Era la forma transparente y vaga De un arcángel que cruza el firmamento; Era un pliegue del viento que una maga Vibró al cantar con aromado aliento.
Pero antes que en el Duero se sepulte Cruza Pisuerga plácida campiña, Donde la rica mies, la rica viña Derraman sus tesoros á la par.
(229) Mas grave y magestuosa que el eco del torrente Que cruza del desierto la inmensa soledad, Mas grande y mas solemne que sobre el mar hirviente El ruido con que rueda la ronca tempestad.
Oh, blancura imposible de la Amada imposible! ¡Por todos mis desvelos cruza, como un fantasma, como un jirón de invierno, su carne sin penumbras, inverosímilmente blanca!
Los límites en el Oeste, sección de El Pasaje, no están todavía definitivamente señalados por haber quedado inconclusas, por diversos motivos, las actividades de las diferentes Comisiones Demarcadoras nombradas para el efecto, pero sirve de punto referencial, una línea recta que partiendo de la parte más alta del Cerro Palmar cruza por los lugares conocidos por La Zanja, Puentecita, Bocatoma, Corrales de Rivera, La Peaña y sabanas del Río Palenque, hasta Ilegal al río Pital.
A izquierda hay del portón de la muralla que Grifón cruza, alcázar imponente que más que fuerte y apto a la batalla es bello, regalado y reluciente.
Pero te vas, sin dejar ni una huella en el camino... Sombra azul que cruza el mar la borra el azul marino... No sé si me olvidarás ni si es amor este miedo; yo solo sé que te vas, yo solo sé que me quedo.
«La sed, la sed, el deseo nos hace vivir y revivir: sed de placer, sed de vivir y sed de morir.» Somos, señora, una pintoresca caravana que bajo la férvida turquesa del cielo ecuatorial cruza el tórrido desierto; nos hacemos la ilusión de que somos mercaderes, pero yo aseguro a usted, señora, que nos puso en movimiento tan sólo el puro afán de sentir sed.
Doliente imágen de alguno Que mal hallado en su tumba Viene á la orilla del agua De sus recuerdos en busca. Alma penada y maldita Que por ignoradas culpas Desorientada en la noche El mundo á deshora cruza.
--- Lánzate: cruza el éter infinito: búscame cual mi aliento les ansía el vigor y la fe que necesito, para ahogar en torrentes de armonía al mundo, que me mira de hito en hito.
En pardo alquicel envuelta su conocida figura, y bajo el casco escondida su cabeza (que a la turbia luz de una pálida estrella conocería sin duda el más topo en el turbante si en él la llevara oculta), la seña impaciente aguarda, que le harán para que suba las manos de quien espera asir amante las suyas. De arriba a abajo pasea, pero con tanta cordura que ni sus pasos se sienten ni de una a otra esquina cruza.
Y su flotante figura en el ambiente desecha, confundidos sus contornos por su rapidez aérea, ante los ojos parece mágica ilusión que vuela, sobre el rumor que producen sus vestiduras de seda y el perfume que despiden, a merced del aire sueltas, cuando en los muebles pasando ligerísimas tropiezan. Y gira y cruza y resbala y los sentidos no aciertan si de ello nace su impulso o el aire sutil la lleva.