gata


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gata

1. Hembra mamífera carnívora doméstica de la especie Felis catus. mínina
2. BOTÁNICA Gatuña, planta herbácea de flores rosadas.
3. Nube pequeña o vapor que se forma en la ladera de un monte y asciende lentamente por ella.
4. MILITAR Cobertizo o cubierta que sirve de protección a los soldados que minan un muro.
5. Amér. Central ZOOLOGÍA Pez marino de color pardo amarillo.
6. Chile MECÁNICA Gato, máquina para levantar pesos a poca altura.
7. gata parida coloquial Persona flaca y extenuada.
8. hacer la gata, la gata ensogada o la gata muerta coloquial Fingir humildad o moderación no te hagas la gata conmigo, que sé que tienes más hambre.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

gata

 
f. zool. Hembra del gato.
fig.Nubecilla que se pega a los montes.
fig.Madrileña.
Gatuña.

Gata

 
Mun. de la prov. española de Cáceres; 1 950 h.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

gata

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

gata

jack, cat, femalecat, spiny restharrow, maid

gata

donkraft

gata

Katze, Dornige Hauhechel, Heber, Hure

gata

kriko

gata

nosturi, tunkki

gata

kattendoorn, krik

gata

SF
1. (Chile, Perú) (Aut) → jack
2. a gatas
2.1. andar a gatasto crawl
subió las escaleras a gatashe crawled up the stairs
el niño entró andando a gatasthe baby crawled in
en este juego tenéis que andar a gatasin this game you have to crawl on all fours
2.2. (Cono Sur) (= apenas) → barely, by the skin of one's teeth
3. (Meteo) → hill cloud
4. (= agujetas) tener gatato ache all over
5. echar la gata (CAm) soltar la gata (Perú) → to lift, steal
V tb gato
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
- quiso saber el Loro. Alicia contestó con entusiasmo, porque siempre estaba dispuesta a hablar de su amiga favorita: - Dina es nuestra gata.
-gritó en tono de zumba el anciano, y después continuó con acento irónico-: Ay, comadre de mi corazón, y cómo se conoce que fue una gata morisca aquella por mo de la cual jechó usté el ancla en esta badía.
El síntoma de los valores máximos es la ilimitación Hace poco tiempo — una tarde de primavera, caminando por una galiana de Extremadura, en un ancho paisaje de olivos, a quien daba unción dramática el vuelo solemne de unas águilas, y, al fondo, el azul encorvamiento de la sierra de Gata —, quiso Pío Baroja, mi entrañable amigo, convencerme de que admiramos sólo lo que no comprendemos, que la admiración es efecto de la incomprensión.
¡Ay, qué ojos que le lanza la ratona! -Mas que gata, parece guajolota, y de bella, es más bella una bellota. Don Gallo, desde su alto gallinero, la acompaña cantando con esmero: -Sigue tú, bailarina, con tu danza; qué importa lo que diga doña Gansa.
A tu beldad las beldades desconocidas se rinden, desde las que el Tetis beben, hasta las que el Ganges viven. Cuyo nombre el Gata ufano gloria le da más felice que sus arenas al Tajo, que sus imperios al Tíber.
-Tú eres muy excéntrica -advirtió Margarita, que tiene por costumbre escandalizarse a cada momento, con un remilgo de gata pulcra, enemiga de estrépitos y trastornos-.
Huyóse al fin la gata, y, con el miedo, tocó las tejas con el pie tan quedo, que la amazona bella parecía que por los trigos pálidos corría sin doblar las espigas de las cañas: que de tierras extrañas tales gazapas las historias cuentan.
Éste, luego que vió la bella gata, más reluciente que fregada plata, tan perdido quedó, que noche y día paseaba el tejado en que vivía, con pajes y lacayos de librea (que nunca sirve mal quien bien desea); Y sucedióle bien, pues luego quiso, ¡Oh gata ingrata!, a Mizifuf Narciso, dando a Marramaquiz celos y enojos.
Los miedos que a la gata desalientan la hicieron prometer, si la libraba, al niño Amor un arco y una aljaba, de aquel celoso Rodamonte fiero hasta pasar las furias del enero, el cual juró olvidarla, y en su vida, desnuda ni vestida, volver a verla, ni tener memoria de la pasada historia, y buscar algún sabio para satisfacción de tanto agravio.
Serafín con la vecina del piso entresuelo, delante de los dos niños, en tono de burla, de la felicidad que les había llevado el gato negro, la señora le dijo: -Hay dos clases de gatos negros: unos que dan la ventura y otros que la quitan. Aunque hijos de la misma gata, es fácil que Moro sea un gato de los buenos y Fígaro de los malos.
Pensando en quién pusiese, finalmente, de toda la gatesca bizarría, la dulce enamorada fantasía para verse de amor convaleciente, se le acordó que enfrente de su casa vivía un boticario de cuyo cocinante vestuario una gata salía, que la bella Mizilda se decía, y, sentada tal vez en su tejado, miraba, como dama en el estrado, los nidos de los sabios gorriones, dejando pulular los embriones, y, en viendo abiertos los maternos huevos, comerse algunos de los ya mancebos.
Yo estoy aquí sin meterme con nadie. -Eso es nonada -dijo Juan Ramos-, que voto a Cristo que los diablos me hicieron tener una gata.