IMP - Barrero, Saborid 2005 Mecanica de Fluidos
IMP - Barrero, Saborid 2005 Mecanica de Fluidos
IMP - Barrero, Saborid 2005 Mecanica de Fluidos
DE LA MECÁNICA DE FLUIDOS
McGraw-Hill/Interamericana
de España, S.A.U.
ISBN: 84-481-9890-5
Depósito legal: M.
Amable Liñán
v
Introducción
La semilla de este libro tiene su origen en los cursos de Mecánica de Fluidos impartidos
desde hace mas de veinte años en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de
Sevilla. En nuestra opinión, el enfoque de este libro es distinto al de los que existen en el
mercado, entre los que se encuentran libros de texto, de carácter general, excelentes como
los debidos a Batchelor y a Landau y Lifshitz entre otros, que son ampliamente aceptados
por la comunidad cientı́fica y académica. Sin embargo, tanto por los temas que se abordan
en ellos como por el modo en que se presentan son más adecuados para estudiantes de tercer
ciclo, o especialistas de Mecánica de Fluidos, que para estudiantes de primer y segundo ciclo
de Escuelas Técnicas Superiores y Facultades de Ciencias, incluso para los que poseen un
nivel adecuado de Fı́sica y Matemáticas. Por otra parte, se han publicado recientemente
una ingente cantidad de libros introductorios a la Mecánica de Fluidos, algunos de ellos de
calidad discutible y clónicos de otros de mayor calidad que les precedieron; por ejemplo el
debido a White que cubre eficazmente y con suficiente rigor una gran variedad de temas
de interés práctico, aunque su nivel elemental no provee al lector de unos fundamentos
fı́sicomatemáticos suficientes que le permitan comprender y abordar los complejos problemas
fluidodinámicos de la Ingenierı́a.
En este libro se describen en profundidad, con un punto de vista unificado y auto-
contenido que parte de primeros principios, los fenómenos fı́sicos relevantes en el movimiento
de los fluidos y su cuantificación matemática que dan lugar a las ecuaciones generales que
gobiernan los movimientos fluidos. Con este enfoque se pretende proporcionar al lector una
exposición ordenada, rigurosa, extensa y profunda, de los fundamentos de la Mecánica de
Fluidos que permita, una vez desarrollado el modelo teórico general, abordar gradualmente
el estudio de las aplicaciones prácticas más relevantes de la Mecánica de Fluidos. Desde
el punto de vista didáctico, las ventajas de este enfoque son patentes si se tiene en cuenta
la complejidad de los procesos fluidodinámicos reales, cuyo tratamiento requiere un amplio
conocimiento y una comprensión profunda de los problemas fisico-matemáticos involucrados
en el fenómeno considerado. Sólo dicho conocimiento permitirá estimar cuantitativamente
la importancia relativa de los diferentes efectos involucrados en el fenómeno y llevar a cabo
simplificaciones, siempre necesarias en la Mecánica de Fluidos, que proporcionen soluciones
aproximadas, analı́ticas, numéricas o experimentales, al problema considerado que sean de
interés práctico.
Los principios fı́sicos básicos que gobiernan el movimiento de los fluidos y las ecuacio-
nes generales a que dan lugar se recogen en los seis primeros Capı́tulos. Los movimientos
fluidos en los que las fuerzas de viscosidad juegan un papel dominante se analizan en los
capı́tulos 7 a 9. Los fundamentos teóricos de los movimientos de fluidos a altos números de
Reynolds (movimientos con fuerzas de viscosidad despreciable), de importancia capital en la
ingenierı́a, se analizan en el Capı́tulo 10, y algunas de las aplicaciones de estos movimientos
se analizan en los Capı́tulos 11 a 13 donde se tratan respectivamente los temas de ondas
lineales en fluidos (acústica y ondas superficiales en lı́quidos), ondas no-lineales (dinámica
de gases, ondas de choque, etc.) y aerodinámica potencial subsónica. Los efectos de la
viscosidad y de la conducción de calor en los flujos a altos números de Reynolds se tratan en
el Capı́tulo 14. El Capı́tulo 15 se dedica al estudio de la estabilidad de las corrientes fluidas
mediante el análisis lineal; entre otros casos, se consideran allı́ la inestabilidad de Kelvin-
Helmholtz, la de Rayleigh, la de Bénard y la inestabilidad espacial de corrientes paralelas.
El Capı́tulo 16 está dedicado a los flujos turbulentos; en él se consideran diversos aspectos de
la fı́sica de la turbulencia, se formulan las ecuaciones promediadas de Reynolds y se aborda
el problema de cierre, tanto para flujos de geometrı́a sencilla, para los que existen solucio-
nes analı́ticas semiempı́ricas clásicas, como para aquellos, de geometrı́a más compleja, que
vii
deben ser abordados numéricamente. Finalmente, el Capı́tulo 17 se dedica a aplicaciones
clásicas de la corriente turbulenta de lı́quidos y gases en conductos (incluyendo los efectos
de compresibilidad, golpe de ariete, en los lı́quidos) y el movimiento de lı́quidos en canales.
En cuanto al uso del libro con propósitos docentes, es claro que el conjunto de temas
abordados en este libro es más amplio de lo que puede explicarse en los cursos de Mecánica de
Fluidos del primer y segundo ciclo de los planes de estudio vigentes en las Escuelas Técnicas
Superiores y Facultades de Ciencias. Nuestra experiencia en la Escuela de Sevilla con los
estudiantes de ingenierı́a industrial indica que en un curso introductorio de 6 créditos pueden
impartirse una buena parte de los ocho primeros Capı́tulos ası́ como parte del Capı́tulo 10 y
la parte del Capı́tulo 17 dedicado al movimiento de lı́quidos en tuberı́as a presión (excluyendo
el golpe de ariete). En un segundo cuatrimestre de cuatro créditos y medio, se imparten
temas escogidos de los Capı́tulos 10 a 14 y del Capı́tulo 16, ası́ como la parte del Capı́tulo
17 dedicada al movimiento turbulento de gases en conductos. Naturalmente nadie mejor
que la propia experiencia del docente para seleccionar los temas a impartir de acuerdo con
los objetivos del curso.
Los autores desean agradecer a los profesores Javier Dávila, José M. López-Herrera y José
M. Gordillo del Área de Mecánica de Fluidos por su colaboración y ayuda en la elaboración
del manuscrito. La inapreciable ayuda de Ignacio López y Manuel González en la elaboración
de los dibujos y figuras es muy reconocida, ası́ como lo es también la de David Gutiérrez en
las tareas de edición del libro. No menos importante ha sido el esmerado mecanografiado
de gran parte del manuscrito realizado por Adoración Garcı́a de Pablo a la que los autores
desean una muy pronta recuperación.
viii
Otros títulos de interés relacionados
Próxima publicación
1
2 CONTENIDO
17.4.3. Conducto de sección constante con adición de calor y sin fricción . . . . . 539
17.5. Pérdidas de carga localizadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 541
17.5.1. Ensanchamiento brusco de una tuberı́a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 542
17.5.2. Contracción brusca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 543
17.5.3. Ensanchamiento gradual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 544
17.5.4. Codos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 545
17.5.5. Válvulas, bifurcaciones y otros dispositivos hidráulicos . . . . . . . . . . . 547
17.6. Flujo turbulento en canales abiertos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 547
17.6.1. Flujo lentamente variable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 549
17.6.2. Aplicación práctica al cálculo del flujo detrás de una presa . . . . . . . . . 555
17.6.3. Flujo rápidamente variable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 557
Apéndice 17.I. Flujo turbulento en canales. Coeficiente de Manning . . . . . . . . . . 561
Capı́tulo 1
7
8 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
La distinción entre lı́quidos y gases es menos fundamental desde un punto de vista dinámico.
Gases y lı́quidos son fluidos que, como se indicó anteriormente, presentan la propiedad de su fácil
deformabilidad. La densidad de una sustancia en fase lı́quida es, normalmente, mucho mayor que la
de una sustancia en fase gaseosa (tı́picamente mil veces mayor), aunque esto no pueda considerarse
como una caracterı́stica definitoria; la diferencia en densidades conduce a una diferencia en la
magnitud de las fuerzas requeridas para conseguir una aceleración dada, pero no a una diferencia
en el tipo de movimiento. La propiedad que de un modo más sustancial diferencia a los lı́quidos de
los gases es la compresibilidad, o capacidad para cambiar el volumen que ocupa una determinada
masa de fluido. Enseña la experiencia que la compresibilidad de los gases es mucho mayor que
la de los lı́quidos. En movimientos de fluidos con variaciones apreciables de la presión, el fluido
experimentará variaciones de densidad que en el caso de gases serán mucho mayores, para la
misma variación de presión, que en el de lı́quido. Variaciones apreciables de presión en un gas
aparecen, por ejemplo, en meteorologı́a, como un resultado de la acción de la gravedad sobre la
atmósfera, o en el movimiento a altas velocidades de un sólido a través de un gas (balı́stica y
aeronáutica). Se encontrarán también situaciones en que aparecen variaciones muy pequeñas de la
presión en el movimiento de un gas (movimiento de un obstáculo en el seno de un gas a velocidades
suficientemente bajas); en estas situaciones, los gases se comportan de manera semejante a los
lı́quidos debido a que en ambos casos los cambios de densidad son muy pequeños.
N
X
mi wi
i=1
v= N
. (1.1)
X
mi
i=1
Las velocidades de agitación molecular exhiben un comportamiento irregular (caótico), siendo sus
tiempos caracterı́sticos de variación en magnitud y dirección muy cortos frente a los asociados a
variaciones de la velocidad media, como se representa de modo cualitativo en la Figura 1.1.
Aparte del movimiento de agitación molecular, la existencia de fuerzas de interacción mutua
entre pares de moléculas debe ser tenida en cuenta también al considerar la estructura molecular de
la materia. Si, en una descripción simplificada, se consideran las moléculas del sistema como centros
de fuerzas, la fuerza que la molécula i-ésima ejerce sobre la molécula j-ésima, igual y contraria a la
que la molécula j-ésima ejerce sobre la i-ésima, estará dirigida según la lı́nea que une sus centros y
su magnitud dependerá de la distancia que las separa, es decir,
rj − ri
Fji = Fji (|ri − rj |) = −Fij , (1.3)
|ri − rj |
1.2. Estructura molecular de la materia 9
(wi)k
(ci)k
·
vk
donde Fji es una cantidad positiva (negativa) dependiendo del carácter repulsivo (atractivo) de
dicha fuerza.
Aunque en la actualidad no se posee un conocimiento completo de las fuerzas intermoleculares
en un fluido, los resultados experimentales y teóricos sobre la estructura molecular de los fluidos
más simples sugieren que la energı́a potencial de interacción entre dos moléculas neutras, no polares
y que no reaccionan quı́micamente, se puede representar de forma bastante aproximada mediante
el denominado potencial de Lennard-Jones
"µ ¶ µ ¶6 #
12
do do
φij (d) = φji = φo − , (1.4)
d d
donde d = |ri − rj |, y φo y do son constantes que dependen del tipo de moléculas consideradas. A
partir de φij se puede derivar la fuerza de interacción molecular
" µ ¶ µ ¶7 #
13
∂ φij φo do do rj − ri
Fji = − =6 2 − , (1.5)
∂ rj do d d |rj − ri |
F u e rz a
In te rm o le c u la r
D is ta n c ia e n tre c e n tro s
Figura 1.2: Variación de la fuerza intermolecular como función de la distancia entre los centros
moleculares. En la figura, la fuerza de repulsión se ha representado con signo positivo.
10 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
Se puede observar en (1.5) que cuando la distancia entre moléculas es menor que cierta distancia
tı́pica del orden del tamaño caracterı́stico molecular (do ∼ 3 × 10−10 m) existe una fuerte repulsión
electrostática entre ellas debida al solape de las nubes electrónicas y a la proximidad entre sus
núcleos. Para distancias mayores que do las moléculas se atraen débilmente debido a la formación
de dipolos eléctricos inducidos (fuerzas de Van der Waals), variando la fuerza de atracción, a
grandes distancias, como d−7 . Si las moléculas poseen la capacidad de formar estructuras más
complejas mediante reacciones quı́micas, existe entonces una fuerza atractiva intermolecular de
origen cuántico, no contenida en la descripción anterior, que actúa a distancias muy cortas una vez
superada la barrera de repulsión electrostática.
La distancia tı́pica entre moléculas de una sustancia se puede estimar a partir de su masa molar
y de su densidad. Ası́ , por ejemplo, la densidad de un gas tı́pico (oxı́geno) en condiciones normales
(293 K, 105 P a) es de 1,2 kg/m3 . Como la masa molar del oxı́geno es 32 kg/kmol, se tendrán
0,0416 kmoles/m3 y teniendo en cuenta el número de Avogadro (NA = 6,023×1023 moléculas/mol)
se obtiene n = 2,5 × 1025 moléculas/m3 . La distancia media entre moléculas de O2 es, pues, del
orden de n−1/3 ∼ 4,1 × 10−9 m, que es unas diez veces la distancia do . Sin embargo, para un
lı́quido tı́pico (por ejemplo, agua, de masa molar 18 kg/kmol y densidad a temperatura ambiente
de 103 kg/m3 ) la distancia media intermolecular resulta del orden de n−1/3 ∼ 3 × 10−10 m, que es
del orden de do ; para los sólidos, la distancia intermolecular tı́pica es también del orden de do .
En gases, por tanto, las moléculas están, en media, tan alejadas unas de otras, que las fuerzas
intermoleculares pueden considerarse despreciables en primera aproximación. Sólo ocasionalmente,
y después de haber recorrido una distancia del orden del camino libre medio molecular (mucho
mayor que do ), dos moléculas se aproximan lo suficiente para que entren en juego las fuerzas de
repulsión, experimentando lo que se denomina una colisión, Figura 1.3.
Fij
Fji
Las colisiones que experimenta una molécula de un gas en condiciones normales de presión
y temperatura son ocasionales y de corta duración en comparación con el tiempo medio entre
colisiones, por lo que se puede despreciar la fracción de moléculas del gas que en un instante dado
están en colisión, y suponer que la energı́a potencial de una molécula tı́pica del gas sometida al
campo de fuerzas de sus vecinas es, por tanto, despreciable en todo instante frente a su energı́a
cinética; este modelo se conoce en teorı́a cinética de gases con el nombre de gas ideal. Por el
contrario, en sólidos y lı́quidos, las moléculas están tan cercanas unas de otras como lo permiten
las fuerzas de repulsión y cada molécula está sometida a un fuerte campo de fuerzas producido por
sus vecinas, existiendo por tanto una interacción continua entre ellas. En lı́quidos, la energı́a cinética
de las moléculas es comparable a su energı́a potencial, mientras que en sólidos la energı́a cinética
molecular es despreciable frente a la energı́a potencial. Este hecho explica la pequeña capacidad
1.3. La hipótesis de fluido como medio continuo 11
de deformación de los sólidos frente a la de los fluidos (lı́quidos y gases). El carácter de las fuerzas
intermoleculares permite también explicar la gran diferencia en la compresibilidad de gases y
lı́quidos. En efecto, las moléculas de un gas están lo suficientemente separadas (d À d0 ) como para
que se puedan aproximar más aún bajo la acción de fuerzas externas sin que aparezcan fuerzas de
repulsión electrostáticas apreciables; sin embargo, en los lı́quidos, con distancias intermoleculares
tı́picas del orden de d0 , aparecen fuerzas de repulsión muy intensas, que varı́an con la distancia de
separación como d−13 , lo que implica que cualquier porción de lı́quido debe ser sometida a fuerzas
externas extraordinariamente grandes si se desea comprimirlo apreciablemente.
Es fácil ver que mientras el promedio se realice sobre volúmenes δ Ω que satisfagan la condición
anterior, el resultado será sensiblemente independiente del valor concreto de (δ Ω)1/3 (véase Figura
1.4), adquiriendo la medida, por tanto, un carácter objetivo, independiente de los detalles par-
ti culares de cada instrumento de medida de una serie de instrumentos de caracterı́sticas similares.
Si el promedio se realizase sobre volúmenes tales que (δ Ω)1/3 ∼ d, el resultado obtenido fluc-
12 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
tuarı́a en forma caótica al variar δ Ω debido a que ası́ lo harı́a el número de moléculas contenido
en él; asimismo, si (δ Ω)1/3 ∼ L, la medida experimentará variaciones apreciables al variar δ Ω,
debido a que las magnitudes fluidas varı́an en distancias del orden de L. Por otra parte, si d ¿
(δ Ω)1/3 ¿ L es fácil deducir que al desplazar de forma continua sobre la región ocupada por el flui-
do el punto de centrado del instrumento de medida, el valor de ésta experimentará variaciones muy
aproximadamente continuas, siendo despreciable la magnitud de las fluctuaciones respecto a valores
medios asociados al carácter discreto molecular del fluido.1 Las consideraciones anteriores justifican,
en la gran mayorı́a de las situaciones prácticas, la descripción del comportamiento macroscópico de
un fluido mediante un modelo matemático continuo, en el cual se supone que en cada instante el
fluido ocupa de forma continua una cierta región del espacio (dominio fluido) sobre la que se tienen
definidas funciones continuas y derivables de la posición y del tiempo (campos o variables fluidas).
Dichas variables fluidas se definen en cualquier punto x de la región ocupada por el fluido en el
instante t como el lı́mite formal de cantidades fı́sicas de interés (masa, cantidad de movimiento y
energı́a) promediadas sobre un elemento de volumen δ Ω centrado en x, cuyas dimensiones se hacen
tender a cero, pero sin llegar nunca a ser tan pequeñas como para que el volumen contenga sólo
unas pocas moléculas. De esta forma, y como se indicó anteriormente, se podrá hacer abstracción de
las fluctuaciones asociadas a la estructura molecular frente a valores medios, pudiéndose considerar
que, formalmente, dicho lı́mite da lugar a una función suave (continua y derivable) de la posición
y del tiempo definida sobre el dominio fluido. Se define, entonces, la densidad del fluido en cada
punto x y en cada instante t como el lı́mite formal
N (δ Ω)
1 X
ρ(x, t) = lı́m mi , (1.6)
δ Ω→0 δ Ω
i=1
obsérvese que (1.7) representa también la cantidad de movimiento media por unidad de masa, en
el instante t, centrada en el punto x.
En general, al considerar la energı́a total asociada a una porción de fluido se deberá tener en
cuenta tanto la energı́a cinética asociada a los movimientos de traslación, rotación y vibración
de las moléculas como la energı́a potencial asociada a las fuerzas de interacción molecular. En el
caso de un fluido constituido por moléculas monoatómicas (posteriormente se generalizará dicha
definición para incluir el caso de los fluidos de moléculas poliatómicas) cuyas moléculas (átomos)
sólo poseen los tres grados de libertad traslacionales, la energı́a total por unidad de masa ²(x, t)
1 Un sistema se denomina ergódico si las medias espaciales coinciden con las temporales para tiempos de prome-
sobre un volumen que no tiende matemáticamente a cero, son puramente formales y no estrictamente correctas desde
un punto de vista matemático. En rigor, dichas ecuaciones deben entenderse en el sentido de que las variables que
aparecen en los primeros miembros de las mismas representan, en el modelo matemático continuo, a las cantidades
fı́sicas discretas que se especifican en los segundos miembros.
1.4. Interpretación estadı́stica de algunas variables fluidas 13
Se verá posteriormente que dicha energı́a puede expresarse como la suma de la energı́a cinética
macroscópica de traslación por unidad de masa, 12 |v(x, t)|2 , de un elemento de fluido centrado en
el punto x en el instante t, más una energı́a interna e(x, t) contenida en dicho elemento, que está a
su vez asociada al movimiento de agitación molecular relativo al movimiento macroscópico y a las
fuerzas intermoleculares.
Por tanto, desde el punto de vista continuo la resolución de un problema fluido-mecánico consiste
en el cálculo de las tres componentes de la velocidad local del fluido v(x, t), la densidad ρ(x, t) y la
energı́a interna e(x, t) como funciones de la posición y del tiempo. Naturalmente, las relaciones entre
dichas variables se obtendrán a partir de leyes de conservación de la masa, cantidad de movimiento
y energı́a aplicadas a cualquier porción (infinitesimal o finita) del medio fluido continuo.
Conviene indicar que existen casos excepcionales donde la descripción del fenómeno mediante un
modelo continuo no es adecuada. Por ejemplo: el movimiento de gases a densidades extremadamente
bajas, el vuelo de un misil o satélite a grandes alturas por encima de la superficie de la Tierra,
o los instantes finales, del orden de microsegundos, del proceso de separación de una gota de una
corriente lı́quida. En estas situaciones el modelo no es aplicable, bien porque no sea posible elegir
un volumen suficientemente pequeño que pueda ser considerado como local y a la vez contener
un número suficiente de moléculas para que los valores medios sean representativos, como sucede
en el caso de un gas enrarecido, o bien porque las magnitudes fluidas experimenten variaciones
apreciables en longitudes del orden de la distancia intermolecular, como en los últimos instantes de
formación de una gota de un menisco que pende de un grifo, donde una descripción macroscópica de
un entorno del punto de rotura darı́a lugar a situaciones fı́sicamente inadmisibles: la existencia de
dos velocidades en el punto de rotura por ejemplo.3 No obstante, estas situaciones, cuya descripción
pertenece al campo de la teorı́a cinético molecular (Fı́sica Estadı́stica, Teorı́a Cinética de Gases),
son de un interés marginal desde el punto de vista de las aplicaciones prácticas comunes. Los
problemas fluidos más frecuentes están caracterizados por escalas locales que, como muy pequeñas,
son del orden de 10−6 m y, debido a que un volumen del orden de 10−18 m3 contiene 3 × 107
moléculas de un gas tı́pico en condiciones normales y un número aún mayor en el caso de un
lı́quido tı́pico, su descripción mediante un modelo continuo está plenamente justificada.
3 Las interfases de separación entre fluidos no miscibles son también casos en los que su estructura no admite una
descripción continua, ya que la densidad y otras propiedades experimentan variaciones apreciables en distancias del
orden de la de interacción molecular.
14 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
Por tanto, la energı́a total por unidad de masa (1.8) puede escribirse en la forma
1
²(x, t) = |v(x, t)|2 + e(x, t), (1.11)
2
donde el primer término representa la energı́a cinética por unidad de masa, en el instante t, asociada
a la traslación con velocidad v(x, t) de un elemento de fluido centrado en el punto x, y el segundo
término,
N (δΩ) N (δΩ)
N (δΩ)
X 1 X X
1
mi |ci |2 2 φij
i=1
2 i=1 j=1(j6=i)
e(x, t) = lı́m + lı́m = ec (x, t) + ep (x, t), (1.12)
N (δΩ) N (δΩ)
δΩ→0 X δΩ→0 X
mi mi
i=1 i=1
representa la energı́a interna, por unidad de masa, contenida en dicho elemento, y está asociada a
la energı́a cinética debida a las velocidades de agitación molecular, ec (x, t), y a la energı́a potencial
debida a las fuerzas intermoleculares ep (x, t).4
En la hipótesis de isotropı́a, las energı́as cinéticas medias asociadas a cada grado de libertad
traslacional, deben coincidir y, por tanto,
3 2
ec (x, t) = c , (1.13)
2
donde c2 /2 = c2x /2 = c2y /2 = c2z /2 es la energı́a cinética media por unidad de masa asociada
al movimiento de agitación molecular según cada grado de libertad. Boltzmann estableció una
proporcionalidad entre dicha energı́a cinética y la temperatura T
m c2 = k T, (1.14)
siendo m la masa de una molécula tı́pica del fluido (masa de una molécula ideal resultante de un
promedio en el caso de una mezcla) y k = 1,38 × 10−23 J/K, una constante universal denominada
constante de Boltzmann.
De (1.13) y (1.14) se deduce que, para un fluido monoatómico,
3 k 3R
ec (x, t) = T (x, t) = T (x, t), (1.15)
2m 2M
siendo R = NA × k = 8,31 JK −1 mol−1 la constante universal de los gases, y M la masa molar del
fluido.
Si el fluido es biatómico, aparecen grados de libertad adicionales en las moléculas del mismo,
como son los de rotación en torno a sus ejes principales de inercia, y vibración a lo largo del eje que
4 En la ecuación (1.12) se ha supuesto que no existen especies reactantes. En caso contrario, debe añadirse a
esta ecuación la contribución debida a la energı́a del enlace electrónico (energı́a de formación) de cada especie, ya
que su variación, cuando la reacción quı́mica tiene lugar, se traduce en un aumento o disminución de la energı́a de
agitación molecular (traslación, rotación y vibración) que se intercambia mediante colisiones con el entorno y da
lugar al denominado calor de reacción quı́mica.
1.4. Interpretación estadı́stica de algunas variables fluidas 15
une los centros de los átomos. Bajo condiciones usuales de presión y temperatura, los grados de
libertad vibracionales no están excitados apreciablemente, pudiendo despreciarse su energı́a. Ası́,
para un fluido biatómico se tiene en primera aproximación:
N (δΩ)
X 1
(mi c2i + Ixi Ω2xi + Iyi Ω2yi )
i=1
2
ec (x, t) = lı́m , (1.16)
N (δΩ)
δΩ→0 X
mi
i=1
donde Ixi , Iyi representan momentos de inercia de la molécula i-ésima respecto a los ejes principales
y Ωxi y Ωyi velocidades angulares respecto a los mismos ejes.
Se admitirá, basado en la experiencia, que las energı́as asociadas a los grados de libertad
traslacionales y rotacionales tienden a igualarse mediante colisiones moleculares en tiempos ca-
racterı́sticos que son generalmente muy cortos comparados con los necesarios para que existan
variaciones locales apreciables de las variables macroscópicas del problema; de acuerdo con este
principio, denominado de equipartición de la energı́a, se tiene,
1 5 k
ec (x, t) = (3 + 2)c2 = T (x, t). (1.17)
2 2 m
En general, para un fluido de moléculas poliatómicas con Z grados de libertad excitados supuestos
en equilibrio con los grados de libertad traslacionales, se postula,
1 k
ec (x, t) = (3 + Z) T (x, t). (1.18)
2 m
Como se indicó anteriormente (Sección 1.2), en un gas en condiciones normales de presión y tem-
peratura se pueden despreciar las fuerzas de interacción molecular (gas ideal), siendo su energı́a
interna debida únicamente a la energı́a cinética de agitación molecular (e = ec ); si, además, se pue-
de despreciar la energı́a de oscilación de los grados de libertad vibracionales, el gas se denomina
perfecto. Por tanto, para un gas perfecto,
3+Z
e= Rg T (1.19)
2
donde Rg = k/m = R/M se denomina constante del gas. Obsérvese que la energı́a interna por
unidad de masa de un gas perfecto es proporcional a la temperatura, siendo el calor especı́fico a
volumen constante ¯
∂ e ¯¯
cv = = (3 + Z) Rg /2. (1.20)
∂T¯ ρ
En el caso de lı́quidos, las fuerzas intermoleculares contribuyen también a la energı́a interna por
unidad de masa (ep )
N (δΩ) N (δΩ)
X X
1
µ ¶ 2 φij
3+Z k i=1 j=1(j6=i)
e= T + lı́m = ec + ep ; (1.21)
2 m δΩ→0 N (δΩ)
X
mi
i=1
16 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
ep está afectada por la densidad (al aumentar ésta disminuye la distancia media intermolecular)
e, independientemente, por la temperatura.5 En efecto, aunque el conocimiento del estado lı́quido
es todavı́a incompleto, las investigaciones realizadas en este campo sugieren que la estructura
molecular de los lı́quidos está parcialmente ordenada, con grupos de moléculas que tienen movilidad
como un todo, formando estructuras con otros grupos de moléculas, o dividiéndose, a veces, en
grupos más pequeños. Las variaciones de temperatura pueden originar redistribuciones de estos
grupos, afectando a las interacciones moleculares.
Como se verá posteriormente, los coeficientes de compresibilidad y dilatación de un lı́quido son
pequeños, de manera que para las variaciones de presión y temperatura encontradas en la mayorı́a
de las aplicaciones prácticas, su densidad puede considerarse constante (lı́quido perfecto). En este
caso la energı́a interna de un lı́quido depende sólo de la temperatura, tanto a través de la energı́a
cinética asociada a la agitación molecular (ec ) como a través de la energı́a potencial intermolecular
(ep ). Esta última contribución hace que para un lı́quido perfecto el calor especı́fico sea
de 1 k d ep
c(T ) = = (3 + Z) + . (1.22)
dT 2 m dT
Un aumento de temperatura (agitación térmica) tiende a disgregar los grupos moleculares con
mayor número de moléculas y favorece la formación de grupos más pequeños, por lo que ep aumenta
con la temperatura (d ep /d T > 0). En general, el calor especı́fico de los lı́quidos es mayor que el
de los gases.
1.4.2. Presión
Enseña la experiencia que a través de cualquier elemento de superficie, de área dσ y orientación
n, en el seno del fluido aparece una fuerza macroscópica que el fluido del lado de n ejerce sobre el
fluido del otro lado de la superficie, Figura 1.5. La magnitud de esta fuerza es proporcional al área
del elemento de superficie considerado. Además, si el fluido está en reposo o en movimiento como
sólido rı́gido respecto a un cierto sistema de referencia, su magnitud no depende de la orientación
de la superficie elemental y su dirección es normal a ella y dirigida hacia el elemento de superficie.
ds n
d F = -p (x,t) n ds
del fluido. En la vaporización las moléculas del lı́quido cercanas a la interfase deben absorber energı́a del entorno
(calor de vaporización) para, manteniendo su temperatura constante, separarse y, por tanto, aumentar su energı́a
potencial y pasar a la fase gas; en la condensación, la disminución de energı́a potencial intermolecular cuando las
moléculas pasan a la fase lı́quido se convierte en energı́a térmica que es cedida al entorno, manteniéndose constante
la temperatura de la interfase.
1.4. Interpretación estadı́stica de algunas variables fluidas 17
Obsérvese que esta fuerza es la que actuarı́a sobre una superficie sólida o membrana coincidente
con el elemento de superficie considerado y su magnitud por unidad de superficie es la presión en
el punto considerado
|dF|
p(x, t) = . (1.23)
dσ
El origen microscópico de esta fuerza se debe a la cantidad de movimiento neta, por unidad de
tiempo, transportada por las moléculas que atraviesan el elemento de superficie en su movimiento
de agitación molecular y que es transferida a las moléculas del otro lado por colisiones (gases
y lı́quidos); en el caso de lı́quidos, esta fuerza se debe también a las acciones intermoleculares
existentes entre las moléculas de ambos lados de la superficie. En el caso de un gas perfecto, se
pueden despreciar las fuerzas de interacción molecular y la presión es debida únicamente al efecto
de la agitación molecular.
Para dilucidar la relación existente entre la presión y las demás variables termodinámicas con-
sidérese, en este caso, un elemento de superficie δσ de orientación n centrado en un punto genérico
x en el seno del fluido como se muestra en la Figura 1.6.6
ds
n
-n
1
N |cni |δ t δ σ, (1.24)
2
donde N es el número de moléculas por unidad de volumen en x en el instante t, y el factor 1/2
se ha introducido debido a que sólo la mitad de las moléculas contenidas en el volumen |cni | δ t δ σ
poseen velocidades dirigidas hacia la superficie. Teniendo en cuenta que cada molécula posee una
6 Cuando se considere explı́citamente la estructura molecular del fluido se denotarán por δ σ, δ Ω, δ t, etc., elemen-
tos de superficie, volumen, tiempo, etc., que son pequeños comparados con las longitudes y tiempos caracterı́sticos
para variaciones macroscópicas, pero grandes comparados con la distancia intermolecular y el tiempo entre colisio-
nes. Cuando se opera con el modelo continuo, estas cantidades se representan por diferenciales matemáticos d σ, d Ω,
d t, etcétera y, puesto que en dicho modelo se ignora la estructura molecular del fluido, estos diferenciales pueden
tender arbitrariamente a cero sin las restricciones impuestas a las cantidades fı́sicas que representan.
18 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
cantidad de movimiento m|cni |(−n), la cantidad de movimiento por unidad de tiempo transportada
por las moléculas que cruzan la superficie de A a B es
1 2
ρ c δ σ(−n), (1.25)
2 ni
siendo ρ = m N la densidad del fluido en x en el instante t. Es fácil ver que la contribución de las
que cruzan de B a A viene también dada por (1.25). Sumando ambas contribuciones y promediando
sobre las velocidades moleculares, se tiene
δ F = −ρhc2ni in δ σ. (1.26)
2
Comparando (1.26) con la definición (1.23) correspondiente al modelo continuo, se tiene p = ρhcni i
2
y como hcni i = k T /m = Rg T , se llega finalmente a
p = Rg ρ T, (1.27)
1.4.3. Entropı́a
La segunda ley de la Termodinámica postula la existencia de una variable, denominada entropı́a,
cuyo valor para un sistema cerrado y aislado térmicamente del exterior no puede decrecer con el
tiempo. Además, si un sistema está en un estado de equilibrio termodinámico, que corresponde a
una situación en que las propiedades termodinámicas de la materia no varı́an ni con la posición ni
con el tiempo, la Termodinámica del equilibrio asegura que la entropı́a es una función de estado,
cuyo valor está determinado únicamente por los valores de las variables que definen el estado
macroscópico del sistema. En lo que sigue, esta formulación axiomática del segundo principio de
la Termodinámica se justificará desde un punto de vista molecular.
Cuando un sistema se describe a escala macroscópica, especificando la distribución espacial y
temporal de las variables macroscópicas locales (presión, temperatura, velocidad, etc.), se pierde
información sobre su estado microscópico. Dicho estado microscópico se encuentra en incesante
cambio debido a las interacciones moleculares, siendo su tiempo caracterı́stico de variación muy
corto comparado con el necesario para que ocurran variaciones apreciables del estado macroscópico
(si el estado macroscópico es estacionario, su tiempo caracterı́stico de variación es infinito). Esto
indica que sistemas con un número enorme de grados de libertad poseen un gran número de estados
microscópicos (microestados) que pueden dar lugar a un mismo estado macroscópico (macroesta-
do). Desde un punto de vista molecular, la entropı́a de un sistema que se encuentra en un estado
macroscópico dado se define como
S = k ln W, (1.28)
donde k es la constante de Boltzmann y W es el número de microestados, también denominado
peso estadı́stico, correspondiente al macroestado considerado.7
Como se verá posteriormente, para un sistema aislado W presenta un máximo muy acusado
para el estado de equilibrio termodinámico. Por tanto, una vez alcanzado dicho estado, el sistema
7
La definición (1.28), debida a Boltzmann y a Planck, asegura que la entropı́a es una magnitud aditiva. En efecto,
si cualquier sistema, en un macroestado dado, se divide en dos subsistemas, en correspondientes macroestados de
pesos estadı́sticos W1 y W2 respectivamente, cada microestado del primer subsistema puede combinarse con uno
del segundo resultando un total de W = W1 W2 microestados correspondientes al sistema original, cuya entropı́a es
entonces
S = k ln W = k ln W1 + k ln W2 = S1 + S2 .
1.4. Interpretación estadı́stica de algunas variables fluidas 19
tenderá a permanecer en él, ya que es muy improbable que las moléculas, en su estado de agita-
ción, pasen a ocupar alguna vez los muy escasos microestados correspondientes a macroestados que
difieren apreciablemente del de equilibrio termodinámico. Por otra parte, si dicho sistema se en-
cuentra inicialmente en un macroestado que no es el de equilibrio termodinámico, las interacciones
o colisiones moleculares conducirán, de acuerdo con las leyes de la probabilidad, a microestados
pertenecientes a macroestados de cada vez mayor entropı́a, es decir, mayor W , hasta alcanzar, fi-
nalmente, la situación de equilibrio termodinámico. De acuerdo con su definición, la entropı́a puede
también considerarse como una medida del grado de información detallada (microscópica) que se
posee sobre un sistema, siendo mayor el grado de información cuanto menor es la entropı́a. En
efecto, en un estado macroscópico de entropı́a muy baja sólo serán posibles un número muy limita-
do de configuraciones microscópicas, por lo que éstas estarán más localizadas, y en el lı́mite, a un
macroestado de entropı́a nula corresponderı́a una única configuración microscópica perfectamente
determinada. Una interpretación alternativa de la entropı́a puede darse en términos de orden de
un estado macroscópico. En efecto, si se conviene que un macroestado está más ordenado cuanto
mayor es la diferencia entre sus partes, lo que implica una variación espacial más acentuada de
las variables macroscópicas, entonces a un estado muy ordenado corresponderá una entropı́a baja,
puesto que sólo habrá un grupo muy reducido de estados microscópicos que sean capaces de repro-
ducir las peculiaridades del macroestado considerado. A continuación se ilustrará el tratamiento
mecánico-estadı́stico de la entropı́a para el caso simple de un gas ideal monoatómico.8
Considérense N moléculas de un gas ideal monoatómico, contenidas en un recipiente de volumen
Ω cerrado y aislado térmicamente, siendo la energı́a total del sistema conocida e igual a E. La
determinación completa del estado mecánico de una molécula cualquiera del gas puede especificarse
matemáticamente mediante un punto (x, y, z, cx , cy , cz ) perteneciente a un espacio de 6 dimensiones
denominado espacio de fases, donde las tres primeras dimensiones hacen referencia a la posición de
la partı́cula, y las tres últimas a su velocidad.9 Si se considera el espacio de fases dividido en celdas
contiguas de igual tamaño δ x δ y δ z δ cx δ cy δ cz (siendo dicho tamaño lo suficientemente grande
como para contener un gran número de moléculas pero, a su vez, lo suficientemente pequeño para
ser considerado como local), a un estado macroscópico dado corresponderá un número determinado
Ni de moléculas en cada celda i del espacio de fases. Por tanto, el número de microestados de que
consta dicho macroestado es el número de maneras diferentes en las que N moléculas se pueden
distribuir de tal forma que se asignen N1 , N2 , ...Ni , ... moléculas a las respectivas celdas 1, 2, ...i, ...
del espacio de fases; dicho número es
N!
W = , (1.29)
N1 ! N2 !...Ni !...
donde se ha tenido en cuenta que permutaciones entre moléculas que pertenecen a una misma celda
dan lugar a un mismo microestado. Dicha distribución de moléculas debe satisfacer las condiciones
de conservación del número de partı́culas y de la energı́a total del sistema:
X
Ni = N, (1.30)
i
X
Ni ²i = E, (1.31)
i
8 El lector interesado en la aplicación de la Mecánica Estadı́stica a sistemas más complejos (moléculas con grados
de libertad internos, energı́a de interacción molecular, sometidos a un campo externo, etc.) puede consultar las
referencias citadas al final del capı́tulo, en las que también se presenta la Mecánica Estadı́stica desde el punto de
vista, más riguroso que el expuesto aquı́, de la Mecánica Cuántica.
9 Las velocidades moleculares se consideran relativas al recipiente (el cual se supone en reposo). La velocidad
media tomada sobre todas las moléculas es evidentemente nula, pero, no obstante, fuera del estado de equilibrio
pueden existir regiones dentro del recipiente donde la velocidad media local es no nula. En tal caso la energı́a total
E se debe en parte a energı́a interna y en parte a energı́a cinética macroscópica; en general, sólo en el estado de
equilibrio E coincide con la energı́a interna del recipiente.
20 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
donde ²i = m(c2xi + c2yi + c2zi )/2. La restricción impuesta por el volumen del recipiente consiste en
limitar el número de celdas del espacio de fases a las que pueden asignarse moléculas a aquellas cuyas
coordenadas espaciales se encuentren dentro de la región ocupada por el recipiente (la entropı́a
del sistema disminuye, por tanto, al disminuir su volumen). En lo que sigue, las celdas que no
verifican esta condición se considerarán excluidas de antemano, por lo que sólo será necesario tener
en cuenta explı́citamente las restricciones (1.30) y (1.31). Si se hace uso de la aproximación de
Stirling [ln N ! ' N ln(N/e), N À 1] para evaluar las cantidades factoriales en (1.29), la entropı́a
(1.28) se puede escribir en función de los números de ocupación Ni como
X X Ni Ni
S = k N ln N − k Ni ln Ni = −k N ln . (1.32)
i i
N N
La distribución de moléculas que maximiza la entropı́a (1.32) sujeta a las restricciones (1.30)-(1.31)
puede calcularse introduciendo los multiplicadores de Lagrange α y β tal que
δS X
− α δ N − β δ E = − (ln Ni + α + β ²i ) δ Ni = 0, (1.33)
k i
La solución de (1.33) es
Ni∗ = e−α e−β ²i . (1.35)
Para una distribución que difiera ligeramente de (1.35), Ni = Ni∗
+ ∆ Ni con ∆ Ni ¿ Ni∗ ,
se tiene
a partir del desarrollo de (1.32) en serie de Taylor en torno a la distribución de máxima entropı́a,
Ni∗ ,
X 1 µ ∂2 S ¶ µ
k X ∆Ni
¶2 ¿
k ∆ Ni
À2
2 ∗
S − Smax = (∆ Ni ) = − Ni = − N, (1.36)
i
2 ∂ Ni2 Ni =N ∗ 2 i Ni∗ 2 Ni∗
i
donde < ∆ Ni /Ni∗ > denota un valor medio de la desviación respecto a (1.35). Por ejemplo, para
1 cm3 de aire en condiciones normales (N ' 2 × 1019 ) la relación entre el número de microestados
correspondientes a una distribución para la que < ∆ Ni /Ni∗ ≥ 10−3 y el correspondiente a Ni∗ es
W 13
= e(S−Smax )/k = e−10 . (1.37)
Wmax
Esta cifra da una idea de la pequeña fracción del número de microestados correspondientes a un
macroestado que no es de máxima entropı́a. Por tanto, el macroestado de máxima entropı́a debe ser
el de equilibrio termodinámico, puesto que si el sistema se encuentra en él, la probabilidad de que
experimente una fluctuación espontánea que lo aleje de dicho estado es despreciable. Obsérvese
que esta probabilidad aumenta sustancialmente cuando disminuye el número de partı́culas del
sistema; por ejemplo, si en 1 cm3 de aire hay N = 106 partı́culas (gas muy enrarecido), se tiene
W/Wmax = e−1/2 para < ∆ Ni /Ni∗ >= 10−3 .
Las constantes α y β que aparecen en la distribución de equilibrio (1.35) pueden relacionarse
con las magnitudes macroscópicas que caracterizan el sistema considerado haciendo uso de las
condiciones de conservación (1.30)-(1.31). En efecto, de (1.30) y (1.35) se obtiene
N
e−α = X , (1.38)
e−β ²i
i
1.4. Interpretación estadı́stica de algunas variables fluidas 21
y de (1.31)-(1.35), X
²i e−β ²i
E i
= X . (1.39)
N e−β ²i
i
X Z ∞ Z ∞ Z ∞ µ ¶3/2
2 2 2 2π
e−β ²i δ cx δ cy δ cz ' e−βm(cx +cy +cz )/2 d cx d cy d cz = , (1.40)
i −∞ ∞ −∞ βm
y, análogamente,
X µ ¶3/2
3 2π
²i e−β ²i δ cx δ cy δ cz = . (1.41)
i
2β βm
Por tanto,
3 E 3 1
= = k T, β= . (1.42)
2β N 2 kT
En (1.42) se ha hecho uso de la proporcionalidad de Boltzmann (1.14) entre la energı́a interna
media por molécula y la temperatura. Sustituyendo (1.42) y (1.38) en (1.35), la distribución de
equilibrio se puede escribir de la forma
Ni∗ ³ m ´3/2 m 2 2 2
= e− 2 k T (cxi +cyi +czi ) δ cx δ cy δ cz , (1.43)
N 2πkT
que proporciona la fracción de moléculas cuyas velocidades están comprendidas en el interva-
lo (cxi , cyi , czi ) y (cxi + δ cx , cyi + δ cy , czi + δ cz ). Dicha distribución, denominada de Maxwell-
Boltzmann, es independiente de la posición dentro del volumen considerado (debido a la ausencia
de campos externos, como el gravitatorio) y, por tanto, se verifica para cualquier porción de dicho
volumen en equilibrio. Finalmente, la ecuación (1.33) implica que, para variaciones entre estados
de equilibrio próximos (δ S)N,Ω = k β δ E, o
µ ¶
1 ∂S
= , (1.44)
T ∂ E N,Ω
que es una conocida relación de la Termodinámica de equilibrio. Combinando dicha ecuación con
la expresión del primer principio de la Termodinámica, d E = (d Q)rev − p d Ω, para un proceso
infinitesimal entre estados de equilibrio (proceso reversible) en el que el sistema recibe un calor
(d Q)rev y realiza un trabajo p d Ω, se obtiene
(d Q)rev
dS = , (1.45)
T
y para cualquier proceso reversible entre dos estados de equilibrio A y B,
Z B
(d Q)rev
SB − SA = . (1.46)
A T
22 Capı́tulo 1. Caracterı́sticas generales de los fluidos
23
24 Capı́tulo 2. Termodinámica de los procesos fluidomecánicos
S(p, T ) mediante (2.1). Obsérvese que en este caso no basta una sola ecuación de estado e = e(p, T ),
ρ = ρ(p, T ) o S = S(p, T ) para calcular las restantes.
Del mismo modo se pueden definir otras magnitudes termodinámicas como la entalpı́a h y
la energı́a libre de Helmholtz f , con dimensiones de energı́a por unidad de masa, que resultan
particularmente útiles para la descripción de muchos procesos fluidodinámicos
p
h=e+ , f = e − T S. (2.3)
ρ
Cualquier cambio elemental en el valor de la entalpı́a se relaciona con los habidos en las otras
variables mediante las expresiones
1 1 1
dh = de + pd + dp = T dS + dp, (2.4)
ρ ρ ρ
donde se ha tenido en cuenta (2.1) para obtener el segundo miembro de la segunda de las ecuaciones.
Obsérvese que el calor aportado a la unidad de masa en un cambio elemental reversible a presión
constante se invierte en incrementar su entalpı́a. Análogamente, un cambio elemental en la energı́a
libre de Helmholtz se expresa, teniendo en cuenta (2.1),
1
df = de − T dS − SdT = −p d − SdT, (2.5)
ρ
y muestra que en cualquier transformación reversible e isoterma el trabajo realizado sobre la unidad
de masa se invierte en incrementar su energı́a libre.
Los calores especı́ficos a presión y volumen constante, definidos como
µ ¶ µ ¶
∂S ∂S
cp = T y cv = T , (2.6)
∂T p ∂T ρ
indican la cantidad de calor necesaria para elevar la temperatura de la unidad de masa un grado en
procesos a presión (volumen) constante respectivamente. Otras variables de estado, de interés en la
descripción de problemas fluidodinámicos, son la relación de calores especı́ficos γ, el coeficiente de
compresibilidad κ, el coeficiente de expansión térmica β y la velocidad de propagación del sonido,
que se definen respectivamente:
µ ¶ µ ¶ µ ¶
1 ∂ρ 1 ∂ρ 2 ∂p
γ = cρ /cv , κ = , β=− , a = . (2.7)
ρ ∂p T ρ ∂T p ∂ρ S
en el fluido para encontrar variaciones apreciables de las magnitudes fluidas), y que el tiempo entre
colisiones sea pequeño frente al tiempo necesario para que las variables macroscópicas sufran cam-
bios locales apreciables. Es decir, en cada instante t, las variables termodinámicas, en cada punto
x del fluido, están relacionadas entre sı́ como lo estarı́an si todo el fluido estuviese en equilibrio a
la presión y temperatura locales: e(x, t) = e[p(x, t), T (x, t)], ρ(x, t) = ρ[p(x, t), T (x, t)], etc.
La hipótesis de equilibrio termodinámico local se explica desde un punto de vista microscópico
por el hecho de que si el número de Knudsen Kn, definido como el cociente entre el camino libre
medio molecular λ (λ ∼ 3 × 10−9 m para aire en condiciones normales) y la longitud caracterı́stica
de las no uniformidades macroscópicas L (L siempre será mayor que, por ejemplo, ∼ 10−5 m),
es muy pequeño, Kn = λ/L ¿ 1, entonces alrededor de cualquier punto x de la región ocupada
por el fluido se puede considerar un volumen δΩ de dimensiones tales que λ ¿ (δΩ)1/3 ¿ L, en
el que los valores de las variables fluidas difieren muy poco de los existentes en x. Por tanto, las
moléculas contenidas en δΩ presentan un estado de agitación (del que las variables termodinámicas
son su manifestación macroscópica) cuyas caracterı́sticas son, en primera aproximación, las mis-
mas que las que se tendrı́an si dicho volumen estuviese a temperatura y presión uniformes y de
valores iguales a los de la presión y temperatura existentes en x. Por otra parte, si tc es el tiempo
entre colisiones (tc ∼ 10−9 s para el aire en condiciones normales) y to es el tiempo caracterı́stico
de variación de las magnitudes fluidas, y se verifica que tc /to ¿ 1, cualquier porción elemental
de fluido que inicialmente estuviese en desequilibrio termodinámico con el fluido que lo rodea se
irı́a adaptando gradualmente, mediante colisiones, a las condiciones termodinámicas ambientes,
perdiendo memoria de las condiciones iniciales. Por tanto, resulta que, en cada instante, el estado
macroscópico en torno a cualquier punto de la región ocupada por el fluido es, en primera apro-
ximación, el que corresponderı́a a una situación de equilibrio termodinámico local con los valores
de la presión y temperatura existentes en dicho punto y en dicho instante.1 Asimismo, enseña la
experiencia que esta situación también se da en lı́quidos y es debido también a que la distancia
media entre moléculas es mucho menor que la longitud caracterı́stica para variaciones macroscópi-
cas de las variables y a que cada molécula está en todo instante en interacción (colisión) con sus
vecinas (véase 1.2).
Obsérvese que la hipótesis de equilibrio termodinámico local implica que cualquier variación
infinitesimal, espacial o temporal, de las variables termodinámicas locales, se lleva a cabo entre
estados de equilibrio termodinámico y debe satisfacer, por tanto, la relación (2.1). Ası́ , si φ(x, t)
representa cualquier variable termodinámica local, d φ = φ(x + d x, t) − φ(x, t) = d x · ∇ φ será su
variación en cualquier desplazamiento infinitesimal d x, y d φ = (∂φ/∂t) dt su variación en cualquier
incremento infinitesimal de tiempo dt; por tanto (2.1) implica también:
µ ¶
1
T ∇S = ∇e + p∇ , (2.8)
ρ
y µ ¶
∂S ∂e ∂ 1
T = +p . (2.9)
∂t ∂t ∂t ρ
Finalmente, conviene indicar que las variables intensivas referidas a volúmenes finitos carecen de
sentido cuando las variables locales no son uniformes espacialmente. No se puede hablar de tempe-
1 Aunque en el caso de gases la interacción molecular es irrelevante en el cálculo de las variables macroscópicas,
este proceso es, sin embargo, primordial para asegurar una situación de equilibro termodinámico local. En efecto, el
tiempo de duración de una colisión, es una fracción pequeña del tiempo entre colisiones, por lo que en un instante
dado la fracción de moléculas que interaccionan es pequeña frente al total de moléculas, y, por tanto, la energı́a
asociada a esta interacción es también pequeña frente a su energı́a cinética microscópica. Sin embargo, se producen
un número enorme de colisiones en tiempos grandes frente al de duración de una colisión, pero pequeños frente al
tiempo macroscópico de variación de las magnitudes fluidas, lo que localmente asegura una igualación muy efectiva
de las magnitudes fluidas (supuesto que las masas moleculares de las especies que forman el gas son del mismo
orden).
26 Capı́tulo 2. Termodinámica de los procesos fluidomecánicos
ratura de una fracción finita de fluido si ésta varı́a de punto a punto. Por esta razón, no se usan en
la Mecánica de Fluidos ecuaciones de estado para volúmenes finitos (a diferencia de lo que ocurre
en la Termodinámica del equilibrio). Las variables extensivas se definen para volúmenes finitos
mediante integración de las variables intensivas. Por ejemplo, la energı́a interna de un volumen
finito Ω es Z
ρ e d $. (2.10)
Ω
A continuación se recordarán las ecuaciones de estado que relacionan entre sı́ las variables termo-
dinámicas intensivas para dos fluidos tı́picos, gases y lı́quidos perfectos. Se usarán los resultados
de la Termodinámica del equilibrio (2.1), una vez que ya se han justificado para situaciones de
equilibrio termodinámico local.
donde la constante del gas Rg = R/M es la relación entre la constante universal de los gases R
y la masa molar del gas M . La constante R, relacionada con la constante de Boltzmann, vale
R = 8,314 J K −1 mol−1 (se recuerda que el mol se define como la masa de gas que contiene un
número determinado de moléculas, 0,6024 × 1024 , denominado número de Avogadro); para el aire
M = 29 × 10−3 kg mol−1 y Rg = 287 m2 s−2 K −1 .
La energı́a interna es función sólo de la temperatura y proporcional a ella
e − eo = cv (T − To ), (2.12)
siendo el calor especı́fico a volumen constante, cv , constante para un gas perfecto. Tanto en (2.12)
como en lo que sigue, el subı́ndice cero denota el valor de la correspondiente variable a la tempe-
ratura de referencia To .
La entalpı́a h se puede escribir usando (2.3), (2.11) y (2.12) como
p po
h − ho = e + − eo − = (cv + Rg )(T − To ) = cp (T − To ), (2.13)
ρ ρo
donde cp = cv + Rg es el calor especı́fico a presión constante para un gas perfecto, y la relación
entre calores especı́ficos es
cp Rg
γ= =1+ . (2.14)
cv cv
De la expresión del calor especı́fico a volumen constante, discutida en 1.4.1, que para un gas
monoatómico es cv = 3k/(2m) = 3Rg /2, se tiene γ = 5/3; para gases biatómicos, como por
ejemplo el aire, se tiene cv = 5Rg /2 y γ = 7/5.
Finalmente, la entropı́a puede integrarse utilizando (2.1) junto con las ecuaciones de estado
(2.11) y (2.12),
p dρ
T d S = cv d T − 2 d ρ = cv d T − Rg T , (2.15)
ρ ρ
para dar: · ¸ · ¸
T /To p/po
S − So = cv ln = cv ln . (2.16)
(ρ/ρo )γ−1 (ρ/ρo )γ
2.4. Lı́quidos perfectos 27
T d S = de = c d T, (2.18)
donde se ha hecho uso de que los calores especı́ficos a presión y volumen constante son iguales,
como se sigue de (2.6), al ser la entropı́a función únicamente de la temperatura
∂S
cp = cv = c = T , γ = cp /cv = 1. (2.20)
∂T
Muchos lı́quidos en intervalos no muy grandes de temperatura y presión parecen comportarse
como lı́quidos perfectos. Por ejemplo, en muchas situaciones se puede suponer el agua como un
lı́quido perfecto de densidad ρ = 1000kg m−3 y calor especı́fico c = 4,18 × 103 J kg −1 K −1 .
Naturalmente, ningún lı́quido es rigurosamente incompresible y la ecuación de estado ρ = cons-
tante es sólo una aproximación. Los lı́quidos varı́an su densidad al variar la presión y temperatura
ρ = ρ(p, T ), y por tanto
∂ρ ∂ρ
dρ = dp + dT, (2.21)
∂p ∂T
que en función de los coeficientes de compresibilidad κ y expansión térmica del fluido β, véase
(2.7), se expresa:
dρ = ρ κ d p − ρ β d T, d ρ/ρ = κ d p − β d T. (2.22)
Para agua en condiciones normales los valores de κ y β son muy pequeños
por tanto, las variaciones de densidad relativas a la propia densidad son pequeñas para variacio-
nes tı́picas de presión y temperatura y la densidad puede considerarse constante con suficiente
aproximación en numerosos problemas prácticos.
X1 + X2 + ... + XN = 1, (2.24)
28 Capı́tulo 2. Termodinámica de los procesos fluidomecánicos
lo que quiere decir que para conocer el estado del fluido hay que especificar, además de las dos
variables de estado, N − 1 fracciones molares cuando las N especies son inertes. Si las distintas
especies pueden reaccionar quı́micamente y se consideran estados de equilibrio quı́mico es necesario
tener en cuenta la dependencia de dichas fracciones molares con la presión y temperatura, que
vendrán expresadas por la ley de acción de masas, véase Apéndice 5.II.
En Mecánica de Fluidos suele ser más conveniente operar con fracciones másicas en lugar de
fracciones molares. La fracción másica se define como la masa de una componente dividida por
la masa total. La masa de la especie i-ésima contenida en un mol de mezcla es Xi Mi , la fracción
másica Yi será por tanto:
N
X N
X
Xi Mi Yi Xi 1
Yi = , = = , (2.25)
M 1
Mi 1
M M
N
X
donde la masa molecular M representa el valor medio M = Mi Xi . Llevando las expresiones
1
anteriores a la ecuación de estado, supuesto gas perfecto, se tiene:
ρi R T ρ Yi R T ρ Xi R T
pi = = = , (2.26)
Mi Mi M
ρYi serı́a la densidad de cada gas si él sólo ocupase todo el volumen de la mezcla y pi es la presión
parcial de cada componente. Sumando para todas las especies se tiene
N
X N
X ρ Xi R T ρRT
p= pi = = , (2.27)
1 1
M M
que se conoce con el nombre de Ley de Dalton y se enuncia expresando que la suma de las presiones
parciales de las componentes de una mezcla de gases es igual a la presión de la mezcla.
Los calores especı́ficos de la mezcla vienen dados por:
N
X N
X
cv = cvi Yi , cp = cpi Yi , (2.28)
1 1
donde cvi y cpi son los calores especı́ficos de cada uno de los componentes. La energı́a interna y
entalpı́a de la mezcla también se pueden expresar como:
N
X N
X
e − eo = (ei − eio )Yi = cvi (T − To )Yi = cv (T − To ), (2.29)
1 1
N
X N
X
h − ho = (hi − hio )Yi = cpi (T − To )Yi = cp (T − To ). (2.30)
1 1
La entropı́a, por el contrario, no puede expresarse en esta forma, sino que aparece un término
adicional, debido al efecto irreversible del mezclado, que es siempre positivo.
" # N
T /To X
S − So = cp ln γ−1 − Rgi Yi ln Xi . (2.31)
(p/po ) γ
1
2.6. Fenómenos de transporte 29
F (b )
ji
c i
n
c k
F ij c l c m
(a ) c j
F m n
k
f l
k l
n m
(c )
F n m
c n
una fuerza de fricción por unidad de superficie, o esfuerzo de fricción, entre las porciones de fluido
adyacentes a la superficie. Este esfuerzo de fricción está relacionado con la propiedad del fluido,
también macroscópica, denominada viscosidad; se volverá más adelante sobre este punto.
En el caso de gases y mediante argumentos microscópicos se pueden encontrar las relaciones
funcionales entre los flujos difusivos antes descritos y los gradientes de las variables macroscópicas.
Debe advertirse que el análisis que se sigue aquı́ permite obtener el orden de magnitud de los
flujos difusivos pero no su valor exacto. Considérese un elemento de superficie centrado en un
punto cualquiera x, y por comodidad, tómese el eje x2 del sistema de referencia coincidente con su
dirección normal (Figura 2.2). Las moléculas situadas en un entorno de x y a una distancia λ/2 por
l/2
l/2
x
T, Y, v1
Figura 2.2: Flujos difusivos y gradientes de las variables macroscópicas a través de una superficie.
n
dx3
dx2
dx1 2
Figura 2.3: Flujos difusivos de calor a través de las caras de un tetraedro elemental.
donde Kij representa el tensor de conducción de calor. Si el medio es isótropo, el tensor Kij
será diagonal, ya que no existen direcciones privilegiadas Kij = −Kδij , y
qi = −K ∂ T /∂ xi , q = −K ∇ T, (2.42)
que se conoce con el nombre de Ley de Fourier. El signo menos en (2.42) indica que el sentido del
vector flujo de calor es en el de las temperaturas decrecientes. El coeficiente K se denomina de
conducción térmica y depende de la densidad y fundamentalmente de la temperatura.
fA · n d σ. (2.43)
El flujo total de masa por difusión de la especie A a través de una superficie Σ será
Z
fA · n d σ. (2.44)
Σ
De la misma forma se define el flujo másico por difusión fB de la especie B; se debe cumplir que
fA + fB = 0, ya que al estar el medio en reposo la cantidad de movimiento media debe ser nula.
Los flujos másicos difusivos permiten definir las velocidades de difusión
En el caso en que el fluido se mueva con una velocidad macroscópica v, la velocidad de cada una
de las especies será
vA = v + vDA , vB = v + vDB , (2.46)
por tanto, v = YA vA + YB vB .
Cuando el fluido es una mezcla de dos especies (mezcla binaria) enseña la experiencia y de-
muestra la teorı́a cinética de gases que se verifica la Ley de Fick
Coeficientes de transporte
A continuación se discutirá la variación de los coeficientes de transporte µ, K y D con las
variables termodinámicas locales. En gases, la teorı́a cinética demuestra que µ/ρ, K/(ρ cv ) y D
dependen únicamente de la temperatura y no de la presión. En efecto, de las definiciones (2.34-2.36)
junto con (2.42), (2.45), (2.47) y (2.50) se establecen las relaciones
K
∼ ρ D ∼ µ ∼ ρ va λ. (2.51)
cv
2.6. Fenómenos de transporte 35
n v(x,t)
S
ds
Por tanto, la cantidad de magnitud φ que atraviesa con el fluido la superficie Σ en la unidad de
tiempo es Z
φ v · n d σ. (2.55)
Σ
donde n es la normal unitaria exterior a Σ, y Ω la región encerrada por dicha superficie. Para
una región infinitesimal de volumen d Ω situada alrededor de un punto fijo x del dominio fluido, el
valor de la integral (2.56) es [∇ · (φ v)](x,t) d Ω, salvo infinitésimos de orden superior que resultan de
evaluar la divergencia en x y no tomar su valor medio en el interior de d Ω. Se deduce, por tanto,
que [∇ · (φv)](x,t) representa el flujo neto de la cantidad de la magnitud φ que por convección
abandona, a través de su superficie, la unidad de volumen que encierra al punto dado x. Si el
elemento de superficie posee en el instante considerado una velocidad vc , la velocidad relativa del
fluido respecto a la de la superficie es (v − vc ), y el flujo convectivo de φ a través de d σ en dicho
instante será, naturalmente,
φ(v − vc ) · n d σ. (2.57)
El flujo convectivo a través de una superficie finita Σ se obtiene de (2.57) mediante integración
Z
φ(v − vc ) · n d σ. (2.58)
Σ
2.6. Fenómenos de transporte 37
Obsérvese que los flujos convectivos anteriores son nulos a través de cualquier superficie que en
cada punto se mueva, en el instante considerado, con la velocidad local del fluido en dicho punto
[vc = v(x, t)]. En este caso sólo podrán existir a través de Σ flujos difusivos de masa, cantidad
de movimiento y energı́a. En general, a través de cualquier superficie Σ existirán flujos difusivos
y convectivos, siendo el flujo total la suma de ambos. Ası́ , el flujo total de calor a través de Σ
vendrá dado por, Z Z
−K ∇ T · n d σ + ρ e(v − vc ) · n d σ, (2.60)
Σ Σ
y el flujo total de cantidad de movimiento,
Z = Z
0
− τ ·ndσ + ρ v(v − vc ) · n d σ, (2.61)
Σ Σ
=
siendo τ 0 (x, t) el tensor de esfuerzos de viscosidad que se considerará en detalle en 4.3.
Finalmente, en fluidos no homogéneos en composición, el flujo de masa de la especie Yi a través
de la superficie Σ se escribe,
Z Z
−ρ Di ∇ Yi · n d σ + ρ Yi (v − vc ) · n d σ, (2.62)
Σ
Referencias
xT = xT (xo , to , t) (3.1)
determina la posición en sucesivos instantes t del punto material que en el instante to estaba en
la posición xo . Las ecuaciones (3.1) pueden interpretarse también como las de la transformación
punto a punto entre los dominios ocupados por el fluido en los instantes to y t. La velocidad y la
aceleración de dicho punto son entonces:
∂xT
v(xo , to , t) = , (3.2)
∂t
∂ 2 xT
a(xo , to , t) = . (3.3)
∂t2
Aunque la descripción lagrangiana es útil en ciertos problemas especiales como, por ejemplo, en
el caso del flujo unidimensional, no estacionario, de un gas no viscoso, o en el modelado de flujos
dominados por grandes vórtices, la realidad es que su uso en la descripción de las corrientes
fluidas da lugar a expresiones y cálculos complejos que, en general, desaconsejan su uso. Por esta
razón, para la descripción de los movimientos fluidos se utiliza el denominado punto de vista de
Euler, o descripción euleriana, en la que no se sigue a los puntos materiales del fluido, sino que
las magnitudes fluidomecánicas se especifican en cada punto x del dominio fluido, fijo respecto al
sistema de referencia, y en cada instante de tiempo. En esta descripción la posición y el tiempo son,
por tanto, variables independientes. La conexión entre ambas descripciones se establece expresando
que los valores de las magnitudes asociadas a un punto material, cuya posición coincide en un
instante determinado con la del punto fijo x, son iguales a los de la descripción euleriana en dicho
punto e instante.
En la descripción euleriana del movimiento, la velocidad local del fluido v(x, t) se toma como
variable fundamental. Cuando v es independiente del tiempo, el movimiento se denomina esta-
cionario. Obsérvese que un movimiento puede ser estacionario en un sistema de referencia y no
serlo en otro. Ése es, por ejemplo, el caso de un objeto que se mueve con velocidad constante
respecto a un fluido ilimitado y en reposo en el infinito. En efecto, es fácil comprobar que en ejes
39
40 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
ligados al objeto, la corriente de fluido alrededor de él es estacionaria, mientras que las variables
fluidomecánicas experimentan variaciones con el tiempo respecto a un sistema de referencia ligado
a tierra (de hecho, un punto que en cierto instante pertenezca al dominio fluido puede no estar
contenido en él en instantes posteriores si el objeto pasa por dicho punto). Un movimiento se
denomina uniforme cuando las magnitudes fluidas son en cada instante las mismas para cualquier
punto del dominio fluido; la velocidad, por ejemplo, será función únicamente del tiempo, v = v(t).
Un movimiento se dice plano cuando la velocidad en cada punto del espacio fluido es perpendicular
a una dirección; si además no varı́a en esa dirección, el movimiento es bidimensional. Tomando esa
dirección como el eje 3, se tiene
3.1.1. Trayectorias
Las trayectorias de los puntos materiales se definen mediante el sistema de ecuaciones diferen-
ciales
dx
= v(x, t), (3.6)
dt
que, junto con las condiciones iniciales x(to ) = xo , proporcionan las trayectorias
Análogamente se define la superficie fluida, Σf (t), como aquella formada por puntos materiales; si
xo = xo (α, β) es la ecuación paramétrica de la superficie fluida en el instante inicial, la ecuación
que define su posición en el instante t es
Eliminando los parámetros α y β de las tres ecuaciones (3.9), se obtiene la ecuación f (x, t) = 0
de la superficie fluida. Si la superficie fluida es inicialmente cerrada, por continuidad se manten-
drá cerrada a lo largo del movimiento, y el fluido situado en el interior de la superficie permanece
3.1. Especificación del campo fluido 41
siempre en su interior constituyendo lo que se denomina un volumen fluido, Ωf (t).1 Obsérvese que
la conservación de la masa en el interior de un volumen fluido implica, en el caso de un lı́quido, que
la deformación que experimenta en su movimiento es siempre a volumen constante. La evolución
de un volumen fluido puede observarse si se marca de alguna forma (con tinta, humo, burbujas de
hidrógeno, etc.) una porción de fluido y posteriormente se la sigue en su movimiento. Un volumen
fluido infinitesimal d Ωf (t) se deforma en su movimiento permaneciendo sus dimensiones infinitesi-
males, puesto que, por continuidad, la diferencia de velocidades entre sus puntos es pequeña; dicho
volumen fluido se denomina partı́cula fluida. 2
en las que el tiempo juega el papel de un parámetro. Para resolver el sistema (3.10) es necesario
imponer dos condiciones iniciales, por ejemplo, si se toma x3 como variable independiente y x30 es
un valor inicial se debe especificar x1 (x30 ) = x10 y x2 (x30 ) = x20 . Obsérvese que en movimientos
estacionarios las lı́neas de corriente coinciden con las sendas de los puntos materiales del fluido.
No ocurre ası́ en movimientos no estacionarios, en los que las lı́neas de corriente dependen, en
general, del tiempo. En este caso, dos puntos fijos A y B que en un instante dado t0 pertenezcan a
una misma lı́nea de corriente, no pertenecerán en general a dicha lı́nea en un instante posterior t,
como se esquematiza en la Figura 3.1. Por otra parte, si se toma una lı́nea del espacio, las lı́neas de
corriente que se apoyan en ella forman una superficie de corriente; si la lı́nea de partida es cerrada,
la superficie de corriente se denomina tubo de corriente.
Los puntos donde la velocidad es nula se denominan puntos de remanso, y los puntos donde
la velocidad es infinita, puntos singulares. Tales puntos, en los que la pendiente de las lı́neas
de corriente está indeterminada son puntos singulares de las ecuaciones (3.10). En un mismo
instante de tiempo dos lı́neas de corriente no se pueden cortar en un punto (ya que ello implicarı́a
la existencia de dos velocidades diferentes en ese punto, lo que es fı́sicamente imposible), salvo
naturalmente en un punto de remanso o en un punto singular. En la Figura 3.2 se muestra la
topologı́a de las lı́neas de corriente en un entorno de los puntos de remanso (centro y puerto) y
singulares (fuente o sumidero y torbellino) para un movimiento plano.
1 Desde un punto de vista microscópico, la conservación de la masa de un volumen fluido puede interpretarse
teniendo en cuenta que, respecto a una superficie que se mueva con la velocidad macroscópica del fluido, las moléculas
próximas a dicha superficie poseen únicamente velocidad de agitación molecular, que es caótica en dirección y
magnitud; por tanto, el número de moléculas que abandonan el volumen fluido es, en media, igual al número de las
que entran en dicho volumen. Asimismo, si el fluido no es homogéneo en composición, la definición (1.7) para la
velocidad media local permite asegurar que la masa total de la mezcla contenida en un volumen fluido permanece
también constante en el tiempo; sin embargo, la masa de cada componente dentro de dicho volumen puede variar
debido a que su velocidad media local será en general distinta de la de la mezcla.
2 La partı́cula fluida, como cualquier otro volumen fluido, está formada por un conjunto continuo de puntos
materiales. Cuando sucede que la extensión espacial de la partı́cula fluida no es relevante en la situación considerada
(es decir, si no es necesario tener en cuenta su deformación ni las fuerzas que actúan en cada punto de su superficie
o de su volumen) este concepto y el de punto material se usan indistintamente.
42 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
v(xB,t0)
v(xA,t0) v(xB,t)
A
v(xA,t)
Figura 3.1: Lı́neas de corriente en el instante t que pasan por dos puntos que en un instante anterior
t0 pertenecı́an a la misma lı́nea de corriente (lı́nea a trazo).
Figura 3.2: Lı́neas de corriente en torno a puntos singulares o de remanso en un movimiento plano.
a) Nodo o sumidero (fuente si la dirección del flujo es saliente); b) Centro o torbellino; c) Puerto.
3.1.3. Traza
Se llama ası́ a la lı́nea que forman las partı́culas fluidas que en instantes anteriores al considerado
pasaron por un punto determinado xo . Su utilidad para visualizar movimientos fluidos radica en
que si la difusión másica fuese pequeña, la traza coincidirı́a con la lı́nea que formarı́a un colorante,
de densidad sensiblemente igual a la del fluido cuyo movimiento se desea visualizar, inyectado
lentamente desde un punto fijo del dominio fluido. Naturalmente, las trazas coinciden con las
lı́neas de corriente y con las sendas en movimientos estacionarios. Para obtener su ecuación hay
que calcular la posición de los puntos materiales que pasaron por el punto de referencia xo en
diferentes instantes t0 ≤ t
∂φ
d φ = φ(x + d x, t + d t) − φ(x, t) = d x · ∇ φ + dt (3.12)
∂t
y
dφ ∂φ d x
= + · ∇φ. (3.13)
dt ∂t dt
Para un observador que se mueve con la velocidad del fluido v(x, t) = d x/d t, la expresión (3.13)
resulta
dφ Dφ ∂φ
≡ = + v · ∇φ. (3.14)
dt Dt ∂t
Al operador D/Dt = ∂/∂t + v · ∇ se le llama derivada sustancial o derivada siguiendo al punto
material; el primer sumando representa la derivada local, que mide la variación que experimenta
con el tiempo la magnitud φ en un punto x fijo del dominio fluido, y el segundo, la derivada
convectiva, que representa el cambio experimentado por la magnitud φ, ligada al punto material,
al moverse éste a una posición donde el valor de φ es diferente. Obsérvese que el concepto de
derivada sustancial aparece debido a la necesidad de expresar variaciones siguiendo a los puntos
materiales en la descripción de Euler, en la que el tiempo y el espacio son variables independientes.
Obsérvese también que en la descripción de Lagrange las derivadas temporales son sustanciales,
puesto que el tiempo es la única variable independiente y el concepto de derivada sustancial pierde
relevancia.
Aceleración
En la descripción de Euler, la aceleración del fluido es la derivada de la velocidad, siguiendo al
punto material,
Dv ∂v
a= = + v · ∇v, (3.15)
Dt ∂t
siendo como antes la suma de una aceleración local y una aceleración convectiva.
Naturalmente, si el sistema de referencia no es inercial, para obtener la aceleración absoluta se ha
de añadir a la aceleración relativa, calculada mediante (3.15), la aceleración debida al movimiento
no inercial del sistema de referencia. Si el origen del sistema se mueve con una aceleración lineal
ao y gira con velocidad angular Ω, la aceleración debida al movimiento no inercial del sistema de
referencia será:
dΩ
asr = ao + × x + Ω × (Ω × x) + 2Ω × v. (3.16)
dt
suma de la aceleración de arrastre, tangencial, centrı́peta y de Coriolis.
∂f
d f = f (x + d x, t + d t) − f (x, t) = d x · ∇ f + d t = 0. (3.17)
∂t
44 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
Por tanto, si la superficie se mueve con el fluido, d x/d t = v, debe satisfacer la ecuación
Df ∂f
= + v · ∇ f = 0. (3.18)
Dt ∂t
Obsérvese que la integración en (3.19) se efectúa para un instante dado, es decir, el tiempo juega
en ella el papel de un parámetro. Naturalmente, el valor de dicha integral varı́a con el tiempo,
tanto por variar φ en la región de integración como por hacerlo ésta.
La magnitud del cambio experimentado con el tiempo por (3.19) es
Z
d
φ(x, t)d $ =
"Z d t Ωc (t) #
Z
1
lı́m φ(x, t + ∆ t)d $ − φ(x, t)d $ , (3.20)
∆t→0 ∆ t Ωc (t+∆ t) Ωc (t)
d $ = vc · n d σ ∆ t. (3.22)
que constituye el teorema del transporte de Reynolds. Se debe indicar que (3.23) es una generaliza-
ción para el caso tridimensional de la conocida fórmula de Leibniz para la derivada de una integral
con respecto a un parámetro.
3.3. Análisis de las velocidades en el entorno de un punto 45
n
d s
S c (t) v c
S c (t+ D t)
Para el caso particular de una región infinitesimal fija de volumen d Ω que contiene a un punto
dado x, el valor de (3.24) es, salvo infinitésimos de orden superior, [∂φ/∂ t](x,t) d Ω, por lo que
∂φ/∂t representa la variación en la unidad de tiempo de la cantidad de la magnitud φ contenida
en la unidad de volumen que rodea a x.
Para un volumen fluido, cuya superficie se mueve en cada punto e instante con la del fluido
(vc = v), se obtiene de (3.23)
Z Z Z Z
d D ∂φ
φd$ ≡ φd$ = d$ + φ v · n d σ, (3.25)
d t Ωf (t) D t Ωf (t) Ωf (t) ∂ t Σf (t)
donde, de acuerdo con (3.24), el primer sumando representa la variación con el tiempo de la
cantidad φ contenida en un volumen fijo que en el instante considerado coincide con el volumen
fluido Ωf (t), mientras que, de acuerdo con (2.58), el segundo sumando representa el flujo convectivo
de la magnitud φ a través de una superficie fija que en el instante considerado coincide con la
superficie fluida Σf (t).3 Es claro, también, que si un volumen de control y un volumen fluido
coinciden en un instante, Ωc (t) ≡ Ωf (t) y Σc (t) ≡ Σf (t), de (3.23) y (3.25) se obtiene para dicho
instante la relación
Z Z Z
D d
φd$ = φd$ + φ (v − vc ) · n d σ, (3.26)
D t Ωf (t) d t Ωc (t) Σc (t)
de derivada temporal (d/d t) por la de derivada sustancial (D/D t). El significado de ambos operadores es, en este
caso, idéntico y representan la derivada con respecto al tiempo del valor resultante de la integración como se indica
en (3.20).
46 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
dWf (t+dt)
dWf (t) v(x+dx,t)dt Q
Q
dx
dx
v(x,t)dt
P
P
x+dx
x
donde d v, que representa el desplazamiento relativo por unidad de tiempo, viene dado por
∂ vi
d vi = d xj , (3.29)
∂ xj
donde, como se indica explı́citamente en (3.28), las derivadas están evaluadas en el punto x y,
por tanto, d v es directamente proporcional a d x dentro de la aproximación con que se opera; en
la notación indicial utilizada para (3.29) se ha seguido la convención de Einstein de sumar sobre
los subı́ndices repetidos. Obsérvese que si dl representa el elemento de lı́nea fluida P Q, que en el
instante t coincide con dx, dv representa el cambio por unidad de tiempo experimentado por la
lı́nea material dl para un observador ligado a ella
D(dl)
= dv = dx · ∇v. (3.30)
Dt
Para facilitar el análisis es usual descomponer el tensor ∇ v en dos partes, una simétrica y otra
antisimétrica, µ ¶ µ ¶
∂ vi 1 ∂ vi ∂ vj 1 ∂ vi ∂ vj
= + + − = γij + ξij , (3.31)
∂ xj 2 ∂ xj ∂ xi 2 ∂ xj ∂ xi
3.3. Análisis de las velocidades en el entorno de un punto 47
=
donde γ , que se denomina tensor de velocidades de deformación, representa la parte simétrica, y
=
ξ , denominado tensor de rotación, la antisimétrica. La contribución de cada uno de estos términos
a la velocidad relativa en el punto x + d x respecto a la existente en el punto x es
= =
dv = dx · ∇v = dx· γ +dx· ξ = dvd + dvr , (3.32)
y dan lugar, como se expresó anteriormente y se verá a continuación, a una velocidad de deformación
del fluido, dvd , y a una de rotación como sólido rı́gido, dvr .
=
Es fácil comprobar que las componentes del vector, dvr = d x· ξ (x, t) a que da lugar la parte
antisimétrica del tensor gradiente de velocidades que, en notación indicial, se expresan
µ ¶
1 ∂ vi ∂ vj
d vri = d xj − , (3.33)
2 ∂ xj ∂ xi
son también las del producto vectorial 12 ω × d x; ω = ∇ × v se denomina vector vorticidad del
fluido y se expresa en notación indicial ω i = ²ijk ∂vj /∂xk , donde el tensor de Levi-Civita, ²ijk , es
nulo si alguno de los subı́ndices está repetido o su valor es ±1 si el orden de la permutación i, j, k
es respectivamente par o impar. Ası́ pues,
1
d vr = ω(x, t) × d x, (3.34)
2
representa una rotación como sólido rı́gido de la partı́cula fluida alrededor del punto x con velocidad
angular ω/2.
=
La contribución de la parte simétrica, d vd = d x· γ (x, t), se escribe en notación indicial 4
d v d t = d x · ∇ v d t = |d x| n · ∇ v d t, (3.36)
y su proyección en la dirección n es
d v d t · n = |d x| n · ∇ v · n d t. (3.37)
= =
Teniendo en cuenta la antisimetrı́a del tensor ξ se deduce que n· ξ ·n = ni ξij nj = 0, y, por tanto,
la dilatación que experimenta el elemento de lı́nea fluida considerado en la dirección del propio
elemento es =
d v d t · n = |d x|n· γ ·n d t. (3.38)
4 Obsérvese que debido a la simetrı́a de γ , el campo de velocidades de deformación en el entorno de un punto
ij
es irrotacional. En efecto, si d x1 , d x2 y d x3 representan las coordenadas de un punto genérico de dicho entorno en
un sistema de coordenadas con origen en x se tiene
∂(dvdj ) ∂(d xl )
²ijk = ²ijk γjl (x, t) = ²ijk γjl δlk = 0 .
∂ (d xk ) ∂(d xk )
De hecho, a partir de (3.35) se deduce que d vdi = ∂ φ/∂ (d xi ), donde la función escalar φ = 12 d xl γkl (x, t)d xk define
una familia de cuádricas semejantes en torno al punto x denominadas cuádricas de velocidades de deformación.
48 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
dα d α1 d α2 dx1 e1 · ∇v · e2 d t dx2 e2 · ∇v · e1 d t
− = + = + =
dt dt dt d t d x1 d t d x2
∂ v2 ∂ v1
+ = 2 γ12 . (3.40)
∂ x1 ∂ x2
Los restantes elementos no diagonales del tensor se pueden interpretar análogamente.5 De la misma
forma, puede comprobar el lector que la componente de la vorticidad según el eje 3,
valor dado por (3.41) es el doble de la componente según el eje 3 de la velocidad angular de giro
como sólido rı́gido de la partı́cula fluida que coincide con dicho paralelogramo. Si dicho valor es
cero, no existe rotación de la partı́cula fluida como sólido rı́gido, debido a que el giro alrededor de
P de los elementos de lı́neas materiales situados a un lado de la diagonal es igual y contrario al de
los situados en el lado opuesto y el movimiento resultante es de deformación pura. Las otras dos
componentes de la vorticidad pueden interpretarse análogamente.
x2
dx2e2Ñve1dt
B
B dx2e2Ñv dt
A
da2
dx2e2 dx1e1Ñv dt dx1e1Ñve2dt
da1
P dx1e1 A x1
Figura 3.6: Interpretación de los elementos no diagonales del tensor de velocidades de deformación.
divisible, por lo que el significado de una integral extendida a una región infinitesimal es el mismo que el de la
extendida a una región finita. Es fácil comprobar, mediante el desarrollo del integrando en serie de Taylor, que una
integral extendida a una región infinitesimal puede calcularse, salvo infinitésimos de orden superior al de volumen,
como el producto del integrando evaluado en un punto cualquiera interior a la región por el volumen de ésta.
50 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
y, por tanto,
1 D(d Ω)
= [∇ · v](x,t) = γii (x, t), (3.45)
dΩ Dt
con lo que se comprueba que ∇ · v es la velocidad de dilatación cúbica unitaria, o dilatación que
experimenta la unidad de volumen de fluido en la unidad de tiempo. El campo de velocidades de
un fluido incompresible (lı́quido), que no experimenta dilataciones ni compresiones, no puede ser
arbitrario, sino que en cada punto del dominio fluido y en cada instante debe satisfacer la condición
∇ · v = 0, (3.46)
para garantizar la condición de incompresibilidad. Como se verá más adelante, (3.46) constituye
la ecuación de conservación de la masa para un fluido incompresible.
Como resumen del análisis efectuado, el campo de velocidades en una región de dimensiones
infinitesimales d x que rodea a cada punto fijo x del dominio fluido puede expresarse, en cada
instante t, como superposición de un movimiento de traslación pura v(x, t), más un movimiento
=
de deformación, d vd =γ (x, t) · d x, más uno de rotación como sólido rı́gido con velocidad angular
ω/2 (donde ω = ∇ × v) y velocidad lineal d vr = [ω(x, t) × d x]/2. Añadir finalmente que la
teorı́a aquı́ desarrollada coincide con la de las deformaciones infinitamente pequeñas de los medios
continuos, que se estudia, por ejemplo, en la teorı́a de la elasticidad. Sin embargo, conviene hacer
dos observaciones:
Mientras aquı́ el problema es cinemático, puesto que se estudian velocidades de deformación,
allı́ es geométrico, puesto que se estudian estados deformados estacionarios.
En Mecánica de Fluidos la teorı́a es exacta en el sentido de que si las velocidades son finitas
y continuas, las deformaciones producidas en un tiempo arbitrariamente pequeño son infi-
nitamente pequeñas; mientras que en la Teorı́a de la Elasticidad hay que suponer que las
deformaciones son infinitamente pequeñas y sólo entonces sus resultados coinciden con los
obtenidos aquı́ si se sustituye la velocidad v por el desplazamiento infinitesimal u.
b) El flujo volumétrico (caudal) de fluido a través de cualquier lı́nea que une dos puntos A y B
de dos lı́neas de corriente en un dominio fluido bidimensional, Figura 3.7, es igual al salto de
la función de corriente ΨA − ΨB . En efecto, si u y v son las componentes según x e y de la
YA
A
n
ds
YB
B
Análogamente, en el caso de gases, el gasto, o masa de gas por unidad de tiempo, entre dos
lı́neas de corriente es igual al salto de la función de corriente. En efecto, si se usa (3.55) en
la definición del flujo convectivo, se tiene
Z A Z A Z A Z A
∂Ψ ∂Ψ
G= ρv·nds = ρ(u d y−v d x) = d y+ dx = d Ψ = ΨA −ΨB . (3.60)
B B B ∂y ∂x B
Figura 3.8: Chorro axilsimétrico descargando a través de un orificio circular. Los vórtices anulares
se visualizan mediante humo.
∇ · v = 0. (3.61)
v = ∇ × A. (3.62)
Obsérvese que A no queda definido unı́vocamente, puesto que si se le suma el gradiente de cualquier
función escalar, las ecuaciones (3.62) y (3.61) se satisfacen idénticamente. El potencial vector A
satisface la ecuación diferencial
∇ × v = ∇ × (∇ × A) = ∇(∇ · A) − ∇2 A = ω. (3.63)
La ecuación que satisface A se simplifica notablemente si entre todas las posibles soluciones de
(3.63) que determinan el mismo campo de velocidades por diferir sólo en el gradiente de una función
arbitraria, se elige una de divergencia nula (ajustando apropiadamente la función arbitraria). La
ecuación que satisface este campo vectorial es, por tanto, la de Poisson
∇2 A = −ω, (3.64)
cuya solución es Z
1 ω(xo )
A(x, t) = d$, (3.65)
4π Ωo | x − xo |
donde xo son puntos interiores al dominio y x representa el punto donde se evalúa A. Para la
obtención de la solución de la ecuación de Poisson, que es lineal, el lector debe tener en cuenta las
conocidas relaciones µ ¶
1
∇2 = −4πδ(x − xo ), (3.66)
|x − xo |
7 Werlé 1963, en An Album of Fluid Motion, M. van Dyke, Parabolic Press, 1982.
54 Capı́tulo 3. Cinemática de los fluidos
Z
ω(x, t) = ω(xo , t) δ(x − xo )d $, (3.67)
Ωo
siendo δ la función de Dirac, que vale 1 cuando su argumento es nulo o 0 en caso contrario. Puede
comprobarse fácilmente que el vector solución de la ecuación de Poisson, definido en (3.65), es
solenoidal: ∇ · A = 0. En efecto,
Z Z
1 ω(xo ) 1 1
∇x · d$ = − ω(xo ) · ∇xo d$ =
4π Ωo | x − xo | 4π Ωo | x − xo |
Z
1 ω(xo )
− ∇x o · d$; (3.68)
4π Ωo | x − xo |
téngase en cuenta que en (3.68) la derivación debe efectuarse respecto a la variable indicada en
el subı́ndice del operador ∇. Si se hace ahora uso del teorema de Gauss, la última integral en la
ecuación (3.68) puede escribirse como una integral extendida a la superficie Σo que encierra a Ωo
Z Z
1 ω(xo ) 1 ω·n
− ∇x o · d$ = − dσ (3.69)
4π Ωo | x − xo | 4π Σo | x − xo |
Por ser ω un campo solenoidal que es nulo fuera del volumen Ωo , su flujo en cualquier punto de
la superficie Σo es nulo, ω · n = 0, y por tanto las integrales en (3.69) son nulas y A es solenoidal
como se querı́a demostrar.
Una vez conocido A, el campo de velocidades se obtiene fácilmente
Z Z · ¸
1 ω(xo ) 1 1
v =∇×A= ∇× d$ = − ω(xo ) × ∇ d$ =
4π Ωo | x − xo | 4π Ωo | x − xo |
Z
1 (x − xo ) × ω(xo )
− d$. (3.70)
4π Ωo | x − x o |3
Como aplicación de lo anterior, es conveniente considerar el caso de un tubo de vorticidad, que,
como se comentó anteriormente, aparecen con frecuencia en situaciones de interés. En la Figura
3.9 8 se muestran las lı́neas de vorticidad concentrada, obtenidas inyectando fluido coloreado, que
aparecen sobre el extradós del ala de forma triangular de la figura (ala en delta) cuando el ángulo
de ataque del ala es distinto de cero. Los torbellinos se generan debido a que al ser la presión en
el intradós del ala mayor que en el extradós existe un flujo de fluido desde abajo hacia arriba que
se enrolla y es arrastrado aguas abajo por la corriente incidente.
Considérese un tubo de vorticidad de sección transversal infinitesimal dΣ donde la vorticidad
está concentrada. El vector en la dirección longitudinal del tubo dl y el vector vorticidad ω son
paralelos (recuérdese que ω es tangente a la superficie del dominio), esto es, ω = ωdl/dl, donde ω
y dl representan los módulos de los vectores correspondientes. De (3.70), teniendo en cuenta que
d$ = dσdl, resulta Z
1 ω
v=− (x − xo )dl dσ. (3.71)
4π Ωo | x − xo |3
Es conveniente en este punto definir la circulación Γ como el flujo de la vorticidad a través de dΣ
Z
Γ= ω · ndσ, (3.72)
dΣ
8 R. Drubka y H. Nagib, en An Album of Fluid Motion, M. van Dyke, Parabolic Press, 1982.
3.5. Campo de velocidades inducido por una distribución de vorticidad 55
Figura 3.9: Torbellinos sobre el extradós de un ala en delta a un ángulo de ataque de 20o .
donde n representa aquı́ la normal a la sección transversal del tubo dσ. Obsérvese que Γ es también
la circulación del vector velocidad alrededor de cualquier lı́nea material L sobre la que se apoye
dΣ, ya que, como enseña el teorema de Stokes,
Z I
Γ= ω · ndσ = v · ds, (3.73)
dΣ L
G dl
d r
b db
fv = ρ g, (4.2)
La fuerza gravitatoria es en realidad una fuerza másica, siendo g la correspondiente fuerza por
unidad de masa, que en general designaremos por fm . El producto de fm por la densidad del fluido
proporciona la fuerza por unidad de volumen correspondiente. Cuando el movimiento del fluido
se describe respecto a un sistema de referencia no inercial, como sucede en muchos problemas
prácticos, es necesario incluir las fuerzas másicas asociadas al movimiento no inercial del sistema
de referencia:
dΩ
fm = −a0 − × x − Ω × (Ω × x) − 2 Ω × v, (4.4)
dt
donde a0 y Ω son respectivamente la aceleración y la velocidad angular del sistema de referencia
empleado.
57
58 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
Otras fuerzas volumétricas son las electromagnéticas que aparecen cuando el fluido está cargado
o cuando por él circula alguna corriente eléctrica; en este caso, la correspondiente fuerza por unidad
de volumen es:
fv = ρe E + J × B, (4.5)
donde ρe es la densidad de carga, E es el campo eléctrico, J la densidad de corriente y B el
campo magnético. Esta fuerza (denominada de Lorentz) no se considerará aquı́, ya que el estudio
de los movimientos fluidos en los que esta fuerza es importante corresponde a ramas especializadas
de la Mecánica de Fluidos: fı́sica de plasmas (gases ionizados), electro-hidrodinámica y magneto-
hidrodinámica.1 Las fuerzas de volumen (másicas y electromagnéticas) que son el tipo de fuerzas
puntuales que considera la dinámica clásica de partı́culas, aparecen en la Mecánica de Medios
Continuos actuando sobre cada porción infinitesimal de fluido de acuerdo con la hipótesis de medio
continuo.
Otro tipo de fuerzas macroscópicas, distintas de las volumétricas, que actúan también sobre los
fluidos tienen su origen en la agitación molecular y en la interacción entre moléculas. Son, por tanto,
fuerzas de muy corto alcance, apreciables sólo en distancias del orden de la de interacción molecular.
Las moléculas que interactúan a través de un área pequeña δ σ que separa porciones de fluido
adyacentes están situadas en un volumen de sección δ σ y espesor del orden del camino libre medio
molecular λ (gases) o la distancia tı́pica intermolecular d0 (lı́quidos) [λ ¿ (δ σ)1/2 , d0 ¿ (δ σ)1/2 ].
La resultante de estas acciones micróspicas es, por tanto, proporcional al área del elemento y
se manifiesta macroscópicamente como una fuerza, denominada de superficie, que cada porción
de fluido ejerce sobre una porción adyacente a través de la superficie que las separa. Ası́ , en el
modelo continuo, dado un elemento de superficie d σ de orientación n que pasa por un punto x
en el interior de un fluido, se considera que el fluido del lado de n ejerce sobre la superficie una
fuerza fs (x, t, n)dσ proporcional al área del elemento y depende, además, de la orientación del
mismo, de la posición del punto y del tiempo; la fuerza por unidad de área, fs (x, t, n) se denomina
esfuerzo y, naturalmente, debe satisfacer el principio de acción y reacción, que exige que fs (x, t, n) =
−fs (x, t, −n). Para describir este estado de esfuerzos se necesitarı́a, en principio, conocer en cada
punto una doble infinitud de fuerzas (componentes normal y tangencial) correspondientes a todos
los posibles valores de la orientación n. Sin embargo, como se verá a continuación, los teoremas de
cantidad de movimiento y momento cinético permiten reducir el número de incógnitas a las seis
componentes distintas de un tensor denominado tensor de esfuerzos.
Para demostrar que basta conocer las componentes del tensor de esfuerzos para caracterizar las
fuerzas de superficie que actúan sobre un elemento de área de fluido, se aplicará la segunda Ley
de Newton al volumen fluido infinitesimal d Ωf (t) que en el instante t coincide con el tetraedro
de volumen d Ω mostrado en la Figura 4.2. La superficie fluida que limita a d Ωf (t) consta de la
superficie d Σfn (t), que en t coincide con la cara del tetraedro de normal n y área d Σ, y en las
superficies d Σfi (t) (i = 1, 2, 3), que en t coinciden con las caras de normales −ei , apuntando hacia
1 Además de la fuerza de Lorentz (4.5), en medios dieléctricos no uniformes aparecen otras como la fuerza
t12 t22
e2 t32
t11
t21 t31
e1
x x x
X3 Z Z
fs (x0 , t, −ei ) d σ + ρ (x0 , t) fm (x0 , t) d $, (4.7)
i=1 dΣfi (t) dΩf (t)
donde la variable de integración x0 representa un punto genérico del volumen o de la superficie del
-e 2 dS2
dS -e 1
dS1
dS 3
1
2
x
-e3
Figura 4.2: Volumen fluido infinitesimal que en el instante t coincide con un tetraedro de vértice
en el punto fijo x.
tetraedro. La ecuación (4.7) expresa que la variación con el tiempo de la cantidad de movimiento
contenida en el volumen fluido es igual a la resultante de las fuerzas másicas y de superficie que
se ejercen sobre él. Debido a que la distancia |x0 − x| es pequeña por ser infinitesimal el volumen
considerado, se tiene
y expresiones análogas para las fs (x, t, −ei ). Despreciando en (4.7) infinitésimos de orden del
volumen, d Ω ∼ |x0 − x| d Σ, se llega a
3
X 3
X
fs (x, t, n) d Σ = − fs (x, t, −ei ) d Σi = fs (x, t, ei ) ni d Σ, (4.9)
i=1 i=1
donde se ha hecho uso del principio de acción y reacción, fs (x, t, −ei ) = −fs (x, t, ei ); teniendo en
cuenta (4.6), (4.9) se expresa en notación indicial
y en notación vectorial
=
fs = n · τ . (4.11)
donde d Σf (t) es la superficie fluida que limita a la partı́cula fluida y se ha tenido en cuenta que
= =
τ (x0 , t) = τ (x, t) + O (|x0 − x|). El equilibrio de momentos exige que la ecuación vectorial (4.12)
sea idénticamente nula, de modo que en notación indicial se tiene
Z
²ijk (x0j − xj )τlk nl d σ = 0. (4.13)
d Σf (t)
Por extenderse a una superficie cerrada (4.13) puede transformarse en una integral de volumen
(teorema de la divergencia) para dar
Z
∂
²ijk [(x0 − xj ) τlk ]d $ =
d Ωf (t) ∂ x0l j
Z
²ijk τjk d $ + O(|x0 − x| d Ω) = ²ijk τjk d Ω(t) = 0, (4.14)
d Ωf (t)
=
con τ evaluado en el punto fijo x. Por tanto,
n = a1 n1 + a2 n2 + a3 n3 , (4.19)
l3n3
fs= -pn
-l1n1
-l2n2
x l2n2 x
l1n1
-l3n3
Figura 4.3: Esfuerzos en el entorno de un punto en un fluido en reposo; (a) tracción, (b) compresión.
la esfera de fluido es incompatible con el equilibrio, puesto que un fluido no resiste la tracción,
mientras que sı́ resiste la compresión debido a las fuerzas de repulsión molecular (en lı́quidos) y
a las colisiones que tienen lugar en el movimiento de agitación molecular (en gases). Se tiene por
tanto que el tensor de esfuerzos en un fluido en reposo es esférico y de compresión (λ = −p < 0),
Figura 4.3(b), es decir,
=
fs (x, t, n) = n· τ (x, t) = −p(x, t)n, (4.22)
62 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
= =
con τ (x, t) = −p(x, t) I , siendo p la presión del fluido en el punto x y en el instante t, o fuerza
por unidad de superficie normal a la misma y dirigida en el sentido opuesto a la normal. Como es
sabido de la Termodinámica, si el fluido es de composición homogénea y se encuentra en equilibrio
termodinámico, la presión es una función de estado determinada por dos variables termodinámicas.
Cuando el fluido está en movimiento es útil escribir el tensor de esfuerzos en la forma
= = =
τ (x, t) = −p(x, t) I + τ 0 (x, t), (4.23)
=
donde τ 0 se denomina tensor de esfuerzos de viscosidad y expresa la desviación del tensor de
esfuerzos respecto del valor que corresponde a la presión termodinámica en cada punto del dominio
fluido. La fuerza que actúa sobre una superficie dσ centrada en el punto x y de normal n es, entonces,
=
n· τ (x, t)dσ, y la resultante sobre una superficie finita, Σ, es
Z Z Z =
=
n· τ dσ = −p n dσ + n· τ 0 dσ, (4.24)
Σ Σ Σ
suma de las fuerzas de presión y viscosidad que actúan sobre la superficie considerada. Si Σ es
cerrada y limita un volumen Ω, el teorema de Gauss proporciona
Z Z Z Z =
= =
n· τ dσ = ∇· τ d$ = −∇p d$ + ∇· τ 0 d$. (4.25)
Σ Ω Ω Ω
=
Sobre un volumen elemental dΩ en torno a x la fuerza de superficie resultante es ∇· τ dΩ =
= =
0 0
−∇p dΩ + ∇· τ dΩ, por lo que −∇p y ∇· τ representan las resultantes de las fuerzas de presión
y viscosidad que actúan sobre la unidad de volumen.
=
Para modelar el tensor τ 0 (x, t) debe tenerse en cuenta que, como se vio en 3.3, el campo
de velocidades en el interior de una partı́cula fluida alrededor del punto fijo x en el instante t
puede descomponerse en la suma de los campos correspondientes a tres movimientos más simples:
traslación con velocidad v(x, t), rotación como sólido rı́gido con velocidad angular ω(x, t)/2, y
= =
deformación pura caracterizada por el tensor de velocidades de deformación γ (x, t). Si γ (x, t) = 0
en algún instante, la partı́cula se mueve en dicho instante como sólido rı́gido, por lo que existe
un sistema de referencia que se traslada y gira con la partı́cula respecto al cual ésta se encuentra
=
instantáneamente en reposo y, consecuentemente, τ 0 (x, t) es nulo. Se deduce entonces que el tensor
= =
τ 0 debe ser depender solamente del tensor de velocidades de deformación γ .
La ley experimental de Navier-Poisson establece que para una gran variedad de lı́quidos y gases
(los que se conocen con el nombre de fluidos newtonianos), y siempre que el camino libre medio
molecular sea pequeño frente a la longitud caracterı́stica macroscópica del movimiento, las fuerzas
de viscosidad son proporcionales a las velocidades de deformación. De un modo cuantitativo, cada
componente del tensor de esfuerzos de viscosidad es función lineal de cada componente del tensor
de velocidades de deformación:
µ ¶
0 1 ∂vk ∂vl
τij = Aijkl γkl = Aijkl + , (4.26)
2 ∂xl ∂xk
donde Aijkl representa un tensor de cuarto orden con 81 términos. Si el medio es isótropo, esto es,
no existen direcciones privilegiadas, las componentes del tensor de esfuerzos se reducen en número.
En efecto, un tensor isótropo de orden par se puede escribir como la suma de todos los posibles
productos de las deltas de Kronecker:2
2 Obsérvese que si un sistema de cuatro vectores puede hacerse coincidir con otro mediante una rotación como
sólido rı́gido la acción de un tensor isótropo de cuarto orden sobre los vectores de ambos sistemas debe dar el mismo
4.4. Fluidoestática 63
4.4. Fluidoestática
La situación más simple en la que se puede encontrar un fluido es la de reposo (v = 0) con
respecto a algún sistema de referencia. Para que el fluido esté en reposo es condición necesaria,
resultado. Por tanto, si dicho tensor se aplica sobre un conjunto de cuatro vectores cualesquiera a, b, c y d el
resultado sólo dependerá de sus módulos y de sus orientaciones relativas, esto es, de sus productos escalares, y (4.27)
se deduce inmediatamente de las relaciones
Aijkl ai bj ck dl = λ(ai bi )(ck dk ) + µ(ai ci )(bj dj ) + µ0 (ai di )(bj cj ) = (λδij δkl + µδik δjl + µ0 δil δjk )ai bj ck dl ,
donde λ, µ y µ0 pueden ser escalares cualesquiera. Nótese que, en el segundo miembro, los productos de términos
con ı́ndices repetidos (que deben interpretarse como sumatorios que representan los productos escalares) se han
expresado como productos con ı́ndices distintos en el tercer miembro mediante la delta de Kronecker.
64 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
aunque no suficiente, que su densidad no varı́e con el tiempo, ρ = ρ(x). En efecto, considérese
un punto fijo genérico, x, y una partı́cula fluida situada alrededor del mismo. En virtud de la
constancia de la masa de dicha partı́cula, su densidad podrı́a variar con el tiempo sólo si lo hace
su volumen, lo que no es posible si el fluido está en reposo, puesto que la velocidad en los puntos
de la superficie de la partı́cula es nula. Se tiene, por tanto,
∂ρ
= 0. (4.32)
∂t
Asimismo, el equilibrio mecánico exige el balance
R entre la resultante de las fuerzas másicas que
actúan sobre cualquier porción de fluido, Ω ρ fm d $, y la resultante de las fuerzas que actúan
= R R
sobre su superficie que; para un fluido en reposo ( τ ·n = −p n) es - Σ p n d σ = − Ω ∇ p d $. Si
dicho balance se aplica a una porción de fluido infinitesimal alrededor de un punto genérico x se
obtiene la ecuación
−∇p + ρ fm = 0, (4.33)
que expresa que la resultante de las fuerzas de presión y másicas que actúan sobre la unidad
de volumen es nula. Las fuerzas másicas son, en ausencia de campos eléctricos o magnéticos, las
gravitatorias y, en su caso, las de inercia debidas al movimiento no inercial del sistema de referencia:
dΩ
fm = g − a o − × x − Ω × (Ω × x), (4.34)
dt
donde no aparecen las fuerzas de Coriolis por ser nula la velocidad. Es fácil comprobar que el
cumplimiento de (4.33) garantiza además el equilibrio de momentos de las fuerzas de presión y
másicas que actúan sobre cualquier porción de fluido, por lo que dicha ecuación es condición
necesaria de equilibrio.3 Dicha conclusión puede obtenerse, también, mediante la aplicación del
teorema del momento cinético (4.2) si se tiene en cuenta que la simetrı́a del tensor de esfuerzos
asegura el equilibrio de momentos de las fuerzas de superficie y másicas para toda partı́cula de un
fluido en reposo.
En el caso de un lı́quido (ρ = constante), la ecuación (4.33) permite determinar la distribución
de presiones si las fuerzas másicas y las condiciones de contorno apropiadas son dadas. Para un
fluido compresible es necesario, además, conocer la distribución de temperaturas y la ecuación de
estado ρ = ρ(p, T ). Si la temperatura no se especifica de antemano, sino que debe calcularse como
parte del problema, se debe añadir a (4.32) y (4.33) la ecuación de la energı́a interna que, para un
fluido en reposo (v = 0, ∂ρ/∂t = 0) y en ausencia de aportes volumétricos de calor, se escribe
∂e ∂T
ρ = ρ cv = ∇ · (K ∇ T ). (4.35)
∂t ∂t
Dicha ecuación expresa que para un fluido en reposo, la variación en la unidad de tiempo de la
energı́a interna contenida en la unidad de volumen es igual al flujo de calor que éste recibe por
conducción. Además, se deben especificar las ecuaciones de estado f (p, ρ, T ) = 0, cv = cv (T ) y
K = K(T, p).4
que sucede, por ejemplo, en la atmósfera cuando las capas de aire más cercanas a la superficie están más calientes
y su densidad es menor, lo que da lugar a un movimiento convectivo denominado convección natural.
4 Las ecuaciones de la fluidoestática (4.32), (4.33) y (4.35) también pueden obtenerse si se hace v = 0 en las
ecuaciones generales del movimiento fluido, ecuaciones de Navier-Stokes, que serán deducidas en el capı́tulo siguiente.
4.4. Fluidoestática 65
∇ × (ρfm ) = ρ∇ × fm + ∇ρ × fm = 0; (4.36)
si esta última ecuación se multiplica escalarmente por fm se obtiene la condición que ha de cumplir
el campo de fuerzas másicas para que el equilibrio sea posible
fm · (∇ × fm ) = 0. (4.37)
donde C(t) es el valor que ω + U toma en algún punto del dominio fluido. Como se verá en lo
que sigue, dicha forma de la ecuación de equilibrio resulta de gran utilidad en las aplicaciones de
la fluidoestática.
66 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
Ñr
CM -Ñp
-pn
Finalmente, conviene hacer notar que el equilibrio mecánico analizado no supone que haya
equilibrio térmico, por lo que se admite la posibilidad de la existencia de gradientes de tempe-
raturas que satisfagan la ecuación (4.35) y que la densidad no varı́e con el tiempo. Tampoco se
ha analizado aquı́ la estabilidad del equilibrio correspondiente a una distribución de p, ρ y T que
satisfagan (4.32)-(4.35) junto con las condiciones iniciales y de contorno apropiadas. El estudio de
la estabilidad de las soluciones fluidoestáticas es esencial cuando el equilibrio mecánico sea posible
sin que haya equilibrio térmico, ya que si dicho equilibrio fuese inestable aparecerı́an corrientes
(v 6= 0) que tenderı́an a uniformar la temperatura (a equilibrar térmicamente el fluido). El lector
interesado puede consultar el Capı́tulo 15.
p + ρ U = C(t). (4.43)
La constante C se determina imponiendo (4.44) en un punto del lı́quido donde la presión sea
conocida. Ası́, si se trata de un lı́quido limitado por un gas a presión pa , se tiene C(t) = pa + ρ g H,
siendo H la altura de la superficie libre del lı́quido. La presión en el interior del lı́quido es, por
tanto, p(z) = pa + ρ g(H − z), que es la suma de la presión del gas más la debida al peso por unidad
de área de la columna de lı́quido de altura (H − z).
Considérese ahora un depósito de sección circular, Figura 4.5(a), que contiene un volumen V
de lı́quido y gira con velocidad angular constante, Ω, alrededor de su eje de simetrı́a. Después de
transcurrido un tiempo suficiente para que el lı́quido se mueva rı́gidamente con el recipiente o,
lo que es lo mismo, el lı́quido esté en reposo respecto a un sistema de referencia que gire con la
velocidad angular del recipiente, la distribución de presiones es, de acuerdo con (4.43) y (4.38),
Ω2 r2
p + ρgz − ρ = C(t) = pa + ρ g ho , (4.45)
2
4.4. Fluidoestática 67
L
W
g
pa
pa
(a) (b)
a0ex
R
z z
x
Ω2 r 2
zs (r) = ho + ; (4.46)
2g
finalmente, la condición de conservación del volumen proporciona ho
Z R
π Ω2 R 4 V Ω2 R 2
V = d r 2 π r zs (r) = π R2 ho + , ho = 2
− . (4.47)
o 4g πR 4g
considera tampoco la estabilidad del equilibrio encontrado. Se debe indicar también que, debido a
la existencia de una superficie libre, el equilibrio mecánico no es posible si ao depende del tiempo (a
pesar de que U deriva de un potencial). En efecto, de acuerdo con (4.50) la ecuación de la superficie
libre f (x, z, t) = z − zs (x, t) = z − ho − ao (t)x/(ρ g) = 0 no verificarı́a, si v = 0, la ecuación de una
superficie fluida ∂ f /∂ t + v · ∇ f = 0.5
donde se ha hecho uso del concepto de volumen desalojado, que es el volumen del cuerpo sumergido
cuando éste es imaginariamente reemplazado por el fluido en equilibrio mecánico, de tal forma que
se verifica (4.33). Suponiendo que las fuerzas másicas son exclusivamente gravitatorias, y que éstas
se mantienen aproximadamente constantes en distancias del orden de la longitud caracterı́stica del
cuerpo, se tiene Z Z
F = g ez ρ d $ = m g ez , m = ρ d $; (4.54)
Ω Ω
es decir, un cuerpo sumergido en un fluido en reposo está sometido a una fuerza (empuje) de
valor igual al peso del fluido que desaloja, y dirigida en sentido opuesto a la acción de la gravedad
(Principio de Arquı́medes). Para que dicha fuerza esté equilibrada con el peso del cuerpo (condición
de flotabilidad), la densidad media de éste debe ser igual a la del fluido desalojado.
Como aplicación de (4.54) considérese un cuerpo parcialmente sumergido en dos lı́quidos no mis-
cibles de densidades ρ1 y ρ2 . En este caso, el integrando de (4.53) es continuo a trozos en el interior
del volumen desalojado, que está compuesto de los volúmenes Ω1 y Ω2 que el cuerpo ocupa en cada
uno de los fluidos; la fuerza resultante que se ejerce sobre el cuerpo es:
Z ·Z Z ¸
F = g ez ρ d $ = g ez ρ1 d $ + ρ2 d $ = ρ1 g Ω1 ez + ρ2 g Ω2 ez . (4.55)
Ω Ω1 Ω2
Compruebe el lector que para el caso de una lámina sólida, de espesor despreciable, parcialmente
sumergida en un lı́quido y abierta a la atmósfera en su parte superior (por ejemplo, el casco de
una embarcación), la fuerza resultante de lı́quido y aire sobre la lámina es F = ρ g Ω ez , siendo Ω
el volumen de lı́quido desalojado.
Naturalmente, para que un cuerpo esté en equilibrio, no sólo las fuerzas que actúan sobre el
mismo deben estar equilibradas, sino que también debe existir equilibrio de momentos. El momento
respecto de un punto xo de las fuerzas de presión que el fluido ejerce sobre el cuerpo es:
Z Z
M = − (x − xo ) × p n d σ = ∇ × [p(x − xo )] d $ =
Σ Ω
5
El equilibrio con aceleración dependiente del tiempo serı́a posible en ausencia de superficie libre, es decir, para un
recipiente cerrado y lleno de lı́quido. Sin embargo, para la situación de la Figura 4.10(a), el equilibrio con d Ω/d t 6= 0
nunca es posible, puesto que, en este caso, no existe potencial de fuerzas másicas [la existencia de dicho potencial
es, según (4.37), condición necesaria para el equilibrio mecánico de un lı́quido].
4.4. Fluidoestática 69
Z Z
∇ p × (x − xo )d $ = ρfm × (x − xo ) d $. (4.56)
Ω Ω
Si fm = −g ez Z
M = −g ez × ρ(x − xo )d $ = m g (xcm − xo ) × ez , (4.57)
Ω
donde xcm es el centro de masas del volumen desalojado. Para que exista equilibrio, este momento
debe estar equilibrado con el momento respecto a xo de las restantes fuerzas que actúan sobre
el cuerpo sumergido. Se deja al lector el análisis de la estabilidad de cuerpos parcial o totalmen-
te sumergidos como función de la posición relativa del centro de gravedad del obstáculo y del
metacentro, o punto de aplicación de la fuerza de flotación.
mente transparente a la radiación solar), pone de manifiesto la distribución lineal de temperaturas en la troposfera;
en efecto, si la conductividad térmica del aire se supone constante en esta zona se tiene que, en régimen estacionario,
∂ 2 T /∂ z 2 = 0. Para obtener a partir de (4.35) la distribución de temperaturas en capas más altas de la atmósfera
debe considerarse el equilibrio entre los fenómenos de conducción y radiación de calor (de difı́cil modelización),
ası́ como variaciones de la conductividad térmica y de las demás ecuaciones de estado debidas a la presencia de
complicados procesos fisicoquı́micos de ionización, variación de la concentración de las especies debido a reacciones
fotoquı́micas, etc.
70 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
z (km) Mesosfera
48
32
Estratosfera
22
11
Troposfera
T (K)
216.5 228 270 288
Figura 4.6: Variación de la temperatura con la altura en la atmósfera terrestre. Atmósfera estándar.
La condición (4.64) no es suficiente para que la atmósfera sea estable, ya que si fuese ası́ , la
atmósfera siempre lo serı́a, lo que, evidentemente, no es cierto. El estudio de la estabilidad de la
atmósfera requiere considerar la estabilidad dinámica, o estabilidad frente a pequeñas perturba-
ciones de la distribución de equilibrio anterior, perturbaciones que siempre están presentes en la
atmósfera.7 De todas formas, el criterio anterior proporciona una idea del grado de estabilidad
de la atmósfera: cuanto más pequeña sea la constante α, más estable será ésta. Por ejemplo, en
condiciones de inversión térmica (α < 0), lo cual ocurre a veces en las proximidades del suelo en
ciertos núcleos urbanos donde los niveles de contaminación son muy altos, la atmósfera se hace más
estable con lo que los gases contaminantes permanecen estratificados sobre la ciudad. Otro ejemplo
significativo de estabilidad lo constituye la estratosfera, donde α es marcadamente negativo (Figura
4.13), siendo, por tanto, extraordinariamente estable, y de ahı́ su nombre: el aire de la estratosfera
está estratificado, sin apenas mezcla de unas capas con otras (ésta se produce casi exclusivamente
por difusión, no por convección). Por ello es tan peligroso que los agentes contaminantes lleguen a
la estratosfera.
7 Obsérvese que el equilibrio mecánico bajo la acción de la gravedad (U = g z) implica p = p(z), ρ = ρ(z)
y, consecuentemente, T = T (z); por tanto, una de tales perturbaciones es, por ejemplo, la variación espacial de
temperatura debido a la no uniformidad de la irradiación solar.
4.5. Tensión superficial 71
Fluido 1 Fluido 2
Figura 4.7: Interacciones entre moléculas situadas en el seno y en la interfase de separación de dos
fluidos no miscibles.
Por tanto, para variar el área de la interfase (lo que implica un aporte de moléculas desde el
interior de los fluidos en contacto con la interfase o viceversa) es necesario realizar un trabajo sobre
la misma. En una descripción continua, el trabajo asociado a una variación infinitesimal, d Σ, del
área Σ de la interfase es ζ d Σ, donde ζ es una propiedad de los fluidos en contacto denominada
tensión superficial. Se verá a continuación que si se considera un elemento de lı́nea cualquiera
sobre la interfase, ζ representa la fuerza macroscópica resultante, por unidad de longitud de dicho
elemento, dirigida normalmente al mismo y contenida en el plano tangente a la interfase en el punto
considerado. Esta fuerza macroscópica tiene su origen en las fuerzas de cohesión tangenciales a la
interfase que las moléculas situadas a un lado de dicho elemento ejercen sobre las situadas al otro
lado del mismo. En efecto, obsérvese en la Figura 4.8 que si se trata de estirar la superficie Σ
dando en cada punto de la lı́nea cerrada, L, que la limita un incremento normal de longitud d x,
el trabajo necesario es, Z
ζ d x d l = ζ d Σ; (4.65)
L
z dl
dx
exceso de energı́a potencial respecto a las del interior del lı́quido, y el sistema tiende a adoptar una
configuración de mı́nima energı́a potencial minimizando el número de moléculas en la interfase; ası́
se explica la forma esférica (mı́nima relación área/volumen) de gotas pequeñas de lı́quido en aire
y de pequeñas burbujas de gas en agua. Cuando la interfase es lı́quido-lı́quido o lı́quido-sólido, el
argumento anterior no es válido para predecir el signo de ζ y la realidad muestra que ambos signos
son posibles; sólo en el caso en que ζ > 0 los dos lı́quidos son no miscibles. Por el contrario, parejas
de lı́quidos miscibles, como, por ejemplo, alcohol y agua, no presentan superficie de separación y
el concepto de tensión superficial deja de tener significado. Desde el punto de vista molecular, lo
que ocurre en este caso es que las fuerzas de atracción entre moléculas pertenecientes a lı́quidos
distintos son más intensas que las que existen entre moléculas pertenecientes a un mismo lı́quido,
lo que origina una inestabilidad de la interfase, y se produce la mezcla de los fluidos. En la Tabla
I se dan valores medidos de la tensión superficial para varias parejas de lı́quidos:
TABLA I 8
Tensión superficial a 293 K (N m−1 )
En la práctica se suele presentar la situación de tres medios distintos en contacto. Por ejemplo, el
agua en un recipiente está en contacto simultáneamente con el aire y con la pared del recipiente; lo
mismo sucederá para una gota de fluido sobre una mesa. Las moléculas en el entorno de las lı́neas
de contacto entre los tres medios estarán sometidas a solicitaciones por parte de las moléculas
pertenecientes a las interfases de los medios en contacto, estando dichas acciones caracterizadas
macroscópicamente por sus respectivas tensiones superficiales. Puesto que las lı́neas de contacto
no tienen masa, el vector resultante de estas acciones debe tener componente nula en cualquier
dirección en que las lı́neas de contacto puedan moverse. Ası́, la condición de equilibrio para la
situación representada en la Figura 4.9 exige que
z 2 3
2 , g a s
3 , líq u id o
z q
3 1 z 1 2
1 , s ó lid o
contacto con casi todos los sólidos; por el contrario, para el mercurio en contacto con muchos sólidos
el ángulo de contacto es próximo a 150o ). Cuando sucede que |ζ12 | > |ζ31 | + |ζ23 | el equilibrio no
es posible. Esta situación se presenta, por ejemplo, cuando se deposita una gota de aceite mineral
en la superficie del agua; en ese caso, la gota se esparcirá indefinidamente debido a que la tensión
superficial aire-agua es mayor que la suma de las de aceite-aire y aceite-agua.
Hasta ahora, se ha considerado el caso en que la tensión superficial es uniforme sobre la interfase
de separación de dos fluidos no miscibles. Sin embargo, como se muestra en la Tabla II, para una
pareja de fluidos determinada, la tensión superficial depende de la temperatura y disminuye con
ésta, ya que al aumentar la temperatura disminuyen las fuerzas de cohesión molecular. Además
si la composición de alguno de los fluidos no es uniforme, la tensión superficial depende también
de la concentración de las distintas especies presentes en la interfase. Ası́ , si existen gradientes de
temperatura o de concentración en la interfase, ζ variará con la posición sobre la misma, y las
consideraciones expuestas hasta ahora deben aplicarse localmente. Además, como se verá poste-
riormente, la existencia de gradientes superficiales de tensión superficial implica necesariamente un
movimiento de la interfase, que se transmite a los fluidos adyacentes mediante esfuerzos de viscosi-
dad, y el equilibrio es imposible (naturalmente, dicho movimiento tiene su origen microscópico en
que las moléculas de la interfase tienden a desplazarse hacia regiones donde las fuerzas de cohesión
molecular son más intensas, es decir, hacia zonas de mayor ζ).
TABLA II 9
Tensión superficial agua-aire para varias temperaturas
Temperatura 283 293 303 323 353
o
K
ζ(N m−1 ) 74, 2 × 10−3 72, 8 × 10−3 71, 2 × 10−3 67, 9 × 10−3 62, 6 × 10−3
O1
R1
¶z
(z+ ¶ dl2)dl1
dq1 l2
O2
dq2 R2
zdl2
dl2 ¶z
(z+ ¶ l dl1)dl2
1
dl1
zdl1
n
= =
[n· τA ·n − n· τB ·n]dl1 dl2 = 2ζdl1 sen dθ2 /2 + 2ζdl2 sen θ1 /2 ' ζdl1 dθ2 + ζdl2 dθ1 , (4.67)
∂ζ ∂ζ
= dl1 dl2 e1 + dl1 dl2 e2 = ∇s ζdl1 dl2 , (4.71)
∂l1 ∂l2
donde ∇s ζ es el gradiente de la tensión superficial sobre la superficie de separación de ambos
fluidos.
Un resultado importante de (4.71) es que en reposo ζ debe ser constante en la interfase de
separación, ya que en ese caso la fuerza sobre la interfase posee sólo componente normal y, por
tanto, ∇s ζ = 0. Si ζ variase a lo largo de la interfase, por hacerlo, por ejemplo, la temperatura, el
equilibrio serı́a imposible. En caso contrario, ζ constante, el equilibrio es posible, τ = −pδij , y la
condición de equilibrio normal (4.68) o (4.70) se reduce entonces a:
µ ¶
1 1
pB − pA = ζ + = ζ ∇ · n, (4.72)
R1 R2
que se denomina ecuación de Laplace-Young. Para la aplicación de (4.72) conviene tener presente
que, en todo punto de la interfase, n apunta hacia el fluido A, y que el radio de curvatura Ri , (i =
1, 2) debe tomarse positivo si el centro de curvatura correspondiente está del lado del fluido B y
negativo en caso contrario.
La ecuación (4.72) puede ser obtenida mediante un planteamiento energético alternativo al de
equilibrio de fuerzas antes descrito. En efecto, el cambio de energı́a superficial en una superficie
dσ cuando ésta experimenta un cambio debido a un desplazamiento dξ en la dirección normal
a la superficie es ζ d(dσ), donde d(dσ) = ∇ · ndξ dσ. Por otra parte, el trabajo necesario para
deformar una superficie dσ aplicando una fuerza por unidad de superficie ∆p n normal a ella es
∆p n dσ · n dξ, donde dξ n es el desplazamiento de la superficie en la dirección normal. Igualando
ambas energı́as se obtiene la ecuación de Laplace-Young.
Finalmente, es de interés destacar el auge y relevancia que los fenómenos de tensión superficial
han experimentado recientemente como consecuencia de sus aplicaciones tecnológicas directas, por
ejemplo en los campos de la atomización fina de lı́quidos (producción de aerosoles con gotas de
tamaño micrométrico y nanométrico), producción de partı́culas complejas de tamaño nanoscópico
(nanotubos, nanofibras coaxiales, nanocápsulas, etc.), tecnologı́a de coloides, emulsiones y sur-
factantes entre otros. En la Figura 4.11 se muestra una fotografı́a del fenómeno conocido como
electrospray o atomización electro-hidrodinámica de lı́quidos.11 Obsérvese la forma cónica del me-
nisco lı́quido, metanol en este caso, resultante del balance entre las fuerzas de tensión superficial
y las electro-hidrodinámicas. El menisco estaba anclado a una aguja metálica capilar de medio
milı́metro de diámetro conectada a un potencial continuo de unos pocos kilovoltios. El micro-
chorro, eyectado desde el vértice del menisco, se hace inestable aguas abajo y rompe en gotas que
forman un spray monodisperso (gotas del mismo tamaño aproximadamente) debido a los efectos
de la tensión superficial. La inestabilidad capilar en un chorro de lı́quido será objeto de análisis en
un capı́tulo posterior.
11 Cortesı́a del Laboratorio de Mecánica de Fluidos, de la Universidad de Sevilla.
76 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
1 1
+ = constante, (4.73)
R1 R2
que corresponde a superficies de curvatura constante. Si además la interfase es libre (en el sentido
de que no está soportada a lo largo de ninguna lı́nea de contacto), la ecuación anterior indica que
la interfase es una superficie esférica, como es el caso de pequeñas burbujas y gotas. La superficie
de un hiperboloide de revolución es también de curvatura constante y es la forma que adopta
la interfase de un volumen pequeño, V , de lı́quido (puente lı́quido) confinado entre dos placas
paralelas separadas una distancia H menor que (πV )1/3 .12
En el caso más general en que los campos de fuerzas sean importantes, las distribuciones de
presión a cada lado de la superficie están dadas por la fluidoestática, ecuación (4.42). Por ejemplo,
si, como ocurre en muchas situaciones, las únicas fuerzas másicas son las gravitatorias,13 y las
densidades de ambos fluidos en contacto se pueden considerar constantes, se tiene
donde psi representa las presiones en cada una de las caras de la interfase zs , i = A, B representan
las fases separadas por la interfase y poi son las presiones que hay a un lado y otro de la interfase en
un punto de la misma que se toma como referencia y cuya cota es zo . Restando las dos ecuaciones
(4.74) y sustituyendo (4.72) en el resultado obtenido se llega finalmente a la ecuación diferencial
12 En el caso de que la distancia entre placas se aumentara por encima del valor (πV )1/3 , el puente lı́quido serı́a
inestable y resultarı́a en dos meniscos con forma esférica anclados en cada una de las placas.
13 La generalización a otros campos de fuerzas másicas, como los asociados al sistema no inercial del sistema de
referencia, es inmediata.
4.5. Tensión superficial 77
Dicha ecuación muestra que la forma de la interfase resulta de una competición entre los efectos de
la tensión superficial que, para unas condiciones de contorno dadas (volumen, ángulos de contacto,
etcétera), tienden a curvar la superficie minimizando su área, y los efectos gravitatorios, que tienden
a formar una interfase plana con todos sus puntos situados en la cota mı́nima (mı́nima energı́a
potencial) compatible con las condiciones de contorno. En efecto, sea L una longitud caracterı́stica
de la interfase y, para fijar ideas, supóngase que ésta posee una curvatura apreciable en el sentido
de que R1−1 + R2−1 ∼ L−1 y (z − zo ) ∼ L. Debido a las fuerzas gravitatorias, el orden de magnitud
del salto de presiones impuesto por las variaciones de altura de la interfase es
mientras que las sobrepresiones producidas por la tensión superficial son de orden
µ ¶
1 1 ζ
ζ + ∼ . (4.77)
R1 R2 L
El número de Bond,
|ρB − ρA | g L2
Bo = , (4.78)
ζ
mide, por tanto, la importancia relativa entre las fuerzas gravitatorias y las de tensión superficial.
Si dicho número es muy pequeño, Bo ¿ 1 (condición que se da en particular cuando la longitud L
es muy pequeña: meniscos, gotas, tubos capilares, etc., o en condiciones de ingravidez), las fuerzas
de tensión superficial son dominantes y la interfase adquiere, de acuerdo con (4.75) y (4.73), una
curvatura media constante. Por el contrario, si Bo À 1, la interfase, de longitud caracterı́stica
L, no pueded poseer una curvatura apreciable en su mayor parte, puesto que, de otra forma, las
variaciones de altura asociadas generarı́an diferencias de presiones entre ambos fluidos del orden
de | ρB − ρA | g L que, de acuerdo con la condición Bo À 1, no podrı́an ser soportadas por
la tensión superficial. En este caso, por tanto, las fuerzas gravitatorias son dominantes frente
a las de tensión superficial y la interfase es aproximadamente plana, zs ' zo , excepto, como
se verá posteriormente, muy cerca de la frontera que limita la interfase donde deben cumplirse
las condiciones de contorno apropiadas, lo que exige que las fuerzas de tensión superficial sean
comparables a las gravitatorias. Se denomina longitud capilar a la longitud para la que las fuerzas
de tensión superficial y gravitatorias se hacen del mismo orden de magnitud; es decir, la longitud
para la que el número de Bond es de orden unidad:
s
ζ
Lc = . (4.79)
|ρB − ρA | g
En el caso habitual de que uno de los fluidos (e.g. el 1) sea un gas y el otro un lı́quido se tiene
que ρB ¿ ρA = ρ, y la longitud capilar viene dada por Lc = [ζ/(ρ g)]1/2 . Para agua-aire a
20 o C Lc = 0,272 cm sobre la superficie de la Tierra. Obsérvese que cuanto menor es la gravedad
mayor es la longitud capilar. Ese es el caso de lı́quidos embarcados a bordo de satélites orbitando
alrededor de la Tierra, para los que la gravedad se reduce en dos o tres órdenes de magnitud; en
estas condiciones de gravedad reducida, el volumen de lı́quido que puede confinarse por tensión
superficial es mucho mayor que en la Tierra.
78 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
2a
H
una presión en el lı́quido, justo debajo de la interfase, menor que la atmosférica, por lo que el
lı́quido asciende por el tubo hasta una altura H para la cual se restablece el equilibrio de fuerzas
(naturalmente, si θ > π/2 se crea una sobrepresión debajo de la interfase que hace que el lı́quido
descienda).
Se dice que el conducto es capilar si se verifica que el número de Bond es muy pequeño,
ρ g a2
Bo = ¿ 1, (4.80)
ζ
donde a es el radio interior del conducto. En este caso, al ser las fuerzas gravitatorias despreciables,
la forma de la superficie vendrá determinada por la ecuación
µ ¶
1 1
ζ + = pa − pl , (4.81)
R1 R2
donde pa es la presión del aire y pl la presión en el lı́quido justo debajo de la interfase. Obsérvese
que la ecuación anterior indica que la interfase es una superficie de curvatura constante, y, por
tanto, será R1 = R2 = R, es decir, un casquete esférico de radio R. Se tiene entonces
2ζ
= pa − pl , (4.82)
R
que junto con cos θ = a/R proporciona
2 ζ cos θ
= pa − pl . (4.83)
a
La altura H a la que asciende el lı́quido por el capilar se calcula fácilmente de (4.83) y de la
distribución de presiones en el lı́quido p + ρ g z = constante. En efecto, si se toma el origen de
alturas en la superficie libre del lı́quido sin perturbar se tiene
p + ρ g z = pa y pl = pa − ρ g H (4.84)
y de (4.83) y (4.84) se tiene
2 ζ cos θ
H= . (4.85)
ρga
4.5. Tensión superficial 79
Gravedad dominante
Considérese el problema de determinar la superficie de separación aire-agua de un volumen V
de lı́quido contenido en un depósito cilı́ndrico, abierto a la atmósfera, de radio R grande comparado
con la longitud capilar (ζ/ρ g)1/2 , Figura 4.13. La ecuación diferencial que satisface la superficie
H 0 (Öz/gr)
Figura 4.13: Depósito bidimensional de dimensiones grandes comparadas con la longitud capilar.
libre es
ζ ∇ · n − ρ g zs = C, (4.86)
o en coordenadas cilı́ndricas
· ¸
1 d żs
ζ r − ρ gzs = C, (4.87)
r d r (1 + żs2 )1/2
A distancias de la pared del depósito grandes comparadas con la longitud capilar, las fuerzas
gravitatorias son dominantes y el primer sumando del primer miembro de la ecuación (4.87) es
despreciable. La solución es entonces zs = −C/(ρ g), y de la condición (4.89) se obtiene zs =
ρ g V /(π R2 ) = ρ g H, donde H es la altura de la superficie libre. Naturalmente, la solución zs = H
no es válida en una región muy estrecha (capa lı́mite) adyacente a la pared cuyo espesor es, como
veremos, del orden de la longitud capilar y donde, como se ha señalado más arriba, las fuerzas de
tensión superficial se hacen tan importantes como las fuerzas gravitatorias. Para obtener la forma
14 Véase el pie de página 9.
80 Capı́tulo 4. Fuerzas macroscópicas sobre los fluidos. Fluidoestática
de la interfase en la capa lı́mite cerca de la pared es conveniente escribir las ecuaciones en términos
de las variables adimensionales
R−r zs − H
ξ= y η= , (4.90)
² ²
donde ², que tiene dimensiones de longitud, es mucho menor que R y debe escogerse de forma que,
en una región de orden ² adyacente a la pared del depósito, las fuerzas de tensión superficial sean
del mismo orden que las gravitatorias. p
Sustituyendo (4.90) en (4.87) y (4.88) y escogiendo ² = ζ/(ρ g) se obtiene
· ¸
d η̇ η̈
−η = − η = 0, (4.91)
d ξ (1 + η̇ 2 )1/2 (1 + η̇ 2 )3/2
junto con las condiciones
η̇(∞) = 0, η̇(0) = − cot θ. (4.92)
Obsérvese que al ser la capa capilar de la pared tan delgada (del orden de la longitud capilar,
mucho menor que el radio), el problema matemático se ha convertido en un problema plano como
muestra la ecuación (4.91); por otra parte, tomando como unidad la longitud capilar el eje del
recipiente cilı́ndrico se encuentra muy lejos de la pared (en primera aproximación en el infinito)
como se expresa en la primera de las condiciones (4.92).
Multiplicando la ecuación (4.91) por η̇, integrando una vez e imponiendo la primera de las
condiciones (4.92) se obtiene
1 η2
+ = 1. (4.93)
(1 + η̇ 2 )1/2 2
Obsérvese que si se impone en (4.93) la condición de contorno en la pared se obtiene inmediatamente
la altura que en ella alcanza la interfase,
ρ g (zs − H) p
η(0) = = ± 2(1 − sen θ), (4.94)
ζ
donde el signo + (−) se aplica si θ < π/2 (θ > π/2). Además, si se despeja η̇ de (4.93) y se separan
variables en la ecuación diferencial resultante se obtiene la relación
Z η
2 − η2
ξ= p dη (4.95)
2
η(0) η 4 − η
dondepla integral del segundo miembro puede integrarse fácilmente mediante el cambio de variable
y = 4 − η 2 ; llevando a cabo la integración se obtiene la ecuación de la interfase η(ξ) en la capa
de la pared
" p p #
p p 1 2 + 4 − η2 2 − 2(1 + sen θ)
ξ= 2
2(1 + sen θ) − 4 − η + ln p p . (4.96)
2 2 + 2(1 + sen θ) 2 − 4 − η2
Para la resolución de este problema se ha hecho uso de la técnica de los desarrollos asintóticos
acoplados, extensamente empleada en la Mecánica de Fluidos. Aquı́, se ha explotado el hecho de
que las fuerzas de tensión superficial son poco importantes cuando uno se aleja a varias distancias
de la pared y la superficie libre es por tanto plana, mientras que existe una capa muy delgada ad-
yacente a la pared donde los efectos de tensión superficial se hacen importantes y deben retenerse.
4.5. Tensión superficial 81
Ecuaciones generales
de la Mecánica de Fluidos
5.1. Introducción
Se deducirán en lo que sigue las ecuaciones generales de los movimientos fluidos tanto en forma
diferencial, denominadas ecuaciones de Navier-Stokes, como en forma integral. Dichas ecuaciones
se obtienen a partir de los principios de conservación de masa, cantidad de movimiento y energı́a
aplicados a volúmenes fluidos. En primer lugar se obtendrán las ecuaciones en forma diferencial
mediante la aplicación de dichos principios a volúmenes fluidos infinitesimales. Posteriormente se
extenderán los principios de conservación a volúmenes fluidos finitos, lo que dará lugar a ecuacio-
nes en forma integral que resultan útiles para obtener información de cantidades fı́sicas globales
(variación de la masa, fuerza sobre un obstáculo, etc.) en determinados problemas fluidomecáni-
cos. Las ecuaciones de conservación en forma diferencial expresan las relaciones entre las derivadas
espaciales y temporales de las variables fluidas que, de acuerdo con los principios de conservación,
deben verificarse en cada instante de tiempo y en cada punto fijo del espacio que pertenezca al
dominio fluido. Para su deducción se considerará un volumen fluido infinitesimal (partı́cula fluida)
que en el instante t ocupa una región d Ωf (t) limitada por la superficie fluida d Σf (t) como se
=
muestra en la Figura 5.1. Si n, τ y v son la normal exterior unitaria, el tensor de esfuerzos y la
velocidad en un punto cualquiera de la superficie fluida d Σf (t), la fuerza ejercida y la potencia
que ésta realiza sobre la unidad de superficie de orientación n que pasa por dicho punto son res-
= = = =
pectivamente n· τ = −p n + n· τ 0 y n· τ ·v = −p v · n + n· τ 0 ·v. Análogamente, si ρ, fm y v son la
densidad, el vector de fuerzas másicas y la velocidad en un punto cualquiera del interior de d Ωf (t),
la fuerza másica que actúa sobre la unidad de volumen que contiene a dicho punto es ρ fm y ρ fm · v
es la potencia realizada por dicha fuerza. Asimismo, si q es el vector flujo de calor en un punto de
d Σf (t), el calor por conducción que recibe la partı́cula fluida en la unidad de tiempo a través de la
unidad de superficie que pasa por dicho punto es −q·n; por generalidad, se considerará además que
la unidad de volumen que contiene a un punto del interior de d Ωf (t) recibe en la unidad de tiempo
un calor por radiación, Qr , y un calor por reacción quı́mica Qq . Sin embargo, la cuantificación de
Qr y Qq como función de las variables termodinámicas de estado no se abordará en este libro por
corresponder a disciplinas más especializadas que estudian la interacción radiación-materia y la
dinámica de flujos reactantes (gases a altas temperaturas y combustión).
83
84 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
d S f (t) q
d W (t) n
f
Q r , Q q
v n t= = - p n + n t= ´
x
r f m
Figura 5.1: Acciones dinámicas y energéticas locales en puntos genéricos de la superficie y del
volumen de una partı́cula fluida que en el instante t se encuentra en el entorno de un punto fijo x.
∇ · (ρ v) = 0, (5.4)
que expresa que el flujo convectivo neto de masa a través de la superficie que encierra la unidad
de volumen es nulo. Para lı́quidos, que como es sabido se comportan como fluidos incompresibles
5.1. Introducción 85
∇ · v = 0, (5.5)
∂(−p δij ) ∂τ 0 ij ∂p ∂τ 0 ij =
+ =− + = [−∇p + ∇· τ 0 ]j .
∂xi ∂xi ∂xj ∂xi
La ecuación (5.10) dividida por ρ expresa que la aceleración de la unidad de masa es igual a la
resultante de las fuerzas, de superficie (presión y viscosidad) y másicas que actúan sobre ella. Una
interpretación alternativa se obtiene sumando a la ecuación (5.10) la de continuidad multiplicada
por v, se obtiene entonces
∂(ρ v) =
+ ∇ · (ρ v v) = −∇ p + ∇· τ 0 +ρ fm , (5.11)
∂t
86 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
Dv = 2
ρ = −∇ p + ∇ · (2 µ γ ) + ∇[(µv − µ)∇ · v] + ρ fm . (5.12)
Dt 3
Obsérvese que en un movimiento fluido donde las fuerzas de viscosidad sean despreciables, las
másicas deriven de un potencial, fm = −∇U , y, además, el movimiento sea barótropo (∇ω = ∇p/ρ,
véase 4.5.1), la aceleración deriva de un potencial
Dv
= −∇(ω + U ). (5.13)
Dt
Se demostrará más adelante que si se verifica (5.13) y el movimiento es inicialmente irrotacional,
permanece irrotacional (la velocidad deriva de un potencial) en cualquier instante posterior. Esto
es debido a que si se verifican las condiciones que dan lugar a (5.13) no existe ningún mecanismo
fı́sico (fuerzas o pares de fuerzas) que cambien el momento cinético (velocidad angular, vorticidad)
de las partı́culas fluidas.
La ecuación (5.12) puede simplificarse en el caso en que los coeficientes de viscosidad sean inde-
pendientes de la temperatura como sucede en muchas situaciones de interés práctico en los que las
diferencias de temperaturas son despreciables y los coeficientes de viscosidad pueden considerarse
constantes con gran aproximación. Para lı́quidos de viscosidad constante se tiene
0 µ ¶
∂ τij ∂ ∂ vi ∂ vj ∂ 2 vj
=µ + =µ , (5.14)
∂ xi ∂ xi ∂ xj ∂ xi ∂ x2i
=
o ∇· τ 0 = µ ∇2 v y, en el caso de que las fuerzas másicas deriven de un potencial, fm = −∇ U , la
ecuación (5.12) se escribe
Dv
ρ = −∇(p + ρ U ) + µ ∇2 v. (5.15)
Dt
Obsérvese que la presión reducida p + ρ U juega en esta situación el mismo papel en el movimiento
que la presión estática (termodinámica) p en ausencia de fuerzas másicas.
Asimismo, el calor total aportado al volumen fluido en la unidad de tiempo viene dado por
Z Z
−n · q d σ + (Qr + Qq ) d $ =
d Σf (t) d Ωf (t)
Z
(−∇ · q + Qr + Qq )d $ = (−∇ · q + Qr + Qq ) d Ω. (5.17)
d Ωf (t)
D (e + v 2 /2) =
ρ = ∇ · ( τ ·v) + ρ fm · v − ∇ · q + Qr + Qq , (5.19)
Dt
ecuación que dividida por ρ expresa que la variación con el tiempo que experimenta en su mo-
vimiento la energı́a total de la unidad de masa de fluido es igual a la potencia realizada por las
fuerzas de superficie y másicas que actúan sobre ella más los calores que, por unidad tiempo, recibe
por conducción, radiación y reacción quı́mica.
Si a la ecuación (5.19) se le suma la de continuidad (5.3) multiplicada por (e + v 2 /2), y se tiene
= = =
en cuenta la descomposición τ = −p I + τ 0 y la Ley de Fourier q = −K ∇ T , se obtiene la ecuación
· µ ¶ ¸
∂ 2 v2 =
[ρ(e + v /2)] + ∇ · ρ e + v = −∇ · (p v) + ∇ · (τ 0 ·v)+
∂t 2
ρ fm · v + ∇ · (K ∇ T ) + Qr + Qq , (5.20)
que expresa que la variación en la unidad de tiempo de la energı́a total contenida en la unidad de
volumen más el flujo convectivo de energı́a total que la abandona es igual a la potencia que sobre
él realizan las fuerzas de presión, viscosidad y másicas más los calores por unidad de tiempo que
se le aportan por conducción, radiación y reacción quı́mica.
Para obtener un conocimiento más profundo de la ecuación de la energı́a y del papel que juega
cada uno de los términos involucrados en ella, conviene desglosar dicha ecuación en otras dos que
gobiernan las energı́as interna y mecánica y desarrollar, utilizando las ecuaciones termodinámicas
de estado, formas alternativas de las ecuaciones de la energı́a interna y total que pueden ser
útiles dependiendo de la naturaleza del problema fluidomecánico analizado. Por ejemplo, la energı́a
mecánica se obtiene multiplicando escalarmente la ecuación de cantidad de movimiento (5.10) por
la velocidad v
D(v 2 /2) =
ρ = −v · ∇ p + v · (∇· τ 0 ) + ρ fm · v; (5.21)
Dt
esta ecuación dividida por ρ expresa que la variación con el tiempo que experimenta en su movi-
miento la energı́a cinética de la unidad de masa es igual a la resultante de las fuerzas que actúan
sobre ella multiplicada escalarmente por la velocidad del punto al que se asigna su posición (por
ejemplo, su centro de gravedad). Éste serı́a el trabajo por unidad de tiempo de las fuerzas que
actúan sobre la unidad de masa si toda la partı́cula se trasladara en el instante considerado con
dicha velocidad, v(x, t), como un sólido rı́gido (es decir, con velocidad uniforme). Naturalmente,
éste no es todo el trabajo de las fuerzas de superficie, ya que la partı́cula fluida se deforma bajo
la acción de estas fuerzas que son responsables del trabajo de deformación. Este trabajo adicional
junto con el calor recibido se invierte en variar la energı́a interna de la partı́cula fluida. En efecto,
88 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
D(h + v 2 /2) ∂p =
ρ = ρ fm · v + + ∇ · (τ 0 ·v) + ∇ · (K ∇ T ) + Qr + Qq . (5.24)
Dt ∂t
Obsérvese que si las fuerzas másicas derivan de un potencial, fm = −∇ U , y se suma el término
ρ ∂ U /∂ t a los dos miembros de la ecuación (5.24), se obtiene
D(h + v 2 /2 + U ) ∂p ∂U =
ρ = +ρ + ∇ · (τ 0 ·v) + ∇ · (K ∇ T ) + Qr + Qq , (5.25)
Dt ∂t ∂t
ecuación que expresa que en un movimiento estacionario, sin adición de ningún tipo de calor y si el
trabajo de las fuerzas de viscosidad es despreciable, la cantidad h + v 2 /2 + U se mantiene constante
a lo largo de las lı́neas de corriente del movimiento fluido.
Finalmente la ecuación de la entropı́a puede obtenerse haciendo uso de la primera ley de la
Termodinámica para fluidos localmente en equilibrio
DS De D(1/ρ)
T = +p , (5.26)
Dt Dt Dt
y de la ecuación de continuidad (5.2). La ecuación de la entropı́a se escribe
D S =0
ρT =τ : ∇ v + ∇ · (K ∇ T ) + Qr + Qq . (5.27)
Dt
Esta ecuación indica que la entropı́a de una partı́cula fluida aumenta debido al calor que recibe por
conducción, radiación y reacción quı́mica y al trabajo de deformación de las fuerzas de viscosidad.
Es fácil demostrar que este trabajo, que representa la energı́a mecánica disipada en calor, no puede
ser negativo. En efecto, teniendo en cuenta que ∂ vi /∂ xj = γij + ξij , la ley de Navier-Poisson
0 0
τij = 2 µ γij + (µv − 2 µ/3)∇ · v δij y que τij ξij = 0 por la doble contracción de un tensor simétrico
con uno antisimétrico, se obtiene
=
µ ¶
2
τ 0 : ∇v = τij
0
γij = 2 µ γij γij + µv − µ (∇ · v)2 ≥ 0, (5.28)
3
5.2. Consideraciones generales sobre las ecuaciones de Navier-Stokes 89
donde se ha usado la igualdad γij δij = γii = ∇ · v. Por otra parte, el segundo miembro de
(5.28) es positivo o nulo, ya que 2 µ γij γij ≥ 23 µ(∇ · v)2 como se comprueba si se escribe 2 γij =
∂ vi /∂ xj + ∂ vj /∂ xi y se desarrolla la doble contracción.
Finalmente, si se divide (5.27) por la temperatura y se suma a la ecuación resultante la de
continuidad multiplicada por S se obtiene
µ ¶ =
∂ K ∇T Qr + Qq τ 0 : ∇ v K|∇ T |2
(ρ S) + ∇ · (ρ S v) = ∇ · + + + , (5.29)
∂t T T T T2
donde se ha tenido en cuenta que [∇·(K ∇ T )]/T = ∇·(K ∇ T /T )+K|∇ T |2 /T 2 . La ecuación (5.29)
relaciona la variación en la unidad de tiempo de la entropı́a contenida en la unidad de volumen
con las variaciones debidas al flujo de entropı́a que por convección la abandona, a los calores por
unidad de tiempo recibidos por conducción, radiación y reacción quı́mica, y a la contribución (nunca
negativa) de los procesos de disipación de energı́a mecánica en calor (fricción) y de conducción de
calor asociados a gradientes de velocidades y temperaturas en el interior de la unidad de volumen
respectivamente.
∇ · v = 0, (5.37)
90 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
∂v
ρ + ρv · ∇v = −∇p + µ∇2 v + ρfm , (5.38)
∂t
∂e ==
ρ + ρ v · ∇ e = 2µ γ :γ +K ∇2 T + Qr + Qq , (5.39)
∂t
junto con la ecuación de estado
Z T
e − eo = c(T ) d T. (5.40)
To
Como se ve, si la densidad del fluido es constante, no sólo se reduce en una unidad el número
de incógnitas de las ecuaciones del movimiento, sino que, además, se desacoplan los fenómenos
puramente mecánicos de los térmicos (para el cálculo de la presión y de la velocidad bastan la
ecuación de continuidad y las tres de cantidad de movimiento); una vez determinado el campo
de velocidades, la ecuación de la energı́a junto con la ecuación de estado permite el cálculo del
campo de temperaturas. Si se desprecia la variación del calor especı́fico con la temperatura (lı́quido
perfecto), la ecuación de la energı́a es lineal en T :
∂T ==
ρc + ρ c v · ∇ T = 2µ γ :γ +K∇2 T + Qr + Qq . (5.41)
∂t
En el Apéndice 5.I se detalla la forma de las ecuaciones de Navier-Stokes en diferentes sistemas
de coordenadas y en el 5.II se generalizan las ecuaciones de Navier-Stokes al caso de mezclas
reactantes.
Cuando el fluido esté limitado por una pared sólida impermeable deberán cumplirse sobre
ésta unas condiciones cinemáticas y energéticas. Se impondrá, de acuerdo con la experiencia, la
condición de adherencia; es decir, la velocidad del fluido en contacto con la pared sólida es igual
a la velocidad de la pared. También se supondrá que la temperatura del fluido en contacto con la
pared es la temperatura de la pared:
v = vs , T = Ts . (5.42)
5.3. Ecuaciones de conservación en forma integral 91
Además, si la superficie de la pared sólida no absorbe ni emite calor por radiación, el balance
energético en la superficie demuestra que el calor que sale de la superficie hacia el fluido por
conducción es el mismo que el que llega desde el sólido
¯ ¯
∂T ¯¯ ∂T ¯¯
q · n = −K = qs · ns = −Ks , (5.43)
∂n ¯fluido ∂n ¯sólido
que expresa que la variación con el tiempo de la masa contenida en un volumen fluido finito es
nula o, lo que es lo mismo, la variación en la unidad de tiempo de la masa contenida en el volumen
de control Ωc (t) que en el instante t coincide con el volumen fluido más el flujo convectivo neto de
masa a través de su superficie Σc (t) es igual a cero.
92 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
Análogamente, la segunda ley de Newton para un volumen de control variable con el tiempo se
escribe
Z Z Z =
Z
d
ρvd$ + ρ v(v − vc ) · n d σ = (−p n + n· τ 0 )d σ + ρ fm d $, (5.46)
d t Ωc (t) Σc (t) Σc (t) Ωc (t)
donde x representa el vector de posición relativo al punto respecto al cual se toman momentos.
En el caso de lı́quidos resulta de utilidad en muchos casos la forma integral de la ecuación
de energı́a mecánica, que resulta de (5.21) teniendo en cuenta que −v · ∇ p = ∇ · (−p v), al ser
= = =
∇ · v = 0, y, v · ∇· τ 0 = ∇ · (τ 0 ·v)− τ 0 : ∇ v; para un volumen de control variable con el tiempo se
obtiene la ecuación
Z Z Z =
d 1 2 1 2
ρv d$ + ρv (v − vc ) · n d σ = (−p v · n + n· τ 0 ·v)d σ−
d t Ωc (t) 2 Σc (t) 2 Σc (t)
Z =
Z
0
τ : ∇vd$ + ρ fm · v d $, (5.48)
Ωc (t) Ωc (t)
Esta ecuación relaciona la variación de la energı́a total en el interior del volumen de control con
el flujo de energı́a total que por convección lo abandona a través de su superficie, con los trabajos
por unidad de tiempo de las fuerzas de superficie y másicas, y los calores por unidad de tiempo
aportados por conducción, radiación y reacción quı́mica. Una expresión alternativa a (5.49), que
resulta particularmente útil en procesos estacionarios, se obtiene sin más que desdoblar el trabajo
de las fuerzas de superficie por unidad de área y tiempo, en el debido a las fuerzas de presión y a
= =
las de viscosidad, n· τ ·v = −p n · v + n· τ 0 ·v y utilizar la variable entalpı́a h = e + p/ρ; se llega
entonces a la ecuación
Z Z
d 2
ρ(e + v /2)d $ + ρ(h + v 2 /2) (v − vc ) · n d σ =
d t Ωc (t) Σc (t)
5.4. Métodos de estudio de los problemas fluidomecánicos 93
Z Z =
Z
0
−p vc · n d σ + n· τ ·v d σ + ρ fm · v d $+
Σc (t) Σc (t) Ωc (t)
Z Z
K ∇T · ndσ + (Qr + Qq ) d $, (5.50)
Σc (t) Ωc (t)
y de las tres coordenadas espaciales, para el cálculo de las tres componentes de la velocidad,
temperatura y densidad, o de cualquier otra magnitud termodinámica que se exprese mediante
ellas. El sistema es de segundo orden en las derivadas espaciales de la velocidad y de la temperatura
y de primer orden en las restantes. Además, para que un problema concreto quede determinado, es
necesario fijar las condiciones iniciales y de contorno que corresponden al mismo, las cuales pueden
revestir formas muy variadas: fluidos en contacto con paredes u otros fluidos, superficies libres, etc.
Para ilustrar la complejidad del sistema de ecuaciones de Navier-Stokes basta con decir que el
número de casos para los que se dispone de soluciones exactas es de unos 80,1 la inmensa mayorı́a de
los cuales se refieren a un fluido incompresible y a situaciones que guardan un interés marginal con
los problemas fundamentales de la Mecánica de Fluidos. A lo anterior, hay que añadir que se conoce
relativamente poco acerca de la existencia, unicidad y continuidad de las soluciones del problema de
valores iniciales y de contorno planteado anteriormente. Naturalmente, dicho conocimiento depende
siempre del espacio funcional en el que se busca la solución y del tipo de solución que se admita,
aunque, como se verá, no existe una respuesta general al problema de la existencia y unicidad de
las soluciones de las ecuaciones de la Mecánica de Fluidos ni si esas soluciones, caso de que existan,
son o no estables.2
Por ejemplo, se ha demostrado que para un fluido incompresible sometido a fuerzas másicas
que derivan de un potencial, existe solución única al movimiento no estacionario (cumpliendo unas
condiciones iniciales y de contorno). Esta solución depende de forma continua de las condiciones
iniciales y de contorno durante un intervalo de tiempo que es función de las condiciones iniciales y
de contorno. Este intervalo de tiempo puede ser infinito si el número adimensional Re = ρ V L/µ
(donde Re es el número de Reynolds y ρ, V , L y µ son densidad, velocidad, longitud y viscosidad
caracterı́sticas del problema) es menor que un cierto valor caracterı́stico del movimiento. Si el
número de Reynolds es mayor que ese valor caracterı́stico, al cabo de un cierto tiempo el movimiento
toma un carácter aleatorio e irregular con rápidas fluctuaciones espaciales y temporales de las
magnitudes fluidas que se denomina movimiento turbulento.
Para ilustrar más el punto anterior, considérese un movimiento fluido con condiciones de con-
torno estacionarias. Serı́a de esperar que, partiendo de unas ciertas condiciones iniciales y al cabo
de un tiempo suficientemente grande, se alcanzase la solución estacionaria correspondiente a di-
chas condiciones de contorno. Sin embargo, sucede que dicha solución estacionaria es inestable si el
número de Reynolds del movimiento es mayor que un cierto valor crı́tico, y la solución estacionaria
no se alcanza nunca; es más, imaginando que de alguna forma se pudiese partir de la solución
estacionaria, el movimiento al cabo de un cierto tiempo se harı́a turbulento, ya que cualquier
perturbación en el campo fluido tenderı́a a destruir la solución estacionaria.
Las ecuaciones de Navier-Stokes describen también, al menos desde un punto de vista teórico,
el movimiento turbulento de los fluidos; sin embargo, desde un punto de vista práctico resulta
imposible seguir detalladamente a una partı́cula fluida en sus rápidas fluctuaciones turbulentas.
Una forma de abordar el problema consiste en el tratamiento estadı́stico de las ecuaciones de
Navier-Stokes, pero entonces las ecuaciones promediadas junto con las condiciones iniciales y de
contorno dejan de constituir un problema matemático bien puesto (mayor número de incógnitas
que de ecuaciones) y no bastan para determinar el movimiento; es necesario, entonces, completar
las ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos con ciertas hipótesis fenomenológicas de tipo
estadı́stico. El estudio de las corrientes turbulentas será abordado en la última parte de este libro.
Para eludir la dificultad que plantea una situación como la de las ecuaciones de Navier-Stokes,
se siguen dos alternativas. La primera consiste en el empleo de modelos simplificados, bien sea
1
R. Berker, Handbuch der Physik, VIII-2, Springer-Verlag, Berlı́n, 1963.
2
Para una discusión detallada del tema se remite al lector al libro de O. A. Ladyzhenskaya The Mathematical
Theory of Viscous Incompressible Flow, Gordon and Breach, 1963, y O. A. Ladyzhenskaya, Mathematical Analysis
of Navier-Stokes Equations for Incompressible Liquids, en Annual Review of Fluid Mechanics, vol. 7, pp. 249-272,
1975.
5.4. Métodos de estudio de los problemas fluidomecánicos 95
de las propiedades del fluido, bien del tipo de movimiento considerado, y hace uso de técnicas
analı́ticas y numéricas para la resolución de los problemas planteados. La segunda consiste en el
recurso al método experimental bajo la guı́a de la semejanza dinámica, para reducir el número de
experimentos e interpretar debidamente los resultados.
El empleo de modelos simplificados, bien de las propiedades del fluido (densidad constante,
viscosidad pequeña, etcétera), bien del tipo de movimiento considerado (bidimensional, estacio-
nario, etcétera), constituye un recurso teórico de una fecundidad extraordinaria. En efecto, uno
de los modelos más fructı́feros es el de suponer el fluido incompresible (densidad constante) que
se cumple con gran aproximación en el movimiento de lı́quidos y en el flujo de gases a bajas ve-
locidades. En este caso, se reduce el número de incógnitas (ρ es conocida) y si la viscosidad se
supone constante, los problemas mecánico y térmico se desacoplan y la complejidad del problema
se reduce sustancialmente.
Otro modelo simplificado muy importante en la Mecánica de Fluidos es el modelo de fluido
ideal que supone despreciables los efectos disipativos (viscosidad y conducción de calor) en las
ecuaciones del movimiento. La relevancia histórica de esta hipótesis queda patente no sólo en el
hecho de que las ecuaciones del movimiento para el fluido ideal fueran establecidas por Euler casi un
siglo antes de la formulación de las ecuaciones de Navier-Stokes, sino también en la gran fecundidad
de ideas que ha originado, especialmente con la Teorı́a de Capa Lı́mite a principios de este siglo.
La hipótesis de fluido ideal se aplica en muchos problemas debido a que una fracción importante de
los fluidos presentes en la naturaleza, ası́ como muchos otros de interés tecnológico, entre los que
se incluyen el aire y el agua, tienen viscosidades y conductividades térmicas muy pequeñas, con
lo que los efectos disipativos son despreciables, salvo en problemas muy especiales o en regiones
muy limitadas del fluido (ondas de choque, capas lı́mites, estelas, etc.); lo que no quiere decir que
estas regiones donde los efectos disipativos son importantes sean irrelevantes, ya que muchas veces
condicionan la totalidad del movimiento fluido. El empleo del modelo de fluido ideal introduce
una simplificación fundamental en las ecuaciones de Navier-Stokes: desaparecen los términos que
=
contienen las derivadas de mayor orden (∇· τ 0 y ∇ · q) y, por tanto, no se puede imponer, entre
otras, la condición de no deslizamiento en una superficie sólida. Esto hace que la solución de un
problema con el modelo ideal sea esencialmente distinta que la solución del mismo problema con
un fluido real, al menos en la inmediata proximidad del contorno, incluso cuando se hace tender a
cero el coeficiente de viscosidad en la solución viscosa, cuyo lı́mite cabrı́a esperar que proporcionase
la solución correspondiente al fluido ideal. Esta dificultad, que originó gran controversia y algunas
paradojas a finales del siglo pasado, la solventó Prandtl en 1904 con la introducción del concepto
de capa lı́mite.
En el lı́mite opuesto, si se desprecian las fuerzas de inercia convectiva frente a las de viscosidad
en las ecuaciones de Navier-Stokes, se obtiene un modelo simplificado lineal de extraordinaria
aplicación a flujos que tienen lugar en conductos de pequeño diámetro, en pelı́culas lı́quidas delgadas
(como ocurre, por ejemplo, en la lubricación fluidomecánica), en los movimientos de pequeñas
partı́culas suspendidas en el seno de fluidos (aerosoles e hidrosoles).
El aumento espectacular en la velocidad y en la capacidad de memoria de los modernos compu-
tadores ha conducido a la aparición de la Mecánica de Fluidos computacional, que complementa las
actividades teóricas y experimentales de la Mecánica de Fluidos y que suministra una herramienta
efectiva para simular corrientes reales a un coste económico razonable. Para la resolución de las
ecuaciones de Navier-Stokes se utilizan métodos numéricos muy diversos, algunos de ellos desarro-
llados especı́ficamente para resolver problemas fluidomecánicos. No obstante, la mayor dificultad
de los métodos numéricos aparece ligada a la estabilidad dinámica de las ecuaciones, que da lugar a
fenómenos de turbulencia para valores del número de Reynolds por encima de un valor denominado
crı́tico. En estas situaciones, el tiempo de computación aumenta espectacularmente con el número
de Reynolds. A pesar de ello, y debido a la rapidez y capacidad de memoria de los modernos
96 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
APÉNDICE 5.I
ECUACIONES DE NAVIER-STOKES
EN DIFERENTES SISTEMAS DE COORDENADAS
COORDENADAS CARTESIANAS
CONTINUIDAD
Dρ ∂vi D ∂ ∂
+ρ = 0; = + vj
Dt ∂xi Dt ∂t ∂xj
CANTIDAD DE MOVIMIENTO
· µ ¶¸ ·µ ¶ ¸
Dvi ∂p ∂ ∂vi ∂vj ∂ 2 ∂vk
ρ =− + ρfmi + µ + + µv − µ
Dt ∂xi ∂xj ∂xj ∂xi ∂xi 3 ∂xk
ENERGÍA TOTAL
· µ ¶¸
D(e + v 2 /2) ∂(pvi ) ∂ ∂vi ∂vj
ρ =− + ρfmi vi + µvi + +
Dt ∂xi ∂xj ∂xj ∂xi
·µ ¶ ¸
∂ 2 ∂vk
µv − µ vi
∂xi 3 ∂xk
ENERGÍA INTERNA
µ ¶
De ∂vi ∂ ∂T
ρ = −p + φv + K
Dt ∂xi ∂xi ∂xi
µ ¶ µ ¶
∂vi ∂vj ∂vi 2 ∂vi ∂vk
φv = µ + + µv − µ =
∂xj ∂xi ∂xj 3 ∂xi ∂xk
µ ¶
2 ∂vi ∂vk
2µγij γij + µv − µ
3 ∂xi ∂xk
ENTALPÍA
µ ¶
Dh Dp ∂ ∂T
ρ = + K + φv
Dt Dt ∂xi ∂xi
98 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
ENTROPÍA
µ ¶
DS ∂ ∂T
ρT = φv + K
Dt ∂xi ∂xi
COORDENADAS CILÍNDRICAS
D ∂ ∂ vθ ∂ ∂
= + vr + + vz
Dt ∂t ∂r r ∂θ ∂z
CONTINUIDAD
Dρ
+ ρ∇ · ~v = 0
Dt
· ¸ · µ ¶ ¸
Dvr vθ2 ∂p ∂ ∂vr 2
ρ − = ρfmr − + 2µ + µv − µ ∇ · ~v +
Dt r ∂r ∂r ∂r 3
· µ ¶¸ · µ ¶¸ µ ¶
1 ∂ 1 ∂vr ∂vθ vθ ∂ ∂vr ∂vz 2µ ∂vr 1 ∂vθ vr
µ + − + µ + + − −
r ∂θ r ∂θ ∂r r ∂z ∂z ∂r r ∂r r ∂θ r
· ¸ · µ ¶ µ ¶ ¸
Dvθ vr vθ 1 ∂p 1 ∂ 2µ ∂vθ 2
ρ + = fmθ − + vr + + µv − µ ∇ · ~v +
Dt r r ∂θ r ∂θ r ∂θ 3
· µ ¶¸ · µ ¶¸ · ¸
∂ 1 ∂vz ∂vθ ∂ 1 ∂vr ∂vθ vθ 2µ 1 ∂vr ∂vθ vθ
µ + + µ + − + + −
∂z r ∂θ ∂z ∂r r ∂θ ∂r r r r ∂θ ∂r r
· µ ¶ ¸
Dvz ∂p ∂ ∂vz 2
ρ = fmz − + 2µ + µv − µ ∇ · ~v
Dt ∂z ∂z ∂z 3
5.I. Ecuaciones de Navier-Stokes en diferentes sistemas de coordenadas 99
· µ ¶¸ · µ ¶¸
1 ∂ ∂vr ∂vz ∂ 1 ∂vz ∂vθ
+ µr + + µ +
r ∂r ∂z ∂r r∂θ r ∂θ ∂z
ENERGÍA
µ ¶ µ ¶ µ ¶
De 1 ∂ ∂T 1 ∂ ∂T ∂ ∂T
ρ = −p∇ · ~v + φv + Kr + 2 K + K
Dt r ∂r ∂r r ∂θ ∂θ ∂θ ∂z
( "µ ¶2 µ ¶2 µ ¶2 # µ ¶2
∂vr 1 ∂vθ vr ∂vz 1 ∂vz ∂vθ
φv = µ 2 + + + + + +
∂r r ∂θ r ∂z r ∂θ ∂z
µ ¶2 µ ¶2 ) µ ¶· ¸2
∂vr ∂vz 1 ∂vr ∂vθ vθ 2 ∂vr 1 ∂vθ vr ∂vz
+ + + − + µv − µ + + +
∂z ∂r r ∂θ ∂r r 3 ∂r r ∂θ r ∂z
· ¸
D vθ vr vθ 1 ∂p 2 ∂ vr vθ
+ =− + fmθ + ν ∇2 vθ + 2 − 2 ,
Dt r ρr ∂ θ r ∂θ r
D vz 1 ∂p
=− + fmz + ν ∇2 vz ,
Dt ρ ∂z
donde µ ¶
2 1 ∂ ∂ 1 ∂2 ∂2
∇ = r + 2 2 + 2.
r ∂r ∂r r ∂θ ∂z
COORDENADAS ESFÉRICAS
D ∂ ∂ vφ ∂ vφ ∂
= + vr + +
Dt ∂t ∂r r ∂θ r sen θ ∂φ
1 ∂ 2 1 ∂ 1 ∂vφ
∇ · ~v = (r vr ) + (vθ sen θ) +
r2 ∂r r sen θ ∂θ r sen θ ∂φ
CONTINUIDAD
Dρ
+ ρ∇ · ~v = 0
Dt
100 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
" # · µ ¶ ¸
Dvr vθ2 + vφ2 ∂p ∂ ∂vr 2
ρ − = fmr − + 2µ + µv − µ ∇ · ~v +
Dt r ∂r ∂r ∂r 3
· ½ ¾¸ · ½ ¾¸
1 ∂ ∂ ³ vφ ´ 1 ∂vr 1 ∂ 1 ∂vr ∂ ³ vθ ´
µ r + + µ +r +
r ∂θ ∂r r r ∂θ r sen θ ∂φ r sen θ ∂φ ∂r r
· ¸
µ ∂vr 2 ∂vθ 4vr 2 ∂vφ 2vθ cot θ ∂ ³ vθ ´ cot θ ∂vr
4 − − − − + r cot θ +
r ∂r r ∂θ r r sen θ ∂φ r ∂r r r ∂θ
" # · µ ¶ µ ¶ ¸
Dvθ vr vθ vφ2 cot θ 1 ∂p 1 ∂ 2µ ∂vθ 2
ρ + − = fmθ − + + vr + µv − µ ∇ · ~v +
Dt r r r ∂θ r ∂θ r ∂θ 3
· ½ ¾¸ · ½ ¾¸
1 ∂ sen θ ∂ ³ vφ ´ 1 ∂vθ ∂ ∂ ³ vθ ´ 1 ∂vr
µ + + µ r + +
r sen θ ∂φ r ∂θ sen θ r sen θ ∂φ ∂r ∂r r r ∂θ
· µ ¶ ½ ¾¸
µ 1 ∂vθ 1 ∂vφ vθ cot θ ∂ ³ vθ ´ 1 ∂vr
2 − − cot θ + 3 r +
r r ∂θ r sen θ ∂φ r ∂r r r ∂θ
CANTIDAD DE MOVIMIENTO SEGÚN φ
· ¸
Dvφ vφ vr vθ vφ cot θ ∂p 1
ρ + + = fmφ − +
Dt r r ∂φ r sen θ
· µ ¶ µ ¶ ¸
1 ∂ 2µ 1 ∂vφ 2
+ vr + vθ cot θ + µv − µ ∇ · ~v +
r sen θ ∂φ r sen θ ∂φ 3
· ½ ¾¸ · ½ ¾¸
∂ 1 ∂vr ∂ ³ vφ ´ 1 ∂ sen θ ∂ ³ vφ ´ 1 ∂vθ
µ +r + µ + +
∂r r sen θ ∂φ ∂r r r ∂θ r ∂θ sen θ r sen θ ∂φ
· ½ ¾ ½ ¾¸
µ 1 ∂vr ∂ ³ vφ ´ sen θ ∂ ³ vφ ´ 1 ∂vθ
3 +r + 2 cot θ +
r r sen θ ∂φ ∂r r r ∂θ sen θ r sen θ ∂φ
ENERGÍA
µ ¶ µ ¶
De 1 ∂ ∂T 1 ∂ ∂T
ρ = −p∇ · ~v + φv + 2 r2 K + 2 K sen θ +
Dt r ∂r ∂r r sen θ ∂θ ∂θ
5.I. Ecuaciones de Navier-Stokes en diferentes sistemas de coordenadas 101
µ ¶
1 ∂ ∂T
2 2
K
r sen θ ∂φ ∂φ
" (µ ¶2 µ ¶2 µ ¶2 )
∂vr 1 ∂vθ vr 1 ∂vφ vr vθ cot θ
φv = µ 2 + + + + + +
∂r r ∂θ r r sen θ ∂φ r r
½ ¾2 ½ ¾2
1 ∂vθ sen θ ∂ ³ vφ ´ 1 ∂vr ∂ ³ vφ ´
+ + +r +
r sen θ ∂φ r ∂θ sen θ r sen θ ∂φ ∂r r
½ ¾2 # µ ¶· ¸2
∂ ³ vθ ´ 1 ∂vr 2 ∂vr 1 ∂vθ 2vr 1 ∂vφ vθ cot θ
r + + µv − µ + + + +
∂r r r ∂θ 3 ∂r r ∂θ r r sen θ ∂φ r
Para un fluido incompresible de viscosidad constante las ecuaciones de cantidad de movimiento se
reducen a
· ¸
D vr vθ2 + vφ2 1 ∂p 2 2 vr 2 ∂(vθ sen θ) 2 ∂ vφ
− −=− + ν ∇ vr − 2 − 2 − 2 ,
Dt r ρ ∂r r r sen θ ∂θ r sen θ ∂ φ
· ¸
D vθ vr vθ vφ2 cot θ 1 ∂p 2 2 ∂ vr vθ 2 cos θ ∂ vφ
+ − =− + ν ∇ vθ + 2 − 2 − ,
Dt r r ρr ∂ θ r ∂θ r sen2 θ r2 sen2 θ ∂ φ
D vφ vφ vr vφ vθ cot θ 1 ∂p
+ + =− +
Dt r r ρ r sen θ ∂ φ
· ¸
2 ∂ vr 2 cos θ ∂ vθ vφ
ν ∇2 v φ + + − .
r2 sen θ ∂ φ r2 sen2 θ ∂ φ r2 sen2 θ
µ ¶ µ ¶
21 ∂ 2 ∂ 1 ∂ ∂ 1 ∂2
∇ = 2 r + 2 sen θ + 2
r ∂r ∂r r sen θ ∂ θ ∂θ r sen θ ∂ φ2
2
102 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
APÉNDICE 5.II
Haciendo uso de las ecuaciones (5.54) y (5.55), las ecuaciones (5.52) pueden escribirse alternativa-
mente
DYα
ρ = ∇ · (ρDα ∇Yα ) + Wα , α = 1, ...N. (5.57)
Dt
Por otra parte, la velocidad de producción de masa de la especie α por reacción quı́mica viene
dada por la cinética quı́mica como función del estado termodinámico local determinado por los
valores de la densidad, temperatura y N − 1 fracciones másicas. Con objeto de ilustrar la forma
de estas relaciones, supóngase que entre las N especies existen r reacciones
N
X N
X
0 00
να,j Aα να,j Aα , j = 1, ...r, (5.58)
α=1 α=1
0
donde Aα denotan las fórmulas quı́micas de las distintas especies presentes en la mezcla, y να,j y
00
να,j son sus coeficientes estequiométricos en la reacción j. Por tanto, la velocidad de producción
másica de la especie α puede escribirse como
r
X
00 0
Wα = Mα (να,j − να,j )ωj , (5.59)
j=1
donde Eaf y Ear son las energı́as de activación para las reacciones de formación y recombinación
respectivamente, y los factores Bf y Br , que dependen débilmente de la temperatura, pueden
suponerse constantes en la mayorı́a de las situaciones de interés.4 La constante de equilibrio para
la reacción j viene dada por
N µ ¶(να,j −να,j ) 0 00
Bf,j −(Eaf,j −Ear,j )/RT Y ρYα
Kj (T ) = e . (5.61)
Br,j α=1
Mα eq
La forma de la segunda ley de Newton es la misma para una mezcla que para un fluido ho-
mogéneo en composición, puesto que, por definición, la velocidad local de la mezcla v(x, t) re-
presenta la velocidad del centro de masas de las moléculas, independientemente de la especie,
3 En (5.55) no se han tenido en cuenta los flujos difusivos asociados a los gradientes de presión (barodifusión)
ni a los gradientes de temperatura (termodifusión o efecto Soret), puesto que estos efectos son despreciables en la
mayorı́a de las situaciones de interés en combustión.
4 Conviene insistir en que la suma de las fracciones másicas es igual a 1 y, por tanto, en las expresiones anteriores
que se encuentran alrededor de x. Por tanto, si por generalidad se supone que sobre cada especie
actúan fuerzas volumétricas y másicas distintas fv,α = ρYα fm,α como, por ejemplo, en soluciones
electrolı́ticas, mezclas de gases ionizados, magnetohidrodinámica, etc., la ecuación de cantidad de
movimiento se escribe
= XN
Dv
ρ = −∇p + ∇· τ 0 + ρYα fm,α . (5.62)
Dt α=1
La ecuación (5.62) expresa que la variación de la cantidad de movimiento por unidad de volumen y
tiempo siguiendo a una partı́cula fluida de la mezcla es igual a la resultante por unidad de volumen
de las fuerzas de presión, viscosidad y másicas que actúan sobre ella. El tensor de esfuerzos de
=
viscosidad τ 0 está determinado por la ley de Navier- Poisson, (4.30), con coeficientes de viscosidad
medios para la mezcla.
Ecuación de la energı́a
donde eα y pα son la energı́a interna por unidad de masa y la presión parcial de cada componente,
de modo que la energı́a interna y presión de la mezcla son
N
X N
X
e= Yα eα y p= pα .
α=1 α=1
La ecuación (5.63) relaciona la variación local de energı́a total de la mezcla con los aportes por
unidad de volumen y tiempo debidos a la convección de energı́a cinética, conducción de calor,5
convección de energı́a interna de cada especie y la potencia por unidad de volumen realizada por
las fuerzas de viscosidad, de presión sobre cada especie y másicas. Si se expresa vα = v + vdα , la
ecuación (5.63) se escribe
XN = XN
∂
[ρ(e+v 2 /2)] = −∇·[(ρ(e+v 2 /2)v−K∇T + ρYα hα vd,α + τ 0 ·v+pv] + ρYα fm,α ·vα , (5.64)
∂t α=1 α=1
siendo hα = eα + pα /ρα la entalpı́a por unidad de masa del componente α. Obsérvese que la
ecuación (5.64) es análoga a la de un fluido homogéneo en composición si se sustituye el vector
flujo de calor por conducción por el vector flujo de calor generalizado
N
X
−K∇T + ρYα hα vd,α .
α=1
complementario del efecto Soret), puesto que es despreciable en muchas de las situaciones que ocurren en combustión.
5.II. Ecuaciones de conservación para mezclas reactantes 105
XN = XN
Dh Dp
ρ = − ∇ · [−K∇T + ρYα hα vd,α ]+ τ 0 : ∇v + ρYα fm,α · vd,α . (5.66)
Dt Dt α=1 α=1
A partir de (5.66) puede obtenerse una ecuación que relaciona la variación de la parte de la entalpı́a
asociada a la energı́a térmica con la parte asociada a la energı́a quı́mica. Para ello, téngase en cuenta
que
Z T
hα = hoα + cpα dT, (5.67)
To
DYα hα DT
ρ = −hα ∇ · (ρYα vd,α ) + Wα hα − ρYα cpα . (5.69)
Dt Dt
Si se suma la ecuación (5.69) para todas las especies y se sustituye en (5.66) se tiene
" N
#
DT Dp X =
ρcp = − ∇ · −K∇T + ρYα hα vd,α + τ 0 : ∇v+
Dt Dt α=1
N
X N
X N
X
ρYα fm,α · vd,α + hα ∇ · (ρYα vd,α ) − Wα hα , (5.70)
α=1 α=1 α=1
= XN XN
DT Dp
ρcp = + ∇ · (K∇T )+ τ 0 : ∇v + ρYα fm,α · vd,α − Wα hoα . (5.72)
Dt Dt α=1 α=1
Ecuación de la entropı́a
N
X N
X N
X
ρYα fm,α · vd,α − W α hα + µα ∇ · (ρYα vdα ), (5.75)
α=1 α=1 α=1
El primer término del segundo miembro de (5.76) representa el flujo reversible de entropı́a por
unidad de volumen y tiempo debido a procesos de conducción térmica y a la entropı́a transportada
por la difusión de las especies, mientras que el segundo término, que es siempre positivo, representa
la producción irreversible de entropı́a debida a efectos de conducción térmica, disipación viscosa,
reacción quı́mica y difusión de las especies en el interior de la unidad de volumen. En el equilibrio
deben cumplirse, por tanto, las relaciones
= N
X
∇T = 0, τ 0 : ∇v = 0, Wα µα = 0, y fmα − ∇µα = 0, (5.77)
α=1
APÉNDICE 5.III
APLICACIONES DE LA ECUACIÓN DE
LA ENTROPÍA EN FORMA INTEGRAL
Con objeto de cuantificar para sistemas fuera del equilibrio algunos resultados clásicos de la
Termodinámica, se considerará volumen cerrado Ωf (t) de un fluido homogéneo en composición
limitado por una superficie Σf (t), que intercambia calor y trabajo con el exterior [el caso de los
sistemas abiertos se ilustra en el Capı́tulo 10]. En particular, es de interés obtener, a partir de la
forma integral de la energı́a y de la entropı́a, (5.50) y (5.51), expresiones generales de magnitudes
tales como la relación entre el trabajo obtenido y el calor añadido al sistema (rendimiento) cuando
éste opera cı́clicamente o el trabajo máximo que puede obtenerse del sistema cuando éste evoluciona
hasta alcanzar una posición de equilibrio termodinámico.6
Obsérvese primero que si Ė y E˙k denotan los valores instantáneos de las variaciones por unidad
de tiempo de las energı́as interna y cinética contenidas en el sistema, y Ẇ y Q̇ son las potencias
mecánica (realizadas por las fuerzas de superficie y másicas) y calorı́fica (por conducción, radiación
y combustión) netas comunicadas al sistema, la ecuación (5.50) particularizada para un sistema
cerrado puede escribirse en forma abreviada
Si las fuerzas másicas derivan de un potencial independiente del tiempo fm = −∇U , la potencia
mecánica debida a las mismas pueden sustraerse de Ẇ en (5.78) e incluirse en el primer miembro
como variaciones por unidad de tiempo de la energı́a potencial del sistema E˙p (esta contribución
junto a las variaciones de energı́a cinética del sistema se omiten generalmente en las situaciones
consideradas en la Termodinámica del equilibrio). Con objeto de combinar la ecuación de la energı́a
total y la de la entropı́a (5.50), es conveniente separar en Q̇ las contribuciones debidas a las zonas
donde se añade calor al sistema de aquellas donde éste cede calor al medio (en general dichas zonas
pueden variar con el tiempo). Si Σaf (t) [Σcf (t)] representa las zonas de la superficie Σf (t) a través
de las que se añade [cede] calor por conducción, es decir, K ∇ T · n > 0 (K ∇ T · n < 0) y si Ωaf (t)
[Ωcf (t)] representa las zonas del interior del volumen Ωf (t) en las que Qr + Qq > 0 (Qr + Qq < 0),
el calor por unidad de tiempo añadido al sistema en el instante t es entonces
Z Z
Q̇a (t) = K ∇T · ndσ + (Qr + Qq )d $. (5.79)
Σa
f (t) Ωa
f (t)
Si además Q̇c es el valor absoluto del calor por unidad de tiempo cedido por el sistema se tiene
Z Z
Q̇c (t) = − K ∇T · ndσ − (Qr + Qq )d $. (5.80)
Σcf (t) Ωcf (t)
Por tanto, el calor neto recibido por el sistema en la unidad de tiempo es Q̇ = Q̇a − Q̇c . En la
Termodinámica del equilibrio se considera exclusivamente el caso particular en que el sistema recibe
o cede calor a temperaturas uniformes en el espacio y en el tiempo. Como este caso no es general,
6 Conviene indicar que los resultados que aquı́ se muestran, basados en las ecuaciones en forma integral, sin
ninguna hipótesis sobre las formas del tensor de esfuerzos y del vector flujo de calor por conducción, son aplicables
a cualquier medio continuo, en particular a sólidos y a sistemas compuestos por varias fases homogéneas (sólidos
limitados por fluidos, o un lı́quido y su vapor, etc.), ya que en este caso las integrales en las ecuaciones de la energı́a
y entropı́a pueden realizarse a trozos sobre los diferentes continuos.
108 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
Obsérvese que la contribución de cada elemento de superficie o de volumen a Ta0 y Tc0 depende
tanto de su temperatura como del calor que recibe o cede dicho elemento. Definiendo la cantidad
de entropı́a producida irreversiblemente en la unidad de tiempo Ḋ como
=
Z 0 2
τ : ∇ v K|∇ T | d $ ≥ 0,
Ḋ = + (5.83)
Ωf (t) T T2
Q̇a Q̇c
Ṡ = − 0 + Ḋ, (5.84)
Ta0 Tc
donde Ṡ es el valor instantáneo de la variación por unidad de tiempo de la entropı́a del sistema.7
Considérese ahora que el sistema evoluciona entre los instantes t1 y t2 (t1 ≤ t2 ). Integrando
(5.78) en dicho intervalo de tiempo se obtiene
∆E + ∆Ek = W + Q, (5.85)
donde ∆E = E2 − E1 y ∆Ek = Ek2 − Ek1 representan las variaciones de energı́a interna y cinética
entre los estados final e inicial, y W y Q son el trabajo y el calor netos recibidos por el sistema
durante el proceso. Análogamente, la integración de (5.84) proporciona
Qa Qc
∆S = − + D, (5.86)
Ta Tc
siendo
R t2 ∆S = S∈ −R S∞ la variación de entropı́a del sistema entre los estados final Re inicial, Qa =
t t
t1
Q̇a dt y Qc = t12 Q̇c dt los calores absorbidos y cedidos por el sistema, D = t12 Ḋdt ≥ 0 la
entropı́a producida irreversiblemente, y Ta y Tc las temperaturas medias de absorción y cesión de
calor durante el proceso, definidas como
Z t2
Qa Q̇a
= dt, (5.87)
Ta t1 Ta0
y
Z t2
Qc Q̇c
= dt. (5.88)
Tc t1 Tc0
Obsérvese que Ta y Tc involucran un promediado tanto temporal como espacial (a través de Ta0
y Tc0 ) y están completamente definidas en términos de las variables locales del sistema mediante
(5.79)-( 5.82) y (5.87)-(5.88).
7 Para el caso de fluidos no homogéneos en composición Ḋ puede calcularse a partir de la ecuación (5.76).
5.III. Aplicaciones de la ecuación de la entropı́a en forma integral 109
Para un proceso cı́clico (∆E = ∆Ek = 0 = ∆S), la ecuación (5.89) proporciona la relación entre
el trabajo realizado por el sistema, −W ,8 y el calor absorbido por el mismo, Qa ,
−W Tc Tc D
=1− − . (5.90)
Qa Ta Qa
Los dos primeros sumandos del segundo miembro de esta ecuación representan el rendimiento
máximo (rendimiento de Carnot) del sistema, que se obtiene cuando éste opera reversiblemente
entre las temperaturas medias de absorción y cesión de calor Ta y Tc , mientras que el tercer sumando
representa la disminución respecto del rendimiento de Carnot debida a la entropı́a generada por los
procesos irreversibles en el interior del sistema cuantificados por D. 9 Obsérvese que la influencia
de las irreversibilidades del proceso decrece al disminuir la temperatura media a la que el sistema
cede el calor y al aumentar el calor añadido.
Para un proceso no cı́clico la expresión (5.89) permite hallar el trabajo máximo que puede
extraerse del sistema dados los estados inicial y final del proceso (y por tanto ∆E, ∆Ek y ∆S),
Tc , Ta y Qa . En efecto, haciendo D = 0 en (5.89) se obtiene
De forma análoga puede también obtenerse de (5.89) el trabajo mı́nimo que es necesario comunicar
al sistema para llevarlo del estado inicial al final o bien el calor mı́nimo que es necesario aportar si
se fija el trabajo que el sistema debe recibir o aportar durante el proceso. El concepto de exergı́a10
surge de forma natural de (5.92) cuando se considera el caso particular en que el sistema intercambia
calor sólo con un medio de dimensiones lo suficientemente grandes tal que su presión y temperatura
pueden considerarse constantes, po y To . En efecto, si se expresa el trabajo intercambiado por el
sistema como W = Wm − po ∆V + Wu , suma de la contribución de las fuerzas másicas, Wm ,
el trabajo de las fuerzas de presión que el medio exterior realiza sobre el sistema a través de las
superficie común al variar su volumen una cantidad ∆V , −po ∆V , y el trabajo Wu que se denomina
útil (por ejemplo, el realizado sobre unos álabes bañados por el fluido), y se tiene en cuenta que
ahora Tc = Ta = To , la ecuación (5.89) se escribe
Ex = E − Eo + po (V − Vo ) − To (S − So ), (5.94)
donde Eo , Vo y So son los valores de la energı́a interna, volumen y entropı́a del sistema cuando
se encuentra en equilibrio termodinámico con el medio exterior (estado de referencia). Es fácil ver
8 Si las fuerzas másicas derivan de un potencial independiente del tiempo, a −W sólo contribuyen las fuerzas de
superficie, puesto que la variación de energı́a potencial del sistema en un ciclo es nula.
9 Para sistemas cerrados funcionando en régimen globalmente estacionario (Ė = Ė = 0 = Ṡ) el rendimiento del
k
sistema se obtiene directamente de (5.78) y (5.84) resultando
−Ẇ Tc Tc Ḋ
=1− − . (5.91)
Q̇a Ta Q̇a
10 Profusamente utilizado en ámbitos tecnológicos donde, a veces con exceso, se presenta como nexo de unión entre
los principios termodinámicos y económicos. El nombre de Termoeconomı́a, sugerido desde estos ámbitos, parece
cuando menos exagerado.
110 Capı́tulo 5. Ecuaciones generales de la Mecánica de Fluidos
que la exergı́a representa el trabajo mı́nimo que es necesario comunicar al sistema para llevarlo del
estado de referencia al considerado. Si se supone que las fuerzas másicas derivan de un potencial
independiente del tiempo, el trabajo útil realizado por el sistema entre dos estados es
donde, por simplicidad, se ha supuesto que las fuerzas másicas derivan de un potencial. Si las
variaciones Ek1 − Eko y Ep1 − Epo de energı́a cinética y potencial del sistema en el proceso son
conocidas,11 el máximo trabajo que puede extraerse del sistema corresponde, naturalmente, a
la máxima disminución de energı́a interna, es decir, dada E1 , a la mı́nima Eo . Puesto que la
energı́a interna en un estado de equilibrio termodinámico es una función creciente de la entropı́a
[(∂E/∂S)Ω = T > 0], es claro que si un sistema aislado térmicamente (y que, por tanto, sólo puede
aumentar su entropı́a) evoluciona hacia el equilibrio termodinámico, la mı́nima energı́a interna
en el equilibrio será la correspondiente a la entropı́a inicial S1 , Eomin = Eomin (S1 , Ωo ), y puede
calcularse directamente mediante las ecuaciones termodinámicas de estado. Por tanto, el máximo
trabajo que puede extraerse del sistema en el proceso, fijado el volumen Ωo del sistema al final del
mismo, es
−Wmax = [E1 − Eomin (S1 , Ωo )] + (Ek1 − Eko ) + (Ep1 − Epo ). (5.97)
Como aplicación, compruebe el lector que el trabajo máximo que puede extraerse de dos masas
iguales, M, de un lı́quido perfecto de calor especı́fico c, es (suponiendo despreciable las variaciones
de la energı́a cinética y potencial, ası́ como las de volumen)
p p
−Wmax = M c( TA − TB )2 (5.98)
donde TA y TB (TA > TB ) son las temperaturas iniciales de las masas de lı́quido.12 Este trabajo
podrı́a obtenerse, por ejemplo, en un experimento ideal en el que un pequeño cilindro que contiene
un gas y está provisto de un émbolo efectúa ciclos de Carnot infinitesimales transfiriendo calor
desde el fluido caliente al frı́o hasta que se alcanza la temperatura de equilibrio. Si no se extrae
trabajo del sistema, entonces E1 = Eo , por lo que la temperatura del sistema en el equilibrio es
(TA + TB )/2 y el incremento de entropı́a en el proceso es
TA + TB
So − S1 = M c ln √ > 0, (5.99)
2 TA TB
6.1. Introducción
En la resolución teórica de los problemas fı́sicos se utilizan las leyes de la fı́sica (normalmente
representadas por ecuaciones diferenciales) para establecer las propiedades del fenómeno fı́sico
considerado, y para calcular, mediante el análisis matemático, las variables fı́sicas desconocidas.
Sucede, sin embargo, en la mecánica de medios continuos y en otras ramas de la fı́sica y de la
ingenierı́a, que los fenómenos bajo consideración son, a menudo, tan complicados que conducen a
ecuaciones de complejidad tal que su resolución analı́tica es impensable. Como se comentó en el
capı́tulo anterior, para obviar esta dificultad se recurre al empleo de modelos simplificados (cuya
solución analı́tica o numérica sea viable) o al recurso del método experimental que, bajo la guı́a del
análisis dimensional y de la teorı́a de la semejanza fı́sica, ha producido resultados muy fructı́feros
en la Mecánica de Fluidos.
El análisis dimensional se basa en el principio de que las relaciones funcionales entre las variables
que intervienen en un fenómeno fı́sico dado son independientes del sistema de unidades elegido. 1
Como se verá posteriormente, dicho principio permite expresar toda la información contenida en las
relaciones entre las variables fı́sicas de un problema en términos de un número menor de variables
adimensionales obtenidas a partir de las originales mediante el método del análisis dimensional. En
problemas complejos, dicha reducción en el número de variables a considerar representa enormes
ventajas, no sólo desde el punto de vista analı́tico, sino fundamentalmente experimental, ya que
reduce drásticamente el número de medidas a realizar y, por tanto, el coste de los experimentos.
Por otra parte, sucede a menudo que muchos fenómenos fı́sicos no pueden ser investigados
directamente ante la dificultad, evidente en muchos casos, de reproducir a escala natural en el
laboratorio el proceso real que se desea investigar. Como se verá en lo que sigue, la teorı́a de la
semejanza fı́sica asegura que si la geometrı́a involucrada en dos problemas de ingenierı́a de distinta
escala de longitud es semejante (por ejemplo, el flujo de aire alrededor de un avión real y de
su modelo a escala) y están gobernados por las mismas ecuaciones y condiciones iniciales y de
contorno escritas en forma adimensional, ambos problemas son fı́sicamente semejantes (presentan
1 Se debe emplear, naturalmente, un sistema coherente de unidades que, como es sabido, se obtiene partiendo de
un número mı́nimo de unidades fundamentales y calculando las unidades derivadas mediante las leyes de la Fı́sica.
Ası́, por ejemplo, la ley de Newton F = m a, que relaciona la fuerza que se ejerce sobre un cuerpo de masa m con
la aceleración a de su centro de gravedad, permite calcular la unidad de fuerza [F ] en función de la unidad de masa
[m] y la unidad de aceleración mediante la relación [F ] = [m][a] = [m][L][T ]−2 . [L] y [T ] representan las unidades
de longitud y tiempo respectivamente.
111
112 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
semejanza fı́sica) en el sentido de que entre las magnitudes homólogas de la solución de cada
problema, en puntos e instantes que se correspondan, existe una proporcionalidad que permite
trasladar automáticamente la solución de uno de ellos a la del otro, lo que constituye un resultado
del más alto valor práctico desde el punto de vista experimental, y del que se ha hecho en Mecánica
de Fluidos un uso más sistemático y extenso que en cualquier otra rama de la fı́sica y de la ingenierı́a.
Dos objetos definidos por la misma ecuación y con iguales valores de cada uno de los cocientes
l1 /l, ...ln /l, se denominan geométricamente semejantes. Por tanto, para identificar un objeto dentro
de una serie geométricamente semejante bastará con especificar el valor de una única longitud
caracterı́stica, l.
6.3. Teorema Π
Como se indicó anteriormente, las relaciones entre magnitudes fı́sicas, establecidas teóricamente
o directamente mediante experimentos, son relaciones funcionales entre ellas que caracterizan el
fenómeno bajo investigación. El valor numérico de una cantidad fı́sica dimensional depende del
sistema de unidades de medida, pero dicho sistema no es en sı́ mismo esencial al problema. Por
6.3. Teorema Π 113
el contrario, las relaciones funcionales que ligan entre sı́ las magnitudes fı́sicas deben ser indepen-
dientes del sistema de unidades elegido; lo que sugiere la existencia de alguna estructura especial
para dichas relaciones funcionales.
En efecto, considérese una relación funcional entre las cantidades fı́sicas ao , a1 , ... an ,
Si k es el número de dimensiones fı́sicas independientes del problema, se supondrá que entre las
(n + 1) magnitudes ai existen k de ellas que son dimensionalmente independientes, (k ≤ n + 1).
Sin pérdida de generalidad, se puede suponer que a1 , a2 ,... , ak son las k independientes. Por
tanto, las dimensiones del resto de magnitudes ao , ak+1 , ... an se pueden obtener a partir de las k
independientes
[ai ] = [a1 ]αi,1 [a2 ]αi,2 ...[ak ]αi,k , i = 0, k + 1, k + 2, ..., n. (6.3)
Si se definen las variables o parámetros adimensionales
ai
πi = αi,1 α , i = 0, k + 1, k + 2...n, (6.4)
a1 ...ak i,k
o lo es que es equivalente,
πo = g(a1 , a2 , ..., ak , πk+1 , ..., πn ); (6.6)
donde a1 , a2 , ..., ak dependen del sistema de unidades utilizado, no ası́ la función g ni πo , πk+1 , ...
y πn que son variables y o parámetros adimensionales.
Si se escoge ahora un sistema de unidades distinto, de modo que cambie sólo el valor de a1 (por
ejemplo, a01 ) y las demás magnitudes queden invariables, se tiene:
lo que conduce a que πo debe ser independiente de a1 , puesto que, por ser adimensional, su valor
no varı́a al cambiar a1 por a01 . Repitiendo el razonamiento con las siguientes magnitudes a2 , ..., ak ,
se llega a que πo es también independiente de ellas y, por tanto, se puede escribir:
Como se ve, la relación funcional entre las n + 1 magnitudes dimensionales se ha reducido a una
relación funcional entre n + 1 − k magnitudes adimensionales. Esta conclusión general de la teorı́a
dimensional se conoce con el nombre de teorema Π o de Vaschy-Buckingham. Debe señalarse que
dicha relación funcional a la que conduce el teorema contiene exactamente la misma información
que la relación funcional original (6.2) y, por tanto, al reducir el número de parámetros que definen
la cantidad a ser estudiada, se reduce la investigación experimental, ya que hay que realizar un
menor número de medidas para caracterizar el fenómeno fı́sico bajo consideración. En particular,
si n = k el análisis dimensional indica que el parámetro a medir πo es una constante y su valor
puede ser obtenido mediante un único experimento.
Conviene indicar que, aunque el método del análisis dimensional enseña la forma de reducir
un número de variables dimensionales a un número menor y determinado de parámetros adimen-
sionales, dicho método no especifica, naturalmente, qué conjunto de variables dimensionalmente
independientes es conveniente usar en un problema concreto, ni qué parámetros adimensionales
114 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
π i = f1 (πi , πj ), (6.9)
dicho parámetro puede sustituir a πi en la relación funcional original (6.8), ya que a partir de (6.9)
se tiene la ecuación
πi = f2 (π i , πj ), (6.10)
que introducida en (6.8) proporciona
o, lo que es equivalente,
πo = g(πk+1 , ..., π i , ..., πj , ..., πn ). (6.12)
Las ecuaciones (6.8) y (6.12) son igualmente válidas desde el punto de vista del análisis dimensional,
lo que sugiere que, una vez obtenida una relación adimensional, es posible sustituir parámetros por
otros obtenidos a partir de los anteriores y que posean mayor interés fı́sico. Es, por tanto, tarea del
investigador experimental seleccionar correctamente los parámetros adimensionales que influyen
en el problema.
pa
g
h
zi
H
z
Suponiendo el flujo bidimensional y estacionario, las ecuaciones que gobiernan las dos compo-
nentes de la velocidad vx y vz , según los ejes horizontal x y vertical z, y la presión son
∂ vx ∂ vz
+ = 0, (6.13)
∂x ∂z
6.4. Ejemplos de aplicación del análisis dimensional 115
µ 2 ¶
∂ vx ∂ vx ∂p ∂ vx ∂ 2 vx
ρ vx + ρ vz =− +µ + , (6.14)
∂x ∂z ∂x ∂ x2 ∂ z2
µ 2 ¶
∂ vz ∂ vz ∂p ∂ vz ∂ 2 vz
ρ vx + ρ vz =− +µ + − ρ g. (6.15)
∂x ∂z ∂z ∂ x2 ∂ z2
donde ρ y µ son la densidad y viscosidad del lı́quido y g es la aceleración de la gravedad.
Como condiciones de contorno se impondrá que la velocidad del fluido es nula en la solera del
canal y en las superficies sólidas
Aguas arriba del obstáculo, donde la componente vertical de la velocidad es nula, la distribución
de presiones viene dada por la fluidoestática
Ocurre, sin embargo, que la integración del problema de contorno (6.13)-(6.18) no es tarea fácil, y
para determinar q se suele recurrir a la experimentación, calibrando debidamente la configuración
anterior para obtener el gasto como función de h.
La dependencia funcional del caudal respecto a los parámetros del problema se establece fácil-
mente de la simple inspección de las ecuaciones y condiciones de contorno (6.13)-(6.18)
Sucede en la práctica que los efectos viscosos son pequeños en el movimiento del agua a través de
un vertedero y pueden ignorarse sin cometer errores apreciables, de modo que la expresión más
simplificada del caudal adimensional es
µ ¶
q H
=f . (6.22)
g 1/2 h3/2 h
Obsérvese que una serie experimental de medidas de q frente a h permitirı́a obtener la ley expe-
rimental que determina el caudal como función de la altura. Por otra parte, sucede en muchas
situaciones que h ¿ H y por tanto el caudal se puede aproximar por la expresión
donde F (∞) es una constante a determinar experimentalmente mediante una única medida.
∇ · v = 0, (6.24)
ρ v · ∇v = −∇ p + µ ∇2 v; (6.25)
U¥ , p¥ D
L
F
v = U∞ i, p = p∞ en |x| → ∞,
Las relaciones funcionales (6.29), (6.30) y (6.31) se simplifican drásticamente si se consideran series
de objetos geométricamente semejantes para los que los coeficientes adimensionales α1 , α2 , ..., αn
son constantes. En este caso, la ecuación (6.31) muestra que basta medir experimentalmente las
118 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
ρm U∞m lm ρp U∞p lp
= . (6.32)
µm µp
Fm Fp
2 2
= 2 l2
, (6.33)
ρm U∞m lm ρp U∞p p
que como se ve resulta independiente de la viscosidad del fluido. Contrariamente, como se verá más
adelante, en el movimiento del fluido alrededor de cuerpos aerodinámicos (de geometrı́a fuselada) a
altos números de Reynolds, los efectos viscosos son importantes, aunque sólo en una zona delgada
(capa lı́mite) en torno al obstáculo, y el coeficiente de resistencia es una función decreciente del
número de Reynolds.
Considérese ahora el lı́mite de movimiento a muy bajos números de Reynolds.6 Se observa expe-
rimentalmente que el coeficiente de resistencia no permanece acotado al disminuir indefinidamente
el número de Reynolds, por lo que no es posible en este caso obtener la ley de resistencia directa-
mente a partir de (6.37). En efecto, en este régimen, opuesto al anterior, el efecto de las fuerzas
de viscosidad domina frente al de las fuerzas de inercia, lo que sugiere que la resistencia depende
muy poco de la densidad del fluido (propiedad ı́ntimamente relacionada con su inercia). Por tanto,
si se aplica el análisis dimensional a (6.36), tomando ahora como variables independientes µ, U∞
y l, se obtiene la expresión
D
= f (Re, α1 , ... αn ), (6.40)
µ U∞ l
que permanece acotada para Re ¿ 1. En este lı́mite el segundo miembro de (6.40) depende
únicamente de la geometrı́a del objeto, por lo que la ley de la resistencia a bajos números de
Reynolds (ley de Stokes) es
movimiento de estos fluidos es muy grande en la mayorı́a de las situaciones prácticas, excepto en el caso de cuerpos
(partı́culas) de dimensiones muy pequeñas desplazándose con velocidades relativas al fluido también muy pequeñas.
120 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
∂e =
+ ρv · ∇e = −p∇ · v+ τ 0 : ∇v + ∇ · (K∇T ),
ρ (6.45)
∂t
con µ ¶
0 1 ∂vi ∂vj
τij = 2µ γij + (µv − 2/3µ)∇ · vδij , γij = + , (6.46)
2 ∂xj ∂xi
y las ecuaciones de estado
donde se han omitido los términos debidos al calor por radiación y por reacción quı́mica en la
ecuación de la energı́a .
Para adimensionalizar el sistema de ecuaciones es conveniente definir las nuevas variables y
magnitudes adimensionales:
donde a es la velocidad del sonido definida en 2.1 [a = (γ p/ρ)1/2 para un gas perfecto] y γ = cp /cv
es la relación de calores especı́ficos. Combinando (6.56) y (6.57) se obtiene
∆ρ ∆p ρo vo2 1
∼ ∼ = = γ Mo2 , (6.58)
ρo po po Eu
donde Mo = vo /ao es el número de Mach que se define como el cociente entre la velocidad del fluido
y la velocidad del sonido. De (6.58) se deduce que las variaciones relativas de densidad, para el tipo
de movimiento considerado, son proporcionales al cuadrado del número de Mach, ∆ ρ/ρo ∼ Mo2 .
Naturalmente, en movimientos en los que el número de Mach sea pequeño, las variaciones relativas
de densidad, del orden del cuadrado del número de Mach, serán muy pequeñas y el gas puede
considerarse incompresible en primera aproximación.
En el caso de movimiento de lı́quidos es bien sabido que cuando la presión estática alcanza un
determinado valor, llamado presión de vapor, pv ( para el agua a T = 288 K, pv = 0,017 atm) el
lı́quido hierve (cavita) y se gasifica. A partir de (6.56) se deduce que, para movimientos de lı́quidos
no dominados por la fricción,
∆p ρo vo2 1
∼ = , (6.59)
po po Eu
122 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
que indica que la disminución relativa de presión en el movimiento es mayor cuanto menor es el
número de Euler, lo que indica una mayor posibilidad de que se presente cavitación.
El número de Froude, F r = vo2 /(g Lo ), mide la importancia de las fuerzas de inercia frente
a las gravitatorias. Dicho número también puede interpretarse como el cociente entre el tiempo
necesario para que la gravedad origine un cambio apreciable (del orden de vo ) en la componente
vertical de la velocidad del fluido, y el tiempo de residencia de las partı́culas en el dominio flui-
do, F r = (vo /g)/(Lo /vo ); obsérvese que si F r À 1 las fuerzas gravitatorias son despreciables
en el movimiento del fluido. Una interpretación alternativa del número de Froude resulta de la
descomposición de las variaciones verticales de presión en la suma de las variaciones asociadas
al movimiento del fluido (∆z p)m , más las variaciones asociadas al efecto de la gravedad (∆z p)g
(fluidostática),
∂ p/∂ z ∼ (∆z p)/Lo = (∆z p)m /Lo + (∆z p)g /Lo , (6.60)
donde Lo es en este caso una dimensión caracterı́stica vertical del movimiento fluido. Se tiene
Para lı́quidos (∆z p)g ∼ 103 × 9,8 × Lo Kg/m/s2 ' 10−1 Lo atm, por lo que para valores usuales
de Lo (Lo ∼ 10 m) pueden obtenerse variaciones de presión debidas a la gravedad comparables
en muchos casos a las debidas al movimiento [F r ∼ (∆z p)m /(∆z p)g ∼ O(1)]. Sin embargo, en
gases, cuya densidad es tı́picamente mil veces menor que la de los lı́quidos, (∆z p)g ∼ 10−4 Lo atm
por lo que salvo para variaciones de altura del orden de Lo ∼ 104 m, o movimientos muy lentos
(variaciones de presión debidas al movimiento pequeñas), se tendrá F r À 1 y las fuerzas másicas
serán despreciables en el movimiento.
El número de Reynolds, Re = ρo vo Lo /µo , es una medida de la importancia relativa entre las
fuerzas de inercia convectiva y las de viscosidad. En efecto, el orden de magnitud de las fuerzas de
inercia convectiva es
|ρ v · ∇v| ∼ ρo vo2 /Lo , (6.63)
mientras que el orden de magnitud de las fuerzas de viscosidad es
¯ 2 ¯
¯ ∂ v ∂2 v ∂2 v ¯
2 ¯
|µ ∇ v| = µ ¯ 2 + + ¯ ∼ µo vo , (6.64)
∂x ∂y 2 ∂z ¯
2 L2o
donde se ha supuesto, como ocurre, por ejemplo, en muchos casos de flujos alrededor de obstáculos
(flujos externos), que las magnitudes caracterı́sticas para variaciones de velocidad son del mismo
orden de magnitud en las tres direcciones del espacio. La relación entre (6.63) y (6.64) proporciona
el número de Reynolds. Para movimientos a altos números de Reynolds, Re À 1, las fuerzas
de viscosidad son despreciables frente a las de inercia y al contrario sucede para movimientos a
pequeños Re.
En el caso de conductos existen, en general, tanto variaciones apreciables de velocidad a lo
largo del conducto (dirección del movimiento), con una longitud caracterı́stica Lo , como, debido a
la condición de no deslizamiento en la pared, en la dirección transversal al mismo con una longitud
caracterı́stica Do ¿ Lo . Se tiene entonces
¯ 2 ¯
¯ ∂ v ∂2 v ¯
2 ¯
|µ ∇ v| ∼ µo ¯ 2 + ¯ ∼ µ vo /Do2 À |µo ∂ 2 v/∂ x2 | ∼ µo vo /L2o , (6.65)
∂y ∂ z2 ¯
6.5. Semejanza fı́sica 123
que indica que las fuerzas de viscosidad están asociadas principalmente a la difusión transversal de
cantidad de movimiento (el contorno del conducto actúa como una fuente o sumidero de cantidad
de movimiento longitudinal). A partir de (6.63) y (6.65) se obtiene
|ρ v · ∇ v| ρo vo Do2 Do
∼ = Re , (6.66)
|µ ∇2 v| µ Lo Lo
donde el número de Reynolds se define en este caso como Re = ρo vo Do /µo . El parámetro Re Do /Lo
mide, por tanto, la importancia relativa entre las fuerzas de inercia convectiva y las de viscosidad
en el movimiento en conductos.
El número de Peclet, P e = ρo cp Uo Lo /Ko , representa la relación entre la convección de energı́a
interna y el calor recibido por conducción. En efecto, si Lo es una longitud caracterı́stica para
una variación de temperaturas ∆ T a lo largo del movimiento, el término de convección de energı́a
interna puede estimarse como
∇ · (K ∇ T ) ∼ Ko ∆ T /L2o , (6.68)
donde se ha supuesto que las longitudes caracterı́sticas para variaciones del orden de ∆ T son del
mismo orden de magnitud en todas las direcciones del espacio (flujos externos). Dividiendo (6.67)
y (6.68) se obtiene el número de Peclet.
En movimientos en conductos existen, en general, tanto variaciones de temperaturas longitudi-
nales, con longitud caracterı́stica Lo , como transversales, con longitud caracterı́stica Do ¿ Lo . Se
tiene entonces
µ 2 ¶
∂ T ∂2 T 2 ∂2 T
∇ · (K ∇ T ) ∼ Ko + ∼ K o ∆ T /Do À K o ∼ Ko ∆ T /L2o (6.69)
∂ y2 ∂ z2 ∂ x2
y
ρ cv v · ∇ T ρo cp vo ∆ T /Lo
∼ = P e Do /Lo ; (6.70)
∇ · (K ∇ T ) K ∆ T /Do2
donde el número de Peclet se define, en este caso, como P e = ρo cp vo Do /Ko . El parámetro
P e Do /Lo representa, por tanto, la relación entre la convección y la difusión de calor en flujos en
conductos. El número de Peclet se puede escribir en la forma P e = Re µo cp /Ko = Re P r, donde
P r = µo cp /Ko es el número de Prandtl que, como se vio en 2.6.1, representa la importancia
relativa entre dos fenómenos de transporte similares: la difusión viscosa o difusión de cantidad de
movimiento y la difusión de calor. Obsérvese que el número de Prandtl es una propiedad del fluido
y no del tipo de flujo considerado.
El parámetro po /(ρo To cv ) representa, en gases, la relación entre el trabajo de compresión y
la convección de energı́a interna (en lı́quidos perfectos dicho parámetro no aparece, puesto que
∇ · v = 0). En efecto,
ρ cv v · ∇ T ∼ ρo cv vo ∆ T /Lo (6.71)
y
p Dρ po ∆ ρ po vo ∆ T
−p ∇ · v = ∼ ∼ , (6.72)
ρ Dt ρo (Lo /vo ) Lo To
donde para estimar la derivada sustancial se ha usado el tiempo caracterı́stico de residencia de
las partı́culas en el dominio fluido, tr ∼ Lo /vo , y se han relacionado las variaciones relativas de
densidad con las variaciones relativas de temperatura mediante estimación de órdenes de magnitud
124 Capı́tulo 6. Análisis dimensional y semejanza fı́sica
en la ecuación de estado del gas que proporciona (suponiendo que las variaciones relativas de presión
son a lo sumo del orden de magnitud de las de temperatura) ∆ ρ/ρo ∼ ∆ T /To . A partir de (6.71)
y (6.72) se obtiene
−p ∇ · v po Rg
∼ = = γ − 1, (6.73)
ρ cv v · ∇ T ρo cv To cv
donde γ es la relación entre los calores especı́ficos. Se observa, por tanto, que este parámetro
solamente depende del gas y no del tipo de movimiento. Además es siempre de orden unidad
(γ = 1,4 para el aire), por lo que en la ecuación de la energı́a interna de un gas siempre deben
aparecer juntos los términos correspondientes a la convección de energı́a interna y al trabajo de
compresión. Por esta razón, en el caso de movimiento de gases es conveniente sustituir la ecuación
de la energı́a interna por la ecuación de la entalpı́a, donde no aparece explı́citamente el trabajo de
compresión, sino el trabajo mecánico de las fuerzas de presión. En movimientos de gases a bajos
números de Mach, esta sustitución permite resolver por separado el problema mecánico (calculado
con ∇ · v = 0) del problema térmico.
El parámetro µo vo /(ρo cv Lo To ), donde To es una variación tı́pica de temperatura en el movi-
miento, representa la relación entre la energı́a disipada por viscosidad y la convección de energı́a
interna. En efecto, para flujos externos se tiene que
=
τ 0 : ∇v ∼ µ ∇ v : ∇ v ∼ µo vo2 /L2o , (6.74)
por lo que
µ∇v : ∇v µ vo2 /L2o µo vo 1 vo2
∼ = = . (6.75)
ρ cv v · ∇ T ρo cv vo ∆T /Lo ρo cv ∆T Lo Re cv ∆T
Definiendo un número de Mach basado en la temperatura caracterı́stica To , Mo2 = vo2 /γ Rg To ,
(6.75) se escribe, en el caso de gases, como γ(γ − 1)Mo2 To /(Re∆To ). En lı́quidos el valor de la
expresión (6.75) suele ser muy pequeño; en efecto, si se compara este valor para agua y aire bajo
condiciones similares de flujo se tiene
donde Re = ρo vo Do /µo .
Movimientos unidireccionales
7.1. Introducción
La dificultad fundamental para la resolución (exacta o aproximada) de las ecuaciones de Navier-
Stokes reside en los términos no lineales que introduce la convección. En esta lección se conside-
rarán algunos flujos en los que el término convectivo de la ecuación de cantidad de movimiento
es idénticamente nulo, lo que permite obtener soluciones exactas de las ecuaciones de Navier-
Stokes que, aparte de su interés académico, proporcionan ideas cualitativas del comportamiento
de los fluidos en situaciones más realistas, para las que los movimientos unidireccionales pueden
considerarse casos lı́mites correspondientes a valores extremos de los parámetros adimensionales
que caracterizan el movimiento. Como se verá, el estudio de dichas soluciones proporciona conceptos
fı́sicos y matemáticos fundamentales para el análisis de situaciones reales más complejas. Además,
para la resolución de algunos de los problemas aquı́ considerados se introducirán de un modo
intuitivo y sencillo técnicas matemáticas muy potentes (perturbaciones regulares y singulares y
soluciones de semejanza) que resultan útiles en otros capı́tulos de la Mecánica de Fluidos. En los
Apéndices 7.I y 7.II se exponen brevemente los fundamentos de estas técnicas.
En lo que sigue se considerarán primero los movimientos unidireccionales de lı́quidos en los
que la viscosidad se supone independiente de la temperatura o, en otras palabras, cuando las
variaciones de temperatura en el lı́quido son lo suficientemente pequeñas como para suponer que la
viscosidad es constante en primera aproximación. Ocurre entonces que las ecuaciones que describen
el problema mecánico están desacopladas de las del problema térmico y ambos pueden atacarse
por separado facilitando su resolución. Posteriormente, se considerarán los efectos de compresi-
bilidad y conducción de calor mediante el análisis de casos sencillos de movimiento unidireccional
y estacionario de gases.
∂u
= 0, (7.1)
∂x
requiere la independencia del campo de velocidades respecto a x, u = u(y, z, t), siendo y y z
coordenadas cartesianas en un plano perpendicular a x. Por tanto, las tres componentes de la
125
126 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
Conviene indicar, finalmente, que en virtud de la linealidad de la ecuación (7.6) se pueden super-
poner soluciones lo que facilita la obtención de éstas y su interpretación fı́sica de la solución del
problema si se separan las contribuciones de las distintas causas que intervienen en el movimiento.
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 127
esfuerzo viscoso, τxy = µ ∂ u/∂ y, es constante en todo el flujo e igual a µ V /h, siendo ésta, por
tanto, la fuerza por unidad de superficie necesaria para mover la placa superior con velocidad V
y la que es necesario hacer, pero en sentido contrario, para que la placa inferior no sea arrastrada
por el movimiento del fluido (la medición de esta fuerza constituye un procedimiento simple para
determinar experimentalmente la viscosidad de un lı́quido). La potencia por unidad de superficie
comunicada a la placa es, por tanto, µ V 2 /h. Finalmente, el caudal por unidad de longitud que
fluye entre las placas es
Z h
Vh
q= udy = . (7.13)
o 2
pl r2
u=− + c1 ln r + c2 . (7.22)
4µ
Como la velocidad no puede ser singular en el eje, c1 = 0; por otra parte, la velocidad debe ser
nula en la pared, r = D/2, ası́ que
" µ ¶2 #
pl D2 2r
u= 1− . (7.23)
16 µ D
expresión que se podrı́a haber obtenido aplicando la ecuación de cantidad de movimiento en forma
integral al volumen de control contenido entre las dos secciones y la pared del conducto.
130 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
Es útil expresar los resultados anteriores en función de la velocidad media del lı́quido en el
conducto
4Q D2 pl
V̄ ≡ = ; (7.28)
π D2 32 µ
se tiene entonces " µ ¶2 #
2r
u = 2 V̄ 1 − (7.29)
D
que muestra que la velocidad máxima (en el eje del conducto) es doble que la velocidad media.
Por otra parte, la expresión de Hagen-Poiseuille (7.26) se escribe a veces en función del número de
Reynolds, definido con la velocidad media,
ρ V̄ D
Re = , (7.30)
µ
en la forma
(p + ρ U )1 − (p + ρ U )2 L 64
2
= . (7.31)
ρ V̄ /2 D Re
Es usual definir el coeficiente de fricción cf , también se utiliza el factor de fricción λ = 4cf , como
el cociente entre el esfuerzo de fricción en la pared y la presión dinámica media de la corriente.
Teniendo en cuenta (7.27) y (7.31) se tiene
λ τf 16
cf = = = . (7.32)
4 ρ V̄ 2 /2 Re
Obsérvese que el coeficiente de fricción depende exclusivamente del número de Reynolds basado
en la velocidad media de la corriente.
Conviene indicar, finalmente, que la solución anterior es estable sólo para números de Reynolds
menores que un cierto valor crı́tico, Re∗ (alrededor de 2300). Como se verá en el Capı́tulo 16, para
Re > Re∗ el flujo se hace turbulento, caracterizándose por variaciones caóticas espacio-temporales
de las magnitudes fluidas y los resultados obtenidos en esta sección, correspondientes a un régimen
laminar, unidireccional y estacionario, dejan de ser válidos.
∂v ∂2 v
=ν , (7.35)
∂t ∂ y2
2 Demuestre el lector que la formulación de este problema es idéntica al de la difusión de calor en un dominio
semiinfinito cuando la frontera del mismo (en y = 0) adquiere súbitamente una temperatura constante.
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 131
5
y
4
Ö n t
3
0 ,2 0 ,4 0 ,6 0 ,8 1
u / V
√
a distancias de la placa y ∼√ ν t.5 Por tanto, se puede definir en cada instante una longitud de
penetración viscosa, δv (t) ≡ ν t, que es una medida del espesor caracterı́stico de la zona a través
de la cual ha habido una difusión apreciable de cantidad de movimiento hasta dicho instante.
Finalmente, el esfuerzo de fricción que el lı́quido ejerce sobre la placa y que se opone al movi-
miento de la misma es ¯ r
∂ u ¯¯ ν
τf = µ ¯ = −ρ V . (7.44)
∂ y y=0 πt
El problema anterior se complica notablemente si se incluye una placa fija paralela a la móvil a
una distancia h de ella, puesto que introduce una longitud caracterı́stica que impide la existencia
de solución de semejanza [debido a la condición de contorno en y = h se tiene, en este caso,
v = v(y, t, ν, h), que no puede reducirse a la forma (7.38)]. Con objeto de escribir el nuevo problema
en la forma más simplificada posible conviene introducir las variables adimensionales
u y t
v= η= , y τ= , (7.45)
V h to
donde to es un tiempo caracterı́stico que se ha introducido arbitrariamente y puede, por tanto,
elegirse en la forma más convenientemente. En términos de las nuevas variables, la ecuación y
condiciones iniciales y de contorno del problema se escriben
∂v ν to ∂ 2 v
= 2 , (7.46)
∂τ h ∂ η2
En efecto, para la zona en plena fase transitoria tanto las variaciones temporales como las espaciales son apreciables
y, en orden de magnitud,
u(y, t) − u(y, 0) u(y, t) − u(0, t)
∼ν ;
t y2
teniendo√ en cuenta que, en dicha zona, u(y, t) − u(y, 0) = u(y, t) ∼ V y u(y, t) − u(0, t) = u(y, t) − V ∼ V , se deduce
que y ∼ ν t.
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 133
transmite por difusión a todo el fluido. La solución del problema (7.46)-(7.47) que, como es sabido,
puede obtenerse por separación de variables utilizando series de Fourier, o mediante el método de
la transformada de Laplace, es
∞
X
v(η, τ ) = 1 − η − (2/n π) exp(−n2 π 2 τ ) sen(n π η), (7.48)
n=1
que se representa en la figura 7.4 para distintos tiempos tomando 50 términos de la serie de Fourier.
t = n t/h 2 = ¥
0 ,8
0 ,2 5
0 ,1 2
0 ,6
0 ,0 8
y /h
0 ,4
0 ,0 4
0 ,0 1
0 ,2
0 ,0 0 6
0 ,0 0 2
0
0 0 ,1 0 ,2 0 ,3 0 ,4 0 ,5 0 ,6 0 ,7 0 ,8 0 ,9 1
u /V
La expresión (7.48) es engorrosa tanto para uso analı́tico como computacional, pero es posible
encontrar soluciones aproximadas más sencillas del problema para tiempos grandes y pequeños
frente a h2 /ν, es decir, en los lı́mites τ À 1 y τ ¿ 1. En efecto, para t À h2 /ν (τ À 1) el
tiempo transcurrido desde el inicio del proceso es mucho mayor que el requerido por la difusión
viscosa para informar al fluido del movimiento de la placa inferior. En estas circunstancias, el fluido
ha dispuesto de un tiempo suficiente para adaptarse a las condiciones de contorno estacionarias
existentes, y el perfil de velocidades se corresponderá, en primera aproximación, con el de Couette:
³ y´
u'V 1− . (7.49)
h
La validez de esta aproximación, obtenida mediante argumentos fı́sicos, puede comprobarse, en
este caso, mediante la solución exacta (7.48); en efecto, la contribución del régimen transitorio,
representado por la serie infinita en (7.48), decae exponencialmente con el tiempo, por lo que la
solución exacta tiende a (7.49) cuando τ À 1 [de hecho, se observa en la Figura 7.4 que el perfil
de Couette es aproximadamente válido incluso para τ = 0(1)].
Por otra parte, para t ¿ h2 /ν (τ ¿ 1) habrá tenido lugar una difusión
√ apreciable de cantidad
de movimiento sólo a través de una delgada capa (capa lı́mite) y ∼ ν t ¿ h en la cual están
confinadas √las variaciones apreciables de velocidad (ver Figura 7.4); √ fuera de esta capa, es decir,
para y À ν t, la velocidad es despreciable. Por tanto, como h À ν t, la posición de la placa
superior es irrelevante para el movimiento dentro de la capa lı́mite, por lo que en la misma el
campo de velocidades debe coincidir, en primera aproximación, con el correspondiente al problema
de Rayleigh:
u √
' 1 − E(y/ ν t). (7.50)
V
134 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
√
Obsérvese que dicha solución acopla con la solución u/V ' 0 para y À ν t, por lo que (7.50)
constituye una aproximación uniformemente válida no sólo en la capa lı́mite, sino en todo el dominio
fluido y ≤ h.6
Corriente inducida por el movimiento de una placa oscilante en presencia de otra fija.
Corriente de Stokes
Considérese el movimiento periódico de un lı́quido situado entre dos placas paralelas e infinitas
inducido por el movimiento oscilante de una de ellas paralelamente a sı́ misma. Si las placas están
separadas una distancia h y la inferior posee un movimiento armónico de amplitud V y frecuencia
ω, la ecuación y condiciones de contorno que gobiernan el problema son:
∂u ∂2 u
=ν , (7.51)
∂t ∂ y2
u(0, t) = V cos ω t y u(h, t) = 0; (7.52)
obsérvese que no se han impuesto condiciones iniciales, puesto que se busca una solución periódica.
El análisis se simplifica si se tiene en cuenta que, debido a la linealidad del problema, la solución
puede obtenerse como la parte real de la solución u1 del problema de contorno
∂ u1 ∂ 2 u1
=ν , (7.53)
∂t ∂ y2
o h
V
u= e(2h̄−ȳ) cos(ωt − ȳ) + e−(2h̄−ȳ) cos(ωt + ȳ)−
e2h̄ + e−2h̄ − 2 cos 2h̄
¤
e−ȳ cos(ωt + 2h̄ − ȳ) − eȳ cos(ωt + ȳ − 2h̄) , (7.60)
donde ȳ = [ωy 2 /(2ν)]1/2 , h̄ = [ωh2 /(2ν)]1/2 y el sı́mbolo < significa la parte real de la función
compleja.
Si se tiene en cuenta que (ν/ω)1/2 es la longitud caracterı́stica de penetración de los efectos
viscosos correspondiente a un tiempo del orden del inverso del periodo de oscilación es posible
6 Las soluciones asintóticas (7.49) y (7.50) pueden también obtenerse mediante los métodos de perturbaciones
y se hace uso de la expresión aproximada senh z = z + 0(|z|3 ), válida para |z| ¿ 1, se obtiene de
(7.59):
u ' V (1 − y/h) cos ω t. (7.62)
Dicha solución corresponde al problema de Couette casi-estacionario
∂2 u
= 0, (7.63)
∂ y2
que se opone al movimiento de la placa, pero con un desfase de π/4 radianes en relación a su
movimiento.8
en el Apéndice 7.II.
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 137
también el orden de magnitud tanto de las variaciones temporales como espaciales de u, se tiene
que uo /to ∼ ν uo /D2 , o to ∼ D2 /ν. Esto sugiere la introducción de las variables adimensionales
t 4ν t 2r 16 µ û
τ= = 2, ξ= , v= , (7.75)
to D D pl D2
mediante las que el problema (7.73) y (7.74) se puede escribir en forma más simple:
µ ¶
∂v 1 ∂ ∂v
= ξ , (7.76)
∂τ ξ ∂ξ ∂ξ
G = A Jo (λ ξ) + B Yo (λ ξ), (7.81)
donde A, B y C son constantes arbitrarias y Jo e Yo son funciones de Bessel de orden cero.9 Dado
que la función Yo es singular en el eje (ξ = 0), la constante B debe ser nula para que la solución
(7.78) satisfaga la condición de regularidad. Por otra parte, y dado que (7.78) debe anularse en
ξ = 1, G(1) debe de ser también nula, por lo que los posibles valores de la constante λ son tales
que anulan la función Jo ; esto es, Jo (λ) = 0. Teniendo en cuenta que las funciones Jo (λn ξ), donde
los λn son los ceros positivos de Jo , forman un conjunto completo de funciones en 0 ≤ ξ ≤ 1, la
solución se puede escribir como:
∞
X 2
v(ξ, τ ) = An Jo (λn ξ) e−λn τ . (7.82)
n=1
consultar varias referencias; por ejemplo, R. V. Churchill y J. M. Brown, 1987, Fourier Series and Boundary Value
Problems, o Handbook of Mathematical Tables, eds. M. Abramowitz e I. A. Stegun, National Bureau of Standards,
1972.
138 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
debe indicarse que en los cálculos anteriores se ha hecho uso de la ortogonalidad de las funciones
Jo Z 1
1
Jo (λn ξ) Jo (λm ξ) ξ d ξ = [J1 (λm )]2 δmn , (7.85)
o 2
y de la igualdad Z 1
4 J1 (λm )
(1 − ξ 2 ) Jo (λm ξ) ξ d ξ = , (7.86)
o λ3m
donde J1 es la función de Bessel de orden uno. Por tanto, la solución del problema es
∞
16 µ û X 8 2
v= = J (λ ξ) e−λn τ ,
3 J (λ ) o n
(7.87)
pl D2 λ
n=1 n 1 n
1
¥
0 ,6
0 ,5
0 ,8
1 6 m u
0 ,4
p l D 2 0 ,6 0 ,3
0 ,2
0 ,4
0 ,1
0 ,2
t = 0 ,0 5
0
0 0 ,1 0 ,2 0 ,3 0 ,4 0 ,5 0 ,6 0 ,7 0 ,8 0 ,9 1
2 r/D
Figura 7.5: Transitorio en un conducto de sección circular. Perfiles de velocidad para distintos
tiempos.
La solución (7.87), o (7.88), es suma de un término transitorio, expresado como una serie
infinita de funciones, y la corriente estacionaria de Poiseuille (7.23) a la que tiende la solución
cuando t → ∞. Obsérvese que, como se indicó anteriormente, el orden de magnitud de la duración
efectiva del transitorio es to ∼ D2 /ν, de tal forma que para tiempos grandes frente a D2 /ν el
término exponencial se hace muy pequeño y la solución se puede aproximar por la corriente de
Poiseuille. La solución (7.88), véase Figura 7.5, originariamente obtenida por Szymanski en 1932,
se ha obtenido tomando cinco términos de la serie, los cuales son suficientes para que ésta converja
con errores menores del uno por ciento para tiempos pequeños y sea prácticamente exacta para
τ = 0(1).
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 139
u2 ∂p
−ρ
=− + ρ fmr , (7.90)
r ∂r
· µ ¶ ¸
∂u 1 ∂p 1 ∂ ∂u ∂2 u u
ρ =− +µ r + − + ρ fmθ , (7.91)
∂t r ∂θ r ∂r ∂r ∂ z2 r2
∂p
0=− + ρ fmz . (7.92)
∂z
Obsérvese que, debido a la simetrı́a respecto al eje z, las fuerzas gravitatorias y, en su caso,
las asociadas a la aceleración lineal del sistema de referencia tienen que ser paralelas al eje z:
fm,z = −g + ao (t). Por otra parte, las componentes de las fuerzas másicas en las direcciones radial
y circunferencial serán las inerciales asociadas al movimiento giratorio del sistema de referencia
alrededor del eje z. Si la velocidad angular del sistema de referencia es Ω = Ω(t) ez , de acuerdo
con (4.4) se tiene:
Debe indicarse que una dependencia de u con la coordenada z originarı́a, debido a las fuerzas
centrı́fugas y de Coriolis, una dependencia axial de P que producirı́a un movimiento en la direc-
ción de z, y destruirı́a el flujo puramente circunferencial. Por tanto, los movimientos puramente
circunferenciales son también bidimensionales. En términos de P y u, las ecuaciones (7.90)-(7.92)
se transforman en las dos ecuaciones siguientes
u2 ∂P
ρ + ρ Ω2 r + 2 ρ Ω u = , (7.95)
r ∂r
µ 2 ¶
∂u 2 ∂ u 1 ∂u u
ρ + ρΩ r = µ + − 2 . (7.96)
∂t ∂ r2 r ∂r r
Finalmente, la ecuación de la energı́a, que está desacoplada del problema mecánico (7.95)-(7.96),
se escribe µ ¶ · ¸
∂T u ∂T ∂ ³u´
ρc + = K ∇2 T + µ r . (7.97)
∂t r ∂θ ∂r r
En lo que sigue, se considerarán algunos ejemplos particulares de flujos unidireccionales con
geometrı́a cilı́ndrica.
140 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
donde para obtener C1 y C2 se ha tenido en cuenta (7.99). A partir del campo de velocidades, la
presión (reducida) se obtiene mediante (7.95), salvo una constante arbitraria:
µ 2 ¶
u2 C1 2 2 C1 C2 ∂P
ρ =ρ 3
+ C2 r + = , (7.101)
r r r ∂r
que integrada proporciona
µ ¶
C12 C22 r2
P − Po = ρ + + 2 C1 C2 ln r . (7.102)
2 r2 2
El esfuerzo viscoso viene dado por
µ ¶ µ ¶
0 ∂u u 2 µ C1 2µ Ω1 − Ω2
τrθ = µ − =− 2 =− 2 , (7.103)
∂r r r r R1−2 − R2−2
y si Ω2 > Ω1 , el par C por unidad de longitud axial que es necesario aplicar para mantener la
velocidad angular de uno de los cilindros, por ejemplo el exterior, es
µ ¶
2 0 Ω2 − Ω1
C = 2 π R2 τrθ (r = R2 ) = 4 π µ . (7.104)
R1−2 − R2−2
Obsérvese que el par es independiente de r, ası́ que el que habrı́a que aplicar al cilindro interior
para mantener su velocidad angular serı́a el mismo que en el caso anterior pero de signo opuesto.
La medida experimental de este par es un procedimiento comúnmente usado para determinar la
viscosidad de los lı́quidos. Este tipo de aparatos denominados viscosı́metros poseen geometrı́as
variadas; normalmente, en aquellos que tienen geometrı́a cilı́ndrica se mantiene fijo el cilindro
exterior (Ω2 = 0) y se hace girar el interior con velocidad angular Ω, siendo el par necesario
4 π µ Ω/(R1−2 − R2−2 ).
Un caso particular del movimiento anterior es, por ejemplo, el generado en el interior de un
único cilindro de radio R que gira con velocidad Ω. En este caso, la regularidad en el eje exige
C1 = 0 en (7.100) y, por tanto, el campo de velocidades estacionario es el correspondiente a un
giro como sólido rı́gido:
u = Ω r. (7.105)
7.2. Movimiento unidireccional de lı́quidos 141
Si en el exterior de este único cilindro que gira existe una masa ilimitada de lı́quido, su distribución
de velocidades viene dada también por (7.100) con C2 = 0 para satisfacer la condición de velocidad
nula lejos de la pared del cilindro, u → 0 cuando r → ∞; se tiene entonces
R2 Ω
u= . (7.106)
r
Este movimiento es irrotacional, siendo la circulación del vector velocidad alrededor de cualquier
curva cerrada que rodee al cilindro Γ = 2 π R2 Ω, véase (3.73). Compruebe también el lector que
el par necesario para mover al cilindro con velocidad angular constante es 4 π µ R2 Ω.
Es importante indicar que, como se verá en el Capı́tulo 15, la solución (7.101) deja de ser
estable, y por tanto el movimiento en el interior de los cilindros es distinto al descrito, cuando
el número adimensional T , denominado número de Taylor, que mide la importancia relativa de
las fuerzas centrı́fugas frente a las viscosas, excede de un cierto valor crı́tico Tc . Este valor crı́tico
depende del cociente ω entre las velocidades angulares de los cilindros; para 0 ≤ ω ≤ 1 la solución
numérica del problema de la estabilidad demuestra que la dependencia con ω es muy débil, siendo
Tc ' 1700. Cuando T > Tc aparecen en el movimiento unos vórtices toroidales llamados vórtices
de Taylor superpuestos al flujo rotatorio original; estos vórtices son perpendiculares al eje de los
cilindros y cada par de vórtices adyacentes giran en sentidos opuestos. Un estudio detallado de la
estabilidad de algunas corrientes fluidas se realizará en el Capı́tulo 15.
Este problema es similar al de Rayleigh analizado en (7.2.3), pero con simetrı́a cilı́ndrica;
como allı́, el análisis dimensional (véase también el Apéndice 7.I) demuestra que el problema
(7.112)-(7.113) admite solución de semejanza, de forma que ω ν t/Γ es función sólo de la variable
de semejanza r/(ν t)1/2 ; esto es
Γ r
ω= f (η) con η= . (7.114)
νt (ν t)1/2
Sustituyendo (7.114) en (7.113) se obtiene
1 + η2 ˙
f¨ + f + f = 0, (7.115)
2η
con las condiciones de contorno
cuya solución es
2
f = Ke−η /4
. (7.117)
La constante K se determina imponiendo la condición de que el flujo de vorticidad a través de
cualquier plano z = const. sea igual a la circulación a lo largo de cualquier curva cerrada contenida
en ese plano y que encierre al origen
Z ∞ Z ∞
Γ= ω2πrdr = Γ K f (η)2πηdη = 4πKΓ. (7.118)
o o
La condición anterior se justifica por el hecho de que en este problema no existen paredes sólidas
que introduzcan vorticidad en el dominio fluido a través de la viscosidad; en este caso la viscosidad
difunde la vorticidad en el medio pero no la crea.
En variables fı́sicas y de acuerdo con (7.114)-(7.118), la vorticidad se expresa en la forma10
µ ¶
Γ r2
ω(r, t) = exp − (7.119)
4πν t 4ν t
y la velocidad viene dada por
Z r · µ ¶¸
1 Γ r2
u(r, t) = ωrdr = 1 − exp − . (7.120)
or 2πr 4ν t
√
Obsérvese que para distancias r tales que (r ¿ ν t), (7.120) se reduce a
Γr
u(r, t) ' , (7.121)
8πν t
10 El problema aquı́ resuelto es similar al de conducción de calor en un medio sólido infinito desde una fuente de
calor concentrada en el eje y con temperatura infinita en el instante inicial, ya que la ecuación y las condiciones de
contorno de estos dos problemas son las mismas.
7.3. Corriente de Couette compresible 143
que corresponde a un giro como sólido rı́gido con velocidad angular ω(t) = Γ/8 π ν t; de hecho,
para t → ∞, todo el fluido se mueve como un sólido rı́gido con velocidad√angular que tiende a
cero, véase (7.121). Por el contrario, a distancias grandes del origen (r À ν t) el movimiento es
irrotacional, tal y como lo era inicialmente,
Γ
u(r, t) ' . (7.122)
2πr
En cuanto a la vorticidad y como se indica en (7.119) se va difundiendo radialmente a medida
que transcurre el tiempo y transforma el movimiento irrotacional inicial (7.107) en un movimiento
rotacional de giro como sólido rı́gido (7.121).
Conviene indicar que este cambio de variables no es arbitrario, ya que los coeficientes de viscosidad
y conducción de calor, µ y K, dependen de la temperatura, pero en gases el número de Prandtl es
casi independiente de ella y puede ser tomado en primera aproximación como constante.
La ecuación (7.127), teniendo en cuenta (7.125), puede escribirse en la forma
· µ ¶¸
d du 1 dh
µ u + = 0, (7.128)
dy dy Pr dy
du
µ(u) = τH , (7.133)
dy
que si se integra nuevamente y se imponen las condiciones de contorno en las placas se obtienen
respectivamente la relación Z u
1
y= µ(u) d u (7.134)
τH o
y el esfuerzo sobre las placas
Z V
1
τH = τo = µ(u) d u. (7.135)
H o
2 V2 U2
MH = = , (7.141)
γ R TH cp (γ − 1)TH
se obtiene
qo To − Tr
= 2 T . (7.142)
τo V (γ − 1)P r MH H
Un resultado interesante es que, como se ve en (7.142), para que exista transferencia de calor
desde la pared hacia el fluido es necesario que la temperatura de la pared sea mayor que la de
recuperación To > Tr ; no basta, por tanto, que To sea mayor que TH (temperatura de la pared
móvil).
cuya integración numérica no presenta dificultad alguna. No obstante, se discutirán aquı́ dos casos
lı́mites de (7.144)-(7.145) para los que existen soluciones simplificadas.
a) Caso MH ¿ 1.
En este caso la relación entre el calor añadido por conducción y el disipado por viscosidad,
−2
qo /τo V , es muy grande, como puede comprobarse de (7.142), qo /τo V ∼ MH . De (7.143), para
MH ¿ 1, se tiene Tr ' TH y, por tanto,
µ ¶
qo 1 cp (To − TH ) 1 To
= = 2 −1 , (7.146)
τo V Pr V2 P r (γ − 1) MH TH
T To − TH ³ u´
=1+ 1− . (7.147)
TH TH V
y el esfuerzo en la pared fija, con las simplificaciones anteriores, resulta de integrar (7.145)
"µ ¶n+1 #
1 V TH To
τo = µH −1 . (7.150)
n+1 H To − TH TH
b) Caso MH → ∞.
En este caso, la expresión (7.142) muestra que qo /(τo V ) → 0, lo que indica que la disipación de
energı́a mecánica por viscosidad es mucho mayor que la transportada por conducción, y de (7.140)
se obtiene To ' Tr . El campo de temperaturas simplificado se obtiene de (7.143)
µ ¶
T γ−1 2 u2
=1+ P rMH 1 − 2 , (7.151)
TH 2 V
y el esfuerzo en la pared
Z u · µ ¶¸n
τo b γ−1 u2
= 1+ P rMb2 1 − 2 d u. (7.153)
µH o 2 V
7.3. Corriente de Couette compresible 147
APÉNDICE 7.I
En este Capı́tulo se han obtenido algunas soluciones de semejanza mediante métodos heurı́sticos
basados en razonamientos fı́sicos y de análisis dimensional. Por su importancia para el tratamiento
de numerosos problemas fluidodinámicos, en particular en el análisis de flujos en capas lı́mites que
se realizará en el Capı́tulo 14, se ilustrará en este Apéndice cómo dichas soluciones pueden obtener-
se a partir de una teorı́a más general, debida al matemático noruego Sophus Lie (1842-1899), que
está basada en la invariancia de las ecuaciones y condiciones de contorno que definen el problema
frente a grupos de transformaciones paramétricas.
Para fijar ideas considérese la ecuación diferencial y condiciones iniciales y de contorno correspon-
dientes al problema de Rayleigh
∂u ∂2 u
=ν , (7.154)
∂t ∂ y2
u(y, 0) = 0, ∀y > 0; u(0, t) = V, u(∞, t) = 0, ∀t > 0. (7.155)
Es interesante investigar ahora si dicho problema permanece invariante frente a la transformación
paramétrica
t = λ t∗ , y = λα y ∗ , u = λβ u∗ ; (7.156)
es decir, si existen valores de α y β tales que las ecuaciones (7.154)-(7.155) escritas en términos de
u∗ , y ∗ y t∗ resultan formalmente idénticas a las escritas en términos de las variables originales u, y
y t [ecuaciones (7.154)-(7.155)]. Si dicha invariancia existe y u = F (y, t) es la solución del problema
original, entonces la solución del problema transformado es, naturalmente, u∗ = F (y ∗ , t∗ ). Además,
la función u/tβ = F (y, t)/tβ = G(y, t) debe permanecer independiente de λ bajo la transformación,
ya que de (7.156) se deduce que u/tβ = u∗ /t∗β = G(y ∗ , t∗ ) = G(y, t). Por tanto, G puede depender
de y y t sólo a través de la combinación y/tα , que transforma independientemente de λ la expresión
y/tα = y ∗ /t∗α . Esto exige que la solución del problema sea necesariamente de la forma
u = tβ G(y/tα ), (7.157)
que introducida en las ecuaciones de partida conduce a una ecuación diferencial ordinaria para
determinar G. En efecto, sustituyendo (7.157) en (7.154)-(7.155), se obtiene
∂ u∗ 2 ∗
−2α ∂ u
λ−1 = −λ ν , (7.158)
∂ t∗ ∂ y ∗2
u∗ (y ∗ , 0) = 0, y ∗ > 0; u∗ (0, t∗ ) = λ−β V, u(∞, t∗ ) = 0, t∗ = 0, (7.159)
que resultan idénticas a las originales (7.154)-(7.155) si α = 1/2 y β = 0. Por tanto, de acuerdo
con (7.157), la solución del problema puede escribirse de la forma
√
u = V G(η) con η = y/ ν t, (7.160)
√
donde las constantes V y 1/ ν se han introducido con el solo propósito de simplificar la escritura de
la ecuación diferencial y condiciones de contorno resultantes de sustituir (7.160) en (7.154)-(7.155).
7.II. Introducción a los métodos de perturbaciones 149
APÉNDICE 7.II
Para ilustrar las denominadas técnicas de perturbaciones que, como se verá, facilitan enorme-
mente el análisis y la resolución de problemas en los que existe un parámetro pequeño, se calcularán
en este Apéndice las soluciones (7.62) y (7.66) correspondientes a los regı́menes lı́mites en la co-
rriente de un lı́quido inducida por el movimiento armónico de una placa, paralelamente a si misma,
en presencia de otra.
En efecto, considérese el problema definido por las ecuaciones (7.49)-(7.50) que, mediante la
introducción de las variables adimensionales
u y
v= , η= y τ = t ω, (7.161)
V h
puede escribirse de la forma
∂v ∂2 v
=β , (7.162)
∂τ ∂ η2
v(0, τ ) = cos τ, v(1, τ ) = 0, (7.163)
donde β es un parámetro adimensional definido como
ν
β≡ . (7.164)
h2 ω
En el lı́mite β À 1 se obtiene, dividiendo por β la ecuación (7.162), el problema cuasiestacionario
∂2 v
' 0 con v(0, τ ) = cos τ y v(1, τ ) = 0, (7.165)
∂ η2
cuya solución,
v ' (1 − η) cos τ, (7.166)
−1
coincide con (7.62). La solución anterior, que tiene errores del orden β ¿ 1, se puede hacer tan
exacta como se quiera sin más que expandir v en potencias de β −1 :
v = vo + β −1 v1 + β −2 v2 + ..., (7.167)
∂ vo ∂ 2 v1
= con v1 (0, τ ) = v1 (1, τ ) = 0; (7.168)
∂τ ∂ η2
Cuando la solución, como en este caso, es uniformemente válida en todo el dominio fluido, se dice
que se trata de un problema de perturbaciones regulares y puede obtenerse, por el método indicado,
una solución del problema tan exacta como se quiera.
150 Capı́tulo 7. Movimientos unidireccionales
∂v
' 0; (7.170)
∂τ
una de cuyas soluciones
v ' 0, (7.171)
satisface simultáneamente (7.170) y la condición de contorno en η = 1. Obviamente esta solución
no es uniformemente válida en todo el dominio fluido, puesto que no satisface la condición de
contorno en η = 0. Por tanto, existirá una capa delgada de fluido en las proximidades de la placa
inferior (capa lı́mite) en la cual la solución (7.171) (solución exterior) no es válida. El espesor de
esta capa se determina exigiendo que las derivadas temporales y espaciales en la ecuación (7.162)
sean del mismo orden. Definiendo
η = δ ξ, (7.172)
donde la nueva variable ξ se supone de orden unidad en la capa lı́mite, y sustituyendo en (7.162)
se tiene
∂v β ∂2 v
= 2 , (7.173)
∂τ δ ∂ ξ2
por lo que el espesor δ es del orden β 1/2 ¿ 1. Haciendo δ ≡ β 1/2 , y teniendo en cuenta que η = 1
equivale a
ξ = 1/δ → ∞, δ = β 1/2 → 0, (7.174)
el problema dentro de la capa lı́mite se reduce, en primera aproximación al problema de Stokes:
∂v ∂2 v
= con v(0, τ ) = cos τ y v(∞, τ ) = 0, (7.175)
∂τ ∂ ξ2
cuya solución √ √
v = e−ξ/ 2
cos(τ − ξ/ 2), (7.176)
coincide con (7.66). Esta solución es uniformemente válida [acopla con la solución (7.167), que
tiene errores de orden β −1 ¿ 1] salvo errores del orden de β −1 . La obtención de soluciones de
mayor orden (errores de orden menor) es más complicada que en el caso anterior puesto que habrı́a
que obtener la solución exterior en las siguientes aproximaciones (ve = veo + β ve1 + ..., veo = 0)
y acopladas con las sucesivas aproximaciones de la solución en la capa lı́mite, o solución interior,
[vi = vio + β 1/2 vi1 + ..., donde vio es la solución de Stokes (7.176)] en el lı́mite η → 0 para ve y
ξ → ∞ para vi . Este esquema de solución se denomina método de perturbaciones singulares y, en
general, se utiliza cuando en la aproximación de orden menor desaparece el término que contiene
las derivadas de mayor orden en la ecuación, con lo que no se pueden imponer la totalidad de las
condiciones de contorno.
Aplicando los métodos aquı́ expuestos al problema planteado en (7.46) y (7.47), el lector puede
comprobar fácilmente la validez de las soluciones aproximadas (7.49) y (7.50).
Capı́tulo 8
Movimiento casi-unidireccional de
lı́quidos con viscosidad dominante
151
152 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
µ ¶
∂ vz ∂ vz ∂ vz ∂ vz 1 ∂(p + ρ U ) ∂ 2 vz ∂ 2 vz ∂ 2 vz
+ vx + vy + vz =− +ν 2
+ 2
+ , (8.5)
∂t ∂x ∂y ∂z ρ ∂z ∂x ∂y ∂ z2
donde ν = µ/ρ es la viscosidad cinemática del fluido. Obsérvese que, salvo errores del orden
de (Do /L)2 ¿ 1, los términos que contienen a ∂ 2 /∂ x2 en la expresión de las fuerzas viscosas
pueden despreciarse frente a los que contienen ∂/∂ y 2 y ∂/∂ z 2 . Por otra parte, teniendo en cuenta
la condición (8.2), las ecuaciones (8.3)-(8.5) suministran la relación entre las fuerzas de inercia
convectiva y de viscosidad. En efecto, de (8.3) se tiene vx ∂ vx /∂ x ∼ Vo /L2 y ν ∂ 2 vx /∂y 2 ∼ ν Vo /D2 ,
y su cociente
Vo2 /L Vo Do Do Do
∼ = Re ; (8.6)
ν Vo /Do2 ν L L
análogamente, de (8.4) o (8.5) se obtiene también
Vo VT /L Vo Do Do Do
2
∼ = Re , (8.7)
ν VT /Do ν L L
Vo /to Do2
∼ , (8.8)
ν Vo /Do2 ν to
∆L (p + ρ U ) Vo ∆T (p + ρ U ) VT
∼µ 2 y ∼ µ 2, (8.10)
L Do Do Do
por lo que en primera aproximación, las variaciones de presión transversales son despreciables y se
puede considerar p + ρ U constante en cada sección del conducto. Es decir,
p + ρ U = f (x, t) (8.12)
8.1. Flujo en conductos de sección lentamente variable 153
sustituye a las dos ecuaciones de cantidad de movimiento en sentido transversal.1 Por tanto, la
ecuación de cantidad de movimiento longitudinal (8.3) se reduce a
µ 2 ¶
∂ vx ∂ 2 vx
pl + µ + = 0, (8.13)
∂ y2 ∂ z2
donde C(x, y, z) = 0 representa la ecuación de las paredes sólidas del conducto, y, en su caso,
habrá que añadir condiciones de regularidad de u en el interior del dominio fluido (como se verá,
dicha condición depende del sistema de coordenadas usado de acuerdo con la geometrı́a de la
sección). La ecuación (8.13) expresa que si las fuerzas de inercia locales y convectivas (asociadas,
respectivamente, a la dependencia temporal del proceso y a las aceleraciones que las partı́culas
fluidas experimentan a lo largo del conducto debidas a variaciones de sección) son despreciables
frente a las viscosas (Do2 /ν to ¿ 1 y Re Do /L ¿ 1) el gradiente de presión reducida se emplea,
en primera aproximación, en vencer las fuerzas de viscosidad para mantener el movimiento, siendo
despreciable la fracción de dicho gradiente invertida en variar la cantidad de movimiento de las
partı́culas fluidas. Obsérvese que el fluido se comporta en cada sección del conducto como si éste
tuviese longitud infinita y sección constante (la local); la coordenada longitudinal x y el tiempo t
actúan en (8.13) como parámetros a través de pl (x, t).
Conviene indicar que las ecuaciones de cantidad de movimiento (8.3)-(8.5) son las correspon-
dientes a un conducto recto. No obstante, los resultados y condiciones de contorno anteriores, en
particular (8.13) y (8.14), pueden aplicarse a conductos curvos siempre que la relación entre la
dimensión transversal y el radio de curvatura caracterı́stico Rc sea pequeña, es decir, Do /Rc ¿ 1.2
En este caso, si x es la coordenada a lo largo de la lı́nea media del conducto, éste puede considerarse
como localmente recto en un entorno de cada punto x.
Con objeto de obtener resultados válidos para cualquier geometrı́a de la sección del conducto,
conviene escribir las ecuaciones (8.13)-(8.14) en forma adimensional. Para ello debe tenerse en
1 Esta aproximación es independiente de la hipótesis de fuerzas de viscosidad dominantes, siendo una consecuen-
cia, exclusivamente, de la condición geométrica Do /L ¿ 1. En efecto, si las fuerzas de inercia convectiva fuesen
dominantes se tendrı́a
∆L (p + ρ U ) ρ Vo2 ∆T (p + ρ U ) ρ VT2
∼ , ∼ ,
L L Do Do
por lo que ∆L (p + ρ U )/∆T (p + ρ U ) ∼ (Do /L)2 ¿ 1. Por otra parte, si las fuerzas de inercia locales fuesen
dominantes
∆L (p + ρ U ) ρ Vo ∆T (p + ρ U ) ρ VT
∼ , ∼ ,
L to Do to
por lo que se tendrı́a también ∆L (p + ρ U )/∆T (p + ρ U ) ∼ (Do /L)2 ¿ 1.
2 Obsérvese que en conductos curvos, debido a la aceleración centrı́peta de las partı́culas, la componente trans-
versal del término convectivo es del orden ρ Vo2 /Rc , donde Vo es la velocidad tı́pica longitudinal. Si las fuerzas de
inercia convectivas son dominantes, se tiene (supuesto Rc ∼ L)
∆T (p + ρ U ) ρ Vo2 ∆L (p + ρ U )
∼ ∼ ,
Do Rc L
y
∆T (p + ρ U ) Do
∼ ¿ 1.
∆L (p + ρ U ) L
Este resultado, diferente del obtenido para un conducto recto [∆T (p+ρ U )/∆L (p+ρ U ) ∼ Do2 /L2 ¿ Do /L], también
permite considerar en primera aproximación p + ρ U 6= f (y, z) para un conducto curvo independientemente de que
las fuerzas de inercia o de viscosidad sean dominantes.
154 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
cuenta que, en general, el contorno del conducto vendrá definido por una ecuación de la forma
donde D(x), D1 (x), ...Dn (x) son longitudes caracterı́sticas de la sección del conducto que aparecen
en la ecuación que define su forma. El teorema π permite escribir entonces dicha relación en la
forma C(ξ, η, α1 , ...αn ) = 0 donde ξ = y/D(x), η = z/D(x) y αi = Di /D(x) (i = 1, ...n). Si se
define ahora la velocidad adimensional
µ
u= vx , (8.15)
pl D 2
donde pl = pl (x, t) y D = D(x), las ecuaciones (8.13)-(8.14) se transforman en
∂2 u ∂2 u
+ = −1, (8.16)
∂ ξ2 ∂ η2
con la condición de contorno
donde S(x, y, z, D, ...Dn ) representa el área de una sección transversal y S(ξ, η, α, ...αn ) es su
correspondiente forma adimensional. La función
Z
Φ= u d ξ d η, (8.19)
S
dependa del tiempo. Esta situación se considerará posteriormente para el caso pelı́culas lı́quidas.
8.2. Tubos de longitud finita. Efecto de entrada 155
Obsérvese que, en este caso, Φ es un número puro debido a que en la ecuación del contorno circular,
x2 + y 2 − D2 (x)/4 = 0, sólo depende de una longitud caracterı́stica, D(x), y al adimensionalizar
no aparecen, por tanto, los αi .
Figura 8.1: Perfiles de velocidad en la región de entrada. Fotografı́a tomada de Visualized Flow,
The Japan Society of Mechanical Engineers, Pergamon, 1988.
En efecto, si la entrada a un tubo desde un depósito está bien diseñada, la velocidad justo en
la sección de entrada del conducto es prácticamente uniforme y de valor Ve , Figura 8.2, salvo en
una capa muy delgada en la pared del conducto donde la velocidad cae desde el valor Ve en el
156 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
exterior de la capa hasta cero en la pared. El espesor de esta capa va creciendo aguas abajo debido
a que el efecto de frenado de las paredes se va difundiendo por viscosidad. Mientras que el espesor
de esa capa no alcance el eje del conducto existirá, en torno a él, un núcleo no viscoso donde la
velocidad es uniforme. La constancia del caudal en cada sección del conducto y el hecho de que
la capa viscosa, donde la velocidad del lı́quido es menor, crezca aguas abajo son responsables de
que el lı́quido del núcleo viscoso se acelere y la presión disminuya aguas abajo, a medida que éste
se estrecha. Naturalmente, a medida que el núcleo central no viscoso se estrecha, la inercia del
fluido disminuye progresivamente y el perfil de velocidades se va aproximando asintóticamente al
de Hagen-Poiseuille.
C a p a N ú c le o P e r fil d e v e lo c id a d e s
v is c o s a n o v is c o s o d e H a g e n -P o is e u ille
r
u ( r ,x ) x
L o n g itu d d e e n tr a d a R e g ió n d e
flu jo d e s a r r o lla d o
Le ρ Ve D
∼ Re ∼ . (8.24)
D µ
Cuando la longitud total L del tubo (L À D) es tal que Re D/L ¿ 1, la longitud de entrada
Le es mucho menor que L, Le /L ∼ Re D/L ¿ 1, y la caı́da de presión en la región de entrada,
∆Le (p + ρ U ) ∼ ρ Ve2 , es muy pequeña comparada con la que tiene lugar en la longitud L del tubo
supuesto establecido el régimen de Hagen-Poiseuille, ∆L (p + ρ U ) ∼ µ Ve L/D2 ; esto es ∆Le (p +
ρ U )/∆L (p+ρ U ) ∼ Re D/L ¿ 1. Por el contrario, en movimientos laminares tales que Re D/L ∼ 1
se tiene Le ∼ L y la caı́da de presión asociada al efecto de entrada es una fracción apreciable
de la caı́da de presión total; para su cálculo es necesario obtener los campos de velocidades y
presiones en la región de entrada. Para ello hay que resolver el problema de la corriente de lı́quido
reteniendo los términos convectivos y viscosos en la ecuación de cantidad de movimiento. En efecto,
si v = vx ex + vr er , representan las componentes según los ejes x y r de la velocidad del lı́quido
4 El orden de magnitud de la longitud de entrada puede obtenerse alternativamente teniendo en cuenta que el
tiempo de penetración viscosa en el lı́quido que fluye por el conducto de diámetro D es D2 /ν, por lo que la longitud
caracterı́stica que recorren las partı́culas de fluido situadas en las zonas más interiores de la sección del conducto
antes de ser afectadas apreciablemente por la viscosidad es Le ∼ Ve D2 /ν, que coincide con la dada en (8.24).
8.2. Tubos de longitud finita. Efecto de entrada 157
de lı́neas, que resulta particularmente apropiado para la resolución de problemas parabólicos como
el que nos ocupa. En el método de lı́neas se discretizan las ecuaciones en derivadas parciales en la
dirección perpendicular al flujo y el sistema de ecuaciones diferenciales resultantes se integra en
la dirección del flujo. Un breve detalle del método de lı́neas se encuentra en el Apéndice 8.I. La
caı́da de presión en la región de entrada obtenida mediante la integración por el método de lı́neas
de (8.26)-(8.30) se representa en la Figura 8.3.
o
8µQ £ ¤
(Ro + α s)−3 − (Ro + α L)−3 = ρ g (L − s), (8.33)
3πα
donde el origen de alturas se ha tomado en el extremo inferior del conducto y se ha impuesto la
condición de que la presión del lı́quido es la atmosférica tanto en la interfase como en la sección de
descarga, de radio R1 . Por otra parte, la condición de conservación de la masa aplicada al volumen
de control, variable con el tiempo, formado por las paredes del conducto, la interfase y la sección
de salida se tiene Z L Z
d 2
ρ π(Ro + α s) d s + ρ v · n d σ = 0, (8.34)
dt s Σ(R1 )
donde se ha tenido en cuenta que el flujo másico a través de las paredes es nulo y también lo es a
través de la interfase por ser ésta una superficie fluida. Si Q(t) es el caudal, volumen por unidad de
tiempo, que fluye en cada instante a través de las secciones del conducto, la integración de (8.34)
proporciona
ds
Q = π R2 (s) , (8.35)
dt
que junto a (8.33) constituyen un sistema de dos ecuaciones para el cálculo de la posición de
la interfase y el caudal como funciones del tiempo. Sustituyendo (8.35) en (8.33) y definiendo
las variables adimensionales ξ = s/L, τ = (3 ρ g Ro t)/(8 µ) y el parámetro adimensional r =
(R1 − Ro )/Ro , se obtiene la ecuación adimensional que determina la posición de la interfase como
función del tiempo · ¸
dτ (1 + r ξ)2 1 1
α = − . (8.36)
dξ 1−ξ (1 + r ξ)3 (1 + r)3
La integración de esta ecuación con la condición inicial τ (0) = 0 proporciona
Ro τ (1) ln x 1 + 3 x2
= + con x = R1 /Ro , (8.38)
L x(x − 1) 2 x2
que se representa en la Figura 8.4 como función de R1 /Ro . Obsérvese que el tiempo de descarga
disminuye a medida que aumenta el radio de salida R1 .
Figura 8.4: Tiempo adimensional de vaciado Ro τ (1)/L como función de la relación de radios
R1 /Ro .
como son el acqua planning, o estudio del comportamiento de los neumáticos de los vehı́culos terrestres que circulan
por un pavimento mojado (la pelı́cula de agua sobre el pavimento puede impedir el contacto entre el neumático y el
suelo con la consiguiente pérdida de control del vehı́culo), o los modernos enfoques de la lubricación hacia el campo
de la Biologı́a (por ejemplo, el comportamiento del lı́quido sinovial en las articulaciones de los vertebrados).
8.3. Movimiento en capas lı́quidas. Lubricación fluidomecánica 161
P0=p0+r U0
P1=p1+r U1
E
y h(x) S
x
V
∂u ∂u ∂(p + ρU ) ∂2 u
ρu + ρv =− +µ (8.41)
∂x ∂y ∂x ∂ y2
∂v ∂v ∂(p + ρU ) ∂2 v
ρu + ρv =− +µ ; (8.42)
∂x ∂y ∂y ∂ y2
obsérvese que, con errores del orden de (h/L)2 , se han despreciado los términos viscosos ν ∂ 2 u/∂ x2
y ν ∂ 2 v/∂ x2 frente a ν ∂ 2 u/∂ y 2 y ν ∂ 2 v/∂ y 2 , respectivamente, y se ha considerado también que
el movimiento es estacionario, o casi-estacionario, lo que implica que, o bien V , Po y P1 son
independientes del tiempo (en cuyo caso el movimiento serı́a estrictamente estacionario), o bien
que el tiempo caracterı́stico de variación de las magnitudes fluidas, to , satisface la condición
h2o
¿ 1, (8.43)
ν to
lo que permite despreciar las fuerzas de inercia locales frente a las viscosas.
Debido a que ho ¿ L, las variaciones de presión reducida en la dirección y son mucho menores
que las variaciones en la dirección x, por lo que, con errores del orden de (ho /L)2 ¿ 1, se puede
suponer que p + ρ U es independiente de y, de modo que, en primera aproximación, esta última
162 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
Vo h2o ho
= Re ¿ 1, (8.44)
νL L
las ecuaciones y condiciones de contorno que gobiernan el problema resultan
∂u ∂v
+ = 0, (8.45)
∂x ∂y
∂(p + ρU ) ∂2 u
− +µ = 0, (8.46)
∂x ∂ y2
u(x, 0) = V (t), v(x, 0) = 0, u[x, h(x)] = 0, (8.47)
que puede interpretarse como la superposición de una corriente de Poiseuille asociada al gradiente
de presiones y una de Couette debida a la velocidad relativa entre las superficies, siendo pl (x, t) =
−∂(p + ρU )/∂x una función a determinar. Si se sustituye (8.49) en la ecuación de continuidad
(8.45), y se integra con respecto a y haciendo uso de la condición de contorno v(x, 0) = 0 se
obtiene · µ ¶ µ ¶ ¸
1 ∂ pl y h pl V dh 2
v= − − + 2 y . (8.50)
2µ ∂ x 3 2 4 µ 2h dx
Como v es también nula en y = h, la ecuación (8.50) particularizada en y = h proporciona la
ecuación diferencial que determina pl
µ 3 ¶
∂ h pl Vh
+ = 0, (8.51)
∂ x 12 µ 2
que expresa que el caudal total por unidad de longitud perpendicular a la pelı́cula lı́quida, suma
de los de Poiseuille y Couette,
Z h(x)
h3 pl Vh
q= udy = + , (8.52)
o 12 µ 2
se obtienen integrando (8.52) y haciendo uso de las dos condiciones de contorno (8.48) para la
presión reducida; en efecto la integración de
∂ (p + ρ U ) 6µV 12 µ q
= − , (8.53)
∂x h2 h3
proporciona la distribución de presiones y el caudal
Z x Z x
dx dx
p + ρ U − Po = 6 µ V 2 (x)
− 12 µ q 3 (x)
, (8.54)
o h o h
à Z ! à Z !−1
L L
dx dx
q= 6µV − P1 + Po 12 µ . (8.55)
o h2 o h3
Conocido q puede calcularse pl (x, t) a partir de (8.53) y, finalmente, los campos de velocidades
u(x, y, t) y presiones mediante (8.49) y (8.54).
La fuerza por unidad de longitud en la dirección y que ejerce el lı́quido sobre las superficies
sólidas es,
Z L
Fn = p d x, (8.56)
o
según el sentido positivo de y sobre la de arriba y en sentido contrario sobre la superficie plana.
Obsérvese que, para calcular la fuerza sobre la superficie curva, se ha tenido en cuenta que la normal
a dicha superficie es, en primera aproximación, paralela al eje y ya que dh/dx ¿ 1. Las fuerzas
tangenciales por unidad de longitud sobre las superficies y = 0 e y = h(x) son respectivamente
Z L ¯ Z L" ¯ #
∂ u ¯¯ ∂ u ¯¯ dh
Ft = − µ d x y Ft = µ −p d x. (8.57)
o ∂ y ¯y=0 o ∂ y ¯y=h(x) dx
En el caso de que la presión atmosférica actúe sobre la otra cara de las superficies, por ejemplo la
superficie curva, las fuerzas normal y tangencial por unidad de longitud son
Z L
Fn = (p − pa ) dx (8.58)
o
y " #
Z L ¯
∂ u ¯¯ dh
Ft = µ − (p − pa ) d x. (8.59)
o ∂ y ¯y=h dx
En las aplicaciones prácticas de la lubricación fluidomecánica, la fuerza normal (8.58) debe
sustentar al sólido superior (Figura 8.5). Para ello es necesario que se produzca una sobrepresión
importante en el interior de la pelı́cula lı́quida, lo que es posible sólo si existe alguna zona entre x = 0
y x = L en la que h es decreciente en la dirección del movimiento (d h/d x < 0). En efecto, para
fijar ideas, supóngase que h disminuye monótonamente desde la entrada a la salida; como el caudal
de Couette V h/2 decrece entonces en la dirección del movimiento, la constancia del caudal total q
[ecuación (8.52)] requiere que se genere una sobrepresión en la zona central de la pelı́cula lı́quida
de tal forma que se produzca un caudal de Poiseuille, h3 pl /12 µ, que compense el exceso (defecto)
del caudal de Couette, V h/2. El caudal de Poiseuille es negativo en la zona de entrada, donde h es
mayor, y positivo en la zona de salida, donde h es menor. Como se indicó anteriormente, es esta
sobrepresión asociada a la disminución del espesor de la pelı́cula en la dirección del movimiento,
conocida con el nombre de efecto cuña, donde radica la capacidad sustentadora de las pelı́culas
lı́quidas en la lubricación fluidomecánica. Para ilustrar cuantitativamente este efecto, supóngase
164 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
una cuña en la que h = ho − (ho − h1 ) x/L. En el caso en que las presiones a la entrada y a la
salida sean iguales po = p1 = pa , y que no haya fuerzas másicas, las ecuaciones (8.55) y (8.54)
proporcionan
1−α
q = V ho (8.60)
1+α
y
(p − pa )h2o 1−α s(1 − s) h1 x
φ= = con α = y s= . (8.61)
6µV L 1 + α [1 − (1 − α) s]2 ho L
La función φ(s) se representa en la Figura 8.6 para dos valores de α, α = 1/2 (curva de trazo
discontinuo) y α = 2 (curva de trazo continuo). Esta función presenta un extremo en s = (1 + α)−1
de valor φext = (1 − α)/[4 α (1 + α)], que es máximo si α < 1 o mı́nimo si α > 1, lo que corresponde
respectivamente a la existencia de sobrepresión o de succión en el interior de la pelı́cula lı́quida.
0 ,2
a = 1 /2
0 ,1 5
0 ,1
f
0 ,0 5
0
a = 2
- 0 ,0 5
0 0 ,1 0 ,2 0 ,3 0 ,4 0 ,5 0 ,6 0 ,7 0 ,8 0 ,9 1
S
Figura 8.6: Función φ(S) [ecuación (8.61)] para α = 1/2 (curva superior) y α = 2 (curva inferior).
Obsérvese, además, que cuando α decrece el valor de dicho máximo aumenta y su posición se
desplaza hacia el extremo de salida. Finalmente, la fuerza de presión, por unidad de longitud sobre
la superficie superior [ecuación (8.58)] es
· ¸
6 µ V L2 1+α
Fn = 2 ln α − 2 , (8.62)
ho (1 − α2 ) 1 − α
¶h/¶t
Vb
b
a Va
en las direcciones α, β e y respectivamente. Se supondrá, como en el caso anterior, que las fuerzas
de viscosidad son dominantes frente a las de inercia locales y convectivas, para lo que la velocidad
caracterı́stica Vo ∼ Vα ∼ Vβ en el sentido longitudinal de la pelı́cula y el tiempo caracterı́stico del
movimiento deben satisfacer las relaciones
ρ V o ho ho h2o
¿1 y ¿ 1, (8.64)
µ L ν to
donde ho y L son las dimensiones caracterı́sticas transversal y longitudinal de la pelı́cula, que por
ser delgada deben satisfacer la relación ho /L ¿ 1. En esta situación, las ecuaciones de cantidad de
movimiento según los ejes y, α y β se reducen a:
∂(p + ρ U )
= 0, (8.65)
∂y
pα ∂ 2 uα
+µ = 0, (8.66)
gα ∂ y2
pβ ∂ 2 uβ
+µ = 0, (8.67)
gβ ∂ y2
donde
pα = −∂(p + ρ U )/∂ α y pβ = −∂(p + ρ U )/∂ β. (8.68)
En estas ecuaciones gα dα y gβ dβ son los elementos diferenciales de longitud en las direcciones α
y β correspondientes a los incrementos d α y d β de las coordenadas α y β. Teniendo en cuenta
que p + ρ U no depende de y, véase (8.65), las ecuaciones (8.66) y (8.67) con las condiciones de
contorno uα = uβ = 0 en y = 0 y uα = Uα y uβ = Uβ en y = h, pueden integrarse dos veces para
dar
−pα
uα = y(y − h) + Vα y/h, (8.69)
2 µ gα
y
−pβ
uβ = y(y − h) + Vβ y/h. (8.70)
2 µ gβ
166 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
q a g b db
¶q b g a
q b g a da + ¾¾¾¾ dadb
¶b
h
q b g a da
¶q a g b
g a da q a g b db + ¾¾¾¾ dadb
¶a
g b db
e
R
z o q
R 1
o ´
h (q )
una móvil que gira con una cierta velocidad angular ω. El radio de la carcasa R suele ser un 1 % o
un 2 % mayor que el del eje móvil R1 . Sobre el eje móvil actúa una carga W , que corresponde a su
peso y a cualquier otra acción externa sobre él. Bajo la acción de esta carga y de la velocidad de giro
los ejes adoptan una posición excéntrica; e representa la excentricidad entre el eje del cojinete y el
¯ 0 = e. El estudio
de la carcasa; O es el centro de la carcasa fija, O0 es el centro del rótor móvil y OO
del movimiento de la pelı́cula de lubricante entre eje y carcasa está encaminado a determinar
la distribución de presiones y velocidades en la pelı́cula lı́quida que son necesarios para calcular
la fuerza que el lı́quido ejerce sobre el eje móvil, que debe estar equilibrada con la carga W en
una situación estacionaria. Interesa, también, calcular la fuerza de fricción o el momento de esta
fuerza sobre el eje en orden a determinar el par motor necesario que hay que aplicar sobre el eje
para que el cojinete gire con velocidad constante ω. Otros parámetros de interés, a determinar de
este estudio, son el ángulo de actitud ψ o ángulo que forma la lı́nea de centros OO0 con la carga
W , y, naturalmente, el espesor mı́nimo de la pelı́cula de lubricante. Otros problemas tales como
la estabilidad de la corriente o la distribución de temperaturas originada por la disipación viscosa,
en orden a determinar las temperaturas de las superficies no serán analizados aquı́.
168 Capı́tulo 8. Movimiento casi-unidireccional de lı́quidos con viscosidad dominante
y en forma adimensional
η = h/(R − R1 ) = 1 + ² cos θ, (8.77)
donde ² = e/(R − R1 ) es la excentricidad adimensional.
El punto de arranque del análisis teórico lo constituye la ecuación de Reynolds (8.73). En este
caso, si se hace α = θ y β = z, se tiene gα = R y gβ = 1; por otra parte, Vα = ω R1 ' ω R y
Vβ = 0, ası́ que
h3 1 ∂ p ω R h h3 ∂ p
qθ = − + y qz = − . (8.78)
12 µ R ∂ θ 2 12 µ ∂ z
Obsérvese que, debido a la linealidad del problema, el caudal por unidad de longitud según la
coordenada θ es el de Poiseuille, debido al gradiente de presiones, más el de Couette debido al mo-
vimiento relativo entre superficies; según la coordenada z el flujo es exclusivamente el de Poiseuille.
Teniendo en cuenta (8.73) y (8.78), la ecuación de Reynolds que describe la distribución de
presiones en el movimiento estacionario de un lubricante de viscosidad µ en el interior de un
cojinete cilı́ndrico es
µ ¶ µ ¶
1 ∂ h3 1 ∂ p ω R h ∂ h3 ∂ p
− + + − = 0, (8.79)
R ∂θ 12 µ R ∂ θ 2 ∂z 12 µ ∂ z
que, como puede verse, se trata de una ecuación lineal, en derivadas parciales y de segundo orden.
Las condiciones de contorno, suponiendo los extremos del cojinete abiertos a la atmósfera, son
L
p = pa en z = ± ; (8.80)
2
por otra parte, si la alimentación de lubricante es radial, esto es, si existe una ranura, por ejemplo
en θ = 0, por donde se introduce el lubricante a la presión de alimentación po , se tiene
de la ecuación (8.83) sea la unidad. De esta forma, la ecuación (8.83) contiene dos únicos parámetros
adimensionales, la esbeltez del cojinete, R/L y su excentricidad ² a través de la variable η, de
modo que la presión y cualquier otra variable fluida depende de estos dos parámetros además de
las variables θ y ξ. Atendiendo a la esbeltez R/L existen dos lı́mites distinguidos del problema
(8.83)-(8.84), que corresponden a los casos R/L ¿ 1 (cojinete largo) y R/L À 1 (cojinete corto),
para los que es posible encontrar solución analı́tica.
∂ϕ
η3 =η+q (8.86)
∂θ
y
Z θ Z θ
dθ dθ
ϕ(θ) − ϕo = +q ; (8.87)
o (1 + ² cos θ)2 o (1 + ² cos θ)3
donde la constante de integración q, que representa el gasto adimensional, se determina imponiendo
la condición ϕ(0) = ϕ(2 π) = ϕo
Z 2π
dθ
(1 + ² cos θ)2 1 − ²2
q = − Zo 2 π =− . (8.88)
dθ 1 + ²2 /2
o (1 + ² cos θ)3
Para una descripción apropiada de lo que sucede cerca de los bordes conviene introducir una
coordenada dilatada, con origen en el borde ξ = −1/2, que permita describir apropiadamente la
brusca variación de la presión que tiene lugar cerca de los bordes. Si se define
µ ¶
1 L
s= ξ+ , (8.91)
2 R
µ ω R2 ∂u µωR
p − po ∼ , y τ =µ ∼ , (8.94)
(R − R1 )2 ∂r h
de donde τ /(p − po ) ∼ (R − R1 )2 /(R h) ∼ (R − R1 )/R ¿ 1.
La fuerza por unidad de longitud que el fluido ejerce sobre el eje es, en primera aproximación,
debida exclusivamente a la presión y perpendicular a la lı́nea de centros (ángulo de actitud del
cojinete Ψ = π/2)
Z 2π
12 π² µ ω R3
W = (p − po )R sen θ d θ = p 2
. (8.95)
o 1 − ²2 (2 + ²2 ) (R − R1 )
La ecuación (8.95) determina la excentricidad como función de la carga sobre el cojinete. Cuando no
hay carga, W = 0, los cilindros son concéntricos ² = 0, y cuando la carga es muy grande, W → ∞,
8.5. Movimiento de un lubricante en un cojinete 171
los dos cilindros estarı́an en contacto ² = 1. Sin embargo, la solución lı́mite correspondiente a
carga infinita no se alcanza en la práctica; antes entrarı́an en juego otros factores, que no se han
tenido en cuenta aquı́ , tales como: rugosidad de las superficies, suciedad del aceite, vibraciones,
desalineación del eje, etc.
El par necesario para mover el eje con velocidad angular constante, o lo que es lo mismo el par
necesario para vencer las fuerzas de viscosidad es
Z 2π Z 2π µ ¶
2 U h 1 dp
C= τ R sen θd θ = µ + R2 sen θ d θ =
o o h 2 R dθ
4 π µ ω R3 1 + 2 ²2
p , (8.96)
(R − R1 ) 1 − ²2 (2 + ²2 )
puesto que la excentricidad es función de la carga, eliminando ² entre (8.95) y (8.96) se obtendrı́a
el par que se debe ejercer para cada carga W .
En forma adimensional las ecuaciones (8.95) y (8.96) pueden escribirse
W (R − R1 )2 1 12 µ ²
= =p , (8.97)
µ ω R3 S 1 − ²2 (2 + ²2 )
C(R − R1 ) 4 µ (1 + 2 ²2 )
= p ; (8.98)
µ ω R3 1 − ²2 (2 + ²2 )
al inverso de la carga adimensional se le suele llamar en la literatura parámetro de Sommerfeld
(conviene reiterar que en las definiciones anteriores, tanto la carga W como el par C representan
fuerza y momento por unidad de longitud).
π² µ ω L3 R
Fy = . (8.104)
(1 − ² ) (R − R1 )2
2 3/2
dϕ
η3 = η + q, (8.107)
dθ
donde q era el gasto adimensional; obsérvese que la solución medio Sommerfeld es discontinua,
posee dos gradientes de presión diferentes en un mismo punto (igual η), y por tanto la solución
truncada no cumple la ecuación de continuidad. Para obviar esta dificultad se busca la solución
exacta imponiendo la condición denominada de Reynolds, que consiste en buscar una solución que
alcance pv , o lo que es lo mismo ϕv , con pendiente nula. Denominando θ1R al punto en que se
alcanza ϕv la condición de Reynolds exige
¯
d ϕ ¯¯
= 0, de donde q = −η(θ1R ), (8.108)
d θ ¯θ1R
0.1
0.05
Π Θ 2Π
-0.05
pv
-0.1
Z θ1R Z θ1R
dθ dθ
ϕv − ϕo = − η(θ1R ) . (8.110)
o η2 o η3
La capa de lı́quido se regenerará en un cierto punto θ2R tal que
Z 2π Z 2π
dθ dθ
ϕo − ϕv = − η(θ1R ) , (8.111)
θ2R η2 θ2R η3
y en el punto θ2R ,
¯
d ϕ ¯¯ 1 1
¯ = 2 − η(θ1R ) 3 . (8.112)
d θ θ2R η (θ2R ) η (θ2R )
APÉNDICE 8.I
INTEGRACIÓN NUMÉRICA. MÉTODO DE LÍNEAS
Debido a la singularidad en el origen, η = 0, que presentan algunos términos en las ecuaciones
(8.26)-(8.27) asociados al uso de coordenadas cilı́ndricas, es conveniente efectuar el cambio de
variable independiente
ζ = η2 (8.113)
antes de proceder a la integración numérica. En términos de las variables ξ y ζ, la ecuación de
cantidad de movimiento (8.27) resulta
Z ζ
∂u ∂u ∂u ∂p ∂2u ∂u
u − dζ = − + 4ζ 2 + 4 , (8.114)
∂ξ ∂ζ 0 ∂ξ ∂ξ ∂ζ ∂ζ
y la condición de conservación del caudal se expresa como
Z 1
∂u
dζ = 0. (8.115)
0 ∂ξ
En (8.114)-(8.115) se han suprimido las barras sobre las variables dependientes, y en (8.114) se
ha sustituido ηv por la expresión que resulta de integrar respecto de ζ la ecuación de continuidad
(8.26). Para integrar numéricamente las ecuaciones (8.114)-(8.115) se discretiza el dominio ξ ≥ 0,
0 ≤ ζ ≤ 1 en un número suficiente de lı́neas paralelas al eje ξ: ζ = ζ1 , ..., ζj , ..., ζN , con ζ1 = 0
y ζN = 1, separadas una pequeña distancia h = 1/(N − 1) constante. Al discretizar (8.114) se
obtiene un sistema de ecuaciones diferenciales ordinarias cuya integración proporciona los valores
uj (ξ) ≡ u(ξ, ζj ) a lo largo de cada lı́nea ζj . La discretización se efectúa teniendo en cuenta que las
derivadas primeras con respecto de ζ pueden aproximarse con errores O(h2 ) por las expresiones
µ ¶
∂u 4u2 (ξ) − u3 (ξ) − 3u1 (ξ)
= , (8.116)
∂ζ ξ,ζ=0 2h
µ ¶
∂u uj+1 (ξ) − uj−1 (ξ)
= , (8.117)
∂ζ ξ,ζ=ζj 2h
donde (8.116) se aplica para la primera lı́nea, ζ1 = 0, y (8.117) se aplica para las restantes j =
2, ..., N − 1 teniendo en cuenta que la velocidad en la última lı́nea, ζN = 1, es nula: uN = 0.
Análogamente, las derivadas segundas con respecto a ζ pueden aproximarse hasta términos O(h2 )
por
µ 2 ¶
∂ u uj+1 (ξ) − 2uj (ξ) + uj−1 (ξ)
= . (8.118)
∂ζ 2 ξ,ζ=ζj h2
Asimismo, la integral en (8.114) puede discretizarse mediante la regla de los trapecios como
Z j−1
ζj
∂u du1 X duk duj
dζ = 0,5 h + h + 0,5 h (j = 2, ...N − 1). (8.119)
0 ∂ζ dζ dζ dζ
k=2
Las N ecuaciones (8.120)-(8.122) constituyen un sistema algebraico lineal cuya resolución permite
determinar en cada estación ξ las N derivadas duj /dξ (j = 1, ..., N − 1) y ∂p/∂ξ que necesita un
integrador paso a paso (por ejemplo, un Runge-Kutta de paso variable) para avanzar la integración
en la variable ξ. Debido a la linealidad de (8.120)-(8.122) en las derivadas, éstas pueden calcularse
de forma particularmente eficiente si se expresan en la forma8
µ ¶ µ ¶
duj duj ∂p duj
= + , (8.123)
dξ dξ np ∂ξ dξ p
donde las derivadas (duj /dξ)np se obtienen resolviendo el sistema que resulta al suprimir el térmi-
no ∂p/∂ξ en los segundos miembros de (8.120)-(8.121), y las derivadas (duj /dξ)p se obtienen del
sistema que resulta al sustituir el término ∂p/∂ξ por 1 y suprimir los últimos términos (los no ho-
mogéneos) de los segundos miembros de (8.120)-(8.121). La ventaja que ofrece este procedimiento
es que, como puede comprobarse fácilmente, las derivadas (duj /dξ)np y (duj /dξ)p satisfacen siste-
mas triangulares inferiores cuya resolución secuencial tiene un coste computacional muy pequeño.
Una vez calculadas (duj /dξ)np y (duj /dξ)p de (8.120)-(8.121), la derivada de la presión se calcula
directamente haciendo uso de (8.123) en (8.122) que proporciona
" µ ¶ N −1 µ ¶ # µ ¶ N −1 µ ¶
∂p du1 X duk du1 X duk
− 0,5 + = 0,5 + . (8.124)
∂ξ dξ p dζ p dξ np dζ np
k=2 k=2
9.1. Introducción
Como se discutió en el Capı́tulo 6, la importancia relativa entre las fuerzas de inercia y las
de viscosidad se cuantifica por medio del número de Reynolds Re = ν D/ν [o Re D/L en el caso
de movimientos fluidos caracterizados por la existencia de longitudes caracterı́sticas D y L muy
dispares (conductos, pelı́culas delgadas, chorros, etc.)]. En los Capı́tulos 7 y 8 se analizaron, respec-
tivamente, los movimientos unidireccionales, para los que las fuerzas de inercia son idénticamente
nulas, y los movimientos casi-unidireccionales en el lı́mite Re D/L ¿ 1 en los que las fuerzas de
inercia, aunque no nulas, son despreciables frente a las de viscosidad. En este capı́tulo se estudiarán
movimientos fluidos en los que las fuerzas de viscosidad son también dominantes, pero su campo de
velocidades es bidimensional o tridimensional; este es el caso del movimiento de fluidos alrededor
de partı́culas de dimensiones caracterı́sticas muy pequeñas moviéndose relativamente al fluido con
velocidades también pequeñas o el del movimiento de fluidos a través de medios porosos caracte-
rizados porque el tamaño de los poros es pequeño frente a la longitud caracterı́stica macroscópica
del medio poroso.
El número de Reynolds del movimiento de un fluido alrededor de una partı́cula sólida de di-
mensiones muy pequeñas, o de una porción de gas (burbujas) o de una porción pequeña de lı́quido
no miscible con el lı́quido portador (gotas), suele ser pequeño. Ejemplos tı́picos de estos movi-
mientos son el de la sedimentación de partı́culas microscópicas o el movimiento de burbujas de
gas en el seno de lı́quidos. En efecto, como se verá más adelante, en estos movimientos a núme-
ros de Reynolds pequeños, la resultante de las fuerzas de superficie (presión y viscosidad) sobre
un obstáculo que se mueve relativamente al fluido son proporcionales a su tamaño caracterı́stico
L y a su velocidad relativa, V , mientras que las fuerzas volumétricas (másicas, de flotabilidad y
de inercia) son proporcionales a su volumen, de orden de L3 . El balance de fuerzas exige que la
velocidad del obstáculo o partı́cula en el seno del fluido sea proporcional al cuadrado de su tamaño
caracterı́stico, V ∼ L2 ; ası́ que el orden de magnitud del número de Reynolds es del orden del
volumen de la partı́cula considerada, Re ∼ L3 , y es tanto más pequeño cuanto menor sean sus
dimensiones. Por el contrario, en el caso de un objeto cayendo en el seno de un fluido a grandes
números de Reynolds, la resultante de las fuerzas de superficie son proporcionales a la superficie
del obstáculo y al cuadrado de la velocidad relativa entre obstáculo y fluido y el equilibrio de
fuerzas entre las superficie y el peso del obstáculo exige que V ∼ L1/2 ; el número de Reynolds es
por tanto Re ∼ L3/2 y es, en este caso, tanto mayor cuanto mayor es la dimensión caracterı́stica
177
178 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
del obstáculo considerado. Este hecho explica la disparidad de resultados que se obtienen cuando
dos cuerpos de tamaños caracterı́sticos muy distintos, por ejemplo una roca de 10 m de dimensión
caracterı́stica y una mota de polvo de 10 micras, caen en el vacı́o o, por el contrario, en el seno de
aire o de agua; como es bien sabido, en el primer caso, el movimiento de ambos objetos es unifor-
memente acelerado, mientras que en el segundo ambos objetos alcanzan finalmente una velocidad
lı́mite (terminal), mucho mayor en el caso de la roca que en el de la partı́cula de polvo.
Cuando el movimiento es a números de Reynolds pequeños frente a la unidad, las fuerzas de
inercia convectivas son despreciables frente a los de viscosidad y pueden despreciarse en la ecuación
de cantidad de movimiento. Las ecuaciones resultantes son lineales y la simplificación conseguida es
importante para poder abordar los complejos flujos tridimensionales involucrados. Movimientos de
este tipo son básicos en el estudio de los flujos bifásicos, flujos en los que coexisten dos o más fases,
que con tanta profusión aparecen en la Industria y en la Naturaleza. Por ejemplo: en centrales de
producción de energı́a eléctrica (centrales térmicas de carbón o fueloil o en centrales nucleares); en
sistemas para el intercambio de masa y energı́a (evaporadores, condensadores, calderas, torres de
refrigeración, intercambiadores de calor de contacto directo); en transporte hidráulico o neumático
(eyectores, transporte de partı́culas sólidas, transporte de mezclas de gas y aceite, bombas con
flujo cavitante); en procesos de separación o mezclado (destilación, emulsionadores, tanques de
agitación, balsas de decantación, ciclones, torres de lavado de gases, electrofiltros); en reactores
quı́micos (sólido-lı́quido, lı́quido-lı́quido, gas-lı́quido, lecho fluidizado); en Meteorologı́a (formación
y evolución de nubes, lluvia, etc.); en Biologı́a (flujo sanguı́neo, procesos celulares, etc.). El movi-
miento de fluidos a través de medios porosos (medios formados por partı́culas sólidas más o menos
compactadas o una matriz porosa que deja huecos o poros interconectados) es otro ejemplo tı́pico
de movimiento de fluidos con fuerzas de viscosidad dominantes. En la mayorı́a de las situaciones
prácticas, el tamaño caracterı́stico de poros es pequeño comparado con la longitud caracterı́stica
del medio poroso y la resistencia que el medio poroso ofrece al paso del fluido resulta en una
velocidad pequeña que es proporcional al cuadrado del tamaño caracterı́stico de los poros.
v = Ω ∧ x en Σ(x, t) = 0. (9.4)
donde p∞o es una constante y Σ(x, t) = 0 representa la superficie del obstáculo. La resolución del
problema planteado proporciona el campo de presiones y velocidades y, por tanto, la resultante
9.2. Ecuaciones de Stokes 179
de las fuerzas de superficie y los momentos que el fluido ejerce sobre el obstáculo en función de V
y Ω.
En virtud de la linealidad de la ecuación (9.2) con la presión resulta útil descomponer el
problema en dos: uno correspondiente al efecto de la gravedad y del movimiento no inercial del
sistema de referencia (problema hidrostático) y el otro debido al efecto del movimiento (problema
dinámico). Definiendo entonces
p = ph + pd , (9.5)
la ecuación (9.2) se puede descomponer en
dV
−∇ ph + ρ g + ρ = 0, (9.6)
dt
y
∂v
ρ + ρ v · ∇ v = −∇ pd + µ ∇2 v. (9.7)
∂t
En este caso, la fuerza que el fluido ejerce sobre el obstáculo viene dada por
Z
=,
F = (−ph n − pd n+ τ ·n)d σ, (9.8)
Σ
Vo V2 ∆ pd µ Vo
ρ , ρ o, , . (9.11)
tv a a a2
Referidos todos al término viscoso, los órdenes de magnitud relativos de los diferentes términos de
la ecuación (9.7) son
∆ pm a
Re St, Re, , 1, (9.12)
µ Vo
donde Re = ρ Vo a/µ y St = a/(Vo tv ) son respectivamente los números de Reynolds y Strouhal.
Obsérvese que el número adimensional Re St = a2 /(ν tv ) puede ser interpretado como el cociente
entre el tiempo caracterı́stico de difusión viscosa a2 /ν y el tiempo caracterı́stico tv .
En el lı́mite formal Re ¿ 1 y Re St ¿ 1, (9.7) se reduce a
−∇ pd + µ ∇2 v = 0; (9.13)
180 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
las ecuaciones (9.13) y (9.1), junto con las condiciones de contorno (9.4) y
v = V ex y pd = 0 en |x| → ∞ (9.14)
constituyen el denominado problema de Stokes para la determinación del movimiento del fluido.
Es interesante señalar que en este problema los campos de presión y velocidad se desacoplan y
pueden resolverse separadamente; en efecto, si se toma la divergencia y el rotacional de (9.13) y se
tiene en cuenta (9.2) resulta
∇2 pd = 0, (9.15)
y
∇ × ∇2 v = 0. (9.16)
Además, si se tiene en cuenta (9.1) y la relación
∇2 v = ∇(∇ · v) − ∇ × (∇ × v) = −∇ × ω, (9.17)
−∇ × (∇ × ω) = ∇2 ω − ∇(∇ · ω) = ∇2 ω = 0, (9.18)
ya que el vector ω es solenoidal. Obsérvese que tanto la presión como la vorticidad satisfacen la
ecuación de Laplace, ecuaciones (9.15) y (9.18). Usualmente se resuelve (9.18), expresada en térmi-
nos de la velocidad puesto que las condiciones de contorno se escriben más fácilmente en términos
de esta variable, y una vez obtenida v la ecuación (9.13) suministra el campo de presiones. Con-
viene hacer notar que la linealidad de las ecuaciones (9.15) y (9.18) permite superponer soluciones
y considerar separadamente los efectos de rotación y traslación. Por ejemplo, si V y Ω representan
los módulos de los vectores V y Ω, el campo de velocidades y presiones puede expresarse como
suma de los dos problemas siguientes
µ ¶ µ ¶
aΩ µV aΩ
v = V v1 + v2 y pd = p1 + p2 , (9.19)
V a V
con 2γlm = (∂ v1l /∂ xm + ∂ v1m /∂ xl ). La ecuación (9.23) junto a las expresiones (9.22) demuestran
que la fuerza es directamente proporcional a la velocidad relativa V y puede escribirse en la forma
=
Fm = µ a A ·V, (9.24)
9.3. Movimiento alrededor de una esfera 181
=
donde el tensor adimensional de segundo orden A depende exclusivamente de la forma geométrica
del obstáculo. Análogamente, el momento de las fuerzas de superficie es
=
Mm = µ a2 B ·U, (9.25)
= =
donde el tensor B al igual que A depende solamente de la geometrı́a del obstáculo. Cuando además
de la traslación se considera la rotación de la partı́cula es fácil demostrar que la fuerza y el momento
se pueden escribir como
= = = =
Fm = µ a(A ·U + a C ·Ω), Mm = µ a2 (B ·U + a D ·Ω). (9.26)
j
q
R
x
v =Vex
Haciendo uso de la simetrı́a del movimiento respecto al eje x, véase Figura 9.1, es posible
definir las componentes radial vr y meridional vθ de la velocidad del lı́quido a partir de una función
escalar ψ, denominada función de corriente (véase 3.4), de modo que la ecuación de continuidad se
satisfaga automáticamente; en efecto, en coordenadas esféricas (r, θ, ϕ), la ecuación de continuidad
de un lı́quido se satisface automáticamente si las componentes de la velocidad se definen en la forma
1 ∂ψ 1 ∂ψ
vr = , vθ = − ; (9.29)
r2 sen θ ∂θ r sen θ ∂r
claramente, la componente azimutal de la velocidad vϕ es nula en este caso.
182 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
En términos de la función de corriente ψ, el vector vorticidad que sólo tiene componente según
eϕ se escribe
· µ ¶¸
1 1 ∂2ψ 1 ∂ 1 ∂ψ
ω = ∇ × v = ∇ × (∇ × ψ eϕ ) = − + 2 eϕ (9.30)
r sen θ ∂r2 r ∂θ sen θ ∂θ
que es una ecuación en derivadas parciales lineal de cuarto orden sujeta a las condiciones de
contorno
1 ∂ψ 1 ∂ψ
ψ = 0, vr = 2 = 0, vθ = − = 0 en r = R, (9.32)
r sen θ ∂ θ r sen θ ∂ r
V
ψ → r2 sen2 θ cuando r → ∞. (9.33)
2
El problema matemático (9.31)-(9.33) admite una solución de variables separadas de la forma
La fuerza que el fluido ejerce sobre la esfera posee la dirección del movimiento y obviamente se
opone a él. Definiendo entonces Fx = Fx ex , se tiene
Z π
0 0
Fx = 2π [(−pd + τrr ) cos θ − τrθ sen θ]r=R R2 sen θ dθ. (9.41)
o
Teniendo en cuenta la presión sobre la esfera, véase (9.40), y los valores de las componentes normal
y tangencial del esfuerzo viscoso sobre la misma
µ ¶
3µV 0 ∂vr
pd (R, θ) = cos θ , (τrr )r=R = 2µ = 0, (9.42)
2R ∂r r=R
· ¸
0 ∂ ³ vθ ´ 1 ∂vr 3µV sen θ
(τrθ )r=R = µ r + =− , (9.43)
∂r r r ∂θ r=R R
la integración de (9.41) proporciona
Fx = 6πµV R. (9.44)
La expresión (9.44) para la resistencia que experimenta una esfera que se mueve en el seno de un
fluido a bajos números de Reynolds se denominada ley de Stokes; de la comparación de (9.43) y
(9.40) se observa que la viscosidad contribuye a la resistencia en un factor de 2/3 mientras que
las fuerzas de presión son responsables del tercio restante. Experimentalmente se encuentra que la
ley de Stokes es aproximadamente válida incluso hasta Re = O(1). Finalmente, el coeficiente de
resistencia que se define en la forma
Fx 24
CD ≡ 1 = , (9.45)
2 ρV 2 πR2 Re
de modo que los términos dominantes µ V /r2 en (9.46) y ρ V 2 /r en (9.47) se hacen del mismo
orden a distancias de la esfera del orden r ∼ R/Re À R. Como se ve, la condición Re ¿ 1 permite
despreciar el término convectivo en la ecuación de cantidad de movimiento en relación al término
de fuerzas viscosas a distancias del cuerpo del orden de su dimensión caracterı́stica. A medida
que nos alejamos de él, la contribución del término convectivo se va haciendo más importante y
suficientemente lejos del obstáculo (a distancias r ∼ R/Re) no puede ser despreciado su efecto. Si
184 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
Re fuese formalmente nulo esta dificultad no serı́a tal puesto que la solución de Stokes serı́a válida
hasta r → ∞. Naturalmente, para Re ¿ 1, pero finito, es necesario corregir la solución de Stokes
lejos del obstáculo reteniendo el término convectivo en la ecuación de cantidad de movimiento. Esta
corrección fue debida a Oseen, quien, en 1910, linealizó el término convectivo para r → ∞, con lo
que obtuvo una corrección de la ley de Stokes que viene a ser el siguiente término en el desarrollo
en potencias de Re. Básicamente la idea consistió en linealizar el término convectivo a distancias
r/R ∼ Re−1 À 1, de modo que se puede suponer que la velocidad del fluido a esas distancias de
la esfera es aproximadamente la de la corriente en el infinito, V ex . El término convectivo resulta
entonces
∂v
ρ v · ∇v ' ρ V ex · ∇v = ρ V . (9.48)
∂x
y la ecuación de cantidad de movimiento lejos del obstáculo, que sigue siendo lineal, es
∂v
ρV = −∇pd + µ∇2 v. (9.49)
∂x
El problema de Oseen se puede resolver análogamente a como se hizo en la sección 9.2 introdu-
ciendo la vorticidad y tomando la divergencia y el rotacional de la ecuación anterior. La solución
a este problema, obtenida por Oseen en 1910, en términos de la función de corriente es
µ ¶
V R2 1 3
ψ= 2r2 + sen2 θ − (1 + cos θ)[1 − e−Re r(1−cos θ) ]. (9.50)
4 r 2 Re
La solución de Oseen fue perfeccionada por Proudman y Pearson en 1957,1 y por otros investi-
gadores posteriores, utilizando la técnica de los desarrollos asintóticos acoplados.2 Aunque aquı́ no
se entrará en detalles, conviene decir que la solución de Stokes corresponde básicamente al orden
más bajo del desarrollo en potencias de Re de la solución cerca de la esfera, mientras que la solu-
ción de Oseen es el siguiente orden [O(Re)] de ese desarrollo. Proudman y Pearson calcularon el
desarrollo en potencias de Re de la solución lejos de la esfera y la acoplaron con la solución cerca
de la misma para distancias intermedias. De esta forma obtuvieron la corrección de Oseen de una
forma más rigurosa, además de correcciones de mayor orden.
Reteniendo los primeros términos de la expansión se puede calcular el nuevo coeficiente de
resistencia
· ¸
24 3
CD = 1 + Re , (9.51)
Re 16
104
103
102
CD
101
100
10-1
Figura 9.2: Coeficiente de resistencia CD para una esfera a bajos números de Reynolds. La cur-
va continua representa los resultados experimentales que se pueden aproximar mediante la ley
CD = (24/Re)(1 + 0,15 Re2/3 ) que resulta válida hasta numeros de Reynolds del orden de 500; la
curva de trazos es la ley de Stokes (9.44) y la curva de puntos es la de Oseen (9.51).
Vex x
R
con vz = 0, y ninguna magnitud fluida depende entonces de z, por lo que es posible definir la
función de corriente ψ como
1 ∂ψ ∂ψ
vr = y vθ = − , (9.52)
r ∂θ ∂r
186 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
donde r y θ son coordenadas cilı́ndricas y la dirección y sentido de la corriente coincide con el del
eje x, de modo que x = r cos θ (véase Figura 9.3).
El vector vorticidad, que sólo tiene componente según z se escribe en términos de la función de
corriente en la forma
µ 2 ¶
∂ ψ 1 ∂ψ 1 ∂2ψ
ω=− + + 2 2 ez , (9.53)
∂r2 r ∂r r ∂θ
y la ecuación (9.27) resulta
∂2 1 ∂ 1 ∂2
F 2 (F 2 ψ) = 0, F2 ≡ + + . (9.54)
∂r2 r ∂r r2 ∂θ2
Como condiciones de contorno se tiene
o, equivalentemente,
∂ψ ∂ψ
ψ= = = 0 en r = R y ψ → U r sen θ cuando r → ∞. (9.56)
∂θ ∂r
El problema anterior admite una solución de variables separadas de la forma
C2 = V, C3 = C4 = 0, (9.61)
lo que impide satisfacer simultáneamente las dos condiciones de contorno en la superficie del ci-
lindro. Por otro lado, si se imponen las dos condiciones de contorno sobre el cilindro, r = R, y se
elige la solución menos divergente cuando r → ∞ (C4 = 0 pero C3 6= 0), se obtiene
· ¸
r r r R
ψ = C3 V R sen θ ln − + , (9.62)
R R 2R 2r
que proporciona un campo de velocidades que diverge logarı́tmicamente cuando r → ∞:
· ¸ · ¸
r 1 R2 r 1 R2
vr = C3 V cos θ ln − + 2 , vθ = −C3 V sen θ ln + − 2 . (9.63)
R 2 2r R 2 2r
9.4. Movimiento alrededor de un cilindro circular. Paradoja de Stokes 187
Por tanto, no existe solución al problema del flujo estacionario y viscoso alrededor de un cilindro
circular. Ésta es la denominada paradoja de Stokes, que por supuesto no es cierta, ya que el flujo
de un lı́quido alrededor de un cilindro circular se puede dar a números de Reynolds tan pequeños
como se quiera. Lo que esta paradoja sugiere es que alguno de los requisitos que se han impuesto
para obtener la solución anterior no se satisface.
De hecho, la solución anterior adolece de la misma dificultad que la solución de Stokes para
una esfera: lejos del cilindro el término convectivo y el viscoso son del mismo orden; en efecto, de
(9.63) se tiene que
| ρv · ∇vr | r r
2
∼ Re ln , (9.64)
| µ∇ vr | R R
que se hace de orden unidad cuando (r/R) ln(r/R) ∼ Re−1 À 1. Ası́ pues, la solución anterior,(9.63),
como la de Stokes para el flujo alrededor de una esfera, no es válida a distancias del obstáculo de
orden de R/Re, con la única diferencia de que para el flujo alrededor de un cilindro el fallo de la
solución lejos del origen se hace más dramático que en el caso de la esfera, al diverger el campo
de velocidades [en el caso de la esfera la paradoja es más sutil, puesto que, aunque la hipótesis de
fuerzas viscosas dominantes no es válida lejos de la esfera, el campo de velocidades, (9.39), obte-
nido con esta hipótesis no sólo no diverge cuando r → ∞ sino que incluso cumple las condiciones
de contorno]. En definitiva, aunque se cumpla la condición Re ¿ 1, el término convectivo en la
ecuación de cantidad de movimiento se hace tan importante como el viscoso lejos del cuerpo, a
distancias del obstáculo R/Re À R; como se ha visto, el campo de velocidades lejos de la esfera
resultaba relativamente poco afectado por este efecto, mientras que en el flujo alrededor del cilin-
dro bidimensional no existe solución sin retener el término convectivo. En este último caso, para
resolver el problema conviene utilizar la técnica de los desarrollos asintóticos acoplados, reteniendo
el termino convectivo lejos del cuerpo y utilizando la aproximación de Oseen.
Si se hace uso de la aproximación de Oseen,
1 8
C= − γ + ln , (9.68)
2 Re
siendo γ ' 0,577216 la constante de Euler.
4 Laminar Boundary Layers, Ed. L. Rosenhead, Dover, 1963.
188 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
0 8πC3
Fm = 4πµV C3 y Cd = , (9.72)
Re
es decir, el primer término de (9.69), pero con la diferencia de que la constante C es ahora conocida
[depende de Re de acuerdo con (9.68)] mientras que C3 no lo era; del acoplamiento con la solución
lejos del cilindro se obtiene C3 = C −1 [compárese también (9.67) con (9.62)].
La diferencia tan notoria entre el flujo alrededor de una esfera y el flujo alrededor de un cilindro
bidimensional se podı́a haber previsto también mediante un simple análisis dimensional. En efecto,
para una esfera, la fuerza de resistencia Fm a bajos números de Reynolds debe ser función del radio
R, de la velocidad V y de la viscosidad µ (no de la densidad ρ, puesto que el término convectivo en
la ecuación de cantidad de movimiento es despreciable); el análisis dimensional demuestra que el
grupo adimensional Fm /µV R tiene que ser constante y, de hecho, la ley de Stokes (9.44) muestra
que el valor de la constante es 6π. En el caso del flujo alrededor de un cilindro circular bidimensional
0
a muy bajos números de Reynolds, la fuerza de resistencia por unidad de longitud Fm es función
también de las magnitudes R, V y µ; sin embargo, si se aplicase el análisis dimensional se llegarı́a a
0
la conclusión de que el grupo adimensional Fm /µV deberı́a ser constante, lo que es absurdo porque
0
Fm depende del radio del cilindro. Lo que sucede en realidad es que la fuerza depende también
de la inercia del flujo y, por tanto, de la densidad ρ del fluido. El análisis dimensional demuestra
0
entonces que el grupo Fm /µV es una función del número de Reynolds ρV 2R/µ.
Para cuerpos geométricamente semejantes el resultado anterior permitirı́a calcular experimen-
0
talmente la fuerza Fm sobre una familia de cuerpos geométricamente semejantes moviéndose en el
seno de un fluido a Re ¿ 1.
4 dV 4
π R 3 ρp = π R3 (ρp − ρ) g + F, (9.73)
3 dt 3
5 Se ha utilizado C para simbolizar el coeficiente de resistencia que experimentan los objetos bidimensionales
d
en lugar del sı́mbolo CD que se reserva para designar el mismo coeficiente en el caso de obstáculos tridimensionales
moviéndose en el seno de un fluido.
9.5. Velocidad de sedimentación 189
donde F es la resultante de las fuerzas de presión y viscosidad que el fluido ejerce sobre la partı́cula.
El cálculo de la fuerza F, incluso cuando la partı́cula está aislada o en el caso de suspensiones, si las
distancias entre partı́culas son mucho mayores que su longitud caracterı́stica R (suspensiones muy
diluidas), es en general complejo, pues ambos problemas, el de la dinámica del fluido alrededor de
la partı́cula (cuya fuerza depende de V) y el de la dinámica de la partı́cula (cuya velocidad depende
de F) están acoplados y conducen a una ecuación integro-diferencial de resolución complicada. Por
otra parte, los fenómenos casi-estacionarios juegan un papel relevante en muchas situaciones de
interés práctico y la resistencia que experimenta la partı́cula a moverse en el seno del fluido no
puede modelarse mediante la ley de Stokes. Un caso particular en el que el problema se simplifica
notablemente es el de aquellas situaciones en las que las densidades de la partı́cula y del fluido son
muy dispares (el caso de burbujas de gas en el seno de un lı́quido es un ejemplo clásico). Sucede
en estos casos que los efectos de la aceleración local son despreciables frente a los viscosos y la ley
de Stokes es válida. La dinámica de la partı́cula viene entonces dada por
4 dV 4
π R 3 ρp = π R3 gρp − 6π µ R V, (9.74)
3 dt 3
que expresa el balance entre la inercia de la partı́cula, su peso y la resistencia fluidodinámica; no
se ha incluido la fuerza de flotabilidad por haber supuesto que ρp À ρ. Naturalmente en el caso
de burbujas la ecuación de la dinámica de la partı́cula se obtendrı́a de un balance entre las fuerzas
de flotabilidad y resistencia fluidodinámica, puesto que la inercia de la burbuja y su peso serı́an
despreciables por ser la densidad del gas muy pequeña. Obsérvese que la ley de Stokes es válida y
puede ser usada en (9.74) en tanto que el parámetro adimensional R2 /ν to , que mide la importancia
relativa de la aceleración local del fluido frente a las fuerzas de viscosidad por unidad de masa, sea
pequeño. Por otra parte, la velocidad terminal Vt , que se define como la velocidad que alcanza la
partı́cula cuando la resultante de las fuerzas que actúan sobre ella es nula (aceleración nula), se
obtiene de igualar a cero el segundo miembro de (9.74)
2ρp R2 g
Vt = . (9.75)
9µ
Además, si la velocidad cambia de cero a Vt (se supone que inicialmente la partı́cula posee velocidad
nula) en un tiempo del orden de to , la ecuación (9.74) proporciona el orden de magnitud de to
ρ p Vt ρp R 2 ρp R 2
to ∼ ∼ ∼ ; (9.76)
gρp µ ρ ν
por tanto, y como se querı́a demostrar, el movimiento del fluido alrededor de la partı́cula puede
considerarse casi-estacionario si ρ/ρp ∼ R2 /νto ¿ 1.
Si se definen las variables adimensionales
u = 1 − e−9τ /2 . (9.79)
resistencia habrı́a que retener, en la ecuación de cantidad de movimiento del fluido, la aceleración
local del fluido ρ ∂v/∂ t, la flotabilidad y la fuerza de inercia asociada a la aceleración del sistema
de referencia −ρ dV/dt respecto al que se describe el movimiento del fluido.6 Para mayor detalle,
el lector interesado puede consultar varias referencias de flujos bifásicos,7 donde se describe con
detalle la dinámica lagrangiana de partı́culas, gotas y burbujas en el seno de fluidos.
Es interesante reseñar que aún en los casos en que ρp ∼ ρ, el valor de la velocidad terminal
seguirı́a siendo el mismo que el expresado en (9.75) si se incluyen en éste los efectos de flotabilidad
2(ρp − ρ)R2 g
Vt = ; (9.80)
9µ
este hecho es debido a que el movimiento del fluido alrededor de la partı́cula se hace estacionario
para tiempos suficientemente grandes. Por otra parte, el hecho de que la velocidad terminal dismi-
nuya con el cuadrado del tamaño de la partı́cula puede hacer inadecuado el empleo de la expresión
(9.80) para partı́culas del tamaño de una micra o menores, ya que la velocidad terminal dada por
(9.75) puede ser menor que la de difusión [para partı́culas micrométricas contenidas en agua, el
orden de magnitud de la velocidad terminal dada por (9.75) es de micras por segundo]. Un modo de
incrementar la velocidad terminal de partı́culas muy pequeñas, como proteı́nas y ácidos nucleicos,
para forzar su separación es el de recurrir a campos de fuerzas, centrı́fugas o electromagnéticas. Por
ejemplo, si al recipiente que contiene una suspensión de partı́culas se le hace girar con velocidad
angular Ω, alrededor de un eje, las partı́culas experimentarán una fuerza centrı́fuga por unidad de
masa Ω2 r, donde r es la distancia al eje de giro. Si Ω2 r À g las partı́culas, respecto a unos ejes que
giren con el recipiente, se moverán hacia las paredes del recipiente si son más densas que el lı́quido
que las contiene o hacia el eje en caso contrario. Dado que, en este caso, la gravedad efectiva no es
constante, tampoco lo será la velocidad terminal de las partı́culas; en efecto, la velocidad lı́mite,
que depende de r, viene dada por
2(ρp − ρ)R2 Ω2 r
Vt (r) = .
9µ
medio poroso. Por simplicidad, se consideran, en este análisis, situaciones en las que el fluido llena
totalmente los poros. Además, cuando existan dos fluidos no miscibles se admitirá que existe una
entrefase de separación entre ambos, sin considerar las situaciones en que por inestabilidad de la
entrefase coexistan dos o más fases fluidas en los poros. Tampoco se retendrán en el análisis los
efectos de la tensión superficial en las entrefases entre fluidos no miscibles por suponer que las
diferencias de presión asociadas a las fuerzas de tensión superficial, del orden de ζ/a, son pequeñas
frente a las necesarias para hacer circular al fluido a través del medio poroso.
L
a
dWp
dW
dW
x
x
x'
δΩp 8
φ(x, t) = lı́m ; (9.81)
δΩ→0 δΩ
en medios porosos estables, la porosidad es independiente del tiempo o cambia muy lentamente
con él, pero es una función continua de x que puede presentar variaciones en longitudes del orden
de L cuando el medio es de porosidad variable.
La densidad local ρ(x, t) del fluido se define como la masa total de fluido contenida en los poros
por unidad de volumen de poros
R
δΩp
ρ0 (x0 , t)d$
ρ(x, t) = lı́m , (9.82)
δΩ→0 δΩp
donde ρ0 (x0 , t) es la densidad real del fluido en puntos x0 del dominio fluido; nótese que de acuerdo
con la definición de porosidad, la densidad por unidad de volumen, o densidad aparente, en el
medio continuo es ρ φ. Análogamente se definen la presión y temperatura medias
Z
1
p(x, t) = lı́m p(x0 , t)d$p , (9.83)
δΩ→0 δΩp δΩ
p
8 Nótese que δΩ no puede reducirse continuamente a cero, puesto que debe contener siempre un número muy
grande de moléculas. El fluido en el interior de los poros puede tratarse como un medio continuo, ya que a À λ (λ,
camino libre medio o distancia intermolecular).
192 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
Z
1
T (x, t) = lı́m T (x0 , t)d$p . (9.84)
δΩ→0 δΩp δΩp
Debe observarse que los valores medios no cumplirán, en general, las ecuaciones de estado, a menos
que las variaciones de presión y temperatura respecto a sus valores medios sean pequeñas frente a
éstos. No obstante, y puesto que a ¿ L, las variaciones de las magnitudes fluidas en una región
δΩ serán pequeñas frente a los valores medios definidos en δΩ y sus valores, por tanto, estarán
relacionados a través de las ecuaciones de estado.
Se define la velocidad aparente v(x, t) del fluido en el medio poroso mediante la relación
Z
ρ(x, t)v(x, t) · n d Σ = ρ0 (x0 , t)v0 (x0 , t) · n d σ, (9.85)
δΣp
es decir, a través del área continua d Σ se define el vector flujo másico aparente ρ v como el necesario
para que a través de ella fluya la misma masa por unidad de tiempo que a través del área real de
poros δΣp .
A partir de las definiciones anteriores, se pueden formular leyes de conservación en volúmenes
δΩ del medio poroso, considerado como un continuo, utilizando las cantidades medias y la veloci-
dad aparente definidas anteriormente. En efecto, atendiendo a (9.81) y (9.82), la masa de fluido
contenida en el volumen infinitesimal δΩ es
Z
ρ φ d $, (9.86)
δΩ
∂(ρφ)
+ ∇ · (ρv) = 0 (9.90)
∂t
y expresa que la variación de la masa contenida en la unidad de volumen se debe al flujo de masa
que por convección lo abandona; para el caso del movimiento de un lı́quido la ecuación (9.90) se
reduce a
∇ · v = 0. (9.91)
Un tratamiento de la conservación de la cantidad de movimiento, similar al de la continuidad,
no puede realizarse, puesto que se desconocen las interacciones medias entre el fluido y las paredes
sólidas del medio poroso. La ecuación de cantidad de movimiento se sustituye entonces por una
ecuación semiempı́rica constitutiva del medio. La ley de Darcy formula empı́ricamente la existencia
9.6. Movimiento de fluidos a través de medios porosos 193
de una relación lineal entre la velocidad aparente en el medio poroso y el gradiente de presiones
aplicado al mismo
Π
v = − (∇ p + ρ ∇ U ), (9.92)
µ
donde µ es la viscosidad del fluido y se ha supuesto que las fuerzas másicas derivan de un potencial.
El coeficiente de proporcionalidad Π, con dimensiones de superficie, es del orden de a2 , depende
del medio poroso y no del fluido que circula a través de él, y debe determinarse empı́ricamente.
Desde un punto de vista teórico, la ley de Darcy se justifica por el hecho de que si las fuerzas
de viscosidad son dominantes en el movimiento a través del medio poroso existe una relación lineal
entre la velocidad en el medio y el gradiente de presiones aplicado. Esto ocurre si el número de
Reynolds, Re = a v/ν (basado en la velocidad caracterı́stica del fluido a través del medio v, el
tamaño de los poros a, y la viscosidad cinemática del fluido ν) es pequeño frente a la unidad, y
dado que el tamaño de poros es pequeño y que las velocidades caracterı́sticas del fluido en el medio
poroso lo son también por la resistencia que presenta el medio al movimiento del fluido, la ley de
Darcy se satisface muy aproximadamente en la mayorı́a de las situaciones prácticas.
No obstante, para valores mayores del número de Reynolds, la relación entre el gradiente de
presiones y la velocidad del fluido deja de ser lineal; en ese caso, y para medios porosos formados
por un relleno de partı́culas esféricas de diámetro 2 a se ha propuesto la siguiente generalización
empı́rica de la ley de Darcy
µ ¶
ρv 2 v 1−φ 1−φ
∇(p + ρU ) = −f con f = 1,75 + 75 ; (9.93)
2a v φ3 Re
p/ρ = Rg T y T = Ts . (9.94)
Además, en aquellas situaciones en las que la porosidad del medio varı́e con la presión, se de-
berá añadir la relación constitutiva φ = φ(p). En lo que sigue se supondrá que φ al igual que la
permeabilidad del medio Π son constantes tanto espacial como temporalmente.
Si se sustituye (9.92) en (9.91) resulta
∇2 (p + ρ U ) = 0, (9.95)
que es una ecuación en derivadas parciales de segundo orden, lineal, de tipo elı́ptico que propor-
ciona el campo de presiones en el movimiento de un lı́quido a través de un medio poroso bajo la
influencia de la gravedad. Conocido el campo de presiones, el campo de velocidades (y los caudales
a través de cualquier superficie) se obtiene fácilmente de la ley de Darcy (9.92).
En el caso del movimiento de un gas, las fuerzas másicas son despreciables en la mayorı́a de los
casos prácticos y la sustitución de (9.92) en (9.90), teniendo en cuenta (9.93), proporciona
∂p Π
φ − ∇ · (p ∇ p) = 0 ,
∂t µ
o alternativamente
∂p Π 2 2
− ∇ p = 0s. (9.96)
∂t 2µφ
194 Capı́tulo 9. Movimientos de fluidos a números de Reynolds pequeños
La integración de la ecuación en derivadas parciales (9.96) (no lineal, parabólica, de segundo orden
en las derivadas espaciales y de primero en las temporales) sujeta a condiciones iniciales y de
contorno apropiadas proporciona el campo de presiones en el medio poroso. Conocido éste, el
gasto a través de una superficie Σ se calcula fácilmente utilizando (9.92) y (9.93)
Z Z
Π ∂p
ρ v · n dσ = − p dσ. (9.97)
Σ µR T
g s Σ ∂n
10.1. Introducción
Muchos fluidos de interés en la ingenierı́a, entre los que se incluyen el aire y el agua, poseen un
coeficiente de viscosidad cinemático tan pequeño, que el número de Reynolds, para la mayorı́a de
los movimientos de estos fluidos, es mucho mayor que la unidad. El número de Reynolds mide la
importancia relativa entre las fuerzas de inercia convectivas y las de viscosidad y el producto del
número de Reynolds por el número de Prandtl, denominado número de Peclet, mide la relación
entre los transportes de calor por convección y por conducción; por tanto, cuando el número de
Reynolds es grande frente a la unidad y el de Prandtl es tal que el número de Peclet es grande
frente a la unidad, el movimiento del fluido tiene lugar en condiciones tales que los efectos de la
viscosidad y de la conducción térmica son despreciables.
Las condiciones bajo las cuales la viscosidad se puede despreciar se obtienen de la estimación
de órdenes de magnitud en la ecuación de la cantidad de movimiento
∂v
ρ + ρ v · ∇ v = −∇ p + ρ fm + ∇ · τ 0 ; (10.1)
∂t
en efecto, para la corriente alrededor de obstáculos los órdenes de magnitud de los términos de la
ecuación (10.1) son
Uo Uo2 ∆p Uo
ρo , ρ , , ρo fmo , µo , (10.2)
to Lo Lo L2o
donde Uo , to , ρo , Lo y fmo son magnitudes fı́sicas (velocidad, tiempo, etc.) caracterı́sticas del
movimiento. Es fácil ver que las fuerzas de viscosidad son despreciables frente a las de inercia
convectiva si
ρo U o L o
Re = >> 1. (10.3)
µ
Compruebe el lector que para el movimiento de fluidos en conductos, la condición de que los efectos
viscosos sean despreciables es
ρo Uo Do Do
>> 1, (10.4)
µ Lo
195
196 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
donde Do es la longitud caracterı́stica de la sección transversal del conducto. Obsérvese que puede
haber otras razones para despreciar el término viscoso en la ecuación de la cantidad de movimiento,
por ejemplo en un movimiento altamente no estacionario de modo que el término de aceleración
local sea dominante frente al viscoso:
proporciona
∆S ∆S Uo2 ∆T
ρo To , ρo To Uo , µo , K , Qr , Qq , (10.7)
to L L2o L2
donde ∆ S e ∆ T representan incrementos de entropı́a y temperatura caracterı́sticos del movimien-
to. Conviene recordar que S − So = ∆ S = cv ln T /To y S − So = cv ln(p/po )/(ρ/ρo )γ para lı́quidos
y gases calorı́ficamente perfectos respectivamente y, por tanto, ∆ S ∼ cv ∆ T /T ; el subı́ndice o in-
dica aquı́ magnitudes de referencia. Comparando el término convectivo con el de conducción de
calor se tiene
ρo Uo cv Lo ρo Uo Lo cv µ ρo Uo Lo 1 cp µ 1
∼ ∼ ∼ Re P r ∼ Re P r. (10.8)
K µ K µ γ K γ
El número de Prandtl es de orden unidad para gases y puede variar entre valores mucho menores
y mucho mayores que la unidad en el caso de lı́quidos; por tanto, excepto en el caso de metales
lı́quidos, para los que el número de Prandtl es mucho menor que la unidad, el cumplimiento de la
condición Re À 1 basta para poder despreciar también la conducción de calor frente a la convección
de calor. Del mismo modo, si el movimiento fuese altamente no estacionario la conducción de calor
serı́a despreciable si
ρ L2o cv µ ρ L2o
∼ P r >> 1. (10.9)
µ to K µ to
El término de disipación viscosa referido a la convección de calor resulta
Continuidad
∂ρ
+ ∇ · (ρ v) = 0. (10.11)
∂t
Cantidad de movimiento
Dv
ρ = −∇ p + ρ fm . (10.12)
Dt
Energı́a
DS
ρT = Qr + Qq . (10.13)
Dt
Ecuaciones de estado
Energı́a total
D(e + v 2 /2)
ρ = ρ fm · v − ∇ · (p v) + Qr + Qq , (10.15)
Dt
Entalpı́a total
D(h + v 2 /2) ∂p
ρ = ρ fm · v + + Qr + Qq , (10.16)
Dt ∂t
198 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
Energı́a interna
De
ρ = −p ∇ · v + Qr + Qq , (10.17)
Dt
Entalpı́a
Dh Dp
ρ = + Qr + Qq , (10.18)
Dt Dt
donde, por ser Re À 1, se han excluido los efectos de conducción de calor y viscosidad.
Como condiciones de contorno, se impondrán primero las condiciones en el infinito; esto es, se
supondrán conocidas la velocidad y las variables termodinámicas en el infinito, aguas arriba del
obstáculo
v(∞, t) = v∞ (t), ρ(∞, t) = ρ∞ (t), T (∞, t) = T∞ (t). (10.20)
En segundo lugar, cuando el fluido esté limitado por una superficie impermeable, se impondrá sobre
ella la condición de que la velocidad normal del fluido relativa a la superficie sea nula
vn − vns = 0, (10.21)
1 Se verá en 12 que en el caso de ondas propagándose sobre la superficie libre de un lı́quido, la velocidad de éste
puede ser mayor que la de las ondas y, en ese caso, las ecuaciones que describen el movimiento son hiperbólicas.
10.4. Continuidad, existencia y unicidad de la solución 199
donde vns representa aquı́ la componente de la velocidad de la superficie normal a sı́ misma. Si
la superficie fuese permeable y se inyectase fluido a través de ella con velocidad de soplado us , la
condición (10.21) debe sustituirse por
vn − vns = us . (10.22)
Además, cuando el fluido esté limitado por otro fluido no miscible con él, en la superficie de
separación f (x, t) de los dos fluidos se impondrán las condiciones siguientes: 1) la velocidad normal
de ambos fluidos en la interfase de separación debe de coincidir con la velocidad normal de avance
de la superficie fluida, y 2) el salto de presiones a través de la superficie debe equilibrar a la
componente normal de las fuerzas de tensión superficial
∂f /∂t
vn1 = vn2 = − y ∆p = ζ∇n, (10.23)
| ∇f |
Figura 10.1: Perfiles de velocidad en dos capas lı́mites sobre una pared. El flujo es turbulento en la
imagen superior y corresponde a una fotografı́a en un instante de tiempo. El perfil de velocidades
de la imagen inferior corresponde a una capa lı́mite laminar.
y la exigencia de que ambos sean del mismo orden proporciona el orden de magnitud del espesor
de la capa lı́mite viscosa √
δ ∼ L/ Re, (10.25)
donde L es la longitud caracterı́stica de la pared sólida; obsérvese que al ser Re À 1, el espesor de
la capa lı́mite es mucho menor que la longitud caracterı́stica del obstáculo.
Para el caso del movimiento en conductos, la condición de que los términos viscoso y convectivo
sean del mismo orden conduce a r
L
δ∼ D (10.26)
Re D
y si Re D/L À 1 se tiene δ ¿ D.
La teorı́a de la capa lı́mite, tanto laminar como turbulenta es bastante compleja y su estudio se
pospone a los Capı́tulos 14 y 16. Del mismo modo que hay capas lı́mites para la velocidad, también
las hay para la temperatura y la concentración, entrando entonces en juego la conductividad térmica
y la difusión másica, que son los mecanismos fı́sicos encargados del cumplimientode las condiciones
de contorno en la superficie del cuerpo (o en la de separación entre dos fluidos no miscibles) que
no se puedan satisfacer con la teorı́a de fluidos ideales.
Otro ejemplo de discontinuidad en las magnitudes fluidas es el de las ondas de choque que
aparecen delante de un obstáculo que se mueve supersónicamente en el seno de un gas en reposo,
Figura 10.2,3 o en el flujo supersónico de un gas a través de una tobera convergente-divergente.
Como se observa en la fotografı́a de la Figura 10.2, y se verá también en el Capı́tulo 12
y siguientes, el espesor de la onda de choque es tan pequeño que puede ser tratado como una
discontinuidad matemática, puesto que al haber despreciado la viscosidad y la conducción de calor
los valores de la velocidad y temperatura no serán, en general, iguales a uno y otro lado de la
discontinuidad. Naturalmente, el espesor de la onda es muy pequeño y en su interior los gradientes
de velocidad y temperatura son tan grandes (serı́an infinitos si el espesor de la onda fuese nulo) que
no pueden ignorarse los efectos de viscosidad y conducción de calor que son los que permiten una
3 Army Ballistic Research Laboratory, en An Album of Fluid Motion, M. van Dyke, Parabolic Press, 1982.
10.5. Movimientos isentrópicos y homentrópicos 201
Figura 10.2: Estructura del flujo a través de un proyectil que viaja a M=2.58. Las ondas de choque
oblicuas ligadas al morro del proyectil y la capa lı́mite y la estela del mismo se observan con nitidez.
Para la visualización del flujo se aprovecha la variación del ı́ndice de refracción como consecuencia
de los cambios de densidad que experimenta el gas.
En movimientos isentrópicos casi estacionarios (para los cuales el tiempo caracterı́stico local es
mucho mayor que el tiempo de residencia), la ecuación de la entropı́a se reduce a
∂S
v · ∇S = = 0, (10.28)
∂s
donde ∂/∂ s representa la derivada en la dirección de la lı́nea de corriente y (10.28) indica que, en
cada instante, la entropı́a de las partı́culas fluidas situadas a lo largo de una lı́nea de corriente es
la misma. Además, si todas las lı́neas de corriente proceden de una región donde la entropı́a sea
uniforme el movimiento es también homentrópico.
∂v
ρ + ρ v · ∇ v = −∇ p + ρ fm , (10.29)
∂t
que conviene reescribir en la forma
∂v 1
+ ∇ · (v 2 /2) − v ∧ (∇ ∧ v) + ∇ p − fm = 0; (10.30)
∂t ρ
Multiplicando la ecuación (10.30) escalarmente por un vector unitario paralelo en cada punto al
vector velocidad se obtiene la proyección de dicha ecuación en la dirección de la lı́nea de corriente
∂ v ∂(v 2 /2) 1 ∂ p
+ + − fms = 0, (10.32)
∂t ∂s ρ ∂s
en el caso de lı́quidos se tiene ω = p/ρ mientras que en el movimiento isentrópico de gases, donde
T dS = 0 = dh − dp/ρ, se tiene
∂ω 1 ∂p ∂h
= = . (10.35)
∂s ρ ∂s ∂s
Además, si la componente de las fuerzas másicas en la dirección de la lı́nea de corriente fms derivase
de un potencial
fms = −∂ U/∂ s, (10.36)
10.7. Magnitudes de remanso 203
v2
h+ = ho ; (10.40)
2
esta constante se conoce con el nombre de entalpı́a de remanso.
Partiendo de la entropı́a y de la entalpı́a de remanso se pueden definir mediante las ecuaciones
de estado las restantes magnitudes de remanso; para un lı́quido perfecto se tiene:
So = S, (10.41)
ho = h + v 2 /2, (10.42)
To = T, (10.43)
204 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
1 2
po = p + ρv , (10.44)
2
ρo = ρ, (10.45)
y para un gas calorı́ficamente perfecto
So = S, (10.46)
ho = h + v 2 /2, (10.47)
To v2 v2 γ − 1 v2 γ − 1 v2 γ−1 2
=1+ =1+ p =1+ p =1+ 2
=1+ M , (10.48)
T 2cp T 2cp 2 γ 2 a 2
ρ Rg ρ
r · ¸1/2
ao To γ−1 2
= = 1+ M , (10.49)
a T 2
donde M = v/a es el número de Mach que mide la relación entre la velocidad del fluido y la del
sonido. Finalmente, de la ecuación de estado y de la condición de movimiento isentrópico
µ ¶γ
po ρo To po ρo
= y = , (10.50)
p ρ T p ρ
se obtienen las relaciones
· ¸1/(γ−1) · ¸γ/(γ−1)
ρo γ−1 2 po γ−1 2
= 1+ M y = 1+ M . (10.51)
ρ 2 p 2
En el Apéndice 10.I se dan valores tabulados de las expresiones (10.48)-(10.51) como función del
número de Mach.
Obsérvese de lo anterior que las magnitudes de remanso se podrı́an definir como las magni-
tudes termodinámicas que se obtendrı́an decelerando el fluido, isentrópica, estacionariamente y
sin fuerzas másicas, desde la velocidad v hasta la velocidad nula. Conviene observar también que,
independientemente del tipo de movimiento que experimente el fluido, las relaciones anteriores
definen en cada punto las variables de remanso en función de las estáticas; es decir, las relaciones
anteriores se pueden aplicar a cualquier tipo de movimiento aunque sea no-estacionario, no-ideal,
fuerzas másicas no despreciables, etc.; sin embargo, en estos casos las condiciones de remanso no se
conservan y su manejo ya no es tan útil. En efecto, de lo anterior se desprende que las condiciones
de conservación de las magnitudes de remanso son:
Movimiento estacionario.
10.8. Vorticidad y circulación del vector velocidad 205
Compare el lector estas condiciones con las de validez de la ecuación de Euler-Bernouilli. Es claro
de lo anterior que si se cumplen estas condiciones y que si todas las lı́neas de corriente vienen de
una región uniforme, las condiciones de remanso son las mismas para todo el campo fluido.
Las condiciones de conservación de la entalpı́a de remanso y entropı́a podı́an haberse deducido
también de las ecuaciones generales (5.24) y (5.27)
DS
ρT = φv + ∇ · (K∇T ) + Qr + Qq , (10.52)
Dt
D(h + v 2 /2) ∂p
ρ = + ρ fm · v + ∇ · (τ 0 · v) + ∇ · (k∇T ) + Qr + Qq , (10.53)
Dt ∂t
que muestran cómo en un caso real pueden variar las condiciones de remanso. Ası́ , en un movi-
miento a grandes números de Reynolds, sin adición de calor, la entropı́a de remanso no varı́a en el
movimiento de la partı́cula, pero sı́ puede variar la entalpı́a de remanso debido a efectos no esta-
cionarios a través de ∂ p/∂ t (por ejemplo, movimiento a través de compresores y turbinas, carreras
de compresión y expansión de émbolos, etc.), o también debido al trabajo de las fuerzas másicas
(por ejemplo, en la descarga del lı́quido de un depósito bajo la acción de las fuerzas gravitatorias).
Como indica el teorema de Stokes, si la curva L es reducible (es decir, si se puede reducir a un
punto de forma continua sin abandonar el dominio fluido), la magnitud Γ está relacionada con el
flujo del vector vorticidad ω = ∇ × v a través de una superficie Σ cualquiera que se apoye sobre L
I Z
v · dl = ω · n d σ. (10.55)
L Σ
∂ω
+ ∇ × (v · ∇v) = −∇(1/ρ) × ∇p + ∇ × fm , (10.56)
∂t
donde se ha tenido en cuenta que el rotor de un gradiente es nulo. Si se hace uso de las identidades
v2
v · ∇v = ∇ − v × ω, (10.57)
2
y
∇ × (v × ω) = v∇ · ω − ω ∇ · v + ω · ∇v − v · ∇ ω. (10.58)
y se tiene en cuenta que ∇ · ω = ∇ · (∇ × v) = 0 por ser ω solenoidal se obtiene la ecuación de la
vorticidad
∂ω 1
+ v · ∇ω = ω · ∇v − ω ∇ · v − ∇ × ∇ p + ∇ × fm . (10.59)
∂t ρ
206 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
Se concluye entonces que sobre las paredes laterales del tubo de corriente, ω·n = 0 y que, por tanto,
el flujo del vector vorticidad a través de cualquier sección transversal del tubo, que se denomina
intensidad del tubo de vorticidad, es constante a través de cualquier sección del tubo de vorticidad
Z Z
ω · ndσ = ω · n d σ; (10.65)
Σ1 Σ2
10.9. Lı́neas y tubos de vorticidad 207
Dado que la intensidad es constante a lo largo del tubo de vorticidad, éste no puede comenzar
o terminar en un punto del dominio fluido; esto es, o los tubos de vorticidad son cerrados o se
originan y terminan en el infinito o sobre una pared sólida.
Volviendo de nuevo a la ecuación (10.60), es fácil deducir que si la vorticidad inicial de una
partı́cula fluida es nula, se mantiene nula a lo largo del movimiento. Obsérvese que el segundo
miembro de (10.60) serı́a nulo en cada instante del movimiento. Esta propiedad constituye la
denominada primera de las leyes de Helmholtz que satisface el movimiento de un fluido barótropo
e ideal bajo la acción de fuerzas externas conservativas. Una consecuencia importante de la primera
ley es que si la vorticidad fuese nula en un instante dado en todo el dominio fluido (por ejemplo,
si el fluido está inicialmente en reposo o en un estado de movimiento uniforme) permanecerı́a
nula en cualquier instante posterior. De otro modo, si un flujo es inicialmente irrotacional, bajo las
hipótesis en que la ecuación (10.60) es válida, permanecerá siempre irrotacional. Ésta es, realmente,
una de las formas de enunciar el teorema de la circulación de Kelvin que se demostrará por un
procedimiento alternativo en la sección siguiente.
La segunda de las leyes de Helmholtz establece que las partı́culas fluidas que en un instante
dado están situadas sobre una lı́nea de vorticidad se mantienen sobre ella en instantes posteriores.
En otras palabras, las lı́neas y tubos de vorticidad se mueven con el fluido. La segunda ley de
Helmholtz se demuestra fácilmente a partir de la igualdad de las ecuaciones que satisfacen los
vectores ω/ρ y d x, siendo d x un elemento infinitesimal de lı́nea fluida [véanse las ecuaciones
(3.30) y (10.61)].
Multiplicando ahora la ecuación (10.61) por un parámetro ² constante (independiente de la
posición y del tiempo), con dimensiones apropiadas para que la cantidad ² ω/ρ posea dimensiones
de longitud y restando el resultado a la ecuación (3.30) se obtiene
µ ¶ µ ¶
D ω ω
dx − ² = dx − ² · ∇ v, (10.66)
Dt ρ ρ
que muestra, de acuerdo con la segunda ley, que si el elemento de lı́nea material coincide con el de
una lı́nea de vorticidad en el instante inicial
¯
ω¯
dx|t=to = ² ¯¯ , (10.67)
ρ t=to
ambos vectores siguen siendo iguales en cualquier instante posterior [el segundo miembro de (10.66)
es siempre nulo] y se concluye que las lı́neas de vorticidad son lı́neas fluidas que se mueven, por
tanto, con el fluido.
La tercera ley de Helmholtz establece la propiedad de que la intensidad los tubos de corriente
no varı́a con el tiempo durante el movimiento del fluido. Esta ley es consecuencia de la segunda y
del hecho de que la intensidad se mantiene constante a lo largo del tubo. En efecto, si los tubos
de vorticidad son superficies fluidas, y por tanto se mueven con el fluido, la masa contenida en el
volumen de un tubo de vorticidad con longitud elemental d x se conserva, por tanto, en cualquier
instante Z
ρ d x d σ = const; (10.68)
Σ
teniendo en cuenta que d x = d x n ∼ ω/ρ, la ecuación (10.68) se transforma en
Z
ω · n d σ = const, (10.69)
Σ
que indica la constancia de la intensidad del tubo de vorticidad. Se concluye de aquı́ que la
vorticidad media en una sección transversal aumenta cuando el área de la sección disminuye y
viceversa.
208 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
Un ejemplo tı́pico que ilustra muy bien los resultados anteriores es el flujo de aire en un
tornado. La convección térmica del aire cerca del suelo hacia las nubes produce, por un mecanismo
que no se trata aquı́ , un movimiento rotatorio muy intenso, concentrando la vorticidad en el eje
del tornado. El eje del tornado es visible porque en la región de giro intenso la presión es muy
baja y la humedad del aire se condensa, formando una nube en forma de chimenea, que es lo
que normalmente se identifica con el tornado. Esta nube giratoria es una visualización de un tubo
de vorticidad muy estrecho donde la vorticidad es muy intensa, Figura 10.3.4 Cuando las nubes
superiores se mueven, el tornado se dobla, es decir, el tubo de corriente es convectado por el flujo,
aumentando la vorticidad en gran parte del tornado al estrecharse la sección transversal del tubo
de corriente.
donde d l representa aquı́ el vector tangente a la lı́nea. Si L ≡ Lf es una lı́nea fluida, el teorema
de Bjerkness-Kelvin establece que la derivada sustancial (siguiendo a la lı́nea fluida cerrada) de la
circulación es igual a la circulación del vector aceleración a lo largo de dicha lı́nea
I I
D Dv
v · dl = · d l. (10.71)
D t Lf (t) Lf (t) D t
4 T. E. Faber, Fluid Dynamics for Physicists, Cambridge University Press, 1995. Fotografı́a proporcionada por
el National Oceanic and Atmospheric Administration Photo library, Rockville, Maryland, USA.
10.10. Teorema de Bjerkness-Kelvin 209
y que la última de las integrales de (10.72) se puede escribir mediante (3.30) como
I I I I
D(d l)
v· = v · (d l · ∇v) = v · dv = d v 2 /2 = 0; (10.73)
Lf (t) Dt Lf (t) Lf (t) Lf (t)
la integral (10.73) es nula por ser el campo de velocidades unievaluado (su valor en un punto es
el mismo antes y después de dar una vuelta completa a la lı́nea cerrada). Como establece (10.71),
que es la expresión matemática del teorema de Bjerkness-Kelvin, la derivada respecto al tiempo
de la circulación a lo largo de una lı́nea fluida cerrada es igual en cada instante a la circulación del
vector aceleración a lo largo de dicha lı́nea.
Por otra parte, en el caso particular del flujo barótropo, de un fluido no viscoso, bajo la acción de
un campo de fuerzas másicas que derivan de un potencial, la aceleración del fluido deriva también
de un potencial, véase (3.54)
Dv
= −∇(ω + U ), (10.74)
Dt
donde ∇ ω = ∇ p/ρ. Se tiene entonces
∂(ω + U )
∇(ω + U ) · d l = d l, (10.75)
∂l
y como (ω + U ) es, por razones fı́sicas, unievaluado, la ecuación (10.72) resulta
I
DΓ D
= v · d l = 0. (10.76)
Dt D t Lf (t)
La ecuación (10.76) expresa que en el flujo barótropo de un fluido ideal bajo la acción de un campo
de fuerzas másicas que deriva de un potencial, la circulación alrededor de cualquier lı́nea fluida
cerrada permanece constante e igual a su valor inicial. Como consecuencia de este teorema, si la cir-
culación a lo largo de cualquier lı́nea fluida cerrada es inicialmente cero, su valor permanecerá nulo
en cualquier instante posterior
I Z
Γ= v · dl = ω · n d σ = 0, (10.77)
Lf (t) Σ
donde d l es el elemento tangente de la lı́nea que une los puntos A y P . Si el recinto es simplemente
conexo, y A y P representan el mismo punto de una lı́nea cerrada, la ecuación (10.80) suministra
φ(xP ) = φ(xA ); esto es, el potencial de velocidades es una función unievaluada de la posición.
Si el dominio es múltiplemente conexo, como ocurre por ejemplo en la corriente bidimensional
de un fluido alrededor de un perfil de álabe en la que cualquier curva que encierre al perfil es no
reducible, puede ocurrir que la circulación alrededor del perfil sea distinta de cero mientras que
la vorticidad sea nula en todo punto del dominio fluido limitado por el perfil y una curva cerrada
cualquiera no reducible A F G H por ejemplo, Figura 10.4. En efecto, si ∇ × v = 0 en todo punto
A B E F
C D
H G
del dominio fluido, entonces, de acuerdo con (10.70), la circulación a lo largo de la curva cerrada
ABCDEF GH deberı́a de ser nula
I
v · d l = 0. (10.81)
ABCDEF G
Conviene decir que en este caso la velocidad deriva de un potencial, que puede ser una función
multievaluada de la posición si la circulación a lo largo de cualquier curva que encierre al perfil es
distinta de cero, aunque naturalmente la velocidad a que da origen no lo sea.
Para ilustrar lo anterior, considérese el caso de un torbellino bidimensional cuyo campo de
velocidades, definido en el dominio múltiplemente conexo formado por todo el plano (r, θ) con
exclusión del origen de coordenadas, es
Γ
vr = 0, vθ = , (10.83)
2πr
según los ejes polares r y θ. Existe, entonces, un potencial de velocidades
φ = Γ θ/2 π, (10.84)
Una corriente fluida para la que la vorticidad, ω = ∇ × v es nula en todo punto del dominio
fluido se denomina corriente potencial o irrotacional por oposición a la clase más general de movi-
mientos rotacionales en los que ω no es nulo en todo punto del dominio fluido. Como se verá más
adelante, los movimientos potenciales ocurren en situaciones prácticas de interés como por ejemplo
en Aerodinámica que considera la corriente alrededor de obstáculos de forma fuselada a pequeños
ángulos de ataque. Otro caso importante de flujos potenciales se presenta cuando se estudian las
pequeñas oscilaciones de las magnitudes fluidas en el seno de un fluido en reposo o moviéndose con
una velocidad uniforme como sucede en la Acústica o en el caso más general de ondas de pequeña
amplitud propagándose en el seno de un fluido.
10.12. Vórtices
Flujos con vórtices concéntricos a altos números de Reynolds aparecen con frecuencia en la
naturaleza y en muchas ramas de la tecnologı́a. Ejemplos naturales bien conocidos son el tornado y
212 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
el vórtice que se forma al drenar lı́quido a través de un sumidero y entre los dispositivos tecnológicos
en los que aparecen vórtices intensos cabe mencionar los amplificadores de torbellinos, ciclones
separadores, torbellinos desprendidos de alas de avión y otras superficies sustentadoras, bombas de
chorro, etc. En combustión son bien conocidos los efectos favorables que respecto a la estabilidad
de la llama posee la inyección de aire cuando a éste se le suministra una elevada velocidad de giro;
esta técnica se aplica en numerosas aplicaciones prácticas tales como motores de gasolina o diesel,
turbinas de gas, hornos y quemadores industriales y muchos otros dispositivos combustores.
Figura 10.5: Rotura de vórtices en una corriente de agua. Las dos trazas de tinta están en el centro
de vórtices intensos alimentados desde los bordes marginales del ala triangular a un cierto ángulo
de ataque. La rotura de los torbellinos da lugar a una pérdida de las caracterı́sticas aerodinámicas
del ala.
Por su importancia tecnológica el estudio de fluidos con vórtices intensos es un campo de in-
vestigación de actualidad que presenta dificultades serias para alcanzar un conocimiento profundo
de este tipo de flujos. Estas dificultades están asociadas por una parte a la dificultad del problema
matemático que gobierna el fenómeno y de otra a que este tipo de flujos exhiben comportamientos
complejos tales como rotura de vórtices (vortex breakdown), véase Figura 10.5, histéresis y estabi-
lidad, cuyo carácter marcadamente no lineal dificulta su completo entendimiento y la posibilidad
de gobernarlos apropiadamente por medio de parámetros de control.5
Como en todo otro flujo a altos números de Reynolds también en los vórtices puede distinguirse
una zona, exterior al núcleo viscoso, donde los efectos de viscosidad son poco importantes y el
movimiento no viscoso, pero en general rotacional, es gobernado por las ecuaciones de Euler; el
núcleo viscoso comprende al eje del vórtice. En movimientos axilsimétricos estacionarios de lı́quidos
aparecen problemas interesantes y difı́ciles sobre la interacción del movimiento en los planos axial y
azimutal pero su formulación se simplifica notablemente. En efecto, la función de corriente Ψ(x, r),
cuya existencia está garantizada en movimientos axil-simétricos de lı́quidos se define en coordenadas
cilı́ndricas (x, r, φ)
1 ∂Ψ 1 ∂Ψ
vx = , vr = − ; (10.87)
r ∂r r ∂x
por otra parte, las componentes del vector vorticidad (ωx , ωr , ωφ ) son en función de las componentes
(vx , vr , vφ )
1 ∂(rωφ ) ∂vφ ∂vr ∂vx
ωx = , ωr = − , ωφ = − , (10.88)
r ∂r ∂x ∂x ∂r
5 De G. K. Batchelor, An Introduction to Fluid Dynamics, Cambridge University Press, 1967.
10.12. Vórtices 213
ası́ que, si se sustituye (10.87) en la última de las ecuaciones de (10.88) se obtiene la ecuación
diferencial que satisface Ψ µ 2 ¶
∂ Ψ ∂ 2 Ψ 1 ∂Ψ
rωφ = − + − . (10.89)
∂x2 ∂r2 r ∂r
Por otra parte, como el movimiento es barótropo, no viscoso, y si no se considera la acción de las
fuerzas másicas, la ecuación de Bernouilli establece
1 2 p
(v + vr2 + vφ2 ) + = H(Ψ), (10.90)
2 x ρ
siendo H(Ψ) constante sobre las superficies de corriente, cada una de ellas definida por un valor
de la función de corriente, Ψ.
Otra integral primera del movimiento aparece como consecuencia del teorema de Kelvin (10.76)
que expresa la constancia de la circulación del vector velocidad a lo largo de una lı́nea fluida
(material) cualquiera en el caso de movimientos barótropos de fluidos ideales sometidos a fuerzas
másicas que derivan de un potencial. En efecto, teniendo en cuenta la axil-simetrı́a del movimiento,
la circulación a lo largo de un cı́rculo de radio r concéntrico con el eje resulta ser
I
vφ 2rdθ = 2πrvφ = Γ(Ψ) = 2πC(Ψ), (10.91)
C ∂C ∂H
ωφ = −r . (10.95)
r ∂Ψ ∂Ψ
Combinando finalmente las ecuaciones (10.89) y (10.95) se obtiene la ecuación diferencial que
satisface la función de corriente meridional (10.89) y (10.95)
∂ 2 Ψ ∂ 2 Ψ 1 ∂Ψ ∂H ∂C
+ − = r2 −C ; (10.96)
∂x2 ∂r2 r ∂r ∂Ψ ∂Ψ
214 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
esta ecuación, que proporciona la función de corriente Ψ(x, r) si las funciones C(Ψ) y H(Ψ) son
conocidas, se denomina de Bragg-Hawthorne por ser estos autores los primeros en formularla,
aunque frecuentemente se encuentra en la literatura referida como ecuación de Squire-Long.
Algunas soluciones de (10.96) que son de interés por aproximarse a los vórtices reales muestran
que la velocidad azimutal vφ varı́a potencialmente con la distancia al eje, vφ ∼ rn , con valores
negativos del exponente n como sugieren los valores experimentales existentes, por otra parte no
demasiado abundantes. Cerca del eje los esfuerzos de viscosidad se hacen, por tanto, importantes
y deben ser retenidos en una delgada capa lı́mite axilsimétrica en torno al eje cuya estructura se
analizará en 14.
La condición (10.102) impone una restricción importante a la teorı́a del movimiento de fluidos
ideales en conductos, ya que, por una parte, el conducto debe ser lo suficientemente largo, Lo À Do ,
para que el movimiento sea cuasi-unidireccional, mientras que debe ser lo suficientemente corto,
Lo ¿ Re Do , para que la viscosidad pueda ser ignorada.
Si la viscosidad fuera despreciable en el movimiento del fluido, el perfil de velocidades en
una sección serı́a aproximadamente uniforme,6 debido a la inexistencia de difusión transversal de
cantidad de movimiento, excepto en una región adyacente a la pared, de espesor δ muy pequeño
frente a Do , a través de la cual la velocidad irı́a disminuyendo desde el valor que tiene fuera de esa
zona hasta anularse en la pared del conducto. Como se vio en 10,4, el espesor δ de la capa lı́mite
es r
δ Lo
∼ , (10.103)
Do Re Do
de modo que el espesor de la capa lı́mite es mucho menor que el diámetro del conducto si
Re Do /Lo À 1.
Para muchos propósitos prácticos (por ejemplo, el cálculo del caudal de lı́quido o el del gasto
de gas que circula por un conducto), la delgada capa lı́mite adyacente a la pared puede ignorarse
y suponer que el perfil de velocidades es uniforme de modo que la velocidad v es sólo función
del tiempo y de la coordenada x a lo largo del conducto v = v(x, t). Al igual que la ausencia de
difusión viscosa conduce a un perfil de velocidades rectangular, la temperatura del fluido serı́a
constante en una sección perpendicular a la lı́nea media del conducto si la conducción de calor
fuera despreciable frente a la convección [ρ v · cv ∇ T À ∇ · (k ∇ T )], lo que ocurre siempre que
ρ V cv ∆ T /Lo À k ∆ T /Do2 , o P r Re Do /Lo = P e Do /Lo À 1; donde P r = µ cp /k y P e = P r Re
son los números de Prandtl y Peclet respectivamente. Naturalmente,
p cerca de la pared existirá una
delgada capa lı́mite térmica de espesor δT /Do ∼ 1/ P e Do /Lo ¿ 1. Si se ignorase la capa
lı́mite térmica, la temperatura del fluido en una sección normal a la lı́nea media del conducto serı́a
constante, de modo que, al igual que antes se tendrı́a T (x, t). De la constancia de p y T en secciones
normales al flujo se sigue la de la densidad ρ(x, t).
Si la viscosidad y conducción de calor son despreciables, las ecuaciones que gobiernan el mo-
vimiento del fluido en el conducto son la de continuidad (10.11), cantidad de movimiento en la
dirección de la lı́nea de corriente media (10.37) y energı́a (10.27). Es común multiplicar la ecuación
(10.11) por d y d z y extender la integración al área de una sección genérica del conducto teniendo
en cuenta que x, y, z y t son variables independientes y que las magnitudes fluidas son sólo función
de x y t; se obtiene entonces
∂(ρ A) ∂(ρ v A)
+ = 0, (10.104)
∂t ∂x
que junto a las ecuaciones (10.37), (10.46) y las de estado, constituyen un sistema de ecuaciones
diferenciales en derivadas parciales para el cálculo de p, v y ρ como funciones de la coordenada x
y del tiempo cuando se especifica la geometrı́a del conducto y se imponen condiciones de contorno
apropiadas.
donde Q(t) es el caudal que es independiente de la posición. La ecuación (10.105) muestra que
un aumento (disminución) del área de la sección lleva aparejado una disminución (aumento) de la
velocidad de forma que el producto de ambas magnitudes, el caudal, es sólo función del tiempo.
Sustituyendo (10.105) en la ecuación de Euler-Bernouilli (10.37), se obtiene
µ 2 ¶
1 dQ d Q p
+ + + U = 0, (10.106)
A dt d x 2 A2 ρ
y su integración entre una sección xo y otra genérica proporciona
· ¸ Z
Q2 p Q2 p(xo , t) dQ x dx
+ + U − + + U (xo , t) = − . (10.107)
2 A2 ρ 2 A2 (xo ) ρ d t xo A(x)
que es la ecuación diferencial de primer orden, no lineal, cuya integración proporciona el cálculo
del caudal como función del tiempo una vez que se especifican las condiciones de contorno p(xo , t)
y p(x1 , t). Obtenido el caudal, la ecuación (10.107) proporciona la distribución de presiones p(x, t)
a lo largo del conducto.
En el caso de movimientos estacionarios o casi-estacionarios, L A/(Q to ), el problema se sim-
plifica notablemente, ya que el término que contiene dQ/dt en las ecuaciones (10.107) y (10.108)
es nulo o muy pequeño y puede ser despreciado (L y A son valores caracterı́sticos de la longitud y
del área del conducto y to es el tiempo caracterı́stico de variación de las condiciones de contorno).
En este caso, las ecuaciones (10.107) y (10.108) se reducen a una pareja de ecuaciones algebraicas
que proporcionan el caudal y la distribución de presiones a lo largo del conducto.
y p(0, t) respectivamente. Si la entrada está bien diseñada, como sucede en el flujo mostrado en la
Figura 10.6,7 la viscosidad está confinada a una capa lı́mite muy delgada adyacente a las paredes
del conducto convergente de entrada por ser grande el número de Reynolds del movimiento. Fuera
de esta capa lı́mite el proceso de aceleración del lı́quido es isentrópico, sin fuerzas másicas y casi-
estacionario con lo que la presión de remanso se conserva en cada instante de tiempo. La presión
a la entrada del conducto es, pues,
Cuando la entrada no está bien diseñada, como ocurre en el flujo mostrado en la Figura 10.7,8
aparece un fenómeno nuevo, denominado desprendimiento de capa lı́mite que se analizará en pro-
fundidad en capı́tulos posteriores. En este caso, existen deceleraciones muy bruscas del flujo que
dan lugar a zonas de recirculación y corriente invertida en la que los fenómenos disipativos son
importantes y dan lugar a una pérdida de presión de remanso en la región de entrada al con-
ducto. La determinación de la presión a la entrada del conducto cuando (10.109) no es válida se
considerará en el Capı́tulo 17.
Aguas abajo de la sección de salida, el lı́quido se decelera desde la velocidad que posee en la
sección de salida, v(L, t), hasta el reposo. Es necesario tener en cuenta que, independientemente
de las caracterı́sticas geométricas del flujo y del valor del número de Reynolds, los procesos de
aceleración y deceleración de un fluido no son equivalentes respecto al papel que la viscosidad
juega en ellos. En efecto, en los procesos de deceleración el fluido no es capaz de adaptarse a una
variación brusca en la geometrı́a del flujo, como sucede por ejemplo a la salida de un conducto
donde existe un cambio abrupto de sección, ver Figura 10.8,9 dando lugar a una salida en forma de
chorro. Entre el chorro y el fluido ambiente existe una capa delgada (de espesor nulo si Re → ∞),
en la que los gradientes de velocidad son muy acusados y por tanto el efecto de la viscosidad es
importante. A través de esta capa no existen variaciones apreciables de presión de forma que la
presión del lı́quido en la sección de salida del conducto es igual a la del ambiente
p(L) = pa . (10.110)
7 En Visualized Flow, The Japan Society of Mechanical Engineers, Pergamon Press, 1988.
8 En Visualized Flow, The Japan Society of Mechanical Engineers, Pergamon Press, 1988.
9 En Visualized Flow, The Japan Society of Mechanical Engineers, Pergamon Press, 1988.
218 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
La verificación de (10.110) es patente en la Figura 10.8 donde se observa que el radio del
chorro se mantiene aproximadamente constante desde la salida, lo que indica que su presión es
muy aproximadamente igual a la del exterior. Como se ve, por tanto, el lı́quido circula por el
conducto de modo que va perdiendo presión en forma tal que a la salida alcanza el valor de la
presión ambiente, mientras que el proceso de disipación de la energı́a cinética que ocurre aguas
abajo de la sección de salida tiene lugar a presión constante.
el análisis expuesto aquı́ también se aplica en la práctica si las magnitudes en las ecuaciones (10.111)-(10.113) se
interpretan como magnitudes medias en la sección.
10.13. Movimiento casi-unidireccional de fluidos ideales 219
de la que se extraen las siguientes propiedades que exhiben los flujos de gases a través de conductos
de sección lentamente variable:
1) Si el movimiento es subsónico (M < 1), dv/dx < 0 (> 0) si dA/dx > 0 (< 0), es decir,
cuando el área aumenta aguas abajo del conducto, el gas se decelera, y viceversa.
2) Si el movimiento es supersónico (M > 1) el comportamiento anterior se invierte.
3) Cuando el número de Mach es la unidad se tiene dA/dx = 0 (se descarta cualquier solución
con gradientes de velocidad infinitos), es decir, la condición de flujo sónico sólo puede alcan-
zarse en secciones de área mı́nima o máxima. La combinación de esta condición con las de 1)
y 2) demuestran que M = 1 sólo puede alcanzarse en secciones de área mı́nima denominadas
generalmente gargantas.
Volviendo al análisis del movimiento, el gasto G puede expresarse en función de las magnitudes de
remanso de la corriente y del número de Mach, M = v/a, que expresa la relación en cada punto
entre las velocidades del fluido y del sonido,
ρ a
G = ρ v A = ρo a o A M , (10.116)
ρo ao
donde ρo y ao son los valores de remanso de la densidad y de la velocidad del sonido. Sustituyendo
(10.49) y (10.51) en (10.116) se obtiene finalmente
M
G = ρo ao A , (10.117)
· ¸ γ+1
γ−1 2 2(γ − 1)
1+ M
2
que proporciona el número de Mach en una sección como función del área de la sección del conducto
si el gasto y las condiciones de remanso de la corriente son conocidos.
Desde el punto de vista práctico es útil definir las denominadas magnitudes crı́ticas que son las
que se obtendrı́an llevando al fluido hasta un número de Mach, M = 1, en condiciones tales que
se conserven las magnitudes de remanso (proceso isentrópico, estacionario y sin fuerzas másicas).
Para un gas calorı́ficamente perfecto dichas magnitudes valen [ver ecuaciones (10.46)-(10.52)]
r
∗ ∗ 2 ∗ 2
S = So , T = To , a = ao , (10.118)
γ+1 γ+1
µ ¶ 1 µ ¶ γ
2 γ−1 2 γ−1
ρ∗ = ρo , p∗ = po . (10.119)
γ+1 γ+1
Por otra parte, si se define el área crı́tica A∗ como el área de la tobera en la que un gasto G de
gas alcanza condiciones crı́ticas partiendo de las mismas condiciones de remanso, la ecuación de
(10.117) conduce a
µ ¶ γ+1
2 2(γ − 1)
G= ρo ao A∗ , (10.120)
γ+1
que junto con (10.117) proporciona
· µ ¶¸ γ + 1
A 1 2 γ − 1 2 2(γ − 1)
∗
= 1+ M . (10.121)
A M γ+1 2
220 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
La expresión anterior posee un mı́nimo de A/A∗ , que es la unidad para M = 1, de modo que el área
mı́nima del conducto es siempre mayor o igual (en el caso de que se alcancen condiciones crı́ticas
en la garganta) que el área crı́tica. La expresión (10.121) posee dos ramas, una correspondiente
a movimiento subsónico y otra a supersónico, véase Figura 10.9, y se encuentra tabulada en el
Apéndice 10.I. Como se verá en lo que sigue, las expresiones (10.121), (10.117) y (10.46)-(10.51)
permiten calcular el gasto y la distribución de presiones, o cualquier otra magnitud fluida, a lo
largo del conducto una vez que se especifica la distribución de áreas y las condiciones de contorno
pertinentes.
5
4 ,5 0 ,0 0 2
4 0 ,0 0 7
3 ,5 0 ,0 1 3
M 3 0 ,0 2 7
p /p 0
2 ,5 0 ,0 5 8
2 0 ,1 2 8
1 ,5 0 ,2 7 2
1 0 ,5 2 8
0 ,5 0 ,8 4 3
0 1
0 0 ,2 0 ,4 0 ,6 0 ,8 1
A *
/A
Figura 10.9: Número de Mach y presión del gas como función del área del conducto.
Obsérvese que, de forma análoga al caso de lı́quidos, un gas que se mueve subsónicamente descarga
siempre a la presión ambiente. Dado po /pa y las condiciones de remanso, las ecuaciones (10.123)
y (10.122) determinan Ms y el gasto, la ecuación (10.117) proporciona el número de Mach en
10.13. Movimiento casi-unidireccional de fluidos ideales 221
cada sección, y las restantes magnitudes fluidas pueden determinarse en cada sección a partir de
(10.46)-(10.51).
El procedimiento anterior es válido en tanto que no se alcancen condiciones sónicas en la gar-
ganta; esto es, en tanto que la presión ambiente sea superior a ps1 , donde ps1 es el valor en la
presión de salida de la tobera cuando se tienen condiciones sónicas en la garganta (A∗ = Amin )
y movimiento subsónico en la zona divergente de la tobera. Su valor se determina fácilmente eva-
luando (10.121) en la sección de salida y teniendo en cuenta que el área crı́tica debe coincidir con
el área de la garganta, lo que proporciona la relación
· µ ¶¸ γ + 1
As 1 2 γ−1 2 2(γ − 1)
= 1+ Ms1 , (10.124)
Amin Ms1 γ + 1 2
que junto a
· ¸ γ
po γ−1 2 γ−1
= 1+ Ms1 , (10.125)
ps1 2
proporcionan el número de Mach a la salida, Ms1 , y la presión buscada ps1 . Nótese también que
cuando pa = ps1 se alcanza el gasto máximo (gasto crı́tico) que puede fluir por la tobera
µ ¶ γ+1
∗ ∗ ∗ 2 2(γ − 1)
G = ρ a Amin = ρo ao Amin = 0,578 ρo ao Amin para γ = 1,4 (10.126)
γ+1
ya que para valores de pa inferiores a ps1 existirán siempre condiciones sónicas en la garganta y
el movimiento entre el depósito y la garganta se hace independiente del valor de la presión en el
exterior. La razón es que en la garganta se produce un bloqueo sónico, ya que la velocidad del fluido
en la garganta es igual a la velocidad del sonido allı́ y, como se verá en 11, las señales acústicas, que
transmiten la información del descenso de la presión en el exterior, no pueden progresar corriente
arriba de la garganta.
Como se indicó anteriormente, cuando se tienen condiciones sónicas en la garganta, la teorı́a
isentrópica proporciona también la posibilidad de que exista un movimiento supersónico en toda
la zona divergente (rama supersónica de la Figura 10.9), con una presión en la sección de salida
ps2 determinada por
· ¸ γ
po γ−1 2 γ−1
= 1+ Ms2 , (10.127)
ps2 2
donde Ms2 corresponde a la raı́z supersónica de (10.121); obsérvese que ps2 < ps1 , puesto que
Ms2 > Ms1 . En la Figura 10.10 se representan esquemáticamente las distribuciones de presión y
números de Mach correspondientes a un flujo isentrópico en una tobera convergente divergente.
Nótese que si pa = ps2 se tiene movimiento isentrópico en toda la tobera, siendo la corriente
subsónica en la parte convergente y supersónica en la parte divergente de la tobera con descarga
a la presión ambiente; se dice, entonces, que la tobera está adaptada.
Cabe preguntarse ahora cuál es la solución cuando la presión ambiente pa es tal que ps1 >
pa > ps2 . Lo que sucede entonces es que aparecen en el movimiento mecanismos no isentrópicos
debido a que la corriente se acelera, se hace sónica en la garganta y supersónica detrás pero al no
poder recibir información (corriente supersónica) del estado del gas ambiente no puede, en general,
cumplir las condiciones de contorno a la salida. Cuando la corriente se expansiona (acelera) más de
lo necesario, el frenado se realiza a través de una región, denominada onda de choque, de espesor
muy pequeño comparado con las dimensiones transversales de la tobera, donde los mecanismos de
viscosidad y conducción de calor son importantes y cuyo estudio se abordará en el Capı́tulo 12.
222 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
1
p
p p s 1
o
p 0
0 ,5 2 8
p s 2
p 0
0
M
M s 2
M s 1
0
x
Figura 10.10: Distribuciones del número de Mach y de la presión en una tobera convergen-
te-divergente.
µ ¶ γ
2 (γ − 1)
pa ≤ p∗ = po , p∗ ' 0,53 po para γ = 1,4. (10.128)
γ+1
10.14. Forma semiintegral de las ecuaciones de Euler 223
DU DU
∼ P r ∼ Re P r À 1,
α ν
lo que ocurre en la mayorı́a de las situaciones prácticas donde el número de Reynolds es muy grande
y el número de Prandtl no es muy pequeño. En el caso particular del bombeo de metales lı́quidos
para los que P r ¿ 1 la hipótesis de conducción de calor despreciable a través de las paredes podrı́a
no verificarse.
Como se verá en lo que sigue, la aplicación de las ecuaciones de conservación de masa y energı́a
al volumen de control indicado en la Figura 10.11, proporcionan relaciones útiles entre la potencia
suministrada a la bomba (o compresor), o cedida por la turbina, y el flujo de entalpı́a de remanso
224 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
a través de las paredes del volumen de control formado por la entrada, salida y paredes fijas y
móviles de la máquina.
El principio de conservación de la masa aplicado al volumen de control considerado se expresa
en la forma Z Z
d
ρd$ + ρ(v − vc ) · n d σ, (10.129)
d t Ωc (t) Σc (t)
P
Pa P1
r1
P2
r2
Pe
re r
ra V1 V2 Ve
ρ1 v1 A1 = ρ2 v2 A2 = G, (10.130)
esto es, la masa por unidad de tiempo que en cada instante entra a través de A1 es igual a la que
sale a través de A2 . En la integración de la segunda de las integrales de (10.129) se ha tenido en
cuenta que por no haber efectos de difusión (Re À 1 y Re P r À 1) las magnitudes fluidas son
uniformes en las secciones de entrada y salida (y en cualquier sección del conducto).
La ecuación de la energı́a en forma integral se expresa
Z Z Z
d
ρ(e + v 2 /2)d $ + ρ(e + v 2 /2)(v − vc ) · n d σ = − pn · vc d σ+
d t Ωc (t) Σc (t) Σc (t)
Z =
Z Z
n· τ 0 ·vc d σ + ρ fm · v d$ + K∇T · ndσ. (10.131)
Σc (t) Ωc (t) Σc (t)
Obsérvese que en (10.131) se ha incluido el trabajo de las fuerzas de viscosidad por unidad de
tiempo a través de las paredes móviles, ya que las fuerzas de viscosidad son importantes en las
superficies sólidas. Esta potencia será, en general, pequeña comparada con el trabajo por unidad de
tiempo de las fuerzas de presión pero se ha incluido por generalidad. La suma de ambos términos
(trabajo por unidad de tiempo de las fuerzas de presión y viscosidad sobre las paredes móviles)
es la que contribuye a la potencia mecánica W comunicada al fluido por los álabes del compresor
(o bomba si se trata de un lı́quido) o extraı́da del fluido en el caso de una turbina. Los trabajos
por unidad de tiempo realizados por las fuerzas de viscosidad a través de la entrada y salida son
despreciables por ser el número de Reynolds suficientemente alto. Los trabajos de las fuerzas de
viscosidad y presión que actúan sobre las paredes fijas de la máquina son nulos. El calor aportado
10.14. Forma semiintegral de las ecuaciones de Euler 225
por conducción a través de las paredes fijas y móviles de la máquina será en general pequeño
frente a la convección de calor (P e À 1). Si además, como es habitual en el flujo a través de
turbomáquinas, no es importante la radiación de calor (excepto en turbinas de gas a muy altas
temperaturas), no hay reacciones quı́micas y se considera que la máquina funciona en régimen
estacionario o casi-estacionario, la ecuación (10.131) resulta
· ¸
v22 p2 v12 p1
W = G e2 + + + U2 − e1 − − − U1 , (10.132)
2 ρ2 2 ρ1
donde para el cálculo del trabajo de las fuerzas másicas, que sólo es importante en el movimiento
de lı́quidos, se ha supuesto que éstas derivan de un potencial estacionario U ; esto es
Z Z Z
ρ fm · v d$ = − ρ ∇ U · v d$ = − ρ ∇ · U v d$ =
Ωc (t) Ωc (t) Ωc (t)
Z
− ρ U v · n, dσ = G(U1 − U2 ), (10.133)
Σc (t)
obsérvese que por tratarse del movimiento de un lı́quido se ha hecho uso de la condición ∇ · v = 0.
Para el caso de un compresor (10.132) puede escribirse
· µ ¶¸
v22 v12
W c = G h2 + + U2 − h1 + + U1 > 0, (10.134)
2 2
y para una turbina · µ ¶¸
v12 v22
Wt = G h1 + + U1 − h2 + + U2 > 0. (10.135)
2 2
Las ecuaciones (10.134) y (10.135) expresan que la potencia es igual a la diferencia entre los flujos
de entalpı́a de remanso y de energı́a potencial que salen y entran del volumen considerado. Además,
la ecuación de la entropı́a en forma integral, véase (5.51),
Z Z Z
d K ∇T · n
ρS d$ + ρ S(v − vc ) · n d σ = d σ+
d t Ωc (t) Σc (t) Σc (t) T
=
Z Z 2 0
Qr + Qq K|∇ T | + τ : ∇ v d $,
d$ + (10.136)
Ωc (t) T Ωc (t) T2 T
para un sistema globalmente estacionario al que no se le aporta calor, por radiación, combustión
y/o conducción a través de las paredes proporciona
G(S2 − S1 ) ≥ 0. (10.137)
La relación (10.137) expresa que la entropı́a de las partı́culas fluidas aumenta a su paso por el
sistema debido a posibles efectos de la fricción y conducción de calor en capas lı́mites y estelas. Se
verá en lo que sigue que este hecho está estrechamente relacionado con el rendimiento de la turbina
o compresor. En efecto, obsérvese que (10.134) y (10.135) pueden escribirse en la forma
µ ¶
v22 2
v2s
Wc − Wcs = G h2 − h2s + − , (10.138)
2 2
y µ ¶
v2 v2
Wts − Wt = G h2 − h2s + 2 − 2s , (10.139)
2 2
226 Capı́tulo 10. Flujos a grandes números de Reynolds. Ecuaciones de Euler
donde
2
Wcs = G[h2s + v2s /2 + U2 − (h1 + v12 /2 + U1 )] (10.140)
y
Wts = G[h1 + v12 /2 + U1 − (h2s + v2s
2
/2 + U2 )] (10.141)
son las potencias comunicadas al compresor y cedidas por la turbina cuando la evolución del fluido
es isentrópica desde unas condiciones de entrada dadas, ρ1 , v1 y p1 , hasta una presión a la salida p2 ;
la evolución isentrópica determina la densidad a la salida ρ2s y la velocidad v2s (G = ρ2s v2s A2 ). El
término G(h2 − h2s + v22 /2 − v2s
2
/2) = G(e2 − e2s ) + p2 A2 (v2 − v2s ) + G(v22 /2 − v2s
2
/2) representa las
pérdidas originadas por los excesos de energı́a interna, potencia de las fuerzas de presión a la salida
y de energı́a cinética cuando la evolución no es isentrópica. A continuación se demostrará que,
de acuerdo con (10.137), cada una de estas contribuciones es no negativa, por lo que Wts y Wcs
son, respectivamente, la potencia máxima que puede extraerse de la turbina y la potencia mı́nima
que es necesario comunicar al compresor para las condiciones de entrada y de presión a la salida
dadas. En efecto, en el caso de gases, la condición (10.137) junto con la ecuación de estado para la
entropı́a implica
µ ¶ γ−1 µ ¶ γ1
p2 γ
p2 ρ2s v2s
cv T2 ≥ cv T1 = cv T2s , ρ 2 ≤ ρ1 = ρ2s y v2 = ≥ v2s , (10.142)
p1 p1 ρ2
y para lı́quidos
cT2 ≥ cT1 = cT2s , ρ1 = ρ2 = ρ2s y v2 = v2s . (10.143)
Se acostumbra a relacionar la potencia de la máquina con el salto de presiones entre la entrada y
la salida. Para ello es necesario conocer una relación adicional entre las magnitudes fluidas. Puesto
que no se ha aplicado la ecuación de cantidad de movimiento en forma integral (que introducirı́a la
fuerza resultante sobre la máquina como incógnita adicional), es necesario describir cómo es la evo-
lución que experimentan las partı́culas fluidas entre la entrada y la salida o, en su lugar, especificar
el rendimiento de la máquina. En el caso de gases, se supone que la forma de la relación isentrópica
entre la presión y la densidad se conserva y sólo cambia el exponente, en el que se sustituye la
relación de calores especı́ficos γ por un coeficiente experimental, denominado ı́ndice politrópico
que, en general, depende de las condiciones de funcionamiento de la máquina (determinadas por
el gasto y el salto de presiones). Se tiene entonces la relación
p2 p1
n = n. (10.144)
ρ2 ρ1
puesto que en un compresor p2 /p1 > 1, se tiene en este caso n ≥ γ, mientras que para una turbina
(p2 /p1 < 1) se tiene n ≤ γ. Sustituyendo (10.144) en (10.134)-(10.135) se obtiene
( "µ ¶ # "µ ¶ µ ¶ #)
(n−1)/n 2 2/n
p2 2 A1 p1
W c = G h1 − 1 + v1 −1 , (10.146)
p1 A2 p2
donde se ha despreciado la diferencia de energı́a potencial entre la entrada y la salida por tratarse de
un gas. Si la energı́a cinética fuese también despreciable, lo que ocurre cuando M 2 ¿ 1 [recuérdese
que v 2 /h = (γ − 1) ρ v 2 /γ p = (γ − 1) v 2 /a2 = (γ − 1) M 2 ] las ecuaciones (10.146)-(10.147) se
simplifican para dar
"µ ¶ # " µ ¶(n−1)/n #
(n−1)/n
p2 p2
Wc = G h 1 − 1 , Wt = G h1 1 − . (10.148)
p1 p1
y
Wt = Q [po1 − po2 + ρ (U1 − U2 ) + ρ c (T1 − T2 )], (10.153)
donde po1 y po2 son las presiones de remanso del lı́quido a la entrada y salida de la máquina y Wb
es la potencia suministrada a la bomba. Para una evolución isentrópica T1 = T2 , mientras que para
una evolución real Wb y Wt pueden expresarse en términos de la diferencia de presiones p2 − p1 y
del caudal si se conocen los rendimientos ηb y ηt . Se tiene en este caso
1 1
Wb = Wbs = Q [po2 − po1 + ρ (U2 − U1 )], (10.154)
ηb ηb
y
Wt = ηt Wts = ηt Q [po1 − po2 + ρ (U1 − U2 )]. (10.155)
Obsérvese que, dados la potencia real y el rendimiento, las ecuaciones (10.152)-(10.153) y (10.154)-
(10.155) permiten calcular el incremento de temperaturas (T2 − T1 ) que experimenta el fluido a su
paso por la máquina en función de la diferencia de presiones y del caudal.
donde el primer término de la ecuación se reduce a V d(ρ e)/d t puesto que la energı́a cinética en el
depósito es despreciable. El trabajo de las fuerzas de presión y viscosidad en las paredes fijas del
depósito es nulo, y del mismo modo el trabajo de las fuerzas de viscosidad en la sección de entrada
se puede considerar despreciable por ser muy alto el número de Reynolds. Se tiene entonces:
Z µ ¶ Z
d(ρ e) v2
V + ρ e+ v · ndσ = −p · v · n d σ. (10.159)
dt As 2 As
se obtiene
µ ¶γ − 1
V dp p γ
= G ha . (10.162)
γ − 1 dt pa
Si se supone G independiente del tiempo y conocido, las ecuaciones (10.161) y (10.162) pueden
integrarse para hallar la evolución de la presión y densidad en el depósito a partir de los valores
iniciales p(0) y ρ(0). En efecto, puede comprobarse fácilmente que
ρ ρ(0) Gt
= + , (10.163)
ρa ρa Ω ρa
y
µ ¶1/γ · ¸1/γ
p p(0) Gt
= + . (10.164)
pa pa Ω ρa
Obsérvese que, salvo en el caso particular ρ(0) = ρa y p(0) = pa , el llenado no es isentrópico
[p/p(0) 6= (ρ/ρ(0))γ ] debido a los efectos de conducción de calor y de disipación de energı́a cinética
que tienen lugar en la región turbulenta formada en la descarga del chorro al depósito. Sólo si la
temperatura del chorro a la entrada coincide en todo instante con la del depósito y el número de
Mach a la entrada es mucho menor que la unidad, serán despreciables estos efectos, en cuyo caso
el llenado de un depósito aislado térmicamente puede considerarse isentrópico.
10.14. Forma semiintegral de las ecuaciones de Euler 229
APÉNDICE 10.I
M po /p ρo /ρ To /T A/A∗
1,000E-01 1,007E+00 1,005E+00 1,002E+00 5,822E+00
2,000E-01 1,028E+00 1,020E+00 1,008E+00 2,964E+00
3,000E-01 1,064E+00 1,046E+00 1,018E+00 2,035E+00
4,000E-01 1,117E+00 1,082E+00 1,032E+00 1,590E+00
5,000E-01 1,186E+00 1,130E+00 1,050E+00 1,340E+00
6,000E-01 1,276E+00 1,190E+00 1,072E+00 1,188E+00
7,000E-01 1,387E+00 1,263E+00 1,098E+00 1,094E+00
8,000E-01 1,524E+00 1,351E+00 1,128E+00 1,038E+00
9,000E-01 1,691E+00 1,456E+00 1,162E+00 1,009E+00
1,000E+00 1,893E+00 1,577E+00 1,200E+00 1,000E+00
1,500E+00 3,671E+00 2,532E+00 1,450E+00 1,176E+00
2,000E+00 7,824E+00 4,347E+00 1,800E+00 1,688E+00
2,500E+00 1,709E+01 7,594E+00 2,250E+00 2,637E+00
3,000E+00 3,673E+01 1,312E+01 2,800E+00 4,235E+00
3,500E+00 7,627E+01 2,211E+01 3,450E+00 6,790E+00
4,000E+00 1,518E+02 3,615E+01 4,200E+00 1,072E+01
4,500E+00 2,894E+02 5,731E+01 5,050E+00 1,656E+01
5,000E+00 5,291E+02 8,818E+01 6,000E+00 2,500E+01
5,500E+00 9,304E+02 1,320E+02 7,050E+00 3,687E+01
6,000E+00 1,579E+03 1,925E+02 8,200E+00 5,318E+01
6,500E+00 2,594E+03 2,745E+02 9,450E+00 7,513E+01
7,000E+00 4,140E+03 3,833E+02 1,080E+01 1,041E+02
7,500E+00 6,434E+03 5,252E+02 1,225E+01 1,418E+02
8,000E+00 9,763E+03 7,075E+02 1,380E+01 1,901E+02
8,500E+00 1,450E+04 9,383E+02 1,545E+01 2,511E+02
9,000E+00 2,110E+04 1,227E+03 1,720E+01 3,272E+02
1,000E+01 4,244E+04 2,021E+03 2,100E+01 5,359E+02
1,500E+01 6,602E+05 1,435E+04 4,600E+01 3,755E+03
2,000E+01 4,783E+06 5,905E+04 8,100E+01 1,538E+04
2,500E+01 2,245E+07 1,782E+05 1,260E+02 4,631E+04
3,000E+01 7,978E+07 4,408E+05 1,810E+02 1,144E+05
3,500E+01 2,335E+08 9,492E+05 2,460E+02 2,461E+05
4,000E+01 5,926E+08 1,846E+06 3,210E+02 4,785E+05
4,500E+01 1,348E+09 3,321E+06 4,060E+02 8,606E+05
5,000E+01 2,815E+09 5,618E+06 5,010E+02 1,455E+06
Tabla 10.1: Valores de la presión, densidad, temperatura y área crı́tica como función
del número de Mach y de las variables de remanso.
Capı́tulo 11
231
232 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
cifras muestran la pequeñez de las perturbaciones introducidas por las ondas sonoras, por lo que
pueden despreciarse sus productos en las ecuaciones que describen el campo sonoro y éstas resultan
lineales.
Otra importante consecuencia derivada de los valores caracterı́sticos de los tiempos y longitudes
de variación en las ondas sonoras es que el proceso de propagación de éstas es un proceso isentrópico
puesto que, como se demostrará seguidamente, los efectos de las fuerzas de viscosidad, los de la
conducción de calor y los de la disipación viscosa son despreciables frente a los términos de variación
local en sus respectivas ecuaciones, es decir,2
¯ ¯ ¯ =,¯
¯ ∂u ¯ ¯ ¯ ∂e ∂e =
ρ ¯¯ ¯¯ À ¯∇· τ ¯ , ρ À ∇ · (K∇T ), ρ Àτ 0 : ∇u. (11.1)
∂t ∂t ∂t
La última desigualdad en (11.1) se comprueba inmediatamente por ser el término de disipación
viscosa cuadráticamente pequeño en las perturbaciones. Las otras dos condiciones en (11.1) se
verifican si se cumplen
ν ν ωo ν 1 νω 1
∼ 2 ¿ 1, ∼ 2 ¿1 (11.2)
ωo λ2o ao ωo λ2o P r ao P r
donde P r = µcp /K es el número de Prandtl. Para los gases P r = 0(1) y las dos condiciones de (11.2)
son equivalentes; ası́, para el aire atmosférico a 20 o C, ν ' 1,5×10−5 m/s, ao ' 340 m/s, y tomando
el caso más desfavorable de una frecuencia tı́pica de 20.000 Hz se tiene νωo /a20 ∼ 2,5 × 10−6 , por lo
que está plenamente justificado el considerar isentrópica la propagación del sonido en el aire y, por
extensión, en cualquier gas en condiciones normales. Para lı́quidos con un número de Prandtl de
orden unidad o mayor, el cumplimiento de la primera condición en (11.2) asegura el cumplimiento
de la segunda; ası́, para el caso del agua ν ' 10−6 m2 /s, P r = 8 y ao =1.500 m/s, se tiene,
(ων/a2o ) ∼ 9 × 10−9 para una frecuencia de 20.000 Hz, con lo que la hipótesis isentrópica está aún
más justificada que para el caso de gases. Sin embargo, fluidos de muy alta conductividad térmica
tales como lı́quidos metálicos o plasmas poseen P r ¿ 1 y la segunda condición (11.2) podrı́a no
cumplirse para frecuencias elevadas, lo que exigirı́a incluir el término de conducción de calor en las
ecuaciones de propagación de las ondas sonoras.
Bajo las condiciones (11.2), las ecuaciones que gobiernan el campo fluido son las ecuaciones
de Euler que, en ausencia de fuerzas másicas y de aportes volumétricos de calor, se escriben en la
forma
1 Dρ
+ ∇ · u = 0, (11.3)
ρ Dt
Du
ρ + ∇p = 0, (11.4)
Dt
DS
= 0. (11.5)
Dt
Se supondrá al fluido inicialmente en reposo y uniforme, por lo que la entropı́a inicial es la misma
para todas las partı́culas fluidas y, de acuerdo con (11.5), estas conservan su valor, So , en el
movimiento. La ecuación de estado S(p, ρ) = So implica entonces que el movimiento es barótropo,
p = p(ρ), y las variaciones de presión y densidad satisfacen
¯ ¯
∂p ∂ p ¯¯ ∂ p ¯¯
= = γ , (11.6)
∂ρ ∂ ρ ¯S ∂ ρ ¯T
2 Los términos convectivos no se consideran por ser cuadráticamente pequeños.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 233
1/2
donde γ = cp /cv es la relación de calores especı́ficos; se verá seguidamente que a = [(∂p/∂ρ)
p S]
es la velocidad de propagación de las ondas sonoras en el medio. Para un gas perfecto a = γRg T
y, puesto que γ = 7/5 para un gas diatómico (aire), p este valor difiere apreciablemente de la
velocidad de propagación isoterma, [(∂p/∂ρ)T ]1/2 = Rg T , dada por Newton . La discrepancia
entre ambos valores fue explicada por Laplace (1816) en base a que las expansiones y compresiones
de los elementos fluidos que tienen lugar en la propagación de una onda sonora son tan rápidas
que, debido a la segunda condición (11.2), un elemento no dispone de tiempo suficiente en un
periodo de oscilación para intercambiar una cantidad apreciable de calor con el exterior e igualar
su temperatura con la del medio que lo rodea (lo que ocurrirı́a si dichas expansiones y contracciones
fuesen muy lentas). Naturalmente estas consideraciones también se aplican al caso de lı́quidos, pero
en la práctica las velocidades de propagación isoterma e isentrópica coinciden en este caso al ser
la entropı́a función únicamente de la temperatura (γ = 1 para un lı́quido ideal).
Para obtener las ecuaciones que gobiernan el campo sonoro las variables fluidas se expresan en
(11.3)-(11.5) de la forma
p = po + p0 , ρ = ρo + ρ0 , u = u0 , (11.7)
donde po y ρo son la presión y la densidad del medio sin perturbar y p0 , ρ0 y u0 representan las
perturbaciones acústicas respecto de dicho estado, y se linealizan las ecuaciones teniendo en cuenta
que p0 ¿ po y ρ0 ¿ ρo . Para un medio no perturbado homogéneo y en reposo se obtiene el sistema
lineal de ecuaciones en derivadas parciales
∂ρ0
+ ρo ∇ · u0 = 0, (11.8)
∂t
∂u0
ρo + ∇p0 = 0, (11.9)
∂t
p0 = a2o ρ0 , (11.10)
donde (11.10) se ha obtenido desarrollando en serie de Taylor la ecuación de estado isentrópica
p = p(ρ, So ) hasta términos de primer orden en las perturbaciones,
¯
∂ p ¯¯
p − po = (ρ − ρo ). (11.11)
∂ ρ ¯S
Las ecuaciones (11.8)-(11.10) ponen de manifiesto el papel esencial de la compresibilidad del fluido
en la propagación de las perturbaciones sonoras. En efecto, considérese un elemento de volumen
fijo en el dominio fluido y, para fijar ideas, supóngase que en un cierto instante ∇ · u0 < 0: entonces
(11.8) indica que se está acumulando fluido en dicho elemento a la vez que, de acuerdo con (11.10),
aumenta la presión en el mismo. De esta forma se origina un gradiente de presiones que, según
(11.9), frena el fluido entrante en el elemento y, posteriormente, lo impulsa hacia los elementos
adyacentes, propagándose ası́ la perturbación en el medio.
Obsérvese que si se elimina u0 de (11.8) y (11.9) y se hace uso de (11.10) se obtienen las
ecuaciones
∂ 2 ρ0
− a2o ∇2 ρ0 = 0, (11.12)
∂ t2
y
∂ 2 p0
− a2o ∇2 p0 = 0; (11.13)
∂ t2
de igual manera, eliminando ρ0 y p0 , se obtiene
∂ 2 u0
− a2o ∇2 u0 = 0. (11.14)
∂ t2
234 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
Las ecuaciones (11.12)-(11.14) muestran que las perturbaciones acústicas en un medio en reposo
y uniforme satisfacen la bien conocida ecuación de las ondas. Como se verá más adelante dicha
ecuación admite soluciones que representan ondas propagándose con una velocidad ao que es,
por tanto, la velocidad de propagación de las pequeñas perturbaciones en el medio. En lugar de
calcular ρ0 , p0 y u0 mediante (11.12)-(11.14) resulta en muchas circunstancias más útil operar con el
potencial de velocidades, que reduce el problema a una sola incógnita a partir de la que se pueden
obtener las restantes mediante derivación. En efecto, como el movimiento es isentrópico, sin fuerzas
másicas e inicialmente irrotacional (estado de reposo), será irrotacional en todo instante y existe,
por tanto, un potencial de velocidades φ tal que
u0 = ∇ φ. (11.15)
donde las derivadas están tomadas a entropı́a constante y evaluadas en el estado sin perturbar;
dichas derivadas pueden calcularse fácilmente de la relación termodinámica de = T dS + p/ρ2 dρ;
esto es, ρ de = (p/ρ)dρ. Si a los dos miembros de la última relación se le suma e dρ se tiene
µ ¶ ¯
p ∂(ρe) ¯¯ p
d(ρ e) = e + dρ y ¯ = e + = h. (11.23)
ρ ∂ρ S ρ
Derivando una vez más y teniendo en cuenta la relación dh = dp/ρ = a2 dρ/ρ, válida para un
proceso isentrópico, se obtiene
¯ ¯ ¯ ¯
∂ 2 (ρ e) ¯¯ ∂ h ¯¯ ∂ h ¯¯ ∂ p ¯¯ 1
2 ¯ = ¯ = ¯ ¯ = a2 . (11.24)
∂ρ S ∂ρ S ∂p S ∂ρ S ρ
Haciendo uso de (11.22) y (11.23) en (11.21) se obtiene la energı́a interna en la unidad de volumen
de fluido expresada hasta términos cuadráticos en las perturbaciones
a2o 02
ρ e = ρo e o + h o ρ0 + ρ , (11.25)
2ρo
∂ 2 02
(a ρ /2 ρo ) = −p0 ∇ · u0 . (11.26)
∂t o
donde se ha tenido en cuenta la relación ho [∂ ρ0 /∂ t + ∇ · (ρ0 + ρo )u0 ] = 0 que se deduce inme-
diatamente de (11.22). El término a2o ρ02 /2 ρo = p02 /(2ρo a2o ) en (11.26) representa, por tanto, la
energı́a interna almacenada en la unidad de volumen de fluido debida al trabajo de compresión
de las fluctuaciones de presión. Sumando (11.20) y (11.26) se obtiene finalmente la ecuación de
conservación de la energı́a acústica
µ ¶
∂ 1 2 1 p02
ρo u 0 + + ∇ · (p0 u0 ) = 0, (11.27)
∂t 2 2 ρo a2o
que expresa que la variación en la unidad de tiempo de la energı́a acústica, cinética más interna,
contenida en la unidad de volumen es igual a la potencia total comunicada por las fluctuaciones
de presión a la unidad de volumen. El vector
I = p0 u0 , (11.28)
es, por tanto, el vector flujo de energı́a acústica, o vector intensidad acústica. Su proyección según
un vector unitario n,
In = p0 u0 · n = p0 u0n , (11.29)
se denomina intensidad acústica, y es la cantidad de energı́a acústica que en la unidad de tiempo
atraviesa la unidad de superficie de orientación n.
Para las frecuencias tı́picas de las ondas sonoras la intensidad acústica es una función altamente
variable con el tiempo, de manera que los receptores de sonido, debido a su limitación inherente en
el tiempo de respuesta a las señales acústicas, no reaccionan al valor instantáneo de la intensidad
acústica, sino a su valor medio durante un periodo de tiempo largo comparado con el tiempo
caracterı́stico de las vibraciones sonoras. Por tanto, es conveniente definir la intensidad acústica
media como Z t+To
1
I n (x, t) = In (x, t̂) d t̂, (11.30)
2To t−To
236 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde el tiempo de promediado, 2To , debe ser largo comparado con el periodo caracterı́stico de
las ondas sonoras, 2π/ωo , pero a su vez corto comparado con el tiempo caracterı́stico de variación
de la integral (11.30); si I n es independiente del tiempo el campo sonoro se dice estacionario
en media o, también, estadı́sticamente estacionario. Además, en el caso particular de que las
perturbaciones acústicas varı́en con el tiempo de forma armónica con una única frecuencia ω
(oscilaciones monocrómaticas), el tiempo de promediado en (11.30) puede tomarse igual a un
periodo de oscilación, 2π/ω. Los valores caracterı́sticos de la intensidad acústica media varı́an
dentro de un rango muy amplio; por ejemplo, para el oı́do humano y para una frecuencia tı́pica de
5.000 Hz el umbral de sonido corresponde a I n ∼ 10−12 W/m2 mientras que el umbral del dolor
corresponde a I n ∼ 103 W/m2 . Como los valores de la intensidad acústica están comprendidos
dentro de un rango de quince ordenes de magnitud es conveniente emplear una escala logarı́tmica
y expresar el valor de I n en decibelios de modo que
I n (W/m2 )
IDB = 10 log10 . (11.31)
10−12 W/m2
Como ejemplos ilustrativos baste decir que a una distancia tı́pica de 1 m un susurro corresponde
a un valor tı́pico de la intensidad acústica IDB ∼ 20, un grito a IDB ∼ 70, y el umbral de dolor
corresponde a IDB ∼ 150.
la dirección x con la velocidad del sonido ao . Las funciones F y F1 representan, por tanto, una
onda plana viajera propagándose en la dirección positiva del eje x. Es evidente que las funciones
G(x + ao t) y G1 (x + ao t) representan una onda que se propaga en la dirección opuesta. De acuerdo
con (11.34)-(11.35), para una onda que se propaga hacia la derecha (G = G1 = 0) se tiene
u0 ρ0 p0
= = , (11.36)
ao ρo ρo a2o
y para una onda que se propaga hacia la izquierda (F = F1 = 0) se verifica
u0 ρ0 p0
=− =− . (11.37)
ao ρo ρo a2o
Las funciones F1 y G1 se determinan a partir de las condiciones iniciales y de contorno; por ejemplo,
si se perturba a un fluido inicialmente en reposo (u0 = 0) mediante un ligero incremento local de la
presión dado por p0 = ρo ao f (x) siendo f (x) una función conocida (véase el esquema de la Figura
11.1), F1 y G1 se determinan imponiendo las ecuaciones (11.34) y (11.35) en t = 0,
lo que proporciona
F1 (x) = −G1 (x) = f (x)/2. (11.39)
Por tanto, la solución del problema es
p0 1 1 ρ0 a o
= f (x − ao t) + f (x + ao t) = , (11.40)
ρo ao 2 2 ρo
1 1
u0 = f (x − ao t) − f (x + ao t). (11.41)
2 2
La ecuación (11.40) indica que la perturbación de presión inicial se divide posteriormente en dos
partes, cada una de magnitud igual a la mitad de la perturbación inicial, que viajan con velocidad
ao en sentidos opuestos como se muestra en la Figura 11.1.
x
t=0
t1
x-a0t = const. t2
x+a0t = const.
t3
t
una velocidad muy pequeña frente a la del sonido, de manera que las perturbaciones que introduce
en el gas son pequeñas; en efecto, si upo es la velocidad caracterı́stica del pistón las variaciones de
presión generadas son del orden p0 = p − po ∼ ρo u2 po ∼ po u2 po /a2o ¿ po . Si xp (t) define la posición
del pistón respecto del origen de coordenadas, la velocidad del gas en contacto con el pistón debe
ser u = ẋp (t) . Se supondrá que no existen perturbaciones propagándose desde el infinito hacia el
pistón, por lo que en la zona x > xp (t) se tiene sólo una onda (la generada por el movimiento del
pistón) propagándose hacia la derecha,
u0 = F1 (x − ao t) = p0 /ρo ao , (11.42)
mientras que para x < xp (t) se tiene una onda viajera hacia la izquierda,
p0
u0 = G1 (x + ao t) = − . (11.43)
ρo ao
La condición de contorno u0 = ẋp (t) en x = xp (t) determina F1 y G1 ; en efecto, se tiene
donde se ha hecho uso de la hipótesis |ẋp | ¿ ao [xp (t) ¿ ao t]. Se obtiene entonces la solución para
el campo sonoro
u0 = p0 /ρo ao = ρ0 ao /ρo = ẋp (t − x/ao ), (11.46)
que constituye una onda que se propaga hacia x > 0. Análogamente para x < 0 se obtiene una
onda propagándose hacia la izquierda
En el caso particular en que el pistón oscile armónicamente con frecuencia ω, xp (t) = A sen ωt con
A ω ¿ ao , la onda que se propaga hacia la derecha está dada por
p0 ρ0 a o
u0 = = = A ω cos[ω(t − x/ao )], (11.48)
ρo a o ρo
con una expresión similar para la onda que se propaga hacia la izquierda. Tales ondas, denominadas
ondas planas monocromáticas, serán objeto de un estudio más detallado en la siguiente sección.
Finalmente, nótese que si en el ejemplo anterior el cilindro que contiene el gas no fuese infinito, sino
uno semi-infinito limitado en un extremo por una pared sólida, habrı́a que tener en cuenta tanto la
onda emitida por el pistón como la reflejada por la pared (el eco) en el recinto comprendido entre
ambos. Para determinar el campo sonoro en este caso deben considerarse los dos tipos de ondas
(hacia la derecha y hacia la izquierda) en la solución general (11.33) e imponerse las condiciones
de contorno apropiadas en el cilindro y en la pared; un ejemplo de esta situación se analizará en
la sección 11.1.4.
Como φ(x, t) es real, las amplitudes complejas Φω satisfacen la condición Φ∗ ω (x) = Φ−ω (x), donde
los sı́mbolos con asterisco significan los complejos conjugados. Por tanto, la ecuación (11.49) puede
escribirse también de la forma
Z ∞
φ(x, t) = dω <[Φω (x)e−iωt ], (11.50)
o
donde el sı́mbolo < denota la parte real de la función.3 Por tanto, toda solución de la ecuación de
ondas (11.19) puede obtenerse como una superposición de ondas monocromáticas de la forma
ω2
∇2 Φω + Φω = 0, (11.52)
a2o
que se obtiene al sustituir (11.49) en (11.19) e igualar a cero el integrando. Obsérvese que, debido a
que el problema es lineal, puede omitirse en (11.50) el signo < y retener la notación compleja en los
cálculos, sobrentendiéndose que el significado fı́sico está asociado a la parte real de dicha expresión.
De acuerdo con (11.15) y (11.17)-(11.18) las perturbaciones de velocidad, presión y densidad para
una onda monocromática son (en forma compleja)
que coincide con el término del segundo miembro de (11.55) que es independiente del tiempo. En
lo que sigue siempre se hará referencia a una frecuencia determinada, por lo que se prescindirá del
subı́ndice ω .
Obsérvese que la ecuación de Helmholtz (11.52) admite soluciones particulares de la forma
para cualquier amplitud constante A y para cualquier vector k con componentes también constantes
y, en general, complejas que satisfagan la relación
ω2
k · k = kx2 + ky2 + kz2 = . (11.58)
a2o
3 Para abreviar notación, y como es usual en la literatura, en lo que sigue se usará frecuentemente un subı́ndice
para indicar la dependencia de una función con respecto a las variables de integración en una integral de Fourier;
ası́, Φω (x) ≡ Φ(ω, x).
240 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
El vector k se denomina vector de onda y la ecuación (11.58), que relaciona el vector de onda
y la frecuencia, se denomina relación de dispersión; esta última se obtiene introduciendo (11.57)
en (11.52). Si se separan las partes real e imaginaria de las componentes del vector de onda, éste
puede escribirse como k = kR + i kI , donde los vectores reales kR y kI satisfacen las relaciones
ω2
|kR |2 − |kI |2 = , kR · kI = 0, (11.59)
a2o
que representa una onda monocromática plana que se propaga en la dirección del vector kR y cuya
amplitud decrece exponencialmente en la dirección del vector kI ; la función α ≡ kR · x − ωt se
denomina fase de la onda monocromática. Obsérvese en (11.59) que si kI 6= 0 los vectores kR y kI
son ortogonales y, por tanto, las superficies de amplitud constante (planos kI · x = const) y las de
fase constante (planos kR · x = const) no coinciden; en este caso la onda se denomina inhomogénea.
Por otra parte, la onda se dice homogénea si kI = 0, y en este caso el vector de onda k = kR puede
escribirse de la forma
ω ω
k= n = (ex cos α + ey cos β + ez cos γ), (11.61)
ao ao
donde n es el vector unitario en la dirección de propagación de la onda. Para una onda plana
monocromática, la intensidad acústica media a través de una superficie de normal n se obtiene
directamente de (11.56) haciendo Φω = A eik·x lo que proporciona
ρo ω 2 −2kI ·x
In = |A| e kR · n. (11.62)
2
Obsérvese que si n es paralelo a kI se tiene kR · n = 0 , de acuerdo con la segunda de las relaciones
(11.59), por lo que una onda plana inhomogénea no transporta, en media, energı́a en la dirección
de la parte imaginaria del vector de onda.
donde ³π ´
ω ω ω
kxe = cos θe , kye = cos − θe = sen θe (11.64)
ao ao 2 ao
son las componentes del vector de onda y Ae su amplitud. Para las ondas reflejada, φr , y trans-
mitida, φt , se suponen expresiones análogas a (11.63), y sus amplitudes y vectores de onda se
11.1. Ondas sonoras. Introducción 241
qe
qr r0 , a0
r1 , a1
qt
x
donde la elección del signo para kxt se discutirá más abajo. Las amplitudes de las ondas transmitida
y reflejada en función de la amplitud de la onda incidente se obtienen al resolver (11.65)-(11.66),
que proporciona
2ρo kxe ρ1 kxe − ρo kxt
At = e t
Ae , Ar = Ae . (11.70)
ρ1 k x + ρo k x ρ1 kxe + ρo kxt
Es fácil comprobar que se verifica la ecuación,
ρo ω ρo ω ρ1 ω
|Ae |2 kxe = |Ar |2 kxe + <(kxt )|At |2 , (11.71)
2 2 2
242 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
que, de acuerdo con 11.62, expresa que la intensidad acústica incidente en la dirección x es igual
a la suma de la reflejada más la transmitida en dicha dirección; para ver esto, basta comparar los
distintos términos en (11.71) con (11.62 teniendo en cuenta que ke · ex = kxe , kr · (−ex ) = −kxr = kxe
y <(kt ) · ex = <(kxt ).
De las relaciones (11.67)-(11.68) se deduce que la onda reflejada,
φr = Ar ei[ω(−x sen θe +y cos θe )/ao −ωt] , (11.72)
es una onda homogénea que se propaga en la dirección que forma un ángulo θr = θe con el eje
x y satisface, por tanto, la ley de Snell. Asimismo se observa en (11.69) que si a1 < ao , o bien
sen θe ≤ ao /a1 , el valor de kxt es real y la onda transmitida es también una onda homogénea que
se propaga en una dirección que forma un ángulo con el eje x determinado por (11.67) y (11.69),
θt = arc sen[(a1 /ao ) sen θe ] (véase Figura 11.2), y su expresión es
φt = At ei[ω(x cos θt +y sen θt )/a1 −ωt] , (11.73)
kxt
donde, naturalmente, se ha tomado el signo positivo para en (11.69) para que la onda transmitida
se propague en el medio 1 desde la superficie hasta el infinito (se supone que no hay ondas que
viajan desde el infinito hasta la superficie en dicho medio). Sin embargo, si a1 > ao y el ángulo
de incidencia es tal que sen θe > ao /a1 , entonces kxt es imaginario puro y la onda transmitida es
inhomogénea, propagándose en la dirección y con una amplitud que decrece exponencialmente en
la dirección x 2 2 2 2 2 1/2
φt = At e−x[(ω /ao ) sen θe −ω /a1 ] ei[(ω/a1 ) y sen θe −ωt] , (11.74)
donde se ha tomado el signo positivo en (11.62) para que la amplitud de la onda sea decreciente
en la dirección x > 0. Obsérvese que por ser <(kxt ) = 0 la intensidad media transmitida es nula.
Para el caso de una incidencia normal, cos θe = 1, las ecuaciones (11.67)-(11.69) proporcionan
los valores kyr = kyt = 0, kxr = −ω/ao = −kxe y kxt = ω/a1 , que sustituidos en (11.70) suministran
las relaciones
2ρo /ρ1 ρ1 a1 /ρo ao − 1
At = Ae , Ar = Ae , (11.75)
1 + ρo ao /ρ1 a1 ρ1 a1 /ρo ao + 1
ası́ como la relación entre las intensidades acústicas transmitida e incidente
ρ1 |At |2 /a1 4 ρo ao /ρ1 a1
2
= , (11.76)
ρo |Ae | /ao (1 + ρo ao /ρ1 a1 )2
obtenida de (11.75) y (11.71). Como ejemplo de aplicación de los resultados anteriores considérense
ondas sonoras en aire incidentes normalmente sobre una entrefase aire-agua. En este caso ρo ¿ ρ1 y
ρo ao ¿ ρ1 a1 y, de acuerdo con (11.76), la energı́a acústica transmitida hacia el interior del agua
es despreciable a pesar de que, como muestra (11.75), las perturbaciones relativas de presión en
la onda transmitida sean apreciables, ρ1 At /(ρo Ae ) ' 2 [ y ρo Ar /(ρo Ae ) ' 1 en la reflejada]; en
efecto, el pequeño valor del flujo de energı́a acústica hacia el agua resulta de que las velocidades en
la onda transmitida son despreciables debido a que el campo de velocidades de la onda reflejada
anula al de la incidente (kxr Ar /kxe Ae = −Ar /Ae ' 1). En el caso opuesto, de una onda sonora
en agua incidente sobre una entrefase agua-aire se tienen ρo À ρ1 y ρo ao À ρ1 a1 y, como antes,
(11.76) proporciona una energı́a acústica transmitida hacia el aire que es también despreciable; a
diferencia del caso anterior, la pequeñez del flujo de energı́a acústica es debida a que ahora se tiene
ρo Ar /(ρo Ae ) → −1, y el campo de presiones reflejado contrarresta al incidente en la superficie
proporcionando presiones muy pequeñas en la onda transmitida, sin embargo la amplitud del
campo de velocidades transmitido es ahora el doble que la del incidente, puesto que el resultado
Ae ' −Ar proporciona en la superficie, de acuerdo con (11.66) y (11.68) se tiene la relación
kxr Ar k t At − k e Ae
1= e
= x e x → kxt At /kxe Ae = 2. (11.77)
kx Ae kx Ae
11.1. Ondas sonoras. Introducción 243
Obsérvese que si Zn es imaginario puro no existe pérdida de energı́a acústica a través de la su-
perficie (α = 0). Asimismo, en el caso de una superficie muy rı́gida (u0 · n → 0), y puesto que las
perturbaciones acústicas de presión sobre ella son finitas, debe ser Zn → ∞ y α → 0. Finalmente,
si cos θe → 0 (incidencia rasante a la superficie) se tiene también α → 0, es decir, las ondas sonoras
no pueden transmitirse paralelamente a la superficie sin sufrir una severa atenuación.
Silenciadores
Como aplicación de lo anterior se analizará un modelo simplificado de silenciador utilizado en
vehı́culos y en otras aplicaciones industriales que consiste en conductos de entrada y salida, ambos
de sección A1 , conectados a una cámara de expansión de sección A2 y longitud l como se indica
en la Figura 11.3.
Para calcular el campo acústico se impondrán la igualdad de los flujos de masa y de las presiones
a uno y otro lado de los cambios de sección (secciones 1-2 y 3-4)5
no elásticas), a la fricción generada por el movimiento del aire en los poros y a la conducción de calor entre el aire
y el armazón sólido del panel; este último efecto asociado a las variaciones de temperatura experimentadas por el
aire en las compresiones y expansiones acústicas.
5 Las secciones 1 y 2 están separadas una longitud del orden de varias longitudes de onda λ, λ ¿ l, y en la zona
a) b)
2 3
A1
1 II 4
I III
A1 A2
l
Bt 2 e−iωl/ao
= . (11.89)
Be 2 cos ωl/ao − i(A2 /A1 + A1 /A2 ) sen ωl/ao
Es fácil verificar que la suma de las intensidades acústicas medias reflejada y transmitida es igual a
la intensidad acústica media incidente, |Br |2 +|Bt |2 = |Be |2 , de manera que el silenciador simple de
la Figura 11.3 no reduce la energı́a acústica en el sistema, puesto que una reducción en la intensidad
transmitida conlleva un correspondiente aumento de la intensidad reflejada.6 La intensidad acústica
perdida en la transmisión a través del silenciador viene dada en decibelios por
|Be |2
η = 10 log10 |Be |2 − 10 log10 |Bt |2 = 10 log10 =
|Bt |2
6 Por tanto, para que un silenciador produzca una reducción en la energı́a acústica del sistema debe contener
materiales absorbentes o poros que conviertan la energı́a acústica en vibraciones mecánicas o calor.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 245
" µ ¶2 #
A1 A2
10 log10 1 + 0,25 − sen2 (ωl/ao ) , (11.90)
A2 A1
que se representa en la Figura 11.4 para diferentes relaciones de expansión m = A2 /A1 .
50
0 12 24
teórica
40
Escala en pulgadas medida
30
20
m=4 10
50
40
30
20
10
m = 64
0 200 400 600
Debe hacerse notar que los valores teóricos se ajustan razonablemente bien a los experimentales.
Por otra parte, el efecto de atenuación aumenta al aumentar m mientras que para un valor de m
fijado, la atenuación es máxima si sen ωl/ao = 1; esto es, la longitud de onda óptima del silenciador
es l = πao /2ω, o lo que es lo mismo, cuando la longitud del silenciador es igual a la semisuma de
la longitud de onda de la onda sonora.
o bien
∂ 2 (rφ) 2 ∂
2
− ao (rφ) = 0. (11.92)
∂ t2 ∂ r2
Comparando (11.92) y (11.32) se deduce que la solución general de (11.92) es
F (t − r/ao ) G(t + r/ao )
φ= + , (11.93)
r r
donde F y G son funciones arbitrarias. En lo que sigue se considerarán sólo ondas que viajan en
la dirección r creciente, por lo que se hará G ≡ 0, puesto que se supone que el infinito está sin
perturbar y no se propagan perturbaciones hacia el origen. Las perturbaciones de velocidad, presión
y densidad son entonces
∂φ 1 F 0 (t − r/ao ) F (t − r/ao )
u0r = =− − , (11.94)
∂r ao r r2
y
p0 ρ0 1 ∂φ 1 F 0 (t − r/ao )
= ao =− =− . (11.95)
ρo ao ρo ao ∂ t ao r
Obsérvese que, a diferencia de una onda plana, u0r 6= p0 /ρo ao excepto lo suficientemente lejos del
origen como para que el segundo término del segundo miembro de (11.94) pueda despreciarse frente
al primero, y entonces la onda esférica se comporta localmente como una plana. Obsérvese también
que para grandes valores de r la intensidad de las ondas esféricas, p0 u0r , decae con el cuadrado de
la distancia al origen a causa de la atenuación debida a la geometrı́a esférica; en efecto, debido a
que el flujo total de energı́a debe distribuirse sobre una superficie cuya área crece con la distancia
como r2 , la intensidad acústica debe decrecer como r−2 en la distancia al origen. Como ejemplo,
considérese una esfera de radio R y centro el origen que realiza pulsaciones emitiendo un caudal
Q(t) conocido. Si se supone una solución de la forma F [t − (r − R)/ao ]/r y se tiene en cuenta que
en r = R la velocidad es Q(t)/4πR2 , la ecuación (11.94) proporciona
Q(t) F (t)
−ao = F 0 (t) + ao . (11.96)
4πR R
Resolviendo esta ecuación diferencial lineal de primer orden y reemplazando t por t − (r − R)/ao
en la solución para F se obtiene
Z t−(r−R)/ao
ao
φ(r, t) = − e−ao [t−(r−R)/ao ]/R eao t̂/R Q(t̂)d t̂. (11.97)
4πR r −∞
Obsérvese que si las pulsaciones de la esfera cesan en un instante tf [es decir, Q(t̂) = 0 para t̂ > tf ]
el potencial a una distancia r del centro disminuirá exponencialmente con el tiempo según la ley
φ = const · e−ao t/R para t > tf + (r − R)/ao .
Una fuente acústica puntual de masa que emite un caudal Q(t) se denomina monopolo acústico
de intensidad Q(t). El potencial creado por un monopolo acústico situado en el origen puede
obtenerse a partir de (11.97) tomando el lı́mite R → 0. En efecto, mediante integración por partes
en (11.97) puede comprobarse que, salvo términos de orden R2 , el factor lentamente variable Q(t̂)
puede sacarse fuera de la integral reemplazándolo por Q(t − r/ao ) [Q(t̂) no varı́a en una escala de
tiempos del orden de R/ao ], y si se efectúa entonces la integración respecto al factor exponencial
se obtiene
1
φ(r, t) = − Q(t − r/ao ).7 (11.98)
4πr
7 La expresión (11.98) puede obtenerse de forma más directa si se tiene en cuenta que (11.94) proporciona
F (t) = −limr→0 r2 u0r = −Q(t)/4π que, junto con la condición G = 0, determina completamente φ(r, t) mediante
(11.93).
11.1. Ondas sonoras. Introducción 247
Q(t) Q(t)
φ=− , u0r ' , ωr/ao ¿ 1, (11.101)
4πr 4πr2
lı́mite que se denomina aproximación de campo cercano para el campo sonoro del monopolo. Se
observa en (11.101) cómo en el campo cercano el fluido se comporta de forma incompresible y cómo
su potencial de velocidades satisface, en primera aproximación, la ecuación de Laplace, ∇2 φ = 0. En
el lı́mite opuesto, ωo r/ao À 1, el segundo sumando del miembro derecho de (11.99) es dominante
frente al primero, y se tiene entonces la aproximación de campo lejano, en la que el campo de
velocidades (11.99) se simplifica a
Q̇(t − r/ao )
u0r ' , ωr/ao À 1, (11.102)
4πao r
mientras que las expresiones (11.98) y (11.100) para el potencial y el campo de presiones perma-
necen inalteradas. Obsérvese que en el campo lejano la relación entre p0 y u0r , p0 ' ρo ao u0r , es la
correspondiente a una onda plana. Es de interés para ciertas aplicaciones calcular la dependencia
con la frecuencia de la intensidad acústica radiada por un monopolo en el campo lejano. Para ello
se supone que el caudal emitido varı́a con el tiempo de la forma Q(t) = <(Ae−iωt ) y se escribe
φ = <[Φ(r)e−iωt ] en (11.98), lo que proporciona
ρo ω ρo |A|2 ω 2
I¯r = =[Φ∗ er · ∇Φ] = , (11.104)
2 32π 2 ao r2
que muestra que la intensidad acústica del monopolo crece con el cuadrado de la frecuencia emitida
y decrece con el cuadrado de la distancia al origen como consecuencia de la atenuación esférica.
248 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde δ es la función delta de Dirac, es fácil comprobar que φ satisface la ecuación diferencial
1 ∂2φ
∇2 φ − = q(x, t). (11.108)
a2o ∂t2
donde qt denota derivada parcial con respecto de t; obsérvese que de la expresión de τ se deduce
que qt = qτ . Análogamente, el campo de velocidades está dado por
Z · ¸
1 1 1 e(x0 , x)
u0 (x, t) = ∇φ = d$ 0
+ qt (x 0
, τ ) , (11.110)
4π Ω |x − x | ao |x − x0 |
8 Un caso importante de emisión sonora, no considerado aquı́, es la originada por un flujo turbulento inmerso en
el medio donde se propaga el sonido. En este caso, el movimiento turbulento de las partı́culas fluidas, altamente no
estacionario e irregular, se transmite al medio a través de la frontera entre ambos. Por tanto, en la expresión de
las intensidades de las fuentes aparecen términos asociados a los efectos no-lineales y no estacionarios que deben
retenerse en las ecuaciones y condiciones de contorno para describir los complejos procesos que tienen lugar cerca
de la zona turbulenta [para la expresión explı́cita de la intensidad de las fuentes en este caso véase, por ejemplo, J.
Lighthill, Waves in Fluids, Cambridge University Press, 1978]. Lejos de dicha zona las perturbaciones se atenúan y
se tiene un campo sonoro gobernado por la ecuación lineal (11.20).
11.1. Ondas sonoras. Introducción 249
donde el segundo sumando del integrando en (11.110) se ha obtenido al derivar según la regla de
la cadena teniendo en cuenta que qt = qτ y que ∇τ = −∇|x − x0 |/ao = −e(x0 , x)/ao .
Una magnitud de interés en el análisis del campo sonoro creado por una distribución de fuentes
es el valor medio del vector intensidad acústica en un punto de observación situado en el campo
lejano de todas las fuentes, esto es, si x0 es cualquier punto de la fuente y ωo es una frecuencia de
oscilación de la fuente, el punto de observación x debe verificar la condición ωo |x − x0 |/ao À 1.
En este caso, y puesto que qt (x0 , t) ∼ ωo q(x0 , t), el segundo término en el integrando de (11.110)
domina frente al primero y el campo de velocidades resulta, en primera aproximación,
Z
1 qt (x0 , τ )
u0 (x, t) = d$ e(x0 , x) . (11.111)
4πao Ω |x − x0 |
El vector intensidad acústica promediado sobre un intervalo de tiempo To largo comparado con el
tiempo caracterı́stico de oscilación de las fuentes,
Z t+To
1
0 0
I(x, t) ≡ p u ≡ p0 (x, t̂)u0 (x, t̂)dt̂, (11.112)
2To t−To
puede calcularse a partir de (11.109)-(11.111) como
Z Z
ρo 0 00 0 q 0 t q 00 t
I= d$ d$ e(x , x) , (11.113)
16π 2 ao Ω Ω |x − x0 ||x − x00 |
donde, para abreviar la notación se ha denominado q 0 t ≡ qt (x0 , t − |x − x0 |/ao ) y por q 00 t la misma
expresión pero sustituyendo x0 por x00 ; además el promediado temporal q 0 t q 00 t se define de forma
idéntica al de (11.112). En general, las oscilaciones en los puntos x0 y x00 están correlacionadas, es
decir, proporcionan un valor no nulo de q 0 t q 00 t sólo si están suficientemente próximos, esto es, a
una distancia del orden de la denominada longitud de coherencia. Ası́, fijado x0 la contribución a la
integral sobre x00 en (11.113) proviene principalmente de puntos situados en la zona de coherencia
de x0 puesto que el integrando decae rápidamente a cero fuera de dicha zona. Además, sucede
con frecuencia que la longitud de coherencia es mucho menor que la distancia de x0 al punto de
observación x, lo que permite aproximar |x − x00 | ' |x − x0 | y la integral (11.113) puede escribirse
de la forma Z
f (x, x0 , t)
I= d$0 e(x0 , x) , (11.114)
Ω |x − x0 |2
donde la función f se ha definido como
Z
ρo
f (x, x0 , t) ≡ d$00 qt0 qt00 , (11.115)
16π 2 ao Ω
donde la integral sobre x00 puede extenderse sobre todo el volumen porque el integrando sólo
contribuye apreciablemente en la zona de coherencia de x0 . Las expresiones (11.114) y (11.115)
pueden interpretarse de forma natural si se elige un sistema de ejes con origen en x y se expresa
la integral (11.114) en coordenadas polares r = |x0 − x|, θ y ϕ, con d$0 = r2 sen θdrdθdϕ y
e(x0 , x) = −er (θ, ϕ). Se obtiene entonces
Z
I = (−er ) Id (x, θ, ϕ, t) sen θdθdϕ, (11.116)
donde los lı́mites de integración en θ y ϕ son los de la región Ω ocupada por la distribución de
fuentes (0 ≤ θ ≤ π y 0 ≤ φ ≤ π si la distribución de fuentes rodea por completo a x), y se ha
definido Z r2 (θ,ϕ)
Id ≡ f (x, r, θ, ϕ, t) dr, (11.117)
r1 (θ,ϕ)
250 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde r1 y r2 son los lı́mites radiales de Ω para cada par de valores (θ, ϕ). La función Id (θ, ϕ, t) se
denomina intensidad direccional y se observa en (11.116) que representa el valor medio del vector
intensidad acústica debido a las fuentes comprendidas en la unidad de ángulo sólido extendida desde
x en la dirección (θ, ϕ); además, el valor resultante del vector intensidad acústica medio en x, I(x, t)
puede considerarse como la superposición de las contribuciones debidas a todos los elementos de
ángulo sólido. Nótese que Id depende en general de la dirección pero no depende de la distancia a
x, por lo que será la misma en todos los puntos alineados con el punto de observación según un
radio con valores dados de (θ, ϕ).9 Un campo sonoro cuya intensidad direccional es la misma en
todas direcciones se denomina difuso; esta hipótesis se realiza con frecuencia, por ejemplo, en el
estudio de la acústica de recintos limitados por superficies suficientemente irregulares, en los que las
múltiples reflexiones de las ondas con las paredes del recinto establecen una intensidad direccional
aproximadamente isótropa en los puntos del interior. Finalmente, obsérvese que si se promedia la
densidad de energı́a acústica en x haciendo uso de (11.112) y de las expresiones (11.109) y (11.111)
para p0 y u0 se obtiene la expresión análoga a (11.113)
1 p02
w(x, t) = ρo u0 · u0 + =
2 2ρo a2o
Z Z
ρo q 0 t q 00 t
d$0 d$00 [e(x0 , x) · e(x00 , x) + 1] . (11.118)
32π 2 a2o Ω Ω |x − x0 ||x − x00 |
También en este caso la integral doble (11.118) puede simplificarse para distancias al punto de
observación grandes comparadas con la longitud de coherencia puesto que se tiene e(x0 , x) '
e(x00 , x) ,o e(x0 , x) · e(x00 , x) ' 1, además de |x − x0 ||x − x00 | ' |x − x0 |2 , y (11.117) puede escribirse
de una forma muy similar a (11.114) y (11.116)
Z Z
1 f (x, x0 , t)
0 1
w= d$ = Id (x, θ, ϕ, t) sen θdθdϕ, (11.119)
ao Ω |x − x0 |2 ao
donde, como antes, la segunda integral en (11.119) se ha obtenido tomando coordenadas polares
en un sistema de referencia con origen en x. La ecuación (11.119) muestra de nuevo que cuando
la longitud de coherencia es pequeña frente a la distancia al punto de observación los efectos de
interferencia de las fuentes están muy localizados y, como le sucede al vector intensidad acústi-
ca, la energı́a acústica media contenida en la unidad de volumen en torno a x puede también
interpretarse desde un punto de vista direccional como la suma de las debidas a la contribuciones
independientes de los distintos elementos de angulo sólido con origen en x; la contribución de la
unidad de angulo sólido en la dirección (θ, ϕ) es wd ≡ Id (x, θ, ϕ, t)/ao , que se denomina densidad
de energı́a direccional.10
Una región de interés en el campo acústico producido por una distribución de fuentes es la
de su campo lejano, también denominada zona de radiación de la distribución.11 Si la dimensión
caracterı́stica del volumen ocupado por las cargas es L, dicha zona se define como la formada por
los puntos situados a distancias r de la distribución que verifican
r À λo , y r À L2 /λo , (11.120)
9 Esto es válido solamente para la propagación de ondas en un medio homogéneo y en reposo. El caso general se
considerará en 11.1.7.
10 La ecuación (11.119) puede interpretarse también desde el punto de vista corpuscular de la radiación en el
sentido de que las fuentes contenidas en la unidad de ángulo sólido en la dirección (θ, ϕ) contribuyen a la energı́a
acústica total en la unidad de volumen en torno a x con un paquete de energı́a wd (x, θ, ϕ, t) que se propaga con
velocidad ao y que no interfiere con los que provienen desde otras direcciones.
11 En la teorı́a de la difracción a dicha zona se la conoce también con el nombre de zona de Fraunhofer.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 251
donde λo = ao /ωo es la longitud de onda caracterı́stica de la radiación emitida por las fuentes.
Obsérvese que si L es del orden o mucho mayor que λo , la segunda condición (11.120) implica
también la primera, mientras que si λo ¿ L la primera condición implica la segunda y en este caso
la condición de campo lejano se reduce a la correspondiente para una fuente puntual; obsérvese,
además, que las condiciones (11.120) siempre implican r À L independientemente del valor de la
relación L/λo . Si se toma un sistema de coordenadas con origen en el interior de la distribución
de fuentes, la distancia desde un punto genérico de la fuente hasta el punto de observación en el
campo lejano puede desarrollarse en serie de Taylor en torno al origen de coordenadas como
¡ ¢
|x − x0 | ' r − x0 · er (x) + 0 |x0 |2 /r , (11.121)
donde r ≡ |x| y e¡r (x) es¢el versor desde el origen de coordenadas hasta el punto x [nótese que,
salvo términos 0 |x0 |2 /r , er (x0 , x) puede sustituirse en (11.121) por er (x) para todo x0 ]. Por
tanto, las condiciones (11.120) implican que, para cualquier punto fuente, la contribución de los
términos cuadráticos en (11.121) al tiempo que la señal tarda en llegar a x es mucho menor que el
periodo tı́pico de oscilación de las fuentes, L2 /(rao ) ¿ 1/ωo , por lo que si no se tienen en cuenta
dichos términos se cometen errores en el cálculo de la función q(x0 , t − |x − x0 |/ao ) que, en términos
relativos, son del orden
|x0 |2 qt L2 ωo
∼ ¿ 1. (11.122)
rao q rao
Por tanto, el potencial acústico (11.105) puede aproximarse en la zona de radiación por
Z
1
φ(x, t) ' − d$q [x0 , t − r/ao + x0 · er (x)/ao ] , (11.123)
4πr Ω
a partir de (11.128) de la intensidad acústica media en el campo lejano para una onda mono-
cromática se obtiene directamente (11.104) como
ρo ω 2
I¯r = F (θ, ϕ), (11.129)
16π 2 ao r2
donde θ y ϕ son las coordenadas angulares esféricas del vector x, y la función F (θ, ϕ) es el cuadrado
del módulo de la integral en (11.129) y recoge las propiedades direccionales de la radiación emitida
por la distribución de fuentes. Para el caso L À ao /ω el factor exponencial en la integral
R de (11.128)
0
puede sustituirse por 1 y F es una constante para todas las direcciones, F = | Ω d$A(x )|2 . Las
consideraciones anteriores se aplicarán más adelante para el cálculo del campo sonoro producido
por un altavoz.
Para evaluar la integral (11.130) es necesario calcular el determinante del tensor del segundo
miembro de (11.132). Para ello, obsérvese que la dı́ada unidad se expresa en términos de tres
12 A. P. Dowling y J. E. Fowcs-Williams, Sound and Sources of Sound, Ellis Horwood Ld. Publishers, Chichester,
1983.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 253
vectores ortonormales cualesquiera como I = e1 e1 +e2 e2 +e3 e3 , por lo que si se elige e1 ≡ e(x0 , x)
el tensor en (11.133) toma la forma e1 (e1 − ẋp /ao ) + e2 e2 + e3 e3 . Es fácil comprobar que la matriz
de dicho tensor respecto de la base {ei , i = 1, 2, 3} tiene todos los elementos nulos excepto los
de la diagonal principal y los de la primera fila, por lo que su determinante puede calcularse
inmediatamente como
det [I − (∇0 τ ) ẋp ]x0 =x∗ = 1 − ẋp (τ ∗ ) · e(τ ∗ )/ao , (11.134)
donde se ha definido e(τ ∗ ) ≡ e[xp (τ ∗ ), x]. Teniendo en cuenta el resultado (11.134), la integral de
(11.130) proporciona13
1 Q(τ ∗ )
φ=− , (11.135)
4π|x − xp (τ ∗ )| 1 − M(τ ∗) · e(τ ∗ )
donde M = ẋp /ao es el vector número de Mach para la fuente puntual. Para una fuente en
movimiento con velocidad uniforme V en la dirección del eje x, M = ex V /ao y la expresión
anterior proporciona
1 1 Q(τ ∗ )
φ=− , (11.136)
4π |x − V τ ∗ ex )| 1 − M cos θ(τ ∗ )
donde θ es el ángulo que forma el vector dirigido desde la fuente al observador con el vector del
movimiento. El instante τ ∗ está dado en este caso por la ecuación
1
τ∗ = t − |x − V τ ∗ ex |, (11.137)
ao
cuya solución puede determinarse fácilmente. Es de interés determinar la diferencia entre la fre-
cuencia percibida por el observador y la emitida por la fuente debido al movimiento de ésta (efecto
Doppler). Para ello, se deriva (11.136) con respecto de t reteniendo solamente la derivada temporal
Q̇ (se desprecian las derivadas temporales asociadas al movimiento de la fuente frente a las de
emisión sonora) y se divide el resultado por φ; se obtiene entonces
φt 1 Q̇(τ ∗ )
= , (11.138)
φ 1 − M cos θ(τ ∗ ) Q(τ ∗ )
donde se ha hecho uso de (11.137) cuya derivada temporal proporciona
∂τ ∗ 1
= . (11.139)
∂t 1 − M cos θ(τ ∗ )
Se deduce de la ecuación (11.138) que el sonido emitido por una fuente subsónica monocromática de
frecuencia ω = Q̇/Q es percibido con una frecuencia ω/(1 − M cos θ) por un observador en reposo.
Para una fuente aproximándose al observador desde muy lejos (θ ' 0) la frecuencia percibida
disminuye gradualmente desde su valor máximo, ω/(1 − M ), hasta el mı́nimo, ω/(1 + M ), cuando
la fuente se encuentra muy distante del observador y alejándose del mismo (θ ' π); justo cuando la
fuente pasa por el observador (θ = π/2) la frecuencia percibida es igual a la emitida. Asimismo, se
deduce de (11.138) que si una fuente no vibra (Q̇ = 0), y sólo ejecuta un movimiento de traslación
uniforme, no se percibirá sonido para un observador en reposo si dicho movimiento es subsónico.14
Si el movimiento es supersónico puede percibirse sonido en las direcciones cos θ = M −1 , para las
que el denominador en (11.138) se anula, y son precisamente las direcciones en las que se propagan
las ondas de Mach, véase Capı́tulo 12.
13 La expresión (11.135) para el potencial acústico es análoga a la de los potenciales de Lienard-Wiechert que
no es producido por el cuerpo, sino por el movimiento fluctuante del aire debido al desprendimiento de torbellinos
y a la turbulencia en la estela tras el cuerpo
254 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
La integral de superficie (11.140) puede expresarse como una integral de volumen mediante la
función δ de Dirac Z
1 qs (x0 , τ )
φ=− δ [ξ(x0 )] d$, (11.141)
4π |x − x0 |
donde x0 es ahora la variable de integración espacial sobre cualquier volumen que contenga a Σ15 ,
qs (x0 ) representa cualquier extensión espacial suave de la función qs definida sobre la superficie Σ,
y ξ(x0 ) denota la distancia (con su signo) de x0 a Σ. Si se aplica ahora a la expresión (11.141) el
mismo razonamiento que condujo a (11.108) se obtiene la ecuación de ondas para una distribución
superficial de monopolos
1 ∂2φ
∇2 φ − 2 = qs (x, t)δ[ξ(x)], (11.142)
ao ∂t2
A partir de (11.142) puede obtenerse una relación (como se verá, muy útil) existente entre qs y el
salto de la derivada normal de φ a través de la superficie Σ. En efecto, considérese el volumen ∆Ω
mostrado en la Figura 11.5, que contiene al punto x de Σ y está limitado por dos superficies de
área ∆Σ paralelas a Σ que pasan por los puntos x1 = x + ξ(x1 )n [ξ(x1 ) < 0] y x2 = x + ξ(x2 )n
[ξ(x2 ) > 0] respectivamente,√y por una superficie lateral cuya área puede despreciarse frente a
∆Σ si [−ξ(x1 ) + ξ(x2 )] ¿ ∆Σ cuando ∆Ω → 0. Integrando (11.142) en ∆Ω y despreciando
infinitésimos de orden ∆Ω → 0 se obtiene mediante el teorema de Gauss
Z ξ(x2 ) Z
[−n · ∇φ(x1 , t) + n · ∇φ(x2 , t)]∆Σ = dσqs δ(ξ) = qs (x, t)∆Σ. (11.143)
ξ(x1 ) ∆Σ
x2
DS
x
DW
S
x1
15 Debido a la presencia de la función δ en (11.141), dicho volumen puede escogerse, por ejemplo, en forma de una
Si se divide (11.143) por ∆Σ y se hacen tender a cero ξ(x1 ) y ²(x2 ) se obtiene finalmente
donde φ denota el campo de valores del potencial acústico en la zona situada del lado de n respecto
de Σ y φ el campo de valores del potencial en la zona del lado de −n. Obsérvese que sobre Σ las
funciones φ y φ coinciden [φ(x, t) = φ(x, t), x²Σ] de acuerdo con (11.140), pero no ocurre ası́ con
sus derivadas normales, que están relacionadas por la condición de salto (11.144).
Finalmente, conviene indicar que los conceptos de intensidad y densidad de energı́a acústica
direccionales y zona de radiación estudiados para una distribución volumétrica de fuentes, también
son aplicables para una distribución espacial sin más que sustituir las integrales de volumen por
las correspondientes de superficie. Dichos conceptos también se extienden de forma inmediata a
las distribuciones de dipolos acústicos consideradas en el apartado siguiente.
Dipolos acústicos
Se denomina dipolo acústico de orientación n e intensidad G a la configuración lı́mite formada
por dos fuentes puntuales situadas en los puntos x0 y x00 = x0 +ln de intensidades Q y −Q de forma
que Q → ∞ y l → 0 mientras su producto permanece finito e igual a G, lı́m Q l = G. El potencial
acústico en x resultante de la superposición de las dos fuentes es, con Q(x0 , t) = −Q(x00 , t),
Q(x0 , τ ) Q(x0 , τ 0 )
φ(x, t) = − + , (11.145)
4π|x − x | 4π|x − x00 |
0
Si ω es una frecuencia caracterı́stica de oscilación del dipolo, entonces (11.148) puede aproximarse
en el campo lejano, ω/ao À |x − x0 |, por
n · er
φ' Gτ (x0 , τ ), (11.150)
4πao |x − x0 |
donde er = ∇|x − x0 | es el vector unitario dirigido desde la posición del dipolo, x0 , hasta el punto
de observación x. En el caso en que la intensidad del dipolo posea una dependencia temporal de
256 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde, como antes, n0 y gs representan ahora funciones espaciales que coinciden con los valores de
la normal y de la intensidad dipolar en la superficie. Si se toman la laplaciana y la derivada segunda
temporal en (11.154) y se tiene en cuenta que dichos operadores conmutan con la divergencia, se
obtiene, de forma análoga a (11.142), la ecuación de ondas para una distribución superficial de
dipolos
1 ∂2φ
∇2 φ − 2 = ∇ · [n(x)gs (x, t)δ[ξ(x)]] . (11.155)
ao ∂t2
De la ecuación anterior se deduce que, salvo infinitésimos de orden superior, el flujo del vector
∇φ − n(x)gs (x, t)δ[ξ(x)] es constante a través de cualquier sección transversal del volumen de la
Figura 11.15; por tanto, para cualquier ξ se tiene
· ¸
∂φ ∂φ
− = gs (x, t)δ(ξ), (11.156)
∂ξ ∂ξ ξ(x1 )
La ecuación (11.157) relaciona el salto experimentado por el potencial acústico en cada punto de
Σ con la intensidad local de la distribución superficial de dipolos acústicos.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 257
fuentes de intensidad ∂φ/∂n − ∂φ/∂n distribuidas sobre Σ, o bien por una distribución de dipolos
de intensidad φ − φ. Aunque la especificación de φ (o ∂φ/∂n) en la superficie exterior de Σ requiere
la resolución del problema acústico en la región exterior para la determinación de ∂φ/∂n (o φ)
sobre Σ (lo que, en general, supone la resolución de un problema tan complicado como el original),
existen algunas situaciones prácticas la geometrı́a del dominio fluido es lo bastante simple para que
dicha resolución sea inmediata; en estos casos el cálculo de φ se facilita en gran medida mediante
el empleo adecuado de (11.162), que es el fundamento del conocido , método de las imágenes. En
el caso de geometrı́as complicadas no es posible en general encontrar distribuciones ∂φ/∂n o φ
que simplifiquen sustancialmente el problema, por lo que en estos casos se aplica directamente la
ecuación de Kirchoff (11.158) [lo que equivale a tomar φ = ∂φ/∂n = 0 en (11.162)].
Obsérvese que
· ¸ · ¸
φ(x0 , τ ) − φ(x0 , τ ) 1 1 ∂(φ − φ) φ−φ
∇ =− + e(x0 , x) (11.163)
|x − x0 | |x − x0 | ao ∂τ |x − x0 |
y que e(x0 , x) = ∇|x − x0 | es el versor dirigido de x0 a x; por tanto, para puntos situados a una
distancia de cualquiera de las superficies mucho mayor que la longitud de onda, |x − x0 | À ao /ω,
el comportamiento asintótico de la ecuación (11.162)es en primera aproximación,
Z · ¸
1 n0 0 0 0 0 1 ∂(φ − φ) 0
φ'− dσ · ∇ τ φ(x , τ ) − ∇ τ φ(x , τ ) + e(x , x) , (11.164)
4π Σ |x − x0 | ao ∂τ
donde se ha despreciado la contribución del segundo sumando en el segundo miembro de (11.163).
Por otra parte, para una dependencia temporal armónica de la forma φ = <[Φ(x)e−iωt ], (11.162)
se escribe
Z 0
1 eik|x−x | 0
Φ(x) = − dσ n · [∇0 Φ(x0 ) − ∇0 Φ(x0 )] −
4π Σ |x − x0 |
Z Ã 0
!
1 0 0 0 eik|x−x |
dσ [Φ(x ) − Φ(x )] n · ∇ , (11.165)
4π Σ |x − x0 |
y
x
q
z
se obtiene que
|x − x0 | = [r2 − 2rr0 sen θ cos(ϕ − ϕ0 ) + r02 ]1/2 , (11.169)
que sustituida en (11.166) proporciona el campo acústico en todos los puntos de la región. Si
se está interesado en el campo lejano, r À ao /ω y r À R2 ω/ao (véase 13.150), (11.166) puede
aproximarse por
Z Z
V ikr R 0 0 2π ikr0 sen θ cos(ϕ−ϕ0 ) 0
Φ=− e dr r e dϕ , (11.170)
2πr o o
donde se han retenido términos de orden R/r en el desarrollo de Taylor de |x−x0 | en la exponencial
de (11.170), puesto que para frecuencias altas pueden dar lugar a desfases apreciables, como se ha
señalado antes al analizar la zona de radiación de una distribución de fuentes [véase 11.121]. Las
integrales en ϕ0 y r0 pueden evaluarse a partir de las funciones de Bessel de orden cero, Jo y orden
uno J1 respectivamente
Z 2π Z ξ
1 iξ cos ξ 1
Jo (ξ) = e dξ, J1 (ξ) = ξJo (ξ)dξ; (11.171)
2π o ξ o
se obtiene entonces
R2 V ikr 2J1 (kR sen θ)
Φ=− e . (11.172)
2πr kR sen θ
La intensidad acústica media en la dirección er en el campo lejano se obtiene fácilmente de (11.172)
y (11.104) como
I¯r (θ) J 2 (ωR sen θ/ao )
¯ = 1 . (11.173)
Ir (0) (ωR sen θ/ao )2
donde se ha normalizado la distribución de intensidades con la intensidad I(0) en θ = 0 y se ha
sustituido k = ω/ao . Se observa que cuando el radio del altavoz es muy pequeño comparado con
la longitud de onda (ωR/ao ¿ 1) el cociente en (11.173) tiende a 1 para todo valor del ángulo
θ; es decir, el pistón radia de forma unidireccional como una fuente puntual. Cuando el valor de
ωR/ao aumenta, la intensidad varı́a apreciablemente con θ (correspondiendo su máximo siempre a
θ = 0) y para valores de ωR/ao > 3, 83 se anula para un ángulo θ1 = arc sen 3,83 ao /(ωR). La región
|θ| < θ1 se denomina lóbulo principal para la intensidad acústica, Figura 11.6. Para valores mayores
260 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
de ωR/ao aparece un segundo cero en la intensidad para un ángulo θ2 = arc sen[7, 02 ao /(ωR)] que
determina un lóbulo secundario θ1 < |θ| < θ2 . Lóbulos de más alto orden aparecen al aumentar
ωR/ao . La Figura 11.6 muestra que el máximo de intensidad correspondiente al lóbulo secundario
es del orden de 0, 05 I(0) por lo que prácticamente toda la potencia acústica emitida por el altavoz
está contenida dentro de un cono de ángulo θ1 ∼ λ/R (obsérvese que θ1 ¿ 1 para λ/R ¿
1). Fı́sicamente, los resultados anteriores pueden explicarse si se tiene en cuenta la diferencia de
recorrido de las ondas emitidas por los diferentes elementos de superficie del altavoz hasta llegar a
los puntos de la semiesfera de radio r À R. Cuando dicha diferencia es mucho menor que λ (R ¿ λ)
las ondas llegan en fase a todos los puntos de la semiesfera pudiéndose considerar por tanto el
altavoz como una fuente puntual. Sin embargo, cuando la diferencia de recorrido (cuyo efecto se
acentúa al aumentar θ) es del orden de λ, es decir, si λ ∼ R, se produce un desfase importante entre
las ondas que hace que interfieran destructivamente en puntos situados fuera del eje. Finalmente, si
λ ¿ R la interferencia es prácticamente total excepto para puntos situados sobre rectas que forman
ángulos muy pequeños θ ∼ λ/R con el eje. Como aplicación práctica del análisis anterior, conviene
indicar que el aumento de direccionalidad que acompaña a un aumento de la frecuencia produce
grandes variaciones espaciales en las intensidades relativas de los sonidos de baja y alta frecuencia
generados por un altavoz. En recintos de dimensiones moderadas este efecto no es muy importante
a menos que las paredes tengan un alto coeficiente de absorción, ya que las paredes reflejan el
sonido radiado y redistribuyen espacialmente su intensidad haciéndola prácticamente uniforme.
Sin embargo, cuando se usan sistemas de sonido en exteriores o en auditorios grandes el efecto
de las paredes es pequeño y para obtener una distribución uniforme de las componentes de alta
frecuencia puede ser necesario emplear un sistema de altavoces orientados en diferentes direcciones.
Finalmente, se aplicará la ecuación (11.165) al estudio de la dispersión (scattering en la literatura
anglosajona) de una onda sonora monocromática de frecuencia ω por un objeto situado en el seno
del fluido. Considérese una onda plana monocromática que incide sobre un objeto como se indica
en la Figura 11.7. El objeto dispersa la onda plana incidente en todas direcciones, por lo que en un
punto cualquiera del dominio fluido el potencial acústico puede expresarse como la superposición
del correspondiente a la onda incidente y el de la perturbación acústica que introduce el objeto,
q
A ie i k z
z
Φ = Ae eikz + Φs , (11.174)
ω2
∇2 Φs + Φs = 0. (11.175)
a2o
Para simplificar el problema se supondrá que la masa del objeto es lo suficientemente grande como
para despreciar las aceleraciones inducidas por la presión acústica y, por tanto, la superficie del
objeto permanece inmóvil bajo la influencia de la onda incidente; en la superficie Σ del objeto se
impondrá, por tanto, que n · ∇Φ = 0, o si se usa (11.174), la condición equivalente
Otra condición de contorno para Φs se obtiene imponiendo que la perturbación acústica debe
anularse lejos del objeto
Φs → 0, |x| → ∞. (11.177)
La solución de (11.175)-(11.177) puede expresarse en forma integral mediante (11.165)
Z 0
ikAe eik|x−x | 0 0
Φs = dσ 0|
n · ez eikx ·ez −
4π Σ |x − x
Z Ã 0
!
1 0 0 eik|x−x |
dσ Φs (x )n · ∇ , (11.178)
4π Σ |x − x0 |
donde se han tomado Φs = n · ∇Φs = 0, puesto que en este caso la geometrı́a del problema no
sugiere de forma directa valores de estas cantidades que simplifiquen el análisis. La solución de la
ecuación integral (11.178) puede encontrarse sin mucha dificultad en el lı́mite en que la dimensión
caracterı́stica del objeto, L, es mucho menor que la longitud de onda, esto es, k|x0 | ∼ kL ¿ 1
con el origen de coordenadas supuesto situado en el interior del objeto. En efecto, en dicho lı́mite
puede aproximarse 0
eikx ·ez ' 1 + ikx0 · ez + 0(k 2 |x0 |2 ), (11.179)
y para distancias del objeto |x − x0 | À L se tiene también
0 µ ikr ¶
eik|x−x | eikr 0 e
' −x ·∇ + 0(k 2 |x0 |2 ), (11.180)
|x − x0 | r r
Las dos primeras integrales del segundo miembro de (11.181) pueden evaluarse fácilmente si se
tiene en cuenta que Z Z
0 0
dσn x = d$∇0 x0 = ΩI; (11.182)
Σ Ω
por otra parte, puesto que ez ez : I = 1 y ez · I = ez , se obtiene
µ ikr ¶ · Z ¸
1 2 1 e
Φs = − k Ae Ωeikr − ∇ · ikΩAe ez + dσ n0 Φs (x0 ) . (11.183)
4πr 4π r Σ
262 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
Para evaluar la integral restante en (11.183) debe tenerse en cuenta que a distancias L del objeto
muy pequeñas comparadas con la longitud de onda, la ecuación de Helmholtz (11.175) puede
aproximarse por la ecuación de Laplace
∇2 Φs = 0, (11.184)
y que la condición de contorno (11.176) puede aproximarse, salvo términos de orden kL ¿ 1, por
∼
∂ Φs
= − cos θ, r = R, (11.187)
∂r
donde naturalmente se ha tomado el origen de coordenadas en el centro de la esfera y se ha tenido
en cuenta que el problema presenta simetrı́a de revolución alrededor del eje z. Este problema admite
solución en variables separadas de la forma Arn cos θ, donde el valor de n se determina sustituyendo
∼
dicha expresión en (11.186)-(11.187) e imponiendo que Φs decrezca con r, lo que proporciona
∼ R3 cos θ
Φs = . (11.188)
2 r2
Por tanto, Z Z
Ae R3 cos θ 2
dσn0 Φs = ik dσn0 = πR3 ikAe ez , (11.189)
Σ 2 r=R r2 3
donde, para evaluar la integral, se ha usado la expresión n0 = cos θez +sen θ(cos φex +sen φey ) para
la normal unitaria a la esfera. Si se sustituye (11.189) en (11.183) y se consideran puntos situados
a distancias del cuerpo grandes comparadas con la longitud de onda, de forma que ∇(eikr /r) '
ikeikr /r, se obtiene finalmente
· ¸ ikr
Ae k 2 3 e
Φs = − 1 − cos θ , (11.190)
3 2 r
donde cos θ = er · ez es el coseno del ángulo que forma el radio vector del punto de observación
x = rer con la dirección de propagación z. La energı́a acústica dispersada que atraviesa en la
unidad de tiempo un elemento de superficie dσ de orientación er y situado en el punto (r, θ, ϕ) es
µ ¶2
ρo ω ρo |Ae |2 ω 6 R6 3 dσ
dEs = = (Φ∗s er · ∇Φs )dσ = 1 − cos θ , (11.191)
2 18a5o 2 r2
donde se ha hecho k = ω/ao . La sección diferencial de dispersión en la dirección (θ, ϕ), σ̄, se define
como la relación entre r2 dEs /dσ y la intensidad acústica incidente ρo ω 2 |Ae |2 /2ao , es decir,
µ ¶2
dEs R6 ω 4 3
σ̄ = = 1 − cos θ , (11.192)
do 9a4o 2
11.1. Ondas sonoras. Introducción 263
∂ρ0 ∂u
+ ρo = 0, (11.194)
∂t ∂x
µ ¶ 2
∂u0 ∂ρ0 4 ∂ u
ρo =− + µ + µv , (11.195)
∂t ∂x 3 ∂x2
∂T 0 ∂u ∂2T 0
ρo cv = −po +k , (11.196)
∂t ∂x ∂x2
16 Un fenómeno análogo al considerado aquı́ tiene lugar en la dispersión de la luz solar (ondas electromagnéticas)
por las moléculas del aire atmosférico. En el espectro visible la longitud de onda es mayor que el tamaño de las
moléculas de aire (fundamentalmente 02 y N2 ), y la teorı́a expuesta aquı́ se aplica; el azul del cielo pone de manifiesto
cómo el aire dispersa más eficientemente las frecuencias más altas del espectro visible (azul).
264 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde µ, µv y k son los coeficientes de viscosidad y de conductividad térmica del gas, que se han
supuesto independientes de la temperatura. A las ecuaciones (11.194)-(11.196) debe añadirse la
ecuación de estado del gas, cuya linealización para pequeñas perturbaciones proporciona
p0 = Rg(To ρ0 + ρo T 0 ). (11.197)
Para simplificar los cálculos que siguen, es conveniente escribir (11.194)-(11.197) en forma adimen-
sional. Para ello se consideran un tiempo caracterı́stico to (que se especificará más adelante), una
longitud caracterı́stica Lo = ao to donde ao es la velocidad del sonido del medio en reposo, y las
variables y los parámetros adimensionales
C = k ∗ A, (11.204)
dicha condición proporciona la relación de dispersión k ∗ = k ∗ (²) [es decir, k = k(ω)] que permi-
te conocer los números de onda que pueden propagarse para la frecuencia dada ω. La ecuación
bicuadrática (11.207) puede resolverse sin dificultad para cualquier valor de ². No obstante, se
considerará aquı́ solamente el lı́mite ² ¿ 1 que es de interés en la práctica. Obsérvese que la
solución de (11.207) para ² = 0 es ko∗ = ±1 (o ko = ±ω/ao ), que corresponde a ondas planas no
amortiguadas de la forma eiω(t±x/ao ) . Cuando ² es pequeño puede escribirse
ω2
η= [4/3µ + µv + (1/cv − 1/cp )k], ν = (4/3µ + µv )ρo (11.213)
2a3o ρo
y
1
β= {1 + [1 + P r−1 (γ − 1)/γ][3/4 + P r−1 (3γ − 7)/4γ]}. (11.214)
2
La solución de (11.194)-(11.197) puede escribirse, por tanto, de la forma
Las ondas cuya velocidad de propagación depende de la frecuencia se denominan dispersivas. Por
tanto, los efectos disipativos originan una dispersión (distorsión) de las ondas sonoras (la velocidad
de propagación crece al aumentar la frecuencia), aunque debido a la pequeñez del parámetro ν/ωao ,
la distorsión del sonido sólo es apreciable a distancias muy grandes de la fuente, quedando dicho
efecto enmascarado en la práctica por la atenuación debida a la divergencia esférica.
u = uo + u0 , p = po + p0 , ρ = ρo + ρ0 . (11.217)
Para simplificar el análisis, se supondrá que los efectos de fricción y de conducción y adición de calor
son despreciables tanto en el movimiento sin perturbar como en el campo sonoro, de manera que
las variables fluidas (11.217) satisfacen las ecuaciones de Euler (11.3)-(11.5); se supondrá, además,
que todas las partı́culas fluidas poseen inicialmente la misma entropı́a, por lo que se verifica que
p = Cργ donde C es una constante. El sistema no lineal de ecuaciones que determina las variables
no perturbadas se obtiene introduciendo las expresiones (11.217) en las ecuaciones de Euler y
despreciando términos del orden de las perturbaciones, lo que proporciona
Dρo Duo 1
+ ρo ∇ · uo = 0, + ∇po = 0, po = Cρo γ . (11.218)
Dt Dt ρo
Para obtener las ecuaciones para las perturbaciones acústicas obsérvese primero que si se linealiza
la relación isentrópica, po + p0 = C(ρo + ρ0 )γ ∼ Cργo (1 + γρ0 /ρo + ...) , y se hace uso de la última
de las relaciones en (11.218) se obtiene
p0 = a2o ρ0 , (11.219)
que es idéntica a la obtenida en la Sección 1 para un medio uniforme en reposo. Si se retienen
ahora los términos lineales en las perturbaciones en las ecuaciones de Euler de continuidad y de
cantidad de movimiento y se hace uso de las relaciones (11.218)- (11.219) se obtiene el sistema
Du0 p0 1
− 2 2 ∇po + u0 · ∇uo + ∇p0 = 0 , (11.221)
Dt ρo ao ρo
donde el operador derivada sustancial se ha definido como
D ∂
≡ + uo · ∇. (11.222)
Dt ∂t
Por tanto, conocidas las variables fluidas en el medio sin perturbar de la integración de (11.219), las
ecuaciones (11.220)-(11.221) constituyen un sistema lineal de ecuaciones diferenciales en derivadas
parciales con coeficientes variables que determina el campo sonoro, p0 y u0 . Otra ecuación de
interés es la que gobierna la energı́a acústica por unidad de volumen
1 p02
w= ρo u02 + , (11.223)
2 2ρo a2o
11.1. Ondas sonoras. Introducción 267
que se obtiene fácilmente si se suman las ecuaciones resultantes de multiplicar (11.220) por p0 y
(11.221) escalarmente por u0 ; haciendo uso repetido de (11.218) y (11.219) resulta
∂w p02 Dao
+ ∇ · (w uo + p0 u0 ) = −ρo u0 u0 : ∇uo + . (11.224)
∂t ρo a3o Dt
La ecuación (11.224) expresa el balance entre la variación en la unidad de tiempo de la energı́a
acústica contenida en la unidad de volumen, el flujo de energı́a acústica que abandona dicha unidad
de volumen debido a la propagación de las ondas sonoras (término p0 u0 ) y a la convección con
el movimiento no perturbado (término wuo ), y los términos del segundo miembro, que representan
el intercambio de energı́a entre las perturbaciones acústicas y el medio sin perturbar cuando éste
es no-uniforme y/o no estacionario; esta interacción entre el sonido y el medio en el cual se propaga
da lugar al conocido efecto de refracción de las ondas sonoras.
El sistema de coeficientes variables (11.220)-(11.221) resulta, en general, demasiado complicado
como para admitir una solución analı́tica. Además, su integración numérica directa puede ser muy
costosa, especialmente cuando la longitud de onda tı́pica de las ondas acústicas sea tan pequeña
comparada con las dimensiones de la región de interés que se requiera un mallado extremadamente
fino para la resolución del campo sonoro. No obstante, en muchos casos prácticos se verifica que
la longitud y el tiempo caracterı́sticos para variaciones en el medio sin perturbar son muy grandes
comparados con la longitud de onda y periodo tı́picos de las ondas sonoras, esto es, se tiene
1 1 1 ∂ψo
λo |∇ψo | ¿ 1 y ¿ 1, (11.225)
ψo ωo ψo ∂t
donde ψo representa cualquier variable del medio no perturbado y λo y 1/ωo son una longitud y un
periodo tı́picos de las ondas. Como se señaló al principio de esta sección, las condiciones (11.225)
corresponden al lı́mite de la acústica geométrica y permiten aplicar un procedimiento eficiente
para la resolución aproximada de (11.220)-(11.221): el método de trazado de rayos. En efecto, se
vio en 11.1.3 que en el caso de un medio homogéneo y estacionario la ecuación (11.19) admite
soluciones en la forma de ondas planas Aeiα , con una fase α = k · x − ωt, y con valores constantes
de la amplitud A, del vector de onda, k = ∇α, y de la frecuencia, ω = −αt = kao . Este hecho
sugiere que para un medio lentamente variable definido por las condiciones (11.225) las ecuaciones
(11.220)-(11.221) admiten soluciones correspondientes a ondas localmente planas, de la forma
y las amplitudes, A y B, son funciones lentamente variables de la posición y del tiempo. La relación
de dispersión se obtiene en este caso introduciendo (11.226) en (11.220)-(11.221) y despreciando
términos proporcionales a las derivadas de las amplitudes frente a los proporcionales a las derivadas
de la fase, |αt | À (|At |, |Bt |) y |αxi | À (|Axi |, |Bxi |). Resulta entonces el sistema de ecuaciones
1
A(αt + uo · ∇α) + B∇α ' 0, (11.228)
ρo
B(αt + uo · ∇α) + ρo a2o A · ∇α ' 0; (11.229)
como es bien conocido, (11.228)-(11.229) poseen solución distinta de la trivial para A y B sólo
si el determinante de los coeficientes es nulo, lo que dicha condición proporciona la relación de
dispersión
(ω − k · uo )2 − a2o k 2 = 0, (11.230)
268 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
donde se han usado de las definiciones (11.227). La relación que debe existir entre las amplitudes
se obtiene ahora al resolver, por ejemplo, (11.228) [la relación de dispersión asegura entonces que
la ecuación (11.228) se verifica trivialmente],
Bk
A= . (11.231)
ρo (ω − k · uo )
Obsérvese que la relación de dispersión (11.230) admite dos tipos de soluciones, o ramas, cada una
definida por uno de los dos signos en la relación
ω = uo · k ± ao k. (11.232)
Cada rama en (11.232) da lugar a una ecuación no lineal en derivadas parciales de primer orden para
determinar la fase α(x, t) del correspondiente modo, y su integración puede efectuarse mediante el
conocido método de las caracterı́sticas. En efecto, si cada una de las relaciones (11.232) se denota
genéricamente por
ω = Ω(x, t, k) (11.233)
y se definen los rayos (curvas caracterı́sticas) mediante la ecuación17
dx
= ∇k Ω, (11.234)
dt
la derivada total de (11.234) a lo largo de cada rayo proporciona la ecuación
dω dk dx
= · ∇k Ω + · ∇x Ω + Ω t . (11.235)
dt dt dt
Evidentemente, la ecuación (11.235) se verifica si el vector de onda y la frecuencia se determinan
sobre cada rayo mediante las ecuaciones18
dk
= −∇x Ω, (11.236)
dt
dω
= Ωt . (11.237)
dt
La integración del sistema de ecuaciones diferenciales ordinarias (11.234) y (11.236)-(11.237) per-
mite determinar a lo largo de cada rayo los valores de k y ω y, por tanto, los de la fase α, si se
conoce esta última en el instante inicial. En efecto, dado α(x, 0) ≡ αo (x) o, lo que es lo mismo,
k(x, 0) ≡ ko = ∇αo , y si se lleva a cabo la integración partiendo de unas de unas condiciones
iniciales
t = 0 : x = xo , k = ko (xo ), ω = ωo (xo ) ≡ Ω(xo , 0, ko ), (11.238)
se determinan para cualquier instante t > 0,
y Z x
α(xo , t) = αo (xo ) + k · dx. (11.240)
xo
17 Un subı́ndice en el operador ∇ indica la derivada de (11.233) respecto a las variables del subı́ndice manteniendo
una partı́cula con una función hamiltoniana Ω con los vectores posición y momento de la partı́cula representados
por x y k. En la mecánica cuántica, dicha dualidad onda-partı́cula, apuntada primero por De Broglie, fue decisiva
para la formulación de la ecuación Schrödinger.
11.1. Ondas sonoras. Introducción 269
Si se elimina ahora el punto inicial de la primera de las relaciones (11.239), xo = xo (x, t), y se
sustituye en las restantes y en (11.240) se obtienen finalmente
Las amplitudes A(x, t) y B(x, t) en (11.226) pueden obtenerse también mediante integración a lo
largo de los rayos usando la ecuación de la energı́a acústica (11.224). A continuación se ilustrará el
procedimiento para la familia de rayos correspondiente a la rama de la relación de dispersión
ω = uo · k + ao k en (11.230); el tratamiento para la otra rama es idéntico. Para ello, es conveniente
primero expresar B y A en términos de una nueva variable ξ de la forma
p p
B = 2ρo ao ξ(k, x, t) y A = 2/ρo ξ(k, x, t)k̂, (11.242)
donde, k̂ es el versor unitario en la dirección de k y se ha hecho uso de (11.231)-(11.232); obsérvese
también que, por generalidad, se ha ¡incluido ¢ en ξ una posible
¡ dependencia
¢ explı́cita con respecto
a k = k(x, t). Puesto que p0 = Re B eiα y u0 = Re A eiα , la densidad de energı́a acústica
correspondiente al modo (11.242) promediada sobre un volumen y un intervalo de tiempo grandes
comparados con la longitud de onda y el periodo tı́picos de las ondas pero, a su vez, pequeño para
poder despreciar variaciones de las variables no perturbadas, está dada por
1 p02 1
w(k, x, t) = + ρo u02 = |ξ(k, x, t)|2 , (11.243)
2 ρo a2o 2
donde se ha hecho uso de (11.242). Asimismo, el valor medio del vector intensidad acústica es
p0 u0 = ao k̂w, (11.244)
y los valores medios de los productos de perturbaciones que figuran en el segundo miembro de la
ecuación (11.224) resultan
w p02
u0 u0 = k̂k̂, = w. (11.245)
ρo ρo a2o
Si se promedia la ecuación (11.224) haciendo uso de los resultados (11.243)-(11.245) se obtiene
∂w 1 Dao
+ ∇ · (wuo + wao k̂) = −wk̂k̂ : ∇uo + w . (11.246)
∂t ao Dt
El segundo término del primer miembro de (11.246) indica que la energı́a acústica media se propaga
con la velocidad uo + ao k̂ que, precisamente, coincide con el valor de ∇k Ω para Ω = uo · k + ao k.
En general, se define la velocidad de grupo como
cg (k, x, t) ≡ ∇k Ω, (11.247)
y representa la velocidad con que se propaga la densidad de energı́a ondulatoria media, w; obsérvese
en (11.234) que los rayos son tangentes en cada punto a la velocidad de grupo, luego definen
también las trayectorias sobre las que se propaga w. Desarrollando el primer miembro de (11.247)
y agrupando términos se obtiene
µ ¶
dw 1 Dao
+ w∇ · cg = −w k̂k̂ : ∇uo − , (11.248)
dt ao Dt
donde se ha definido el operador derivada total siguiendo el rayo como
d ∂
≡ + cg · ∇. (11.249)
dt ∂t
270 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
En las derivadas parciales temporales y espaciales que aparecen en (11.248) (11.249) debe tenerse
en cuenta la dependencia explı́cita e implı́cita [a través de k = k(x, t)] de las variables w(k, x, t)
y cg (k, x, t) con respecto de t y de x . La ecuación (11.249) puede integrarse conjuntamente con
las del trazado de rayos (11.234) y (11.236)-(11.237) para determinar la evolución a lo largo de los
mismos de la densidad de energı́a acústica media y, con ella, de la amplitud de las perturbaciones en
(11.242), |ξ| = w1/2 . La ecuación (11.249) puede escribirse en una forma más compacta, y también
más sugerente desde el punto de vista fı́sico, si se tiene en cuenta que multiplicando la ecuación
dk
= ∇x Ω = −(∇uo ) · k − k∇ao (11.250)
dt
por el versor k̂ se obtiene la ecuación para el módulo del vector de onda
dk ³ ´
= −k k̂k̂ : ∇uo + k̂ · ∇ao ; (11.251)
dt
si (11.251) se combina ahora con la relación
dao ∂ao ∂ao
≡ + cg · ∇ao = + (uo + ao k̂) · ∇ao , (11.252)
dt ∂t ∂t
se obtiene la ecuación que gobierna la frecuencia ω 0 = ao k de la onda para un observador que se
mueve con la velocidad uo , µ ¶
dω 0 1 Dao
= ω 0 k̂k̂ : ∇uo − . (11.253)
dt ao Dt
Haciendo uso de (11.253) en (11.248) se obtiene finalmente que
µ ¶ µ ¶ µ ¶ µ ¶
d w w ∂ w w
+ ∇ · cg = + ∇ · cg = 0. (11.254)
dt ω 0 ω0 ∂t ω 0 ω0
donde k = k(x, t) es el vector de onda local. Al elevar al cuadrado cada una de las expresiones
(11.252) y (11.253) y promediar sobre un tiempo y un volumen de dimensiones caracterı́sticas
grandes frente a las asociadas a las ondas pero pequeñas comparadas con las asociadas a las
variaciones del medio no perturbado se anula el efecto de la interferencia entre los distintos modos
y, por tanto, puede despreciarse la contribución a w de productos de amplitudes correspondientes
11.1. Ondas sonoras. Introducción 271
a diferentes vectores de onda y frecuencias. La densidad de energı́a acústica media en (x, t) resulta,
por tanto, una superposición de las asociadas con cada uno de los modos
Z
1 p02 1
w(x, t) = + ρo u = |ξk (x, t)|2 d3 k,
02 (11.257)
2 ρo a2o 2
donde, para simplificar notación, la dependencia de ξ con k se ha denotado por un subı́ndice.
Obsérvese que |ξk (x, t)|2 d3 k representa la contribución a w(x, t) de la energı́a contenida en los
modos cuyo vector de onda está comprendido en el elemento de volumen infinitesimal d3 k que
contiene a k y, por tanto, es apropiado introducir la notación |ξk |2 ≡ wk en lo que sigue. Por
otra parte, es fácil comprobar que la relación (11.243) y (11.245) que expresan p u0 , ρo u0 u0 y p02
como funciones de w siguen siendo válidas. La ecuación que determina las amplitudes |ξk (x, t)| a
lo largo de los rayos se obtiene de promediar (11.224) haciendo uso de (11.243)-(11.245) y sustituir
en la ecuación resultante la integral de (11.257) por w. Efectuando las derivadas e igualando los
integrandos en ambos miembros se obtiene
µ ¶
dwk 1 d(d3 k) 1 Dao
+ wk ∇ · cg + wk 3 = −wk k̂k̂ : ∇uo − . (11.258)
dt d k dt ao Dt
La ecuación (11.258) es idéntica a la ecuación (11.248) excepto por el último término del primer
miembro , que representa la variación unitaria de volumen en el espacio de vectores de onda a lo
largo de un rayo. Dicho término puede calcularse teniendo en cuenta que, debido a la estructura
hamiltoniana de (11.234) y (11.236), el elemento de volumen del espacio de fases (x, k) permanece
constante a lo largo de los rayos, es decir,19
1 d(d3 k)
= −∇ · cg , (11.260)
d3 k dt
y, por tanto, los dos últimos términos del primer miembro se cancelan. Si, como se hizo con (11.248),
se expresa (11.260) en términos de la frecuencia ω 0 = ao k se obtiene la ecuación
µ ¶ µ ¶ µ ¶
d wk ∂ wk wk
≡ + cg · ∇ = 0, (11.261)
dt ω 0 ∂t ω 0 ω0
que expresa que la derivada total siguiendo a un rayo de la densidad de acción espectral, wk /ω 0 ,
es nula. Si se introduce el elemento de longitud a lo largo del rayo ds = |cg |dt la expresión anterior
puede escribirse como µ ¶ µ ¶
∂ wk ∂ wk
+ |cg | = 0. (11.262)
∂t ω 0 ∂s ω 0
En ciertas aplicaciones es conveniente expresar la distribución wk d3 k en el espacio de vectores
de onda en términos de la distribución en el espacio de frecuencias y de direcciones, determinadas
19 Obsérvese que las ecuaciones para los rayos (11.234) y (11.237) determinan en el espacio de seis dimensiones
(x, k) el campo de velocidades [Ωk (x, k, t), −Ωk (x, k, t)]. Por analogı́a con el caso tridimensional, puede demostrarse
que la divergencia de dicho campo de velocidades determina la velocidad de dilatación unitaria en el espacio x, k;
puesto que la divergencia es nula, ∇x · ∇k Ω − ∇k · ∇x Ω = 0 un elemento d3 x d3 k conserva su volumen moviéndose
con los rayos. Obsérvese, además, que la variación total de d3 x siguiendo a los rayos, d(d3 x)/dt, no está dada por
∇x · ∇k Ω(x, k, t), sino que se calcula a partir de (11.234) teniendo en cuenta la variación de k con x a lo largo de
los rayos, (11.241): d(d3 x)/dt = d3 x∇ · ∇k Ω[x, k(x, t), t] ≡ d3 x∇ · cg .
272 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
por el elemento de ángulo sólido. Para ello, téngase en cuenta la relación d3 k = k 2 do, donde
do = sen θ dθ dϕ representa el elemento de ángulo sólido formado por las direcciones de los rayos
cuyos vectores de onda están comprendidos en el elemento de volumen d3 k alrededor de k. Por
tanto, La densidad de flujo de energı́a acústica en x en la dirección de cg puede expresarse como
¯ ¯
2
¯ ¯
2 ¯ ∂k ¯
wk |cg |k d kdo = wk |cg | k ¯ ¯ d ωdo, (11.263)
∂ω
donde ¯ ¯ ¯ ¯−1
¯ ∂k ¯ ¯ ∂ω ¯ 1
¯ ¯ = ¯ ¯ = |k · ∇k ω|−1 = , (11.264)
¯ ∂ω ¯ ¯ ∂k ¯ |cg || cos θ|
donde θ es el ángulo que forman el vector de onda y la velocidad de grupo. A partir de (11.263)
puede definirse la intensidad direccional por unidad de frecuencia como
wk k2
Idω = , (11.265)
| cos θ|
y representa, de acuerdo con (11.263)-(11.264), la densidad de flujo de energı́a por unidad de
frecuencia y unidad de ángulo sólido. Si, además, se define ı́ndice de refracción del medio como el
cociente entre una velocidad del sonido de referencia, aref , y la velocidad de fase local de las ondas
karef
n(x, t) = , (11.266)
ω0
se obtiene a partir de (11.264) la ecuación para Idω
µ ¶ µ ¶ µ ¶
d Idω | cos θ| ∂ Idω | cos θ| ∂ Idω | cos θ|
= + |cg | = 0. (11.267)
dt n2 ω 03 ∂t n2 ω 03 ∂s n2 ω 03
La ecuación (11.267) puede integrarse conjuntamente con las ecuaciones del trazado de rayos
(11.234) y (11.235) para determinar la distribución de la intensidad direccional acústica en un medio
no homogéneo; para efectuar dicha integración a lo largo de cada rayo deben tenerse en cuenta
condiciones de contorno que debe satisfacer Idω en las intersecciones del rayo con las superficies que
limitan al dominio, dependiendo de si en ellas tiene lugar emisión, absorción o reflexión del sonido.
Téngase en cuenta que habrá una ecuación del tipo (11.267) por cada una de las ramas de la relación
de dispersión puesto que el campo sonoro será una suma de integrales de la forma (11.255)- (11.256),
correspondiendo cada una a su rama respectiva. Además, si el medio sin perturbar es homogéneo y
estacionario, la ecuación (11.267) proporciona que la intensidad direccional por unidad de frecuencia
se conserva a lo largo de los rayos. Finalmente, conviene indicar que la ecuación (11.267), aunque
deducida usualmente de forma fenomenológica, también aparece en otros ámbitos de la fı́sica en los
que, debido a las pequeñas longitudes de onda y altas frecuencias caracterı́sticas, la propagación
de la energı́a ondulatoria se trata de forma geométrica, o corpuscular, mediante el método de rayos
expuesto en esta sección. Tal es el caso de la transferencia de calor por radiación, la propagación
de la luz en la atmósfera, la propagación de ondas gravitatorias en el mar, etcétera. A veces, en
el segundo miembro de (11.267) se incluyen términos que representan la absorción, producción y
dispersión de Idω debido a los términos disipativos, los no-lineales, y los asociados a posibles rápidas
(pero pequeñas) variaciones en las variables del medio sin perturbar, que se han despreciado en las
ecuaciones (11.220) y (11.221).
pa g y
z
x z = h(x,y,t)
h(x,y) r
Figura 11.8: Altura de la superficie libre y profundidad del suelo medidos respecto a la superficie
no perturbada.
puede almacenar energı́a, en forma de energı́a potencial, elevando su altura cuando el lı́quido ad-
yacente hace trabajo sobre ella, o retornarla al medio lı́quido, disminuyendo su elevación, cuando
hace trabajo sobre él. Del mismo modo, la porción de superficie considerada puede almacenar
energı́a elástica de deformación cuando el lı́quido en su movimiento realiza trabajo sobre ella y la
deforma venciendo la acción de las fuerzas de tensión superficial, o devolver la energı́a almacenada
al medio lı́quido. Por tanto, cuando sobre la superficie libre de un lı́quido, cuya forma de equilibrio
en presencia de un campo gravitatorio es plana, actúa una perturbación externa que la aparta del
equilibrio (por ejemplo, el lanzamiento de un objeto sobre la superficie plana de un lı́quido) aparece
un movimiento ondulatorio en la superficie libre que propaga la perturbación con una velocidad
determinada. Estas ondas afectan al lı́quido y lo ponen en movimiento, pero su efecto se atenúa
con la profundidad. Con objeto de analizar la estructura de estos movimientos se formulará pri-
mero el problema desde un punto de vista general y a continuación se simplificarán las ecuaciones
para el caso de movimientos de pequeña amplitud, lo que dará lugar a un sistema de ecuaciones
diferenciales lineales que describen la propagación de ondas lineales en el seno del lı́quido.
Considérese un dominio infinito ocupado por un lı́quido de densidad ρ bajo la acción de la
gravedad, limitado inferiormente por una superficie sólida z = −h(x, y), donde h está medida
respecto de la posición de equilibrio fluidoestático de la interfase aire-lı́quido (a presión pa ), z = 0,
como se muestra en la Figura 11.8. Se supondrá en lo que sigue que la viscosidad del lı́quido es lo
suficientemente pequeña como para que se cumpla la condición
|ν∇2 u| ν
∼ 2 ¿ 1, (11.268)
|∂u/∂t| λ ω
donde λo y 1/ωo son una longitud y un tiempo caracterı́sticos de variación de las magnitudes fluidas
en el movimiento ondulatorio del lı́quido. En este supuesto las fuerzas de viscosidad pueden ser
despreciadas en el movimiento del lı́quido y, por tanto, si el campo de velocidades es inicialmente
irrotacional (como sucede, por ejemplo, en el caso de que el lı́quido esté inicialmente en reposo) se
mantiene irrotacional y deriva de un potencial
u = ∇Φ. (11.269)
en (11.271), el versor unitario según z coincide con la dirección de la gravedad pero su sentido es
opuesto, se han despreciado los efectos de viscosidad y se ha tenido en cuenta la irrotacionalidad
del movimiento, ∇ × v = 0. La integración de la ecuación (11.271) proporciona
∂Φ 1 p
+ |∇Φ|2 + + gz = C(t), (11.272)
∂t 2 ρ
donde la constante arbitraria de integración C(t) depende, en general, del tiempo y se elegirá de
manera adecuada posteriormente. En la superficie libre del lı́quido, o interfase aire-lı́quido, definida
como
f (x, y, z, t) = z − η(x, y, t) = 0, (11.273)
es necesario imponer condiciones cinemáticas y dinámicas. La condición dinámica exige que el salto
de presiones a través de la interfase esté equilibrado con las fuerzas de tensión superficial; si la
normal unitaria exterior a la superficie libre es
∇f ez − ∇ ⊥ η
n= =p , (11.274)
|∇f | 1 + |∇⊥ η|2
à !
∇⊥ η
ζ∇⊥ · p , (11.275)
1 + |∇⊥ η|2
donde ζ es la tensión superficial aire-lı́quido y ∇·n es la curvatura media local (suma de los inversos
de los radios principales de curvatura) de la superficie libre. Haciendo uso de (11.275) la ecuación
de cantidad de movimiento (11.272) evaluada en z = η se escribe
à !
∂Φ 1 pa ζ ∇⊥ η
+ |∇Φ|2 + + gη − ∇⊥ · p = C(t). (11.276)
∂t 2 ρ ρ 1 + |∇⊥ η|2
Como condición cinemática se impondrá que la superficie libre es una superficie fluida
Df ∂η ∂Φ
= − + ∇⊥ Φ · ∇⊥ η = 0, (11.277)
Dt ∂t ∂z
∂φ
À |∇φ|2 (11.282)
∂t
y
∇⊥ η ∼ A/λo ¿ 1, (11.283)
que permiten linealizar las ecuaciones (11.276) y (11.277) para dar
¯
∂η ∂φ ¯¯
− + U · ∇⊥ η = 0, (11.284)
∂t ∂z ¯z=0
y ¯
∂φ ¯¯ ζ
¯ + U · ∇⊥ φ|z=0 + g η − ∇2⊥ η = 0. (11.285)
∂t z=0 ρ
Obsérvese que, salvo términos cuadráticos en las perturbaciones, las derivadas de φ en (11.284) y
(11.285) están evaluadas en los puntos (x, y, 0), y que en (11.276) se ha elegido, por conveniencia,
C(t) = pa /ρ + |U|2 /2. La condición de impermeabilidad (11.278) para h constante se reduce a
¯
∂φ ¯¯
= 0. (11.286)
∂z ¯z=−h
Las ecuaciones (11.280), (11.284)-(11.286) permiten resolver φ y η una vez especificadas las condi-
ciones iniciales.
Se considerará aquı́ el caso de un dominio infinito en las direcciones x e y, por lo que el potencial
de velocidades y la forma de la superficie libre pueden representarse mediante integrales de Fourier
de la forma Z ∞
φ(x, y, z, t) = d2 k eik·x f (k, z, t), (11.287)
−∞
Z ∞
η(x, y, t) = d2 k eik·x s(k, t), (11.288)
−∞
276 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
Los coeficientes C(k) y D(k) en (11.302)-(11.303) vienen determinados mediante las transformadas
inversas de Fourier de los valores iniciales de la posición de la interfase y del potencial de velo-
cidades y/o de sus derivadas (en total hay que especificar dos condiciones iniciales). La solución
del problema, (11.302) y (11.303), puede interpretarse como una superposición de ondas planas
cuyas relaciones de dispersión están dadas por (11.297) y (11.298). Haciendo uso de las expresiones
explı́citas de ω + y ω − se observa que dichas ondas son de la forma
por lo que se propagan relativamente a la corriente en direcciones ±k con una frecuencia ωo y una
velocidad dada por
·µ ¶ ¸1/2
ωo g ζk
co (k) = = + tanh kh . (11.305)
k k ρ
Obsérvese que ondas de longitud de onda λ = 2π/k diferente se propagan con diferente velocidad.
Tales ondas se denominan dispersivas porque, originadas en un mismo punto del espacio e instante
de tiempo, tienden a dispersarse si sus longitudes de onda son diferentes. Es de interés considerar los
2.5
1.5
C0/Cm
a b
0.5
0
0 1 2 3 4
k/km
Figura 11.9: Velocidad adimensional co /com de propagación de las ondas en aguas profundas,
kh ¿ 1, como función del número de onda. a) Velocidad de propagación de las ondas gravitatorias;
b) Velocidad de propagación de las ondas capilares.
casos lı́mites de (11.305) correspondientes a valores grandes y pequeños del parámetro adimensional
k h que mide la relación entre la profundidad del medio y la longitud de onda de la perturbación.
Cuando kh À 1, que corresponde al caso en que la profundidad es mucho mayor que la longitud
de onda, se tiene tanh kh ' 1 y
µ ¶1/2
g ζk
co = + . (11.306)
k ρ
En la Figura 11.9 se representa co como función de k. Obsérvese que la velocidad de propagación
presenta un mı́nimo com = (4gζ/ρ)1/4 para la longitud de onda 2π/λm = km = (ρg/ζ)1/2 . Para el
278 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
caso de una interfase agua-aire los valores de com y λm son 0,23cm/s y 1,7×10−2 m respectivamente.
Obsérvese que para valores de k grandes frente a km , la velocidad de propagación es
µ ¶1/2
ζk
co ' , k À km . (11.307)
ρ
La expresión (11.307) proporciona la velocidad de propagación de las ondas de muy pequeña
longitud de onda que se denominan ondas capilares. En el lı́mite opuesto, k ¿ km , se tienen las
ondas gravitatorias, cuya velocidad de propagación es
co = (g/k)1/2 , k ¿ km . (11.308)
En el lı́mite kh ¿ 1, que corresponde a situaciones en las que la longitud de onda es grande
frente a la profundidad (aguas poco profundas), las únicas ondas fı́sicamente significativas son las
gravitatorias y su velocidad de propagación se obtiene de (11.305)
³g ´1/2 ³ g ´1/2
co = tanh kh ' kh = (g h)1/2 , (11.309)
k k
La expresión (11.309) demuestra que la velocidad de propagación de las ondas en aguas poco
profundas depende únicamente de la profundidad del medio y no de su longitud de onda (ondas
no dispersivas, llamadas a veces hiperbólicas).
Puede ser también de interés el cálculo de las trayectorias de las partı́culas fluidas en torno a
un punto que se mueve con la corriente (punto fijo si U = 0). Sean x = xo + Ut + x0 y z = zo + z 0
las coordenadas de dicho punto con | x0 |¿| x | y | z 0 |¿| z |. Para una onda propagándose en la
dirección k el potencial de velocidades relativo a la corriente, (11.302), es
co cosh k(h + z)
φ= cos[k · (x − Ut) − ωo t + α(k)], (11.310)
k sen k h
donde se ha hecho −iC(k) = Ceiα(k) y se ha tomado la parte real. Se tienen por tanto las ecuaciones
dx0 k cosh k(h + zo )
' ∇⊥ φ|x0 =0 = −co sen(k · xo − ωo t + α) (11.311)
dt k senh k h
y ¯
dz 0 ∂φ ¯¯ senh k(h + zo )
= = co cos(k · xo − ωo t + α), (11.312)
dt ∂z ¯z0 =0 senh k h
cuya integración proporciona
co k cosh k(h + zo )
x0 = cos(k · xo − ωo t + α), (11.313)
ωo k senh k h
co senh k(h + zo )
z0 = sen(k · xo − ωo t + α). (11.314)
ωo senh k h
Eliminando el tiempo de (11.313)-(11.314) se obtiene la ecuación de un elipsoide
x0 · x0 z 02 (co /ωo )2
+ = . (11.315)
cosh2 k(h + zo ) senh2 k(h + zo ) senh2 kh
Obsérvese que las partı́culas situadas en el fondo zo = −h oscilan sobre un elipsoide degenerado
que coincide con el plano z = −ho . Finalmente, en aguas muy profundas kh → ∞, (11.315) resulta
en primera aproximación
µ ¶2
co
| x0 |2 +z 02 = e2kzo , (11.316)
ωo
11.2. Ondas lineales en lı́quidos con superficie libre 279
que muestra que las partı́culas fluidas siguen trayectorias circulares cuyo radio (c/ωo )ekzo disminuye
exponencialmente con la profundidad zo . La validez de los resultados obtenidos se comprueba
comparandolos con las trayectorias mostradas en la fotografı́a de la Figura 11.10.20 Es importante
Figura 11.10: Trayectorias de las partı́culas fluidas producidas por un tren de ondas periódicas.
señalar que a partir de las ecuaciones (11.297)-(11.298) se puede explicar la existencia de ondas
estacionarias producidas por un objeto en reposo en el seno de una corriente. En efecto, la velocidad
de propagación de las ondas respecto al objeto será nula cuando lo sea su frecuencia y si además
la componente de la dirección de propagación en la dirección de la corriente es negativa U · k < 0
se tiene de (11.297)
ωo (k) + U · k = 0. (11.317)
La existencia de ondas estacionarias requiere por una parte que las ondas se propaguen con respecto
al medio con velocidad igual o superior a la de la corriente
co = ωo /k = −U · k/k, (11.318)
y por otra que la velocidad de la corriente no sea nunca inferior al valor mı́nimo de la velocidad
de propagación com = (ωo /k)m , que para aguas de profundidad suficiente es 0,23ms−1 . Cuando la
velocidad de la corriente es mayor que com , la ecuación (11.318) proporciona dos tipos de soluciones
(véase Figura 11.9), una correspondiente a la rama capilar y otra correspondiente a la de las ondas
de gravedad. Las primeras se forman siempre delante del objeto mientras que las segundas lo hacen
detrás. Como se verá más adelante, la explicación a este fenómeno estriba en el hecho de que la
energı́a necesaria para sustentar tales ondas viaja para las ondas capilares con velocidad mayor que
co y, por tanto, se radia energı́a aguas arriba del obstáculo,21 mientras que la energı́a asociada a
las ondas gravitatorias viaja con velocidad menor que co y es, por consiguiente, convectada aguas
abajo por la corriente. Una comprensión mejor de estas ideas requiere la introducción del concepto
de velocidad de grupo que se desarrolla a continuación.
Velocidad de grupo
Considérese el problema de la determinación de la forma de la superficie en puntos x e instantes
t suficientemente alejados del origen de la perturbación. Puesto que las ondas y, como se verá más
adelante, su energı́a viajan con velocidad finita, la resolución del problema planteado requiere
20 M. van Dyke An Album of Fuid Motion, The Parabolic Press, 1982.
21 La presencia del obstáculo deforma la superficie libre empleando una energı́a en este trabajo de deformación
que se detrae de la energı́a mecánica de la corriente aguas arriba del obstáculo.
280 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
encontrar el lı́mite de (11.303) para tiempos t y distancias x grandes pero tales que el cociente
x/t se mantenga finito. Este cálculo puede hacerse fácilmente empleando la técnica, debida a Lord
Kelvin, denominada de la fase estacionaria cuyo fundamento es verdaderamente intuitivo. En
efecto, imagı́nese un punto de la superficie en el que coexistieran ondas de diferente longitud de
onda. Valles y crestas de aquellas ondas que no estén en fase tienen un efecto mutuo destructivo,
y la contribución neta a la elevación o descenso de la superficie es debida a aquellas ondas cuyos
vectores de onda se encuentran en un entorno de aquél (o aquéllos) para el que la fase en el punto e
instante considerado es estacionaria. Para ilustrar la aplicación del método considérese la integral
Z ∞ Z ∞
I(x, t) = a(k)ei(k·x−ωt) d2 k = a(k)eitΨ(k) d2 k, (11.319)
−∞ −∞
con
k·x
Ψ(k) = − ω(k); (11.320)
t
Ψ es usualmente denominado eiconal y a(k) y ω(k) son funciones lentamente variables de k. Los
vectores de onda de fase estacionaria son los valores de k para los que Ψ presenta un máximo,
x
∇k Ψ = −∇k ω + = 0. (11.321)
t
Al ser nula la derivada primera del eiconal, nótese que si ks es solución de (11.321), en un entorno
de ks se tiene
1 1 1
Ψ(k) ' Ψ(ks ) − (k − ks )(k − ks ) : [∇k ∇k ω]ks = Ψ(ks ) − λ1 k12 − λ2 k22 , (11.322)
2 2 2
donde λ1 y λ2 son los autovalores (reales) del tensor simétrico [∇k ∇k ω]ks , y k1 y k2 son las
componentes del vector k − ks según las direcciones principales (ortogonales) asociadas a λ1 y λ2 .
La contribución a I(x, t) de las ondas con longitud de onda en un entorno de ks puede calcularse,
en primera aproximación, sustituyendo (11.322) en (11.319)
Z ∞ Z ∞
itΨ(ks ) −itλ1 k12 /2 2 2πa(ks ) i[ks ·x−ω(ks )t−πθs /4]
a(ks )e e dk1 e−itλ2 k2 /2 dk2 = 1/2 t
e , (11.323)
−∞ −∞ | λ1 λ2 |
donde las integrales del primer miembro de (11.323) se han evaluado reduciéndolas a unas del
tipo función error mediante el cambio de variables kj = ξj e−iπsg(λj )/4 (j = 1, 2) y se ha denotado
θs ≡ sg(λ1 )+sg(λ2 ). La expresión (11.323) indica que un observador que se mueva con la velocidad
de grupo correspondiente al vector de onda ks , definida como
x
cg = [∇k ω]ks = , (11.324)
t
percibe la deformación de la superficie como una onda plana que se propaga en la dirección de
ks con una velocidad cs = ω(ks )/ks que es distinta de la velocidad de grupo si las ondas son
dispersivas, de manera que el observador ve pasar las crestas de la onda y éstas mantienen una
fase estacionaria. La expresión (11.323) puede interpretarse también como que alrededor de un
observador que se mueve con la velocidad de grupo existe en todo instante una región, denominada
comúnmente paquete de ondas, en la que las ondas con vectores de onda suficientemente próximos
a ks están aproximadamente en fase (la fase estacionaria) por lo que su superposición contribuye
significativamente al valor de la integral (11.319), mientras que fuera de esta región su efecto se
anula por interferencia; por tanto, el observador verá nacer y morir espontáneamente crestas de
ondas con vector de onda ks propagándose con la velocidad de fase cs . Este hecho muestra clara-
mente que la energı́a para formar las ondas del grupo debe viajar con la velocidad del observador,
11.2. Ondas lineales en lı́quidos con superficie libre 281
esto es, la velocidad de grupo cg (ks ), que puede identificarse con la velocidad del paquete de on-
das. La extensión espacial del paquete puede estimarse a partir de la condición de que el valor
tı́pico ko de los vectores de onda que contribuyen apreciablemente a (11.319) es, como se deduce
de (11.322)-(11.323),
Esta última ecuación puede invertirse fácilmente para calcular A(k) resultando
σ 2 ηo −k2 σ2 /4
A(k) = e . (11.332)
8π
Sustituyendo (11.332) en (11.330) se obtiene
Z
σ 2 ηo ∞ −k2 σ2 /4 i(k·x−ωo (k)t)
η(x, t) = e [e + ei(k·x+ωo (k)t) ]d2 k. (11.333)
8π −∞
∂ωo 1 ³ g ´1/2 ki
= , (11.334)
∂ki 2 k k
y
∂ 2 ωo g 1/2
= 7/2 (2k 2 δij − 3ki kj ). (11.335)
∂ki ∂kj 4k
A partir de esta última ecuación es fácil calcular
y
sg(λ1 ) + sg(λ2 ) = 0. (11.337)
Por otra parte, el número de onda de las ondas de fase estacionaria para el cálculo de la integral
correspondiente al primer sumando en (11.333) viene dado por
³ g ´1/2 k x
∇k ωo = = , (11.338)
k k t
cuya solución es
gt2
ks (x, t) =er , (11.339)
4r2
donde er = x/x es el vector unitario en dirección radial; el valor de la frecuencia es entonces
gt
ωo (ks ) = (gks )1/2 = . (11.340)
2r
Asimismo los valores de ks0 y ωo (ks0 ) necesarios para calcular la integral del segundo sumando se
obtienen de forma análoga sin más que cambiar ωo por −ωo
gt2 gt
ks0 = − er , ωo (ks0 ) = (gks0 )1/2 = . (11.341)
4r2 2r
Si los resultados anteriores se introducen en (11.328) se obtiene fácilmente la forma de la superficie
libre, que puede escribirse en variables adimensionales como
µ ¶1/2
√ η τ2 4 4 gt2 |x|
ϕ= 2 = 3 e−τ /4ξ cos(τ 2 /ξ), τ= , ξ= . (11.342)
ηo ξ 4σ σ
la dirección creciente del radio y que la onda muere (la superficie se alisa) a una cierta distancia
de donde se origina; las ondas representadas por (11.342) siguen trayectorias dadas por
τ 2 /ξ = const = C o r = gt2 /(4C), (11.343)
y que su aceleración d2 r/dt2 = g/(2C) es por tanto constante; por otra parte, la velocidad de
propagación de las ondas (g/k)1/2 sólo puede crecer si su longitud de onda aumenta (k disminuye)
a medida que se propaga. Además, en un problema real, la energı́a potencial de la superficie
está confinada en una banda de longitudes de onda próxima a la dimensión caracterı́stica del
objeto causante de la perturbación, por ejemplo, una piedra que cae sobre la superficie de un
estanque, Figura 11.12.
Figura 11.12: Propagación de las perturbaciones generadas por la caı́da de una piedra en un
estanque. Cortesı́a del Laboratorio de Mecánica de Fluidos de la Universidad de Sevilla.
distancias del orden de varios miles de kilómetros sin ser afectado por la viscosidad. Por ejemplo,
medidas de la frecuencia (o periodo por ser más fácil de medir) del oleaje en dos localidades costeras
realizadas en diferentes dı́as permite localizar la zona de la tormenta. En efecto, si el oleaje que
llega a la localidad costera A posee un periodo TA su energı́a ha viajado con una velocidad media
dx/dt = x/t = ∂ω/∂k = (1/2)(g/k)1/2 = gTA /(4π). Si n dı́as más tarde llega a la localidad B un
oleaje de periodo TB que viajó con una velocidad media gTB /(4π), la intersección de las dos rectas
que pasan por A y B con pendientes proporcionales a los respectivos periodos determina la zona
de tormenta y el tiempo en que tuvo lugar, Figura 11.13.
x (miles de Km)
7 B
A 4
3
-4 -3 -2 -1
1 2 3
T
1
t (dias)
Figura 11.13: Diagrama de rayos de ondas dispersivas. Las olas con periodo TB llegan a la localidad
B dos dı́as después que lo hicieran las olas de periodo TA a la localidad A. La tormenta se localiza
a una distancia aproximada de 2700 Km de A y tuvo lugar cuatro dı́as antes de la llegada a A del
oleaje de periodo TA .
∂2φ ∂2φ
+ 2 = 0, (11.344)
∂x2 ∂z
∂η ∂φ ∂η
− +U = 2πP1 δ(x)H(t), (11.345)
∂t ∂z ∂x
11.3. Ondas en una corriente generadas por la presencia de un obstáculo 285
∂φ ∂φ ζ ∂2η
+U + gη − = 2πP2 δ(x)H(t), (11.346)
∂t ∂x ρ ∂x2
donde P1 y P2 son amplitudes constantes que dependen del flujo en las inmediaciones del objeto y se
suponen conocidas, y H(t) es la función escalón de Heaviside. Para resolver el problema de valores
iniciales (11.344)-(11.346), es conveniente expresar φ y η en términos de sus integrales de Fourier
Z ∞
φ(x, z, t) = dkeikx f (k, z, t) (11.347)
−∞
y
Z ∞
η(x, t) = dkeikx s(k, t). (11.348)
−∞
∂2f
− k 2 = 0, (11.349)
∂z 2
que admite soluciones proporcionales a ekz y a e−kz , debiéndose escoger la exponencial positiva
(negativa) si k > 0 (k < 0) de manera que se satisfaga la condición de contorno ∂f /∂z → 0 para
z → −∞; de esta forma se obtiene
∂s
− |k|a + ikU s = P1 H(t), (11.351)
∂t
µ ¶
∂a ζ 2
+ ikU a + k + g s = P2 H(t). (11.352)
∂t ρ
A partir de (11.351)-(11.352) es fácil obtener una única ecuación diferencial de segundo orden
para la variable s
· µ ¶ ¸
∂2s ∂s ζ 2 2 2
+ 2ikU + |k| k + g − k U s = P1 δ(t) + (|k|P2 + iU kP1 ) H(t). (11.353)
∂t2 ∂t ρ
Si la condición inicial para s(k, t) es s(k, 0) = so (k) = s∗o (−k), la integración de (11.353) entre
t = 0 y t = ² > 0, donde ² es un número arbitrariamente pequeño, muestra que la solución de
(11.353) puede obtenerse para t > 0 mediante la integración de
· µ ¶ ¸
∂2s ∂s ζ 2 2 2
+ 2ikU + |k| k + g − k U s = kA(k)H(t), (11.354)
∂t2 ∂t ρ
donde A(k) ≡ sg(k)P2 + iU P1 = −A∗ (−k), junto con las condiciones iniciales
iP1 ³ −iω+ t −
´ so ³ + −iω+ t −
´
s= e − e−iω t + ω e − ω − e−iω t +
2ωo 2ωo
à − +
!
kA e−iω t e−iω t kA
−
− +
− + −, (11.356)
2ωo ω ω ω ω
donde se han definido las frecuencias
con · µ ¶¸1/2
ζ 2
ωo = |k| k +g . (11.358)
ρ
Sustituyendo (11.356) en la integral de Fourier (11.348) se obtiene finalmente la expresión para la
forma de la superficie libre η(x, t). Debido a la presencia de |k| en (11.356) [a través de (11.358)],
es conveniente expresar la integral de Fourier (11.348) en función de integrales extendidas sobre el
rango 0 ≤ k < ∞ (esto es inmediato haciendo el cambio de variable k → −k en las integrales sobre
el rango −∞ < k ≤ 0); se obtiene finalmente, con so = |so |eiχo y A = |A|eiχ
Z ∞
1 £ ¤
η = P1 sen(kx − ω − t) − sen(kx − ω + t) dk+
o ωo
Z ∞
|so | £ + ¤
ω cos(kx − ω + t + χo ) − ω − cos(kx − ω − t + χo ) dk+
o ωo
Z ∞
k £ ¤
|A| +
cos(kx + χ − ω − t) − cos(kx + χ − ω + t) dk+
o ωo ω
Z ∞
k £ −
¤
2|A| cos(kx + χ − ω t) − cos(kx + χ) dk. (11.359)
o ω+ ω−
Las integrales en (11.359) pueden realizarse numéricamente sin dificultad para cada x y t
fijos,22 lo que permite obtener el valor de η para cualquier posición e instante. No obstante, se
analizará seguidamente la solución de (11.359) para t → ∞ y para la situación de interés en la
que valores de los parámetros son tales que se tienen ondas estacionarias
p para tiempos grandes, lo
que requiere que la ecuación ω − ≡ U k − ωo (k) = 0, con ωo = k 3 ζ/ρ + gk , posea raı́ces reales;
como se verá, dicha condición es equivalente a la condición de que la velocidad de la corriente
sea siempre mayor que el mı́nimo de la velocidad de propagación de las ondas relativa a la de la
corriente, com = ωo (km )/km = (4gζ/ρ)1/4 , calculado en 11,2 (véase Figura 11.9). En efecto, es fácil
comprobar que las dos raı́ces no nulas de la ecuación ω − = 0, escritas en términos del parámetro
adimensional α = 4gζ/(ρU 4 ) = (com /U )4 , son
ρU 2 √ ρU 2 √
kg = (1 − 1 − α) y kc = (1 + 1 − α), (11.360)
2ζ 2ζ
que son reales si α ≤ 1. Los subı́ndices en los valores (11.362) son debidos a que en el lı́mite de
grandes velocidades, α << 1, se tienen kg ' ρU 2 α/(4ζ) = g/U 2 y kc ' ρU 2 /ζ, correspondientes
22 La integración numérica puede realizarse de forma muy eficiente transformando cada integral en una ecuación
√ p
a ondas estacionarias puramente gravitatorias (ωo = gk) y puramente capilares (ωo = k 3 ζ/ρ)
respectivamente; por tanto, se suele asociar kg con ondas de tipo gravitatorio y kc con ondas de
tipo capilar (bien entendido que dichos tipos serán “puros” sólo si α = 0). Los valores en kg y en
kc de la velocidad de grupo, ω̇ − ≡ dω − /dk = U − (3ζk 2 /ρ + g)/(2ωo ), resultan
U√ U√
ω̇ − (kg ) = 1−α y ω̇ − (kc ) = − 1 − α. (11.361)
2 2
Se observa fácilmente que en todas las integrales de (11.359), salvo la última, las funciones osci-
lantes están multiplicadas por factores integrables en todo el rango de k, por lo que los integrandos
son funciones acotadas y altamente oscilantes para x fijo y grandes valores de t y las integrales
tienden a cero en el lı́mite t → ∞; de hecho si se aplica el método de la fase estacionaria de la
sección anterior se observa cómo dichas integrales decaen como t−1/2 para tiempos grandes. Por
tanto, la contribución principal a η(x, t) resulta de la última integral en (11.359). Para calcularla,
obsérvese que dicha integral es la parte real de
Z ∞ −
kei(kx+χ) (e−iω t
− 1)
dk, (11.362)
o ω+ ω−
−
y que la función (e−iω t − 1)/ω − se comporta como una delta de Dirac para t → ∞ cerca de
las raı́ces de ω − (11.360). En efecto, si ko denota cualquiera de las dos raı́ces, dicha función vale
(−it) → ∞ en k = ko , y para valores k 6= ko la función decae en amplitud de una forma altamente
oscilante al variar ω − con un periodo tı́pico 2π/t → 0. Por tanto, las contribuciones principales a la
integral (11.362) provienen de entornos muy reducidos de k centrados en los ceros no nulos de ω − ;23
en tal entorno de ko puede considerarse k = k(ω − ) y, en primera aproximación, k ' ko +ω − /ω̇ − (ko ).
Si se introduce en (11.362) la nueva variable de integración ξ ≡ ω − t es fácil ver que la contribución
del entorno alrededor de ko , k ' ko + ξ/[tω̇ − (ko )], es
Z ∞
ko (e−iξ − 1)
ei[ko x+χ+ξx/[tω̇ (ko )]]
−
+ −
dξ, (11.363)
ω (ko )|ω̇ (ko )| −∞ ξ
2πko sen(ko x + χ)
− [sg(β − 1) − sg(β)] . (11.366)
ω + (ko )|ω̇ − (ko )|
La expresión (11.366) muestra que la raı́z ko sólo contribuye a la solución estacionaria para tiempos
grandes si 0 < β < 1. Puesto que ω̇ − (kg ) > 0 y ω̇ − (kc ) < 0, la condición β > 0 implica que aguas
abajo del objeto (x > 0) se forman sólo ondas del tipo gravitatorio mientras que aguas arriba
(x < 0) del mismo se forman sólo las del tipo capilar. Por otra parte, la condición β < 1 muestra
23 La contribución cerca de k = 0 (que también es un cero de ω − ) es despreciable frente a las otras dos debido a
√
que el factor k/ω + ' k/ gk → 0 para k → 0.
288 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
que, como se ha señalado ya más arriba, la energı́a para formar las ondas no puede viajar a una
velocidad mayor que la velocidad de grupo por lo que existirán ondas estacionarias sólo en el
dominio tω̇ − (kc ) < x < tω̇ − (kg ), que es formalmente infinito para t → ∞. Si se sustituyen en
(11.366) los valores correspondientes a kg y kc dados por (11.360) y (11.361) se obtiene finalmente
las soluciones
8|A|π
η(x) = − √ sen(kg x + χ), x > 0. (11.367)
U2 1−α
8|A|π
η(x) = − √ sen(kc x + χ), x < 0. (11.368)
U2 1 − α
Se observa, por tanto, que las ondas de gravedad, al poseer una velocidad de grupo dωo /dk menor
que la de la corriente U , aparecen detrás del obstáculo, mientras que las capilares, que poseen una
velocidad de grupo mayor que U aparecen delante del obstáculo (la energı́a de estas ondas puede
propagarse aguas arriba). En efecto, en la Figura 11.14 se observan las ondas de tipo gravitatorio
formadas detrás de una embarcación mientras que en la Figura 11.15 se muestran las ondas capilares
formadas delante de un objeto en el seno de una corriente de agua. Obsérvese que para el agua
(ζ = 0,07N/m) a una velocidad tı́pica de U ∼ 1m/s se tiene α ' 3 × 10−3 << 1, por lo que las
ondas formadas son gravitatorias y capilares prácticamente puras.
Figura 11.14: Ondas longitudinales y transversales generadas por un obstáculo que se desplaza con
velocidad U sobre la superficie de agua.
ω = U kx + ωo , (11.369)
con q
p
ωo = g k, k= kx2 + ky2 . (11.370)
11.3. Ondas en una corriente generadas por la presencia de un obstáculo 289
Figura 11.15: Ondas capilares estacionarias generadas por una aguja de 2 mm de diámetro. La
fotografı́a está tomada desde el fondo del canal cuya pared es un cristal. Cortesı́a del Laboratorio
de Mecánica de Fluidos de la Universidad de Sevilla.
Nótese que se tratan sólo las ondas de gravedad, pues para las dimensiones usuales de un barco
son éstas las únicas que se excitan significativamente. Puesto que se trata de un medio homogéneo
U = const, profundidad grande frente a las longitudes de onda, el número de onda se mantiene
constante a lo largo de los rayos como se indica en (11.236). Las componentes según los ejes x e y
de la velocidad de grupo serán, de acuerdo con (11.247)
r
∂ω ∂ ωo ∂ ωo ∂ k 1 g kx
cx = =U+ =U+ =U+ , (11.371)
∂ kx ∂ kx ∂ k ∂ kx 2 k k
r
∂ω 1 g ky
cy = = . (11.372)
∂ ky 2 k k
Matemáticamente los rayos vienen definidos por dx/dt = cg y proyectando según los ejes x e y se
tiene r r
dx 1 g kx dy 1 g ky
=U+ y = . (11.373)
dt 2 k k dt 2 k k
o en el plano (x, y) r
1 g ky
dy 2 k k
= r , (11.374)
dx 1 g kx
U+
2 k k
donde kx y ky son constantes a lo largo de cada rayo y por tanto su integración proporciona
r
1 g ky
y 2 k k
= r . (11.375)
x 1 g kx
U+
2 k k
Obsérvese que en la integración de (11.374) se ha supuesto el barco como un punto, que se toma
como origen, y los rayos son rectas que parten del origen; naturalmente este modelo es válido
290 Capı́tulo 11. Ondas lineales en fluidos
únicamente a distancias del barco grandes comparadas con las dimensiones del mismo. Puesto que
se buscan ondas estacionarias respecto al barco, ω = 0, y por tanto de (11.297)
p
U kx + gk = 0. (11.376)
Las ecuaciones (11.375) y (11.376) proporcionan los valores de kx y ky , o k 2 = kx2 + ky2 , en cada
punto de la superficie lı́quida (x, y). En efecto, definiendo
r q
kx g ky
=− , = ± 1 − (kx /ky )2 , (11.377)
k k U2 k
Es de interés mencionar que existen dos posibles valores reales de kx /k si el punto (x, y) está situado
dentro de la cuña
y 1
0≤ ≤ √ , (11.379)
x 2 2
√ √
mientras que no existe solución para y/x > 1/2 2. El valor tan θmax = (y/x)max = 1/2 2
suministra
√ el ángulo de Kelvin θmax = 19, 47o . La curva separatriz de la región sin ondas y =
(1/2 2)x se llama cáustica. Nótese que sobre ella k es discontinua, del lado de las ondas (kx /k)2 =
2/3 mientras que del otro lado su valor es nulo. Obsérvese por tanto que la condición ∂/∂ x ¿ kx
deja de ser válida en distancias de la cáustica del orden de la longitud de onda. Una vez obtenida
(11.379), la ecuación para las crestas se obtiene a partir de la condición α = const., donde
α = kx x + ky y − ω t = kx x + ky y, (ω = 0), (11.380)
y
0 = kx d x + ky d y. (11.381)
Se tiene entonces
dy kx kx /k
=− = −p , (11.382)
dx ky 1 − (kx /k)2
con kx /k = f (y/x) dado por (12.278). En la Figura 11.16 se dibujan las crestas obtenidas por
integración de (11.382). Obsérvese que existen dos tipos de ondas, denominadas divergente y trans-
versal, asociadas a los dos valores de u existentes en cada punto del dominio fluido. Es interesante
observar que el modelo representado en la Figura 11.16 reproduce cualitativamente los resultados
de la Figura 11.14 incluso a distancias de la embarcación donde el barco no puede ser modelado
como una fuente puntual. Obsérvese en la Figura 11.14 el ángulo de Kelvin de las ondas detrás de la
embarcación y la presencia de ondas divergentes y transversales que se anulan sobre las cáusticas.
Conviene indicar que el método de rayos no describe apropiadamente el campo fluido cerca de las
caústicas (zona definida por la importancia de los fenómenos de interferencia y difracción de ondas
son importantes y deben de retenerse en las ecuaciones las variaciones espaciales de mayor orden).
11.3. Ondas en una corriente generadas por la presencia de un obstáculo 291
S
TE
EN
RG
DIVE
S
DA
ON
ONDAS
TRANSVERSALES
A. P. Dowling y J. E. Ffowcs Williams, Sound and Sources of Sound, Ellis Horwood, 1983.
A. D. Pierce, Acoustics, American Institute of Physics, ASA, 1991.
L. Landau y L. Lifshitz, Fluid Mechanics, Curso de Fı́sica Teórica, vol. 5, Pergamon, 1958.
J. Lighthill, Waves in Fluids, Cambridge University Press, 1978.
H. Lamb, Hydrodynamics, Cambridge University Press, 1975.
Capı́tulo 12
Ondas no-lineales
12.1. Introducción
En el capı́tulo anterior se ha considerado el caso de la propagación de perturbaciones pequeñas
en el seno de fluidos. Conviene extender el análisis al caso de la propagación de perturbaciones
de amplitud finita; esto es, cuando en algún punto o región finita del dominio fluido se producen
variaciones de las magnitudes fluidas del orden de ellas mismas durante tiempos suficientemente
cortos. Este tipo de problemas aparecen regularmente en la dinámica de gases a altas velocidades
(velocidad del gas comparable o superior a la del sonido) y en el ámbito de la Ingenierı́a Hidráulica.
Ejemplos tı́picos son: la corriente subsónica, o supersónica, alrededor de obstáculos, el movimiento
de un gas en un tubo de choque, el movimiento unidireccional de un gas generado por un pistón
que se mueve normalmente a sı́ mismo a gran velocidad, o la expansión de un gas desde un depósito
al vacı́o a través de una tobera o de un conducto cualquiera. El conocimiento de la propagación
de ondas no lineales en una superficie lı́quida libre en presencia del campo gravitatorio es, por
otra parte, esencial para abordar el diseño de canales, riadas y otros problemas frecuentes en la
Ingenierı́a Hidráulica.
293
294 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
donde xT (t) representa las trayectorias de las partı́culas fluidas. Expresiones equivalentes a las
ecuaciones (12.3) y (12.4) para un gas perfecto son
¯
p 2 d p ¯¯ p
= const y a = =γ . (12.5)
ργ d ρ ¯S ρ
En efecto, obsérvese que si S = S(ρ, p), entonces
∂S ∂S
dS = dρ + dp (12.6)
∂ρ ∂p
y
∂S ∂S ∂ρ ∂S ∂p ∂S ∂S ∂ρ ∂S ∂p
= + , = + . (12.7)
∂t ∂ρ ∂t ∂p ∂t ∂x ∂ρ ∂x ∂p ∂x
Introduciendo (12.7) en (12.3) se tiene
µ ¶ µ ¶
∂p ∂p ∂S ∂ρ ∂ρ ∂S
+u + +u = 0, (12.8)
∂t ∂x ∂p ∂t ∂x ∂ρ
y dado que S = const es solución de la ecuación (12.3), se obtiene de (12.6)
¯
∂S ∂ S d p ¯¯ ∂S
=− ¯ = −a2 , (12.9)
∂ρ ∂ p dρ S ∂p
y la ecuación (12.8) se escribe
µ ¶ µ ¶
∂p ∂p 2 ∂ρ ∂ρ
+u −a +u = 0, 1 (12.10)
∂t ∂x ∂t ∂x
o
dp dρ
− a2 = 0, (12.11)
dt dt
que muestra que en su movimiento la partı́cula fluida experimenta cambios en la presión y en la den-
sidad que no son arbitrarios, sino que están ligados por la ecuación (12.10) o (12.11) o por la
condición de entropı́a constante.
Teniendo en cuenta (12.11), es conveniente escribir la ecuación (12.1) en la forma
∂p ∂p ∂u
+u + ρ a2 = 0. (12.12)
∂t ∂x ∂x
Por otra parte, si a (12.12) se le suma la ecuación (12.2) multiplicada por el factor ρ a se tiene
µ ¶ µ ¶
∂p ∂u ∂p ∂u
+ ρa + (u + a) + ρa = 0, (12.13)
∂t ∂t ∂x ∂x
mientras que si se le resta se obtiene
µ ¶ µ ¶
∂p ∂u ∂p ∂u
− ρa + (u − a) − ρa = 0. (12.14)
∂t ∂t ∂x ∂x
La forma de las ecuaciones (12.13) y (12.14) resulta especialmente útil para ser integradas utilizando
el método denominado de las caracterı́sticas. En efecto, (12.13) y (12.14) pueden escribirse en la
forma
1 dp du dx
+ =0 sobre la familia de curvas C + definida por = u + a, (12.15)
ρa dt dt dt
1 En lo que sigue el operador D/Dt = ∂/∂t + u∂/∂x (movimiento unidireccional) se denotará por d/dt.
12.2. Movimiento unidireccional de un gas 295
y
1 dp du dx
− =0 sobre la familia de curvas C − definida por = u − a. (12.16)
ρa dt dt dt
Las curvas C + y C − representan los puntos de las trayectorias que seguirı́a un observador que
se moviese con velocidad ± a relativa al fluido. Nótese que la linealización de (12.15) y (12.16)
suponiendo pequeñas perturbaciones en la presión p0 y velocidad u0 en torno a unos valores de
referencia, suministra las ecuaciones de la Acústica obtenidas en el Capı́tulo 11
dp du dx
+ ρo ao =0 sobre C + , C+ ≡ − ao = 0, (12.17)
dt dt dt
dp du dx
− ρo a o =0 sobre C − , C − ≡ + ao = 0. (12.18)
dt dt dt
Las ecuaciones anteriores pueden ser integradas una vez para dar
p − po + ρo ao u = F (x − ao t), (12.19)
y las ecuaciones (12.15) y (12.16), teniendo en cuenta (12.22), pueden ser integradas una vez para
dar
2 dx
I+ = a + u = const sobre = u + a, (12.22)
γ−1 dt
y
2 dx
I− = a − u = const sobre = u − a. (12.23)
γ−1 dt
Las funciones I + e I − constituyen los denominados invariantes de Riemann que permiten escribir
las ecuaciones del movimiento (12.13) y (12.14) en la forma
· ¸
∂ ∂
+ (u + a) I + = 0, (12.24)
∂t ∂x
· ¸
∂ ∂
+ (u − a) I − = 0, (12.25)
∂t ∂x
que indican que las cantidades I + e I − permanecen constantes a lo largo de las caracterı́sticas C +
y C − respectivamente. Esto es, si en algún punto del dominio fluido y en un instante to se origina
una perturbación del flujo en las cantidades I + e I − , ésta se propaga en el dominio fluido a lo
largo de C + y C − y con velocidades u + a y u − a respectivamente. Los invariantes de Riemann
pueden ser visualizados como ondas viajeras que propagan la información con una velocidad a ± u,
superposición de la velocidad de propagación relativa al gas, la del sonido, más la velocidad de
convección del gas mismo. Por las caracterı́sticas C + se propagan ondas en el sentido del flujo
mientras que a lo largo de C − lo hacen en sentido contrario. En cada instante de tiempo y por
296 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
cada punto del dominio fluido pasan dos curvas caracterı́sticas, de las familias C + y C − , que definen
un valor de los invariantes I + e I − y, por tanto, suministran una pareja de ecuaciones algebraicas
para determinar la velocidad del fluido y la del sonido. Conocido a y el valor de la entropı́a y la
velocidad en ese punto e instante, los valores de la presión y la densidad se determinan fácilmente
mediante (12.21).
Un caso particular de lo anterior, para el que la solución del problema resulta enormemente
simplificada, lo constituye el caso de ondas simples caracterizadas, porque uno de los invariantes de
Riemann es constante en todo el dominio fluido. Un movimiento de este tipo se genera cuando un
pistón se desplaza en el interior de un conducto de sección constante con velocidades comparables
a las del sonido. Inicialmente, se supone el gas en reposo a presión po y densidad ρo (ao = γ po /ρo )
limitado a su izquierda por un pistón. El pistón inicialmente situado en x = 0 describe una
trayectoria xp (t) como la que se indica en el diagrama (x, t) de la Figura 12.1.
xp(t) t C+
C-
x=aot
Figura 12.1: Resolución geométrica, en el plano (x, t), del movimiento de un gas inducido por un
pistón.
del gas en contacto con el pistón es igual a la velocidad de éste; matemáticamente se expresa por
¯
d xp ¯¯
up (τ ) = = ẋp (τ ). (12.28)
d t ¯t=τ
p p
t=t0
t>t0
p0
p0 p0
x x
Para entender mejor este efecto asociado al carácter no-lineal de las ecuaciones, considérese el
caso en que se produce, en el instante inicial, una perturbación arbitraria de las magnitudes fluidas,
por ejemplo de la presión como se representa en la Figura 12.2. Como se sabe, esta perturbación
se propagará en forma de una onda cuya velocidad de propagación, la del sonido, es función de p.
Como consecuencia de la diferencia en la velocidad de propagación, el perfil cambiará su forma de
modo que en los puntos donde hay compresión (p > po ) se mueven hacia adelante más rápidamente
que en las de expansión. Finalmente, el perfil de presiones resultará multievaluado con tres valores
de la presión en un mismo punto como indica en la Figura 12.2 para t < to . Naturalmente, esta
solución es fı́sicamente inaceptable. En realidad, inmediatamente antes de que la solución sea
multievaluada, se forma una discontinuidad denominada onda de choque. Es importante destacar
que la presencia de discontinuidades en las magnitudes fluidas resulta en valores grandes de la
disipación viscosa, y de la conducción de calor, asociados a los grandes valores de los gradientes
de velocidades y temperaturas en la discontinuidad (infinitos en primera aproximación). Como se
verá más adelante, lo que sucede en realidad es que centrada en la discontinuidad existe una capa
de espesor muy pequeño comparado con la longitud caracterı́stica del flujo, donde la viscosidad es
importante y las magnitudes fluidas varı́an de un modo continuo a través de ella. Naturalmente,
cuando el flujo se observa con la longitud caracterı́stica del flujo, el espesor de la onda de choque es
nulo en primera aproximación y deviene en una discontinuidad. A ambos lados de la discontinuidad,
el flujo es isentrópico, pero la entropı́a de las partı́culas que la atraviesan no se conserva.
El tiempo tR necesario para que se forme una solución multievaluada puede obtenerse fácilmente
de la solución (12.31)-(12.32), aunque naturalmente, esta solución no es ya válida para tiempos
t ≥ tR . En efecto, soluciones multievaluadas aparecen en el instante en el que los perfiles de las
magnitudes fluidas presentan una pendiente infinita; por ejemplo, derivando la velocidad respecto
a x se tiene
¯
∂ u ¯¯ ∂u∂τ
¯ = , (12.34)
∂x t ∂τ ∂x
12.2. Movimiento unidireccional de un gas 299
y como ∂ u/∂ τ es distinta de infinito se debe tener ∂ x/∂ τ = 0 para que el gradiente espacial de
la velocidad sea infinito. Derivando la ecuación (12.31) respecto a t, resulta
· ¸
dx γ+1 γ−1
= ẍp (t − τ ) − ao + ẋp (τ ) ; (12.35)
dτ 2 2
obsérvese, como ya se anticipó al predecir el colapso de la solución correspondiente a un tren de
ondas de compresión, que (12.35) sólo puede anularse si ẍp (τ ) > 0. De (12.35) se tiene
γ−1
2 ao + 2 ẋp (τ )
tR = τ + , (12.36)
γ+1 ẍp (τ )
que junto a la condición de mı́nimo, d tR /d τ = 0, permiten determinar el tiempo mı́nimo tR de
formación de la onda de choque.
La solución (12.31) y (12.32) debe modificarse ligeramente en el caso de un pistón moviéndose
en el sentido de las x negativas cuando ésta se mueve con velocidades superiores a las de un cierto
valor lı́mite. En efecto, la velocidad máxima que puede alcanzar un gas es la que corresponde a
una expansión al vacı́o (ρ = 0, p = 0, a = 0) y de (12.26) se tiene
2
umax = − ao . (12.37)
γ−1
La velocidad umax se denomina a veces velocidad de escape del gas originariamente en reposo.
Figura 12.3: Movimiento de un gas inducido por la aceleración de un pistón a velocidades mayores
que la de escape.
La Figura 12.3 resume el diagrama de caracterı́sticas y la solución analı́tica viene dada por:
u=0 y a=0 en x ≥ ao t,
γ−1
u = ẋp (τ ) y a = ao + ẋp (τ ) en xv (τ ) ≤ x ≤ ao t con τ ≤ τo ,
2
2
a = 0 (vacı́o) en xp (τ ) ≤ x ≤ xv = xp (τo ) − ao (t − τo ) con τ ≥ τo . (12.40)
γ−1
Obsérvese que la frontera de separación gas-vacı́o es una caracterı́stica C + que es tangente a la
curva xp (τ ) en el punto τo .
Figura 12.4: Movimiento de un gas inducido por el arranque instantáneo de un pistón con velocidad
mayor que la de escape.
Otro caso de interés es aquel en el que el pistón arranca instantáneamente con velocidad mayor
que la de escape del gas. La solución de este problema puede obtenerse fácilmente de la anterior
en el lı́mite τo → 0. En este caso las caracterı́sticas son rectas que pasan por el origen, y cuya
ecuación es
dx γ−1
= u + a = ao + u. (12.41)
dt 2
El diagrama de caracterı́sticas se muestra en la Figura 12.4 y la solución se obtiene fácilmente de
(12.26) y (12.41)
u = 0 y a = ao si x > ao t,
2 ³ x ´ γ−1 2
u= − ao y a = ao + u si − ao t ≤ x ≤ ao t
γ+1 t 2 γ−1
2
a = 0 si x ≤ − ao t. (12.42)
γ−1
Como se indicó anteriormente, un gas originalmente en reposo puede acelerarse de modo no
estacionario mediante una onda de rarefacción hasta velocidades que no excedan la velocidad de
escape. Cada una de las ondas infinitesimales de expansión que se propagan hacia la derecha
aceleran el fluido que las atraviesa moviéndose hacia la izquierda hasta alcanzar la velocidad de
escape. La Figura 12.4 y la solución dada por (12.42) corresponde también al caso de la expansión
al vacı́o de un gas que en el instante inicial está en reposo y separado del vacı́o por una membrana
situada en x = 0 que se rompe en el instante inicial.
12.3. Discontinuidades en movimientos de fluidos ideales 301
Figura 12.5: Onda de choque desprendida delante de la bala de rifle que viaja a número de Mach
M=1.1. En la figura se observan también ondas de choque y de expansión sobre la bala y su estela.
El mecanismo fı́sico de formación de una onda de choque está ligado al hecho de que cuando
un obstáculo se acelera emite ondas de compresión que informan al fluido del cambio habido en
las condiciones de contorno. Como es sabido, esta información se propaga relativa al fluido con la
velocidad del sonido. Si el movimiento es subsónico (U < a∞ ), la información se propaga corriente
arriba del obstáculo y el fluido se adecúa gradualmente al cambio experimentado por la velocidad
del obstáculo. Por el contrario, cuando la velocidad del obstáculo es supersónica, la información
no puede propagarse corriente arriba más que hasta el punto donde la velocidad del fluido y la
del sonido se igualen. Las ondas de compresión se agolpan a una cierta distancia corriente arriba
del obstáculo y se forma una onda de choque. Aguas arriba de la onda la corriente es supersónica y
no se modifica por la presencia del obstáculo. A través de la onda, y como se verá más adelante, el
flujo pasa de supersónico a subsónico, de forma que detrás de la onda de choque la corriente siente
la presencia del obstáculo y se adapta a las condiciones que impone su presencia. Una caracterı́stica
general de todos estos ejemplos es que el flujo relativo a la onda debe ser supersónico en alguna
región del campo fluido y la deceleración hasta una velocidad subsónica se realiza a través de la
onda (en el ejemplo del pistón considerado al final de la sección 12.6, la onda de choque formada
se propaga a velocidad supersónica en el medio no perturbado).
Por supuesto, en la realidad, las presuntas discontinuidades no son tales sino que son regiones
delgadas donde los gradientes de las magnitudes fluidas son tan acusados que la hipótesis de
fluido ideal cesa de ser válida. Como el espesor de estas regiones tienden formalmente a cero en
2 M. van Dyke, An Album of Fluid Motion, Parabolic Press, 1982.
302 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
lo que es siempre posible por tratarse de una discontinuidad matemática y, a pesar de que dσ es
también infinitesimal, δ puede hacerse tan pequeño como se quiera. En la realidad, la discontinuidad
tiene espesor finito, pero tiende formalmente a cero en el lı́mite Re → ∞; la única limitación sobre
δ es que debe ser lo suficientemente grande como para que las dos superficies frontales estén
inmersas en el fluido ideal, es decir, lejos de la región de transición donde los efectos disipativos
son importantes.
Para el análisis de la discontinuidad conviene escribir las ecuaciones de continuidad, cantidad
de movimiento y energı́a en forma de ecuaciones de conservación que adoptan la forma siguiente
∂ρ
+ ∇ · (ρ v) = 0, (12.43)
∂t
∂(ρ v) = =
+ ∇ · (ρ v v + p I − τ 0 ) = 0, (12.44)
∂t
12.4. Ecuaciones de conservación a través de una discontinuidad 303
· µ ¶ ¸
∂[ρ(e + u2 /2)] u2 =
0
+∇· ρ h+ v − q− τ ·v = 0, (12.45)
∂t 2
=
donde I es el tensor unidad. La condición (dσ)1/2 À δ da lugar a que los flujos de las magnitudes
fluidas a través de la superficie lateral del volumen de control sean pequeños comparados con los
flujos frontales, y a que los términos volumétricos de las ecuaciones de conservación, proporcionales
a δdσ/to , donde to es el tiempo caracterı́stico de variación de las magnitudes fluidas, sean también
despreciables frente a los términos convectivos, de orden v · ndσ; esto es, el espesor de la superficie
de discontinuidad δ es tan pequeño que el tiempo de residencia de las partı́culas fluidas, δ/V es muy
pequeño frente a to y, por tanto, el movimiento es casi-estacionario en primera aproximación (V es
aquı́ la velocidad caracterı́stica del gas respecto a la discontinuidad). En general, la discontinuidad
será móvil, propagándose a velocidad supersónica respecto al fluido; no obstante, para el análisis de
la discontinuidad se tomarán ejes ligados a la misma, de modo que v representa aquı́ la velocidad
del fluido respecto a la discontinuidad. Con estas condiciones, las ecuaciones (12.43)-(12.45) pueden
integrarse, después de usar el teorema de Gauss en el volumen de control indicado, para dar
ρ1 v1 · n = ρ2 v2 · n, (12.46)
reposo, véase Figura 12.7. Debe indicarse, sin embargo, que este tipo de flujos no pueden, salvo en
sus comienzos, ser tratados como discontinuidades fluidas por las razones siguientes: crecen muy
rápidamente aguas abajo y, por otra parte, son muy inestables, aun a bajos números de Reynolds, y
dan lugar a capas de mezcla turbulentas que requieren un tratamiento distinto para su resolución.
a)
v1
v2
b)
reaccionan quı́micamente entre sı́ en el interior del frente variando su concentración de un lado
a otro de la discontinuidad, además de modificar la ecuación de la energı́a como ya se ha dicho,
puesto que las reacciones quı́micas son exotérmicas. La escala de tiempo de las reacciones quı́micas
suele ser muy pequeña en relación a los tiempos caracterı́sticos del movimiento fluido y por ello
se habla de un frente (discontinuidad) de combustión. Para que estas reacciones quı́micas se pro-
duzcan, la temperatura tiene que subir por encima de un cierto valor, ya que la cinética quı́mica
es proporcional (en un gas ideal) a exp(−Eo /Rg T ), donde Eo es una energı́a de activación. Supe-
rada esa temperatura (de ignición), las reacciones quı́micas se propagan espontáneamente debido
a su carácter exotérmico; de esta forma, un frente de combustión avanza hacia los gases frescos
(reactantes) y los transforma, a su paso, en gases quemados. En esencia, esto es lo que se deno-
mina una deflagración, donde la energı́a liberada por la reacción quı́mica (la cual se inicia por
un calentamiento externo o ignición) calienta por conducción los gases reactantes circundantes,
que ası́ reaccionan quı́micamente y propagan la combustión. La velocidad de propagación de estas
ondas de deflagración depende de la velocidad de la conducción de calor, y su valor se determina
como un autovalor de las ecuaciones que gobiernan el proceso interno de la onda, siendo siempre
menor que la del sonido, en general de unos pocos metros por segundo (para los detalles se puede
consultar, por ejemplo, la referencia antes citada). En una detonación, el calentamiento de los gases
reactantes se produce mediante una onda de choque, que eleva enormemente la temperatura de los
mismos y los hace reaccionar quı́micamente. Ası́, aunque sea considerada como una discontinuidad
en la escala del flujo ideal, su estructura interna consta de dos zonas más o menos delimitadas: una
onda de choque que va calienta los gases frescos seguida de una segunda región, generalmente de
espesor bastante mayor, donde se produce la reacción quı́mica y el gas se calienta aún más. Al ser
una onda de choque la que hace posible la combustión, las detonaciones se propagan supersóni-
camente (se verá en las secciones siguientes que toda onda de choque se mueve, relativamente al
fluido circundante, a una velocidad mayor que la velocidad local del sonido). En lo que resta se
discutirá sólo el caso de las ondas de choque. En particular, se considerarán las ondas de choque
en gases ideales, tanto normales (vt = 0) como oblicuas (vt 6= 0), que son las únicas que podrán
aparecer en algunos de los flujos considerados en las secciones siguientes.
p2
p1
g-1 1 g+1 r1
g+1 g-1 r2
Figura 12.8: La curva sólida corresponde a la relación de Hugoniot y sólo tiene sentido fı́sico la parte
correspondiente a p2 /p1 ≤ 1, mientras que la relación isentrópica se representa mediante la curva
a trazos.
· µ ¶γ ¸
S2 − S1 p2 p1 p2 ρ1 [(γ + 1)/(γ − 1)](ρ2 /ρ1 ) − 1
= ln γ − ln γ = ln = ln ≥ 0, (12.60)
cv ρ2 ρ1 p1 ρ2 [(γ + 1)/(γ − 1) − (ρ2 /ρ1 )](ρ2 /ρ1 )γ
lo que implica que la entropı́a aumenta si y sólo si
γ+1 ρ2
≥ ≥ 1; (12.61)
γ−1 ρ1
esto es, una onda de choque sólo puede ser de compresión, 1 ≤ (p2 /p1 ) < ∞, excluyendo como
fı́sicamente imposible, la parte inferior de la curva de Hugoniot (véase Figura 12.8) en la que
p2 /p1 < 1.4 De (12.53)-(12.57) y (12.61) se obtienen las desigualdades siguientes para las restantes
magnitudes fluidas
γ−1 vn2 ρ1
< = ≤ 1, (12.62)
γ+1 vn1 ρ2
T2 p2 ρ1
1≤ = < ∞, (12.63)
T1 p1 ρ2
r
Mn2 vn2 T1
0< = ≤ 1, (12.64)
Mn1 vn1 T2
4 La inexistencia de ondas de choque de expansión se demostró ya en la sección 12.2.
12.6. Ondas de choque normales 307
v2 ρ1 2 + (γ − 1)M12
= = , (12.68)
v1 ρ2 (γ + 1)M12
p2 2γM12 + 1 − γ
= , (12.69)
p1 γ+1
T2 (2γM12 + 1 − γ)[2 + (γ − 1)M12 ]
= ; (12.70)
T1 (γ + 1)2 M12
el número de Mach de la corriente detrás de la onda y la diferencia de entropı́a entre el gas delante
y detrás de la onda vienen dados por las relaciones
v22 2 + (γ − 1)M12
M22 = = , (12.71)
a22 2γM12 + 1 − γ
308 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
y · µ ¶γ ¸ · · ¸γ ¸
S2 − S1 p2 ρ1 2γM12 + 1 − γ 2 + (γ − 1)M12
= ln = ln . (12.72)
cv p1 ρ2 γ+1 (γ + 1)M12
Por último, de la condición de flujo isentrópico delante y detrás de la onda y de (12.57) y (12.64),
los saltos en las presiones y densidades de remanso vienen dados por
Vo − Vp 2 + (γ − 1)M12 Vo2
= con M12 = (12.75)
Vo (γ + 1)M12 γpo /ρo
relación que permite obtener Vo en función de Vp y de las propiedades del fluido no perturbado,
po y ρo . Una vez obtenido Vo y, por tanto, M1 , las relaciones de Rankine-Hugoniot (12.68)-(12.70)
permiten obtener las condiciones del gas comprimido detrás de la onda de choque, p2 , ρ2 y T2 .
12.7. Ondas de Mach y ondas de choque oblicuas 309
Onda de
a) b) Mach límite
adt adt
U<a U=a
zona de
silencio
Udt Udt
c) zona de
silencio
adt
U>a
Udt
m=sen-1(1/M)
Figura 12.9: Propagación de una perturbación en una corriente a) subsónica, b) sónica y c) su-
persónica.
estos frentes es bastante diferente según que la velocidad de la partı́cula sea subsónica o supersónica.
Si la partı́cula se mueve subsónicamente, U < a (M < 1), Figura 12.9(a), las perturbaciones se
alejan en todas las direcciones sin alcanzarse unas a otras. Avanzan también por delante de la
partı́cula, porque recorren una distancia aδt en el intervalo de tiempo δt, durante el cual la partı́cula
sólo ha recorrido una distancia U δt. Por tanto, cuando un cuerpo se mueve subsónicamente su
presencia se percibe en todo el campo fluido. A la velocidad sónica, U = a [M = 1; Figura
12.9(b)], las perturbaciones se mueven a la misma velocidad que la partı́cula y se acumulan a la
izquierda de ella formando un cierto tipo de frente que lleva el nombre de onda de Mach;5 un
observador situado a la izquierda de la onda no percibirı́a que el móvil se acerca. En movimiento
supersónico, U > a, la situación anterior es todavı́a más pronunciada. Las superficies esféricas de
las perturbaciones no pueden seguir el rápido movimiento de la partı́cula que las originó. Todas
ellas quedan detrás de la partı́cula y están limitadas por una superficie cónica denominada cono
de Mach. De acuerdo con la Figura 12.9(c), el ángulo del cono de Mach es
aδt a 1
µ = sen−1 = sen−1 = sen−1 . (12.76)
U δt U M
Cuanto mayor es el número de Mach de la partı́cula, tanto más esbelto es el cono de Mach; por
ejemplo, µ = 30o cuando M = 2 y es 11,5o cuando M = 5. En el caso lı́mite de flujo sónico, M = 1,
µ = 90o , y el cono de Mach se convierte en un frente plano (onda de Mach) que se mueve con la
partı́cula [Figura 12.10(b)]. Obsérvese que la perturbación originada por la partı́cula supersónica
5 En honor de Ernst Mach, quien en 1887 introdujo este concepto; en particular, la construcción gráfica de la
Figura 12.9, que aparece en casi todos los libros de texto de Mecánica de Fluidos, se debe a él.
310 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
de la Figura 12.9(c) no se podrı́a percibir a no ser que el observador estuviese situado en el cono de
Mach posterior; el campo fluido exterior al cono de Mach se denomina a veces zona de silencio. Por
tanto, un observador en el suelo, situado debajo de la trayectoria de un avión supersónico no oye
el estampido o bang sónico, debido al cono que viaja ligado al avión, hasta cierto tiempo después
de haber pasado éste.
La onda de Mach no tiene por qué ser cónica; por ejemplo, ondas de Mach se forman en la
superficie de cualquier cuerpo sólido en movimiento supersónico debido a las rugosidades de la pa-
red. Estas ondas no tienen necesariamente forma cónica, sino que partiendo de los distintos puntos
de la superficie colapsan sobre una superficie envolvente, que constituye una discontinuidad finita
u onda de choque, generalmente no normal a la corriente (véase Figura 12.10). En general, en
flujos bidimensionales y tridimensionales supersónicos las ondas de choque dejan de ser superficies
perpendiculares al movimiento del fluido y pueden adoptar formas variadas, como las que se mues-
tran en la Figura 12.10, caracterizadas por que la componente tangencial de la velocidad no es
nula sobre ellas, vt 6= 0. En esta sección se considerarán ondas de choque en flujos bidimensionales
supersónicos; en particular, las denominadas ondas de choque oblicuas planas, que se forman, por
ejemplo, en el movimiento sobre cuñas y rincones. Debe añadirse, sin embargo, que las relaciones
que se derivarán son localmente válidas para cualquier onda de choque.
a)
M1 a
b
a
b)
M1 a>amax(M1)
Figura 12.10: Ondas de choque en flujos alrededor de cuñas. a) Onda oblicua ligada al obstáculo. b)
Onda de choque desprendida que se forma cuando el ángulo de la cuña es superior a un determinado
valor αmax .
De la Figura 12.11 se pueden extraer las siguientes propiedades de las ondas de choque oblicuas
1. Para cada valor del Mach incidente existe un ángulo máximo de desviación αmax . Por ejemplo,
en el flujo supersónico alrededor de una cuña con semiángulo mayor que αmax no existe
solución para una onda de choque oblicua recta como la aquı́ encontrada, y en su lugar se
forma una onda de choque curva desprendida del obstáculo [véase Figura 12.10(b)].
312 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
2. Dados α < αmax y M1 , existen dos valores posibles de β que corresponden a una onda de
choque débil y otra fuerte. La onda de choque fuerte da lugar a un ángulo β mayor, puesto
que, de (12.81), para un mismo M1 corresponde a un Mn1 mayor. Por razones de estabilidad,
en la naturaleza se presenta, en general, la onda de choque más débil, la cual corresponde a
M2 > 1, es decir, a un flujo supersónico detrás de la onda de choque (por supuesto, Mn2 < 1,
según se vio en la sección anterior). Las ondas de choque fuertes dan lugar a M2 < 1 (flujo
subsónico) y no suelen presentarse en la práctica, salvo que las condiciones detrás de la onda
ası́ lo exigiesen; por ejemplo, si la presión detrás de la onda de choque fuese incrementada
por algún mecanismo independiente a la onda. La razón es que las perturbaciones generadas
detrás de la onda pueden avanzar hacia la onda y desestabilizarla si el flujo detrás de la onda
es subsónico M2 < 1 (flujo más inestable).
M1>1 m1
m 2
M
q1
q m2
q2 M2>M1
Considérese, entonces, el flujo supersónico alrededor de una esquina formada por dos paredes
planas que forman un ángulo α, Figura 12.12.6 Lo que se desea calcular son las condiciones a la
salida de la onda, M2 , p2 y T2 , conocidas las magnitudes del flujo supersónico incidente, M1 , p1
y T1 y el ángulo de deflexión α. El análisis de este problema es sencillo, ya que, debido a que las
condiciones aguas arriba son uniformes, las magnitudes fluidas en la expansión dependen solamente
del ángulo θ que se ha deflectado la corriente y no de la distancia a la esquina. En coordenadas
polares, (r, θ), con origen en la esquina, y en el supuesto de que las magnitudes fluidas sean
independientes de r, las ecuaciones de continuidad, cantidad de movimiento y conservación de la
entropı́a se reducen a
ρvr + d(ρvθ )/dθ = 0, (12.84)
vθ dvr v2 dvr
− θ =0 → = vθ , (12.85)
r dθ r dθ
vθ dvθ vθ vr 1 dp
+ =− , (12.86)
r dθ r ρr dθ
p/ργ = p1 /ργ1 , (12.87)
donde vr y vθ son las componentes de la velocidad según los ejes r y θ. Si se tiene en cuenta que
(1/ρ)dp/dθ = dh/dθ por ser la corriente isentrópica, (T dS = 0), la integración de la ecuación
(12.86) teniendo en cuenta (12.85) proporciona
vr2 v2 v2 v2
h+ + θ =h+ = h1 + 1 , (12.88)
2 2 2 2
que expresa la conservación de la entalpı́a de remanso a través de la expansión.
Desarrollando la ecuación de continuidad (12.84) se llega a
dvθ dρ dvθ vθ dp
ρvr + ρ + vθ = ρvr + ρ + 2 = 0, (12.89)
dθ dθ dθ a dθ
y eliminando la presión por medio de (12.86) se obtiene finalmente
µ ¶µ ¶
dvθ vθ 2
vr + 1 − 2 = 0. (12.90)
dθ a
6 Este tipo de expansión fue originalmente estudiado por Prandtl (1907) y su discı́pulo Meyer (1908), y de ahı́
su nombre.
314 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
Como puede comprobarse fácilmente por simple inspección de la ecuación (12.90), esta ecuación
admite las soluciones
dvθ
vr + = 0 y vθ = ±a. (12.91)
dθ
Si la primera de las soluciones de (12.91) se sustituye en (12.86) se comprueba fácilmente que la
presión es constante y, por tanto, de (12.87) también lo es la densidad y el resto de magnitudes
fluidodinámicas, de modo que la solución ensayada es la solución trivial correspondiente a una
corriente uniforme que naturalmente no satisface las condiciones de contorno excepto en el caso
trivial α = 0. La solución vθ = a, con θ tomado positivo en la dirección de las agujas del reloj,7
sustituida en (12.88) proporciona
· ¸1/2
2 2 1/2 2 γ+1 2
vr = [2h1 + v1 − 2h − a ] = 2h1 + v1 − a , vθ = a. (12.92)
γ−1
De (12.85) teniendo en cuenta (12.92) se obtiene
dvr γ+1 da
dθ = =− =
a γ − 1 [2h1 + v12 − (γ + 1)a2 /(γ − 1)]1/2
µ ¶1/2
γ+1 da
− , (12.93)
γ−1 [a∗2 − a2 ]1/2
que integrada proporciona
µ ¶1/2
γ+1 a
θ= cos−1 + constante, (12.94)
γ−1 a∗
donde µ ¶
2(γ − 1) v2
a∗2 = h1 + 1 , (12.95)
γ+1 2
y el valor de la constante de integración en (12.94) es irrelevante, puesto que aparecen diferencias
de la función ángulo. Se tiene entonces
µ ¶1/2 µ ¶1/2 µ ¶1/2
∗ γ−1 γ+1 ∗ γ−1
vθ = a = a cos θ, vr = a sen θ (12.96)
γ+1 γ−1 γ+1
y
µ ¶1/2 µ ¶1/2 · ¸1/2
2γ+1 γ−1 γ+1 γ−1
M =1+ tan2 θ o θ= tan −1 2
(M − 1) . (12.97)
γ−1 γ+1 γ−1 γ+1
Obsérvese que a lo largo de las rectas θ = const se mantienen constantes las magnitudes fluidas,
de modo que estas rectas son caracterı́sticas del movimiento. La primera caracterı́stica forma un
ángulo con la corriente dado por
1 1
µ1 = sen−1 = tan−1 p 2 . (12.98)
M1 M1 − 1
La posición de esta caracterı́stica respecto al origen de ángulos (véase Figura 12.12) puede obtenerse
de (12.97)
µ ¶1/2 · ¸1/2
γ+1 γ−1
θ1 = tan−1 (M12 − 1) , (12.99)
γ−1 γ+1
7 La solución vθ = −a debe tomarse si el ángulo θ se mide en la dirección contraria a las agujas del reloj.
12.8. Expansión de un flujo supersónico 315
ν(M1 ) = θ1 + µ1 ; (12.100)
y el valor de M2 con ayuda del Apéndice 12.II. Conocido M2 , y teniendo en cuenta que la expansión
es isentrópica y adiabática (12.87)-(12.88) (se conservan las magnitudes de remanso), se calcuları́an
todas las magnitudes fluidas detrás de la expansión; por ejemplo,
" #γ/(γ−1)
γ−1 2 γ−1 2
T1 1+ 2 M2 p1 1+ 2 M2
= γ−1 , = γ−1 . (12.104)
T2 1+ 2
2 M1
p2 1+ 2
2 M1
Al ser ν(M ) una función monótona creciente (véase Apéndice 12.II) se tiene M2 > M1 > 1; es
decir, el flujo se acelera, se hace más supersónico, a través de una expansión de Prandtl-Meyer.
Por otro lado, de (12.104) se tiene T2 < T1 , p2 < p1 y ρ2 < ρ1 : temperatura, presión y densidad
disminuyen a través de una onda de expansión, contrariamente a lo que ocurrı́a en una onda de
choque o de compresión.
Obsérvese que para un valor dado M1 del número de Mach de la corriente incidente existe un
ángulo máximo de deflexión dado por
Figura 12.13: Expansión de una corriente supersónica a través de una esquina de ángulo mayor
que el máximo de expansión.
Aguas abajo de la caracterı́stica que pasa por el origen, la información de la curvatura de la pared
q1
p1, T1
q
M1>1 m1
y x m
M, p, T
Figura 12.14: Expansión de una corriente supersónica producida por una pared cóncava.
se propaga a través de caracterı́sticas que parten de cada punto de la pared e informan al fluido
12.9. Aguas someras. Movimiento casi-unidireccional, no estacionario 317
para ajustar su desviación a la de la pared (la condición de contorno exige que la corriente sea
localmente paralela a la pared). En este caso las caracterı́sticas son rectas, ya que las magnitudes
fluidas son constantes a lo largo de ellas.8 La ecuación de la caracterı́stica, que parte del punto de
la pared de coordenadas [xp , y(xp )] es
donde θ viene dado por (12.97) y el número de Mach a través de la caracterı́stica se calcula usando
(12.101) en la condición µ ¶
d yp
θ + µ = θ1 + µ1 + tan−1 − . (12.110)
d xp
Una vez determinado el valor de M , el resto de las magnitudes fluidas se calcula entonces a
partir de la conservación de la entropı́a y la entalpı́a de remanso (12.104). Obsérvese que el ángulo
(θ1 +µ1 −θ) entre la caracterı́stica y el eje x decrece monótonamente de modo que las caracterı́sticas
no se cruzan en la región del flujo donde están definidas y la solución dada es uniformemente válida
en todo el dominio fluido.
al de las ondas de expansión descritas en el movimiento no estacionario de la dinámica de gases unidireccional (véase
13.2 ).
9 Por ser el movimiento a altos números de Reynolds los efectos de la viscosidad están confinados en una capa
lı́mite muy delgada adyacente a la solera del canal; fuera de esta capa la velocidad horizontal (paralela a la superficie)
es constante con gran aproximación.
318 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
b) El salto de presiones a través de la superficie libre es nulo; esto implica suponer fuerzas
de tensión superficial despreciables frente a las gravitatorias o lo que es lo mismo, grandes
números de Bond (ρ g L2 /ζ À 1), donde L representa la longitud caracterı́stica de variación
de las magnitudes fluidas en la dirección del eje x o longitud de onda de la perturbación, que
es grande también frente a h;
c) En el fondo del canal, que se considera plano, z = 0, la velocidad vertical es nula
w(x, 0) = 0. (12.115)
conviene recordar que el movimiento de un fluido no viscoso, barótropo, bajo la acción de fuerzas
másicas que derivan de un potencial, que parte inicialmente del reposo, es irrotacional
∂w ∂u
− = 0. (12.118)
∂x ∂z
De la ecuación (12.117) se obtiene
∆z u ∆x w h o
∼ , (12.119)
U U L
donde ∆z u y ∆x w representan las variaciones verticales y horizontales de las componentes de
velocidad horizontal y vertical respectivamente. Desde que w es nula en el fondo, las variaciones
de velocidad vertical son del orden de ella misma y la ecuación (12.118), teniendo en cuenta que
W ∼ U ho /L, proporciona
µ ¶2
∆z u W ho ho
∼ ∼ ¿ 1, (12.120)
U U L L
12.9. Aguas someras. Movimiento casi-unidireccional, no estacionario 319
∂u
h + w(h, x) = 0. (12.121)
∂x
Sustituyendo (12.114) en (12.121) se tiene
∂ h ∂(u h)
+ = 0. (12.122)
∂t ∂x
Nótese que la ecuación (12.122) puede obtenerse también mediante el uso de la ecuación de conser-
vación de la masa en forma integral aplicado al volumen infinitesimal indicado en la Figura 12.15
(volumen por unidad de longitud perpendicular a la figura). En efecto, la variación con el tiempo
de la masa contenida en el volumen infinitesimal es igual al gasto neto que lo abandona
∂
(ρ h d x) + d(ρ u h) = 0, (12.123)
∂t
y dado que x y t son independientes se recupera (12.122).
Finalmente, la ecuación (12.112), teniendo en cuenta (12.117) y (12.119) se escribe
∂u ∂u ∂h
+u +g = 0, (12.124)
∂t ∂x ∂x
que junto con (12.122) constituyen una pareja de ecuaciones para el cálculo de u(x, t) y h(x, t) cuan-
do se imponen condiciones de contorno e iniciales apropiadas; esta pareja de ecuaciones constituye
la denominada aproximación hidráulica.
Es interesante reseñar la analogı́a existente entre las ecuaciones de la hidráulica y las del
movimiento unidireccional de un gas politrópico con γ = 2. En ese caso, las ecuaciones que gobier-
nan el movimiento del gas serı́an
∂ ρ ∂(ρ u)
+ = 0, (12.125)
∂t ∂x
∂u ∂u 1 ∂p
+u =− , (12.126)
∂t ∂x ρ ∂x
p
= C; (12.127)
ρ2
teniendo en cuenta (12.127), la ecuación (12.126) se transforma en
∂u ∂u dρ
+u = −2 C , (12.128)
∂t ∂x dx
de modo que (12.125) y (12.128) se convierten en (12.122) y (12.124) cuando la densidad del gas
se sustituye por la altura de la capa lı́quida y 2 C por g.
Es fácil comprobar que las ecuaciones (12.122) y (12.124) pueden escribirse en la forma
∂ p ∂ p p ∂u
(2 g h) + u (2 g h) + g h = 0,
∂t ∂x ∂x
∂u ∂u p ∂ p
+u + gh (2 g h) = 0,
∂t ∂x ∂x
y en forma caracterı́stica
320 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
∂ p p ∂ p
(u ± 2 g h) + (u ± g h) (u ± 2 g h) = 0. (12.129)
∂t ∂x
Los invariantes de Riemann son en este caso
p
I ± = u ± 2 g h, (12.130)
y se mantienen constantes a lo largo de las familias de caracterı́sticas respectivas
dx p
C± ≡ − (u ± g h) = 0. (12.131)
dt
√
Obsérvese que ± gh es la velocidad relativa al fluido con que se propaga, a lo largo del eje x,
cualquier pequeña perturbación en las magnitudes fluidas originada en un punto cualquiera del
dominio fluido y juega aquı́ el mismo papel que la velocidad del sonido en la dinámica de gases.
Nótese que este resultado fue obtenido en el Capı́tulo 11 al determinar la velocidad de propagación
de las pequeñas perturbaciones de la ondas gravitatorias en la superficie libre de un lı́quido en el
lı́mite en el que la longitud de onda es grande frente a la profundidad √ del medio.
√ Como en la
dinámica de gases, si el fluido se mueve con velocidades menores que g h (u < g h), el flujo se
denomina subcrı́tico y las perturbaciones se propagan aguas arriba y aguas abajo√del punto en √ que
se originan. Por el contrario, si el fluido se mueve con velocidades superiores a g h) (u > g h),
el flujo se denomina supercrı́tico y la perturbación sólo se propaga aguas abajo del punto en que
se origina. Como ocurrı́a en los gases, la deceleración de un flujo supercrı́tico es no isentrópica y
tiene lugar a través de una discontinuidad, denominada resalto hidráulico, cuyo espesor es pequeño
comparado con las dimensiones caracterı́sticas de la corriente. A través del resalto la superficie del
lı́quido experimenta una variación más o menos brusca de su altura y parte de la energı́a cinética
del lı́quido se disipa por viscosidad. El resalto hidráulico es equivalente a una onda de choque en
el movimiento supersónico del gas. El movimiento es supercrı́tico delante del resalto, esto es, el
número de Froude es mayor que la unidad, mientras que es subcrı́tico, F r < 1, detrás.
Como en las ondas de choque, las relaciones de salto pueden ser obtenidas de las ecuaciones de
conservación de masa y cantidad de movimiento en forma integral a un volumen de control como
el de la Figura 12.16 que incluya el resalto. En ejes ligados al resalto es estacionario, el lı́quido
delante de él se mueve con velocidad u1 y su altura es h1 mientras que h2 y u2 son respectivamente
los valores de la altura y velocidad del lı́quido detrás del resalto. Nótese que se está suponiendo
12.9. Aguas someras. Movimiento casi-unidireccional, no estacionario 321
que el espesor del resalto es pequeño comparado con las longitudes caracterı́sticas de variación de
las magnitudes fluidas detrás y delante de él.
La ecuación de conservación de la masa proporciona
u1 h1 = u2 h2 (12.132)
Z h1 Z h2 Z h2
[pa + ρ g(h1 − z)]d z − [pa + ρ g(h2 − z)]d z + pa d z. (12.134)
o o h1
√
Después de integrar, simplificar e introducir el número de Froude incidente F1 = u1 / g h1 se
obtiene q
u2 h1 h2 1
= , = ( 1 + 8 F12 − 1); (12.135)
u1 h2 h1 2
Obsérvese que la altura del lı́quido aumenta al pasar el resalto h2 /h1 > 1 si F1 > 1 mientras que
su velocidad disminuye u2 /u1 < 1.
Para conocer si delante del resalto es F ≥ 1 y, por tanto, si la altura aumenta a través del
resalto, es necesario calcular la variación por unidad de tiempo de la energı́a mecánica contenida
en el volumen de control. Es importante señalar que debido a la disipación viscosa el flujo de
energı́a mecánica (cinética más potencial) que entra en el volumen de control debe ser mayor que
el que sale
u1 h1 [u22 /2 − u21 /2 + g(h2 − h1 )] ≤ 0. (12.136)
Teniendo en cuenta las relaciones (12.135) la ecuación (12.136) proporciona
µ ¶3
h2
1− ≤ 0, (12.137)
h1
y por tanto h2 /h1 ≥ 1, y consecuentemente F1 > 1. La disipación viscosa impone, por tanto, que
la altura del lı́quido aumente a través del resalto y que éste se propague con velocidad supercrı́tica
respecto al medio considerado en reposo.
Como ilustración a la teorı́a de aguas someras estudiada anteriormente, considérese el fallo de
una presa que separa, en un canal, agua a dos alturas diferentes. Cuando la presa falla, se forma
un resalto que se propaga supercrı́ticamente en el medio en reposo de altura h1 como se indica en
la Figura 12.17.
Ondas de expansión viajan en dirección opuesta al resalto para informar al medio que debe
disminuir su altura y ponerse en movimiento siguiendo al resalto.
La solución de este problema puede calcularse fácilmente mediante el método de las carac-
terı́sticas. En efecto, la información se propaga hacia la derecha a través de las caracterı́sticas C +
definidas por la ecuación
dx p
= u + g h; (12.138)
dt
322 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
Figura 12.17: Resalto hidráulico y expansión producidas por la rotura de una presa.
estas caracterı́sticas arrancan de la zona sin perturbar (u = 0, h = h4 ), véase Figura 12.18; a través
de ellas se conserva la cantidad p p
u + 2 g h = 2 g h4 , (12.139)
y en virtud de la constancia de h4 la relación (12.139) se satisface en cada instante en cualquier
punto del dominio fluido perturbado.
y de (12.139)
p 1³ p x´
gh = 2 g h4 − . (12.143)
3 t
Sustituyendo (12.142) y 12.143 en la ecuación de las caracterı́sticas C −
dx x
= u − gh = , (12.144)
dt t
que muestra que las caracterı́sticas C − tienen de ecuación x/t = constante. La expansión repre-
sentada por (12.142) y (12.143) es válida para puntos x e instantes de tiempo t tales que
p x ³ x ´∗
− g h4 ≤ ≤ , (12.145)
t t
donde (x/t)∗ representa la caracterı́stica lı́mite para la que se alcanzan los valores de la velocidad
de la corriente u = u2 y altura de la misma h = h2 detrás del resalto hidráulico
³ x ´∗ 3 p
= u2 − g h4 . (12.146)
t 2
Para puntos x e instantes t tales que
³ x ´∗ x
≤ ≤ U, (12.147)
t t
siendo U la velocidad de propagación del resalto, existe una zona de velocidad u2 y altura h2 que
son uniformes e iguales a los valores de la velocidad y altura detrás del resalto. Para calcular estos
valores ası́ como el valor de (x/t)∗ y la velocidad de propagación del resalto U se utilizarán las
relaciones de salto (12.135) con ejes ligados al resalto; se tiene entonces
U − u2 u2 h1 u2 h1
=1− = o =1− , (12.148)
U U h2 U h2
junto con ·q ¸
h2 1 U2
= 1 + 8F12 − 1 con F12 = . (12.149)
h1 2 g h1
De (12.142) y (12.143) se tiene
" #
³ x ´∗ 3 p 3 2 p
= u2 − g h4 = U 1 − p − g h4 , (12.150)
t 2 2 1 + 8U 2 /(g h1 )
y
1 hp i 1· p (x/t)∗
¸2
2
1 + 8U /(g h1 ) − 1 = 2 h4 /h1 − √ , (12.151)
2 9 g h1
que forman una pareja de ecuaciones algebraicas para determinar (x/t)∗ y U . Una vez conocidos
estos valores, (12.149) y (12.151) proporcionan los valores de u2 y h2 .
W. G. Vincenti y Ch. H. Kruger, Jr., Introduction to Physical Gas Dynamics, Krieger, Nueva
York, 1977.
L. Landau y L. Lifshitz, Fluid Mechanics, Curso de Fı́sica Teórica, vol. 5, Pergamon, 1958.
L. Liepmann y A. Roshko, Elements of Gasdynamics, John Wiley, Nueva York, 1957.
324 Capı́tulo 12. Ondas no-lineales
APÉNDICE 12.I
APÉNDICE 12.II
FUNCIÓN DE PRANDTL-MEYER
M ν µ
1,000E+00 0,000E+00 9,000E+01
1,100E+00 2,332E-02 6,538E+01
1,200E+00 6,210E-02 5,644E+01
1,300E+00 1,077E-01 5,028E+01
1,400E+00 1,569E-01 4,558E+01
1,500E+00 2,078E-01 4,181E+01
1,600E+00 2,594E-01 3,868E+01
1,700E+00 3,108E-01 3,603E+01
1,800E+00 3,617E-01 3,375E+01
1,900E+00 4,117E-01 3,176E+01
2,000E+00 4,604E-01 3,000E+01
2,200E+00 5,538E-01 2,704E+01
2,400E+00 6,413E-01 2,462E+01
2,600E+00 7,228E-01 2,262E+01
2,800E+00 7,984E-01 2,092E+01
3,000E+00 8,684E-01 1,947E+01
3,500E+00 1,022E+00 1,660E+01
4,000E+00 1,148E+00 1,448E+01
4,500E+00 1,254E+00 1,284E+01
5,000E+00 1,343E+00 1,154E+01
6,000E+00 1,483E+00 9,594E+00
7,000E+00 1,588E+00 8,213E+00
8,000E+00 1,669E+00 7,181E+00
9,000E+00 1,733E+00 6,379E+00
1,000E+01 1,786E+00 5,739E+00
2,000E+01 2,028E+00 2,866E+00
5,000E+01 2,177E+00 1,146E+00
13.1. Introducción
Como es sabido, el valor de la viscosidad cinemática del aire en condiciones estándar, ν =
µ/ρ = 1,5 × 10−5 m2 s−1 , es tan pequeño (también para el agua ν = 10−6 m2 s−1 ) que el número
de Reynolds para la mayorı́a de los flujos que tienen lugar en la naturaleza y en el ámbito de
la ingenierı́a es muy grande. Ésa es, por ejemplo, la situación en Aeronáutica, donde el número
de Reynolds varı́a entre 106 y 108 para las velocidades y longitudes caracterı́sticas tı́picas de los
aviones. Dado que el número de Reynolds es una medida del cociente entre las fuerzas de inercia
convectivas y las de viscosidad, las últimas serán despreciables en el movimiento fluido en tanto
que el número de Reynolds sea grande. Se ha visto, no obstante, que la solución no viscosa o ideal
no es uniformemente válida en todo el dominio fluido. Cerca de las paredes sólidas existe una capa
muy delgada, denominada capa lı́mite, donde las fuerzas de viscosidad se hacen tan importantes
como las de inercia y deben ser retenidas en la ecuación de cantidad de movimiento sin importar
cuán grande sea el número de Reynolds de la corriente. Como se indicó en (10.25) la razón del
espesor de la capa lı́mite sobre un obstáculo a la longitud caracterı́stica de éste en la dirección
del movimiento es del orden de Re−1/2 , ası́ que dado un obstáculo la capa lı́mite que se desarrolla
sobre él es tanto más delgada cuanto mayor es el número de Reynolds.
El grado de acuerdo entre los resultados teóricos, obtenidos suponiendo fluido no viscoso, y los
experimentales depende fundamentalmente del comportamiento de la capa lı́mite que se desarrolla
sobre la superficie del obstáculo. En el caso de un cuerpo con geometrı́a fuselada a ángulos de
ataque moderadamente bajos, la capa lı́mite está adherida sobre toda o la mayor parte de la
superficie del obstáculo, Figura 13.1a;1 por el contrario, cuando el ángulo de ataque es grande o el
obstáculo posee forma roma, la capa lı́mite se separa, Figura 13.1b, debido al fuerte crecimiento
que experimenta la presión a partir del punto donde alcanza su valor mı́nimo, que generalmente
está situado en una posición próxima a la del punto de máximo espesor del obstáculo. Para una
explicación de las causas del desprendimiento de la capa lı́mite véase 14.1.
Los experimentos indican que si la capa lı́mite no se separa (o en caso contrario, si lo hace cerca
del borde de salida del perfil, de modo que la capa lı́mite esté adherida sobre la mayor parte de su
superficie), la teorı́a no viscosa predice muy aproximadamente algunas de las caracterı́sticas de la
corriente alrededor de obstáculos a muy altos números de Reynolds; por ejemplo, la distribución
de presiones sobre el obstáculo o la fuerza sustentadora que éste experimenta.
1 En Visualized Flow, The Japan Society of Mechanical Engineers, Pergamon Press, 1988.
327
328 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
a) b)
Figura 13.1: Flujo alrededor del perfil NACA 4412 a dos ángulos de ataque diferentes. a) α = 5o ,
capa lı́mite adherida, b) α = 15o capa lı́mite desprendida.
2 ,5
2
U ¥
a N A C A 0 0 1 2
1 ,5
- C p
0 ,5
- 0 ,5
-1
0 0 ,2 0 ,4 0 ,6 0 ,8 1
x / c
Figura 13.2: Coeficiente de presiones Cp a lo largo de la cuerda de un perfil NACA 0012 a ángulo de
ataque α = 5. La curva continua representa valores calculados mediante la teorı́a potencial exacta
mientras que los puntos representan valores obtenidos experimentalmente (+ Re = 3,8 × 105 ).
Cortesı́a del Laboratorio de Mecánica de Fluidos de la Universidad de Sevilla.
Cuando la capa lı́mite está desprendida los resultados teóricos calculados suponiendo viscosidad
nula difieren considerablemente de los experimentales. En la Figura 13.3 se representan valores
teóricos y experimentales del coeficiente de presiones sobre un cilindro circular. Se observa de la
13.1. Introducción 329
figura que las distribuciones de presiones teórica y experimental se parecen sólo sobre la parte
anterior del cilindro pero no sobre su parte posterior. La discrepancia entre experimentos y teorı́a
es debida al desprendimiento de la capa lı́mite que da lugar a una estela turbulenta cuyo espesor es
del orden de las dimensiones transversales del obstáculo. Como se observa en la figura, la presión en
la estela es bastante uniforme y su valor en esa zona es bastante menor que la calculada mediante
la teorı́a ideal. La distribución de presiones real no es, por tanto, simétrica respecto a θ = π/2 como
predice la teorı́a ideal y, consecuentemente, existe una componente de las fuerzas de presión en la
dirección del movimiento que contribuye de un modo sustancial a la resistencia total del obstáculo.
U¥ q
1
Cp
0
-1
-2
-3
0 30 60 90 120 150 180
q
Figura 13.3: Coeficiente de presiones sobre un cilindro circular. La curva continua representa valores
calculados mediante la teorı́a potencial exacta y los puntos discretos representan valores experi-
mentales (∗ Re = 1,45 × 105 , + Re = 8,45 × 104 ). Cortesı́a del Laboratorio de Mecánica de Fluidos
de la Universidad de Sevilla.
En cuanto a las fuerzas globales sobre el obstáculo, la contribución de las fuerzas de viscosidad
a la sustentación, o componente perpendicular al movimiento de la fuerza que el fluido ejerce sobre
el perfil, es muy pequeña comparada con la de las fuerzas de presión si la capa lı́mite está adherida.
Ası́ que si z es un eje de coordenadas perpendicular a la corriente sin perturbar, la sustentación se
expresa en la forma Z
L= −p nz d σ, (13.2)
Σ
donde c es la cuerda del obstáculo. A la resistencia, o fuerza que se opone al movimiento, contri-
buyen tanto las fuerzas de presión como las de viscosidad
Z =
D = [−pnx + (τ 0 ·n)x ] dσ. (13.5)
Σ
Para muchos propósitos resulta útil descomponer la resistencia en dos sumandos para considerar
separadamente la contribución de la presión y de las fuerzas viscosas. La contribución de las fuerzas
de viscosidad a la resistencia se denomina resistencia de fricción y su expresión matemática es
Z =
Df = (τ 0 ·n)x d σ, (13.6)
Σ
=
donde (τ 0 ·n)x representa la proyección de los esfuerzos viscosos en la dirección del movimiento.
La contribución de las fuerzas de presión a la resistencia viene dada por
Z
Dp = −p nx d σ, (13.7)
Σ
componer la resistencia de presión dada por (13.7) en dos términos: la resistencia de forma y un término adicional,
denominado resistencia inducida (inducida por la sustentación) debida a la energı́a cinética asociada a los torbellinos
de la estela de un obstáculo tridimensional sustentador. En vuelo supersónico, la energı́a de las ondas de Mach (13)
emitidas por el obstáculo contribuye a la expresión (13.7) con un término adicional denominado resistencia de onda.
También, la deformación que experimenta la superficie libre del agua por la presencia de un obstáculo es responsable
de la denominada resistencia de ola que, junto a la de forma, contribuye a la resistencia de presión.
13.2. Ecuaciones y condiciones de contorno de flujos potenciales 331
la distribución de presiones sobre el obstáculo y la fuerza sustentadora sobre el mismo. Por otra
parte, la resistencia de forma no será exactamente cero, como indica el resultado de D’Alambert,
aunque sı́ mucho menor que la resistencia de fricción, que es en este caso la contribución más
importante a la resistencia total.
Conviene enfatizar de nuevo que, como demuestran los experimentos, los resultados de la teorı́a
ideal pueden aplicarse al caso de corrientes reales alrededor de obstáculos a altos números de
Reynolds sólo si la capa lı́mite está adherida al obstáculo. En los casos en que hay separación de la
capa lı́mite existen regiones amplias de la corriente fluida que no están afectadas por la viscosidad.
Sin embargo, la aplicación de la teorı́a ideal para el cálculo del flujo en estas regiones no tiene
éxito por las razones siguientes: 1) la frontera de la capa lı́mite separada no es conocida y su
posición no puede determinarse mediante una teorı́a no viscosa, y 2) las regiones no viscosas están
afectadas por la no estacionariedad de la estela, que introduce frecuencias de cambio asociadas
al desprendimiento de la capa lı́mite, que es un fenómeno esencialmente no estacionario. En estos
casos, para determinar las caracterı́sticas aerodinámicas del flujo, se debe recurrir a experimentos en
túneles aerodinámicos utilizando, como enseña el Análisis Dimensional, modelos a escala reducida.
Conviene anticipar que la simulación numérica directa de las ecuaciones de Navier-Stokes (DNS)3
a números de Reynolds tan grandes como los encontrados en la Aeronáutica cae fuera de las
posibilidades de los ordenadores actuales.
a la del obstáculo. Puesto que la presión y las fuerzas de viscosidad son independientes del sistema
de referencia empleado,4 las fuerzas aerodinámicas que el fluido ejerce sobre el obstáculo son las
mismas, independientemente de que el fluido esté en reposo y el cuerpo se mueva uniformemente
a través de él o de que este último esté en reposo y fluya alrededor de él una corriente estacionaria
de velocidad igual y contraria a la del cuerpo.
Las ecuaciones que gobiernan el movimiento estacionario de un fluido ideal alrededor de un
obstáculo son las de Euler
∇ · (ρ v) = 0, (13.10)
v2
+ ω = ωo , (13.11)
2
S = So , (13.12)
donde ω = h en el caso de gases y ω = p/ρ en el de lı́quidos. Para el caso del movimiento de
lı́quidos, la ecuación que gobierna el potencial de velocidades Φ, que se obtiene de sustituir la
expresión
v = ∇ Φ, (13.13)
en la ecuación (13.10), se reduce a
∇2 Φ = 0. (13.14)
Como condiciones de contorno se impondrá la velocidad del lı́quido en el infinito U∞ , o equivalen-
temente
Φ = U∞ x cuando x2 + y 2 + z 2 → ∞, (13.15)
si se toma el eje x en la dirección y sentido de U∞ . Además y debido a que se está considerando un
lı́quido ideal no se puede imponer la condición de no deslizamiento del fluido sobre el obstáculo; en
la superficie del obstáculo, supuesto impermeable se impondrá la condición de que la componente
normal de la velocidad sea nula
∇ Φ · n = 0, (13.16)
siendo n la normal unitaria en la superficie del obstáculo. Una vez determinado el potencial de
velocidades, la ecuación de Bernouilli, (13.11), determina la distribución de presiones en el lı́quido
cuando se especifica la presión p∞ en el infinito
p 1 p∞ 1
+ ρ(Φ2x + Φ2y ) = 2
+ ρ U∞ . (13.17)
ρ 2 ρ 2
Debe señalarse, sin embargo, que el problema de Neumann definido por la ecuación (13.14) y las
condiciones de contorno (13.15) y (13.16) puede no tener solución única. La teorı́a matemática
de las ecuaciones en derivadas parciales establece que si Φ es una función unievaluada de la po-
sición, entonces el problema de Neumann posee solución única. Sin embargo, como se verá más
adelante, detrás de un perfil bidimensional sustentador (el caso de cuerpos no-sustentadores es
la excepción) existe una región muy estrecha, la estela, de espesor muy pequeño si el número de
Reynolds es muy grande, que puede ser tratada matemáticamente como una lı́nea (o superficie en
el caso tridimensional) a través de la que la función Φ es discontinua y el problema de Neumann
(13.14)-(13.16) no posee solución única. El salto de Φ a través de esta lı́nea está relacionada con
el valor de la circulación Γ del campo de velocidades no viscoso alrededor del perfil y su valor
real no puede ser determinado de la resolución del problema de Neumann (13.14)-(13.16). Natu-
ralmente, la no unicidad desaparece si la capa lı́mite y el problema de Neumann se consideran
conjuntamente. No obstante, y como se verá más adelante, algunas consideraciones fı́sicas sobre el
4 Las fuerzas de viscosidad son independientes del sistema de referencia empleado por serlo los gradientes de la
velocidad.
13.2. Ecuaciones y condiciones de contorno de flujos potenciales 333
a2 ∇ · v + v · (v · ∇ v) = 0, (13.20)
caso, el mecanismo fı́sico que origina la sustentación de un obstáculo es diferente al caso subsónico y no está asociado
a la existencia de un campo circulatorio alrededor del perfil.
6 Aunque no se hará aquı́, tanto el flujo potencial axilsimétrico de lı́quidos como el flujo estacionario, bidimensional
que la función de corriente, al igual que el potencial de velocidades, está definida, salvo por una
constante que se suele tomar cero sobre el obstáculo.
En movimientos bidimensionales de lı́quidos ideales es común hacer uso del hecho de que tanto
Φ como Ψ satisfacen la ecuación de Laplace para definir la función analı́tica denominada potencial
complejo
f (τ ) = Φ(x, z) + i Ψ(x, z) (13.24)
de la variable compleja τ
τ = x + iz i2 = −1. (13.25)
Obsérvese que f (τ ) es analı́tica, puesto que el valor de su derivada es única, independientemente
de la dirección en que se realice la derivación. Por ejemplo, si la derivada es en la dirección de x se
tiene
∂f ∂Φ ∂Ψ
= +i = u − iw (13.26)
∂x ∂x ∂x
mientras que si es en la dirección i z se obtiene el mismo resultado
∂f ∂Φ ∂Ψ ∂Φ ∂Ψ
= +i = −i + = −iw + u.7 (13.27)
∂(iz) ∂(iz) ∂(iz) ∂z ∂z
A la derivada del potencial complejo
f˙(τ ) = u − iw, (13.28)
se le denomina velocidad conjugada y los ceros de esta función
f˙(τ ) = 0, (13.29)
f (τ ) = U∞ e−iα τ, (13.31)
f (τ ) = A ln(τ − τo ). (13.33)
Φ = A ln r y Ψ = A θ. (13.34)
Las lı́neas de corriente de ecuación θ = const son radios con origen en τo y las componentes de la
velocidad, que se obtienen de (13.34) por derivación, son
∂Φ A 1 ∂Φ
vr = = y vθ = = 0; (13.35)
∂r r r ∂θ
esto es, la velocidad del lı́quido es radial y decae con la distancia r medida desde τo . Una corriente
tal se denomina manantial si la constante A es positiva o sumidero en caso contrario. El valor de
A está relacionado con la intensidad del manantial o caudal por unidad de longitud, q, emanado
del mismo. En efecto Z 2π Z 2π
A
q= v · ndσ = r d θ = 2 π A, (13.36)
0 0 r
de modo que la función potencial
q
f (τ ) = ln(τ − τo ), (13.37)
2π
representa matemáticamente el efecto de un manantial bidimensional de caudal q (o sumidero si q
es negativo) situado en el punto τo . Las componentes de la velocidad Φx y Φz según los ejes x y z,
en un punto (x, z), son
q x − xo q z
Φx (x, z) = y Φz (x, z) = ; (13.38)
2π (x − xo )2 + (z − zo )2 2π (x − xo )2 + (z − zo )2
p
donde x y z están relacionadas con r y θ a través de las expresiones r = (x − xo )2 + (z − zo )2 y
θ = tan−1 [(z − zo )/(x − xo )].
Si la constante A es un número imaginario puro, A = iA1 con A1 real, (13.33) representa la
corriente generada por un torbellino de intensidad A1 = Γ/2π situado en el punto τo ; Γ representa
la circulación alrededor de cualquier lı́nea cerrada que rodee al torbellino. En efecto, el potencial
de velocidades, la función de corriente y las componentes del vector velocidad son en este caso
Las lı́neas de corriente son, por tanto, circunferencias centradas en τo y la velocidad, cuya única
componente es circunferencial, decae con la distancia al origen. La intensidad del torbellino o
circulación Γ viene dada por
Z 0 Z 2π
Γ= vθ r d θ = − −A1 r = 2 π A1 , (13.40)
2π 0
336 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
de modo que
iΓ
f (τ ) = ln(τ − τo ), (13.41)
2π
representa matemáticamente la corriente generada por un torbellino de intensidad Γ situado en el
punto τo que mueve al fluido en la dirección de las agujas del reloj; naturalmente, si la circulación
fuese negativa el fluido se moverı́a en la dirección opuesta. Es interesante destacar, finalmente, que
la corriente generada por un torbellino es irrotacional (∇× v = 0) en todo punto del dominio fluido
excepto en el punto τo donde (13.41) no es analı́tica. Finalmente, las componentes de la velocidad
en un punto (x, z) en coordenadas cartesianas son
Γ z − zo Γ x − xo
Φx (x, z) = y Φz (x, z) = − . (13.42)
2π (x − xo )2 + (z − zo )2 2π (x − xo )2 + (z − zo )2
Doblete
Esta corriente puede generarse mediante la superposición de un manantial y un sumidero de in-
tensidades iguales y opuestas. Ambas fuentes están separadas una distancia infinitesimal d τo y la
intensidad de las mismas, q, es tal que el producto q d τo permanece constante cuando d τo tiende
a cero.
Si el manantial está situado en el punto τo la corriente resultante total se modela en la forma
q q
f (τ ) = ln(τ − τo ) − ln(τ − τo − d τo ) =
2π 2π
· · µ ¶¸¸
q d τo
ln(τ − τo ) − ln (τ − τo ) 1 − (13.43)
2π τ − τo
y desarrollando en serie, ln[1 − d τo /(τ − τo )] = −d τo /(τ − τo ), la expresión (13.43) se simplifica a
q d τo
f (τ ) = . (13.44)
2 π(τ − τo )
M eiβ
f (τ ) = , (13.45)
(τ − τo )
donde β es el ángulo que forma el eje manantial-sumidero con el eje x. En coordenadas polares,
τ − τo = r eiθ , el potencial de velocidades, la función de corriente y el campo de velocidades de un
doblete son
M cos(β − θ) M sen(β − θ)
Φ= Ψ=− (13.46)
r r
y
M cos(β − θ) M sen(β − θ)
vr = − y vθ = − . (13.47)
r2 r2
Si β = 0, el potencial de velocidades y la función de corriente se escriben en coordenadas cartesianas
x − xo z − zo
Φ=M , Ψ = −M . (13.48)
(x − xo )2 + (z − zo )2 (x − xo )2 + (z − zo )2
Conviene indicar que un doblete inyecta cantidad de movimiento en el dominio fluido, pero el
caudal neto inyectado es nulo.
13.3. Movimiento bidimensional de lı́quidos ideales 337
obsérvese que hay un punto de remanso situado en la parte negativa del eje x cuya posición, que se
determina mediante la condición u = w = 0 en (13.51), viene dada por xr = −q/(2 π u∞ ) y zr = 0.
Las ecuaciones de las lı́neas de corriente divisorias, o lı́neas de corriente que pasan por el punto
de remanso, son el eje z = 0 y la lı́nea de ecuación
q z q
U∞ z + tan−1 = ; (13.52)
2π x 2
esta última lı́nea de corriente separa el fluido que viene del infinito del que emana del manantial,
véase Figura 13.4, y alcanza el infinito, aguas abajo, donde tiende ası́ntóticamente a za → q/(2 U∞ ).
Un cuerpo semiinfinito cuya superficie z(x) satisfaga la ecuación dada en (13.52) puede ser mode-
lado como superposición de una corriente uniforme y un manantial.
La forma del obstáculo puede cambiarse si, por ejemplo, a la corriente anterior se le superpone
un sumidero de gasto q1 (q1 < q) en el punto de coordenadas (a, 0). Es fácil comprobar que en este
caso hay dos puntos de remanso localizados en
q
xr −(q − q 1 − 1) ± (q − q 1 − 1)2 + 4q
= y zr = 0, (13.53)
a 2
donde q = q/(2π U∞ a) y q 1 = q1 /(2π U∞ a); por otra parte, las ası́ntotas del cuerpo semiinfinito
son za → ±(q − q1 )/(2 U∞ ).
Si q1 tiende a q, za disminuye y tiende a 0, y para q = q1 existe una lı́nea de corriente cerrada,
Figura 13.5. Los puntos de remanso están situados en
√
xr 1 ± 1 + 4q
= y zr = 0 (13.54)
a 2
338 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
y las ecuaciones de las lı́neas de corriente divisorias (lı́neas de corriente que pasan por los puntos
de remanso) son
µ ¶
q −1 x −1 x − a
z = 0 y U∞ z + tan − tan = 0. (13.55)
2π z z
Nótese que la corriente no viscosa alrededor de un obstáculo cuya superficie venga dada por la
última de las ecuaciones (13.55) puede simularse matemáticamente mediante la superposición de
una corriente uniforme de velocidad U∞ y un manantial y un sumidero de caudal q situados en los
puntos (0, 0) y (a, 0) respectivamente. La forma de (13.55) se corresponde con un óvalo bidimen-
sional, denominado óvalo de Rankine, por ser este matemático francés quien primero resolvió este
problema.
a) b)
G=1.5 p a U¥
G=0
c) d)
G = 4 p a U¥ G = p a U¥
Figura 13.6: Corriente alrededor de un cilindro circular para valores diferentes de la circulación Γ.
Como se verá más adelante, los resultados (13.65) y (13.66) son de validez general para la corriente
de un lı́quido ideal alrededor de un obstáculo bidimensional de forma cualquiera. La ecuación
(13.65) se denomina fórmula de Kutta y relaciona el valor de la sustentación que experimenta un
obstáculo con el de la circulación de la corriente alrededor de él. La ecuación (13.66) expresa que
un obstáculo bidimensional no experimenta resistencia al moverse en el seno de un fluido en reposo.
Como se verá más adelante, esta paradoja denominada de D’Alambert es una ley lı́mite tanto más
cierta, si se excluye la resistencia de fricción, cuanto más fuselado sea el obstáculo.
Para terminar esta sección conviene enfatizar de nuevo que la corriente real sobre un obstáculo
romo es bastante diferente de la obtenida usando teorı́a potencial. Como se muestra en la Figura
13.3, el coeficiente de presiones Cp sobre el cilindro circular obtenido mediante la teorı́a potencial
[véase (13.64)] se aproximan a los experimentales sólo en la parte delantera del cilindro pero no
lo hacen en la parte posterior, donde la distribución de presiones de la corriente potencial difiere
mucho de la real, que es casi uniforme.
En el caso real, la separación de la capa lı́mite, debida al gradiente adverso de presiones, ocurre
en la parte posterior del cilindro. La presión allı́, no recupera los altos valores que existen sobre la
parte delantera y consecuentemente hay una resistencia neta sobre el cilindro debido al desequilibrio
de las fuerzas de presión existente entre la parte delantera y la trasera del cilindro. Aunque, debido
a la separación de la capa lı́mite, la corriente potencial alrededor del cı́rculo no se parece a la
real, su estudio es, no obstante, interesante, ya que la corriente potencial alrededor de un perfil de
forma cualquiera puede ser obtenida a partir de la del cı́rculo mediante transformación conforme.
La corriente potencial alrededor del perfil transformado del cı́rculo puede aproximarse mucho a la
realidad si el perfil es lo suficientemente fuselado y su ángulo de ataque lo suficientemente pequeño
para evitar el desprendimiento de la capa lı́mite.
donde A es una constante con dimensiones apropiadas y n es en principio cualquier número real.
El potencial de velocidades y la función de corriente serán, por tanto,
Un caso de interés, por su utilidad para modelar la corriente en las proximidades del borde
de ataque de una placa plana a ángulos de ataque pequeños, lo constituye el caso β = 2π, o
n = 1/2, (13.69), que corresponde a la corriente de rebordeo del borde de ataque de una placa plana
semiinfinita como la indicada en la Figura 13.8. La velocidad v sobre el extradós de la placa puede
calcularse de (13.71)
v = vr = A/(2r1/2 ), (13.72)
que diverge hacia el borde de ataque como el inverso de la raı́z cuadrada de la distancia al mismo.
El potencial complejo (13.67) puede también utilizarse para representar la corriente alrededor
de una cuña como la indicada en la Figura 13.9. En efecto, si se escoge como valor de n
los rayos θ = 0 y θ = 2π − β son lı́neas de corriente, pues sobre ellos Ψ(r, 0) = Ψ(r, 2π − β) = 0,
véase (13.68). El potencial complejo y el campo de velocidades del movimiento de lı́quidos alrededor
q=0
q = 2p-b
2π 2π
vr = Arβ/(2π−β) cos[2πθ/(2π − β)], vθ = − Arβ/(2π−β) sen[2πθ/(2π − β)]. (13.74)
2π − β 2π − β
El caso particular de una placa plana normal a la corriente incidente corresponde al caso β = π,
n = 2 [véase (13.73)]; en este caso, la velocidad v sobre la placa es
v = vr = 2Ar, (13.75)
donde C(t) es una constante de integración que, en general, dependerá del tiempo. La fuerza F (t)
necesaria para acelerar un cuerpo de masa M con aceleración U̇ (t) a través de un lı́quido ideal en
reposo es suma de la aceleradora y de la que el lı́quido ejerce sobre el obstáculo
Z
F = M U̇ + pnU dσ, (13.85)
Σ
y sobre la esfera
p(a, θ) a 9 U2
= − U̇ cos θ + U 2 cos 2θ − + p∞ (t). (13.90)
ρ 2 16 16
Análogamente al caso estacionario (en el que la resistencia era nula), los tres últimos términos de
(13.90) evaluados en las posiciones θ y π − θ son idénticos y no contribuyen a la integral en (13.85).
La contribución no nula es debida a la variación temporal del potencial y vale
Z o
2
p cos θ 2πa2 sen θ dθ = πρa3 U̇ . (13.91)
π 3
De (13.85) se tiene entonces que la fuerza para acelerar la esfera a través del lı́quido ideal es
µ ¶
4 3 2
F (t) = πa ρp + πa3 ρ U̇ = (mp + mh )U̇ (13.92)
3 3
que muestra que la esfera se comporta como si su masa fuese mayor. La masa extra, denominada
masa hidrodinámica, o masa virtual, es en el caso de la esfera la mitad de la masa de lı́quido despla-
zada por la esfera. Esta fuerza adicional es debida a que para acelerar la esfera es necesario acelerar
también una masa de lı́quido dada por la masa virtual. El lector puede comprobar fácilmente que
en el caso de un cilindro bidimensional de radio a, la masa virtual es igual a la masa por unidad
13.8. Fuerza sobre un perfil. Fórmula de Kutta 345
donde qi y γj representan las intensidades de las fuentes y torbellinos situados en los puntos τoi y
τoj respectivamente; qi , γj , τoi y τoj son desconocidos a priori. Puesto que la velocidad conjugada
(13.97) satisface ya la condición en el infinito, la condición de contorno sobre el obstáculo es la que
determina la posición y la intensidad de fuentes y torbellinos. No obstante, si el cuerpo es cerrado,
las intensidades de las fuentes (manantiales y sumideros) deben satisfacer la condición
n
X
qi = 0. (13.98)
i=1
es desconocida y debe ser obtenida como parte de la solución del problema. La resultante de las
fuerzas de presión sobre el obstáculo es
Z
F=− p n d σ, (13.100)
obst.
346 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
U¥
Figura 13.11: Volumen de control para el cálculo de las fuerzas aerodinámica sobre un perfil.
flujo de cantidad de movimiento a través del volumen de control y las fuerzas que se ejercen sobre
el fluido que ocupa el volumen considerado y que son las que sobre él realizan el fluido exterior al
cı́rculo y las paredes del perfil. Aunque el campo de presiones no es conocido, la resultante de las
fuerzas de presión que el obstáculo realiza sobre el fluido a través de las paredes es igual y contraria
a la fuerza F que el fluido ejerce sobre el obstáculo. Se tiene, entonces, de acuerdo con (13.100)
Z
F=− (ρ v v · n + p n)d σ. (13.102)
cı́rculo
Si pc , uc , wc , cos θ y sen θ representan el valor sobre el cı́rculo de la presión, de las componentes de
la velocidad según los ejes x y z y de la normal n, la resistencia y sustentación que experimenta el
obstáculo son respectivamente
Z 2π
D=− [ρ uc (uc cos θ + wc sen θ) + pc cos θ]R d θ (13.103)
o
y Z 2π
L=− [ρ wc (uc cos θ + wc sen θ) + pc sen θ]R d θ. (13.104)
o
Sobre el cı́rculo de ecuación τ = τc = R eiθ , |τc | À |τoi | ∼ |τoj |, y de acuerdo con las expresiones
(13.98) y (13.99), la velocidad conjugada (13.97) se aproxima por
n n
1 X 1 X iΓ
f˙(τc ) ' U∞ + qi + i γj = U∞ + ; (13.105)
2πτ i=1 2πτ j=1 2πτ
13.9. Generación de circulación en un perfil bidimensional. Hipótesis de Kutta-Joukowski 347
esto es, suficientemente lejos del obstáculo, la corriente se describe en primera aproximación por la
superposición de una corriente uniforme y un torbellino de intensidad Γ situado en el origen. Las
componentes de la velocidad sobre el cı́rculo son, por tanto,
Γ Γ
uc = U∞ + sen θ y wc = − cos θ, (13.106)
2πR 2πR
y la presión allı́ , calculada a partir de la ecuación de Bernouilli, es
1 2 1 ρΓU∞ ρΓ2
pc = p∞ + ρU∞ − ρ(u2c + wc2 ) = p∞ − sen θ − 2 2 . (13.107)
2 2 2πR 8π R
Introduciendo (13.106) y (13.107) en (13.103) y (13.104) e integrando se obtiene
D=0 y L = ρ Γ U∞ . (13.108)
A B C
F E D
(a) (b)
arranque, que es convectado aguas abajo por la corriente, Figura 13.12b. Como el flujo alrededor
de cualquier lı́nea cerrada es irrotacional, se debe establecer una corriente circulatoria sobre el
perfil de igual intensidad pero de sentido contrario al del torbellino desprendido. Nótese que si la
circulación a lo largo de la lı́nea fluida material ACDF es inicialmente nula, continúa siéndolo en
cualquier instante posterior; la circulación a lo largo de ABEF es igual y opuesta a la de BCDE.
Es importante observar que, aunque la lı́nea fluida se deforme, el perfil siempre permanece en-
cerrado por la lı́nea fluida, cuya trayectoria pasa por el punto de remanso delantero del perfil, y
consecuentemente ese punto permanece anclado allı́ . El campo circulatorio sobre el perfil desplaza
el punto de remanso posterior hacia el borde de salida del perfil y la hipótesis de Kutta-Joukowski
supone que el proceso de desprendimiento de torbellinos desde el borde de salida finaliza, y por tan-
to se alcanza un valor constante de la circulación alrededor del perfil, cuando el punto de remanso
posterior se sitúa justo en el borde de salida del perfil.
El cumplimiento de la condición de Kutta-Joukowski garantiza que el valor de la presión en
el borde de salida del perfil es el mismo para las dos corrientes que fluyen por el extradós (parte
superior) e intradós (parte inferior) del perfil. En efecto, en un borde de salida anguloso, con dos
pendientes diferentes, sólo es posible tener velocidades, y consecuentemente presiones, iguales arri-
ba y abajo si el borde de salida es punto de remanso.
Obsérvese que si el borde de salida del perfil es punto de retroceso no es necesario que el borde de
salida sea de remanso sino que basta con que las velocidades arriba y abajo sean iguales. Por tanto,
el valor de la circulación prescrito por la hipótesis de Kutta-Joukowski es el único posible para
un perfil de forma y actitud dadas en movimiento estacionario y resulta de imponer la condición
de que el borde de salida del perfil sea punto de remanso si es un borde anguloso o que, si éste
es punto de retroceso, las velocidades por extradós e intradós sean iguales en el borde de salida.
El valor de la circulación no cambiará en tanto que no se desprenda vorticidad adicional desde el
13.10. Caracterı́sticas aerodinámicas de perfiles 349
borde de salida, esto es, mientras que la velocidad del perfil se mantenga constante. En la Figura
13.13 se muestran dos torbellinos, de arranque y parada, generados cuando un perfil es detenido
súbitamente un tiempo corto después de haberlo arrancado.
La situación es muy diferente para cuerpos con borde de salida romo, ver Figura 13.14. En
este caso la capa lı́mite se desprende en extradós e intradós del perfil dando lugar a torbellinos
desprendidos de intensidad igual y opuesta. La circulación sobre el perfil y, por tanto, la sustentación
son nulas pero la resistencia es grande debido fundamentalmente a la estela que aparece como
consecuencia de la separación de capa lı́mite.
Figura 13.14: Corriente en las proximidades de un obstáculo con borde de salida romo.
z
ze(x)
zc(x)
x
puntos que equidistan del extradós e intradós del perfil. La cuerda c es la lı́nea recta que une los
bordes de ataque y salida del perfil y el espesor es la distancia entre extradós e intradós medida
perpendicularmente a la cuerda del perfil. La forma de cualquier perfil puede generarse entonces
especificando la forma de la lı́nea de curvatura media zc (x) a la que se superpone una distribución de
espesores, simétrica respecto a la lı́nea media, ze (x). De este modo, si zp+ (x) y zp− (x) representan las
ecuaciones de las lı́neas que definen el extradós e intradós del perfil, su relación con la distribución
350 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
Figura 13.16: (a) Polar Cd (Cl ) y (b) coeficiente de sustentación Cl como función del ángulo de
ataque α del perfil NACA 0012 para valores diferentes del número de Reynolds; ◦ Re = 3 × 106 ,
• Re = 6 × 106 , ¦ Re = 9 × 106 .
la actual NASA, llevó a cabo una serie de experimentos para determinar las caracterı́sticas aerodinámicas de una
serie de familias de perfiles de ala construidos racional y sistemáticamente combinando distribuciones de espesores
y lı́neas de curvatura diferentes. Las caracterı́sticas geométricas de estos perfiles, de uso común hoy dı́a, y sus
caracterı́sticas aerodinámicas se encuentran en Abbott y von Doenhoff (1949).
13.11. Teorı́a linealizada de perfiles en régimen incompresible 351
La teorı́a potencial predice con gran aproximación el coeficiente de sustentación del perfil Cl (α)
en la zona en la que éste varı́a linealmente con el ángulo de ataque. En esta situación, la capa
lı́mite se encuentra adherida al perfil, en la mayor parte de su superficie. Sin embargo, la teorı́a
potencial no predice el coeficiente de resistencia Cd (α), definido en (13.7), que debe ser determinado
empı́ricamente; como es sabido, la resistencia del perfil se debe, en general, a la resistencia de
fricción (debida a la viscosidad) y a la de forma (debida a la separación de la capa lı́mite).
(en una cantidad del orden del espesor relativo, curvatura relativa, o ángulo de ataque si estas
cantidades son pequeñas frente a la unidad). Los resultados obtenidos mediante la aplicación de
esta teorı́a son de gran utilidad en el caso de perfiles delgados a pequeños ángulos de incidencia
y dejan de serlo si se aplican a perfiles en los que alguna o todas sus caracterı́sticas geométricas
(espesor, curvatura, ángulo de ataque) no son pequeñas, aunque esta limitación importa poco,
pues, en estos casos, incluso la existencia de potencial de velocidades serı́a dudosa.
Si el potencial de velocidades se escribe como suma del incidente sin perturbar más uno debido
a la perturbación que introduce el obstáculo
donde ϕ(x, z) y sus derivadas representan el potencial y las componentes de la velocidad de pertur-
bación. Si el perfil es delgado, en el sentido de que las ordenadas de su lı́nea media de curvatura,
distribución de espesores y ángulo de ataque son pequeñas frente a la cuerda del perfil, las veloci-
dades de perturbación ϕx y ϕz se pueden suponer pequeñas frente a la corriente incidente U∞ . La
condición de contorno sobre el perfil (13.16) se escribe entonces
d zp± (x) Φz [x, zp± (x)] ϕz [x, zp± (x)] ϕz [x, zp± (x)]
= = ' , (13.112)
dx Φx [x, zp± (x)] U∞ + ϕx [x, zp± (x)] U∞
donde el doble signo en la ecuación zp± (x) = ±ze (x) + zc (x) − α se corresponde con el extradós
o intradós del perfil. Nótese que esta aproximación dejará de ser válida en las proximidades de
los puntos de remanso del perfil donde la aproximación efectuada en (13.112), |ϕx | ¿ U∞ , no es
válida. Por otra parte, si se desarrolla ϕz en serie de potencias de zp , ϕz [x, zp± (x)] = ϕz (x, 0± ) +
zp± (x) ϕzz (x, 0) + ..., la condición de contorno (13.112) se escribe
nótese que las velocidades verticales en z = 0± son iguales y de sentido contrario. El cálculo del
lı́mite de la expresión (13.115) para z → 0+ se efectúa fácilmente si se tiene en cuenta que para
z → 0, ϕsz es nula en todo el intervalo [0, c] excepto en un entorno muy pequeño del punto fijo
(x, 0+ ) donde se desea calcular la velocidad. Dado que en ese entorno q(xo ) ' q(x), el lı́mite de la
expresión (13.115) resulta
· Z x+² ¸
q(x) zdx q(x)
ϕsz (x, o+ ) = lı́m = . (13.117)
z→0 2π x−² (x − xo )2 + z 2 2
²→0
La expresión (13.117) muestra que la intensidad de los manantiales por unidad de longitud es en
cada punto el doble de la velocidad vertical en ese punto y de (13.116) se tiene
dze
q(x) = 2ϕsz (x, 0+ ) = 2 U∞ . (13.118)
dx
A la expresión anterior se llega también sin más que expresar la condición de conservación de la
masa en el volumen de control indicado en la Figura 13.17
fz(x,0 + )
x x+dx x
fz ( x , 0 - )
Z
q(xo )d xo = v · n d σ = Φsz (x, 0+ )d xo − Φsz (x, 0− )d xo = 2ϕsz (x, 0+ ).
y de (13.120) Z c
2 ze0 (xo )
Cp (x, 0) = − d xo . (13.122)
π o x − xo
La expresión (13.122) determina la distribución de presiones sobre el obstáculo Cp (x, 0) si la dis-
tribución de espesores ze0 ≡ d ze /d x es conocida. Nótese de (13.114) que ϕsx y por tanto Cp son
funciones simétricas respecto al eje z = 0 y el coeficiente de sustentación local cl (x) sobre el
obstáculo es, por tanto, idénticamente nulo
nótese que contrariamente al caso simétrico las velocidades verticales en z = 0± son iguales, lo que
se corresponde con una distribución de torbellinos situada en el eje. La intensidad de los torbellinos
(c+α)
γ(xo ) está relacionada con la velocidad horizontal ϕx (x, 0), véase (13.123), y puede calcularse
del lı́mite de esta expresión para z → 0. También puede obtenerse calculando la circulación a lo
largo de la lı́nea cerrada de la Figura 13.18. En efecto, la circulación a lo largo del recinto señalado
en la figura es
γ(xo )d xo = ϕ(c+α)
x (x, 0+ )d xo − ϕ(c+α)
x (x, 0− )d xo = 2ϕ(c+α)
x (x, 0+ )d x, (13.126)
fx(x,0+)
fz(x,0) fz(x+dx,0)
x x+dx
fx(x,0-)
Si la lı́nea de curvatura y ángulo de ataque del perfil son conocidos, la resolución de la ecuación
(c+α)
integral (13.127) suministra la distribución de velocidades horizontales ϕx (x, 0+ ) y el coeficiente
+ +
de presiones Cp (x, 0 ) = −2ϕx (x, 0 )/U∞ sobre el extradós del perfil.
Existen varias técnicas para resolver la ecuación integral (13.127). En lo que sigue se describi-
rá un método descrito por Glauert en 1926 que es ampliamente utilizado. Glauert propuso para la
componente horizontal de perturbación un desarrollo de la forma
∞
θ X
(c+α)
ϕx (θ)
= Ao tan + An sen n θ, (13.128)
U∞ 2 n=1
donde los coeficientes Ao , A1 ,... An deben ser determinados como parte de la solución del problema
y la variable θ se define como
c
x = (1 + cos θ), (13.129)
2
de modo que θ = π corresponde al borde de ataque (x = 0) y θ = 0 al borde de salida (x = c);
nótese que 0 ≤ θ ≤ π y π ≤ θ ≤ 2π se corresponden con el esqueleto z = 0+ y z = 0− de la lı́nea
de curvatura y ángulo de ataque. Las razones de tipo fı́sico que indujeron a Glauert a proponer el
desarrollo (13.128) son las siguientes:
(c+α)
La componente horizontal de perturbación ϕx debida a los torbellinos es una función
(c+α) (c+α)
antisimétrica respecto a z = 0, ϕx (θ) = −ϕx (2π − θ), de modo que la función debe
desarrollarse en serie de senos.
(c+α)
ϕx es singular en el borde de ataque debido a que la corriente rebordea un perfil infini-
tamente delgado en el borde de ataque. Resultados exactos del estudio de la corriente (no
viscosa) de rebordeo de una placa plana [véase (13.72)] indican que√la velocidad se comporta
singularmente en el borde de ataque y tiende a ∞ en la forma 1/ x cuando la distancia x
al borde tiende a cero, o teniendo en cuenta (13.129) como tan θ/2.
La forma funcional (13.128) satisface la condición de Kutta-Joukowski en el borde de salida,
θ = 0 y θ = 2π. En efecto, si el borde de salida es de retroceso, como sucede en una lı́nea de
curvatura y en una placa plana, la condición de Kutta-Joukowski establece que las velocidades
(c+α)
en el extradós e intradós del perfil deben ser iguales en el borde de salida. Como ϕz es
(c+α) (c+α)
simétrica y ϕx (0) = ϕx (2 π) = 0, véase (13.125) y (13.128), las componentes de la
(c+α) (c+α)
velocidad en el borde de salida [U∞ , ϕz (0)] y [U∞ , ϕz (2π)] son idénticas en extradós
e intradós y la condición de Kutta-Joukowski es satisfecha. Nótese que en teorı́a linealizada
la condición de Kutta se satisface automáticamente si ϕx se anula en el borde de salida.
Introduciendo (13.128) en (13.127) y usando las relaciones trigonométricas
2 sen2 θ/2 = 1 − cos θ,
356 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
La expresión (13.130) contiene integrales denominadas de Glauert cuyo valor, que se obtiene fácil-
mente en el plano complejo, es
Z π
cos m θo sen m θ
d θo = −π . (13.131)
o cos θ − cos θo sen θ
Teniendo en cuenta este último resultado, la expresión (13.130) suministra una relación entre los
coeficientes del desarrollo en serie de Fourier y la forma de la lı́nea de la curvatura y el ángulo de
ataque
X∞
d zc
−Ao − An cos n θ = −α + . (13.132)
n=1
dx
Los coeficientes Ao , A1 ...An pueden ser ahora calculados, en la forma usual, multiplicando ambos
miembros de la ecuación (13.132) por cos m θ e integrando entre 0 y π se llega a
Z π Z π
1 d zc 2 d zc
Ao = α − d θ y An = − cos n θ d θ n ≥ 1, (13.133)
π o dx π o dx
Una vez que los coeficientes de la serie de Fourier han sido calculados, el coeficiente de presiones
sobre el perfil debido a curvatura y ángulo de ataque es
à ∞
!
(c+α) θ X
Cp (θ) = −2ϕx (θ)/U∞ = −2 Ao tan + An sen n θ , (13.134)
2 1
y el coeficiente local de sustentación cl (θ) definido como la diferencia del coeficiente de presiones
en extradós e intradós
(c+α)
ϕx (θ)
cl (θ) = Cpi (θ) − Cpe (θ) = −2Cpe (θ) = 4 , (13.135)
U∞
à ∞
!
θ X
cl (θ) = 4 Ao tan + An sen n θ , 0 ≤ θ ≤ π. (13.136)
2 n=1
a¹ai a=ai
Figura 13.19: Flujo en las proximidades del borde de ataque de un perfil delgado.
De (13.133) se tiene Z π
1 d zc
αi = d θ, (13.140)
π o dx
y el coeficiente de sustentación ideal
Z π
2 d zc
Cli = π A1 = − cos θ d θ. (13.141)
π o dx
Se denomina ideal a este valor porque a este ángulo de ataque la resistencia del perfil alcanza su
valor mı́nimo como consecuencia de que la corriente no rebordea el borde de ataque y el efecto del
gradiente adverso de presiones sobre el extradós del perfil se minimiza (capa lı́mite adherida) al
desaparecer el fuerte pico de succión en el extradós del borde de ataque.
Finalmente, el coeficiente de momento de cabeceo respecto al borde de ataque Cmo es
Z c
x dx π
Cmo = cl (x) = − (Ao + A1 + A2 /2), (13.142)
o c c 2
y el coeficiente de momentos respecto al centro aerodinámico del perfil xca , definido como el punto
respecto al que el coeficiente de momentos es independiente del ángulo de ataque, es
Cmca = Cmo − Cl xca . (13.143)
De (13.133), (13.142) y (13.143) se demuestra fácilmente que el centro aerodinámico está situado
a una distancia c/4 del borde de ataque de la lı́nea de curvatura y el coeficiente de momentos
respecto a este punto vale
π
Cmca = − (A1 + A2 ). (13.144)
4
358 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
se enrolla rápidamente para formar un par de vórtices concentrados y de circulación opuesta que
se mueven con el fluido; el vórtice del borde marginal izquierdo rota al fluido en la dirección de las
agujas del reloj mientras que el del borde derecho induce giro en el sentido opuesto.
El primer intento racional de predecir las caracterı́sticas aerodinámicas en alas de envergadura
finita fue debida a Prandtl y Lancaster, que independientemente uno de otro desarrollaron la
denominada teorı́a de la lı́nea sustentadora válida para alas de alargamiento Λ muy grande, aunque
la teorı́a proporciona buena aproximación a partir de alas de alargamiento Λ ≥ 5; Λ = b/c̄ =
S/(bc̄) À 1, donde b, c̄, y S = bc̄ son respectivamente la envergadura, cuerda y superficie en planta
del ala (superficie alar). En lo que sigue se discutirán las ideas fı́sicas en las que se basa la teorı́a
de la lı́nea sustentadora.
Como se ha visto en 13.9.2, el efecto sustentador de un perfil bidimensional puede modelarse
en términos de torbellinos cuyos ejes, paralelos al eje y del ala, son perpendiculares al perfil. En
teorı́a linealizada, los torbellinos de un perfil bidimensional están situados en z = 0 y su intensidad
por unidad de longitud γ(x) es independiente de la coordenada y; siendo la circulación total sobre
10 M. R. Head, Flow Visualization II, ed. W.Merzkirch, Hemisphere, 1982.
13.12. Alas de envergadura finita 359
el perfil Z c
Γ= γ(x)dx. (13.145)
o
En contraste al caso bidimensional, en alas de envergadura finita, la intensidad del campo circu-
latorio es función también de la coordenada y, γ(x, y), ya que la circulación es nula fuera del ala
por serlo allı́ la velocidad de perturbación según el eje x y el coeficiente de presiones, (13.126) y
(13.134). Por otra parte, dado que la vorticidad es un campo solenoidal (divergencia nula), cual-
quier cambio en la circulación de un tubo de torbellinos debe llevar aparejado una bifurcación del
mismo, Figura 13.21.
g(x,y+dy)
g(x,y) (dg/dy)dy
G(y)
Figura 13.21: Bifurcación de las lı́neas de torbellinos en un ala sustentadora de envergadura finita
y distribución de circulación en la estela.
Una consecuencia es que las lı́neas de torbellinos nunca pueden originarse o terminar en el interior
del dominio fluido; si el dominio es ilimitado, son cerrados sobre sı́ mismos o terminan (o se
originan) en el infinito. En este caso, y por ser las lı́neas de vorticidad lı́neas fluidas que se mueven
con el fluido, los torbellinos bifurcados del ala son convectados aguas abajo formando una estela
de torbellinos. La intensidad por unidad de longitud del torbellino bifurcado en cada punto (x, y)
del ala será
γ(x, y + dy) − γ(x, y) = [∂γ(x, y)/∂y] dy
y la intensidad total aguas abajo del perfil situado en la posición y es
Z c Z c
∂γ(x, y) ∂ ∂Γ
dx dy = γ(x, y) dx dy = dy = dΓ. (13.146)
o ∂y ∂y o ∂y
Si el alargamiento del ala es grande, el flujo alrededor de un ala recta puede simularse a
grandes distancias por superposición de la corriente uniforme, un hilo de torbellinos de longitud b
e intensidad Γ(y), según el eje y, y la estela de torbellinos situada en el plano z = 0 aguas abajo
del ala. A la lı́nea de torbellinos de intensidad Γ(y) se le denomina torbellinos ligados por estar
ligados al ala y representa el efecto circulatorio bidimensional del perfil. Las lı́neas de torbellinos de
circulación dΓ se denominan torbellinos libres y representan el efecto tridimensional del ala finita.
En la teorı́a linealizada, los torbellinos libres se suponen rectos y paralelos a la dirección de vuelo,
360 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
el eje x. Esta hipótesis serı́a correcta si la velocidad detrás del ala fuera U∞ . Sin embargo, los
torbellinos libres inducen velocidades verticales que superpuestas a la incidente dan lugar a una
trayectoria inclinada respecto a la dirección del vuelo. No obstante, y debido a que es pequeño,
este efecto no se considera en primera aproximación.
La estela de torbellinos libres que induce velocidades verticales negativas si la sustentación del
ala es positiva da lugar al efecto siguiente. En las proximidades del ala la velocidad vertical inducida
por los torbellinos libres wi (0, y) modifica el ángulo de ataque geométrico del ala resultando en un
ángulo de ataque efectivo αe = α − αi , donde αi = tan−1 [−wi (0, y)/U∞ ] es el ángulo de ataque
inducido, Figura 13.22. De acuerdo con la fórmula de Kutta 13.8, la fuerza que actúa sobre el
Di
L
ai
a-ai
U¥ a
wi
ai
p
perfil es perpendicular a la velocidad incidente U∞ 2 + w 2 (0, y) que posee una componente no
i
nula sobre la dirección de vuelo U∞ que se denomina resistencia inducida di y cuyo valor es
di = l tan αi . (13.147)
Pi = Di U∞ . (13.149)
la sección central del ala; esto es, la torsión disminuye a lo largo de la envergadura para asegurar que la capa lı́mite
se desprende primero en las secciones centrales del ala que en las puntas. De este modo, cuando el desprendimiento
comienza el piloto tiene todavı́a control sobre los alerones que están situados en las puntas del ala.
13.12. Alas de envergadura finita 361
suma del geométrico más el inducido por los torbellinos libres, y el coeficiente de sustentación del
perfil es, por tanto,
∂Cl ∂Cl
Cl (y) = αe = [α(y) − αi (y)], (13.151)
∂α ∂α
donde ∂Cl /∂α es la pendiente de la curva de sustentación del perfil bidimensional (2π si se utiliza
el valor dado por la teorı́a linealizada). Es interesante observar en (13.151) que el ángulo de ataque
α(y) está medido respecto a la dirección de sustentación nula del perfil αl=0 , (13.139), que en teorı́a
linealizada es una caracterı́stica de la lı́nea de curvatura media del perfil.
De la fórmula de Kutta (13.108) l(y) = ρU∞ Γ(y) y de la definición del coeficiente de sustentación
2
l(y) = ρU∞ Cl (y)c(y)/2, junto con (13.151) se obtiene
1 ∂Cl
Γ(y) = U∞ c(y) [α(y) − αi (y)]. (13.152)
2 ∂α
El problema se cierra finalmente calculando el ángulo de ataque inducido a partir de la velocidad
vertical inducida por los torbellinos libres. De acuerdo con (3.78), la velocidad inducida por un
hilo semiinfinito de torbellinos de intensidad dΓ es
dΓ dΓ
dwi = = , (13.153)
4πd 4π(y − yo )
donde d = y − y0 es la distancia del punto (0, y, 0) donde se mide la velocidad al segmento de
torbellino situado en (0, yo , 0). La velocidad vertical total inducida por toda la estela de torbellinos
y el ángulo de ataque inducido son entonces
Z b/2
1 dΓ/dyo
wi (y) = dyo (13.154)
4π −b/2 y − yo
y
Z b/2
wi 1 dΓ/dyo
αi (y) ' − = dyo . (13.155)
U∞ 4πU∞ −b/2 y − yo
Sustituyendo (13.155) en (13.152) se llega a la ecuación integral de Prandtl
" Z b/2 #
1 ∂Cl 1 dΓ/dyo
Γ(y) = U∞ c(y) α(y) − dyo , (13.156)
2 ∂α 4πU∞ b/2 y − yo
análogamente, teniendo en cuenta (13.148), la resistencia inducida viene dada por la expresión
Z b/2 Z b/2 Z b/2
Di = di (y)dy = l(y)αi (y)dy = ρU∞ αi (y)Γ(y) dy (13.158)
−b/2 −b/2 −b/2
362 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
y
Z b/2 Z b/2 Z b/2
Mz = di (y) y dy = l(y)αi (y) y dy = ρU∞ Γ(y) αi (y) y dy. (13.160)
−b/2 −b/2 −b/2
donde ²(θ) = α(θ)−α(π/2) es la torsión del ala. La distribución de circulación adimensional cuando
el perfil central está a un ángulo de ataque α(π/2) = α se obtiene sin más que sumar a la anterior
el ángulo de ataque α
∞
" ∞
#
X 1 ∂Cl X nAn sen nθ
An sen nθ = k(θ) α + ²(θ) − . (13.167)
n=1
2 ∂α n=1
2 sen θ
Finalmente si se restan las dos últimas ecuaciones y se divide el resultado por α se obtiene
∞
" ∞
#
X 1 ∂Cl X nan sen nθ
an sen nθ = k(θ) 1− , (13.168)
n=1
2 ∂α n=1
2 sen θ
donde
An − In
an = (13.169)
α
son los coeficientes de la llamada distribución adicional de circulación que, como se ve en (13.168),
dependen exclusivamente de la forma en planta y corresponden a un ala plana (sin torsión) cuyos
perfiles forman con el viento incidente un ángulo de ataque de 1 radián. Conocidos los coeficientes
In y an , los coeficientes An correspondientes a la distribución de circulación cuando el viento forma
un ángulo de ataque α con la dirección de sustentación nula del perfil central se obtienen a partir
de (13.169).
Una vez obtenidos los valores de An la sustentación se obtiene de (13.157)
∞ Z π
1 2 2X π 2 2
L = ρU∞ b An sen nθ sen θdθ = ρU∞ b A1 , (13.170)
2 n=1 o 4
que muestra que la pendiente de sustentación del ala es siempre menor que la de los perfiles; nótese
que en los cálculos anteriores se ha considerado el caso de que el ala esta formada por perfiles de
la misma familia.
La resistencia inducida se calcula a partir de las expresiones (13.158) y (13.163)
Z Z ∞
πX ∞
X ∞
b/2
1 2 2 π 2 2X
Di = l(y)αi (y)dy = ρU∞ b An sen nθ nAn sen nθdθ = ρU∞ b nA2n ,
−b/2 4 o n=1 n=1
8 n=1
(13.178)
y el coeficiente de resistencia inducida
∞
à ∞
! Ã ∞
!
2Di πΛ X πΛ 2 X A2 C2 X A2
CDi = = nA2n = A 1+ n n2 = L 1+ n n2 . (13.179)
2
ρU∞ bc̄ 4 n=1 4 1 n=2
A1 πΛ n=2
A1
Finalmente los momentos de balance, guiñada y los respectivos coeficientes de momentos vienen
dados por
Z b/2 Z ∞
πX
1 2 3 π
Mx = l(y) y dy = ρU∞ b An sen nθ sen 2 θ d θ = ρU 2 b3 A2 , (13.181)
−b/2 8 o n=1
16 ∞
Z b/2 Z ∞
πX ∞
X
1
Mz = l(y) α(y) y dy = − ρU 2 b3 An sen nθ nAn sen nθ cos θ d θ =
−b/2 16 ∞ o n=1 n=1
X∞
π 2 3
− ρU∞ b (2n + 1)An An+1 , (13.182)
32 n=1
y
∞
2 Mx πΛ 2 Mz πΛ X
CM x = 2 2
= A2 y CMz = 2 b2 c̄
= − (2n + 1)An An+1 . (13.183)
ρ U∞ b c̄ 8 ρ U∞ 16 n=1
13.13. Métodos numéricos en flujos potenciales 365
y como Φ y Ψ son funciones armónicas, y satisfacen por tanto la ecuación de Laplace, el integrando
de la integral de volumen en (13.185) es idénticamente nulo y se satisface la relación (13.184).
En la aplicación de la fórmula (13.184) a la resolución de flujos potenciales alrededor de obs-
táculos, la función Φ representa el potencial de velocidades y como función Ψ se escoge usualmente
la solución fuente de la ecuación de Laplace, esto es, Ψ = 1/r en el caso tridimensional o Ψ = ln r
en el bidimensional; r = |x − xo |, representa una fuente localizada en el punto xo = x. Nótese
que, puesto que la función Ψ se hace singular en el punto xo = x, este punto debe ser excluido
del dominio de integración D si se quiere aplicar la expresión (13.184). La fórmula de Green se
aplicará entonces al dominio de la Figura 13.23, limitado por la frontera Σ del obstáculo y su
posible estela E,14 la superficie esférica Σ² con centro en x y radio ² pequeño y que se hará tender
a cero, y otra superficie esférica Σ∞ con centro en el origen y radio R que se hará tender a infinito.
Aplicado a este dominio la expresión (13.184) resulta
Z
[Φ(xo )∇o (1/r) − (1/r)∇o Φ] · n(xo )dσ = 0, (13.186)
Σ+E+Σ² +Σ∞
donde xo representa un punto genérico (variable de integración) sobre las superficies de integración.
La integral extendida a la superficie esférica Σ² de radio ² se evalúa fácilmente si se tiene en
cuenta que sobre ella ∇o (1/r) · n = −(r · n)/r3 = 1/r2 = 1/²2 y que el punto x y cualquier punto
13 También en la Acústica, como se verá en el Capı́tulo 12, y en otras ramas de la Ingenierı́a, el Método de los
es tan pequeño que puede tratarse como una superficie matemática. A través de ella la función Φ experimenta un
salto que está relacionado con el valor de la intensidad de los torbellinos de la estela. Si el obstáculo es no sustentador
o el flujo es bidimensional, no existe estela de torbellinos.
366 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
S¥
Se R
genérico xo sobre Σ² están tan próximos que Φ(xo ) = Φ(x) + ∇Φ · r + ... ' Φ(x) + 0(²) ' Φ(x); se
tiene, por tanto,
Z · µ ¶ µ ¶ ¸ · ¸
1 1 Φ(x) ∇Φ · n
Φ(xo )∇o − ∇o Φ · ndσ = lı́m − 4π²2 ' 4πΦ(x). (13.187)
Σ² r r ²→0 ²2 ²
Por otra parte, sobre la esfera de radio R muy grande, | x |¿ R, el potencial de velocidades y la
velocidad son respectivamente Φ ' U∞ xo = U∞ R cos θo y ∇Φ = U∞ ex . Si se desarrolla 1/r en
serie de Taylor
1 1 ³ xo · x ´ 1
= 1+ +O 3 (13.188)
|xo − x| R R2 R
y se tiene en cuenta que xo · x = R(x cos θo + y sen θo cos φo + z sen θo sen φo ) se obtiene
Z · µ ¶ µ ¶ ¸
1 1
Φ(xo )∇o − ∇o Φ · ndσ '
Σ∞ r r
Z 2π Z π
U∞ cos θo ³ xo · x ´ 2
− 2+3 2 R sen θo dθo dφo = −4πU∞ x. (13.189)
o o R R
La ecuación (13.186) se reduce entonces a
Z
1
Φ(x) = U∞ x − [Φ∇(1/r) − (1/r)∇Φ] · ndσ, (13.190)
4π Σ+E
y si se hace uso de la condición ∇Φ · n = 0 sobre obstáculo y estela, que se supone infinitamente
delgada, se obtiene
Z Z
1 1
Φ(x) = U∞ x − Φ∇(1/r) · ndσ − (Φ+ − Φ− )∇(1/r) · ndσ, (13.191)
4π Σ 4π E
donde (Φ+ − Φ− ) representa el salto de potencial a través de la estela. Nótese que si x es un
punto de la frontera Σ + E, x = xo , el punto x se excluye del dominio de integración mediante
13.13. Métodos numéricos en flujos potenciales 367
si el punto x está sobre el contorno. Las expresiones (13.195) y (13.196) son útiles para la resolución
numérica de un perfil bidimensional a un ángulo de ataque.
x' z'
bj
(x1j, z1j)
del panel, o sobre otros puntos para distribuciones de formas más complejas. Si por simplicidad se
considera el caso de N paneles rectos y se supone que las intensidades Φj son constantes a lo largo
del panel j-ésimo las N incógnitas se calculan satisfaciendo la ecuación (13.194) en N puntos que se
denominan usualmente puntos de colocación. Para resolver las integrales en (13.194) es conveniente
usar coordenadas locales (x0 , z 0 ) a lo largo del panel j y perpendicular a él respectivamente. Las
relaciones entre las coordenadas (x, z) de un punto genérico P y las del mismo punto en el sistema
de coordenadas locales (x0 , z 0 ) escritas en forma matricial son
µ ¶ µ ¶µ 0 ¶
x − x1j cos βj − sen βj x
= , (13.197)
z − z1j sen βj cos βj z0
donde βj es el ángulo que forma el panel j con el eje x. Si se supone que la intensidad de los
dobletes Φj en el panel j es constante, la integral en (13.194) puede calcularse analı́ticamente en
cualquier punto (x0 , z 0 ) situado fuera del panel j
Z ∆j Z ∆j
Φj Φj 1 ∂r 0
∇ ln r · ndx0o = dx =
π o π o r ∂z 0 o
Z ∆j µ ¶
Φj z 0 dxo Φj −1 ∆j − x
0
−1 −x
0
= tan − tan (13.198)
π o (x0o − x0 )2 + z 02 π z0 z0
y si (13.198) se evalúa en el punto medio (xi , zi ) del panel i se obtiene
µ ¶
Φj ∆j − x0i −1 −xi
0
Φj Rij = tan−1 − tan si i 6= j (13.199)
π zi0 zi0
El resultado (13.198) no es, sin embargo, válido para calcular la autoinfluencia de un panel sobre
sı́ mismo. En este caso, la integral en (13.198) es nula, ya que si el punto está sobre el propio panel
los vectores
1
∇ ln r = ∇ ln | x0o − ∆i /2 |= ex 0 y n = ez 0
| x0o − ∆i /2 |
son perpendiculares y su producto escalar es nulo; ex0 y ez0 son los versores según los ejes x0 y z 0 .
Como consecuencia, los coeficientes de la diagonal principal Rii , o coeficientes de influencia, de la
matriz Rij son idénticamente nulos.
La influencia de la estela, que comporta un salto en el potencial de velocidades Φ, se puede
calcular mediante un panel semiinfinito que suele situarse a lo largo del eje x entre el borde de
salida del perfil y el infinito.16 El origen de la cortadura en el potencial de velocidades se debe, en
16 Se puede comprobar que para el caso bidimensional la influencia de la posición de la estela en el potencial de
velocidades es nula. Lo anterior no es cierto en el caso tridimensional, donde la influencia de la posición de la estela
es apreciable y debe determinarse imponiendo la condición de que la estela sea lı́nea de corriente.
13.13. Métodos numéricos en flujos potenciales 369
donde la integral se efectúa a lo largo de cualquier lı́nea cerrada que comience en la parte inferior
de la estela y termine en la superior. En el caso tridimensional, el salto de Φ a través de la estela
se debe a los torbellinos desprendidos del ala.
Es fácil comprobar de (13.198)-(13.199) que la influencia de la estela supuesta situada a lo largo
del eje x entre el borde de salida y el infinito sobre el panel i (x0i , zi0 ) es
µ 0
¶
1 π −1 −xi
Γ Ri N +1 , i 6= N + 1 con RiN +1 = − tan (13.201)
π 2 zi0
y que la influencia del torbellino de arranque, situado a grandes distancias de perfil, es nula. El
sistema de ecuaciones a que conduce la discretización de la ecuación (13.194) se escribe finalmente
N
X
(δij − Rij )Φj + Ri N +1 Γ = 2U∞ (xi cos α + zi sen α). (13.202)
j=1
El primer término del primer miembro de (13.202) representa la contribución de los N paneles del
perfil evaluada en el punto medio del perfil i − esimo, (x0i , zi0 ), mientras que el segundo término
representa la contribución de la estela. Se tiene entonces un sistema de N ecuaciones con N + 1
incógnitas a las que hay que añadir una condición adicional, la de Kutta, para obtener la solución
buscada. Numéricamente la condición de Kutta se puede imponer, por ejemplo, exigiendo que el
coeficiente de presiones sea igual en los puntos medios de los dos paneles que forman el borde de
salida (presiones iguales arriba y abajo del borde de salida). Las ecuaciones (13.202) junto con la
condición de Kutta forman un sistema algébrico de N + 1 ecuaciones para calcular las N incógnitas
Φj y Γ, que puede resolverse por métodos matriciales convencionales.
Una vez obtenida la distribución de potenciales Φj sobre el obstáculo y Γ, la sustentación en el
caso de un perfil bidimensional se obtiene a partir de la fórmula de Kutta l = ρ Γ U∞ y la velocidad
y el coeficiente de presiones sobre él se obtienen de
vt2
vt = ∂Φ/∂x0 , y Cp = 1 − 2
. (13.203)
U∞
Nótese que la derivada en (13.203) puede calcularse numéricamente como el cociente del valor de
Φ en dos paneles consecutivos y la distancia. En la Figura 13.25 se representa el coeficiente de pre-
siones sobre extradós e intradós de un perfil NACA 0012 a ángulo de ataque α = 5o calculado
numéricamente mediante el método de paneles. Para su comparación se representa también el
coeficiente de presiones calculado mediante la teorı́a potencial exacta.17
17 I. H. Abbott y A. E. von Doenhoff, Theory of Wing Sections, McGraw Hill, Nueva York, 1949.
370 Capı́tulo 13. Flujo potencial alrededor de obstáculos
Efectos de la viscosidad
y de la conducción de calor
371
372 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
es pequeño y los esfuerzos viscosos tangenciales µ(∂ U/∂ n) (siendo n la distancia a un punto medida
desde la pared) son importantes cerca de la pared, necesariamente el gradiente de velocidades debe
ser grande en esa región, lo que requiere que la velocidad varı́e en distancias muy pequeñas desde
el valor cero que tiene en la pared hasta su valor exterior.
En esencia, la idea de Prandtl para el análisis de flujos de fluidos con viscosidad pequeña (con
mayor precisión, flujos a altos números de Reynolds) consiste en dividir el flujo en dos regiones bien
diferenciadas: una sin efectos viscosos o de conducción, que se denomina exterior donde el fluido se
puede considerar ideal y otra adyacente a las superficies sólidas, de espesor muy pequeño, donde
los efectos viscosos son importantes, no porque el coeficiente de viscosidad del fluido sea mayor
en esta zona (se supone que µ no varı́a), sino porque los gradientes de velocidad en la dirección
normal a la superficie son muy acusados por ocurrir esta variación en una capa muy delgada.
En flujos alrededor de obstáculos a altos números de Reynolds las fuerzas de viscosidad sólo
son importantes en la proximidad de las paredes sólidas, de modo que a distancias pequeñas de la
pared el campo de velocidades coincide prácticamente con el que se obtiene mediante la teorı́a de
flujos de fluidos ideales alrededor de obstáculos. La acción de la viscosidad modifica la distribución
de velocidades cerca de la pared y obliga mediante la acción de los esfuerzos de viscosidad a que
la velocidad del fluido en la pared sea nula, lo que se traduce en una fuerza de resistencia sobre el
obstáculo (resistencia de fricción). Sucede en ocasiones que la deceleración de la corriente exterior
no viscosa, que tiene lugar sobre la parte posterior de un obstáculo en el seno de una corriente,
puede ser grande, como ocurre en el caso de cuerpos de geometrı́a roma o fuselados a ángulos de
ataque grandes. Debido al efecto de la viscosidad, esta deceleración será mayor aún en la capa
lı́mite, pudiéndose producir, si la deceleración es suficientemente grande, una corriente inversa
al sentido del flujo exterior que dé lugar a torbellinos que forman una estela viscosa detrás del
obstáculo, Figura 14.1. En esta situación, se dice que la capa lı́mite se ha separado, la distribución
de presiones real es muy diferente de la teórica, pues el efecto de la viscosidad no está ya restringido
a una zona muy delgada adyacente al obstáculo, y la resistencia se ve aumentada considerablemente
por un factor al que contribuyen las fuerzas de presión (resistencia de forma).
Cuando la capa lı́mite está adherida, la idea de Prandtl es extraordinariamente fructı́fera, pues
permite simplificar drásticamente cada uno de los dos problemas (flujo exterior y capa lı́mite) en los
que se divide el flujo total. Su aplicación sistemática y el entendimiento de los numerosos fenómenos
que es capaz de explicar unificó las hasta entonces inconexas ciencias de la Hidrodinámica Teórica,
cultivada por fı́sicos y matemáticos, y de la Hidráulica Empı́rica de aplicación en la Ingenierı́a. Sin
exagerar, se puede decir que con ella surge la Mecánica de Fluidos moderna.
Antes de proceder a la obtención de las ecuaciones y condiciones de contorno que gobiernan
el flujo en el interior de la capa lı́mite es conveniente señalar que esta idea se ha extendido a
muchos otros problemas de casi todas las ramas de la ciencia. Como se verá en lo que sigue,
desde un punto de vista matemático la idea de la capa lı́mite surge de la simplificación de las
ecuaciones diferenciales que gobiernan un determinado problema cuando se eliminan las derivadas
de mayor orden por ser uno o más de los términos que las contienen pequeños frente a los restantes.
Naturalmente las ecuaciones simplificadas son válidas lejos del contorno, pero no lo son en una
capa lı́mite adyacente al contorno donde los términos con derivadas de mayor orden deben de ser
retenidos para poder imponer la totalidad de las condiciones de contorno.
y
x
R(x)
de la superficie (δ ¿ L, δ ¿ R).
Si se adopta un sistema de coordenadas curvilı́neas ortogonales, Figura 14.1, formado por la
familia de curvas paralelas al contorno del obstáculo y sus trayectorias ortogonales, y si u, v, p,
ρ y ν representan las componentes de la velocidad según los ejes x e y y la presión, densidad y
viscosidad cinemática del fluido, las ecuaciones de Navier-Stokes se escriben
∂u ∂v
+ = 0, (14.1)
∂x ∂y
µ 2 ¶
∂u ∂u 1 ∂p ∂ u ∂2u
u +v =− +ν + 2 , (14.2)
∂x ∂y ρ ∂x ∂x2 ∂y
µ 2 ¶
∂v ∂v 1 ∂p ∂ v ∂2v
u +v =− +ν + . (14.3)
∂x ∂y ρ ∂y ∂x2 ∂y 2
Nótese que siempre que se satisfaga la condición δ ¿ R, las ecuaciones del movimiento plano en
coordenadas curvilı́neas ortogonales se reducen a la forma (14.1)-(14.3) de coordenadas cartesianas
rectangulares si se desprecian términos que son del orden de δ/R frente a los retenidos. El cálculo
riguroso de este lı́mite se omite aquı́ por ser tedioso. Debido a que δ/L ¿ 1, las velocidades u y v
varı́an mucho más rápidamente en la dirección del eje y que en la del eje x. En efecto
∂2u ∆u U ∂2v ∆v V
2
∼ 2
∼ 2 y 2
∼ 2
∼ 2, (14.4)
∂x (∆x) L ∂x (∆x) L
donde se ha supuesto que u y v varı́an a lo largo del eje x del orden de ellas mismas (es decir, del
orden de sus magnitudes caracterı́sticas U y V ) en distancias del orden de L, mientras que
∂2u ∆u U ∂2v ∆v V
∼ ∼ 2 y ∼ ∼ 2, (14.5)
∂y 2 (∆y)2 δ ∂y 2 (∆y)2 δ
de modo que
∂2u ∂2u ∂2v ∂2v
2
¿ y ¿ , (14.6)
∂x ∂y 2 ∂x 2 ∂y 2
en tanto que δ ¿ L. Por otra parte, las variaciones transversales de presión ∆y p ∼ ρ V 2 son
pequeñas frente a las longitudinales ∆x p ∼ ρ U 2 . En efecto, de la ecuación de continuidad se tiene
V /U ∼ δ/L, (14.7)
que muestra que el movimiento en la capa lı́mite es casi-unidireccional y que
µ ¶2 µ ¶2
∆y p V δ
∼ ∼ ; (14.8)
∆x p U L
374 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
esto es, (14.8) muestra que las variaciones de presión según el eje y son nulas salvo errores del
orden de (δ/L)2 .
Si la presión no varı́a con la distancia y a la pared su valor debe venir dado por el valor de
la presión exterior pe (x), fuera de la capa lı́mite. Salvo términos del orden de δ/L este valor se
corresponde con el valor de la presión calculado mediante la teorı́a ideal y particularizado sobre la
superficie del obstáculo (y = 0). Si denominamos ue (x) al valor de la velocidad exterior, la ecuación
de Bernouilli para el flujo lı́quidos ideales proporciona
1 ∂pe ∂ue
pe + ρ u2e = const o = −ue . (14.9)
2 ∂x ∂x
Finalmente, si se tienen en cuenta las ecuaciones (14.6), (14.8) y (14.9) el sistema (14.1)-(14.3)
puede simplificarse para obtener las ecuaciones del movimiento en la capa lı́mite
∂u ∂v
+ = 0, (14.10)
∂x ∂y
∂u ∂u U2 ∂2u U
u ∼v ∼ ∼ ν 2 ∼ ν 2, (14.12)
∂x ∂y L ∂y δ
y, por tanto,
δ ³ ν ´1/2 1
∼ ≡ ; (14.13)
L UL Re1/2
de modo que δ/L → 0 cuando Re → ∞ como se habı́a anticipado. Obsérvese que si ν es muy
pequeño, la rápida variación de u en una distancia tan pequeña (proporcional a ν 1/2 ) es suficiente
para que el término viscoso no sea despreciable. Debe también destacarse que en las ecuaciones
(14.10) y (14.11) la distancia a la pared es muy pequeña, y se suele medir en unidades de δ o de
(νL/U )1/2 .
Obsérvese que al mismo resultado se llega estableciendo que en la capa lı́mite el tiempo ca-
racterı́stico δ 2 /ν necesario para que cualquier perturbación se difunda en la dirección vertical por
la acción de la viscosidad es del mismo orden que el tiempo de transporte convectivo L/U aguas
abajo de la capa lı́mite; δ 2 /ν ∼ L/U , con lo que se obtiene (14.13).
Como condiciones de contorno al sistema (14.10)-(14.11) se impondrán las siguientes:
1. Condición de velocidad nula en la pared y = 0
con superficie porosa, en cuyo caso la segunda de las condiciones debe sustituirse por v(x, 0) = vs (x), siendo vs la
velocidad de succión o soplado a través de la superficie.
14.3. Algunas propiedades de las ecuaciones de capa lı́mite 375
2. Condición de acoplamiento con la solución exterior. Es importante señalar aquı́ que aún
cuando al deducir el orden de magnitud de los diversos términos de las ecuaciones se ha
supuesto que el espesor de la capa lı́mite era finito, se comprueba al integrar las ecuaciones
de la capa lı́mite que la condición de contorno de acoplamiento con la solución exterior sólo
puede satisfacerse como condición asintótica para y → ∞. Nótese que y, que se mide en
unidades de δ, debe ser grande frente a δ pero pequeño en relación a la escala exterior L. Se
impondrá entonces, la condición
∂u
lı́m = 0, (14.16)
y→∞ ∂y
que demuestra que como deberı́a ocurrir los esfuerzos de viscosidad son nulos en la región de
acoplamiento con la solución exterior (y À δ).
Como observación final conviene decir que las condiciones de contorno anteriores no garantizan
soluciones en las que v(x, ∞) sea nula como deberı́a de ocurrir por ser nula la velocidad normal al
obstáculo de la corriente exterior ve (x, 0) = ve (x) = 0. No obstante, desde el punto de vista práctico,
esta objeción carece de interés ya que la velocidad normal es un infinitésimo de U (V /U ∼ Re−1/2 )
como se sigue de (14.7) y (14.13). Si se quisiera una mejor aproximación puede procederse por
iteración teniendo en cuenta el efecto de la capa lı́mite sobre la corriente exterior y resolviendo
ésta de nuevo con la condición de que la velocidad normal sobre el obstáculo sea ahora igual a
la velocidad v(x, ∞) en el infinito de la capa lı́mite, y no nula, como se prescribió en primera
instancia.
La resolución de la ecuación (14.18) con las condiciones de contorno (14.19) suministra las carac-
terı́sticas más importantes de la solución: el perfil de velocidades u = Ψy (x, y), el coeficiente de
rozamiento en la pared µ Ψyy (x, 0) y el espesor δ de la capa lı́mite. Puesto que la región exterior
se alcanza de un modo asintótico, existe una arbitrariedad intrı́nseca en la definición del espesor
376 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
de capa lı́mite. Un modo de definirlo serı́a el valor δ de la coordenada y para el que la velocidad
alcanza un tanto por ciento α de su valor en el exterior. La ecuación
determina el espesor de capa lı́mite δ(x) si se especifica un valor de α; usualmente se toma α = 0,95
o α = 0,98.
Se puede eliminar la arbitrariedad de la última definición si se consideran dos nuevos espesores
de capa lı́mite con una definición menos ambigua que la anterior: el espesor de desplazamiento δ1
y el espesor de cantidad de movimiento δ2 . El primero se define como la distancia δ1 que habrı́a
que desplazar la pared sólida hacia el interior de la capa lı́mite para que supuesto que el fluido se
mueva con la velocidad exterior pase por la sección disponible el mismo caudal que pasa por la
capa lı́mite original, esto es
Z ∞ Z ∞
udy = ue d y, (14.21)
o δ1
o también Z ∞
1
δ1 = (ue − u)d y. (14.22)
ue o
Análogamente, se define el segundo espesor δ2 en función de la distancia δ1 +δ2 que debe desplazarse
la pared hacia el interior del fluido para que supuesto que se mueve con la velocidad exterior pase
por la sección disponible un flujo de cantidad de movimiento igual al que pasa por la capa lı́mite
original
Z ∞ Z ∞
2
ρu dy = ρu2e dy. (14.23)
o δ1 +δ2
Análogamente, es fácil demostrar que para una capa lı́mite compresible los espesores de desplaza-
miento y cantidad de movimiento vienen dados por las expresiones
Z δ µ ¶
ρu
δ1 = 1− dy, (14.25)
o ρe ue
Z δ µ ¶
ρu u
δ2 = 1− dy. (14.26)
o ρe ue ue
La vorticidad total por unidad de longitud ω k perpendicular al plano del movimiento es
∂v ∂u ∂u
ω= − '− , (14.27)
∂x ∂y ∂y
ya que dentro de la aproximación de capa lı́mite ∂u/∂y ∼ U/δ À ∂v/∂x ∼ V /δ ∼ U/L. El flujo
total de vorticidad a través de la capa lı́mite adyacente al obstáculo es la circulación Γ del vector
velocidad a lo largo del obstáculo
Z Z I Z ∞ I Z ∞ I
∂u
ωk · n d σ = ω kk d y d x = − d y d x = −ue (x)d x = Γ. (14.28)
o o ∂y
14.3. Algunas propiedades de las ecuaciones de capa lı́mite 377
Finalmente el flujo total de vorticidad en la dirección del movimiento a través de una sección
cualquiera de la capa lı́mite
Z ∞ Z ∞ Z ∞ 2
∂u ∂u /2
−ω u d y = u dy = d y = u2e (x)/2. (14.29)
o o ∂y o ∂y
Nótese que la variación de este flujo en la dirección del movimiento se debe a la vorticidad intro-
ducida por la pared que, de acuerdo con la ecuación de Bernouilli, es
due 1 dpe 1 dp
ue =− =− , (14.30)
dx ρ dx ρ dx
de modo que en las zonas de gradiente de presión favorable dp/dx < 0 (due /dx > 0) el flujo de vor-
ticidad crece aguas abajo de la capa lı́mite mientras que decrece en las zonas de gradiente de
presiones desfavorables dp/dx > 0 (due /dx < 0). El flujo de vorticidad aguas abajo está gobernado
por un balance entre el transporte difusivo de la viscosidad que la difunde normalmente a la pared
y la convección que la transporta aguas abajo.
Consideremos ahora desde un punto de vista cualitativo el comportamiento de la capa lı́mite
sometida a gradientes de presión. En la Figura 14.2 se representa en forma magnificada la influencia
del gradiente de presiones sobre el perfil de velocidades en la capa lı́mite de un obstáculo a altos
números de Reynolds. Si no existiese capa lı́mite la teorı́a ideal predice dos puntos de remanso R1 y
R2 localizados en la parte delantera del perfil y en el borde de salida del mismo. En estos puntos la
velocidad es nula, y la presión, de acuerdo con la ecuación de Bernouilli pe + ρu2e /2 = p∞ + ρU 2 /2,
serı́a la máxima (la de remanso). En el punto M , cercano al de máxima anchura la velocidad es
máxima y la presión mı́nima, de modo que pe (x) = p(x) decrece desde R1 hasta M (gradiente de
presión favorable) y crece de M a R2 (gradiente adverso). En la zona de gradientes adversos la
capa lı́mite no siempre permanece adherida al obstáculo, ya que puede ocurrir que las fuerzas que
actúan en dirección opuesta al movimiento de las partı́culas fluidas (gradiente adverso de presiones
y fuerzas de viscosidad) lleguen a anular la cantidad de movimiento de éstas. En esta situación se
produce corriente invertida cerca de la pared, véase Figura 14.2, y se dice que la capa lı́mite se ha
separado. A partir del punto de separación xs , la aproximación de capa delgada efectuada para la
obtención de las ecuaciones de capa lı́mite deja de ser válida.
cp >0
cp <0 cx
cx
M D
U¥
R1
R2
Figura 14.2: Evolución de los perfiles de velocidad en una capa lı́mite con gradientes de presión
adverso. El punto de separación o desprendimiento está indicado con la letra D.
El punto de separación xs se alcanza cuando deja de existir adherencia entre fluido y pared, lo
que implica que el esfuerzo de viscosidad es nulo en ese punto, ∂u/∂y|y=0 = 0. En la pared, donde
la inercia es nula, la ecuación (14.11) tiende a
∂p ∂2u
− + µ 2 = 0, (14.31)
dx ∂y
378 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
que es una ecuación que determina la curvatura del perfil de velocidades en la pared. Si el gradiente
de presiones es favorable, la curvatura del perfil de velocidades es negativa en toda la capa lı́mite,
el esfuerzo viscoso disminuye monótonamente desde la pared al exterior de la capa lı́mite y no se
puede producir separación de capa lı́mite (corriente invertida). En la Figura 14.3a se representan
cualitativamente los perfiles de velocidad, esfuerzo viscoso, y curvatura del perfil de velocidades
para una capa lı́mite con gradiente de presiones favorable (∂p/∂x < 0). Obsérvese que la curvatura
∂ 2 u/∂y 2 = −∂ω/∂y = ∂(τ /µ)/∂y está relacionada con la variación de vorticidad y de esfuerzo
viscoso a lo largo de normales a la pared. En el caso que nos ocupa tanto la vorticidad como
el esfuerzo viscoso disminuyen monótonamente a medida que aumenta la distancia a la pared.
Por el contrario, si el gradiente de presiones es adverso (∂p/∂x > 0) la curvatura en la pared,
al contrario de lo que ocurre lejos de ella, es positiva y existe, por tanto, un punto de inflexión
d2 u/dy 2 = 0 en el perfil de velocidades. La presencia de un punto de inflexión en el perfil de
velocidades es por tanto condición necesaria, aunque no suficiente, para que se produzca separación
de la capa lı́mite. En la Figura 14.3b se representan los perfiles de velocidad, esfuerzo viscoso (que
presenta un máximo fuera de la pared) y curvatura del perfil de velocidades para una capa lı́mite
con gradiente de presiones desfavorable.
Figura 14.3: Perfil de velocidades, esfuerzo viscoso y variación del esfuerzo viscoso con la distancia a
la pared en: a) capa lı́mite con gradiente de presiones favorable; b) ı́dem con gradiente de presiones
desfavorable.
Figura 14.4: Valores experimentales del coeficiente de resistencia total y del de forma de una
familia de perfiles simétricos a ángulo de ataque nulo como función de su espesor relativo. El
número de Reynolds del experimento es U∞ L/ν = 4 × 105 . Desde el punto de vista aerodinámico
el perfil de ala es muy eficaz, pues su resistencia es la misma, a igual velocidad, que la del cilindro
indicado en la figura cuyo diámetro es aproximadamente una décima parte del espesor del perfil.
De G. K. Batchelor, An Introduction to Fluid Dynamics, Cambridge University Press, 1967.
En la Figura 14.4 se muestra la variación con el espesor relativo del perfil e/L de la resistencia
total y de forma de la familia de perfiles simétricos bidimensionales de la figura; e es el espesor
máximo del perfil y L su cuerda. Obsérvese que a partir de espesores superiores al 30 % (perfiles
de espesor relativo superior al 20 % son raramente usados en Aeronáutica) la resistencia de presión
aumenta considerablemente y se hace mucho mayor que la de fricción. Una muestra de la eficacia
aerodinámica de los perfiles fuselados lo constituye el hecho de que el perfil y el cilindro circular de
la Figura 14.4 exhiban la misma resistencia a velocidades iguales. Nótese la diferencia de espesores y
áreas entre los dos cuerpos, ya que el cilindro posee un diámetro que es aproximadamente la décima
parte del espesor máximo del perfil. Simplificando, se puede decir que en un cuerpo fuselado la
resistencia, cuya mayor contribución es la fricción, es pequeña, mientras que la de los cuerpos
romos, cuya contribución es fundamentalmente debida a la de forma, es grande.
380 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
la resistencia de forma va creciendo y para Re alto (Re > 103 , aproximadamente), CD permanece
prácticamente constante e igual a 0,4 para la esfera y entre 1 y 1,2 para el cilindro. Sin embargo, para
Re ' 2×105 , la resistencia cae bruscamente. Este paradójico efecto, tı́pico de cuerpos de geometrı́a
roma, es conocido como crisis de la resistencia y se debe a que la capa lı́mite que se desarrolla
sobre el obstáculo se hace turbulenta. En efecto, debido a la agitación turbulenta la cantidad de
movimiento de las partı́culas próximas a la pared es mayor en una capa lı́mite turbulenta que
en una laminar, con lo que para un mismo gradiente de presiones (o equivalentemente, idéntica
forma geométrica del obstáculo) el punto de desprendimiento se encuentra más retrasado en una
capa lı́mite turbulenta, Figura 14.6. Consecuentemente, la estela que deja el obstáculo es más
estrecha y la resistencia de forma disminuye notablemente. Como la resistencia total en cuerpos
romos es debida mayormente a la de forma, el efecto global de la transición de capa lı́mite laminar
a turbulenta resulta en una disminución de la resistencia total aun cuando, como se verá más
adelante, la resistencia de fricción sea mayor en una capa lı́mite turbulenta que en una laminar.2
El fenómeno de separación de capa lı́mite no se produce sólo en flujos externos, sino también en
flujos en conductos. En estos casos, la separación ocurre en la zona divergente del conducto donde
existe un gradiente adverso de presiones. Cuando el gradiente adverso sobrepasa un cierto valor
crı́tico, o lo que es lo mismo, cuando el ángulo de divergencia del conducto sobrepase un cierto
valor, que es muy aproximadamente de 6o , la capa lı́mite se desprende como se muestra en la Figura
14.7 donde se visualiza el flujo en un conducto divergente por medio de burbujas de hidrógeno. La
separación de capa lı́mite lleva aparejado una caı́da importante de la presión de remanso y de las
caracterı́sticas del difusor.
2 Esta es la razón por la que las pelotas de golf no tienen superficie lisa; las rugosidades (hoyuelos) facilitan la
a) b)
Figura 14.6: Flujo sobre una esfera. a) Capa lı́mite laminar. b) Capa lı́mite turbulenta. De Van
Dyke (1982).
en la ecuación (14.18) y condiciones de contorno (14.19), las expresiones resultantes son invariantes
salvo que ν quede sustituido por la unidad. Esto significa que Ψ = f (x, y) o
à r !
p x U∞
Ψ = U∞ Lνf ,y , (14.33)
L νL
y también
√ √
u Ψy ∂f Re v Re Ψx df
=u= = y =v=− =− . (14.34)
U∞ U∞ ∂y U∞ U∞ dx
382 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
Estas expresiones muestran que cuando el número de Reynolds de la corriente cambia, el patrón
del flujo en la capa lı́mite experimenta simplemente una transformación de semejanza de modo que
las distancias y velocidades longitudinales permanecen invariantes mientras que las distancias y
velocidades transversales varı́an de forma inversamente proporcional a la raı́z cuadrada del número
de Reynolds.
El esfuerzo en la pared es
3/2 ¯ ³x´
ν 1/2 Uo ∂ 2 f ¯¯ U2
τp = µ Ψyy |y=0 =ρ 2¯ = ρ √ o f1 , (14.35)
L1/2 ∂ y y=0 Re L
f1 (xs ) = 0, (14.36)
resulta independiente del número de Reynolds; la función adimensional f1 (x/L) depende única-
mente de la distribución de velocidades de la corriente exterior ue (x), o lo que es lo mismo, de
la forma geométrica del obstáculo. El lector puede demostrar fácilmente que la variación con el
número de Reynolds del espesor de capa lı́mite (y también la de los espesores de desplazamiento y
cantidad de movimiento) es de la forma
δ 1
=√ f2 (x/L). (14.37)
L Re
ue (x) = c xm , (14.38)
las ecuaciones de la capa lı́mite admiten soluciones de semejanza; c es una constante con dimen-
siones apropiadas y m es en principio cualquier número real.
Como se vio en 11.4.1, la expresión (14.38) puede representar, dependiendo del valor de m,
casos diferentes de corriente potencial de un lı́quido. Por ejemplo, si m varı́a entre 0 e ∞, (14.38)
proporciona la velocidad potencial en el caso de una cuña de ángulo
y el esfuerzo en la pared
· ¸1/2
νu3e (x)
τp = µ Ψyy |y=0 = ρ f¨(0), (14.49)
x
que muestran explı́citamente cómo los espesores de capa lı́mite y el esfuerzo en la pared dependen
del gradiente de presiones, [o lo que es lo mismo de ue (x)]. Las integrales en (14.48) pueden
resolverse numéricamente a la par que el problema (14.46)-(14.47).
Un caso particular de gran interés, analizado por Blasius en 1908, es el de m = 0 que corresponde
a la capa lı́mite desarrollada sobre una placa plana seminfinita.3 En este caso ue (x) = U∞ es
constante y los resultados numéricos proporcionan
r r r
νx νx νU 3
δ1 = 1,22 , δ2 = 0,47 , y τp = 0,332 ρ . (14.50)
U∞ U∞ x
3 Obsérvese que el caso m = 0 permite modelar la capa de mezcla laminar que se desarrolla entre dos corrientes
paralelas de un mismo fluido con velocidades U1 y U2 . Definiendo las variables Ψ = (νU1 x)1/2 f (η) con η =
...
y[U1 /(νx)]1/2 se obtiene de (14.18) la ecuación 2 f +f f¨ = 0, que hay que resolver numéricamente con las condiciones
f˙(∞) = 1, f˙(−∞) = U2 /U1 , y f (0) = 0.
384 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
Figura 14.8: Perfiles de semejanza de Falkner-Skan u/ue (x) = df /dη para valores distintos del
exponente m (distinto ángulo de cuña).
El resultado obtenido en (14.50) se puede usar para calcular de forma aproximada la resistencia
que un fluido de densidad ρ y viscosidad µ opone al movimiento con velocidad U∞ de una placa
de longitud L, paralelamente a sı́ misma, cuando el número de Reynolds del movimiento es muy
grande. Por unidad de longitud perpendicular al plano del movimiento, y teniendo en cuenta las
dos caras de la placa, la resistencia de fricción es
Z L √
Df = 2 τf dx ' 1,328 ρ νU 3 L, (14.51)
o
Es importante comentar aquı́ el hecho de que la expresión (14.51) sea sólo un resultado aproximado
cuando se aplica a una placa plana de longitud finita L. Esto es consecuencia del hecho de que
la existencia de soluciones de semejanza es incompatible con condiciones de contorno que deben
satisfacerse corriente arriba o abajo de la zona donde la solución de semejanza es válida. Por
ejemplo, la solución de semejanza no es válida en las proximidades del borde de ataque de la placa
plana o de una cuña, puesto que allı́ la corriente exterior no es de la forma dada en (14.38), ya que
esta expresión de la velocidad potencial se alcanza asintóticamente a distancias del borde de ataque
que son grandes comparadas con el radio de curvatura del borde de ataque de la cuña o de la placa
plana (la placa plana real posee un espesor y finito y, por tanto, un radio de curvatura también
finito en el borde de ataque). Para una placa plana (o cuña) de longitud finita, también la corriente
14.4. Soluciones de semejanza de Falkner-Skan 385
exterior (14.38) se modifica por el hecho de que la placa se acaba y la solución, por tanto, no es
de semejanza, cerca del borde de salida. Nótese que la corriente se acelera detrás de la placa por
el hecho de que no existe pared y la succión generada tiende a acelerar la corriente exterior. Como
consecuencia, la placa plana de longitud finita experimenta una resistencia ligeramente mayor
que la dada por (14.51) que formalmente serı́a sólo válida para una placa plana semiinfinita. No
obstante, si la longitud de la placa L es suficientemente grande comparada con la de las zonas de no
validez de la solución de semejanza, la expresión (14.50) puede ser utilizada con gran aproximación
para calcular el valor de la resistencia de la placa plana de longitud finita.
Para valores negativos del exponente m en (14.38), que corresponden al caso de la corriente
potencial alrededor de una esquina, se encuentra que si m < −0,0904 no existe solución real
de la ecuación (14.46) que satisfaga la totalidad de las condiciones de contorno (14.47). Para
m = −0,0904, que corresponde a la corriente alrededor de una esquina de ángulo 0,91π, existe
solución numérica de (14.46) que satisface (14.47) con c > 0; para este caso se encuentra que
f¨(0) = 0 y por tanto el esfuerzo en la pared τp es nulo indicando separación de capa lı́mite. Para
valores de m menores que −0,0904, que corresponden a una esquina de ángulo más acusado se
produce separación de capa lı́mite que da lugar a corriente invertida. La corriente resultante no
puede ser descrita por las ecuaciones (14.18)-(14.19), puesto que falla la aproximación de capa
delgada (las velocidades axiales y normales en la capa lı́mite se hacen del mismo orden).
Es interesante discutir el caso m = −1 con c < 0, que corresponde a la corriente potencial
del movimiento convergente radial, entre dos paredes sólidas radiales que forman un ángulo α,
generado por un sumidero bidimensional situado en el origen tal como se muestra en la Figura
14.9. El caudal por unidad de longitud perpendicular al plano del movimiento es
q = ue x α = c α, (c < 0). (14.53)
En la capa lı́mite adyacente a las paredes, la función de corriente será ahora [véase (14.44)]
Figura 14.9: Flujo entre paredes sólidas radiales generado por un sumidero situado en el origen.
r
√ c y
Ψ= −c ν f (η) con η= − , (14.54)
ν x
las ecuaciones y condiciones de contorno para la función f son, teniendo en cuenta (14.46) y (14.47)
...
f +f˙2 − 1 = 0, (14.55)
f (0) = 0, f˙(0) = 0 y f˙(∞) = −1. (14.56)
Si la ecuación (14.55) se multiplica por f¨ puede integrarse una vez para dar
4 4
f¨2 + f˙3 − 2f˙ = , (14.57)
3 3
386 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
donde vs (x) es la velocidad de soplado (succión) en la pared; el resto de las condiciones de contorno
u(x, 0) = 0 y u(x, ∞) = ue (x) permanecen inalteradas.
Figura 14.10: Velocidad adimensional en la capa lı́mite con succión o soplado de una capa plana
(m = 0) y diferentes intensidades de la velocidad de soplado respecto a la exterior.
cuantificar, de modo relativamente simple, el efecto de succión o soplado en el caso de que la capa
lı́mite resultante siga siendo de semejanza para lo que se requiere que la velocidad exterior ue (x)
posea la forma dada en (14.38) y que la velocidad de soplado, de acuerdo con (14.44), varı́e con x
en la forma
m−1
vs (x) = A x 2 , (14.61)
donde A es una constante con dimensiones apropiadas. En estas condiciones el problema matemáti-
co a resolver es el de la ecuación (14.46) sujeta a las condiciones de contorno
2A
f (0) = − √ , f˙(0) = 0, f˙(∞) = 1. (14.62)
(m + 1) cν
Los perfiles de velocidad de semejanza correspondiente a una capa lı́mite con succión (A > 0) o
soplado (A < 0) se representan en la Figura 14.10.
14.5.1. Caso a) δ ¿ Ro
Considérese un sistema de coordenadas curvilı́neas de capa lı́mite ξ, η como el indicado en el
plano meridiano de un cuerpo de revolución como el indicado en la Figura 14.11, cuyo contorno
viene dado por R(ξ).
h
x
R(x)
u2e
∂p/∂η ∼ u2e /r, ∆η p ∼ ρ δ, (14.65)
R
de modo que por ser δ ¿ R se puede suponer, aquı́ también, que la presión, en primera aproxima-
ción, no varı́a a lo largo de normales a la pared. Nótese que la única modificación en las ecuaciones
de capa lı́mite respecto al caso bidimensional es la debida al incremento de área transversal al
variar R(ξ), ecuación (14.63).
Si se efectúa ahora la transformación de variables, denominada de Mangler,
Z x
1 R(ξ)
x= 2 R2 (ξ)dξ, y= η, (14.66)
Ro o Ro
à !
Ro Ṙ
u = u, v= v + ηu , (14.67)
R R
y se tiene en cuenta que
∂ R2 ∂ Ṙ ∂ ∂ R ∂
= 2 + y , = , (14.68)
∂ξ Ro ∂x R ∂y ∂η Ro ∂y
las ecuaciones (14.63)-(14.64) se transforman en las de la capa lı́mite bidimensional (14.10)-(14.11)
∂u ∂v
+ = 0, (14.69)
∂x ∂y
∂u ∂u ∂ue ∂2u
u +v = ue +ν 2; (14.70)
∂x ∂y ∂x ∂y
nótese que bajo esta transformación, el gradiente de presiones −(1/ρ)∂p/∂ξ = ue ∂ue /∂ξ se modifica
a (ue ∂ue /∂x)R2 /Ro2 .
14.5.2. Caso b) Ro ∼ δ
En el caso en que el radio caracterı́stico del obstáculo sea del mismo orden que el espesor de
la capa lı́mite o incluso menor, como ocurre en el caso de la corriente alrededor de agujas con
radio milimétrico o en el de chorros de diámetro micrométrico acelerados por una corriente de gas
concéntrica, la transformación de Mangler deja de ser válida. En estos casos, sin embargo, se puede
demostrar que basta la condición de esbeltez del obstáculo, o si se tratase de un chorro, dR/dξ ¿ 1,
para garantizar la existencia de una transformación de variables que reduce las ecuaciones de la
capa lı́mite axilsimétrica
∂u 1 ∂(rv)
+ = 0, (14.71)
∂ξ r ∂r
14.6. Estructura de un vórtice viscoso 389
µ ¶
∂u ∂u ∂ue ν ∂ ∂u
u +v = ue + r , (14.72)
∂ξ ∂r ∂ξ r ∂r ∂r
a las de la capa lı́mite bidimensional, mucho más fáciles de implementar numéricamente; nótese
que en este caso dR/dξ ¿ 1 por serlo dδ/dx ∼ δ/x ¿ 1.
En efecto, si se introduce el grupo de transformaciones
∂ ∂ ∂ ∂σ ∂ ∂ 1 ∂ 1 ∂ ∂σ ∂
= + = − RṘ , = = , (14.74)
∂ξ ∂x ∂σ ∂ξ ∂x ∂σ r ∂r r ∂σ ∂r ∂σ
∂u ∂v
+ = 0, (14.75)
∂x ∂σ
· ¸
∂u ∂u ∂ue ∂ £ 2 ¤ ∂u
u +v = ue +ν R (x) + 2σ . (14.76)
∂x ∂σ ∂x ∂σ ∂σ
Finalmente el cambio de variables
· ¸
dx 1 2σ
dx = 2 , y = ln 1 + 2 , (14.77)
R (x) 2 R (x)
∂u ∂v
e2y + = 0, (14.78)
∂x ∂y
∂u ∂u ∂ue ∂2u
e2y u +v = e2y ue +ν 2, (14.79)
∂x ∂y ∂x ∂y
que son mucho más fáciles de implementar numéricamente que las ecuaciones (14.71)-(14.72). Es
fácil observar en (14.73) y (14.77) que cuando r → R(x), σ → 0 e y → 0 y cuando r → ∞ también
σ → ∞ e y → ∞. Nótese también que cuando el espesor de la capa lı́mite δ es mucho menor que R,
entonces σ/R2 (x) ¿ 1 e y ¿ 1 y se obtiene el mismo resultado que si se aplica la transformación
de Mangler (e2y → 1). En la figura 14.12 se representa el esfuerzo adimensional en la pared de un
cilindro de sección constante alineado longitudinalmente en la dirección de la corriente.
Figura 14.12: Esfuerzo adimensional en la pared sobre un cilindro de sección constante situado
longitudinalmente en la dirección de la corriente.
µ ¶
∂vx ∂vx 1 ∂p ν ∂ ∂vx
vx + vr =− + r , (14.81)
∂x ∂r ρ ∂x r ∂r ∂r
vφ2 1 ∂p
= , (14.82)
r ρ ∂r
· µ ¶ ¸
∂vφ ∂vφ vr vφ 1 ∂ ∂vφ vφ
vx + vr + =ν r − 2 . (14.83)
∂x ∂r r r ∂r ∂r r
Para obtener las ecuaciones (14.80)-(14.83) se ha hecho uso de la axilsimetrı́a y de las condiciones
de capa delgada en las que las velocidades radiales vr son mucho menores que las azimutales y
axiales vφ y vx respectivamente y ∂/∂z ¿ ∂/∂r.
Las ecuaciones (14.80)-(14.83) deben resolverse sujetas a las condiciones de contorno siguientes:
en el eje (r = 0), el campo de velocidades debe ser regular y axilsimétrico, lo que implica
¯ µ ¶
∂u ¯¯ ∂vφ vφ
vφ (x, 0) = vr (x, 0) = 0, vx (x, 0) 6= ∞, = 0, − = 0, (14.84)
∂r ¯r=0 ∂r r r=0
a distancias grandes del eje el campo de velocidades y presiones debe decaer apropiadamente.
para arrancar la integración numérica del sistema (14.80)-(14.83) es necesario especificar los
perfiles de velocidades vx (xo , r) y vφ (xo , r) en una cierta estación inicial xo .
Sucede, sin embargo, que si se omiten las condiciones iniciales, lo que significa que se quiere describir
la solución a distancias grandes aguas abajo x À xo , el sistema (14.80)-(14.84) se hace de semejanza
si se buscan soluciones que decaen lejos del eje en la forma
p (LWo )2 2(m−2)
vx = Wo rm−2 , vφ = LWo rm−2 , = r . (14.85)
ρ 2(m − 2)
14.6. Estructura de un vórtice viscoso 391
Aquı́ el exponente m es cualquier número real menor que 2, Wo es una constante con dimensio-
nes apropiadas y el número adimensional L, denominado número de Squire, mide la importancia
relativa del movimiento azimutal frente al meridional.
El campo de velocidades y presiones (14.85) es el comportamiento lı́mite, cerca del eje, de un
tipo de flujos vorticales y no viscosos que satisfacen las ecuaciones de Euler (véase 10.13).
Definiendo las variables de semejanza
Ψ(x, r)
f (ξ) = , ξ = r2 /δ 2 (x), (14.86)
νx
δ 2 vφ δ 4 (x) p(x, r)
g(ξ) = , β(ξ) = , (14.87)
νx ν 2 x2 ρ
el campo de velocidades meridional se escribe
µ 0
¶
Ψr νx 0 Ψx ν 0 xδ
vx = =2 2 f (ξ), vr == − =− f − 2ξf , (14.88)
r δ (x) r r δ
g 2 = 2ξβ 0 , (14.90)
m−1 0 fg d g
2 gf − 2f g 0 − = 4 (ξg 0 ) − , (14.91)
m ξ dξ ξ
con las condiciones de contorno
m (mL)2 m−2
f → ξ m/2 , g → mLξ 2 −1 , β→ ξ . (14.97)
2(m − 2)
valores de uno o más parámetros, en este caso dos, desconocidos a priori. Dados valores arbitrarios
de los parámetros de arranque, la solución numérica no cumplirá, en general, el comportamiento
requerido en el infinito, por lo que se procede a nuevas integraciones variando los parámetros
del arranque. El problema queda determinado cuando se encuentra la pareja de parámetros que
satisfacen en el infinito el comportamiento dado por (14.97). Se han descrito en la literatura las
soluciones correspondientes a los casos 1 ≤ m < 2,5 por ser las caracterı́sticas de estos vórtices
las que más se asemejan a los resultados experimentales existentes. Para 1 < m < 2, se encuentra
que no existe solución si el parámetro L es menor que un cierto valor crı́tico L∗ , mientras que
existen dos soluciones posibles si L < L∗ (en la realidad se dará la más estable). La no existencia
de soluciones para L > L∗ se debe entender en el sentido de que no existen soluciones de tipo
de capa delgada como las que describe la aproximación cuasi-cilı́ndrica (14.80)-(14.83) y ha sido
interpretado como signo de rotura de vórtice vortex breakdown, fenómeno en el que un vórtice
esbelto rompe cuando el parámetro de Squire sobrepasa un cierto lı́mite y se forma un flujo con
estructura no esbelta, Figura 14.13.
Figura 14.13: Rotura de vórtices sobre el extradós de una ala en delta. Los vórtices son consecuencia
del paso de la corriente de intradós (mayor presión) a extradós (menor presión). Obsérvese que
aguas abajo del vértice el núcleo vortical viscoso rompe simétricamente en una burbuja en un caso
y en un flujo no simétrico en el otro.
5 El caso m = 1 que estudió Long en 1958 y que se denomina en su honor vórtice de Long, es un caso degenerado
métodos,6 para pasar después a describir algunas de las técnicas numéricas exactas que se utilizan
en la actualidad para integrar las ecuaciones de la capa lı́mite.
ue(x)
u(x,y) pe+dpe
pe(x)
tp
x x+dx
donde se ha tenido en cuenta que la presión se conserva a través de normales a la capa lı́mite.
Haciendo uso de (14.100), la ecuación anterior puede escribirse en la forma
Z δ Z δ
d d dpe
ρu2 dy − ue ρudy = −δ − τp , (14.102)
dx o dx o dx
o también Z Z Z
δ δ δ
d d due due
ρu2 dy − ρuue dy + ρudy − δρe ue =
dx o dx o dx o dx
Z δ Z δ
d due
ρu(u − ue )dy − (ρu − ρe ue )dy = −τp , (14.103)
dx o dx o
1 dρe u0
= − e Me2 , (14.108)
ρe dx ue
donde Me = u2e /ae es el número de Mach de la corriente exterior. Teniendo en cuenta (14.108), la
ecuación (14.106) de Karman se escribe en su forma más sencilla
dδ2 u0 τp
+ [(2 − Me2 )δ2 + δ1 ] e = . (14.109)
dx ue ρe u2e
Obsérvese que cuando Me2 ¿ 2 los efectos de compresibilidad en la capa lı́mite son despreciables
y la forma de (14.109) coincide con la ecuación de Karman para un fluido incompresible, (14.99).
En el caso de fluidos compresibles, o en el análisis de capas lı́mites térmicas de fluidos incom-
presibles, el teorema de conservación de la energı́a aplicado al volumen de control de la Fig. 14.11
suministra, en ausencia de fuerzas másicas, la siguiente ecuación integral de la energı́a
Z ∞ ¯
d ∂T ¯¯
ρu(hoe − ho )dy = −qp = k , (14.110)
dx o ∂y ¯y=0
14.7. Soluciones numéricas de capa lı́mite 395
al que se obliga a cumplir las dos primeras condiciones de (14.114) y las tres de (14.115) con lo
que se obtiene
Λ Λ Λ Λ
a1 = 2 + , a2 = − , a3 = − 2, a4 = 1 − , (14.117)
6 2 2 6
donde Λ(x) = δ 2 u0e /ν es un parámetro que mide la relación entre el tiempo de difusión viscosa
δ 2 /ν y el tiempo convectivo (u0e )−1 . Sustituyendo el perfil de velocidades (14.113) y (14.117) en
(14.22) y (14.24) se obtienen los espesores de desplazamiento y de cantidad de movimiento
Z 1 Z · ¸
δ1 3 Λ δ2 1 37 Λ Λ2
= (1 − f )dη = − , = f (1 − f )dη = − − , (14.118)
δ o 10 120 δ 63 5 15 144
396 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
y el esfuerzo en la pared es
ue
τp = µ
(2 + Λ/6). (14.119)
δ
Nótese que existe una cota inferior para los valores de Λ, Λ = −12, que corresponde a τp = 0 y,
por tanto, a desprendimiento de capa lı́mite.
El problema se cierra sustituyendo las expresiones (14.118) y (14.119) en la ecuación integral
de Karman, (14.106), con lo que se obtiene la ecuación diferencial que debe satisfacer Λ(x) y que
determina la solución aproximada de la capa lı́mite. No obstante, la ecuación diferencial resultante
se simplifica notablemente si en vez de Λ(x) se utiliza como variable dependiente
µ ¶2
δ22 u0e δ 2 δ 2 u0e δ2
λ= = 22 = Λ(x), (14.120)
ν δ ν δ
que debe ser integrada junto a las relaciones algebraicas (14.121)-(14.123). En general, la ecuación
(14.124) debe comenzar a integrarse en el punto de remanso donde ue (0) = 0 y u0e (0) es finita y
distinta de cero.7 Por tanto, para evitar que (14.124) sea singular en el punto de remanso, λ(0)
tiene que ser tal que
F (λ(0)) = 2f2 [λ(0)] − 2λ(0)[2 + f1 (λ(0))] = 0. (14.125)
La resolución numérica de las ecuaciones (14.121)-(14.125) proporciona tres parejas de valores reales
para λ(0) y Λ(0). Dos de estas parejas de valores, las que corresponden a valores de Λ(0) > 12,
deben rechazarse porque dan lugar a perfiles de velocidades con un máximo de velocidad superior
a ue (x) lo que carece de sentido fı́sico en capas lı́mites incompresibles. Se tiene, por tanto, que la
ecuación (14.124) debe integrarse con la condición de contorno
Dada entonces la solución del problema exterior, ue (x), la integración de (14.124) con la condición
de contorno (14.126) y las ecuaciones algebraicas (14.121)-(14.123) determinan λ(x) y Λ(x) ası́
como δ2 (x), δ1 (x), δ(x) y τp (x). El punto de desprendimiento xd se alcanza cuando τp (xd ) = 0 o
lo que es lo mismo Λ(xd ) = −12 teniendo en cuenta (14.121) λ(xd ) ' −0,157.
7 El caso de un borde de ataque de retroceso no se incluye aquı́.
14.7. Soluciones numéricas de capa lı́mite 397
Una simplificación ulterior que permite integrar analı́ticamente la ecuación (14.124) se debe a
Thwaites (1946)8 que representó el segundo miembro de (14.124) en función de λ para todas las
soluciones exactas, numéricas o analı́ticas de la capa lı́mite. Como era de esperar encontró que
existı́a una buena correlación entre F y λ, pudiéndose aproximar por una recta de ecuación9
adquieren entonces una forma más universal en la que desaparece la dependencia con la viscosidad
y si por simplicidad de escritura se suprime el asterisco en las variables resulta
∂u ∂v
α(y) + = 0, (14.135)
∂x ∂y
∂u ∂u ∂ue ∂2u
α(y)u +v = α(y)ue + 2, (14.136)
∂x ∂y ∂x ∂y
donde Uo es un valor caracterı́stico de la velocidad ue (x) y la función α(y) es respectivamente
α(y) = e2y para una capa lı́mite axilsimétrica o α = 1 para una capa lı́mite bidimensional, o
axilsimétrica pero cuyo espesor sea mucho menor que el radio caracterı́stico del obstáculo. Como
condiciones de contorno se imponen
Existen varios métodos numéricos eficientes para la integración numérica del problema (14.135-
14.137) siendo quizás el más conocido el denominado de cajas10 en el que el dominio fluido se
discretiza en las direcciones x e y lo que da lugar a un sistema algebraico no lineal que se resuelve
mediante un esquema de iteraciones de tipo Newton-Raphson.
5
Númerico
Thwaites
4
2
2toRe/rU ¥
0
0 20 40 q 80 100 120
Figura 14.15: Esfuerzo τo en la pared de un cilindro circular como función del ángulo θ.
Figura 14.16: Perfiles adimensionales de velocidad en diferentes secciones de la capa lı́mite sobre
un cilindro circular.
Teniendo en cuenta las premisas anteriores y la ecuación de estado h = cp T , las ecuaciones (14.146)
y (14.148) se escriben
µ ¶ µ ¶
∂u ∂u ∂pm ∂ ∂u
ρ u +v =− − ρ∞ β(T − T∞ )fmx + µ , (14.150)
∂x ∂y ∂x ∂y ∂y
µ ¶ µ ¶2 µ ¶
∂T ∂T ∂pm ∂u ∂ ∂T
ρcp u +v =u + ρ∞ ufmx + µ + K , (14.151)
∂x ∂y ∂x ∂y ∂y ∂y
que junto a (14.145), (14.147) y (14.149) forman un sistema de cinco ecuaciones para el cálculo
de las variables u, v, pm , ρ y T como funciones de x e y. El término ρβ(T − T∞ )fmx representa
las fuerzas de flotabilidad por unidad de volumen. Nótese que la presión se mantiene constante a
lo largo de normales a la capa lı́mite pm = pme (x). En el caso de lı́quidos es conveniente sustituir
(14.151) por la ecuación de la energı́a interna e(de = c d T ) que en este caso se escribe
µ ¶ µ ¶2 µ ¶
∂T ∂T ∂u ∂ ∂T
ρc u +v = −(pm + ph )∇ · v + µ + K . (14.152)
∂x ∂y ∂y ∂y ∂y
Nótese que en este caso el trabajo de compresión no es exactamente nulo ya que existen varia-
ciones de densidad en el lı́quido asociadas a las variaciones de temperatura. No obstante, y como
se verá más adelante, este término es despreciable frente a los restantes en la mayorı́a de las
aplicaciones prácticas.
A las ecuaciones (14.145), (14.150) y (14.151), o (14.152) en el caso de lı́quidos, hay que añadirles
las condiciones de contorno
y = 0, u = v = 0, T = Tp (x), (14.153)
y → ∞, u = ue (x), T = Te (x), (14.154)
x = xo , u(xo , y) = uo (y), T (xo , y) = To (y), (14.155)
donde la velocidad ue y temperatura Te (o entalpı́a) en el exterior satisfacen las relaciones
∂ue ∂p
ρe ue =− + (ρe − ρ∞ )fmx , (14.156)
∂x ∂x
402 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
µ ¶
∂Te ∂pm ∂ph
ρe cp ue = ue + , (14.157)
∂x ∂x ∂x
o bien en lugar de (14.157) la condición de que el flujo exterior es isentrópico
∂Se
ue = 0. (14.158)
∂x
La importancia relativa de las fuerzas de flotabilidad frente a las de inercia, o frente a las vis-
cosas, pues ambas son del mismo orden en la capa lı́mite, viene determinada por el parámetro
adimensional
β ∆T gL β ∆ T g L3 ν 2
2
= ; (14.159)
U∞ ν2 U∞2 L2
el primero de los dos parámetros adimensionales del segundo miembro es el número de Grashof G
que mide la importancia relativa entre las fuerzas de flotabilidad y las de inercia en la corriente
exterior, mientras que el segundo es el inverso del número de Reynolds que es siempre un número
muy grande si existe capa lı́mite. Si el número de Grashof es tal que G ¿ Re2 lo que ocurre a
2
grandes velocidades U∞ À β ∆ T g L las fuerzas de flotabilidad son despreciables y la convección se
denomina forzada (forzada por un flujo exterior que es impuesto y producido por cualquier medio
2
mecánico). Por el contrario, cuando U∞ ¿ β ∆ T g L las fuerzas de flotabilidad son dominantes y
responsables del movimiento del fluido. En este caso la convección se denomina libre o natural y
el movimiento del fluido es debido a las fuerzas de flotabilidad en el campo gravitacional terrestre
asociadas a las variaciones de densidad. Un ejemplo tı́pico es el movimiento inducido por un sólido
a temperatura superior a la del fluido en reposo en el infinito, que lo baña.
Como se verá en lo que sigue, la convección forzada puede ser subdividida en dos casos depen-
diendo de los valores del número de Mach de la corriente: a bajos números de Mach los efectos
de la disipación viscosa y del trabajo mecánico de la presión pueden ser despreciados frente a
la convección de calor, mientras que su efecto debe ser retenido a números de Mach de orden
unidad. En el primer caso y salvo en problemas de convección natural, si sucede además que las
diferencias de temperatura en el flujo son pequeñas frente a la propia temperatura, las variaciones
relativas de densidad son pequeñas, la capa lı́mite puede tratarse como incompresible y el proble-
ma mecánico de determinar el campo de velocidades se desacopla del térmico y puede resolverse
independientemente y previamente a él.
A continuación se estudiará primero la convección forzada, en particular se tratará la capa lı́mite
térmica incompresible, para proceder después al análisis del transporte de calor por convección
natural.
∂(ρu) ∂(ρv)
+ = 0, (14.160)
∂x ∂y
µ ¶ µ ¶
∂u ∂u ∂p ∂ ∂u
ρ u +v =− + µ , (14.161)
∂x ∂y ∂x ∂y ∂y
µ ¶ µ ¶2 µ ¶
∂T ∂T ∂p ∂u ∂ ∂T
ρcp u +v =u +µ + K , (14.162)
∂x ∂y ∂x ∂y ∂y ∂y
14.9. Convección forzada. Analogı́a de Reynolds 403
donde, dado que las fuerzas de flotabilidad son despreciables, se ha hecho la aproximación ∂pm /∂x '
∂p/∂x. Las condiciones de contorno son las dadas (14.153)-(14.155).
Si ∆p y U denotan las variaciones de presión y la velocidad caracterı́sticas de un flujo, se obtiene
de (14.161) ∆p ∼ ρU 2 y el trabajo de compresión es del orden de
∂p ∆p U3
u ∼U ∼ρ . (14.163)
∂x L L
Por otra parte, el orden de magnitud de la disipación viscosa por unidad de volumen es
µ ¶2
∂u U2 U2 U2 UL U3
µ ∼µ ∼ µ Re ∼ µ ∼ ρ , (14.164)
∂y δ2 L2 L2 ν L
y la convección de calor
∂T ∆T Tp − Te
ρ cp u ∼ ρ cp U ∼ ρ cp U . (14.165)
∂x L L
Se tiene, por tanto, que si
U2
¿ 1, (14.166)
cp (Tp − Te )
los términos de la disipación viscosa y el trabajo mecánico de la presión pueden despreciarse frente
a la convección de calor. La condición (14.166) se puede escribir en la forma
Tp − Te
(γ − 1)M 2 ¿ , (14.167)
Te
U 2 /c(Tp − Te ) ¿ 1; (14.169)
Tp − Te
¿ 1, (14.170)
Te
las ecuaciones (14.144) y (14.149) muestran que las variaciones de densidad relativas a la propia
densidad son pequeñas y éstas pueden despreciarse y suponer la densidad constante al integrar
las ecuaciones de la capa lı́mite. Finalmente si µ(T ) y K(T ) pueden considerarse constantes, las
ecuaciones (14.160)-(14.162) adoptan la forma de la capa lı́mite térmica incompresible
∂u ∂v
+ = 0, (14.171)
∂x ∂y
∂u ∂u ∂2u
u +v = ue u0e + ν 2 , (14.172)
∂x ∂y ∂y
404 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
∂T ∂T ν ∂2T
u +v = , (14.173)
∂x ∂y P r ∂y 2
con las condiciones de contorno
Es usual escribir el flujo de calor en la pared, utilizando la ley de Newton del calor, en forma
proporcional a la diferencia de temperaturas entre la pared y la del medio sin perturbar
representa la relación entre el flujo de calor y el flujo de calor conducido. De (14.178) y (14.179)
se obtiene la relación
α(x)L
N u(x) = . (14.180)
K
Cuando el número de P e es grande, lo que sucede en muchas aplicaciones prácticas, el calor
convectado es mucho mayor que el conducido, por lo que el número de Nusselt se hace muy grande.
Para evitar el manejo de números adimensionales grandes, se suele introducir alternativamente, un
flujo de calor adimensional, el número de Stanton, St, adimensionalizado con el calor convectado;
se tiene entonces
qp K(∂T /∂y)y=0
St = = . (14.181)
ρue cp (Tp − Te ) ρue cp (Tp − Te )
Antes de resolver la capa lı́mite térmica incompresible en algunas situaciones de interés, conviene
reseñar la existencia de una notable analogı́a entre el flujo de calor en la pared qp (x) y el esfuerzo
de fricción τp (x) que fue descubierta por O. Reynolds en 1874 y conocida por esta razón como
analogı́a de Reynolds. Como puede comprobarse fácilmente de las ecuaciones (14.172) y (14.173) si
11 En el ámbito de la ingenierı́a, al coeficiente α(x) se le denomina a veces coeficiente de pelı́cula.
14.9. Convección forzada. Analogı́a de Reynolds 405
Tp − T u
= , (14.182)
Tp − T∞ U∞
que proporciona el valor del flujo de calor en la pared a partir del esfuerzo de fricción. Introduciendo
2
el número de Stanton, (14.181), y el coeficiente de fricción, cf = 2τp /(ρU∞ ), la analogı́a de Reynolds
se escribe en la forma
St = cf /2. (14.184)
La relación (14.184) es válida en el caso de capas lı́mites laminares y estacionarias con gradiente
de presiones nulo, de fluidos con P r = 1, y a velocidades suficientemente bajas como para que
sean despreciables los efectos de disipación y el trabajo mecánico de la presión. En lo que sigue se
analizará la influencia del número de Prandtl en la analogı́a de Reynolds ası́ como la del gradiente
de presiones.
∂ue
v=− y, (14.185)
∂x
y la ecuación (14.173) se escribe
∂T ∂ue ∂T ν ∂2T
ue (x) − y = . (14.186)
∂x ∂x ∂y P r ∂y 2
ue (x)
η=y s Z x , (14.187)
ν
2 ue (ξ)dξ
Pr o
1 dT d2 T
− η = , (14.188)
2 dη dη 2
406 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
que en el caso de una placa plana a ángulo de ataque nulo u(ξ) = U∞ se reduce a
1
St = √ con Rex = U∞ x/ν, (14.192)
4πRex P r
y el número de Nusselt r
Rex P r
Nu = , Rex = U ∞x/ν. (14.193)
4π
b) Caso P r À 1.
Cuando el número de Prandtl es grande, la capa en la que existen diferencias de temperatura
está confinada dentro de la capa lı́mite viscosa y su espesor δT es tan pequeño comparado con δ,
(δT ¿ δV ), que el perfil de velocidades en la capa de espesor δT varı́a, en primera aproximación,
linealmente con la distancia a la pared y. Si τp (x) es el esfuerzo de fricción en la pared, se tiene
entonces ¯
∂u ¯¯ τp (x)
τp (x) = µ ¯ ,y u' y. (14.194)
∂y y=0 µ
De la ecuación de continuidad, la velocidad vertical cerca de la pared resulta
dτp y 2 y2
v=− = −τp0 . (14.195)
dx 2µ 2µ
Sustituyendo (14.194) y (14.195) en la ecuación de la energı́a (14.173) se obtiene
τp ∂T τp0 2 ∂T ν ∂2T
y − y = , (14.196)
µ ∂x 2µ ∂y P r ∂y 2
con las condiciones de contorno
El número de Stanton
p
(ν/P r)2/3 31/3 τp /µ
St = hR p i1/3 . (14.201)
x
Γ(1/3)ue (x) o τp (ξ)/µdξ
la ecuación (14.173) se reduce a la ecuación diferencial lineal (puesto que la función f y f 0 son
conocidas) de segundo orden
m+1
θ00 + P r f θ0 − n P r f 0 θ = 0, (14.204)
2
con las condiciones de contorno
θ(0) = 1, θ(∞) = 0, (14.205)
donde f es solución de la ecuación diferencial (14.46) y las condiciones de contorno (14.47). El
flujo de calor en la pared viene determinado salvo una constante que hay que calcular resolviendo
numéricamente (14.204) para valores diferentes de m, n y P r
r
ue (x) 0
qp = K(Tp − T∞ ) θ (0). (14.206)
νx
408 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
f¨(0) 2
f (η) = η + 0(η 3 ) + ..., (14.208)
2
donde se ha tenido en cuenta que los dos primeros términos del desarrollo, en los que intervienen
f (0) y f˙(0), son nulos por serlo en la pared tanto la función de corriente como la velocidad, véase
(14.47). Por tanto, suficientemente cerca de la pared (14.207) se puede aproximar por
Z η
exp[−P rf¨(0)η 3 /6]dη
o
θ(η) ' 1 − Z ∞ , η ¿ 1, (14.209)
¨ 3
exp[−P rf (0)η /6]d η
o
y
·Z ∞ ¸−1
θ̇(0) ' − exp[−P rf¨(0)η 3 /6]dη = −[9P rf¨(0)/2]1/3 /Γ(1/3). (14.210)
o
El número de Stanton para una pared de temperatura constante se escribe entonces
Obsérvese que la expresión (14.211) es una ampliación de la analogı́a de Reynolds que incluye los
efectos del gradiente de presiones y del número de Prandtl. Cuando P r = 1 y m = 0 (gradiente
de presiones nulo) la expresión (14.211) se reduce a (14.184). Como se ve en (14.211) el efecto del
número de Prandtl se puede incluir fácilmente en la analogı́a de Reynolds sin más que multiplicar
el segundo miembro de (14.184) por el factor P r−2/3 .
además que T − T∞ /Te ¿ 1, la densidad se puede aproximar en gases por una constante, y con
mayor razón en lı́quidos, ya que ∆ρ/ρ ∼ β(T − T∞ ) ∼ T − T∞ /Te ¿ 1, y por otra parte suponer
µ y K constantes, con lo que las ecuaciones se reducen a
∂u ∂v
+ = 0, (14.212)
∂x ∂y
∂u ∂u 1 ∂pm ∂2u
u +v =− − β(T − T∞ )fx + ν 2 , (14.213)
∂x ∂y ρ dx ∂y
∂pm
= 0, (14.214)
∂y
∂T ∂T ∂2T
u +v =α 2, (14.215)
∂x ∂y ∂y
con las condiciones de contorno (14.153)-(14.155) y donde α = K/µcp es la difusividad térmi-
ca. Nótese también que si la presión gravitacional fuera de la capa lı́mite es constante, entonces
∂pm /∂x = 0.
El orden de magnitud de las velocidades convectivas y el espesor de la capa lı́mite δ donde los
efectos viscosos son importantes dependen del valor del número de Prandtl y se obtienen fácilmente
de (14.213) y (14.215). En efecto, si L es la longitud del obstáculo que induce la convección libre,
la convección y conducción de calor serán apreciables en una zona de espesor δT dada por
µ ¶1/2
(Tp − T∞ ) ν (Tp − T∞ ) νL
U ∼ , δT = = δ/P r1/2 , (14.216)
L Pr δT2 UPr
si se introduce el espesor de la capa lı́mite viscosa δ.
A distancias de la pared del orden de δT o menores, las fuerzas de flotabilidad son importantes
ya que es en esa zona donde existen diferencias apreciables de temperatura. Por otra parte si
P r ≥ O(1), [δT ≤ O(δ)], las fuerzas de viscosidad en δT deben ser del orden de las de flotabilidad
y de (14.216) se obtiene
νU
gβ(Tp − T∞ ) ∼ 2 P r, (14.217)
δ
que junto con (14.216) proporciona
µ ¶ µ ¶1/4 q
δ Pr
∼ , U∼ β(Tp − T∞ )g L/P r. (14.218)
L Gr
Nótese que en este caso (P r À 1) las fuerzas de inercia son despreciables frente a las de flotabilidad
muy cerca de la pared (δT ¿ δ)
ρU 2 /L
∼ P r−1 ¿ 1. (14.219)
ρgβ(Tp − T∞ )
La idea fı́sica corresponde a que si el número de Prandtl es grande, las velocidades máximas se
generan en una zona muy cercana a la pared donde la viscosidad es dominante.
El orden de magnitud del flujo de calor transferido de la placa al fluido será
Tp (x) − T∞ = T1 xn , 12 (14.225)
Figura 14.17: Perfiles de velocidad inducidos por una placa plana vertical a temperatura constante
(n = 0) en presencia de un campo gravitatorio para diferentes valores del número de Prandtl.
con θ0 (0) = 0,508 y θ̇(0) para P r = 0,73 (aire), para P r = 7 (agua), y el número de Nusselt
µ ¶1/4
qp x gβT1 x3
N ux = = θ0 (0) = θ0 (0)G1/4
x , (14.232)
K(Tp − T∞ ) ν2
Figura 14.18: Perfiles de temperatura inducidos por una placa plana vertical a temperatura cons-
tante (n = 0) en presencia de un campo gravitatorio para diferentes valores del número de Prandtl.
412 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
Otro caso de interés, que admite solución analı́tica, es el del cálculo del flujo de calor en
convección libre para geometrı́as diversas con temperaturas de pared constante y grandes números
de Prandtl. En este caso, como se demostró en (14.219), las fuerzas de inercia son despreciables
frente a las de flotabilidad y el sistema (14.212)-(14.215) se reduce a
∂u ∂v
+ = 0, (14.233)
∂x ∂y
∂2u
0 = β(T − T∞ )g cos α(x) + ν , (14.234)
∂y 2
∂T ∂T ν ∂2T
u +v = , (14.235)
∂x ∂y P r ∂y 2
con las condiciones de contorno
El sistema (14.241) con las condiciones (14.242) puede resolverse numéricamente para obtener θ0 (0)
que proporciona el el número de Nusselt
µ ¶1/4
q(x) 3 x1/4 cos1/3 α(x)
N ux = = θ̇(0)P r3/4 Ra1/4
x £R x ¤1/4 , (14.243)
K(Tp − T∞ )/x 4 cos1/3 α(x)dx
o
donde Rax = [β(Tp − T∞ )gx3 ]/ν 2 es el número de Rayleigh; el valor del número de Nusselt dado
por (14.243) es tanto más exacto cuanto mayor sea el número de Prandtl.
14.12. Estructura de las ondas de choque 413
ρv · ∇v ∼ ρU 2 /δ ∼ ∇ · τ ∼ µU/δ 2 , (14.244)
δ µ
∼ , (14.245)
L ρU L
que muestra, como se vio en 12, que el espesor de la onda de choque es tanto menor cuanto mayor
es el número de Reynolds de la corriente exterior.
Las ecuaciones que gobiernan la estructura del flujo a través de una onda de choque se derivan
fácilmente de las ecuaciones de Navier-Stokes en forma de conservación (12.43)-(12.45) con las
simplificaciones de movimiento unidireccional y casi-estacionario [números de Strouhal pequeños,
δ/(U to ) ¿ 1] ya que el tiempo de residencia δ/U , o tiempo que las partı́culas fluidas tardan
en atravesar la onda de choque, es mucho menor (por ser el espesor de la onda muy pequeño)
que el tiempo caracterı́stico to de cambio de las condiciones de contorno del flujo. Con estas
simplificaciones y teniendo en cuenta que ∂/∂x ∼ δ −1 À ∂/∂y ∼ ∂/∂z, las ecuaciones (12.43)-
(12.45) se reducen a
∂(ρvn )
= 0, (14.246)
∂x
∂ =
[ρvn2 + p− τxx
0
] = 0, (14.247)
∂x
∂ v2 = ∂T
[ρvn (h + n ) − vn τxx
0
−K ] = 0, (14.248)
∂x 2 ∂x
=
0
donde τxx = (4µ/3 + µv )∂vn /∂x es el esfuerzo viscoso normal y vn es la componente normal de la
velocidad del gas relativa a la onda de choque. La integración de las ecuaciones (14.246-14.248)
proporciona
ρvn = ρ1 vn1 , (14.249)
4µ ∂vn
ρvn2 + p − ( + µv ) 2
= ρ1 vn1 + p1 , (14.250)
3 ∂x
vn2 K ∂h 4µ ∂vn v2
ρvn (h + )− −( + µv )vn = ρ1 vn1 (h1 + n1 ). (14.251)
2 cp ∂x 3 ∂x 2
En estas ecuaciones la variable espacial x es, naturalmente, del orden de δ y el subı́ndice 1 representa
los valores de las variables fluidas delante de la onda de choque, justo donde ya los esfuerzos
414 Capı́tulo 14. Efectos de la viscosidad y de la conducción de calor
vn2 v2 4µx
h+ = (h1 + n1 ) + C exp[ ], (14.253)
2 2 3ρ1 vn1
Nótese que las soluciones (14.253) satisfacen las condiciones de contorno (valores finitos de las
variables fluidas y esfuerzos viscosos y flujos de calor por conducción nulos) delante de la onda de
choque, en x → ∞, pero no detrás de la onda a menos que la constante C sea idénticamente nula;
por tanto, la solución de (14.252) que satisface las condiciones de contorno es
h + vn2 /2 = h1 + vn1
2
/2, (14.254)
14.12. Estructura de las ondas de choque 415
que expresa, como se vio en (12.52) la conservación de la entalpı́a de remanso a través de la onda de
choque. Teniendo en cuenta (14.249) y (14.254), la ecuación (14.250) puede escribirse en la forma
γ+1 4µ ∂v̄
(v̄ − 1)(v̄ − A) = v̄ , (14.255)
2γ 3ρ1 vn1 ∂x
2 2
con v̄ = vn /vn1 , A = [2 + (γ − 1)Mn1 ]/[(γ + 1)Mn1 ], y Mn1 = vn1 /(γp/ρ)1/2 . La integración de
(14.255) resulta
2
1 − vn 3ρ1 vn1 Mn1 −1
ln A
= 2 x. (14.256)
(vn − A) 4µ γMn1
Nótese que cuando x → ∞, v(∞) ¯ = vn2 /vn1 = A, expresión que coincide con la condición de
salto (13.71). Una vez obtenido v̄ como función de x las funciones h(x) y ρ(x) y p(x) se obtienen
de las ecuaciones (14.249), (14.253) y la de estado. En la Figura 14.19 se representan los valores
de vn , p y T como funciones de x.
Estabilidad hidrodinámica
15.1. Introducción
Desde los trabajos de Helmholtz, Kelvin, Rayleigh, y Reynolds durante el último tercio del siglo
xix es bien conocido que para que una solución matemática de las ecuaciones de Navier-Stokes,
que satisfaga ciertas condiciones iniciales y de contorno impuestas, describa apropiadamente el
comportamiento de un flujo real es preciso que dicha solución matemática sea estable o, lo que es
lo mismo, que cualquier perturbación de pequeña amplitud en el flujo tienda a amortiguarse con
el tiempo; dichas perturbaciones aparecen en los flujos reales por multitud de causas (pequeñas
irregularidades o imperfecciones en las condiciones de contorno, pequeñas vibraciones del flujo real,
etcétera). Por tanto, la teorı́a de la estabilidad hidrodinámica tiene por objeto determinar el rango
de valores de los parámetros que gobiernan un determinado flujo para los que éste es inestable y no
tiene existencia real. Sabido es que si el número de Reynolds de una corriente fluida, por ejemplo la
corriente a través de un conducto suficientemente largo, es inferior a un cierto valor crı́tico el flujo
es del tipo denominado laminar, mientras que si es mayor que el crı́tico, el flujo que tiene lugar en
el conducto es del tipo denominado turbulento, cuyas caracterı́sticas son radicalmente distintas de
las del laminar. Matemáticamente este hecho está asociado a que las ecuaciones de Navier-Stokes
con unas determinadas condiciones iniciales y de contorno pueden admitir más de una solución.
El problema se reduce entonces a determinar para qué valores de los parámetros, y mediante
qué mecanismos fı́sicos, una solución laminar (flujo laminar) se hace inestable y se bifurca (da
lugar) a otra solución (flujo) laminar o turbulenta.
La predicción y el control de tales transiciones son de gran importancia práctica, ya que, en
general, las caracterı́sticas del flujo cambian radicalmente cuando sucede una transición. Ası́, por
ejemplo, el flujo en una capa lı́mite laminar posee la propiedad de que el coeficiente de fricción
es relativamente bajo, por lo que desde el punto de vista del ahorro de combustible es interesante
conseguir que las capas lı́mites que se desarrollan sobre las alas y el fuselaje de los aeroplanos
sean laminares. Por el contrario, en otras situaciones de interés en ingenierı́a, las capas lı́mites
en régimen turbulento pueden ser preferibles a las laminares por poseer buenas caracterı́sticas de
mezcla de especies quı́micas (y de cantidad de movimiento y energı́a), ası́ como por su mayor
capacidad para permanecer adheridas a la pared ante gradientes adversos de presión. También en
el flujo en tuberı́as un flujo laminar puede ser preferible a uno turbulento por ser la caı́da de presión
para un caudal dado menor en el primero, pero el último es preferible si se trata de mezclar más
eficazmente especies quı́micas u obtener un perfil de temperaturas más uniforme en cada sección
del conducto.
417
418 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
Se presentarán en este capı́tulo los fundamentos y algunos de los resultados más importantes de
la teorı́a lineal de estabilidad. Debido a las simplificaciones matemáticas que introduce la lineali-
zación de las ecuaciones, la teorı́a lineal de la estabilidad ha sido la más ampliamente desarrollada.
No obstante, hay que tener en cuenta que en el caso de inestabilidad, las perturbaciones crecen con
el tiempo y la determinación de la solución a la que el sistema evoluciona finalmente obliga a consi-
derar efectos no lineales. En algunos casos ocurre que estos últimos poseen un efecto estabilizador,
de tal modo que se alcanza una solución estable cerca de las condiciones crı́ticas para la aparición
de inestabilidad lineal. Esto es, la solución trivial de perturbaciones de amplitud nula se bifurca
para las condiciones crı́ticas de inestabilidad lineal a otra solución estable de amplitud finita cuya
forma se asemeja a la del modo lineal más inestable. Sin embargo, cuando los términos no lineales
poseen un efecto desestabilizante, no existe ninguna solución de amplitud pequeña cerca del punto
crı́tico y las perturbaciones evolucionan hacia estados más complejos si los parámetros del siste-
ma se alejan suficientemente de los correspondientes a las condiciones crı́ticas lineales; incluso los
modos estables desde el punto de vista de la teorı́a lineal pueden perder entonces su estabilidad.
donde las constantes aω pueden determinarse a partir de la perturbación inicial f (x, 0). Es in-
teresante insistir en el hecho de que las perturbaciones dependen del tiempo con un exponente
en general complejo y que la parte real de (15.2) es la que tiene interés fı́sico (aunque la parte
imaginaria sea también solución por ser lineal el problema); no obstante, se omitirá mencionar la
necesidad de tomar la parte real de las soluciones del tipo (15.2). Obsérvese que si para un modo
dado, la parte imaginaria del autovalor ω es positiva, (ωi > 0), la perturbación crece con el tiempo
15.3. Estabilidad de una entrefase. Inestabilidad de Kelvin-Helmholtz 419
hasta que los efectos no lineales se hacen importantes y el análisis lineal deja de ser válido; se dice
entonces que el modo considerado es inestable. Si ωi < 0 el modo es estable y se denomina neutral-
mente estable cuando ωi = 0. Como cualquier perturbación del flujo básico excitará, en principio,
todos los modos, éste será inestable si ωi > 0 para al menos uno de los modos; por el contrario,
el flujo básico será estable frente a pequeñas perturbaciones si los valores ωi de todos los modos
son nulos o negativos. Sucede a menudo que los flujos básicos cuya estabilidad se desea investigar
son independientes de alguna coordenada espacial, por lo que el número de variables del problema
puede reducirse. Por ejemplo, si el flujo básico depende sólo de la coordenada z, la dependencia
de la solución perturbada con las coordenadas x e y es de la forma ei(kx x+ky y) donde las partes
reales de kx y ky representan el número de onda de las oscilaciones en x e y de la perturbación y
las partes imaginarias determinan el crecimiento exponencial de la perturbación con las variables
espaciales x e y. Se llega de esta forma a un problema de autovalores para un sistema de ecuaciones
diferenciales ordinarias en la variable z que contiene a kx y ky como parámetros y que posee un
conjunto finito o infinito de autovalores ωn (kx , ky ) y autofunciones fn (kx , ky , z) donde el rango
de valores del subı́ndice n, que puede ser continuo, depende, en general, de kx y ky . Por tanto,
teniendo en cuenta todos los valores posibles de kx , ky , que se suponen reales, y n se obtienen
todos los autovalores complejos ωn y autofunciones fω del problema planteado
ω = ωn (kx , ky ), fω (x) = ei(kx x+ky y) fn (kx , ky , z). (15.3)
Este análisis que se denomina temporal ha sido el más utilizado como consecuencia de que el
autovalor ω aparece linealmente en las ecuaciones de estabilidad.
Sin embargo, para el estudio de la estabilidad de capas lı́mites, chorros y otras corrientes que
evolucionan en la dirección del flujo, resulta más apropiado suponer valores reales de ω y ky y
calcular en función de ellos los autovalores complejos kx y las autofunciones
kx = kxn (ω, ky ), fkx = fkx n (z, ω, ky ); (15.4)
Por desgracia, en las ecuaciones de estabilidad aparecen potencias de kx diferentes de la unidad y la
resolución de este problema, que se denomina análisis espacial de estabilidad, es más complicada.
Análogamente, si la solución básica posee simetrı́a axial, los autovalores y autofunciones son de
la forma
ω = ωn (k, m), fω (x) = ei(kz+mθ) fn (k, m, r), (15.5)
donde z es la coordenada según el eje de simetrı́a, r la distancia desde el eje de simetrı́a, y la
periodicidad de las perturbaciones (unicidad) exige que m sea entero. Por último, si la solución
básica posee simetrı́a esférica se tiene
ω = ωn (l, m), fω (x) = Ylm (θ, φ)fn (l, m, s), (15.6)
donde (s, θ, φ) representan coordenadas esféricas e Ylm (θ, φ) los armónicos esféricos en l = 0, 1, 2...
y m = −l, .., 0, .., l.
ρ1 U12
v1 = U1 i, ρ = ρ1 , p1 = po1 − ρ1 gz − , si z < 0, (15.7)
2
donde po1 y po2 son las presiones de remanso en uno y otro fluido.
Kelvin estudió la estabilidad lineal de los flujos (15.7) suponiendo perturbaciones de amplitud
pequeña frente a la longitud de onda λ ∼ k −1 , donde k es el número de onda. En este supuesto el
término convectivo es despreciable frente a la aceleración local y las ecuaciones que resultan son
lineales. En efecto, si A representa el orden de magnitud del desplazamiento de la entrefase y ω su
frecuencia, el orden de magnitud de las velocidades que aparecen en el fluido como consecuencia
de este desplazamiento son del orden de ωA. El término convectivo no lineal v · ∇v es entonces
del orden de ω 2 A2 /λ mientras que ω 2 A es el orden de magnitud de la aceleración local ∂v/∂t con
lo que aquel es despreciable frente a éste siempre que A/λ ¿ 1. Por otra parte, Kelvin no tuvo en
cuenta, en su estudio, la influencia de la viscosidad, lo que es correcto siempre que ν/(λ2 ω) ¿ 1
ya que entonces las fuerzas viscosas por unidad de masa (ν∇v ∼ νAω/λ2 ) son despreciables frente
a la aceleración local del fluido (∂v/∂t ∼ ω 2 A).
Si sucede que ωλ2 /ν, la viscosidad es despreciable y si además el movimiento de cada uno de
los fluidos es barótropo y con fuerzas másicas derivando de un potencial (movimiento irrotacional,
las velocidades de perturbación derivan, entonces, de sendos potenciales φ1 (x, y, z, t) y φ2 (x, y, z, t)
y las velocidades pueden escribirse como suma de las de los flujos básicos más las de perturbación
∂ 2 φi ∂ 2 φi ∂ 2 φi
∇ · vi = 2
+ 2
+ = 0, (i = 1, 2), (15.9)
∂x ∂y ∂z 2
donde φ1 y φ2 , deben satisfacer lejos de la interfase
φ2 = A2 e−kz ei(kx x+ky y−ωt) si z > 0 y φ1 = A1 ekz ei(kx x+ky y−ωt) si z < 0. (15.13)
Los campos de presiones en ambos lı́quidos, superposición también del básico pi y del de
perturbación p0i , vienen dados por la ecuación de Bernouilli
µ ¶2 µ ¶2 µ ¶2
∂φ2 1 ∂φ2 ∂φ2 ∂φ2
p2 + p02 + ρ2 + ρ2 U2 + + + + ρ2 gz = po2 si z > 0 (15.14)
∂t 2 ∂x ∂y ∂z
1 El desarrollo que se hará a continuación es muy similar al realizado en 12.2.1 al analizar las ondas lineales en
y
µ ¶2 µ ¶2 µ ¶2
∂φ1 1 ∂φ1 ∂φ1 ∂φ1
p1 + p01 + ρ1 + ρ1 U1 + + + + ρ1 gz = po1 si z < 0. (15.15)
∂t 2 ∂x ∂y ∂z
Despreciando términos de segundo orden en las ecuaciones (15.14) (15.15) (φix ∼ φiy ∼ φiz ¿
Ui ) y particularizando el resultado en la interfase de separación de ambos lı́quidos
se tiene
¯ ¯
∂φi ¯¯ ∂φi ¯¯
p0is + ρi + ρ U + ρi gη = 0 con i = 1, (2) si z < 0, (z > 0). (15.17)
∂t ¯z=0 ∂x ¯z=0
i i
donde p1s y p2s son las presiones de los lı́quidos en la interfase. Hay que indicar también que,
puesto que la deformación de la superficie es pequeña, se ha tomado en primera aproximación
¯ ¯
∂φi ¯¯ ∂φi ¯¯
' + O(η) + ... (15.19)
∂x ¯z=η ∂x ¯z=0
µ 2 ¶
∂ η ∂2η
(ρ2 − ρ1 )gη = −ζ + 2 . (15.22)
∂x2 ∂y
Además, la interfase es una superficie fluida y, por tanto, debe satisfacer la condición cinemática
DF/Dt = 0, esto es
· ¯ ¸ ¯ ¯
∂η ∂φi ¯¯ ∂η ∂φi ¯¯ ∂η ∂η ∂φi ¯¯
− − Ui + + '− − Ui + = 0, (i = 1, 2); (15.23)
∂t ∂x ¯z=0 ∂x ∂z ¯z=0 ∂t ∂x ∂z ¯z=0
422 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
nótese que para obtener la última ecuación en (15.23) se han despreciado términos de orden supe-
rior.
Si se suponen soluciones de la interfase de la forma
y se sustituyen las expresiones (15.13) y (15.24) en (15.22) y en las dos ecuaciones (15.23) se obtiene
el sistema lineal homogéneo de tres ecuaciones algébricas
ρ1 ρ2 (U2 − U1 )2 kx2
(ρ1 − ρ2 )gk + ζk 3 − < 0, (15.27)
ρ1 + ρ2
uno de los dos autovalores de ω tiene parte imaginaria positiva y, consecuentemente, las perturba-
ciones crecen con el tiempo y el flujo es inestable. Obsérvese que si ρ1 > ρ2 , que corresponde al
caso en que el fluido más ligero está situado por encima de la interfase, la gravedad y la tensión
superficial juegan un papel estabilizador mientras que la diferencia de velocidades juega el papel
contrario; cuanto mayores son g o ζ mayor debe ser la diferencia de velocidades para que la interfase
sea inestable. Es fácil comprobar de (15.26) y (15.27) que, para una longitud de onda determinada
2π/k, las ondas que crecen más rápidamente son aquellas que se propagan en la dirección del flujo
básico (kx = k, ky = 0), de modo que al cabo de un cierto tiempo éstas serán las dominantes. Por
tanto, de acuerdo con (15.27) el viento generará ondas sobre la superficie del mar o en un lago
(ρ2 ¿ ρ1 ) si
· µ ¶¸1/2
ρ1 g ζk
|U2 − U1 | > + . (15.28)
ρ2 k ρ1
El mı́nimo valor de |U2 − U1 | se obtiene para un valor del número de onda k = [(ρ1 g)/ζ]1/2 , y de
(15.28) la diferencia de velocidades mı́nima necesaria para producir ondas es
· √ ¸1/2
ρ1 gζ
|U2 − U1 |min = 2 ' 6,6 ms−1 ; (15.29)
ρ2
(U2-U1)/2
P- vp
B
A P+ vp
C
P+ vp
P- vp
(U2-U1)/2
y velocidad de fase
· ¸1/2
ω kx (ρ1 − ρ2 )g
c= =U ± . (15.31)
k k (ρ1 + ρ2 )k
La velocidad de propagación de las perturbaciones respecto al lı́quido es
· ¸1/2
(ρ1 − ρ2 )g
co = ± , (15.32)
(ρ1 + ρ2 )k
co = ±(g/k)1/2 (15.33)
que corresponde al resultado obtenido en (11.308) para el caso de ondas gravitatorias sobre la
superficie libre de un lı́quido. Es fácil comprobar que en el caso en p que el fluido más pesado
esté situado encima de la superficie (ρ2 > ρ1 ), ésta es inestable si k < (ρ2 − ρ1 ) g/ζ, esto es, si la
2 G. K. Batchelor, An Introduction to Fluid Dynamics, Cambridge University Press, 1967.
424 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
p
longitud de onda es mayor que la longitud capilar ζ/[(ρ2 − ρ1 ) g], pero es estable para longitudes
de onda menores que la longitud capilar.
Es interesante observar que el resultado de (15.30) puede modificarse de un modo sencillo
para incluir el efecto de una aceleración vertical sobre las dos capas de fluido. En efecto, si los dos
fluidos y la interfase de separación experimentan una aceleración de módulo a(t) dirigida en sentido
contrario al de la gravedad, el resultado (15.30) es válido para un observador que se mueva con
la interfase si se sustituye la gravedad g por una gravedad ficticia g 0 = g + a. Obsérvese entonces
que la interfase es inestable si g 0 < 0 (ρ1 > ρ2 ). Esto corresponde a situaciones en las que la
interfase se mueve con una aceleración hacia abajo (del fluido más ligero hacia el más pesado)
de valor superior al de la gravedad. Esta inestabilidad, denominada de Rayleigh-Taylor, puede ser
observada cuando un vaso de agua se mueve verticalmente hacia abajo con una aceleración superior
a la gravedad. La inestabilidad de Rayleigh-Taylor se presenta también en un problema de gran
interés para la humanidad como es la obtención de reacciones termonucleares controladas por
confinamiento inercial. La implosión de la microbola de combustible (deuterio-tritio) que genera
la corona de plasma (menos denso que el combustible) resultante de la acción del láser da lugar
a aceleraciones de la interfase que la inestabilizan y rompen la simetrı́a esférica. Éste es uno de
los efectos que limitan fuertemente la posibilidad de conseguir fusión por confinamiento inercial,
ya que esta inestabilidad impide alcanzar las extraordinariamente altas densidades necesarias para
conseguir la fusión termonuclear eficiente del deuterio-tritio.
Figura 15.2: Rotura forzada de un chorro capilar. Cortesı́a del Dr. José Marı́a López Herrera.
importantes y deben ser retenidos. Se seguirá aquı́ este análisis que incluye como casos lı́mites los
de Rayleigh y Weber.3 En efecto, considérese un chorro de un lı́quido de velocidad uniforme Vl y
radio Rl en presencia de un gas que se mueve coaxialmente con el chorro con velocidad Vg (r, x); la
dirección de x coincide con la de Vg y la coordenada perpendicular, r, mide la distancia desde el eje
del chorro, véase Figura 15.3. Respecto de un observador que se mueva con la velocidad del chorro,
Vg
Vl
x
la velocidad del gas es Uog (r, x) = Vg (r, x) − Vl y debe ser determinada resolviendo la capa lı́mite
axilsimétrica alrededor del chorro. Por ser solución de capa lı́mite, Uog es una función lentamente
variable de la coordenada x y para simplificar el análisis se considerarán exclusivamente perturba-
ciones de longitud de onda λ pequeñas comparadas con la longitud caracterı́stica de evolución de
la capa; esto es,
λ dUog
¿ 1, (15.34)
Uog dx
de modo que la coordenada x juega el papel de un parámetro y la estabilidad del chorro puede
analizarse en diferentes estaciones x.4
La velocidad del lı́quido se supone uniforme en el chorro, de modo que el campo de presiones
y la velocidad respecto a un observador que se mueva con el chorro son
ζ
pol = pog + , Uol = 0, (15.35)
Rl
donde ζ es la tensión superficial en la interfase gas-lı́quido. Como es usual en los análisis de
estabilidad lineal, se supondrá un flujo perturbado superpuesto al principal
vj = Uoj (r) ex + vj0 (x, r, θ, t), vx0 ∼ vr0 ∼ vθ0 ¿ Uog ,
p = poj + p0j (x, r, θ, t), p0j ¿ poj , R = Rl + R0 (x, θ, t), R 0 ¿ Rl , (15.36)
donde el subı́ndice j, j = l o j = g, indica la fase lı́quida o gaseosa respectivamente, y θ es la
coordenada acimutal. Nótese que se ha omitido la dependencia de Uog respecto a x de acuerdo con
la hipótesis (15.34) para indicar que el análisis se realiza en una estación x determinada.
Si se introduce el desarrollo (15.36) en las ecuaciones de Navier-Stokes se obtiene, después de
linealizar, un sistema de ecuaciones en derivadas parciales para el cálculo de las tres componentes
de la velocidad y de la presión del campo perturbado.
∇ · v0 j = 0, (15.37)
3 Este análisis ha sido realizado por J. M. Gordillo cuando era estudiante de doctorado en el Laboratorio de
espesor δ es pequeño frente al radio del chorro Rl . En esta situación, la capa lı́mite axilsimétrica se reduce en primera
aproximación a una bidimensional con gradiente deppresiones nulo y el perfil de velocidades y presiones tienden a los
de Blasius [pog = p∞ , Uog (r) = U ∞, f (η), η = r/ ν/U∞ ], donde el cálculo de la función f˙ puede verse en 14.5.
426 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
∂ v0 j 1
+ Uoj ex · ∇v0 j + v0 j · ∇(Uoj ex ) = − ∇p0j + νj ∇2 v0 j . (15.38)
∂t ρj
Con objeto de simplificar el problema, se considerará aquı́ la estabilidad del chorro frente a per-
turbaciones no viscosas, esto es, perturbaciones de longitud de onda λ y frecuencia ω tales que
ωλ2 /νj À 1, para las que las fuerzas de viscosidad son despreciables frente a las de inercia. Por
otra parte, se puede eliminar fácilmente una de las incógnitas del problema, por ejemplo vx0 , si se
toma la divergencia de la ecuación (15.38) y se hace uso de (15.37); se obtiene entonces
0
dUoj dvrj 1
2 = − ∇2 p0j . (15.39)
dr dz ρj
Las otras cuatro ecuaciones, dos para cada fluido, que se usarán son las correspondientes a las
componentes de la ecuación (15.38) según los ejes r y θ que en primera aproximación se reducen a
0 0
∂vrj ∂vrj 1 ∂p0j
+ Uoj = , (15.40)
∂t ∂z ρj ∂r
0 0
∂vθj ∂vθj 1 ∂p0j
+ Uoj = . (15.41)
∂t ∂z rρj ∂θ
Las seis ecuaciones lineales, (15.39)-(15.41), para el cálculo de las seis incógnitas p0j , vrj
0 0
, vθj deben
ser resueltas sujetas a las condiciones de contorno
v0 l 6= ∞, p0l 6= ∞ en r = 0, (15.42)
y
µ ¶ µ ¶
∂ −∂R0 1 1 ∂ −1 ∂R0 1 R0 ∂ 2 R0 1 ∂ 2 R0
∇·n= + 0
+ ' − 2− 2
− 2 , (15.48)
∂x ∂x Rl + R Rl ∂θ Rl ∂θ Rl Rl ∂x Rl ∂θ2
donde para obtener el último resultado en (15.48) se ha desarrollado en serie de Taylor el término
(Rl + R0 )−1 ∼ Rl−1 − R0 Rl−2 + ... Sustituyendo (15.48) en (15.45) y teniendo en cuenta (15.35) se
obtiene finalmente µ 2 0 ¶
0 0 ∂ R R0 1 ∂ 2 R0
pl − pg = −ζ + 2+ 2 . (15.49)
∂x2 Rl Rl ∂θ2
15.4. Rotura de un chorro capilar 427
[p0j (x, t), v0 j (x, t)] = [p̂j (r), v̂j (r)] ei(kx+mθ−ωt) , R0 (x, θ, t) = R̂ ei(kx+mθ−ωt) , (15.50)
donde R̂ es una constante con dimensiones de longitud, 2π/k y 2πRl /m son las longitudes de
onda de las oscilaciones de la perturbación en las direcciones axial y acimutal y ω es la frecuencia.
Si se sustituye el desarrollo (15.50) en las ecuaciones (15.39-15.41), se obtienen las ecuaciones
diferenciales ordinarias
µ ¶ µ ¶
1 d dp̂g 2k dUog dp̂g 2 m2
r − − k + 2 p̂g = 0, (15.51)
r dr dr kUog − ω dr dr r
µ ¶ µ ¶
1 d dp̂l m2
2
r − k + 2 p̂l = 0, (15.52)
r dr dr r
junto con
i dp̂g −i dp̂l
v̂rg = , v̂rl = , (15.53)
ρg (Uog k − ω) dr ρl ω dr
mp̂g mp̂l
v̂θg = − , v̂θl = . (15.54)
ρg r(Uog k − ω) ρl rω
Las condiciones de contorno (15.42)-(15.44) y (15.49) se reducen a
La solución de (15.52) teniendo en cuenta la condición (15.55), que exige que la presión sea finita
en el eje del chorro, es
p̂l (r) = CIm (kr), (15.61)
donde Im representa las funciones de Bessel modificadas de orden m que son regulares en r = 0 y
C es una constante de integración con dimensiones de presión.5
5 M. Abramowitz y I. E. Stegun, Handbook of Mathematical Functions, National Bureau of Standards, Washington
D. C., 1972.
428 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
donde U∞ es la velocidad del gas relativa al chorro a distancias muy grandes del chorro, W e es
el número de Weber que mide la importancia relativa de la presión dinámica en la corriente de
2
gas ρg U∞ respecto de la presión capilar ζ/Rl , y t es una medida del espesor de capa lı́mite que
arbitrariamente se define aquı́ como la distancia al chorro para la que la velocidad del gas sea
0,99 U∞ . Nótese que la función t(x), que es una función lentamente variable de x, define también
la estación x del chorro donde se analiza su estabilidad. Introduciendo las definiciones (15.62) y
(15.63) en (15.51) se llega a
µ ¶ µ ¶
d2 Π t 2κ dŪ dΠ 2 m2
+ − − κ + t2 Π = 0, (15.64)
dξ 2 1 + tξ κŪ (ξ) − Ω dξ dξ (1 + tξ)2
que debe resolverse sujeta a las condiciones de contorno (15.56) y (15.59)-(15.60), que en las nuevas
variables se escriben
Π → 0 cuando ξ → ∞, (15.65)
junto con las condiciones en la interfase ξ = 0
¯
2 −2 1 − κ2 − m2 ζ dΠ ¯¯
CIm (κ) = ρg ω k Π(0) − (15.66)
κ2 tRl dξ ¯ξ=0
y ¯
0 ρl ω 2 dΠ ¯¯
CkIm (κ) = 2 (15.67)
k tRl dξ ¯ξ=0
donde
0 dIm (kr)
Im (kr) = . (15.68)
d(kr)
Si se elimina la constante C dividiendo (15.66) por (15.67) se obtiene la relación de dispersión
Im (κ) Π(0) 1 − m 2 − κ2
M Ω2 0 (κ)
− κ 2 2
Ω t + = 0. (15.69)
κIm dΠ/dξ|ξ=0 We
El problema de autovalores consiste en determinar el valor complejo de Ω para cada valor real de
κ con un valor fijo de m, de modo que la solución de la ecuación (15.64) satisfaga las condiciones
(15.65) y (15.69).
La relación (15.69) contiene como caso lı́mite particular los resultados obtenidos por Rayleigh
cuando no se considera la influencia del gas exterior. El problema estudiado por Rayleigh es una
aproximación del caso en que el espesor de la capa lı́mite es grande comparado al radio del chorro,
en cuyo caso, las perturbaciones dinámicas en el gas tienden a cero, Π → 0. En efecto, en el caso
t À 1, véase (15.62), (15.64) se reduce en primera aproximación a
¯
2 dΠ ¯¯
t Π = 0, y Π → 0, y → 0 cuando t → ∞. (15.70)
dξ ¯ξ=0
15.4. Rotura de un chorro capilar 429
El resultado (15.70) demuestra que en la situación contemplada, los efectos dinámicos del gas son
despreciables, y si (15.70) se sustituye en (15.69) se obtiene la relación de dispersión obtenida por
Rayleigh
1 − m2 − κ2 κIm0
(κ)
Ω2 = − . (15.71)
MWe Im (κ)
Nótese que el único modo inestable es el m = 0 para el que Ω2 puede ser negativo, mientras que
los modos superiores m = 1, 2, 3... son neutros, puesto que, como se comprueba en (15.71), Ω2 > 0
si m > 0.
En la Figura 15.4 se representa el factor de crecimiento de la perturbación Ωi = ωi Rl /U∞ ,
donde Ω = iΩi , como función del número de onda adimensional κ para varios valores del parámetro
2
M W e = ρl U∞ Rl /ζ. Se ha considerado el caso de un chorro en un ambiente en reposo, respecto a
un observador que se mueva con el chorro, la velocidad del gas es igual y contraria a la del chorro
respecto a tierra U∞ = −Vl y M W e = ρg Vl2 Rl /ζ. Obsérvese que el factor de crecimiento presenta
Figura 15.4: Factores de crecimiento adimensionales como función del número de onda adimensional
para valores diferentes del número de Weber.
un máximo para κ muy cercano al valor 0,7 (el máximo se presenta para κ ' 0,69, lo que implica
que la longitud de onda más inestable, λc , y, por lo tanto, la que más rápidamente crece y deforma
el chorro para formar gotas es
2π
λc = Rl . (15.72)
0,69
Conviene insistir en que (15.72) es la longitud de onda más probable con la que se deforma el
chorro, pues las otras no tienen tiempo suficiente para amplificarse por producirse antes la rotura
del chorro por el crecimiento de la perturbación de longitud de onda (15.72). Teniendo en cuenta
este comentario es fácil calcular el radio de las gotas; en efecto, el volumen de chorro lı́quido que
romperá finalmente en una gota es
4
πRl2 λ = πRg3 , (15.73)
3
de donde, teniendo en cuenta (15.72) y (15.73), se obtiene
· ¸1/3
Rg 1,5π
= ' 1,9. (15.74)
Rl 0,69
Este resultado demuestra que si el mecanismo de rotura es, como el considerado aquı́, debido a la
capilaridad, las gotas resultantes de la rotura poseen un radio que es muy aproximadamente 1,9
veces el radio del chorro. Naturalmente este resultado se refiere a las gotas principales y no a la
430 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
gota satélite que se forma entre cada dos principales debida a la rotura del ligamento lı́quido entre
ambas en los últimos instantes del proceso de rotura. Debe señalarse que los resultados derivados
del análisis de Rayleigh acuerdan bien con los obtenidos experimentalmente.
2
Por otra parte, el efecto del parámetro M W e = ρl U∞ Rl /ζ sobre el factor de crecimiento de las
perturbaciones es el esperado. Cuando el número de Weber crece, el efecto desestabilizante de la
tensión superficial es menor, puesto que las fuerzas capilares, de orden ζ/Rl , se hacen comparativa-
2
mente más pequeñas que las de inercia, de orden ρl U∞ ; consecuentemente el factor de crecimiento
de las perturbaciones disminuye con M W e, Figura 15.4, y su inverso, el tiempo necesario para que
éstas crezcan, aumenta. Por esta razón, el chorro es por tanto más estable frente a inestabilidades
capilares, que dan lugar a rotura simétrica del tipo mostrado en la Figura 15.2, cuanto mayor es
M W e. No obstante, y como se verá a continuación, el efecto del número de Weber M W e sobre la
estabilidad del chorro no es el anteriormente indicado, ya que cuando M W e aumenta, el chorro se
hace inestable y rompe debido a perturbaciones de tipo aerodinámico originadas por la corriente
de gas que lo circunda.
El lı́mite contrario a la inestabilidad capilar, estudiada anteriormente, corresponde a un chorro
en presencia de un gas de velocidad uniforme U 6= U (r). Este caso es uno de los considerados por
Weber, aunque aquı́ no se tiene en cuenta la viscosidad del lı́quido. Como se verá a continuación,
este lı́mite se obtiene fácilmente del problema general (15.64), (15.65) y (15.69) en el lı́mite en el
que el espesor de la capa lı́mite es mucho menor que el radio del chorro. En este caso, el perfil
de velocidades en la capa lı́mite del gas se aproximará por el de Blasius, ya que las partı́culas de
gas que fluyen a distancias del chorro del orden de su radio perciben la curvatura del chorro, pero
no ası́ las que fluyen por la capa lı́mite, para las que el movimiento es bidimensional en primera
aproximación cuando se mueven a distancias de la superficie del chorro muy pequeñas respecto a
su radio.
Para resolver la ecuación diferencial (15.64) debe tenerse en cuenta que para valores grandes
de ξ, la ecuación (15.64) se reduce a una de Bessel con dos soluciones independientes de los tipos
Im [κ(1 + tξ)] y Km [κ(1 + tξ)]; en el infinito Im diverge mientras que Km es regular. Si se fijan los
valores de κ y Ω y se imponen arbitrariamente las condiciones de contorno Π(0) y Π̇(0) la ecuación
(15.64) se puede integrar numéricamente desde ξ = 0. El lector puede comprobar que excepto para
una pareja excepcional de valores de Π(0)) y Π̇(0) la solución numérica con cualesquiera valores
arbitrarios de Π(0)) y Π̇(0) tiende inevitablemente hacia el atractor Im . Sin embargo, si se hace
uso de la conocida propiedad de las ecuaciones diferenciales ordinarias lineales de segundo orden
que establece que dada una solución N (ξ), obtenida integrando numéricamente (15.64) desde el
origen con valores arbitrarios de las condiciones de contorno, por ejemplo
Z ∞
N (ξ) [κŪ (z) − Ω]2
−C 0 dz, (15.76)
Ω2 ξ N 2 (z)(1 + tz)
donde C 0 es una constante arbitraria que, como se verá más adelante, no es preciso determinar.
Conocida la función U (ξ) y el espesor de la capa lı́mite t y fijado un valor de κ, se puede
arrancar la integración numérica de la ecuación (15.64) desde ξ = 0 con las condiciones (15.75) si
se escoge arbitrariamente un valor de Ω y construir, a partir de la numérica, la solución dada en
15.4. Rotura de un chorro capilar 431
Obsérvese que el cociente Π(0)/Π0 (0) que aparece en la relación de dispersión (15.69) es indepen-
diente de la constante arbitraria C. Generalmente, el valor calculado de este cociente no satisfará la
relación de dispersión (15.69) para los valores de M , W e, κ y Ω especificados. Para encontrar el
autovalor Ω que satisface (15.69) para valores fijados del resto de los parámetros será necesario
realizar un procedimiento iterativo; por ejemplo, Newton-Raphson.
Figura 15.5: Factores de crecimiento adimensionales como función del número de onda adimensional
para valores diferentes del número de Weber.
Figura 15.6: Factores de crecimiento adimensionales como función del número de onda adimensional
para valores diferentes del espesor adimensional de capa lı́mite.
Nótese también que la longitud de onda para la que Ωi es máximo disminuye cuando t aumenta.
Sin embargo, este comportamiento se invierte para valores de t superiores a 0,005 para los que Ωi
disminuye cuando t crece mientras que aumenta la longitud de onda para la que Ωi es máximo.
dL2
= 4Ar[Ar2 + B] ≥ 0 ) (15.84)
dr
y si en ella se sustituyen los valores de A y B dados por (15.83) es fácil ver que el criterio (15.84)
se satisface si Ω2 /Ω1 ≥ (R1 /R2 )2 .
Para estudiar la estabilidad del flujo básico (15.82)-(15.83) y obtener un criterio más exacto
que el anterior se supondrá que la corriente perturbada es de la forma [u0r , V (r) + u0θ , u0z ] y (p + p0 ),
[(u0r ∼ u0θ ∼ u0z ¿ V (r)), p0 ¿ p]. En este supuesto las ecuaciones de Navier-Stokes ya linealizadas
se reducen a
1 ∂(ru0r ) 1 ∂u0θ ∂u0z
+ + = 0, (15.85)
r ∂r r ∂θ ∂z
µ ¶ µ ¶
∂u0r V (r) ∂u0r 0 1 ∂p0 2 0 u0r 2 ∂u0θ
+ − 2uθ = − + ν ∇ ur − 2 − 2 , (15.86)
∂t r ∂θ ρ ∂r r r ∂θ
µ ¶ µ ¶
∂u0θ V (r) ∂u0θ dV V 1 ∂p0 u0 2 ∂u0
+ + + u0r = − + ν ∇2 u0θ − 2θ + 2 r , (15.87)
∂t r ∂θ dr r ρr ∂θ r r ∂θ
∂u0z V (r) ∂u0z 1 ∂p0
+ =− + ν∇2 u0z , (15.88)
∂t r ∂θ ρ ∂z
donde
∂2 1 ∂ ∂2 1 ∂2
∇2 ≡= + + + .
∂r2 r ∂r ∂z 2 r2 ∂θ2
La resolución general de las ecuaciones (15.85)-(15.88) es, todavı́a hoy, objeto de investigación; sin
embargo, su análisis se simplifica extraordinariamente si el estudio se restringe al caso de pertur-
baciones axilsimétricas que como muestran los experimentos conducen, para valores especiales del
espacio de parámetros del problema, a un flujo secundario estacionario en la forma de vórtices
toroidales espaciados regularmente a lo largo del eje de los cilindros.
Suponiendo perturbaciones axilsimétricas (∂/∂θ = 0), introduciendo la función de corriente ψ
definida en la forma
ru0r = ψz y ru0z = −ψr , (15.89)
donde los subı́ndices z y r indican derivación respecto a la variable indicada, el resultado de restar
la ecuación (15.88) derivada respecto a r de (15.86) derivada respecto a z se escribe
· µ ¶¸ · µ ¶¸
∂ ∗2 1 1 1 2V ∂u0θ
−ν ∇ − 2 ψzz + ψrr − ψr = , (15.90)
∂t r r r r ∂z
junto con · µ ¶¸ µ ¶
∂ 1 dV V ψz
− ν ∇∗2 − 2 u0θ = − + , (15.91)
∂t r dr r r
donde
∂2 1 ∂ ∂2
∇∗2 = + + .
∂r2 r ∂r ∂z 2
El sistema (15.90)-(15.91) debe resolverse sujeto a las condiciones de velocidad de perturbación
nula sobre los cilindros
La resolución del problema de autovalores (15.96), (15.97) y (15.99) proporcionan una relación de
dispersión de la forma F (ω, kR1 , T, χ, ρ∗ ) = 0, y el cambio de estabilidad o estabilidad marginal,
que corresponde al caso ω = 0, proporciona el número de Taylor crı́tico Tc para cada valor de la
longitud de onda adimensional kR1 una vez fijados los valores de ρ∗ y χ.
Nos limitaremos aquı́ a la resolución del problema (15.96), (15.97) y (15.99) para el caso en
que la separación entre cilindros R2 − R1 sea pequeña comparada con el radio del cilindro interior
R1 , (R2 − R1 )/R1 = ρ∗ − 1 ¿ 1, η ∼ (ρ∗ − 1) ¿ 1. En este caso la velocidad V ∗ de la corriente
sin perturbar se simplifica desarrollando en serie (15.94) para valores de ρ∗ − 1 ∼ η ¿ 1; se tiene
entonces
2 (ρ∗ − 1)
V ∗ (η) = 2η + , 0 ≤ η ≤ ρ∗ − 1 ¿ 1. (15.100)
χ−1
Por otra parte, es fácil comprobar que las ecuaciones (15.96) y (15.97) para el caso ω = 0, η ¿ 1
se reducen a µ ¶ µ ¶
2 2 d 1/2 ρ∗2 − 1
(D − 1) D − 2 φ = −T ikR1 2η + v, (15.101)
dη χ−1
y
(D2 − 1)v = 2T 1/2 ikR1 φ, (15.102)
donde el operador diferencial D2 se define
d2 d
D2 = 2
+ − k 2 R12 . (15.103)
dη dη
Aplicando el operador diferencial (D2 − 1)D2 a la ecuación (15.102) y teniendo en cuenta (15.101)
se obtiene la ecuación diferencial ordinaria de sexto orden para el cálculo de las autofunciones v
µ ¶ µ ¶
d ρ∗ − 1
(D2 − 1)2 D2 − 2 v = 2T k 2 R12 2η + v. (15.104)
dη χ−1
436 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
Las cuatro condiciones de contorno para v, adicionales a las dos dadas en (15.99), se obtienen a
partir de la ecuación (15.102) y de su derivada respecto a η evaluadas en η = 0 y η = ρ∗ − 1. En
efecto, teniendo en cuenta (15.99), la ecuación (15.102) evaluada en η = 0 y η = ρ∗ − 1 resulta
¯ ¯ ¯ ¯
d2 v ¯¯ dv ¯¯ d2 v ¯¯ dv ¯¯
+ =0 y + = 0; (15.105)
dη 2 ¯0 dη ¯0 dη 2 ¯ρ∗ −1 dη ¯ρ∗ −1
por otra parte, la derivada respecto a η de la ecuación (15.102) evaluada en ambos cilindros
proporciona
¯ ¯ ¯ ¯ ¯ ¯
d3 v ¯¯ d2 v ¯¯ 2 2 dv ¯¯ d3 v ¯¯ d2 v ¯¯ 2 2 dv ¯¯
+ −(k R1 +1) =0 y + −(k R1 +1) = 0. (15.106)
dη 3 ¯0 dη 2 ¯0 dη ¯0 dη 3 ¯ρ∗ −1 dη 2 ¯ρ∗ −1 dη ¯ρ∗ −1
La resolución del problema de autovalores, formado por la ecuación diferencial ordinaria lineal
de sexto orden (15.104) y las condiciones de contorno para v dadas en (15.99), (15.105) y (15.106),
suministra el número de Taylor crı́tico Tc (k) para cada k de modo que para valores del número de
Taylor superiores a Tc (k), con k fijado, la solución de reposo es inestable frente a perturbaciones
de longitud de onda 2π/k. El valor mı́nimo de la función Tc (k) = T ∗ define el lı́mite de estabilidad
de la solución investigada de modo que para T < T ∗ el estado de fluido en reposo es estable frente
a cualquier perturbación siempre que su amplitud sea pequeña.
Aunque el problema (15.104), (15.99), (15.105) y (15.106) es lineal su resolución numérica
requiere cierta elaboración. En efecto, la integración numérica de la ecuación (15.104) de sexto
orden desde η = 0 requiere conocer allı́ el valor de la función y de sus cinco primeras derivadas.
Dado que en η ∗ = 0 se conocen sólo tres [las otras tres están impuestas en η = ρ∗ − 1] existen
entonces tres grados de libertad para arrancar la integración desde η = 0
a1 2 a1 2 2
v(η) = a1 η − η + (k R1 + 2)η 3 + a4 η 4 + a5 η 5 ; (15.107)
2 6
la determinación de la terna de valores (a1 , a4 , a5 ) que, arrancando la integración numérica desde
el origen, permite obtener la solución no trivial que cumple las tres restantes condiciones de con-
torno en η = ρ∗ − 1 implica un coste computacional excesivo. Sin embargo, si se hace uso de la
linealidad del problema, es posible construir la solución v(η) a partir de tres soluciones numéricas
independientes (v1 , v2 , v3 ) en la forma
¯ ¯ ¯ ¯ ¯
dv2 ¯¯ d2 v2 ¯¯ d3 v2 ¯¯ d5 v2 ¯¯ d4 v2 ¯¯
v2 (0) = = = = = 0, = 1, (15.110)
dη ¯η=0 dη 2 ¯η=0 dη 3 ¯η=0 dη 5 ¯η=0 dη 4 ¯η=0
y ¯ ¯ ¯ ¯ ¯
dv3 ¯¯ d2 v2 ¯¯ d3 v3 ¯¯ d4 v3 ¯¯ d5 v3 ¯¯
v3 (0) = = = = = 0, = 1. (15.111)
dη ¯η=0 dη 2 ¯η=0 dη 3 ¯η=0 dη 4 ¯η=0 dη 5 ¯η=0
15.5. Inestabilidad centrı́fuga 437
µ ¶ µ ¶ µ ¶
d2 v1 dv1 d2 v2 dv2 d2 v3 dv3
C1 + + C2 + + C3 + =0 (15.113)
dη 2 dη dη 2 dη dη 2 dη
· ¸ · 3 ¸
d3 v1 d2 v1 2 2 dv1 d v2 d2 v2 2 2 dv2
C1 + − (k R 1 + 1) + C2 + − (k R1 + 1) +
dη 3 dη 2 dη dη 3 dη 2 dη
· 3 ¸
d v3 d2 v3 2 2 dv3
C3 + − (k R1 + 1) = 0, (15.114)
dη 3 dη 2 dη
donde las funciones v1, v2 , v3 y sus derivadas, en el sistema (15.112)-(15.114), están evaluadas en
η = ρ∗ − 1.
Figura 15.8: Valores del número de Taylor como función de Ω2 /Ω1 , para varios valores de R2 /R1 .
que es conservativo, el flujo básico es estable para valores de χ > (R1 /R2 )2 = (1,137)−2 = 0,774.
Valores del número de Taylor crı́tico para otros valores del parámetro ρ∗ pueden obtenerse fácil-
mente mediante el procedimiento numérico descrito anteriormente. A partir de la Figura 15.8 se
construye fácilmente el mapa paramétrico de estabilidad de la Figura 15.9, donde se ha incluido
también el criterio de estabilidad de Rayleigh para completar; obsérvese que la corriente básica es
siempre estable para valores de χ > (R1 /R2 )2 . Debe indicarse, finalmente, que los resultados obte-
nidos de aplicar la teorı́a de estabilidad lineal presentan un acuerdo excelente con las observaciones
experimentales.
3000
2500
2000
W 1 (R 1 ) 2 / n
Inestable
1500
1000
W 1 ( R 1 ) 2 = W 2 (R 2 )
2
500
Estable Criterio de Rayleigh
0
-1500 -1000 -500 0 500 1000 1500 2000 2500 3000
W 2 (R 2 ) 2 / n
Figura 15.9: Mapa de estabilidad del flujo de un lı́quido entre dos cilindros concéntricos.
entre placas h.
15.6. Estabilidad de corrientes paralelas 439
Si el flujo se expresa como superposición del indicado en (15.115) más la perturbación en presión
p0 (x, y, z, t) y velocidad v0 (x, y, z, t), las ecuaciones linealizadas que gobiernan el flujo perturbado
son
∇ · v0 = 0, (15.116)
∂v0
+ v · ∇v0 + v0 · ∇v = −∇p0 + ν∇2 v0 . (15.117)
∂t
En el análisis de estabilidad las perturbaciones se suponen temporal y espacialmente periódicas de
frecuencia ω y longitud de onda λ que será a lo sumo del orden del espesor δ de la capa; esto es
mientras que las componentes de la velocidad paralelas al flujo básico varı́an en distancias del orden
de L, las velocidades de perturbación lo hacen en distancias del orden de λ ¿ L. Esto permite
simplificar drásticamente (15.117), ya que por una parte y a modo de ejemplo
∂u0 U u0 ∂U u0 U
U ∼ À u0 ∼ , (15.118)
∂x λ ∂x L
y por otra parte las variaciones de U y W con x y z son tan pequeñas que en primera aproxi-
mación pueden tomarse como constantes e iguales a los valores de la velocidad en una sección de
coordenadas xo , zo dada; (u0 , v 0 , w0 ) son las componentes de la velocidad de perturbación según los
ejes (x, y, z). En lo que sigue, se analizará la estabilidad de una corriente localmente paralela de
componentes U (xo , y, zo ) y W (xo , y, zo ).
Teniendo en cuenta lo anterior el sistema de ecuaciones se reduce a
∂u0 ∂v 0 ∂w0
+ + = 0, (15.119)
∂x ∂y ∂z
µ 2 0 ¶
∂u0 ∂u0 ∂u0 0 dU 1 ∂p0 ∂ u ∂ 2 u0 ∂ 2 u0
+U +W +v =− +ν + + , (15.120)
∂t ∂x ∂z dy ρ ∂x ∂x2 ∂y 2 ∂z 2
µ 2 0 ¶
∂v 0 ∂v 0 ∂v 0 1 ∂p0 ∂ v ∂ 2 v0 ∂ 2 v0
+U +W =− +ν + + , (15.121)
∂t ∂x ∂z ρ ∂y ∂x2 ∂y 2 ∂z 2
µ 2 0 ¶
∂w0 ∂w0 ∂w0 dW 1 ∂p0 ∂ w ∂ 2 w0 ∂ 2 w0
+U +W + v0 =− +ν + + . (15.122)
∂t ∂x ∂z dy ρ ∂z ∂x2 ∂y 2 ∂z 2
El sistema de ecuaciones (15.119)-(15.122) se puede reducir a una ecuación que contenga una
única variable dependiente si se procede en la forma siguiente. En efecto, si al resultado de derivar
(15.120) respecto a x se le suma el de derivar (15.122) respecto a z y se tiene en cuenta (15.119)
se obtiene
µ ¶ µ ¶ µ ¶
∂ ∂v 0 ∂ ∂v 0 ∂ ∂v 0 ∂U ∂v 0 ∂W ∂v
− +U − +W − + + =
∂t ∂y ∂x ∂y ∂z ∂y ∂y ∂x ∂y ∂z
µ ¶
1 ∂ 2 p0 ∂ 2 p0 2 ∂v
0
− + − ν∇ ; (15.123)
ρ ∂x2 ∂z 2 ∂y
obsérvese que para obtener (15.123) se han despreciado términos tales como v 0 ∂ 2 U/(∂x∂y) y
v 0 ∂ 2 W/(∂y∂z) frente a (∂v 0 /∂x)(∂U/∂y) y (∂v 0 /∂z)(∂W/∂y) debido a que λ ¿ L.
Si a la ecuación (15.121) derivada dos veces respecto a x se le suma el resultado de derivar la
misma ecuación dos veces respecto a z se obtiene una ecuación que restada al resultado de derivar
(15.123) con respecto a y resulta
µ ¶ µ 2 ¶
∂ ∂ ∂ d U ∂v 0 d2 W ∂v 0
+U +W ∇2 v 0 − + = ν∇4 v 0 . (15.124)
∂t ∂x ∂z dy 2 ∂x dy 2 ∂z
440 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
Si se supone además que las perturbaciones, y en particular v 0 , exhiben una dependencia espacio-
temporal de la forma
v 0 (x, y, z, t) = (Uo2 + Wo2 )1/2 f (y)ei(kx x+kz z−ωt) , (15.125)
donde ω, kx , y kz son respectivamente la frecuencia de la perturbación y las componentes según los
ejes x y z de su vector de onda, y se definen las variables y parámetros adimensionales siguientes
y U W
η= , Ū = , W̄ = ,
δ (Uo2 + Wo2 )1/2 (Uo2 + Wo2 )1/2
ωδ
k̄x = kx δ, k̄z = kz δ, Ω= , (15.126)
(Uo2 + Wo2 )1/2
la ecuación (15.124) se transforma en
· 2 ¸ µ ¶
d f 2 2 d2 Ū d2 W̄
(−Ω + k̄x Ū + k̄z W̄ ) − (k̄x + k̄z )f − k̄x 2 + k̄z f=
dη 2 dη dη 2
· 4 2
¸
i d f 2 2 d f 2 2 2
− − 2(k̄x + k̄z ) 2 + (k̄x + k̄z ) f ; (15.127)
Reδ dη 4 dη
Reδ es el número de Reynolds basado en el espesor de la capa lı́mite
(Uo2 + Wo2 )1/2 δ
Reδ = . (15.128)
ν
La ecuación (15.127) se denomina de Orr-Sommerfeld en honor de los primeros trabajos que sobre
corrientes paralelas publicaron ambos autores en la primera década del siglo xx. Como condiciones
de contorno de la ecuación de Orr-Sommerfeld se impondrá que la perturbación f y su derivada
df /dη sean nulas en los lı́mites del dominio de la corriente básica. Dado que la ecuación diferencial
(15.127) y las condiciones de contorno son homogéneas, la perturbación f será distinta de cero sólo
para combinaciones especiales de los cuatro parámetros, k̄x , k̄z , Ω, y Reδ , involucrados.
Obsérvese que si en (15.127) se definen las variables
k̃ 2 = k̄x2 + k̄z2 y k̃ Ṽ = k̄x Ū + k̄z W̄ , (15.129)
la ecuación resultante para el problema tridimensional con k̃ y Ṽ es la misma que satisface el
problema bidimensional resultante de hacer W̄ = 0 y k̄z = 0 en la ecuación (15.127). Cuando
el campo de velocidades es bidimensional, cualquier modo para el que k no es perpendicular
a U se llama oblicuo. La amplificación de los modos oblicuos está gobernada por el perfil de
velocidades básico U y, de acuerdo con la ecuación de Orr-Sommerfeld, su frecuencia sólo depende
del valor de la proyección del vector de onda en la dirección de U . Sin embargo, la velocidad
de crecimiento Ω/k̄ de los modos oblicuos (tridimensionales) inestables es menor que la de los
normales (bidimensionales) por ser mayor el número de onda k̄x < k̃. Este resultado, conocido
con el nombre de teorema de Squire, demuestra que en principio para obtener criterios suficientes
de estabilidad basta con considerar el problema bidimensional. En lo que sigue se considerará,
por tanto, el problema bidimensional con variables y parámetros adimensionales k̄z = 0, W̄ = 0,
k̄x = k̄, y Ū = Ū (η); la ecuación de Orr-Sommerfeld se escribe entonces en la forma
· 2 ¸ · 4 ¸
d f 2 d2 Ū i d f 2
2d f 4
(−Ω + k̄ Ū ) − k̄ f − k̄ 2 f = − − 2k̄ + k̄ f . (15.130)
dη 2 dη Reδ dη 4 dη 2
No obstante, y como se verá posteriormente, el resultado de Squire no es siempre aplicable. Éste
es, por ejemplo, el caso en el que para alguna dirección del vector de onda tridimensional el perfil
de velocidades presente un punto de inflexión. Por otra parte, efectos no-lineales pueden también
afectar a la validez del resultado de Squire.
15.6. Estabilidad de corrientes paralelas 441
para perturbaciones que se amplifican, ΩI > 0. En este último caso, es fácil observar que excepto Ü
cualquier otro factor en el integrando de (15.134) es positivo en cualquier región del flujo de modo
que para que se cumpla la condición (15.134) es necesario que U presente un punto de inflexión en
algún punto del dominio.13
10 Más tarde se verá que en algunos flujos paralelos, tales como flujo de Poiseuille, capas lı́mites aceleradas
Ū = Ω/k̄.
12 En realidad, Rayleigh demostró que la existencia de un punto de inflexión es condición necesaria de inestabilidad
pero fue Tollmien quien mucho más tarde demostró que esta condición era también suficiente W. Tollmien, Ein
allgemeines kriterium der instabilität laminarer geschwindigkeitseverteilungen, Nachr. Ges. Wiss. Göttingen, Math.
Phys. Klasse, Fachgruppe I, 1, 79-114 (1935). English Transl. in NACA TM 792 (1936).
13 Obsérvese que la existencia de perturbaciones amortiguadas (Ω < 0) parece, en principio, requerir también la
I
condición de existencia de un punto de inflexión en el perfil de velocidades. Sin embargo, el resultado anterior sólo
442 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
(a ) (b )
y y y
y
u w u w
Figura 15.10: Perfiles esquemáticos de velocidad y vorticidad en capas lı́mites con gradientes de
presiones favorables y desfavorables.
Supóngase que un torbellino, que puede representar una perturbación elemental de vorticidad
se introduce en el flujo básico de la Figura 15.10. Si dicha perturbación es negativa (sentido horario)
tenderá a decelerar el fluido situado debajo de la perturbación y a acelerar el que esta encima;
se crea ası́ una diferencia de presiones que tiende a convectar la perturbación transversalmente
alejándola de la pared. Si el perfil de velocidades tuviese un punto de inflexión y la perturbación se
localizase inicialmente entre este punto y la pared, el torbellino es convectado hacia zonas de mayor
vorticidad (en módulo) y la perturbación inicial tenderı́a a amplificarse dando lugar a inestabilidad.
Si el perfil no tuviese punto de inflexión, la vorticidad del flujo básico decrece monótonicamente
desde la pared hacia el fluido y la perturbación inicial es siempre convectada hacia zonas de menor
vorticidad tendiendo, por tanto, a disminuir.
t t
W>0
W<0 W>0
W<0
W<0 W<0
x x
Para modelar teóricamente la evolución de perturbaciones tales resulta más útil suponer que
la frecuencia de la perturbación es real, Ω = ΩR , y buscar el autovalor complejo k̄ = k̄R + ik̄I para
valores dados de ΩR y Re. Un modo normal de la perturbación se puede representar, por tanto,
en la forma
f (y)e−k̄I x ei(k̄R x−ΩR t) ; (15.135)
dicho modo se propaga con velocidad Ω(k̄)/k̄R y crece con x (x > 0) si k̄I x < 0. Obsérvese que
los modos espaciales son, en principio, inadmisibles como soluciones en corrientes ilimitadas, pero
pueden, sin embargo, describir suficientemente bien la evolución de una perturbación de frecuencia
Ω para tiempos posteriores al instante en que ésta es generada en un punto localizado del dominio
fluido. Este tipo de análisis de estabilidad se denomina espacial y convectiva el tipo de inestabilidad
que describe.
Cuando la perturbación es la resultante de una superposición de modos normales, la interfe-
rencia entre ellos da lugar a que, en un instante de tiempo dado, la perturbación sea nula excepto
en aquellos puntos en los que los diferentes modos están en fase. Como se vio en 11, esto implica
que el paquete de ondas dispersivas se propague con la velocidad de grupo adimensional dΩ/dk̄R .
Se ha demostrado que en el lı́mite de amplificación pequeña,15 los factores de amplificación de las
perturbaciones en ambas descripciones están relacionados a través de la velocidad de grupo. En
efecto, si el modo temporal se expresa en la forma
variando armónicamente con el tiempo la presión a través de un pequeño agujero practicado en la pared.
15 Gaster, M. (1962), J. Fluid Mechanics 14, 222-224.
444 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
El último resultado de (15.137) se obtiene de argüir que la energı́a del modo que se amplifica viaja
con la velocidad de grupo y por tanto x/t = dΩ/dk̄R . La última de las relaciones (15.137) se ha
usado en el pasado, cuando los métodos numéricos de análisis espacial no estaban suficientemente
desarrollados; no obstante, siempre que los factores de amplificación sean pequeños, la aproximación
se sigue utilizando aún hoy dı́a para proporcionar modelos de estabilidad espacial obtenidos a partir
de resultados del análisis temporal.
U1
U2
Figura 15.12: Esquema de una capa de mezcla de un fluido con distintas velocidades.
De acuerdo con el teorema de Rayleigh, este flujo básico es inestable (incluso a números de
Reynolds pequeños) debido a la existencia de punto de inflexión en el perfil de velocidades; no existe,
por tanto, curva de estabilidad marginal. No obstante, puede ser de interés calcular la evolución de
una perturbación de frecuencia Ω; esto es calcular k̄I y k̄R como funciones de la frecuencia y de los
parámetros que determinan el flujo básico una vez que éste ha sido determinado [Ū (η) conocido].
La resolución numérica de la ecuación de Rayleigh requiere en general la utilización de métodos
de disparo (shooting en la literatura anglosajona).16 No obstante, antes de comenzar la búsqueda
de los autovalores es conveniente saber dónde buscarlos y delimitar, si es posible, la región del
plano complejo donde se encuentran. En efecto, definiendo
X = k̄ Ū − Ω y F = f /X, (15.138)
d (X 2 F 0 F ∗ )
− X 2 F 0 F 0∗ − k 2 X 2 F F ∗ = 0, (15.140)
dη
y Z ∞
k̄I Ū (k̄R Ū − Ω) R̄ dη = 0. (15.143)
o
De (15.143) es fácil deducir que la velocidad de propagación de las ondas Ω/k̄R posee un valor
intermedio entre las velocidades máxima y mı́nima de Ū (η) en el intervalo −∞ ≤ η ≤ ∞; esto es
de modo que sustituyendo esta desigualdad en (15.142) y teniendo en cuenta (15.143) se obtiene
Ω2
k̄I2 ≤ k̄R
2
− 2
. (15.146)
Ūmax
y
f ∼ ekη para η → −∞, (15.148)
Si se fija un valor de Ω y se escoge arbitrariamente el valor del complejo k̄ [de acuerdo naturalmente
con (15.144) y (15.146)], la ecuación de Rayleigh se puede integrar numéricamente arrancando con
uno u otro de los comportamientos (15.147) y (15.148). Si se arranca con el comportamiento
(15.147) se obtiene una curva f∞ (η) definida en el intervalo ∞ ≥ η ≥ ηo , donde ηo designa
el punto donde arbitrariamente finaliza la integración numérica, mientras que si se arranca con
el comportamiento (15.148) se obtiene una segunda curva f−∞ (η) con la variable independiente
definida ahora en el intervalo ηo ≥ η ≥ −∞. Dado que k̄ ha sido escogido arbitrariamente, las dos
curvas, soluciones de la ecuación de Rayleigh, no satisfarán en general condiciones de continuidad
en el punto ηo ; esto es, en general no se cumplirán las condiciones
donde u(x, y) es el perfil de velocidades básico de la capa de mezcla.17 Obsérvese que el factor de
amplificación espacial presenta un máximo acusado para valores de ωδ2 /(2 π Um ) próximos a 0,034,
que es la frecuencia adimensional de la perturbación que más rápidamente se desestabiliza en una
capa de mezcla. Por otra parte, el valor del máximo del factor de amplificación de la perturbación
crece con R, esto es, con la diferencia de velocidades, lo que quiere decir que la capa de mezcla se
desestabiliza tanto más rápidamente cuanto mayor es la diferencia de velocidades. Como es sabido,
la existencia de un máximo en el factor de amplificación indica que, en ausencia de perturbaciones
forzadas, la perturbación que más rápidamente se desarrolla y que desestabiliza finalmente la capa
de mezcla es aquella cuya frecuencia corresponde al valor máximo de kI δ2 . La comparación de
los resultados de la teorı́a lineal con los experimentales proporciona un acuerdo excelente entre
ambos resultados. En efecto, en capas de mezclas no forzadas, la medida del espectro de potencia
17 Los cálculos numéricos fueron realizados por el Dr. José M. Gordillo cuando era estudiante de Doctorado en el
de las perturbaciones exhibe un máximo para ωδ2 /(2 π Um ) = 0,032, muy próxima a la encontrada
numéricamente a partir de la teorı́a lineal de estabilidad.
Un resultado interesante se muestra en la Figura 15.14 donde se representa la velocidad adi-
mensional de propagación de las ondas ω/(kr Um ) referida a la velocidad media adimensional como
función de la frecuencia adimensional para valores distintos del parámetro R. Obsérvese que la
velocidad de las perturbaciones depende de la frecuencia (ondas dispersivas) para perturbaciones
de frecuencia adimensionales menores que 0,034 mientras que para valores mayores apenas depende
de la frecuencia.
Figura 15.14: Velocidad de propagación de las perturbaciones en una capa de mezcla como función
de su frecuencia adimensional.
Figura 15.16: Celdas de convección en una capa de lı́quido calentada desde abajo. En la fotografı́a
pueden verse algunas imperfecciones que ocasionalmente rompen el modelo de celdas hexagonales.
El experimento se realizó con aceite de silicona sobre una placa de cobre a temperatura uniforme.
Se anádio polvo de aluminio al aceite para la visualización de las celdas; E. L. Koschmieder,
Adv. Chem. Phys., 26, 177-212, 1974. También en M. van Dyke, An Album of Fluid Motion, The
Parabolic Press, 1982.
La teorı́a de la inestabilidad térmica de una capa de lı́quido calentada desde abajo fue formulada
por Rayleigh en 1916 y sus predicciones acuerdan bien con los resultados experimentales en capas
de fluidos con la capa superior limitada por una superficie metálica o si ésta es libre (en contacto
con el aire) siempre que el espesor de la capa sea lo suficientemente grande como para minimizar
los efectos de la tensión superficial.18
Para analizar teóricamente el problema de Bénard se considerará aquı́ el caso de un lı́quido en
reposo confinado entre dos placas horizontales, infinitas y paralelas, separadas una distancia h. Las
placas se mantienen a temperaturas T1 y T2 constantes, siendo la temperatura de la placa inferior
T1 mayor que T2 . El campo de presiones correspondiente al estado en reposo viene definido por el
balance entre las fuerzas másicas y las de presión
∂po
= −ρo g [1 − β(To − Tr )], (15.157)
∂z
18 Mucho más tarde, Block en 1956 y Pearson en 1958 demostraron que los movimientos observados por Bénard en
capas de lı́quido con superficie libre y espesores del orden del milı́metro eran fundamentalmente debidas a variaciones
de la tensión superficial en la interfase lı́quido-aire por las variaciones de temperatura existentes sobre la misma
(convección de Marangoni), en vez de por la inestabilidad térmica de un fluido calentado desde abajo. No deja
de ser curioso que a pesar de este descubrimiento, la convección en capas de fluido calentadas desde abajo se siga
denominando convección de Bénard.
15.8. Inestabilidad térmica. Problema de Bénard 451
mientras que el de temperaturas se obtiene de que el flujo de calor por conducción sea constante
∂ 2 To
= 0, (15.158)
∂z 2
cuya integración dos veces, teniendo en cuenta las condiciones de contorno To (0) = T1 y To (h) = T2
proporciona
T2 − T1
To (z) = T1 + z, (15.159)
h
Para simplificar el análisis se ha hecho uso en (15.157) de la aproximación de Boussinesq
cuya validez requiere que la variación relativa de temperaturas entre placas sea pequeña (T1 −
T2 )/T1 ¿ 1; Tr es una temperatura de referencia y β es el coeficiente de expansión térmica del
lı́quido. Si se introduce (15.159) en (15.157) y se integra una vez se obtiene el campo de presiones
del reposo
po = po (0) − ρo gz[1 − β(T1 − Tr ) − β(T2 − T1 )z/(2h)], (15.161)
donde la presión po (0) es la presión del lı́quido en la placa inferior.
Para analizar la estabilidad de la solución (15.159)-(15.161), se buscan soluciones de las ecua-
ciones de Navier Stokes que sean superposición de la solución básica (reposo) más una solución de
perturbación que se supone pequeña frente a la básica; esto es
conviene señalar que sobre cada una de las placas estas condiciones son equivalentes a
∂vx0 ∂vy0 ∂vy0 ∂v 0 ∂vz0
vz0 = 0, = = = x = 0, y = 0, (15.168)
∂x ∂y ∂x ∂y ∂z
ya que sobre las placas v0 no varı́a al variar x o y y la última de las condiciones en (15.168) resulta
de este hecho y de la ecuación de continuidad.
Si la superficie superior fuese libre (limitada por aire) se impondrá sobre ella la condición de
esfuerzo tangencial nulo. Es fácil demostrar que salvo infinitésimos de orden superior la superficie
libre se puede suponer plana y situada en z = h, se tiene entonces
µ 0 ¶ µ 0 ¶
∂vx ∂v 0 ∂vy ∂v 0
vz0 (x, y, h, t) = 0, y τxz
0
=µ + z = τyz 0
=µ + z = 0. (15.169)
∂z ∂x ∂z ∂y
Siguiendo los mismos argumentos que en el caso anterior es fácil comprobar que vz0 6= f (x, y) y que
por tanto
∂vx0 ∂vy0 ∂ 2 vx0 ∂ 2 vy0
= =0 y = = 0 en z = h; (15.170)
∂z ∂z ∂z∂x ∂z∂y
y de la ecuación de continuidad
∂ 2 vz0
= 0 en z = h. (15.171)
∂z 2
Obsérvese que al sistema (15.163)-(15.165) no se le imponen condiciones iniciales, ni de contorno
en x e y, puesto que en el análisis de estabilidad de la solución (15.159),(15.161) se considerarán
soluciones particulares de(15.163)-(15.165) que sean periódicas en dichas variables.
Es interesante adimensionalizar las ecuaciones y condiciones de contorno del problema utilizan-
do h como longitud caracterı́stica, h2 /α como tiempo caracterı́stico de difusión térmica, h/α como
velocidad caracterı́stica, y como temperatura caracterı́stica la diferencia T1 − T2 ; si se definen las
variables adimensionales
∇∗ · v∗ = 0, (15.173)
∂v∗
= −∇∗ p∗ + RaP rT ∗ ez + P r∇∗2 v∗ , (15.174)
∂t∗
∂T ∗
+ vz∗ = ∇∗2 T ∗ , (15.175)
∂t∗
donde el sı́mbolo ∇∗ representa derivación frente a las variables espaciales adimensionales x∗ ,
P r = ν/α es el número de Prandtl y
gβ(T1 − T2 )h3
Ra = , (15.176)
αν
es el denominado número de Rayleigh, que mide la importancia relativa entre los efectos de flota-
bilidad y los difusivos.
Con objeto de simplificar el análisis matemático de estabilidad es conveniente transformar
primero el sistema (15.173)-(15.175) para eliminar vx∗ , vy∗ y p∗ . Por ejemplo, si se toma la laplaciana
de la componente vertical de la ecuación vectorial (15.174) se tiene
∂∇∗2 vz∗ ∂∇∗2 p∗
= − + RaP r∇∗2 T ∗ + P r∇∗2 ∇∗2 vz∗ ; (15.177)
∂t∗ ∂z ∗
15.8. Inestabilidad térmica. Problema de Bénard 453
∂2T ∗ ∂∇∗2 p∗
Ra P r ∗2
− = 0. (15.178)
∂z ∂z ∗
Sustituyendo finalmente (15.178) en (15.177) se llega a
∂∇∗2 vz∗
= RaP r∇∗2 ∗ ∗2 ∗2 ∗
1 T + P r∇ ∇ vz , (15.179)
∂t∗
donde
∂ ∂
∇∗2
1 = ∗2
+ ∗2 . (15.180)
∂x ∂y
La ecuación (15.179) junto con (15.175) forman un sistema de dos ecuaciones diferenciales lineales
en derivadas parciales para el cálculo de vz∗ y T ∗ .
Como condiciones de contorno se usarán las condiciones de temperatura nula sobre las placas,
(15.166), y para vz∗ la primera y la última de las condiciones (15.168)
¯ ¯
∂vz∗ ¯¯ ∂vz∗ ¯¯
vz∗ (x, y, 0, t) = vz∗ (x, y, 1, t) = 0, y = =0 (15.181)
∂z ∗ ¯z∗ =0 ∂z ∗ ¯z∗ =1
si las superficies que limitan el fluido son rı́gidas, mientras que si la superficie de arriba es libre se
impondrán, de acuerdo con (15.171), las condiciones
¯ ¯
∗ ∗ ∂ 2 vz∗ ¯¯ ∂ 2 vz∗ ¯¯
vz (x, y, 0, t) = vz (x, y, 1, t) = 0, y = = 0. (15.182)
∂z ∗2 ¯z∗ =0 ∂z ∗2 ¯z∗ =1
donde, como se indicó anteriormente, kx∗ y ky∗ , que se suponen dadas, representan los números de
onda de la perturbación en las direcciones x∗ e y ∗ . Sustituyendo (15.183) en (15.175) y (15.179) se
obtienen el sistema de ecuaciones diferenciales ordinarias
µ 2 ¶
d 2
− k + iω θ = w, (15.184)
dz ∗2
µ ¶µ ¶
d2 iω d2
− k2 + − k 2
w = Ra k 2 θ, (15.185)
dz ∗2 Pr dz ∗2
con las condiciones en los lı́mites, (15.181) o (15.182),
¯ ¯
dw ¯¯ dw ¯¯
w(0) = w(1) = = = θ(0) = θ(1) = 0, (15.186)
dz ∗ ¯z∗ =0 dz ∗ ¯z∗ =1
w(z ∗ ) = C1 w1 (z ∗ ) + C2 w2 (z ∗ ) + C3 w3 (z ∗ ), (15.193)
µ 4 ¯ ¯ ¶ µ 4 ¯ ¯ ¶
d w1 ¯¯ 2
2 d w1 ¯
¯ d w2 ¯¯ 2
2 d w2 ¯
¯
C1 − 2k + C2 − 2k +
dz ∗4 ¯z∗ =1 dz ∗2 ¯z∗ =1 dz ∗4 ¯z∗ =1 dz ∗2 ¯z∗ =1
µ 4 ¯ ¯ ¶
d w3 ¯¯ 2
2 d w3 ¯
¯
C3 − 2k = 0. (15.199)
dz ∗4 ¯z∗ =1 dz ∗2 ¯z∗ =1
Naturalmente, este sistema homogéneo tiene solución distinta de la trivial (C1 = C2 = C3 = 0)
sólo si el determinante de los coeficientes es nulo, lo que ocurre, fijado k, para valores excepcionales
del número de Rayleigh; esto es, los números de Rayleigh crı́ticos de cada modo.
105
2 modo
Ra
104
1 modo
103
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9
k
Figura 15.17: Valores del número de Rayleigh crı́tico para los dos primeros modos como función
del número de onda adimensional.
En la Figura 15.17 se representa la función Rac (k) para los dos primeros modos (en el primer
modo la autofunción es distinta de cero excepto en ambos contornos, mientras que en el segundo
456 Capı́tulo 15. Estabilidad hidrodinámica
modo, además de en los contornos, la autofunción se anula una sola vez en el dominio fluido,
dos en el tercer modo y ası́ sucesivamente). El valor mı́nimo absoluto de las funciones Rac (k) es
Ra∗ ' 1708 y se presenta para el primer modo y para números de onda k ∗ ' 3,117. Por tanto,
el estado de reposo es estable frente a perturbaciones pequeñas de cualquier longitud de onda si
Ra < 1708. La resolución del problema de estabilidad en el caso de superficie libre no comporta
novedades respecto a lo realizado aquı́. Numéricamente se comprueba que el número de Rayleigh
crı́tico es Ra∗ ' 1101.
Es interesante contrastar los resultados del análisis de estabilidad con los datos experimentales
existentes sobre convección de Bénard. En la Figura 15.18 se representa el número de Nusselt N u
o flujo de calor adimensional a través de las placas rı́gidas (su medida es relativamente fácil) en
función del número de Rayleigh. El número de Nusselt, que se define N u = qh/[K(T1 −T2 )], vale la
unidad en el estado de reposo, donde la distribución de temperaturas correspondiente a conducción
pura viene dada por (15.159).
Figura 15.18: Valores experimentales del flujo adimensional de calor en experimentos diferentes
de convección de Bénard como función del número de Rayleigh. Las situaciones experimentales
corresponden a: ◦ agua, + heptano, × etilenglicol, • aceite de silicona AK 3, N aceite de silicona
AK 350, M aire, ¤ mercurio. De P. G. Drazin y W. H. Reid, Hydrodynamic Stability, Cambridge
University Press, 1981.
Obsérvese en la figura que el número de Nusselt permanece constante e igual a la unidad (indicando
que el transporte de calor es debido únicamente a la conducción) y experimenta un súbito incremen-
to cerca del valor crı́tico Rac ' 1708 predicho por la teorı́a lineal de la estabilidad. Estos resultados
han sido corroborados además mediante técnicas de visualización que permiten determinar el inicio
de la inestabilidad.
Para números de Rayleigh ligeramente superiores al crı́tico, la visualización ha permitido tam-
bién observar la presencia de celdas en el flujo, que suelen ser de tipo hexagonal como las de la
Figura 15.17, cuando la separación entre las paredes laterales es grande frente a la distancia entre
placas. A medida que aumenta el número de Rayleigh las celdas hexagonales tienden a juntarse
para formar rollos y el desorden aumenta y el movimiento se hace turbulento para Ra ' 5 × 104 ,
aunque recientemente se ha detectado la presencia de una estructura celular a números de Rayleigh
mayores.
La teorı́a linealizada es capaz de predecir la estructura de celdas en el flujo. Para ello es necesario
calcular las componentes horizontales de la velocidad vx0 y vy0 , una vez determinada la componente
15.8. Inestabilidad térmica. Problema de Bénard 457
∂ω3∗
= P r∇∗2 ω3∗ , (15.200)
∂t∗
donde ω3∗ = ∂v ∗y /∂x∗ − ∂vx∗ /∂y ∗ . Por otra parte si se deriva la ecuación (15.173) con respecto a
x∗ y al resultado se le suma y resta el término ∂ 2 vx∗ /∂y ∗2 se obtiene
ikx∗ dw
kx∗ v(z ∗ ) = ky∗ u(z ∗ ) y u(z ∗ ) = . (15.204)
k 2 dz ∗
Obsérvese que debido a la periodicidad tanto vx∗ como vy∗ se anulan sobre los planos verticales
µ ¶ µ ¶
1 π 1 π
x∗ = m+ , y∗ = m+ , con m = 0, ±1, ±2... (15.205)
2 kx∗ 2 ky∗
Para el primer modo w(z ∗ ) no cambia de signo en el intervalo 0 ≤ z ∗ ≤ 1, de modo que los planos
verticales descritos por (15.205) separan regiones donde la corriente es ascendente de las adyacentes
donde es descendente. En situaciones en las que la geometrı́a es tal que la longitud de onda de las
celdas es mucho mayor que la dimensión transversal by , según y, del recipiente, (ky∗ )−1 À by /h,
el flujo se organiza en rollos bidimensionales, con lı́mites verticales en x∗ = (m + 1/2)π/k con m
entero, cuyo campo de velocidades es
i dw i(kx−ωt)
vx∗ = − e , vy∗ = 0, vz∗ = w(z ∗ )ei(kx−ωt) . (15.206)
k dz ∗
Soluciones análiticas para celdas hexagonales se obtienen también como resultado de la estabilidad
lineal pero su cálculo no se llevará a cabo aquı́; el lector interesado puede consultar cualquier libro
clásico de la teorı́a de estabilidad como los citados en las referencias de este capı́tulo.
Turbulencia
Figura 16.1: Chorro turbulento de agua visualizado mediante fluorescencia inducida por láser. El
número de Reynolds del experimento era 2300.
1 O. Reynolds, Phil. Trans. Royal Soc. 177, 935 (Papers on Mechanical and Physical Subjects, 2, 228), 1883.
459
460 Capı́tulo 16. Turbulencia
flujos turbulentos son predecibles en términos estadı́sticos en el sentido de que si en cualquier punto
fijo del dominio fluido se miden los valores instantáneos de las variables fluidas durante un intervalo
de tiempo suficientemente largo y se promedian los resultados en dicho intervalo, los valores medios
locales obtenidos se comportan de manera determinista y varı́an en el espacio y en el tiempo de
forma mucho más suave que los valores instantáneos; este comportamiento se pone de manifiesto
en los oscilogramas de la Figura 16.2 y en los perfiles de velocidades de la Figura 16.3.3 Además,
desde un punto de vista práctico el conocimiento de los valores medios de las magnitudes fluidas
es generalmente mucho más relevante que el de los valores instantáneos. Es por esto que, desde los
trabajos innovadores de Reynolds, los métodos analı́ticos y numéricos empleados en turbulencia
tienen como objeto principal el cálculo de las magnitudes medias del flujo a partir de ecuaciones
obtenidas promediando adecuadamente de las ecuaciones de Navier-Stokes. No obstante, y como
se verá en secciones posteriores, el problema que presenta la formulación de un sistema cerrado
de tales ecuaciones está muy lejos aún de ser resuelto y su tratamiento requiere un conocimiento
profundo de los complejos mecanismos fı́sicos involucrados en el flujo turbulento. Por tanto, se
dedicará el resto de esta introducción a la descripción cualitativa de algunos aspectos de la fı́sica
de la turbulencia.
En la literatura especializada, a las longitudes y tiempos caracterı́sticos que tienen lugar en un
flujo turbulento se les denomina genéricamente escalas turbulentas y a los movimientos que tienen
lugar en dichas escalas se los conoce como torbellinos o remolinos (eddies o whirls en la literatura
anglosajona). Los conceptos de escala y de torbellino, aunque son ambiguos en gran medida, se
usan con profusión en la literatura para describir de forma cualitativa la fı́sica de la turbulencia.
A grandes rasgos, se observa que los torbellinos mayores poseen una longitud caracterı́stica del
orden de la del dominio fluido, por ejemplo, el diámetro caracterı́stico de la sección en el caso del
movimiento turbulento en un conducto o en un chorro, el tamaño caracterı́stico del objeto para
el caso de un flujo externo alrededor del mismo, etc.; el tiempo caracterı́stico de variación para el
movimiento en dichos torbellinos puede estimarse a partir de su longitud caracterı́stica y la veloci-
dad caracterı́stica del flujo determinada por las condiciones de contorno impuestas al sistema, tales
3 National c
Committee for Fluid Mechanics Films, Education Development Center, Inc,°1969
462 Capı́tulo 16. Turbulencia
como el caudal, diferencias de presiones, etc. Al ser el número de Reynolds siempre alto en los flujos
turbulentos, los efectos viscosos son muy pequeños para el movimiento en los grandes torbellinos y,
mediante mecanismos que no son bien conocidos todavı́a, se hacen inestables frente a perturbacio-
nes dando lugar a un proceso de generación de torbellinos cada vez de menor tamaño, hasta que la
longitud caracterı́stica de los mismos es tan pequeña que las fuerzas de viscosidad entran en juego
y detienen el proceso. De esta forma, y como puede observarse en algunos casos cotidianos, partı́cu-
las fluidas que en un cierto instante se mueven en torbellinos grandes se arremolinan en instantes
sucesivos en torbellinos cada vez menores hasta que disipan una fracción importante de su energı́a
cinética en forma de calor en los más pequeños. Puesto que los torbellinos grandes coexisten con
los pequeños, debe producirse un suministro continuo de energı́a, denominado cascada de energı́a,
desde el movimiento de gran escala, hacia el movimiento en las escalas pequeñas, mientras que el
movimiento en las escalas grandes debe adquirir su energı́a del exterior a través de las condiciones
iniciales y/o de contorno impuestas al sistema. De hecho, la turbulencia es extraordinariamente
disipativa, siendo una experiencia común que para que un flujo turbulento pueda mantenerse ne-
cesita un suministro suficiente y continuo de energı́a externa, de otra forma la disipación que tiene
lugar en las pequeñas escalas disminuirı́a pronto la energı́a cinética del flujo y la turbulencia des-
aparecerı́a. Esta noción de cascada de energı́a, descrita primero de forma poética por Richardson4
y, más tarde, de forma cuantitativa por Kolmogorov, ha producido resultados muy fructı́feros en
el estudio de la turbulencia, tanto para su entendimiento fı́sico como para su tratamiento analı́ti-
co y numérico. En particular, la teorı́a de Kolmogorov permite estimar los valores caracterı́sticos
correspondientes a los torbellinos más pequeños que pueden observarse en un flujo turbulento. En
efecto, como se ha señalado más arriba, si la longitud tı́pica del dominio fluido es L y la velocidad
caracterı́stica impuesta por las condiciones de contorno es Uo , el tiempo caracterı́stico de variación
para el movimiento en los grandes torbellinos es del orden de L/Uo . Entonces, es plausible suponer
que éste es el orden de magnitud del tiempo que, en media, las partı́culas fluidas tardan en pasar
desde los grandes torbellinos a otros más pequeños, lo que proporciona un flujo de energı́a cinética
por unidad de masa que entra en el flujo turbulento y se disipa en los pequeños torbellinos del
orden de Uo 3 /L. Por otra parte, si uo y λ representan la velocidad y longitud caracterı́sticas de
los torbellinos más pequeños, la energı́a mecánica por unidad de masa y tiempo disipada en los
mismos puede estimarse como
1 =0 uo 2 Uo 3
²∼ τ : ∇u ∼ ν 2 ∼ , (16.1)
ρ λo L
=
donde τ 0 = µ[∇u + (∇u)T ] es el tensor de esfuerzos de viscosidad. Además, puesto que los efectos
no estacionarios son del mismo orden que los convectivos para todas las escalas turbulentas, para
la escala pequeña deben verificarse las relaciones
∂u
ρ ∼ ρu · ∇u ∼ µ∇2 u. (16.2)
∂t
Si τo denota el tiempo caracterı́stico de variación en la escala pequeña, las relaciones (16.2) pro-
porcionan los órdenes de magnitud
4 Big whirls have little whirls
which feed on their velocity.
Little whirls have lesser whirls
and so on to viscosity.
When little whirls meet little whirls
they show a strong affection;
elope, or form a bigger whirl,
and so on by advection.
16.1. Caracterı́sticas generales de los movimientos turbulentos 463
uo uo 2 uo
∼ ∼ν 2 (16.3)
τo λo λo
y los valores de uo , λo y τo
ası́ como sus valores relativos respecto a los valores caracterı́sticos de la escala grande,
uo λo τo
∼ Re−1/4 , ∼ Re−3/4 , ∼ Re−1/2 , (16.5)
Uo L to
donde Re = Uo L/ν y to = L/Uo son el número de Reynolds y el tiempo caracterı́stico para la
escala grande. Se observa que la disparidad entre los valores caracterı́sticos de las escalas grandes
y pequeñas aumenta con el número de Reynolds como se muestra en la Figura 16.4.5
Figura 16.4: Influencia del número de Reynolds en la disparidad de tamaños entre las escalas
grandes y las pequeñas en un chorro turbulento.
condiciones de contorno impuestas al sistema. En efecto, las estimaciones (16.4) ponen de manifiesto
que para un valor dado de ν, los valores caracterı́sticos de las escalas pequeñas dependen de los
de las grandes solamente a través de la energı́a por unidad de masa y tiempo ² suministrada
externamente a los grandes torbellinos, que es a su vez la que debe disiparse por viscosidad en los
torbellinos pequeños. Los valores
donde kd = 2π/λd = 2π²1/4 /ν 3/4 , y g(kd /k) es una función universal (válida para cualquier flujo
turbulento) que se determina experimentalmente. La Figura 16.5 muestra un espectro de energı́a
Figura 16.5: Espectro de energı́a tı́pico de un flujo turbulento. Cortesı́a del doctor J. Dávila.
16.1. Caracterı́sticas generales de los movimientos turbulentos 465
obtenido para turbulencia de rejilla; no obstante, se observa experimentalmente que dicho espectro
es universal para valores altos del número de onda k (pequeñas escalas) en el sentido de que es
independiente del tipo de flujo considerado, lo que no ocurre para valores pequeños de k (grandes
escalas). Para valores de kd /k → ∞, el espectro de energı́a debe ser independiente de la viscosidad,
por lo que si se supone que g posee un comportamiento de la forma g = C(kd /k)α /(2π)α para
kd /k → ∞, donde C es una constante, se obtiene
Figura 16.6: Generación de escalas pequeñas en la evolución de dos lı́neas fluidas inicialmente
paralelas visualizadas en el movimiento turbulento detrás de una rejilla.
466 Capı́tulo 16. Turbulencia
en efecto, los valores medios existentes en zonas alejadas de cualquier punto fijo del dominio fluido
tienden a manifestarse en dicho punto al promediar en éste los valores instantáneos de las partı́culas
fluidas que provienen de aquellas zonas y que, con velocidades altamente variables en magnitud y
dirección, pasan sucesivamente por el punto considerado. El transporte de magnitudes medias en
un flujo turbulento debido al movimiento fluctuante, de largo alcance, de las partı́culas fluidas se
denomina transporte turbulento o mezclado turbulento (mixing en la literatura anglosajona). De-
bido a su eficacia uniformadora, su modelado es esencial en turbulencia, y complica enormemente el
tratamiento de los flujos turbulentos respecto a otros flujos aleatorios en los que el desplazamiento
de las partı́culas fluidas sea relativamente pequeño como, por ejemplo, la propagación de ondas
gravitatorias en la superficie de un lı́quido forzadas por rachas aleatorias de viento. Además, la
turbulencia, en la pequeña escala, facilita también el transporte difusivo-molecular entre porciones
de fluido en contacto, puesto que la deformación turbulenta de la superficie que las separa siempre
tiene lugar con un gran aumento del área de transferencia. Sin embargo, mientras que los efectos
difusivos tienen un origen molecular, de corto alcance, el transporte turbulento tiene un carácter
6 M. van Dyke, An Album of Fluid Motion, The Parabolic Press, Stanford, Ca., 1982.
7 Fotografı́a tomada por R. E. Falco, de M. van Dyke, An Album of Fluid Motion, The Parabolic Press, Stanford,
Ca., 1982.
16.2. Ecuaciones de Reynolds 467
Para un número de Reynolds Re ' 106 , tı́pico en flujos turbulentos, el tiempo estimado mediante
(16.13) resulta del orden de ¡5000 años! La situación se agrava si se tiene en cuenta que éste serı́a
el tiempo requerido para avanzar la integración un paso de tiempo. Por otra parte, como se deduce
de (16.6), el número de pasos de tiempo requeridos para resolver las escalas más lentas (las grandes
escalas) es del orden NT ' (to /τd ) ' Re1/2 ' 103 para Re ' 106 . Además, debe tenerse en cuenta
que, debido al carácter caótico de las ecuaciones de Navier-Stokes, las condiciones iniciales para
468 Capı́tulo 16. Turbulencia
la integración deben especificarse con extraordinaria precisión si se quiere obtener una evolución
ajustada a la real durante un intervalo de tiempo apreciable. Las consideraciones que se acaban
de exponer excluyen la posibilidad del cálculo detallado de un flujo turbulento realista (números
de Reynolds muy elevados) directamente de las ecuaciones de Navier-Stokes. No obstante, debe
tenerse en cuenta que una información tan exhaustiva no es relevante para un gran número de
aplicaciones prácticas, en las que basta con una descripción incompleta del flujo, realizada en
términos estadı́sticos y basada en magnitudes medias.
El valor medio de cualquier variable fluida φ que, según convenga, se denotará bien por Φ o
por hφi, puede definirse formalmente como
Z t+To
dt0
Φ(x, t) ≡ hφi(x, t) = φ(x, t0 ) . (16.14)
t−To 2To
La integral (16.14) representa el valor medio local de φ durante un intervalo de tiempo centrado
en t cuya duración, 2To , debe ser larga comparado con el tiempo caracterı́stico de las fluctua-
ciones turbulentas, pero, a la vez, corta comparada con el tiempo caracterı́stico para variaciones
apreciables de la integral (16.14); si los valores medios no dependen del tiempo, la turbulencia se
denomina estadı́sticamente estacionaria y, en este caso, pueden hacerse t = 0 y To → ∞ en la
integral (16.14). La fluctuación de una variable fluida respecto de su valor medio se define como
Asimismo, puede comprobarse que las derivadas espaciales y temporales conmutan con la operación
de promediado, esto es,
¿ À
∂φ ∂hφi ∂Φ 8
h∇φi = ∇hφi = ∇Φ y = = . (16.18)
∂t ∂t ∂t
El valor medio del producto de dos (o más) fluctuaciones se denomina correlación. Su valor es,
en general, distinto de cero como se muestra en la Figura 16.8 (a)-(c) donde se representan en forma
8 Para el caso de turbulencia no estadı́sticamente estacionaria, la demostración rigurosa de (16.17)-(16.18), es-
pecialmente la segunda de las relaciones de (16.18), requiere definir formalmente los valores medios como aquellos
que se obtendrı́an promediando los resultados obtenidos en cada punto y en cada instante para un conjunto infi-
nito de experimentos llevados a cabo bajo condiciones iniciales y de contorno similares a las del flujo que se desea
analizar. Este promediado de conjunto (ensemble average) no se considerará aquı́, sino que se usará la definición
menos formal (16.14)( más relevante desde el punto de vista práctico) y se supondrá que se verifican las propiedades
(16.17)-(16.18)
16.2. Ecuaciones de Reynolds 469
hφ0 ψ 0 i
cφ0 ψ0 = . (16.19)
hφ02 i1/2 hψ 02 i1/2
Si cφ0 ψ0 = ±1 la correlación se denomina perfecta; naturalmente, la correlación de toda fluctuación
consigo misma es siempre perfecta, puesto que de (16.19) se deduce que cφ0 φ0 = 1.
Las ecuaciones que gobiernan las magnitudes medias en un flujo turbulento fueron obtenidas
por primera vez por Osborne Reynolds.9 Desde entonces, las denominadas Ecuaciones de Reynolds
constituyen el punto de partida para la inmensa mayorı́a de las investigaciones, tanto analı́ticas
como numéricas, realizadas en el campo de la Turbulencia. En la teorı́a de Reynolds, cada variable
fluida se expresa como suma de su valor medio, definido mediante la expresión (16.14), y de una
fluctuación respecto de la media. Ası́, si u, p y T representan los valores locales de la velocidad,
presión y temperatura, se escribe entonces
u(x, t) = U(x, t) + u0 (x, t), p = P (x, t) + p0 (x, t), T = Θ (x, t) + T 0 (x, t), (16.20)
∇·U=0 (16.21)
∂U =
0
ρ + ρ ∇ · (UU) = −∇P + ∇ · (τ U −ρhu0 u0 i) (16.22)
∂t
9 O. Reynolds, Phil. Trans. Royal Soc. 177, 935 (Papers on Mechanical and Physical Subjects, 2, 228), 1883.
470 Capı́tulo 16. Turbulencia
∂Θ
ρc + ρ c U · ∇Θ = ∇ · (K∇Θ − ρchT 0 u0 i) (16.23)
∂t
=
donde τ 0 U representa el tensor de esfuerzos de viscosidad para el flujo medio,
= £ ¤
τ 0 U = µ ∇U + (∇U)T , (16.24)
c denota el calor especı́fico del lı́quido (para un gas c debe reemplazarse por cp ) y K su conduc-
tividad térmica. Se considerará aquı́ el caso de un lı́quido, o de un gas a bajos números de Mach,
sin fuerzas másicas ni adición de calor por radiación o por reacción quı́mica; las fuerzas másicas
pueden incluirse de forma trivial en el análisis si se considera que P en (16.20) representa la presión
reducida. Además, se ha despreciado el efecto de la disipación viscosa sobre Θ al ser pequeño en
flujos incompresibles. Obsérvese que las ecuaciones (16.21)-(16.24) son formalmente idénticas a las
ecuaciones de Navier-Stokes para un fluido incompresible salvo en los términos adicionales
=
τ T ≡ −ρhu0 u0 i (16.25)
qT ≡ −ρchT 0 u0 i, (16.26)
que aparecen en los segundos miembros de la ecuaciones de cantidad de movimiento y energı́a
(16.22)-(16.23) y representan el efecto de la turbulencia sobre las magnitudes medias. El tensor
=
τ T definido en (16.25) se denomina tensor de esfuerzos aparentes de Reynolds, o también tensor
de esfuerzos turbulentos, y es una densidad de flujo de cantidad de movimiento media debida a las
correlaciones entre las fluctuaciones turbulentas de velocidad. Análogamente, el vector qT definido
en (16.26) se denomina vector flujo turbulento de calor y es debido a la correlación entre las
fluctuaciones de temperatura y las fluctuaciones de velocidad. Debe señalarse que las cantidades
=
τ T y qT son desconocidas y deben modelarse en función de las magnitudes medias para cerrar el
problema. Las dificultades que presenta dicho modelado hace que, de forma general, su resolución
completa esté aún lejana y constituye el problema fundamental de la turbulencia conocido como
problema de cierre. En el resto de esta sección se considerarán algunos aspectos de la fı́sica de la
turbulencia que ayudan a abordar y a comprender algunas soluciones parciales que se han dado y
se dan actualmente; el problema de cierre se tratará con mayor detalle en secciones posteriores.
Ante todo debe tenerse en cuenta que, debido al carácter macroscópico de las fluctuaciones
turbulentas, los flujos turbulentos son de naturaleza eminentemente convectiva, aunque en las
ecuaciones (16.22)-(16.23) se hayan escrito junto a los flujos difusivo-moleculares. En efecto, con-
sidérese un elemento de superficie de área dσ y orientación n centrado en el punto fijo x en el
seno del fluido. Si en el instante t se encuentra en x una partı́cula fluida con velocidad u(x, t) y
temperatura T (x, t), los flujos convectivos de cantidad de movimiento y de calor a través de dσ
asociados al paso de la partı́cula son ρuu · ndσ y ρcT u · ndσ. Si dichos flujos se promedian sobre las
partı́culas fluidas que, con velocidades y temperaturas aleatorias, pasan por x durante un tiempo
suficientemente largo se obtiene, descomponiendo la velocidad y temperatura de cada partı́cula
como suma de los valores medios en x y de sus fluctuaciones respecto de dichos valores medios,
infinitesimal que rodea al punto x y se aplica el teorema de Gauss, se obtiene que los flujos
convectivos medios de cantidad de movimiento y de calor que abandonan la unidad de volumen son
∇ · (ρ U U) + ∇ · (ρhu0 u0 i) y ∇ · (ρ c Θ U) + ∇ · (ρ chT 0 u0 i), donde los primeros sumandos representan
la contribución del flujo medio y los segundos la del transporte turbulento. Las ecuaciones (16.22)-
(16.23) expresan, por tanto, el balance entre las variaciones en la unidad de tiempo de los valores
medios de cantidad de movimiento y de energı́a interna contenidos en la unidad de volumen,
ρ∂U/∂t y ρc∂Θ/∂t, los flujos convectivos de dichas cantidades que abandonan la unidad volumen
con el movimiento medio, ∇ · (ρUU) y ∇ · (ρcΘU), y los flujos que entran en la unidad de volumen
debidos al transporte turbulento, −∇·(ρhu0 u0 i) y −∇·(ρchu0 T 0 i), y al transporte difusivo-molecular
=
asociado a las variaciones espaciales de las magnitudes medias, ∇· τ 0 U y ∇ · (K∇Θ); en el caso
de la ecuación de cantidad de movimiento (16.22) también debe incluirse en el balance el valor
medio de la resultante de las fuerzas de presión sobre la unidad de volumen, −∇P . Obsérvese
que del mismo modo que el transporte difusivo-molecular de cantidad de movimiento media puede
interpretarse en términos de esfuerzos de viscosidad caracterizados, de la forma usual, por un tensor
=
de esfuerzos τ 0 U , desde el punto de vista del movimiento medio el transporte turbulento de cantidad
=
de movimiento puede interpretarse en términos de esfuerzos caracterizados por el tensor τ T =
0 0
−ρhu u i que, como ya se ha señalado, anteriormente, se denomina tensor de esfuerzos aparentes
de Reynolds; el adjetivo aparente se añade debido a que su verdadera naturaleza es convectiva.
En coordenadas cartesianas, las componentes diagonales de dicho tensor representan esfuerzos
2 2 2
normales, −ρhu01 i, −ρhu02 i y −ρhu03 i, que en muchos casos conviene considerar conjuntamente
con el valor medio de la presión P , mientras que las componentes no diagonales, −ρhu0i u0j i con i 6= j,
representan esfuerzos tangenciales y, como se verá, juegan un papel esencial en la transferencia de
cantidad de movimiento media por fluctuaciones turbulentas.
La correlación existente en un flujo turbulento entre las fluctuaciones y el flujo medio puede
explicarse en términos fı́sicos mediante el caso simple representado en la Figura 16.9. En dicha
figura se muestra de forma esquemática el perfil de velocidad media de un flujo turbulento es-
tadı́sticamente estacionario de la forma U = U1 (x2 ) e1 , con U1 creciente con la coordenada x2 y un
elemento de superficie de normal n = e2 centrado en un punto fijo x. A través de dicho elemento de
superficie pasan en sucesivos instantes partı́culas fluidas en todas direcciones, y en la figura se han
representado partı́culas tı́picas A, B, C y D que provienen de distintas zonas (cuadrantes). Cuando
a través del elemento de superficie pasan partı́culas tales como la A, la componente horizontal de
la fluctuación instantánea de velocidad en x, u01 (x, t), tenderá a ser positiva puesto que dichas
partı́culas provienen de zonas donde la componente horizontal de la velocidad total, u1 = U1 + u01 ,
es, en media, mayor que la correspondiente al punto x; además, para dichas partı́culas u02 (x, t) es
necesariamente negativa. Análogamente, cuando por el elemento pasan partı́culas tales como la B,
u01 tenderá a ser negativa, y u02 es positiva. Por tanto, las partı́culas de tipo A y B contribuyen a
472 Capı́tulo 16. Turbulencia
un valor negativo de la correlación hu01 u02 i. Consideraciones análogas muestran que las partı́culas
de tipo C y D dan contribuciones positivas y negativas, respectivamente, a hu01 u02 i; no obstante,
estas partı́culas pasan con muy poca frecuencia a través del elemento de superficie, puesto que se
mueven en dirección contraria al flujo medio y requieren, por tanto, fluctuaciones de velocidad u01
negativas de gran valor absoluto que son poco probables. El resultado neto es un valor negativo
de la correlación hu01 u02 i, que significa que existe un flujo turbulento medio de la componente e1 de
la cantidad de movimiento que atraviesa el elemento de superficie en el sentido de las velocidades
medias decrecientes, −e2 ; dicho flujo está dado por ρhu01 u0 i · e2 = ρhu01 u02 i < 0, donde el signo
negativo indica que el flujo turbulento tiene lugar efectivamente en sentido contrario al de la orien-
tación e2 asignada al elemento de superficie. Dicho flujo turbulento de cantidad de movimiento
también puede interpretarse como un esfuerzo tangencial sobre el elemento de superficie dado por
=
τ T 12 = −ρhu01 u02 i > 0 que actúa en la dirección positiva del eje x1 . Obsérvese que, en este caso, la
relación entre los sentidos del flujo turbulento de cantidad de movimiento (o esfuerzo turbulento)
y del gradiente de velocidad media es la misma que la que existe en un flujo laminar unidireccional
entre los sentidos del flujo difusivo-molecular de cantidad de movimiento (o esfuerzo viscoso) y
del gradiente de velocidad del fluido. Este hecho puede explicarse mediante cierta analogı́a que
puede establecerse entre el movimiento caótico de las partı́culas fluidas en un flujo turbulento y el
de agitación molecular. No obstante, dicha analogı́a debe usarse con precaución, especialmente a
la hora de cuantificar los flujos turbulentos en términos de los gradientes de magnitudes medias,
puesto que existe una diferencia fundamental entre los flujos difusivo-moleculares y los flujos turbu-
lentos. En efecto, como se ha señalado ya repetidas veces, los flujos turbulentos poseen un carácter
eminentemente convectivo asociado al movimiento fluctuante macroscópico de las partı́culas flui-
das que, debido a su inercia mecánica y térmica, pueden guardar memoria de las caracterı́sticas
del flujo en distancias y tiempos comparables a los de variación de las magnitudes medias. Por
tanto, contrariamente a lo que sucede con el transporte molecular, cuyo carácter local permite
un modelado universal, lineal e isótropo, en términos de los gradientes de las variables fluidas,
el transporte turbulento es esencialmente no-local, y su modelado en términos de las magnitudes
medias es extremadamente difı́cil al no ser adecuadas en la gran mayorı́a de los casos las hipótesis
de linealidad e isotropı́a (salvo para las escalas más pequeñas del movimiento turbulento). De lo
anterior se deduce también que una teorı́a basada en correlaciones entre fluctuaciones tomadas en
un mismo punto del espacio es del todo insuficiente para resolver el problema de cierre. Para una
descripción más completa serı́a necesario hacer uso de la teorı́a estadı́stica de campos, lo que da
lugar a un problema extraordinariamente complicado no resuelto hasta el presente. El problema de
cierre de las ecuaciones de Reynolds se hace patente cuando se intentan formular ecuaciones para
las incógnitas hu0 u0 i, a partir de las ecuaciones que gobiernan las fluctuaciones u0 . Estas pueden
obtenerse restando las ecuaciones de continuidad y de cantidad de movimiento (16.22)-(16.23) para
el flujo medio a las ecuaciones de Navier-Stokes (5.37)-(5.38) con las variables fluidas expresadas
de la forma (16.21); se obtiene entonces
∇ · u0 = 0, (16.29)
∂u0 =
ρ + ρ∇ · (Uu0 + u0 U + u0 u0 − hu0 u0 i) = −∇p0 + ∇· τ 0 u0 , (16.30)
∂t
=
donde el término τ 0 u0 en la ecuación (16.30) denota el tensor de esfuerzos viscosos asociado a las
fluctuaciones turbulentas = £ ¤
τ 0 u0 = µ ∇u0 + (∇u0 )T . (16.31)
Obsérvese que si (16.30) se multiplica tensorialmente por u0 y se promedia el resultado aparecen,
además de la correlación incógnita hu0 u0 i, nuevas correlaciones desconocidas de segundo y tercer
orden tales como hu0 u0 u0 i, hp0 u0 i, etcétera [véanse las ecuaciones (16.183)-(16.185) en 16.7.2].
16.2. Ecuaciones de Reynolds 473
1 1 1 1
hu · ui = h(U + u0 ) · (U + u0 )i = U · U + hu0 · u0 i. (16.32)
2 2 2 2
La ecuación que gobierna la energı́a cinética por unidad de masa asociada al flujo medio, U 2 /2, se
obtiene al multiplicar escalarmente por U la ecuación (16.22), lo que proporciona
∂U 2 /2 = = = =
ρ = −∇ · (ρU U 2 /2) + ∇ · (−P U+ τ 0 U ·U+ τ T ·U)− τ 0 U : ∇U− τ T : ∇U. (16.33)
∂t
La ecuación (16.33) expresa que la variación en la unidad de tiempo de la energı́a cinética del
movimiento medio contenida en la unidad de volumen es debida
2. a la potencia resultante realizada sobre la unidad de volumen por las fuerzas de presión, de
= =
viscosidad y por los esfuerzos turbulentos,∇ · (−P U+ τ 0 U ·U+ τ T ·U),
3. a la disipación de la energı́a cinética del movimiento medio debida a los efectos de viscosidad
=
asociados al movimiento medio,− τ 0 U : ∇U, y
=
4. a la producción de energı́a cinética turbulenta a partir del movimiento medio, − τ T : ∇U;
este término aparecerá cambiado de signo en la ecuación para la energı́a cinética turbulenta.
Los efectos 3 y 4 que se acaban de enumerar son de carácter volumétrico, actuando en el interior de
la unidad de volumen como sumideros de la energı́a cinética del movimiento medio. No obstante,
existe una diferencia fundamental entre ambos que radica en que el efecto 3 es una conversión
de energı́a cinética del movimiento medio en calor (energı́a cinética del movimiento caótico mi-
croscópico) mientras que el efecto 4 es una conversión de energı́a cinética entre dos movimientos
macroscópicos: el movimiento medio y el movimiento caótico asociado a las fluctuaciones turbu-
lentas. Además, y puesto que la turbulencia siempre ocurre a altos números de Reynolds, el efecto
3 es despreciable en la mayor parte del dominio fluido, salvo en zonas estrechas tales como capas
lı́mites adyacentes a paredes o estelas, mientras que el efecto 4 es independiente de la viscosidad y
está presente en todas las escalas turbulentas.
Por otra parte, la ecuación que gobierna la energı́a cinética media por unidad de masa asociada a
las fluctuaciones turbulentas, que se suele denominar de forma abreviada energı́a cinética turbulenta
y se denota por k ≡ hu0 · u0 i/2, se obtiene multiplicando escalarmente por u0 la ecuación (16.30)
que gobierna las fluctuaciones y promediando el resultado, lo que proporciona
∂k =
ρ = −∇ · (ρU k) − ∇ · (ρhu0 u02 /2i + hp0 u0 i) + µ∇2 k − ρε+ τ T : ∇U, (16.34)
∂t
474 Capı́tulo 16. Turbulencia
2. a los flujos turbulentos de energı́a cinética que entran en la unidad de volumen debidos
las correlaciones entre las fluctuaciones de velocidad con las de energı́a cinética de dichas
fluctuaciones y con las de presión, −∇·(ρhu0 u02 /2i+hp0 u0 i), flujos que se denominan también
de difusión turbulenta de k,
De nuevo, el efecto de producción de k a partir de la energı́a cinética del flujo medio es indepen-
diente de la viscosidad y, por tanto, puede generar fluctuaciones turbulentas de cualquier longitud
caracterı́stica (escala), mientras que el efecto de disipación viscosa de energı́a cinética turbulenta
afecta de forma apreciable sólo a las escalas pequeñas. De hecho, para las escalas más pequeñas
(escalas de Kolmogorov), el término de producción de k a partir del flujo medio es despreciable
frente al de su disipación viscosa. En efecto, si Uo y L son la velocidad y la longitud caracterı́stica
para el flujo medio, u0o y λ ' L(Uo L/ν)−3/4 las correspondientes a las fluctuaciones en la escala
de Kolmogorov, se tiene que
2
−ρhu0 u0 i : ∇U ρu0 (Uo /L) Uo λ2
∼ o 02 2 = ∼ (Uo L/ν)−1/2 = Re−1/2 ¿ 1. (16.36)
ρε ρν(uo /λ ) Lν
Z Z =
Z
∂ 2 0 =
ρU /2d$ = − τ U: ∇Ud$ − τ T : ∇Ud$, (16.37)
∂t Ω Ω Ω
Z Z Z
∂ =
ρkd$ = τ T : ∇Ud$ − ρεd$. (16.38)
∂t Ω Ω Ω
La ecuación (16.37) muestra que, globalmente, la energı́a cinética del flujo medio se disipa por
los efectos viscosos, que serán importantes sólo en los últimos estadios del movimiento cuando el
movimiento es lento y, por tanto, el número de Reynolds suficientemente bajo, y por la generación
de energı́a cinética turbulenta; la ecuación (16.38) muestra que la energı́a cinética turbulenta
contenida en el volumen varı́a debido a que se genera a partir el movimiento medio y a que se
disipa por viscosidad en las fluctuaciones turbulentas. Si se suman (16.37) y (16.38) se obtiene que
la energı́a cinética total disminuye de forma monótona debido a la disipación viscosa turbulenta y a
la disipación viscosa del movimiento medio. Obsérvese también que los distintos flujos convectivos,
turbulentos y viscosos, que aparecen en las ecuaciones (16.33) y (16.34) no aparecen, sin embargo,
en los balances globales (16.37) y (16.38); por tanto, dichos términos representan distintas formas
de redistribución local de energı́a cinética y no contribuyen a su producción ni destrucción netas.
La generación de turbulencia mediante la interacción entre los esfuerzos aparentes de Reynolds
y los gradientes del flujo medio, y su redistribución en las tres direcciones del espacio mediante
los flujos turbulentos son mecanismos de una importancia clave en la fı́sica de la turbulencia. Para
finalizar esta sección, se mostrará cómo operan dichos efectos para el flujo turbulento simple de
cortadura considerado anteriormente en la Figura 16.9. Las ecuaciones que gobiernan la evolución
de las energı́as cinéticas medias asociadas con cada una de las componentes del movimiento fluc-
2
tuante, Ei = hu0i i/2, se obtienen multiplicando cada una de las componentes cartesianas de la
ecuación (16.30) por la respectiva componente u0i , i = 1, 2, 3 y se promedian cada una de las tres
ecuaciones resultantes. Si se tiene en cuenta que el flujo medio es de la forma U = U1 (x2 )e1 y que,
por tanto, las correlaciones sólo varı́an espacialmente con x2 , se obtienen las ecuaciones
µ ¶
∂E1 ∂ 1 2 ∂E1
ρ + ρhu02 u01 i − µ =
∂t ∂x2 2 ∂x2
¿ À
∂u0 ∂U1
p0 1 − µh| ∇u01 |2 i − ρhu01 u02 i , (16.39)
∂x1 ∂x2
µ ¶ ¿ 0
À
∂E2 ∂ 1 03 0 0 ∂E2 0 ∂u2
ρ + ρhu2 i + hp u2 i − µ = p − µh| ∇u02 |2 i, (16.40)
∂t ∂x2 2 ∂x2 ∂x2
µ ¶ ¿ 0
À
∂E3 ∂ 1 0 02 ∂E3 0 ∂u3
ρ + ρhu2 u3 i − µ = p − µh| ∇u03 |2 i. (16.41)
∂t ∂x2 2 ∂x2 ∂x3
Las ecuaciones (16.39)-(16.41) muestran que, para el flujo considerado, los esfuerzos aparentes
de Reynolds transfieren directamente energı́a del movimiento medio sólo a la componente x1 del
movimiento turbulento, mientras que la energı́a cinética turbulenta en las direcciones x2 y x3 se
adquiere, no directamente del flujo medio, sino a partir de una redistribución de E1 mediante las
correlaciones entre las fluctuaciones de presión y las variaciones espaciales de las fluctuaciones de
velocidad. En efecto, como se vio al analizar el transporte turbulento para el caso de la Figura 16.9,
hu01 u02 i < 0 si (∂U1 /∂x2 ) > 0, por lo que el término −ρhu01 u02 i(∂U1 /∂x2 ) es positivo y contribuye
a aumentar E1 ; esta energı́a se transfiere a las otras componentes del movimiento mediante las
correlaciones entre las fluctuaciones de presión y las derivadas espaciales de las fluctuaciones de
velocidad, hp0 (∂u0i /∂xi )i(i = 1, 2, 3), en las ecuaciones (16.39)-(16.41). Este proceso puede anali-
zarse convenientemente si se promedia el producto de la ecuación de continuidad (16.29) para las
fluctuaciones de velocidad por la fluctuación de presión, lo que proporciona
476 Capı́tulo 16. Turbulencia
¿ 0
À ¿ 0
À ¿ 0
À
0 ∂u1 0 ∂u2 0 ∂u3
p =− p − p . (16.42)
∂x1 ∂x2 ∂x3
La ecuación (16.42) muestra que si el término hp0 (∂u01 /∂x1 )i en la ecuación (16.39) es negativo
x 2
p ' > 0
x 1
su famosa ley logarı́tmica, o ley de la pared, que es ampliamente utilizada en el estudio de capas
lı́mites turbulentas, ası́ como para el cálculo del coeficiente de fricción en el flujo en conductos y
canales (véase 16.4.1). Por desgracia, estos resultados básicos y de carácter universal no son sufi-
cientes para proporcionar una solución única al problema de cierre de las ecuaciones de Reynolds,
por lo que para abordar situaciones más complejas se han formulado una variedad de modelos
consistentes con los resultados básicos anteriores. La elección, o formulación, de un modelo turbu-
lento concreto depende en gran medida de un buen conocimiento de los aspectos generales de la
fı́sica de la turbulencia, ası́ como de las caracterı́ticas propias de los flujos turbulentos a los que se
va a aplicar dicho modelo; el estudio de modelos turbulentos constituye uno de los campos de la
Mecánica de Fluidos donde la investigación es más intensa.
Los modelos más simples fueron introducidos por Boussinesq a finales del siglo xix, usando
el concepto de difusión turbillonaria (eddy diffusivity) y, posteriormente, por Prandtl mediante el
concepto, relacionado con el anterior, de longitud de mezcla (mixing length). Dichos conceptos están
basados en cierta analogı́a que puede establecerse entre el transporte turbulento y el transporte
difusivo molecular. Ası́, la longitud de mezcla juega un papel análogo en turbulencia al del camino
libre medio en la teorı́a cinética de gases; por tanto, y del mismo modo que se hace para los
flujos difusivos moleculares, en estos modelos se supone que los flujos aparentes de Reynolds son
proporcionales a los gradientes de las magnitudes medias a través de un coeficiente denominado de
difusividad turbulenta o turbillonaria. Aunque, como se verá posteriormente, la validez de dichos
modelos está limitada a flujos muy sencillos, su fundamento se analizará a continuación de forma
simple, aunque con cierto detalle, debido a su importancia tanto para la construcción de modelos
más sofisticados como para un mejor entendimiento de la fı́sica del transporte turbulento.
Considérese el transporte turbulento de un escalar pasivo en un flujo turbulento estadı́sticamen-
te estacionario; se denomina escalar pasivo a aquel cuya presencia no altera el campo de velocidades
como por ejemplo: la temperatura en el flujo de un lı́quido o de un gas a bajos números de Mach, o
el de la concentración de una especie diluida existente en el fluido. Salvo en las pequeñas escalas, el
movimiento fluctuante de una partı́cula fluida tiene lugar sin efectos disipativos apreciables, por lo
que, siguiendo a dicha partı́cula, el valor del escalar pasivo, que se denotará por c, puede suponerse
constante. Por tanto, si una partı́cula se encuentra en la posición x en el instante t, y la posición
que ocupaba dicha partı́cula en un instante anterior t − Υ se denota por X(t − Υ; x, t) se tiene,
descomponiendo c como suma de su valor medio C más una fluctuación c0 ,
que es una relación que, despreciando los efectos disipativos, debe de cumplirse para cualquier
valor dado de Υ. Para calcular el vector densidad de flujo turbulento hc0 u0 i en el punto fijo x
se promediará, usando (16.14), el producto de la expresión anterior por el vector u0 (x, t) para las
partı́culas fluidas que pasan por x en sucesivos instantes t, eligiendo un valor de Υ lo suficientemente
grande para que pueda despreciarse la correlación entre u0 (x, t) y c0 {X(t − Υ; x, t), t − Υ}. Se
supondrá, además, que en el intervalo de tiempo Υ los desplazamientos experimentados por las
partı́culas hasta llegar a x, que se denotarán por l(t − Υ; x, t) ≡ x − X(t − Υ; x, t), poseen una
longitud caracterı́stica, lo , pequeña comparada con la necesaria, L, para variaciones apreciables de
las cantidades medias.11 De esta forma C puede desarrollarse en serie de Taylor,
donde el gradiente que aparece en el segundo miembro está evaluado en el punto x. Si se introduce
(16.44) en la ecuación (16.43), se multiplica ésta por u0 y se promedia el producto despreciando,
11 Esta hipótesis básica de turbulencia local se realiza en todos los análisis de tipo longitud de mezcla.
478 Capı́tulo 16. Turbulencia
donde se ha tenido en cuenta que u = U + u0 y se han despreciado términos de orden (lo /L) en el
desarrollo de Taylor [análogo al de (16.44)] de la velocidad media, U, en torno a x. Si (16.47) se
sustituye en (16.46) se observa que la contribución del término ΥU se anula puesto que multiplica
al promedio de una fluctuación (la de u0 ) que es nulo por definición; en primera aproximación
resulta entonces
Z ∞ Z To
dt
DT (x) = u0 (x, t)u0 {X(t − τ ; x, t), t − τ } dτ, (16.48)
0 −To 2T o
donde se ha tomado el lı́mite Υ → ∞, teniendo en cuenta que Υ debe ser lo suficientemente largo
como para despreciar correlaciones. Obsérvese que la segunda integral en (16.48) corresponde a
un promediado sobre las partı́culas que en sucesivos instantes t pasan por x y en ella deben
considerarse, para cada partı́cula fluida, tanto el valor de la fluctuación de velocidad en la posición
actual de la partı́cula, u0 (x, t), como su valor en la posición X(t−τ ; x, t) ocupada por la misma en el
instante anterior t − τ . Es conveniente, por tanto, introducir el concepto de fluctuación lagrangiana
de velocidad, definida siguiendo a una misma partı́cula fluida: si X(t; xo , to ) denota la posición en
el instante t de la partı́cula fluida que en el instante to se encuentra en xo , se define la fluctuación
lagrangiana de velocidad experimentada por dicha partı́cula en en el instante t como
Obsérvese que las fluctuaciones lagrangianas de velocidad experimentadas por cada partı́cula flui-
da en su movimiento quedan completamente determinadas como función del tiempo a partir del
campo euleriano de fluctuaciones de velocidad. En términos de la correlación entre las fluctuaciones
lagrangianas de velocidad, el tensor de difusividad turbulenta se escribe
Z ∞ Z To
dt
DT (x) = v0 (t; x, t)v0 (t − τ ; x, t) dτ. (16.50)
0 −To 2To
16.3. El problema de cierre 479
De las consideraciones anteriores se concluye que, bajo ciertas hipótesis, el transporte turbulento
de un escalar pasivo puede modelarse de forma análoga al transporte difusivo molecular, mediante
una ley de la forma (16.45). Dicha expresión muestra que el flujo turbulento del escalar es el
producto de un tensor de difusividad turbulenta por el gradiente de su magnitud media; a diferencia
de los coeficientes de transporte moleculares, dicho tensor no es una propiedad del fluido, sino,
en general, una función de la posición que debe determinarse para cada tipo de flujo de forma
empı́rica o semiempı́rica. La hipótesis que permite obtener (16.45) es la denominada de turbulencia
local, que supone que la longitud caracterı́stica para variaciones espaciales de las magnitudes
medias es mucho mayor que la longitud caracterı́stica que deben recorren las partı́culas fluidas
antes de que sus fluctuaciones de velocidad resulten estadı́sticamente independientes (lo que puede
interpretarse como la longitud de mezcla de Prandtl). Además, y consistentemente con la hipótesis
de turbulencia local, es usual suponer que la turbulencia es localmente isótropa. En este caso el
tensor de difusividad turbulenta tiene simetrı́a esférica por lo que está caracterizado por un único
coeficiente semiempı́rico αT (x) que puede ser función de la posición; (16.45) se simplifica entonces
a
para flujos turbulentos en los que los efectos de anisotropı́a no son acusados, o bien en los que las
variaciones del campo de velocidades medio se producen primordialmente en una dirección de tal
forma que, como en (16.52), el transporte turbulento se realiza fundamentalmente en dicha dirección
y puede caracterizarse por un único coeficiente. Esta última situación ocurre, por ejemplo, en flujos
turbulentos desarrollados en conductos y capas lı́mites, y en algunos casos simples de turbulencia
libre (chorros, estelas, etc.) que se considerarán en 16.5, donde se verá cómo la elección de νT
puede justificarse entonces teóricamente mediante consideraciones de semejanza fı́sica y análisis
dimensional. No obstante, en situaciones más complejas es necesario emplear otros modelos más
sofisticados tales como los discutidos en 16.6-16.8.
DT = αT I, (16.56)
donde se ha tenido en cuenta que R(s − s0 ) = R(s0 − s) para una turbulencia estadı́sticamente
estacionaria; para los desplazamientos cuadráticos medios en las direcciones x y z, h(X(t) − U t)2 i
y hZ 2 (t)i, se obtienen expresiones análogas. Resulta esclarecedor analizar los comportamientos
asintóticos de la expresión (16.62) tanto para tiempos grandes como para tiempos pequeños com-
parados con un tiempo caracterı́stico de correlación de las fluctuaciones definido como
Z ∞
τc = R(τ )dτ ; (16.63)
0
482 Capı́tulo 16. Turbulencia
dicho tiempo coincide con la base de un rectángulo de altura R(0) = 1 y cuya área es igual a la
comprendida entre la curva R(τ ) y el semieje τ > 0. A partir de la expresión (16.62) se deduce
fácilmente que para tiempos t ¿ τc el desplazamiento cuadrático medio sigue la ley temporal
aproximada
2
hY 2 (t)i ' hvy0 it2 , (16.64)
mientras que para tiempos t À τc se tiene que
Z ∞
2
hY 2 (t)i ' 2thvy0 i R(q)dq. (16.65)
0
Obsérvese que, si se hace uso de (16.55) y (16.57), la expresión (16.65) puede escribirse como
hY 2 (t)i = 2 t αT , (16.66)
que relaciona el coeficiente de difusión turbulenta de un escalar pasivo, y por tanto la eficacia del
transporte turbulento, con el desplazamiento cuadrático medio de las partı́culas fluidas en un flujo
turbulento isótropo y estadı́sticamente estacionario. Las leyes asintóticas (16.64) y (16.66) consti-
tuyen un resultado clásico de la teorı́a del movimiento browniano, y su validez para el movimiento
de las partı́culas en el flujo turbulento tras una rejilla con velocidad media uniforme y estaciona-
ria puede comprobarse en la Figura 16.11, donde se representan los resultados de una simulación
numérica lagrangiana.13
Como aplicación práctica de los conceptos anteriores, considérese el problema de determinar
el campo de temperaturas en una estela térmica axilsimétrica originada por una fuente calorı́fica
puntual de potencia dada, QT , situada en el seno de un flujo turbulento de velocidad media
uniforme, U . Suponiendo que la estela térmica es esbelta, esto es, con variaciones transversales de
las magnitudes fluidas grandes frente a las longitudinales, la ecuación de Reynolds (16.23) para el
campo de temperaturas es, en coordenadas cilı́ndricas,
µ ¶
∂Θ 1 ∂ ∂Θ
U = αT r , (16.67)
∂x r ∂r ∂r
13 S. Pope, Turbulent Flows, Cambridge University Press, 2000.
16.4. Dispersión turbulenta de un escalar pasivo 483
donde, de acuerdo con (16.56) y (16.45), el flujo turbulento de calor se ha modelado en la forma
hu0r T 0 i = −αT ∂θ/∂r, con un coeficiente de difusividad térmica turbulenta αT constante (turbu-
lencia isótropa) definido por (16.57). La ecuación (16.67) debe resolverse sujeta a las condiciones
de contorno
∂Θ
Θ(x, r → ∞) → Θ∞ , (x, r = 0) = 0, (16.68)
∂r
y Z ∞
QT = ρcp U [Θ(x, r) − Θ∞ ] 2πrdr. (16.69)
0
Obsérvese que la condición (16.69) expresa el balance entre el calor por unidad de tiempo suminis-
trado por la fuente y el flujo de calor convectado a través de cualquier sección transversal situada
a una distancia genérica x de la fuente; dicha condición integral sustituye suficientemente lejos de
la fuente a una condición inicial en x, y permite obtener una solución de semejanza para el campo
de temperaturas. En efecto, es fácil comprobar que el cambio de variables
r QT
ξ=p y Θ − Θ∞ = f (ξ), (16.70)
2αT x/U 4πρcp αT x
transforma el problema en derivadas parciales (16.67)-(16.69) en el problema diferencial ordinario
µ ¶
df 1 d df
−2f − ξ = ξ , (16.71)
dξ ξ dξ dξ
df
f (∞) = 0, (0) = 0, (16.72)
dξ
Z ∞
1= f ξdξ. (16.73)
0
Si se multiplica (16.71) por ξ y se integra una vez se obtiene
df
−ξ 2 f + C = ξ , (16.74)
dξ
donde la condición de regularidad en el origen impone el valor C = 0. Integrando de nuevo la
ecuación resultante se obtiene
La validez de los resultados anteriores puede comprobarse con los resultados experimentales
mostrados en la Figura 16.12, para el caso de un flujo turbulento de rejilla alrededor de un cilindro
484 Capı́tulo 16. Turbulencia
turbulencia está inhibida, subcapa laminar, mientras que a distancias de la pared mayores es la
viscosidad la que juega un papel muy escaso y se puede despreciar frente a los esfuerzos aparentes
de Reynolds, subcapa inercial o logarı́tmica. El análisis demuestra que la solución del flujo en estas
dos zonas próximas a la pared es universal, en el sentido de que es independiente de los detalles de
la corriente turbulenta en zonas más alejadas de la pared y, por tanto, la solución en ellas es válida
tanto para capas lı́mites turbulentas como para el flujo turbulento en conductos. En una tercera
zona, más alejada de la pared, donde el flujo turbulento satisface la denominada ley del defecto
de velocidades que es dependiente de las condiciones de contorno exteriores. En capas lı́mites
turbulentas, el análisis de esta zona es extraordinariamente complejo debido a los fenómenos de
intermitencia que tienen lugar en la frontera entre la zona turbulenta exterior gobernada por la
ley del defecto de velocidades y la corriente exterior no viscosa. En estos casos, para la resolución
del problema es necesario recurrir a la experimentación o a simulaciones numéricas. Sin embargo,
en la corriente en conductos, la situación se simplifica debido a que a distancias de la entrada
relativamente cortas, la turbulencia está completamente desarrollada, en el sentido de que afecta
a toda la sección del conducto y el perfil de velocidades medias no varı́a aguas abajo. En lo que
sigue, se mostrará la estructura del flujo turbulento para el caso de un conducto de sección circular
debiendo tener en cuenta que los resultados de las capas más cercanas a la pared (ley de la pared)
son de aplicación a cualquier situación de turbulencia parietal (capas lı́mites).
Para lo que sigue, resulta conveniente expresar la ecuación (16.81) en términos de la distancia
a la pared del conducto, y = R − r; teniendo en cuenta que u0r = −u0y se obtiene
dU ³ y´
ν − hu0y u0x i = u∗2 1 − , (16.83)
dy R
dU
ν ' u∗2 , (16.84)
dy
cuya integración, junto con la condición U (0) = 0, proporciona
U yu∗
= . (16.85)
u∗ ν
Figura 16.13: Ley de la pared para diferentes flujos turbulentos parietales. Los datos experimentales
debidos a Laufer son para un conducto de sección circular.
Los valores de (16.85) concuerdan muy bien con los resultados experimentales representados en
la Figura 16.13 en la zona 0 ≤ yu∗ /ν < 5, condición que determina convencionalmente el espesor de
16.5. Turbulencia parietal 487
la subcapa laminar.16 En términos del radio del conducto, el espesor de dicha zona puede estimarse
si se tiene en cuenta la identidad
y 2 y u∗ Um
= , (16.86)
R Re ν u∗
donde Re = Um D/ν es el número de Reynolds basado en la velocidad media, Um = 4 Q/(π D2 )
y en el diámetro del conducto D = 2 R; en efecto, para un valor tı́pico de Re = 105 y si, como
se justificará posteriormente, se estima u∗ ∼ 0,1Um , la relación (16.86) proporciona que el espesor
de la subcapa laminar es del orden de 10−3 R. A distancias mayores de la pared del conducto, la
importancia relativa de los esfuerzos viscosos disminuye gradualmente frente a la de los turbulentos,
y éstos se hacen dominantes para yu∗ /ν À 1. Por tanto, existe una zona denominada capa inercial
o logarı́tmica tal que y u∗ /ν À 1 e y/R ¿ 1 donde la ecuación (16.83) puede aproximarse por
16 P.S. Bernard y J.M. Wallace, Turbulent Flow, John Wiley and Sons, 2002.
488 Capı́tulo 16. Turbulencia
la forma del perfil de velocidades medias. En efecto, como se argumentó en la sección 16.2, debe
existir una relación entre el transporte turbulento de cantidad de movimiento y el gradiente de
velocidad media, hu0y u0x i = f (dU/dy) donde f es una función desconocida a priori; por tanto, el
gradiente de velocidades se puede escribir en la forma
dU
= g(u∗ , y, R). (16.92)
dy
El Análisis Dimensional aplicado a (16.92) proporciona la relación
d(U/u∗ ) ³y´
=G , (16.93)
d(y/R) R
donde G es una función desconocida. Si se integra (16.93) entre R y un valor de y genérico se
obtiene la denominada ley del defecto de velocidades,
Uo − U ³y´
= F , (16.94)
u∗ R
donde Uo = U (R) es el valor de la velocidad media en el eje del conducto, y F es una función
desconocida que debe acoplar con la ley logarı́tmica (16.90) para pequeños valores de y,
³y´ y y yu∗
F → A ln + C, ¿ 1, À 1. (16.95)
R R R ν
La ley (16.94) debe determinarse experimentalmente o mediante integración numérica, general-
mente complicada, del flujo exterior. No obstante, se verá posteriormente que para el cálculo de las
magnitudes de interés puede emplearse con suficiente aproximación la ley logarı́tmica (16.90) en
toda la sección del conducto. De hecho, puede observarse en la Figura 16.13 que la desviación del
perfil de velocidades observado respecto del logarı́tmico se mantiene pequeña incluso para valores
de y del orden de R. Esto es debido al hecho de que las variaciones relativas de velocidad son
pequeñas en el núcleo central del conducto (debido a la eficiencia del mezclado turbulento) que es
también lo que le sucede a la función logarı́tmica para valores grandes del argumento. En la Figura
16.14 se proporcionan datos experimentales del flujo turbulento en un conducto de sección circular
con un número de Reynolds Re = 5,105 , basado en la velocidad media en el eje del conducto, que
completan el análisis teórico realizado.17 En la Figura 16.14(a) se representan datos experimentales,
del esfuerzo turbulento y de la energı́a cinética turbulenta en una sección del conducto; obsérvese
que el esfuerzo turbulento disminuye linealmente con y en toda la sección, excepto muy cerca de
la pared, como predice la expresión teórica (16.91).
p En la Figura 16.14(b) se representan datos
experimentales de la raı́z cuadrática media ( hu02 i) de las fluctuaciones turbulentas; se observa
que las fluctuaciones se anulan en la pared, alcanzan un máximo en la zona de transición entre la
subcapas laminar e inercial donde los esfuerzos de cortadura son más intensos y la generación de
turbulencia es, por tanto, más eficaz, y decaen hacia el núcleo central con un valor tı́pico del orden
de 0,1 Um .
Figura 16.14: (a) Distribuciones de esfuerzo turbulentopy energı́a cinética turbulenta en un conducto
de sección circular; (b) Intensidad de la turbulencia, ( hu02 i), cerca de la pared. Las caracterı́sticas
experimentales del flujo eran Re = Um D/ν = 5 × 105 y u∗ /Um = 0,035.
la rugosidad relativa, hs la rugosidad absoluta y D el diámetro del conducto. Por otra parte, para
un número de Reynolds tı́pico Re = 105 y u∗ ∼ 0,1Um , la subcapa logarı́tmica comienza en
y/D ∼ 7,10−3 (lo que se comprueba, como se hizo anteriormente, usando la relación yu∗ /ν ∼ 70)
mientras que la subcapa laminar llega hasta y/D ∼ 5,10−4 (yu∗ /ν ∼ 5). Por tanto, dependiendo del
valor de ², las protuberancias de la pared pueden penetrar en la subcapa laminar, en la de transición
laminar-logarı́tmica, o adentrarse incluso en la capa logarı́tmica donde la turbulencia es completa.
El que se dé una situación u otra depende, naturalmente, del parámetro adimensional hs u∗ /ν, que
puede interpretarse como un número de Reynolds basado en la rugosidad media hs y en la velocidad
basada en el esfuerzo en la pared, u∗ . Dada la complejidad de la geometrı́a de las protuberancias
y del carácter del flujo turbulento no es posible hacer un modelo riguroso para el análisis de la
influencia de la rugosidad y, por tanto, es necesario acudir a modelos aproximados semiempı́ricos.
En particular, la ley logarı́tmica (16.90), que como se indicó anteriormente se usará para calcular
las magnitudes de interés en el conducto, se modifica haciendo la constante B dependiente de la
rugosidad adimensional hs u∗ /ν,
µ ¶
U yu∗ hs u∗
= A ln +B , (16.96)
u∗ ν ν
donde la constante A mantiene su valor puesto que (16.96) debe acoplar con la ley del defecto
de velocidades en el núcleo central (que no está afectado por la rugosidad, y À hs ). La función
B(hs u∗ /ν) debe calcularse, en general, empı́ricamente. No obstante, si hs u∗ /ν < 5 la rugosidad
sólo afecta a la subcapa laminar y la ley logarı́tmica (16.96) debe coincidir con la correspondiente
a un conducto de pared lisa (16.90). Se dice entonces que el conducto es hidrodinámicamente liso
y B(hs u∗ /ν) ' 5. En el otro extremo, si la rugosidad del conducto es tal que hs u∗ /ν > 70, las
protuberancias se adentran en la subcapa logarı́tmica, donde la turbulencia es completa, y no existe
subcapa laminar. En este caso B debe depender de su argumento de tal forma que ν desaparezca
de (16.96); por simple inspección se deduce
hs u∗
B = −A ln + C, (16.97)
ν
490 Capı́tulo 16. Turbulencia
donde C ' 8,5 es una constante que se determina experimentalmente, y el campo de velocidades
resulta
U y
= A ln + 8,5. (16.98)
u∗ hs
Obsérvese que, en este caso, la fricción turbulenta no es debida fundamentalmente al esfuerzo
viscoso en la pared, sino al desprendimiento de torbellinos en las protuberancias rugosas de la
misma (es el mismo efecto que origina la resistencia aerodinámica en el flujo alrededor de un
cuerpo romo). Para rugosidades que afecten a la zona de transición, 5 < hs u∗ /ν < 70, la función
B(hs u∗ /ν) debe obtenerse experimentalmente.
1
= 0,86 ln(1/²) + 1,12 = −0,86 ln(²/3,7). (16.103)
λ1/2
Basándose en los lı́mites (16.102) y (16.103), Colebrook en 1937 encontró la siguiente fórmula de
interpolación para (16.101) que es también suficientemente aproximada para los casos intermedios
en los que la rugosidad del conducto llega hasta la capa de transición
16.6. Turbulencia libre 491
µ ¶
1 ² 2,51
= −0,86 ln + ; (16.104)
λ1/2 3,7 Re λ1/2
además, la fórmula de Colebrook, (16.104), corrige empı́ricamente los pequeños errores introducidos
en (16.101) y (16.102) al calcular el caudal usando la ley logarı́tmica en toda la sección del conducto.
comunes como son los chorros, estelas, capas de mezcla y penachos térmicos. Todos estos flujos se
caracterizan por ser esbeltos, siendo las variaciones longitudinales (en la dirección del movimiento)
de cualquier magnitud fluida media, φ, mucho menores que las variaciones transversales: ∂φ/∂x ¿
∂φ/∂y ∼ ∂φ/∂z. Además, si δo es una longitud caracterı́stica transversal y Uo es una velocidad
(o diferencia de velocidades) caracterı́stica media longitudinal, se cumple para estos flujos que
Uo δo 2 /νx ¿ 1, con lo que pueden despreciarse los esfuerzos viscosos frente a los turbulentos en la
ecuación de cantidad de movimiento. Si se tienen en cuenta dichas simplificaciones, las ecuaciones
de continuidad, cantidad de movimiento longitudinal y cantidad de movimiento transversal para
un flujo turbulento estacionario, bidimensional o axilsimétrico, de un lı́quido o de un gas a bajos
números de Mach se escriben
µ ¶
∂U 1 ∂ m ∂V
+ m r = 0, (16.105)
∂x r ∂r ∂r
∂U ∂U 1 ∂ m 0 0 1 ∂pe
U +V =− m (r hu v i) − , (16.106)
∂x ∂r r ∂r ρ ∂x
p hv 02 i pe (x)
+ = , (16.107)
ρ 2 ρ
donde m = 0 (m = 1) corresponde al caso bidimensional (axilsimétrico), y pe (x) es la presión
exterior. Para evitar la proliferación de subı́ndices, en (16.105)-(16.107) se han denotado por U y
V las velocidades medias longitudinal y transversal (Ux y Ur ), y u0 y v 0 las componentes longitudinal
y transversal de las fluctuaciones turbulentas (u0x y u0r ). Para los flujos que se considerarán aquı́ pe
es constante y, por tanto, la evolución aguas abajo tiene lugar en ausencia de forzamiento externo.
Entonces, y como ocurre en el caso laminar, suficientemente lejos de la estación inicial el flujo
adquiere una estructura autosemejante gobernada por la velocidad (o diferencia de velocidades)
longitudinal local Uo (x), y por la longitud caracterı́stica transversal local δ(x) ¿ x, que se define
usualmente como el valor de r para el que se tiene U [r = δ(x), x] = Uo (x)/2. Esta propiedad
de los flujos turbulentos libres que, como se verá, está confirmada plenamente por los resultados
experimentales, se denomina invariancia local de la turbulencia, y permite suponer que el flujo
sólo depende de x a través de δ(x) y Uo (x). La estructura autosemejante de la solución puede
obtenerse mediante el Análisis Dimensional haciendo uso de la propiedad de invariancia local. En
efecto, dicha propiedad expresa que las velocidades medias longitudinales y los esfuerzos aparentes
de Reynolds serán funcionales de la forma
siendo h(ξ) una función que debe determinarse mediante ajuste entre los resultados teóricos y
experimentales. Es notable que para todos los flujos turbulentos libres considerados aquı́ se obtenga
un acuerdo excelente para h(ξ) ≡ B, donde B es una constante propia de cada flujo. Además, en
situaciones donde deba calcularse la distribución de temperaturas, es necesario modelar el flujo
turbulento radial de calor −hv 0 T 0 i; para ello puede usarse una expresión análoga a (16.112),
∂Θ
−hv 0 T 0 i = αT , (16.114)
∂r
con un coeficiente de difusividad térmica turbulenta αT , igual a νT , lo que puede justificarse
fı́sicamente basado en el hecho de que las fluctuaciones turbulentas transportan energı́a interna del
mismo modo que cantidad de movimiento.18
cuyo mecanismo es idéntico: el movimiento caótico molecular. Esto se refleja en que el número de Prandtl, P r = ν/α,
es de orden unidad para los gases.
494 Capı́tulo 16. Turbulencia
g = ξf − F/2. (16.126)
Si la ecuación (16.126) se sustituye en (16.123) y se integra una vez haciendo uso de la condición
F 00 (0) = 0 [o f 0 (0) = 0], se obtienen la ecuación diferencial y condiciones de contorno para F
Las constante b y C se calculan mediante las condiciones f (1) = 1/2 y (16.125), que proporcionan
√ √ Z ∞ √
b = 1/[2 ln2 (1 + 2)] y C = 2b cosh−4 xdx = 8b/3, (16.129)
0
donde se ha tenido en cuenta que el valor de la integral que aparece en (16.129) es 2/3. Por
otra parte, los experimentos muestran que suficientemente lejos de la salida de un chorro plano
se verifica la relación δ(x) ' 0,1 x que, de acuerdo con la última relación de (16.121), determina
el valor A = 0,1. La primera relación de (16.121) proporciona entonces la velocidad en el eje del
chorro como
µ ¶1/2
Uo (x) d
= , (16.130)
Ue AC x
y de (16.120) se determina el coeficiente de viscosidad turbulenta como
En la Figura 16.16 se representa el perfil de velocidades longitudinales medias, dado por la ecuación
(16.128) junto con datos experimentales.19 Obsérvese el buen acuerdo entre teorı́a y experimentos
en casi toda la sección del chorro excepto en los bordes, debido a los efectos de intermitencia.
ξg = ξF 0 − F. (16.132)
que debe resolverse con las condiciones de contorno que resultan de la definición de F y de la
condición f (0) = 1,
F (0) = F 0 (0) = 0, F 00 (0) = 1. (16.134)
La ecuación (16.133) puede integrarse dos veces de forma inmediata haciendo uso repetido de las
0
condiciones (16.134) y de la igualdad ξF 00 = (ξF 0 ) − F 0 , con lo que se llega a la ecuación
ξ 2 /2
F = . (16.136)
1 + ξ 2 /(8b)
F0 1
f= = ; (16.137)
ξ [1 + ξ 2 /(8b)]2
dicha expresión fue obtenida por primera vez por Schlichting en 1933. Como en el caso del chorro
plano, el√valor de la constante b se determina a partir de la condición f (1) = 1/2, que proporciona
b = [8( 2 − 1)]−1 . La constante C = 32b/3 en (16.121) se determina a partir de la condición
(16.125). Finalmente los datos experimentales muestran que, suficientemente lejos del orificio de
salida, se verifica δ(x) = 0,094 x, lo que implica A = 0,094 y permite determinar Uo (x) y νT a
partir de (16.121) y (16.120).
16.6.2. Estelas
Como es sabido, una estela se forma debido al desprendimiento de las capas lı́mites en la parte
posterior de un cuerpo que se mueve en un fluido en reposo o está situado en el seno de una
corriente fluida (véase Figura 14.6). Los experimentos muestran que las velocidades en una estela
son menores que las de las corrientes principal, y este déficit de velocidad está relacionado con
la pérdida de cantidad de movimiento que experimenta la corriente debido a la fuerza que ejerce
sobre el cuerpo sumergido. Si se aplica un balance de masa y de cantidad de movimiento a un
volumen de control que contenga al cuerpo y esté limitado en el exterior por superficies situadas
a gran distancia del mismo, se obtiene la relación integral entre la fuerza de resistencia y el perfil
de velocidades de la estela
Z ∞
D = 2π m Ue [Ue − U (x, r)] rm dr, (16.138)
0
Press, 2000.
21 M. Rebollo, Ph. D. thesis, Calif. Inst. of Technology, 1973. De M. van Dyke, An Album of Fluid Motions, The
de la capa de mezcla aumenta aguas abajo y experimenta variaciones apreciables aguas abajo en
distancias mucho mayores que el mismo.
Las ecuaciones y condiciones de contorno que gobiernan el movimiento en una capa de mezcla
bidimensional están dadas por de (16.105)-(16.106) como
∂U ∂V
+ = 0, (16.150)
∂x ∂y
µ ¶
∂U ∂U ∂ ∂U
U +V = νT , (16.151)
∂x ∂y ∂y ∂y
aproximada que, como se verá, reproduce bien los datos experimentales incluso para |λ| ∼ O(1).
Para ello, obsérvese que |λ| ¿ 1 implica que |U2 − U1 | ¿ U1 , con lo que las diferencias de velo-
cidades en la capa de mezcla son pequeñas y, en primera aproximación, puede escribirse f ' 1 y
g ' 0 en la ecuación (16.156), que se simplifica a
bf 00 + ξf 0 = 0. (16.159)
La solución de (16.159) que satisface las condiciones de contorno (16.157) puede escribirse en
términos de la función error como
√
f = 1 + λ erf(ξ/ 2b). (16.160)
Obsérvese que la expresión anterior contiene una única constante, b, a determinar empı́ricamente.
Para ello, es convencional definir el espesor caracterı́stico de la capa de mezcla, δ(x), como el
correspondiente a la zona que contiene el rango de velocidades 1 − 0,8λ ≤ (U/U ³o ) ≤√1 +´0,8λ, con
lo que, si se evalúa (16.160) en ξ = ±1 [y = ±δ(x)], se obtiene la condición erf ±1/ 2b = ±0,8,
que proporciona el valor b = 2,83. Para cerrar el problema, el valor parámetro A que determina
el espesor caracterı́stico de la capa de mezcla (A ≡ dδ/dx) debe determinarse empı́ricamente. Los
experimentos muestran que dicho valor depende de los detalles del del flujo cuando éste abandona
la placa separadora y las corrientes entran en contacto; los valores reportados en la literatura
se en cuentran en el rango 0,06|λ| ≤ A ≤ 0,11|λ|. En la Figura 16.19 se compara la expresión
teórica (16.160) con los datos experimentales para el caso U1 /U2 = 0 (λ = 1) y un valor de
A = 0,097 (δ(x) = 0,097x).23 Obsérvese que, aún para λ = 1, existe un excelente acuerdo entre los
experimentos y la solución teórica, formalmente válida sólo para λ ¿ 1.
(véase 14.11). Además, teniendo en cuenta que las dimensiones transversales de un penacho térmico
son tı́picamente mucho menores que las longitudinales, las ecuaciones que gobiernan el problema se
obtienen directamente de (16.105)-(16.106) incluyendo el término de flotabilidad en la ecuación de
cantidad de movimiento y la ecuación de la entalpı́a que gobierna la distribución de temperaturas,
∂U 1 ∂
+ (rV ) = 0, (16.161)
∂z r ∂r
µ ¶
∂U ∂U 1 ∂ ∂U
U +V = rνT + gβ(Θ − Θ∞ ), (16.162)
∂z ∂r r ∂r ∂r
µ ¶
∂Θ ∂Θ 1 ∂ ∂Θ
U +V = rαT , (16.163)
∂z ∂r r ∂r ∂r
∂U ∂Θ
r = 0 : V = 0, = 0, = 0, (16.164)
∂r ∂r
r → ∞ : U → 0, Θ → Θ∞ , (16.165)
donde en la ecuación de la entalpı́a (16.163) se ha incluido el flujo turbulento radial de calor dado
por (16.114). Para el caso de un penacho térmico originado por una fuente en el origen de intensidad
calorı́fica QT se tiene, además,
Z ∞
QT = ρcp U (z, r) [Θ(z, r) − Θ∞ ] 2πrdr. (16.166)
0
La condición (16.166) sustituye a la condición inicial en z = 0, y expresa que todo el calor por
unidad de tiempo suministrado por la fuente es convectado por el penacho aguas abajo; dicha ecua-
ción se obtiene fácilmente al integrar la ecuación (16.163) respecto de r y hacer uso de la ecuación
de continuidad (16.161). Asimismo, los flujos turbulentos radiales de cantidad de movimiento axial
y de calor en (16.162) y (16.164), −ρ hu0 v 0 i y −ρ cp hv 0 T 0 i, se han modelado mediante coeficientes
turbillonarios de viscosidad y conducción de calor νT y αT ; se supondrá en lo que sigue un número
de Prandtl turbulento, definido como la relación νT /αT , igual a la unidad y dichos coeficientes se
expresan entonces de la forma
νT = αT = Bδ(z)Uo (z), (16.167)
donde b es una constante a determinar, y las funciones, aún desconocidas, Uo (z) y δ(z) representan
la velocidad en el eje del penacho y el radio para el cual U [r = δ(z), z] = Uo (z)/2.
Bajo las condiciones anteriores, es fácil comprobar que el sistema (16.161)-(16.166) admite una
solución de semejanza en las variables
r U V Θ − Θ∞
ξ= , f (ξ) = , g(ξ) = , θ(ξ) = , (16.168)
δ Uo Vo Θo (z) − Θ∞
supuesto que las funciones δ(z), Uo (z), Vo (z) y Θo (z) ≡ Θ(z, 0) satisfacen las relaciones
dδ C AUo 2
= A, Uo = 1/3
, Θo − Θ∞ = , Vo = AUo , (16.169)
dz δ gβδ
donde A y C son constantes. Las constantes A y C están relacionadas por la condición (16.166)
de conservación de la energı́a calorı́fica suministrada al penacho, lo que proporciona
µ ¶1/3
gβQT
C= , (16.170)
2πAρcp
502 Capı́tulo 16. Turbulencia
1 0 1
(ξg) − f − ξf 0 = 0, (16.171)
ξ 3
b 0 1
(ξf 0 ) + (ξf − g) f 0 + f 2 + θ = 0, (16.172)
ξ 3
b ³ ´ 0 5
ξ θ̇ + (ξf − g) θ0 + f θ = 0, (16.173)
ξ 3
g(0) = f˙(0) = θ̇(0) = 0, f (∞) = θ(∞) = 0, (16.174)
Z ∞
1= ξf θdξ. (16.175)
0
µ ¶1/3 µ ¶2/3
gβQT Q
Uo (z) = z −1/3
y Θo (z) − Θ∞ = √ T z −5/3 . (16.176)
2πρcp A2 2π gβρcp A2
24 A. Shabbir y W. K. George, J. Fluid Mech., 275, 132, 1994.
16.7. Simulación numérica en turbulencia 503
16.7.1. Modelo k − ε
El modelo turbulento denominado k −ε es un modelo de viscosidad turbulenta (véase 16.3) que
se caracteriza por el hecho de que el coeficiente νT de la expresión (16.53) para el tensor de esfuerzos
aparentes de Reynolds se modela localmente como una función de la energı́a cinética turbulenta,
k, y de la tasa de disipación de energı́a cinética turbulenta, ε.25 El cierre del modelo se lleva a
cabo formulando sendas ecuaciones para k y para ε que se integran junto a las ecuaciones para el
flujo medio (16.21) y (16.22). Debe indicarse que, como cualquier modelo turbulento, el modelo
k − ε no es autoconsistente y tanto en la determinación de νT (k, ε) como en la formulación de las
ecuaciones para k y ε se introducen parámetros ad hoc que se determinan calibrando el modelo con
flujos turbulentos sencillos cuya solución sea conocida teórica o experimental. La forma funcional
de νT puede determinarse inmediatamente mediante el Análisis Dimensional, que proporciona
k2
νT = Cµ , (16.177)
ε
donde Cµ es una constante adimensional a determinar. Haciendo uso de νT el término correspon-
diente al transporte turbulento de k en la ecuación (16.34) se expresa, de forma poco precisa, en
el modelo k − ε mediante una ley del de tipo difusivo-molecular
νT
hp0 u0 i + hρu0 u02 /2i = −ρ ∇k, (16.178)
σk
donde σk es una constante adimensional a determinar que tiene el significado fı́sico de un número
de Prandtl turbulento y que se suele tomar igual a la unidad en la mayorı́a de los casos. Si por
simplicidad se considera el caso de un flujo incompresible y se introduce la expresión (16.178) en
la ecuación (16.34) dividida por ρ se obtiene
·µ ¶ ¸
∂k νT
+ U · ∇k = ∇ · ν + ∇k − hu0 u0 i : ∇U − ε, (16.179)
∂t σk
donde el tensor hu0 u0 i se modela mediante de la relación (16.53). La ecuación (16.179) expresa que,
para un observador que se mueve con el flujo medio, la variación de energı́a cinética turbulenta
es debida a los efectos de difusión, tanto turbulenta como molecular, de producción turbulenta
a partir del flujo medio, y de disipación turbulenta. Este último término, representado por ε ≡
T
νh∇u0 : (∇u0 ) i, aparece como incógnita en la ecuación (16.179) y, por tanto, debe ser modelado
para cerrar el problema. En el modelo k − ε, esto se lleva a cabo postulando la siguiente ecuación
ad hoc para ε
·µ ¶ ¸
∂ε νT ε ε2
+ U · ∇ε = ∇ · ν + ∇ε − Cε1 hu0 u0 i : ∇U − Cε2 , (16.180)
∂t σε k k
25 K. Hanjalic y B. E. Launder, J. Fluid Mech., 52, 609, 1972.
504 Capı́tulo 16. Turbulencia
que posee una estructura idéntica a la de la ecuación (16.179); esto es, del tipo: Variación igual a
Difusión más Producción menos Disipación.26 Obsérvese que los dos últimos términos de (16.180),
que representan la producción y la disipación de ε se obtienen en el modelo k − ε a partir de los
correspondientes términos en la ecuación (16.179) para k mediante consideraciones dimensionales.
Como se indicó anteriormente, la constante Cµ de la relación (16.177) y las que aparecen en las
ecuaciones (16.178) y (16.180), σk , σε , Cε1 y Cε2 , deben fijarse calibrando el modelo con soluciones
con propiedades bien conocidas tales como las del flujo en la capa lı́mite sobre una placa plana,
flujo de cortadura con gradiente de velocidades medias uniforme, decaimiento de la turbulencia
tras una rejilla, etc. Valores usuales de dichas constantes son
Fijadas las constantes (16.181), las ecuaciones (16.179) y (16.180) pueden integrarse, sujetas a las
condiciones de contorno apropiadas, junto a las del flujo medio (16.21)-(16.22), usando la relación
(16.53) para el tensor de esfuerzos aparentes de Reynolds −ρhu0 u0 i y la relación (16.177) para νT .
El modelo k−ε ha sido, y aún es, ampliamente utilizado en los códigos comerciales, y permite tratar
con cierto éxito flujos turbulentos algo más complicados que los tratados en 16.5 y 16.6 mediante
Análisis Dimensional y soluciones de semejanza. No obstante, su aplicación está limitada a flujos
relativamente simples debido a las severas hipótesis realizadas para su construcción: la turbulencia
se supone isótropa, y caracterizada localmente en el espacio y en el tiempo por sólo dos cantidades,
k y ε. Un ejemplo clásico de fallo del modelo k − ε resulta cuando se aplica éste al flujo turbulento
desarrollado en un conducto de sección rectangular. En este flujo, fuertemente anisótropo, se pro-
ducen corrientes secundarias en la sección debidas, fundamentalmente, a un desequilibrio entre los
2 2 2
esfuerzos aparentes normales hu0x i, hu0y i y hu0z i, Figura 16.21. Estas corrientes no son predichas
por el modelo k − ε, cuyo carácter isótropo y lineal en la relación entre el tensor de esfuerzos
2 2 2
aparentes, −ρhu0 u0 i, y el tensor ∇U proporciona hu0x i = hu0y i = hu0z i = 2k/3, véase la ecuación
(16.53), y un perfil de velocidades medias que, como en el caso de un flujo laminar, es de la forma
U = Uz (y, x)ez . Sin embargo, las corrientes secundarias pueden reproducirse numéricamente si se
usa un modelo k − ε modificado con una relación no-lineal entre hel tensor de esfuerzos
i aparentes y
T
el tensor de velocidades de deformación del flujo medio, S ≡ 0,5 ∇U + (∇U)
−hu0 u0 i = aI + bS + cS · S, (16.182)
donde a,b y c son constantes semiempı́ricas.27 La mejora de resultados con una relación de la forma
(16.182) puede explicarse teniendo en cuenta que la inclusión de términos no-lineales equivale a
retener más términos en la serie de Taylor de la relación, desconocida de antemano, entre hu0 u0 i
y S. De esta forma los efectos no-locales y, por tanto, los no-isótropos, del flujo se recogen mejor
que con una relación lineal del tipo (16.53).
el flujo medio y para las fluctuaciones, como se hizo en 16.2 para obtener la ecuación (16.34) para k. No obstante,
dicha ecuación contiene muchos términos cuya interpretación fı́sica no es clara y que, en cualquier caso, deben ser
modelados a posteriori. Por tanto, se prefiere aquı́ escribir directamente la ecuación más simple (16.180).
27 C. G. Speziale, Annual Rev. Fluid Mech., 23, 107, 1991.
16.7. Simulación numérica en turbulencia 505
Figura 16.21: (a) Ilustración de las corrientes secundarias que aparecen en el flujo turbulento en
un conducto de sección rectangular; (b) el modelo k − ε no predice ningún tipo de flujo secundario;
(c) flujo secundario obtenido con el modelo k − ε modificado.
de ecuaciones para los esfuerzos de Reynolds [Reynolds Stress Equations Modelling (RSEM), en la
literatura anglosajona], en el que se integran, junto con las ecuaciones (16.21)-(16.22) para el flujo
medio, un conjunto de seis ecuaciones diferenciales en derivadas parciales, una por cada una de las
seis componentes independientes del tensor de esfuerzos aparentes de Reynolds que, para abreviar
notación, se denotarán en lo que sigue por R ≡ −hu0 u0 i. Dicho conjunto de ecuaciones se deduce
multiplicando tensorialmente por u0 la ecuación (16.30) y promediando el resultado; después de
algunas manipulaciones algebraicas se obtiene
∂R ³ ´
ρ + ρU · ∇R = 2 DS + PS − ES + ΠS , (16.183)
∂t
donde DS ,PS ,ES y ΠS denotan las partes simétricas (semisuma del tensor y su traspuesta) de los
tensores de segundo orden
³ = ´
D = −∇ · Ihp0 u0 i + ρhu0 u0 u0 i/2 + hτ 0 u0 u0 i , (16.184)
=
P = −ρ R · ∇U , E = hτ 0 u0 ·∇u0 i, Π = hp0 ∇u0 i. (16.185)
Obsérvese que la estructura de la ecuación tensorial (16.183) para R es muy similar a la de la
ecuación (16.179) para k, salvo el último término del segundo miembro de (16.183), ΠS . En efecto,
los tres primeros términos del segundo miembro de (16.183), DS , PS y ES , poseen su análogo en
la ecuación (16.179) y, como allı́, pueden interpretarse como contribuciones a la variación de R
debidas, respectivamente, a la difusión (turbulenta y molecular), a la producción a partir del flujo
medio y a la disipación viscosa por las fluctuaciones turbulentas en la pequeña escala. En cuanto
al término ΠS , que representa la correlación entre las fluctuaciones de presión y los gradientes de
506 Capı́tulo 16. Turbulencia
las fluctuaciones de velocidad, conviene observar que su traza es nula, ya que T r(ΠS ) = T r(Π) =
2 2 2
hp0 ∇ · u0 i = 0; además, puesto que T r(R) = 2k = hu01 i + hu02 i + hu03 i, la ecuación para k (16.34)
podrı́a obtenerse también tomando la traza en la ecuación (16.183) sin que a ella contribuya ΠS al
ser su traza nula. Por tanto, la acción del término ΠS puede interpretarse como una redistribución
2 2 2
de la energı́a cinética entre las componentes hu01 i, hu02 i y hu03 i sin cambio en la energı́a cinética
total k.
Como caracterı́sticas generales de los modelos RSME pueden citarse:
2. Recogen las caracterı́sticas no locales del flujo turbulento mejor que el modelo k − ε, ya que
pueden incluir de forma más flexible y completa efectos no lineales y anisótropos en cada una
de las componentes del tensor R mediante un modelado apropiado de los tensores DS , PS ,
ES y ΠS .
En la Figura 16.22 se comparan resultados de la velocidad longitudinal media del flujo turbu-
lento en la sección de salida de un tubo doblemente acodado proporcionados por el modelo k − ε
(curva de puntos) y por un modelo RSEM (curva continua); en la figura la distancia diametral y/D
esta medida desde la pared de menor radio de curvatura.28 El modelo RSEM se ajusta mucho mejor
a las medidas experimentales que el modelo k − ε; en particular la mayor velocidad que poseen las
partı́culas en las zonas de mayor radio de curvatura por efecto de la aceleración centrı́fuga no se
reproduce con el modelo k − ε.
donde k = 2π(l, m, n)/L, con l, m y n enteros, es el vector número de onda. Si se usa el desarrollo
(16.186) en las ecuaciones de continuidad y de cantidad de movimiento se obtiene el sistema de
ecuaciones diferenciales ordinarias para las componentes espectrales vk
µ ¶
∂vk kk £ ¤
= I − 2 · (v × ω)k − νk 2 vk + fk , (16.187)
∂t k
28 B. Launder, Whither Turbulence? Turbulence at the Crossroad, J. Lumley Ed., Lectures notes in Physics,
y fk son componentes espectrales introducidas ad hoc que representan la excitación de las escalas
grandes mediante las condiciones de contorno impuestas al flujo; obsérvese que la arbitrariedad de
dichos términos hace que los resultados de las simulaciones DNS no sean fiables para las grandes
escalas. No obstante, su modelado es tal que las fk son nulas en las escalas intermedias y pequeñas
por lo que en el proceso de transferencia de energı́a en cascada desde las grandes escalas se pierde
memoria de los detalles de las fk y los resultados de la DNS son fiables para las pequeñas escalas. El
sistema (16.187), que formalmente posee un número infinito de ecuaciones, se trunca normalmente
en la escala disipativa, y su integración se lleva a cabo con un método paso a paso convencional
que posea buenas caracterı́stica de estabilidad.
Como caracterı́sticas generales de la DNS pueden citarse:
1. Se realiza un cálculo muy detallado de las variables fluidas turbulentas, lo que permite extraer
una información estadı́stica exhaustiva.
2. La DNS es muy costosa, se tardan cientos de horas en un CRAY para una malla 256 × 256 ×
256. Por tanto, está limitada a números de Reynolds relativamente bajos (5.000-10.000).
3. Por eficiencia computacional, la DNS es muy dependiente del uso de métodos espectrales y,
por tanto, está muy limitada a flujos con geometrı́as simples.
4. La DNS se usa como instrumento de investigación para estimar términos necesarios en mo-
delos utilizados para flujos más realistas, tales como el RSEM de la sección anterior y para
508 Capı́tulo 16. Turbulencia
y la distancia ∆f , denominada corte del filtro, es mucho menor que la longitud tı́pica asociada con
las grandes escalas pero mucho mayor que la longitud asociada a las escalas más pequeñas (escalas
de Kolmogorov). Si se expresan las variables fluidas como suma de las variables filtradas más una
fluctuación,
∇ · hui = 0, (16.192)
∂hui 1 =
+ ∇ · (huihui) = − ∇hpi − ∇· τ R +ν∇2 hui, (16.193)
∂t ρ
=
donde τR es el tensor de esfuerzos de Leonard y su expresión es
=
τ R = hhuiu0 i + hu0 huii + hu0 u0 i. (16.194)
16.7. Simulación numérica en turbulencia 509
17.1. Introducción
En este capı́tulo se considerará el movimiento turbulento de gases y lı́quidos a través de con-
ductos de sección lentamente variable, ası́ como el de lı́quidos circulando por canales de sección y
profundidad lentamente variables bajo la acción de la gravedad. Para la derivación de las ecuacio-
nes que gobiernan el movimiento turbulento medio se aplicarán los principios de conservación de
la masa, cantidad de movimiento y energı́a a un volumen de control apropiado. Para representar
el efecto de las paredes sobre la corriente media se tendrán en cuenta los resultados del coeficiente
de fricción y del flujo de calor en la pared obtenidos a través del estudio de la turbulencia parietal
en conductos y canales. Se supondrá también que no hay variaciones bruscas ni en la sección del
conducto, ni en la sección y profundidad del canal; esto es, si rh representa el radio hidráulico de la
sección (canal o conducto), definido como el cociente entre el área de la sección y su perı́metro, y x
la coordenada longitudinal a lo largo del conducto o canal, se supondrá que |drh /dx| ∼ rh /L ¿ 1
y rh ¿ Rc , donde L y Rc son la longitud y el radio de curvatura caracterı́sticos de la lı́nea media
longitudinal del conducto o canal considerado.
En estas condiciones, el movimiento turbulento medio a través de conductos y canales es en
primera aproximación casi-unidireccional y carece, por tanto, de sentido plantearse la solución
numérica del problema tridimensional, puesto que no serı́a ni económico ni necesariamente más
aproximado desde el punto de vista práctico.
La influencia del cambio brusco de la geometrı́a del conducto, también de la sección en el caso de
canales, en la caı́da de presión, o en la altura piezométrica, que se denominan usualmente pérdidas
de carga localizadas, por tener lugar en longitudes que son pequeñas frente a la longitud total del
conducto, se considerará en la sección 17.5, y su contribución a la caı́da total se sumará a la que
aquı́ se obtenga.
En este capı́tulo se considerarán también situaciones en las que los efectos de compresibilidad
en el movimiento de lı́quidos en conductos sean importantes. Tal es el caso del denominado golpe de
ariete que se genera, por ejemplo, cuando se produce el cierre (o apertura) de una válvula reguladora
de caudal en un tiempo suficientemente corto. Como es sabido, las sobrepresiones generadas en
estos casos pueden ser lo suficientemente grandes para que los efectos de compresibilidad del lı́quido
y los efectos elásticos de las paredes de la tuberı́a intervengan en el proceso.
511
512 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
¶v
v+ dx
¶x
A + ¶A dx
v
¶x
A
dx
prácticamente plano excepto en una capa muy delgada adyacente a la pared; se puede suponer
entonces, desde el punto de vista práctico, que la velocidad turbulenta media en la dirección del
conducto v es sólo función de la coordenada longitudinal x a lo largo del conducto y del tiempo t.
Un argumento que ayuda a comprender este hecho se basa en que las fluctuaciones turbulentas de
velocidad resultan ser un mecanismo muy eficaz de transporte de cantidad de movimiento hacia la
pared y consecuentemente la cantidad de movimiento y la velocidad del fluido medias a través de
la sección son muy uniformes. El efecto de la fricción es únicamente importante cerca de la pared
y se define un esfuerzo de fricción medio, promediado en el perı́metro de cada sección, τo definido
en la forma Z
rh
τo = τp dl, (17.1)
A P
donde P y A, que pueden variar con x, son el perı́metro y el área de la sección respectivamente y
τp (x, t) se calculará a partir del factor de fricción λ,
donde para el cálculo de λ, se supondrán válidos los resultados para conductos infinitamente
largos de sección constante y movimiento estacionario cuyas leyes lı́mites (movimientos laminares y
movimientos turbulentos completamente desarrollados) han sido desarrolladas en capı́tulos previos.
Se supondrá entonces que el efecto de la no estacionariedad afecta escasamente a la forma en que
λ depende de los parámetros del problema: el número de Reynolds y la rugosidad relativa. El
coeficiente λ para tubos de sección circular ha sido representado en la Figura 16.15. Para tubos
de secciones diferentes a la circular se suelen usar también los resultados de la Figura 16.15 si se
define λ(4rh v/ν, ²/4rh ) siendo 4rh el diámetro del conducto hidráulico equivalente y ² la rugosidad
de la pared.
Se supondrá también que la temperatura media T (x, t) es sólo función de x y t. La justificación
es análoga a la de suponer que la velocidad media es prácticamente constante en cada sección: la
turbulencia es tan efectiva transportando energı́a interna como lo es transportando masa y cantidad
de movimiento, por lo que el perfil de temperatura en cada sección es prácticamente constante,
excepto muy cerca de la pared, donde la temperatura media del fluido varı́a desde el valor constante
que tiene en la sección hasta la temperatura de la pared. Esta variación de la temperatura muy
cerca de la pared se tendrá en cuenta en forma global, análogamente a como se ha hecho con la
17.2. Hipótesis básicas y ecuaciones del movimiento 513
fricción, definiendo un flujo de calor por conducción, por unidad de área y tiempo, promediado en
el perı́metro de cada sección Z
rh
qo = qp dl, (17.3)
A P
donde el flujo de calor intercambiado entre la pared y el fluido puede modelarse mediante la analogı́a
de Reynolds o cualquier otra expresión que relacione el flujo de calor con el esfuerzo en la pared.
Obsérvese que podrı́a existir no-uniformidad en la temperatura si existiesen variaciones importantes
de temperatura sobre el perı́metro o por efecto de la disipación viscosa (a altos números de Mach
en la corriente de gases) pero su efecto no será considerado aquı́.
En cuanto a la presión media, basta decir que, como consecuencia de la casi-unidireccionalidad
del movimiento impuesta por la geometrı́a, la presión media es también en primera aproximación
función exclusiva de las variables x y t. Como se ha visto en repetidas ocasiones, las variaciones
transversales de presión ∆T p son pequeñas frente a las longitudinales ∆L p; más concretamente,
∆L p ∼ ρV 2 ∼ ρVT2 (L/rh )2 ∼ ∆T p (L/rh )2 À ∆T p donde VT ∼ V rh /L y V representan el orden
de magnitud de las velocidades medias en la dirección transversal y longitudinal del conducto
respectivamente. Naturalmente, si la presión y la temperatura del fluido son constantes a través de
la sección también lo será su densidad, que viene ligada a las dos anteriores a través de la ecuación
de estado.
Si se considera ahora el volumen elemental A(x)dx de la Figura 17.1, que en cada instante
contiene un volumen de fluido sobre el que actúa un esfuerzo tangencial por unidad de superficie
τo (x, t) y se le añade un flujo de calor qo (x, t) por unidad de superficie, el principio de conservación
de la masa aplicado al volumen de control considerado proporciona
∂(ρA) ∂(ρvA)
+ = 0. (17.4)
∂t ∂x
Análogamente, la ecuación de cantidad de movimiento en la dirección x se escribe
∂(ρvA) ∂(ρv 2 A) ∂p A ∂U
+ = −A − τo − ρA , (17.5)
∂t ∂x ∂x rh ∂x
donde se ha supuesto que las fuerzas másicas derivan del potencial U . Si a (17.5) se le resta (17.4)
multiplicada por v se obtiene
∂v ∂(v 2 /2) 1 ∂p ∂U λv 2
+ + + =− (17.6)
∂t ∂x ρ ∂x ∂x 8rh
Obsérvese que la única diferencia entre (17.6) y la ecuación de cantidad de movimiento correspon-
diente a un fluido ideal es el término de fricción, término del segundo miembro de (17.6); téngase
en cuenta que para un fluido ideal el primer miembro de (17.6) es idénticamente nulo a lo largo
de cada una de las lı́neas de corriente (ecuación de Euler Bernouilli) que pasan por la sección,
mientras que aquı́ (17.6) representa un promedio aproximado en cada sección. Si en (17.6) se com-
paran los órdenes de magnitud de los términos convectivo V 2 /L y de fricción λV 2 /rh , el segundo
será importante sólo si λL/rh ≥ O(1). El factor de fricción λ es un número pequeño, de modo que
para situaciones en las que λL/rh ¿ 1, como ocurre por ejemplo en una tobera donde L/rh no
es un número grande, la fricción es tan pequeña que puede despreciarse y se recupera entonces la
ecuación para un fluido ideal. Por el contrario, en situaciones en las que λL/rh À 1, como ocurre en
gasoductos y oleoductos, la fricción de las paredes sobre el fluido es dominante frente a su inercia.
La ecuación de la energı́a total aplicada al volumen de control de la Figura 17.1 se escribe
∂ £ ¤ ∂ £ ¤ ∂(pvA) ∂U A
ρA(e + v 2 /2) + ρvA(e + v 2 /2) = − − ρvA + qo + qr , (17.7)
∂t ∂x ∂x ∂x rh
514 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
donde qr representa el calor por unidad de tiempo y unidad de longitud de conducto absorbido por
radiación o liberado por reacción quı́mica. En términos de la entalpı́a de remanso, (17.7) se escribe
∂ £ ¤ ∂ £ ¤ ∂p ∂U A
ρA(h + v 2 /2) + ρvA(h + v 2 /2) = − ρvA + qo + qr , (17.8)
∂t ∂x ∂t ∂x rh
y si se tiene en cuenta la ecuación de la continuidad, (17.5), las ecuaciones (17.7)-(17.8) resultan
∂(e + v 2 /2) ∂(e + v 2 /2) 1 ∂(pvA) ∂U qo qr
ρ + ρv =− − ρv + + , (17.9)
∂t ∂x A ∂x ∂x rh A
y
∂(h + v 2 /2) ∂(h + v 2 /2 + U ) ∂p qo qr
ρ + ρv = + + . (17.10)
∂t ∂x ∂t rh A
Desde el punto de vista práctico la última ecuación resulta más útil; de hecho, en el caso bastante
frecuente de un flujo estacionario y adiabático, la cantidad h + v 2 /2 + U , que en el caso de flujo
de un gas es aproximadamente igual a la entalpı́a de remanso h + v 2 /2, se conserva a lo largo del
conducto.
Es también interesante escribir la ecuación de la entropı́a que se obtiene restando a (17.9) el
resultado de multiplicar por v la ecuación de cantidad de movimiento, (17.7), y sustituyendo en el
resultado la relación dh = T dS + dp/ρ
∂S ∂S λv 3 qo qr
T + Tv = + + ; (17.11)
∂t ∂x 8rh ρrh ρA
(17.11) expresa que la entropı́a aumenta como consecuencia de la fricción (disipación viscosa) y de
la adición de calor. Normalmente el efecto de la disipación viscosa es muy pequeño. Comparando
este término con el de convección de entropı́a T v∂S/∂x ∼ T V ∆S/L ∼ V cv ∆T /L se tiene que el
parámetro adimensional que mide su importancia relativa es
λL V 2
, (17.12)
rh cv ∆T
Para lı́quidos este parámetro suele ser pequeño debido principalmente al hecho de que V 2 /c∆T es
usualmente pequeño (bajas velocidades, capacidad calorı́fica alta), de modo que sólo en el caso de
flujo de lı́quidos a muy altas velocidades puede ser relevante la disipación viscosa. En cuanto al
flujo de gases, (17.12) se escribe
λL 2 T
M , (17.13)
rh ∆T
y la disipación viscosa será despreciable si el número de Mach del movimiento satisface la condición
∆T rh
M2 ¿ . (17.14)
T λL
Por tanto, puede ocurrir que la fricción sea importante en la ecuación de cantidad de movimiento
por ser λL/rh ≥ O(1), pero que su efecto en el incremento de entropı́a sea despreciable si el número
de Mach del movimiento no es suficientemente alto; más exactamente si
λL 2
M ¿ 1. (17.15)
rh
Para evaluar el flujo de calor por conducción entre la pared y el fluido se utilizará la analogı́a de
Reynolds (14.9)
qo cf λ
Sta = 2
= = , (17.16)
ρv(hp − h − v /2) 2 8
17.2. Hipótesis básicas y ecuaciones del movimiento 515
donde se han tenido en cuenta los efectos de compresibilidad y disipación viscosa redefiniendo el
número de Stanton en términos de la entalpı́a de remanso (en realidad de la temperatura adiabática
de la pared con un factor de recuperación igual a la unidad, puesto que el número de Prandtl
turbulento es muy aproximadamente igual a uno). Para un lı́quido h À v 2 /2, estos efectos son
prácticamente despreciables y se tiene
λρcv
qo ' (Tp − T ), (17.17)
8
mientras que para un gas · ¸
λρvcp T Tp γ−1 2
qo ' −1− M ; (17.18)
8 T 2
es decir; los efectos de la disipación viscosa y de la compresibilidad son despreciables si M 2 ¿ 1. De
(17.18) se sigue que existirá un flujo neto de calor desde la pared al fluido si Tp > T [1+(γ −1)M 2 /2]
y viceversa, el flujo de calor será desde el fluido a la pared si Tp < T [1+(γ −1)M 2 /2]. La explicación
radica en el hecho de que, debido a la disipación viscosa y a los efectos de compresibilidad, el gas
se calienta cerca de la pared y el flujo de calor puede ser desde el fluido a la pared incluso si
Tp > T [siempre que Tp < T [1 + (γ − 1)M 2 /2]. Como se ha visto, en cualquiera de las situaciones
anteriores la analogı́a de Reynolds, o cualquier otra analogı́a semiempı́rica entre el flujo de calor y
el esfuerzo de fricción en la pared, permite calcular qo como función del número de Reynolds y de
la rugosidad relativa. Estas analogı́as describen tanto mejor la realidad cuanto más rugosa sea la
pared del conducto (independencia de λ con el número de Reynolds) por no existir en estos casos
la subcapa laminar que falsea la analogı́a.
De acuerdo con las ecuaciones (17.5), (17.6) y (17.10) se necesitan en general tres condiciones
iniciales y tres de contorno para su resolución; por ejemplo,
valor de la presión del gas a la salida p(L, t), que es igual a la presión de descarga si el flujo es
subsónico. Este problema se considerará en detalle más adelante.
a2o
c2o = . (17.26)
ρo a2o
1+
Ao ∂ p/∂ A
Para tubos rı́gidos de pared muy gruesa en los que ∂ p/∂ A es muy grande, co ' ao , que es la
velocidad de propagación del sonido en un lı́quido no confinado. En el lı́mite contrario, tubos de
paredes muy flexibles en los que ∂ p/∂ A es muy pequeña, se tiene
Ao ∂ p
c2o ' ; (17.27)
ρo ∂ A
este es el caso de la circulación sanguı́nea a través de venas y arterias donde las ondas (pulso) se pro-
pagan con valores tan bajos como 5 − 6 m s−1 en la aorta de los grandes mamı́feros. Esta velocidad
se triplica en el caso de las arterias periféricas (carótida) que poseen menor distensibilidad.
Teniendo en cuenta (17.25), la ecuación de continuidad (17.4) se escribe
µ ¶
1 ∂p ∂p ∂v
+ v + = 0; (17.28)
ρo c2o ∂t ∂x ∂x
vA = Q(t), (17.32)
µ 2 ¶
∂ v p λ v2
+ +U =− , (17.33)
∂x 2 ρ 8 rh
∂T λ
= (Tp − T ), (17.34)
∂x 8 rh
donde para obtener (17.34) se ha tenido en cuenta (17.11) y (17.17), se ha hecho uso de la ecuación
de estado S = c ln T y no se ha considerado radiación ni reacción quı́mica. Obsérvese que si la
viscosidad no varı́a apreciablemente en el intervalo de temperaturas extremas que tienen lugar en
el movimiento fluido, el valor del factor de fricción λ se puede suponer constante, y las ecuaciones
de continuidad y de cantidad de movimiento se desacoplan de la de la energı́a facilitando su
integración. En efecto, utilizando (17.32) e integrando la ecuación de cantidad de movimiento se
obtiene la distribución de presiones a lo largo del conducto
Z
Q2 p Q2 p(0) Q2 x λ
+ +U − − − U (0) = − d x. (17.35)
2A2 ρ 2A2 (0) ρ 8 o r h A2
donde la condición a la entrada p(0) + ρU (0) se supone conocida. El caudal se obtiene fácilmente
de (17.35) al imponer que el lı́quido descarga a la presión ambiente pa
Z
Q2 pa Q2 p(0) Q2 L λ
+ + U (L) − − − U (0) = − d x. (17.36)
2A2 (L) ρ 2A2 (0) ρ 8 o r h A2
Para un tubo de sección y rugosidad constantes se tiene de (17.35) y (17.36)
p p(0) λ Q2
+U − − U (0) = − x, (17.37)
ρ ρ 8 rh A2
· ¸
Q2 8 rh p(0) − p(L)
= + g[z(0) − z(L)] . (17.38)
A2 λL ρ
En general λ es función de la rugosidad relativa y del número de Reynolds (y por tanto de Q)
y la ecuación (17.38) proporciona Q en forma implı́cita y su cálculo requiere la realización de
un procedimiento iterativo sencillo. Si sucede que el movimiento en el conducto es a números de
Reynolds lo suficientemente altos para que λ sólo dependa de la rugosidad relativa, la ecuación
anterior proporciona el valor del caudal Q en forma explı́cita.
Una vez calculado el caudal, y por tanto la velocidad v, la integración de la ecuación (17.34)
permite obtener la distribución de temperaturas a lo largo del conducto. Para el caso particular
de Tp y λ constantes, la solución es:
siendo T (0) la temperatura del lı́quido a la entrada del conducto. La ecuación (17.39) muestra
cómo la diferencia de temperaturas entre pared y fluido disminuye exponencialmente aguas abajo
del conducto.
17.3. Flujo de lı́quidos en conductos 519
g
A0 As
H
x
A0
Las ecuaciones (17.50), (17.51) y condiciones iniciales (17.52) y de contorno (17.53)-(17.54) que
suministran las evoluciones temporales de las distribuciones de presión y velocidad en el conducto
admiten dos lı́mites asintóticos distinguidos que corresponden a los casos en los que: (a) el tiempo
de residencia es del orden del tiempo de cierre o apertura de la válvula, tr ∼ tc , y (b) tiempo de
cierre pequeño comparado con el de residencia, tr À tc . Como se verá en lo que sigue los fenóme-
nos de compresibilidad aparecen en este último caso donde pueden distinguirse dos subregı́menes
asintóticos: (b1) denominado cierre lento que corresponde al caso en el que el tiempo de cierre es
grande frente al de ida y vuelta de las ondas, cierre lento, tr À tc À tiv , y (b2) en el que los
tiempos de ida y vuelta de las ondas y de cierre son comparables, cierre rápido, tr À tc ∼ tiv .
En lo que sigue se analizarán los regı́menes aquı́ definidos a los que se añadirá un tercero (c) para
describir la apertura de válvula desde α = 0.
y µ ¶
gH u2 (τ ) 1
ϕ(1, τ ) = − 2 + −1 , (17.58)
vo 2 α2
donde se ha tenido en cuenta (17.55); de acuerdo con (17.45), la última de las condiciones de
contorno (17.58) se escribe en la forma
µ ¶
1 1 λL u2 (τ ) 1
ϕ(1, τ ) = − − + − 1 . (17.59)
2 α2 (0) 8rh 2 α2
Desde el punto de vista de la integración de (17.61) resulta útil utilizar α como variable inde-
pendiente en lugar de τ ; se tiene entonces
donde α̇ = d α/d τ , será positiva en el caso de apertura y negativa en el caso de cierre. La integración
de la ecuación (17.62) arranca del punto [1, α(0)] del plano (u, α), véase Fig. 17.3, y finaliza en
un punto del plano definido por las condiciones de cierre o apertura de la válvula. En el caso de
un cierre total (τ = 1 = tc /to = vo tc /L = τc ), el punto final es el (0, 0), que es un punto singular
(nodo) de la ecuación (17.62). Un análisis asintótico de dicha ecuación en las proximidades del
origen, (α → 0, u → 0), muestra que las soluciones de (17.62) que alcanzan el origen son de la
forma h i
p
u = −α̇(τc ) + α̇2 (τc ) + λL/(4rh ) + 1/α2 (0) α cuando α → 0 . (17.63)
La presión en la llave en el instante de cierre, ϕ(1, τc ), puede obtenerse de (17.63) sin necesidad
u u = u ( a )
a = a (o ) u
a o a
En este caso, de (17.51) se tiene po = ρo vo L/tc À ρo vo2 y las ecuaciones (17.50) y (17.51) se
reducen a
∂u ∂u ∂ϕ λvo tc 2
= 0, + =− u . (17.65)
∂ξ ∂τ ∂ξ 8rh
Obsérvese que el término de fricción es despreciable si
λvo tc λL tc
− = ¿ 1, (17.66)
8rh 8rh tr
lo que sucede usualmente excepto en situaciones en las que la longitud de la tuberı́a es suficiente-
mente larga como para que no se satisfaga la desigualdad (17.66). Dado que la fricción no juega
un papel esencial (sólo amortiguador) en los procesos que se van a describir, en lo que sigue se
supondrá, por simplicidad, que se satisface (17.66) y la segunda de las ecuaciones de (17.65) se
reduce a
∂u ∂ϕ
+ = 0. (17.67)
∂τ ∂ξ
Por otra parte, las condiciones de contorno (17.53)-(17.54) e inicial (17.52) muestran que ϕ ∼
vo tc /L = tc /tr ¿ 1 y u ∼ 1, lo que sugiere buscar la solución del sistema formado por la primera
de las ecuaciones de (17.65) y la ecuación (17.67) como un desarrollo en serie de potencias del
parámetro pequeño tc /tr
µ ¶2 µ ¶2
tc tc tc tc
u(ξ, τ ) = 1 + u1 (ξ, τ ) + u2 (ξ, τ )..., ϕ(ξ, τ ) = 0 + ϕ1 (τ, ξ) + ϕ2 (τ, ξ)... (17.68)
tr tr tr tr
Introduciendo (17.68) en las ecuaciones (17.65), (17.52), (17.46) y (17.47), y reteniendo solamente
términos de orden superior se obtiene
∂ u1 ∂ u1 ∂ ϕ1
= 0, + = 0, (17.69)
∂ξ ∂τ ∂ξ
con las condiciones iniciales y de contorno
µ ¶
1 1 1 1
u1 (ξ, 0) = 0, ϕ1 (0, τ ) = − , ϕ1 (1, τ ) = − + −1 , (17.70)
2 2 α(0)2 2 α2
√
donde se ha tenido en cuenta que vo = 2 g H α(0) [véase (17.45)]. Multiplicando la segunda de
las ecuaciones (17.69) por d ξ e integrando entre 0 y ξ se obtiene la distribución de la perturbación
de presión a lo largo del conducto
∂ u1
ξ + ϕ1 (ξ, τ ) − ϕ1 (0, τ ) = 0, (17.71)
∂τ
y si se impone la condición de contorno a la salida [última de las condiciones de (17.70)], se obtiene
la ecuación diferencial que determina la velocidad perturbada como función del tiempo
µ ¶ µ ¶
∂ u1 1 1 1 1 1 1 1
=− + − −1 = − 2 ; (17.72)
∂τ 2 2 α(0)2 2 α2 2 α(0)2 α
la integración de (17.72) proporciona
Z τ
1 α2 − α(0)2
u1 (τ ) = d τ. (17.73)
2 o α2 α(0)2
524 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Obsérvese que la solución representada por (17.71) y (17.73) es válida en tanto que el valor de
las funciones ϕ1 y u1 se mantenga de orden unidad (puesto que para el desarrollo (17.68) sea
uniformemente válido cada término de la serie debe ser mucho menor que el anterior). El compor-
tamiento de (17.73) depende de la ley de cierre de la válvula; en efecto, si se supone una ley de
cierre potencial de la forma
α(τ ) = (1 − τ )n 0 ≤ τ ≤ 1, (17.74)
la expresión (17.73) permanece acotada para valores de τ en el intervalo de interés si el exponente
n de la ley de cierre es n < 1/2 mientras que diverge si n ≥ 1/2. En el primer caso, el desarrollo
en serie de potencias (17.68) es uniformemente válido para todo τ y los términos sucesivos del
desarrollo se calculan en forma análoga a lo realizado para calcular u1 y ϕ1 . Por el contrario, si
(17.73) diverge por ser n ≥ 1/2, la solución encontrada no es uniformemente válida para todo τ
(diverge para τ → 1, t → tc , como se indica en la Figura 17.4). Este comportamiento singular de
la solución aproximada para tiempos próximos al tiempo de cierre procede de haber despreciado
los efectos de compresibilidad en la ecuación (17.50), lo que quiere decir que en instantes de
tiempo próximos al tiempo de cierre (esto es, (tc − t)/tc = 1 − τ → α(τ ) → 0) los efectos de
compresibilidad se hacen importantes y es necesario retenerlos en el análisis. En la Figura 17.4
1
u
j
0 1 t
se representan cualitativamente las soluciones aproximadas obtenidas, (17.71) y (17.73), que como
puede verse divergen para tiempos próximos al de cierre. La brusca subida de presión, y deceleración
del lı́quido, sucede en un tiempo caracterı́stico que es muy pequeño frente al tiempo de cierre. El
nuevo tiempo caracterı́stico de variación de las magnitudes fluidas to y el orden de magnitud del
pico de presión po se determinan de las ecuaciones (17.50) y (17.51) de forma que se retenga el
efecto de la compresibilidad; se obtiene de este modo
o
to ∼ L/co = tiv y po ∼ ρo vo co . (17.76)
Si se define el nuevo tiempo adimensional
tc − t tc − t tc tc
−σ = = = (1 − τ ) (17.77)
tiv tc tiv tiv
17.3. Flujo de lı́quidos en conductos 525
y de contorno
¶µ
1 vo 2 gH 1 vo1 2 vo u2 (1, σ)
ϕ(0, σ) = − u (0, σ) ' 0 y ϕ(1, σ) = − + − 1 u (1, σ) ∼ .
2 co vo c o α2
2 co 2co α2
(17.80)
Nótese que en la escala de tiempos de tiv , las condiciones iniciales se escriben en σ → −∞, ya
que el proceso de cierre de la válvula se inició en tiempos adimensionales del orden de tc /tiv muy
anteriores a los instantes en que ocurren los fenómenos de compresibilidad.
Si se supone una ley de cierre como la de (17.74) con n ≥ 1/2, la condición de contorno a la
salida se escribe µ ¶2n 2
tiv tc u (1, σ)
ϕ(1, σ) = , (17.81)
2tr tiv σ 2n
y si se tiene en cuenta que para que existan fenómenos de compresibilidad ϕ en la válvula debe
ser de orden unidad (po ∼ ρo vo co ), se concluye que en el caso de cierre lento tc À tr À tiv se
producirá golpe de ariete en los últimos instantes del cierre si y sólo si
µ ¶1/2n
tr
tc ∼ tiv . (17.82)
tiv
Esto es, para un cierre lento tr À tc À tiv , cuya ley de áreas se comporta en la forma descrita
en (17.74), los fenómenos de compresibilidad no cuentan a menos que el orden de magnitud del
tiempo de cierre sea el descrito en (17.82). En ese caso, los fenómenos de compresibilidad son
importantes en las últimas etapas del cierre; esto es, cuando tc − t ∼ tiv . El proceso de resolución
de las ecuaciones (17.78) con condiciones iniciales y de contorno (17.79) y (17.80) es enteramente
similar al que se realizará en el próximo apartado correspondiente a cierre rápido.
En este caso los fenómenos de compresibilidad son importantes desde los primeros instantes
del proceso de cierre de la válvula, ya que el tiempo caracterı́stico del movimiento del lı́quido en
el conducto to ∼ tc ∼ tiv y los valores caracterı́sticos de la presión son po ∼ ρo vo co . Definiendo el
tiempo adimensional
−σ = (tc − t)/tiv , (17.83)
las ecuaciones (17.50), (17.51) se reducen a las (17.78)
∂ϕ ∂u ∂u ∂ϕ
+ = 0, + = 0, (17.84)
∂σ ∂ξ ∂σ ∂ξ
con las condiciones iniciales
y de contorno
vo u2 (1, σ)
ϕ(0, σ) = 0 y ϕ(1, σ) = (17.86)
2co α2
Si se supone para el cierre de la válvula una ley de la forma
u(1, σ) = 0 σ ≥ 0. (17.89)
Las ecuaciones (17.84) se reducen fácilmente a dos ecuaciones de ondas, ya estudiadas en 11,
y cuya solución por el método de las caracterı́sticas se volverá a reseñar brevemente
es fácil comprobar que las soluciones de la ecuación de ondas que satisfacen el sistema (17.84) son
de la forma
donde F y G representan funciones arbitrarias que deben ser determinadas imponiendo las condi-
ciones de contorno. Si se suman y restan las dos ecuaciones de (17.91), se obtienen las expresiones
que muestran cómo a través de las rectas (denominadas caracterı́sticas) σ−ξ = const y σ+ξ = const
las cantidades ϕ+u y ϕ−u se mantienen invariantes. Las caracterı́sticas representan las trayectorias
en el plano adimensional (ξ, σ) de sendas ondas viajeras que se propagan hacia la derecha (sentido
positivo del eje ξ) o la izquierda con velocidades adimensionales ±1; en efecto,
dξ d(x/L) dx
σ − ξ = const → =1= → = co , (17.93)
dσ d(t/tiv ) dt
que corresponde a una onda que se propaga con velocidad co en el sentido positivo del eje x.
Análogamente,
dξ d(x/L) dx
σ + ξ = const. → = −1 = → = −co , (17.94)
dσ d(t/tiv ) dt
que corresponde a una onda que se propaga con velocidad −co según el sentido negativo del eje
x. Un observador que se mueva hacia las ξ crecientes con la velocidad de la onda observa, como
demuestra (17.92), que la cantidad ϕ + u se mantiene constante, mientras que observarı́a que la
cantidad ϕ − u se conserva constante si se moviera con la velocidad de la onda en la dirección
negativa del eje ξ.
17.3. Flujo de lı́quidos en conductos 527
Por otra parte, la condición de contorno a la entrada del tubo, (17.86), proporciona
y por tanto la presión y velocidad en la válvula en un instante cualquiera σ vienen dadas por
y
u(1, σ) = F (σ − 1) − G(σ + 1) = F (σ − 1) + F (σ + 1). (17.97)
Análogamente, en el instante σ + 2 se tiene
De (17.96)-(17.97) se obtiene
que es la denominada ecuación de Allievi, que proporciona una relación algébrica entre ϕ(1, σ + 2)
y u(1, σ + 2) supuestos conocidos ϕ(1, σ) y u(1, σ). Esta relación junto con la condición de contorno
en ξ = 1 [(17.88) o (17.89) si la válvula está completamente cerrada] constituyen un sistema de
dos ecuaciones algébricas para el cálculo de ϕ(1, σ + 2) y u(1, σ + 2).
Si como aplicación sencilla se considera el caso de un cierre instantáneo, las ecuaciones (17.89)
y (17.99) proporcionan la relación
esto es, el valor de ϕ(1, σ) será conocido para todo σ en cuanto que se conozca su valor en el
intervalo 0 < σ < 2. Para calcular estos valores se hará uso de las condiciones iniciales y de la
constancia de las cantidades ϕ + u y ϕ − u a lo largo de las lı́neas σ − ξ y σ + ξ constantes,
respectivamente.
En efecto, para todo punto A de la Figura 17.5, tal que ξ = 1 y 0 < σ ≤ 1, se tiene
ϕB + uB = const = ϕB 0 + uB 0 = uB 0 ⇒ ϕB = uB 0 (17.103)
y
ϕB 0 − uB 0 = ϕB 00 − uB 00 = −1 ⇒ uB 0 = 1 = ϕB , (17.104)
de donde
ϕB = ϕ(1, σ) = 1 para 1<σ<2 (17.105)
y por tanto
ϕ(1, σ) = 1 para 0 < σ < 2. (17.106)
Teniendo en cuenta que ϕ(1, σ+2) = −ϕ(1, σ) = −1 se tiene el valor de la presión en la válvula para
cualquier instante σ de tiempo en el intervalo 2 ≤ σ ≤ 4. Obsérvese que en ausencia de fricción
528 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
2
B
f=0
u=0
B' A
A' B''
0
0 u=1,f=0 1 x
el valor de la presión en la válvula oscila periódicamente entre los valores ±1 con un periodo
adimensional igual a 4. La descripción fı́sica del proceso que tiene lugar cuando se cierra la válvula
instantáneamente se sigue fácilmente de los valores anteriores. Justo cuando se cierra la válvula
aparece una onda de compresión que se propaga con velocidad co aguas arriba del conducto, Figura
17.6. El fluido detrás de la onda queda en reposo u = 0 y a la presión ϕ = 1 (po = ρo vo co ). Cuando
la onda alcanza la entrada del conducto (t = tiv ), donde la presión es nula, aparece una onda de
expansión que se propaga con velocidad co hacia la válvula y deja al fluido con presión nula y
velocidad en dirección contraria a la onda (hacia la entrada), ϕ = 0 , u = −1. Cuando la onda de
expansión alcanza la válvula (t = 2 tiv ) se refleja una nueva onda de expansión que frena el fluido y
vuelve a bajar de nuevo la presión, u = 0, ϕ = −1. Cuando la onda de expansión llega a la entrada
del conducto (t = 3 tiv ) se refleja en forma de una onda de compresión que se propaga hacia la
válvula y deja el fluido detrás de ella con presión mayor ϕ = 0 y velocidad u = 1. Finalmente,
cuando la onda de compresión alcanza la válvula (t = 4 tiv ), el proceso se repite idénticamente.
Si se considera ahora el caso de un cierre rápido de válvula, donde por simplicidad se supon-
drá que tc = tiv , se tiene que en t = 0 (σ = −1), ϕ = 0 y u = 1 en cualquier punto del conducto.
En la válvula y en tiempos tales que −1 < σ ≤ 0, se tiene de acuerdo con (17.92)
y teniendo en cuenta la condición de contorno sobre la válvula, (17.88), se obtiene una pareja de
ecuaciones algébricas que determinan la velocidad y presión en la válvula como función del tiempo.
Eliminando la presión se obtiene
vo u2 (1, σ)
+ u(1, σ) = 1 para − 1 < σ ≤ 0, (17.108)
2co | σ |2n
cuya solución positiva, la única con sentido fı́sico, pues la válvula está aún abierta, es
p 2co
u= s + s2 /4 − s/2 donde s= | σ |2n ; (17.109)
vo
17.3. Flujo de lı́quidos en conductos 529
u2 (1, s)
ϕ(1, s) = , (17.110)
s
que son válidas para valores de s tales que −1 < σ ≤ 0. Nótese que en el instante de cierre de la
válvula, α = 0 (σ = 0, s = 0), la velocidad en la válvula u(1, 0) → s1/2 → 0 y la presión en la
válvula ϕ(1, 0) = 1; esto es, la presión dimensional alcanza el valor ρo vo co justo en el instante del
cierre.
Para tiempos mayores que el de cierre σ > 0 la condición en la válvula es la de velocidad nula,
(17.89). Esta relación junto a la de Allievi, (17.99), proporcionan
esto es, el valor de ϕ(1, σ) será conocido para todo σ en cuanto que se conozca su valor en el
intervalo 0 ≤ σ ≤ 2.
A partir de aquı́, el cálculo se realiza siguiendo lo expuesto para el caso de cierre instantáneo.
En efecto, sobre ondas que se propagan con velocidad dξ/dσ = −1, y teniendo en cuenta las
condiciones iniciales, (17.85), se satisface
ϕ(1, σ) = 1 0 ≤ σ ≤ 1. (17.115)
donde u(0, σ − 1) viene dada por (17.117). Teniendo en cuenta que ϕ(1, σ) = −ϕ(1, σ + 2), el valor
de la presión en la válvula se puede calcular para cualquier instante σ > 2.
530 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
donde Q(x) representa el calor añadido por unidad de masa de fluido desde la entrada del conducto,
x = 0, hasta la sección x, G es el gasto que fluye por el conducto (en general su valor es desconocido
y debe determinarse consistentemente de la resolución del problema), y ho (0) es la entalpı́a de
remanso a la entrada del conducto. Para el cálculo del flujo de calor a través de las paredes del
conducto se utilizará la analogı́a de Reynolds, o cualquier otra de las analogı́as existentes que
determinan el flujo de calor a partir del esfuerzo viscoso en la pared; salvo que se indique lo
contrario, el número de Reynolds del movimiento se supondrá lo suficientemente alto como para
que el factor de fricción λ dependa exclusivamente de la rugosidad en la pared.
La ecuación (17.120) proporciona también el criterio que mide la importancia relativa entre
el término de inercia, del orden de v 2 /L y el de fricción, del orden λv 2 /(8rh ), de modo que si el
parámetro adimensional λL/(8rh ) es grande (pequeño) frente a la unidad la fricción es dominante
(despreciable) frente a la inercia y λv 2 /(8rh ) À ∂(v 2 /2)/∂ x [λv 2 /(8rh ) ¿ ∂(v 2 /2)/∂ x].
La ecuación (17.119) puede escribirse en la forma alternativa
G2 = ρ2 a2 M 2 A2 , (17.122)
y
ho (0) + Q(x)
T = , (17.124)
[1 + (γ − 1)M 2 /2]
que proporcionan las distribuciones de presión y temperatura en cada sección del conducto como
función del número de Mach en la sección y el calor por unidad de masa añadido hasta la sección
considerada, por lo que para cerrar el problema es necesario dar la ecuación diferencial que gobierna
la evolución del número de Mach en el conducto.
Dicha ecuación puede obtenerse a partir de las formas diferenciales de las ecuaciones (17.119)
y (17.121)
1 dρ 1 dv 1 dA γ 1 dp γ p dρ dv dQ
+ + =0 y − 2
+v = , (17.125)
ρ dx v dx A dx γ − 1 ρ dx γ − 1 ρ dx dx dx
que sustituidas apropiadamente en (17.120) y teniendo en cuenta la relación entre las entalpı́as
estática y de remanso ho = h[1 + (γ − 1)M 2 /2] y la ecuación
d ln M 2 d ln(ρv 2 /γp) 1 d M2 2 dv 1 dp 1 dρ
= o = − + (17.126)
dx dx M2 d x v dx p dx ρ dx
permiten llegar a
· ¸
1 d M2 2 + (γ − 1)M 2 1 d A γλM 2 1 + γM 2 d Q/d x
= − + + (17.127)
M2 d x 1 − M2 A dx 8rh 2 ho (0) + Q(x)
Es fácil comprobar de las ecuaciones (17.127)-(17.128) que cuando el efecto de la fricción es
despreciable [lo que sucede cuando λL/(8rh ) ¿ 1, conductos de pequeña longitud] y no se añade
calor a través de las paredes se obtienen los resultados del movimiento estacionario de gases a
través de toberas (10.8.2). En efecto, si el movimiento es subsónico (M < 1) y el área de la sección
disminuye (aumenta) aguas abajo de la tobera, la presión del gas, su densidad y su temperatura
disminuyen (aumentan) aguas abajo, mientras que su velocidad y su número de Mach aumentan
(disminuyen). Obsérvese que estos comportamientos se invierten si el movimiento es supersónico.
Por otra parte, la transición de un régimen subsónico a otro supersónico (M = 1) sólo puede
ocurrir en una sección de área mı́nima (d A/d x = 0) de modo que los gradientes de las magnitudes
fluidas se mantengan finitos (no es posible fı́sicamente una transición de subsónico a supersónico
mediante una onda de choque).
Si el conducto es de sección constante y no se añade calor a través de las paredes, la ecuación
(17.127) muestra que el número de Mach aumenta (disminuye) si el flujo en el conducto es subsónico
(supersónico). Por otra parte, la condición de conservación de la entalpı́a de remanso exige que la
temperatura disminuya (aumente) y que la velocidad, de la definición de número de Mach, aumente
(disminuya). Por tanto, la ecuación de continuidad exige que la densidad disminuya (aumente) y
de la ecuación de estado la presión disminuye (aumenta) aguas abajo del conducto; obsérvese que
el comportamiento de la presión se puede deducir de (17.123). Estos resultados muestran que en el
caso subsónico el gradiente favorable de presiones se invierte en vencer las fuerzas de fricción y en
acelerar al fluido debido a la disminución de su densidad aguas abajo mientras que si el movimiento
es supersónico el gradiente desfavorable de presiones y las fuerzas de fricción deceleran el fluido a
medida que fluye aguas abajo. En el caso de movimiento subsónico y si las condiciones de contorno
lo permiten, el gas se acelerará como máximo hasta alcanzar condiciones sónicas a la salida del
conducto donde (17.127) deja de ser válida; la condición M = 1 a la salida del conducto en vez
de la de igualdad entre las presiones del gas a la salida y la del ambiente permite determinar, en
este caso, el gasto que circula por el conducto. Obsérvese que si el fluido se acelerase aguas abajo
y se alcanzasen condiciones sónicas en una sección del conducto distinta de la de salida, se tendrı́a
dM 2 /dx = ∞, lo que conduce a soluciones que no son posibles desde el punto de vista fı́sico.
532 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Si el movimiento en el conducto es supersónico (por existir, por ejemplo, una tobera convergente-
divergente acoplada a la entrada del conducto y ser las condiciones de contorno apropiadas para
que el movimiento se haga supersónico en la parte divergente de la tobera) existe, para cada valor
de la presión de salida, un valor de la longitud del conducto, denominada longitud crı́tica, para la
que se alcanzan condiciones sónicas a la salida del conducto. Si la longitud del conducto es menor
que la crı́tica el movimiento es supersónico en todo el conducto y la presión del gas a la salida
es mayor que la del ambiente (el gas se expansiona a la salida del conducto), mientras que si la
longitud del conducto es mayor que la crı́tica se forma una onda de choque en el conducto a una
distancia de la entrada menor siempre que la longitud crı́tica; el movimiento del gas detrás de la
onda es subsónico y el gas evoluciona acelerándose hasta la salida donde descarga a la presión
atmosférica.
Si la longitud del conducto es lo suficientemente corta (λL/rh ¿ 1) como para poder despreciar
la fricción y la sección del conducto es constante, es fácil comprobar de la ecuación (17.127) que
si el flujo es subsónico y se añade calor a través de las paredes d Q/d x > 0, el número de Mach
aumenta aguas abajo mientras que disminuye si cede calor, d Q/d x < 0. Por otra parte, si se deriva
la ecuación (17.124) respecto a x y se hace uso de (17.127) se obtiene la ecuación
· ¸
1 dT 1 γ − 1 2 (γM 2 − 1) dQ
= 1+ M ; (17.128)
T dx 1 − M2 2 ho (0) + Q(x) dx
se observa que si el flujo es subsónico la temperatura disminuye aguas abajo si el número de
Mach está comprendido en el rango 1 > M > 1/γ 1/2 , véase (17.128), mientras que aumenta
si M < 1/γ 1/2 . Análogamente, si se deriva (17.123) respecto a x y se hace uso de (17.128) y del
hecho de que la entropı́a aumenta aguas abajo se comprueba que para un flujo subsónico, la presión
y la densidad disminuyen aguas abajo, y la velocidad, por tanto, aumenta. Por el contrario, si el
movimiento es supersónico y se añade calor a través de las paredes, la velocidad y el número de
Mach disminuyen aguas abajo mientras que la presión, densidad y temperatura aumentan. Nótese
que una transición de subsónico a supersónico es posible en una sección del conducto en la que
d Q/d x = 0; una sección en la que d Q/d x = 0 se comporta de igual modo respecto al tránsito de
subsónico a supersónico que la garganta en una tobera convergente-divergente.
La obtención de la solución de la ecuación diferencial (17.127) junto con las ecuaciones algébri-
cas (17.122), (17.123) y (17.124) para unas condiciones de contorno proporcionan el gasto y las
distribuciones de la magnitudes fluidas a lo largo del conducto. Aunque la solución debe, en ge-
neral, determinarse numéricamente, existen sin embargo varios casos de interés en ingenierı́a para
los que las ecuaciones se simplifican y admiten solución analı́tica, como sucede por ejemplo cuando
el movimiento del gas en el conducto, con adición de calor, fricción y variación de área, es a bajos
números de Mach, en el caso de conductos de sección constante aislados térmicamente, y en el
movimiento de gases en conductos de sección constante a los que se añade calor a través de las
paredes pero cuya longitud L sea lo suficientemente pequeña como para poder despreciar el efecto
de la fricción λL(8rh ) ¿ 1.
ρv 2 ∆p λ ρ v2
, , . (17.129)
L L 8rh
17.4. Movimiento casi-estacionario de gases en conductos 533
Obsérvese que si λL/(8rh ) À 1 las fuerzas de fricción son dominantes frente a las convectivas y las
variaciones relativas de presión son
∆p λ L ρ v2 λL 2
∼ ∼γ M ; (17.130)
p 8rh p 8rh
dado que las variaciones relativas de presión son a lo sumo de orden unidad, el número de Mach
en el conducto debe ser pequeño, M 2 ¿ 1 si la fricción es dominante. Por otra parte, la ecuación
(17.130) muestra que en el caso de un conducto en el que λL/(8rh ) ∼ 1, el número de Mach en
el conducto será también pequeño si lo son las variaciones relativas de presión aplicadas entre los
extremos del conducto, ∆ p/p ∼ (po − pa )/po ¿ 1, donde po es la presión en el ambiente del que
toma el conducto y pa la presión del ambiente a que descarga.
La ecuación (17.121) muestra que para números de Mach pequeños, la entalpı́a y la temperatura
coinciden en primera aproximación con las de remanso; por tanto, la temperatura del gas a lo largo
del conducto, T (x), es función del calor por unidad de masa Q(x) añadido hasta la sección x
considerada
ho (x) h(x) Q(x)
' = T (x) = T (0) + . (17.131)
cp cp cp
En el caso frecuente de que Q(x) no sea conocido directamente, sino que venga determinado
mediante una temperatura impuesta en la pared del conducto, Tp (x), la temperatura del gas
en el conducto puede determinarse usando, por ejemplo, la analogı́a de Reynolds en la ecuación
resultante de derivar (17.121) respecto a x,
dT λ(T − Tp )
=− , (17.132)
dx 8 rh
cuya integración para un conducto de sección constante proporciona
· Z x ¸
λTp R x0 λ dx00 /(8 rh ) 0 R x λ dx0 /(8 rh )
T (x) = T (0) + eo dx e o . (17.133)
o 8 rh
a) Fricción dominante
En este caso, la ecuación de cantidad de movimiento (17.120) se simplifica a
1 dp λv 2
=− . (17.134)
ρ dx 8rh
donde la distribución de temperaturas T (x) viene dada por (17.131) o por (17.133). Obsérvese
que por ser λ L/(8 rh ) À 1, la contribución del factor exponencial en la integral en (17.133) es
despreciable para valores de x0 que difieren apreciablemente de x y, por tanto, la temperatura de la
sección se iguala con la de la pared, T = Tp , a distancias de la entrada del orden de 8 rh /λ que son
mucho menores que la longitud del conducto L. Finalmente, el gasto que circula por el conducto
se obtiene de imponer la condición de descarga al ambiente, p(L) = pa en (17.135).
534 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Un caso de interés se presenta cuando el conducto descarga a un ambiente de presión tan baja
(prácticamente vacı́o para valores muy grandes de λL/rh ) que se establecen condiciones sónicas
a la salida del conducto. Lo que sucede entonces es que a distancias de la salida del orden de
l ∼ (8rh )/λ ¿ L el gas se acelera desde un valor muy pequeño del número de Mach [del orden
de rh /(λL)] hasta el valor M (L) = 1 y, por tanto, la inercia del gas debe de tenerse en cuenta;
fuera del conducto el gas se expande hasta la presión ambiente. El gasto se determina a partir de
(17.135) particularizada en x = L con la condición p2 (L) ' 0; en efecto, el valor de la presión en
la sección de salida puede despreciarse en (17.135) puesto que (17.123) evaluada en x = L, donde
M (L) = 1, proporciona
· ¸2
2(γ − 1) G
p2 (L) = 2 [ho (0) + Q(L)] ∼ M 2 (0)p2o ¿ po . (17.136)
γ (γ + 1) A
Nótese que se cometen errores en el valor del gasto y de la presión p(L) asociados al hecho de
haber despreciado la inercia frente a la fricción en el último tramo del conducto de longitud
l ∼ (8rh )/λ; sin embargo, es fácil ver inspeccionando la ecuación (17.123) que estos errores no
son de importancia desde el punto de vista práctico, ya que la diferencia entre el valor dado por
(17.123) y el valor real que se obtendrı́a si se retuviese el efecto de la inercia serı́a del orden de
(l/L)po ∼ [8rh /(λL)] po ¿ po .
y
µ ¶2
γ−1 G ho (0)
p2 (L) = p2a = (17.145)
γ2 A M 2 (L)[1 + (γ − 1)M 2 (L)/2]
donde se ha supuesto el caso de corriente subsónica, p (L) = pa . El sistema de ecuaciones algébrico
(17.143)-(17.145) permite determinar las tres incógnitas M (0), M (L) y G como función de po , pa
y λL/(4rh ). Obsérvese que si se divide (17.144) por (17.145) se tiene
· ¸2γ/(γ−1)
p2o M 2 (L)[2 + (γ − 1)M 2 (L)] γ−1 2
= 1+ M (0) , (17.146)
p2a M 2 (0)[2 + (γ − 1)M 2 (0)] 2
que junto a (17.143) permiten calcular M (0) y M (L) como funciones del factor de fricción λL/(4rh )
y el cociente de presiones po /pa .
La solución numérica del sistema (17.143) y (17.146) se da en forma de gráfico en la Figura 17.6.
En efecto, por cada punto del plano definido por una pareja determinada de valores de [λL/(4rh )
y pa /po ] pasan dos familias de curvas que definen los valores de M (0) y M (L) soluciones de
(17.143) y (17.146) para la pareja de valores especificados del parámetro de fricción y del cociente
de presiones. Obsérvese que para un valor dado del factor de fricción existe un valor de pa /po por
debajo del cual el sistema (17.143) y (17.146) no tiene solución real. Lo que sucede, entonces, es
que para valores de pa /po iguales o inferiores a este valor se alcanzan condiciones sónicas a la salida
del conducto y la condición de contorno en la salida es M (L) = 1 en lugar de p(L) = pa . Para
valores pa /po inferiores a aquel para el que se alcanzan condiciones sónicas en la salida, (pa /po )∗ , la
corriente en el conducto es la misma que para el caso pa /po = (po /pa )∗ , ya que por estar bloqueada
la salida la corriente en el conducto no recibe información de las condiciones aguas abajo. Para
resolver el problema se busca en la Figura 17.6 el punto definido por la pareja de valores λL/(4rh )
y M (L) = 1; la curva de M (0) constante que pasa por ese punto proporciona el valor de M (0).
Una vez determinado M (0), el gasto que circula por el conducto es
· ¸−(γ+1)/[2(γ−1)]
γ−1 2
G = ρ(0)v(0)A = ρo ao AM (0) 1 + M (0) . (17.147)
2
Si se define el gasto crı́tico, G∗ , como el máximo gasto que circuları́a por el conducto si la fricción
del gas con las paredes fuese nula, λL/(4rh ) = 0, lo que corresponde a que se alcanzasen condiciones
sónicas a la entrada del conducto, (17.147) conduce a
µ ¶(γ+1)/[2(γ−1)]
2
G∗ = ρo ao A (17.148)
γ+1
536 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Figura 17.6: Descarga de un gas desde un depósito a presión p0 hasta la presión ambiente pa a
través de un conducto aislado térmicamente.
y el valor del gasto adimensional G/G∗ , que se representa también en la Figura 17.6, es
µ ¶(γ+1)/[2(γ−1)]
G γ+1
= M (0) . (17.149)
G∗ 2 + (γ − 1)M 2 (0)
Si el valor del número de Mach a la entrada del conducto fuese supersónico, lo que requiere
inevitablemente la presencia de una tobera convergente-divergente acoplada a la entrada del con-
ducto, la solución gráfica representada en la Figura 17.6 no es válida aunque sı́ lo son las ecuaciones
(17.142) y (17.144). Nótese que en este caso las condiciones a la entrada están determinadas y no
dependen de las condiciones existentes aguas abajo, ya que las perturbaciones generadas aguas
abajo de la entrada no pueden alcanzarla por ser la corriente supersónica. Por tanto, el valor de
M (0) y el gasto G están determinados por la geometrı́a de la tobera; en efecto, el gasto es el gasto
crı́tico que circula por la tobera
µ ¶(γ+1)/[2(γ−1)]
2
G = G∗ = ρo ao Ag , (17.150)
γ+1
17.4. Movimiento casi-estacionario de gases en conductos 537
donde Ag es el área de la garganta, y el valor de M (0) viene dado por (17.147). Para un valor
dado del parámetro de fricción, los valores de M (L) y p(L) se determinan a partir de la ecuación
(17.143) y de
µ ¶2
γ−1 G ho (0)
p2 (L) = . (17.151)
γ2 A M 2 (L)[1 + (γ − 1)M 2 (L)/2]
Obsérvese que para unas condiciones a la entrada del conducto dadas [M (0) dado] existe un valor
crı́tico del valor de fricción [λL/(4rh )]∗ (una longitud de conducto L∗ si λ y el área del conducto son
fijos) tal que se alcanzan condiciones sónicas a la salida. Para valores de la longitud del conducto
inferiores a la crı́tica, las ecuaciones (17.143) y (17.151) proporcionan el valor de M (L) y p(L) a
partir de la longitud del conducto L y del número de Mach a la entrada M (0). Téngase en cuenta
que M (0) es conocido dado que el gasto es el crı́tico, y puede calcularse a partir de (17.148) y
(17.149). En la Figura 17.7 se representan los valores numéricos de M (L) y p(L) dados M (0) y
λL/(4rh ).
Figura 17.7: Descarga supersónica de un gas a través de un conducto aislado térmicamente. El gas
descarga desde un depósito donde la presión es po y la longitud del conducto es menor o igual que
la longitud crı́tica, L∗ .
538 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Para valores de la longitud del conducto superiores a L∗ no es posible una evolución continua
de las magnitudes a través del conducto y la corriente se decelera a través de una onda de choque
de intensidad apropiada para satisfacer las condiciones de contorno a la salida del conducto. En
la Figura 17.8 se representan cualitativamente las evoluciones del número de Mach y presión a lo
largo del conducto cuando existe una onda de choque en una sección del mismo.
M (o ) p / p 0
p /p
M a o
1 0 .5 3
p (0 ) / p 0
0 x /L 1 0 x /L 1
Figura 17.8: Variación del número de Mach y presión del gas a lo largo de un conducto cuya
longitud es superior a la crı́tica.
Si se supone que la onda de choque está situada en una sección situada a una distancia de la
entrada L1 < L desconocida y se denominan M1 (L1 ) y M2 (L1 ) a los números de Mach del flujo
delante y detrás de la onda, la ecuación (17.142) proporciona las relaciones
· ¸
1 1 γ+1 [2 + (γ − 1)M 2 (0)] M12 (L1 ) γλL1
− + ln =− . (17.152)
M12 (L1 ) M 2 (0) 2 [2 + (γ − 1)M12 (L1 )] M 2 (0) 4rh
y
· ¸
1 1 γ+1 [2 + (γ − 1)M22 (L1 )] M 2 (L) γλ(L − L1 )
2
− 2 + ln 2 2 =− . (17.153)
M (L) M2 (L1 ) 2 [2 + (γ − 1)M (L)] M2 (L1 ) 4rh
Por otra parte, la condición de salto a través de la onda de choque (12.69) proporciona
2 + (γ − 1)M12 (L1 )
M22 (L1 ) = (17.154)
2γM12 (L1 ) + 1 − γ
y el problema se cierra imponiendo la condición de descarga a la presión ambiente por ser el flujo
subsónico detrás de la onda de choque
µ ¶2
2 2 γ−1 G ho (0)
p (L) = pa = . (17.155)
γ2 A M 2 L[1 + (γ − 1)M 2 (L)/2]
El sistema de cuatro ecuaciones (17.152)-(17.155) proporciona los valores del número de Mach
a la salida, M (L), los números de Mach delante y detrás de la onda, M1 (L1 ) y M2 (L1 ), y la
posición de la onda de choque L1 . Es importante señalar que si la presión de descarga pa aumenta,
la onda de choque se mueve hacia la entrada situándose en una nueva posición L2 que debe ser
determinada resolviendo el sistema de ecuaciones (17.152)-(17.155). Si se sigue aumentando la
presión de descarga existirá un valor de la misma, que depende de las caracterı́sticas geométricas
de conducto y tobera, ası́ como del factor de fricción y de las condiciones de remanso po y ρo , para
el que la onda de choque se sitúa justo a la entrada del conducto de manera que el flujo en todo el
conducto es subsónico. El valor de pa para que la onda de choque se sitúe a la entrada se calcula
17.4. Movimiento casi-estacionario de gases en conductos 539
a partir de la ecuación de salto a través de la onda que relaciona los números de Mach detrás y
delante de la onda, este último conocido por ser función exclusivamente de la relación de áreas
A/Ag de la tobera. Si se denomina Ms al número de Mach a la salida de la tobera, y M (0) al del
gas detrás de la onda, las condiciones de salto proporcionan
2 + (γ − 1)Ms2
M 2 (0) = . (17.156)
2γMs2 + 1 − γ
La ecuación (17.143) y la condición de descarga subsónica del gas (17.155) determinan M (L) y la
presión de descarga buscada en función de M (0). Nótese que el gasto es conocido por ser el gasto
crı́tico que fluye por la tobera.
Para valores superiores de pa , la onda de choque se posiciona en el interior de la tobera y el
proceso de resolución es básicamente el descrito con anterioridad. Para un cierto valor de la presión
ambiente, si se sigue aumentando ésta, la onda de choque se sitúa en la garganta y su intensidad
es nula, de modo que para valores mayores de la presión ambiente el movimiento del gas en tobera
y conducto es subsónico.
y
µ ¶2
γ−1 G ho (0) + Q(L)
p2 (L) = p2a = ; (17.162)
γ2 A M 2 (L)[1
+ (γ − 1)M 2 (L)/2]
si estas dos últimas ecuaciones se dividen entre si se obtiene
· ¸2 · ¸2γ/(γ−1)
po ho (0) M 2 (L)[1 + (γ − 1)M 2 (L)/2] γ−1 2
= 1 + M (0) , (17.163)
pa ho (0) + Q(L) M 2 (0)[1 + (γ − 1)M 2 (0)/2] 2
que junto a (17.159) forma un sistema de dos ecuaciones algébricas para el cálculo de M (0) y M (L)
como funciones de Q(L) y po /pa
La resolución numérica del sistema (17.159) y (17.163) se representa en forma gráfica en la
Figura 17.9, para valores positivos de Q(L) (adición de calor). Por cada punto del plano definido
Figura 17.9: Descarga de un gas desde un depósito a presión p0 hasta la presión ambiente pa a
través de un conducto sin fricción y con adición de calor.
por una pareja determinada de valores de [Q(L)/ho (0) y po /pa ] pasan dos familias de curvas que
definen los valores de M (0) y M (L) soluciones de (17.159) y (17.163). Obsérvese que para un
valor dado del calor por unidad de masa añadido Q(L) existe un valor de (po /pa )∗ por encima del
cual el sistema (17.159) y (17.163) no tiene solución real. Lo que sucede es que para valores de
po /pa iguales o superiores a este valor se alcanzan condiciones sónicas a la salida del conducto y
la condición de contorno para cerrar el problema es M (L) = 1 en lugar de p(L) = pa ; nótese que
la corriente de gas en el conducto es la misma para valores de po /pa superiores a (po /pa )∗ . Para
resolver el problema, en los casos en que po /pa sea mayor que (po /pa )∗ , se busca en la Figura 17.9
el punto definido por la pareja de valores Q(L) y M (L) = 1 y la curva M (0) constante que pasa
17.5. Pérdidas de carga localizadas 541
por él determina el valor M (0) correspondiente. Una vez determinado el valor de M (0), el gasto
que circula por el conducto se calcula como
· ¸−(γ+1)/[2(γ−1)]
γ−1 2
G = ρ(0)v(0)A = ρo ao AM (0) 1 + M (0) . (17.164)
2
Si se define el gasto crı́tico, G∗ , como el máximo gasto que circuları́a por el conducto, lo que
corresponde a que se alcanzasen condiciones sónicas a la entrada del conducto y no se añadiese
calor, (17.164) conduce a
µ ¶(γ+1)/[2(γ−1)]
2
G∗ = ρo ao A, (17.165)
γ+1
y el valor del gasto adimensional G/G∗ , que se representa también en la Figura 17.9, es
µ ¶(γ+1)/[2(γ−1)]
G γ+1
= M (0) . (17.166)
G∗ 2 + (γ − 1)M 2 (0)
Para valores negativos de Q(L), las ecuaciones que resuelven el problema son también las dadas
en (17.159) y (17.163), aunque los resultados numéricos son diferentes a los dados en la Figura
17.9; obsérvese que el máximo calor que se puede extraer del fluido es ho (0).
Si el flujo de gas fuese supersónico a la entrada al conducto, el procedimiento para la resolución
del problema serı́a análogo al descrito en la sección anterior para el caso de movimiento con fricción
y sin adición de calor. Obsérvese que si se añade calor el número de Mach disminuye aguas abajo
y existe necesariamente una onda de choque situada entre la entrada y salida del conducto si el
calor añadido es mayor que el necesario para alcanzar condiciones sónicas a la salida
Q(L) [1 + γM 2 (0)]2
> − 1. (17.167)
ho (0) (γ + 1)M 2 (0)[2 + (γ − 1)M 2 (0)]
Contrariamente, si se extrae calor a través de las paredes del conducto el gas se acelera aguas abajo
y descarga supersónicamente a la salida.
Los desprendimientos de la capa lı́mite que se originan por los gradientes adversos de presión
que introducen las geometrı́as de dichos dispositivos dan lugar a torbellinos, corrientes de re-
circulación y flujos secundarios en los que los efectos de la viscosidad son importantes. Estas zonas
de corriente desprendida actúan como sumideros de cantidad de movimiento para la corriente
principal y originan una disipación de energı́a mecánica de la misma. Aparecen ası́ unas pérdidas
de presión de remanso, más comúnmente denominadas pérdidas de carga, que deben añadirse, a
542 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
V1 A1 = V2 A2 , (17.170)
Debido a que la distribución de presión en la sección de unión de los dos conductos que forman
la contracción no es conocida de antemano, el coeficiente de pérdida de carga no puede ser evaluado
544 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Si para calcular las pérdidas por rozamiento se suponen despreciables las variaciones de altura
en el difusor, la ecuación (17.33) proporciona la caı́da de presión de remanso debido al rozamiento
del fluido con las paredes del difusor
d proz
o λ
=− ρ v2 . (17.175)
dx 8 rh
Si se usa la ecuación de continuidad v A = Q, la ecuación (17.175) puede integrarse si se conoce la
variación de la sección en el conducto, A(x) y rh (x). Para el caso de un difusor de sección circular
17.5. Pérdidas de carga localizadas 545
cuyo diámetro varı́a linealmente entre los diámetros D1 y D2 , (17.175) junto con la ecuación de
continuidad proporcionan
d proz
o λ ρ V12
=− , (17.176)
dx 2 D1 [1 + (x/D1 ) tan (α/2)]5
donde α es el ángulo del difusor. La integración de (17.176) proporciona la caı́da de presión de
remanso debido al rozamiento en el difusor o Kroz en forma adimensional
µ ¶
2(proz roz
o1 − po2 ) λ A21
Kroz = = 1− 2 , (17.177)
ρ V12 4 tan(α/2) A2
donde como siempre λ es una función conocida del número de Reynolds y de la rugosidad relativa
del conducto. Obsérvese que el número de Reynolds del flujo varı́a a lo largo del difusor por lo que,
formalmente, en la integración de (17.176) deberı́a retenerse la variación de λ con Re, y por tanto
con x. Sin embargo, desde el punto de vista práctico este efecto es pequeño y basta con tomar un
valor medio del número de Reynolds.
Las pérdidas de presión de remanso debidas a desprendimientos de capa lı́mite, por el contrario,
no pueden determinarse analı́ticamente; los experimentos sugieren expresiones de la forma
· ¸2
A1
Kdesp = sen α 1 − , (17.178)
A2
de modo que la pérdida de presión de remanso total es
" µ ¶2 # · ¸2
λ(Re, ²) A1 A1
K = Kroz + Kdesp = 1− + sen α 1 − , (17.179)
4 tan (α/2) A2 A2
17.5.4. Codos
En general, las pérdidas de presión de remanso en tuberı́as acodadas se deben a los factores
siguientes:
1. Pérdida por fricción de la corriente principal en la pared del conducto, proporcional a la
longitud del codo.
2. Pérdidas por separación de capa lı́mite que origina zonas de torbellinos en la pared interna
(la más cercana al centro de curvatura del codo) y en la pared externa (zona de la pared más
alejada del centro de curvatura), véase Figura 17.13.
546 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
3. Flujos secundarios debidos a la acción de las fuerzas centrı́fugas sobre el fluido. En efecto,
las fuerzas centrı́fugas sobre las partı́culas fluidas en el codo (proporcionales al cuadrado de
la velocidad) serán mayores sobre las que fluyen por la zona central de la sección que sobre
aquellas que fluyen cerca de las paredes, donde la velocidad es menor; el desequilibrio de
fuerzas origina un par de vórtices, con centros a lo largo de la lı́nea de curvatura del codo,
de modo que el flujo secundario en la sección es tal que el fluido se desplaza a lo largo de un
plano diametral perpendicular al radio de curvatura de la sección y retorna por las paredes.
Como resultado de la superposición de estos movimientos circulares y el de avance según el
eje del conducto, el flujo está compuesto de dos corrientes helicoidales.
La aparición de estos flujos secundarios da lugar a pérdidas de presión de remanso por rozamiento
con la pared del conducto, cuya intensidad depende de la rugosidad relativa, más las pérdidas
debidas a efectos de desprendimiento de capa lı́mite y a los flujos secundarios, mencionados en los
puntos 2) y 3). El coeficiente de pérdida de carga total en el codo será
siendo L la longitud del codo, rh el radio hidráulico, D una longitud caracterı́stica de la sección
del conducto, Re = V 4rh /ν y ² la rugosidad relativa. Para un conducto acodado a 90o y sección
circular, la contribución K2, 3 (², Rc /D) debida a separación de capa lı́mite y flujos secundarios
puede obtenerse de la Figura 17.14.5
Para disminuir la resistencia de codos de grandes dimensiones (por ejemplo, en túneles aero-
dinámicos u otras instalaciones), se instalan a veces álabes guı́a que inhiben drásticamente los
flujos secundarios debidos a la acción de la fuerza centrı́fuga y minimizan también las pérdidas por
separación de capa lı́mite aunque aumentan ligeramente las pérdidas por fricción.
100
80
40
100
75
25
Figura 17.16: Curvas de igual velocidad en tanto por ciento de la velocidad máxima.
común definir una velocidad media de la sección, v(x), como el cociente entre el caudal que fluye
a través de la sección y su área.
Z
1
v(x) = u(x, y, z)dydz, (17.182)
A(x) A(x)
donde u es la componente longitudinal de la velocidad media de la corriente turbulenta en cada
punto de la sección, A es el área de la sección mojada, que es en general función de la coordenada
longitudinal x, e y y z son coordenadas transversales. Obsérvese que en términos de v el flujo de
cantidad de movimiento a través de la sección se puede escribir en la forma
Z
1
u2 dydz = αv 2 , (17.183)
A A
donde α es un factor empı́rico que depende de la forma de la sección. En canales de geometrı́a
regular, α rara vez excede del valor 1.05, por lo que para simplificar la notación se supondrá en
adelante que su valor es la unidad.
Como en el caso del movimiento de fluidos en conductos, el efecto de la viscosidad es únicamente
importante cerca de la pared (valores altos del número de Reynolds) y, como se hizo allı́, se define
el esfuerzo de fricción τo promediado en el perı́metro de la sección
Z
rh
τo (x) = τp (x)dl, (17.184)
A P (x)
donde P y rh = A/P son el perı́metro y el radio hidráulico de la sección.7 Como en (17.2), se
relaciona el esfuerzo con el factor de fricción adimensional λ en la forma
λ
τo = ρv 2 . (17.185)
8
7El perı́metro P incluye las paredes laterales y la solera de la sección pero no la superficie libre, puesto que se
desprecia el efecto de fricción del aire sobre el agua.
17.6. Flujo turbulento en canales abiertos 549
A diferencia del movimiento en conductos, el factor de fricción λ depende no sólo del número de
Reynolds y de la rugosidad relativa, sino también de la forma de la sección, ya que la intensidad
de las corrientes secundarias, y por tanto la pérdida de cantidad de movimiento en el movimiento
longitudinal, dependen sustancialmente de la forma de ésta.
En movimientos estacionarios o casi-estacionarios, a los que nos limitaremos en esta exposición,
se pueden distinguir dos situaciones dependiendo de la variación que experimenten las magnitudes
fluidas con la coordenada longitudinal. En el primer caso se encuentran los flujos lentamente, o
gradualmente, variables, en los que la altura varı́a muy lentamente con la distancia longitudinal,
dh/dx ¿ 1; las velocidades verticales son entonces muy pequeñas y la aproximación hidrostática
para el cálculo de la presión en cualquier punto de la sección es válida. Existen, sin embargo,
otras situaciones en los que la altura y la velocidad media de la sección varı́an del orden de
ellas mismas en distancias relativamente cortas dh/dx ∼ 0(1); para estas transiciones, que en
hidráulica se denominan regı́menes rápidamente variables, las velocidades verticales son del orden
de las longitudinales y la aproximación de equilibrio hidrostático en la dirección vertical no resulta
válida.
pa g
v
h
v+dv
x h+dh
s
zs
Por otra parte, para establecer el balance de cantidad de movimiento es necesario calcular la
resultante de las fuerzas de presión y másicas en la dirección del movimiento que actúan sobre el
volumen considerado Z
− (p + ρU )nx dσ, (17.187)
Σ
La ecuación diferencial ordinaria no lineal (17.191) junto con las ecuación de continuidad (17.186) y
las relaciones geométricas del canal zs (x) y A = A(h) determinan la velocidad media del fluido y su
profundidad como funciones de la posición cuando se imponen condiciones de contorno apropiadas.
En el movimiento uniforme, v 6= v(x), h 6= h(x), que se presenta en canales muy largos de
sección y pendiente constante, la gravedad y la fricción están balanceadas y la ecuación (17.191)
se reduce a
dzs λv 2
− − = 0, (17.192)
dx 8grh
y, por tanto, la velocidad del flujo es
µ ¶1/2
− 8 g rh dzs
v= . (17.193)
λ dx
Para este tipo de flujos el ingeniero irlandés Manning encontró que la velocidad se ajustaba a los
resultados experimentales en un amplio rango de canales, tanto naturales como artificiales, si el
factor de fricción λ se elegı́a en la forma
1/3
λ = 8 g n2 /rh , (17.194)
donde n es un coeficiente dimensional conocida como factor de Manning, cuyos valores para diferen-
tes materiales superficiales se encuentran tabulados en la Tabla del Apéndice 17.I.8 El inconveniente
del coeficiente de Manning es que es dimensional y cuando menos su uso es molesto para los cálculos;
no obstante, tiene la ventaja, y de ahı́ su amplia utilización, de que su valor depende exclusivamente
del tipo de canal y del material o revestimiento de su superficie y no cambia al hacerlo el caudal,
la profundidad o el radio hidráulico de la sección. Debe finalmente indicarse que, en ausencia de
8 Obsérvese que el factor de fricción no depende aquı́ del número de Reynolds, ya que la turbulencia está com-
pletamente desarrollada por tratarse de movimientos a muy altos números de Reynolds y las pérdidas por fricción
se hacen, por tanto, independientes de la viscosidad.
17.6. Flujo turbulento en canales abiertos 551
a h
A A h
b= − h tan β y P = − h tan β + 2 ; (17.196)
h h cos β
el valor de h = hopt que optimiza P se obtiene de la expresión
dP A 2
= − 2 − tan β + = 0, (17.197)
dh hopt cos β
para dar
µ ¶1/2
A cos β
hopt = . (17.198)
2 − sen β
Se tiene entonces
2(1 − sen β) 2 − sen β
bopt = hopt , Aopt = h2opt (17.199)
cos β cos β
y también
2(2 − sen β) Aopt hopt
Popt = 2hopt y rhopt = = , (17.200)
cos β Popt 2
que muestra que para cualquier ángulo β, la sección más eficiente es aquella en la que el radio
hidráulico es la mitad de la profundidad; por ejemplo, para un canal rectangular, β = 0, la sección
más eficiente se obtiene cuando la profundidad es la cuarta parte de la anchura de la solera.
√Es interesante en este punto introducir el número de Froude, definido en la forma usual F =
v/ gh,√que como es sabido compara la velocidad del fluido con la velocidad de propagación de las
ondas, gh, en aguas someras [aguas poco profundas donde la longitud de onda de la perturbación
552 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
es grande frente a la profundidad del medio (véase 11.2.1)]. El número de Froude, en analogı́a con
el de Mach, define la existencia de dos regı́menes diferentes, subcrı́tico y supercrı́tico según que el
número de Froude sea menor o mayor que la unidad. En régimen subcrı́tico (F < 1), la velocidad
de la corriente es menor que la de las ondas y cualquier perturbación pequeña se propaga aguas
arriba y aguas abajo del punto donde se originó. Por el contrario, si el régimen es supercrı́tico
(F > 1), la perturbación sólo puede propagarse aguas abajo del punto origen de la misma. Para
canales no rectangulares,
√ el número de Froude se define a partir de la profundidad media hidráulica
Hh , F = v/ gHh , donde Hh representa el cociente entre el área y la anchura de la superficie libre;
de modo que los canales de sección no rectangular pueden tratarse como uno rectangular cuya
profundidad es Hh . Nótese que para un canal de sección rectangular Hh = h.
Teniendo en cuenta (17.186) y (17.194), la ecuación (17.191) para un canal rectangular, A = bh,
con b 6= b(x) resulta
dh dzs n2 Q2
(1 − F 2 ) =− − 4/3
= So − Sf , (17.201)
dx dx b2 h2 rh
con
Q2 bh
F2 = y rh = , (17.202)
b2 gh3 b + 2h
donde So = −dzs /dx es la pendiente de la solera del canal y Sf representa el efecto de la fricción
expresado en forma adimensional. La ecuación diferencial ordinaria, de primer orden, no lineal
(17.201) junto con las expresiones algébricas (17.202) determinan la profundidad h(x) y el número
de Froude (para caudal dado) si se imponen condiciones de contorno apropiadas.
No obstante, antes de proceder a la integración numérica de la ecuación (17.201) es conveniente
tener en cuenta los aspectos que a continuación se introducen. Si la pendiente de la solera So es
constante, lo que sucede usualmente, la profundidad hu de la correspondiente corriente uniforme
se obtiene fácilmente de igualar a cero el segundo miembro de (17.201), So − Sf = 0. Por otra
parte, para un caudal dado, la profundidad crı́tica, aquella para la que el número de Froude es la
unidad, se obtiene de (17.202)
µ 2 ¶1/3
Q
hc = , (17.203)
gb2
y la pendiente de la solera crı́tica Sc , o pendiente del canal para la que la profundidad uniforme
hu coincide la crı́tica hc , es
n2 Q2
Sc = 2 2 . (17.204)
b hc [rh (hc )]4/3
Si la pendiente de la solera es menor que la crı́tica (So < Sc ), la profundidad de la corriente
uniforme es mayor que la crı́tica (hu > hc ), la corriente es entonces subcrı́tica (F < 1) y la
pendiente de la solera se denomina suave. Por el contrario, la corriente uniforme será supercrı́tica
(F > 1), (hu < hc ), cuando So > Sc que corresponde al caso de los canales de solera denominada
aguda. El caso intermedio de solera crı́tica y los de canales con solera horizontal o adversa So ≤ 0
se considerarán también en lo que sigue.
Para el caso de solera suave, So < Sc , hu > hc , la evolución de la profundidad con x puede
adoptar tres formas diferentes según que la condición inicial h(xo ), desde donde se comienza la
integración de (17.201), satisfaga la condición h(xo ) > hu > hc , o cualquiera de las otras dos
desigualdades siguientes hu > h(xo ) > hc o hu > hc > h(xo ). En el primer caso h(xo ) > hu > hc ,
la corriente es subcrı́tica (F < 1), ya que h(xo ) > hc mientras que el segundo miembro de (17.201)
es positivo (So > Sf ) por ser ho (x) > hu ; se tiene entonces dh/dx > 0 y la profundidad aumenta
(y el número de Froude disminuye) aguas abajo del punto inicial, y tiende a una ası́ntota como
se ve en la Figura 17.19a. Esta situación es la que bajo las condiciones indicadas se presenta,
17.6. Flujo turbulento en canales abiertos 553
h( x0 ) dh/dx > 0 h( x0 )
hc h( x0 ) hc
por ejemplo, aguas abajo de una presa. Si hu > h(xo ) > hc , la corriente es también subcrı́tica
por ser h(xo ) > hc mientras que el segundo miembro es negativo So < Sf por ser h(xo ) < hu ,
ası́ que dh/dx < 0 y la profundidad disminuye aguas abajo, Figura 17.19b. Nótese que F y, por
tanto, dh/dx aumentan aguas abajo, de modo que dh/dx → ∞ cuando F → 1. Naturalmente, la
solución descrita por (17.201) deja entonces de ser válida cuando dh/dx se hace del orden de la
unidad. En esta situación, la hipótesis de flujo lentamente variable no puede ser aplicada, ya que
las velocidades verticales se hacen del orden de las longitudinales y la aproximación hidrostática
para el cálculo de la presión no puede aplicarse. La evolución de la superficie libre experimenta
entonces una transición rápida cuyo análisis se pospone para más adelante. La evolución gradual
descrita aquı́ se presenta en una u otra de las dos situaciones siguientes: derrame libre, Figura
17.13b, o transición de una solera de pendiente suave a aguda. Finalmente, si hu > hc > h(xo ), la
corriente es supercrı́tica, F > 1, por ser h(xo ) < hc y, como el segundo miembro de (17.201) es
negativo, la profundidad h crece aguas abajo y el número de Froude decrece. Esta evolución deja
de ser válida y se genera un salto hidráulico, como el descrito en 12, donde se produce la transición
del régimen supercrı́tico al subcrı́tico, Figura 17.19c.
Tres son también los tipos de solución que pueden darse en canales con soleras de pendiente
aguda So > Sc , hu < hc , según sea la profundidad h(xo ) del punto donde se inicia la integración
en relación con las profundidades crı́tica y uniforme del canal. En efecto, si hu < hc < h(xo ), la
corriente es subcrı́tica y el segundo miembro de (17.201) es positivo So > Sf por ser ho > hu , de
554 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
modo que la profundidad crece aguas abajo, Figura 17.20a. Esta situación ocurre por ejemplo detrás
del salto hidráulico que se produce en un canal de solera aguda. Si hu < h(xo ) < hc , la corriente es
supercrı́tica, y el segundo miembro de (17.201) es positivo por ser h(xo ) > hu ; consecuentemente
h disminuye con x, F aumenta, dh/dx → 0 y la profundidad tiende asintóticamente al valor de la
uniforme, Figura 17.20b. Este tipo de evolución puede presentarse aguas abajo del ensanchamiento
de un canal o aguas abajo de un canal de pendiente aguda cuando se incrementa su pendiente.
Finalmente, si h(xo ) < hu < hc , el segundo miembro de (17.201) es negativo [hu > h(xo )], y dh/dx
es positiva por ser la corriente supercrı́tica y el perfil de la profundidad evoluciona asintóticamente
hasta el valor de la profundidad uniforme. Este tipo de evolución puede ocurrir cuando existe un
cambio en la pendiente de la solera, de aguda a suave, o aguas abajo de una compuerta un canal
de solera aguda por la que fluye una corriente de profundidad menor que la uniforme, véase Figura
17.20c.
En el caso de canales con solera crı́tica, So = Sc , hu = hc , el perfil de la superficie libre aumenta
siempre aguas abajo, Figura 17.21. En efecto, si h(xo ) < hu = hc , la corriente es supercrı́tica y el
segundo miembro de (17.201) es negativo; se tiene, por tanto, dh/dx > 0 y por tanto aguas abajo
h aumenta y el número de Froude disminuye, perfil a de la Figura 17.21. Nótese que en este caso,
dh/dx es finita cuando se alcanza h = hc = hu (F = 1) ya que también se anula el segundo miembro
de (17.201). Del mismo modo, si h(xo ) > hu = hc , la corriente es subcrı́tica y el valor del segundo
miembro de (17.201) es positivo ası́ que aguas abajo h aumenta y el número de Froude disminuye,
perfil b de la Figura 17.21. Conviene observar que también en este caso la pendiente es finita en el
punto singular F = 1 y que por otra parte el perfil b tiende asintóticamente a dh/dx → 0.
(a) (b)
S0=Sc hu= hc
hu= hc
S0=Sc
(b)
(a)
Reservorio
hc hc
(a)
y (1) = 1 + SoL / h1
A
D
y (0) = 1
C
x
B
S
0 <S y (1) = 1
c
E
L
(b)
y(1)
1+SoL/h1
y(1) = yc
Para la integración numérica de la ecuación (17.201) junto con las relaciones algébricas (17.202)
es conveniente introducir las variables y parámetros adimensionales
h x Q2 n2 g
y= , ξ= , α= , y β= ; (17.205)
h1 L b2 gh31 1/3
h1
si se supone que la anchura b del canal es mucho mayor que la profundidad h, rh ' h, la ecuación
(17.201) se escribe en las nuevas variables
µ ¶
α dy So L βα
1− 3 = − 10/3 . (17.206)
y dξ h1 y
obsérvese que para un canal especificado, el parámetro adimensional β es conocido mientras que α,
es desconocido a priori, por serlo el caudal Q, y debe calcularse consistentemente de la resolución
del problema.
El caso más simple es el de corriente uniforme que corresponde al caso h2 = h1 ; en este caso
dy/dξ = 0 y el perfil de la profundidad se representa en la Figura 17.23a por la lı́nea AB. El caudal
adimensional para corriente uniforme es
So L
αu = (17.208)
βh1
y su valor se representa en la Figura 17.23b. El número de Froude es también constante e indepen-
diente de ξ y su valor es F = α1/2 , de modo que la solera será subcrı́tica si αu < 1 y supercrı́tica
en caso contrario.
Para valores de y(1) mayores que la unidad, que corresponden a situaciones en que h2 > h1
y los datos del canal son tales que αu < 1, esto es, canal de solera subcrı́tica, el caudal es menor
que el correspondiente al de corriente uniforme y el perfil de la profundidad es tal que dy/dξ > 0.
Para la integración de (17.207) es conveniente arrancar la integración desde ξ = 0 con la primera
de las condiciones (17.207), y(0) = 1, escogiendo un valor arbitrario de α menor que αu . El valor
escogido para α no será en general el apropiado para satisfacer la segunda de las condiciones en
(17.207) y de la integración se obtendrá un valor de y(1) que será distinto del especificado h2 /h1 .
Se barre entonces en el parámetro α hasta encontrar aquel para el que se satisface la condición
y(1) = h2 /h1 . La solución se representa en la Figura 17.23a por la lı́nea AC. Obsérvese que cuando
h2 = h1 + So L, el caudal es nulo α = 0 y la solución y = So Lξ/h1 se representa en la Figura 17.23a
por la lı́nea de trazos AD.
Si h2 < h1 , el valor del caudal adimensional α es mayor que αu (el de la corriente uniforme)
y el perfil de la superficie libre tiene pendiente negativa dy/dξ < 0. Como en el caso anterior se
inicia la integración desde ξ = 0 con y(0) = 1 escogiendo un valor arbitrario de α mayor que αu y
barriendo en α hasta que el resultado de la integración satisfaga la segunda de las condiciones de
contorno en (17.208). Es interesante señalar que existe un valor máximo de α que se denomina αc
(crı́tico) para el que la corriente a la salida del canal es crı́tica
El perfil de la superficie libre se representa en este caso por la lı́nea AE. Nótese que la solución
deja de ser válida en las proximidades de ξ = 1, donde dy/dξ se hace de orden unidad por ser
F ' 1. Obsérvese, también, que para valores de h2 inferiores al crı́tico el perfil de la profundidad
17.6. Flujo turbulento en canales abiertos 557
en el canal sigue siendo el de la lı́nea AE, teniendo lugar un derrame libre a la salida del canal.
El gasto adimensional es, en estos casos, el crı́tico (máximo gasto posible a través del canal), ya
que por ser el flujo crı́tico a la salida del canal la información de la altura h2 no puede propagarse
aguas arriba, Figura 17.23b.
(a)
h1 h2
v2
v1
Dzs
h
Dzs (h1, v1) (b)
(h2, v2)
hc
Hc H
Figura 17.24: Flujo a través de un vertedero de pared gruesa y curva (h, H) a caudal constante.
Considérese, para fijar ideas, un flujo que deja de ser uniforme por la presencia de una ele-
vación en la solera del canal como se muestra en la Figura 17.24a. Aguas arriba, la profundidad
de la corriente h1 y el caudal Q se suponen conocidos y el problema consiste en determinar la
profundidad, h2 , aguas abajo, donde un flujo lentamente variable se desarrolla nuevamente.
558 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
vl2 p
+ + gz = const, (17.210)
2 ρ
donde vl y z son la proyección de la velocidad en la dirección de la lı́nea de corriente y la altura
en un punto genérico de la lı́nea de corriente. Si la ecuación (17.210) se evalúa a lo largo de la
superficie libre, donde la presión es la atmosférica, y en los puntos 1 y 2, donde, por ser la corriente
horizontal y uniforme, la aproximación hidrostática resulta válida, se tiene
v12 v2
H1 = + h1 = 2 + h2 + ∆zs = H2 + ∆zs , (17.211)
2g 2g
donde H = v 2 /(2g) + h es una magnitud fı́sica con dimensiones de longitud que en Hidráulica se
denomina comúnmente energı́a especı́fica, ∆zs es el incremento de altura de la solera y v1 y v2 son
las velocidades del fluido en los puntos de la superficie 1 y 2, y que coinciden muy aproximadamente
con la velocidad en cualquier punto de las secciones 1 y 2. La ecuación (17.211) junto con la de
continuidad
v1 h1 = v2 h2 = Q/b, (17.212)
dan lugar a un sistema algébrico para determinar la profundidad h2 y la velocidad v2 como función
de h1 , Q, y ∆zs . Es de interés hacer notar que el sistema (17.211)-(17.212) no tiene solución para
cualesquiera triada de valores de las magnitudes h1 , Q y ∆zs . En efecto, fijados h1 y Q existe un
valor de ∆zs , ∆zs c , que depende de h1 y Q, para el que la corriente en 2 se hace crı́tica; si se
impone la condición de flujo crı́tico en (17.211), v2 c = (gh2 c )1/2 , dicho valor resulta
2
· ¸1/5
v2c 3h2 c Q2
∆zs c = H1 − h2 c − = H1 − con h2 c = . (17.213)
2 2 gb2
Para valores de ∆zs inferiores a ∆zs c existen dos soluciones reales de h2 y una imaginaria. De las dos
raı́ces reales una corresponde a un régimen subcrı́tico h2 > h2 c y la otra a uno supercrı́tico h2 > h2 c ,
ver Figura 17.24b. Naturalmente el valor que se presenta en la realidad es el correspondiente a la
solución subcrı́tica, ya que por ser ∆zs < ∆zs c el flujo no se hace crı́tico.
Para valores de ∆zs superiores a ∆zs c no existen soluciones reales de h2 para los valores espe-
cificados de H1 y Q. Esto quiere decir que si bruscamente se elevase la solera del canal por encima
del valor ∆zs c necesariamente pasarı́a por la sección 2 un caudal Q0 menor que Q. Aguas arriba
de la elevación de la solera se irı́a acumulando con el tiempo el volumen de agua correspondiente
a la diferencia de caudales Q − Q0 con el consiguiente aumento de la profundidad h1 . Este proceso
no estacionario finalizarı́a cuando se alcanzase aguas arriba una altura h1 n tal que el caudal que
atraviesa la sección 2 (sección que es siempre crı́tica) sea Q. El valor de la nueva altura es entonces
Q2 3
h1n + 2 2 = 2 h2nc + ∆zs , (17.214)
2gb h1 n
v12 / (2g)
hc
H1
h1
Dz
Este tipo de obstrucciones en la solera se denominan vertederos y no son otra cosa que dispositivos
elementales, pero muy efectivos, para la medida del caudal en canales.
En la Figura 17.25 se esquematiza un vertedero del tipo denominado de pared gruesa para los
que la corriente sobre ellos es esencialmente horizontal y la aproximación hidrostática es válida.
Esto se cumple en aquellos vertederos que satisfacen la relación 0,08 ≤ (H1 − ∆z)/L ≤ 0,50, ya
que si la longitud L del vertedero es tan corta que (H1 − ∆z)/L ≥ 0,50 la curvatura de las lı́neas
de corriente es lo suficientemente pronunciada como para que la aproximación hidrostática deje de
ser válida mientras que si L es lo suficientemente grande para que (H1 − ∆z)/L ≤ 0,08, la fricción
no puede ser entonces despreciada.9 El flujo aguas arriba del vertedero es subcrı́tico, se acelera
aguas abajo y se hace crı́tico en algún punto sobre la cima del vertedero. El caudal es entonces
p
Q = vc bhc = ghc bhc = bg 1/2 h3/2
c . (17.215)
Suponiendo que son despreciables las pérdidas entre una sección 1 situada aguas arriba y aquella
donde la corriente es ya crı́tica se tiene
v12 v2 3hc
H1 = h 1 + = hc + c + ∆z = + ∆z, (17.216)
2g 2g 2
siendo ∆z la altura del vertedero. En muchos casos prácticos sucede que v12 /(2g) ¿ h1 , en cuyo
caso de (17.215) y (17.216) se obtiene
· ¸3/2 · ¸3/2
1/2 2 1/2 2
Q = bg (H1 − ∆z) ' bg (h1 − ∆z) . (17.217)
3 3
En la práctica, la ecuación (17.217) se modifica incluyendo un coeficiente de descarga, Cd , para
tener en cuenta las pérdidas de presión de remanso a través del vertedero debidas fundamentalmente
a separación de la corriente, capas lı́mites, etc.;10 se tiene entonces
· ¸3/2
1/2 2
Q = Cd bg (h1 − ∆z) . (17.218)
3
9 En Discharge Measurement Structures, Ed. M. G. Bos, International Institute for Land Reclamation and Im-
y libros de Hidráulica. Ver entre otros, R. H. French, Open-Channel Hydraulics, McGraw-Hill, 1985; A. Chadwick
y J. Morfett, Hydraulics in Civil Engineering, Allen & Unwin, Londres, 1986.
560 Capı́tulo 17. Flujo turbulento en conductos y canales
Resulta interesante comparar la teorı́a desarrollada aquı́ con la relación para el flujo a través de
un vertedero obtenida mediante argumentos dimensionales en 6.4.1.
El análisis de los vertederos denominados de pared delgada como el que se esquematiza en la Fi-
gura 17.26 es más complejo que el de pared gruesa debido a que sobre él no se desarrolla la corriente
casi-unidireccional en condiciones muy próximas a la crı́tica que tiene lugar sobre la cima de los
vertederos de pared gruesa. No cabe, por tanto, más que el recurso de la resolución numérica del
flujo no viscoso (ecuaciones de Euler) bi o tridimensional a través del vertedero de pared delgada,
o recurrir a la experimentación bajo la guı́a del análisis dimensional. Como se demuestra en 6.4.1,
una relación del tipo de la de (17.218) es también válida para establecer la relación entre el caudal
y la altura en vertederos de pared delgada.
APÉNDICE 17.I
Coeficiente de Manning
Tabla 17.1. Valores tı́picos del coeficiente de Manning (véase nota 10 en la página 559).
Índice alfabético
562
Índice alfabético 563
velocidad
de dilatación cúbica unitaria, 50
de dilatación lineal unitaria, 48
de propagación del sonido, 24
de sedimentación, 188
media de un conjunto, 8
viscosidad, 34
cinemática, 35
efecto en ondas sonoras, 263
vórtice, 211
de Taylor, 432
rotura de, 392
viscoso, 389
vorticidad, 47, 205
distribución de, 52