Alien Nation (1988) es una película que, aunque se presenta como una mezcla de ciencia ficción y policíaco, se queda a medio camino de aprovechar todo su potencial. La premisa es atractiva: extraterrestres que llegan a la Tierra como refugiados, forzados a vivir entre los humanos y enfrentándose a las tensiones raciales y sociales. Es una propuesta que podría haber dado mucho más, especialmente en un contexto de mediados de los 80, donde los temas de integración y discriminación eran, y siguen siendo, muy relevantes.
Sin embargo, la película no profundiza lo suficiente en sus propios temas. Aunque toca temas interesantes como la xenofobia, la gentrificación y la discriminación social, no se arriesga a explorarlos con la profundidad que merecen. La trama se centra demasiado en la dinámica entre los dos protagonistas, un policía humano racista (interpretado por James Caan) y su compañero extraterrestre (Mandy Patinkin), una relación que, aunque en principio tensa y llena de conflictos, evoluciona hacia un entendimiento mutuo. Esta evolución es interesante, pero se resuelve de manera algo predecible y superficial.
El guion parece tomar un camino cómodo en lugar de sumergirse en lo complejo. A pesar de los elementos originales de la historia, la película no se arriesga lo suficiente con el desarrollo de sus personajes ni con las implicaciones sociales y políticas de la integración alienígena. El final es, por tanto, un tanto decepcionante, demasiado fácil y sin la espectacularidad o la resolución que la trama necesitaba.
Las actuaciones son correctas, aunque James Caan ofrece una interpretación algo plana, y Patinkin logra algo más, especialmente al crear una figura alienígena que refleja la tensión cultural. Por otro lado, Terence Stamp está desaprovechado como villano. En cuanto al aspecto técnico, la película está bien hecha, pero no tiene la ambición visual o narrativa de otras producciones de la época.
En resumen, Alien Nation tiene una gran premisa, pero no se atreve a profundizar lo suficiente en los temas que toca. A pesar de su enfoque ligero y la simpatía de sus personajes, la película se siente más como un producto de serie B que una obra con el potencial de dejar una huella duradera. Es entretenida, pero en última instancia, no alcanza a ser tan impactante como podría haber sido. Le doy un 6, porque tiene buenos momentos, pero no logra explotar todo su potencial.