Tema 10. Franquismo
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HISTORIA DE ESPAÑA 2º BACHILLERATO
familias y tendencias y enfrentarlas para contrarrestar su influencia, con el fin de que así nadie
acaparara tanto poder que hiciera cuestionar el suyo propio.
a. La Iglesia: Franco era un ferviente católico y la Iglesia tuvo un papel relevante durante la
Guerra Civil, ayudando a presentarla como una “cruzada” en defensa de la religión
católica. Su influencia resultó determinante para el franquismo y, a cambio de su apoyo,
la Iglesia gozó de privilegios: tuvo una gran autonomía, obtuvo beneficios económicos y
una gran influencia en el sistema educativo, la cultura, la moral y las costumbres de la
población. Además, algunas organizaciones católicas como la Asociación Católica Nacional
de Propagandistas y el Opus Dei suministraron dirigentes del gobierno. A raíz del Concilio
Vaticano II en los años 60, se produjo un distanciamiento entre la Iglesia y la dictadura.
b. La Falange: el partido único, FET de las JONS (Falange Española Tradicionalista de las
JONS, o simplemente, el Movimiento Nacional), tuvo gran protagonismo durante la
dictadura franquista, ayudando a controlar la sociedad española y ocupando cargos en el
gobierno y la administración. Fue perdiendo poder progresivamente y sus miembros se
acabaron convirtiendo en un aparato burocrático. Dentro de este partido coexistieron
distintas tendencias políticas:
- Los falangistas: constituyeron el sector mayoritario, aunque tuvieron que renunciar a
parte de los ideales de su fundador José Antonio Primo de Rivera.
- Los carlistas: formaban un sector minoritario partidario de una monarquía
tradicionalista, con una ideología derivada de las ideas del carlismo y arraigada en las
raíces históricas a menudo adulteradas (la Reconquista, el Imperio, los Reyes Católicos,
de donde tomaron las flechas y el yugo para incorporarlas al escudo imperial…).
- Los monárquicos: constituyeron un sector opositor, partidario de la reinstauración de la
monarquía y la vuelta de los Borbones en la figura de Don Juan (hijo de Alfonso XIII).
c. El Ejército: era la base del régimen, puesto que Franco era militar y el ejército fue el
protagonista de su triunfo en la Guerra Civil. Los militares tuvieron gran protagonismo
durante la dictadura franquista, ocupando importantes cargos en el gobierno y la
administración, aunque también contó con oposición dentro del ejército, protagonizada
por generales contrarios a su excesivo poder, como Queipo de Llano.
Además de estas tres “familias del Franquismo”, el régimen contó con otros apoyos: las clases altas,
formadas por terratenientes y empresarios que recuperaron la influencia económica, social y política
perdida durante la II República; las clases medias, las cuales formaban un grupo conservador que
deseaba paz ante todo; los grupos urbanos, beneficiados por las depuraciones de funcionarios,
maestros, universitarios y militares republicanos; y la mayor parte de los sectores populares, quienes
adoptaron una actitud de pasividad política como resultado de la represión sistemática, el miedo a
ser delatados y la miseria generalizada al considerarse perdedores de la guerra.
1.3. El Estado franquista
La organización política del Estado franquista se basada en el poder total y absoluto de Franco: el
poder ejecutivo estaba representado por el gobierno presidido por Franco y formado por los
ministros nombrados por él; el poder legislativo recaía en las Cortes, un “parlamento sin
democracia” con diputados escogidos por Franco; el poder judicial estaba representado por los
tribunales de justicia, con jueces que dependían del dictador.
El Estado franquista ejercía un férreo control sobre la población a todos los niveles, buscando
transmitir e inculcar la ideología del régimen. Los medios de comunicación eran controlados por el
Estado (RNE, TVE…), la cultura estaba sometida a una estricta censura, la educación estaba
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controlada mediante asignaturas como Formación del Espíritu Nacional o el Sindicato Español
Universitario (SEU), los trabajadores eran controlados mediante el sindicato vertical único
denominado Organización Sindical Española (OSE), las mujeres por la Sección Femenina, los jóvenes
por el Frente de Juventudes y la oposición era controlada mediante la Policía Armada (los “grises”) y
la Guardia Civil.
2. Leyes Fundamentales
La dictadura franquista pretendió dar una imagen de legalidad con la promulgación de una serie de
Leyes Fundamentales:
- Fuero del Trabajo (1938): reguló la organización laboral, prohibiendo las huelgas y creando
un sindicato vertical único controlado por el Estado: la Organización Sindical Española (OSE).
- Ley Constitutiva de las Cortes (1942): reguló la representación popular, creando unas cortes
simbólicas con escasas funciones y miembros escogidos por el propio Franco.
- Fuero de los Españoles (1945): era una especie de declaración de derechos con la que se
trataba de homologar el régimen franquista a las democracias occidentales. En él, se definía
el país como un “Estado católico, social y de derecho”, sentando las bases del
nacionalcatolicismo. Reguló los derechos y deberes de los ciudadanos, los cuales quedaron
muy limitados, pudiendo ser temporalmente suspendidos por el gobierno.
- Ley de Referéndum Nacional (1945): reguló la celebración de algunas votaciones, creando
un sistema de falsa democracia orgánica.
- Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (1947): reguló la jefatura del Estado, estableciendo
a España como un “reino sin rey” y dando un poder vitalicio a Franco, con capacidad para
nombrar a su sucesor.
- Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958): reguló la ideología del régimen, basada
en una mezcla de ideas falangistas, nacionalistas y católicas.
- Ley Orgánica del Estado (1966): reguló definitivamente la organización del régimen,
integrando muchas de las medidas introducidas en leyes anteriores.
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los organismos internacionales relacionados con la ONU. Franco solo contaba con el apoyo oficial de
dos regímenes profascistas: Portugal y Argentina.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la situación internacional cambió y se pasó de la lucha contra el
fascismo a la Guerra Fría contra el comunismo. Para el bloque capitalista, encabezado por Estados
Unidos, el hecho de que el régimen de Franco fuera heredero del fascismo quedó relegado a un
segundo plano, anteponiendo su carácter anticomunista y el valor estratégico militar de la Península
Ibérica. Como consecuencia, la ONU anuló el bloqueo contra España y se inició un periodo de
apertura del régimen. Así, en 1953 se firmó el Concordato con el Vaticano, por el que el Estado hacía
a la Iglesia enormes concesiones económicas, patrimoniales y educativas a cambio de su apoyo al
régimen. En 1953 se firmaron los Pactos de Madrid, una serie de tratados con EE.UU. por el que se
permitía el establecimiento de bases norteamericanas en España en Rota, Morón, Zaragoza y
Torrejón como piezas del dispositivo bélico norteamericano contra la URSS, a cambio de ayuda
económica para España (Plan Marshall). Finalmente, en 1955 se produjo la admisión de España en
la ONU, así como en otros de sus organismos como la FAO y la UNESCO. A nivel exterior, España tuvo
que afrontar la independencia de Marruecos en 1956, como parte del proceso de descolonización a
nivel mundial.
Un objetivo prioritario de Franco era la creación de un nuevo Estado. Durante los años 40 se llevó a
cabo la construcción y consolidación del régimen fascista. En el afán de ganarse el apoyo de las
democracias occidentales, vencedoras de la guerra mundial, la propaganda franquista empezó a
calificar al nuevo régimen como democracia orgánica y elaboró un conjunto de Leyes Fundamentales
para proporcionar una imagen de Estado democrático que ocultara la verdadera naturaleza
dictatorial del régimen. Al mismo tiempo, para reforzar la nueva imagen de Estado católico se relegó
en parte a los falangistas para dar un mayor protagonismo político a miembros de la Asociación
Católica Nacional de Propagandistas.
En el plano económico, España era un país arruinado tras la Guerra Civil y el hambre y la extrema
necesidad eran la realidad de gran parte de la población. La postura económica de Franco y de los
políticos del momento era la autarquía, que se fundamentaba en que los precios de los productos y
de los factores productivos debían fijarse al margen del mercado, manteniendo un mínimo contacto
económico con el exterior. El objetivo era una rápida industrialización de España, dirigida desde el
poder y apoyada en un rígido intervencionismo del Estado en todos los aspectos de la economía,
mediante la creación del Instituto Nacional de Industria (INI). No obstante, la autarquía fue un
fracaso, la producción industrial apenas aumentó, se optó por el sistema de racionamiento de
alimentos hasta 1952 debido a la insuficiente producción agraria, la renta per cápita no recuperó los
niveles anteriores a la guerra y se propició la aparición de todo tipo de prácticas fraudulentas y de
un mercado negro. En los años cincuenta, finalizado el aislamiento internacional, la economía se fue
abriendo poco a poco al exterior.
En lo que respecta al ámbito social, comenzó un trasvase de población del campo a la ciudad, sobre
todo en los años cincuenta. España seguía siendo un país atrasado y esencialmente agrario, cuya
estructura social se caracterizaba por una escasa clase media y la polarización de la sociedad en dos
grandes grupos: una reducida y rica oligarquía agraria, industrial y financiera frente a la mayoría de
la población rural y urbana, con un bajísimo nivel de renta. Por su parte, durante la posguerra se
prolongó el espíritu de revancha de los vencedores, imponiendo una concepción basada en la
intolerancia religiosa y la disciplina militar. Así se fue configurando una mentalidad
ultraconservadora, caracterizada por una división estricta de funciones según el sexo, una estricta
moral católica y una obediencia ciega a cualquier jerarquía.
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entre las distintas familias del régimen, unido a la cada vez más creciente oposición; y la crisis
económica, que aparecerá en 1973 como resultado de la crisis del petróleo.
En el ámbito político, en junio de 1973, Franco formó un nuevo gobierno presidido por el almirante
Carrero Blanco, quien había permanecido a su lado en las tareas de gobierno desde 1940. Era la
primera vez que se diferenciaban los cargos de jefe del Estado y presidente del gobierno. Carrero
Blanco representaba el continuismo del régimen como una monarquía autoritaria para después de
la muerte de Franco. Sin embargo, estos planes fueron cortados de raíz cuando el 20 de diciembre
de 1973 Carrero Blanco muere como víctima de un atentado de ETA. Desaparecía así la posibilidad
de pervivencia del franquismo después de Franco.
El nuevo presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, anunció su voluntad de emprender una
liberalización del régimen, con medidas como la regulación del derecho de asociación política. El
denominado “espíritu del 12 de febrero” provocó una división del bloque franquista en dos grupos
rivales: los “aperturistas” (liderados por Manuel Fraga, eran partidarios de tímidas reformas desde
dentro) y el “búnker” (liderados por Blas Piñar, eran el sector más intransigente, partidarios de
mantener intacto el régimen dictatorial). Estos últimos fueron imponiendo sus posturas y la
represión volvió a tomar fuerza.
España tuvo que afrontar la pérdida de los restos del imperio colonial español. En décadas
anteriores perdieron las posesiones de Ifni y Guinea Ecuatorial y, por último, hubo que hacer frente
a la independencia del Sáhara Occidental, que fue ocupado por Marruecos tras la organización de la
Marcha Verde (1975), ante la oposición del Frente Polisario, que reclamaba Sáhara independiente.
Al tiempo que se agravaba la enfermedad de Franco, aumentó el clima de inestabilidad política: a
la creciente protesta ciudadana (manifestaciones callejeras, huelgas…) le seguía una represión cada
vez más desproporcionada (brutalidad de la policía contra los manifestantes, torturas…). Ante la
escalada de atentados de los grupos terroristas, el régimen quiso hacer una demostración de fuerza
promulgando una nueva Ley Antiterrorista (1975) en virtud de la cual Franco firmó 5 penas de muerte
a pesar de las peticiones de clemencia y las protestas internacionales.
El contexto internacional estuvo marcado por el desarrollo de revoluciones democráticas en países
como Grecia y Portugal y por la crisis económica a partir de 1973, provocada por la subida del precio
del petróleo, lo que repercutió negativamente en la balanza de pagos debido a la dependencia
energética del exterior. La economía española entró en una aguda fase de depresión cuyos signos
más evidentes eran el retorno de emigrantes y el aumento del paro y la inflación. La confluencia de
estas crisis, unidas a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, constituirá el contexto
propicio para la transición española hacia la democracia.
4. Oposición social y política al franquismo
El régimen franquista inició una dura represión hacia los opositores del régimen a través de la
depuración de funcionarios, la expulsión de sus trabajos a los oponentes políticos, los
encarcelamientos masivos, fusilamientos y tortura, entre otros.
Entre los opositores al régimen destacaron los monárquicos, quienes creían que tras la guerra Franco
devolvería la Corona a la Familia Real. No sería hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial
cuando se dieron cuenta de que no estaba en la mente del dictador tal retorno, por lo que muchos
militares monárquicos le pidieron a Franco que cediera el poder a don Juan de Borbón, lo cual supuso
el alejamiento del poder de algunos generales y la ruptura de las relaciones de Franco con el
aspirante al trono, quien mediante el Manifiesto de Lausana (1945) criticaba el Franquismo y
defendía la vuelta a la monarquía borbónica.
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El gobierno republicano continuó en el exilio, con Diego Martínez Barrio al frente, aunque se vio
debilitado por grandes divisiones internas. Por su parte, los maquis, grupos armados de republicanos
españoles procedentes de Francia, se infiltraron en España donde combatieron en zonas montañosas
tratando de acabar con el régimen.
La oposición social adquirió un protagonismo creciente dentro de España, manifestada en distintos
sectores. El movimiento obrero creció como resultado del desarrollo industrial español, destacando
la creación del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.) en 1964, de corte comunista, el cual fue
duramente reprimido por el gobierno y sus líderes fueron encarcelados. El movimiento estudiantil,
convirtió las universidades en un foco permanente de oposición al franquismo. El movimiento
vecinal se manifestó contra los planes urbanísticos, la falta de transporte o la carestía de la vida. Por
último, la Iglesia católica, tras el Concilio Vaticano II en los años 60 contribuyó a una profunda
renovación de la Iglesia española y abandonó el nacionalcatolicismo, lo que derivó en tensiones entre
la jerarquía eclesiástica y el régimen.
Los partidos políticos y organizaciones también protagonizaron la oposición al franquismo desde el
exilio o en la clandestinidad en el interior. El Partido Comunista de España (PCE) fue de los más
activos, pero también de los que más sufrió la represión. El PSOE estaba dividido internamente y
comenzó a reorganizarse de la mano de Felipe González, mientras que Tierno Galván fundó su propio
partido, el Partido Socialista del Interior. Socialistas y comunistas se organizaron al final de la
dictadura en la Junta Democrática de España del PCE y en la Plataforma de Convergencia
Democrática.
La abolición de los Estatutos de Autonomía, la imposición de la lengua castellana como “idioma
español” y la presión centralista ejercida por Madrid reavivaron los nacionalismos. Desde 1966 en el
País Vasco se constituyó la organización terrorista ETA y las fuerzas políticas nacionalistas, tanto en
el País Vasco como en Cataluña y Galicia, permanecieron siempre en clara oposición al régimen.
También surgieron grupos radicales de orientación marxista-leninista que combatían la dictadura
mediante la violencia como el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) y el GRAPO
(Grupo de Resistencia Armada de Primero de Octubre).
Muchos de estos opositores al franquismo se reunieron en el IV Congreso del Movimiento Europeo
celebrado en Múnich en 1962, donde defendieron los siguientes puntos: democracia, partidos
políticos, sindicatos, Constitución y libertades regionales. La respuesta de Franco ante el congreso
fue desmesurada: suspendió el Fuero de los Españoles y la prensa desató una campaña contra los
asistentes que optaron por el confinamiento en Canarias o la emigración.
Conclusión
El final de la Guerra Civil no supuso el fin de la violencia política ni la vuelta a la normalidad, sino la
instauración de un régimen dictatorial liderado por Franco que duraría casi cuarenta años. A su
muerte el 20 de noviembre de 1975, Franco dejaba tras de sí un régimen en profunda crisis: al duro
enfrentamiento entre aperturistas y continuistas se le unía la acción terrorista antifranquista, la
inestabilidad social y la actividad de los partidos de izquierda en la clandestinidad. Dos días más tarde
era coronado don Juan Carlos I como rey de España. La sensación de inseguridad y de incertidumbre
respecto al futuro político y al relevo del poder eran muy grandes. Sin embargo, en poco tiempo y
contra todo pronóstico, se conseguiría desmantelar (desde dentro y mediante cambios progresivos)
la legalidad y las instituciones franquistas, hasta anularlas por completo en el proceso de transición
a la democracia, gracias al espíritu pacífico y de consenso que caracterizó esta etapa.