Bajó sin hacerse daño, pero el gigante le dijo: -¿Qué es eso?, no tienes fuerzas para encorvar semejante bagatela? -No se trata de fuerzas, respondió el sastrecillo, ¿qué es eso para un hombre que ha derribado siete de un
cachete?
los Hermanos Grimm
¡Pues se vende! Y con gran sorpresa de la parroquia, escobilló delante del altar un
cachete redondo, repitiendo: -¡Pues se vende!
Ricardo Palma
El dolor de muelas era rebelde a cataplasmas, emolientes, pediluvios y sangrías, que en aquel siglo la ciencia odontálgica andaba tan en mantillas, que cirujano ó barbero alguno de toda la cristiandad no se habría atrevido á emplear lamedor de gatillo mientras hubiese
cachete hinchado.
Ricardo Palma
Unos opinaban que en la plaza y otros que en las afueras del pueblo, y tanto se acaloraron en la discusión, que casi se arma una de
cachete y garrotazo.
Ricardo Palma
Y en su entusiasmo se hizo un cinturón y bordó encima con letras muy gordas: «Mató siete de un
cachete.» -Pero la ciudad es muy pequeña, añadió en seguida; debe saberlo el mundo entero.
los Hermanos Grimm
El señor López Sánchez mandó que inmediatamente condujesen ante él al acusado, y al presentarse éste, le arrimó un
cachete soberbio, diciéndole: -¿Para qué te ordenaste si tenías tanta inclinación a la aguja y al dedal?
Ricardo Palma
Después había notado el Cachete un cambio brusco en su conducta: la Gorgoritos estaba alegre, brillábanle los negrísimos ojos como en los días más felices, como en los días aquellos en que él cantábale sus amores en murcianas y soleares en el hondilón del Canela; además, procuraba acercársele lo menos posible; siempre tenía un motivo para justificar su alejamiento; era mucho lo que tenía que hacer; la pólvora íbase acabando de modo alarmante; ya las reservas estaban casi todas en casa del boticario; además, las cuatro joyas de alguna valía estaban a buen recaudo en casa de agüelito y pronto, de seguir la cosa como iba, tendrían que irse el uno al hospital y la otra a que le diera el relente en Martiricos.
Entretanto doña Pacomia hacía beber a los jesuitas del mismo brebaje que administrara a los franciscanos, y tan sabroso hubieron de encontrarlo que menudearon tragos hasta perder los estribos del juicio y tomar pareja. Y tanto y tanto se entusiasmaron los hijos de Loyola, que al poner fin a un
cachete, exclamaron en coro: -¡Viva Jesús!
Ricardo Palma
Estos jesuitas son unos egoístas de marca, y es imposible que transija con ellos un buen franciscano que tenga sangre en el ojo. Por desgracia, o por fortuna, bailose otro
cachete, y al repetir los jesuitas su acostumbrada exclamación de «¡Viva Jesús!
Ricardo Palma
Aceptado por Olivera el cargo de juez conservador apos- tolico, y nombrado notario el padre jesuita Antonio Lopez, diose principio al sumario para averiguar quien era el autor de las siguientes RedondiUas al padre Lucio Garcete El padre Lucio Garcete rcprima su libertad, si no quiere algun cachete: no piense que su bonete le da tanta autoridad.
El señor Juan, al salir de la casa de Curro, dirigióse a casa de Rosario, la abandonada mujer del Cachete. Rosario vivía en calle de los Cristos, cerca del lavadero donde se ganaba honradamente la vida desde la noche aquella en que su Curro hubo de izar el ancla para irse a vivir con la Gorgoritos.
Rosario, a querer, hubiera podido vivir sin tener que pasarse los días, lloviera o venteara, sobre uno de los lebrillos del lavadero; el Cachete había querido pasarle un diario, pero a la primera remesa habíaselo devuelto ella con un mandadero al que ella habíale pagado previamente el mandado.