airada

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airada

 
adj. Díc. de la vida desordenada y viciosa.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Suelta a veces repentina E histérica carcajada, Y a veces, con voz airada, Espantosa maldición; Y otras veces dulce y lánguida Melancolía le inspira, Y tristemente suspira Su oprimido corazón.
Lanzó el alma en su pecho acongojado ronco estertor: y con lamento mixto de miedo e ira blasfemó el malvado: «¡Cuesta un Dios el infierno que conquisto!» El alma impía vomitó rugiendo, la Justicia divina asióle airada, y el dedo en sangre de Jesús tiñendo su sentencia en la frente amoratada le escribió, y desdeñosa sonriendo hundió su espectro en la infernal morada.
Pero ella a mis rendimientos, hermosa, airada, entendida, me respondió: «¿Quién ha dicho que nunca han hecho armonía esquivez, beldad e ingenio?
Allí estaba Don Nuño abrazando y besando a su esposa. Y cuenta un poeta que: "Airada, inflexible, fiera, volvió Luisa sin reparo a verse sola en la calle y veloz deja aquel cuadro.
Con ellos entre el rebato del tumulto, partiré; con ellos negociaré que me venguen de un ingrato. Teme la cuchilla airada de Zaén, el bandolero; tiembla, más que de su acero, de esta daga envenenada.
A mí una pobrecilla mesa, de amable paz bien abastada me baste, y la vajilla de fino oro labrada, sea de quien la mar no teme airada.
Vuestra viuda, airada entonces, velos sutiles corrió a un retablo de hermosura, que, fulminando rigor, me dijo: «La cortesía, hidalgo madrugador, agradeciera, a venir no con tanta prevención.
-Pos eso mu pronto se ha de ver -exclamó el viejo, dirigiéndose hacia la puerta de la calle en actitud airada- que no soy hombre pa aguantar coces de amos ni burlas de mal nacíos.
Y los ojos de Antoñico se pasearon irónicos, insolentes y burladores por la oronda y apoplética figura del señor Cristóbal, el cual exclamó en son de airada protesta: -De eso había mucho que platicar, manque esto no sea decir que yo esté ahora como cuando tenía que sujetarme, si hacia viento, la cintura con dambas manos pa que no se me tronchara.
Es el Betis; ved del Tercer Fernando alzarse airada la augusta sombra; su divina frente mostrar Gonzalo en la imperial Granada; blandir el Cid su centelleante espada, y allá sobre los altos Pirineos, del hijo de Jimena animarse los miembros giganteos.
Sacude la cabellera de oro, con aire imperial, como Júpiter maneja el rayo; de su vocecita de mil tonos y registros hace una gama de edictos, decretos y rescriptos, y si me mira airada, siento sobre mí la excomunión de un ángel.
ISABEL. ¡Oh! ¡Sí! ADEL. Y airada con él vino, y se vengó villana contando su falso fin. ISABEL. ¡Ella! ADEL. Con una gavilla de bandidos, a Marsilla detuvo, ya en el confín de Teruel, donde veloces corriendo en tropel armado, le hallamos a un tronco atado, socorro pidiendo a voces.