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La Sombra

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Una cosecha de huellas.

No hay mayor tragedia que tener la misma intensidad, en una misma alma o en un hombre, del sentimiento intelectual y del sentimiento moral. Para que un hombre pueda ser distintiva y absolutamente moral, tiene que ser un poco estúpido. Para que un hombre pueda ser absolutamente intelectual, tiene que ser un poco inmoral. No sé qué juego o ironía de las cosas condena al hombre a la imposibilidad de que se dé esta dualidad tan grande. A mi pesar, ésta se da en mí. No fue el exceso de una cualidad, sino el exceso de dos, lo que me mató en vida.

- "La educación del estoico" Fernando Pessoa. Acantilado. Trad: Roser Vilagrassa.

El concierto de los jacintos

I

Ponte un poquito más cerca del silencio y recoge los cabellos de esta noche que sueña, desnudo su cuerpo. Tiene muchos horizontes, muchas brújulas, y un destino que arde incansable cada vez y sus cincuenta y dos papeles. Después vuelve a empezar con otra cosa - con tu mano, que le da perlas para hallar un deseo, una islita de sueño.

Ponte un poquito más cerca del silencio y abraza la enorme ancla que gobierna en los abismos. Dentro de poco estará en las nubes Y tú no entenderás, mas llorarás, llorarás para que yo te bese y cuando vaya a abrir una brecha en la mentira, un pequeño tragaluz azul cielo en la ebriedad, me morderás. Sombra celosa de mi alma, engendradora de una música en el claro de luna. Ponte un poquito más cerca de mí.

_ Odysseus Elytis. De "Orientaciones" Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 1996 Versión de Ramón Irigoyen

"Tras el fracasado estreno de una de sus piezas más ambiciosas y abandonado por su mujer, Giacinto Scelsi cae en 1948 en una profunda depresión e ingresa voluntariamente en un sanatorio mental. No compone y asegura que solo lleva consigo algunos libros de filosofía oriental. Después de meses sumido en una catatonia silenchölderiosa, encuentra un piano en el edificio. Se aproxima al teclado y toca una nota dejando que el sonido se extinga, sin más. Al cabo de un tiempo repite la operación: la misma nota y la misma atención dedicada al sonido, que se apaga o que varía según la intensidad ejercida o la acústica del lugar. Una y otra vez una sola nota que escucha atentamente hasta reparar en las inesperadas variaciones que contiene en su interior.

Al reiterar una nota por mucho tiempo, esta se vuelve inmensa, tan grande que incluso puede uno escuchar armonía creciendo en su interior… Cuando te adentras en un sonido, éste te envuelve y te conviertes en parte de él. Gradualmente eres consumido por él y ya no necesitas ningún otro sonido… Todos los sonidos posibles están contenidos en él.

Giacinto Scelsi, entrevista con Franck Mallet (1987)

También a sus poemas Hölderlin les corta algunas cuerdas. Cuando los visitantes le piden unos versos, el poeta, halagado, consiente, pero no sin preguntar: «¿Sobre qué quiere que trate el poema? ¿Sobre Grecia? ¿Sobre la Primavera o sobre el Espíritu del Tiempo?». La pregunta es maravillosa y astutamente gratuita: esas tres notas que propone forman, para él, un solo acorde. Todos aquellos Poemas de la locura articulan un solo poema, una cantilena que, como su rutina diaria, se repite una y otra vez con ligeras variaciones. Versos muy hermosos sobre la primavera, sobre el verano o el invierno, sobre el paso del tiempo, sobre los años que se acumulan y la paz que reside en aceptarlo todo con gratitud..."

TODO LO QUE ESTUVO ROTO

Todo lo que estuvo roto ha

olvidado su ruptura. Vivo

ahora en un rascacielos, a través de cada

ventana entra el sol. Igual que tu presencia.

Nuestro tacto, nuestras historias. Tan terrenales

y sagradas a la vez. Cómo puede ser así, pero

lo es. En cada día hay algo

cuyo nombre es Para Siempre.

_ Mary Oliver, de Felicity. Valparaíso ediciones. Traducción de Nieves García Prados.

< Tenía nueve años recién cumplidos cuando confeccioné mi primer cuaderno. Para una cirugía de poca importancia, habían decidido someterme a una anestesia general. En realidad, perder la conciencia me daba pavor. La cuestión no era morirme, sino dejar de ver. Debía, pues, por todos los medios, mantenerme despierta. Así que decidí concentrarme y observar. A partir de entonces, la voluntad de observación nunca me abandonaría. Tampoco los cuadernos, que vinieron a ser no sólo una herramienta eficaz sino una forma de saberme. La escritura vino a ser mi manera de reconocerme, pero también –de esto me daría cuenta más tarde– mi manera de oír lo que me precede.

No sería, no obstante, hasta mucho más tarde, al entrar en contacto con ciertas técnicas de Oriente y comprender, en sus textos, su significación y su propósito, cuando entendí que esta escritura mía y la observación que comporta podían convertirse en método para la cuestión que desde siempre me había inquietado. Algo concreto podía –debía– en efecto observarse, algo que, detrás de los párpados, seguía en todo momento su proceso.

En las páginas que siguen trataré de mostrar que la escritura de estos diarios responde a la práctica de una observación que terminó siendo método. No tengo dudas de que, en épocas oscuras, la educación que se precisa es esa observación. Ver sucederse los actos mentales, saber distanciarse de ellos, disminuir el ansia que producen, podría dar lugar a una ética que reemplazase la moral defensiva, hiciera del respeto la norma de convivencia y de la humildad la regla del entendimiento.

Al final, una vida es bien poca cosa. Como refiere el haiku que Kobayasi Nobuyuki (conocido por el nombre de Issa), escribiera antes de morir, en el invierno de 1827, entre una tina y otra tina ¿quién ha entendido nada? Entre la cuna y el ataúd, tan sólo palabras vanas. Si alguna rara vez aún así sigo pensando que el camino recorrido entre una y otra tina ha valido la pena es por haber aprendido a situarme en los límites en los que el discurso pierde pie. Aunque, bien pensado, lo más probable es que tampoco eso importe. >>

Chantal MaillardLa arena entre los dedos. Diarios reunidos. Pre-Textos, 2020.

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