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RECOMENDACIONES PARA AFRONTAR SITUACIONES DE DESREGULACIÓN DE LA CONDUCTA
(Crisis de ansiedad catastrófica)
Ayudar a calmarlo No es momento de realizar reproches o dar largos discursos. Tener en cuenta que el niño/a no puede escuchar ni entender en ese momento, está fuera de control. Las sanciones y puesta de límites se darán cuando el niño/a se haya calmado. No ignorar el episodio. Tenemos que utilizar toda nuestra capacidad de espera y contención afectiva para generar un clima de confianza y hacerle entender que estamos a su disposición para ayudarlo. Nunca dar la espalda. Acabar con la rabieta es un objetivo a corto plazo, pero lo más importante es convencerlo de que lo comprendemos y queremos ayudarlo a superar esa situación que le genera malestar y sufrimiento. Una de las formas de calmarlo/a es situarse en un espacio pequeño y tranquilo, con pocos estímulos sensoriales y si es necesario alejarnos un poco para que no se vea en la obligación de mirarnos. Cada niño /a tiene su forma particular de calmarse. Algunos necesitan balancearse y escuchar una voz suave y relajada. Otros necesitan que se les hable con una voz en tono medio. Aunque en ese momento no entiendan las palabras, si se le dice de una manera tranquila y pausada: “tranquilo, no pasa nada, ahora nos vamos a tranquilizar” y nos apartamos un poco para concederle espacio se sentirá más relajado. Otros necesitan que nos quedamos quietos y de vez en cuando le digamos “ya sé que te sentís mal, quédate tranquilo/a”. Si el niño/a intenta pegar es necesario contenerlo físicamente. Abrácelo con firmeza por detrás y sujételo suave y firme a la vez. Es muy importante garantizar su seguridad mientras sufre este episodio. Si el niño/a está muy angustiado porque se le ha negado algo , no se puede ceder inmediatamente, sino que se debe desplegar los mecanismos de negociación, conversación y compromiso antes de que se produzca la rabieta. En este caso hay que decir por ejemplo: “vamos a calmarnos, y después hablaremos de esto” El llanto, el grito o la queja no debe ser motivo de sanción, ya que estamos tratando de ayudar al niño/a con TGD a comunicarse y a saber expresar sus emociones. Sin embargo si los límites se sobrepasan se podrá aplicar una sanción, por ejemplo: juntar los elementos que tiró. Pero debemos tener en claro que el objetivo principal es ayudarlo/a a calmarse. Una vez que se calmó se aplicará una sanción: no dejarle realizar una actividad que le guste o indicarle que debe limpiar u ordenar lo que tiró, o no recibir una carita feliz , etc. El único castigo que no se debe imponer es el aislamiento. A veces se suele decir que los niños/as presentan una desregulación de su conducta repentina. Sin embargo la mayoría de los niños/as experimentan una ansiedad gradual , de modo de que si detectamos los síntomas de alerta , podremos ayudarle a regular su estado antes de que llegue a un extremos crítico. Los síntomas de alerta pueden ser sutiles (mandíbula tensa, mirada diferente, cambio de tono vocal, o algún síntoma corporal), o puede existir una situación que lo lleve directamente a padecer un episodio de estas características como perder en un juego, o que un compañero tenga el juguete que quiere, o el ruido excesivo del ambiente, un cambio de rutina, la ausencia de un maestro, etc. En ese caso advertirle con vos suave” me parece que te estás poniendo nervioso/a”, y se lo lleva a otra actividad más calmada, o se lo lleva a dar un pequeño paseo. Un ejemplo: si el niño/a está empeñado en ganar un juego podemos decirle: “ya sé que querés ganar” “¡qué podemos hacer para ganar?” , de esta manera le demostramos que comprendemos lo que le pasa. Si todavía no maneja la lógica del juego, se puede crear un juego imaginativo en el juego real y dejar muy claras las normas. Si el niño modifica las reglas para poder ganar, se puede hacer un chiste con la situación “así que no estamos jugando a meter un gol, sino a que vos ganas igual aunque la pelota se vaya para otro lado, pero yo tengo que meter la pelota en el arco para hacer un gol”. Así quedarán claras las normas y podrá darse cuenta que él/ella sólo quieren ganar. Otro ejemplo: el niño/a no para de correr y se está sobreestimulando. Se puede introducir un patrón rítmico más calmado para que te siga, como bailar al ritmo de una música o canción que cantes, o tirarle la pelota para que la devuelva. No considerar la desregulación de la conducta o rabieta cómo un comportamiento negativo, sino como un pedido de ayuda. El/la niño /a se siente nervioso y desequilibrado y lo único que puede hacer es gritar, golpear, o dar patadas. Los niños no poseen control ni entienden por qué tiene que hacer cosas que no quieren ni pueden hacer lo que quieren. Muchas rabietas se desencadenan cuando el niño/a se da cuenta que no pueden hacer lo que quieren , pero es importante que se le dé la oportunidad de decir o expresar su deseo y charlar sobre ese tema, qué querés esto o aquello, por qué, qué vas a hacer con ese objeto, y qué más… etc. Esto le permitirá hablar sobre lo que quiere y calmará su ansiedad. Aunque finalmente le digas que no, quizás después de hacer tal cosa, o haremos tal otra que va a hacer muy divertido. La desregulación de la conducta también puede deberse a : Sensibilidad a ciertos olores, texturas, ruidos intensos, luminosidad intensa. (niños hipersensibles). Cambios en su dieta (por concurrir a fiestas, con aporte de azucares en forma inusual, o comidas con muchos conservantes y sustancias químicas). El cambio de estaciones, por las consecuentes alergias que suelen sufrir. Cambios en sus rutinas. Medicamentos. Enfermedades producidos por virus o bacterias, anginas, etc. Cambios en la dinámica familiar, aunque sean sutiles como una visita de un familiar o la llegada de un hermanito, o padres con stress laboral, etc. Cambios en el entorno escolar ( si se alarga la jornada, o un cambio de docente, o ausencia del mismo, fiestas escolares. Existen actividades como saltar, dar un paseo corto, jugar a la pelota que pueden ayudar a equilibrar su estado de ánimo.
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