Allí rezamos un Credo, postrados todos de hinojos, eché algunos cuartos en el cepillo del santuario, volví a montar sobre el macho, y con un «buen viaje» de todos y una mirada de mi señor padre que hizo brotar las lágrimas de mis ojos, partimos mis dos amigos y yo para Salamanca, adonde llegamos sanos y salvos, después de mil divertidos episodios, que tal vez le cuente en otra ocasión, a los diez y nueve días, ocho horas y catorce minutos.
Y luego que del macho se le antoja que ya todo el hedor fétido tiene; toma la hirsuta piel, y allí lo aloja, pues tan grande ella es que lo contiene.
Finalmente, con la sumaria del caso y con una gran cáfila de gitanos, entraron el alcalde y sus ministros con otra mucha gente armada en Murcia, entre los cuales iba Preciosa, y el pobre Andrés, ceñido de cadenas, sobre un
macho y con esposas y piedeamigo.
Miguel de Cervantes
El matambre nace pegado a ambos costillares del ganado vacuno y al cuero que le sirve de vestimenta; así es que, hembras, machos y aun capones tienen sus sendos matambres, cuyas calidades comibles varían según la edad y el sexo del animal:
macho por consiguiente es todo matambre cualquiera que sea su origen, y en los costados del toro, vaca o novillo adquiere jugo y robustez.
Esteban Echeverría
Y todos en la mirada vidriosa lucen la hipnosis de una programación encartelada de sueños tontos: Un vestido como aquél; pantalones como ésos; un perfume como el mío, un cigarro como el de él, una casa como la suya; una hembra como la del cartel; un
macho como el de los calzones mini y una oración inescuchable, pero que se oye: Ayúdame.
Antonio Domínguez Hidalgo
-¡Esos juguetes son mariconadas! Pa'que se enseñe a
macho le voy a comprar una metralleta, de esas del norte. -...pero cuestan carísimas.
Antonio Domínguez Hidalgo
Glorifica mi alma al señor y mi espíritu se llena de gozo al contemplar la bondad de dios, mi salvador... Yo soy muy
macho, gracias a Dios, no como esos greñudos maricones.
Antonio Domínguez Hidalgo
Vivíamos en casa del cura, un señor incapaz de reposo, que apenas terminaba su misa ensillaba el
macho para visitar a los compañeros de las vecinas parroquias, o empuñaba la escopeta, y con balandrán y gorro de seda, salía a despoblar de pájaros la huerta.
Vicente Blasco Ibáñez
En la estancia se sabía que la ingrata lo engañaba, pero a él naide le contaba la disgracia en que vivía; por eso la Polecía no hizo caso mayormente, pues dijeron: "La inocente se jue con su gavilán..., y en cambio, los dos están descansando eternamente." -¡Ahijuna!-gritó un paisano-, si es así lo que habla el viejo, ¡ése era un macho, canejo!
Tiene aspecto de humano, de homúnculo dirían los latinistas escolásticos; pero que no es ni hombrecito ni mujercita aún; ni por sus órganos genitales podría decirse más allá de la taxonomía zoológica: es macho; es hembra.
Y para compenetrarse con aciertos en las actividades dignificadoras de la patria, nuestros jóvenes requieren, antes que nada, aniquilar el juicio que confunde al ser humano con el macho o con la hembra, propio de mentes insulsas y conflictivas, jamás dueñas de sublimaciones culturales, y adentrarse en otro más amplio, más profundo, más objetivo.
Un día, el macho, al saltar desde los alambres a uno de los travesaños, lo hizo con tan mala fortuna que quedó preso en uno de los hierros, oscilando con angustia y al tratar de hacer un esfuerzo para incorporarse, se tronchó una pata y cayó al suelo piando tristemente, mientras la hembra, dando vueltas en derredor suyo, le miraba con unos ojos tan tristes que daban ganas de llorar.