pepita


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pepita

(Del lat. vulgar pippita < lat. pituita , moco, humor pituitario.)
1. s. f. BOTÁNICA Simiente de las frutas y frutos carnosos como la pera, la uva, el tomate o el melón si no le quito las pepitas no come uva. pepa
2. Méx. Semilla de calabaza que se come tostada y salada.
3. GEOLOGÍA, MINERÍA Trozo rodado de oro u otros metales nativos que se encuentran en terrenos de aluvión.
4. VETERINARIA Enfermedad que las gallinas suelen tener en la lengua y que no las deja cacarear.
5. no tener una persona pepita en la lengua coloquial Hablar con libertad y desahogo.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

pepita

  (del l. pepone, melón)
f. bot. Semilla plana y larga.
Trozo rodado de oro u otros metales nativos.

pepita

  (del l. v. pippita < l. pituita)
f. veter. Enfermedad que las gallinas suelen tener en la lengua.
No tener uno pepita en la lengua. Hablar con libertad y desahogo.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

pepita

(pe'pita)
sustantivo femenino
1. semilla de las frutas y verduras carnosas pepita de tomate
2. mineralogy trozo pequeño de metal pepita de de oro
3. enfermedad que ataca a la gallina y a otras aves de corral La pepita es un tumor formado en la lengua de las aves.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

pepita

1
nombre femenino
(semilla) pipa

pepita

2
nombre femenino
(de la gallina) moquillo
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

pepita

jadérko

pepita

kerne

pepita

Obstkern

pepita

hedelmän siemen

pepita

pépin

pepita

koštica

pepita

pepita

pepita

pit

pepita

kjerne

pepita

pestka

pepita

kärna

pepita

เมล็ดในของผลไม้

pepita

çekirdek

pepita

hạt

pepita

果仁

Pepita

SF (forma familiar) de Josefa

pepita

SF
1. (Vet) → pip
no tener pepita en la lenguato be outspoken, not to mince one's words
2. (Bot) → pip
3. (Min) → nugget
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Usted, amigo mío, ha tenido la mala suerte, mereciéndola mejor que Doña Carlota. Alejandro se quedó muy preocupado al oír aquello, y Pepita más.
¡Pa que aluego se entere que ha estao usté aquí y me lleve al juzgao por mala sangre! ¡Quiée usté callar!... ¡Pepita!... ¡Pepiita!...
Muchas veces, cuando salía el buen escribiente a paseo con su cara mitad y con su querida Pepita, hija única, de diecisiete años, iba pensando cosas así.
-Oye tú, Pedro, ahí está preguntando por ti el Carambuco - díjole su mujer, Pepita la Tulipanes, una hembra capaz de electrizar a un difunto.
-Por allí viene don Paco -dijo Pepita la Bullanguera al ver desembocar por la esquina al famoso injerto de litri y de marqués de quien, de modo tan poco lisonjero, acababa de ocuparse la señora Rosario la Lechuguina.
El 8 de Junio, día en que se celebraba la octava de Corpus, se retire el cartel de excomunión, y el Provisor declaró absuelta e incorporada al seno de la Iglesia á la aristocrática dama que no tuvo pepita en la lengua para llamar zambo, y borrico, y majadero, a todo un ministro del altar.
A las once y media entró en la iglesia, muy emperifo- llada y luciendo caravanas con brillantes como garbanzos, la ja- mona viuda de Barbarán, acompañada de la gaditana Pepita de Monlúfar, muchacha alegre, allá en su tierra, y que á poco de llegado al Perú casó con un alférez.
Eso de llamarle TiAerto, y en público para mayor agravio, le llegó al sacristán á la pepita del alma, le removió el concho alcohólico, arrojó con estrépito la herramienta que para des- clavar tenía en la mano, y se salió furioso de la iglesia, pa- rí oquial, diciendo: —Padre, no tiene usted la culpa sino yo, por haberme me- tido eu semejantes candideces.
-¡Josús y cuánto güeno por aquí, señá Rosalía... cuánto güeno! Asiéntese usté... ¡Pepita!... ¡Pepita!... Pero asiéntese usté... ¡Pepita!...
-¡Ya voy, madre, ya voy, que estoy acabando de tender la ropa! Y esto lo dijo, o mejor dicho, lo gritó Pepita desde el patio. -Como que es un león, pero que un león pa el trabajo; como que entoavía andaban por los cielos de parranda las últimas estrellas y ya estaba mi niña en el lebrillo.
Añadía que eso de derechos del hombre, y de patria y libertad, era pampiroladas sin pies ni cabeza; y que pues el rey nació para mandar y la grey para obedecer, lo mejor era no meterse á descomponer el tinglado, ni en ba- rullos que comprometen la pelleja en este mundo y la vida eterna en el otro. Y con esto, amados oyentes míos, que viva el rey, y viva la religión, y viva la gallina, aunque sea con sii pepita.
-Y con razón, señora, con razón, porque pa alevantar un falso testimonio, que le pongan a ella una carta o que le manden un recao... Pero, Pepita de mi corazón...