1 (monográfico), págs. 71 y ss.; ROSS, ROBERT, R., Prevención de la
•-.;.í;jr-") ••d'iífu -an-.>K-rjf-:_,"'jf ji! •-;. •; delincuencia a través del entrenamiento cognitivo (en: Lecturas de Pedagogía
íh [v.-júinu
correccional, cit., págs. 135 y ss.).
258
En este sentido, ROSS, ROBERT, R., FABIANO, E. y GARRIDO GENOVÉS, V., El
^^^ Sobre estos programas psicosociales, de orientación cognitiva, vid. El pensamiento pensamiento prosocial, cit., pág. 93.
259
prosocial. El modelo cognitivo para la prevención y tratamiento de la delincuencia. Cfr., ROSS, ROBERT, R., FABIANO, E y GARRIDO GENOVÉS, V., El pensamien-
to prosocial, cit., págs. 93 y ss. .c.!.,i.(.,,,,<..Gb -..Í,I,J ,,.,..„„.,,,«,«-
1064 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1065
«sustitutivos» penales: ensayan fórmulas alternativas a la intervención tos— la pena privativa de libertad de corta duración, ni la intervención del control
drástica del sistema legal (en conflictos poco graves) para liberar al social formal. De otra parte, cabe apreciar un giro cualitativo en la orientación de
infractor del indeleble impacto estigmatizador de aquél. algunos de estos programas: que tratan de producir un efecto positivo en el infractor
(actitudinal, motivacional), en lugar de configurarse negativamente, con la sola
Aunque todos estos programas se enfrentan demasiado tarde con el pretensión de evitar el impacto estigmatizador del sistema legal (vg., programas de
problema criminal (dado que presuponen la «desviación primaria») negociación y conciliación delincuente-víctima, de reparación del daño a través de
tienen verdadero interés desde el punto de vista preventivo porque prestaciones personales o de trabajos en favor de la comunidad, etc.); o dar una
última oportunidad al infractor. Son, pues, más ambiciosos.
seleccionan un destinatario perfectamente identificado, controlado; y
porque dicho destinatario exhibe elevadísimas tasas de reincidencia. A - n o í'\nwy íl^r» ^p
lo que se añade u n dato peculiar del perfil de la criminalidad urbana de
b') Programas de intervención
nuestro tiempo, que avala la eficacia preventiva de intervenciones de
estas características: en la gran ciudad, no hay tantos delincuentes como
Un segundo subgrupo de programas pretende producir u n efecto
delitos se cometen, sino bastantes menos; lo que sucede es que aquéllos
reinciden mucho. resocializador en el penado, con el objeto de que no reincida, a través de
una intervención (tratamiento) en el mismo. La finalidad específica de
Qj&^ ííj |íj>|xi9ffí:|fíü^i,,.Sv*afíaP.r'iOJxí3loí:V;/.,aD3 '-•••' dicha intervención es pedagógica o terapéutica, no preventiva; (el
impacto preventivo se produce, pues, de forma mediata, extrínseca).
a') Programas que articulan mecanismos alternativos a la interven-
ción del sistema legal o que mitigan ésta Técnicas de intervención en el medio penitenciario existen innume-
rables^'^^ bien de psicoterapia (métodos analíticos, psicodrama, terapia
Parten de un postulado del «labeling approach» de relativa eviden- familiar, análisis transaccional, grupos de encuentro, terapia corporal,
(,^^260. q^g i^ intervención de las instancias «oficiales» del control social terapia de realidad), bien de modificación de conducta (técnicas aversivas,
formal es siempre negativa, estigmatizadora, pues genera la carrera basadas en el control de contingencias, de modelado, de habilidades
criminal del infractor sellando definitiva y ritualmente su condición sociales, de intervención cognitivo-conductal, etc.).
irreversible de «desviado» («desviación secundaria»). E n buena lógica, Particular interés tienen las técnicas orientadas a la prevención
entonces, se sugiere reemplazar la intervención del sistema legal por siguiendo el modelo cognitivo. Parten de estudios empíricos que parecen
otros mecanismos que eviten dicho impacto criminógeno: o que lo haber detectado significativas carencias o disfunciones en procesos
mitiguen. No otro es el origen de la libertad vigilada bajo prueba cognitivos del infractor. Fracasa, en éste, la llamada cognición
(«probation») o bajo palabra («parole»); de los sistemas de apoyo al interpersonal, el control de sí mismo y de la impulsividad, el pensamien-
i n f r a c t o r p r i m a r i o («advocacy»), de i n s e r c i ó n o r e i n s e r c i ó n to abstracto y la percepción social. El delincuente, por ello, exhibe una
(«reintegration»), de asesoramiento («counseling»); y, en general, de los poderosa rigidez cognitiva, un inequívoco «locus de control externo»,
sustitutivos («diversión»): arresto fin de semana, días-multa, trabajos a bajos niveles de autoestima y acusado «egocentrismo»^^^.
favor de la comunidad, reparación del daño y conciliación («restitution»),
etc., etc. ".'\'-'.,','. ,! .,'.V;^ ' ,, ' ^'''''"" "'" ';""'""-: "^ En consecuencia, se pretende neutralizar tales limitaciones cognitivas
con un variado espectro de técnicas de solución de problemas, de
Naturalmente, el ámbito de aplicación de estos programas es muy limitado:
habilidades sociales, de control emocional, de razonamiento crítico, de
suelen reservarse a los infractores primarios, jóvenes y a conflictos de escasa
gravedad, pues no cabe sustituir con carácter general —y para todos los supues- • i/\4 {--. t ri <•
"'B íqffíoínt:-» odob xióbrrovs-íqis.
(:-;:••• 1 ñi.ir.
agíiCJ-joa'í,-
261
Cfr., CLEMENTE DÍAZ, M. y SANCHA MATA, V., Psicología Social y Penitencia-
" El efecto necesariamente estigmatizador de la intervención del sistema legal es un
ria (Ministerio de Justicia o Escuela de Estudios Penitenciarios). Madrid, 1989,
postulado polémico del «labeling approach»; un examen más riguroso de las
págs. 105 a 129. Sobre el tema, vid., infra., capítulo XXV (Parte Quinta) de esta obra,
premisas del «labeling approach», en esta misma obra, supra, cap. XX. Sin
apartado f).
necesidad de compartir tales presupuestos doctrinales, los sistema de «diversión» 262
mantienen tesis semejantes. Vid., ROSS, EOBERT, R., FABIANO, E. y GARRIDO GENOVÉS, V., El pensa-
miento prosocial, cit., págs. 22 a 31. .,,,-, , „, ,., i,,,jau,H:j,,, u^u i.,-¡i;.jAy m ,.i»i»;
1066 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1067
desarollo de valores, de habilidades de negociación, de pensamiento
creativo^^^, etc. comunitario. Se trata de un compromiso solidario de la comunidad —no
gólo del sistema legal y las agencias oficiales de éste— que moviliza todos
gus efectivos para solucionar un conflicto doloroso. El protagonismo y
liderazgo de dicha intervención corresponde a la comunidad.
^ . B A S E S D E UNA M O D E R N A POLÍTICA CRIMINAL D E
P R E V E N C I Ó N D E L DELITO 6. La prevención del delito implica prestaciones positivas, aportacio-
nes y esfuerzos solidarios que neutralicen situaciones carenciales,
Una moderna política criminal de prevención del delito debe desean- • conflictos, desequilibrios, necesidades básicas. Sólo reestructurando la
sar sobre las siguientes bases: ,,.,»jtt«*/o^Mífe convivencia, redefiniendo positivamente la relación entre sus miembros
—y la de éstos con la comunidad— cabe esperar resultados satisfactorios
1. El objetivo último, final, de u n a eficaz política de prevención no es en orden a la prevención del delito. Una prevención puramente «nega-
erradicar el crimen, sino controlarlo razonablemente. El total extermi-
tiva», cuasipolicial, sobre bases «disuasorias» carece de operatividad.
nio de la criminalidad y las cruzadas contra el delito son objetivos
utópicos y poco realistas que pugnan con la «normalidad» del fenómeno 7. La prevención del delito, la prevención científica y eficaz del delito,
criminal y la de su protagonista. ., ^ . a-i-.^., presupone una definición más compleja y matizada del «escenario»
criminal, y de los factores que interactúan en el mismo. Requiere u n a
2. En el marco de un Estado social y democrático de Derecho, la estrategia coordinada y pluridireccional: el infractor no es el único
prevención del delito suscita inevitablemente el problema de los «me- protagonista del suceso delictivo, puesto que otros datos, variables y
dios» o «instrumentos» utilizados, y el de los «costes» sociales de la
factores configuran éste. Los programas de prevención deben orientarse
prevención. El control exitoso de la criminalidad no justifica el empleo
selectivamente hacia todos y cada uno de ellos (espacio físico, habitat
de toda suerte de programas, ni legitima el elevado coste social que
urbano, colectivos victimarios, clima social, etc.). Pero u n a prevención
determinadas intervenciones implican.
estrictamente «situacional» no basta.
3. Prevenir es más que disuadir, más que obstaculizar la comisión de 8. Se evita, también, delito previniendo la reincidencia. Pero, desde
delitos, intimidando al infi:'actor potencial o indeciso. Prevenir significa luego, mejor que prevenir «más» delito, sería «producir» o «generar»
intervenir en la etiología del problema criminal, neutralizando sus menos criminalidad. Dado que cada sociedad tiene el crimen que merece,
causas. Contramotivando al delincuente (con la amenaza de la pena, o una política seria y honesta de prevención debe comenzar con u n sincero
con un sistema legal en excelente estado de fiancionamiento) quedan esfuerzo de autocrítica, revisando los valores que la sociedad oficialmen-
aquéllas intactas, no se atacan las raíces del problema sino sus síntomas te proclama y practica. Pues determinados comportamientos crimina-
o manifestaciones. Lo que no basta. >-^fm'^ ífíM'-M^WM **' '. ^ •'" les, a menudo, entroncan con ciertos valores (oficiales o subterráneos) de
4. La efectividad de los programas de prevención debe plantearse a la sociedad cuya ambivalencia y esencial equivocidad ampara «lecturas»
medio y largo plazo. Un programa es tanto más eficaz cuanto más se y «realizaciones» delictivas. En todo caso, la Política Social es un
aproxime etiológicamente a las causas del conflicto que el delito exterio- excelente y eficaz instrumento preventivo.
riza. Los programas de prevención «primaria» son más útiles que los de
prevención «secundaria», y éstos que los de prevención «terciaria».
5. La prevención debe contemplarse, ante todo, como prevención «social»
y «comunitaria», precisamente porque el crimen es un problema social y
soicíirfiáüfi'glft: iéríqrttí'^-^ ••
ácírt<Sfííó%ifes sofoe^agsi iBt&qm BÜBO—b^blmimooBl no'> mz
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Parte quinta:
MODELOS DE REACCIÓN AL DELITO
E INTERVENCIÓN
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^n
Ca]?ííM/o XXIV:
1. INTRODUCCIÓN
,N
La Criminología analiza el fenómeno delictivo y sus formas de
aparición {fenomenología criminal); lo describe y explica con sus técnicas
Olla e instrumental; hace un diagnóstico causal, científico y etiológico del
mismo, examinando los diversos modelos teóricos explicativos de este
^^' .5 JVld^Nr 4K¿i i, Vil A doloroso problema social y comunitario (etiología criminal); y aporta u n a
valiosa información, empíricamente contrastada, en orden a la preven-
ción eficaz del delito.
Pero a la Criminología científica corresponde, también, u n a ulterior
función que se estudia en el presente Capítulo: evaluar la respuesta
social y legal al delito, ponderando la calidad de la intervención que los
diversos sistemas existentes arbitran, sus presupuestos, fundamentos
y efectos.
Dicha evaluación de los sistemas, modelos y paradigmas de respuesta
al delito parte hoy del necesario reconocimiento de dos postulados
criminológicos, que gozan de amplio consenso científico, relativos a la
propia comprensión del crimen como problema social-comunitario jala
pluralidad de expectativas, individuales y sociales, antagónicas, que
aquel genera. ñk/s* .•:7Wt.--.í';--^ ^, ; , ? , • • ;., >. 5 Í.
El primero, esto es, la concepción del crimen como problema social y
comunitario^ (no como mero fenómeno patológico, lacra, epidemia o
castigo del cielo, según gráficas metáforas) obliga a valorar los méritos
de un sistema no sólo en función de su supuesta efectividad, sino de otros
parámetros. Parece obvio que ni la capacidad disuasoria (crimen evita-
do), ni el rendimiento efectivo de un sistema (crimen castigado) deben
considerarse indicadores determinantes de la calidad de éste, si cierta-
mente se admite que el crimen es un doloroso pro6Zema social, comuni-
íi:rs.:.
'ÍL-
Vid. en esta misma obra, supra, cap. II, d).
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1073
tario, y que, como tal, debe ser tratado. El sistema, pues, mejor, el más
saludable, no abandera cruzadas ni guerras santas contra el delito, ni objetivo primario cuya satisfacción, se supone, produce un saludable
persigue su erradicación de la faz de la tierra —ni el exterminio de] efecto disuasorio y preventivo en la comunidad.
infractor— sino que articula un control razonable del crimen, con el
menor coste social posible. Idea fórmulas y mecanismos que permitan a) Sus postulados mmfmmm^^^^m.mm%fi-
abordar este doloroso problema y resolverlo satisfactoriamente. Encau-
za y da salida a las tensiones y antagonismos que el citado conflicto C o b e r t u r a n o r m a t i v a completa, sin fisuras, de claro sesgo
(interpersonal y comunitario) exterioriza. xntimidatorio; maquinaria legal bien dotada, eficaz e implacable; y
sistema en perfecto estado de funcionamiento que aplica con rigor y
El segundo postulado tiene, también, importantes consecuencias, en
prontitud las penas, demostrando la seriedad de las conminaciones
orden a la valoración de la respuesta al delito. Pues si el crimen no se
legales, son los pilares del modelo clásico de respuesta al delito.
concibe a modo de duelo simbólico entre Estado e infractor, sino como
conflicto real que implica a una pluralidad de protagonistas^, con sus En consecuencia, prevenir eficazmente la criminalidad a través del
legítimos intereses y expectativas, lógicamente entonces la bondad del impacto disuasorio del sistema constituye el «leit motiv» de este paradig-
sistema de reacción al delito no vendrá dada sólo, ni de forma prioritaria, ma en el que cualquier otro objetivo (vg. la reparación del daño causado
por el grado de satisfacción de la pretensión punitiva del Estado (castigo a la víctima, la resocialización del infractor, etc.) pasa necesariamente
del delincuente). Habrá que ponderar, además, las justas expectativas a un segundo plano.
de la víctima (reparación del daño), del propio infractor (resocialización),
de la comunidad (pacificación de las relaciones sociales), etc. Reparación b) Críticas a d i c h o m o d e l o ^ fH;*#st?
del daño causado, resocialización del infractor y pacificación de las
relaciones sociales son, pues, metas irrenunciables de cualquier sistema Como se ha apuntado ya en su lugar^, este modelo ofrece numerosos
de respuesta al delito y h a n de ser tenidas en cuenta en el momento de reparos.
evaluar la calidad de la intervención en este complejo problema social.
En primer lugar, porque opera con u n a imagen extremadamente
A tal efecto, y desde un punto de vista criminológico, cabe distinguir
simplificadora del mecanismo disuasorio y preventivo, desconociendo
modelos o paradigmas de respuesta al delito según el objetivo que
que el impacto psicológico de la pena no es u n a magnitud uniforme,
prevalece en cada sistema: el disuasorio (prevenir la criminalidad), el
homogénea, lineal, sino relativa, circunstancial, diferenciada, no sus-
resocializador (reinsertar y rehabilitar al infractor) y el integrador ceptible de juicios ni pronósticos generalizadores.
(reparación del daño, conciliación y pacificación de las relaciones socia-
E n segundo lugar, porque los modelos disuasorios —por el
reduccionismo que les caracteriza— suelen experimentar una peligrosa
inercia que se traduce en fórmulas de rigor desmedido. Dichaperversión
del sistema se acentúa cuando unos y otros identifican conceptualmente
el efecto «disuasorio» y «preventivo» de aquél y el efecto puramente
2 . EL M O D E L O «DISUASORIO» CLÁSICO í so i s naiafg «intimidatorio» de la pena; o cuando confunden «intimidar» y «atemori-
-'i' .3ü'íJ9i zar» o «disuadir» y «aterrorizar», evocando la vieja imagen crítica
El modelo clásico de respuesta al delito pone el acento en la preten- hegeliana del Estado que usa el castigo como pueda hacerlo el amo que
sión punitiva del Estado, en el justo y necesario castigo del delincuente, alza el bastón contra su perro''.
_ .., ....^,.,.....^ r;:j :íiip 9jrínx;s 98 s 1 X * > Xj-i,
í Á1 11 • U
^ En este sentido GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit. 4^ Ed., (Introducción). ^ GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, A., Derecho Penal. Introducción., Universidad
Parte Quinta, págs. 429 y ss. - ' •"' • Complutense. Servicio de Publicaciones, 2000, (29 Ed.), págs. 137 y ss.
* HEGEL, Rechtsphilosophie, 1821, pág. 99.
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1075
Por otra parte, existe hoy ya evidencia empírica irrefutable de que la
severidad del castigo (el rigor norainal de la pena) es sólo una de las ^gjxiporal y espacial de obligada referencia. Pero este análisis simplificador
variables que intervienen en el mecanismo disuasorio, pero no la única flue polariza su atención en la persona del delincuente y en la pretensión
ni la principal; de suerte que la eficacia preventiva, a medio y largo plazo punitiva del Estado, con lamentable marginación de los otros sujetos
de un sistema, no debe ponderar exclusivamente la intensidad de] implicados en el fenómeno criminal (víctima, comunidad, etc.) y de sus
estímulo aversivo (castigo): la naturaleza de la infracción, la personali- legítimas expectativas, carece de fundamento científico.
dad del infractor, la prontitud con que se imponga la sanción, el
Como es sabido^, la actual Criminología empírica profesa u n a imagen
rendimiento del sistema legal y percepción que del mismo tenga el
ciudadano, el grado de apoyo informal que se dispense a la conducta mucho más compleja, realista y dinámica del suceso delictivo y de los
delictiva, etc., son otras de las variables que influyen en el complejo factores que interactúan en el mismo. Frente al tradicional monopolio
proceso disuasorio®. ,. • , excluyente que ejerció la persona del infractor, cobra hoy un progresivo
protagonismo la figura de la víctima y se asigna u n rol muy activo a la
Todo ello, sin olvidar que la. prevención rectamente entendida tiene comunidad. Una y otra —víctima y comunidad— juegan un papel de
un profundo contenido social y comunitario. Que no puede circunscribir- notable relevancia tanto en la indagación de la génesis y etiología del
se, sin más, al mensaje intimidatorio, negativo y cuasi policial, de la crimen (modelos teóricos explicativos) como en el diseño de los muy
amenaza penal, ni a la intervención tardía y demoledora, implacable, de diversos programas de prevención de éste y de intervención en el
la maquinaria pesada del Estado''. Dicho de otro modo, incluso si debiera problema criminal. En consecuencia, si se respetan tales premisas,
ser evaluado un sistema atendiendo exclusivamente a su capacidad parece imprescindible acomodar el sistema a las exigencias de la víctima
disuasoria, no bastaría con ponderar el rigor intimidatorio de sus del delito y de la comunidad. Será necesario verificar si aquel da
sanciones y el grado de efectividad de éstas (mayor o menor cifra negra). satisfacción a las mismas: si propicia la efectiva reparación del daño que
¡Pues no se t r a t a sólo de castigar, de castigar pronto, de castigar bien, de el delito causó, si contribuye a la solución real de los conflictos y pacifica
castigar mucho! ; • ^". el clima social, las relaciones sociales, etc. Un sistema obsesionado por
colmar la pretensión punitiva del Estado, que exhiba la «fuerza victorio-
Por otra parte, cabe reprochar al modelo clásico-disuasorio su estre- sa del Derecho» sobre el culpable como instrumento preventivo-disuaso-
cha y sesgada visión del suceso delictivo. En efecto, según el mismo, el rio, intimida pero no convence, y potencia los conflictos en lugar de
crimen sólo expresa un enfrentamiento formal y simbólico entre Estado resolverlos.
e infractor (los dos únicos protagonistas del conflicto). La víctima, pieza
aleatoria, fungible, accidental, no cuenta, o bien ocupa una posición Finalmente, incluso desde u n punto de vista normativo, el modelo
marginal. Y la comunidad parece un «tercero» ajeno al drama, mero disuasorio clásico manifiesta serias limitaciones y carencias por su
espectador del mismo, que delega en el sistema legal para que éste incompatiblidad estructural con principios informadores del ordena-
aplique su severa cirugía. La comunidad —«la sociedad»— en el paradig- miento jurídico de diverso rango jerárquico que aquel desconoce o
ma clásico, es una mera abstracción, una figura retórica: el marco mediatiza. Así, por ejemplo, el m a n d a t o constitucional de la
«resocialización» del infractor (art. 25) o el régimen privilegiado de la
'"••'•••' ' ''" -''.i' i'iüii,; iii..»a j'-l);ffoijv (i :..ti.icn^ iu S.Ü «onoJfib': responsabilidad civil «ex delicio» (reparación del daño ocasionado por el
delito) que articula el Código Penal (artículos 109 y ss.)*^ como prueba del
^ Sobre el problema, ALVIEA MARTÍN, F., El efecto disuasorio de la pena, en:
Estudios penales y criminológicos, págs. 11 y ss. Santiago de Compostela (1984).
^ En este sentido, GARCÍA-PABLOS, A., Programas y estrategias de prevención del
delito, en: Kevista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, n- 79
(Madrid), 1992, pág. 158. P a r a un desarrollo matizado de la idea de prevención ' Vid. GARCÍA-PABLOS, A., Programas y estrategias de prevención del delito, cit.,
disuasoria o negativa y su crítica, incluyendo los «elementos positivos» de aquélla, pág. 146.
vid. ALVAREZ GARCÍA, Feo. Javier, Consideraciones sobre los fines de la pena en ^ El régimen privilegiado (reforzado) de la responsabilidad civil derivada del delito
el ordenamiento constitucional español. Granada (2001), Gomares, págs. 115 y ss. demuestra la importancia que concede nuestro ordenamiento a la reparación del
y 157 y s s . .l:i; 3 f ;j ^ll!-i,t urírro. daño padecido por la víctima del crimen. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Derecho Penal,
Introducción., cit., (2- Ed.) pág. 81.
TTTTT ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1077
interés prioritario del legislador por la víctima, ocupan en el modelo
disuasorio u n a posición puramente marginal. y ello, naturalmente, desde pretensiones más utilitarias que dogmáti-
cas, más realistas que doctrinarias. Dicho realismo ha llevado a ponde-
rar con rigor las investigaciones empíricas en torno a la pena privativa
de libertad convencional, que demuestran el efecto estigmatizante,
destructivo y a menudo irreparable (irreversible) de la pena reina, de la
3. EL M O D E L O O PARADIGMA «RESOCIALIZADOR» pena por excelencia, tomando sincera nota de la gravedad de esta
denuncia.
Un segundo modelo o paradigma subraya como objetivo específico y
prioritario del sistema (aunque no excluyente) la reinserción social del El modelo resocialízador asume, con todas sus consecuencias, la
infractor. E n virtud de un saludable giro humanista, el paradigma n a t u r a l e z a social del p r o b l e m a c r i m i n a l . El p r i n c i p i o de
resocialízador reclama u n a intervención positiva en el penado que corresponsabilidad y solidaridad social, enraizado normativamente con
facilite el digno retorno de éste a la comunidad, su plena reintegración las esencias del Estado (social) contemporáneo constituye el soporte
sociaP. teórico de la intervención penal positiva en el infractor" que se asigna
al sistema, entre otros objetivos, como meta primordial.
Ja Pues u n Estado «social» no puede conformarse con la aflictividad de
(^ 1'. Sus fundamentos teóricos. El modelo resocialízador, por su orien- las penas y el efecto disuasorio-preventivo de un engranaje legal en
itación humanista, traslada el centro de gravedad del debate sobre las perfecto estadxude funcionamiento: el castigo ha de ser útil, también,
/ funciones del sistema del efecto preventivo-disuasorio de éste a su para el infractor mismo. No hay castigo peor que el castigo inútil, ni
impacto positivo y bienhechor en la persona del penado. El hombre, actitud más rechazable que la de quienes en nombre de dogmas o
pues, y no el sistema, pasa a ocupar el centro de la reflexión científica: ficciones pseudolegitimadoras prefieren ignorar los efectos reales de la
lo decisivo —se piensa, con buen criterio— no es castigar implacable- pena.
mente al culpable (castigar por castigar, en definitiva, es un dogmatismo,
o una crueldad), sino orientar el cumplimiento y ejecución del castigo de El paradigma resocialízador propugna, por tanto, neutralizar en la
modo tal que éste pueda reportar alguna utilidad al propio infractor. medida de lo posible los efectos nocivos inherentes al castigo, a través de
una mejora sustancial del régimen de cumplimiento y ejecución de éste;
El paradigma resocialízador destaca, además, por su realismo^''. No' y, sobre todo, sugiere u n a intervención positiva en el penado que lejos de
le interesan los fines ideales de la pena, ni el delincuente abstracto, sino estigmatizarle con u n a marca indeleble le habilite para integrarse y
el impacto real del castigo, tal y como éste se cumple, en el penado participar el mismo en la sociedad, de forma digna y activa, sin traumas,
concreto de nuestro tiempo; no la pena nominal que contemplan los limitaciones ni condicionamientos especiales. No se trata, por supuesto,
Códigos, sino la que efectivamente se ejecuta en los actuales estableci- de alcanzar objetivos sublimes, conversiones milagrosas, ni cambios
mientos penitenciarios. Implica, pues, un giro hacia lo concreto, lo real, cualitativos de personalidad: no existe la pretensión oculta de hacer del
lo histórico, lo empírico, en el momento de evaluar la efectividad del delincuente u n «hombre nuevo», ni la perniciosa tentación que denun-
sistema y la calidad de la intervención de éste en el problema criminal. ciara William SARGANT: «la conquista de la mente humana»^^. Se t r a t a
—eso sí—, en interés exclusivo y real del penado, y contando con su
colaboración efectiva (no solo con su consentimiento formal)— de aplicar
^ Sobre la problemática de la re socialización, vid. La reseña bibliográfica que aporto
en: Estudios Penales, 1984 (Bosch), pág, 18 y ss. Sobre los conceptos de reeducación ?S."í (,• ítíí' íí-gísfl 41,1 t/í.M ^ M*-i VMi\nMhf?m
y reinserción social que utiliza el art. 25.2 de la Constitución española, vid.
ALVAEEZ GAECIA, Feo. J., Consideraciones sobre los fines de la pena en el " Vid. ROXIN, C , Strañ-echtliche Grundlagen Probleme, 1973 (Walter de Gruyter),
ordenamiento constitucional español, Granada, 2001 (Gomares), págs. 26 a 85. pág. 1 y ss. (especialmente págs. 24 y 25).
^° Vid. GAECÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 56 (trascendencia ^^ William SARGANT, W., La conquista de la mente humana. Fisiología de las
metodológica del paradigma de la resocialización). conversiones y del lavado de cerebro. Madrid, Aguilar, 1964 (traducción de Agustín
Santiago Luque). ;
•'M'l'ül^iu GAKOiA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1079
unas técnicas y terapias científicamente avaladas que faciliten la
posterior integración social del infractor, que no le limiten sino que / lucha contra las estructuras sociales, la radical no intervención del
potencien sus expectativas y posibilidades de participación social. ,- I Derecho Penal o su utópica supresión.
L
El ideal resocializador—y lallamadaideología deltratamiento—han
abierto un doble debate, de muy diversas características y pretensiones: a) De la «euforia» a la «crisis» del ideal resocializador. Una primera
un debate normativo— doctrinal, y un debate empírico. Ambos merecen aproximación al problema examinado desconcierta. ¿Cómo se pueden
un análisis por separado.
explicar posiciones doctrinales t a n enfrentadas en torno a u n a cuestión
2\El debate doctrinal sobre la resocialización del delincuente. La idea nuclear, fundamental? ¿Por qué, desde presupuestos ideológicos anta-
de resocializar al delincuente ha generado en la doctrina penal las gónicos, se coincide no obstante en la aceptación o en el rechazo de los
actitudes más dispares. Para unos, se trata de la anhelada alternativa objetivos resocializadores o se discrepa abiertamente desde credos
al retribucionismo y su fracaso implicaría un retorno inevitable hacia afines?^^ ¿No es extraño que la resocialización del infractor, meta tantas
éste. Así se expresa por ejemplo, K. PETERS, autor que simboliza la veces exaltada, genere hoy actitudes de escepticismo y desencanto,
lucha sincera por una ejecución humanitaria de las penas en Alemania llegándose a declarar por partidarios de la misma que «puede ganar
desde premisas liberal-conservadoras^^. Para otros, de un imperativo muchas batallas, pero ... ha perdido la guerra»?^^.
ideológico. Baste recordar las democracias populares, partidarias fervo- El concepto de «resocialización», en e f e c t o , ^ ambiguo e impreciso.
rosas y entusiastas de la resocialización del infractor —del cambio de la Aglutina, además, concepciones muy heterogéneas del hombre, y del
actitud interna de éste en el sentido de la moral socialista— precisamen- castigo, que solo coinciden en su hostilidad al retribucionismo. Pero,
te por coherencia con el humanismo socialista y la indispensable unidad precisamente por ello, por la calculada equivocidad de los lemas y
del Derecho y la Moral socialistas". Sin embargo, la idea de banderas, puede convertirse en u n a caja de sorpresas. A la clarificación
resocialización, como la de tratamiento, es radicalmente ajena a los de este término importado, no h a contribuido mucho su vertiginosa y
postulados y dogmas del Derecho Penal clásico, que profesa un acrítica recepción por el mundo del Derecho, que lo liberó paradójica-
retribucionismo incompatible con aquella^^. Y su legitimidad (la del mente de toda suerte de controles sobre el contenido real del mismo.
ideal resocializador) se cuestiona desde las más diversas orientaciones
científicas progresistas o pseudoprogresistas: la llamada Criminología Ahora bien, la polémica sobre la resocialización del delincuente no es
crítica, determinados sectores de la Psicología y del Psicoanálisis, una polémica vacía, academicista, meras palabras. Suscita, por el
ciertas corrientes funcionalistas, neomarxistas e interaccionistas, etc.,^'' contrario, los problemas más acuciantes del Derecho y obliga a replan-
etc. Algunos, incluso, afirman que la resocialización del delincuente es tear la función última de éste. ,
una mera utopía, un mito, un engaño; o, simplemente, una declaración \ • "-.(iro-'-'': i^-rtCif-ñím' H'-jí'i . i'íjrrp .g^nfefS )is^t'5iii ; ih tu.n
ideológica", progugnando entonces, como única alternativa válida, l a ^
b) Antirretribucionismo, concepción asistencial del Derecho y
neorretribucionismo. El pensamiento resocializador carece de un funda-
&nn¡A mento filosófico e ideológico unitario. Antes bien, en el mismo se
• mí.
»'í o b if/-ri n< refugian concepciones muy heterogéneas que solo comparten el común
rechazo de las tesis retribucionistas. Todas ellas, aunque por diversas
13 PETEES, K., Die ethischen Voraussetzungen der Resozialisierung und
Erziehungsvollzuges, en: Festschrift für E. Heinitz, zum 70 Geburtstag, 1972 razones, invocan la función resocializadora del castigo; tanto las
antirretribucionistas radicales, como las partidarias de u n a orientación
(Walter de Gruyter), págs. 501 y 515.
asistencial del Derecho o las neorretribucionistas moderadas, se alinean
" Así, STILLER, G., Grundfragen der erziehcrischen Wirksamkeit des sozialistischen
Rechts.Beider Gestaltung des entwickelten gesselschaftlichen Systems in der
DDE, en: Staat und Eecht, 1969, pág. 1437 a 1445.
!«.A I ; .
' ' Cfr. GAECÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 20. •HJ^.^mnim'
^'^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., págs. 58 y ss. ''=" '" ''• 1*^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 21.
" Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 20. - • '' - 19 PETERS, K., Die ethischen Voraussetzungen, cit., pág. 501.
1080 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1081
bajo el lema de la resocialización. Pero, en consecuencia, éste tiene en Por último, a la resocialización se apela también desde u n a determi-
cada caso un contenido diferente.
nada política criminal que persigue la coactiva adaptación del infractor
"'" Bajo la bandera de la resocialización militanj„en primer lugar, al statu quo mediante un Derecho Penal eficaz. Aunque dicho concepto
quienes profesan un antirretribucionismq^ dogmático) y apelan a la se contraponga al de retribución, se trata, sin embargo, de u n a versión
supresión del Derecho PeríáT clásico. La resocialización sería la alterna- moderna y actualizada del retribucionismo, ya que las pretensiones de
tiva a^ste^o. m&mñti»ñm'§mí éste de eficacia, defensismo y adaptación coactiva del delincuente se
.aseguran precisamente a través de los programas de resocialización,
._ '' Ahora bien, en el momento de delimitar el contenido de tal alternativa, se
j;^ ; aprecian, al menos, dos suborientaciones distintas. Ante todo, la orientación pero tal neorretribucionismo puede ser a ú n m á s nocivo que el
cibernética y planificadora {<•<Planungsrecht») que concibe el Derecho como instru- retribucionismo del pasado siglo, expresión del Derecho Penal liberal de
mento y expresión de una sociedad que autocontrola y dirige su propio proceso de la época, puesto que el pensamiento de la resocialización no está
cambio. Desde este punto de vista, el concepto de resocialización reflejaría la necesariamente comprometido con u n a tradición liberal ni ha dado,
esencia de un nuevo Derecho Penal no dirigido al pasado, a las relaciones
hasta la fecha, prueba de ello^^. =Siftoíí)':^M[tó'MÍ. #'-'fí«ÍíéMil
individuales autor-víctima, sino al futuro, como poderoso medio de configuración y
cambio social, y de autocontrol de[ mismo. Una segunda acepción del c) El concepto de resocialización plantea numerosos interrogantes. Se
antirretribucionismo invoca ía idea de la resocialización para dispensar mayores
oportunidades sociales a los diversos grupos y estratos de la población en aras del discute su propio encuadramiento sistemático o ámbito, esto es, si la
principio de igualdad real. Quienes así opinan, critican el Derecho Penal retribucionista, polémica sobre la resocialización del infractor interesa a la teoría de la
su radical insoiidaridad y el impacto discriminatorio del sistema en los diversos pena (esencia y fines del castigo) o al más limitado y modesto de su
grupos sociales. El concepto de resocialización expresa, entonces, la vasta tarea ejecución. Se cuestiona, también, cómo h a de concebirse el proceso
pedagógica y social que asume el sistema para dispensar mayores oportunidades
resocializador de aproximación del individuo a las pautas y modelos
sociales a todos los ciudadanos, cuotas superiores de igualdad real.
sociales: si en un sentiáo funcional (adaptagión), o en otro más profundo,
que supone modificaciones cualitativas de la personalidad del delin-
Los partidarios de una concepción/^sísferecia/)del Derecho Penal
cuente (corrección, mejora, enmienda, etc.). La dinámica de dicho
asignan al término resocialización un contenido diferente. P a r a estos
proceso y el grado final de acercamiento o identificación del individuo a
autores, el Derecho Penal no ha de ser u n Derecho volcado en el hecho
las exigencias sociales son objeto, también, de vivas polémicas, como
cometido, con vocación retributiva {«Tatvergeltungsstrafrecht») sino un
sucede con el problema de la legitimidad de los medios que, en cada caso,
Derecho resocializador y asistencial que produce efectos bienhechores
se utilicen para conseguir el ideal resocializadorA^í^iQ Mi : o
en la persona del autor («Tatereinwirkungsstrafrecht»); ujL-Derecho—
compensatorio, r;e^am^or de los pexjuiciqs padecidos por la víc.tima^_ a') Un sector de la doctrina, en efecto, estima que la resocialización del
rehabilitador del delincuente, que contempla el crimen como doloroso culpable constituye el fundamento de toda la función penal: la razón de
accidente social ylas sanciones penales a modo de remedios asistenciales. ser del sistema. Otro, actualmente mayoritario, partiendo de la distin-
Esta orientación goza de gran predicamento en el específico ámbito de ción entre «fines de la pena» y «fines de la ejecución de la pena» —
la ejecución de las penas y en el de la reparación del daño en favor de la distiricióh en parte artificial— entiende que el objetivo resocializador
víctima, pero encuentra serios obstáculos en conflictos criminales gra- afecta sólo y exclusivamente al limitado y concreto ámbito de laejecución
ves, donde todavía sigue resultando controverdida u n a respuesta pura- de las penas, como principio orientador de ésta. Con ello, se otorga al
mente asistencial y rehabilitadora al delito, y, desde luego, la compren- concepto de resocialización u n contenido mínimo y se convierte en
sión de éste como mero accidente sociaF^. sinónimo de ejecución humanitaria del castigo^^. '''^' '-' ,M; ; Ü /i
)-J! JJv,f í J ( í j
-j>;"rr'):'0(!' -;".;-'no< >iíaf d-í* IO-JIÍ r!i"!' ,;rí'. j ( í i ó lo; )nf El debate parece poco esclarecedor porque todo intento de distinguir entre y^/?^^
penado con los valores sociales la auténtica convicción moral y acata- Napuede afirmarse, sin embargo, que los programas resocializadores
miento interno de aquéllos por el mismo {programas «máximos»)^". rnáxim_os}ganen actualmente terreno, ni que estén libres de objeciones^^.
Los programas «míni^mo^, como se verá, plantean un problema de Se les reprocha sus fines defensistas y manipuladores encubiertos. La
credibilidad, d e ^ e c t i v i d a d * ^ a que vacían de contenido el concepto de conformidad entre el comportamiento externo y la actitud interna del
resocialización. ILos máxirnoi^ suscitan serios reparos en orden a la infractor garantiza, desde luego, la plena incardinación de éste en la
legitimidad de u n a intervención de tales pretensiones en el marco de la disciplina social. Pero toda aproximación del Derecho a la Moral se
sociedad plural y democrática. traduce, a menudo, en fórmulas de extremo rigor, porque suele subyacer
a la misma u n a no confesada tendencia a la absoluta posesión de la
El debate referido se inició cuando representantes de posiciones persona, a la conquista de su mente.
ideológicas liberal-conservadoras llamaron la atención sobre la progre-
siva desertización que el ideal resocializador experimentaba en los Los programas resocializadores [máximos)no responden, pues, a la idea de
autodeterminación, sino a la de imposición, por más que apelen a objetivos altruistas
modernos textos legales y la extrema dificultad, por tanto, de llevar
y tutelares. La pena asume en los mismos impropios y autoritarios objetivos de
aquél a la práctica, con un mínimo de estabilidad y eficacia, desde el ^ I, adoctrinamiento ideológico^", de manipulación del individuo a costa del sacrificio de
neutralismo moral y axiológico: una llamada al mantenimiento de la , ' su libertad personal y otros derechos fundamentales: implican, por tanto, una
legalidad sin ulteriores exigencias morales convierte el concepto de intromisión abusiva e ¡legítima por parte del Estado^^ Por otro lado, y según
resocialización en letra muerta^\ recuerdan quienes cuestionan estos programas, el pretendido efecto resocializador
ííi'' '- máximo pugna con la estructura de la actual sociedad democrática y pluralista en la
El efecto resocializador eficaz y duradero, se advertirá, no puede ki,á • que, por definición, no existe un único marco de valores, sino un conjunto heterogé-
descansar en el miedo a J a pena, ni en la conformidad formal del ^, f ,: neo de sistemas normativos, con sus inevitables contradicciones y conflictos. Dicha
V sociedad, por ello, no puede ofrecer al individuo ese modelo unitario y definido de
comportamiento externo con la ley. Sin la interiorización moral de la •''' •' pautas de conducta porque ella misma no las tiene^^ Tratar de hacerlo, en todo caso,
norma, que presupone una determinada actitud axiológica, referida a ' 'f precisamente a través de la pena parece una terapia poco indicada: una quimera,
valores, falta el fundamento estable a su fuerza determinadora. No cabe T;a mezcla de tabulación y de cinismo. „ . . „ . „ „ „ . ; , . , „ . . „ . . .
resocialización alguna si detrás de la conducta respetuosa de la ley
existe un clamoroso vacío moral o contradicciones sensibles entre las Un sector doctrinal minoritario, por último, ha creído encontrar en la
pautas legales y las convicciones personales íntimas del infractor. En «pedadogía de la autodeterminación» la [codiciada tercera ví^?^'. Sin
consecuencia, como reitera dicho sector doctrinal, si se prescinde del embargo, toda terapia emancipadora implica necesariamente u n a im-
fundamento moral de la resocialización, si se niega el derecho del Estado posición si su vehículo es la ejecución penal. Y, aunque se propugne lo
a corregir al ciudadano o si se cuestiona la legitimidad de u n a ejecución contrario, no es fácil imaginar terapia social autodeterminadora alguna
de la pena orientada a la modificación de la personalidad o convicciones libre de toda carga valorativa, neutra. ..- ., ^ ..,^
del penado, sólo cabe entonces una vacía e inútil llamada al respeto
formal de la legalidad^^.
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i
1090 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1091
resocializados, pueden serlo y quieren cooperar a su tratamiento ^ la prevención general en la respuesta de los ordenamientos jurídicos
rehabilitador: otros muchos no requieren rehabilitación alguna porqug modernos a significativas parcelas de la criminalidad de nuestro tiempo
están perfectamente socializados (vg. los delincuentes «ocasionales») o
(delincuencia política, criminalidad económica y financiera, tráfico
no son ya susceptibles de ella (por ejemplo, los plurireincidentes v
rodado, drogas y narcotráfico, contravenciones, etc.), lo que pugna, de
h a b i t u a l e s «incorregibles»), o r e c h a z a n cualquier intervención
hecho, con las solemnes declaraciones programáticas en favor de la
resocializadora invocandp, con legitimidad para hacerlo, el «derecho a
no ser tratados»^^ ' ' j-esocialización del delincuente®^.
pero la oposición actual más enconada al ideal resocializador es una
El pensamiento resocializador, como se ha apuntado por la doctrina oposición ideológica, que cuestiona la legitimidad misma del tratamien-
pone el acento unilateralmente en la dignidad del infractor, ignorando to rehabilitador y el impacto presuntamente positivo de éste. Dicha tesis
los intereses no menos legítimos de la sociedad y de la víctima. Y no parte de la concepción del crimen como «producto social» y culpabiliza
puede armonizar con coherencia dos principios antagónicos: la naturale- del mismo a las estructuras sociales. Su lema puede resumirse con un
za de la pena (la pena, en cuanto retribución del hecho culpable, es un
simple aserto :.^e_se^resoda]ice la sociedad^ no el penado^®.
mal) y la incidencia positiva de ésta en el delincuente (la pena como bien f
que se prescribe en interés del infractor). La artificiosa distinción que' Se objeta al tratamiento, para comenzar, su radical inefectividad e
algunos propugnan entre u n a conminación legal abstracta dirigida a incluso su impacto necesariamente antipedagógico, por juzgarse absur-
fines prevencionistas (en interés de la sociedad) y una ejecución de 1& da la pretensión de adaptar un hombre a la sociedad aislándole, sin
¡pena concreta, orientada a metas resocializadoras (en bien del infractor) embargo, de forma coactiva de la sociedad. De u n a intervención t a n
no resuelve la contradicción^^. , ^_ : Í . - ¿ „ « . contradictoria, advierte SIMSON, solo cabe esperar u n a terapia
desintoxicadora, purificadera, pero nada más®^.
Tampoco es pacífica la «filosofía de la adaptación» por cuanto el juicio
de futuro sobrejajiecesidad de resxLcialización o el éxito del tratamiento \ Al tratamiento se reprocha, también, su afán manipulador: implica
jiidicado careffjide^ases..científícas sólidas. Y todo pronóstico sobre la i —se dice— u n a ingerencia ilegítima en los derechos fundamentales del \
personalidad de un individuo, basado en u n a concreta manifestación o , recluso que deja de ser sujeto para convertirse en objeto del mismo®®.^_j'
perspectiva aislada de la misma, parece sesgado y parciaF^. En_todo Por último, se observa que el tratamiento en el seno de las institucio-
.f caso, difícilmente puede^^^^^^ la p e n a como i n s t r u m e n t o nes penitenciarias no puede producir un efecto resocializador ya que la
a j;esocializador^yálid_o. Porque j a penC^eiSgraatizarncT reha.bilita. JSQ participación del recluso en la subcultura carcelaria le obliga asumir e
limpia, mancha. ¿Cómo jDuede apelarse a su función resocializadora interiorizar los valores de ésta, valores criminales antagónicos a los de
cuando consta empíricamente todo lo contrario? ¿Cómo se explica el la sociedad oficiaP^. Desde la obra de CLEMMER se admite la existencia
impacto rehabilitador del castigo y la reinserción social del penado ai, en
la estimación social, suele ser más el mero hecho de haber curnplido la
pena que la propia comisión del delito, lo que implica un grave demérito
a los ojos de los conciudadanos?^'' ,.,, ,.,. o = «.. ,j;,. un lutir- 88 En este sentido, KAISER, G., Resozialisierung und Zeitgeist. Strafe, Behandlung
oder Etwas Drittes, en: Festschrift für Würtenberger, 1977 (Berlín), cit., pág. 370.
Por último, se ha advertido que ciertas penas en vigor son radical- Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 63.
mente incompatibles con objetivos resocializadores (vg. penas_privati- ^^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 63 y ss.
vas de libertad de larga duración). Y que es muy acusada la tendencia 8' SIMSON, Behandlung statt Strafe, pág. 264 a 266. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., op.
cit., pág. 67. En igual sentido, PLACK, A., Pládoyer für die Abschaffung des
•S'RBq ,.ji;) f)r(i..:;íint
'inM nar Strafrechts, 1974, Liszt Verlag ... pág. 112 y ss., y LEFERENZ, en: Die gefáhrdete
Mensch in der Sicht der Wissenschaften, 1970, Stuttgart, pág. 45. Cfr. GARCÍA-
.svñ. aa'íhaJB'A ..A ,30JaA-í-.M:
81 Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 60. P A B L O S ^ , Estudios Penales, cit., pág. 67.
^2 Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., págs. 60 y 61 ^^ Vid., KAISER, G., Resozialisierung und Zeitgeist, cit. pág. 363.
„^„.,^j.í^-j.
En este sentHn J^LUIJKJO, A., üstudios T:.-
snMi\/rTr>uATTo-n.r, Penales,
V. cit., págs. 60 y 61.
~. *^^ Vid. GARCÍA-VALDÉS, C , La nueva penología, en: Temas de Derecho Penal, 1992
83 En este sentido, SCHMIDHAUSER, Eb., Vom Sinn der Strafe, cit., págs. 62 y 63.
8" Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Estudios Penales, cit., pág. 62. (Madrid), Servicio Publicaciones Facultad de Derecho de la Universidad
Complutense, pág. 128 y ss. - - — . ,.....>... ..•...-•—.. • . .,..^-.
1092 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1093
de un «código del recluso», así como la de un proceso de adaptación de la voluntad real de aquél no puede hablarse de tratainieTito,_siao-de
éste a la subcultura carcelaria, _ cuyos pasos intermedios serían la jYianipulación, de adoctrinamiento, y surge el fantasma de la «naranja
«desculturalización» (pérdida de las capacidades vitales y sociales míni- mecánica».
mas para la vida en libertad: del control situacional, de la propia
iniciativa y de la autoresponsabilidad) y la «prisonización» (asunción del Transcurridas más de dos décadas desde que se aprobara la Ley
código de valores, usos y tradiciones de la vida penitenciaria)^". A todo Orgánica General Penitenciaria—Ley que consagra normativamente el
ello se añade por críticos y escépticos, que ni la Ciencia dispone aún de modelo de intervención científica en las prisiones españolas— parece
información suficiente y contrastada para diseñar modelos concretosV~ ' abrirse paso un razonable optimismo entre los expertos en cuanto a las
diferenciados de tratamientos resocializadores, porque falta el impres- posibilidades y el futuro próximo de los programas de resocialización del
cindible consenso empírico previo al respecto; ni la Administración penado sobre la base de la experiencia obtenida a lo largo de los últimos
Penitenciaria dispone d é l o s medios e infraestructura necesaria para lustros. .>^áí.r&^W,rrrnnr,-.r
una intervención científica e individualizada con todas sus implicaciones^" Todo parece indicar que a través de la ejecución penal pueden
y consecuencias. , ,. ~~ obtenerse resultados positivos en tres niveles: evitando el aprendizaje
por los internos de nuevas actitudes y hábitos delictivos, influyendo
sobre el comportamiento de aquéllos en la prisión, e incidiendo en la
3'. El debate criminológico sobre la resocialización del penado es un conducta futura de los penados^^. Una evaluación realista del esfuerzo
debate científico empírico, libre, por tanto, de especulaciones, de actitu- desplegado durante el período citado arroja tres conclusiones^^. La
des puramente ideológicas, o de estériles «torneos oratorios»''^ Versa primera, que optando por un determinado modelo integrador y científico
sobre hechos concretos, sobre realidades constatables y discurre en el de intervención (que no es el médico clínico tradicional) resulta viable la
ámbito o esfera del «ser», no el mundo normativo del «deber ser». positiva reestructuración de la realidad carcelaria, del habitat peniten-
Interesa sobremanera a la Criminología verificar científicamente si ciario, controlando sus efectos más nocivos (aislamiento, inmersión en
cabe una intervención positiva, bienhechora, en el infractor a través de la subcultura carcelaria, etc.) y generando otros satisfactorios para el
la ejecución de la pena. Si es posible diseñar, con criterios empíricos, una recluso (vg. actividades de aprendizaje, adquisición de expectativas de
intervención penitenciaria que favorezca la adquisición por el recluso de futuro prosociales, superación de adicciones, etc.). La segunda conclu-
patrones de conducta prosociales. Qué objetivos concretos habría que sión: que desarrollando dicho modelo psicoeducativo, basado en los
perseguir y cómo habría que orientar la Administración Penitenciaria y postulados de la Psicología del aprendizaje social y operante, en la
la propia ejecución penal para alcanzarlos. Qué modelo de tratamiento reeducación cognitiva, y su definida orientación comunitaria, progresa-
y qué técnicas concretas de intervención serían más adecuadas: cuáles mos hacia u n a ejecución de la pena privativa de libertad más racional y
se están utilizando actualmente y con qué resultados. humana que abre el paso a otras formas de sanción diferentes en el
futuro. La tercera y última conclusión, que dicha noción del tratamiento,
El debate presupone, como es lógico, la libre y decidida colaboración atenta más a miras educativas que clínicas y estructurada para dispen-
del penado, pues, en otro caso, cualquier intervención sería rechazable: sar prestaciones sociales —no para ejercer control (predominio de
tanto desde un punto de vista ético, como estrictamente pedagógico. Sin
'I, t - Ü t
) ! ^AVftíOFA-;! ¡r» )h". Mí! ?í.
pnm ; Z L ^ d T ^ W ' ™ "'' ' " ' ° ' ' ' " ^^ tratamiento pemtenciario en el
^^ Así, ALARCÓN, J., El tratamiento penitenciario en el primer decenio de la LOGP,
cit., pág. 19.
^^ Así, REDONDO, S., Reflexiones sobre la intervención penitenciaria, en: Papers
d'Estudis i Formació, n - 5 (1989), pág. 157 y ss ;.,„,.;.> ...j ..„. .......,,i..
y ss. ( e s p e d i e n t e 202) ^'^^^^^^^'^^^ ^ 1 - Pasiones españolas, dt., pág. 200
1096 ANTONIO GAKCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1097
meta inmediata, la mejor convivencia posible en la prisión, y como fín intervención'''^ El modelo que se propone, por el contrario, subraya la
mediato, la reinserción social del recluso*^®.
importancia del medio físico y del diseño arquitectónico carcelario, del
Así, pues, frente al concepto tradicional de tratamiento, entendido en clima de convivencia o ambiente en las prisiones, del nivel de participa-
su acepción clínica y restrictiva como conjunto de actividades específica ción y motivación de los internos en los distintos programas de activida-
y exclusivamente dirigidas a la neutralización etiológica del comporta- des; y reclama el análisis empírico de la propia institución, de los
miento criminal concreto, que sólo tiene en cuenta la persona del penado elementos que la integran y de las relaciones de los mismos con la
y el virus inaprehensible causante del delito —verdadera entelequia— conducta de quienes conviven en ella'^^. El giro que este nuevo paradigma
en aras a su futura reinserción social, debe prosperar un concepto representa viene avalado por fiables investigaciones empíricas en el
pluridimensional, amplio y realista de intervención, de naturaleza marco de la Psicología ambiental y la Ecología social.
psicoeducativa y contenido asistencial, que pondera las expectativas y Así, numerosos estudios demuestran que factores como el hacinamiento, el
exigencias de todos los implicados en la función penal y orienta ésta de clima social carcelario o la violencia en la prisión condicionan decisivamente el
forma que los diversos ámbitos de la vida carcelaria cotidiana incidan comportamiento de los internos. Y que cambios organizativos sustanciales en
positivamente en el recluso; aborde de modo satisfactorio los problemas materia de clasificación de los reclusos, horarios, aprovechamiento de espacios
físicos disponibles, permeabilidad de movimientos en el interior de la prisión, etc.
diarios de la prisión; y contribuya a una posterior reinserción del evitan o minimizan determinados t/cs penitenciarios negativos'^. Lo mismo cabe
penado. En este sentido, cuestiones como el clima de convivencia en la afirmar de la arquitectura carcelaria y su influencia en la conducta del interno: un
cárcel, la animación sociocultural, la propia arquitectura carcelaria, su nuevo diseño de celdas, galerías, patios y la evitación de controles físicos innece-
estructura organizacional, la política de permisos, la asistencia social sarios podrían producir efectos encomiables'''. Incluso actividades de estricta
postpenitenciaria, las medidas adoptadas con relación a la droga o el animación sociocultural merecen una evaluación muy notable porque mejoran las
relaciones interpersonales, aminorando el cuma de violencia y crispación; quiebran
SIDA de la población reclusa, no pueden quedar al margen de una el aislamiento comunitario de la prisión, crean fecundos espacios de encuentro en
intervención bien diseñada^". el seno de ésta y dispensan un positivo entrenamiento de habilidades sociales y
ocupacionales''^.. , . i . • r . i
c) El marco de la intervención: modelo clásico versus modelo IVdO BV 90918U .i».«OSaSi\B'\BJK[V SD (iHíUa nif Bl.
ambientalista. E n cuanto al marco de la intervención penitenciaria Cualquier modelo de intervención ha de enfrentarse a una serie de
(marco espacial, ambiental e institucional) parece, también, necesario retos y problemas, estructurales, funcionales, relaciónales y estricta-
corregir algunos vicios del modelo clásico que determinaron el fracaso
mente técnicos. - . r 1. , - , X
del tratamiento rehabilitador tradicional en el ámbito carcelario, asu-
miendo ahora los postulados de la Ecología h u m a n a y social y de la ' ciol ííü fioíSifiÍJU'iíiíM j.;,í ' oá^'^yimsobi.iy.iJ'íii'rí
Psicología ambiental. ^ , „ .. ,. ., _ ™-
'^ Vid. REDONDO ILLESCAS, S., Reflexiones sobre la intervención penitenciaria,
En el modelo clásico, predominaron siempre las medidas estructura- cit., pág. 206.
les sobre las de naturaleza organizacional y las de control negativo '^ En este sentido, entre otros: GARCÍA, J., La prisión como organización y medio
total de vida, cit. pág. 34 y ss.
(sanciones) frente a las de control positivo (refuerzo de comportamientos ^^ Vid., GARCÍA, J., La prisión como organización ..., cit., ibidem. Cfr. REDONDO
satisfactorios de los reclusos). Primó una atribución internalista de la ILLESCAS, S. y GARRIDO GENOVÉS, V., Diez años de intervención en las
conducta del penado, al negarse relevancia causal a los factores ambien- prisiones españolas, cit., pág. 203 y ss.
tales. Y se depositaron ciegas esperanzas en el cambio positivo de las Así, NIETO, J.M-., La influencia de la arquitectura penitenciaria en la conducta,
en: Presó i Comunitat: Primeres Jornades Penitenciarles de Catalunya, Barcelona
prisiones, y de los internos, sin introducir los oportunos programas de
(Departamento de Justicia), 1988, págs. 196 a 204. También: REDONDO ILLESCAS,
S., Reflexiones sobre la intervención penitenciaria, cit., pág. 157 y ss. Cfr. REDON-
DO ILLESCAS, S. y GARRIDO GENOVÉS, V., Diez años de intervención ..., cit.,
pág. 211 y ss.
^^ Así, GARCÍA, J., La prisión como organización y medio total de vida, en: Revista de Vid. ARNANZ, E., Animación sociocultural penitenciaria. Apuntes para u n debate
Estudios Penitenciarios, 238 (1987), pág. 33 y ss.
sobre la animación sociocultural en el marco del tratamiento penitenciario, cit., por
™ Vid., REDONDO ILLESCAS, S., y GARRIDO GENOVÉS, V., Diez años de inter- REDONDO ILLESCAS, S. y GARRIDO GENOVÉS, V., Diez años de intervención
vención en las prisiones españolas, cit., pág. 235 y ss. : ^i.».
..., c i t . , p á g . 2 0 7 . : =í.:,-'^ ••: • ' ' - •- -i
TUW ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA. 1099
La intervención penitenciaria p a r t e ya de u n a limitación o
programas, que condiciona su implantación, permanencia y éxito no parece tampo-''
condicionamiento estructurar'^, derivada del escenario en el que tiene co asegurada""..
lugar. La clase de programa que pretenda llevarse a cabo, el perfil de los
internos, las posibilidades ,de personal y la eventual participación
¿)Problemasy retos de los programas de intervención. Técnicamente,
comunitaria, entre otras variables, determinarán la forma en que ha de
¿esde la mera óptica pedagógica y del aprendizaje, los programas de
estructurarse la prisión a fin de no frustar el éxito de los programas
intervención suscitan varios problemas®^.
resocializadores. Cómo ha de disponerse el escenario de la comunidad
(«setting») para realizar satisfactoriamente un programa de interven- El primero, la existencia del conocido mecanismo del «contracontrol»
ción, es un segundo problema previo de capital importancia. que dificulta la eficacia de los programas resocializadores al contrapo-
ner a éstos otras normas y pautas antagónicas que rigen en el seno de las
Sobre la intervención penitenciaria gravitan, también, limitaciones subculturas carcelarias («código del recluso»).
funcionales, propias del rol y actividades que h a n de desplegar los
distintos profesionales implicados en el programa rehabilitador. Una dificultad adicional específica de los programas penitenciarios
de rehabilitación reside en la denominada ausencia o déficit de «genera-
Todo ello explica el crédito de que disfruta el régimen de «prisión abierta», según
•':' algunos el más adecuado para conseguir los objetivos resocializadores^^. Opinión, lización» de los mismos. Esto es, según todas las evaluaciones empíricas,
•y no obstante, asumible con las debidas reservas, pues lo decisivo no es donde se existen serios obstáculos para que los ex penados lleven a la práctica en
-•5 realiza un programa de intervención sino el contenido de éste; y la prisión abierta, sus ambientes habituales, recuperada la libertad, cuanto aprendieron,
por sí sola, no produce impacto resocializador alguno si no va acompañada de
programas rehabilitadores, fuertemente vinculados a la comunidad, orientados a la
como internos, en los establecimientos penitenciarios, dado el trascen-
n, ^r adquisición, mantenimiento y generalización por el penado de nuevos patrones de dental cambio de escenario que la excarcelación supone. Precisamente,
conducta prosociaP^. esta dificultad explica, en parte, el éxito de los «programas comunita-
I -T-v^ nv
rios». m oífc!í'íiSí«Srfe!Mri#í fiíiMi'5!bMááfeítí4i3f'}-ÉJÍi^^
Desde un punto de vista relacional, parece ya obvio^quejtodcrgrogra- ÍGÍS ié% Sf
/ ma de intervención debe romper el tradicional aislamientojíomunitario
K j de la institución carcelaria, estableciendo una vinculación-profunda^ e) Crisis de las tipologías tradicionales de delincuente y moderno
entre comunidad y prisión. Hoy, por cierto, se estima fundamental concepto de «carrera criminal». La Psicología y las ciencias de la
implicar a la comunidad en los programas de rejiabilitacióny sigue educación investigan qué clase de tratamiento es el más indicado a
constituyendo un reto la correcta articulación de los recursos^comunita- propósito de cada delincuente o grupo de delincuentes, pues tanto si
rios y los servicios profesionales^^. aquél se lleva a cabo en la prisión como en la comunidad parece
imprescindible u n a intervención diferencial o prescriptiva. A tal fin, se
Programas genuinamente comunitarios, sin embargo, que operen con las ha operado tradicionalmente con tipologías o clasificaciones de delin-
Aih
variables específicas relevantes de los penados sometidos a los mismos y de la
comunidad concreta que les sirve de marco, son pocos. La aceptación social de tales
cuentes, que h a n sido hoy muy perfeccionadas con la ayuda de modernas
técnicas de investigación (vg. análisis de «cluster», como el MMPI). Sin
embargo, las tipologías tienen reservada u n a utilidad mucho más
modesta: se hallan en crisis®^.
0e. '¡¡i 'st nóíosIqebB'sD obBfas
3t,' n^ eüisitírnií teb ' '!0si9q
"5 Sobre el problema, vid., GARRIDO GENOVÉS, V. y REDONDO ILLESCAS, S., El
tratamiento y la intervención en las prisiones, cit., pág. 306.
'^ En este sentido, BONAL, R., La comunidad y el régimen abierto. En, Revista de
Estudios Penitenciarios, 240 (1988), pág. 109 y ss. Vid. GARRIDO GENOVÉS, V. y REDONDO ILLESCAS, S., El tratamiento y la
'** Así, REDONDO ILLESCAS, S. y GARRIDO GENOVÉS, V., Diez años de interven- intervención ..., cit., pág. 308.
ción ..., cit., pág. 230. Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., y REDONDO ILLESCA, S., El tratamiento y la
^^ Vid. GARRIDO GENOVÉS, V. y REDONDO ILLESCAS, S., El tratamiento y la intervención ..., cit., pág. 308 y ss.
intervención ..., cit., pág. 307 y ss. Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Técnicas de tratamiento para delincuentes, Ma-
drid, 1993 (Cera, S.A.), págs. 51 y 52. .«• •{, <,.u .«.^IÍU
1100 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1101
Las tipologías clásicas h a n fracasado. Ni como instrumento de predic- manejo de los contextos interpersonales. En dicha situación de equilibrio influirían
ción de la reincidencia, ni como estrategia maximizadora de los efectos decisivamente ciertos recursos o habilitades cognitivas de la persona, la debida
armonía entre individualidad o sociabilidad y determinadas aptitudes sociales de
del tratamiento pueden exhibir un balance favorable; Su capacidad de aquélla. Autoestima positiva, locus de control interno, empatia y aptitudes para
diagnóstico, indicador de la intervención preventiva más idónea, ha abordar problemas ¡nterpersonales, serían, por ejemplo, algunas de las habilidades
sido, por lo general, decepcionante. Ello se debe, tal vez, a que no captan cognitivasúQ mayor relevancia. El mantenimiento de sólidos vínculos sociales (con
el aspecto dinámico y situacional de la conducta delictiva, sino sólo familiares, amigos y compañeros, etc.) junto a la autonomía en la selección de metas
rasgos concretos de la personalidad del infractor y determinadas carac- personales, por su parte, contribuiría al correcto balance entre sociabilidad e
individualidad. Las mencionadas tiabiiidades sociales, por último, harían fluida y
terísticas fenomenológicas del suceso delictivo, lo que no permite aven- operativa la transacción con el medio, coordinando de forma eficaz la autonomía y
turar el futuro comportamiento de aquel ni los factores que interactuarán los recursos cognitivos del sujeto, de un lado, y su adecuada socialización, de otro**^.
cuando abandone la prisión^^.
La aproximación tipológica parece, también, poco lítil para el análisis Todo parece indicar, por tanto, que las investigaciones sobre carreras
causal, etiológico: no aclara ni explica el proceso que culmina, tipo a tipo, delictivas matizadas por el principio de competencia psicosocial pueden
en la conducta delictiva, la génesis o dinámica del comportamiento aportar u n a información empírica valiosa en orden a la génesis y
criminal. Todo parece indicar, pues, que dicha metodología sólo tiene un dinámica del comportamiento delictivo, esclareciendo las variables y
«poder heurístico» o interpretativo, muy modesto. E n su lugar, por el factores del proceso; y al diseño de los programas de intervención más
contrario, gana terreno de forma paulatina una nueva categoría, concep- adecuados, con el objeto de promover los recursos personales y sociales
tual y metodológicamente, más útil: la de «carrera criminal»^*. del penado y la efectiva participación social del mismo. ^ .
Los muy diversos modelos teóricos, de corte sociológico, que atribu- Los de finalidad/jedag'ó^íca pura, según vayan dirigidos a cualquier
yen el crimen a procesos, causas y conflictos sociales, han esclarecido, sin interno o a reclusos que presenten ciertas deficiencias o discapacidades,
duda, la génesis y etiología del fenómeno delictivo, pero el esfuerzo ge denominan genera/es, en el primer caso (vg. educación y formación
realizado, con éxito, en el ámbito causal-explicativo, no se ha visto
profesional a diversos niveles), o especiales, en el segundo (vg. progra-
acompañado por un interés semejante en orden al diseño de progi-amas
mas específicos para disminuidos físicos o deficientes mentales).
de intervención y al tratamiento rehabilitador del delincuente.
Naturalmente, otros muchos programas de intervención tienen, también, una
Un__tercejrjno_delo es el modelo médicji/ que desde su prisma clara vocación pedagógica, pero entendida ésta en un sentido amplio y genérico,
patologizador, ve en la conducta delictiva el mero síntoma de una como sucede en los modelos psicosociales de orientación cognltlva^^.
enfermedad o trastorno psicopatológico subyacente, necesitado de cura
a través de la oportunajerapia. Siendo falsa su premisa, no puede Los tratamientos de orientación psicológica admiten un sinfín de
extrañar que tampoco produzca resultados rehabilitadores satisfacto- métodos y técnicas de intervención (así: psicoterapia individual, psico-
rios una praxis que basa la intervención penitenciaria en aquélla. Más terapia en grupo, psicodrama, asesoramiento en grupo, asesoramiento
a ú n : el déficit científico-empírico de los llamados «programas psicológico, técnicas de modificación de conducta, etc.).
correccionales» reside no tanto en la falta de solidez de sus postulados A su vez, cada técnica puede dar lugar a diversas submodalidades. Así, entre las
teóricos como en la ausencia absoluta de marco o modelo alguno; vacío técnicas terapéuticas grupa/es, cabe distinguir: la terapia analítica, el ps¡cgd.rama,
conceptual y referencial que condena al fracaso cualquier esfuerzo bien los grupos de encuentro, la terapia de la realidad, la terapia de Ja Gestait, la terapia
intencionado. ^,, „/,.//VÍ?Í<;^/TÍ{?/;/"'' familiar, el análisis transaccional, la terapia integral, etc. Y entre las técnicas de
modificación de conducta, las aversivas, las basadas en el llamado aprendizaje
Frente a los referidos modelos, gana adeptos un nuevo paradigma, operante (vg. economía de fichas y contrato conductual), el entrenamiento en
habilidades sociales y la modificación de conducta cognitiva.
psicosocial, de cariz educativo, relativamente autónomo y desligado de
las teorías explicativas del crimen, que pretende neutralizar ciertas
deficiencias del infractor en sus procesos de socialización (en actitudes, Con carácter general, la intervención psicológica conoce tre^clases de
habilidades, razonamientos, etc., requeridas para el correcto ajuste programas, basados, respectivamente, en los principios del aprendizaje
social) mediante la aplicación de técnicas cognitivas y conductuales que operante, el aprendizaje social y la psicoterapia (el denominado apren-
le permitan desarrollar todos sus recursos individuales. Todo ello, dizaje clásico no tiene, apenas, aplicación en el ámbito penitenciario)^".
naturalmente, sin perjuicio de la necesaria prestación al recluso de los 1') Los programas que siguen el modelo del aprendizaje operante se
adecuados recursos «sociales». „ , .,-... .>.>*..»JÍ».UJ4 sirven de procedimientos de refuerzo positivo, de refuerzo negativo y de
^•i.i . r^&m eb ,lfiíT0Í3J3';f nhm'yih o oío/; ai- '".'•> ñYr'jií'jb i .>. control aversivo^K
' Los de refuerzo positivo utilizan como estímulo las visitas extra al interno, la
g) Métodos concretos de tratamiento en el ámbito penitenciario hay
-'.ora supervisión reducida o cualquier otro privilegio (vg. así, el procedimiento de econo-
muchos y variados. Según la naturaleza o principio dominante de la Eí,,; , míadeficiíaá). Con ellos parece haberse conseguido una mejora de la conducta del
intervención, suelen distinguirse cuatro grupos: médicas, pedagógicos, _,,.-., recluso en la prisión y la efectiva participación del mismo en las actividades
psicológico-psiquiátricos y sociológicos^^. fbi('tgi " académicas, profesionales y culturales organizadas por la Administración Peniten-
ciaria. Difícil de evaluar es, sin embargo, la eficacia de tales programas en la futura
Los tratamientos de índole médica, clínica, pueden ser farmacológicos
o quimioterápícos (vg. empleo de antidepresivos, de neurolépticos, etc.),
y quirúrgicos. (*,.«*te}«íT=t' fl!i.i.::,vMi¡»¿»T.. y'-.VM^t&mí'Si-Mñmñ^&sMi
^^ Vid. GARRIDO GENOVÉS, V., Técnicas de tratamiento para delincuentes, cit.,
pág. 73.
^° Vid, por todos, GARRIDO GENOVÉS, V., Técnicas de tratamiento para delincuen-
te, cit., pág. 42 y ss.
Í^-^^^^'SZ¿^^^ - f lación jurídica y práctica ^^ Vid., por todos, GARRIDO GENOVÉS, V., Técnicas de tratamiento para delincuen-
tes, cit., pág. 42 y ss. Sobre el aprendizaje «operante» vid. GARCÍA-PABLOS, A.,
supra, cap. XIV, 2.
1104 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1105
conducta del ex recluso, cuando ya no cabe suministrar a éste refuerzos alternativos jxes alternativas (en la constricción dada del «aquí y ahora»), motiván-
al comportamiento criminal al haber recuperado su habitat natural. dole para que se someta al tratamiento idóneo.
' Los de refuerzo negativoacMÚen a la asignación de tareas laborales o académi-
cas, de vigilancia y de supervisión (estímulo). Junto a esta terapia, carente aún de los oportunos estudios evaluatorios, cabe
-M' La aplicación combinada y simultánea de programas que incluyen ambas clases citar, también la «terapia ÚQ grupo del conocimiento corporal», especialmente
de refuerzos se ha llevado a cabo en España, con notable éxito, bajo diseños idónea para individuos que exhiben desórdenes y trastornos de personalidad {\/Q.
ambientalistas. psicópatas), pero prematura aún en el ámbito penitenciario. Postulado principal de
6,.... esta intervención es que la identidad y la autoconfianza del individuo guardan
Los programas de controlaversivo (castigo, coste de respuesta y tiempo fuera)
.OOilí
han demostrado escasa utilidad a medio plazo, pudiendo ocasionar, incluso, efectos estrecha relación con su conocimiento del propio cuerpo («el cuerpo vivido consti-
contraproducentes en orden a la resocialización del interno. tuye nuestro ser-en-el-mundo», afirma MERLEAN-PONTY) de suerte que la cons-
ciencia y la vida del hombre son el pilar del proceso de autoreflexión''^. En
consecuencia, el tratamiento busca la armonización de una serie de dimensiones
^ 2') De los programas orientados hacia el aprendizaje «social» sobresa- físicas y psíquicas: la conciencia del cuerpo, la conciencia emocional, la función
len los de «hogar de grupo», que reciben distintas denominaciones psicomotórica, la acción espontánea, la capacidad de verbalización y la función
(AchievementPlace, Teaching-Family, Padres enseñantes, etc.). En tales interpersonal. !^S¿i»^},§l^s{>'ii^«ieíS'^^'- *?'
programas, u n a pareja bien entrenada, dirige un hogar de grupo
integrado por seis jóvenes delincuentes, sirviéndose de diversas técnicas De los muy diversos modelos y métodos de tratamientos, tres merecen
de intervención (vg. economía de fichas, habilidades sociales, modelado, una examen más detenido por la especial significación e incidencia de los
etc.). La experiencia demuestra que estos hogares de grupo contribuyen mismos en el ámbito penitenciario: los de orientaciónpsicodíreómíca, las
al aprendizaje de conductas prosociales y disminuyen los comporta- técnicas de modificación de conducta y los programas de inspiración
mientos delictivos. Cuenta, también, con la preferencia por parte de los cognitiva.
propios jóvenes infractores^^. 9b 0Éíki®}iíJberfiijF ^^ *jMrfffyrwv-
B) Las técnicas de modificación de conducta^"^, muy arraigadas en el sus consecuencias (por ejemplo: se identifica conducta delictiva y agresión).
orbe anglosajón, cobran especial predicamento durante los últimos Predominan, pues, las investigaciones de laboratorio {vi\ siquiera se realizan en el
veinte años, siendo de gran utilidad tanto desde un punto de vista clínico medio penitenciario) con el inconveniente de a/s/are\ análisis de un problema social
de su entorno natural (sociedad) o específico (cárcel). Los trabajos, además, operan
como institucional. Se ha comprobado la eficacia de las mismas en orden
con variables muy concretas y singulares, lo que no permite captar ni evaluar las
a la eliminación de conductas antisociales y antirreglamentarias en el muchas dimensiones del problema de forma compleja e integrada. Y los períodos de
seno de la prisión, en la mitigación de hábitos y dependencias (alcoho- «línea base» son excesivamente breves. Prescinden, lamentablemente, de la
lismo, drogadicción), en la motivación del interno para elevar su nivel necesaria intervención 50c/a/olvidando que el tratamiento que incide sólo en el
educativo, cultural y profesional o participar en programas de entrena- individuo limita de modo sensible su propia efectividad. Falta en la mayoría de los
programas de modificación de conducta, por otra parte, una saludable orientación
miento en habilidades sociales y comportamiento asertivo o adquisición comunitaria, limitación o sesgo fruto de la investigación de laboratorio, experimental,
de información a través de modelos^"^. poco preocupada por cuestiones aparentemente extra o metaconductuales. Tampo-
co prestan aquéllos la adecuada atención a importantes variables cognitivas (vg.
No obstante, y a pesar de los razonables resultados que deparan, autoestima, locus de control, etc.) que toda intervención debiera ponderar"".
suscitan numerosos recelos y críticas no siempre fundados. En esta mala
imagen han influido varios factores^"®. En primer lugar, el hecho de que En el marco teórico, las técnicas de modificación de conducta trasla-
fruto de una mala información, se asocian por muchos estas técnicas a dan el centro de gravedad de la persona del infractor (supuestamente
prácticas psicoquirúrgicas, psiquiátricas o farmacológicas despiadadas distinta, en términos cualitativos y estructurales de la persona que
con las que, en realidad, poco tienen que ver. El fantasma latente de la cumple las leyes, según la conocida teoría de la «diversidad») al compor-
naranja mecánica ha sembrado temor y descrédito a estas intervencio-
tamiento delictivo mismo, subrayando la esencial identidad que existe,
nes, dando pie a toda suerte de reparos éticos y deontológicos que, por
desde u n punto de vista conductual, entre aquel y el comportamiento
desgracia, no se circunscriben a los excesos de ciertas técnicas aversivas
positivo, respetuoso de las normas^^^. Lo que es u n acierto, y libera la
hoy en desuso. En segundo lugar, la llamada nueva Criminología, de
reflexión teórica —y la propia intervención— de consideraciones ajenas
orientación radical, que ha alimentado ideológicamente las críticas
al mundo empírico-científico.
contra la filosofía del tratamiento, denunciando no ya sus prejuicios
individualistas, esto es, la suposición ingenua de que basta con interve- De las numerosas técnicas de modificación de conducta, cabe desta-
nir en la persona del infractor, sino la propia ilegitimidad de la interven- car"^:
ción misma y el contrasentido de reinsertar a alguien en un modelo de 1) Técnicas aversivas. Intentan asociar un patrón comportamental no
sociedad (capitalista) desigual, injusta y criminógena. deseado a un estímulo desagradable, o reorganizar la situación de tal
¿ •••' Forzoso es reconocer, no obstante, que las técnicas de modificación de conducta manera que las consecuencias de un determinado comportamiento sean
:-;-f|t) ofrecen todavía serios reparos metodológicos^"^ La mayor parte de los programas desagradables para quien lo pretende llevar a cabo. En ambos casos, se
aqSj: se orientan más a la Psicología experimental que a la Psicología social, con todas trata de que se establezca u n a conexión entre el comportamiento que se
quiere eliminar y la reacción aversiva.
Cronológicamente son las primeras técnicas de modificación de conducta
106 GARRIDO GENOVÉS, V., Técnicas de tratamiento para delincuentes, cit., pág- utilizadas y, sin duda, las más proclives a excesos (por ello, también, las más
123 y ss.; CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales: su impopulares). Han acompañado a la institución penitenciaria desde los orígenes de
aplicación en instituciones penitenciarias, en: Psicología social y sistema penal, cit., ésta, pero en la actualidad su incidencia en la población reclusa es muy limitada,
págs. 303 y ss.; CASTAÑO LÓPEZ MESAS-CASTAÑO ZAPATERO, A., Trastornos circunscribiéndose a delincuentes sexuales y psicópatas. Se recomienda el empleo
de personalidad: perspectiva de la psicología del aprendizaje, Madrid (1993), Área
de Sal
.Í'L¡ .:jRq .:ú-! ,BriBbiiSjínoq .; 'íii:>oa Ktgol ' '"'
1"'' Vid. SANCHA MATA, V., Psicología social y penitenciaria, cit., págs. 121 y 122-
.BhBíoisaiitiBii Y ÍKiv p BCíiuhnifñ ,.V .A'í AM AHD>I//
108 Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., págs- 303
y 304. "" Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., págs. 316
109 Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., págs. 304 y 317.
y 305. ^11 Cfr. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., pág. 317.
^1^ Vid. SANCHA MATA, V., Psicología social y penitenciaria, cit., pág. 122 y ss.
1110 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1111
de estas técnicas aversivas exclusivamente cuando se inalla en peligro la propia ^espusstas agresivas, violentas y conflictivas. Como reforzadores de
integridad del individuo y procede una intervención inmediata"^. tales conductas deseadas se utilizan los más variados: la comunicación
yis a vis, las llamadas telefónicas, los permisos, etc. De hecho, las diversas
2) Técnicas basadas en el control de las contingencias. Las principales evaluaciones coinciden en los resultados obtenidos: estos programas, a
son: el sistema progresivo, la técnica de economía de fichas y el contrato pesar de sus limitaciones, contribuyen a un indiscutible enriquecimiento
conductual, entre otras.
vocacional y de nivel de estudios de los internos; permiten constatar una
El sistema progresivo^^'*, que introduce en España MONTESINOS mejora significativa en todas las áreas conductuales (especialmente en
parte de un diseño gradual del cumplimiento de la privación de libertad ' comportamientos simples que no requieren una especial elaboración); y
por fases o etapas («grados»). La fase inicial se caracteriza por un intenso consiguen la implaintación de conductas de interacción en la población
control del interno y por su régimen muy estricto en cuanto a condiciones reclusa hasta niveles razonables"^.
materiales y libertad de movimientos. La última etapa es el régimen Los programas de economía de fichas son fáciles de llevar a cabo. La
abierto. Se «progresa» de u n a fase a otra conforme van obteniéndose del generalización de sus efectos puede estimarse aceptable, sin que consten
recluso conductas y respuestas más socializadas. fenómenos de tolerancia o saturación significativos en los mismos. Han
; , Los sistemas progresivos permiten constatar que las conductas más reprobables conseguido, desde luego, u n cambio en la vida diaria del interno"*^. Pero
afn. y antisociales (vg. violencia, autolesiones, etc.) se dan en las fases iniciales o menos no deben ignorarse sus condicionamientos y carencias. Ante todo,
avanzadas, y en internos con puntuaciones más bajas en las diversas áreas porque la eficacia de estos programas depende, en buena medida, del
"" * conductuales. En todo caso, parece han contribuido a una mejora sensible de la
medio en el que se practican (prisión).
.:Mg motivación de los internos jóvenes en tareas formativas, culturales y escolares"*.
Provocan, a menudo, ansiedad en los reclusos. Reclaman un entrenamiento-
Los programas de economía de fichas descansan en los principios del previo, en los responsables, y una selección de los internos que, al no tener lugar,
limitan la posible efectividad de los mismos. Pecan de artificialidad, de suerte que los
condicionamiento operante, constituyendo, sin duda, la técnica más reclusos tienen la sensación de «ser tratados como niños». Y, a menudo, en lugar
difundida en el medio correccional. Su fundamento es muy simple: el de incentivar conductas o interacciones útiles para la vida en libertad (vg. habilidades
interno obtiene fichas por sus conductas definidas como satisfactorias sociales necesarias para la búsqueda de empleo o para consolidar relaciones
en los correspondientes programas (la ficha, como realizador condicio- interpersonales), refuerzan otras solo relevantes en el ámbito penitenciario. A todo
nado y generalizado, se asocia a mejoras personales, educacionales, ello hay que añadir un defecto en el que suelen incurrir casi todos estos programas:
olvidar que el sistema de fichas debe ir pasando de razón fija, a intervalo fijo, de éste
académicas, sociales, etc. de aquél). Dichas fichas se cambian, después, a intervalo variable y, por último, a sistema de méritos"^
por objetos de consumo, mejoras regimentales o privilegios de otro orden
para el recluso que las ganó"*^.
3) Sistemas de autogobierno y contrato conductual. Los sistemas de
Con estos programas suele promoverse la participación del recluso en autogobierno pretenden dotar al interno de un repertorio conductual
cursos de formación y tareas educativas, o el mantenimiento de hábitos adecuado para que pueda, en su momento, abandonar el mundo de la
de higiene y autocuidado. También se fomentan conductas positivas de marginación y el delito. No suele ser la base única del tratamiento, sino
interacción social, comportamientos altruistas, etc. O se t r a t a n de evitar una de las técnicas utilizadas en la intervención. Su difusión y genera-
lización se explican por el éxito de u n conocido programa de tratamiento
de menores {Achievement Place) que se sirvió del mismo. Sus logros,
"3 Vid. CÁCERES, J., Técnicas aversivas, en: MAYOR, J., y LABRADOR, J., Manual aunque inferiores a los sistemas de economía de fichas, parecen consi-
de modificación de conducta, Madrid (1984), Alhambra. Cfr. SANCHA MATA, V.,
Psicología social y penitenciaria, cit., pág. 122.
"" Vid. SANCHA MATA, V., Psicología social y penitenciaria, cit., pág. 122 y ss.
"s Vid. SANCHA MATA, V., ibidem. "•^ Vid. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., pág. 308.
"'^ Vid. SANCHA MATA, V., Psicología social y penitenciaria, cit-, pág. 124 y ss. "** Vid. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., pág. 307.
También CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., pág- "9 Vid. CLEMENTE DÍAZ, M., Programas y tratamientos conductuales, cit., págs.
306 y SS. 307 y 308.
'1«C
'1112
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1113
derables. E s t a técnica opera sobre la base de u n a progresiva
responsabilización del recluso que, poco a poco, asume mayor participa- conductismo radicaP^^^ propugna la necesidad de incorporar y valorar
ción y control del funcionamiento de la instalación carcelaria^^°. los diversos fenómenos y operaciones cognitivas del individuo en orden
a la comprensión de su conducta y a la eficaz intervención en la misma:
El llamado contrato conductual consiste en un compromiso formal del qué y cómo piensa aquél, cómo percibe su mundo, cómo razona, cómo
interno con la institución penitenciaria, en el que se hace constar lo que comprende a los demás, qué es lo que aprecia y estima de sí y de los otros,
ésta espera del recluso, así como las consecuencias del cumplimiento —. cómo intenta solucionar sus problemas, serían cuestiones fundamenta-
o de la frustración, en su caso— de las expectativas contractuales. Más les porque integran el «contexto subjetivo» del autor. En consecuencia,
utilizado en establecimientos de protección y reforma de menores que en los partidarios de este modelo de terapia sugieren programas que
centros penitenciarios convencionales, suele formar parte de sistemas
incidan positivamente en el razonamiento del interno, en sus atribucio-
de intervención «motivacionales» complejos^^^
nes (como explica o a qué imputa éste lo que le sucede o acaece), en sus
" ' •*-'"^ El contrato conductual hace posible una más intensa participación del interno en autoevaluaciones y expectativas, en su percepción y valoración del
^'f su propio tratamiento. Disminuye la percepción casi lúdica e infantil del sistema de mundo externo, empleando técnicas que mejoren sus habilidades perso-
• .;t economía de fichas, y el riesgo de ciertos fenómenos nocivos desde un punto de nales y sociales, su capacidad para resolver problemas interpersonales,
¡ j ' vista tratamental que suelen acompañar a la intervención en el ámbito penitenciario su empatia, su autoestima, su limitada percepción de la realidadi^^, etc.
(vg. contracontrol y atribución externa de refuerzos y cambio de conducta). Facilita
la generalización de las conductas ya adquiridas en un tratamiento de economía de La terapia cognitiva parte, pues, de la premisa de que el funcionamiento cognitivo
fichas previo y consolida, en todo caso, las relaciones entre internos e institución^^^^. del sujeto es una pieza clave para su eficaz resocialización, por lo que, a tal fin,
interesa sobremanera incrementar el nivel de aquél, objetivo específico de ciertos
4) Tratamientos de orientación conductual, aunque no exclusivamen- métodos orientados a potenciar el análisis autoracional, el autocontrol, el razona-
miento medio-fin, el pensamiento crítico^^^ etc.
te conductuales son, también, algunas técnicas utilizadas con psicópa-
tas, que ponderan ciertas variables intrapsíquicas; los de modelado
(cuya premisa es que la conducta prosocial se aprende o incrementa a La teoría cognitiva no pretende aportar u n a explicación etiológica del
través de la observación y la imitación); y el entrenamiento en habilida- crimen, pero constata conexiones relevantes entre el comportamiento
des sociales, técnica ésta de naturaleza cognitivo— conductuaV^^. criminal y ciertas operaciones y procesos cognitivos del autor.
Cabría referirse, entonces, a un cierto déficitcognitivoX\^\co o muy frecuente en
C) Técnicas de intervencióny tratamientos de orientación cognitiva^^*. el infractor cuyo perfil se caracterizaría por algunas de las siguientes notas'^^:
La moderna teoría cognitiva interesa más como «modelo» para la a) Escaso autocontrol. El actuar impulsivo es un rasgo típico en muchos
práctica de programas de intervención (tratamiento) y prevención que infractores. Estos suelen carecer de un eficaz filtro reflexivo que medie entre el
como «modelo explicativo» del delito. Crítica respecto al «dogma de la impulso o estímulo y las conductas de los mismos. La impulsividad dificulta el propio
análisis cognitivo de la situación y empobrece el diagnóstico sobre ésta. Se trata de
inmaculada percepción», del realismo ingenuo, y contraria tanto a las
un verdadero déficit, de una limitación.
«corazonadas psicoanalíticas» como a la «grotesca psicofobia» del
&
1116 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1117
posible la posterior experimentación de las mismas sin el riesgo que ello pregunte siempre por el porqué de las cosas, el quién, el cómo, etc.), la
suele suponer para la autoestima o las relaciones personales en una objetividad (dando mayor importancia a los hechos sobre las meras
situación real. Una vez adquirida la habilidad, se prosigue con un
opiniones), la flexibilidad (frente a los dogmatismos, prejuicios e
entrenamiento de transferencia a la situación real.
intransigencias), la sensatez y el respeto hacia los puntos de vista de los
-" Las habilidades sociales cuyo entrenamiento suele recomendarse con relación a demás, etc. • f^,f^ii^f--^^¡^^^^pi.M•¿i
-aildl delincuentes o población de riesgo son, entre otras: habilidades iniciales de conversa-
ñbeu. ción (vg. iniciar y mantener una conversación, aprender a escuchar, etc.), habilidades El razonamiento crítico se proyecta en cuatro áreas: persuasión (habilidad para
valorar las ideas de otros, que dificulta la manipulación propia), detección de errores
sb ov ^^ expresión (vg. exteriorizar el agrado, el enfado, formular una queja o protesta, etc.),
^.:^ habilidades de respuesta a otro u otros (vg. responder a un elogio, saberse disculpar, en el discurso de uno mismo o de los demás, correcta comprensión de los conceptos
etc.), habilidades de planificación (aprender a fijarse metas y objetivos, a establecer básicos de un debate (vg. asunciones, hechos, inferencias, etc.) y ampliación de
prioridades, a tomar decisiones, etc.), habilidades alternativas a la agresión (vg. miras (ponderar otras opiniones antes de llegar a una conclusión personal).
r 1 ^ técnicas de relajación, de autocontrol, etc.), habilidades situacionales(vg. cómo buscar
' empleo, cambiar de residencia o resolver una crisis matrimonial). 5') Desarrollo de valores. No basta con dotar al individuo de ciertas
habilidades sociales. Sin incurrir en un ilegítimo adoctrinamiento, ni en
B. El entrenamiento en habilidades sociales se complementa usualmen- una terapia moralizadora impropia de la sociedad plural de nuestro
te con otras técnicas y acredita excelentes resultados a corto plazo y con tiempo, parece oportuno estimular en el infractor u n debate axiológico
respuestas muy concretas (por ejemplo: habilidades de atención, de libre y sincero, haciéndole confrontar su sistema de valores con otras
conversación, de entrevista, de trato con la policía, de manejo de alternativas que gozan de u n amplísimo consenso social: así, la necesi-
problemas y situaciones determinadas, etc.). Falta por demostrar su dad de respetar los sentimientos de los demás, el no causar daño a
efectividad a medio y largo plazo y, sobre todo, el tránsito de la situación terceros, la bondad del altruismo y las conductas solidarias, etc.
experimental a la real (generalización).
•'- La técnica citada opera con «dilemas morales» que se suscitan a los participan-
'"' 3') Técnicas de control emocional. No siempre podrá evitarse que el • '"^ tes para su discusión en debates debidamente estructurados.
infractor se implique en situaciones conflictivas y de estrés interpersonal
que elevan de forma insoportable los niveles de activación emocional. 6') Habilidades de negociación. Ante un conflicto interpersonal, cabe
Interesa, por tanto, reducir o controlar ésta en dichas situaciones una respuesta abusiva (imposición de los intereses propios), u n a res-
provocadoras o entrenar al individuo y dotarle de habilidades cognitivas puesta evasiva (así, la droga, como modo de negar o eludir el problema),
para que haga frente a tales conflictos incluso bajo un elevado estrés con una respuesta conformista (aceptación, sin más, de las exigencias
respuestas automatizadas.wM ««•»}A-trt<*f« ajenas) o u n a respuesta «negociadora», que busca salidas al problema,
cediendo y transigiendo.
Las técnicas de control emocional se utilizan, sobre todo, con relación a
conductas coléricas, pero parecen útiles, también, respecto a otras emociones: La dificultad de esta técnica, que dotaría al individuo de habilidades de gran
.Oíi miedo, ansiedad, sobreexcitación, etc. El procedimiento consiste en instruir al '""' " utilidad en la interacción social, reside en la negativa percepción de la misma por el
V delincuente sobre las «claves» de la emoción que se pretende controlar: en qué . delincuente, quien la asocia, erróneamente, a actitudes de debilidad propias del
situaciones se provoca o genera y por qué; cuáles son los síntomas que anuncian '''•f «perdedor». Exige, además, una fuerte personalidad y excelentes dotes de
su aparición, los indicadores fisiológicos y psicológicos de la misma y qué medidas ^ '•'!' interrelación en el individuo que se somete a este aprendizaje.
^ concretas deben adoptarse para controlar tal activación emocional. Se entiende,
^•' pues, que la percepción acertada de ésta, implica ya un cierto grado de control y de
7') Razonamiento creativo. La «rigidez cognitiva» conduce a u n razo-
?•• capacidad para hacer frente al problema.njtJátrjií c
namiento «lineal», reduccionista, que limita las opciones del individuo y
su propio horizonte vital. Éste se aforra a sus ideas frente a toda
4') Técnicas de razonamiento crítico. Se t r a t a de enseñar al infractor
evidencia y persiste en el uso de sus opiniones y marcos referenciales
a discurrir de una manera lógica y racional, que le permita, a su vez,
aunque surjan situaciones distintas, o más complejas, dado que dicho
evaluar el pensamiento, las actitudes y las conductas propias y de
modo de razonar depende de patrones cognitivos fijos. La técnica del
terceros. Esta terapia, que implica continuas discusiones en grupo,
pensamiento crítico o creativo permite generar nuevos patrones
pretende desarrollar la curiosidad intelectual (que el individuo se
conductuales, nuevas ideas, nuevos instrumentos, (así: enseñar al
•^ITO"
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1119
sujeto a considerar los aspectos positivos, los negativos y los interesan-
tes de una idea, a ponderar todos los factores relevantes en torno a un responsables del mismo; f) Por último, el tratamiento será continuo y dinámico,
acomodándose a la evolución de la personalidad del interno durante el cumplimiento
problema o situación, evaluar las consecuencias y secuelas de una
de la condena.
decisión, elaborar reglas, establecer metas y prioridades, generar alter- La oportuna individuaiización úe\ tratamiento, según el artículo 63 de la Ley,
nativas y otras opciones a la que se presenta, tener en cuenta puntos de presupone la observación de cada penado y la clasificación del mismo, con el objeto
vista diferentes de otras personas, tomar decisiones, etc.). de destinarle al establecimiento cuyo régimen se acomode mejor al tratamiento
prescrito. Dicha clasificación tendrá en cuenta la personalidad y el historial del
^O^ap interno y, además, la duración de la condena, el medio social al que éste retornará
una vez extinguida aquella y todas las circunstancias que puedan influir o condicio-
4'. La resocialización del penado: marco legal y normativo. Principios nar el buen éxito del tratamiento.
y directrices de la L.O. general penitenciaria 1 ¡ 1979, de 26 de septiem- Cada seis meses, como máximo, se revisará la clasificación de cada interno,
bre, modificada por RD. 19011996, de 9 de febrero (BOE. del 15 de pudiendo determinar su respuesta al tratamiento una progresión o una regresión de
febrero). grado (art. 65).
La Ley contempla la posibilidad de organizar en los centros correspondientes
Desde un punto de vista estrictamente normativo, la Ley Orgánica General «programas basados en el principio de comunidad terapéutica» para grupos
Penitenciaria española (L. 1/1979, de 26 de septiembre) contiene importantes determinados de internos cuyo tratamiento lo requiera (art. 66.1-). Y concede
*' ' 'í' previsiones sobre el «tratamiento». Como es sabido, parte dicha Ley de un concepto especial atención a los programas «de asesoramiento psicopedagógico y de
.'?.\iQ estricto de «tratamiento», en el sentido que propugna ALARCÓN, y de una rígida psicoterapia de grupo», así como a la terapia de componamiento ... tendente a
^'cj...3£ distinción entre «actividades regimentales» (propias del régimen penitenciario) y modificar el sistema de actitudes del interno» (art. 66.2-). En el programa de
.,, «actividades específicas de tratamiento». tratamiento se integra, también, ia formación y eiperfeccionamiento profesionai de
El tratamiento consiste, según declara el artículo 59.1 - de la citada Ley, en «el aquellos reclusos cuya readaptación social lo requiera (art. 66.3-).
conjunto de actividades directamente dirigidas a la consecución de la reeducación Concluido el tratamiento o próxima la libertad del interno, se emite un informe
. y reinserción social de los penados». Pretende hacer del interno una persona «con sobre los resultados de aquel y un juicio de probabilidad sobre el comportamiento
la intención y la capacidad de vivir respetando la ley penal, así como de subvenir a futuro del recluso (art. 67).
sus necesidades», procurando desarrollar en aquel «una actitud de respeto a sí Aunque la ley distingue «régimen» y «tratamiento», el artículo 71 precisa que «el
mismo y de responsabilidad individual y social con respecto a su familia, al prójimo fin primordial del régimen de los establecimientos ... es lograr en los mismos el
y a la sociedad en general» (art. 59.2°). ambiente adecuado para el éxito del tratamiento», de suerte que «las funciones
En consecuencia, dispone el artículo 60.1- (de la referida L.O. General Peniten- regimentales deben ser consideradas como medios y no como finalidades en sí
ciaria), los servicios encargados del tratamiento indagarán todas las «peculiaridades mismas».
de la personalidad y ambiente del penado que puedan ser un obstáculo ...» para la El Regiamente penitenciario, aprobado por R.D. 1.201/1981, de 8 de mayo,
consecución de aquellos fines, sirviéndose de «todos los métodos de tratamiento y desarrolló estos principios. Particular mención debe hacerse a los artículos 1,3 y 4
los medios, que respetando siempre los derecfios constitucionales no afectados por del mismo. El primero declara «fin primordial» (de las Instituciones penitenciarias)
la condena, puedan facilitar la obtención de aquellos». «la reeducación y la reinserción Social de los sentenciados...». El artículo 3.1 - exige
Es voluntad de la ley que «el interno participeen la planificación y ejecución de • • el respeto de «la personalidad y dignidad humana de los recluidos». Y el 4, proclama
su tratamiento», debiéndose estimular, por tanto, su interés y colaboración en éste íí «principio inspirador» del cumplimiento de penas y medidas de seguridad privativas
(art. 61).
íj de libertad... «la consideración de que el interno es sujeto de derecho y no se halla
El «tratamiento», según reza el artículo 62 ha de inspirarse en s&sprincipios: a) excluido de la Sociedad, sino que continúa formando parte de la misma». La reciente
Estará basado en el estudio científico de la constitución, el temperamento, el reforma del citado Reglamento, aprobada por el R.D. 190/1996, de 9 de febrero
carácter, las aptitudes y las actitudes del penado, así como de su sistema dinámico- ' consolida y potencia los pilares del sistemaprogresivd^\ •>í,i.\yi JfJ ui
tenciario que se limite a dar respuesta a las necesidades primarias del Como advierte REDONDO^^^ se han publicado hasta la fecha ocho trabajos de
infractor está condenado al fracaso. revisión meta-analíticos, seis en el ámbito norteamericano y anglosajón, dos en el
• ^é*!?':- En segundo lugar, el propio Ideal resociallzador tiene que relativizarse, con europeo. El más antiguo se debe a la norteamericana GARRETT, quien analizó en
f realismo, y ganar en concreción. Su interpretación correcclonallsta, incluso clínica, 1985, 111 programas de tratamiento con delincuentes juveniles en instituciones de
;: - debe dar paso a otra meramente funcional, que concibe tal meta u objetivo no a modo reforma, obteniendo un tamaño del efecto promedio de R=18. Lo que significa que los
., de cambio cualitativo de la personalidad del penado, de las actitudes, motivaciones tratamientos evaluados lograron, como promedio, un 18% de mejora en las puntuacio-
y estructuras más íntimas de éste, sino como oferta del sistema al infractor, dirigida nes en los sujetos tratados en relación con los no tratados'^*'. En 1986 y 1987, un grupo
a enriquecer el horizonte personal y vital del mismo (en interés de éste, no del de investigadores norteamericanos realizaron sendos estudios en 35 y 90 programas
. sistema) y a potenciar efectivamente sus posibilidades de participación social. de intervención para delincuentes juveniles (GOTTSCHALK y GENSHEINER, entre
otros)^^^, obteniendo en ambos casos un idéntico tamaño del efecto de R=10, esto es,
Por otra parte, no cabe disociar el ideal resociallzador del marco histórico
una mejora del 10% de promedio en las puntuaciones de los sujetos tratados en
concreto de la realidad carcelaria, de la forma en que se cumple y ejecuta la peña
comparación con los que no lo fueron. En 1989, WHITEHEAD y LAB, norteamericanos
privativa de libertad y el modo en que la experimenta el infractor: de las facetas
también, analizaron 50 programas con delicuentes juveniles, hallando una efectividad
domésticas y cotidianas de la prisión que significan el día a día del penado.
promedio de R=12^^''; y en 1990, ANDREWS y otros, publicaron una revisión de 154
Difícilmente puede diseñarse una intervención positiva en éste sin una previa mejora
programas de tratamiento de delincuentes, juveniles y adultos, hallando un tamaño del
sustancial de las condiciones de cumplimiento de la pena y del régimen de ejecución
del castigo. La resocialización del infractor sería un concepto sublime pero vacío de efecto medio de R=10, es decir, una mejora global del 10% en los sujetos sometidos
contenido -y el tratamiento, un eufemismo- si los teóricos siguen especulando a intervención respecto al resto de los delincuentes que no fueron tratados^^^ No tan
inútilmente sobre la interpretación de categorías y conceptos trascendentales y se optimistas fueron, por último, los resultados del muy ambicioso esfuerzo de revisión
desentienden de los problemas concretos que la ejecución de la pena privativa de debido a LIPSEY, publicado en 1992, que evalúa 395 programas de intervención en
libertad suscita: la clasificación del interno, el régimen de permisos y visitas, las delincuentes juveniles, llevados a cabo entre 1945 y 1990, esto es, más de 40.000
comunicaciones, etc. etc. eb <Mi delincuentes tratados a lo largo de casi cinco décadas. El autor halló una efectividad
801B n. promedio que oscila entre un 0,5 y un 0,8, lo que representa un porcentaje de mejora
•>. } . v , !t'I3H!!6lK!
ssL^tíjrntrS;:^
142
FERDINAND, Th., Dees Punishment Work?., cit., pág. 343.
146 - ^ ^ a t Works?. Questions and Answers About Frisen Eeform, The Public Interest,
15 (1974), págs. 22 y ss; y, especialmente; New Findings, New Viewe: Anote of
Caution Eegarding Sentencieng Reform, en: Hofstra Law Review, 7 (1979), pág.
143 244.
DOUGLAS LIPTON S T h l l ^ Í f r o f ' ^^T""'' ^^'•' REDONDO, S., Mdem. ^^'^ The Psychology of Criminal Conduct, 1998, Cincinnati: The Anderson Publisching
Co., págs. 263 y ss.
"8 Ibidem.
"s En este sentido, REDONDO, S., Criminología aplicada, cit., págs. 199 y 200.
is" Cfr., REDONDO, S., Criminología aplicada, cit., pág. 200.
151 Cfr., REDONDO, S., Criminología aplicada, c i t , pág. 201. .,
1126 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1127
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1989, y, también: 'Táter-Opfer-Ausgleich. Anmerkungen zu seiner Bedeutung für in Great Britain, Home Office', London, 1985; MESSMER, H., 'Funktion und
das Rechtssystem', M s c h r K r i m 1993, págs. 50 a 56; KAWAMURA, G., Bedeutung einer dritten Partei im System von Ausgleichsverfahren zwischen
'Arbeitsschritte bei der praktischen Durchführung des Táter-Opfer-Ausgleichs', Táter und Opfer', en: MARKS/RÓSSNER (eds.), Táter-Opfer-Ausgleich. Vom
en: ARBEITSGRUPPE TOA-STANDARDS IN DER DBH, Táter-Opfer und zwischenmenschlichen Weg zur Wiederherstellung des Rechstsfriedens, Bonn,
Vermittler, Bonn, 1989, págs. 23 a 32; también: 'Wie wird Táter-Opfer-Ausgleich 1989, págs. 559 a 595; MÜLLER-DIETZ, H., 'Táter-Opfer-Ausgleich im StrafprozeB
1
1130 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1131
aus der Sicht des Strafrichters', en: KATHOLISCHE AKADEMIE TRIER, del mismo autor: 'Die Stellung des Opfers im Strafsystem', en: Recht und Politik
Straffálligkeit und Wiedergutmachung. Probleme der Kriminalitát und des Táter- 1988, págs. 69 a 76; también: 'Zur Wiedergutmachung ais einer dritten Spur im
Opfer-Ausgleichs, 1981, págs. 61 a 78; también: 'Zur Befreiung des Strafrechts vom Sanktionensystem', en: ARZT/FEZERAVEBER/SCHLÜCHTER/RÓSSNER (eds.),
zivilistichen Denken —am Beispiel der Schadenswiedergutmachung (§ 5 6 I I Nr. 1 Festschrift für Jürgen BAUMANN zum 70. Geburtstag, (Gieseking), Bielefeld,
StGB), en: JAHR (dir.), Gedáchtnisschrift fur Dietrich SCHULTZ, Koln, 1987, 1992, págs. 243 a 254; SCHMITZ, C , 'Was ist Táter-Opfer-Ausgleich?', en:
págs. 253 a 269; también: 'Schadenswiedergutmachung—ein kriminalrechtHches Braunschweiger Hefte zum Jugend-, Sozial- und Gesundheitswesen n-12 (1988),
Konzept?', en: KAISER/KURY/ALBRECHT (eds.), Kriminologische Forschung in págs. 98 a 113, también: 'Bedingungen und Probleme des Tátigkeitsfeldes Táter-
den 80er J a h r e n . Projektberichte a u s der B u n d e s r e p u b l i k D e u t s c h l a n d Opfer-Ausgleich am Beispiel der Geschichte des Braunschweiger Modellversuches',
(Kriminologische Forschungsberichte aus demMax-Planck-Institutfür auslándiches en: MARKS/RÓSSNER (ed.), Táter-Opfer-Ausgleich. Vom zwischenmenschlichen
und internationales Strafrecht, Freiburg i. Br., Band 35/2), Freiburg i. Br. 1988, del Weg zur Wiederherstellung des Rechtsfriedens, Bonn, 1989, págs. 596 a 621;
mismo autor: 'Strafrechtstheoretische Überlegungen zur Wiedergutmachung' en: SCHÓCH, H., 'Wiedergutmachung und Strafrecht. Symposium aus AnlaB des 800.
ESER/KAISER/MADLENER (eds.), Neue Wege der Wiedergutmachung im Geburtstages von Friedrich Schaffstein (Neue Kriminologische Studien, Band 4)
Strafrecht, Freiburg i. Br., 1990, págs. 355 a 366; también, 'Was bedeutet Táter- (Wilhelm F i n k ) M ü n c h e n , 1987; del m i s m o : 'Táter-Opfer-Ausgleich im
Opfer-Ausgleich —notwendige Begriffsbestimmungen', en: HERING/RÓSSNER Jugendstrafrecht', en: SCHÓCH (ed.), Wiedergutmachung und Strafrecht, München,
(eds.), Táter-Opfer-Ausgleich im allgemeinen Strafrecht, (ForumVerlagGodesberg) 1987, págs. 143 a 158, del mismo: 'Der Alternativ-EntwurfWiedergutmachung', en:
Bonn, 1993, p á g s . 7 a 24; N I N I , M., 'Moglichkeiten u n d G r e n z e n der MARKS/MEYER/SCHRECKLINGAVANDREY (eds.), Wiedergutmachung und
Konfliktschlichtung', en: MARKS/RÓSSNER (eds.), Táter-Opfer-Ausgleich. Vom S t r a f r e c h t s p r a x i s , Bonn, 1993, p á g s . 359 a 379; S C H R E C K L I N G , J.,
zwischenmenschlichen Weg zur Wiederherstellung des Rechtsfriedens, Bonn, 'Bestandaufnahmen zur Praxis des Táter-Opfer-Ausgleichs in der Bundesrepublik
1989, págs. 252 a 266; PEACHEY, D.E., 'The Kitchener Experiment', en: WRIGT/ Deutschland (ed. por BMJ), Bonn, 1991; SCHÜNEMANN, B., 'Zur Stellung des
GALAWAY (eds.), Mediation and Criminal Justice. Victims, Offenders and Opfers im System der Strafrechtspflege', NStZ 1986, págs. 193 a 200; SESSAR, K ,
Community, (Sage) London, Newbury Park, New Delhi, 1989, págs. 14 a 26; 'Wohin konnte sich unser Strafrecht entwickeln? Tendenzen und Alternativen
PFEIFFER, CH.,' 'Táter-Opfer-Ausgleich —das Trojanische Pferd im Strafrecht?', u n t e r dem Aspekt der Wiedergutmachung ais Sanktion', en: PIEB (ed.),
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Strafrecht. Leitfaden für die Praxis', en: HERING/RÓSSNER (eds.), Táter-Opfer- criminales), traducción del catalán a cargo de E. Maldonado Seraly C. Villacampa
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1132 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1133
respaldada por la sociedad, que operaría, así, como poderoso instrumen- El modelo oparadigma resocializador, por el contrario, pone el acento
to preventivo. Cualquier otro objetivo o finalidad (corrección del infi^ac- en la necesidad de intervenir de forma positiva y bienhechora en la
tor, reparación del daño, etc.) pasa a un segundo plano. persona del infractor, como parte esencial e integrante de cualquier
respuesta al delito, reintegrándole a la comunidad jurídica u n a vez
cumpHda la pena. •• Yrom- ;;
Bagatellfálle?', en: BMJ (ed.), Táter-Opfer-Ausgleich. Zwischenbilanz und
-'. Perspektiven, Bonn, 1991, págs. 191 a 194; VÁRELA CASTRO, L., 'Hacia nuevas
Por último, el modelo que se analiza a continuación integra en el
,' presencias de la víctima en el proceso', en: CGPJ, Cuadernos de Derecho Judicial. La sistema de respuesta al delito la satisfacción de otras expectativas
n Victimología, Madrid, 1993, págs. 95 a 159; VIET, F., 'Táter-Opfer-Ausgleich. Bereicht sociales: la solución conciliadora del conflicto que el crimen exterioriza,
;J aus der Praxis der Jugendgerichtschilfe Braunschweig', en: Táter-Opfer-Ausgleich in la reparación del daño causado a la víctima y a la comunidad por aquel
.( Braunschweig, Braunschweiger Hefte zum Jugend-, Sozial- und Gesundheitswesen
y la propia pacificación de las relaciones sociales. Puede hablarse, por
(i 12 (1988), págs. 18 a 69; VOB, M., 'Anzeigemotive, Verfahrenserwartungen und die
n Bereitschaft ven Geschádigten zur informellen Konfliktregelung. Erste Ergebnisse ello, de un modelo integrador, ya que procura contemplar los intereses,
,1 einer Opferbefragung', MschKrim, 1989, págs. 34 a 51; WALTER, M., Wandlungen expectativas y exigencias de todas las partes implicadas en el problema
:i in der Reaktion auf Kriminalitát. Zur kriminologischen, kriminalpolitischen und criminal, con armonía y ponderación. / v aobinfUfi asnaíob o
b insbesondere dogmatischenBedeutungvon Diversión', ZStW 95(1983), págs. 32 a68,
del m i s m o : ' T á t e r - O p f e r - A u s g l e i c h s t a t t S t r a f e — z u m W a n d e l im El modelo «integrador» parece, sin duda, más ambicioso en cuanto a
•A Kriminalitátsverstándnis-', en: MARKS/MEYER/SCHRECKLINGAVANDREY(eds.), sus objetivos últimos. Por otra parte, exhibe u n a clara vocación de
S' Wiedergutmachungund Strafrechtspraxis, Bonn, 1993, págs. 63 a 69; WALTER, M./ flexibilidad en orden a los procedimientos que arbitra para alcanzarlos,
. SCHULDZINSKY, W., 'Der Táter-Opfer-Ausgleich und seine Verórtung im System
al propugnar vías alternativas al sistema legal y soluciones informales,
r> strafrechtlicher Sozialkontrolle', en: OSTENDORF (ed.), Strafverfolgung und
Strafverzicht, Festschrift zum 125 jáhrigen Bestehen der Staatsanwaltschaft desinstitucionalizadas, comunitarias. Late, pues, la convicción de que el
í Schleswig-Holstein, (Cari Heymann),Koln y otras, 1992, págs. 559 a 577; WEIGEND, crimen es un conflicto interpersonal y que su solución efectiva, pacifica-
'•'' T., 'Viktimologische und kriminalpolitische Überlegungen zur Stellung des Verletzten dora, debe encontrarse por los propios implicados en el mismo, «desde
íi im Strafverfahren', ZStW 96(1984), págs. 761 a 793, del mismo: 'Freiwilligkeit ais dentro», en lugar de imponerse por el sistenaa legal con criterios
Funktionsvoraussetzung alternativer Konfliktregelung?, en: JUNG (ed.), Alternativen
zur Stra:Qustiz und die Garantie individueller Rechte der Betroffenen, Bonn, 1989,
formalistas y elevado coste sociaP^^ . "^ . ,,
págs. 149 a 159, también: 'Restitution in den USA, EN: ESER/KAISERTMADLENER
Calificar de «modelo» o «paradigma» estas nuevas tendencias quizás
(EDS.), Neue Wege der Wiedergutmachungim Strafrecht, Freiburgi. Br., 1990, pág.
111 a 128, también: 'Sanktionen ohne Freiheitsentzug', GA1992, págs. 345 a 367, y, sea un exceso dialéctico, porque los innumerables y poco homogéneos
también: 'Táter-Opfer-Ausgleich in den USA', MschKrim 1992, págs. 105 a 114; procedimientos de conciliación, mediación y reparación —por sus muy
WEITEKAMP, E., 'Can Restitution Serve as a Reasonable Alternativo to plurales orígenes, ambigüedad de metas y contradictoria instrumenta-
Imprisonment? An Assessment of the Situation in the USA', en: MESSMER/OTTO ción técnica— no ofrecen hoy por hoy u n a imagen unitaria y coherente,
(eds.), Restorative Justice onTrial. Pitfalls andPotentialsofVictim-Offender Mediation
—International Research Perspectives- (Kluwer Academic Publischers), Dordrecht/
sino confusa, fragmentaria. Es más: exhiben un significativo déficit en
Boston/London, 1993, págs. 81 a 103; WRIGHT, M., 'Victim-Offender Mediation as sus marcos teóricos, aún inconclusos, y relevantes indefiniciones, lagu-
step towards a restorative system of justice', en: MESSMER/OTTO (eds.), Restorative nas y antinomias en aspectos políticocriminales, criminológicos, orgáni-
Justice on Trial, (Kluwer Academic Publishers), Dordrecht/Boston/London, 1993, cos, procesales, etc. que cualquier sistema convencional de respuesta al
págs. 525 a 539; WRIGHT, M./GALLAWAY, B., 'Mediation and Criminal Justice.
Victims, Offenders and Community, (Sage), London, Newbury Park, New Delhi,
delito debe superarías. ^^^^^^ h..,!m'Lry-nu¥ kto¿ i - .vlW
1989; WOLF, J., 'Konfrontation im Táter-Opfer-Ausgleich', en: ARBEITSGRUPPE No obstante, y como en su día sucediera con el también ambiguo e
TOA-STANDARDS IN DER DBH, Táter, Opfer und Vermittler, Bonn, 1989, págs. 52 indefinido lema de la «resocialización», los actuales conceptos de «media-
a 81; YANTZI, M.D., 'Das Táter-Opfer-Aussohnungsprojekt (VORP) in Kitchener
(Ontario), Kanada —(Wieder) Aussohnung zwischen Táter und Opfer ais Alternative
liMM)
zu traditioneller Justiz-', en: JANSSEN/KERNER (eds.), Verbrechensopfer, '*f'^ ;srií '! hn fiiTrhi''iiir'h'') fiíiév ,í(íoW
Sozialarbeit und Justiz, Bonn, 1986, págs. 329 a 343; y, por último, ZIPF, H.,
'Schadenswiedergutmachung, gemeinnützige Arbeit, Táter-Opfer-Ausgleich', en: ^^^ Sobre el modelo conciliatorio, vid. PÉREZ SANBERRO, Guadalupe, Reparación y
Verhandlungen des Zehnten ósterreichischen Juristentages (lO.OJT), II/2, Abteilung conciliación. Autor-víctima, 1996 (Bilbao), tesis doctoral.
Strafrecht, Wien, 1988, págs. 75 a 125. . • 156
Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., (4^ ed.), pág. 480 y ss.
1134 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1135
ción», «conciliación» y «reparación» cautivan, habiendo polarizado, des- crimen liberándola de tradicionales connotaciones patológicas, solida-
de la década de los ochenta, los principales debates teóricodoctrinales riamente, en lugar de articular reacciones defensivas frente al «enemigo
sobre la justicia criminal. Representan —o parecen representar— la común». Y que da entrada, sin complejos —pero, sin arrogancia— a
nueva savia rejuvenecedora del sistema, capaz de aportar, con su saberes extrajurídicos y a operadores (mediadores) con el propósito de
discurso positivo y optimista, alternativas válidas al nihilismo del diseñar procedimientos de comunicación e interacción ágiles que facili-
«nothing works» que atenaza a aquéP^^. ten las soluciones de los conflictos.
Para empezar, el estandarte de la «Justicia restaurativa» que abandera Las excelencias, por tanto, del «modelo integrado» frente al «enjuicia-
este genuino «movimiento» ha sabido sintonizar con las exigencias miento» convencional parecen evidentes: persigue metas y objetivos más
sociales y expectativas de nuestro tiempo en torno al doloroso problema exigentes, se sirve de cauces flexibles e informales y paga costes sociales
del crimen —problema social y comunitario de primer rango— mejor, también menores. •.• r c 4- i ^* • r
desde luego, que los viejos y caducos clichés categoriales de la rancia Sin embargo, son muchos los interrogantes que suscita el ideal de la
dogmática penal, cada vez más retórica, que ciencia. De suerte que a llamada «justicia restaurativa» y relevantes, muy relevantes, sus
conceptos o dogmas manidos y vacíos de contenido (vg. resocialización, implicaciones.
rehabilitación, etc.), cargados de frustración, los sistemas de «restitution»
No son claros, desde luego, ni unívocos sus antecedentes ideológicos,
y «conciliation» han opuesto un nuevo lenguaje de formas, conceptos,
ni sns presupuestos político-criminales, dado que los modelos de conci-
técnicas y categorías sugerentes, atractivas^®*^. Y no sólo eso: aportan un
liación, mediación y reparación beben en fuentes muy dispares. Las dos
análisis diferente del conflicto criminal y fórmulas también diferentes
tradiciones histérico-culturales del control social desembocan, por cami-
de intervención en el mismo. Los sistemas y procedimientos de media-
nos diferentes, en fórmulas alternativas, sustitutivas o complementa-
ción, conciliación y reparación rescatan la dimensión interpersonal del
rias del sistema legal, en procedimientos informales de solución de los
crimen, real, histórica y concreta. Proponen una solución («gestión»)
conflictos. Éstos constituyen, en efecto, la propuesta emblemática de los
participativa de dicho conflicto, flexible y comunicativa, ampliando el
sistemas de «diversion»^^^. Pero, también, del pensamiento «abolicionis-
círculo de personas «legitimadas» para intervenir en ella. Todo mediante
técnicas y procedimientos operativos, informales (desinstitucionalización)
en aras de u n a justicia que resuelve el conflicto, da satisfacción a la
víctima y a la comunidad, pacifica las relaciones sociales interpersonales
y generales e incluso pacifica y mejora el clima social. Sin vencedores ni Australian Institut of Criminology, pág. 36 y ss.; MATTEWS, R., Crime Prevention.
Disorder and Victimisation: Soma Recent Western Experiences. International
vencidos, sin humillar ni someter al infractor, sin amenazar a éste con
Journal ot Sociology of Law, 1994 (22), págs. 87 a 104.
las «iras» o el «peso» de la ley^^^, sin apelar a la «fuerza victoriosa del 161 Paj-g^ y n a referencia bibliográfica sobre la «diversión» y su incidencia en los modelos
Derecho». Una justicia de base comunitaria^'^" que asume la realidad del de mediación y conciliación, vid.: VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación repara-
dora, cit., pág. 329, nota 38; GIMÉNEZ SALINAS, Esther, La conciliación víctima-
delincuente. Hacia u n Derecho Penal reparador, en: La victimología. Cuadernos de
Derecho Judicial. Madrid, 1993 (Consejo General del Poder Judicial), pág. 354.
^^"^ Sobre el nihilismo y el «nada funciona» (nothing works), vid.: BLOMBERG, Th., V é a s e , en g e n e r a l , sobre la «diversión»: H E I N Z , W., D i v e r s i ó n im
COHÉN, St., edits., Punishment and Social Control, cit., 1995, págs. 83 y 84, Cfr. Jugendstrafverfahren der BundesrepublikDeutschaland, en: Bundesministerium
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 125. der J u s t i z (edit). Diversión in Jugendstrafverfahren des Bundesrepublik
Deutschland. 1992. Bonn; STORZ, R., Judenstrafrechtliche Reaktionen und
15** Vid. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 121, citando la
legalbewáhrung, en: HEINZ, W., y STORZ, R.,: Diversión imJugendestrafverfahren
obra de FEELEY y SIMÓN.
der Bundesrepublik Deutschland, 1994 (3^ Edic), Bonn, págs. 131 y ss.; VILLMOW,
158 Vid., GARCÍA-PABLOS, A., Criminología, cit., (4^ ed.), pág. 494.
B., Diversión auchbei wiederholten oder schwereren Delikten: Entwicklungen und
1''° Sobre el subrayado comunitario, vid.: VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación
Kontroversen in Hamburg, en: Deutsche Vereinigung für Jugendgerichte und
reparadora, cit., pág. 76y ss.; CHRISTIE, N., Limits to Pain, Oxford (1981), Martin
Jugendgerichtshilfen - D V J J (edit.), Kinder und Jugendliche ais Opfer und Tater.
,, f Robertson, pág. 97 y ss.; BRAITHWAITE, J., Juvenile Offending: New Theory and
Pravention und Reaktion. Dokumentation des 24. Deutschen Jugendgerichtstages
Practico. En: National Conference on Juvenile Justice. Proceedings of a Conference
vom IS.bis 22 September 1998 in Hamburg, 1999 (Godesberg), págs. 427 y ss.
Held, 22.24 September, 1992, Edit. Lynn Atkinson y Sally-Anne Gerull. Canberra:
1136 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1137
ta» de la «non radical intervention»^®^ y de las tendencias victimológicas Los propios objetivos finales de este nuevo 'paradigma' parecen
que surgen en la década de los cuarenta^^^. Sin olvidar las corrientes discurrir por niveles lógicos diferentes, y exigen u n esfuerzo conceptual
L«reprivatizadoras» radicales^^*, partidarias de la devolución del conflicto de armonización que mitigue inevitables antagonismos. Pues no sería
a sus protagonistas, orientaciones, como es lógico, muy proclives a estas correcto equiparar modelos de reparación, orientados a satisfacer expec-
vías alternativas del control social formal. Todo ello demuestra, sin tativas individuales de la víctima y modelos de conciliación que afrontan
embargo, que la racionalidad del nuevo modelo tiene y cuenta con una la solución de un conflicto interpersonal atendiendo exigencias bilatera-
fundamentación ideológica muy variada: la necesidad de evitar el les; ni cabe suponer, tampoco, que el impacto pacificador de las relacio-
impacto estigmatizante del sistema legal y sus agencias e instancias nes sociales generales —y del clima social— se intente o alcance de modo
oficiales («diversión»), la mejor satisfacción de las justas expectativas de similar en uno u otro submodelo. Reparación, conciliación y pacificación
uno de los p r o t a g o n i s t a s del conflicto criminal («movimientos no son magnitudes homogéneas, ni metas comunes predicables de u n
victimológicos»), la intrínseca falta de legitimación activa del sistema mismo paradigma.
para arrebatar el conflicto a sus 'propietarios' («abolicionismo» y tenden-
La imprecisa autodefinición de esos modelos «trilaterales» de media-
cias privatizadoras radicales), etc. O lo que es lo mismo: que falta una
ción, conciliación y reparación incide, lógicamente, no sólo en sus metas
base común, un sustrato ideológico homogéneo, un hilo conductor a sus
últimas, sino también en el contenido de las fórmulas que proponen para
muy diversas manifestaciones^^^.
a in ..iyo3¡ abordar los conflictos y en el modo de fundamentar la legitimación de los
-VJiUi:} Bíj V>f>^W terceros que h a n de intervenir o gestionar la solución de aquéllos. Poco
tienen en común, por ejemplo, las tesis moderadas que contemplan estos
procedimientos informales como genuinas 'terceras vías'^^^, o como
En cuanto al movimiento abolicionista y su relación con los sistemas de mediación mecanismos 'sancionatorios' en el seno del sistema penaP'^'', con las
y conciliación, vid.: CHEISTIE, N., Conflicts as Property, en: British Journal of
radicales 'eunómicas'^'^^, que sugieren la «negociación», o las abolicionis-
Criminology, 17 (1977), pág. 1 y ss.; Cfr. VAEONA MARTÍNEZ, G., La mediación
reparadora, cit., pág. 86 y ss.; GIMÉNEZ SALINAS, Esther, La conciliación tas y reprivatizadoras, contrarias a la intervención del sistema legal —
víctima-delincuente, cit., pág. 356. «ladrones oficiales» del conflicto, «confiscadores» de éste— que propug-
Subrayando la influencia de las tesis victimológicas en los sistemas de mediación nan su «devolución» a los implicados en el mismo («propietarios»)^*^^.
y conciliación, GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit.,
pág. 347 y ss. Desinstitucionalizar, desoficializar, desjuridicidar, desformalizar,
Sobre las tendencias «privatizadoras», en general: GIMÉNEZ SALLINAS, E., La privatizar, desjudicializar, son términos y conceptos que, a menudo, se
conciliación víctima-delincuente: hacia un Derecho Penal reparador, cit., pág. 356 ¡
utilizan con escaso rigor, como si de sinónimos se tratase. Pero que no lo
y ss. Con relación a las tesis radicales, vid.; CHRISTIE, N., Conflictus as Property,'
cit. (1977), págs. 1 y ss.; BIANCHI, H., Justice as Sanctuary.Toward a new System \ son.
of Crime Control, 1994. Bloomington, Indiana University Press, pág. 58 y ss. Cfr.
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 309 y ss.
Prueba de la citada ausencia de un sustrato ideológico homogéneo es el propio i 1*^^ Vid., GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciHación víctima-delincuente, cit., pág. 355 y
concepto de «Justicia restaurativa» que sirve de abrazadera al vasto entramado de ¡ ss. (Entre el abolicionismo y la privatización. La tercera vía). Sobre el problema,
doctrinas y reaHzaciones inspiradas en las ideas de mediación y conciliación. Vid., j vid.: PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y concihación, cit., pág. 299 y ss.
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., págs. 99 y ss. quien cita j 167 Propuesta de GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit.,
como representativos a: ZEHR, H., (Changing Lenses: A New Focus for Crime and - págs. 350 y 359. Según la autora, mediación y conciliación nacen «dentro» del
Justice, 1990. Scottdale: Herald Press); WRIGT, M. (Justice for Victims and i Derecho Penal, deben ubicarse en el seno del mismo y regirse por sus principios
Offenders. A restorative Responso to Crime. Filadelfia, 1991. Open University . generales, aunque se lleven a término de forma extrajudicial, antes o fuera del
Press); BURNSIDE y BAKER (Justicia relacional, 1994);BOTTOMS, A.E. (Avoiding \ proceso. Sobre la tercera vía que propone ROXIN, y en general, el rico espectro de
Injustice, Promoting Legitimacy and Relationships, en: Relational Justice Repairing i opciones, vid., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y concihación, cit., págs. 299
the Breach, 1994, Winschester: Waterside Press); CRAGG, W. (The Practice of j y 300.
Punishment. Towards a Theory of Restorative Justice, 1992, Londres, Routledge); 1*^* Tesis de BIANCHI, H., Justice as Sanctuary. Toward a new System of Crime
FATIC, A. (Punishment an Restorative Crime-Handling. A Social Theory of Trust, Control, cit., 1994, págs. 58 y ss. y 171 y ss.
1995, Aldershot: Avebury); BERISTÁINIPIÑA, A. (quien opta por la denominada: ^^^ CHRISTIE, N., Conflicts as Property, cit. (1977), British Journal of Criminology,
«Justicia recreativa»). 17, pág. 1 y ss.
TRS" ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1139
Por la misma razón, no queda claro el grado de autonomía orgánica
y funcional de estos procedimientos informales respecto del sistema actitudes y vivencias más íntimas y exigentes"^, producto de la percep-
legal. Si mediación y conciliación se comportan en términos de alterna- ción directa y personal del mal causado a la víctima y del proceso de
tiva, sustitutivo, complemento o sucedáneo con relación al enjuiciamien- interacción con ésta; habiéndose enfatizado incluso —por un sector
to convencional. Si cabe hablar, en puridad —o, no— de u n a recíproca doctrinal— que, al margen de los valores éticos, la mediación sería una
intercambiabilidad o fungibilidad de la actuación de unas y otras mera gestión de conflictos, que no mejoraría cualitativamente los
instancias (formales e informales) del control social; esto es, si se admite estándares de la justicia tradicional"^.
la posibilidad de formular apriorísticamente criterios generales que Otras cuestiones técnicas de gran calado y trascendencia siguen
delimiten sus ámbitos y competencias respectivos. suscitando u n a viva polémica entre los partidarios de la mediación y la
^^ Ni, por supuesto, cual es el rol que se asigna a la comunidad"^ —y qué conciliación, sin que se vislumbre la posibilidad de u n elemental consen-
se entiende por comunidad (si se t r a t a de un marco simbólico, de un so. Así, son inabarcables las modalidades concretas de mediación y
medio, o de una referencia final) en estos procedimientos de conciliación conciliación que se conocen o sugieren; el rol, contenido, perfil y funcio-
y mediación—; cuestión de particular interés en un momento del saber nes, en cada caso, del tercero (negociador, arbitro, mediador, etc.)"''; las
científico-criminológico en que no cabe ya comprender el delito al propias «formas» de la mediación-conciliación, atendiendo al número,
margen de la comunidad, y cuando tanto la prevención como la interven- actividad, legitimación y grado de autonomía e imparcialidad de aquel
ción en el problema criminal se definen como prevención comunitaria y (sistemas unilaterales, bilaterales y trilaterales)"^; los posibles 'estilos'
como intervención comunitaria"^ , _5-... i.^ :oq, .IÁÍ ÍÜOj iin de mediación (penal, terapéutico, compensatorio, conciliatorio, etc.)"^;
y, desde luego, las muy diversas fórmulas procedimentales que se
' ' P o r otra parte, los teóricos de la mediación, la conciliación y la arbitran como cauce o marco de comunicación para resolver el conflic-
reparación proclaman las excelencias de estas fórmulas —dicen, «acti- to"''. Un análisis histórico, iuscomparatista y antropológico debiera
vas», «incluyentes», «comunicativas» y «participativas»"^— estimándolas alertar sobre la imposibilidad de llevar a cabo con éxito un seguimiento
cualitativamente más acabadas y exigentes que las del enjuiciamiento riguroso de estas instituciones, instituciones de mil caras, de curso
convencional. Sin embargo, y a pesar de atribuir a aquéllas la capacidad V ¡.•..•l..HÍ!<-'.¡
de operar valiosos cambios actitudinalesy motivacionales en el infractor .Jli W I T j f r r r K I ^7^.ff
les de los años sesenta, surgiendo en los países anglosajones movimien- La victimología, al reclamar el derecho de la víctima a participar en
tos de opinión favorables a la búsqueda de vías alternativas al sistema el tratamiento de «su» conflicto con el («su») infractor sin los formalis-
legal («diversión»), esto es, instancias no oficiales y mecanismos infor- mos, distanciamiento y artificios técnicos propios de la intervención
males que pudieran resolver con eficacia y menor coste los conflictos^^^. I legal, potenció la creación de espacios de comunicación más flexibles y
Se pensaba que fórmulas como la mediación, la conciliación o la repara-"» wKf espontáneos, como la conciliación, la mediación y la reparación. Estos,
ción evitarían el impacto estigmatizador de la pena (y de la mera desde luego, parecían más idóneos que el procedimiento penal para
intervención de las instancias oficiales del control social formal), alivia- satisfacer los daños morales relacionados con ciertos estados y senti-
rían la sobrecargada Administración Penal solucionando al margen de mientos (vg. humillación, ira, miedo, etc.) que impiden a la víctima
la misma un buen número de conflictos de escasa importancia y permi- asimilar de forma racional y constructiva la experiencia delictiva vivi-
tirían la satisfacción de los legítimos intereses de la víctima del delito^^°. dai32.
•r^é}¥- Los postulados de la «cZ/Vers/bn» tienden lógica y naturalmente a potenciar la Conciliación, reparación y mediación, aparecerían unidas al actual
•• intervención de las instancias informales del control social. ^^' «redescubrimiento» de la víctima, expresión del creciente protagonismo de ésta y
De hecho, el XIII Congreso Internacional de Derecho Penal, celebrado en To/c/o del nuevo rumbo de la respuesta al problema criminal. De hecho, los monografistas
(1983), abordó la discusión monográfica de la mediación, bajo el prisma de la de la mediación— conciliación suelen vincular los antecedentes próximos de éstas
^, filosofía de la ^^d/Vers/b/?». al movimiento de atención y compensación a la víctima^^^. En el éxito creciente de
' ^' El «labeling approach», por su parte, aportaría un significativo refuerzo teórico ,,^t , tales figuras juega un papel crucial la comprobación de que el sistema legal
'XU'ú g impulsaría numerosos proyectos orientados a la solución de conflictos mediante \ .^ convencional aleja al infractor de su posición natural junto a la víctima, quebrando
olo'-" o a través de la actuación flexible de agencias informales, no institucionalizadas. artificialmente un binomio inescindible. Las sanciones que aquél impone, además,
Entre otros, LILLY, GULLEN y BALL (1989), DIGNAN (1992), KLAPMUTS (1976), incrementan la pasividad e indiferencia del delincuente respecto a «su» víctima y a
KOS-RABCEWICZ-ZUBKOWSKI (1983), JOUTSEN (1982), GEORGE (1983), la sociedad. Y propician, al propio tiempo, la cosificación de ésta, su neutraliza-
-Mfif. DOMONDON (1983), MARKS y RÓSSNER (1989), HANAK (1982), MOORE (1994), ción^^".
FATHISOROUR (1984), MATSUO (1983), BYNUM y THOMPSON (1996), llevaron El movimiento internacional de apoyo a la víctima ha sugerido, también, la
;, a cabo contribuciones de gran interés, siempre siguiendo las directrices teóricas del
conveniencia de potenciar procedimientos informales de solución de conflictos,
«labeling approach»'"'
como la mediación y la conciliación^^^
",. Así, la Recomendación21, del Comité de Ministros del Consejo de Europa, sobre
asistencia a las víctimas y la prevención de la victimización, alude de modo explícito
J. a la mediación. El borrador de Handbook, elaborado por un Grupo de Expertos
.!:•:'"',> >íi'JÍ':í.\."'f~!iVÜ')Oh>.. r, ÍS'J^K, (1977), sobre derechos e intereses de la víctima en procedimientos ante la Corte
Internacional, se refiere, también, a la «justicia restaurativa», a la reparación y a la
•'-^^ Sobre los diversos programas conciliatorios, vid. SCHNEIDER, H. J., Kriminologie, „ mediación. La reparación incluiría no sólo aspectos materiales o económicos, sino
cit., pág. 854 y ss.; SIEGEL, L. J., Criminology, West Publishing Company, 1983, ..,„ el reconocimiento público del daño causado, junto con disculpas del infractor a su
págs. 228 y ss.; GARCÍA-PABLOS, A., Criminología. Introducción, cit, 4- Ed. págs. ,, j„,' víctima, todo ello a través de procedimientos informales. El texto del Borrador reitera
,,, 487 y ss.; sobre el problema, más detenidamente, vid. infra, en este mismo capítulo, ,^p la conveniencia de fomentar la «restitución creativa» o prestación de servicios y las
apartado 3, in fine. ,',,, prácticas de mediación desde los distintos organismos de asistencia a las víctimas.
^^^ Sobre las diversas circunstancias que explican el éxito de las ideas de reparación Por último, la Recomendación 12/1986, del Comité de Ministros del Consejo de
y conciliación en la década de los setenta, vid.: HARTMANN, A., Schlichten oder
Richten. Der Táter-Opfer-Ausgleich und das (Jugend) Strafrecht, 1995 (Wilhelm
Fink), München, págs. 96 a 107; FREHSEE, D.; Schadenswiedergutmachung ais
192 Vid. PÉREZ SANBERRO, G., Reparación y concihación, cit., pág. 19 y ss. Sobre el
Instrument strafi"echliche Sozialkontrolle. Ein kriminal politischer Beitrág zur
tema, vid., también: CHRISTIE, N., Conflicts as Property, en: The British Journal
Suche nach alternativen Sanktionsformen, Berlín, 1987 (Kriminologische und
sanktionenrechtliche Forschungen, I, pág. 3 y ss. (Dunker-Humblot). Cfr. PÉREZ of Criminology, 1977, págs. 1 a 15; ZEDNER, L., Reparation and Retribution: Are
SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 14 y ss.; GIMÉNEZ SALI- they Reconciliable?, en: The Modern Law Review, 1994, pág. 231 y ss.
NAS, E., La conciliación víctima-delincuente: hacía un Derecho Penal reparador, 193 Así, JESIONECK, U., (1992) y PELIKAN, Ch. (1989). Cfr. GIMÉNEZ SALINAS,
cit., pág. 348 y ss.; VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora..., cit., pág. E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 359, nota 24.
147 y ss. iS'i Vid., BERISTÁINIPIÑA, A., De leyes penales y de Dios legislador. Alfa y Omega.
1990. Madrid, pág. 209 y ss. Cfr., GIMÉNEZ SALINAS, E., La concihación víctima-
^^^ Vid. yARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 329, nota 38; delincuente, cit., pág. 350.
GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 354 y ss. 196 Vid. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 336 y ss.
^^TT
HI ^'^f^\
"'! .
196 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., págs. 339 y 340. ^°i Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 76 y ss.
19^ Vid. PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 21 y ss. ^°2 DUFF, A., Punishment, Citizenship. Responsability, en: Punishments, Excuses
198 MATTEWS, R., utiliza conceptos como «community policing», «neighborhood and Moral Development, 1996, edit. H.T. Aldershot, Aveburg. Cfr., VARONA
policing», «consensus policing» que subrayan la importancia del marco comunita- MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 79 y 89.
• " ' rio. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 72. ^"^ Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 84 y ss. La
19S Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 76 y ss. autora subraya la influencia de la filosofía de FOUCAULT y de HABERMAS en el
200 Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 76 y ss. La obra pensamiento abolicionista. ,.0
• paradigmática de esta tendencia es: Not J u s t Deserts: A Republican Theory of ^"^ Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 86.
Social Control, de Braithwaite y Petit, publicada en 1990, y, también, Crime, 205
CHRISTIE, N., Limits to Pain, 1981, Oxford, M. Robertson, pág. 97 y ss. Cfr.,
Shame and Reintegration, del primero de ellos (1989). VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit, pág. 87 y ss. i,.
1146 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1147
trabajo como organización productiva dirigida al cumplimiento racional de sus 2'. Expectativas que genera este paradigma. El modelo integrador ha.
9 objetivos, con olvido, sin embargo del sano sentido común popular y de los valores. despertado considerables expectativas. Aunque en sus orígenes tuviese
,f CHRISTIE prefiere la otra justicia 'de aldea que, en su simbolismo, no es ciega, ni un ámbito bastante reducido (infracciones patrimoniales cometidas por
3 empuña una espada^^^ Finalmente, BIANCHI propone un nuevo modelo de control
3 penal («eunómico») que el autor caracteriza, frente al represivo clásico («anómico»)
infractores primarios jóvenes) padeciendo u n a insuficiente y casi caótica
como «comunicativo, horizontal, responsabilizador, educativo, innovador, orgánico aplicación, hoy aspira a convertirse en u n a «tercera vía», con vocación de
terapéutico, racional, oposicional —en lugar de adversativo, de derecho real' universalidad (no excluiría ninguna clase de conflictos) que arbitra
funcional, liberalizador y reparador»—2°^. El autor sugiere un sistema que propicia mecanismos eficaces de solución real de éstos, de modo no institucional,
la responsabilidad activa y participación de los implicados en el conflicto criminal
informal y al margen de las instancias del control social formal.
(«situación problemática») y descansa en la negociación, en el arreglo. Más aún:
resucita la vieja idea del santuario, del asilo, con relación a los autores de delitos El modelo «integrador» redeñne el propio ideal de justicia. Concibe el
violentos, quienes encontrarían en los mismos, bajo garantía del Estado, ámbitos de
crimen como conflicto interpersonal concreto, real, histórico, rescatando
inmunidad frente a la acción de la justicia con el único requisito de que estos
«fugitivos» contribuyan a la solución pactada del conflicto delictivo mediante la una dimensión de éste que el formalismo jurídico había neutralizado.
negociación y el arreglo^"''. Orienta la respuesta del sistema más a la reparación del daño que el
. ,;: -uoBTísqtn <i9no!osio8rn iiugeenoo eisq oanooi 360") .tiviü orioeisc infractor causó a «su» víctima, a las responsabilidades de éste y las de la
En todo caso, los programas anglosajones de la década de los setenta, comunidad, que al castigo mismo^^". Se propone, pues, intervenir en
respondan al modelo puro de mediación-conciliación (Reconciliation dicho conflicto constructiva y solidariamente, sin metas represivas,
Programs) o al de reparación (Restitution Programs) e implican un buscando soluciones. Y no desde su 'auctoritas\ sino a través del pacto,
cambio profundo en la tradicional distribución de roles entre el Tribunal del consenso, del arreglo, de la composición: mediante la negociación,
y los implicados porque parten de la premisa de que el crimen debe confiando en la capacidad de los implicados para encontrar fórmulas de
concebirse como un conflicto interpersonal. Por ello, el núcleo de la compromiso. La «justicia restaurativa» no gira ya en torno a la idea
conciliación no viene constituido por la infracción misma sino por la excluyente y obsesiva del castigo, sino de la reparación, la conciliación
voluntad de compromiso y asunción de responsabilidades de las partes y la pacificación. Enfatiza la relevancia de ciertas instituciones prima-
en orden a su solución. El sistema, en consecuencia, deposita u n a firme rias, de la educación, de la comunicación^", de la reconstrucción de
confianza en la capacidad y autonomía de los individuos para resolver, «vínculos informales positivos»^^^ como garantía del acatamiento de las
pacífica y eficazmente, los conflictos en que puedan hallarse inmersos. normas y prevención del delito. El modelo «integrador», por tanto, ofrece
Y conlleva, desde luego, u n a decidida tendencia a desjudicializar y y evoca u n a nueva imagen de la justicia, de faz humana, que ya no es una
desjuridicidar aquellos, optando por la mediación flexible de instancias diosa distante, con los ojos vendados, sorda y muda, ni ciñe espada. Una
no oficiales de carácter comunitario y por procedimientos informales, justicia más lega que profesional, próxima al ciudadano, de marcado
siempre más pacificadores'"'^. perfil comunitario, pacificadora, comunicativa, participativa,
integradora. Que comprende los conflictos, «desde dentro» y t r a t a de
coi3t\'3 / 'ji'feí' íu ''^*".9íT'ii ^.m ,ts Mií ¡"•=»?Oíq fir'^-' ^ R¡ -,; -m-: "••> - •" ^1 : v eup\
nsuiTi.;'-"'a'.''f.D.>tip ¡Pífm"Tifií.ij --t-Tú^- .1 * - j Arw,¡^r'^i • .-'t'.'i.íc'•.b'v
buscar soluciones a los mismos, no de imponerlas. Constructiva, no
represiva. Que sintoniza con los valores éticos, con el sentido común
ciudadano, con la experiencia h u m a n a y comunitaria, sin refugiarse en
^°^ CHRISTIE, N., La industria del control del delito. ¿La nueva forma del Holocaus-
to?, 1993, Buenos Aires. El Puerto, pág. 148 y ss. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G.,
^^^ Asi, ZEHR, H., Changing Lenses: A New Focus for Crime and Jusnce, cit. Cfr.,
La mediación reparadora, cit., pág. 89 y ss.
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora ..., cit., pág. 99.
2°' BIANCHI, H., Justice as Sanctuary. Toward a new System of Crime Control, 1994,
^" Así, FATIC, A., Punishment and Restorative Crime Handling. A Social Theory of
; Bloomington: Indiana University Press, págs. 58 y 70. Cfr., VARONA MARTÍNEZ,
G., La mediación reparadora, cit., pág. 309 y ss. Trust, cit., 1995, pág. 238. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparado-
20« Op. cit., pág. 149. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., ra, cit., pág. 101.
™ Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., citando a BOTTOMS (La mediación reparadora,
pág. 310.
^os» Cfr., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 25 y ss. cit., pág. 101). _ _„._^ ;,.. _, ,. :. , --,
1148 ANTONIO GAKCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1149
formalismos y exigencias utilitaristas. Una justicia que busca en la Penal, la relación entre orden social y sistema legal, el rol de la víctima, las
confrontación infractor I víctima mecanismos eficaces de comunicación expectativas de los protagonistas del suceso delictivo, con las importantes
implicaciones políticocriminales, procesales y orgánicas que las mismas conllevan.
e interacción hábiles para generar actitudes positivas recíprocas de los
implicados. Todo ello, además, meáiaxíteprocedimientos desformalizados
a) E n relación al infractor, se atribuyen a los procedimiento de
flexibles, operativos que facilitan la negociación, el tratamiento del
conflicto («crime handling») y su solución satisfactoria, sin perjuicio de conciliación y reparación efectos muy positivos, que derivan del enfren-
un elemental control que garantice los derechos fundamentales de los tamiento directo del delincuente con las consecuencias de su conducta y
implicados. • de su confrontación personal e inmediata con la («su») víctima. Mientras
.en el proceso penal el infractor se halla ante u n a instancia ajena al
:• Poco tiene q^ue ver, por tanto, este nuevo paradigma con la imagen hecho, distante, que diluye la realidad del daño y neutraliza a la víctima
sesgada que algunos ofrecen del mismo, presentándole como esperpéntico —fortalecido, además, por u n a estrategia de defensa— en sistemas de
«arreglo privado» o mera «composición» que salda un crimen por la vía conciliación y reparación, por el contrario, el delincuente ha de enfren-
reparadora más antigua de la humanidad: el pago de una cantidad de tarse, sin mediación alguna, a su hecho, constatando de forma directa y
dinero. Evidentemente, no se t r a t a de eso. Quienes propugnan este a través de su contacto con la víctima las consecuencias reales de aquél.
nuevo p a r a d i g m a advierten que el mismo potencia el sustrato Ello genera actitudes positivas del infractor, le responsabiliza y predis-
interpersonal del conflicto criminal, la dimensión histórica, real y pone a comprometerse en la reparación del daño causado, y a participar
concreta de éste, con toda su complejidad, confiando en la capacidad de activamente en la solución del conflicto que causó^".
los individuos implicados para resolverlo al margen de la intervención
El nuevo paradigma, de este modo, abandona la concepción
siempre estigmatizante —pero formalista e inefectiva— del sistema y
patologizadora del delincuente propia de la teoría de la diversidad y de
sus instancias oficiales. Pero advierten, también, que conciliación,
los modelos clínico— correccionalistas, operando con u n a imagen más
mediación, etc., son fórmulas respetuosas de las garantías constitucio-
h u m a n a y racional del infractor, como sujeto capaz de reconocer las
nales del infractor, compatibles con las exigencias de la prevención
consecuencias de su conducta y de participar en la búsqueda de respues-
general y libres del distanciamiento y puro simbolismo que condicionan
tas y soluciones de los problemas sin necesidad de fórmulas represivas
la intervención del sistema legal. Coinciden, además, todos los estudio-
y estigmatizantes^^^. •-,•- ........^..^ ,,,., ,,„^-^. .
sos de aquellas, en que el efecto pacificador de las relaciones sociales que
generan, deriva precisamente de su comprobada idoneidad para satis- Por el contrario, la justicia tradicional despersonaliza el conflicto delictivo,
facer las pretensiones de todas las personas afectadas, incidiendo en las •'' distancia artificialmente autor y víctima; y propicia la indiferencia y la insolidaridad del
7'" infractor respecto a aquella y a la comunidad^^^ Porque su intervención en el
propias claves y raíces del problema, y en las actitudes de los implicados.
'"' conflicto es técnica y formalista. Porque su orientación represiva la obliga a
¡Conciliación y mediación, por tanto, no pueden confundirse con una conformarse con la imposición del castigo al culpable, sin reclamar de éste cambio
simple reparación civil del daño o resarcimiento económicol^^^. Ni con de actitudes, abriendo una brecha en el binomio natural delincuente-víctima que
esa simbólica ineficaz reprimenda al infractor, quien excusándose . •. incomunica a ambos protagonistas y les enfrenta.
simplemente ante su víctima —con u n poco comprometido «lo siento», La Justicia «restaurativa» es, paradójicamente, más exigente respecto al infrac-
.."i" tor. Pues no se contenta con que éste cumpla el castigo merecido, ni siquiera con
«perdón»— saldaría su deuda con la ley, obteniendo, sin más, todas las •'¡^ que repare el mal que causó a su víctima, y a la comunidad. Pretende, además —
indulgencias del sistema («vete en paz... y no vuelvas a hacerlo»), como y sobre todo— que se involucre activa y responsablemente en la búsqueda
caricaturizan los detractores de la mediación-conciliación, perversa e negociada de una solución válida, que se implique. Que asuma la realidad del daño
•^H. ocasionado y su propia responsabilidad. Que se comprometa en la solución del
injustamente, a este nuevo modelo de solución de conflictos.
,GG -SÉq ,.ín .pxnú'úamo aoínsrafii;;«íi RIJR
Este nuevo paradigma (aún no concluso del que sólo tenemos trazos fragmen-
tarios e inconexos) obligará a redefinir las funciones convencionales del Derecho KiifiHírfo'), ííj:T.ínn>vakKn::Tíñ..ímtDü.,i<.ny.íiiYTa.>i3.s3-v,»&£»iKt»a>'ffia»frí>b B'^ÍEd 'AJíiaox,
2" Cfr., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 216 y ss.
Vid. por todos, TRENCZEK, Th., Táter-Opfer-Ausgleich. Grundgedanken und 215 Cfr., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 217.
Mindeststandards, en: Zeitschrift für Rechtspolitik, 1992, pág. 131 y ss. 216 Así, GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 350.
4
I
• • J. U U ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1151
conflicto, sin eludir uno (daño) u otra (responsabilidad) con perniciosas técnicas de
tít neutralización o autojustificación.
j-¡! El lógico cambio de actitudes que reclama la mediación-conciliación, por otro
,90p la japonesa, se conocen también fórmulas solemnes y simbólicas de autoflagelación
mora/áe\ infractor^^", difíciles de interpretar si se prescinde de un riguroso análisis
lado, constituye el necesario punto de partida de cualquier proceso 'resocial/zado/'. 'íogi histórico-antropológico. Estos y otros pronunciamientos semejantes son desafortu-
Pues resulta impensable que el Infractor pueda reconciliarse con la Ley y el Derecho, oaii.' nados. Parten de una imagen degradante del infractor y le someten a ceremonias de
si antes no lo hizo con su propia víctima... Si la ignoró, si la dio la espalda. Si no fue humillación y autocensura incompatibles con su dignidad de persona.
siquiera capaz de reconocer el mal que la causó asumiendo su responsabilidad y Ocultan un impropio y riguroso afán moralizante. Lejos de contribuir a discutibles
', -ofreciéndola una satisfacción personal. rieri objetivos expiacionistas o de ejemplaridad, supuestamente «purificadores», gene-
• :• • Qmü'Sviv^a' ran subculturas criminales, producen marginación, excluyen. Y, desde luego, beben
en fuentes y modelos «sui generis» que exigirían un análisis más cuidadoso atento
El alto contenido pedagógico de los procedimientos de conciliación, en
al marco histórico de aquellos y a las muy distintas realidades antropológicas que
todo caso, no constituyen una genuina terapia o tratamiento impuesto representan.
desde el exterior. Es consecuencia natural de la percepción directa del
daño causado, del proceso de comunicación autor-víctima, y del cambio b) La conciliación devuelve a la víctima un rol activo y dinámico en la
de actitudes en el infractor y disposición a reparar el mal ocasionado que
respuesta al delito. El procedimiento penal la cosifica, la instrumentaliza,
aquel suele generar^". Pero, desde luego, la libre asunción por el
convirtiéndola en objeto pasivo y fungible. La conciliación atiende mejor
infractor de su responsabilidad —^y el consiguiente y positivo cambio de
a las necesidades reales de la víctima, materiales y morales, y evita la
actitudes que se espera del mismo— no puede ir acompañado de
perniciosa victimización «secundaria». Facilita la efectiva reparación
inadmisibles ceremonias degradantes de reprobación, que harían de tal
del daño (reparación no necesariamente económica o pecuniaria) y pone
reconocimiento un sucedáneo anacrónico de la histórica «picota». Porque
en marcha un positivo mecanismo de comunicación recíproca entre
en aras de un positivo cambio actitudinal o motivacional no sería lícito
infractor y víctima que mejora incluso las actitudes de esta última y
humillar ni menospreciar al infractor, ni exigirle manifestaciones de
propicia la correcta solución del conflicto^^\
autodenigración. Riesgo éste en el que incurren, por cierto, algunas
propuestas maximalistas bien intencionadas, pero incompatibles con la Los modelos de conciliación, mediación y reparación, al rescatar la
imagen moral que nuestra cultura debe profesar del hombre delincuen- d i m e n s i ó n interpersonal del conflicto (el formalismo jurídico
te. ••• --í '•'••' •:''v'.^üXiiá i e c a J r ' * sobredimensiona su relevancia 'simbólica') h a n sabido conectar con las
expectativas y exigencias de la víctima. La confrontación delincuente-
Como es sabido, la muy rígida moral socialista ortodoxa reclamaba el desprecio
víctima y el proceso activo de comunicación e interacción que aquélla
universalúQ\ delincuente^'^. En otro sentido, ciertas concepciones modernas que se
autodenominan «comunitaristas» sugieren con particular énfasis su pública repro- desencadena resulta muy satisfactorio para el gran perdedor del suceso
bación, censura o condena moral, su «vergíjenza»^'^ Yen culturas orientales, como criminal: tanto desde un punto de vista material, como simbólico e
incluso emocional. Porque la experiencia empírica ha demostrado que la
í Í©ÜnO»5iée)|.tHí-Si*tt;0tílMMtíi^ROSG
217
víctima, a menudo, espera no ya el castigo justo y la reparación
Cfr., PÉEEZ SANZBEREO, G., Reparación y conciliación, cit., págs. 216 y 217 (y económica del mal padecido, sino u n a 'explicación' personal, u n a 'satis-
bibliografía citada por la autora). Negando que los sistemas de mediación y facción' de «su» delincuente. Y, sobre todo, u n marco o escenario que la
conciliación persigan directamente fines pedagógicos: GIMÉNEZ SALINAS, E., La permita expresar y comunicar la realidad emocional, vivencias, tensio-
conciliación víctima-delincuente, cit., págs. 359 a 361 (ni metas reeducativas, ni el
arrepentimiento del infractor, entendido en términos moralizadores). nes (vergüenza, cólera, aflicción, etc.) asociadas a t a n severa experien-
218
Sobre conocidos lemas oficiales, como «desprecio universal» (del delincuente), cia: sentirse escuchada y entendida. ¡Todo lo que no puede encontrar en
«aislamiento», «lucha social», Vid., KAISER, G., Criminología. Una Introducción a u n a Justicia convencional que sustituyó hace tiempo el 'ritualismo
219 sus fundamentos científicos, cit., pág. 55.
Vid. BRAITHWAITE, J., Crime, Shame and Social Control, cit. El autor, cierta-
mente, habla de una «vergüenza reintegrativa» como forma de «control comunita-
rio», que no estigmatiza porque tiene una duración temporal limitada, a la que pone No en vano, algunas formulaciones modernas beben en fuentes orientales, concre-
fin el perdón y unos esfuerzos para mantener los lazos del respeto durante este tamente de la culturajaponesa. Cfr., ZEHR, H., ChangingLenses: ANew Focus for
período finito de sufrimiento. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación Crime and justice, cit.. Cr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora,
reparadora, cit., pág. 77. iv-qkm-
cit., pág. 99.
Vid. PÉREZ SANBERRO, G., Reparación y concihación, cit., págs. 218 y 219.
'>/!,
1152 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1153
expresivo' por la 'eficacia administrativa'^^^l Hasta el punto de que, ¥ Que el procedimiento de conciliación signifique la suspensión —o el archivo-
probablemente, la reiterada demanda social de un progresivo rigor de! proceso penal, evitando una eventual condena; oque, simplemente, atenúe ésta,
punitivo se deba referir más a éste déficit emocional que a un genuino son opciones distintas que presuponen, a su vez, la elección de uno u otro modelo
deseo de venganza^^^. de conciliación^^^.
Los procedimientos de mediación, conciliación y reparación han En todo caso, mediación, conciliación y reparación mejoran ante la
'repersonalizado' el conflicto criminal, han recuperado su faz h u m a n a y opinión pública la deteriorada imagen de la Justicia; y suscitan —de la
real. Lo que, sin duda, explica dos datos empíricamente constatados: que víctima, y del ciudadano, en general— actitudes positivas hacia el
suelen mejorar las actitudes de la propia víctima respecto al («su») sistema legal. El tratamiento personalizado del conflicto delictivo, la
delincuente y la percepción de aquella del sistema legaP^^; y que un flexibilidad, el lenguaje y modo en que éste se aborda, el muy elevado
porcentaje significativo de víctimas están dispuestas a someterse volun- porcentaje de éxito que suele conseguirse con estos procedimientos
tariamente a sistemas de mediación y conciliación, estimando 'ex post'
desformalizados y la percepción social satisfactoria que merecen a pesar
satisfactoria la experiencia^^®.
de su todavía insuficiente rodaje e implantación, explican el doble
El cambio de actitudes de la víctima respecto a «su» delincuente es otra impacto favorable citado y las expectativas de futuro que concitantes.
consecuencia, positiva, sin duda, del proceso de comunicación e interacción
delincuente— víctima, de ínondas raíces psicológicas y considerable trascendencia. d) Desde un punto de vista sociaZj' comunitario, la conciliación parece
'JílC. La confrontación directa y personal humaniza\x\?í vivencia traumática y la hace más acreditar ventajas notables, con relación al conflicto concreto, y a las
comprensible, más asumible, liberada la víctima de estereotipos e imágenes relaciones sociales, en general. La razón probablemente reside en que
/ f-. interesadas que radicalizarían y potenciarían aquélla. Que la víctima descubra y estos procedimientos no formalizados abordan los conflictos «desde
compruebe, de forma inmediata, directa y personal, que el infractor—no «el» sino
«su» infractor— no es el enemigo sin cara, «el» otro, sino uno más, «como» los otros dentro», confiando en los propios implicados, en lugar de imponer
—y le pueda asociar a personas próximas, de su entorno, de la comunidad— soluciones, de modo coactivo, y con criterios normativos, externos. ¡No
devuelve al crimen su dimensión doméstica, interpersonal, humana y comunitaria. tratan de que triunfe la «fuerza victoriosa del Derecho», ni de doblegar
Y facilita actitudes positivas de conciliación. al «culpable», sino de comprometer a las partes en la búsqueda de u n a
f.. ••'¡Hf • • < . / * . . / x A ^ * 3 c t • ¡ k i . i a . í i X: **J -
«iaM*«¥í}-i»!FtWi-B/IOTarf»l solución negociada, de la reparación del daño, producto de u n a libre y
c) En cuanto a XB^ Administración de Justicia, los programas de sincera asunción de responsabilidad por el hecho criminal! La interven-
conciliación y mediación determinan un giro cualitativo del rol de los ción del sistema legal, por el contrario, no está en condiciones de
operadores del sistema legal en relación a las personas implicadas y al restañar la herida que el crimen abrió en el tejido comunitario. No
hecho delictivo, ya que prima la dimensión conflictiva e interpersonal de pacifica, ni resuelve conflictos, ni aporta soluciones reales a éstos; a
éste sobre su significado normativo. Ello permite articular u n a respues- menudo, los potencia y exacerba aún más, crispando las ya tensas
ta flexible y singularizada, caso a caso, que pondere la complejidad de la relaciones interpersonales y sociales, y encareciendo el turbio clima
realidad social, y, desde luego, descargar a los Tribunales de asuntos social. La implacable intervención coactiva del sistema legal, por su
poco importantes que agobian la cotidiana tarea jurisdiccionaP^®. formalismo y condicionantes estructurales recuerda —si vale la metáfo-
ra— el paso arroUador del «caballo de Atila». Y no es capaz de implicar
• •'•hmx^Q'^fsvui^ fíñ. ......
a la sociedad, ni de incidir positivamente en las actitudes de los
protagonistas del suceso criminal. Zanja simbólicamente un conflicto.
2^2 Así, CHRISTIE, N., La industria del control del delito. 1993, cit., pág. 156 y ss. Cfr., Pero no lo resuelve realmente. Declara el triunfo de la ley y la victoria
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 89.
del Derecho. Absuelve o condena a los litigantes solemnemente, ritual-
223 Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 89.
22* Vid. GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 353 y mente. Pero no consigue la paz. ,. ^ , .,„.,.
ss.
225
Vid. GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 361,
quien subraya cómo en Alemania el 80% de las víctimas propuestas para media- n ^r .Jfld t na m¿
22'^ Cfr. PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., págs. 219 y 220.
ción-conciliación aceptaron.
228 Vid. GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág. 359 y
226 Cfr. PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 221.
i
1154 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1155
í%' Es lógico, entonces, que por extensión, los mecanismos capaces de resolver En cuanto a la entidad [gravedad) de las infracciones sometidas a estos
satisfactoriamente conflictos concretos, produzcan, también, un saludable efecto procedimientos parece necesaria —y por razones distintas— una doble exclusión o
pacificador en las relaciones sociales^^^. Y que mejoren el «clima soclal»^^". reserva. De una parte, es preciso descartar de la esfera de acción de los mismos las
infracciones de especial gravedad. Motivos de prevención general no permiten
sustraer éstas del enjuiciamiento convencional o someterlas al libre juego de fuerzas
3'. Presupuestos de la mediación son: la existencia de u n a víctima de la negociación, el pacto y el arreglo entre los litigantes.
personal o individualizable; u n a particular entidad de la infracción; el Lo que no significa, sin embargo, que conciliación, mediación y reparación hiayan
reconocimiento del hecho; y la participación voluntaria del autor y la de reservarse para bagatelas e infracciones de mínima gravedad. Pues entonces,
víctima en el intento de conciliación^^^ como se advirtió, se extenderían desmesuradamente las redes del control social,
para alcanzar, sin justificación alguna, conflictos que podrían incluso resolverse a
^. La exigencia de u n a víctima personal e individualizada se explica través de institutos civiles.
porque la conciliación persigue u n impacto psicológico que reclama la .. • Por último, el común sometimiento de autor y iw///775(aceptación mutua) a estas
2''" - fórmulas de solución de conflictos —próximas, desde luego, al arbitraje privado— no
comunicación interpersonal: no se t r a t a de u n a mera negociación sobre 2^'"'''i las convierte, sin más, en mecanismos privados, al socaire de la autonomía de la
daños materiales, sustanciable con el representante legal o apoderado voluntad. Sería una ligereza, unafrivolidad,desconocerque mediación, conciliación
de terceros, incluidas personas jurídicas. ,,r ^ nhRih «íírfé'mvR'l y reparación requieren inevitablemente un efectivo control público estatal que defina
el marco de las mismas, sus límites objetivos, subjetivos, formales y estructurales.
Que se exija u n a particular gravedad de la infracción tiene sentido Y que garantice un proceso justo, evitando posibles abusos^^^.
para evitar se extiendan desmedidamente las redes del control social a
supuestos que, en otro caso, darían lugar al archivo de las actuaciones El Derecho comparado ofrece u n a muestra rica e inabarcable de
o se saldarían con la mera reparación civil del daño. Programas y Proyectos de mediación-conciliación-reparación. Difiere,
Tanto la constancia del hecho atribuible a u n a persona concreta (lo eso sí, el marco jurídico general de los mismos, la relación de cada
que no equivale a u n a confesión formal) como la participación voluntaria Programa o Proyecto con el sistema legal y los tribunales de justicia, los
en el procedimiento de mediación de autor y víctima son consecuencias principios que les inspira, el rol y funciones del mediador, sus mecanis-
de las garantías procesales (presunción de inocencia, derecho a u n juicio mos de financiación, etc^^^.
justo, etc.). Obviamente, el procedimiento de mediación no puede Programas y proyectos de conciliación, mediación y reparación existen, por
instrumentarse en aras de la investigación judicial ni, convertirse en un ' ejemplo, en los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda, Lovaina
medio intimidatorio o coartada para arrancar subrepticiamente la . : V (Bélgica), Francia, Italia, Finlandia, Noruega, Alemania, Austria, Japón, Brasil,
';;"; • Sudáfrica, etc^^^.
confesión del infractor.
"'; r^/'' En España, la Comunidad de Cataluña2^^ la de Madrid2='^ País Vasco^^^ y
La exigencia de una víctimapersona/e/nc//V/dua/izadaexc\uye conceptualmente '"'"^^' Valencianas^** conocen programas de esta orientación. Todo hace esperar que la Ley
del ámbito de la mediación-conciliación los (mal) llamados «delitos sin víctima» o
ñi delitos con víctima «anónima» o «colectiva» (vg. los delitos contra intereses
jj: generales o «difusos»), ya que no cabe instrumentar proceso de comunicación
¡nterpersonal alguno —con el impacto que se espera del mismo en el marco 2^2 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pag. 723.
actitudinal y motivacional de los implicados —con abstracciones o entelequias ^33 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 398 y ss.
jurídicas que sólo de una manera simbólica pueden sustituir o representar a la ^3" Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 398 y ss.
víctima real. ^^^ Sobre el modelo catalán, que parte de la Ley 11/1985, de Protección de Menores, y
rírjfíoHaiií- ÍÍÍÍTÜS UÍVÁPVV) O-'Í^J'JÁ b h Hsítíiü su evaluación, vid. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág.
448 y ss. Desde Mayo de 1990 al mismo mes de 1996, se h a n sometido a este
procedimiento de mediación 3.600 casos. H a n participado 3.415 menores y 2.071
víctimas, de las cuales un 52% eran entidades públicas o privadas. Las infracciones,
en su mayoría, constituían robos con fuerza o intimidación, lesiones y daños. E n un
^^^ Sobre el problema, vid., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit.,
83% de casos el proceso de mediación concluyó, de forma positiva, siendo tres meses
págs. 221 a.223.
la duración media de cada procedimiento.
^^^ Es u n hecho cierto y comprobado que estos procedimientos mejoran el «clima
^^•5 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 456 y ss.
social», cfr., GIMÉNEZ SALINAS, E., La conciliación víctima-delincuente, cit., pág-
^3'' Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 458 y ss.
355.
23* Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 461 y ss.
231 Cfr., PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y conciliación, cit., pág. 226 y ss.
1156 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1157
ge Orgánica de la Justicia Juvenil^^'' y el muy decidido apoyo que estos Programas e o en el ofrecimiento de excusas, satisfacciones, disculpas, etc., por parte del
of iniciativas han encontrado en Asociaciones y Oficinas de Ayuda a las Víctimas, infractor.
S6 Fiscalías y otros sectores sociales sensibilizados con los problemas de la Justicia
ns. criminal contribuyan a la progresiva y definitiva implantación de los mismos.
5'. El rol del mediador.
4'. El procedimiento conciliatorio: sus fases. El «modus operandi» de Es fundamental porque impulsa el acuerdo entre las partes y garan-
los diversos modelos de mediación y conciliación admiten, desde un tiza la buena marcha del procedimiento conciliatorio. Neutral respecto
punto de vista «procedimental», numerosas variantes y matices diferen- a las partes, pero activo, debe acreditar el mediador capacidad y
ciales24o. conocimientos especializados (pedagógico-sociales, psicológicos y jurídi-
••.jxt'c- -- Eri una primera fase se procede a la selección de los casos que pueden
cos) para dirigir aquéP*^
someterse a conciliación. La decisión suele corresponder, según los diversos Para la opinión mayoritaña, pedagogos y trabajadores sociales, entre otros, se
sistemas, al juez, fiscal o incluso, a los llamados «asistentes judiciales». En algunos hallarían especialmente capacitados para tales tareas, si bien la praxis demuestra
proyectos se involucra, también, a la policía. la necesidad de revisar los métodos tradicionales y formas de organización de sus
En un segundo momento, los responsables de la labor mediadora (pedagogo, respectivas áreas. „,, ,; _ ,^.,,. _,, , , , ,- , „ ,.
trabajador social, psicólogo, etc.) entran en contacto con el autor y la víctima para
sondear las actitudes y disposición de ambas partes en orden a la consecución de
un acuerdo. En general, la praxis constata porcentajes muy significativos a favor de Mediación, conciliación y reparación son algunas de las muchas
la conciliación tanto en autores como en víctimas. formas de abordar los conflictos. Pero existen, naturalmente, otras.
La tercera fase articula el tratamiento comunicativo y constructivo de una Otras «formas» y muy diferentes «estilos». •^. ..„,.„, ..,..,^... „-_-
situación de conflicto interpersonal. El diálogo entre autor y víctima permite el
;¡ análisis común del hecho y sus consecuencias, así como la exteriorización por La mediación, en definitiva, es u n procedimiento o técnica que pone
ambos de la percepción y sentimientos relativos al suceso criminal, sus respectivos la solución de u n conflicto en manos de las partes implicadas en el mismo
puntos de vista y valoraciones personales divergentes, etc. Constituye, pues, la con la ayuda de u n tercero o extraño imparcial que carece de capacidad
mediación un marco idóneo para eliminar prejuicios, temores y sentimientos nega-
tivos y, por el contrario, un estímulo para el entendimiento recíproco, la tolerancia y
de decisión^*^. ,,;^^ , .-¿¿,
la mutua comprensión.
Se trata, pues, de u n a fórmula «trilateral» basada en la negociación
, La comunicación personal autor-víctima cierra el paso a las nocivas estrategias
que dirige u n tercero imparcial cuyo rol y funciones difiere tanto de las
de autojustificación con las que el infractor suele tratar de legitimar su comportamien-
to delictivo. Y satisface, además, la dimensión emocional y relacional de los de u n arbitro como de las del Juez, modalidadades de cierta semejanza
conflictos interpersonales, dando a la víctima la oportunidad de exteriorizar sus estructural. El mediador interviene pero no decide ni resuelve.
vivencias respecto al hecho delictivo, sin las limitaciones y condicionamientos
Atendiendo al número y calidad de los intervinientes (en la solución del conflicto),
propios del proceso penal; y recibir una satisfacción personal de «su» infractor,
según BLACK^''^ pueden distinguirse tres clases o formas de actuación del control
seguida de un concreto compromiso en orden a la reparación del daño, causado por
social (respuesta a la desviación): unilaterales, bilaterales y trilaterales.
el mismo.
¿/nilateralesseñan, por ejemplo, la murmuración («juicio informal inadsentia»),
La conciliación concluyeQ.uB.nuo las partes llegan a u n acuerdo sobre el modo de
la tolerancia, el ostracismo^''^ la crítica, la evitación y, sobretodo, la autodefensa (vg.
afrontar las consecuencias del delito y éste se hace efectivo. Los porcentajes de éxito
ajuste de cuentas, etc.)^''^
son muy elevados, una vez que autor y víctima se manifiestan decididos a participar
en el procedimiento conciliatorio. La reparación no debe identificarse con el resar- q or<')Ufi (ííí.E
ÍJ U
cimiento civil. Cabe una reparación simbólica, también, consistente en prestaciones
personales (no monetaria) a favor de la víctima, de otras víctimas, o de la comunidad;
^"1 Sobre la figura y rol del mediador, vid. PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación y
conciliación, cit., pág. 258 y ss.; VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparado-
i'd riif «;»i.oijo 8Bt ab ,a«fiíf:h: ra, cit., pág. 701 y ss.
^*2 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 131, que recoge
^^^ Debe observarse que el Proyecto de Ley Orgánica de la Justicia Juvenil se varias definiciones clásicas (Schiffrin, Singer, Oyhanarte, etc.).
autodefine deliberadamente «sancionadora y educativa», no «penal». La ley con- ^"3 Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 131 y ss.
templa de forma expresa la conciliación y la mediación. ^** La tolerancia tiene gran arraigo en la cultura holandesa y componentes muy
2*° Vid. PÉEEZ SANZBEREO, G., Eeparación y conciliación, cit., pág. 240 y ss.; variados (pragmatismo, autocontrol moral, modus vivendi civilizado, etc.). Cfr.,
VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 371 y ss. (nota 149). VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 132, citando a
1158 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1159
me Como bilateralescdloúa citar la negociación o el duelo.
obliga a centrar la mirada en la propia existencia. El poder terapéutico no es
Trilaterales, por último, podrían dar lugar a once categorías de terceros: de
naturaleza /775A£%7a/(negociadores y curanderos), parciales {\v\\oxm3.x\\QS, aboga- represivo, sus operadores (psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, pedago-
dos, consejeros, aliados, subrogados, etc.) e imparciales respecto a los litigantes gos, etc.) multiplican su presencia, incrementándose correlativamente el número y
(pacificadores, mediadores, arbitros, jueces, etc.), quienes, a su vez, despliegan una clase de problemas que se estiman apropiados para la intervención de éstos. El
-.1: actividad y asumen un rol diferente. estilo «compensatorio» es usual en contextos de sólidas raíces colectivas y
comunitarias, que ensalzan valores como armonía, conformidad y pertenencia al
ai Así, por ejemplo, los pacificadores buscan la conciliación, la superación del
grupo. Mitiga el riesgo de la venganza y de la estigmatización del infractor al
V
conflicto, sin ahondar en la causa y contenido de éste: les interesa sólo su buen fin.
orientarse hacia la reparación, si bien en las sociedades modernas suele convertirse
Tal función pacificadora puede tener un sustrato o fundamento amistoso u orienta-
••lí en una mera indemnización o resarcimiento económico. El estilo «conciliatorio», por
ción cnminalizadora-represiva^''l Por el contrario, los ^<árbitroS'^ proponen una
último, adecuado a las comunidades pequeñas, homogéneas y bien integradas (no
solución al conflicto, pero carecen de capacidad para ejecutarla. En cuanto a los
es el caso de la sociedad actual) busca restaurar la armonía de las partes implicadas
^<mediadores», no imponen el acuerdo a las partes del conflicto, pero lo promueven,
as en el conflicto, basándose precisamente en las relaciones interpersonales^*".
lo facilitan, lo impulsan. La mediación es una suerte de «negociación supervisa-
Bit; Formas 'sui generiá de mediación existen, incluso —como demuestran los
sus oi,^t.rv#ü%i^jJ^i^H^*#l:í*«»WOM•*ePf70^»|)p.5f gfl#P 30t iseívaí ab bBtjigs. estudios sobre/7/¿/A5//5/77¿>/7ciA/775//k7—en las culturas indígenas^'^\ en determinadas
minorías étnicas occidentales^^^ y en sistemas de justicia popular^^^ Lo que revela
Pero cabe hablar, también, de «estilos» de control social: el penal, el que estos procedimientos informales de solución de conflictos son universales, y
terapéutico, el compensatorio y el conciliatorio^*^. carecen de concretas claves o referencias temporales y espaciales. Operan, unas
veces, en el seno del propio sistema estatal, contando con su reconocimiento. Otras,
Cada estilo, por cierto, tiene su propia lógica y su propio lenguaje; y al margen del mismo^^". '. " - • - - • — J X . «
la concreta utilización de uno u otro depende no sólo de las característi- :N-.; ffírwbai.,., ,...,.. .,..., -.«,...-,.
cas del conflicto, sino de cada contexto cultural y sociaP*^. 6'. Balance del paradigma integrador. -^^^^«"'^^^"«'^* *^ "»"fe*
j El estilo «penal», por no abordar el conflicto en sus raíces, aporta una respuesta Los procedimientos de conciliación ofrecen, pues, un balance muy
,. drástica poco efectiva, aunque sea inevitable en sociedades individualistas que
conocen índices muy elevados de victimización de extraños, personas, a su vez, de
positivo (especialmente en ciertos ámbitos como la delincuencia de
base escasamente homogénea y con miníma relación y confianza en posibles jóvenes y menores), pero no están libres de ciertas objeciones y reservas.
,.,.^: terceros mediadores. El estilo «terapéutico» prolifera en contextos de creciente
En primer lugar, conviene advertir que no existe un único modelo de
individualismo, porque la movilidad disminuye los lazos familiares y el aislamiento
conciliación, sino un sinfín de modelos y submodelos conciliatorios. Que
-"¡'swrt'íá f>"t'r.*)í--s'nK p-b|-),-i_
falta, pues, un preciso marco teórico e incluso u n a clara afinidad
ií'fáíq;:9n9iv:'tí¿íi~í.t • ideológica y político-criminal como fundamento común a todos ellos.
Nacen, además, en el mundo anglosajón y son fieles, por tanto, al
- SWAANINGEN y ZAITCH. El ostracismo o marginación activa del infractor por la
sociedad, es típico de ciertas culturas o subculturas. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, pragmatismo de un sistema de justicia comunicativo y dialogal sui
G., op. cit., pág. 131. generis. Cuentan, todavía, con escaso rodaje y notables indefiniciones,
Tomarse la justicia por la propia mano, las represalias, ajustes de cuentas, los por t r a t a r s e de u n nuevo paradigma del que sólo podemos aún detectar
llamados «delitos de autoajmda» son manifestaciones «unilaterales» frecuentes en rasgos fragmentarios y perfiles. Existe un razonable consenso científico
situaciones de «escasez de oferta de Derecho» («stateless locations»), donde el
individuo se siente desprotegido jurídicamente o abandonado a su suerte por el respecto a los objetivos de la conciliación y expectativas que generan
Estado —que no quiere intervenir en conflictos concretos, como si fuesen domésti- estos procedimientos: no existe tal consenso, sin embargo, respecto a los
cos, internos y ajenos al mismo— de modo que el afectado busca el respaldo de su supuestos que pueden someterse a los mismos (qué delitos, qué
subcultura o acude a la autodefensa. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación
reparadora, cit., págs. 132 y 133. • i i í D l O a . I B S í í t ODÍi. •i'ilñSJri riíii. U^.'r; nr> -3b
246
Vid. citando ejemplos de BLACK, VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación repara- \'-ri¡ '•>* '!"• nV ÍV h.' ÍUi'S "i í'iU?
dora, cit., págs. 134 y 135 (notas 349 y 350). 250
247 Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., págs. 138 y 139,
Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., págs. 134 y 135.
248 citando a HORWITZ y BLACK.
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 136 y ss. 251
siguiendo la clasificación de BLACK. Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 580 y ss.
252
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 618 y ss.
Cfr. VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 136, siguiendo 253
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 640 y ss.
a BLACK. 254
Cfr., VARONA MARTÍNEZ, G., La mediación reparadora, cit., pág. 571.
•"^Pf
infractores, qué víctimas, etc.), ni u n a evaluación empírica fiable de los Antes bien, exige u n a comunicación interpersonal fecunda autor-vícti-
resultados obtenidos. ma, la implicación seria y convencida de ambas en el proceso de
negociación, un positivo cambio de actitudes, fruto de la confrontación
Los procedimientos de conciliación pretenden articular u n a respues-
directa y personal con el hecho delictivo y sus consecuencias y de la libre
taprogresista al delito, no represiva, desinstitucionalizada, informal, al
asunción de responsabilidades. ¡Sus objetivos no son, pues, precisamen-
margen del sistema, evitando el efecto estigmatizante que, no ya la pena,
te modestos!^^®.
sino el propio proceso legal lleva consigo. Ahora bien, no se pueden
ocultar los riesgos y recelos que genera u n modelo de respuesta al delito Los procedimientos conciliatorios, por último, aún pretendiendo
de corte —o, al menos, apariencia— privatista. Sabido es que el tránsito aportar soluciones flexibles e informales, distan mucho de la imagen
de la arcaica justicia privada al modelo actual de justicia pública frivola y superficial que algunos ofrecen de los mismos. Requieren u n a
(solución institucional y formalizada de los conflictos) supuso un incues- infraestructura adecuada y dotación de personal y medios suficiente
tionable progreso histórico, porque solo así se puede asegurar el control (mediador, profesionales que intervienen en el proceso). La consecución
racional de las soluciones de los conflictos, la igualdad y ciertas garan- del acuerdo reparatorio exige tiempo y esfuerzos, contactos exploratorios
tías elementales. Por el contrario, la experiencia había puesto de previos, aproximación, diálogo, comunicación y negociación entre las
manifiesto que cuando se concibe el crimen como problema «doméstico», partes, etc. Quiere ello decir que el éxito de estas fórmulas de mediación
interno, y su solución como cuestión privada o privativa de los directa- y reparación sustitutivas del control social formal depende en gran
mente implicados nadie puede impedir el rigor desmedido, la vehemen- medida de su correcto equipamiento. Y de que no se frustren las
cia e incluso la irracionalidad de la respuesta, ni es fácil establecer legítimas expectativas que concitan por asumir, improvisada o precipi-
mecanismos de control que aseguren el trato semejante de conflictos tadamente, cometidos para los que aún no se encuentran preparadas.
equivalentes (igualdad) y determinadas garantías^^^ del individuo que Una percepción social negativa de la efectividad de estos procedimientos
constituyen hoy día patrimonio cultural de la humanidad. E n una conciliatorios les condenaría al descrédito, dado que el problema crimi-
sociedad plural, conflictiva y desigual, por otra parte, las soluciones nal no admite ensayos ni experimentos. Y el fracaso de este nuevo
privadas no suelen restablecer el equilibrio real entre los implicados. modelo significaría el fracaso de u n a esperanza que no supo adminis-
Dicho de otro modo, no negocia ni pacta quien quiere, sino quien puede. trarse con realismo. Procede, pues, generalizar este sistema de solución
Con el riesgo de que al socaire de la libertad y la autonomía aparezcan de conflictos con prudencia, de forma progresiva, una vez que se
nuevas formas de dominación, de imposición. li'ci-íCTÜrfnn y «nr compruebe su eficacia y se cuente con los medios necesarios para
ampliar su ámbito de acción.
Los procedimientos de conciliación pretenden sustituir la devastadora
intervención del sistema legal o arbitrar, en su defecto, u n a respuesta
menos agresiva, en ningún caso moralizadora. Sin embargo, existe el
peligro de que no siempre contribuyan a u n a intervención mínima,
aséptica y poco invasiva. E n primer lugar, porque si estos procedimien-
tos conciliatorios se generalizan como fórmulas sustitutivas del sistema
legal incluso para resolver pequeños conflictos, entonces sólo se consigue
u n a desmedida extensión de las redes del control social, eso sí, a través
de mecanismos más sutiles y flexibles. En segundo lugar, porque la ^^^ Es cierto, como afirma SCHNEIDER, H.J., que la conciliación no consiste sólo en
conciliación no es un mero acuerdo formal reparatorio o indemnizatorio. «pagar y excusarse» (Viktimologie, en Handwórterbuch der Kriminologie, de
SIEVERTS-SCHNEIDER, 1991, Walter de Gruyter, pág. 418); ahora bien, la
"íii-írCTi"MJ conciliación no puede convertirse en una ceremonia de purificación de males
individuales y colectivos, ni en u n a terapia simbólica sobre el cuerpo social herido
^^^ Sobre el problema que los modelos conciliatorios suscitan en orden a la efectiva por el delito (en este sentido: TAMARIT, J., La reparación a la víctima en el Derecho
vigencia de las garantías constitucionales, vid. PÉREZ SANZBERRO, G., Repara- Penal, Barcelona, 1994, pág. 183); también, PÉREZ SANZBERRO, G., Reparación
ción y conciliación, cit., pág. 500 y ss. y conciliación, cit., pág. 523.
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Capítulo XXV:
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Problemas y tendencias de la Criminología
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Pero de un análisis crítico y objetivo de las teorías de la criminalidad las tendencias y orientaciones que pueden reputarse dominantes. Y las
mencionadas parece inferirse, en segundo lugar, otro dato: que nuestros respuestas actuales a tres interrogantes que subyacen a la secular
conocimientos actuales sobre el delito, el delincuente, la víctima y el contienda doctrinal: ¿es el delincuente u n a persona distinta del indivi-
control de la criminalidad son todavía escasos, fragmentarios e insegu- duo que cumple las leyes, anormal en algún sentido?; ¿es la criminalidad
ros. Es decir, que sabemos aún muy poco del hecho criminal y de sus un fenómeno patológico?; ¿cuál debe ser la actitud de la sociedad ante el
protagonistas. Que, como manifestaba LANGE hace unos años: el crimen?
crimen sigue siendo hoy un acertijo'^. El secular enfrentamiento de iííjíHoq^
i>j \4- r,'-! C " u " - i|L.
teorías y modelos recomienda a todo científico u n a actitud de moderada
reserva y escepticismo. Carecemos de un núcleo de conocimientos
definitivamente asegurados sobre el delito. El saber sobre el hombre y 2. T E N D E N C I A S Y O R I E N T A C I O N E S D E LA M O D E R N A
la sociedad es siempre relativo, parcial, provisional. La experiencia ha CRIMINOLOGÍA
demostrado, por ejemplo, que las brillantes teorías monocausales de
antaño carecían de todo fundamento, siquiera porque el hombre y su Aun a riesgo de incurrir en inevitables simplificaciones e inexactitu-
conducta responden a claves mucho más complejas, enigmáticas aveces. des, puede afirmarse que se acusan, como dominantes, las siguientes
De lo que debieran tomar nota también quienes propugnan pretenciosos tendencias y orientaciones en la Criminología contemporánea:
esquemas sistémicos y totalizadores de cualquier signo^, desconociendo
o menospreciando los esfuerzos de quienes les precedieron, como si a) Cabe apreciar, en primer lugar, u n movimiento que reivindica
tuvieran el monopolio de la ciencia o ésta exigiera empezar siempre de l e g í t i m a m e n t e m a y o r e s cotas de autonomía p a r a las ciencias
cero. criminológicas. Mayores cuotas de autonomía frente al Derecho Penal.
La moderna Sociología criminal, por ejemplo, se presenta como u n a
La creciente «problematización» y «relativización» del concepto teoría radical y absoluta de la desviación: como u n a teoría crítica del
criminológico de «delito» y de la propia «reacción social» son un claro control social®. El problema, pues, no es tanto u n problema «orgánico»,
exponente del realismo que en nuestros días caracteriza a la escarmen- profesional, como ideológico, sustantivo. .•.;,•.:•,
tada doctrina criminológica. Realismo del que se hace eco el mismo •n, Se cuestionael papel tradicionalmente «auxiliar» asignado al sabercriminológico,
lenguaje de ésta, no t a n ambicioso y grandilocuente, al sustituir térmi- rfi: al servicio del Derecho Penal, que encontraba en las valoraciones legales —no
nos de las ciencias exactas, como el de «causa», por otros menos K« cuestionadas— una pauta segura y firme. Esta pretensión de autonomía corre
simplistas... (factor, correlación, conexión, covariante, etc.), en conso- paralela, naturalmente, con un significativo desplazamiento del centro de gravedad
nancia con las exigencias de un paradigma científico distinto: el que de las investigaciones y problemas hacia la Sociología, hacia las ciencias sociales,
los sistemas sociales (terreno, por otra parte, nada pacífico en nuestros días).
reclaman las ciencias sociales y las ciencias de la conducta.
Parece, pues, que es el momento adecuado para recapitular, para b) E n segundo lugar, puede constatarse un claro rechazo hacia lo que
hacer balance. ''ínuq Is oHoBffioJBi» aoía,sí.'9 eup ab f!0;a9';qraí s' ÍIXÍS podríamos denominar abreviadamente modelo positivista de Ciencia
Criminológica (causal-explicativo). Y sobre la caracterización de ésta
Veamos cuál es el resultado de la confrontación teórica de los dos
como mera disciplina «académica» y «descriptiva». Al igual que en el
modelos criminológicos fundamentales: el tradicional (positivista) y el
que se autodenomina «crítico». Cuáles son los esquemas y postulados.
f) El creciente protagonismo de la víctima es otra de las constantes de g) Una sexta característica muy acusada en el moderno pensamiento
la moderna Criminología. La víctima h a dejado de ser un mero objeto, criminológico es la relativización y problematización del concepto de
pasivo y fungible, ajeno a la dinámica del crimen y a cualquier programa «delito» (se prefiere hablar del «comportamiento desviado»), e, igual-
de prevención del mismo, para definir progresivamente su rol en la mente, el hecho de que se cuestione la propia reacción social y su
Criminología, en la Política Criminal y en el sistema legal (Derecho incidencia supuestamente favorable desde el punto de vista de la
Penal, Derecho Procesal, etc.). Los pioneros de la Victimología llamaron prevención general y de la prevención especial. Ya no se aceptan, sin
la atención sobre la inescindible unidad del binomio «delincuente»- discusión —como antes— el concepto de delito y las instituciones del
«víctima» y los mecanismo de interacción existentes, sin duda alguna, control del mismo ^^.
entre los dos miembros del mismo, sobre las diversas formas de partici-
pación (inconsciente) de la víctima en su propia victimización; sobre la La problematización del concepto de «delito»" trasciende el dato
vulnerabilidad específica o riesgo de victimización que exhiben ciertos histórico, fácilmente constatable y constatado, de la circunstancialidad
individuos y colectivos, por razones personales, psicológicas, sociológi- y aleatoriedad de algunas figuras penales. La denuncia es mucho más
cas, situacionales, etc.; sobre la incidencia en el proceso psicológico de profunda. Se trata, en puridad, de u n a grieta que h a n abierto en el
deliberación del infractor (técnicas de neutralización) que tienen las edificio lógico y monolítico tradicional las modernas concepciones de las
diversas clases de víctima y la correlación que existe entre algunas de «subculturas», del «conflicto», del «psicoanálisis» y del labeling approach.
éstas (víctimas colectivas, despersonalizadas) y determinadas manifes- Con ellas se degrada el principio de «culpabilidad», que fundamenta el
taciones de la criminalidad de nuestro tiempo (los mal llamados «delitos propio ilícito penal; se critica y cuestiona la legitimidad de las definicio-
sin víctima»: delitos contra intereses generales o supraindividuales, nes legales, presuntamente dirigidas a la protección de intereses gene-
delitos de «cuello blanco», etc.). Investigaciones victimológicas más rales; y se desmitifican dogmas como el de la «igualdad» ante la ley,
recientes parecer perseguir tres objetivos prioritarios: prevencionistas, invocando la actuación altamente selectiva de los mecanismos e instan-
asistenciales y de mejora del sistema. Esto es, se t r a t a de prevenir el cias del control social y del control penal. El concepto tradicional de
crimen operando no ya sobre el infractor potencial exclusivamente, a «delito» se relativiza. Deviene «problemático».
través de un contraestímulo psicológico (vg., la pena), sino, también,
Los autores más críticos se refieren a la «lotería penal» y al delito como mera
sobre la víctima potencial o colectivos sociales que exhiben un elevado «etiqueta», destacando que la ilicitud penal no es la «cualidad negativa» inherente
riesgo de victimización. En segundo lugar, interesa diseñar programas a un comportamiento, sino una valoración social «atribuida» al mismo, y que el
realistas y eficaces para compensar los perjuicios que el delito ocasiona castigo no es la consecuencia lógica de una conducta contraria a la ley, sino el
a la víctima (victimización primaria), evitando, en todo caso, los adicio- resultado, incluso caprichoso, de la actuación selectiva de las instituciones y
procesos de criminalización. La etiqueta de «delincuente», para los partidarios de la
nales que el propio sistema legal suele añadir durante la investigación teoría del labeling, no es más que un «bien negativo»; bien negativo que la sociedad
y el proceso a los padecimientos de aquella (victimización secundaria). distribuye con arreglo a los mismos criterios con que reparte los otros bienes
La víctima, por último, se h a manifestado como un excelente informador «positivos»; el 5/s/¿/5social, el rol, etc.^^ Esta crítica desmitificadora termina por
y control del grado de efectividad del sistema legal y del funcionamiento censurar la metáfora clásica que veía en el Código Penal el «mínimo ético»
indispensable y que establecía el conocido correlato entre los preceptos de aquél y
de éste. Puede ofrecer datos valiosos sobre diversas variables de la
criminalidad real que no captan las estadísticas oficiales («encuestas de
victimización»). Pero además, las actitudes de la víctima hacia los
agentes del sistema legal (Policía, Jueces, Abogados, etc.) —y el modo en
que percibe la actuación de éstos— no sólo es u n buen test para verificar
la confianza del ciudadano en el sistema y mejorar el comportamiento de tiene de positivo el labeling approach, vid. KAISER, G., Criminología, cit., págs. 24
éste, sino un auténtico indicador de la cooperación—imprescindible, por y 88 y ss. págs. 24 y ss.
13
Sobre el problema, cfr. GAECÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 14.
cierto— que puede esperar el sistema legal de quienes tienen en sus 14
Sobre el tema, cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 24 y ss.
manos (denuncia) la propia puesta en marcha del sistema. 15
Ponderando la aportación valiosa del labeling approach, vid. BARATTA, A.,
Criminología libérale, cit., pág. 33. Del mismo, Criminología y dogmática penal, cit.,
pág. 33, nota 30.
1172 . ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA , TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1173
(, el Decálogo'*^. En tal contexto es lógica la supremacía del paradigma de conflicto Estas reflexiones críticas, muy positivas, conducen sólo a una minoría radical a
sobre el/¿//7c/b/7a/propio de la Criminología tradicional^, M , i k „ , i ;•(»;•• propugnar la «no injerencia penaP^ del Estado, la «teoría y praxis de la calma» o el
denominado «catecismo de la no intervención»^^. El pensamiento mayoritario sigue
Pero la propia reacción social también se cuestiona y problematiza en siendo consciente de que la pena —hoy por hoy— es una «amarga necesidad», pero
ha comprendido la necesidad histórica de enfrentarse al problema humano y social
la moderna Criminología, (¿^¡(^1^1 a del castigo con realismo, sin prejuicios ni metáforas sublimes. La idea de que una
f P a r a la Criminología tradicional no era un hecho desconocido el sociedad moderna debe ir renunciando progresivamente a la pena, sustituyéndola
por otros controles sociales menos destructivos y estigmatizadores, gana día a día
eventual impacto negativo de la pena. Pero se concebía como mal terreno^'*.
aislado, circunstancial, y, en todo caso, incomparable con el efecto
bienhechor (por razones de prevención general y especial) atribuido a la h) En séptimo lugar, creo puede resaltarse la preferencia temática del
reacción social, que, en sí misma, no se discutía^®. En las investigaciones actual pensamiento criminológico por ciertas formas de delincuencia y
criminológicas contemporáneas parece concluirse todo lo contrario, criminalidad. Formas inevitablemente unidas a los modos de vida y
operándose un importante proceso clarificador y desmitificador. En signos de nuestro tiempo y, por ello, no analizadas por la Criminología
cuanto a la incidencia de la pena en el hombre concreto que la experimen- tradicional (como puede serla llamada «criminalidad del bienestar», del
ta, resulta obvio que aquélla no resocializa, sino que estigmatiza. Que, «progreso», de la «sociedad de consumo» o «del ocio»). O bien, manifesta-
a menudo, es más el hecho de haber sufrido u n a «pena» —y no el haber ciones delictivas que responden a la sugestiva «criminalidad expresiva»,
cometido el delito— lo que descalifica socialmente al individuo. Por otra objeto de análisis preferente por parte de la moderna Criminología.
parte, contemplado el problema desde u n a perspectiva «social», no es
extraño que los sectores doctrinales más avanzados afirmen que la Esta estudia, por ejemplo, con más interés el crimen de los poderosos^^ que el
llamado «crimen utilitario» o convencional. O el «delito sin víctima»^*' que el atentado
reacción social no resuelve los conflictos, sino que los exacerba, los contra el patrimonio. La obsesión casi romántica por la «desviación expresiva»^^
mantiene y acentúa, potenciando la desviación^^; y que la actuación conduce a un análisis interesado de los nuevos tipos sociales «desviados» o
selectiva de los procesos de criminalización genera, a su vez, las etiologías «marginados», de ciertas minorías^^ Lógicamente, a los sectores doctrinales más
positivistas que pretenden combatirse, perpetuando al desviado en su radicales, preocupa más el problema de las drogas que el de la protección del
condición o rol de taP°. Los trabajos, ya numerosos, sobre la denominada
«desviación secundaria» d e m u e s t r a n h a s t a qué punto el penado
interioriza y asume el estigma de la pena, identificándose en lo sucesivo
^2 Así, E. M. SCHUR, Radical non intervention, Englewood Cliffs, N. J. Prentice Hall,
con el «rol» (delincuente) que se le asigna^\
1973.
^^ A la «teoría y práctica de la calma» se refería, en términos caricaturescos,
GOULDNER cñ-. J. YOUNG, Criminología de la clase obrera, cit., pág. 99.
^* Cfr., GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 42.
^^ Vid. Los crímenes de los poderosos, por F. PEARCE, Nueva Criminología, siglo XXI,
i« Sobre el problema, y refiriéndose a las obras de WÜRTENBEEGER, von WEBER, 1980; ANIYAR DE CASTRO, L., La realidad contra los mitos, reflexiones críticas
LANGE y otros, vid. KAISER, G. Criminología cit., pág. 24; véase la nota 108 de este en criminología, Maracaibo, 1982, págs. 123 y 153.
mismo capítulo. ^® Sobre el denominado «crimen sin víctima», vid. J. YOUNG, Criminalidad de la clase
^' Invocando la supremacía del «paradigma del conflicto», de base existencial, vid. obrera, cit., pág. 98 y nota 20. También: I. TAYLOR, J. YOUNG y P. WALTON,
Criminología crítica, cit. (Introducción), pág. 17; vid. infra, nota 108 matizando las Criminología crítica en Gran Bretaña, cit., pág. 34.
justas críticas al modelo de consenso. pl niodofí*^ ' Sobre la denominada «desviación expresiva» que la Criminología califica de
1» Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 14 y ss. «antiutilitaria» (de la teoría de la desviación) y su tendencia a sustituir el enfoque
^^ En este sentido, J. YOUNG, Criminología de la clase obrera, en: Criminología científico y empírico del conocimiento por la búsqueda «intuitiva» del significado de
crítica, cit., pág. 95. los fenómenos, cfr. I. TAYLOR, J. YOUNG y P. WALTON, Criminología crítica en
^° Así, J. YOUNG, Criminología de la clase obrera, cit., págs. 95 y 96. Gran Bretaña, cit., págs. 34 y ss.
^^ Sobre la «desviación secundaria», vid. BERGALLI, R., La recaída en el delito, cit., ^* La teoría de la desviación pone el acento en el análisis significativo de ciertos tipos
páginas 267 y ss. También, con completa indicación bibliográfica, BARATTA, A., sociales «desviados» minoritarios: cool cats, beats, swingers, hippies, acid heads,
Criminología y dogmática penal. Pasado y futuro del modelo integral de la Ciencia drop-oufs, etc. Cfr. I. TAYLOR, J. YOUNG y P. WALTON, Criminología crítica en
Penal, en: Papers, Revista de Sociología, núm. 13 (1980), pág. 23 y nota 30. Gran Bretaña, cit., pág. 33.
1174 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1175
patrimonio; más el fenómeno social de la prostitución, que la problemática de los función de sucedáneo, de coartada de decisiones ideológicas; y en una crítica
)9 0<- delitos contra la vida; más los cuadros psicopáticos y esquizofrénicos, que las sistemática del statuquo, particularmente acusada en las corrientes sociológicas3^
'•"•"" neurosis e histerias^^. . , „ , , .. ,.,., Tal actitud crítica, por otra parte, puede entenderse como reacción frente a la
denunciada «función legitimadora» del saber criminológico tradicional, que, ampa-
rándose en su supuesta neutralidad y cientifismo, vino a reforzar el statu quo,
La criminalidad de los poderosos, la criminalidad de la ganancia legitimando el sistema de definiciones y valoraciones legales oficiales con el
(sobre todo, la figura del «delincuente de cuello blanco»), o con abuso de respaldo «ontológico» de su empirismo^^. Es más, el giro sociológico y el sesgo
cargo público, la denominada «criminalidad desconocida u olvidada», la político de las modernas orientaciones son una respuesta o rechazo contundentes
de la «sociedad de consumo», el delito «masa», son manifestaciones a los planteamientos abstractos y ahistóricos de la Criminología tradicional. Pues
delictivas objeto de examen preferente en las más modernas investiga- ésta decía perseguir un examen «objetivo», que negaba toda significación al
comportamiento desviado; y, sobre todo, desdeñaba el análisis de la sociedad
ciones'30 global, enfocando el significado «subjetivo» de la desviación con un detallismo
microscópico^''.
i) Lógicamente, la elección de esta temática y el interés que la misma
Es lógico, pues, que la moderna criminología, se inserte en el marco de una
revela, descubre u n a clara actitud de crítica política hacia el modelo de «teoría social» y en unas concretas coordenadas históricas y locales. Que se
la sociedad capitalista, y u n a preocupación muy acentuada en los presente, en sus formulaciones más progresivas, como una teoría radical de la
sectores doctrinales radicales por comprometerse en la transformación desviación o como una «teoría crítica del control sociaP'. fif«;:iB:'f#M a í § í ^ ^
de las estructuras sociales; más aun incluso que por la mera búsqueda
de la verdad y la ampliación de conocimientos ^\ j) E n los últimos decenios se constata, también, u n prudente escepti-
cismo en cuanto a la posibilidad de explicar científicamente el compor-
Esta «polarización» producida en las ciencias criminológicas es con-
tamiento desviado, y de controlarlo de forma eficaz. Los planteamientos
secuencia inevitable de la problematización del concepto de «delito» y del
clásicos, simplistas y esterotipados se han problematizado, resaltando
«control» del mismo; y de la enfatización en los últimos decenios del
las más modernas investigaciones la complejidad del tema y la necesi-
análisis crítico de la «práctica» y la «política» como objetivos preferentes
dad de u n a experiencia más dinámica e interaccionista.
de la Criminología, que conducen a propugnar un cambio profundo de las
relaciones sociales^^. El esquema tradicional, predisposición-medio ambiente, se ha visto
En nombre de una Criminología «sin intereses» —según fórmula de SACK^^—
superado desde los años cincuenta^**. Lo mismo que los pretenciosos
se incurre, a veces, en excesos sectarios, cumpliendo el empirismo una pobre paradigmas «causalistas». Porque en el propio mundo empírico ya no se
busca la «certeza», sino la «probabilidad». Se resalta la neutralidad y
ambivalencia de todo «dato» —necesitado siempre de u n a teoría, de u n a
^ ^ Rinica fál ob Bo'üotíq x fihoaJ' ai A interpretación—, apuntándose la doctrina a explicaciones mucho más
"I riMTTriV T .A^ aiT^rr TTTíir^ complejas del fenómeno criminal. E n ciertos sectores, incluso, cunde el
Sobre el tema, gráficamente, J. YOUNG, Criminología de la clase obrera, cit., págs.
97 y 98, quien resalta el «antiutilitarismo», «romanticismo» y «voyeurismo» de la
teoría de la desviación partidaria más de lo «expresivo» y «significativo» que de lo
útil y práctico. I. TAYLOR, J. YOUNG y P. WALTON advierten cómo la teoría de
la desviación hace revivir la tradición romántica que ve en los marginados 34 Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., págs. 158 y 159.
(«lumpen-burguesía» o «lumpen-proletariado») seres existencialmente superiores, 35 Según B ARATTA, el saber criminológico sirvió para dar un fundamento «ontológico»
más puros y auténticos (Criminología crítica en Gran Bretaña, cit., pág. 35). y «naturalista» a la tarea de construcción conceptual y sistematización que llevaba
Sobre la «delincuencia de cuello blanco» y la llamada por VÉRSELE «cifras a cabo la dogmática partiendo de las decisiones y valoraciones de la ley positiva
doradas» de la delincuencia, vid. ANIYAR DE CASTRO, L., La realidad contra los (Criminología y dogmática penal, cit., página 15).
mitos, reflexiones críticas en criminología, Maracaibo, 1982, pág. 18. En este sentido crítico, vid. I. TAYLOR, J. YOUNG y P. WALTON, Criminología
La «politización» de la filosofía social es uno de los signos más destacados de nuestro crítica en Gran Bretaña, cit., pág. 24.
tiempo según se recoge en la Introducción de la obra tantas veces citada: Criminología En este sentido («acceder a u n a teoría social de la conducta desviada»), en nuestra
Crítica (pág. 15). Ponderando las ventajas e inconvenientes de tal politización, doctrina: GROSSO GALVÁN, M., Nueva Criminología y Dogmática jurídico-penal,
KAISER, G., Criminología, cit., página 158. en: CPCr (1980), número 10, pág. 73. Resaltando la función «crítica» de la moderna
Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 158. Criminología, BARATTA, A., Criminología y dogmática penal, cit., págs. 26 y 27.
Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 158. Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 152.
T
1176 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1177
pesimismo, hasta el punto de que algún autor afirma que estamos agentes de indudable relevancia en la dinámica delictiva: el medio físico,
llegando al nivel cero en el conocimiento criminológico, y que el delito el medio ambiental, la víctima, el propio penado, etc., como h a n puesto
sigue siendo hoy un enigma, u n acertijo^^ ,,,gg, ^^^^^^^^^^ Bbeionunab de relieve las teorías espaciales y ambientalistas, la Victimología y los
Las corrientes radicales no imputan a la sociedad —y a sus estructuras— la programas sustitutivos de la pena privativa de libertad. Por otra parte,
causalidad del comportamiento desviado, sino que renuncian, incluso, a los esque- el perfeccionamiento del control social formal no es ninguna panacea:
mas «etiológicos». Aunque no sea una tendencia mayoritaria, sí puede constatarse leyes más severas, más Policías, más jueces, más sentencias... significa
en estos sectores una sustitución de las teorías de la «criminalidad» (etiológicas) por
más reclusos, pero no necesariamente menos delitos. Diseñar y poner en
lasdela«criminalizaclón»(interaccionistasydefinitoriales).Enelrestodeladoctrina
parecen imponerse concepciones «plurifactoriales» que renuncian, en todo caso, a
práctica programas de prevención (primaria; secundaria o terciaria) es
una explicación «causal» del complejo y pluridimensional fenómeno delictivo"". uno de los objetivos de la actual Criminología.
1) En cuanto a la lucha —mejor control— contra la criminalidad,
k) La Criminología «positivista», tradicional, respondía al modelo también cabe anotar u n cierto cuerpo de doctrina mayoritariamente
causal-explicativo, etiológico;'esto es, prima en la misma el objetivo de compartido por el pensamiento criminológico contemporáneo. •,,g^-|. ^^
explicar científicamente el delito. La moderna Criminología acusa un
interés muy significativo por SMprevención: le preocupa no sólo por qué Pues, en principio, sólo desde la teoría oficialista de los «rudimentos»
se produce el crimen, sino cómo evitarlo. P a r a la Criminología tradicio- o de la «desviación ideológica», se ve en el «crimen» u n a consecuencia
nal, individualista, el crimen debía atribuirse a alguna patología o histórica y accidental, inherente a determinadas estructuras
disfunción en la persona del hombre delincuente. De tal premisa socioeconómicas (las de la sociedad capitalista), extirpable, por comple-
(diversidad del delincuente) deriva su correccionalismo, la importancia to, cuando se instaure u n nuevo orden (socialistas)^\
de su enfoque clínico y el papel secundario que se otorga a los programas Una acentuación, t a n simplista y utópica, de lo «estructural» no es
de prevención, que se limitan a intervenir en la persona del infractor o compartida por el pensamiento criminológico occidental. Se piensa, por
en perfeccionar la operatividad de las agencias del control social. La el contrario, que si determinadas estructuras tienen un innegable efecto
moderna Criminología acentúa la importancia de la prevención del «criminógeno» (las capitalistas, sin duda), de algún modo todo modelo
delito. Parte de la «selectividad» de éste (el crimen escoge su víctima, el social genera su propia y específica delincuencia. El crimen, como
lugar, el tiempo y las circunstancias más propicias para aparecer en la fenómeno social, es inseparable del hombre; es la otra cara inevitable de
forma concreta en que lo hace) y de la posibiHdad comprobada de la convivencia. No se puede eliminar, ni siquiera es legítimo y deseable
neutralizarlo anticipadamente. Pero no al estilo convencional (operando hacerlo, porque sólo la «paz de los cementerios» (o de las estadísticas
en el proceso de deliberación del infractor potencial, contramotivándole falsas) de u n a sociedad intransigente y uniforme es capaz de terminar
o disuadiéndole con la amenaza de la pena; ni perfeccionando las con el comportamiento «desviado»*^. La utopía, en este campo, desconoce
técnicas del control social), sino poniendo en práctica la información que la libertad tiene su precio. Es más, que u n alto nivel delictivo puede
acumulada por la experiencia empírica y los conocimientos actuales. La ser «índice del bienestar», del mismo modo que existe u n a criminalidad
pena, en cuanto contraestímulo «psicológico», es u n a estrategia insufi- específica del «desarrollo y de la abundancia». Que hay que aceptar un
ciente para contrarrestar los factores criminógenos de naturaleza social. budges des crimes constante o incluso en aumento». Que la lucha mas
Su eficacia, incluso, con relación a los factores estrictamente individua- eficaz contra la delincuencia implica u n control social más intenso, de
les y psicológicos es muy inferior a la que suele suponerse. Prevenir el forma que si el modelo utópico es u n todo cerrado que no quiere saber de
crimen incidiendo sólo en el infractor potencial —y en la forma critica- «conflictos» y «problemas», se concebirá al «desviado» como algo patoló-
da— supone desconocer la posibilidad de hacerlo sobre otros muchos
« Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 36 y ss.; KAISER, G., Criminología,
3^ Sin compartir tal pesimismo, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 161 cit., páginas 48 y ss.
« Cfr. GÓPPINGER, H., Criminología, cit., págs. 54 y ss. Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 2 1 .
1178 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
Por ello, incluso desde las posturas más radicales de la Criminología crítica se
gico ajeno al sistema y se potenciarán las instancias del control social ha revisado el rechazo indiscriminado de las estadísticas oficiales. Éstas—se dirá—
hasta límites asfixiantes, próximos al terror*^. proporcionan un cuadro «borroso, pero útil» del grado de respeto por la propiedad
y del alcance de la desorganización social y el conflicto en la sociedad en cuestión,
Considero, pues, mayoritaria la tesis de quienes propugnan un control racional aunque deban analizarse con cautela, porque, en definitiva, son «el resultado final
(--' • de la criminalidad, manteniendo a ésta dentro de cuotas que hagan tolerable la del despliegue de las instituciones de control social por los poderosos» y nunca
395 convivencia. Y, sobretodo, un control «racional» que vaya sustituyendo progresiva- captarán «el significado del delito para el agente, ni mucho menos el contexto
fiali rnente la pena por otros instrumentos y resortes menos estigmatizadores. s'fÁ\ etiológico del acto»''^. _ . .•. . _,- . , JS*.
m) En la actual Criminología se aprecia también —y ello en el ámbito De las más recientes investigaciones sobre «estadística criminal» y
metodológico y en el instrumental— u n a contemplación crítica y mati- «delincuencia registrada»*®; y sobre el «campo oscuro» de la criminali-
zada de las estadísticas oficiales sobre el delito. Se trata, probablemente, dad*^ y la «cifra negra», se desprende de forma meridiana la complejidad
de u n a orientación conciliadora, realista, que aparece como síntesis final del problema. Realizar e interpretar u n a estadística es cometido prác-
de u n a polémica tensa y conflictiva. De u n a postura equidistante entre ticamente reservado a los especialistas. ^^, . ,
la fascinación por el dato de la Criminología positivista y el rechazo
Por otra parte, principios o postulados como el de la «normalidad» del
indiscriminado del empirismo tradicional de la llamada teoría de la
delito, la «ubicuidad» y «funcionalidad» del comportamiento desviado y
desviación.
la «cifra negra», obligan a u n a lectura e interpretación mucho más
Esta última criticó severamente el pseudocientifismo con que la Administración cautelosa y modesta de las estadísticas oficiales, sin las pretensiones y
tradicional arropaba sus decisiones ideológicas, acudiendo a la coartada deslum-
simplismos de otros tiempos, y a completar éstas, en todo caso, con otras
brante de las estadísticas. Para J. I. KITSUSE y A. V. CICOUREL''^ por ejemplo, las
estadísticas oficiales de la criminalidad son «imposturas» que, en el mejor de los prospecciones y análisis expresivos que reflejaran algo más que la
casos, nos ofrecen un cómputo cuantitativo de quienes han resultado, de hecho, insuficiente faceta «cuantitativa» del crimen^".
etiquetados; y, en el peor, según J. DOUGLAS, no hacen sino refrendar y confirmar
mistificaciones del Estado, que encubren la inexistencia de norma generalizada
E n todo caso, el interés que despierta la «criminalidad oculta» —no
alguna capaz de generar esas cifras con algún significado*'^. _^ ___ . • ,„..,„ «registrada» pero «real»— explica el éxito de determinadas técnicas de
estimación de las mismas («encuestas de victimización», «informes de
Sin embargo, el rechazo global de las estadísticas descalifica absur- autodenuncia») cada vez más sofisticados y fiables.
damente al teórico de la desviación para participar en la controversia n) Como balance final, puede afirmarse, con KAISER^^, que el
sobre el significado de la tasa de la criminalidad, su aumento o descenso pensamiento criminológico se h a hecho más dinámico e interaccionista
y su consiguiente control; o para investigar cualquier problema, com- en sus conceptos fundamentales, enfoques e investigación empírica.
parativamente, dentro de unas coordenadas temporales o culturales; y Que dicha tendencia puede constatarse por la mayor integración de una
le deja desprovisto de todo dispositivo conceptual en la discusión sobre problemática que afecta a las relaciones víctima-delincuente, el campo
las tasas de «criminalidad» extraoficial o de la criminalidad de los oscuro, y la denuncia, los modelos de actuación de la Policía y los
poderosos. Curioso sociólogo industrial —se ha advertido irónicamen- problemas de selección en el procedimiento penal. Pero que también
te*®— sería el que rechazara las cifras sobre huelgas, alegando que no
son sino pruebas de etiquetamiento y reacción social. ,j .-A)
i i p i ^ t t f í s ' ^ '^''
ideas sociológicas básicas, como socialización y control social, han fronteras, quiere presentarse como u n a teoría absoluta y radical de la
enriquecido la discusión criminológica. Como contrapartida, sin embar- ¿esviación^^. |?,e 'oy:.,iJiii^ríBq^,-eib'MÍf,'v);^ 'Atj-.Mj^^a.r- Í-.E/U i^w,;^y;o-
go, se h a n vuelto poco seguros el pronóstico criminal y los medios de Durante mucho tiempo se concibió el crimen como mero conflicto individual con
terapia. Y h a n tenido efecto correctivo la posible autodinámica de las la norma, propio de una minoría asocial y desviada. El delincuente era el «otro», una
predicciones sociales (las llamadas selffulfillingprophecy) y los procesos persona distinta de las demás, en términos cualitativos, un producto ajeno a la propia
de estigmatización, así como la defectuosa eficacia de la terapia jurídico- sociedad y externo a la misma; procedente, desde luego, de las clases de más baja
extracción social^'*. Las causas del comportamiento criminal se buscaron siempre en
criminal. Con el autor, hay que reconocer que el pensamiento
determinados factores individuales biofísicos''^ o biopsíquicos, sin que sea necesario
criminológico se ha hecho más rico, amplio, variado, dinámico, socioló- recordar ahora el conocido estereotipo lombrosiano de delincuente. El crimen
gico y político. Y que ha progresado notablemente en los últimos lustros aparecía, naturalmente, como comportamiento disfuncional, nocivo, patológico —
a pesar de que la persona del delincuente haya pasado a u n segundo fruto, incluso, de la propia «patología social»^^— que la sociedad tenía que extirpar
plano en la investigación criminológica, y las investigaciones sobre el como cuestión de supervivencia.
Hoy día, sin embargo, se piensa de un modo bien distinto. La delincuencia de
«campo oscuro» de la criminalidad y los «procesos de selección funda- cuello blanco, la de tráfico, la problematización creciente del campo oscuro de la
menten u n a comprensible actitud de escepticismo y relativización. criminalidad y el incremento de la criminalidad juvenil, evidencian que cada vez es
mayor el número de ciudadanos «normales» que trasgreden la norma". El crimen
'• • •qnTO') feb <'bfibfÍBnoi*:)ri:üb- •/ ^•bíihumáu» ñl .oíiíob se caracteriza como comportamiento desviado, pero «normal»: la otra cara de la ley,
la sombra inevitable de la convivencia humana. Un fenómeno social —un «problema
social» según el significado que cobra este término en Ovcharchyn-Dewitt y otros
3 . CRIMINOLOGÍA «POSITIVISTA» VERSUS CRIMINO- teóricos de las ciencias sociales— más que individual, mayoritario y esparcido en
LOGÍA «CRÍTICA»^2 í^'Yí^i^ «,,u.« todas las capas de la pirámide social (ubicuo); unido inseparablemente a las
estructuras de cada forma de sociedad y capaz de cumplir, incluso, importantes
funciones en el equilibrio y desarrollo de aquélla. Hasta el punto de que algún autor
Las tendencias de la actual Criminología reseñadas en el apartado ha recordado que cada sociedad suele tener «la delincuencia que necesita y
anterior son el precipitado o síntesis de u n abierto enfrentamiento de merece»^**. Por otra parte, es difícil cuestionar en nuestros días que el único objetivo
concepciones ideológicas. Concepciones del hombre, de la Sociedad, del racional y posible, desde un punto de vista de política criminal, no es aniquilar la
delincuencia, sino controlarla y someterla a índices tolerables.
Derecho, t a n irreconciliables y antagónicas que demuestran la existen-
cia de u n a profunda crisis de valores. Vivimos momentos de crisis, es cliGivaab •'••':
itj '(H -••'fy
decir, de cambio.
Se h a experimentado u n giro importante en las concepciones tradi-
cionales sobre el crimen, que coincide con la crisis de los presupuestos
ideológicos y de los valores de la llamada «sociedad del Derecho y el Matizando el trasfondo ideológico y criminológico que subyace a la imprecisa teoría
Orden». Asistimos al declive de la Criminología tradicional, que era una de la «desviación», y en términos muy críticos: LÓPEZ-REY, M., Criminología, II
(Criminalidad y planificación de la política criminal), Madrid (Aguilar), 1978, págs.
Criminología volcada hacia el delincuente y sometida al sistema o marco
12 y ss.
legal positivo; Criminología que cede, poco a poco, ante u n a nueva ^^ Cfi-. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber jurídlco-penal y criminológico, en:
concepción del saber, celoso de su propia autonomía frente al sistema Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. n.°
legal; que no se resigna a desempeñar el papel meramente auxiliar de 63. págs. 9 y ss. Cñ-. ANIYAR DE CASTRO, L., Conocimiento y orden social:
los modelos integradores y correccionales y que, en su idealismo sin criminología como legitimación y criminología de la liberación, Universidad de
Zulia, 1981, pág. 15.
55
Sobre las teorías biológicas, en general, vid. LÓPEZ REY, M., La Criminalidad, u n
estudio analítico, Madrid (Tecnos), 1976, págs. 205 y ss.
66
Sobre patología social y delito, vid. LÓPEZ REY, M., La Criminalidad, cit., págs.
Sobre el problema, más detalladamente vid. GÁECÍA-PABLOS, A. La normalidad 166 y ss.
del delito y el delincuente, en: Estudios de Derecho Penal en homenaje al profesor Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., págs. 152 y 153. Cada vez son más los
Luis Jiménez de Asúa, Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad ciudadanos «normales» que trasgreden la norma.
Complutense, Monográfico, n.° 11 (1986), páginas 325 a 346. Así, SCHUR. en: Abweichendes Verhalten. I (1975). Frankñirt, pág. 73.
1182 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1183
P e r o v e a m o s cómo p u e d e n c o n t r a p o n e r s e los dos modelos tiempo «real» tendría significado «causal», situándose en los t r a u m a s o
criminológicos cuyas directrices acabo de apuntar, y el estado actual de privaciones del pasado del individuo, que operan repetidamente sobre
la polémica. , ^. f^^,^^ WpmUnmé^ bpitnk'ñ oHóurri sinfinía'-" su futuro. El tiempo «presente», sin embargo, sólo importaría en cuanto
A) La Criminología tradicional parte de tres postulados: el de la portador de unas circunstancias que desencadenan las «predisposicio-
diversidad del delincuente (el delincuente es, cualitativamente, un nes» del sujeto. De este modo, al presente se le concede u n a importancia
ciudadano distinto, responde a un determinado prototipo, es un sujeto tangencial, a lo sumo; mientras que la explicación del crimen se
asocial, que pertenece a u n a minoría), el del carácter patológico del individualiza y proyecta en la historia pretérita del agente mirado como
crimen (éste tiene siempre u n impacto negativo en el cuerpo social) y el ser solitario, h a s t a el punto de que la opción del individuo dentro del
del paradigma etiológico (la fimción científica consiste en indagar las mundo social se reduce a propensiones fijas, psicológicas, fisiológicas o
causas del comportamiento criminal). Profesa, además, desde un punto genéticas, y la desviación se convierte en producto de tales «esencias»,
de vista ideológico, u n a «imagen consensual» del orden social, que se careciendo de todo significado fuera de u n a estructura psíquica o
autodefine como un todo armónico, monolítico, unitario, previamente somática atomizada.
dado en virtud de u n a especie de pacto social, de llamativo acuerdo sobre Por ello mismo, la Criminología tradicional conduce a u n notorio
las definiciones de lo «convencional» y de lo «desviado», sólo cuestionado divorcio entre el «agente» y su «víctima». Aquél se encuentra impulsado
por u n a minoría rebelde y hostil a dichos valores generales e por sus tendencias esenciales, mientras la víctima es el primer átomo
incuestionados. La «desviación», en consecuencia, es el comportamiento social con el que, accidentalmente, choca. Pero nada puede pretender
anormal de un grupo marginado, que opera en los confines de la sociedad «racionalmente» el desviado de su víctima, pues queda descartada de
y se identifica con sus más bajos estratos. Pero ni el «delito», ni la antemano la hipótesis de cualquier posible «conflicto» entre ambos''\
«reacción social» tienen carácter problemático''^. .^ ¡g ^^g asnobnuí
Finalmente, el «correccionalismo» de la Criminología tradicional
La Criminología tradicional contempla al sujeto desviado como pro- obliga a ésta a exaltar el cientifismo de los análisis «causales» del
ducto patológico de u n a insuficiente socialización, que le deja ñiera del comportamiento desviado y el carácter terapéutico y bienhechor de la
consenso y le relega al mundo de lo asocial. Por ello, el comportamiento reacción social.
del «desviado» carece de sentido —ninguna persona «normal» lo com-
prendería—, no procediendo de u n a «opción» genuina y válida del La reacción social pretende y consigue u n efecto terapéutico y bien-
mismo, sino fatalmente impuesto a aquél, que se verá impelido a su hechor en el desviado. Porque se prescribe «científicamente» y pondera
desviación*^". como resultado de u n a evaluación neutra sin condicionamiento alguno®^.
Sintetizando, puede afirmarse que los presupuestos ideológicos de la Criminología
Por otra parte, el denominado «paradigma etiológico» positivista tradicional se resumen en seis principios:
acentúa la importancia de la «socialización primaria» en el momento de 1) El delito significa un daño incuestionable para la sociedad. El delincuente es
explicar el propio comportamiento desviado y sus raíces últimas. La un factor negativo y disfuncional en el sistema social. Portante, el comportamiento
desviación estaría determinada, fundamentalmente, por factores que delictivo representa el «mal», la sociedad, el «bien».
2) Principio de culpabilidad.—El hecho punible es la expresión de una actitud
operan desde el pasado remoto del individuo, trazándose con ello una interior reprobable del sujeto, quien pudiendo y debiendo ajusfar su conducta a las
brecha muy significativa entre el tiempo real y el tiempo presente. El exigencias de la norma jurídica infringe, conscientemente, los valores sociales que
aquélla tutela.
9-Kfp8 es
^^ Cfr. YOUNG, Criminología de la clase obrera, en: Criminología crítica, por I-
TAYLOR, P. WALTON y J. YOUNG, Editores, Siglo XXI, págs. 91 y ss. Sobre el
modelo consensual», por oposición al de «conflicto» de la moderna criminología», vid. ^^ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., págs. 10 y ss.
SZABO, D., Criminología y política en materia criminal. Siglo XXI. Edit., 1980, "^^ Cfr. YOUNG, op. cit., pág. 93. Eesaltando la función «real» de la «reacción social»,
págs. 44 y ss. reproduciendo y consolidando el sistema, a través de las «everday theories», vid.
™ Cfr. YOUNG. op. cit., págs. 91 y ss. ANIYAR DE CASTRO, L., op. cit., págs. 16 y 17.
1184 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1185
O
3) Principio de legitimidad.—El Estado, como expresión de la sociedad, se se está desplazando de perspectivas jurisdiccionales —de la pena— a los controles
encuentra legitimado para reprimir ia criminalidad. Tal represión se lleva a cabo a sociales y al campo previo de la prevención: del delincuente potencial a las
jL través de las instancias oficiales de control del Derecho Penal (legislación. Policía, relaciones sociales criminógenas. El propio Derecho acusa también este giro hacia
^ Magistratura, instituciones penitenciarias), instancias que interpretan fielmente el lo social. De una contemplación tradicional estática como «ordenamiento», es decir,
sentido comunitario y representan la legítima y necesaria reacción social, dirigida al como conjunto de normas, se ha pasado hoy día a una perspectiva atenta más a la J
rechazo y condena del comportamiento desviado individual y a la reafirmación de los dinámica de los sistemas sociales, concibiéndose como complejo de estrategias, •
valores y normas sociales. mecanismos y controles sociales. Y, por ello, frente a un Derecho Penal clásico que
4) Principio de igualdad.—El Derecho Penal es igual para todos. La reacción mira sólo al pasado y agota las relaciones individuales entre autor y víctima, se
penal se aplica de igual manera a todos los autores de delitos. propugna en nuestros días un Derecho Penal que mire al futuro e incida positivamen-
5) Principio del interés social y del delito natural.—El núcleo central de los delitos te en aquéllos: no un Derecho Penal autónomo y monopolizador de la respuesta del
previstos en todos los códigos, entraña, por definición, un atentado insoportable a Estado al crimen, sino un Derecho Penal inserto en el Derecho de planificación
las condiciones esenciales de la existencia de cualquier sociedad. El ordenamiento social, que arbitre los mecanismos de compensación de ese doloroso accidente
penal protege intereses comunes a todos los ciudadanos, aceptados socialmente social que es el delito.
como tales. Solamente una parte muy reducida de los hechos penales tipificados en
los Códigos responde a la conveniencia de determinados grupos políticos o
Algo semejante ha sucedido con la Criminología. La moderna
económicos, o se orienta a la consolidación de ciertas estructuras (delitos «artificia-
les»). Criminología h a ampliado y redefinido su propio objeto, buscando la
6) Principio de ia prevención.—La pena no tiene exclusivamente la función de independencia del mismo fi'ente a las definiciones legales y ampliando
«retribuir», sino también la de «prevenir» el crimen. Es un resorte justo y eficaz. su centro de investigación a los controles sociales, procesos de selección,
Como sanción abstracta prevista en la ley, persigue crear una correcta y adecuada etc.; ha problematizado el propio concepto de delito y el de la reacción
«contramotivación» al comportamiento delictivo. Pero, como sanción concreta,
ejercita una función «resocializadora» del delincuente'*^
social; y reclama para sí no una fimción puramente auxiliar y legitimadora
del sistema oficial®^ sino u n a fiínción crítica, en el marco del análisis del
B) La moderna Criminología, sin embargo, no puede ser ajena a las comportamiento desviado, abandonando los esquemas causales y
actuales concepciones metodológicas, que se h a n ido imponiendo en positivistas de otros tiempos. Quiere ser no u n a disciplina académica, de
otros sectores del saber científico, como consecuencia, fiíndamentalmen- profesores, sometida a la dogmática positivista, refugiada en las estadís-
te, del auge de las ciencias sociales. ticas oficiales y en los siempre equívocos «datos», sino u n a teoría social
de la desviación, científica, crítica, autónoma e interdisciplinaria.
Ya en el ámbito penal se ha experimentado un giro estructural, sociológico: un
giro hacia lo concreto^". En la «teoría de las normas», por ejemplo, concebida La moderna Criminología parte, por ello, de otros postulados. Por de
tradicionalmente como teoría de la estructura, origen e Interpretación de éstas, la pronto, sustituye la imagen consensual del orden social de la Criminología
cibernética y el funcionalismo han puesto el acento más en la dinámica de la norma
«positivista» por u n a visión «plural» del mismo.
que en la norma misma; en su proceso de concreción a la realidad en el marco de
los sistemas sociales, en lugar de apelar a la interpretación de la norma, entendida Como se ha dicho^"*: mientras el criminólogo ortodoxo ha tendido a caracterizar
como operación lógico-formal de subsunción. También en la teoría de la pena se ha el orden social como consensual y monolítico, con una minoría de individuos en los
experimentado una evolución paralela hacia lo real, hacia el hombre concreto. Hoy márgenes de la sociedad, el teórico de la desviación sostiene la existencia de una
no interesa tanto la pena como consecuencia jurídica de un hecho pasado, inserta diversidad de valores ubicados en la plétora de subculturas que existen en el seno
en la teoría de las normas, sino como control social y pieza maestra de una política de una sociedad industrial. El orden social, en esta nueva concepción, aparece,
social que mira al futuro. No preocupan tanto, por ello, sus fines abstractos, su pues, como una «colección de ghetos normativos, que tratan de abrirse paso a
fundamentación teórica, como sus efectos, sus limites, su proceso de ejecución e empellones para conseguir su espacio social», aunque sólo uno de ellos consiga
individualización, su Incidencia real en el hombre concreto y su posible sustitución finalmente Imponer a los demás sus propios valores. Se propugna, en consecuencia,
por otros controles sociales menos estigmatizadores. Esto es, el centro de gravedad como modus v/Vend/para esta sociedad estructuralmente antagónica y estratificada
^^ Así, BAEATTA, A., Criminología y dogmática penaL Pasado y futuro del modelo '^^ Sobre la función «legitimadora» de la Criminología tradicional, cfr. ANIYAR DE
integral de la ciencia penal, en Papers. Eevista de Sociología publicada por la CASTRO, L., op. cit., págs. 9 y ss. y 21 y ss., quien resalta cómo la Criminología
Universidad de Barcelona (1980), núm. 13, págs. 17 y ss. tradicional aporta al sistema oficial ese «touch of science» que le legitima y refuerza.
64 Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., págs. 33 y ss. ^^ TAYLOR, WALTON, YOUNG, Criminología crítica, cit., pág. 22.
I
1186 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1187
'ie*' una «cultura de la civilidad», que permita y tolere la diversidad esencial de los grupos mientras la desviación t r a t a de resolver los conflictos sociales, la
que la componen: una especie de «contrato social» integrado al servicio de la reacción los mantiene y exacerba, los acentúa. El control estatal del
íii: «diversidad» y la «coexistencia»^^. ^ , — ,,,— — .-
.fi'í;"\i'^'iíhí 'í'.teK;
comportamiento desviado es intrínsecamente irracional en su modo de
operar y, de hecho, produce el impacto contrario al realmente deseado.
E n este marco, la desviación tiene u n sentido bien diferente. Pierde,
En primer lugar, porque lejos de eliminar el crimen, de prevenirlo y de resocializar
naturalmente, su significado «patológico» tradicional, desde el momento
al delincuente, no suele hacer otra cosa que estigmatizar al desviado, potenciar la
en que en u n a sociedad pluralista todas las personas están potencial- desviación y fijar al agente en su «status» de «desviado». Pero, además —y sobre
mente «desviadas»^^, todas experimentan «impulsos desviados». Cada todo—, porque la selección de «chivos expiatorios» que llevan a cabo los mecanis-
vez son más los ciudadanos «normales» que infringen las normas mos e instancias criminalizadoras es claramente arbitraria y discriminatoria. Operan
según falsos prejuicios positivistas, olvidando que el comportamiento desviado se
penales . áfeí'édf'ííWrtSí^Ti'ríoiíQfltóifeiiaüp vlfiteoa encuentra en todos los tramos y sectores de la estructura social (principio de la
En último término —se piensa por el sector más radical— la desviación no puede «ubicuidad» del crimen) y que el estereotipo criminal que así se genera —como
entenderse como inherente al comportamiento realizado. No tiene un sustrato Individuo perteneciente a los estratos sociales menos dotados— poco tiene que ver
«real», «ontológico», sino «definitorial». No es la «cualidad» (negativa) que «perte- con la tendencia «real» al crimen. Con el ulterior inconveniente de que de este modo
nece» a ciertas acciones (delitos), sino la que se «atribuye» a las mismas a través se engendran, paradójicamente, las etiologías positivistas que se querían atacar, y
de ciertos mecanismos y procedimientos sociales de «definición» y «selección»''''. los mecanismos de control social se dirigirán de forma preferente a las personas que
Delincuente no es todo aquel (cualquiera que) que infringe la ley, sino sólo aquél que ostenten las características del estereotipo criminal mencionado, creándose un
es etiquetado como tal por las instancias criminalizadoras y adquiere dicho sfafus. Inadmisible «círculo vicioso»^^.
f Pero, en definitiva, una persona como las otras, normal. No responde a ningún
prototipo, determinado cualitativamente, ni a un sector minoritario o anormal de la
' población^\
En la moderna teoría de la desviación, el tiempo presente y la
socialización diferencial del «desviado» desplazan del centro de investi-
!',•» id ffi ^ l > iT» crv' í",j-» í-\
gación al examen de la socialización «primaria» y al de las «causas»
Si la Criminología moderna relativiza y «problematiza» el concepto de
delito^^, puede afirmarse, también que problematiza la propia «reacción determinantes del comportamiento desviado. El tiempo presente pasa a
social». Esta deja de ser incuestionable. Antes bien, se considera que un primer plano. El pasado del agente, su propio cuerpo, se desvanece.
Su conciencia de sí mismo, por el contrario, adquiere u n a gran continui-
-• "Tíji/íá ,j;'»i."m .f5"jf'títa«jíj ,nói'jBfva')b s i eb dad con su medio ambiente subcultural. Porque el desviado es un
'Úvií'if ut J * ^ f^'W'iii* »•* individuo racional y consciente, libre de todo determinismo físico o
«^ Cfr. YOUNG op. cit. pág. 94. ' ' psíquico por acontecimientos pretéritos y enclavado en u n a subcultura
88 Cfr. YOUNG op. cit. pág. 94. '•>" f'^^'-
«9 Cfr. KAISER, G., Criminología, cit., pág. 152; TIEDEMANN, K., Estado actual y homogénea y normativamente coherente. No posee ningún rasgo «esen-
tendencias de la ciencia jurídico-penal y de la Criminología en la República Federal cial» que le predisponga a la desviación, sino que su comportamiento es
Alemana en CPCr, núm. 14 (1981), pág. 275, insistiendo en la «cifra negra» como teleológico, abierto a todas las posibilidades y no puede reducirse a
expresión de la «normalidad» y «ubicuidad» del crimen. Sobre la «criminalidad meros procesos somáticos o subconscientes.
desconocida», cfr. LÓPEZ REY, M., La Criminalidad cit., págs. 33 y ss.
™ Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 14 y nota 20. Sobre la conexión En consecuencia, más que la socialización imperfecta o el concepto de «desor-
del pensamiento de DORADO MONTERO con las teorías criminológicas de la ganización social» importará destacar la diferente socialización de los individuos,
«criminalización», vid. COBO DEL ROSAL-BACIGALUPO, Desarrollo histórico de que dependerá de su proximidad o pertenencia a una determinada organización
la Criminología en España; en CPCr, n.- 11, (1980), págs. 34 y 35. social normativa, dentro de la pluralidad de organizaciones que componen la
^^ De algún modo, estas ideas se mantuvieron ya, entre nosotros, por DORADO sociedad^''.
MONTERO y SALILLAS, como h a n d e m o s t r a d o COBO DEL ROSAL y
BACIGALUPO (op. cit., págs. 34 y 39).
'^ Como gráficam^ente afirma RÜTHER, W. (la criminalidad... a través de las defini-
ciones sociales..., CPCr, 1979 (8), pág. 53): «No hay criminalidad como existe un
trozo de hierro, pues éste se presenta como un objeto físico, independiente de la
valoracióny la descripción..., la criminalidad, en cambio, existe preponderadámente, '^ Cfr. YOUNG, op. cit., págs. 94 a 96; ANIYAR DE CASTRO, L., op. cit., págs. 15 y
en los presupuestos normativos y valorativos de los miembros de la sociedad...»- ss.
ANIYAR DE CASTRO, L., op cit., pág. 6. '•* Cfr. YOUNG, op. cit., pág. 96. <:.,,,.-.,,.,,..«,». . . , = . .
1188 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGL^ 1189
En la moderna Criminología el delincuente cede su protagonismo a 1 presenciamos, pues, la sustitución de las teorías de la «criminalidad»
conducta desviada, a la socialización y a los controles sociales''^, y i adicionales por las de la «criminalización» de las metodologías
esquemas «fimcionalistas» de la Criminología ortodoxa a los del «conflict iutera'ccionistas**
de la teoría de la desviación y de la subcultura, desplazándose el centro H * A ello han contribuido, ante todo, las ciencias sociales, destacando las funciones
g r a v e d a d desde t e s i s biológico-criminales a perspectiva «reales» que cumple el crimen; el modo de operar de los mecanismos
psicológicocriminales, sociopsiquiátricas y sociológico-criminales^**. Se or sociopedagógicos de aprendizaje e interiorización de las normas y la «efectiva»
fesa una concepción idealista y romántica del universo social. Se exalta I desigualdad del ciudadano en los procesos sociales. Esa desigualdad que permitió
afirmar, con amarga ironía, aANATOLE FRANGE: «La ley penal, en su majestuosa
imagen del hombre «bueno», la «autenticidad» de las subculturas igualdad, prohibe por igual al rico como al pobre robar pan para alimentarse, pedir
reniega de las estadísticas oficiales; y, al destacarse el carácter arbitrario limosna para comer, o dormir bajo el puente»^^.
y criminógeno de la propia reacción social, se predica el catecismo de la no
intervención; la no injerencia del Estado; en definitiva, la teoría y praxis de
la calma, propias de una auténtica «cultura psicodélica».
Por otra parte, la moderna Criminología traslada su centro de investigación del 4. GESTACIÓN D E LA CRISIS: LA R E V I S I Ó N D E LOS P O S -
.',Í;, denominado crimen utilitario o convencional a la «desviación expresiva»: interesa
.;. más el consumo de marihuana que el hurto; la prostitución que el homicidio; la
TULADOS CRIMINOLÓGICOS TRADICIONALES
psicopatía y la esquizofrenia que la neurosis y la histeria, poniéndose el acento,
como gesto de altruismo, en el crimen «sin víctima»^' ^ '**. Pero este cambio esencial de las concepciones criminológicas, prece-
dido naturalmente de u n a correlativa «relativización» en el mundo de los
De este modo, la moderna Criminología propugna un método «intui- valores, es fi'uto de un lento proceso y de aportaciones científicas de muy
tivo» con el que pueda comprenderse el contenido y autenticidad de las diverso origen y procedencia^^; aportaciones que, debidamente coordina-
respectivas subculturas; y al propio hombre, cuya imagen más cabal — das, han ido desmoronando, poco a poco, los pilares sobre los que se
se dirá en u n a actitud verdaderamente romántica— se encuentra en los cimentaba el majestuoso edificio de la Criminología «tradicional». Pien-
confines y márgenes del mundo sociaF®. Idealismo, pues, relativismo, so, concretamente, en la Sociología, en la Psicología, el Psicoanálisis, en
sociologismo, antiutilitarismo, serán características inseparables de las ciencias penitenciarias, etc. Pero veamos el significado de algunas de
u n a nueva actitud criminológica, que terminará por superar no ya los ellas^* y cómo contribuyen a la imagen más dinámica e interaccionista
esquemas naturalistas —monocausales o plurifactoriales— sino el de la Criminología actuad': OV' i-ji.)3 ^ C^i.Tlb tb ,0}
propio «paradigma etiológico», esto es, la preocupación de indagar las
'I I
«causas» del crimen^°.
•'•i'.brii (i o í i , i . i i t ' í i . r i i i i ' ! >' h if'í 1 'TI'
Sobre la contraposición: teorías de la criminalidad-teorías de la criminalización,
•'s Cfr. KAISEE, G., Criminología, cit., págs. 157 y 160. Resaltando, también, la cfr., NAUCKE, W., Las relaciones entre la Criminología y la política criminal, .en:
1. o progresiva menor incidencia del examen de la personalidad del delincuente, j^ CPCr, n.^ S (1978), pág. 95 y ss. ANIYAR DE CASTRO, L., op. cit., pág. 5 y ss.
' - TIEDEMANN, K., Estado actual cit., pág. 276. Una concepción de la Criminología. J3 Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El actual saber, cit., pág. 16.
como «teoría crítica del control social» en ANIYAR DE CASTRO, L., op. cit., pág- 48- Así, por ejemplo, la importancia de la «cifra negra» o de la «desigual» aplicación
'*' Así, KAISER, G., Criminología, cit., pág. 154. efectiva de la ley penal o de la delincuencia «no convencional», se destacan por
" Cfr. GARCÍA-PABLOS, A., El saber actual, cit., págs. 34 y 35. Con razón lamenta J-iOPEZ REY, sin necesidad de compartir las premisas ideológicas y metodológicas
LÓPEZ REY, el olvido tradicional por parte de los «criminólogos» de concre o •le la denominada «criminología crítica» (vid. La Criminalidad, cit., págs. 33 y ss.;
sectores de la delincuencia afirmando que en cierto sentido aquéllos se ocupan 8^ y Criminología, II, págs. 10 y ss. y 230 y ss., respectivamente).
crimen menos aún que los juristas (Criminología, cit., II, págs. 9 y 10). , ^ Muchas de estas tesis son de clara procedencia marxista. Tal vez por ello cobra
''^ De particular interés, sobre la criminalidad no convencional, cñ"., B E R I B I sentido la paradoja resaltada por LÓPEZ REY: que precisamente en países
IPIÑA, A., La Criminología comparada y su aportación a la política criminal- Comunistas no sean aceptadas por la doctrina oficial (concretamente, respecto a la
reflexión tercermundista; en CPCr, 10 (1980), pág. 102. ' •:''•-<:':' 8o ''^oría de la desviación, vid. Criminología, cit., II, pág. 13).
™ YOUNG, op. cit., págs. 96 y 97. Como advierte G. KAISER (Criminología, cit., pág. 160), refiriéndose a las carác-
80 Cñ-. RÜTHER, W., La criminalidad, cit., págs. 51 a 53. = C' . í ' ter:isticas de la Criminología actual.
•rrarr ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1191
a) Las teorías funcionalistas, en primer lugar, h a n cuestionad
esencialmente, el principio «clásico» del «bien y del mal», afirmando n ' gji una sociedad pluralista, como la actual, altamente estratificada y
las causas de la desviación no deben buscarse en la patología social ni antagónica, no existe un único código normativo, sino u n a multiplicidad
la patología individual: el crimen no es un comportamiento «patológico ¿e subórdenes axiológicos, todos ellos legítimos, que el individuo
sino un comportamiento «normal», «mayoritario» e «inherente» a tori ' interioriza, además, a través de los mismos mecanismos de socialización
estructura social sana, intacta, y en buen estado de funcionamiento E y aprendizaje que explican la interiorización y asunción de los valores
más, un comportamiento que cumple importantes funciones en la mayoritarios del grupo por los ciudadanos no desviados. Como, por otro
estabilidad y evolución de aquélla, por su naturaleza innovadora lado, queda fuera del poder la decisión del individuo —y, por tanto, de
siempre que no rebase ciertos límites (teoría de la anomia)^^. gu «responsabilidad moral—, el hecho de participar o no en u n a u otra
determinada subcultura, aprendiendo el correspondiente sistema de
Es cieWo que las teorías funcionalistas no siempre ofrecen una explicación valores o los modelos de comportamiento desviado y técnicas de neutra-
satisfactoria del complejo fenómeno criminal, sobre todo en el caso de determinadas
manifestaciones singulares del mismo, que se comprenden mejor a la luz de otros lización alternativas^'' a los criterios oficiales, resultarían desmentidos
esquemas teóricos. Como toda «macroteoría» no pueden evitar ciertas dosis de los presupuestos de la ficticia concepción normativa de la culpabilidad.
-fíC abstracción y ambigüedad, arropadas con formulaciones descarnadas y con un
Las teorías subculturales están llamadas a explicar, fundamentalmente, ciertas
criptolenguaje equivoco y enigmático. El neutralismo sociológico, por otra parte, al
prescindir a menudo de toda referencia a «valores», corre el riesgo de presentar formas concretas de la criminalidad (de los grupos marginales, minorías, jóvenes,
como «normal» cualquier conducta desviada; e incluso de no poder explicar el etc.); de la llamada «desviación expresiva», ante todo. No parece satisfactoria la
cambio social. La estrecha conexión de la criminalidad con las estructuras sociales generalización de sus postulados mas allá del ámbito específico al que deben
''" no siempre aclara el porqué ni el para qué de la función «integradora» que aquélla, circunscribirse. Ahora bien, en éste son insustituibles. ¡Cómo puede desconocerse,
i.-ff sin duda, cumple; ni es viable, apr/orí, determinar la relación existente entre una por ejemplo, que en el mundo de las subculturas la desviación no se explica por una
, 1 determinada estructura social y la desviación inherente a la misma''^ Ahora bien, la supuesta ausencia o derrumbamiento de valores, sino porque el desviado proyecta
existencia de la desviación a partir de procesos sociales ordinarios, cotidianos, en y afirma los suyos propios a través de su conducta irregular! ¡Y que la subcultura es
el marco de un orden social «intacto» —no anémico— es una aportación decisiva del una cultura de «recambio»—una reacción negativa a la cultura oficial, o una evasión
" * funcionalismo (normalidad, funcionalidad y ubicuidad del crimen). Y, aunque las positiva frente a ésta— con la que el desviado compensa su falta de participación en
ií concepciones funcionalistas no son excluyentes (no prejuzgan la eventual relevan- la misma; en definitiva: un mecanismo sustitutivoP^ Aunque de aquí no pueda
j, fi cia, en el caso concreto, de otros factores de la desviación), constituyen, a mi juicio, desprenderse, sin más, la legitimidad de todas las subculturas ni el tratamiento de
• un valioso punto de partida. Fundamentalmente, si se admite que la criminalidad no las mismas, su recta comprensión obliga a considerar, como punto de partida, estas
es sólo un enfrentamiento individual y aislado con la norma, sino un fenómeno social, explicaciones analizadas, ^laaats.sji'f ¡fiQía^e'i^íWíSOij^c^rjeiQtgCS:
complejo, dinámico y colectivo. >• ;,M%t~-:rM«,í}'ft
c) Las conce^pcionespsicoanalíticas de la criminalidad®^, por otro lado,
b) Las teorías de las subculturas criminales'^ \ por su parte, han han contribuido eficazmente a minar el soporte mismo del principio de
dirigido sus críticas al principio de «culpabilidad»*^^ «legitimidad» sobre el que descansaba la ideología penal tradicional.
Según estas teorías.
.3.i5.J.í¿/áT^vnJíí"; Pues, en efecto, sostienen que la reacción penal no cumple la función real
de eliminar la criminalidad, sino la de satisfacer ciertas necesidades
con r o ™ i ó ? r ' " ' ' ' P ^ " ^ ^ T ' " ' ° ""' ^ O í ^ ^ O ^OEENO y SALILLAS ü " :;b oiabm'tq ísb fiisnegiv sú .obo) shiB .obBiiiwí nsfí KA^.
B A C I c l m f o n / ' ^ "TI"' '°'^° ^"'^° '^"°^^^í"' -^fr. COBO DEL ROSAL-
DURMM^d Tr , ' ' ° " ' ° ' "*•' P ' ^ " " ^ 34 ^ 39. En cuanto a la tesis de
1937 ¿ á f ^ i ^ Pf M ' P P ^ Í L ^ ^ ' ' ^ ^ " ' ^'-' "^^*°^° sociológico Santiago de Chile,
imputabilidad a la luz de la teoría de las subculturas y la psiquiatría alternativa»,
en Derecho Penal y Ciencias Sociales, Barcelona, 1982 (ed. S. Mir), págs. 191 y ss.;
criminalidad N n . . ; p / ^^í P^^'" ^^ ^ ^^'^ «• LAMNEK, Teorías de la
A. GARCÍA-PABLOS, El actual saber, cit., pág. 17 y nota 35; S. LAMNEK, Teorías
r. n. UUFWNGER, Criminología, cit., págs. 44 y sigs de la criminalidad, Siglo XXI, edit., 1980, págs. 26 y ss.
Sobre tales «técnicas de neutralización», cfr. A. BARATTA, refiriéndose a las
«"ente' t T " f ' ' ' . T ° " * ^ " '^ ^^ pensLiento de SALILLAS un
aportaciones de G. M. SYKES y D. MATZA (en Criminología libérale e ideología
della difesa sociale, extracto de «La Questione crimínale», núm. 1, 1975, Bolonia,
sociales; y que el comportamiento desviado es, por tanto, útil, necesa • , ¿»^ al poner de manifiesto que la desviación y la criminalidad no son
inextirpable, dados los cometidos que desempeña. El crimen se di ' ^' ritidades ontológicas preconstituidas —cualidades negativas de la
realiza u n a «función liberadora» y «consolidadora». La sociedad nece "•T cción criminal en sí, inherentes a la misma—, sino etiquetas que
del no integrado, para descargar sobre él —con independencia de 1 ^ determinados procesos de definición y selección, a l t a m e n t e
méritos reales del delincuente— su agresividad y frustraciones («caT jigcriininatorios, por cierto, colocan a ciertos sujetos, de forma muy
sociedad tiene la delincuencia que necesita y merece»). Aquél ^ desigual y a través de complejos mecanismos de interacción, que siguen
desviado— no es más que la víctima fungible y aleatoria, manipulad los mismos criterios de distribución de los restantes bienes sociales
de pseudorracionalizaciones de fenómenos que subyacen en la psiqu' positivos: el «rol», el «status»; y sin que el concreto comportamiento del
h u m a n a y en la «sociedad sancionadora». Con ello, pues, es evidente qup estigmatizado explique el desencadenamiento de aquellos procesos, ni
estos mecanismos de «proyección» y «expiación» (la proyección de la merezca la etiqueta recibida^''. Dado, pues, que la reacción social desem-
culpa y del mal en el chivo expiatorio), contradicen el fundamento ético peña una función «constitutiva» y «configuradora» de la propia crimina-
y la finalidad preventiva de la función penaP^. lidad''**; que la «minoría» criminal no es sino el resultado de unos procesos
de definición y selección —oficiales y no oficiales— claramente desigua-
íifinaio La rica gama de teorías psicoanalíticas han problematizado la reflexión científica
les (el crimen es un comportamiento «mayoritario», pero las chances de
..iH sobre el fenómeno criminal. Pienso, sin embargo, que las más divulgadas —como
sí i por ejemplo, las del llamado «control interior'''' y otras afines— son paradójicamente llegar a ser «etiquetados» se distribuyen de forma muy discriminatoria
•¡3 las de menor interés para los fines de este trabajo. Bien porque no aporten y selectiva), la negación del principio de «igualdad» se halla en la propia
. :;• explicaciones del crimen privativas del psicoanálisis, bien porque puedan dirigirse a esencia de la metodología del labeling approach^^.
rifi! las mismas las objeciones que estimo válidas con relación a otras teorías. Prefiero
f,íü resaltar, por ello, como aportación básica del Psicoanálisis el examen de la Una radical sustitución —como pretende el labeling approach—ÚQ las teorías de
39 «psicología de la sociedad sancionadora», y de la «función estabilizadora» del la «criminalidad» por las de la «criminalización» no se comparte por la doctrina
•iGi crimen y su castigo. En todo caso, soy consciente de las críticas que suelen criminológica mayoritaria, porque probablemente empobrecería la investigación
íiB formularse a aquél. Pues, aunque demuestre que la sociedad necesita al no científica. En efecto, el labeling approach no contempla, siquiera, la «desviación
f?bí integrado, y haya propiciado una actitud crítica y humanitaria al desenmascarar lo primaria». No ofrece respuesta al problema de la desviación misma, desde una
eb que de irracional y arbitrario hay en ei castigo, deja sin explicar convincentemente perspectiva etiológica. Ni se preocupa por problemas básicos, como los del control
"Si por qué funcionan de hecho, cómo lo hacen —en la forma en que lo hacen— los y prevención del delito o la resocialización del delincuente. Parece interesada, tan
concretos procesos de proyección y selección. Y trata por igual, sin distingos, sólo por describir y criticar la acción del control penal y de sus instancias
cualquiera de las formas de manifestación de la criminalidad. En el pensamiento criminalizadoras, prescindiendo de toda referencia valorativa y matizada al muy
sacro y mágico de la Antigüedad, era el «destino» o la «fatalidad» quienes decidían distinto significado de los hechos que desencadenan aquél. No obstante, y a pesar
"^ el envío de la «víctima» al desierto; en la Criminología «tradicional», el desvalor de una imagen tan desesperanzadora, el labeling approach covX\ene un principio de
•^" ontológico de su «acción»; o la propia «personalidad» patológica y diferencial del investigación válido y una poderosa y fecunda instancia crítica. Ha provocado la
.lí:; autor (en el positivismo criminológico). El Psicoanálisis no da contestación alguna*. irreversible ampliación del objeto de investigación criminológica, tradicionalmente
circunscrito a la persona del delincuente, demostrando que no se puede prescindir
ya del análisis de la propia reacción social (aunque no se quiera atribuir a ésta el valor
' d) Las teorías del etiquetamiento^^ o de la reacción social (labeling
approach) h a n refutado, ante todo, la vigencia del principio de «igaal-
.S8 Y 38 i-:í,íiq ,.Jb j-ímaioaimh
«constitutivo» que pretende el labeling approach). Que no tiay «criminalidad» siri comportamientos desviados. Todo lo contrario: que la pena no resocializa,
jg^^,, «criminalización». Y, sobre todo, ha denunciado con rigor y acierto la actuación
sino que estigmatiza; no limpia, sino mancha (¡como tantas veces se
altamente selectiva del control social penal, evidenciando la afectiva desigualdad
real del ciudadano ante la ley^°°. recordó a los expiacionistas!). Y que, a menudo, es más el hecho de haber
cumplido u n a pena que la propia comisión del delito lo que implica el
e) Las teorías de la criminalidad que, orientadas sobre la base del mayor demérito a los ojos de la sociedad. Que debía ser ésta, en puridad
conflicto^°\ se desarrollan a partir del labeling approach h a n atacado y no el delincuente, la necesitada de resocializacióni°^.
duramente el principio de los intereses sociales y del delito natural, al En definitiva, pues, y a modo de síntesis, puede afirmarse que las
localizar las variables del proceso de definición en las relaciones de poder teorías funcionalistas, subculturales y psicoanalíticas; las teorías de la
de los grupos sociales, tomando en cuenta la «estratificación social» y los reacción social y las investigaciones empíricas realizadas en los últimos
«conflictos de intereses». En efecto, en tales relaciones h a n pretendido años sobre la efectividad del Derecho Penal y sus consecuencias (pena
encontrar estas teorías no ya la base de la desigual distribución de los privativa de libertad, reincidencia, desviación secundaria, etc.) han
«status» de criminal, sino también la de la desigual distribución entre los contribuido decisivamente a la crisis de los pilares ideológicos de la
diversos grupos sociales del poder de definición, del cual aquellos Criminología tradicional, desmitificando algunos de ellos y poniendo de
«status» y las propias «definiciones» legales dependen. Según esto, en el relieve, en todo caso, la necesidad de replantear sobre nuevas bases y a
origen de los procesos de criminalización «primaria» (creación de la ley) la luz de nuestros conocimientos actuales los problemas básicos de la
y «secundaria» (aplicación de la misma), no habría intereses generales, cuestión criminal.
fundamentales para todos los ciudadanos y para la sociedad misma, sino
intereses de los grupos en conflicto que detentan el poder («políticos» lo „itn1 T I, jii'- r . M tila'), lU^Tif-ii i
Esto no significa necesariamente que el «paradigma del conflicto» se acepta b) Crisis del principio de diversidad del delincuente, que ve en éste una persona
unánimemente por el pensamiento criminológico contemporáneo, pero sí que haya distinta de los demás ciudadanos «normales», desde un punto de vista cualitativo,
ganado terreno frente al «funcionalista» de la Criminología «ortodoxa». Porque la y le identifica con los sectores sociales de más baja extracción. Hoy, por el contrario,
• • : ) ( " '
moderna Criminología no cree ya en esa supuesta armonía entre el sistema oficial la «problematización» del concepto de delito expresa la evidencia de que el crimen
y los valores éticos de la comunidad que se pensó aportaba la teoría convencional no descansa, en general, en ningún defecto genéticamente prefijado de la persona-
del delito y su configuración como claro correlato a las infracciones del Decálogo lidad, sino que es la sociedad estatalmente organizada la que determina qué
Antes bien, las actuales investigaciones empíricas parecen demostrar todo lo comportamiento nocivo para la misma debe ser enjuiciado como delito^"^. De modo
contrario: que el tipo de legitimación que obtiene el sistema de Derecho penal por que toda teoría del crimen presupone, de algún modo, una teoría de la
medio de las valoraciones y de las actitudes de la opinión pública no es ni total ni criminalización"". Esmás,laexperienciadiariademuestraquecadavezsonmáslos
homogénea con respecto a los diversos grupos sociales. Y que dicha legitimación ciudadanos socialmente integrados —«normales»— que infringen la legalidad.
dista mucho de ser un consenso válido basado en el conocimiento real de la Prueba de ello son los índices de delincuencia de tráfico, la delincuencia juvenil, la
H '1.
actuación efectiva del sistema y en su valoración racional. Por el contrario, como ha de cuello blanco, la elevada cifra negra de ciertos crímenes, etc."\
demostrado POPITZ'°^ suele asentarse en una «ausencia de conocimiento» y en c) Crisis del carácter necesariamente «patológico» y «disfuncional» de la
imágenes parcialmente ficticias del sistema. La denominada «teoría expresiva» del desviación. La contraposición clásica: delincuente-sociedad, o si se prefiere, de los
Derecho penal, portante —propia más de la ideología de la defensa social—, merece principios del «mal y del bien», respectivamente, también se halla cuestionada. Sin
actualmente una clara reacción crítica^"". necesidad de aceptar, sin más, posiciones funcionalistas"^ ni postulados de la
•JlDti \ i teoría de la desviación, con su romántica llamada a la criminalidad «expresiva» o al
.08/33 OÍM i significado de ciertas minorías"^ lo cierto es que hoy es ampliamente compartida la
'",' -i tesis de que el comportamiento desviado —y su control— dan claridad a la norma
y contribuyen de forma positiva a la estabilidad sociaf ^''. Carece de sentido cualquier
'. ífiiítfítrií
declaración, indiscriminada y sin matizar, de guerra contra toda conducta
H. POPITZ, «Über die Práventivwirkung des Nichtwissens. Dunkelfeldziffer,
Norm und Strafe», en Recht und Staat, fascículo 350, Tübingen, 1968, págs. 17 y ss.
108
Cfr. A. BARATTA, Criminología y dogmática penal, cit., pág. 44. Personalmente
estimo que ni el modelo «consensual» ni el modelo de «conflicto» —en sus
formulaciones más radicales— se avienen a la realidad. por los diversos subgrupos sociales (vg., estudiantes, policías, delincuentes etcéte-
Los teóricos del «consenso» desconocen los evidentes conflictos que dinamizan unas ra) —algunos son ya clásicos en la materia (entre otros muchos los de: SELLIN y
79? veces, perturban, otras, el orden social. Y, sobre todo: pretenden legitimar un WOLFGANG, NORMANDEAU, AKMAN-NORMANDEAU y TURNEE, EOSSI y
determinado orden social en abstracto desentendiéndose y despreciando toda otros, CULLEN-LINK y POLANZI, THOMAS-CAGE y FOSTER, KVALSETH,
valoración sobre su funcionamiento efectivo. Por ello, cuando apelan a un consenso SANCHÍS y GAEEIDO, etc.)— llega a la conclusión de que existe evidencia
tácito de la comunidad respecto a los valores y definiciones del sistema, afirman que empírica a favor del modelo de consenso. A su juicio, de esta resulta: 1) Existe un
se t r a t a de una verdad parcial. Si existe dicho consenso —que, como veremos, amplio acuerdo sobre las definiciones de delito, sin que las variables: sexo, edad,
parece que existe— dicho consenso hace referencia a los valores nominales del clase social o residencia alteren significativamente el mismo; 2) Contra lo que
sistema, a sus fundamentos axiológicos, sin que, por tanto, deba desprenderse del suponen los teóricos del conflicto, los sujetos menos severos en la imposición de
mismo legitimación alguna respecto al concreto modo de funcionar de aquel. Pues penas y respuesta al crimen son las clases sociales más elevadas, esto es: quienes
entre las declaraciones formales del sistema y su concreta vigencia práctica se tienen superiores niveles educativos, sociales y económicos; 3) Los delincuentes
producen desviaciones relevantes: sea o no sea consciente de ello la comunidad. La tienen idénticas —o muy parecidas— actitudes respecto al crimen que los no
puntualización de POPITZ parece irrefutable . delincuentes.
Por su parte, los teóricos del conflicto confunden la merecida crítica del funciona- Sobre el problema del alcance de la teoría de la «configurabilidad» del delito, vid. G.
miento del sistema social con la supuesta inexistencia de consenso alguno en torno KAISEE Criminología, cit., pág. 24. i.ywiuü¡M wiijps ,;
lio
a ciertos valores y definiciones. E n lo que tampoco creo les asista por completo la Así, G. KAISEE, Criminología cit., pág. 24.
111 Así, G. KAISEE, Criminología cit., pág. 152.
razón ya que la experiencia empírica parece demostrar que la mayoría de la
112
sociedad comparte determinadas definiciones básicas sobre la conducta delictiva y Sobre el significado de las concepciones funcionalistas, cfr. A. BARATTA, Crimina-
la desviada, consenso —pienso yo— perfectamente compatible con una conciencia hdad y dogmática penal, cit., pág. 20; A. GARCÍA-PABLOS, El actual saber, cit.,
crítica sobre el grado de vigencia y aplicación fiel de tales definiciones a la realidad. págs. 16 y 17 y bibliografía allí citada; M. GROSSO GALVÁN, Nueva criminología,
Con relación a las mencionadas investigaciones empíricas, véase SCHNEIDER, H- cit., págs. 57 y ss. E n general, sobre las tesis de DURKHEIM y MERTON, vid. H.
J., Kriminologie, cit., pág. 449 y ss. (que cita los trabajos, entre otros; de G E A E M E GÓPPINGER, Criminología, cit., págs. 41 y ss.; R. BERGALLI, La recaída en el
NEWMAJSÍ, CH. W. THOMAS, E. J. CAGE, S. C. FOSTER, etc.) y G A E R I D O delito, cit., págs, 185 y ss.
113
GENOVES, V., en: Psicología social y sistema penal, cit., págs. 45 y ss. («Relación Cfr. J. YOUNG, P. WALTON e I. TAYLOR, Criminología crítica en Gran Bretaña,
entre la sociedad y el sistema legal», págs. 48 y ss.). GARRIDO GENO VÉS, después cit., págs. 33 a 35. : OIWSJXÍCD ÍB saB"!-,' ;B;n9j
114
de revisar los trabajos existentes sobre la percepción de las conductas criminales Por todos, G. KAISEE, Criminología, cit., pág. 56. • oí*fííy mliín lab i: «9 i
^^wT
1198 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1199
«innovadora». El crimen, en definitiva, es un comportamiento «normal», la otra cara No en vano se ha reconocido que la Criminología crítica vive aún su
inevitable de la convivencia. Su completa erradicación no es posible sin imponer un infancia"^. Como tampoco se puede ignorar que, a diferencia de lo que
,on£ sistema de terror.
sucedía con la Criminología «correccionalista», la más moderna «teoría
nsfi d) Principio de ubicuidad ÚG\ crimen. Frente al estereotipo de delincuente
•sm elaborado por el positivismo, parece hoy obvio, por el contrario, que el delito es un de la desviación», por ejemplo, h a producido escasos manuales como
sup comportamiento localizable en cualquier segmento de la pirámide social y no indicaciones valiosas para u n a lucha práctica y eficaz contra el delito^^^
ObOí privativo ni específico, desde luego, de las clases sociales menos privilegiadas. Otra y que sirviera de base a u n a praxis coherente y de orientación a u n a
Si í cosa muy distinta es que las personas de hecho estigmatizadas, etiquetadas como compleja acción policial. A veces el análisis teórico conduce a u n no
20! t «delincuentes», pertenezcan preferentemente a aquéllas, como consecuencia de la
.bst conocida actuación selectiva de los mecanismos e instituciones del control social. El intervencionismo que deja demasiados problemas sin resolver, o a u n a
Rl ,li. delito es «ubicuo»"^ porque la infracción de la ley lo es también. Precisamente esta llamada angustiosa a la reforma de las estructuras que tarda demasiado
contradicción, constatable en todos los países y sistemas, explica los esfuerzos de en llegar.
Si e la moderna Criminología por examinar la criminaiidad de ios poderosos, de las
ifi!Ú(¡,ri,tn'!!'ifi;-sJíu"'"
clases privilegiadas, denunciando la vigencia meramente formal del principio de
igualdad. Se trata, de algún modo, de restablecer el principio de «igualdad de
oportunidades» y de ampliar el círculo de personas tradicionalmente afectadas por
el Derecho penal"^. De ahí el auge e interés de las investigaciones sobre la
denominada «delincuencia de cueiiobianco»''^'^. 6. V A L O R A C I Ó N F I N A L
, 1 e) Estos nuevos postulados implican, por su parte, la profunda revisión de
principios básicos para la Criminología tradicional de corte positivista. Del principio Parece obvio poner fin a esta obra con u n a s sucintas reflexiones sobre
de culpabilidad, de igualdad ante la ley, de legitimidad del castigo, de los intereses el problema criminal y las tendencias de la moderna Criminología.
generales, de prevención y resocialización. Las modernas orientaciones antes
expuestas (teorías del conflicto, de las subculturas, funcionalistas, psicoanalíticas, 1. Desde el punto de vista metodológico, se consolida definitivamente
interaccionistas y del iabeiing approacii, etc.), han desmitificado, unas veces, el empirismo y la interdisciplinariedad de la Criminología como ciencia.
desmoronado, otras, viejos principios y convicciones, trazando una drástica frontera Dicho principio metodológico se proyecta sobre todos los ámbitos de ésta:
, , ' entre el «deber ser» y la amarga realidad. Será necesario replantear, desde nuevas sobre el causal-explicativo (elaboración de modelos teóricos), sobre el
s perspectivas y partiendo de un saber interdisciplinario y totalizador, los problemas
";•" de siempre.
preventivo y sobre el estrictamente operativo (intervención en el proble-
ma criminal y el infractor mismo).
No obstante, sería ingenuo desconocer el carácter fundamentalmente Elpluralismo metodológico es otra de las señales de identidad de esta
«sectorial» de muchas de las investigaciones que se enmarcan en la joven disciplina. Se trata, en definitiva, de u n a consecuencia de su
denominada «Criminología crítica» o «Nueva Criminología»: la ausen- naturaleza interdisciplinaria, al propio tiempo, expresión y garantía del
cia, en definitiva, de u n sistema completo, del que, desde luego, no progreso científico y de la conocida interdependencia «objeto»-«método».
carecía la represiva y mitificadora Criminología positivista.
2. Descendiendo al terreno más concreto de las técnicas de investiga-
ción, asistimos al éxito clamoroso de los métodos cuantitativos, y en
•ii"r-iE.ní,fií:ríVi>i Rf.ak'e;"ííí:,'.^ci.1 a j /
particular, de las encuestas sociales que siguen causando fascinación. Lo
Sobre la «ubicuidad» del crimen como comportamiento «mayoritario», vid. F. SACK, que se comprende, por el giro «social» de la ciencia criminológica, y
«Neuen Perspektiven in der Kriminalsoziologie», en F. SACK y R. KÓNIG (edit.),
porque estos métodos cuantitativos h a n significado, tradicionalmente,
Kriminalsoziologie, Frankfurt a. M., pág. 463.
Así, refiriéndose a la finalidad real del concepto de «delincuente de cuello blanco», el test más representativo del cientifismo. Todavía no ha llegado el
G. KAISER, Criminología, cit., pág. 211. momento de los métodos y técnicas más «finos», cualitativos.
Sobre la «delincuencia de cuello blanco» en Latinoamérica, vid. L. ANIYAR DE
CASTRO. «El delito de cuello blanco en América Latina. Elementos para una
investigación comparada», en: La realidad contra los mitos, cit., págs. 153 y ss. En .T,,í,9j,di.u:j. ' uí'i'Jj t«a.i>f.
general, una reseña bibliográfica sobre el problema en A. GARCÍA-PABLOS,
Maquinaciones para alterar el precio de las cosas, cit., pág. 222 nota 9. Sobre este 118 Criminología crítica, cit. (Introducción), pág. 19.
tema, véase el capitulo IV, y nota 5, de la obra Estudios Penales (Barcelona, Bosch. 119 J. YOUNG, «Criminología de la clase obrera», cit., pág. 98. El autor utiliza el
1984) del autor citado. " ^^ término «voyeurismo» para caracterizar a la «teoría de la desviación»
f
1200 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1201
3. El paradigma «causal-explicativo» de ciencia, del que eran fiel patibles con los conocimientos científicos actuales que conducirían
exponente las «ciencias del dato», las otrora «ciencias exactas», ha ^ además a u n a política criminal de injustificable y desmedido rigor.
entrado en fi-anca crisis. También la Criminología, por tanto, ha bajado
6. La víctima del delito ha cobrado en las últimas décadas, u n lógico
el listón convencional de sus exigencias como disciplina científica. El
y merecido protagonismo escénico. Ya no es el personaje olvidado del
saber y la experiencia criminológica se apartan por ello de la seguridad
drama criminal —mero objeto pasivo, fungible, aleatorio, que por
y certeza que el paradigma de ciencia exigía en otros tiempos, tanto en
fatalidad experimenta las consecuencias del delito— sino u n protagonis-
lo que se refiere a la explicación científica del crimen, como a su
prevención o intervención en el mismo. En consecuencia, entre el ta activo, dinámico, en la escena del delito. Asistimos, pues, al
desarrollo de las teorías criminológicas y la seguridad del conocimiento «redescubrimiento» de la misma. El nuevo rol de la víctima tiene su
empírico existe en la actualidad un significativo abismo. Los esquemas expresión o correlato metodológico en el auge de ciertas encuestas
«monocausales» han sido sustituidos por planteamientos plurifactoriales sociales (encuestas de victimización) que aportan u n a valiosísima infor-
más relativizadores y modestos; y la explicación causal por «teorías», mación sobre determinadas variables del crimen real u oculto al que no
«hipótesis», «relaciones», «conexiones», «covariantes», términos más tiene acceso el aparato estadístico oficial. Pero también en otros ámbitos
aptos para analizar los fenómenos de las ciencias h u m a n a s y sociales y dimensiones: en el estrictamente etiológico (interacción delincuente-
que solo garantizan unos saberes mínimos. La ciencia criminológica, víctima y contribución de ésta al proceso de autovictimización), en el
cada vez más social, dinámica e interaccionista, es, por utilizar una preventivo, político-social (reparación, programas de ayuda a la víctima,
denominación ya convencional, una ciencia «blanda». e t c . ) , en el procesal, etc. ...No obstante, y al propio tiempo, se h a cobrado
conciencia de los riesgos y excesos a que puede conducir, en materia
4. El crimen, para la moderna criminología, pierde sus connotaciones político-criminal, una desmedida participación de la víctima: nada más
patológicas, y se contempla como «problema» social y comunitario con preocupante para la proporcionalidad de la respuesta al delito— y para
todas sus consecuencias e implicaciones. No es por tanto, un tumor ni el irrenunciable marco de garantías en la que ésta debe insertarse —que
u n a epidemia, u n a lacra; ni u n a cifi:'a o guarismo, ni elfi:-íosupuesto de una política criminal fiel a los solo dictados de la víctima del delito—.
hecho de la n o r m a jurídico-penal. Es, a n t e s bien, u n conflicto
7. El giro sociológico de la moderna Criminología se h a traducido en
interpersonal, un doloroso problema social y comunitario de todos, de la
una ampliación, enriquecimiento y progresiva problematización de su
comunidad, que nace en la comunidad y debe resolverse por ella. El
objeto. Muestra de tal evolución es el éxito que ha obtenido la teoría del
crimen, en consecuencia, rescata su dimensión humana, interpersonal,
control social hasta el punto de que conocidos sectores doctrinales
doméstica. En términos estadísticos —estadísticos, no valorativos— se
definen la Criminología como teoría radical de la desviación y el control
t r a t a de un fenómeno «normal», cotidiano, esto es, arroja un volumen social. No obstante, el mayor desarrollo y elaboración teórica correspon-
constante y su presencia inexorable trasciende variables temporales o de al llamado control social «informal», ya que una de las metas del
espaciales. ^ÍULUÍ^ tó ojuj.í3tijíi:)j«5j'
pensamiento utópico y radical consiste precisamente en sustituir el
5. La moderna criminología empírica parte del postulado de la control social formal por otros controles informales y proactivos capaces
«normalidad» del delincuente. La rancia teoría de la «diversidad» ha de resolver efectivamente los conflictos, sin el elevado coste social y
quedado definitivamente desterrada, como vestigio de u n a etapa efecto estigmatizador atribuido a l a s agencias oficiales del sistema legal.
precientífica henchida de dogmas y prejuicios insostenibles. El infrac-
8 . La moderna Criminología empírica contempla con mayor realismo
tor, por tanto, se convierte en delincuente porque delinque, no a la
el hecho delictivo viendo en el mismo no u n mero reto simbólico o
inversa; esto es, no delinque porque reúna ciertas características que le
enfrentamiento formal entre infractor y Estado, sino un suceso concreto
predestinen fatal e inexorablemente al delito. El delincuente es, en todo
e histórico, u n conflicto interpersonal que tiene lugar bajo específicas
caso, un hombre de su tiempo, uno más, como los otros hombres. En
coordenadas temporales y espaciales, en un escenario y en u n a sociedad
consecuencia, su dignidad de persona, pugna con ciertos clichés y
determinada que profesa cierta escala de valores, oficiales o subterrá-
esteorotipos de infractor («enfermo», «loco», «endiablado», «enemigo del
neos. El crimen, en definitiva, no es un fenómeno casual, o fortuito,
pueblo», «menor o inválido», «víctima», «animal peligroso», etc..) incom-
caprichoso, sino altamente selectivo, que no en vano, como demuestran
1202 ANTONIO GAECÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1203
las estadísticas, se concentra significativamente en torno a muy preci- solo sería posible acudiendo a técnicas de control alternativo, pero con
sas variables personales, espaciales, temporales, etc. El duelo, por tanto, ello, nos adentraríamos en el peligroso mundo de la utopía. De la utopía
d e l i n c u e n t e ^ c t i m a ofrece u n a imagen ficticia de la realidad criminal, que no se aviene a aceptar la experiencia; que agudiza, ciertamente, la
ya que desconoce la necesaria mediación de la comunidad, y el marco o conciencia del problema y relativiza la realidad, pero termina exhortan-
escenario histórico donde dicho conflicto interpersonal acaece. do —y sólo exhortando—, a u n a mejora del mundo que tarda demasiado
9. La elaboración de modelos teóricos explicativos del crimen como en llegar o no llega nunca. El pensamiento utópico, sin duda, es
objetivo obsesivo de la ciencia criminológica, ha pasado a un segundo importante motor del progreso, pero cuando no quiere saber de proble-
plano, cobrando creciente interés, por el contrario, el diseño de progra- mas, crea entorno a si mismo un mundo rígido y de terror, elevando a
mas de prevención del delito, de intervención positiva en la persona del tensiones asfixiantes el impacto de las instancias del control social. No
infractor, y de respuesta pacificadora y solución de los conflictos sociales. es difícil captar las actitudes y conciencia jurídica del ciudadano diri-
Prima, pues, la prevención y la intervención en el problema criminal giendo atentamente los procesos de socialización. De este modo, se
sobre la explicación de éste. En todo caso, los modelos teóricos explica- reduce, drásticamente, el riesgo de desviación, y las tasas de criminali-
tivos devienen progresivamente más complejos e integrados. Se abando- dad. Sin embargo, se paga por ello u n elevadísimo precio, el de la libertad
n a n las explicaciones monocausales y los esquemas pretendidamente conduciendo, además, este proceso, a u n modelo general de sociedad
generalizadores, de validez universal, buscándose por el contrario uniforme y uniformada no deseable.
explicaciones ad hoc, específicas para grupos o familias de delitos 12. La teoría —y la praxis— de la prevención del delito cobra
(diversificación versus generalización). El indiscutible giro sociológico progresivo interés. Pero la prevención rectamente entendida, en un
de los modelos explicativos actuales no permite prescindir del soporte o sentido etiológico, que atiende a las raíces ííltimas del problema que el
entramado biológico y psicológico del comportamiento humano. crimen exterioriza (prevención primaria), no en el sentido puramente
10. Se reivindica, acertadamente, por la doctrina la función práctica disuasorio, intimidatorio, cuasipolicial, ni como mera estrategia
del saber científico, y en concreto, de la experiencia criminológica, en el obstaculizadora, que aplaza o desplaza la manifestación criminal. La
sentido más profundo (Welzeliano), de este término. Porque el saber vasta experiencia acumulada a lo largo de los últimos decenios, apunta
científico no se agota en u n a mera elaboración teórica, academicista. hacia un nuevo modelo de prevención, a medio o largo plazo; positiva, no
Nace del análisis empírico la realidad concreta y está llamado, por intimidatoria, basada, pues, en prestaciones sociales; pluridireccional,
vocación, a volcarse de nuevo sobre dicha realidad para explicarla, y de fuerte componente comunitario. La genuina prevención en conse-
comprenderla y transformarla en interés del hombre. La objetividad, cuencia exige u n sincero compromiso de la comunidad; la implicación
distancia y neutralidad del investigador no contradice la función social solidaria de ésta, movilizando todos sus resortes y efectivos en aras a la
de la Ciencia. S'-iffffr o •; solución del problema criminal. =""^'"
11. Admitido el postulado de la normalidad del crimen, fenómeno 13. Resocialización y tratamiento son conceptos que h a n recibido toda
consustancial a la convivencia h u m a n a —«la otra cara de ésta»—, suerte de reproches y descalificaciones, no siempre justificados.
inextirpable, forzoso es renunciar a trasnochados prejuicios y ambicio- A quienes condenan dogmáticamente cualquier intervención en el
sas metas político criminales. Carecen de sentido las «cruzadas» contra infractor, alegando su ilegitimidad, conviene advertir que las revolucio-
el delito, y los vanos intentos de erradicarlo de la faz de la tierra, nes tardan mucho en llegar —o no llegan nunca— y mientras, no es justo
«extirparlo» definitivamente. Antes bien u n a sociedad más libre, racio- abandonar a su suerte a la población reclusa, sin esperanza, ni otra
nal y tolerante, debe asumir una dosis mayor de comportamiento expectativa que el cumplimiento de la pena. El nihilismo, la teoría y
desviado del consenso general, como hecho que pertenece a la sociología praxis de la no intervención, ofrece u n a engañosa faz de progreso y
de la normalidad. No existe, por tanto, otro objetivo legítimo y viable que humanismo. Sin embargo, la historia demuestra que utópicos y radica-
el de un control racional y razonable de la criminalidad, con el menor les solo siembran la semilla del progreso y del cambio social; pero éste,
coste social posible. La paz de u n a sociedad sin crimen es la paz de los el progreso, se construye día a día y a pie de obra por los reformadores
cementerios o de las estadísticas falsas. Eliminar por completo el delito que se comprometen con la realidad y la transforman.
1204 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1205
k La supuesta inefectividad de todo tratamiento es otra falacia que Pero, carecemos, aun de respuestas alternativas válidas y eficaces. El
alimenta, eso sí, la virtualidad de conocidas «profecías» y círculos incipiente y poco definido modelo de «justicia restaurativa» concita
viciosos. Pero tiene que enfrentarse a la evidencia científico empírica con justificadas esperanzas. Ahora bien, es imprescindible, para su progre-
escaso éxito. Cabe cuestionar, desde luego, la viabilidad de u n determi- siva consolidación, depurar, previa verificación empírica, el mismo. En
nado tratamiento rehabilitador, o la de cualquier intervención en ciertos primer lugar, sus presupuestos, pues ni razones de prevención general
casos o grupos de infractores. Pero negar, de antemano, la posibilidad de permiten la aplicación de éstas fórmulas sustitutivas del enjuiciamiento
llevar a cabo un impacto positivo y bienhechor en la población reclusa, convencional a delitos de especial gravedad (quiebra, pues, la pretendi-
científicamente programado, es tanto como negar la realidad diaria. da aplicación universal de tales procedimientos), ni tendría sentido
Ahora bien, el ideal resocializador sigue siendo aún muy ambiguo e circunscribirla a conflictos de importancia nimia, como si se t r a t a r a de
impreciso. La polémica doctrinal y normativa antes referida pone al una mera reparación del daño o conciliación civil. Otros muchos parti-
descubierto la existencia de demasiados interrogantes sobre la meta culares, relevantes de estos modelos demuestran la ambigüedad e
final, los objetivos intermedios, los procedimientos y los mismos límites indefinición de los mismos, sólo superable con el tiempo, y u n a actitud
de tan ambiciosos programas. Afortunadamente, la investigación empí- realista, que someta al análisis empírico la evaluación de los resultados
rica y la praxis clínica h a n despejado ya muchas incógnitas sobre el que en cada caso unas y otras opciones deparen (relación de estos
tratamiento del infractor. Hoy la ciencia puede delimitar, con mayor procedimientos con el sistema legal convencional, grado de autonomía
precisión, el contenido de la intervención, lo que es —y lo que no es— el orgánica y funcional de los mismos, perfil y rol del mediador, concreto
procedimiento de intervención en el conflicto, e t c . ) .
tratamiento; sus objetivos y estrategias, según las características de
cada caso o grupo de casos; las técnicas concretas de intervención Otros modelos radicales, de corte abolicionista, basados en u n a
recomendables; los resultados que cabe esperar de las mismas, sus justicia participativa, lega, comunitaria, orientada más a la reparación
perspectivas, etc. El ideal resocializador dejará de ser un mito o un lema del daño que al castigo, carecen todavía de la virtualidad indispensable
vacío de contenido cuando, después del oportuno debate científico, se que exige por imperativos del realismo, el problema criminal.
alcance un elemental consenso en torno, al menos, a tres cuestiones
15. Por último, en el control racional del crimen corresponde al
básicas: qué objetivos concretos se pueden perseguir con relación a cada
Derecho Penal u n papel secundario, subsidiario, conforme al principio
grupo o subgrupo de infractores, qué medios y técnicas de intervención
de la llamada intervención mínima. Contra lo que pudiera parecer, el
se estiman en cada caso idóneos y eficaces y qué límites no debe superar
crimen es un fenómeno altamente selectivo, escoge el espacio físico, el
jamás cualquier suerte de intervención.
momento, la víctima más propicia. Su estructura, fenomenología y
14. Una respuesta cualitativamente satisfactoria al problema crimi- dinámica dista mucho del azar, de la casualidad. Por ello, los poderes
nal debiera perseguir como objetivos la efectiva solución del conflicto que públicos deben abordar el problema criminal científicamente, aprove-
el delito exterioriza (resolver el conflicto no exclusivamente castigar al chando la valiosa información que hoy suministran diversas disciplinas
culpable del mismo), la conciliación de las partes implicadas en el empíricas. Y sobre todo, servirse de los medios más adecuados y eficaces
mismo, y la pacificación de las relaciones sociales generales y del propio que impliquen el menor coste social. Buscar en las prohibiciones penales
clima social. Todo ello, desde luego, con el menor coste social posible. la solución al problema del crimen es u n a ingenuidad. Considerar al
Derecho Penal la respuesta natural, primaria y más eficaz, u n a absurda
• El modelo clásico de justicia penal se halla en crisis. Castiga al
crueldad propia del despotismo no ilustrado. Antes bien, desde un punto
culpable, o procura, al menos, hacerlo, pero no resuelve los conflictos.
de vista político criminal, el control racional de la delincuencia reclama
Hace caer el peso y las iras de la Ley, e impone la fuerza victoriosa del
el previo desarrollo de u n a justa y eficaz política social que incida a
Derecho, pero no es capaz de conciliar a las partes enfrentadas ni de
tiempo en los factores que favorecen y configuran el crimen y busque la
pacificar unas relaciones sociales. La imagen simbólica de u n a diosa
instauración de u n a sociedad más sana. Una sociedad que al enfrentarse
sorda, muda y ciega, que ciñe o empuña espada, refleja, sin duda, la
a sus conflictos y contradicciones eduque a sus miembros más en el
percepción social negativa del actual modelo de justicia criminal.
respeto a los bienes jurídicos, en la solidaridad y en la tolerancia de la
1206 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
M i . > A N E X O S ESTADÍSTICOS!
'i\ • u ífi'Ti''- •? ( ^ ' ti ^í) aQji^|||íio^_|ija^'ír^i
t ' t í ' I 8< j ! " ' ! J í n - o'lij!» í o l ) : Como orientación para el lector, se aportan a continuación unas
breves explicaciones acerca del contenido y estructura de las distintas
t)"íuiw-5 u Í; ,,,( qf'i ';< í'> «oo 9! !, ,' estadísticas.'>• 'Í»Í '.WÍTOÍÍ BOJ' "ÍK « Í Í 1*»»,^ ua.-na. v^firtCM^cü^f»,-»
'••0Í3K„Uf •', i -lOÍ .1 .
íi-qn • J > ' b c ' H ' i ' ^ í n A J*- ••¡-fi - >xi-' -. L) lob ÁTIÍ.-K; ' E n los anexos incluidos a continuación se puede apreciar claramente u n a diferen-
- '"/>! .'.. ,1 ,fi ? t ^ íjf a b Í H I . . r • '/'i f i ,-ii < / r " y ' > ' f ,(^»
cia en los criterios de selección, sobre todo en las estadísticas policiales y peniten-
J ciarlas. Su puesta al día se h a visto dificultada por la carencia de cifras relativas
' ) ' j i i ' ; . ji 1 • >i 'wíjiío'i .i) i- /; 1 if "•' ) ' ', f í . ' 1 íf. ,''>b < t
.;; a algún año y los cambios introducidos por las fuentes consultadas en su
I, <r?"'!0'fi ;0.jííf";>i .1 i i ' j V ' l t j i - . i ' t ' * t í . ' . i . f ' ^/-^ I i'l ' < » elaboración. Todo ello h a venido, en parte, motivado por la entrada en vigor de u n
• ,.¡ü'j'ii j>K Uí ' j ; í u ' , ' ' ' " I I " ' ! i Ti • '• . i( jbúOií);rtxj nuevo Código Penal en mayo de 1996. Por otro lado, no se h a tenido acceso a las
' !' i"., o '"' ''.f ' í- .; .n.niil . ».; • Ji» i. "'•< ^i -..t^^^ífíro-j ' últimas estadísticas judiciales, lo que h a impedido su revisión. La revisión y
actualización de este Anexo h a sido llevada a cabo por D- Carmen Ocaña Díaz-
' Ropero, Profesora del departamento de Derecho penal de la U.C.M.
1208 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1209
significarse que las variaciones censales acaecidas a lo largo de los años
ofrece u n panorama exhaustivo del tráfico de drogas, con indicadores
no han supuesto en ningún caso un salto de categoría. El cuadro
fiables que permiten contemplar el desarrollo de este sector de la
siguiente a las cintas por ciudades y delitos recoge los mismos datos
referidos a todo el territorio nacional. ,r íjue el Derecha criminalidad. ...i.,^.^.__:
del sujeto en el tiempo correspondiente, lo que en función del sexo o edad En segundo lugar, debe advertirse que el Estado, en tanto el resto de
hubiera podido arrojar mayores datos. Se echa en falta, asimismo, una CCAA* no poseen plenas competencias a estos efectos, distribuye la
mayor atención a los datos en la formación del individuo. población penitenciaria, entre otras variables, atendiendo al número de
plazas disponibles en cada una de las comunidades.
Finalmente, la última tabla recoge la criminalidad sancionada en
Juzgados de lo Penal y Audiencias Provinciales en el año 1992, dividido por En el análisis de las cifras correspondientes a los años 1996 y
provincias. Han sido seccionadas algunas categorías delictivas por la siguientes h a n de apreciarse, los efectos que produjo la entrada en vigor
insignificancia de los datos, en alguna ocasión, o por su ambigüedad, en del Código Penal de 1995.
otros (v. gr., no queda especificado en la fuente si el apartado concursos está Así, cuando, para esta tercera edición, se h a n pretendido actualizar
o no incluido ya eri^los anteriores, por lo que se desconocía si su naturaleza los datos estadísticos, no h a sido posible la obtención de las cifras
lo es como plus o aliud). Tampoco se especifica si entre los delitos contra la
relativas al periodo que abarca los años 1995-1997, debido, entre otras
propiedad quedan comprendidas las defraudaciones, j . ,^
razones, a los desajustes que produjo la aplicación del nuevo texto que
supuso, además, u n a alteración en el método y la adaptación forzosa a
la nueva realidad penitenciaria. Por ello, se recogen en la última parte
J n . - ESTADÍSTICAS PENITENCIARIAS^ llíiifciáfalfeíriaft'fef» del anexo las cifras resultantes referidas a periodos anuales y no
semestrales. No obstante, y dado el interés que puede presentar la
En orden a un correcto análisis de los datos que configuran el anexo
evolución, apreciándose un aumento progresivo de reclusos, se incluyen
estadístico III deben tenerse en cuenta las siguientes orientaciones:
las cifras absolutas de la población penitenciaria diferenciándose por
La Comunidad Autónoma catalana, en primer lugar, inició el sexos y apareciendo por primera vez la cuantificación de reclusos
traspaso de competencias en m a t e r i a de administración penitencia- penados con acuerdo al Código Penal derogado y al vigente.
ria, en aplicación del art. 11.1 de L'Estatut d'Autonomia de Catalunya,
LO 4/1979, de 18 de diciembre, en el año 1984, teniendo hoy plenas
facultades a este respecto, fecha en la que, coherentemente, las
instancias estatales centrales dejaron de ofrecer datos sobre la
evolución penitenciaria en aquella comunidad. Así pues, las cifras
sobre la evolución penitenciaria que se incluyen a nivel nacional,
deberán completarse con las tablas correspondientes a la Comunidad
catalana, p a r a obtener u n a visión de conjunto del total del Estado
español.
Fuentes utilizadas para la elaboración de este apartado: tablas n.-1 a 23, Justidata,
n° 9, Centre d'Estudis Jurídica i Formació Especialitzada, Generalitat de Catalunya,
Departament de Justicia, enero 1995 (salvo las tablas 22 y 23, que corresponden al
n° 10, de la citada publicación); las tablas 24 a 32, proceden del Informe General 1993,
Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios, Ministerio del Interior, Madrid,
1996; las tablas n- 33 a 35 y 37 se han obtenido de la página web de la Dirección
General de Instituciones Penitenciarias en Internet (http://www.mir.es/instpeni/
* Pese a que tres de ellas contemplan también en sus Estatutos de Autonomía
cifras.htm; por último, el cuadro n° 36, se ha extraído de Justidata, cit., n° 15,
competencias en materia penitenciaria, nos referimos a Navarra, Andalucía y País
noviembre, 1997.
Vasco.
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Anexo Estadístico I
ihuí.f. I >'.J1JIÍ) ishcíofirsimíiq non/5Ídoq"í;í éh gB'toírtHtte
ESTADÍSTICAS POLICIALES
)^ibo\'> te ob%ons>a 'soa
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^
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1215
, SWI ¥'"i
Km2. (Total Provincia): 21.657
Habitantes Totales: 647.654 1992 1993 %
0
TOTAL
1 o'^b'AVMy\^,>i oxasiA Com. Distrito:
) I ; : JVÍ
1 1
TOTAL DELITOS 5.495 5.049 -8,12 30,86 30,12 5.049 6.998 38,60 30,12 26,25
TOTAL DELITOS +" - - ••' ^
TOTAL FALTAS í "* ' ^^^^ 2.846 2.756 -3,16 28,22 32,04 2.756 4.737 71,88 32,04 40,55
TOTAL FALTAS
TOTAL INFRACCIONES 8.341 7.805 -6,43 29,96 30,80 7.805 11.735 50,35 30,80 32,02
TOTAL INFRACCIONES ' ' !
1218 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1219
Restantes delitos 4.765 4.649 -2,4 54,0 50,1 TOTAL FALTAS 6.813 7.665 12,51 20,53 19,87
TOTAL DELITOS 18.722 16.877 -9,8 28,1 25,4 22.516 23.022 2,25 22,13 21,69
TOTAL INFRACCIONES
1220 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1221
C ' st'i es nt'ifi'Kj!.! ssA or.: S.B. de Llobregat 1,5 Moneada y Rexac 0,6
ÍUN ! S. Adrián del Besos 1,5 Ripollet 0.5
100,0
Km2. (Total Provincia): 5.014 í£T.t :{BÍMiuo'rt.
Habitantes Totales: 745.944 1995 [996 % ' é««l , i, pni Í Í I ^ Í J í i . J " - -'•• VisisSoTí
TOTAL
Com. Distrito: — ~ . ~ i —' Km2. (Total Provincia): 7.733
Com. Locales: ~"-£,l> i 4 DETENCIONES 4.075 4.104 0,71 Habitantes Totales: 4.690.996 ¡992 1993 %
Ptos. Fronterizos: i 23
TOTAL
Com Distrito: _.
. .,.^_^ ^ ^ • j , j . . - —.y-. -
Com Locales: , 23 DETENCIONES 39.721 43.494 9,5
DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS Ptos Fronterizos: í t 0
100,00 100,00
Km2. (Total Provincia): 7.733 Km2. (Total Provincia): 7.733
Habitantes Totales: 4.690.996 1994 1995 % Habitantes Totales: 4.690.996 1995 1996 %
TOTAL TOTAL
Com. Distrito: 12 Com. Distrito: ;,j-, . g Q^I2
Com. Locales: *^'?Í?I 23 DETENCIONES 41.049 37.998 -7,43 Com. Locales: I 23 DETENCIONES 37.998 37.410 -1,55
Ptos. Fronterizos: ._ _!_ I Ptos. Fronterizos: C ' ' Í^W-I
Restantes robos intimidación 11.407 11.402 -0,04 27,53 29,19 Restantes robos intimidación 11.402 12.306 7,93 29,19 24,67
Robos con fuerza 19.275 19.672 2,06 17,34 18,07 Robos con fuerza 19.672 21.152 7,52 18,07 19,64
Sustracción en vehículos 20.533 22.134 7,80 12,05 11,82 Sustracción en vehículos 22.134 23.743 7,27 11,82 10,42
Defraudaciones 4.057 4.236 4,41 67,12 64,90 Defraudaciones 4.236 3.873 -8,57 64,90 63,75
Sustracción de vehículos 10.757 10.113 -5,99 14,84 16,69 Sustracción de vehículos 10.113 13.203 30,55 16,69 15,25
Homicidios 125 121 -3,20 92,80 95,04 Homicidios 121 74 -38,84 95,04 97,30
Violaciones 210 225 7,14 78,10 85,33 Violaciones 225 131 -41,78 85,33 80,15
Detenciones ilegales 71 93 30,99 69,01 79,57 Detenciones ilegales 93 85 -8,60 79,57 72,94.
Tirones 3.268 2.960 -9,42 23,87 16,66 Tirones 2.960 2.960 0,00 16,66 17,67
Restantes delitos 40.765 42.261 3,67 47,76 45,29 Restantes delitos 42.261 36.104 -14,57 45,29 47,46
TOTAL DELITOS j^ , T^t 110.85 113.493 2,4 30,77 30,12 TOTAL DELITOS 113.493 113.854 0,32 30,12 28,30
TOTAL FALTAS 90.282 82.563 -8,55 15,79 17,59 TOTAL FALTAS 82.563 93.746 13,54 17,59 18,89
TOTAL INFRACCIONES 201.067 196.056 -2,49 24,04 24,84 TOTAL INFRACCIONES 196.056 207.600 5,89 24,84 24,05
1224 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1225
BILBAO BILBAO
í, ^ > i VttKÍccans ^ÍÍiíU!^í^S?«ÍÍ^'f 'y,í>
ai.ii
i£.l
1992 1993 %
1994 1995 %
£1,1 3fii
TOTAL tmi ??»i
TOTAL
urj iiiuñ i 8d.
m,í M:ii,i¥ ftb ,3.2 j
DETENCIONES 2.631 3.255 j;.j|.... ; Mr.í íííe
DETENCIONES 2.559 1.494 -41,62
•'•¡o, ( RUsñshiai j 23,7
l»T,ü «bfitausl j !£.£
t'i^Ú ;>.'i':?« < sbMn«H i <dviaiMbgírMi»s) lAZ í
nfi íaíU>qi% í Té, I ! 2 0 f í D 3 i A J 3 e .:J' 1 eOai30«0; DELITOS CONOCIDOS % ESCURECIDOS
<!0,ü • \ riíiV j iZ.I 1- •• ' : í .
i-i\0 tí"fi
írdlío 1 ííi roíi ü1t s-üflffliSA
j r ü s A ! ! ¿tj. -m 1994 1995 % ¡994 1995
DELITOS CONOCIDOS % ESCURECIDOS
44 10 -77,27 43,18 30,00
1992 1993 % 1992 1993 Robos intimidación en Bancos
378 52 -86,24 21,43 19,23
83 70 -15,7 36,1 Restantes robos intimidación
Robos intimidación en Bancos 42,9
1.238 238 -80,78 13,57 9,66
Restantes robos intimidación 644 381 -40,8 25,9 24,9 Robos con fuerza
1.510 157 -89,60 5,89 5,10
3.225 2.259 -29,9 12,9 12,9 Sustracción en vehículos
Robos con fuerza
275 88 -68,00 53,09 57,95
2.662 2.380 -10,6 3,5 5,1 Defraudaciones
Sustracción en vehículos , „ , t ^ r t « „ ^ „
304 37 -87,83 16,78 29,73
368 346 -6,0 60,9 Sustracción de vehículos
Defraudaciones 51,7
5 0 -100,00 100,00 -
Sustracción de vehículos 847 508 -40,0 20,4 20,7 Homicidios
14 5 -64,29 71,43 100,00
Homicidios 15 12 -20,0 80,0 75,0 Violaciones
3 2 -33,33 66,67 100,00
Violaciones 21 19 -9,5 80,9 47,4 Detenciones ilegales
91 9 -90,11 15,38 0,00
Detenciones ilegales 9 4 -55,6 66,7 50^0 Tirones
2.235 786 -64,83 47,25 56,36
Tirones 173 162 -6,4 9,8 8,0 Restantes delitos
Robos con fuerza 238 18 -92,44 9,66 Km2. (Total Provincia): 5.289
27,78
Habitantes Totales: 530.281
TOTAL
1992 1993 %
Sustracción en veliículos 157 10 -93,63 5,10 0,00 Com. Distrito: 0
- - -
t ^m A"
Homicidios 0 0
1 " •H!ií8«V'450,§'4«t I
Violaciones 5 1 -80,00 100,00 0,00 1 DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
Restantes delitos 786 136 -82,70 56,36 70,Sf Restantes robos intimidación 961 255 -29,4 98,2 42,3
PE-yp^CIOlifS
ISi» ! 4'»«
) '.?S€LAi.
\
Habitantes Totales: 530.281 1994 1995 % Habitantes Totales: 530.281 1995 1996 %
TOTAL TOTAL
Com. Distrito: O Com. Distrito: O
. ,,- . «i.
^,ú* •-. í'> '. i.ií.1
DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS — - : •• — ' — — DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
'. ( 1995 1996 % 1995 1996
1994 1995 % 1994 1995
Robos intimidación en Bancos 7 7 0,00 128,57 85,71 Robos intimidación en Bancos 7 20 185,71 85,71 55,00
Restantes robos intimidación 246 229 -6,91 35,37 38,86 Restantes robos intimidación 229 301 31,44 38,86 34,88
Robos con fuerza 1.368 1.358 -0,73 16,74 15,76 Robos con fuerza 1.358 1.510 11,19 15,76 21,13
Sustracción en vehículos 1.373 1.341 -2,33 6,41 6,94 Sustracción en vehículos 1.341 1.497 11,63 6,94 10,15
Defraudaciones 160 135 -15,62 55,63 58,15 Defraudaciones 135 125 -7,41 68,15 74,40
Sustracción de vehículos 529 520 -1,70 13,42 16,73 Sustracción de vehículos 520 553 6,35 16,73 24,59
Detenciones ilegales 2 3 50,00 50,00 66,67 Detenciones ilegales 3 2 -33,33 66,67 100,00
Tirones 128 119 -7,03 17,97 24,37 Tirénes 119 191 60,50 24,37 55,50
Restantes delitos 902 819 -9,20 50,44 47,13 Restantes delitos 819 721 -11,97 47,13 49,79
TOTAL DELITOS i , ; i 5 , 4.732 4.550 -3,85 22,44 22,24 TOTAL DELITOS 4.550 4.929 8,33 22,24 26,19
TOTAL FALTAS 7.478 7.101 -5,04 19,23 30,31 TOTAL FALTAS 7.101 7.322 3,11 30,31 31,44
12.210 1.651 -4,58 20,48 27,16 TOTAL INFRACCIONES 11.651 12.251 5,15 27,16 29,33
TOTAL INFRACCIONES
1230 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1231
.-.
i
" " "^ • \mM Km2. (Total Provincia): 19
, .29f Habitantes Totales: 73.208 1994 [995 %
Km2. (Total Provincia): ,._„ „ 19 TOTAL
Com. Distrito: 0
Habitantes Totales: . « : 73 2O8
TOTAL 1992 1993 % Com. Locales: .QQ.Q \ DETENCIONES
i •. 0 4.278 4.876 [3,98
i ' Ptos. Fronterizos: ! 0
Com. Locales: 0 DETENCIONES 4.389 4.260 -2,9
Ptos. Fronterizos: 0
:' iJífl 20f"XiM('i DELITOS CONOCIDOS % ESCURECIDOS
¿f \ d?9! ^DCI. ; i
-flfll i" " \ '
1994 1995 % 1994 1995
-
^^^.'> L\W' |T.?Slj W
DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS Robos intimidación en Bancos 0 0 0,0 0,0
Tirones 107 64 -40,2 49,5 39,1 2.957 3.073 3,92 46,53 47,45
TOTAL DELITOS
Restantes delitos 830 1.043 25,7 77,3 74,7
2.338 1.761 -24,68 33,49 39,13
TOTAL FALTAS •
TOTAL DELITOS + ''^ ' 2.860 2.89! 1,1 43,0 44,3
5.295 40,77 44,41
TOTAL INFRACCIONES 4.834 -8,71
1232 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1233
3.073 3.187 3,71 47,45 40,51 Tirones 1.523 1.390 -8,7 5,7 7,7
TOTAL DELITOS i '"^ ' i ' '*
It
.i.t,
\
% INFRACCIONES/PROVINCIAL (1993)
GUADALAJARA % INFRACCIONES/PROVINCIAL (1996) MADRID
Madrid 76,1
Guadalajara 100.0 •íí^l Alcalá de Henares 3,3
Coslada-S. Femado de H. 2,4
ft?,£ Leganés 2,3
Fuenlabrada 2.3
Alcorcen 2,2
Alcobendas-S.S. de los Reyes 2,0
;••«'. i
Móstoles 1,9
Torrejón de Ardoz 1,9
Getafe 1,6
« Parla 1,3
Pozuelo de Alarcón .;. 1.2
Majadahonda 0.9
Aranjuez 0,6
"i'i"
;-C'í. T „«,»k*r 100,0
Kin2. (Total Provincia): 12.190
1995 1996 ¿pe i
Habitantes Totales: 149.067
TOTAL % sí (
Com. Distrito: 0 Km2. (Total Provincia): 7.995
Com. Locales: £, i 0 DETENCIONES 338 353 4,44 Habitantes Totales: 5.030.958 1992 1993 %
Ptos. Fronterizos:
TOTAL
• 0 Com. Distrito: 22
Com. Locales: 13 DETENCIONES 38.258 42.368 10,7
; zootaiRAjaia-á» i aooooi^i DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS Ptos. Fronterizos: ? O
Habitantes Totales: 886.949 1992 1993 % Com. Locales: 'TO.Íi W: 3 DETENCIONES 3.805 3.978 4,55
Com. Distrito: j_ fl
TOTAL Ptos. Fronterizos: : 2
Com. Locales: 3 DETENCIONES 3.642 3.568 -2,0 • ••'"••"7
Ptos. Fronterizos: 2 DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
A" é99i I i SOS) i Aísoí ; scoí 1 ..V' \ kí 1994 1995 % 1994 1995
1 ^_.-^_ - ^. Robos intimidación en Bancos 114 57 -50,00 71,93 64,91
DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
Restantes robos intimidación 973 912 -6,27 26,72 24,89
1992 1993 % 1992 1993
Robos con fuerza 3.081 2.805 -8,96 17,04 16,61
Robos intimidación en Bancos 142 121 -14,8 61,3 39,7
Sustracción en vehículos 3.621 3.775 4,25 7,71 7,66
Restantes robos intimidación 747 1.184 58,5 28,6 29,0
Defraudaciones 292 298 2,05 75,34 73,15
Robos con fuerza 2.902 2.792 -3,8 20,7 17,0
Sustracción de vehículos 1.464 1.510 3,14 10,72 13,84
Sustracción en vehículos 2.807 3.787 34,9 9,1 7,3
19 7 -63,16 94,74 100,00
Homicidios
Defraudaciones "' 212 246 16,0 67,9 69,9
23 21 -8,70 65,22 85,71
Violaciones
Sustracción de vehículos 1.760 1.549 -12,0 14,4 13,0
II 8 -27,27 63,64 62,50
Detenciones ilegales
Homicidios t' ^ 5 13 160,0 100,0 107,7
390 390 0,00 12,82 14,10
Tirones
Violaciones 33 18 -45,4 75,8 94,4
Restantes delitos 2.316 2.278 -1,64 58,89 57,11
Detenciones ilegales 12 8 -33,3 50,0 100,0
12.304 12.061 -1,97 24,20 23,48
Tirones 512 401 -21,7 9,8 TOTAL DELITOS
14,0
Restantes delitos 2.379 2.386 0,3 63,2 59,0 6.948 7.680 10,54 44,37 42,19
TOTAL FALTAS " ^ - " ' *•'
TOTAL DELITOS 11.511 12.505 8,6 27,3 24,1 19.252 19.741 2,54 31,48 30,76
TOTAL INFRACCIONES
1244 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1245
PONTEVEDRA JAÍ % INFRACCIONES/PROVINCIAL (1996) U RiOJA % INFRACCIONES/PROVINCIAL (1993)
Vígo-Redondela 67,37 Logroño 100.0
\,I4.
Pontevedra 20,25
Villagarcía de Arosa 8,21
Marín 4,16
U,Q
Tuy (RR)
0,01
(ñ^) oñlM 91} B'ifsiit Salvatierra de Miño (P.R)
0,00
100,00
».ÍSÍÍJ<,
VÍHagarcía de km%B^
3 r
ít'^i
TOTAL FALTAS "" | '^' ' *''"'' 1.213 1.348 11,13 45,92 43,92 1.745 29,45 43,92 40,00
TOTAL FALTAS 1.348
TOTAL INFRACCIONES 3.676 4.058 10,39 31,42 30,75 4.058 4.609 13,58 30,75 28,21
TOTAL INFRACCIONES i " ' ' "
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1249
SEVILU
% INFRACCIONES/PROVINCIAL (1993)
. . Sevilla SEVILU % INFRACCIONES/PROVINCIAL (1995)
Dos Hermanas K Sevilla 82,83
Alcalá de Guadaíra <'»iimttn'.fi Dos Hermanas 5,94
siii;br>»lí> pfe / Alcalá de Guadaira 3,31
San Juan de Aznalfarache 3J 9 . r f 5 ! 5 - f K H f i n s A Sts fJíiW San Juan de Aznalfarache 2,33
Ecija
Ecija 1,69
Morón de la Frontera
Camas ' " 1,43
Camas ismr Coria del Ría 1,38
Coria del Ria fi'íúlno-sl fii;» Morón de la Frontera 1,09
100,0
r US.i
J. . ,.A0 ; -.^-r •' ^•-, . ' ' :(KÍ5aiy»iS k
KmZ, (Total Provincia): 14.001
" • • •¡asiisíoTí; 1994
Habitantes Totales: 1.638.218 1995 %
TOTAL
Habitantes Totales: 1.638.218
Com. Distrito: —-~» 6
1992 1993
Com. Distrito: g TOTAl % Com. Locales: ' " ^ ""I 7 DETENCIONES 6.281 8,170 30,07
Ptos. Fronterizos: O
DETENCICINÉS
Ptos. Fronterizos: ^^' o 7.088 6.214 -12,3
íOOíolfiítKSftfíí 1 imiomo- DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
'¥í , 'mm í ?**'S ' %
i :•. í > r t í 1 ~l íVffTi í i \n f
1994 1995 % 1994 1995
^ 1 1 - - Robos intimidación en Bancos 18
DELITOS CONOCIDOS 39 116,67 88,89 28,21
% ESCURECIDOS
1992 1993 % Restantes robos intimidación 2.022 2.098 3,76 18,45 21,16
1992 1993
Robos intimidación en Bancos Robos con fuerza 8.770 7.109 -18,94 7,61 18,95
47 82 74.5 36,2 113,4
Restantes robos intimidación Sustracción en vehículos 7.886 9.872 25,18 3,74 5,34
2.049 2.166 5,7 22,4 21,0
Robos con fuerza Defraudaciones 510 831 62,94 36,08 69,80
7.559 8.074 6,8 11,0 9,3
Sustracción en vehículos Sustracción de vehículos 2.976 2.278 -23,45 6,35 12,42
7.677 7.885 2,7 4,7 4,8
Defraudaciones 433 Homicidios 19 21 10,53 89,47 104,76
456 5,3 48,3 37,7
Sustracción de vehículos 5.086 Violaciones 30 75 150,00 60,00 80,00
4.384 -13,8 23,5 14,4
Homicidios Detenciones ilegales II 21 90,91 63,64 80,95
13 20 53,8 92,3 85,0
Violaciones Tirones 1.880 1.173 -37,61 8,03 11,17
30 27 -10,0 73,3 63,0
Detenciones ilegales Restantes delitos 6.799 7.008 3,07 28,33 46,72
5 12 140,0 20,0 83,3
Tirones 1.569 1.868 19,1 9,6 TOTAL DELITOS 'E<" ! '''^^ * 30.921 30.525 -1,28 12,43 21,94
12,2
Restantes delitos 7.290 6.823 -6,4 36,4 28,1 TOTAL FALTAS 28.933 31.714 9,61 8,08 15,27
TOTAL DELITOS ,, , . - :
i 1.758 ;ti.797 0,1 18,6 14,7
TOTAL INFRACCIONES . '"'"^ 59.854 62.239 3,98 10,33 18,54
1250 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1251
:^íBÍMt¡visí¡l<! Ii(,í9|,|
Km2, (Total Provincia): 14.001
1995 1996 ¡^0 '• í»<'! 1 l>Ws i
í«#/-»-sr •• " •"''':j9litteTasínf'.'
Habitantes Totales: 1.638.218 %
6
TOTAL Km2. (Total Provincia): 3.208
Com. Distrito:
J.; 7 DETENCIONES Habitantes Totales: 784.013 1992 1993 %
Com. Locales: 'X:Í ,£i 8,170 9.582 17,28 TOTAL
Ptos. Fronterizos: O Com. Distrito: : . 2
Com. Locales: , 5 DETENCIONES 3.054 3.393 11,1
••'Q&'mñMM'i.h' 1 ?,oa(^cnio3 DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS Ptos. Fronterizos: lOH'
' i&üí ; (t/'"!/.
799\ ! h&9'í 1 ifi i "sois- 1995 1996 % 1995 1996 ;WI ; M^i : '? " ?f^E
Robos intimidación en Bancos 39 45 15,38 28,21 75,56 •*iMl nM^ i A^S'" i í DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
(
Restantes robos intimidación 2.098 2.762 31,65 21,16 21,29
1992 1993 % 1992 1993
Robos con fuerza 7.109 7.293 2,59 18,95 22,12
Robos intimidación en Bancos 4 8 100,0 75,0 62,5
Sustracción en vehículos 9.872 11.649 18,00 5,34 6,22
Restantes robos intimidación 708 839 18,5 45,9 29,3
Defraudaciones 831 755 -9.15 69,80 72,05
Robos con fuerza 4.085 3.847 -5,8 40,3 15,3
Sustracción de veliícuíos 2.278 2.699 18,48 12,42 15,49
Sustracción en vehículos 3.444 4.233 22,9 14,6 4,8
Homicidios 21 28 33,33 104,76 89,29
Defraudaciones 341 395 15,8 89,4 72,4
Violaciones 75 33 -56,00 80,00 60,61
Sustracción de vehículos 2.323 5.896 24,7 40,6 12,6
Detenciones ilegales 21 25 19,05 80,95 76,00
Homicidios II 18 63,6 100,0 88,9
Tirones 1.173 1.476 25,83 11,17 10,98
Violaciones 26 37 42,3 96,1 70,3
TOTAL DELITOS 30.525 33.977 11,31 21,94 22,11 Tirones 319 755 136,7 27,3 17,5
Restantes robos intimidación 801 714 -10,86 29,71 35,34 Restantes robos intimidación 714 760 6,44 35,43 32,76
Robos con fuerza 4.1 I I 4.489 9,19 13,28 15,30 Robos con fuerza 4.489 4.155 -7,44 15,30 13,14
Sustracción en vehículos 4.575 4,588 0.28 5,11 6,43 Sustracción en vehículos 4.588 4.606 0,39 6,43 6,80
Defraudaciones 565 550 -2,65 86,55 83,09 Defraudaciones 550 500 -9,09 83,09 78,60
Sustracción de vehículos 3.076 3.155 2,57 14,34 14,87 Sustracción de vehículos 3.155 3.923 24,34 14,87 12,03
Detenciones ilegales 8 10 25,00 100,00 80,00 Detenciones ilegales 10 6 -40,00 80,00 83,33
Tirones 393 425 8,14 22,65 20,00 Tirones 425 650 52,94 20,00 18,00
Restantes delitos 6.891 6.351 -7,84 29,24 37,25 Restantes delitos , 6.351 7.130 12,27 37,25 33,23
TOTAL DELITOS 20.488 20.345 -0,70 20,08 22,96 TOTAL DELITOS 20.345 21.801 7,16 22,96 20,73
TOTAL INFRACCIONES 35.278 36.279 2,84 22,07 24,14 TOTAL INFRACCIONES 36.279 38.281 5,52 24,14 24,42
1254
VALENCIA
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
% INFRACCIONES/PROVINCIAL (1993)
T TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1255
(1995)
VALENCIA % l NFRACCIONES/PROVINCIAL
:e 68,4 Valencia 61,99
«|S3hántA «GJ Sb Toi-rente-Alacuás
5.4 Torrente-Alacuás 7,18
Paterna Gandía
4,8 1 eití «^5,71
Gandía laSsyfsD-iaamst'jí- .:.:' C. de Poblet-Manises-Xirivella |#,06
4,6
" C. de Poblet-Manises-Xirivelfa * 4,2
Paterna "í,79
^•«•í • Alcira-Algemesi-Carcagente •-iíX-ífíaírti&M-tííit Alcira-Algemesí-Carcagente 4,64
3.8 íoes: Burjasot 2,76
p 1i1 Burjasot •E) 2,8 f \ B's Játiva 2,44
Mislata Sagunto
,KÍ«- 2,44
Sagunto OÍIH, Mislata 1,88
1,9
N^ Játiva 9 í ¡ l a í f ! 9 • • Onteniente 1,02
1.4
Onteniente '.i.is í-SEineM aJuswqfc. Aeropuerto Manises (P.F.) 0,09
0.5
Gandía Playa S.V.) 100,0
0,0
1 SOi.í •íttx't.nist
^;rfi. 100,0 Km2. (Total Provincia): 10.763
Habitantes Totales: 2.141.114 1994 1995 %
TOTAL
Habitantes Totales: 2.141.114 Com. Distrito: .r.i: , 7
1992 1993 %
Com. Distrito: 9 TOTAL Com. Locales: ^"•' j ¡ i . 10 DETENCIONES 9.170 9.441 2,96
Ptos. Fronterizos: I
Coiti. Locales: ^ 1' DETENCIO NES 7.879 9.372 18,9
i
Ptos. Fronterizos: >? ¿vQ,
DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
i w,, . . . ¿^í^l oí
Wlk 1 im^' -'i i 1 «á(,-i í S^
:
1994 1995 % 1994 1995
TOTAL INFRACCIONES 68.900 78.193 13,49 TOTAL DELITOS 6.304 6.593 4,6 38,7 31,3
17,64 19,24
1258 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1259
(i( teti
Robos intimidación en Bancos 10 19 90,00 40,00 5,26 Robos intimidación en Bancos 19 10 -47,37 5,26 90,00
Restantes robos intimidación 326 295 -9,51 31,60 32,20 Restantes robos intimidación 295 352 19,32 32,20 29,83
Robos con fuerza 1.445 1.561 8,03 22,08 24,34 Robos con fuerza 1.561 1.647 5,51 24,34 22,28
Sustracción en vehículos I.2II 941 -22,30 8,01 11,80 Sustracción en vehículos 941 710 -24,55 11,80 22,54
Defraudaciones 271 221 -18,45 75,65 72,85 Defraudaciones 221 124 -43,89 72,85 64,52
Sustracción de vehículos 566 737 30,21 13,43 14,93 Sustracción de vehículos 737 691 -6,24 14,93 15,63
Detenciones ilegales 3 2 -33,33 100,00 50,00 Detenciones ilegales 2 3 50,00 50,00 100,00
Restantes delitos 1.144 872 -23,78 60,23 57,00 Restantes delitos 872 600 -31,19 57,00 66,67
TOTAL DELITOS i I r 1»? ' TI 5.049 4.729 -6,34 30,10 29,29 TOTAL DELITOS j o.£C- I £81 4.729 4.214 -10,89 29,29 30,16
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Habitantes Totajes: 861.329 1992 1993 % Com. Locales: ''"''í^.fj TI»? DETENCIONES 4.526 4.597 1,57
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DELITOS CONOCIDOS % ESCLARECIDOS
Restantes robos intimidación 891 996 11,78 31,76 32,13
1992 1993 % 1992 1993
Robos con fuerza 2.231 2.522 13,04 17,57 17,61
Robos intimidación en Bancos 79 37 -53,2 50,6 73,0
Sustracción en vehículos 2.470 2.535 2,63 10,16 9,23
Restantes robos Intimidación 1.096 1.064 -2,9 23,6 28,3
Defraudaciones 705 597 -15,32 87,80 84,09
Robos con fuerza 2.557 2.499 -2,3 14,1 17,1
Sustracción de vehículos 1.065 1.228 15,31 15,77 15,80
Sustracción en vehículos 3.422 3.101 -9,4 9,0 8,8
Homicidios 17 12 -29,41 82,35 91,67
Defraudaciones 393 406 3,3 79,6 72,2
Violaciones 23 32 39,13 60,87 78,13
Sustracción de vehículos 1.467 1.162 -20,8 18,3 16,2
Detenciones ilegales 10 21 110,00 90,00 61.90
Homicidios 15 15 0,0 93,3 93,3
Tirones 168 186 10,71 17,26 11,26
Violaciones 25 31 24,0 64,0 74,2
Restantes delitos 3.171 3.163 -0,25 62,41 62,79
Detenciones Ilegales II 20 81,8 54,6 60,0
TOTAL DELITOS 10.778 11.313 4,96 35,15 33,22
Tirones 273 183 -33,0 17,6 16,9
Restantes delitos 3.433 3.313 -3,5 61,6 61,1 12.584 12.749 1,31 17,30 19,41
TOTAL FALTAS
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CMAD. VALENCIANA 79.459 62.778 11,86 9,82 82.473 68,239 -3,65 -8,00
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ANDALUCÍA GR. 65.090 46.619 9,71 7,29 62.029 48,761 4,93 -4,39
1992 1 271.051
PAÍS VASCO 358 226 0,05 0,04 340 139 5,29 62,59
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CASTILLA Y LEÓN 20.001 25.785 2,98 4,03 19,361 25,200 3,31 2,32
11.285.878 GALICIA ; 27.314 25.355 4,08 3,97 26.37! 24,221 3,58 4,68
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rea i i : i: NAVARRA 3.355 4,035 0,50 0,63 3.272 3,885 2,54 3,86
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9.840 9,613 8,01 10,12
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CANTABRIA
32,18 32,25
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TOTAL NACIONAL 670.25! 639.298 100,00 100,00 683.330
1270 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1271
DISTRIBUCIÓN COMPARATIVA POR JEFATURAS POLICIALES DISTRIBUCIÓN COMPARATIVA POR JEFATURAS POLICIALES
(Infracciones Penales Esclarecidas y Eficacia Policial) ( D e t e n i d o s p o r Infracciones Penales)
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PERIODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: MADRID
HOMICIDIO/ASESINATO III 125 12,61 86 101 17,44 77,48 80,80 129 129 0,00
LESIONES 1.170 1.107 -5,38 843 835 -0,95 72,05 75,43 748 967 29,28
RESTO PESONAS 1,541 1.480 -3,96 1.437 1.295 -9,88 93,25 87,50 364 422 15,93
O
LIBERTAD SEXUAL 923 1.013 9,75 527 551 4,55 57,10 54,39 359 416 15,88
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 121 82 -32,23 118 52 -55,93 97,52 63,41 60 48 -20,00
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TIRONES 8.545 7.225 -15,45 532 406 -23,68 6,23 5,62 534 405 24,16
o
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 18.736 19.118 2,04 2.127 2.550 19,89 11,35 13,34 2.371 2.844 19,95
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 25.234 22.559 -10,60 2.197 1.969 -10,38 8,71 8,73 2.805 2.295 -18,18
HURTOS 9.052 1.567 16,74 1.511 1.728 14,36 16,69 16,35 1.530 1.898 24.05 O
DAÑOS 2.727 2.120 -22,26 607 488 -19,60 22,26 23,02 402 371 -7,71
a
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 185 170 -8,11 178 156 -12,36 96,22 91,76 177 257 45,20
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS 29.395 26.987 -8,19 3.194 2.811 -11,99 10,87 10,42 2.588 2.468 -4,64 o
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 33.988 31.555 -7,16 1.453 1.363 -6,19 4,28 4,32 1.634 1.687 3,24
RESTO PROPIEDAD 4.341 4.480 3,20 2.599 2.506 -3,58 59,87 55,94 1.292 1.434 10,99
RESTO DELITOS 10.290 9.015 -12,39 8.651 7.854 -9,21 84,07 87,12 6.157 6.878 11,71
TOTAL DELITOS 146.359 137.603 -5,98 26.060 24.665 -5,35 17,81 17,92 21.150 22.519 6,47
TOTAL FALTAS 167.103 164.547 -1,53 29.320 3L254 6,60 17,55 18,99 3.104 3.530 13,72
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 313.462 302.150 -3,61 55.380 55.919 0,97 17,67 18,51 24.254 26.049 7,40
Fuente de Información; Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
PERÍODO: ENERO-DICIEMBRE 1999/2000
JEFATURA: CATALUÑA
ESCLARECIDOS DETENIDOS
CONOCIDOS
INFRACCIONES PENALES 1999 2000 VAR %
1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00
1999 2000 VAR%
g
122,22 104,79 77 76 -1,30
108 146 35,19 132 153 15,91
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO
-14,44 13,91 14,40 483 606 25,47
5.427 4.486 -17,34 755 646
TIRONES
8,74
a
3.129 -4,78 27,85 26,74 2.655 2.887
11.798 11.702 -0,81 3.286 O
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN
-13,84 19,13 17,19 3.253 3.268 0,46
20.781 19.926 -4,11 3.975 3.425
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES
5,06 14,79 15,30 2.155 2.404 11,55
15.634 15.879 1,57 2.312 2.49
HURTOS
742 8,16
o
857 -14,81 28,45 29,07 686
DAÑOS 3.536 2.948 -16,63 1.006 o
96,25 299 199 -33,44 O
160 -42,45 266 154 -42,11 95,68
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 278
17,95 19,51 2.077 2.317 11,56
16.510 15.451 -6,41 2.964 3.015 1,72
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS
-8,92 8,41 7,75 1.409 1.348 -4,33
23.457 23.165 -1,24 1.972 1.796
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS
65,71 64,66 1.466 1.732 18,14
3.246 -8,92 2.342 2.099 -10,38
RESTO PROPIEDAD 3.564
-12,31 97,74 92,93 7.212 7.601 5,39
10.029 8.682 -13,43 9.201 8.068
RESTO DELITOS
27,17 26,12 23.852 25.333 6,21
108.890 -5,01 31.140 28.442 -8,66
TOTAL DEUTOS 114.628
-8,30 19,70 20,40 3.244 3.359 3,55
114.741 101.586 -11,46 22.600 20.725
TOTAL FALTAS
-8,51 23,43 23,36 27.096 28.692 5,89
229.369 210.476 -8,24 53.740 49.167
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas)
Fuente de Información; Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000
' V ¡3 OCbi EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: COMUNIDAD VALENCIANA
"T .———
O
CONOCIDOS ESCLARECIDOS
INFRACCIONES PENALES 1DETENIDOS
1999 2000 VAR % 1999 2000 VAR% % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR%
HOMICIDIO/ASESINATO 62 69 11,29 63 62 -1,59 101,61 89,86 74 64 -13,51
LESIONES 683 600 -12,15 594 528 -11,11 86,97 88,00 463 466 0,65
RESTO PERSONAS 692 489 -29,34 646 474 -26,63 93,35 96,93 285 230 -19,30
§
LIBERTAD SEXUAL 621 472 -23,99 457 341 -25,38 73,59 72,25 347 O
284 -18,16
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 124 83 -33,06 121 63 -47,93 97,58 75,90 60 O
51 -15,00
TIRONES 2,314 1.682 -27,31 399 240 -39,85 17,24 14,27 281 196 -30,25
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 7.463 7.233 -3,08 1.754 1.729 •1,43 23,50
o
23,90 1.576 1.611 2,22
1
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 16.556 15.559 -6,02 3.055 2.920 -4,42 18,45 18,77 2.645 2.456 -715
HURTOS 5.943 6.551 10,23 897 1.030 14,83 15,09 15,72 772 934 20,98 f
DANOS 1.736 1.466 -15,55 524 404 -22,90 30,18 27,56 270 314 16,30
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 302 160 -47,02 299 157 -47,49 99,01 98,13 259 161 -37,84
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS 13.562 11.694 -13,77 O
2.223 2.101 -5,49 16,39 17,97 1.656 1.624 -1,93
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 22.516 23.164 2,88 1.937 1.697 -12,39 8,60 7,33 1.689 1.547 -8,41 ^
RESTO PROPIEDAD 1.721 1.493 -13,25 1.155 970 -16,02 67,11 64,97 721 717 -0 55
RESTO DEUTOS 5.207 4.384 -15,81 4.783 4.036 -15,62 91,86 92,06 3.814 3.971 4,12
TOTAL DELITOS 79.502 75.099 -5,54 18.907 16.752 -11,40 23,78 22,31 14.912 14.626 -1 92
TOTAL FALTAS 62.853 62.959 0,17 12.974 13.170 1,51 20,64 20,92 757 971 28,27
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 142.355 138.058 -3,02 31.881 29,922 -6,14 22,40 21,67 15.669 15.597 -0,46
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
LESIONES 557 555 -0,36 480 461 -3,96 86,18 83,06 426 465 9,15
RESTO PERSONAS 473 387 -17,76 452 374 -17,26 95,56 96,14 254 238 -6,30
I
1^
LIBERTAD SEXUAL 432 408 -5,56 292 291 -0,34 67,59 71,32 216 248 14,81
TIRONES4.6I 2.908 -28,39 444 376 -15,32 10,93 12,93 385 368 -4,42
o
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 5.654 4,723 -16,47 1.398 1.196 -14,45 24,73 25,32 1.287 1.126 -12,51 a
td
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 13,954 10,610 -23,96 3.243 -29,20 23,24 21,64 2.841 2.194 -22,77 o
HURTOS 3,460 4.281 23,73 654 664 1,53 18,90 15,51 554 581 4,87
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 22,108 21.005 -4,99 1.639 1.340 -18,24 7,41 6,38 1.438 1.243 -13,56
RESTO PROPIEDAD 1,545 1.251 -19,03 1.227 898 -26,81 79,42 71,78 454 407 -10,35
RESTO DELITOS 5,312 4.562 -14,12 4.921 4.195 -14,75 92,64 91,96 4.071 3.908 -4,00
TOTAL DELITOS 70,862 63.169 -10,92 17.197 14.064 -18,22 24,25 22,26 13.440 12.258 -8,79
TOTAL FALTAS 62,862 61.357 -2,39 15.847 14.394 -9,17 25,21 23,46 435 453 4,14
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 133,778 124.526 -6,92 33.044 28.458 -13,88 24,70 22,85 13.875 12.711 -8,39
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.) <1
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE i999M$9P¿,
juiacics qe ¡j D-e't,'; EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: ANDALUCÍA ORIENTAL
CONOCIDOS ESCLARECIDOS
INFRACCIONES PENALES DETENIDOS
1999 2000 VAR % 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR %
HOMICIDIO/ASESINATO 54 71 34,48 44 66 50,00 81,48 92,96 59 87 47,46
LESIONES 548 521 -4,93 434 402 -7,37 79,20 77,16 305 373 22,30
RESTO PERSONAS 464 417 -10,13 443 394 -11,06 95,47 94,48 172 183 6,40
LIBERTAD SEXUAL 384 371 -3,39 268 242 -9,70 69,79 65,23 177 203
o
14,69
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 76 69 -9,21 67 45 -32,84 88,16 65,22 33 19 -4242
o
TIRONES 4.134 4.178 1,06 324
p
340 4,94 7,84 8,14 274 318 16,06
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 4.361 4.456 2,18 1.122 1.048 -6,60 25,73 23,52 948 1.039 9 60
o
i
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 12.131 11.282 -7,00 2.006 1.837 -8,42 16,54 16,28 1.916 1.761 -809
HURTOS 6.707 7.567 12,82 831 879 5,78 12,39 11,62 595 767 28,91
DANOS 1.762 1.504 -14,64 405 365 -9,88 22,99
o
24,27 185 209 12,97 co
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 189 102 -46,03 180 98 -45,56 95,24 96,08 123 119 -3 25
a
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS 12.194 11.333 -7,06
tí
1.796 1.479 -17,65 14,73 13,05
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS
1.090 1.006 -7,71 o
16.298 16.754 2,80 1.287 1.159 -9,95 7,90 6,92 1.172 1.072 -8,53
RESTO PROPIEDAD 1.441 1.224 -15,06 1.080 812 -24,81 74,95 66,34 429 509 18 65
RESTO DELITOS 4.347 3.861 -11,18 3.946 3.402 -13,79 97,78 88,11 2.995 3444 14 99
TOTAL DELITOS 65.090 63.710 -2,12 14.233 12.568 -11,70 21,87 19,73 10.473 11.109 6 07
TOTAL FALTAS 46.620 44.458 -4,64 11.068 9.771 -11,72 23,74 21,98 556 649 16 73
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 111.710 108.168 -3,17 25.301 22.339 -11,71 22,65 20,65 11.029 11.758 6,61
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 VLf.9,16 lujoi-ujsi'ic; <jt ¡s O'cjb'.i EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: FMi VA^LU
¿,|-
LIBERTAD SEXUAL
-100,00
4
1
4
0
0,00
•100,00
80,00
100,00
33,33
-
5
0
2
1
-60,00
- I
>
0 ~ 0 1 - a
TIRONES 10 26 160,00 0 0,00 0,00 o
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN II 24 118,18 5 5 0,00 45,45 20,83 5 4 -20,00 o
H
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 48 73 52,08 9 10 11,11 18,75 13,70 8 6 -25,00 O
RESTO DELITOS 124 192 54,84 114 162 42,11 91,94 84,38 114 179 5,42
TOTAL DELITOS 358 754 110,61 186 292 56,99 51,96 38,73 163 236 44,79
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 584 1.979 238,87 205 319 55,61 35,10 15,12 164 239 45,73
to
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 I (yi.«s qc mouiiSiK P OC'bJ EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD M
JEFATURA: ARAGÓN to
T 00
o
CONOCIDOS ESCLARECIDOS DETENIDOS
INFRACCIONES PENALES
1999 2000 VAR % 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR%
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 3.794 3.449 -9,09 262 164 -37,40 6,91 4,76 213 123 •45,25
RESTO PROPIEDAD 529 464 -12,29 442 332 -24,89 201
83,55 71,55 225 11,94
RESTO DELITOS 1.222 1.029 -15,79 1.158 902 -22,11 799
94,76 87,66 782 •2,13
TOTAL DELITOS 13.985 13.510 •3,40 3.82! 3.326 -12,95 27,32 24,62 2.766 2.745 •0,76
TOTAL FALTAS 18.863 15.454 -18,07 3.668 3.373 -8,04 232
19,45 21,83 181 •21,98
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 32.848 28.964 -11,82 7.489 6.699 -10,55 22,80 23,13 2.998 2.926 •2,40
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 yiv=ÜCi-J;l u^iid as :s ü V. b.' EVOLUCIÓN DE LA CRIM INALIDAD
LESIONES 281 248 -11,74 246 209 -15,04 87,54 84,27 212 177 -16,51
RESTO PERSONAS 157 199 26,75 158 202 27,85 100,64 101,51 91 109 19,78
III 87
I
232 209 •9,91 141 124 •12,06 60,78 59,33 •21,62
LIBERTAD SEXUAL
HURTOS 1.333 1.448 8,63 312 341 9,29 23,41 23,55 236 302 27,97
2;
28,62 154 150 3,90
o
DAÑOS 798 863 8,15 278 247 •11,15 34,84
o
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 37 18 -51,35 37 17 -54,05 100,00 94,44 33 18 -45,45 o
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS 2.223 1.929 -13,23 554 459 -17,15 14,92 23,79 310 215 -30,65
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 4.799 4.083 -14,92 513 306 -40,35 10,69 7,49 385 256 •33,51
RESTO PROPIEDAD 661 654 -1,06 493 464 -5,88 74,58 70,95 203 191 •5,91
1.832 1.467 • 19,92 1.722 1.386 •19,51 94,00 94,48 1.283 1.108 • 13,64
RESTO DELITOS
20.001 17.427 • 12,87 6.432 5.156 • 19,84 32,16 29,59 4.670 3.879 -16,94
TOTAL DELITOS
TOTAL FALTAS 25.785 24.095 -6,55 8.188 7.231 -11,69 31,75 30,01 159 233
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 45.786 41.522 -9,31 14.620 12.387 • 15,27 31,93 29,83 4.829 4.112
to
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.) 00
PERIODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: GALICIA 00
LESIONES 399 306 -23,31 342 268 -21,64 85,71 87,58 283 335 18,37
RESTO PERSONAS 362 343 -5,25 355 342 -3,66 98,07 99,71 193 189 -2,07
o
LIBERTAD SEXUAL 243 207 -14,81 163 132 -19,02 67,08 63,77 130 lio -15,38
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 1.531 1.213 -20,77 583 544 -6,69 38,08 44,85 475 505 6,32 O
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 6.712 5.235 -22,01 1.515 1.503 -0,79 22,57 28,7! 1.308 1.222 -6,57
HURTOS 1.710 1.541 -9,88 368 409 11,14 21,52 26,54 294 335 13,95 o
DAÑOS 1.136 992 -12,68 360 385 6-94 31,69 38,81 181 202 11,60 a
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 73 53 -27,40 74 52 -29,73 101,37 98,11 59 45 -23,73
o
SUSTRACCIÓN "DE" VEHÍCULOS 3.166 2.728 -13,83 639 671 5,01 20,18 24,60 394 393 -0,25
SUSTRACCIÓN "EN" VEHÍCULOS 7.823 6.063 -22,50 627 578 -7,81 8,01 9,53 527 470 -10,82
RESTO PROPIEDAD 784 641 -18,24 593 512 -13,66 75,64 79,88 266 320 20,30
RESTO DELITOS 2.470 2.268 -8,18 2.305 2.125 -7,81 93,32 93,69 2.001 1.915 -4,30
TOTAL DELITOS 27.313 22.203 -18,71 8.135 7.700 -5,35 29,78 34,68 6.295 6.175 -1,91
TOTAL FALTAS 25.355 20.602 -18,75 8.324 8.135 -2,27 32,83 39,49 678 815 20,21
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 52.668 42.805 -18,73 16.459 15.835 -3,79 31,25 36,99 6.973 6.990 0,24
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
LESIONES 328 155 -52,74 279 138 -50,54 85,06 89,03 203 129 -36,45
RESTO PERSONAS 237 198 -16,46 198 163 -17,68 83,54 82,32 95 77 •18,95
O
LIBERTAD SEXUAL 177 138 -22,03 131 117 -10,69 74,01 84,78 98 106 8,16
O
I
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 8 4 -50,00 1 3 200,00 12,50 75,00 4 5 25,00
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 715 672 -6,01 263 -9,51 36,78 35,42 312 282 -9,62
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 4.224 4.393 4,00 804 886 10,20 19,03 20,17 632 737 16,61
HURTOS 3,189 2.988 -6,30 374 376 0,53 11,73 12,58 287 378 31,71 ow
DAÑOS 653 495 -24,20 189 166 -12,17 28,94 33,54 85 95 11,76
RESTO PROPIEDAD 813 536 -34,07 519 329 -36,61 63,84 61,38 315 239 -24,13
RESTO DELITOS 1.988 1.274 -35,92 1.629 1.075 -34,01 81,94 84,38 1.248 1.055 •15,46
TOTAL DELITOS 16.756 15.222 -9,15 5.269 4.397 -16,55 31,45 28,89 3.810 3.621 •4,96
TOTAL FALTAS 12.370 10.697 -13,52 2.578 2.233 -13,38 20,84 20,88 466 362 -22,32
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 29.126 25.919 -11,01 7.847 6.630 -15,51 26,94 25,58 4.276 3.983 •6,85
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
I
LIBERTAD SEXUAL 46 38 -17,39 32 20 -37,50 69,57 52,63 23 17 •26,09
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 803 1.166 45,21 62 266 264,52 7,72 19,38 43 71
RESTO PROPIEDAD 130 161 23,85 123 107 • 13,01 94,62 66,46 64 62
RESTO DELITOS 549 610 11,11 501 514 2,59 91,26 84,26 333 363
TOTAL DELITOS 3.355 3.963 18,12 1.241 1.389 11,93 36,99 35,05 - 827
TOTAL FALTAS 4.035 4.911 21,71 842 814 -3,33 20,87 16,58 90
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 7.390 8.874 20,08 2.203 5,76 28,19 24,83 917 —.
to
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.) 00
OÍ
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/20()íícc y . , , os ypuw: 5q.p rrev) EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
to
JEFATURA: CASTILLA-LA MANCHA _....„ 00
os
CONOCIDOS ESCLARECIDOS DETENIDOS
INFRACCIONES PENALES
1999 2000 VAR % 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR%
LESIONES 152 140 -7,89 130 134 3,08 85,53 95,71 138 150 8,70
RESTO PERSONAS I5S 177 14,19 152 176 15,79 98,06 99,44 122 130 6,56 H
O
LIBERTAD SEXUAL 123 lio -10,57 87 79 -9,20 70,73 71,82 72 77 6,94 •2,
O
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 3 9 200,00 3 6 100,00 66,67 2 6 200,00
P
TIRONES 349 302 -13,47 46 45 -2,17 13,18 14,90 37 32 •13,51
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 459 470 2,40 168 206 22,62 36,60 43,83 179 255 42,46
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 2.870 2.519 -12,23 567 511 •9,88 19,76 20,29 540 564 4,44
HURTOS 616 765 24,19 136 178 30,88 22,08 ' 23,27 145 179 23,45 O
m
DAÑOS 488 447 -8,40 166 129 -22,29 34,02 28,86 81 79 •2,47 a
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 15 12 -20,00 16 12 -25,00 106,67 100,00 12 18 50,00 g
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 1,797 1,663 -7,46 344 346 0,58 19,14 20,81 258 194 -24,81 o
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 2.079 2,157 3,75 188 179 -4,79 9,04 8,30 128 118 -7,81
RESTO PROPIEDAD 370 299 -19,19 295 206 -30,17 79,73 68,90 98 126 28,57
RESTO DELITOS 1.129 1,063 -5,85 1.061 992 -6,50 93,98 93,32 875 839 -4,11
TOTAL DELITOS 10.629 10,145 -4,55 3,382 3,212 -5,03 31,82 31,66 2,710 2,780 2,62
TOTAL FALTAS 10.582 11,198 5,82 3,831 3,378 -11,82 36,20 30,17 47 79 68,09
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 21.211 21,343 0,62 7,213 6,590 -8,64 34,01 30,88 2,757 2,860 3,74
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D,G.P,)
EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
i y i - e qf WiOUüii: ' D C -)
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000
EFATURA: t X 1 KbNAUUKH
ESCLARECIDOS DETENIDOS
CONOCIDOS
INFRACCIONES PENALES L 1999 2000 VAR%
VAR% 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00
1999 2000
I
44 34 -22,73 64,71 77,27 28 28 0,00
LIBERTAD SEXUAL 68 44 •35,29
1 5 400,00 33,33 62,50 3 4 33,33
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 3 8 166,67
22,51 24,71 49 44 -10,20
TIRONES 311 259 -i 6,72 70 64 -8,57 o
163 -6,86 45,57 47,25 162 169 4,32 o
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 384 345 -10,16 175 H
585 499 •14,70 20,73 22,26 486 442 -9,05 O
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 2,822 2.242 •20,55
127 121 •4,72 23,65 26,36 88 97 10,23
537 459 -14,53
HURTOS
24 28 16,67
o
83 63 •24,10 23,51 20,52
DAÑOS 353 307 -13,03 O
100,00 19 10 -47,37 Q
19 12 •36,84 19 12 •36,84
RECEPTACIÓN/BLANQUEO
214 209 •2,34 22,79 22,28 114 120 5,26
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 939 938 -0,11
LESIONES 180 157 -12,78 156 130 -16,67 86,67 82,80 125 140 12,00
RESTO PERSONAS 211 151 -28,44 196 150 -23,47 92,89 99,34 139 113 -18,71
o
LIBERTAD SEXUAL 148 134 -9,46 102 109 6,86 68,92 81,34 76 83 9,21 z
o
I
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 12 16 33,33 3 10 233,33 25,00 62,50 3 4 33,33
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 805 865 7,45 313 355 13,42 38,88 41,04 286 363 26,92 o
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 3.196 3.367 5,35 646 839 29,88 20,21 24,92 729 664 -8,92
HURTOS 897 1,006 12,15 162 219 35,19 18,06 21,77 128 214 67,19 O
DAÑOS 370 401 8,38 147 156 6,12 39,73 39,90 71 96 35,21 O
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 28 23 -17,86 28 23 -17,86 100,00 100,00 23 21 -8,70
O
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 2.240 2.550 13,84 346 441 27,46 15,45 17,29 233 292 25,32
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 4.293 3.641 -15,19 295 524 77,63 6,87 14,39 236 339 43,64
RESTO PROPIEDAD 508 439 -13,58 396 354 -10,61 77,95 80,64 214 250 16,82
RESTO DELITOS 1.216 1.139 -6,33 1.126 1.071 -4,88 92,60 94,03 760 fi?6 8,68
TOTAL DELITOS 14.813 14.286 -3,56 4.044 4.470 10,53 27,30 31,29 3.080 3.498 13,57
TOTAL FALTAS 15.253 12.637 -17,15 4.1 II 4.522 10,00 26,95 35,78 331 510 54,08
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 30.066 26.923 -10,45 8,155 8.992 10,26 27,12 33,40 3.411 4.008 17,50
Fuente de Información; Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000
!
CONOCIDOS ESCLARECIDOS DETENIDOS
INFRACCIONES PENALES
2000 VAR°/o 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR%
1999
616 644 4,55 158 186 17,72 25,65 28,88 120 76 -36,67
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS
1.520 926 -39,08 224 141 -37,05 14,74 15,23 150 90 -40,00
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS
138 132 -4,35 102 94 -7,84 73,91 71,21 53 53 0,00
RESTO PROPIEDAD
561 542 -3,39 517 496 -4,06 92,16 91,51 435 482 10,80
RESTO DELITOS
-21,01 1.964 1.739 -11,46 35,48 39,78 1.514 1.329 -12,22
TOTAL DELITOS 5.535 4.372
8.254 6.255 -24,22 2.239 2.382 6,39 37,13 38,08 111 72 -35,14
TOTAL FALTAS
-22,93 4.203 4.121 -1,95 30,48 38,78 1.625 1.401 -13,78
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 13.789 10.627
00
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
PERÍODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 ce, i EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
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JEFATURA: LA RIOJA
o
CONOCIDOS ESCLARECIDOS DETENIDOS
INFRACCIONES PENALES
1999 2000 VAR% 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR %
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 898 611 -31,96 76 57 -25,00 8,46 9,33 73 61 -16,44 >
RESTO PROPIEDAD 63 60 -4,76 40 34 •15,00 63,49 56,67 33 31 -6,06
RESTO DELITOS 198 222 12,12 192 215 11,98 96,97 96,85 200 218 9,00
TOTAL DELITOS 2,863 2,586 -9,68 644 700 8,70 22,49 27,07 657 811 23,44
TOTAL FALTAS 2.723 2.378 -12,67 838 770 -8,11 30,77 32,38 30 45 50,00
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 5.586 4,964 -11,13 1.482 1.470 -0,81 26,53 29,61 687 856 24,60
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
I
LIBERTAD SEXUAL 32 38 18,75 26 34 30,77 81,25 89,47 20 32 60,00
ROBOS INTIMIDACIÓN BANCO 0 0 ~ 0 0 - ~ ~ 0 0 -
TIRONES 120 93 -22,50 16 20 25,00 13,33 21,51 21 19 -9,52
o
RESTO ROBOS INTIMIDACIÓN 252 269 6,75 78 100 28,21 30,95 37,17 80 126 57,50 d
O
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 479 389 -18,79 133 89 -33,08 27,77 22,88 161 120 -25,47 W
HURTOS 125 lio -12,00 26 35 34,62 20,80 31,82 18 28 55,56
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I—I
DANOS 132 159 20,45 26 48 84,62 19,70 30,19 19 27 42,11 !z;
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RECEPTACIÓN/BLANQUEO 1 2 100,00 1 2 100,00 100,00 1 15 1400,00 o
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SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 520 491 -5,58 46 58 26,09 8,85 11,81 41 59 43,90 I—1\
>
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 1.340 930 2,64 178 120 •32,58 13,28 12,90 239 143 -40,17
RESTO PROPIEDAD 61 64 4,92 44 43 •2,27 72,13 67,19 7 12 71,43
RESTO DELITOS 1,702 994 -41,60 1.596 904 •43,36 93,77 90,95 1.547 885 -42,79
TOTAL DELITOS 4.911 3.715 -24,35 2.270 1.601 -29,47 46,22 43,10 2.239 1.556 -30,50
TOTAL FALTAS 2.791 1.995 •28,52 782 832 6,39 28,02 41,70 104 107 2,88
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 7.702 5.710 -25,86 3.052 2.433 -20,28 39,63 42,61 2.343 1.663 -29,02
te
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Infornnática de la D.G.P.)
PERIODO: ENERO - DICIEMBRE 1999/2000 EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALIDAD
JEFATURA: LA RIOJA
o
CONOCIDOS ESCLARECIDOS DETENIDOS
INFRACCIONES PENALES
1999 2000 VAR% 1999 2000 VAR % % Ef. 99 % Ef. 00 1999 2000 VAR%
>
ROBOS CON FUERZA EN INMUEBLES 855 904 5,73 119 154 29,41 13,92 17,04 141 229 62,41
HURTOS 174 162 -6,90 29 31 6,90 16,67 19,14 33 30 -9,09 o
DAÑOS 115 104 -9,57 26 28 7,69 22,61 26,92 40 38 •5,00
m
ü
RECEPTACIÓN/BLANQUEO 6 5 -16,67 6 5 -16,67 100,00 100,00 6 5 -16,67
O
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 334 302 -9,58 59 65 10,17 17,66 21,52 34 55 61,76
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 898 611 -31,96 76 57 -25,00 8,46 9,33 73 61 -16,44
RESTO DELITOS 198 222 12,12 192 215 11,98 96,97 96,35 200 218 9,00
TOTAL DELITOS 2.863 2.586 -9,68 644 700 8,70 22,49 27,07 657 811 23,44
TOTAL FALTAS 2.723 2.378 •12,67 838 770 -8,11 30,77 32,38 30 45 50,00
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 5.586 4.964 -11,13 1.482 1.470 -0,81 26,53 29,61 687 856 24,60
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
SUSTRACCIÓN «DE» VEHÍCULOS 520 491 -5,58 46 58 26,09 8,85 11,81 41 59 43,90 >
SUSTRACCIÓN «EN» VEHÍCULOS 1.340 930 2,64 178 120 -32,58 13,28 12,90 239 143 -40,17
RESTO DELITOS 1.702 994 -41,60 1.596 904 •43,36 93,77 90,95 1.547 885 -42,79
TOTAL DELITOS 4.911 3.715 -24,35 2.270 1.601 -29,47 46,22 43,10 2.239 1.556 •30,50
TOTAL FALTAS 2.791 1.995 -28,52 782 832 6,39 28,02 41,70 104 107 2,88
TOTAL INFRACCIONES (Delitos + Faltas) 7.702 5.710 -25,86 3.052 2.433 -20,28 39,63 42,61 2.343 1.663 •29,02
to
Fuente de Información: Centro de Proceso de Datos del Escorial (Área de Informática de la D.G.P.)
1292 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
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1. MEMORIA DE LA FISCALÍA
DATOS SOBRE LOS DELITOS
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RELATIVOS AL TRÁFICO DE
DROGAS (1990-1996) « 1 4rf
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1
1298 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1299
Avila 4 3 6 9 6 4 8 2 8 2 3 8 2 9
Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hachís (grs.)
Badajoz S ¡4 4 6 3 8 8 4 1 . 1 59 1 .43 1 1 .029 8 0 4
Bar-celona 7.O l y 7 . 4 0 5 7 . 6 2 3 4 . 3 3 1 Año 1992 7.746 6.791 15.428 59.531 452.742 76.656.218
5 . 6 6 2 3 . 9 8 4 3 . 5 8 0
Bilbao 1 .27S 9 0 S 8 5 6 8 7 4 7 S O 6 3 4 8 1 8 Año 1993 9.144 7.783 16.334 249.782 271.758 138.407.269
Bur-sos • 0 7 14 1 1 4 3 12 1 1 5 4 1 8 1 1 4 3
Año 1994 10.493 9.265 20.973 974.120 381.288 164.097.162
Cáceles 1 2 4 1 7 4 2 6 0 2 6 6 3 0 7 3 7 5 2 5 0
Cádiz: 3 . 9 0 9 2 - 2 3 7 2 . 2 5 5 3.06 1 6 - 3 3 6 5 . 3 0 5 2 . 9 9 5 Año 1995 12.810 11.520 15.954 124.598 429.410 158.329.869
Castellón 3 2 4 9 8 1 57 1 30 41 5
S 7 3 I 0 3
Año 1996 16.017 15.368 10.240 67.678 276.101 173.420.041
Ciudad Real 1 4 9 3 9 1 4 3 8 4 2 2 3 3 4 4 3 9 4 5 7
C ó r d o b a 7 lo ^ 9 6 7 3 3 S S 5 1 . 1 54 7 3 5 2 4 6
i,j>-»el»if*í»tt'i-i!,
C o r u ñ ^ (La) 4 3 7 2 8 7 4 3 8 • .09 1 1 3 3 8 1 . 5 8 8 3.4 17
Cuenca 2 8 4 7 2 5 1 tE^.ZSÍ';: Kf? 1*0.8 mi
3 0 4 0 2 4 5 i
J ARAGÓN 1
«Serón» 2.04 3 2 2 35 1 3 9 7 4 0 6 4 5 7 4 5 1
Gf an^da. 1 .299 9 0 6 1 .2 lO 1 .973 2 . 6 0 4 2 . 7 8 4 1 .005 Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hachís (grs.)
<S u a d a l a j a r ' a 4 0 3 7 2 5 2 2 3 6 4 1 2 2
Año 1992 706 488 547 3.302 6.316 60.013
Huelva 3 8 Ó 4 8 9 4 4 7 3 9 8 9 6 1 7 16 4 8 7
°™"'"' 3 6 1 5 7 2 1 6 2 4 4 1 8 1 2 4 6 2 3 5 Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hachís (grs.)
Oviedo 1 .020 1 .657 1 .647 1 .324 1 .602 1 . 128 1-245
1.174 1.193 1.647 3.500 6.250 336.180
P.Mallorca Año 1992
7 0 0 6 3 4 1 .404 1 .9 13 9 4 7 8 7 5 5 8 3
S a nt : a . n de r 8 3 2 4 3 4 6 5 5 61 1 8 8 9 6 4 2 6 2 7
Segovia 4 ó 4 9 3 2 2 8 1 4 1 2 2 8
Teruel
457
2 4 2 S 2 3 2 3 3 9 3 7 1 7
Año 1992 632 1.404
Toledo 1 7 • 1 6 8 2 0 8 2 2 S 2 5 3 3 1 9 2 4 1
Año 1993 636 441 4.077
Valencia 1 .as^ 1 .03 1 1-776 2.023 2.7SO 7 5 7 9 2 6
COMUNIDAD VALENCIANA
MURCIA
Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hacíiís (grs.)
Años Detenidos
Años Detenidos Decomisos Procedim. [heroína (grs.) Cocaína (grs.) Haciiís (grs.)
3.576 2.732 65.235 78.606 5.429.879
Año 1992 3.319
Año 1992 850 763 [.88[ 9.990 6.607 6.607.613
4.372 3.573 22.705 863.63 [ [-943.77 [
Año [993 4.553
Año [993 1.224 1.039 1.670 l.[22 26.7 [9 3.378.796
3.6 [6 3.477 4.446 32.439 6 [.784 2.094.236
Año 1994 1.418 [.204 2.244 2.777 [.209 Año [994
4.929.863
7.964 2. [50 1 [ .472 754. [49 [6.269.520
Año 1995 7.539
Año 1995 1.809 1.606 2.53 [ [.449 75.290 2.392.720
|[.507 [[.950 2.[[3 34.089 [.62[.808 [6.588.181
Año 1996 2.235 2.04 [ 2. [80 7[2 9.379 2.687.576 Año ¡996
\
I—i
NAVARRO
Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) [íacíiís (grs.) • 5
"i
Año [992 91 64 199 59 [ 7.63 [ 282.437
PAlS VASCO
Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hachís (grs.)
LA RIOJA
Años Detenidos Decomisos Procedim. Heroína (grs.) Cocaína (grs.) Hacíiís (grs.)
I
Año [996 300 3[7 98 [72 5.827 4.224
i«
NÚMERO DE DETENIDOS POR DELITOS RELATIVOS AL TRÁFICO DE DROGAS CONFORME A CRITERIOS DE NACIONALIDAD Y DE SEXO
DETENIDOS Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996
Nacionales 21.652 24,859 24.470 26.793 27.343 40.000 60.624
Extranjeros 3.160 3.722 3.243 3.368 4.360 4.316 5.082
Totales 24.812 28.581 27.713 30.161 31.703 44.316 65.706
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DETENIDOS Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996 ^-
o
Hombres 21.535 25.284 25.134 27.556 28.530 40.822 61.775 G
M
Mujeres 3.277 3.297 2.579 2.605 3.173 3,494 3.931 O
Totales 24.812 28.581 27.713 30.161 31.703 44.316 65.706 t
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DECOMISOS Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996
I
Alucinógenos 1.949 2.928
SUSTANCIAS Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996 •z
O
f
Heroína (grs.) 886.410 741.445 672.315 602.568 1.653.300 545.994 537.219 o
>
Cocaína (grs.) 5.382.085 7.573.808 3.354.194 5.343.319 3.858.448 6.897.793 13.743.587
co
o
en
1306 ANTONIO GARCLA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1307
N U M E R O DE MUERTES ORIGINADAS POR DELITOS RELATIVOS AL TRAFICO DE DROGAS N U M E R O DE MUERTES ORIGINADAS POR DELITOS R E U T I V O S AL TRAFICO DE DROGAS EN
RELACIÓN A LA EDAD DE LA V Í C T I M A
283
182 -34,76
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i m • Totales 8i6 647 -20,71
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Atracos 26 29 11,54
De 19 a 25 años 133 92 -30,83
Totales 219 [90 -13,24
De 26 a 30 años 206 166 -19,42
Ms de 40 años
Año 1995 Año 1996 +/-%
29 37 27,59
Robos 161 124 -22,98
Desconocida 1 0 -100.00
Atracos 29 16 -44,83
Totales i 3J3 ' 504 -12,04
Totales 190 140 -26,32
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TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1313
SUMARIOS TERMINADOS
4.863 5.903
Asuntos ingresados 8.823
7.787
10.276 1.076 8.553
2.897
Por sentencia 2.847
4.890
Por o t r a s resoluciones 5.706
DATOS PROCEDENTES DE LOS JUZGADOS DE INSTRUCCIÓN Y AUDIENCIAS PROVINCIALES DATOS PROCEDENTES DE LAS AUDIENCIAS PROVINCIALES Y JUZGADOS DE LO PENAL.
CUSIFICACION DE LOS CONDENADOS SEGÚN U NATURALEZA DE LOS DELITOS COMETIDOS,
1988 1989 1990 1991 1992 EN RELACIÓN CON SU EDAD Y SEXO
DELITOS APRECIADOS 76.034 56.794 56.694 80.038 86.552
Total V M N.C. De 16 y 17 años De 18 a 20 años De 21 a 25 años
Conra la seguridad exterior e interior del Estado 5.419 2.908 2.636 3.187 3.434
Total ¥ H N.C. Total V M N.C. Total ¥ M N.C.
Falsedades 3.603 1.256 1.413 1.643 1.85 1
TOTAL 86.553 79.220 Í.ÓI4 719 1.605 1.475 ill 19 7.568 7.010 490 68 155
Contra la administración de justicia I.003 763 610 963 1.499 19.797 18.144 1.498
CONTRA LA SEGURIDAD
Infracciones de leyes sobre inhumaciones, violación
de sepulturas y delitos de riesgo en general (contra 9.749 7.822 9.769 15.580 1 8.893 EXTERIOR DEL ESTADO 3 1 1 1 1
la s. de tráfico y contra la salud píblica)
Delito de traición 1 1
Juegos ilícitos 1 - - - -
Relativos a la defensa
Cometidos por funcionarios 194 144 IS6 173 199 Nacional 1 1
Contra las personas 3.175 2.361 2.256 3.042 3.076 Delito de piratería
Contra el honor 22 9 8 13 26 INTERIOR DEL ESTADO 3.431 3.127 278 26 46 39 ó 1 232 212 18 2 665 613 47
Contra la libertad 969 643 633 l.l 14 1.606 Contra altos organismos
de la Nación 24 22 2 3 3 1
Contra la propiedad 44.777 31.750 31.718 45.347 45.3355
Ultraje a la bandera 1 1 1
Imprudencias 4.574 2.950 902 1.037 972
Contra la forma de
Leyes especiales 857 732 363 461 382
Gobierno 3 1 1
Concurso de delitos - 4.298 5.178 6.172 6.919
Asociación Ilícita ó 1 1
No consta el delito 818 614 337 430 1.369
Detención llegal,torturas 2
Libertad religiosa
POR SEXO
Sedición
Varones 64.480 5 2 . 153 5 1 .961 73.582 7 9 . 2 19
Atentados contra la
Mujeres 4.775 3.988 4.240 5.899 6.614 Autoridad, sus agentes /
93 8 20 17 2 1 79 70 9 224 205 16 3
-
los funcionarlos píbllcos 1.135 1.034
No consta 653 493 557 719
Resistencia y
POR EDAD
desobediencia 1.299 I.I94 94 II 10 9 1 90 85 4 I 267 252 15
De 1 6 a l 7 a ñ o s 3.738 2.I90 1.788 1.822 1.605
Desacatos, insultos,
De 1 8 a 2 0 a ñ o s 9.909 6.645 6.036 7.825 7.568 injurias y amenazas a la
Autoridad, a sus agentes
De 2 1 a 2 5 a ñ o s 19.245 15.483 14.891 19.584 19.797 y los demá funcionarlos
píbllcos 492 433 56 3 8 ó 2 35 30 5 108 98 10
De 2 6 a 3 0 a ñ o s 13.728 12.372 13.224 17.891 18.725
1 I.580 74 70 2 2 4 4 13 13 19 17 2
De 3 1 a 3 5 a ñ o s 7.524 6.662 7.0I6 IO.I57 Desórdenes púillcos
TOTAL 6.78S 6.134 612 39 2.88S 2.S64 303 18 1.196 1.066 121 9 9.963 8.957 819 187
TOTAL 18.725 17.265 1.329 131 11.580 10.703 817 60 6.450 5.903 514 33
1 i
Delito de traición - - - - • - - Delito de traición
Relativos a la defensa
Relativos a la defensa
Nacional , . . . - - _ , Nadonal
Delito de piratería
Delito de piratería • - - - •
CONTRA LA SEGURIDAD
CONTRA LA SEGURIDAD
INTERIOR DEL ESTADO J2I 292 26 3 127 107 19 1 73 il 12 408 361 40 7
INTERIOR DEL ESTADO 716 671 42 3 516 473 40 327 298 28 1
Contrae! jefe del
Contra el Jefe del Estado - - - - - Estado
Contra altos organismos
de la Nación 4 4 . . 6 6 . 4 3 1
Contra altos organismos
2 2 1 1 3 2 1
de la Nación
Ultraje a la bandera - • - • - Ultraje a la bandera
Contra la forma de
Gobierno . - - - - Contra la forma de
1 i -
Gobierno
Asociación ilícita • • - - - - Asodadón ilícita 5 s
Detención
ilegal.torturas 1 - 1 , 1 Detención
ilegal.torturas
Libertad religiosa - • - - - - -
Libertad religiosa
Rebellón - - - • - • - -
Rebelión
Sedición • - - • -
Sedición
Atentados contra la
Autoridad, sus agentes y Atentados contra la
los funcionarios píblicos 265 247 16 2 184 167 16 93 83 9 1 Autoridad, sus agentes y
los funcionarios pil)licos 97 90 7 35 32 3 13 12 1 125 III 14
Resistencia y
desobediencia 275 262 12 1 183 170 12 122 lio 12 _ Resistenda y
desobediencia II! 103 II 1 50 41 8 1 22 16 6 165 146 13 6
Desacatos, insultos,
injurias y amenazas a la Desacatos, insultos,
Autoridad, a sus agentes injurias y amenazas a la
y los demx funcionarios Autoridad, a sus agentes
píblicos 89 82 7 74 67 6 1 45 41 4 y los dcms fundonarios
píblicos 52 44 2 17 12 S 19 15 4 45 38
Desórdenes píblicos
9 9 „ II 10 1 5 5 Desórdenes pd)licos S ! 3 1 1 4 4
FALSEDADES 389 333 53 3 294 268 26 - 180 163 17 FALSEDADES 2IÓ 194 22 112 102 10 34 31 3 274 243 26 5
Usurpación de funciones 34 31 3 2 2 3 2
Delito fiscal 24 23 - 1 21 19 2 15 15 -
1
Usurpación de calidad
Usurpación de funciones 1 1 7 7 - - 6 5 1 -
(intrusismo) 21 16 ! 1 1 Usurpación de calidad
Uso indebido de (Intrusismo) 3 3 . - 3 3 - 1 1 .
nombres, etc 86 71 13 2 5 3 2 20 18 2 Uso indebido de
CONTRA LA nombres, etc. 17 13 3 1 II II . . 7 6 , _
ADMINISTRACIÓN DE
CONTRA U
JUSTICIA 1.499 I.3ÓI 126 12 5 3 2 73 56 17 301 269 30 2 ADMINISTRACIÓN DE
Acusación y denuncias JUSTICIA 386 353 30 3 261 249 10 2 135 130 4 1
falsas 33 23 10 1 1 4 3 1
Acusación y denuncias
1 falsas 7 4 3 4 3 1 - 6 6 .
Falso testimonio
57 39 17 1 1 1 1 1 17 12 4
Falso testimonio 14 12 2 6 5 1 - 2 1 1 -
Quebramiento de
condenas / evasión de Quebramiento de
presos etc. 1.314 1.218 86 10 4 3 1 61 condenas y evasión de
49 12 256 235 20 1
presos etc. 340 316 21 3 236 227 8 1 121 117 3 1
Simulación de delito,
etc 95 81 13 1 10 Simulación de delito,
7 3 24 19 5
etc, 25 21 4 15 14 - 1 6 6 . .
Omisión del deber de 1
impedir determinados Omisión del deber de
delitos impedir determinados
delitos
Omisión del deber de
comunicarlos Omisión del deber de
comunicarlos . . . _ .
INFRACCIÓN DE LEVES
SOBRE INHUMACIONES
INFRACCIÓN DE LEYES
VIOUCION DE
SOBRE INHUMACIONES
SEPULTURAS Y DELITOS
VIOUCION DE
DE RIESGO EN GENERAL 112 72
18,894 17.144 1.638 48 24 604 522 80 2 3.241 2.882 341 18 SEPULTURAS Y DELITOS
DE RIESGO EN GENERAL 3.918 3.552 340 26 3.260 2.993 255 12 2.170 2.016 145 9
Infracción de le/es
sobre inliumaciones y
Infracción de leyes
violación de sepulturas 6 ó 2 2 1 1 sobre inhumaciones y
violación de sepulturas 1 1 1 1
_
Conducción bajóla
influencia de bebidas
Conducción bajo la
alcohólicas, drogas
influencia de bebidas
tóxicas 0
5 alcohólicas, drogas
estupefacientes 39 14 S
2.8Ó2 2.809 4 1 42 42 470 454 II tóxicas 0
6 3 1
estupefacientes 547 541 450 441 8 1 389 385
Conducción temeraria
17 17 1 1 5 5
Conducción temeraria 4 4 - 2 2 - - - -
Contra la seguridad del
tráfico Contra la seguridad del
8.(10 8.413 146 SI 9 9 192 190 2 1.336 1.309 20 7 II 5
tráfico 1.632 1.597 25 10 1.448 1.406 36 6 1.041 1.025
Conducción sin permiso 2 1 1 1 1
Conducción sin permiso - - - - - - - -
Contra la salud piblica 47 57 34 23
7.39Ó S.897 1.452 368 288 78 2 1.428 I.II2 310 ó
1.409 309 131 3
Contra la salud piblica 1.734 16 1.360 1.144 211 5 739 605
•^HBf-
Falsificación de Infidelidad en la
documentos privados 13 9 4 5 4 1 3 2 1 9 9 custodia de documentos 9 9 1 1
Abusos contra la
Uso indebido de
honestidad 1 1
nombres, etc. 4 4 1 1 21 15 5 1
Cohecho 31 24 7
CONTRA U
Malversaciones de
ADHINISTRACIMI DE
caudales piblicos 123 117 S 1 1 1
JUSTICIA 118 106 10 2 48 43 5 17 14 3 155 138 15 2
Fraudes y exacciones
Acusación y denuncias ilegales 2 2
falsas S 3 2 2 2 4 2 2
CONTRA U S PERSONAS 3.076 2.811 231 34 36 29 ! 2 197 188 7 2 447 414 28 5
Falso testimonio 7 4 3 3 1 2 3 1 2 3 3 Parricidio 64 40 24 1 1 8 3 5
Qiiebramiento de Asesinato 41 38 3 1 1 5 5
condenas y evasión de
Homicidio 198 189 8 1 7 S 2 15 15 S 5
presos etc. 101 94 5 2 41 38 3 13 12 1 141 127 12 2
Auxilio 0 inducción a]
Simulación de delito,
suicidio
etc. 5 5 2 2 1 1 7 6 1
Infanticidio 4 4 1 1 1 1 2 2
Omisión del deber de
Aborto 3 3
impedir determinados
delitos Lesiones 2.766 2.541 192 33 27 23 2 2 180 173 5 2 398 373 20 5
Suposición de rapto y
Conducción sin permiso 1 1
usurpación de estado
3 1 2
civil
Contra la salud piblica 593 472 121 262 168 91 3 89 51 38 766 614 140 12
1322 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1323
Infanticidio -1 - - - - - - - - Infanticidio •
Aborto 1 1 - - 1 1 - - - - - - Aborto - - -
Lesiones 457 423 25 4 358 337 19 2 260 237 20 3 325 285 37 3 253 224 27
Lesiones 152 140 II 1 356 321 26 9
CONTRA U HONESTIDAD 139 127 II 1 135 125 S 2 107 98 9 - CONTRA LA HONESTIDAD lió 109 7Ó 71 ÓO 57 2 101 93 1
Violación 40 39 1 34 34 - - 25 25 - Violación 22 22 II II 13 12 1 18 17
Abusos deshonestos 45 45 - - 34 33 1 - 29 29 - Abusos deshonestos 2S 27 25 25 24 24 32 32
Escáldalo píblico 25 25 - - 32 31 - 1 23 22 1 - Escáldalo p&lico 22 22 18 13 12 II 1 33 32
Estupro 3 3 - - 4 4 7 7 - Estupro 13 13 6 6 1 1
Corrupción de menores 8 4 4 7 5 2 - 5 3 2 - Corrupción de menores 6 5 5 ó
Rapto - 1 1 - - 1 1 - Rapto - - - 1 1
Relativos a la
prostitución 18 II 7 _ 23 17 5 1 17 11 6 - Relativos a la
prostitución .
Incesto - - - - - - - - - - - Incesto 23 IS 10 í 3 ó
CONTRA EL HONOR 1 1 4 3 1 - 1 1 - - CONTRA EL HONOR
I 1
3 5
Calumnias - - 1 1 - - 1 1 - - Calumnias 3
Injurias 1 1 - - 3 2 1 - - - Injurias
1 1
5
CONTRA EL ESTADO
CIVIL DE U S PERSONAS 3 2 1 1 1 _ 1 . , _ CONTRA EL ESTADO
CIVIL DE U S PERSONAS 1
Suposición de rapto y
Suposición de rapto y
usurpación de estado
civil 1 1 . . _ . _ 1 1 . usurpación de estado
1
civil
1324 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGL^ 1325
Bigamia I 1 I 1
Bigamia 3 2 1
Celebración de
Celebración de
matrimonios ilegales
matrimonios ilegales 2 1 1
CONTRA LA LIBERTAD Y
CONTRA LA LIBERTAD Y
SEGURIDAD 288 265 20 3 134 115 19 70 59 II 187 171 15 1
SEGURIDAD I.60Ó 1.450 ISO ó II II 70 58 12 187 164 23
Detenciones ilegales 7 5 2 1 I 7 7
Detenciones ilegales 45 42 3 1 1 10 9 1
Sustracción de menores
Sustracción de menores 2 2
Abandono de familia y
Abandono de familia y
niños 168 164 I 3 67 66 I 18 18 92 89 3
niños ÓÓ5 643 17 5 2 2 3 2 1 18 16 2
Omisión del deber de
Omisión del deber de
socorro 10 10 3 3 I 1 ó 4 I 1
socorro 8ó 79 ó I 10 8 2 33 32 1
Allanamiento de morada 16 14 2 12 9 3 3 3 ló 13 3
Allanamiento de morada 179 149 30 3 3 18 13 5 36 28 8
Amenazas 43 38 5 19 15 4 13 II 2 41 36 5
Amenazas 337 306 31 6 6 24 22 2 58 55 3
Coacciones 34 27 7 29 18 II 26 20 6 18 16 2
Coacciones 245 187 58 14 12 2 28 20 8
Descubrimiento,
Descubrimiento,
revelación de secretos
revelación de secretos
Contra la libertad y la
Contra ta libertad y la
seguridad en el trabajo 10 7 3 3 3 9 9 7 6 1
seguridad en el trabajo 47 42 5 4 4
407 1.281 1.205 5.527 CONTRA LA PROPIEDAD 1.983 1.732 240 II 705 617 83 5 291 260 26 5 5.250 4.775 390 85
CONTRA LA PROPIEDAD 45.355 4I.85Ó 3.092 60 16 5.178 294 55 12.521 11.576 841 104
224 812 765 37 10 3.397 3.214 152 31 cosas 435 412 20 3 129 117 II 1 61 58 2 1 2.881 2.685 147 49
cosas 25.800 24.422 1.154 7.844 7,418 372 54
Tenencia de Tenencia de
Hurto 2.538 239 219 18 2 932 854 68 10 1.819 1.642 163 14 Hurto 130 92 37 I 35 28 7 6 6 294 240 53 I
2.046 436 71
Usurpación 1 I Usurpación 1 I
Estafas y otros engaños 6 5 4 1 10 7 3 lio 31 Estafas y otros engaños 228 199 29 98 85 13 57 46 10 1 141 113 25 3
I.03Ó 851 179 79
Apropiación indebida 1.014 917 92 5 10 8 2 44 41 3 123 113 10 Apropiación indebida 185 165 16 4 84 79 5 31 30 1 lio 101 9
105 93 il i 57 48 8 1 30 109 7 1
Daños 953 873 70 10 12 12 99 94 5 206 190 12 4 Daños 26 3 1 117
^ '
1326 ANTONIO GARCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1327
Total V M N.C. Total ¥ M N.C. Total V M N.C. Total V M N.C. Total V M N.C. Total V M N.C. Total V M N.C.
Bigamia 1 1
Lesiones o daños por
Celebración de impudencia 19 16 2 4 4
matrímonios ilegales
Otras imprudencias
CONTRA LA LIBERTAD 1 28 27 129
temerarias 810 783 22 126 2 1
SEGURIDAD 288 265 20 134 115 19 70 59 1 187 171 15
7 5 2 1 Imprudencias simples 119 113 ó 1 1 20 20
Detenciones ilegales I 7 7
Amenazas 43 38 5 19 15 4 13 II 2 41 36 S 6 2 1 1
Delito electoral 8
Coacciones 34 27 7 29 18 11 26 20 ó 18 16 2
Delito ecológico II II
Descubrimiento,
revelación de secretos Negativa a servicio
social sustitutorio 108 IOS 9 9 51 49
Contra la libertad •/ la
seguridad en el trabajo 10 7 3 3 3 9 9 7 6 1 1 2 2
Otras leyes especiales S 2 3
CONTRA LA PROPIEDAD 1.983 1.732 240 II 705 617 83 s 291 260 26 5 S.250 4.775 390 85
6.180 685 54 117 107 10 575 527 43 1.471 1.328 131 12
CONCURSO DE DELITOS Í.9I9
Robo con homicidio 2 2
Contra la seguridad
Robo con lesiones 5 4 1 868 823 41 6 5 1 62 60 197 187 8 2
interior y otros
-
Otros robos con
violencia o intimidación Falsedad y estafa 943 751 183 4 3 1 40 28 12 123 95 26 2
en las personas 92 83 9 II 11 8 7 1 719 649 51 19
Falsedad y otros 415 375 38 2 4 3 1 21 20 67 59 8
Robo con fuerza en las
cosas 435 412 20 3 129 117 II 1 61 58 2 1 2.881 2.685 147 49 Cometido por los
funcionarios en el
Tenencia de
instrumentos para el ejercicio de sus cargos y
robo 3 3 2 2 7 7 otros 21 21
Usura y casas de
10 6 5 35 31
préstamos sobre
prendas
Hurto y otros 142 132 24 24
'
2 1 1 1 1 2 2 3
Estafa y otros 41 38 3 4
Encubrimiento con
áiimo de lucro y Otros contra la
receptación 101 72 29 38 24 14 17 13 4 98 81 16 propiedad en concurso
113 1 2
con otros 438 4li 14 8 12 II 1 64 61 1 116
Incendio y otrds
estragos 25 22 3 9 8 1 4 4 12 12 9 1
Imprudencia y otros 49 46 3 2 2 4 4 10
Daños 105 93 II 1 57 48 8 1 30 26 3 1 117 109 7
Delitos de riesgo en 1
13 9 199 56
Cheques en descubierto 472 423 48 1 169 157 9 3 41 39 2 293 255 33 general y otros 1.468 1.198 257 6 3 63 53 9 256
Total V M N.C. Total V M N.C. Total V M N.C. Total V H N.C. Total V H N.C. Total V M N.C. Total V M N.C.
temerarias 152 146 4 2 lio 106 4 . 80 77 3 temerarias 109 103 1 59 59 32 32 1 109 109 2
nacional - - - - - nacional
Pesca 1 1 - - - - Pesca
CONCURSO DE DELITOS 1.469 1.333 126 10 981 886 93 2 575 500 70 5 CONCUliSO DE DELITOS 627 SSO 72 S 255 224 29 2 108 ICO 7 1 741 625 104 12
Falsedad y estafa 174 136 36 2 134 III 22 1 88 68 20 Falsedad y estafa 147 132 IS 66 57 8 1 28 22 5 1 139 99 38 2
Robo y otros 471 445 23 3 214 209 5 - 83 79 1 Robo y otros 41 39 13 13 2 2 145 134 3
Otros 8 8 6 6 - Otros 3 3 1 1 4 3 1
NO CONSTA 266 246 20 145 131 14 94 86 8 - NO CONSTA 109 100 9 51 49 2 19 17 2 291 231 24 36
1330 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
fmnmtmmk m LAS
seguridad Contra la sobre inhumaciones, ios funcionarios
Falsedades Contra las Contra la
interior del I Administrad ó ti ¡ piblicos en el I Contra la I Contra la
de Justicia personas libertad y la
Estado sepulturas y delitos ejercicio de sus honestidad propiedad
seguridad
de riesgo en general f's;*-.>
ítV«-í '
!4, ¡3
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, 1 .
, S'.i',
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1 1 ,'Í,T) . . 1,5 í, M-
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4J
r
4/ 5
it 34
t
1
r- ^ : f«»!
• ' f
.,4- Andalucía
Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr % Pr HPe MPe HPr M P r
2°1985 4362 0,0 4194 0,0 168 0,0 1920 0,0 2442 0,0 1882 38 2312 130
1°1986 4857 11,3 4643 10,7 214 27,4 2186 13,9 2671 9,4 2135 51 2508 ¡63
2°1986 4880 11,9 4636 10,5 244 45,2 2230 16,1 2650 8,5 2160 70 2476 174
r 1987 5411 24,0 5138 22,5 273 62,5 2584 34,6 2827 15,8 2493 91 2645 182
2°1987 5484 25,7 5199 24,0 285 69,6 2576 34,2 2908 19,1 2479 97 2720 188
\ |°1988 5923 35,8 5594 33,4 329 95,8 2737 42,6 3186 30,5 2622 115 2972 214
2° 1988 6000 37,6 5659 34,9 341 103,0 2988 55,6 3012 23,3 2871 ¡17 2788 224
r 1989 64Í9 47,2 5986 42,7 433 157,7 3170 65,4 3249 33,0 2977 193 3009 240
2° 1989 6539 49,9 6040 44,0 499 197,0 3284 71,0 3255 33,3 3068 2Í6 2972 283
1° 1990 7026 6Í,1 6505 55,1 521 210,1 3587 86,8 3439 40,8 3374 213 3131 308
2°1990 736! 68,7 6810 62,4 551 228,0 3963 ¡06,4 3398 39,1 3734 229 3076 322
I°I99I 7954 82,3 7335 74,9 619 268,5 4516 ¡35,2 3438 40,8 4183 333 3152 286
I / 2°1991 8206 88,1 7595 81,1 611 263,7 4701 144,8 3505 43,5 4370 331 3225 280
r 1992 9100 108,6 8354 99,2 746 344,0 5492 186,0 3608 47,7 5095 397 3259 349
2'" 1992 9560 119,2 8724 108,0 836 397,6 5811 202,7 3749 53,5 5357 454 3367 382
I°I993 10393 138,3 9460 125,6 933 455,4 6464 236,7 3929 60,9 5927 537 3533 396
2° 1993 10604 143,1 9610 129,1 994 491,7 653! 240,2 4073 66,8 5997 534 3613 460
1° 1994 10924 150,4 9890 135,8 1034 515,5 6933 261,1 399! 63,4 6359 574 3531 460
10581 142,6 9554 127,8 ¡027 511,3 6846 256,6 3735 52,9 6225 621 3329 406
2° 1994
Aragón
sr^Mij, H %H M %M Pe %Pe Pr %Pr HPe MPe HPr MPr
Semestre %T
2° 1985 599 0,0 587 0,0 12 0,0 385 0,0 214 0,0 382 3 205 9
1° 1986 697 16,4 683 16,4 14 16,7 467 21,3 230 7,5 463 4 220 10
2° 1986 680 13,5 662 12,8 18 50,0 461 49,7 219 2,3 454 7 208 11
1°1987 717 19,7 693 ¡8,1 24 100,0 485 26,0 232 8,4 479 6 214 18
2° 1987 862 43,9 837 42,6 25 108,3 621 61,3 241 12,6 614 7 223 18
1° 1988 1029 71,8 997 69,8 32 166,7 770 100,0 259 21,0 763 7 234 25
2° 1988 1022 70,6 987 68,1 35 191,7 770 100,0 252 17,8 760 10 227 25
r 1989 1065 77,8 1030 75,5 35 191,7 789 104,9 276 29,0 777 12 253 23
2° 1989 955 59,4 931 58,6 24 100,0 718 86,5 237 10,7 712 6 219 18
I» 1990 909 51,7 879 49,7 30 150,0 651 69,1 258 20,6 64! 10 238 20
2°1990 947 58,1 921 56,9 26 ¡16,7 709 84,2 238 11,2 70! 8 220 18
r 1991 1134 89,3 1103 87,9 31 158,3 861 ¡23,6 273 27,6 855 6 248 25
2° 1991 1348 ¡25,0 1317 124,4 31 158,3 1085 ¡81,8 263 22,9 1079 6 238 25
,o 1992 1332 122,4 1293 ¡20,3 39 225,0 1040 ¡70,1 292 36,4 1028 12 265 27
2° 1992 1474 146,1 1431 143,8 43 258,3 1188 208,6 286 33,6 1170 18 26! 25
r 1993 ¡502 150,7 1457 148,2 45 275,0 1249 224,4 253 18,2 1229 20 228 25
1478 146,7 1441 145,5 37 208,3 1243 222,9 235 9,8 1226 17 215 20
2»1993
1°1994 1530 155,4 1483 152,6 47 291,7 1312 240,8 218 1,9 1284 28 ¡99 19
1476 146,4 1438 145,0 38 216,7 1296 236,6 180 -15,9 1271 25 ¡67 13
2°1994
T: Total, H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, P r : Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr :
Hombres Preventivos, M P r : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1335
1334 ANTONIO GAECIA-PABLOS D E MOLINA
r,v ; ,
AOfc orirr ifi ¡íis q,x¿ íttZ M ^ í '!*8* £.112 t í S I 8,HS « Z ? i.iM i8?ai Í'W!
Baleares '~" " " Cantabria £f>
T: Total H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr :
T: Total, H; Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr : Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
1336 ANTONIO GAKCIA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1337
T: Total, H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPc : Mujeres Penadas, HPr : T: Total, H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr :
Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior. Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecta del 2° trimestre anterior.
1338 TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1339
ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA
Galicia Madrid
Semestre %T H %H M %M Pe %Pe Pr % Pr HPe MPe HPr MPr
Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr %Pr HPe MPe HPr MPl-
2° 1985 3881 0.0 3569 0.0 312 0.0 1206 0,0 2675 0.0 1116 90 2453 222
2°1985 1126 0,0 1083 0,0 43 0,0 692 0,0 434 0,0 671 21 412 22
ri986 4265 9.9 3884 8,8 38! 22,1 1272 5,5 2993 11.9 1158 114 2726 267
1° 1986 1241 10,2 1195 10,3 46 7,0 798 15,3 443 2,1 773 25 422 21
2° 1986 4318 11,3 3920 9,8 398 27,6 1418 17,6 2900 8,4 1299 119 2621 279
2° 1986 1199 6,5 1154 6,6 45 4,7 804 16,2 395 -9,0 778 26 376 19
1° 1987 4509 16,2 4095 ¡4,7 414 32,7 ¡702 41,1 2807 4,9 1552 150 2543 264
1°1987 1272 13,0 1216 12,3 56 30,2 857 23,8 415 -4,4 826 31 390 25
2° 1987 4416 13.8 3958 10,9 458 46,8 1734 43,8 2682 0,0 1567 Í67 2391 291
2°1987 1348 19,7 1288 18,9 60 39,5 940 35,8 408 -6,0 908 32 380 28
1° 1988 4700 21,1 4164 ¡6,7 536 71.8 1885 56,3 2815 5,2 1705 180 2459 356
|°I988 1455 29,2 ¡394 28,7 61 41,9 1000 44,5 455 4,8 969 31 425 30
2° 1988 4663 20,1 4088 14,5 575 84,3 1755 45,5 2908 8,7 1546 209 2542 366
2° 1988 1509 34,0 1440 33,0 69 60,5 1098 58,7 411 -5,3 1059 39 381 30
1° 1989 4710 21,4 4210 18,0 500 60,3 1667 38,2 3043 13,8 1514 153 2696 347
I" 1989 1610 43,0 1527 41,0 83 93,0 1177 70,1 433 -0,2 1129 48 398 35
2° 1989 4352 12,1 3911 9,6 44! 41,3 1717 42,4 2635 -1,5 1558 159 2353 282
2°1989 1687 49,8 1596 47,4 91 111,6 1257 8Í,6 430 -0,9 1208 49 388 42
r 1990 4236 9,1 3750 5,1 486 55,8 1534 27,2 2702 1,0 135! 183 2399 303
1° 1990 1773 57,5 Í677 54,8 96 123,3 1295 87,1 478 10,1 1244 51 433 45
2°1990 3877 -0,1 3381 -5,3 496 59,0 1439 19,3 2438 -8,9 1245 194 2136 302
2° 1990 ¡758 56,1 1660 53,3 98 127,9 1296 87,3 462 6,5 1244 52 416 46
1° 1991 3917 0,9 3367 -5,7 550 76,3 ¡530 26,9 2387 -10,8 1334 196 2033 354
I°I99I 1796 59,5 1678 54,9 118 174,4 1303 88,3 493 13,6 1244 59 434 59
2° 1991 3978 2,5 3254 -8,8 724 132,1 1512 25.4 2466 -7,8 ¡235 277 2019 447
2°1991 1913 69,9 1800 66,2 113 162,8 ¡395 ¡01,6 518 19,4 1343 52 457 91
1° 1992 4464 15,0 3587 0.5 877 181,1 1773 47,0 2691 0,6 1394 379 2193 498
1°1992 2069 83,7 1949 80,0 ¡20 179,1 1491 115,5 578 33,2 1430 61 519 59
2° 1992 4419 13,9 3540 -0,8 879 181,7 1921 59.3 2498 -6,6 ¡492 429 2048 450
2°1992 2105 86,9 1985 83,3 120 179,1 1555 124,7 550 26,7 1496 59 489 61
1° 1993 5585 43,9 4594 28,7 991 217,6 3075 155,0 2510 -6,2 2507 568 2087 423
I" 1993 2177 93,3 2056 89,8 121 181,4 ¡631 135,7 546 25,8 1559 72 497 49
2° 1993 6346 63,5 5349 49,9 997 219.6 3884 222,1 2462 -8,0 3255 629 2094 368
2°1993 2179 93,5 2057 89,9 122 183,7 1638 136,7 541 24,7 1568 70 489 52
I°I994 6972 79,6 5912 65,6 Í060 239,7 4357 261,3 2615 -2,2 3655 702 2257 358
r 1994 2232 98,2 2102 94,1 ¡30 202,3 1724 149,1 508 17,1 1641 83 461 47
2° 1994 6819 75,7 5808 62,7 1011 224,0 4499 273,1 2320 -13,3 3818 681 1990 330
2°1994 2099 86,4 1980 82,8 119 176,7 1612 132,9 487 12,2 1540 72 440 47
T: Total H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr •
T: Total, H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr : Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %; Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
1340 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1341
Navarra Valencia
Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr %Pr HPe MPe HPr MPr Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr %Pr HPe MPe HPr MPr
2°1985 98 0.0 88 0.0 10 0,0 55 0.0 43 0.0 49 6 39 4 2°¡985 1937 0,0 1833 0,0 104 0,0 834 0.0 ¡103 0,0 797 37 1036 67
1° 1986 135 37,8 121 37,5 14 40,0 74 34,5 61 41,9 67 7 54 7 1° 1986 2131 ¡0,0 2019 ¡0,1 112 7,7 938 12,6 1192 8,1 897 42 1122 70
2° 1986 122 24,5 108 22,7 ¡4 40,0 74 34,5 48 11,6 64 ¡0 44 4 2° ¡986 2088 7,8 1966 7,3 ¡22 17,3 1019 22,2 1069 -3,1 969 50 997 72
1°1987 129 31,6 113 28,4 ¡7 70,0 87 58,2 43 0,0 76 ¡1 37 6 1° ¡987 2208 ¡4.0 2073 13.1 135 29,8 1139 36,6 1069 -3,1 1076 63 997 72
2° 1987 126 28,6 114 29,5 12 20,0 76 38,2 50 16,3 68 8 46 4 2° 1987 2110 8,9 1968 7.4 142 36,5 ¡¡36 36,2 974 - 11,7 1062 74 906 68
1° 1988 147 50,0 134 52,3 ¡3 30,0 98 78,2 49 14,0 90 8 44 5 1° 1988 2306 19,1 2139 16,7 167 60,6 1234 48,0 1072 -2,8 1153 81 986 86
2°1988 168 71,4 150 70,5 18 80,0 108 96,4 60 39,5 99 9 5¡ 9 2°1988 2450 26.5 2282 24.5 168 61,5 1262 5i,3 1188 7,7 1180 82 ¡102 86
1°1989 200 104,1 181 105,7 19 90,0 144 161,8 56 30,2 ¡32 12 49 7 1° 1989 2662 37,4 2472 34,9 ¡90 82,7 1431 71,6 1231 ¡1,6 1344 87 1128 ¡03
2°1989 196 100,0 177 101,1 19 90,0 138 150,9 58 34,9 123 15 54 4 2° 1989 2681 38.4 2475 35.0 206 98,1 1450 73,9 ¡23¡ 11,6 1359 91 ¡116 ¡¡5
1° 1990 191 94,9 171 94,3 20 100,0 ¡44 ¡61,8 47 9,3 130 14 4¡ 6 1° 1990 2786 43,8 2567 40.0 219 ¡10,6 1654 98,3 1132 2,6 1536 ¡¡8 ¡031 101
2°1990 173 76,5 169 92,0 4 -60,0 120 118,2 53 23,3 ¡¡6 4 53 0 2° 1990 2742 41,6 2512 37,0 230 121,2 1697 103,5 1045 -5,3 1563 134 949 96
r 1991 191 94,9 188 113,6 3 -70,0 148 169,1 43 0,0 ¡45 3 43 0 1° 1991 3083 59,2 2831 54,4 252 142,3 2003 140,2 1080 -2,1 1846 ¡57 985 95
2° 1991 193 96,9 ¡89 114,8 4 -60,0 155 181,8 38 -11,6 15¡ 4 38 0 2° 1991 3413 76,2 3¡11 69,7 302 ¡90,4 2317 177,8 ¡096 -0,6 2121 ¡96 990 106
I°I992 195 99,0 192 118,2 3 -70,0 147 167,3 48 11,6 ¡44 3 48 0 i° 1992 3829 97,7 3503 91,1 326 2 ¡3,5 2719 226,0 1110 0,6 2498 22 ¡ 1005 105
2°1992 209 113,3 206 134,1 3 -70,0 147 167,3 62 44,2 144 3 62 0 2°1992 4070 110,1 3715 102,7 355 24 ¡,3 2909 248,8 1161 5,3 2679 230 1036 ¡25
1° 1993 226 130,6 223 153,4 3 -70,0 177 221,8 49 14,0 174 3 49 0 1° 1993 4284 121,2 3875 ¡11,4 409 293,3 3072 268,3 1212 9,9 2813 259 ¡062 150
2°1993 277 182,7 274 211,4 3 -70. 230 318,2 47 9,3 227 3 47 0 2° 1993 4576 136.2 4069 122,0 507 387.5 3369 304,0 1207 9,4 3008 36 ¡ 1061 146
1°1994 315 221,4 311 253,4 4 -60,0 274 398,2 41 -4,7 270 4 41 0 |o 1994 4888 ¡52,3 4355 137,6 533 412,5 3745 349,0 1143 3,6 3344 401 ION ¡32
2° 1994 280 185,7 277 214,8 3 -70,0 251 356,4 29 -32,6 248 3 29 0 2»1994 4837 149,7 4299 134,5 538 417,3 3831 359,4 ¡006 -8,8 3408 423 89 ¡ 115
SUS 1?
País Vasco mymt Todo el Estado >0I 01 d oi>f oao^
Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr % P r HPe MPe HPr MPr Semestre T %T H %H M %M Pe %Pe Pr % Pr HPe MPe HPr MPr
2°1985 751 0,0 723 0,0 28 0,0 452 0,0 299 0,0 442 10 281 ¡8 2°1985 22802 0,0 21751 0,0 105¡ 0,0 ¡1651 0,0 ¡1151 0.0 337
11314 ¡0437 714
1°1986 752 0,1 728 0,7 24 -14,3 465 2,9 287 -4,0 455 10 273 14 1° 1986 25085 10,0 23828 9,5 1257 19,6 12949 11,1 12136 8,8 423
12526 11302 834
2° 1986 78 ¡ 4,0 753 4,1 28 0,0 5¡4 13,7 267 -10,7 504 ¡O 249 18 2° 1986 25428 11,5 24093 10,8 ¡335 27,0 ¡3820 18,6 11608 13331 489
4,1 10762 846
I°I987 875 16,5 838 15,9 37 32,1 566 25.2 309 3,3 556 10 282 27 r 1987 26924 18,1 25423 16,9 1501 42,8 15185 30,3 11739 14575 610
5,3 ¡0848 891
2°1987 884 16,5 831 ¡4,9 53 89,3 553 22,3 331 10,7 535 18 296 35 2° 1987 27223 19,4 25626 17,8 ¡597 52,0 15643 34,3 11580 ¡4999 644
3,8 10627 953
1°1988 902 20,1 850 ¡7,6 52 85,7 531 17,5 371 24,1 516 ¡5 334 37 1° 1988 29339 28,7 27476 26,3 ¡863 77,3 ¡6661 43,0 12678 13,7 15921 740 11555 ¡¡23
2°1988 879 17,0 830 14,8 49 75,0 556 23,0 323 8,0 539 17 291 32 2° 1988 29598 29,8 27600 26,9 1998 90,1 16749 43,8 ¡2849 15,2 15921 828 11679 1170
I-1989 937 24.8 875 2¡.0 62 ¡2¡,4 55 ¡ 21,9 386 29,1 530 2¡ 345 4¡ 1° 1989 31457 38,0 29197 34,2 2260 115.0 17718 52,1 13739 23,2 ¡6751 967 12446 ¡293
2°1989 1005 33,8 938 29,7 67 142,9 661 46,2 344 15,1 631 30 307 37 2° 1989 31489 38,1 38121 33,9 2368 ¡25,3 18290 57,0 13199 18,4 17213 ¡077 ¡1908 1291
1°1990 1020 35,8 945 30,7 75 167,9 660 46.0 360 20,4 629 31 316 r 1990 32772 43,7 30254 39,1 2518 139,6 19263 65,3 13509 21,1 18058 1205 ¡2196 1313
44
2° 1990 1079 43.7 987 36.5 92 228,6 693 53,3 386 29,1 655 38 332 2° 1990 33467 46,8 30832 41,7 2635 150.7 20312 ¡9004 1308 11828
74,3 13155 18,0 1327
54
1° 199! 1214 61,7 ¡102 52,4 112 300,0 831 83,8 383 28,1 786 45 316 67 3552¡ 55,8 32636 50,0 2885 90,8 ¡3291 19,2 20702 ¡528 ¡1934
174,5 22230 1357
1° 1991
2° 1991 ¡335 77,8 1220 68,7 ¡¡5 3 ¡0,7 928 105,3 407 36,1 895 33 325 37559 64.7 34376 58,0 3183 202.9 24219 107,9 ¡3340 19,6 22512 ¡707 ¡¡864 1476
82 2°1991
1992 1424 89,6 1287 78,0 136 385,7 1024 126,5 400 33,8 966 58 321 79 1° 1992 40356 77,0 36758 69,0 3598 242,3 26538 127,8 13818 23,9 24530 2008 12228 1590
2°1992 1466 95,2 ¡330 84,0 136 385.7 ¡090 ¡41,2 376 25,8 1024 66 306 2°1992 41670 82,7 37919 74,3 3751 256,9 28036 140,6 13634 22,3 25845 2191 12074 1560
70
1993 1506 ¡00,5 1364 88,7 141 403,6 1151 154.6 355 18,7 ¡068 83 296 59 1° 1993 44613 95,7 40539 86,4 4074 287,6 30983 165,9 ¡3630 22,2 28479 2504 ¡2060 1570
1993 1551 106,5 ¡392 92,5 159 467,9 1232 ¡72,6 319 6,7 1 ¡20 112 272 47 46221 102,7 41869 92,5 4352 314,1 32648 ¡80,2 13573 21,7 29877 2771 11992 1581
2°1993
I°I994 1568 108.8 1406 94,5 162 478,6 1252 177,0 316 5,7 ¡135 117 27¡ |o 1994 48517 112,8 43899 101,8 4618 339,4 34991 200,3 13526 21,3 31907 3084 11992 1534
45
2° 1994 1488 98,1 1325 83,3 ¡63 482,1 1209 167,5 279 -6,7 ¡090 119 235 44 2°1994 47905 110,1 43351 99,3 4554 333,3 35534 205,0 12371 10,9 32361 3173 ¡0990 1381
T: Total, H: Hombres, 1>1: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados. MPe : Mujeres Penadas. HPr : T- Total H: Hombres, M: Mujeres, Pe: Penados, Pr: Preventivos, HPe : Hombres Penados, MPe : Mujeres Penadas, HPr :
Hombres Preventivos. MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior. Hombres Preventivos, MPr : Mujeres Preventivas, %: Porcentaje de aumento respecto del 2° trimestre anterior.
1342 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1343
POBLACIÓN NACIONAL Y LOS ENCARCELADOS (1985-1994) ri ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN RECLUSA PENADA POR GRUPOS DE EDAD SEGÚN SEXO
mfsL W»r mfr W »f«. Segundo trimestre Tercer trimestre Cuarto trimestre
HOMBRES Primer trimestre
Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total
Estado Cataluña Resto del Estado
16-20 942 79 1.021 1.023 IOS 1.128 980 72 1.052 952 65 1.017
Año Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio
21-25 5.756 491 6.247 6.375 515 6.890 6.233 522 6.755 6.178 553 6,731
1986 18.878.1 19 23.828 126 2.927.889 3.580 122 15.950.230 20.248 127
26-30 8.045 614 8.659 8.090 612 8.702 7.888 707 8.595 7.933 782 8.715
199! 19.036,446 32.636 171 2.962.942 4,643 157 16.073.504 27.993 174
31-40 6.607 S88 7.195 6.788 559 7.347 7.019 649 7.668 7.369 684 8.053
1994 19.729.854 43.899 223 3.041.749 6.174 203 16.688.105 37.725 226
41-60 2.524 204 2.728 2.664 254 2.918 2.516 274 2.790 2.613 277 2.890
Año Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio
1986 19.595.299 1.257 6 3.050.749 259 8 16.544.550 998 6 EVOLUCIÓN TRIMESTRAL DE LA POBLACIÓN RECLUSA POR TIPOS DE DELITOS; SEGÚN SEXO. PENADOS (1993)
1991 19.835.822 2.885 15 3.096.552 418 13 16.739.270 2.467 15
Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre Cuarto trimestre
¡994 20.500.486 4.618 23 3.166.849 602 19 17.333.637 4.016 23
Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total
i . Seg. Exterior 2 1 3 9 9 II II 1 1 2
LA POBLACIÓN NACIONAL Y LOS ENCARCEUDOS. EL TOTAL 698 58 756 754 55 809 708 49 757
2. Seg. Interior 647 62 709
Estado Cataluña Resto del Estado 3. Falsedades 114 8 122 173 II 184 173 3 176 159 8 167
Año Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio Población Encarcelados Ratio 4. Contra Adm. jus. 41 : 46 95 5 100 57 4 61 73 7 80
¡986 38.473.418 25.085 5. Contra Segu. Traf. 163 163 146 146 48 1 49 54 1 55
65 5.978.638 3.839 64 32.494.780 21.246 65
6. Contra Salud P. S.867 I.II4 6.981 6.680 1.164 7.844 6.948 1.120 8.158 7.148 1.308 8.454
¡991 38.872.268 35.52! 91 6.059.494 5.061 84 32.812.774 30.460 93
7. Funcionarios P. 13 1 14 14 1 15 13 1 14 13 1 14
1994 40.230.340 48.517 12! 6.208.596 6.776 109 34.021.742 41.741 123
8. Contra las Pers. 1.981 71 2.052 2.049 71 2.120 2.066 74 2.140 2.089 70 2.259
Población : Habitantes censados. Encarcelados : en relación a las cifras de los primeros 6 meses del año indicado, 9. Contra Lib. Sexual 791 8 799 1.032 8 1.040 1.013 8 1.021 I.IOO 8 1.108
Ratio : hombres/mujeres encarcelados por cada 100.000 habitantes hombres/mujeres.
10. Contra el Honor 3 1 4 II 1 12 9 9 19 19
12. Contra la Prop, 13.903 718 14.621 13.793 717 14.510 13.317 845 14162 13.361 904 14.265
EVOLUCIÓN TRIMESTRAL DE LA POBLACIÓN RECLUSA, POR SEXO - - " - -^'" " 7
13, Contra Est. Civil 3 3 3 3 6 6 7
(Datos a fin de cada trimestre y variaciones en relación con el final del trimestre anterior) 14. Resto de Delitos 76 1 77 75 1 76 58 5 63 136 I 137
15. Faltas 42 5 57 63 4 67 46 3 49 53 5 58
Primer
trimestre
Segundo
trimestre
Tercer
trimestre
Cuarto
trimestre
Variación
2° trimest.
% Variación
3. trimest.
% Variación
4° trimest.
% 10 302 154 26 180 27 23 230 202 12 214
16. No consta delito 292
Hombres 34.995 36.082 35.988 35.886 1.087 -94 -0,3 -102 -0,3 24.025 2.016 26.041 25.123 2.074 27197 24197 2.243 27.071 25.235 2.386 27.621
3,1 17. Total
Mujeres 3.443 3.613 3.796 3.754 180 5,2 183 5,1 -42 -1,1 I- -
Total 38.428 39.695 39.695 39.640 1.267 3,3 89 0,2 -144 -0,4 '^ n u
t-in ' - 'U
'',
.'"' «SIM í>*3. Í?Í; ÍH •».«• ^ OS ^ í " £ ¥ « í isti i s i «ut XA^ jmv¿:
DISTRIBUCIÓN TRIMESTRAL DE LA POBUCIÓN RECLUSA POR SEXO, SEGÚN SITUACIÓN PROCESAL-PENAL f
_,
, • tí f
-¡^—I—
1 h
1 n
Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre Cuarto trimestre
ifombres Mujeres Totai Mujeres Total r s, '«* 1 - t W'
Hombres Hombres Mujeres Totai Hombres Mujeres Totai
Preventivos i 0.703 i.400 12.103 10.199 1.520 ¡2.199 i 0.868 1.535 12.403 iO.346 i.343 i i.699
1
~
Penados 24.025 2.016 26.04 i 25.123 2.074 27.197 24.828 2.243 27.071 25.25 2.336 27.62 i
internados
judiciales 267 17 234 280 19 299 292 18 310 305 15 320 £?S
Total 34.995 3.433 38.428 36.082 3.6Í3 39.695 35.983 3.796 39.734 35.886 3.754 39.640
1344 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1345
EVOLUCIÓN TRIMESTRAL DE LA POBLACIÓN RECLUSA POR TIPOS DE DELITOS; SEGÚN SEXO. PREVENTIVOS (1993) TIPOLOGÍA DELICTIVA DE U POBLACIÓN INTERNA PENADA POR GRUPOS DE EDAD. HOMBRES. PORCENTAJES
VERTICALES (Datos a 31-12-93)
Primer t r i m e s t r e Segundo t r i m e s t r e Tercer t r i m e s t r e Cuarto trimestre
Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 16-20
% 21-25 % 26-30 % 31-40 % 41-60 % +60 % Total %
1. Seg. Exterior - 2 2 2 1 3 1 - 1 • - 1. Seg. Exterior 0,0 0,0 0.0 1 0,0 0,0 0,0 1 0,0
317 39 359 282 33 315 253 35 288 239 35 274 2. Seg. Interior 3 0,3 79 1,3 199 2.5 329 4,5 95 3,6 3
2. Seg. Interior 1,6 708 2,8
3. Falsedades 1 0,1 34 0.6 33 0,4 58 0,8 30 1,1 3 1,6 159 0,6
3 . Falsedades 46 5 51 65 5 70 82 7 89 62 2 64
4. Contra Adm. Jus. 1 0.1 16 0,3 29 0,4 22 0.3 5 0,2 0,0 73
2 18 13 2 15 8 2 10 4 1 0,3
4 . Contra A d m . Jus. 16 5
5, Contra Segu. Traf. 0,0 26 0,4 19 0,2 4 0.1 S 0,2 0,0 54 0,2
5. Contra Segu. Traf. 12 15 56 1 57 20 1 21 16 16
6. Contra Salud Pub. 260 27,3 1.371 22,2 2.377 30,0 2.259 30,7 816 31,2 65 34,2 7.148 28,3
6. Contra Salud Pub. 3.414 753 4.167 3.531 816 4.347 3.801 847 4.648 3.453 679 4132
7. Funcionarios Pub. 0,0 0,0 1 0,0 9 0,1 2 0,1 1 0,5 13 0,1
7. Funcionarios Pub. 1 1 3 3 1 1 8. Contra las Pers. 54 5,7 420 6,8 541 6,8 685 9,3 345 13,2 44 23,2 2.089 8,3
8. Contra las Pers. 676 46 722 684 57 741 722 61 783 724 55 779 9. Contra Lib. Sexual 47 4,9 171 2,8 353 S.l 142 5,4 11 5,8 1.100 4,4
324 i 325 276 3 279 361 3 364 335 1 336 10. Contra el Honor 3 0,3 4 0.1 1 0,0 5 0,1 5 0,2 1 0,5 19
9. Contra Lib. Sexual 0.1
11. Contra la Libert. 1 0,1 12 0,2 40 0,S 43 0,6 15 0,6 1 0.5 112 0,4
10. Contra el Honor 1 1 1 1 1 1 3 3
12. Contra la Prop. S7S 60,4 3.927 63,6 4.219 53,2 3.484 47,3 1.101 42,1 55 28,9 13.361 52,9
II. Contra la Libert. 33 9 42 34 8 42 30 12 42 28 II 39
13. Contra Est. Civil 0,0 2 0,0 2 0,0 0,0 0.0 7 0,0
12. Contra la Prop. 4.438 398 4.836 4.362 444 4.806 4.194 441 .4.635 4.211 426 4.637
14. Resto de Delitos 0,0 47 0,8 60 0,8 23 0,3 é 0,2 0,0 136 0,5
13. Contra Est. Civil 2 2 3 3 - 15. Faltas 0,0 31 0,5 9 0.1 9 0,1 4 0,2 0,0 53 0,2
14. Resto de Delitos 54 6 60 31 7 38 27 8 35 43 8 51 [6. No consta delito 7 0,7 S9 42 6
38 0,6 50 0,6 0.8 1,6 3,2 2,2 0,8
15. Faltas 2 2 8 8 4 1 5 9 9 17. Total 9S2 100 6.178 100 7.933 100 7.369 100 2.613 loo 190 100 25.235 loo
16. No consta delito 1.367 139 1.506 1.328 143 1.471 1.364 117 1.481 1.218 135 1.353
17. Total 10.703 1.400 12.103 10.679 1.520 12.199 10.368 1.535 12.403 10.346 1.353 11.699
iiA í^bebintt^
I . Seg. Exterior 5 •
12
- 12 • 2 -
2. Seg. Interior 1.060 22 1.063 28 1.095 23 1.027 31
Primer t r i m e s t r e Segundo t r i m e s t r e Tercer t r i m e s t r e Cuarto t r i m e s t r e
3. Falsedades 163 10 227 27 237 28 207 25
Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total
1. Seg. Exterior
4. Contra Adm. Jus. 66 - 115 2 70 2 80 6
- -
•
175 203 68
5. Contra Segu. Traf. 2 70 1
2. Seg. Interior 17 17 20 20 20 1 21 26 1 27
4.357 7.945 2.246
6. Contra Salud Pub. 6.792 2.922 193
-
2.919 211
3. Falsedades 1 1
15. Faltas
Preventivos 10.947 24,099% 1985, Octubre 2824 100,00 161 100,00 391 100,00 59 100,00
Penados 32.849 75% 1993, Abril 5433 192,39 484 300,62 316 80,82 28 47,46
43.796 1993, Julio 5549 196,49 531 329,81 307 78,52 27 45,76
TOTAL
1993, Octubre 5468 193,63 530 329,19 275 70,33 28 47,46
1994, Enero 5586 197,80 557 345,96 270 69,05 23 38,98
4- : t •' -5-1 1994, Abril 5935 210,16 601 373,29 266 68,03 25 42,37
r ir I Aiq < ÍHf 0,M írt.t
» +ÍMit- J , ^ - , - íV 1994, Julio 5990 212,11 572 355,28 268 68,54 30 50,85
POBLACIÓN RECLUSA ESPAÑOLA SEGÚN SEXO •
—T
. 0> I t '
1994, Octubre 5867 207,75 567 352,17 253 64,71 18 30,51
1995, Enero 5837 206,69 565 350,93 245 62,66 15 25,42
Hombres 39.722 90,69%
1995, Abril 5964 211,19 568 352,80 239 61,13 20 33,90
Mujeres 4.074 9,30%
1995, Julio 5919 209,60 555 344,72 221 56,52 23 38,98
TOTAL 43.796
1995, Octubre 5678 201,06 524 325,47 225 57,54 18 30,51
1996, Enero 5590 197,95 524 325,47 208 53,20 22 37,29
8.1
1996, Abril 5744 203,40 531 329,81 225 57,54 23 38,98
ii,C \í
1996, Julio 5525 195,64 512 318,01 217 55,50 23 38,98
!' POBLACIÓN RECLUSA POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS
1996, Octubre 5264 186,40 489 303,73 231 59,08 18 30,51
1997, Enero 5282 187,04 461 286,34 229 58,57 16 27,12
Comunidades Autónomas Total preventivos Total penados Total general
1997, Abril 5401 191,25 496 308,07 233 59,59 17 28,81
Andalucía 3.057 6.016 9.073
1997, Julio 5422 192,00 479 297,52 210 53,71 II 18,64
Aragó n 123 942 1.065 1997, Octubre 5345 189,27 295,03 202
475 51,66 8 13,56
DATOS DE U POBLACIÓN RECLUSA (VALORES ABSOLUTOS) POBLACIÓN RECLUSA EXTRANJERA, POR SEXO A 31 - 1 2 - 1 9 9 8
Sexo Total
AÑO 1998 Hombres *''^..':^ 7.130
Mujeres 720
DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN RECLUSA POR SEXO (31 - 1 2 - 1 9 9 8 )
Total 7.850
POBLACIÓN RECLUSA PENADA POR GRUPOS DE EDAD, SEGÚN SEXO Galicia 1.928 172 2.100
_ ;"" i Total Nacional a 31 -12-1998 " _ .J. Í:^ La Rioja 296 22 318
Madrid 5.171 817 5.988
Edad Hombres Mujeres Total
Murcia 714 57 771
16-20 1.240 68 1.308
Navarra 185 3 188
21-25 5.867 748 6.615
País Vasco 989 90 1079
26-30 8.916 913 9.829
Valencia 3.802 426 4.228
31-40 9.713 786 10.499
Ceuta 226 23 249
41-60 3.893 365 4.258
Malilla 263 II 274
+60 38! 4! 422
Total 40.404 3.966 44.370
TOTAL 30.010 2.921 32.93!
I No se incluye un tránsito al no facilitarse técnicamente la variable sexo.
REINCIDENCIA
Población reclusa penada según reincidencia, por sexo (31 - 1 2 - 1 9 9 8 )
TIPOLOGÍA DELICTIVA DE LA POBUCIÓN RECLUSA PENADA TIPOLOGÍA DELICTIVA DE LA POBLACIÓN RECLUSA PENADA
CÓDIGO PENAL DEROGADO (31 - 1 2 - 1 9 9 8 ) LEY ORGÁNICA 10/1995, de 23 de noviembre, del CÓDIGO PENAL ( 3 l - l 2 - 1 9 9 8 )
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1352 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1353
ANO 1999 POBUCIÓN RECLUSA PENADA POR GRUPOS DE EDAD, SEGÚN SEXO
Total Nacional a 31 - 1 2 - 1 9 9 9
Preventivos 9.118 955 10.073 DISTRIBUCIÓN POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS DE LA POBUCIÓN RECLUSA A 31 - 1 2 - 1 9 9 9
Sexo Total
Hombres 7.196
Mujeres 704
Total 7.900
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1354 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1355
TIPOLOGÍA DELICTIVA DE U POBLACIÓN RECLÜSA PENADA. TIPOLOGÍA DELICTIVA DE LA POBUCIÓN RECLUSA PENADA
CÓDIGO PENAL DEROGADO (31 -12-1999) LEY ORGÁNICA 10/1995, de 23 de noviembre, del CÓDIGO PENAL (31 -12-1999)
14. Resto de delitos 122 14. Deber de prestación del servicio militar 1
TOTAL 20.521
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1356 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1357
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POBLACIÓN RECLUSA SEGÚN GRADO DE TRATAMIENTO
POBUCIÓN RECLUSA EXTRANJERA, POR SEXO A 3 1 - 1 2 - 2 0 0 0
DISTRIBUCIÓN POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS DE LA POBLACIÓN RECLUSA A 31 - 1 2 - 2 0 0 0 TIPOLOGÍA DELICTIVA DE U POBLACIÓN RECLUSA PENADA.
CÓDIGO PENAL DEROGADO ( 3 1 - 1 2 - 2 0 0 0 )
HOMBRES MUJERES TOTAL
Andalucía 9.345 899 10244 DELITOS Total Nacional
Aragón 1.107 23 1130 1. Seguridad exterior 6
Asturias 947 96 1043 2. Seguridad interior 397
Baleares 949 3. Falsedades
107 1056 71
Canarias 2.474 4. Contra Administración de Justicia
218 2692 23
Cantabria 659 5. Contra seguridad del tráfico
17 676 II
Castilla-La Mancha 1.778 6. Contra la salud pública
13 1791 2.149
Castilla y León 3,339 307 3646 7. Funcionarios públicos 33
Cataluña' 5.694 397 6091 8. Contra las personas 895
Extremadura 838 38 876 9. Contra la libertad sexual 606
Galicia 2.135 176 2311 lO.Contrael honor 36
La Rioja 298 20 318 11 .Contra la libertad 85
Madrid 5.585 793 6378 l2.Contra la propiedad 4.418
Murcia 744 58 802 13. Contra el estado civil 0
Navarra 182 7 189 14. Resto de delitos 66
País Vasco 987 82 1069 15. Por faltas 0
Valencia 3.802 359 4161 16. No consta delito 30
Ceuta 272 29 301 TOTAL 8.826
Melilla 316 14 330
Total
41451 3653 45104
' No se incluye un interno tránsito al no establecerse su desglose por las variables de sexo y situación personal penal
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1360 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1361
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POBUCIÓN RECLUSA PENADA POR GRUPOS DE EDAD, SEGÚN SEXO,m .noiziiíj IB
Total Nacional a 31 - 1 2 - 2 0 0 0
POBLACIÓN RECLUSA PREVENTIVA POR GRUPOS DE EDAD, SEGÚN SEXO DISTRIBUCIÓN POR COMUNIDADES AUTÓNOMAS DE LA POBLACIÓN RECLUSA A 31 - 1 2 - 2 0 0 1
Total Nacional a 31 - 1 2 - 2 0 0 2
HOMBRES MUJERES TOTAL
Edad Hombres Mujeres Total 10.178 960 11.138
Andalucía
18-20 623 46 669 Aragón 1.282 31 1.313
21-25 1.921 178 2.099 1.053 83 1.136
Asturias
26-30 2.419 198 2.617 Baleares 985 106 1.091
31-40 2.724 263 2.987 Canarias 2.526 228 2.754
41-60 1.455 163 1.618 Cantabria 613 12 625
+60 135 16 151 Castilla -La Mancha 1.767 26 1.793
TOTAL 9.277 864 10.14! Castilla y León 3.770 296 4.066
Cataluña 5.988 452 6.440
m i TO REINCIDENCIA
Extremadura 895 44 939
Población reclusa penada según reincidencia, por sexo (31 - 1 2 - 2 0 0 1 ) ^
Galicia 2.351 177 2.528
Reincidencia Hombres Mujeres Total La Rioja 292 18 310
Primarios 12.615 1.305 13.920 Madrid 5.780 897 6.677
Reincidentes 20.840 1.676 22.516 Murcia 672 58 730
TOTAL 33.45S 2.981 36.436 Navarra 154 13 167
País Vasco 961 72 1.033
POBLACIÓN RECLUSA EXTRANJERA, POR SEXO A 3 1 - 1 2 - 2 0 0 1 Valenciana 3.873 393 4.266
M8.E m. i ha>
La Distinción entre primarios y reincidentes está referida a los testimonios de sentencia en los que se aprecian, por los
Tribunales, la agravante 8* del artículo 22 del Código Penal por nuevas causas (Reincidencia Jurídica). El concepto que
mide la reincidencia empírica que es el que se maneja en las estadísticas europeas es el que está referido a nuevos ingresos
en prisión, siendo este nivel de reincidencia muy inferior al de la reincidencia jurídica.
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1364 ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA TRATADO DE CRIMINOLOGÍA 1365
TIPOLOGÍA DELICTIVA DE U POBLACIÓN RECLUSA PENADA. TIPOLOGÍA DELICTIVA DE U POBLACIÓN RECLUSA PENADA
CÓDIGO PENAL DEROGADO (31 - 1 2 - 2 0 0 1 ) LEY ORGÁNICA 10/1995, de 23 de noviembre, del CÓDIGO PENAL ( 3 1 - 1 2 - 2 0 0 1 )
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Barcelona, 1978 (Bosch), 406 páginas. »«i3fW?«s^st #íí(tóÉ«pff i-lí
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_jt»fob;, Madrid, 1984 (Edersa), 309 páginas. >f' -í '• ' '•
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ojiisb/aJií^ Madrid, 1988 (Espasa Calpe), 740 páginas. , -;.
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nes de la Universidad Complutense), 443 páginas; 2- edición, 2000
(517 páginas), 3- Ed. (en prensa).
6. Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos para
juristas. Tirant lo Blanch, 1996 (3- edición, 333 páginas); 4- edición,
2001. Obra publicada en Brasil: «Criminología. Una Introdufao a
OW seus fundamentos teóricos», Sao Paulo, 1992 (1^ edición). Traducida
por Luiz Flavio Gomes; 2- edición, actualizada y ampliada, 1997
-oí (517 páginas) 3-Ed., Sao Paulo, 2000; 4- Ed., Revista dos Tribunais,
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1368
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VI. 1, págs. 25 a 43.
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3. El Derecho Penal Político de nuevo cuño: sus presupuestos y directrices En: Revista de la F a c u l t a d de Derecho de la Universidad
pl) .En: Cuadernos de Política Criminal, 1977, núm. 2, págs. 51 a 66. Complutense, Madrid, 1986, núm. 11 (monográfico en memoria de
D. Luis Jiménez de Asúa), págs. 325 a 346. raoie^y :ms>ms^xei
5. Sobre la figura del delito de maquinaciones para alterar los precios
(naturales) de las cosas""'^ =^"^' "^"' «w"«ra«o««í 20. Explicaciones estructural-funcionalistas del delito
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a 467, ambos inclusive, del Código Penal. 36. Directrices criminológicas y político-criminales del «Código Penal»
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28. La función de la «víctima» en el Estado social de Derecho: víctima. (En prensa)
Criminología, Política Criminal y Política Social 37. El principio de intervención mínima del Derecho Penal como límite
P'^ En: Revista de Derecho Penal y Criminología. Universidad del del «ius puniendi».
[ Externado. Colombia, 1992 (Enero-Abril), págs. 55 a 81 (núm. 46, ¡ En: Estudios penales y jurídico en homenaje al Profesor Casas
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i.o,t La Laguna, 1992, págs. 69 a 94.
38. La responsabilidad civil derivada del delito y su controvertida
2 9 . El actual momento de la reflexión criminológica • ^^^'^'^^'X ^' '^'**' naturaleza, en: De las penas. Libro Homenaje al Profesor Isidoro de
r En: Revista dos Tribunais (Revista brasileira de Ciéncis Crimináis), Benedetti. Depalma (1997) págs. 241 a 253.
p ; 1992, págs. 7 a 22. -,^¡^^ .BüríGvyn^.i:ríeq :<a;hifSm s 5 m á í f m ^ i m '•"
1372
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