Pero volvían por fin, y el hachazo aún
doliente de la vida del obraje era apenas un roce de astilla ante el rotundo goce que olfateaban allí.
Horacio Quiroga
Permaneció Joseíto inmóvil durante algunos momentos; el silencio era turbado únicamente por el rumor del río al resbalar mansamente por entre verdes tarajes que salpicaba el rojo adelfal y los blancos rosales bravíos; por el melódico doliente piar de las alondras, por los susurros del viento al agitar la frondosa arboleda y por el sonoro latir de los perros guardianes del desparramado caserío.
Los enterradores, ya abierta la profunda fosa, fumaban indiferentes, esperando el nuevo tributo; algunas cogujadas asustadizas levantaban el vuelo al paso del convoy con doliente piar; don Leovigildo hizo descubrir a la muerta, y el sol acarició por última vez, con un torrente de centellas de oro, el rostro de Rosalía, que parecía dormir un sueño apacible envuelta en un mantón de Manila de larguísimo flecaje, un a modo de espléndido chal de los que dieron fama eternal a los artífices del Oriente, a la vez que entre los bucles de su revuelta cabellera, centelleaban en sus orejas los aretes que la difunta tanto había codiciado.
No había más que ellos dos en la reducida habitación; la lámpara de la mesa estaba próxima a extinguirse, y llegaba la noche. -Has sido un buen hijo, Juan -dijo el
doliente padre-, y Dios te ayudará por los caminos del mundo.
Hans Christian Andersen
Excusándose, doliente el rostro, fueron, enfadados, atormentados, sin querer ir de prisa, y numerosas veces los mensajeros los trataron con violencia, los golpearon, para llevarlos ante los jefes.
Y por la dolencia que decís que tiene el dicho Gran Capitán, no os habéis de descuidar, creyendo que estando doliente, aunque tenga fin de irse, no lo podrá ejecutar; antes habéis de estar sobre el aviso para saber siempre qué hace, porque podría ser que su dolencia fuese fingida, para poder mejor salir con su intención.
YOCASTA Y lanzaba al viento hirientes ayes desgarradores. Sus mejillas brillantemente enlagrimadas y el maquillaje maltratado, la asemejaban a una
doliente madona.
Antonio Domínguez Hidalgo
¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo, Con la rueca de hierro y de acero lo hilado! Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente, Ni el laúd juglaresco que solloza lejano.
Cuántos ella soportó, doliente su corazón, temores, cuánto, a menudo, más que el fulgor palideció del oro, 100 cuando, deseando en contra contender al salvaje monstruo, o la muerte buscaba Teseo, o los premios de la alabanza.
Cordero de Dios, quita los pecados del mundo, y dales el descanso siempre eterno a mis maestros y a esa casa del ayer enladrillado, levantada para darse en esplendores a los deseosos de saber, -verdaderos amorosos- hoy mancillada, vuélvela símbolo incesante -doliente- de la ignominia burocrática.
Cuando me separé de María Antonieta aún no rayaba el día, y los clarines ya tocaban diana. Sobre la ciudad nevada, el claro de la luna caía sepulcral y doliente.
Rabioso decia---«¿dónde Mi servidumbre se encuentra?» Y el eco decia--- entra Y entraba el conde en furor. Decia con voz doliente: «¿Qué es de mi esposa querida?» Y el eco decia:--- ida Con acento de dolor.