calarse

calarse

(ka'laɾse)
verbo pronominal
1. ponerse una gorra o sombrero bien metido en la cabeza Se caló la gorra hasta las orejas.
2. mojarse por completo Nos calamos hasta los huesos.
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Ejemplos ?
Y tras calarse el chambergo, tomar la capa y coger la alguacilesca vara, bajó a escape la escalera, canturreando estos dos refranes: «Hijo, no comas lamprea, que tiene la boca fea.
Arras del animoso desafío 985 un pardo gabán fue en el verde suelo, a quien se abaten ocho o diez soberbios montañeses, cual suele de lo alto calarse turba de invidiosas aves a los ojos de Ascálafo, vestido 990 de perezosas plumas.
Además, tenía la costumbre de calarse demasiado el sombrero por atrás; y, para decirlo todo, no se sabe en qué consistía, pero encogía los brezos de tal manera, que todas las mangas le venían largas.
Amplias las alas son, de extraña guisa, y encima de él galopa un caballero con armadura luminosa y lisa que hacia poniente enderezó el sendero. Calarse entre los montes se divisa; y era (como dijo aquel ventero) mago, que hacía a menudo, y no por caso, o más cerca o más lejos aquel paso.
Hacia 1888 existían al menos dos en Isla Cristina, la citada y la de Las Cabezas, calada ese mismo año, además de la almadraba de la Mojarra que dejó de calarse.
La incorporación de la bayoneta, primero encastrada -se introducía en el cañón e impedía disparar- y luego, a mediados del siglo XVIII, de cubo –que puede calarse sin obstruir el cañón-, permitirán prescindir de la infantería con picas en favor de más mosqueteros.
Se enfilan por la relinga y se colocan en cada una de dos en dos o de tres en tres casillas según corresponde a la naturaleza de la red y lugar en que debe calarse, dos cuerdas unidas que aseguran los corchos por todo su contorno, y con las ataduras que los afirman.
Por debajo o por encima de esos límites el motor no funciona bien, llegando a "calarse", en un caso "ahogando" las bujías y en el otro calentándose en exceso, con fallos al acelerar y explosiones de retorno.
Suelen calarse dichos artes dándoles cuarenta y dos cuerdas de cáñamo de mena de a tres pulgadas: lo más largo de cada una, veinte a veinticuatro brazas.
Así, se configuró una fortaleza, de la que ya constan descripciones del siglo XVI, destinada a alojar las actividades asociadas a la elaboración y conservación del atún, a guardar las artes de pesca, embarcaciones y pertrechos de la almadraba durante la temporada en que dejaba de calarse, pero que, simultáneamente, constituía uno de los hitos militares de la zona con la misión de vigilar y defender frente a los ataques de la piratería.
Finalmente optan por deshacerse de la muñeca y los Warren regresan a su casa (donde disponen de un museo) por carreteras secundarias para evitar posibles accidentes a causa del poder manifiesto que provoca que el motor de su coche llegue a calarse.