Ejemplos ?
En cuanto encontró el modo de tener el niño en brazos (modo que consistió en retorcerlo en una especie de nudo, la oreja izquierda y el pie derecho bien sujetos para impedir que se deshiciera), Alicia lo sacó al aire libre. «Si no me llevo a este niño conmigo», pensó, «seguro que lo matan en un día o dos.
Le dije: “Bueno, que Dios te acompañe. Me parece correcto”. Porque si no lo matan ahí. Entonces viene el Ejército, un grupo comando, y rescata al Presidente.
Estas crisis son plagas que azotan a los pueblos que se desvían de los caminos trazados por los principios que rigen la vida de las sociedades; matan a los débiles, los fuertes se reponen y cobran nuevas energías para la lucha del progreso.
Que la administración de justicia se encuentra en la mayor prostitución, pues se constituye á los Jueces de Distrito en agentes del centro para oprimir á los Estados; que el poder municipal ha desaparecido completamente pues los Ayuntamientos son simples dependientes del Gobierno para hacer las elecciones; que los protegidos del Presidente perciben tres y hasta cuatro sueldos por los empleos que sirven con agravio de la moral pública; que el despotismo del poder Ejecutivo se ha rodeado de presidiarios y asesinos que provocan, hieren y matan á los ciudadanos ameritados...
Para hacer pendant con él relato que usted reproduce del levantisco de Belmonte Bermúdez, vea lo que de otros dos le- vantiscos refiere un historiador:— «Cuéntase del segundo virrey del Perú, don Antonio de Mendoza, marqués de Mondéjar, que í gobernó desde Septiembre de 1551 hasta Julio de 1552 en que falleció, que habiendo un capitán acusado á dos españoles de levantiscos por vivir entre indios, alimentándose de la caza y elaborando pólvora, dijo el virrey:— Esos delitos merecen más í bien gratificación que castigo; porque vivir dos españoles entre 'indios y hacer i ólvora para comer de lo que con sus arcabuces matan, no sé qué delito sea, sino mucha virtud y ejemplo dig- no de imitarse.
También estaba locamente enamorado de ima de sus confesadas, la hermosa Angela, hija de una res- petable familia del Cuzco. La pasión del fraile por ella se con- virtió en una de esas fiebres que matan la razón.
Vales por el coche que traes o lo tenis que calzas. “Por tu auto o tus tenis, te matan! i) Ignorancia de tradiciones culturales: El exceso publicitario de la actualidad de lo vendible, eclipsa y va borrando la valoración de siglos que todos los pueblos del mundo tienen.
Madre, si me matan, que no venga el hombre de las sillas negras. Lléname la casa de hombres y mujeres que cuenten el último amor de su vida; que ardan en la sala flores impetuosas, que en dos grandes copas quemen melaleuca, que toquen violines el sueño de Schuman; los frascos rebosen de vino y perfumes; que me miren todos, que se digan todos que tengo una cara de soldado muerto.
Que parezca, madre, que voy a salirme de la caja negra y a saltar al lomo del mejor caballo y a volver al fuego. Madre, si me matan, que no venga el coche para los entierros.
os Estados Parte, Decididos a poner fin al sufrimiento y las muertes causadas por las minas antipersonal, que matan o mutilan a cientos de personas cada semana...
Mas que en ser libre me gozaba en verme Esclavo suyo, de amor cautivo; Y el verme lejos de pasión tan dulce Es mi martirio. Salir no puedo de esta horrible cárcel; Aquí me matan bárbaros caprichos: mas no me matan, que para mas pena Infeliz vivo.
¡desengaños! que matan el corazón. V Tú que te duermes inocente ahora sin recuerdos que vengan a punzarte, sueña feliz en tu bendita aurora sin que el dolor se acerque a despertarte.