seto


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seto

(Del lat. saeptum, recinto.)
1. s. m. División hecha en un jardín con plantas de adorno que se podan para que formen una especie de pared. cercado
2. Cerca de palos o ramas entretejidas.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

seto

 
m. Cercado hecho de palos o varas entretejidas.
seto vivo Alineación densa y uniforme de vegetales que se utiliza para cercar, delimitar, cubrir zonas y terrenos. Se utilizan especies de hoja perenne, entre ellas el boj, el ciprés y el laurel.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

seto

('seto)
sustantivo masculino
cercado hecho de varas o palos entretejidos Un seto altísimo ocultaba la residencia de los ojos de los peatones.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

seto

nombre masculino
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

seto

haie

seto

živý plot

seto

hæk

seto

Hecke

seto

pensasaita

seto

živica

seto

siepe

seto

垣根

seto

생울타리

seto

heg

seto

hekk

seto

häck

seto

แนวพุ่มไม้

seto

çit

seto

hàng rào

seto

树篱

seto

SM
1. (= cercado) → fence
seto vivohedge
2. (Caribe) (= pared) → dividing wall, partition
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
La huerta, más larga que ancha, llegaba, entre dos paredes de adobe cubiertas de albaricoqueros en espaldera, hasta un seto de espinos que la separaba de los campos.
Saltó él de su montura, empuñada la pistola; pero la Loba, sin darle tiempo a nada, desde el mismo suelo en que yacía, se le abrazó a las piernas y logró tumbarle. Arrancóle la pistola, que arrojó al seto, y después le echó al cuello las recias y toscas manos, y apretó, apretó, apretó...
Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.
lrededor del jardín había un seto de avellanos, y al otro lado del seto se extendían los campos y praderas donde pastaban las ovejas y las vacas.
«Si volase una perdiz, si cruzase una liebre...» Pensaba en esta hipótesis, cuando un relámpago blanco y color canela lució entre un seto.
Para teatro de la fiesta se eligió una pradera separada de la romería por un regato, o por un seto trasparente, pues sobre este punto tampoco están las crónicas muy de acuerdo, y para orquesta se ajustaron, por horas, un violinista y un gaitero trashumantes, de los muchos que había en la romería y acaso los únicos que a la sazón se hallaban desocupados.
En las piceas cerca del seto, el cura en tricornio que leía su breviario había perdido el pie derecho a incluso el yeso, desconchándose con la helada, y ésta le había dejado la cara cubierta de manchas blancas.
Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia.
Se puso a dar paseos por la huerta, paso a paso; siguió el sendero a lo largo del seto y volvió rápidamente pensando que la buena señora habría regresado por otro camino.
Habían invitado a todos los parientes de las dos familias, se habían reconciliado con los amigos con quienes estaban reñidos, habían escrito a los conocidos que no habían visto desde hacía mucho tiempo. De vez en cuando se oían latigazos detrás del seto; enseguida se abría la barrera: era un carricoche que entraba.
Entre tanto, míster Murdstone desmontó, y con las bridas del caballo debajo del brazo se puso a pasear lentamente por el otro lado del seto, mientras mi madre le acompañaba, paseando también lentamente, por dentro del jardín.
Pronto estuvimos míster Murdstone y yo trotando a lo largo del verde seto por el lado del camino. Me sostenía cómodamente con un brazo; pero yo no podía estarme tan quieto como de costumbre, y no dejaba de pensar a cada momento en volver la cabeza para mirarle.