Suelo-1
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Suelo-1
Grupo: 206a
1 de febrero de 2025
Suelo.
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¿Qué es el suelo?
El suelo es la porción más superficial de la corteza terrestre, constituida en su mayoría
por residuos de roca provenientes de procesos erosivos y otras alteraciones físicas y
químicas, así como de materia orgánica fruto de la actividad biológica que se desarrolla
en la superficie.
El suelo es la porción más visible del planeta Tierra, en donde sembramos las
cosechas, edificamos nuestras casas y enterramos a nuestros muertos. Se trata de una
superficie sumamente variada y multiforme, sobre la cual se producen los fenómenos
climáticos como la lluvia, el viento, etc.
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orgánicas. El agua en el suelo se desplaza por capilaridad, dependiendo de lo
permeable del suelo, y trasporta numerosas sustancias de un nivel a otro.
● Gaseosos. El suelo presenta varios gases atmosféricos como el oxígeno (O 2)
y dióxido de carbono (CO2), pero dependiendo de la naturaleza del suelo
puede tener también presencia de hidrocarburos gaseosos como el metano
(CH4) y el óxido nitroso (N2O). Los gases del suelo son tremendamente
variados.
Tipos de suelos.
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Se llama suelo o tierra a la región más superficial de la corteza de nuestro planeta, la
única biológicamente activa, producto de la desintegración de las rocas y de la
acumulación de la materia orgánica. Se trata de una capa sometida a la acción de los
elementos climáticos y de la acción humana: es allí donde se siembra, se extraen
minerales y se edifican nuestras naciones.
Los suelos poseen una importancia vital, ya que en su seno se producen las
transformaciones de la energía y de la materia. Pueden considerarse como un recurso
fundamental y no renovable de nuestro planeta, especialmente cuando nos referimos a
suelos fértiles y cultivables. Los mismos no se encuentran uniformemente distribuidos
en el mundo, sino que varían de acuerdo a los accidentes geográficos y a las
condiciones climáticas.
Existen varios puntos de vista desde los cuales podemos clasificar los distintos suelos
que existen. Algunos de ellos, por ejemplo, atienden a las características físicas del
entorno, distinguiendo así entre suelos jóvenes, suelos delgados, suelos con depósitos
de agua o con acumulación de arcilla.
Sin embargo, la clasificación más importante es la que distingue entre los suelos
fijándose en su composición y estructura, o sea, en la manera en que están
conformados. Esta última clasificación distingue entre los tipos que se detallan a
continuación.
● Suelos arenosos
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comparación y son poco capaces de retener el agua, por lo que no resultan fértiles ni
aptos para el cultivo.
Aun así, algunas especies vegetales se han adaptado a la vida en ellos, mediante
recursos estratégicos para retener en sus cuerpos el agua disponible. Los suelos
arenosos son típicos de regiones costeras o desérticas.
● Suelos calizos
Se llaman calizos a aquellos suelos que poseen un alto contenido de sales calcáreas
(cales), típicos de lugares áridos y secos, ya que el agua normalmente hace fluir estos
componentes químicos y diluye su concentración.
Se trata de suelos de color blanco o parduzco, duros y fáciles de erosionar, que a pesar
de poseer una riqueza mineral relativa, son poco aptos para la agricultura y el cultivo.
Los suelos calizos son típicos de altiplanos montañosos, planicies áridas y tundras, o
sea, lugares en los que llueve esporádicamente, pero que cuando llueve, se inundan.
● Suelos humíferos
Los suelos humíferos son los más idóneos para el cultivo y la agricultura.
Los suelos humíferos son suelos de tierra negra u oscura, ya que son ricos en materia
orgánica en proceso de descomposición (humus). Por ese motivo retienen muy bien el
agua, y se consideran los más idóneos para el cultivo y la agricultura.
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● Suelos arcillosos
En general eso los hace poco propicios para el cultivo y la agricultura, pero a través de
una mezcla con humus y materia orgánica, pueden ser aprovechables para la siembra,
siempre que se controle el drenaje y la acidez. Estos suelos son propios de regiones
húmedas templadas.
● Suelos pedregosos
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Algunas especies vegetales salvajes están adaptadas a los suelos pedregosos.
Los suelos pedregosos están compuestos por rocas y fragmentos de rocas de gran y
variado tamaño, es decir, que son suelos reconocibles a simple vista como
acumulaciones de piedra.
Se trata de suelos complejos, con poca capacidad de retención del agua, cuyo manejo
exige retirar primero las piedras y muchas veces también una labor de nivelado, ya que
son típicos de regiones montañosas. No son buenos suelos para la agricultura, aunque
algunas especies vegetales salvajes están adaptadas a ellos.
● Suelos mixtos
Esta última categoría contiene los suelos que mezclan las propiedades de los suelos
arcillosos y arenosos, obteniendo así un tipo de suelo intermedio que goza de las
ventajas y desventajas de ambos casos.
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● Acrisoles. Otro tipo de suelo arcilloso, con saturación de bases inferior al
50%.
● Gleysoles. Suelos de presencia de agua constante o casi constante.
● Fluvisoles. Suelos jóvenes de depósitos fluviales, por lo general ricos en
calcio.
● Rendzina. Suelos ricos en materia orgánica sobre piedra caliza.
● Vertisoles. Suelos arcillosos y negros, ubicados cerca de escurrimientos y
pendientes rocosas.
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¿Que es la erosión?
Se llama erosión al desgaste que ejercen a lo largo del tiempo los distintos procesos
físicos de la superficie terrestre sobre los suelos, las rocas y los materiales que
pudieran ejercerles resistencia. Los principales agentes erosivos son el viento, el agua,
el hielo y los cambios de temperatura.
Por otro lado, la acción del viento o del agua puede producir monumentos naturales
interesantes: arcos naturales o formaciones rocosas peculiares, como las que existen
en el Salar de Uyuni, en Bolivia, o en el Valle de la Luna de San Juan, Argentina.
● Erosión eólica
La erosión eólica es producto de la acción continua del viento a lo largo de los años.
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Se llama así a la erosión producto de la acción constante del viento a lo largo de los
años, transportando partículas diminutas de arena o roca que, en constante fricción
contra suelos, piedras y montañas, van reduciendo sus capas exteriores, tallándolas.
● Erosión hídrica
La erosión hídrica es la que se debe a la acción de las múltiples formas del agua,
desde la lluvia, los ríos, los mares y sus cambios de fase de acuerdo a las estaciones
climáticas. Así, los embates constantes de las olas sobre la arena de la orilla reducen y
redondean las piedrecillas que conforman la arena, dándoles su finura y redondez
característica, cosa que también ocurre con las piedras de río.
En cambio, los peñascos de mayor tamaño resisten el impacto del agua sin moverse,
pero perdiendo paulatinamente partículas de su capa externa, adquiriendo así la
redondez y lisura que suele caracterizarlas, o los agujeros y cráteres en los que caen
sin cesar las gotas de agua.
Los acantilados, igualmente, o rasas mareales, son producto de la acción del mar a lo
largo de los siglos, tal y como ocurre con los cauces de los ríos, en los que se erosiona
y sedimenta a la vez la materia del suelo.
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Otro tanto ocurre en las regiones glaciales, en las que el movimiento del hielo, o incluso
su constante formación y derretimiento, tienen un impacto sobre los materiales
alrededor, produciendo asimismo su desgaste.
¿Qué es el subsuelo?
El subsuelo es la capa intermedia de la corteza terrestre que está por debajo del suelo
superficial cultivable y por encima del sustrato rocoso profundo (la roca madre). Se
trata de una capa de suelosin contacto con la atmósfera, integrada predominantemente
por minerales lixiviados, compuestos por hierro, aluminio y otros metales similares, así
como por arcilla y humus acumulados.
El color del subsuelo suele ser más claro que el de la superficie, generalmente en
combinaciones de marrón y amarillo, debido a la baja presencia de materiales
orgánicos, pero suele además contener una importante presencia de agua, por lo que
las raíces más profundas de los grandes árboles alcanzan esta profundidad. Los
microorganismos y animales, sin embargo, no suelen tener mucha presencia en esta
capa, dado que en el subsuelo la concentración de oxígeno suele disminuir
notablemente.
Por otro lado, desde un punto de vista legal, el subsuelo es la capa del terreno donde
se considera estatuido el dominio público, es decir, donde caducan los derechos de
propiedad individuales y el Estado pasa a ser el encargado de la negociación de los
recursos, por ejemplo, para la explotación minera, acuífera o petrolera. Es por esto que
la jurisprudencia de los límites de inicio del subsuelo (y, por ende, de fin del suelo)
suele ser muy importante, ya que constituye una frontera natural entre la tenencia
privada del suelo y la pública.
La fertilidad
Sabemos que para crecer las plantas precisan agua y determinados minerales. Los
absorben del suelo por medio de sus raíces. Un suelo es fértil cuando tiene los
nutrientes necesarios, es decir, las sustancias indispensables para que las plantas se
desarrollen bien.
Las plantas consiguen del aire y del agua algunos elementos que necesitan, como el
carbono, el hidrógeno y el oxígeno. Otros nutrientes esenciales están en el suelo:
aquellos que los vegetales requieren en grandes cantidades se llaman nutrientes
principales. Son el nitrógeno, el fósforo, el potasio, el calcio y el magnesio. Proceden de
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las rocas que dieron origen al suelo y de la materia orgánica descompuesta por los
microorganismos. Los nutrientes deben estar siempre presentes en las cantidades y
proporciones adecuadas.
Los terrenos cultivados gastan lentamente sus nutrientes y están más expuestos a la
pérdida de suelo. El suelo arado opone menos resistencia a ser arrastrado por el agua
y el viento. La erosión se intensifica en terrenos en pendiente y no protegidos por
cortinas rompevientos y setos vivos, formados por árboles y arbustos.
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Además, el producto de la cosecha se usa como alimento o como materia prima para
algunas industrias y no regresa al suelo para enriquecerlo. Si no actuamos para
reponer la fertilidad perdida, después de varios años de cultivo continuo la tierra se
agota. Por eso debemos cuidar el suelo que cultivamos, incorporando abono y materia
orgánica.
La cantidad de tierra que disponemos para cultivar es escasa y debe ser usada
cuidadosamente y aplicando medidas de conservación apropiadas.
Un adecuado manejo del suelo ayuda a mantenerlo, restaurarlo y a mejorar su calidad.
Para asegurarnos buenas cosechas durante muchos años, es importante que sepamos
qué es y cómo se produce la erosión. Además, debemos conocer y utilizar técnicas de
cultivo que eviten la pérdida de suelo y conserven su fertilidad.
Los métodos usados para prevenir la erosión ayudan a sujetar el suelo, reduciendo el
impacto del agua y del viento para evitar que lo arrastre. La pérdida de la fertilidad se
combate reponiendo en el suelo los nutrientes y la materia orgánica que los cultivos y la
misma erosión se llevan.
La pérdida de suelo es más intensa en zonas en pendiente porque en ellas el agua
corre con más fuerza.
Para impedir que el agua y el viento se lleven partículas de tierra, podemos usar
algunas técnicas que son muy eficaces a pesar de su sencillez. Se trata de prácticas
para conservar el suelo y el agua.
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lograremos un mayor aprovechamiento del agua que aumenta su penetración al
correr más lentamente.
● La cobertura vegetal (pastos tupidos, residuos de cosecha), además de
enriquecer el suelo, ayuda a protegerlo contra la erosión, especialmente en la
época de lluvias. En la época de sequía, evita que el suelo se reseque, al
disminuir la pérdida de agua por evaporación. Es posible sembrar cultivos de
cobertura entre un ciclo agrícola y otro.
Asimismo, la utilización del rastrojo como cobertura ayuda a controlar las
malezas y aumenta la materia orgánica y la fertilidad.
● Para defender al suelo de la erosión provocada por el viento y la lluvia es
necesario usar barreras. Pueden ser barreras vivas,formadas por franjas de
árboles y arbustos de hojas perennes y crecimiento denso, transversales a la
dirección del viento y a la pendiente del terreno. También es útil construir
barreras hechas con piedras para evitar que el agua se escurra rápidamente y
arrastre partículas de suelo. La tierra retenida se acumula y es excelente para
agregarla a los cultivos.
● Las zanjas y acequias permiten capturar el agua de escorrentía, que puede ser
acumulada allí (surcos de infiltración), o puede ser llevada fuera del terreno
(zanjas de drenaje y canales de desviación) hacia tanques para almacenarla.
● Las terrazas o andenes: hay terrenos de pendiente muy acentuada, y en ellos la
construcción de terrazas ayuda a que el agua se absorba, evitando que arrastre
el suelo y lo erosione. Además se obtienen superficies planas y más profundas,
lo que permite sembrar diversos cultivos. Pueden construirse pequeñas terrazas
individuales y circulares, en las que se planta, generalmente, un frutal.
● La labranza mínima limita la roturación del suelo a los surcos donde se va a
sembrar. El resto del terreno queda sin tocar. Este tipo de labranza permite
mantener la estructura del suelo, disminuyendo el arrastre ocasionado por la
lluvia y el viento.
● El control de cárcavas: las cárcavas son zanjas causadas por el agua, que
socava el suelo y se lo lleva. Dificultan la agricultura y tienden a agrandarse,
aumentando la erosión y los desmoronamientos de tierra. Para controlarlas, hay
que detener el flujo de agua que las forma. Después hay que intentar su
recuperación, construyendo muros de piedras dentro de la cárcava para que se
acumule tierra. También se pueden sembrar barreras vivas, por ejemplo, pastos.
Para fijar sus bordes, se plantan árboles.
● Es importante evitar el sobrepastoreo. Cuando se concentra el ganado, el
pisoteo constante compacta el suelo. Al alimentarse selectivamente de los
pastos que prefieren, estos desaparecen poco a poco.
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sus raíces llegan a distinta profundidad. Así, mientras un cultivo utiliza ciertos
nutrientes, se están regenerando los nutrientes que tomó la cosecha anterior.
Esta rotación ayuda también a disminuir las plagas, ya que al año siguiente no
encuentran los vegetales que atacan específicamente.
La asociación de cultivos es la siembra de diferentes especies vegetales en un
mismo año.
Debemos recordar que son compuestos químicos que tienen los nutrientes
necesarios para las plantas, pero no mejoran la calidad del suelo porque no
contienen materia orgánica, como los abonos verdes, el composte y el estiércol.
¿Cómo se forma?
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La formación del suelo es un proceso muy lento: se precisan cientos de años para que
el suelo alcance el espesor mínimo necesario para la mayoría de los cultivos.
Las características de cada suelo dependen de varios factores. Los más importantes
son el tipo de roca que los originó, su antigüedad, el relieve, el clima, la vegetación y
los animales que viven en él, además de las modificaciones causadas por la actividad
humana.
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Los suelos francos son mezclas de arena, limo y arcilla. Son fértiles y al secarse
forman pequeños terrones que se deshacen. Un suelo con una composición
equilibrada de cada mineral es un suelo agrícola fácil de trabajar y con buenas
reservas de nutrientes. Mantiene la humedad a pesar de drenar libremente.
Cuando los poros entre las partículas de suelo son muy pequeños, se favorece
la retención de agua y el encharcamiento. La presencia de materia orgánica
permite que el agua se impregne e infiltre lentamente, logrando así que las
raíces la aprovechen mejor. A su vez, la presencia de materia orgánica permite
limitar la pérdida de nutrientes y facilita que sean captados por las plantas.
Los suelos no tienen una estructura uniforme: están constituidos por capas que
se diferencian por el tamaño y composición de las partículas. La capa superficial
es más compacta, se seca con rapidez y está poblada por pocos organismos,
especialmente lombrices. Por debajo de ella, está el humus, donde se acumulan
microorganismos y nutrientes.
● Las propiedades químicas del suelo dependen de la proporción de los
distintos minerales y sustancias orgánicas que lo componen. El contenido
de nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio debe ser abundante y
equilibrado. La materia orgánica siempre contiene carbono, oxígeno e
hidrógeno, además de otros elementos. Al despedazar y descomponer las
plantas y animales muertos, los microorganismos liberan los nutrientes
permitiendo que puedan ser utilizados nuevamente.
● Las propiedades físicas y químicas del suelo, unidas a los factores climáticos,
determinan los vegetales y animales que pueden desarrollarse y la forma en que
se debe cultivar la tierra.
● Agrícola
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● Forestal
● Industrial
● Habitacional
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Los suelos de México
México tiene una compleja historia geológica. Mientras que en varios estados del
norte existen rocas antiquísimas, que datan de los albores de la vida, en otras
entidades los suelos aún no han cumplido un año de edad. Áreas considerables del
territorio nacional emergieron del fondo oceánico, como casi todo el oriente del país;
otras han sido conformadas en gran medida por la actividad volcánica, como el
cinturón de volcanes que corre de Colima hacia el centro de Veracruz. Así como la
península de Baja California hace años que empezó a desgajarse lentamente del
resto del territorio, la porción de corteza que ahora es Oaxaca originalmente fue una
isla que colisionó contra el continente para formar un escarpado sistema de
serranías.
Si bien México cuenta con esta gran diversidad de suelos, la mayor parte del territorio
nacional está dominado por cinco unidades: leptosoles (24% del territorio), regosoles
(18.5%), calcisoles (18.2%), feozems (9.7%) y vertisoles (8.3%), con los que se
cubren casi las cuatro quintas partes del país.
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Los leptosoles (del griego leptos, delgado) se caracterizan por su escasa profundidad
(menor a 25 cm). Una proporción importante de estos suelos se clasifica como
leptosoles líticos, con una profundidad de 10 centímetros o menos. Otro componente
destacado de este grupo son los leptosoles réndzicos, que se desarrollan sobre rocas
calizas y son muy ricos en materia orgánica. En algunos casos son excelentes para la
producción agrícola, pero en otros pueden resultar muy poco útiles por dos razones:
su escasa profundidad los vuelve muy áridos y el calcio que contienen puede llegar a
inmovilizar los nutrientes minerales. Los leptosoles dominan la península de Yucatán,
territorio que emergió del fondo oceánico en fecha relativamente reciente, por lo que
sus suelos no han tenido ocasión de desarrollarse. En los principales sistemas
montañosos también se encuentran leptosoles, allí donde las pendientes y la
consecuente erosión imponen una restricción a la formación del suelo. La evolución
lenta y la productividad reducida de los desiertos ocasiona igualmente que el suelo
sea delgado. Ésta es la razón por la que los leptosoles sean comunes en la Sierra
Madre Oriental, Occidental y del Sur, así como en la vasta extensión del Desierto
Chihuahuense.
Los regosoles (del griego reghos, manto) son suelos muy jóvenes, generalmente
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resultado de el depósito reciente de roca y arena acarreadas por el agua; de ahí que
se encuentren sobre todo al pie de las sierras, donde son acumulados por los ríos
que descienden de la montaña cargados de sedimentos. Las extensiones más vastas
de estos suelos en el país se localizan cercanas a la Sierra Madre Occidental y del
Sur. Las variantes más comunes en el territorio, los regosoles éutricos y calcáricos,
se caracterizan por estar recubiertos por una capa conocida como “ócrica”, que, al
ser retirada la vegetación, se vuelve dura y costrosa impidiendo la penetración de
agua hacia el subsuelo. La consecuente sequedad y dureza del suelo es
desfavorable para la germinación y el establecimiento de las plantas. El agua, al no
poder penetrar al suelo, corre por la superficie provocando erosión.
Los calcisoles (del latín calx, cal) se distinguen por presentar una capa dura de
“caliche” a menos de un metro de profundidad, una gran cantidad de calcio y, a
menudo, una capa ócrica, características que los convierten en suelos secos e
infértiles. Los calcisoles se desarrollan bajo climas áridos, por lo que se les encuentra
fundamentalmente en el Desierto Chihuahuense.
Hasta aquí hemos mencionado suelos que por lo general contienen poca humedad,
son poco profundos y de baja fertilidad debido a sus altos contenidos de calcio.
Leptosoles, regosoles y calcisoles cubren 60.7% del territorio nacional. Si a esto
sumamos otros suelos comúnmente inadecuados para la agricultura como gleyzems,
solonchaks, acrisoles o alisoles, resulta que cerca de dos terceras partes del territorio
nacional no son fácilmente explotables para fines agrícolas.
Los feozems (del griego phaios, obscuro y del ruso zemlja, suelo), por el contrario,
son muy fértiles y aptos para el cultivo, si bien son sumamente proclives a la erosión.
Con frecuencia son suelos profundos y ricos en materia orgánica. Se desarrollan
sobre todo en climas templados y húmedos, por lo que se encuentran recubriendo el
Eje Neovolcánico Transversal y porciones de la Sierra Madre Occidental.
Finalmente, los vertisoles (del latín vertere, invertir) son suelos sumamente arcillosos
que se desarrollan en climas de subhúmedos a secos. Al igual que los feozems, son
profundos, muy duros cuando están secos y lodosos al mojarse (debido a su alto
contenido de arcillas), por lo que resulta difícil trabajarlos. Además, su fertilidad es
intrínsecamente baja. Sin embargo, la tecnificación de la agricultura tiene resultados
notables al lograr en ellos incrementos de producción hasta en diez veces. No es
coincidencia que algunas de las zonas consideradas “graneros”, como el Bajío o
Sinaloa, cuenten con grandes extensiones de vertisoles.
Feozems y vertisoles representan el 18.0% de los suelos del país. Otros, como los
cambisoles, arenosoles, luvisoles, andosoles o kastañozems son igualmente
adecuados para su explotación agrícola, aunque algunos se erosionan con facilidad.
En total representan alrededor del tercio restante de la superficie nacional.
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Existe una clara asociación entre el suelo y la vegetación. Los calcisoles y arenosoles
están restringidos prácticamente a las zonas áridas y semiáridas, cubiertas por
matorrales y pastizales. Los feozems y andosoles son típicos de los bosques y
pastizales templados. La humedad de varias zonas selváticas hace que ciertos
suelos que se forman en presencia de grandes cantidades de agua, como los
gleysoles y los alisoles, sean más frecuentes bajo esta vegetación. El cambio de uso
del suelo depende en buena medida del tipo de sustrato. En términos generales, los
suelos más aptos para la agricultura son los más explotados.
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Dentro de los suelos cultivados hay una variabilidad considerable en términos de su
fertilidad. Mientras que Sinaloa es el estado más fértil del país, Tlaxcala tiene un
índice de fertilidad de apenas la séptima parte que el sinaloense, siendo la entidad
con los suelos más pobres. Sin embargo, el uso del suelo con fines agrícolas no está
relacionado necesariamente con su fertilidad; Tlaxcala es el estado con mayor
porcentaje de superficie cultivada en el país.
Fuentes:
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● Equipo editorial, Etecé. (2021, 5 agosto). Capas del Suelo - Concepto, estratos, tipos y
erosión del suelo. Concepto. https://concepto.de/capas-del-suelo/
● Suelo. cuéntame de México. (s. f.). https://cuentame.inegi.org.mx/territorio/suelo.aspx?
tema=T
https://www.fao.org/4/w1309s/w1309s04.htm
https://paot.org.mx/centro/ine-semarnat/informe02/estadisticas_2000/
informe_2000/03_Suelos/3.1_Suelos/index.htm
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