Criterios de Decision Diversos Autores
Criterios de Decision Diversos Autores
Criterios de Decision Diversos Autores
ELECCIN DE
Para la aplicacin de la regla de Hurwicz es preciso determinar el valor de ,
valor propio de cada decisor. Dado que este valor es aplicable a todos los
problemas en que el decisor interviene, puede determinarse en un problema
sencillo, como el que se muestra a continuacin, y ser utilizado en adelante en
los restantes problemas que involucren al decisor.
Estados de la naturaleza
e1
e2
a1
a2
Alternativas
si
oi
S(ai)
1-
EJEMPLO
Partiendo del ejemplo de construccin del hotel, la siguiente tabla muestra
las recompensas obtenidas junto con la media ponderada de los niveles de
optimismo y pesimismo de las diferentes alternativas para un valor =0.4:
Estados de la Naturaleza
Alternativas
Terreno comprado Aeropuerto en A
Aeropuerto en B
si
oi
S(ai)
13
-12
-12
13
-8
11
-8
11
3.4
AyB
-1
-1
2.6
Ninguno
CRTICA
El criterio de Hurwicz puede conducir en ocasiones a decisiones poco
razonables, como se muestra en la siguiente tabla:
Estados de la naturaleza
e1
e2
...
e50
si
oi
S(ai)
a1
...
1-
a2
...
1-
Alternativas
CRITERIO DE WALD
Bajo la alternativa ai, el peor resultado posible que puede ocurrir tiene una valor
para el decisor dado por:
EJEMPLO
Partiendo del ejemplo de construccin del hotel, la siguiente tabla muestra
las recompensas obtenidas junto con los niveles de seguridad de las
diferentes alternativas:
Alternativas
Estados de la Naturaleza
Terreno comprado
Aeropuerto en A
Aeropuerto en B
13
- 12
-12
-8
11
-8
AyB
-1
-1
Ninguno
si
CRTICA
En ocasiones, el criterio de Wald puede conducir a decisiones poco adecuadas.
Por ejemplo, consideremos la siguiente tabla de decisin, en la que se
muestran los niveles de seguridad de las diferentes alternativas.
Estados de la Naturaleza
Alternativas
e1
e2
si
a1
1000
99
99
a2
100
100
100
CRITERIO MAXIMAX
Bajo la alternativa ai, el mejor resultado posible que puede ocurrir tiene un valor
para el decisor dado por:
EJEMPLO
Partiendo del ejemplo de construccin del hotel, la siguiente tabla muestra
las recompensas obtenidas junto con los niveles de optimismo de las
diferentes alternativas:
Alternativas
Estados de la Naturaleza
Terreno comprado
Aeropuerto en A
Aeropuerto en B
13
- 12
-8
11
11
AyB
-1
Ninguno
oi
13
CRTICA
Al utilizar el criterio maximax las prdidas pueden ser elevadas si no se
presenta el estado de la naturaleza adecuado. Adems, en ocasiones puede
conducir a decisiones pobres o poco convenientes. Por ejemplo, consideremos
la siguiente tabla de decisin, en la que se muestran los niveles de optimismo
de las diferentes alternativas.
Estados de la Naturaleza
Alternativas
e1
e2
oi
a1
100
-10000
100
a2
99
99
99
CRITERIO DE SAVAGE
En 1951 Savage argumenta que al utilizar los valores xij para realizar la
eleccin, el decisor compara el resultado de una alternativa bajo un estado de
la naturaleza con todos los dems resultados, independientemente del estado
de la naturaleza bajo el que ocurran. Sin embargo, el estado de la naturaleza
no es controlable por el decisor, por lo que el resultado de una alternativa
slo debera ser comparado con los resultados de las dems alternativas
bajo el mismo estado de la naturaleza.
Con este propsito Savage define el concepto de prdida relativa o prdida
de oportunidad rij asociada a un resultado xij como la diferencia entre el
resultado de la mejor alternativa dado que ej es el verdadero estado de la
naturaleza y el resultado de la alternativa ai bajo el estado ej:
EJEMPLO
Partiendo del ejemplo de construccin del hotel, la siguiente tabla muestra
la matriz de prdidas relativas y el mnimo de stas para cada una de las
alternativas.
Alternativas
Estados de la Naturaleza
Terreno comprado
Aeropuerto en A
Aeropuerto en B
23
23
21
21
AyB
12
12
Ninguno
13
11
13
restando a esta cantidad cada uno de los valores de esa columna se obtienen
los elementos rij correspondientes al estado de la naturaleza Aeropuerto en
CRTICA
El criterio de Savage puede dar lugar en ocasiones a decisiones poco
razonables. Para comprobarlo, consideremos la siguiente tabla de resultados:
Estados de la
Naturaleza
Alternativas
e1
e2
a1
a2
Estados de la Naturaleza
Alternativas
e1
e2
a1
a2
e1
e2
a1
a2
a3
Estados de la Naturaleza
Alternativas
e1
e2
a1
a2
a3
CRITERIO DE LAPLACE
Este criterio, propuesto por Laplace en 1825, est basado en el principio de
razn insuficiente: como a priori no existe ninguna razn para suponer que un
estado se puede presentar antes que los dems, podemos considerar que
todos los estados tienen la misma probabilidad de ocurrencia, es decir, la
ausencia de conocimiento sobre el estado de la naturaleza equivale a afirmar
que todos los estados son equiprobables. As, para un problema de decisin
con n posibles estados de la naturaleza, asignaramos probabilidad 1/n a
cada uno de ellos.
Una vez realizada esta asignacin de probabilidades, a la alternativa ai le
corresponder un resultado esperado igual a:
EJEMPLO
Partiendo del ejemplo de construccin del hotel, la siguiente tabla muestra
los resultados esperados para cada una de las alternativas.
Alternativas
Estados de la Naturaleza
Terreno comprado
Aeropuerto en A
Aeropuerto en B
Resultado
esperado
13
-12
0.5
-8
11
1.5
AyB
-1
Ninguno
CRTICA
La objecin que se suele hacer al criterio de Laplace es la siguiente: ante una
misma realidad, pueden tenerse distintas probabilidades, segn los casos
que se consideren. Por ejemplo, una partcula puede moverse o no moverse,
por lo que la probabilidad de no moverse es 1/2. En cambio, tambin puede
considerarse de la siguiente forma: una partcula puede moverse a la derecha,
Estados de la Naturaleza
Alternativas
e1
e2
Resultado
esperado
a1
15000
-5000
5000
a2
5000
4000
4500
Este criterio seleccionara la alternativa a1, que puede ser poco conveniente si
la toma de decisiones se realiza una nica vez, ya que podra conducirnos a
una prdida elevada.
Leonid Hurwicz
(Leonid Hurwicz obtuvo el Premio Nobel de Economa en 2007, compartido con Eric S.
Maskin y Roger B. Myerson por "haber sentado las bases de la teora de diseo de
mecanismos.
Consideremos, por ejemplo, una situacin de duopolio , en la que cada uno de los
duopolistas, A y B, trata de hacer mximos sus beneficios. Los beneficios de A
dependen no slo de su propia actuacin (estrategia) sino tambin de la estrategia de B.
Si A pudiese controlar (directa o indirectamente) a estrategia de B, elegira una para s y
otra para B que hiciesen mximos sus propios beneficios. Pero no puede decidir l la
estrategia de B y no puede, por tanto, estar seguro de que consiga hacer mximos
incondicionalmente sus beneficios mediante la eleccin de una adecuada estrategia para
s mismo.
Pudiera parecer que, en tal situacin, no hay posibilidad de determinar el
comportamiento racional de cada uno de los dos duopolistas. Pero es precisamente aqu
donde entra en escena la nueva solucin propuesta por los citados autores. Aclararemos
esto con un ejemplo.
Supongamos que cada uno de los duopolistas puede seguir tres estrategias : A1, A2, A3,
para el duopolista A, y B1, B2, B3, para el B. El beneficio que vaya a conseguir A, al
que designaremos por a, esta determinado evidentemente por las estrategias que elijan
cada uno de los duopolistas. Indicaremos esta dependencia por subndices de a,
refirindose el primer subndice a la estrategia de A, y el segundo a la de B. As, p. ej.,
a13 es el beneficio que obtendr A si sigue la estrategia A1, y B la B3. Anlogamente,
b13 designa los beneficios de B en ese mismo caso. En las tablas de la pgina 470
representamos los resultados posibles de la competencia duopolista.
La tabla 1a muestra los beneficios que obtendr A segn sean las estrategias elegidas
por A y por B. La primera fila corresponde a la eleccin A1, etc.; las columnas
corresponden a las estrategias de B. La tabla 1b nos ofrece anlogos datos sobre los
beneficios de B.
Para indicar cmo A y B tomarn sus decisiones sobre las estrategias a seguir, nos
serviremos del ejemplo numrico de las tablas 2a y 2b.
Sigamos los razonamientos de A cuando est eligiendo una estrategia. En primer lugar,
observar que, si elige la estrategia A3, sus beneficios no pueden descender por debajo
de 5, mientras que cualquiera de las otras alternativas le exponen al peligro de verlos
reducidos hasta 3 e incluso hasta 1. Pero an hay otra razn para elegir A3.
Supongamos que exista el peligro de que vayan con el soplo a B, de que B se entere de
la decisin de A antes de tomar l la suya. Si A hubiese elegido A1, por ejemplo, Bcaso de saberlo de antemano-elegira a su vez B3 para as hacer mximos sus
beneficios, lo que reducira a 1 el beneficio de A. Si A hubiese elegido A2, B escogera
B2, lo que tambin reducira por debajo de 5 los beneficios de A, siendo as que ste
estara seguro de obtener al menos 5 si eligiese A3.
Tabla
Beneficios de A
estrategias de B
B1
B2
B3
A1
a11
a12
a13
estrategias de A A2
a21
a22
a23
A3
a31
a32
a33
Tabla
Beneficios de B
1b
estrategias de B
estrategias
A
de
B1
B2
B3
A1
b11
b12
b13
A2
b21
b22
b23
A3
b31
b32
b33
Tabla
Beneficios de A
estrategias de B
B1
B2
B3
A1
estrategias de A A2
A3
Tabla
Beneficios de B
estrategias de B
B1
B2
B3
11
20
estrategias de A A2
15
A3
A1
Quiz se pueda discutir que la eleccin de A3, por A y en tales circunstancias, sea la
nica forma de definir el comportamiento racional, pero es desde luego una forma de
definirlo y, como veremos ms adelante, una forma muy fructfera. El lector puede
fcilmente comprobar que un razonamiento anlogo por parte de B le har elegir B1
como su estrategia ptima. El resultado de la competencia duopolista resulta as
determinado y puede describirse como sigue: A elegir A3, B elegir B1, el beneficio de
A ser 5, y 8 el de B.
Una interesante propiedad de esta solucin es que ninguno de los duopolistas se sentir
inclinado a variar su decisin, incluso si pudiera hacerlo, despus de darse cuenta de
cul es la estrategia del otro vendedor.
Y vamos a verlo. Supongamos que B ha descubierto que A se ha decidido por la
estrategia A3.
Buscando en la tercera fila de la tabla 2b, ver inmediatamente que la mejor poltica que
l puede seguir en ese caso es la B1, pues es la que le rinde mayores beneficios entre las
que son compatibles con la A3. La solucin a la que hemos llegado es de un carcter
muy estable y ello independientemente de que se averige o no la estrategia seguida por
el otro oferente.
Pero el ejemplo que acabamos de examinar es artificioso en varios aspectos
importantes. Uno de ellos es que no tiene en cuenta la posibilidad de una coalicin
entre A y B. En nuestra solucin, que da la combinacin de estrategias (A3, B1), los
beneficios conjuntos de ambos duopolistas suman 13, mientras que actuando de
acuerdo podran salir mejor que eso. Si conviniesen en seguir las estrategias A1 y
B3, respectivamente, aumentaran sus beneficios conjuntos hasta 21, y podran
dividir esta suma de forma que ambos quedasen en mejor situacin que con la
solucin anterior.
Tabla
Beneficios de A
estrategias de B
B1
B2
B3
A1
estrategias de A A2
A3
Tabla
Beneficios de B
estrategias de B
B1
B2
B3
A1
estrategias de A A2
A3
Uno de los mayores logros de la Teora de los juegos es el anlisis de las condiciones y
naturaleza de la formacin de coaliciones. Ms adelante indicaremos cmo se hace esto;
pero, de momento, vamos a eliminar el problema de las coaliciones considerando un
caso que es algo particular, pero de gran inters terico; el caso de beneficios conjuntos
constantes, del cual ponemos un ejemplo en las tablas 3a y 3b.
La tabla 3a es idntica a la 2a; pero en la 3b hemos elegido las cifras de manera que los
beneficios conjuntos de ambos duopolistas siempre sumen lo mismo (en este caso, 10)
sean cuales fueren las estrategias elegidas, en cuyo caso lo que A gana lo pierde B, y
viceversa. Por tanto, ya intuitivamente se comprende (aunque los autores se toman
grandes trabajos para demostrarlo rigurosamente) que no se formar ninguna coalicin.
Tabla
Beneficios de A
4
estrategias de B
estrategias
A
de
B1
B2
B3
A1
A2
A3
5
estrategias de B
estrategias de A
B1
B2
mnimo
filas
A1
A2
mximo de
las
5
columnas
de
las
Mximum
minimorum
Al llegar a esta fase de su estudio, los autores de la Teora de los juegos tuvieron ellos
mismos que hacer una eleccin. Podran haber aceptado el hecho de que no siempre
existen esos punto mixtos de estabilidad, con lo que, en general, siempre habra presente
cierto grado de indeterminacin. Pero prefirieron librarse de la indeterminacin
mediante una muy ingeniosa modificacin del proceso que lleva a la eleccin de la
estrategia adecuada.
Hasta ahora, el cuadro que hemos presentado de un duopolista que trata de tomar una
decisin respecto a la estrategia a seguir, era el de un hombre que razona cul de las
diversas posibles actuaciones le resulta ms ventajosa (estrategia pura). Vamos ahora a
variar este cuadro y a poner en manos de este empresario un conjunto de dados que va a
lanzar para as determinar la estrategia que va a elegir. Es decir: introducimos un
elemento aleatorio en la decisin (estrategia mista) . Pero no todo se deja al azar. El
duopolista A debe enunciar de antemano una regla sobre cules de los resultados de la
tirada -supongamos que slo se lanza un dado-le harn elegir una estrategia
determinada. Para aclarar esto, utilizaremos una tabla algo ms sencilla pero menos
interesante que las empleadas hasta ahora. En esta nueva tabla (la 5) , cada duopolista
slo dispone de dos estrategias.Una regla que A podra adoptar sera, p. ej.:
Si el resultado de la tirada es 1 2, elijo A1.
Si el resultado de la tirada es 3, 4, 5 6, elijo A2.
Si se sigue esta regla, la probabilidad de que A elija A1 es 1/3, y la de que elija A2 es
2/3. Si se hubiera adoptado otra regla (por ejemplo, la de elegir A1 si el resultado de la
tirada es 1, 2 3), la probabilidad de que se eligiera A1 habra sido 1/2. Llamamos
coeficiente aleatorio de A a la fraccin que expresa la probabilidad de que A elija A1.
En los dos ejemplos anteriores, los coeficientes aleatorios de A seran 1/3 y 1/2,
respectivamente.
Como caso especial, el valor del coeficiente aleatorio podra ser cero (lo que significara
que decididamente se escoge la estrategia A2) o 1 (lo que significa que A escoge
decididamente A1), con lo que, en cierto sentido, las estrategias puras pueden
considerarse como un caso especial de las mixtas. De todas formas, esta ltima
afirmacin est sujeta a condiciones bastante importantes y de compleja naturaleza, en
las que no entraremos aqu.
Tabla 6
Coeficientes Coeficientes aleatorios de B
aleatorios
0
1/3
2/3
de A
mnimos
de
las
filas
3 1/3
2 1/3
1/3
4 1/3
3 2/3
2 1/3
2 1/3
2/3
3 2/3
3 2/3
3 2/3
3 2/3
3 2/3
3 2/3
4 1/3
mximos de
las
5
columnas
3 2/3
4 1/3
minimum
maximorum
maximum
minimorum
Ahora, en vez de escoger una de entre las estrategias de que dispone, el duopolista A ha
de escoger el coeficiente aleatorio ptimo (que, en cierto sentido, an no est definido).
Cmo se hace la eleccin del coeficiente aleatorio? Para ello, se construye una tabla
que se diferencia en dos aspectos importantes de las que hemos empleado hasta ahora, y
un ejemplo de la cual es la tabla 6. En ellas, cada fila corresponde a un posible valor del
coeficiente aleatorio de B. Como el coeficiente aleatorio puede tomar cualquier valor
entre cero y 1 (ambos incluidos), no hay que considerar la tabla ms que como una
muestra.
Los nmeros que figuran en la tabla son los valores medios (esperanzas matemticas)
correspondientes a la eleccin de los coeficientes aleatorios indicados por las
respectivas fila y columna . (Hay que advertir que la tabla 6 no es ms que un artificio a
efectos de la exposicin, y los procedimientos que se emplean en el libro de que
tratamos son algebraicos y mucho ms sencillos en el clculo).
Si ahora suponemos, con los autores, que cada uno de los duopolistas trata de hacer
mxima la esperanza matemtica de sus beneficios (tabla 6) en vez de los beneficios
mismos (tabla 5), podra parecer que, caso de que no exista un punto mixto de
estabilidad, sigue estando presente la causa de la dificultad. Pero no es vano hemos
introducido las estrategias mixtas. Se puede demostrar (y el que primero demostr este
teorema fue von Neumann, ya en 1928) que en la tabla de la esperanza matemticas
(como la 6, p. ej.)siempre existe un punto mixto de estabilidad, con lo que el problema
es siempre determinado.
El lector, que puede haber visto con cierto recelo la introduccin de los dados en el
proceso de la toma de decisin, estar seguramente de acuerdo en que, ste es un
resultado bastante espectacular. Aunque la primera impresin fuera la contraria, resulta
que es posible convertir el problema en determinado. pero ello tiene un precio: parece
preciso aceptar las estrategias mixtas y suponer que lo nico que importa es la esperanza
matemtica de los beneficios (y no, por ejemplo, su varianza). Muchos economistas
considerarn que ese precio es demasiado elevado. Adems, se podra discutir la
necesidad de dar carcter determinado a un problema de esta naturaleza, y quiz
debiramos considerar como solucin el intervalo de indeterminacin dado por los dos
puntos crticos: el minimum-maximorum y el maximum-minimorum.
Como ya hemos indicado anteriormente, no hay que prescindir, en general, de la
posibilidad de una coalicin, posibilidad que resulta especialmente evidente a
considerar situaciones econmicas ms complejas.
Podra darse, p. ej., una situacin en la que no haya ms que dos vendedores y dos
compradores, en cuyo caso se podra formar una coalicin de vendedores y otra de
compradores. Pero tambin cabra que uno de los compradores sobornase de alguna
forma a uno de los vendedores para enfrentarse juntos con los otros dos. E igualmente
se pueden imaginar otras varias combinaciones de este tipo.
Veamos que, cuando slo figuran dos personas en escena, cual en el caso del duopolio
(en el que prescindamos del papel de los consumidores), no se formara coalicin si la
suma de los beneficios de ambos sujetos era constante. Pero, cuando el nmero de
participantes es tres o ms, pueden provechosamente formarse subcoaliciones incluso si
la suma de los beneficios de todos ellos es constante. As, en el ejemplo anterior de
cuatro sujetos, podra ser ventajoso para los vendedores combinarse contra los
compradores, incluso si (o, quiz, especialmente si) los beneficios de los cuatro siempre
suman la misma cantidad.
As, pues, podemos estudiar la formacin de coaliciones sin abandonar el tan
conveniente supuesto de la constancia de la suma de los beneficios. En realidad, cuando
se sabe que esa suma no es constante, se puede introducir (en teora) un nuevo y ficticio
participante, quien, por definicin, pierde todo lo que ganan los participantes reales, y
viceversa. Con ello, podemos considerar que una situacin de beneficios globales no
constantes y tres personas, p. ej., es un caso especial de la situacin de beneficios
globales constantes y cuatro personas. Esta es una razn ms limitar la mayor parte del
estudio (tanto en el libro como en este artculo) al caso de beneficios globales
constantes, y ello a pesar de que los problemas econmicos son casi siempre del tipo de
suma no constante.
Pasaremos ahora a estudiar el caso ms sencillo de los de suma constante que admite la
formacin de una coalicin: el de tres participantes .Aqu ya no es suficiente la tcnica
de anlisis que hemos empleado en el caso de slo dos sujetos. El nmero de
posibilidades aumenta rpidamente. Cada uno de los participantes puede actuar
independientemente, o bien se puede formar una de las tres posibles coaliciones de dos
personas (A y B contra C, A y C contra B, B y C contra A). Y, si no fuera por la
condicin impuesta de que la suma de los beneficios ha de ser constante, cabra adems
la posibilidad de una coalicin de los tres participantes.
Tambin aqu se pone de manifiesto la novedad de la forma en la que los autores
abordan el problema. En la mayor parte de la teora econmica tradicional, se postula la
formacin-o ausencia- de determinadas coaliciones . As, p. ej., se estudia la economa
de los crteles sin investigar rigurosamente las condiciones necesarias y suficientes para
su formacin. Adems, se tiende a excluir a priori fenmenos tales como la
confabulacin entre vendedores y compradores, aunque se sabe que tales fenmenos se
dan en la realidad. La Teora de los juegos, aunque en apariencia ms abstracta que la
teora econmica que ya nos es familiar, en estos puntos se aproxima mucho ms de
cerca a la realidad. Para dar una solucin completa a los problemas de la teora
econmica. hay que resolver los fenmenos que son la formacin de coaliciones, el
soborno, la confabulacin, etctera. Ahora disponemos de la respuesta a esas cuestiones,
aunque en los casos ms complicados sea de carcter un tanto formal y aunque no
siempre nos proporcione la suficiente visin interna del funcionamiento del mercado en
la realidad.
Volvamos ahora al caso de tres sujetos. Supongamos que dos de ellos son vendedores y
el otro comprador. La teora tradicional nos dira la cantidad vendida por cada oferente
y el precio. Pero sabemos que en el proceso de la transaccin uno de los vendedores
puede sobornar al otro para que se abstenga de competir, con lo que este ltimo de todas
formas obtendra un beneficio y, por otra parte, el beneficio real del que realiz la venta
sera inferior al normal en la cantidad que pag a su rival.
Conviene, pues, introducir el concepto de ganancia. La ganancia del participante
sobornado es el importe del soborno, y la ganancia del vendedor es el beneficio
obtenido con la venta menos el importe del soborno. Llamaremos imputacin a una
distribucin concreta de las ganancias entre los participantes. La imputacin no es un
nmero, sino un conjunto de nmeros. As, p. ej., si las ganancias de los participantes en
un caso determinado son gA, gB, gC, a lo que se llama imputacin es al conjunto de
esas tres g. La imputacin resume el resultado del proceso econmico. Para cada
situacin, hay muchas imputaciones posibles, y uno de los principales objetivos de la
teora econmica es hallar, entre todas ellas, las que tendrn en un comportamiento
racional.
En una situacin como la descrita anteriormente (tres participantes y beneficios globales
constantes), cada uno de los sujetos empezar preguntndose qu beneficios podr
obtener actuando independientemente, aunque sea en el pero de los casos y aunque los
otros dos formen una coalicin contra l. Para ello, considerar la situacin como de
slo dos participantes (considerando a la coalicin formada contra l como un solo
sujeto) y calcular el maximum-minimorum del caso, o punto mixto de estabilidad, si es
que ese punto existe, lo cual naturalmente siempre tendr lugar si se emplean las
estrategias mixtas. A continuacin, el sujeto considerar la posibilidad de formar l una
coalicin con uno de los otros dos participantes. Y aqu se plantea la cuestin crucial:
Cules son las condiciones para que se pueda formar tal coalicin?.
Antes de examinar en detalle esta cuestin, resumiremos en la tabla 8 los datos del caso.
Tabla 8
I
Si
A
acta
solo,
puede
Si
B
acta
solo,
puede
Si C acta solo, puede obtener 10
obtener
obtener
5
7
II
Si A y B se coligan, pueden
Si A y C se coligan, pueden
Si B y C se coligan, pueden obtener 20
obtener
obtener
15
18
III
Esta imagen geomtrica nos servir para definir el fundamental concepto de solucin.
Consideremos los puntos (imputaciones) #1, #3, #5 y #7 de la figura 1. Ninguno de
ellos domina a ninguno de los otros, ya que cada par de ellos est separado por 90 ms
grados. Pero cualquier otro punto del crculo est dominado por, al menos (en este caso,
exactamente), uno de ellos: todos los puntos entre #1 y #3 estn dominados por #1, etc.;
no hay ningn punto de la circunferencia que no est dominado por uno de los cuatro
mencionados. Definimos una solucin como un conjunto de puntos (imputaciones) que
gozan de dos propiedades: 1) ninguno de los elementos del conjunto domina a ningn
otro elemento del mismo conjunto, y 2) todo punto exterior al conjunto ha de estar
dominado por al menos uno de los elementos del conjunto.
Hemos visto que los puntos #1, #3, #5 y 37 gozan de ambas propiedades, por lo que los
cuatro puntos en conjunto forman una solucin, Tiene importancia observar que no se
puede considerar como solucin a ninguno de esos puntos aisladamente; incluso si
prescindiramos de uno solo de esos puntos, los tres restantes ya no constituiran una
solucin. Por ejemplo: si prescindimos de #1, los puntos entre #1 y #3 no estn
dominados por ninguno de los #3, #5 o #7 restantes; ello violara la segunda condicin,
por lo que esos tres puntos solos no constituyen solucin. Por otra parte, si aadimos un
quinto punto a los #1, #3, #5 y 37, el subsiguiente conjunto de cinco elementos tampoco
constituye solucin. Supongamos, p. ej., que es #2 el nuevo y quinto punto; observamos
que #2 est dominado por #1 y que a su vez domina a #3, con lo que nos falta la primera
condicin.
Pero, al contrario de lo que podra dictarnos la intuicin, un elemento de la solucin
puede estar dominado por puntos extraos a sta: p. ej.: 31 est dominado por #8, etc.
Es fcil que haya ms de una solucin, y el lector no tendr dificultad en comprobar que
#2, #4, #6, #8 tambin forman solucin, siendo evidente que existen infinitas ms.
Existe siempre una solucin por lo menos? Hasta ahora no se ha podido responder a
esta pregunta. Entre los casos examinados por los autores no se ha encontrado ninguno
que careciera de al menos una de ellas, pero an no se ha demostrado que siempre haya
de existir solucin.
Para comprender la posibilidad terica de un caso sin solucin, alteraremos ligeramente
el concepto de dominacin (vase la figura 2) y diremos que #1 domina a #2 si su
ngulo de separacin (en el sentido de las agujas del reloj) no es mayor de 180.
De esta forma resulta (en la figura 2) que el punto #1 domina al 3, pero no al #4; etc.
Podemos ahora demostrar que en este caso no existe solucin. Para ello, supongamos
que existiese una solucin y sea #1 uno de sus puntos (sin que esta eleccin concreta
nos haga perder nada de generalidad). Es evidente que #1 no constituye por s solo una
solucin, pues hay puntos de la circunferencia (el #4, por ejemplo) que no estn
dominados por #1; o sea, que la solucin ha de incluir al menos dos puntos. Pero
cualquier otro punto de la circunferencia, o bien est dominado por #1 (el #2, p. ej.,), o
bien domina a 31 (el #4, p. ej), o bien ocurren ambas cosas (como en el #), lo que
contradira a la primera condicin de los elementos de la solucin. Por tanto, tampoco
hay solucin que conste de dos elementos. A fortiori, no hay soluciones que contengan
ms de dos puntos; es decir, hemos construido un ejemplo que no tiene ninguna
solucin. Pero el que tal situacin pueda darse en economa (o en los juegos de azar, si
se quiere) es an objeto de discusin.
Fijmonos ahora en la interpretacin econmica del concepto de solucin. Dentro de la
solucin, no hay motivo para variar de una imputacin a otra, pues ninguna de ellas
domina a otra del conjunto. Adems, nunca hay razn suficiente para salirse de una
solucin determinada, pues toda solucin extraa a la solucin puede ser desacreditada
por una imputacin de la solucin que domina a la exterior. Pero, como hemos visto,
tambin la recproca es generalmente cierta: las imputaciones de la solucin pueden
estar dominadas por las exteriores a la misma. Si prescindimos de esta ltima
consideracin, la solucin de que se trate cobra un carcter institucional y, segn los
autores, una solucin puede ser equivalente a lo que podramos llamar los "standards de
comportamientos" de una colectividad determinada.
Podemos ahora considerar que la multiplicidad de soluciones corresponde a distintos
ordenamientos institucionales alternativos: a un cierto marco institucional slo
correspondera una solucin. Pero aun as, queda un gran nmero de posibilidades, pues
generalmente cada solucin contiene ms de una imputacin. y an existira mayor
indeterminacin si no hubiramos introducido las estrategias mixtas. Sera, pues,
sorprendente que von Nuemann y Morgenstern no lograsen, en las aplicaciones que
llevan a cabo, algo ms que los resultados clsicos y no descubrieran imputaciones
hasta aqu descuidadas o totalmente abandonadas; y sealan algunos resultados
heterodoxos bastante interesantes, especialmente en el ltimo captulo del libro.
Pero hay un caso en el que, a la vista de la literatura posterior sobre la materia, no est
justificada la pretensin de los autores de lograr mayor generalidad que la de la teora
econmica, y es el caso que corresponde en esencia al monopolio bilateral (pg. 564,
proposicin 61:C). Empleando sus mtodos nuevos. los autores llegan a un cierto
intervalo de indeterminacin del precio, que es un intervalo ms amplio que el indicado
por Bhm-Bawerk, por haber prescindido (como advierten los mismos autores) del
supuesto del precio nico. Pero en las teoras del excedente del consumidor (por no citar
ms de un ejemplo) ya se haba llegado a una anloga ampliacin del intervalo de
indeterminacin de precio levantando aquel mismo supuesto.
Repito, sin embargo, que la Teora de los juegos ofrece una forma ms general de
abordar los problemas de la que sera posible de otro modo, y de ello es un ejemplo la
existencia de soluciones discriminatorias, descubierta por mtodos puramente
analticos; as como tampoco sera posible explicar, con los mtodos y tcnicas
corrientes de la teora econmica, los diversos tipos de acuerdos y confabulaciones a los
que nos hemos referido al hablar de los casos de tres y cuatro sujetos.
Las posibilidades de los nuevos mtodos de von Neumann y Morgenstern parecen ser
enormes y es de esperar que contribuyan a reforzar y aumentar el realismo de buena
parte de la teora econmica; pero, tambin en gran parte, no son ms que posibilidades,
y los resultados estn an en gran medida por lograr. Aun empleando los ms poderosos
mtodos matemticos, las dificultades con las que se tropieza al tratar las situaciones en
las que existen ms de tres sujetos son enormes. Incluso los problemas del monopolio y
del monopsonio estn fuera de nuestro alcance en el estado actual de la investigacin, y
lo mismo puede decirse de la competencia perfecta, aunque pueda resultar que esta
ltima no es una solucin legtima, ya que excluye la formacin de coaliciones que
pueden dominar las imputaciones de competencia. Mucho han ayudado estos mtodos a
aclarar el problema del oligopolio, pero tambin aqu los resultados estn lejos de
alcanzar el grado de determinacin deseado por el economista terico.
Por todo ello, considero un tanto lamentables algunas de las afirmaciones hechas en el
primer captulo del libro atacando (con bastante falta de discriminacin) las tcnicas
analticas actualmente empleadas por los tericos de la economa. Cierto que las
deficiencias de la teora econmica sealadas en la Teora de los juegos son muy reales,
y no podramos desear nada mejor que un modelo que nos diera las propiedades
generales de un sistema de m vendedores y n compradores, p. ej., del cual pudieran
considerarse como casos particulares el monopolio, el duopolio y la competencia
perfecta. Pero desgraciadamente ni siquiera podemos vislumbrar an el tal modelo. A
falta del mismo, los economistas tericos han empleado (y sin duda alguna seguirn
empleando) otros, aunque menos satisfactorios, muy tiles de todas formas; pues no
podemos permitirnos ignorar la necesidad social de unos resultados de la teora
econmica, y ello aunque lo mejor de los mismos sea bastante tosco. El hecho de que se
haya estudiado tanto la teora de las fluctuaciones econmicas no es una prueba de
"cunto se han subestimado las dificultades por resolver" (pg. 5), sino que ms bien
demuestra que la ciencia econmica no puede permitirse el lujo de desarrollarse en la
forma tericamente ms lgica cuando la necesidad de obtener resultado es tan
imperiosa como el caso de los altibajos del nivel de empleo.
Ni tampoco es seguro, aunque s posible desde luego, que, cuando se disponga de una
teora rigurosa elaborada segn las directrices propuestas por von Neuman y
Morgenstern, los resultados obtenidos en los problemas importantes sean lo suficiente
distintos de los alcanzados con los mtodos actuales (y reconocidamente imperfectos)
como para justificar algunas de las ms duras acusaciones hechas en el primer captulo
del libro. No hay que olvidar, p. ej., que, aunque sera de gran valor la explicacin
terica de las coaliciones que se van a formar en una situacin determinada, disponemos
de conocimientos empricos que podemos emplear como substitutivos (siempre
imperfectos) de la teora. As, p. ej., la formacin de cartels puede ser una cosa que tan
se vea venir en una situacin determinada, que el terico puede sencillamente incluirla
como uno de sus supuestos; mientras que von Neuman y Morgenstern demostraran (al
menos en principio) la formacin del cartel sin tener que darla como un supuesto ms (y
lgicamente innecesario).
Los autores critican de tal forma la aplicacin de los mtodos matemticos a la
economa, que algunos lectores casi podran llegar a pensar, a pesar de las protestas de
aqullos en contrario, que von Neumann y Morgenstern no se dan cuenta de que gran
parte de los recientes progresos en muchos campos de la teora econmica se debe en
gran medida al empleo de mtodos matemticos. Tampoco parecen advertir el hecho de
que la economa desarrollada en forma literaria se basa, implcitamente, en las tcnicas
matemticas que ellos critican. (Lo que ponen en duda no son en realidad los mtodos
de la economa matemtica, sino aquellos elementos de la teora econmica que son
comunes a la economa matemtica y a la literaria). Aunque es cierto que ni siquiera el
estudio matemtico de la economa es siempre lo suficiente riguroso, generalmente lo es
ms que su correspondiente forma literaria, aunque esta ltima sea a veces ms realista
en muchos aspectos importantes.
Este comentarista no abriga la menor duda de que nada puede estar ms lejos de la
intencin de los autores comentados que servir, alentar o hacer concesiones a aquellos
otros que rechazan la investigacin rigurosa de la economa, pero algunas vagas crticas
incluidas en el primer captulo pudieran surtir ese efecto y apenas merecen ir parejas de
los logros positivos del resto del libro.
Probablemente, los economistas se sorprendern de encontrar tan pocas referencias a
trabajos econmicos ms recientes. Casi podra uno terminar la lectura del libro con la
impresin de que la ciencia econmica es sinnima de Bhm-Bawerk y Pareto. Ni
siquiera se hace alusin a los primitivos del siglo XIX (como Cournot) ni a los autores
de las ltimas dcadas (tales como Chamberlin, Joan Robinson, Frisch, Stackelberg).
Pero quiz los autores puedan recabar la exencin de relacionar su trabajo con el de sus
antecesores, y ello en virtud del tremendo esfuerzo constructivo incorporado a su obra;
pues no es por menos de admirar la audacia de visin, la perseverancia en los detalles y
la profundidad de pensamiento de que hacen gala en la casi totalidad de las pginas del
libro.
Por intrincado que pueda ser a veces el razonamiento, la exposicin es notablemente
lcida y fascinante. Adems, los autores se esfuerzan constantemente por evitar el
supuesto de que el lector est familiarizado con algo ms que las matemticas
elementales y, siempre que se necesitan, se forjan en el mismo libro las herramientas
auxiliares que pudieran resultar ya ms complicadas.
Tambin es de mencionar, aunque esto ya se sale del mbito de esta breve exposicin,
que, en el campo de los que propiamente son juegos (ajedrez, pquer), los resultados
obtenidos son ms concretos que algunas de las aplicaciones econmicas. Los lectores
que se interesen por la naturaleza de la determinacin en el juego de ajedrez por la
teora del bluff en el pquer, o en la adecuada estrategia a seguir por Sherlock Holmes
en su famoso encuentro con el profesor Moriarty, disfrutarn con la lectura de esta parte
del libro, la cual no tiene relacin directa con la ciencia econmica. Y tambin es
probable que el lector vea afectadas sus opiniones sobre las estrategias ptimas militares
o diplomticas.
As, pues, la lectura de este libro, adems de ser un paso ms en la evolucin intelectual
del lector, hace pasar muy buenos ratos. La inmensa mayora de los economistas se
encontrarn capacitados para leerlo, incluso si la lectura ha de ser a veces lenta; el
esfuerzo vale la pena. Y ya slo nos queda por decir que la aparicin de un libro de la
envergadura de la Teora de los juegos es en verdad un acontecimiento poco frecuente.