10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
Nuevo Mundo Mundos
Nuevos
Nouveaux mondes mondes nouveaux - Novo Mundo Mundos Novos - New world New
worlds
Debates | 2019
Ciencia y traducción jesuitas en el septentrión novohispano – Coord. Jaime Marroquín Arredondo y Angélica
Morales Sarabia
JOSÉ PARDO-TOMÁS
Las primeras historias naturales
de las Filipinas (1583-1604)
The First Natural Histories of Philippines, 1583-1604
[08/10/2019]
Resúmenes
Español English
El trabajo parte de la hipótesis de que el archipiélago de las Filipinas, territorio colonizado desde
la Nueva España, sirvió de experiencia, acúmulo, memoria y práctica para la colonización
novohispana de otros territorios, señaladamente el Septentrión y las Californias. Si bien los
jesuitas hegemonizaron la voz misional-colonizadora en esos territorios (Filipinas primero, el
Norte después), antes hubo otros estilos, formas y maneras de escribir la historia natural que los
jesuitas conocieron, aprendieron y, finalmente, se apropiaron y adaptaron. Trataremos de
analizar uno de los primeros textos que plantean una forma de escribir la historia natural de las
Filipinas, Sucesos de las Islas Filipinas, de Antonio de Morga (publicada en México, en 1609,
pero escrita entre 1595 y 1603) para compararla con la primera historia natural de las Filipinas
hecha por un jesuita, la de Pedro Chirino, publicada en Roma, en 1604.
The paper is based on the hypothesis that the Philippines was a territory colonized from New
Spain and served as experience, accumulation, memory and practice for other spaces colonized
from New Spain, mainly the North of Mexico and California. Although the Jesuits hegemonized
the missionary-colonizing voice in those territories (the Philippines first, then the North), there
were precedent ways of writing the natural history that the Jesuits knew, learned and, finally,
appropriated and adapted. The paper presents one of the first attempts of writing the natural
history of the Philippines, Antonio de Morga's Sucesos de las Islas Filipinas – published in
Mexico, in 1609, but written between 1595 and 1603 – to compare it with the first natural history
of the Philippines produced by a Jesuit, Pedro Chirino, published in Rome, in 1604.
Entradas del índice
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
1/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
Keywords : Philippines, New Spain, colonization, Missionary Knowledge, Natural Histories
Palabras claves : Filipinas, Nueva España, colonización, saberes misionales, historias naturales
Texto integral
Introducción
1
2
3
4
5
Para los primeros procesos de colonización ibérica emprendidos a finales del siglo XV
y durante todo el siglo XVI, organizar la explotación de territorios apenas re-conocidos
supuso necesariamente poner en marcha dispositivos de recogida de información para
crear conocimiento sobre esos territorios, habitantes y recursos naturales, lo que pronto
planteó el reto de hacer frente a un alud de novedades. Ese conocimiento era
indispensable para asegurar el mantenimiento del régimen colonial, fundamentado en
un sistema de explotación del territorio, la población autóctona y los recursos naturales
creado sobre dos pilares irrenunciables en la lógica imperial hispana: el empleo de la
fuerza militar y la imposición de la religión cristiana.
Estos dos pilares trajeron como consecuencia inmediata la continua presencia de
soldados y de frailes (el clero secular tardó bastante en hacer acto de presencia masiva
en las colonias) desplazándose por el territorio e interactuando – de modos y maneras
muy diversos – con la población autóctona. Tras ellos, encomenderos, mercaderes,
funcionarios de la Corona, viajeros y aventureros diversos. Prácticamente todos estos
agentes del régimen colonial se ocuparon de recoger información, de elaborar un
conocimiento in situ y de ponerlo en circulación, ya que ese conocimiento resultaba
imprescindible para la supervivencia tanto de ellos mismos como del orden colonial en
el que se instalaban.
En la expansión africana, americana e índica de los portugueses y en la expansión
americana y transpacífica de los castellanos, militares, civiles y eclesiásticos se vieron
involucrados en diversos proyectos de puesta en circulación de un conocimiento en su
mayor parte elaborado a partir de la comunicación con las poblaciones autóctonas
sometidas militar, política y religiosamente. Un sometimiento que no fue ni inmediato,
ni completo.
Cuando el virreinato de la Nueva España contaba ya con cuatro décadas de existencia,
sus zonas de frontera seguían en continuo conflicto con las poblaciones autóctonas, en
especial en el avance hacia el norte, con las llamadas guerras chichimecas. En ese
contexto, a partir de 1565 el poder colonial novohispano tuvo que hacer frente a la
colonización del archipiélago de las Filipinas. Inicialmente se trató, desde el punto de
vista de la metrópoli, de establecer una base segura para dirigir una posible conquista y
evangelización de la China y del Japón. De hecho, los primeros misioneros enviados allá
desde México, los agustinos, sostuvieron inicialmente que la evangelización de la
población de las islas ocupaba una posición secundaria frente a la prioritaria «misión»
que era la de la China, cuya cercanía marcaba claramente la prioridad. Establecido el
flujo comercial y militar desde la Nueva España y con él el flujo de información y de
nuevo conocimiento acerca no solo del archipiélago sino también de las relaciones con
los reinos y territorios vecinos, se acabó imponiendo una estrategia más realista que,
entre otras cosas, dio lugar a que el dominio militar y religioso de las Filipinas pasara a
ser prioritario para el régimen colonial hispano.
Así es como el archipiélago se convirtió en un banco de pruebas de lo que suponía
controlar un nuevo territorio desde una colonia, insistiendo en una mexicanización de la
empresa filipina, algo que ya resultaba evidente a los propios coetáneos desde el mismo
instante en que el tornaviaje – es decir, la ruta de navegación que hacía posible regresar
desde Filipinas a la costa pacífica mexicana – fuera descubierto por el cosmógrafo
agustino fray Andrés de Urdaneta. Es lo que expresaba con claridad el autor de una
carta escrita en Sevilla, en 1565 e impresa en Barcelona, por Pau Cortey, en 1566, con el
significativo título de «Copia de una carta venida de Sevilla a Miguel Salvador de
Valencia, la qual narra el venturoso descubrimiento que los mexicanos han hecho,
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
2/16
10/10/2019
6
7
8
9
10
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
navegando con la Armada que su Magestad mandó hazer en México».1 Tal
descubrimiento era, obviamente, el tornaviaje, algo «grande, y de mucha importancia: y
los de México están muy ufanos con su descubrimiento, que tienen entendido que serán
ellos el corazón del mundo».2
Ese descubrimiento que tan ufanos tenía a los mexicanos iba a permitir la
colonización de las Filipinas por parte de la Corona española. Pero tal colonización se
hizo en realidad, como el anónimo corresponsal de Miguel Salvador comprendía muy
bien, desde México, con sus recursos humanos y económicos, porque la geopolítica del
imperio colonial español – que entre otros muchos factores debía contar con la rivalidad
de las rutas portuguesas – hizo de la ruta del llamado Galeón de Manila el eje
estratégico – comercial, político, militar y cultural – que vincularía de modo directo
México con el archipiélago filipino durante casi trescientos años, convirtiendo a la
ciudad de México en «corazón del mundo», una centralidad de la metrópoli
novohispana que percibirán también otros autores, como Domingo Chimalpahin o
Bernardo de Balbuena.
Novohispanos, pues, fueron los recursos humanos y materiales movilizados para la
empresa filipina; como novohispana iba a ser, en principio, la concepción de una
manera de recopilar información para la adecuada imposición del régimen colonial,
tanto por la vía de la conquista militar, como por la vía de la evangelización.
En un dossier con artículos de expertas en misiones jesuitas y colonización del norte
de México y la Baja California, creo que lo que esta contribución puede aportar es una
breve mirada hacia el otro lado del Pacífico para intentar hallar algunos elementos que
nos permitan entender mejor lo que sucederá poco después en el lado americano. La
incorporación de Filipinas a la producción de historias naturales desde una perspectiva
global ibérica es claramente de factura novohispana, por ello tiene sentido este
contraste entre Filipinas y Baja California: dos áreas de colonización novohispana de
entornos naturales profundamente distintos y, pese a ello, escenario de despliegue del
saber y de las prácticas que en Nueva España habían surgido o se habían «criado» a
partir de la configuración de la colonia como tal. Por otro lado, se trata de dos regiones
con un contacto directo frecuente provocado por los trayectos del tornaviaje de Manila
en su fase descendente por la costa pacífica americana hasta Acapulco. Estos contactos
no dejaron de considerarse relevantes por los coetáneos, como ya reflejó Francisco
Hernández, al hacerse eco de remedios medicinales sacados de plantas y animales
procedentes de Filipinas que ya circulaban por México en los años setenta del siglo
XVI;3 sin embargo, han sino pasados por alto con demasiada frecuencia por los
estudiosos, al tratarse de episodios entre territorios considerados periféricos desde la
perspectiva colonialista tradicional.4
Utilizamos en plural y en el sentido más laxo el término de historias naturales para
designar una producción intelectual heterogénea en cuanto a características formales y
textuales, pero en las que la descripción de la naturaleza, incluyendo la de los seres
humanos que la habitan, juega un papel central en el conjunto del texto, articulando
objetivos diversos (políticos, religiosos, económicos …) pero no separables de ese
empeño de comprensión del medio natural y sus habitantes, que se concibe como
instrumento imprescindible para el conocimiento del mundo.5
Este es el punto de partida desde el que nos planteamos presentar dos textos
producidos durante los primeros años de la colonización española de las Filipinas.
Ambos contribuyeron de modo notable – aunque diverso y con diverso objetivo – a
comunicar entre misioneros, colonos y lectores europeos los primeros conocimientos
acerca de la naturaleza y los pobladores del archipiélago. El primer texto es la obra
Sucesos de las Islas Filipinas, de Antonio de Morga, impresa en México en 1609, pero
escrita durante y después de la estancia de su autor en Filipinas, entre 1595 y 1603. Se
trata de una crónica de la presencia española en el archipiélago desde sus inicios hasta
la salida de Morga de Manila en 1603, que incluye una «Relación de las Islas Filipinas y
de sus naturales»,6 una de las primeras historias naturales del archipiélago, en la
acepción que aquí le otorgamos. El segundo texto es la Relación de las Islas Filipinas y
de lo que en ellas han trabajado los Padres de la Compañía de Jesús, publicada por
Pedro Chirino, en Roma, en 1604, durante su estancia en esa ciudad y que articula, en el
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
3/16
10/10/2019
11
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
interior de una crónica apologética de la labor misional de la Compañía, la primera
historia natural de las Filipinas escrita por un jesuita.
Los dos textos seleccionados sirvieron de punto de partida para otras historias
naturales que vendrían más tarde, cuando otras empresas coloniales se le fueran
planteando a la corona española y, en especial, aunque no solo, a su espacio colonial
norteamericano.
Otros textos e imágenes coetáneos
12
13
14
Para enmarcar las dos fuentes objeto de análisis, resulta conveniente tener en cuenta
también la producción coetánea o anterior a la aparición de los textos de Morga –
producido por un letrado laico, implicado en el gobierno civil y militar de la colonia
filipina – y Chirino – producido por un jesuita, implicado en una misión negociadora
con la cúpula de la Compañía en Roma para obtener apoyo y consideración al
planteamiento de la obra misional. Así, se deben tomar en consideración otras fuentes
anteriores y coetáneas no jesuíticas, ya que, si bien es cierto que la Compañía acabó por
hegemonizar la voz misional-colonizadora en Filipinas, como ocurrió también en los
territorios del Norte novohispano, tanto antes como después hubo otros agentes
emisores de textos, imágenes, informaciones y noticias acerca del mundo natural y sus
habitantes, en estilos y formas de hacer historia natural diversos, que los jesuitas
conocieron, aprendieron y, finalmente, supieron apropiarse y modificar de acuerdo a
sus propios intereses.
De hecho, no resulta extraño encontrar en los primeros años de la colonización de
Filipinas los diversos modos de hacer historia natural que se habían ensayado o se
estaban ensayando en Nueva España, aunque lógicamente solo en parte, ya que la
experiencia mexicana iba medio siglo por delante: descripciones de navegaciones;
relaciones de conquistas y sucesos; crónicas de misioneros; relatos de viajes y
descubrimientos; corografías, cartografías y representaciones visuales de plantas,
animales y seres humanos que habitan los territorios nuevos; etc. Una similitud de
géneros textuales y visuales que, en primer lugar, derivaba de la experiencia
novohispana anterior puesto que casi todas fueron producidas por individuos que
tenían ya cierta experiencia colonial allí, y que, en segundo lugar, respondía en buena
medida a un modo de recabar información característico tanto de la administración
colonial hispana como de la organización misional de las órdenes religiosas. Así, por
ejemplo, las aproximaciones de franciscanos, dominicos o agustinos derivan en cierto
modo de las crónicas que los frailes habían elaborado o estaban elaborando sobre las
respectivas órdenes en Nueva España. En el caso de las relaciones e informes no
clericales, la mayoría derivan de ese «conocer por cuestionario» que la administración
colonial castellana impuso desde mediados del Quinientos7 y que, en el caso filipino,
encuentran un primer documento elocuente en las «Instrucciones que llevaba don Luis
Dasmariñas» en su incursión desde Manila al interior de la isla de Luzón, por parte del
Gobernador Gomes Peres Dasmariñas, su padre: «enbiareis padrón de gente,
descripción y pintura del sitio y particularidades de la tierra».8
Peres Dasmariñas había llegado a Filipinas como Gobernador en 1590 acompañado
de su hijo Luis, que le sucedió tras su muerte en 1593 y se mantuvo en el cargo hasta
1596. Precisamente en el entorno de los Dasmariñas, sitúan los especialistas la
producción del llamado Códice Boxer.9 Se trata de un manuscrito ilustrado con sesenta
y cinco dibujos en color, que muestran a hombres y mujeres de los diferentes pueblos
habitantes del archipiélago filipino vestidos con trajes, ornamentos, armas o atributos
propios, además de otras cincuenta ilustraciones que muestran los objetos de comercio
entre españoles y filipinos. Las partes del texto que nos interesan relatan los
pormenores de estos intercambios comerciales, además de describir a tagalos, bisayas,
zambales, cagayanes y negrillos.10 La técnica y el estilo de pintura, así como el género
del papel, dan a entender que el pintor sería chino, probablemente uno de esos
sangleyes11 que habitaban extramuros de Manila y cuya presencia resulta clave para
entender no solo el flujo comercial entre Filipinas y China en el que se insertaron los
intereses mercantiles de los españoles, sino también la circulación de conocimiento
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
4/16
10/10/2019
15
16
17
18
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
geográfico, naturalístico, médico y lingüístico que llegó a los españoles a través de
ellos.12 La producción del manuscrito coincide parcialmente con los años en los que
Antonio de Morga estuvo en Manila como Oidor de la Audiencia, por lo que no parece
descabellado conectar sus escritos sobre las «antigüedades», los usos y las costumbres
de los habitantes del archipiélago con la producción de un manuscrito sobre el mismo
asunto en el entorno del Gobernador.13
Por lo que respecta a las historias naturales de las Filipinas producidas en el entorno
religioso y misional, qué duda cabe de que las primeras son las de los agustinos,
llegados ya en 1565 y que en 1572 erigieron su Provincia del Santísimo Nombre de
Jesús.14 Desde Andrés de Urdaneta, el fraile cosmógrafo descubridor del tornaviaje en
1564-65, a la monumental Conquistas de las islas Filipinas, escrita un siglo después,15
hay una producción agustina propia, de indudable tono apologético, cuya rivalidad con
otras órdenes y, en especial, con los jesuitas, es clave para entenderla.16
La segunda clave, que marca toda la producción hispana inicial sobre Filipinas, es la
tensión entre dos estrategias bien diversas: la evangelización de los locales como
prioridad o el mero establecimiento de una base para dar el salto a la misión en China.17
Aquí es donde, para lo que nos ocupa, se inserta la obra del también agustino Juan
González de Mendoza, quien, desde México, recopiló textos y testimonios sobre China,
que editó en Roma, en un libro que se convirtió en uno de los mayores éxitos editoriales
de su época en Europa.18
Otra clave, menos subrayada por la historiografía, es la experiencia de los conventos
de frontera agustinos en Nueva España, especialmente en las guerras chichimecas, su
frontera novohispana por antonomasia y que resulta clave para la estrategia de
implantación de la orden y para sus misiones en Filipinas.19
Más allá de los agustinos, hay que mencionar los escritos de los franciscanos, que
llegaron a Filipinas en 1577 y que en 1590 crearon su provincia de San Gregorio
Magno.20 Dentro del ámbito cronológico que nos interesa, es importante considerar el
texto «Costumbres de los tagalos» de fray Juan de Plasencia, fechado 1589 aunque
permaneció inédito hasta el siglo XIX;21 y, naturalmente, la obra de Marcelo de
Ribadeneyra, publicada en Barcelona, en 1601, que cubría una región mucho más
amplia que la filipina.22 Es en este cuadro de textos e imágenes de laicos y de religiosos
donde hay que insertar la primera de las obras que vamos a analizar.
La historia natural de las Filipinas en la
obra de Antonio de Morga
19
20
Antonio de Morga nació en Sevilla en 1559, hijo de un comerciante vasco casado con
una sevillana. En 1574 obtuvo el grado de bachiller en la Universidad de Salamanca y,
más tarde, se doctoró en cánones en la de Osuna; pero en 1578 regresó a Salamanca,
donde en 1580 se doctoró en leyes. Tras diversos cargos en la península, en 1593 fue
nombrado primer Oidor en la recién restablecida Audiencia de Manila, así que embarcó
con familia y criados, para ir a tomar posesión del puesto; tras una breve estancia en
México, en marzo de 1595 se embarcó en Acapulco, llegando a Cavite, el puerto de
Manila, en junio. Como ya hemos dicho, permaneció en Filipinas hasta 1603, cuando
regresó a México, donde fue nombrado Alcalde del Crimen, puesto que mantuvo hasta
1615, cuando fue nombrado Oidor de la Audiencia de Quito, un cargo que al parecer
compró a la Corona y que conservó hasta su muerte, en 1636.
Morga puede ser descrito como un magistrado corrupto, un contrabandista y un hábil
negociante en objetos orientales, cada vez más solicitados, tanto en México como en
Perú y en Europa. También puede ser considerado como un hábil escritor, buen
observador y argumentador incansable en el ataque a sus enemigos (entre los que
figuran en lugar destacado los misioneros)23 y en la defensa de sus propuestas políticas
para el asentamiento del dominio colonial español en el Pacífico. Aunque, a decir
verdad, ninguna de esas cualidades – negativas y positivas – puede considerarse
excepcional entre los letrados y gobernantes que desde Nueva España cruzaron el
Pacífico para colonizar las islas del otro lado del océano. Por otro lado, tampoco era este
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
5/16
10/10/2019
21
22
23
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
un destino ambicionado entonces por militares o letrados sino como trampolín para una
carrera funcionarial en las Indias y, algo compatible con ello, un enriquecimiento rápido
fruto de la explotación de recursos autóctonos, pero sobre todo fruto de la cercanía de
Filipinas con las Molucas (las islas de la especiería por antonomasia), con los objetos
suntuosos venidos de China o Japón y con el intenso flujo comercial en toda la región.24
De hecho, al poco de estar en Manila, en julio de 1596, Morga ya estaba escribiendo al
rey pidiéndole que le dejara regresar a México; durante los seis años siguientes, seguirá
pidiendo una y otra vez al rey «mandarme sacar desta tierra».25 Como ha comentado
Francisca Perujo, el perfil del doctor Antonio de Morga es muy interesante para
entender al típico letrado servidor del imperio colonial español: tanto su ambición,
como su lealtad, tanto su corrupción y enriquecimiento, como la condena a seguir en
ultramar toda su vida, sin darle opción a continuar una carrera política en Castilla,
conforman un perfil bien habitual. Por ejemplo, aunque en un nivel ligeramente
superior, es un perfil que recuerda – tanto en sus concomitancias, como en sus
divergencias – al de Francisco de Sande, gobernador de Filipinas entre 1574 y 1580,
dibujado densa y magistralmente por Romain Bertrand.26
La obra de Morga sigue siendo relativamente poco conocida en España más allá del
círculo estrecho de los llamados "filipinistas", que cuentan con la ya citada edición de
Hidalgo Nuchera, rica en materiales complementarios, especialmente por reeditar las
aportaciones de los dos editores decimonónicos del texto, José Rizal (1890) y Wescenlao
Emilio Retana (1909). La más reciente edición de los Sucesos data ya de más de una
década. El ya mencionado Charles Boxer valoró positivamente la obra de Morga, entre
otras cosas, por su temprano registro de voces de las lenguas tagala, china o japonesa
que se incorporaron, a través del español o del portugués, a los idiomas occidentales:
cha (té), parian (mercado), tibor, laca, biombo, chal... En ese sentido, es importante
señalar cómo los Sucesos registran también la temprana incorporación de tainismos
como canoa, cacique y batata, así como nahuatlismos como petate, çacate y naguatato
(intérprete), que se aplicaron en el español de Filipinas a objetos y personas, pero
también a plantas, similares a las novohispanas aunque originales del archipiélago.27
Por otro lado, los Sucesos son también un registro temprano de exploraciones ibéricas
del Pacífico, como la de los archipiélagos de las Salomón y de las Marquesas. Este
último ejemplo nos puede servir para presentar cómo Morga incorpora para sus lectores
una documentación referida a novedades geográficas, descripciones botánicas y otras
informaciones estrechamente ligadas a la geopolítica de la expansión colonial hispana
organizada a partir de las costas pacíficas de América:
En la isla que nombran ellos Santa Cristina – que es la isla Tahuata, del
archipiélago que nombran como Marquesas de Mendoza, en honor de la esposa del
virrey del Perú, don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete – hallaron
un buen puerto para surgir la armada de 4 naves que llevaban […] Lo que fue visto
de comer en aqueste puerto fue puercos y gallinas, cañas dulces, plátanos muy
buenos, cocos: una fruta que nace en grandes árboles, es tan grande cada una
dellas como grandes piñas, es muy buena comida, comióse mucha della verde,
asada y cocida, y madura cierto que es dulce y tan buena fruta a mi ver que no sé
yo otra que le haga ventaja. Apenas hay en ella que desechar, si no es poca cáscara.
Otra fruta como castañas en el sabor, pero mucho mayor que seis castañas juntas,
comiose de ellas muchas, asadas y cocidas. Y unas nueces de cáscara muy dura,
son muy aceitosas, muchas se comieron, sospechan algunos que les dio cámaras.
También vimos calabazas de Castilla, sembradas. 28
24
25
Pero, además de estas incursiones discursivas en el género de la historia natural que
se van incrustando a lo largo de la obra, a medida que se desarrolla cronológicamente la
narración de la conquista novohispana del archipiélago filipino y de las exploraciones
hacia otros archipiélagos del Pacífico desde ese enclave, Antonio de Morga incluye en
los Sucesos, un escrito final centrado en los contenidos más habituales de las historias
naturales coetáneas, con un título de por sí elocuente «Relación de las Islas Filipinas y
de sus naturales, antigüedad, costumbres y gobierno, así en el tiempo de su gentilidad
como después que los españoles los conquistaron, con otras particularidades».
Se trata, como ya apuntamos, del capítulo ocho, el último y el más extenso de la obra,
que convierte a los Sucesos en un excelente ejemplo de la vigencia del modelo de
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
6/16
10/10/2019
26
27
28
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
historia natural articulada en una crónica de conquista que iniciara Gonzalo Fernández
de Oviedo con sus publicaciones de 1526 y 1535 relativas principalmente al ámbito
caribeño, pero que en su parte manuscrita incluía también amplia información sobre
Nueva España.29 Un modelo en el que la «historia general» de la conquista de un
territorio (en la acepción de narración de los hechos protagonizados por los
conquistadores) es acompañada de una «historia natural» que sirve para elaborar y
transmitir un conocimiento del medio físico de los nuevos territorios, esencial para el
mantenimiento de los propios colonizadores, así como para la explotación de los
recursos naturales. Y entre esos recursos cabe incluir la población autóctona, por lo que
la historia natural incluye también una «historia moral», con la descripción de las
antigüedades, usos y costumbres de los habitantes del territorio conquistado, tres
modalidades de la escritura de la historia desde la óptica del colonizador y que
cristalizaría en 1590, con la publicación de la obra del jesuita José de Acosta, con el
significativo título de Historia natural y moral de las Indias. Pese a que, como es
sabido, la mayor parte del período de Acosta en América transcurrió en el Perú, su
ambición totalizadora la convirtió en un modelo a seguir para otros ámbitos coloniales,
en especial -pero no únicamente- para sus correligionarios jesuitas.30
Morga comienza la Relación con una corografía, la descripción de la ubicación
geográfica de todo el archipiélago y la relación general de los «temples» de aquellas
tierras, en el sentido hipocrático del término, que permite relacionar aguas, tierras y
aires con un significado ecológico – si se permite el anacronismo – del concepto de
clima, que no solo es meteorológico, sino que incluye también el temple de las gentes,
los animales y las plantas que lo habitan.31 Aquí, Morga ya introduce una
caracterización de los naturales que establece una diferencia básica entre los de «buenos
ingenios» y los «bárbaros». Pese a lo que pueda parecer, no estamos ante una aplicación
de la taxonomía que Acosta acababa de establecer entre los pueblos no europeos, en
función de una gradación civilizatoria relacionada especialmente con las similitudes
culturales con los cristianos, sobre todo en cuanto a prácticas de gobierno, instituciones
sociales y ritualidades y creencias religiosas. En el caso de Morga, se trata de una
aproximación menos elaborada, más intuitiva, acerca de lo que la etnografía posterior
acabaría estableciendo como distancia entre el salvaje y el civilizado – y la sucesión más
o menos arbitraria de etapas intermedias –, aunque los dos términos no existan aún
como tales.32
Para basar su jerarquización de la diferencia cultural, Morga acude a la comparación
entre estilos de vida, formas de guerrear, armas de que disponen y rasgos básicos de las
respectivas economías productivas de tagalos, bisayas, zambales, cagayanes y negrillos,
además de detenerse en las formas masculinas y femeninas de vestir, de arreglarse el
cabello, de cuidar los dientes o de relacionarse con el agua: de ahí que, como decíamos
al inicio, la conexión con las imágenes del Códice Boxer sea inevitable. Llama la
atención la insistencia de Morga en incluir de manera sistemática rasgos de prácticas
sociales de las mujeres para deducir de ello cualidades morales de los diferentes pueblos
del archipiélago. En el caso de los hombres, por el contrario, son las armas y sus
diferencias lo que le permite, sin solución de continuidad, pasar a consideraciones
morales sobre unos u otros pueblos, relacionadas con las cualidades atribuidas en su
mentalidad a lo militar: la valentía, el deseo de venganza, la ostentación, la severidad o
clemencia con el enemigo, las injurias o el honor, etc.33
Otro eje sobre el que gira una y otra vez el texto de la Relación es el de los alimentos,
en una clara demostración de cuáles son las finalidades esenciales de la historia natural
more Morga, que no es otra que la de poner en circulación entre sus lectores
novohispanos información vital para la supervivencia de los que desde allí fueran a
colonizar las tierras transpacíficas. Plantas y animales filipinos son, de este modo,
seleccionados y descritos en función de este interés. Eso explica varios mecanismos de
mexicanización, como el de adjudicar nombres derivados del náhuatl a alimentos
autóctonos (como llamar quilites a un tipo de verdura comestible) o el de registrar con
puntualidad la aclimatación de alimentos llevados allá desde Nueva España, como las
guayabas o el chile. De los «mantenimientos» autóctonos, se detiene bastante en la
tuba, bebida que se extrae de la palma y que, como el mismo Morga describe, es
«destilada por alambiques en sus hornillos e instrumentos» por la población autóctona.
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
7/16
10/10/2019
29
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
Quizá por la aparición de la destilación y del instrumento para ello, Morga no duda en
asimilar la tuba al aguardiente de los españoles, destacando que «si se usa dél con
templanza, es medicinal para el estómago y contra las flemas y todas reumas».34
Las páginas dedicadas a la enumeración y descripción de plantas y animales culminan
– lo que no deja de ser sintomático de las preocupaciones del oidor de un tribunal de
justicia recién instalado en tierra extraña – con una atención especial a los venenos y
contravenenos, especialmente de origen vegetal.35 En este último tramo, el tratamiento
dado al buyo, «el regalo ordinario en todas estas islas», es un significativo ejemplo de la
manera que tiene Morga de organizar el conocimiento que quiere comunicar,
conocimiento que, indudablemente, recoge del saber de la población autóctona, se diría
que incluso otorgándole igual o mayor crédito que a su propia observación:
Este se hace de un árbol que tiene la hoja de la hechura del moral y el fruto es
como una bellota de roble, y por dentro blanca. Córtase este fruto, que se llama
bonga, por lo largo en partes, y cada una dellas se mete en un envuelto de alcartaz
que se hace de la hoja, y con la bonga se echa dentro un polvo de cal viva, y este
compuesto se mete en la boca y se masca. Es cosa tan fuerte y enciende tanto que
adormece y emborracha, y a los que lo han usado les abrasa la boca con
sentimiento […] fortifica y preserva la dentadura y encías de todas reumas,
neguijón y achaques, y cuentan desto otros efetos maravillosos [...] como en la
Nueva España el chocolate, dentro de los cuales se ha dado a muchos veneno de
que han muerto atosigados, y esto es muy ordinario.
30
La referencia al chocolate novohispano no hace sino confirmar cuál es el público al
que Morga se está dirigiendo. Siguen al fragmento citado otros pormenores sobre
prácticas sociales de los naturales en torno al buyo, entre los que vuelve a destacar el
asunto del veneno, en un tratamiento que es a la vez médico curioso, pero sobre todo
político, porque:
De venenos y tósigos usan muy de ordinario los naturales destas Islas. Las yerbas
que hay en todas ellas de este género son tan eficaces y mortíferas que hacen
efectos maravillosos […] de que ordinario mueren miserablemente muchas
personas, especialmente españoles poco recatados y mal gobernados, aborrecidos
por los malos tratamientos que hacen a los naturales.
31
Por eso incluye también el uso de las contrayerbas y una en especial, con la que acaba
el asunto y en donde vuelve a mostrar esa tendencia a la analogía con la naturaleza
novohispana, que es la que sus lectores potenciales conocen:
unas mosquillas o cochinillas de color morado que se hallan en las Islas de
Pintados en algunas matas, que encerradas en un cañuto limpio y tapada la boca,
crían y multiplican dentro […] saben a mastuerzo y hacen efecto maravilloso y aun
para ir a convites o comidas de alguna sospecha se suelen tomar, que preservan y
aseguran de cualquier riesgo de tósigo y veneno.36
32
Desfilan a continuación, consideraciones sobre el oro, las perlas, el ámbar y la algalia,
cuatro recursos de alto valor económico que se dan en las islas.37 Después, Morga
retoma la corografía del archipiélago y esa peculiar historia o crónica que dosifica lo
natural y lo moral aplicada primero a la isla de Luzón y a los tagalos, luego a las Bisayas
y sus habitantes, donde, de nuevo, engarza apuntes morales sobre las mujeres con otros
sobre las armas de sus guerreros,38 después Cebú y las islas de los Calamianes, «antes
de llegar a la de Borneo»,39 para regresar al tema que parece dominar su intento de
comprensión de los habitantes más cercanos a su experiencia cotidiana: los tagalos de
Luzón, sus rasgos culturales más destacados y sus instituciones sociales. Dedica aquí un
extenso espacio a una interesante historia moral de los tagalos,40 describiendo desde la
sexualidad y el trato a las «mozas de casar» hasta las «ceremonias a los ídolos para sus
enfermedades», pasando por los
Herbolarios y hechiceros ha habido comúnmente entre estos naturales. Éstos no se
castigaban ni prohibían entre ellos entretanto que no causaban algún daño
particular, que pocas veces se podía averiguar ni tratar dello.41
33
El capítulo – y la obra entera con él – se cierra con una descripción de la ciudad
Manila bajo organización española: sus seiscientas casas de españoles dentro de las
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
8/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
murallas y otras tantas en los arrabales; las fortificaciones; las casas de gobierno; la casa
de las arrecogidas; los conventos, con cincuenta agustinos, cuarenta dominicos y
franciscanos y veinte jesuitas;42 y los tres hospitales:
hay un Hospital Real de Españoles, con médico, boticario, cirujanos,
administradores y sirvientes, labrado de cantería con su iglesia, salas de enfermos
y servicio de camas [...] Hay otro Hospital de la Misericordia a cargo de la cofradía
deste nombre que se fundó en la ciudad de Manila con la hermandad de la
Misericordia de Lisboa y de las otras hermandades de la India [...] en él curan los
esclavos de la ciudad y dan aposentos a mujeres pobres [...] y el Hospital de los
Naturales, del patronazgo real [...] en que se curan mucho número de naturales de
todas las enfermedades, con mucho regalo y cuidado [...]43
34
35
Para concluir, es interesante destacar cómo hay indicios claros de que la Relación, o al
menos una primera versión, fue escrita cuando Morga aún estaba en Filipinas; lo mismo
cabe decir de otros capítulos de los Sucesos. Ello no impidió que Morga siguiera
escribiendo su obra cuando estaba ya de regreso en México, tras sus ocho años en
Filipinas, ya que hay pasajes que tuvo necesariamente que incluir después de 1603 y a lo
largo de los cinco años que transcurrieron hasta la definitiva publicación de la obra en
México, en casa de Gerónimo Balli, en 1609.
Hay pruebas de que tanto en Filipinas, como en México y en España, circularon
algunas copias manuscritas con anterioridad a la llegada del texto a la imprenta.44 De
esas pruebas la más significativa para nuestros fines es la que ofrece el protagonista de
la última parte de este artículo, el jesuita Pedro Chirino, autor de la Relación de las Islas
Filipinas. En 1602, estando aún en Manila tanto el oidor Antonio de Morga como el
misionero, Chirino tuvo acceso a una copia manuscrita de la obra y así lo dice de forma
explícita el mismo Chirino en la dedicatoria de su obra, cuando la imprime dos años
más tarde, ya en Roma:
Porque la historia copiosa y cumplida de aquellas islas tiene escrita con gran
cuidado, verdad y elocuencia, el Dr. Antonio de Morga, del Consejo del rey
Católico, y su oidor en la Real Chancillería de Manila. Y sin eso y con eso no es de
mi obligación y profesión escribirla: aunque cierto hay en ella cosas grandiosas,
raras y admirables.45
36
La imagen de Chirino leyendo el manuscrito de Morga es atractiva como
representación de nuestro empeño en contrastar el modo de escribir historia – y,
específicamente, pero nunca aisladamente, la historia natural inserta en sus respectivas
obras – de un civil laico como Morga y de un jesuita misionero como Chirino.
La obra de Pedro Chirino
37
Pedro Chirino fue, como se ha dicho, el primer jesuita en publicar una crónica sobre
la labor de la Compañía en las islas Filipinas. Nacido en Osuna en 1557, ingresó en la
Compañía de Jesús en 1580, con 22 años. Recién ordenado embarcó en septiembre de
1589, en la misma flota que llevaba al nuevo gobernador de las Islas Filipinas, Gómez
Pérez Dasmariñas, ya presentado anteriormente. Chirino llegó a Manila en junio de
1590, previo paso por Nueva España. Durante sus casi 45 años en el archipiélago,
Chirino realizó trabajos diversos, tanto en los alrededores de Manila como en las
Bisayas. En 1602, siendo rector del Colegio de San José de Manila, cabecera de la
Compañía en el archipiélago, fue nombrado procurador de la viceprovincia en Roma.46
Entre los encargos que le llevaban hasta allá estaba el de intentar conseguir la
constitución de Filipinas como provincia independiente de México. Así es que la
decisión de imprimir su primera obra allí mismo, en Roma, en 1604, hay que
encuadrarla en esa misión, porque lo cierto es que al año siguiente de aparecer su
Relación de las Islas Filipinas y de lo que en ellas han trabajado los Padres de la
Compañía de Jesús consiguió el objetivo de que fuera aprobada la constitución de una
provincia jesuita con centro en Manila e inició el regreso a Filipinas. En 1606, Chirino se
reincorporó a la enseñanza en el Colegio de San José, que a partir de 1621 elevado a la
categoría de universidad, donde murió en 1635, dejando manuscrita una Primera Parte
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
9/16
10/10/2019
38
39
40
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
de la Historia de la Provincia de Filipinas de la Compañía de Jesús, que ha
permanecido inédita hasta el año 2000.47
Los tres primeros jesuitas habían llegado a Filipinas en 1581 así es que lo que la
Relación de Chirino pretende historiar son algo más de dos décadas de labor de la
Compañía en Cebú, Luzón y las escasas misiones creadas en estas dos islas y alguna
otra. Porque, de hecho, la primera iniciativa de la Compañía fue establecer colegio en
Manila para educar a hijos de españoles, proyecto para el que obtuvieron el permiso real
en 1585, cuando eran solamente seis los jesuitas en todo el archipiélago. A mediados de
1590, desembarcaron Pedro Chirino y el hermano Francisco Martín y la estrategia de la
Compañía comenzó a cambiar para convertir Filipinas en un territorio de misión,
puesto que a esas alturas la empresa de la China había dejado de figurar en los planes
inmediatos de la monarquía ibérica. Fue entonces cuando los jesuitas decidieron
aprender tagalo y Pedro Chirino fue protagonista principal de este nuevo objetivo. Él
mismo narra cómo aprendió el tagalo valiéndose del vocabulario y la gramática hechos
por el agustino fray Martín de Rada.48
En 1591, Chirino fue enviado al cercano pueblo de Balayan para predicar la religión
cristiana a aquellos «paganos»; el arzobispo de Manila «encarga» a los jesuitas otros
dos pueblos del entorno, Taytay y Antipolo. En 1592, Chirino se fue a la isla de Panay,
en la diócesis de Cebú. El apoyo de los mandatarios de la Compañía en México se
redobló y, por primera vez, enviaron un número consistente – ocho jesuitas – a
Filipinas, lo que permitió al entonces aún sub-provincial Sedeño inaugurar las cátedras
del colegio de Manila y fundar otro colegio en Cebú, además de enviar cuatro
misioneros a las Bisayas, en concreto a Carigara en la isla de Leyte, que, junto a las de
Samar y Bohol, les había tocado en el reparto de islas hecho en 1594 entre las diferentes
órdenes. La centuria se cerró con la llegada del visitador Diego García en junio de 1599,
acompañado de dos sacerdotes más y de otro coadjutor. García, como otros jesuitas
llegados a Manila hasta ese momento, poseía ya una amplia experiencia misional en
Nueva España.49 Fue precisamente Diego García quien ordenó en 1602 el viaje de Pedro
Chirino a Roma para que se entrevistara con el General Acquaviva, con el fin de intentar
la aprobación de constituir la provincia filipina de la Compañía. Llegado a Roma, como
ya hemos dicho, Chirino envió a la imprenta su Relación de las Islas Filipinas.
La obra se abre con la dedicatoria al General Claudio Acquaviva. Allí es donde Chirino
afirma conocer la obra de Morga, aún manuscrita, remitiendo al lector a ella, en la cita
que transcribimos más arriba. Inmediatamente después, en el capítulo primero «Del
nombre de las Filipinas, de su descubrimiento y sitio», Chirino ubica al lector en la
geopolítica ibérica, un mundo globalizado por una monarquía católica, que, en ese
momento, como es sabido, impera sobre portugueses y españoles:
Son las Filipinas parte de las muchas Islas que los nuevos Cosmógrafos dan por
adjacentes a la Asia, como las Canarias i Terceras a la África, i las de Inglaterra y
Escocia, Hibernia, Irlanda, Olanda, Gelanda i las Orcadas, a la Europa. Son
algunas de las de aquel grande Archipelago de Islas, que atravesadas en la
equinoccial, o Torrida Zona, i corriendo a lo largo de las costas de la gran China i
de la India, se rematan por la vanda del Norte en las de Iapón, que pasan de los
quarenta grados, i por la del Sur hasta agora no se le conoce término. Están estas
Filipinas entre las Malucas y las del Japón
41
Chirino resume en pocas líneas la historia de la presencia portuguesa y castellana en
aquellas remotas islas y no duda en señalar a la «codicia de las drogas» como el leit
motiv de la expansión:
y es cosa maravillosa que habiendo la industria y diligencia de los Portugueses
descubierto, navegado y poblado al Maluco y la China y Japón, que son como los
extremos, y circunferencia, no tuviesen noticia del medio o centro, que son las
Filipinas. Aunque es verdad que la tuvieron de la de Burney, que es la última de
ellas hacia el Sur. Mas no pararon en ella por ir encaminados a las del Maluco, con
la codicia de la especiería y drogas que allí se dan con tanta abundancia. Pero esta
misma codicia de las drogas hizo que los Españoles o Castellanos descubriesen i
poblasen las Filipinas, como es notorio. Porque yendo Hernando Magallanes, en
tiempo del Emperador Carlos Quinto, a buscar las dichas drogas del Maluco para
la corona de Castilla, dio en la Isla de Çebú, donde aunque le costó la vida dio
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
10/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
ocasión a que se hiziesse aquella jornada desde la Nueva España, ahorrando el
rodeo del estrecho, i la navegación de acá de España50
42
43
44
45
46
La estructura de la obra sigue un hilo argumental claro: acompañar paso a paso el
avance de los jesuitas en sus misiones evangelizadoras de la población desde las
primeras salidas de Manila hasta la marcha de Chirino como procurador con destino a
Roma: poblado a poblado, isla a isla, narrando los hechos de los misioneros, las
conversiones conseguidas y cualquier tipo de historia edificante atribuido a un recién
convertido o a la fuerza moral de un misionero. Ochenta y un capítulos (el primero,
como ya señalamos, es como un preámbulo geográfico)51 desde el hallazgo en Cebú de
una estatuilla que supuestamente representaba un niño Jesús, en el capítulo 2, hasta «el
aumento de la cristiandad en Catubig» (capítulo 82) conseguido, no podía ser de otro
modo, gracias a los padres de la Compañía.
Así es que un vistazo al índice de la obra da la impresión de no ir más allá de un mero
relato apologético de la cristianización de algunas poblaciones de las diversas islas del
archipiélago. Sin embargo – y esto es lo significativo para nuestro objetivo – Chirino
considera imprescindible informar a sus lectores no sólo de cómo viven, como visten y
en qué creen los diversos pueblos que van encontrando los misioneros, sino también
qué lengua hablan, qué conductas morales observan con respecto al matrimonio, la
crianza de los hijos o a la atención a sus gobernantes, además de qué comen y qué
paisaje y que relaciones encuentran establecidas entre la población y su entorno natural.
Es emblemático, en este sentido, el extenso capítulo cuatro, dedicado aparentemente, a
juzgar por su título, a narrar la «entrada de los Padres de la Compañía en las Islas
Filipinas», pero que dedica casi más espacio a enumerar las riqueza que ofrece la flora y
la fauna de las islas y sus aguas que a la entrada de los jesuitas en ese paraíso natural.52
Respecto a la conexión de la Relación con el modelo de historia natural y moral de
José de Acosta, podría pensarse, en principio, en una más que probable lectura de la
obra por parte de Chirino. Aunque él estaba ya en Manila en 1590, cuando se publicó en
España la Historia natural y moral, pudo perfectamente conocer la obra, no sólo
porque en las naves que surcaban el Atlántico desde Sevilla a Veracruz y el Pacífico
desde Acapulco a Manila llegaban puntualmente numerosos libros,53 sino porque no
debemos olvidar que Chirino estaba en Roma cuando ultimó y publicó su Relación y en
los doce años transcurridos desde su primera edición, la obra de Acosta había conocido
un éxito editorial notable, con numerosas reediciones.
Eduardo Descalzo, que ha estudiado en profundidad las obras de los jesuitas sobre
Filipinas, considera a Chirino «un autor muy similar a su correligionario José de Acosta,
debido a su coincidencia cronológica y a las similitudes en su formación y en su
pensamiento, de manera que la mayoría de análisis referidos a uno son válidos para el
otro».54 El eclecticismo propio de ese humanismo teológico jesuita que ha caracterizado
Claudio M. Burgaleta, está también en esa forma específica de entender la historia como
género retórico que caracteriza a Acosta y también, siempre según Descalzo, a Chirino.55
La epistemología crítica de la formación de ambos se encauza, a la hora de aproximarse
a la naturaleza, a través de la peculiar apropiación jesuítica del empirismo aristotélico,
que les lleva a usar los sentidos como fuente de experiencia, pero sometida ésta al
estricto rigor analítico de la filosofía natural aristotélica. Porque es la filosofía natural
aristotélica la que lleva a buscar las causas y la finalidad de cada uno de los fenómenos y
entidades del mundo natural de una manera jerarquizada y finalista.56 Por eso es
interesante ver dónde y cómo inserta Chirino su observación de la naturaleza del
archipiélago filipino y de los seres que la pueblan en su narración histórica y apologética
de la labor misional de los jesuitas. Como ha escrito Descalzo, en la obra de Chirino «la
naturaleza adquiere un marcado protagonismo, ya que no es sólo el escenario inerme
donde transcurre la historia humana, sino que es considerado como un condicionante
fundamental en la explicación de las costumbres humanas y en su variedad, así como un
marco donde queda engrandecida la labor del misionero».57
Pero no es solo eso; la inserción de la narración de lo humano en el medio natural es a
un tiempo instrumento de conocimiento y estrategia de comunicación para captar el
interés del lector. Algo que Chirino expresaba con claridad en la «Primera Parte de la
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
11/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
Historia de la Provincia de Filipinas de la Compañía de Jesús», la versión manuscrita
ampliada de la Relación:
Mas porque pienso que quien leyere esto, holgará entenderlo mejor teniendo
noticia de los sitios, parajes y distancias, quiero hazer antes de passar adelante una
breve descripción desta isla de Manila, y algunas comarcanas, como Lugbán y
Mindoro, y lo mismo haré de las demás como lo fuere pidiendo el hilo de la
Historia.58
47
48
49
Así pues, la representación de la naturaleza en la escritura de Chirino se mueve entre
el entusiasmo ante su grandeza, belleza y fertilidad y el deseo de transmitir a sus
lectores la idea de una naturaleza de proporciones inimaginables, con unas fuerzas
naturales siempre desatadas. Una representación que, conviene insistir una vez más, se
dirigía a engrandecer la labor de unos misioneros cuya figura quedaba empequeñecida
ante tal manifestación de poder del Creador, plasmada en la «monstruosidad» de lo
creado (en el sentido que la historia natural da al término monstruosidad en esa
época),59 así como en la disposición de los nativos hacia el mensaje religioso de los
jesuitas.
No debe sorprender, pues, el gran protagonismo que adquieren en la narración de
Chirino los indígenas, en cuanto objeto de dicha evangelización. Por eso aporta tan
abundante información sobre los nativos, sus modos de vida, costumbres y creencias,
así como la distinta influencia de los españoles sobre ellos. En una primera
aproximación a los indígenas, Chirino resalta casi siempre la «barbarie» en la que se
encontraban antes de la evangelización y el cambio operado gracias a ésta. No obstante,
no todos los bárbaros son iguales. Y aquí es donde parece más clara la adopción de lo
aprendido en el modelo de la Historia natural y moral de las Indias, ya que las
distinciones de Chirino recuerdan claramente a los tres niveles de «naciones bárbaras»
que José de Acosta había establecido. Tagalos, bisayas y pintados pertenecerían al
segundo grado de «barbaridad» (desarrollo de artes mecánicas, relaciones comerciales,
dominio del arte de la artillería), mientras que zambales y negrillos permanecerían en el
tercer nivel, el de los más bárbaros. Ninguno de los pueblos del archipiélago merecería,
sin embargo, adscribirse al primer nivel, aquel de las sociedades con «costumbres
llegadas a raçon y fundadas en humana puliçia», como China y Japón.
Además de la caracterización de los distintos pueblos filipinos, Pedro Chirino aborda
en su obra algunas de sus prácticas culturales. Como también hiciera Morga en el
trascendental capítulo 8 de sus Sucesos, la práctica frecuente del baño entre los filipinos
llamó poderosamente la atención de Chirino: «desde que nacen estos isleños, se crían
en el agua: y así varones y hembras, aún muy pequeños, nadan como unos peces, y para
pasar los ríos no han menester puente». Los filipinos tienen la costumbre de bañarse «a
todas horas sin distinción, por regalo y limpieza». No obstante, el baño tiene una
dimensión más allá del disfrute: «usan también baños por medicina para los cuales les
ha dado Dios nuestro Señor algunos ojos de agua caliente».60 Una idea se encuentra una
y otra vez en la Relación (y seguirá así en el manuscrito de la Primera parte de la
historia): la Providencia ha dotado a las islas de muchas ventajas; de nuevo, unos rasgos
asociados a un entorno natural generoso para con los habitantes, a los que solo les
faltaba la llegada de la religión cristiana para ser y vivir en perfecta felicidad.
Epílogo
50
51
No cabe duda de que Chirino ofrecía en su Relación una verdadera historia natural y
moral de las Filipinas, como ofrecía – en otro estilo y con otro fin – Morga en los
Sucesos. Con una selección de acontecimientos ejecutada en función de la apología de la
misión imperial en un caso y de la conversión religiosa en el otro; con un estilo hosco,
crítico y sobrado de entusiasmo militarista en el caso del oidor, esmerado, repetitivo y
sobrado de didactismo en el caso del jesuita. La tercera diferencia notable entre ambos
es la mirada hacia el entorno natural.
Morga, como hemos apuntado, ve en el paisaje la mano humana, es la producción que
el humano extrae de la tierra – y de las aguas – lo que le interesa, dónde encontrar y
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
12/16
10/10/2019
52
53
54
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
cómo conseguir los «mantenimientos» imprescindibles para la supervivencia de los
colonizadores, cómo y de qué se alimentan los nativos y qué es aprovechable o puede ser
adoptado por los españoles; finalmente, qué productos mexicanos o ibéricos se ha
conseguido aclimatar para mantenimiento de frailes, soldados, encomenderos, colonos
y mercaderes.
Chirino, en cambio, no deja casi nunca de recrear para el lector una naturaleza rica y
feraz, una vegetación exuberante, un auténtico paraíso natural; solo cuando hay que
subrayar las incomodidades que deben vencer los misioneros, la traza verbal de ese
mismo paisaje se llena de pinceladas críticas y aun apocalípticas: terremotos, volcanes,
inundaciones, huracanes, alimañas de todo tipo y los temibles caimanes, todo amenaza
la sagrada tarea del misionero.
En contraste, la beligerancia de Morga con respecto a la manera de desplegar esa
sagrada misión, su convicción de que los intereses de los servidores de la Corona no
necesariamente concordaban con los de los imbuidos de la misión de la conversión le
llevaron a agudizar una mirada hacia el entorno natural marcada por un pensamiento
estratégico para asegurar mediante el conocimiento de los recursos naturales del
entorno la supervivencia de los nuevos pobladores, en especial colonos y soldados.
La tensión entre ambas formas de articular la historia natural y moral en sendas
obras con claras finalidades en el orden político no deja de ser sintomática del modo en
que se comenzó a desplegar la colonización novohispana de las islas Filipinas.
Notas
1 Solo se conoce un facsímil publicado en 1905: Romain Bertrand, Le long remords de la
conquête, Paris, Seuil, 2015, p. 21-22, 344.
2 Citamos por la edición de Patricio Hidalgo, Los primeros de Filipinas. Crónicas de la Conquista
del Archipiélago, Madrid, Polifemo, 1995, p. 210-212.
3 En los libros III (capítulos 198 a 203) y IV (capítulos 16 a 18 y 43) sobre las plantas y en diversos
capítulos del libro sobre los animales, en su Historia natural de Nueva España escrita, como es
sabido, en México entre 1571 y 1576.
4 Clotilde Jacquelard, «Les Philippines, périphérie ou nouveau centre d’un espace mondialisé
(XVIe-XVIIe siècles)?», e-Spania [En línea] puesto en línea 16 enero 2013, consultado 10 julio
2018. URL http://journals.openedition.org/e-spania/21914; Rafael Valladares, «Tres centros y
ninguno. China y la mundialización ibérica, 1580-1640», in Carlos Martínez-Shaw y Marina
Alfonso Mola (eds.), La ruta española a China, Madrid, El Viso, 2007, p. 97-111.
5 José Pardo-Tomás, «Making natural histories in New Spain Making Natural History in New
Spain, 1525-1590», in Helge Wendt (ed.), The Globalization of Knowledge in the Iberian Colonial
World, Berlin, Max Planck Research Library for the History and Development of Knowledge,
2016, p. 19-51.
6 Antonio de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas. Edición de Francisca Perujo, México, FCE,
2007, p. 217-304. Hemos utilizado esta edición por ser la más reciente, estar profusamente
anotada y tener un estudio introductorio amplio y significativo. Existe otra edición moderna algo
anterior, a cargo de Patricio Hidalgo Nuchera: Madrid, Polifemo, 1997. Para una aquilatada
comparación entre las dos ediciones, considerablemente diversas tanto en su tratamiento del
texto original como en la edición de materiales complementarios, véase Armando Azúa, «Dos
aproximaciones a un texto», Historia y Grafía, n° 36, 2011, p. 219-231.
7 Francisco Solano (ed.), Cuestionarios para la formación de las relaciones geográficas de
Indias: siglos XVI-XIX, Madrid, CSIC, 1988; Arndt Brendecke, Imperio e información. Funciones
del saber en el dominio colonial español, Madrid-Francfurt, Iberoamericana-Verkuert, 2012.
8 Morga, Sucesos, 2007, p. 33.
9 Así llamado en honor de Charles Ralph Boxer (1904-2000). La edición más reciente: Boxer
Codex. A Modern Spanish Transcription and English Translation of 16th-Century Exploration
Accounts of East and Southeast Asia and the Pacific, edición de Isaac Donoso, María Luisa
García, Carlos Quirino y Mauro García. Quezon, Fundación Vibal, 2016.
10 Otros contenidos del códice parecen derivar de fuentes narrativas de origen portugués sobre la
península malaya y las Molucas: John N. Crossley, «The Early History of the Boxer Codex»,
Journal of the Royal Asiatic Society, vol. 24-1, 2014, p. 115-124.
11 Vocablo, de etimología aún discutida entre los especialistas, pero probablemente relacionado
con un término autóctono relacionado con la designación de «gentes venidas a mercadear», con el
que los textos españoles designan a los chinos que habitan los enclaves mercantiles de las
Filipinas: Manel Ollé, «La proyección de Fujian en Manila: los sangleyes del Parián y el comercio
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
13/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
de la Nao de China», in Salvador Bernabéu Albert y Carlos Martínez Shaw (eds.), Un océano de
seda y plata: el universo económico del Galeón de Manila, Sevilla, CSIC, 2013, p. 155-178.
12 Ostwald Sales-Comín, «Sangleyes en Manila: Algunas percepciones de las autoridades
capitalinas, 1603-1630», México y la cuenca del Pacífico, vol. 5, 2016, p. 89-113. Sobre los
sangleyes, Morga, Sucesos, p. 295-298.
13 A las producciones laicas coetáneas habría que añadir también el relato de viaje del joven
mercante italiano Francesco Carletti, que viajó por la región entre 1594 y 1606, aunque el
contexto de producción y circulación de su relato de vuelta al mundo es diferente. Francesco
Carletti, Raggionamenti del mio viaggio intorno al mondo, edición de Adele Mei, Milano, Ugo
Mursia Editore, 2008.
14 Antonio García-Abasolo, «Relaciones entre los grandes virreyes de México y los Agustinos ante
la presencia española en Filipinas (siglo XVI)», in Isacio Rodríguez (ed.), Agustinos en América y
Filipinas, Valladolid, Estudio Agustiniano, 1990, p. 621-640; Isacio Rodríguez y Jesús Álvarez, Al
servicio del Evangelio. Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús en Filipinas,
Valladolid, Estudio Agustiniano, 1991.
15 Gaspar de San Agustín, Conquistas de las islas Philipinas: la temporal, por las armas del
señor don Phelipe Segundo el prudente, y la espiritual por los religiosos del orden de nuestro
padre San Agustín. Madrid, Manuel Ruiz de Murga, 1698.
16 Basta recordar el peso de las hagiografías de primeros misioneros agustinos en Filipinas
recogidas por el primer cronista oficial de la orden en Nueva España, Juan de Grijalva, Crónica de
la Orden de NPS Agustín en las provincias de Nueva España, México, en el convento de san
Agustín, 1624.
17 Antonella Romano, Impressions de Chine. L’Europe et l’englobement du monde (XVIe-XVIIe
siècle), Paris, Seuil, 2016; Manel Ollé, La empresa de China. De la Armada Invencible al Galeón
de Manila, Barcelona, Acantilado, 2002.
18 Juan González de Mendoza, Historia delas cosas mas notables, ritos y costumbres, Del gran
Reyno dela China, sabidas assí por los libros delos mesmos Chinas, como por relación de
Religiosos y otras personas que an estado en el dicho reyno, Roma, Bartholomé Grassi, 1585.
Diego Sola, El cronista de China. Juan González de Mendoza, entre la misión, el imperio y la
historia, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2018.
19 Frente a franciscanos, dominicos y jesuitas, la proporción de criollos en los agustinos era muy
relevante, como demostró de forma contundente Antonio Rubial, La monarquía criolla. La
provincia agustina en el s. XVII, México, Conaculta, 1990.
20 Sobre escrituras franciscanas ibéricas, Federico Palomo (ed.) «La memoria del mundo. Clero,
erudición y cultura escrita en el mundo ibérico (siglos XVI-XVIII)», Cuadernos de Historia
Moderna, 13, 2014, p. 11-262; y «Written Empires: Franciscans, texts and the making of early
modern Iberian Empires», Culture and History Digital Journal, 5-2 [En línea] puesto en línea
diciembre 2016, consultado 12 julio 2018 URL http://cultureandhistory.revistas.csic.es/e011
21 El texto fue incluido en 1676 en una crónica que permaneció inédita hasta final del siglo XIX:
fray Francisco de Santa Inés, Crónica de la provincia de San Gregorio Magno de religiosos
descalzos de NSP San Francisco en las Islas Filipinas, China, Japón, Manila, por Chofré y Cª,
1892, p. 592-603.
22 Marcelo de Ribadeneyra, Historia de las islas del archipiélago y reynos de la Gran China,
Tartaria, Cunchinchina, Malaca, Siam, Camboxa y Iappon, y de lo sucedido en ellos a los
Religiosos Descalços de la Orden del Seráphico Padre San Francisco, Barcelona, Gabriel Graells
y Giraldo Dotil, 1601.
23 Son de lo más elocuente, en este sentido, las 26 acusaciones contra los religiosos con las que
inició su «Relación sobre el estado de las Islas Filipinas», fechada en Manila, el 8 de junio de
1589; acertadamente editada por Perujo junto a los Sucesos, p. 307-324, en especial 307-309.
24 Juan Gil, La India y el Lejano Oriente en la Sevilla del Siglo de Oro, Sevilla, Ayuntamiento de
Sevilla, 2011.
25 Para la biografía de Morga, sigue siendo útil el estudio preliminar que escribió Wenceslao
Retana para su edición de los Sucesos, de 1909. Ver también Jacquelard, «Entre itinérances» y
Perujo, «Estudio introductorio», in Morga, Sucesos, p. 28-36.
26 Bertrand, Le long remords, p. 83-135.
27 Perujo, «Estudio introductorio», in Morga, Sucesos, p. 33-36.
28 Morga, Sucesos, 2007, p. 66. Morga copia aquí la «relación que dejó firmada de su nombre
Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor del viaje del adelantado Álvaro de Mendaña de Neira al
descubrimiento de las Islas de Salomón», una expedición que había salido del Callao en abril de
1595.
29 Jesús Carrillo, Naturaleza e Imperio: La representación del mundo natural en la Historia
general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid, Doce Calles-Fundación
Carolina, 2004; Alexandre Coello de la Rosa, Historia y ficción. La escritura de la Historia
general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, Valencia, PUV, 2012.
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
14/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
30 Fermín del Pino, «La Historia Natural y Moral de las Indias como género. Orden y génesis
literaria de la obra de Acosta», Histórica, vol. 24-2, 2000, p. 295-326. Sobre este asunto de las
historias general, natural y moral, ver Guillermo Zermeño, Historias conceptuales, México, El
Colegio de México, 2017. Sobre obras y autores específicos en el contexto hispánico: Fermín del
Pino (ed.), Dos mundos, dos culturas: o de la historia (natural y moral) entre España y el Perú,
Madrid-Francfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2004; David Sodolkow, «Una etnografía en tensión:
"Barbarie" y Evangelización en la Obra de José de Acosta», Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En
línea], puesto en línea 15 marzo 2010, consultado 10 julio 2018. URL :
http://journals.openedition.org/nuevomundo/59113;
Jaime
Marroquín,
Diálogos
con
Quetzalcóatl: humanismo, etnografía y ciencia (1492-1577), Madrid-Francfurt, IberoamericanaVervuert, 2014 y «Ethnography and Experience: Mexican Knowledge and Early Modern Natural
Science», pre-print facilitado por el autor.
31 Germán Viveros, Hipocratismo en México, México, UNAM, 2007.
32 Roger Bartra, El Salvaje artificial, México, UNAM-Era, 1997.
33 Morga, Sucesos, p. 225-226.
34 Morga, Sucesos, p. 225
35 Morga, Sucesos, p. 229-237.
36 Morga, Sucesos, p. 235-237.
37 Morga, Sucesos, p. 237-240.
38 Morga, Sucesos, p. 245.
39 Morga, Sucesos, p. 247.
40 Morga, Sucesos, p. 250-263.
41 Morga, Sucesos, p. 258.
42 Morga, Sucesos, p. 263-269.
43 Morga, Sucesos, p. 266-267.
44 En 1607 circulaba en México una copia aparentemente lista para imprimirse, pues contenía
una dedicatoria al rey Felipe III, que no es el destinatario de la versión impresa, dedicada al
duque de Cea. Por otro lado, el cronista Bartolomé de Argensola tuvo una copia manuscrita,
aunque no la cite, cuando escribió su Conquista delas Islas Malucas, publicada en Madrid, por
Alonso Martín, en 1609, el mismo año que los Sucesos.
45 Pedro Chirino, Relación de las Islas Filipinas i de lo que en ellas an trabaiado los Padres de la
Compania de Iesus, Roma, Estevan Paulino, 1604, p. 1-2.
46 Manuel Ruiz Jurado, «Fr. Pedro Chirino, S.J. and Philippine Historiography», Philippines
Studies, vol. 29, 1981, p. 345-359.
47 Pedro Chirino, Història de la Provincia de Filipines de la Companyia de Jesús, 1581-1606
edición de Jaume Górriz, Barcelona, Proa, 2000. Jaume Górriz, «Pedro Chirino en la
historiografía filipina: el manuscrito inédito de la Primera Parte de la Historia de la Provincia de
Filipinas de la Compañía de Jesús», in M. Dolores Elizalde, Josep M. Fradera y Luis Alonso
(eds.), Imperios y naciones en el Pacífico. Vol. I. La formación de una colonia: Filipinas, Madrid,
CSIC, 2001, p. 227-247.
48 Chirino, Relación, 1604, p. 3: «el R. P. Fr. Martín de Herrada gran cosmógrafo y matemático;
pero mayor santo y verdaderamente varón apostólico: que fue el primero que hizo cristianos en
las Filipinas, y les predicó a Jesucristo en su lengua, de la cual hizo el primer vocabulario, que yo
he visto y estudiado por él».
49 Santiago Lorenzo, La expulsión de los jesuitas de Filipinas, Alicante, Universidad de Alicante,
1999, p. 55-67; Eduardo Descalzo, La implantación de la Compañía de Jesús en Filipinas a
través de la obra de Pedro de Chirino S. J., Tesis de Máster, Universitat Autònoma de Barcelona,
2009. Agradezco a Eduardo Descalzo el haberme proporcionado esta tesis, así como abundante
material acerca de los jesuitas en Filipinas.
50 Chirino, Relación, 1604, p. 2.
51 Completado, en cierto modo, con el capítulo 6 «Del número y grandeza de las Islas Filipinas»,
Chirino, Relación, 1604, p. 15-17.
52 Chirino, Relación, 1604, p. 7-13.
53 Carlos A. González, Los mundos del libro. Medios de difusión de la cultura occidental en las
Indias de los siglos XVI y XVII, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2001; Homo viator, homo
scribens. Cultura gráfica, información y gobierno en la expansión atlántica, Madrid, Marcial
Pons, 2007; Pedro J. Rueda, Negocio e intercambio cultural: El comercio de libros con América
en la Carrera de Indias, Sevilla, Universidad de Sevilla-CSIC, 2005.
54 Eduardo Descalzo, La Compañía de Jesús en Filipinas (1581-1768): realidad y
representación, Tesis Doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 2015, p. 386.
55 Eduardo Descalzo, «La historia natural y moral de Filipinas en la obra de Pedro Chirino, S.I.
(1557-1635)», in Jose L. Montesinos; Sergio Toledo (eds.), Ciencia y cultura entre dos mundos.
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
15/16
10/10/2019
Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604)
Segundo Simposio. Fuentes documentales y sus diversas interpretaciones, La Orotava,
Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia, 2011, [En línea] puesto en línea marzo 2011.
URL
http://fundacionorotava.org/publicaciones/actas-de-congresos/ciencia-y-cultura-entredos-mundos-2/ Consultado 10 julio 2018; Claudio M. Burgaleta, José de Acosta SJ (1540-1600).
His Life and Thought, Chicago, Loyola Press 1999, p. 73-75; Tayne R. Ford, «Stranger in a
Foreign Land: José de Acosta’s Scientific Realizations in Sixteenth-Century Peru», The Sixteenth
Century Journal, vol. 29-1, 1998, p. 19-33.
56 Fermín del Pino, «Los métodos misionales jesuitas y la cultura de los otros», in José J.
Hernández y Rodrigo Moreno (eds.), La misión y los jesuitas en la América española, 1566-1767:
cambios y permanencias, Sevilla, CSIC, 2005. Miguel de Asúa, Science in the Vanished Arcadia:
Knowledge of Nature in the Jesuit Missions of Paraguay and Río De La Plata, Leiden, Brill,
2010.
57 Descalzo, «La historia natural», p. 6.
58 Chirino, Primera Parte, p. 166.
59 Eddy Stols, Werner Thomas, Johan Verberckmoes (eds.), Naturalia, mirabilia & monstrosa
en los imperios ibéricos (siglos XV-XIX), Leuven, Leuven University Press, 2006.
60 Chirino, Relación, capítulo 10, «De los baños de las Filipinas», p. 21-24.
Para citar este artículo
Referencia electrónica
José Pardo-Tomás, « Las primeras historias naturales de las Filipinas (1583-1604) », Nuevo
Mundo Mundos Nuevos [En línea], Debates, Puesto en línea el 08 octubre 2019, consultado el
10 octubre 2019. URL : http://journals.openedition.org/nuevomundo/76534 ; DOI :
10.4000/nuevomundo.76534
Autor
José Pardo-Tomás
IMF-CSIC, Barcelona
pppardo@imf.csic.es>
Derechos de autor
Nuevo mundo mundos nuevos est mis à disposition selon les termes de la licence Creative
Commons Attribution - Pas d'Utilisation Commerciale - Pas de Modification 4.0 International.
https://journals.openedition.org/nuevomundo/76534
16/16