Y escritor, porque fue un excelente escritor, tanto en lo estético como en lo literario y lo periodístico, según se advierte en Recodos, donde luce por entero.
En 1982 se emite la Ley 14 definiendo los «monumentos históricos nacionales» y los «monumentos nacionales» y la forma de declararlas como tal así: La calificación de una obra, objeto o documento como de interés histórico, arqueológico, artístico, arquitectónico, será decretada mediante Ley.; y Podrán calificarse y declararse «monumentos nacionales» las áreas o conjuntos urbanos como calles, plazas, recodos, barrios, murallas, fortalezas, ruinas u otros semejantes, y los lugares cuya memoria esté unida a hechos importantes del proceso histórico nacional.
desde Dakota del Norte hasta Texas en el sur, y al oeste hasta California, México, Guatemala y Belice. Pozas, charcos y en recodos lentos de arroyos.
Y no las hay todavía, salvo del ensayo de 1910 (que apareció en 1982) y, ahora, de Recodos en el sendero. Su Archivo sigue inédito, y falta una antología, siquiera, de sus artículos de El Diario, Sud-América, El Tiempo y La Nación, así como un estudio de su obra de pintor (escasa y notable), historiógrafo, crítico y teórico, museólogo, urbanista, animador cultural.
En Madrid, edita Relaciones literarias hispano-americanas (1923), y en París, Recodos en el sendero (1926, que incluye el libro anterior), Urbanización de Buenos Aires (1927), y La pintura y la escultura en Argentina.
Pero no hubo más noticias del Tomo II de su pionera historia, anunciada en 1933, ni, durante largo tiempo, reediciones del Tomo I, de Recodos y de Urbanización.
Apenas rumorea en los recodos, y en cada caída va dejando montones de cristales quebrados, que hincan los cielos con su gama de luces.
En algunos de sus recodos sus aguas se duermen tranquilas a los pies de las ensenadas, como duerme el estaño fundido en un rústico crisol de tierra.
En las noches de verano pasaban horas enteras contemplando la claridad de la luna, y aquel movimiento de las aguas que se llama mar. De tiempo, en tiempo, se veía cruzar una canoa por la cristalina corriente, y perderse en los recodos de la costa.
Bochorno. En algunos recodos y quebradas, el aire empezaba a morir, ahogándose de sol. Sorprendimos en una de estas quebradas, al doblar la pendiente de un meandro, a Miguel.
o se escucha, tras los recodos, el rumor de las precipitadas zambullidas de los caimanes que dormitan al sol de las desiertas playas, dueños terribles del ancho, mudo y solitario río.
Una tarde, paseando por mi jardín entre los caminos bordeados de boj, me pareció ver a través de los arbustos una silueta de mujer que seguía todos mis movimientos, y vi brillar entre las hojas dos pupilas verde mar; pero era sólo una ilusión, pues al pasar al otro lado encontré la huella de un pie tan pequeño que parecía de un niño. El jardín estaba rodeado por murallas muy altas, inspeccioné todos los recodos y rincones y no había nadie.