Persecución de Los Paganos en La Roma Antigua
Persecución de Los Paganos en La Roma Antigua
Persecución de Los Paganos en La Roma Antigua
Antigua
Cada uno puede hoy, con pena, comprobar que, en la Antigüedad,
mucho más libre, el primer terror espiritual se verificó con motivo de
la aparición del cristianismo. Es efectivo el hecho de que el mundo,
desde aquel tiempo, fue torturado y dominado por ese sectarismo
fanático.
Adolf Hitler, Mein Kampf, Parte II, Capítulo V: Weltanschauung y Organización
Este patrón de destrucción fue generalizado por todo el Imperio y se puede ver en lugares tan lejanos como el noroeste de
Galia y Gran Bretaña. Además, la legislación imperial antipagana puso fin a todos los subsidios a los una vez prósperos
cultos politeístas del imperio. Sin los subsidios del tesoro imperial, los paganos fueron incapaces de mantener y reparar
sus monumentos religiosos. Esto fue reforzado por una legislación adicional ordenando el cierre de todos los santuarios y
templos, amenazando a los paganos con la muerte si continuaban practicando sacrificios arusticos y de animales. Esto
condenó las principales estructuras y monumentos artísticos del imperio a un deterioro permanente y a la ruina final.
Es este período de destrucción de la cultura europea al que los historiadores suelen denominar la "Edad Oscura" un
período de transición entre el Bajo Imperio Romano y la Alta Edad Media (siglos IV al VII aproximadamente)
caracterizado por una escasez o carencia de literatura latina y escritos históricos contemporáneos, disminución general de
la población, y un limitado trabajo de construcción y cultura material en general.
Este proceso tuvo un carácter marcadamente étnico, que consistió en la rebelión de los esclavos cristianizados
(procedentes de Asia Menor y Noráfrica) contra el paganismo indoeuropeo, que representaba las costumbres y tradiciones
ancestrales de las aristocracias romana y helénica.
Sumario
Roma contra Judea
Inicios de las persecuciones antipaganas
Persecución de Constantino
Persecución de Constante y Constancio II
El último emperador pagano (361-363)
Se intensifican las persecuciones
Persecución de Joviano
Persecución de Valentiniano y Valente
Exterminio físico y cultural: Influencia de San Ambrosio
Persecución de Graciano el Joven
Persecución de Valentiniano II (375-392) y Teodosio (380-395)
Persecución de Arcadio (395-408)
Persecución de Honorio y Teodosio II
Persecución de Marciano y León
Período posterior a la caída del imperio occidental
Persecución de Zenón
Persecución de Justino
Persecución de Justiniano
Persecución de Tiberio II
Persecución de Mauricio
El Imperio lentamente comenzó a ser carcomido desde dentro, como un tronco por termitas, a causa del primer
movimiento globalizador, igualitarista y de corrección política de la historia: el cristianismo (superstitio iudaica, como era
llamada por los patriotas romanos antes de su legalización), un movimiento sectario religioso de origen judaico y
profundamente anti-romano, introducido hacia el año 40 por agitadores hebreos como Saulo Pablo de Tarso, Simón Pedro
y otros predicadores que, por medio de sus enseñanzas intransigentes hacia las tradiciones ancestrales europeas y que
sedujeron primeramente a los estratos sociales más bajos (mismos que se rebelaron contra las clases altas en un proceso
muy semejante a la "lucha de clases" marxista y a las estrategias actuales del marxismo cultural), invirtieron los valores y
envenenaron la elevada mentalidad romana de disciplina, fuerza, rectitud, patriotismo, pureza, grandeza y orgullo para
convertirla en una mentalidad de esclavitud, apatía, corrupción, cobardía, resentimiento, apatridad y debilidad. El
Imperio así comenzó a sufrir una división interna, que
desembocó en una crisis finaciera y moral dada por una alta
corrupción en el senado y las clases dirigentes ya cristianizadas,
pérdida de valores e inestabilidad.
Una vez distinguido del judaísmo, el cristianismo deja de ser visto como una simple y extraña secta de una antigua
religión, y en cambio empieza a ser visto como una superstitio. La superstición tenía para los romanos una connotación
mucho más potente y peligrosa de lo que hoy la tiene el mundo occidental: para ellos, este concepto significaba un
conjunto de prácticas religiosas que no eran sólo diferentes, sino corrosivas para la sociedad, "perturbar la mente de un
hombre de tal manera que en realidad lo está volviendo loco" y que le hace perder la humanitas (humanidad). Las
persecuciones de "sectas supersticiosas" eran apenas conocidas en la historia de Roma, por ejemplo, en 428 a.C. un culto
extranjero no identificado fue perseguido durante una sequía, en 186 a.C. fueron ejecutados algunos iniciados de un culto
báquico cuando se consideró fuera de control, e incluso se tomaron medidas contra los druidas durante el temprano
Principado.
Las fuentes primarias romanas como Tácito (c. 55 - c. 120), Suetonio (c. 70 - c. 126), Plinio el Joven (61 - c. 112), Trajano
(53 - 117) y Luciano (125 - 181), reflejan la grave preocupación romana ante el creciente movimiento cristiano,
percibiéndolo como una enfermedad contagiosa extendiéndose entre las clases más bajas e ingenuas de la población.
Asimismo, el historiador Suetonio hacia el año 120, menciona las revueltas causadas en Roma en tiempos del emperador
Claudio (41-54), por un tal "Chrestus", cuyas doctrinas debían haber sido divulgadas por inmigrantes o esclavos judíos en
Roma a quienes el emperador expulsó por sus hábitos escandalosos:
Los hebreos fueron expulsados de Roma, culpables de haber provocado tumultos
bajo la instigación de un tal "Chrestus".
Suetonio, De Vita Caesarum. Vida de Claudio, XXV.
Y de ellos escribe:
Las creencias de los cristianos no hicieron mucho por simpatizar a los funcionarios del gobierno: adoraban a un sedicioso,
se negaban a rendir honores al emperador, atacaban a Roma en sus escritos sagrados, y sospechosamente llevaban a cabo
sus ritos en secreto. A principios del siglo III un magistrado dijo a los cristianos: "No puedo tolerar el escuchar a quienes
hablan mal de la forma romana de religión".
Según Celso (s. II) los cristianos habrían favorecido una suerte de Estado dentro del Estado: no participan en los cultos ni
fiestas, niegan las tradiciones de los antepasados. Además serían gente de la peor clase: ignorantes, pobres, supersticiosos,
vendidos, etc:
Hay una raza nueva de hombres, nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, unidos
contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia,
universalmente marcados de infamia, pero que se glorían de la execración común.
Celso, Discurso verdadero contra los cristianos, pág. 19.
Sin embargo, dada la situación del imperio, les invita a participar de una alianza política que permita un nuevo
enriquecimiento del imperio.
Marco Aurelio (121 - 180), veía dos tipos de enemigos adversos a Roma: los externos, que asolaban las fronteras
imperiales; y los internos, que acechaban, carcomiendo las instituciones y minando el orden establecido. Entre los
primeros estaban los partos en el Este, los marcomanos y los cuados en el Danubio. Entre los segundos se encontraba la
peste, los seguidores de Mitra y los cristianos.
En 325, tras el Concilio de Nicea, el cristianismo alcanza una uniformidad doctrinaria que unifica las diversas facciones y
adquiere un carácter legal administrativo, como un estado dentro del Estado. Constantino reúne 318 obispos, cada uno
elegido por su comunidad, para debatir y establecer una "normalización cristiana", en vista de las diversas facciones y
discrepancias en el seno de la religión. El resultado es el llamado "credo niceno".
Por esta época, el emperador necesita unificar al crisol de razas y creencias que ya existen en la decadente Roma. Existían
bastantes "religiones de salvación" con ritos que se practicaban en secreto, y que forman parte, en su mayoría, de los cultos
"subterráneos" y "de salvación" que surgen siempre en épocas de decadencia y degeneración. Está el culto de Mitra (culto
de origen indoiranio y de carácter militar, corrompido ya por las masas, aunque durante una época fue popular en las
legiones romanas), el de Cibeles y el de Atya. El emperador elige el cristianismo, no por su valor como religión, sino
porque su intolerancia semítica, su fanatismo, su experiencia de siglos como herramienta de intriga, sus redes de
inteligencia y su proselitismo, lo convierten en la perfecta "religión de emergencia", puesto que las otras religiones,
carentes de intolerancia, no se impondrán por violencia a la gente reacia, con ese efecto de rebaño que proporcionará el
cristianismo. En 337, en su lecho de muerte, Constantino es bautizado, convirtiéndose en el primer emperador romano
cristiano.
En 331 Constantino emitió un edicto que legalizaba la incautación de las propiedades de los templos. Esto fue utilizado
para enriquecer las arcas de la Iglesia y adornar su ciudad de Constantinopla. Redirigió los fondos municipales de las
curias al tesoro imperial. Las curias usaban estos fondos para la construcción y renovación de templos, así como para
banquetes paganos, procesiones y festivales. La redirección de los fondos municipales disminuyó significativamente la
influencia del paganismo en la esfera pública. Constantino también mostró preferencia por los cristianos al considerar
posibles candidatos para puestos en el gobierno. Por primera vez en la historia del imperio, la conversión al cristianismo
se consideró una propuesta políticamente atractiva.
En 346, Constante y Constancio II aprobaron una ley ordenando el cierre de todos los templos. Estos emperadores fueron
incitados por el fanático cristiano Julio Fírmico Materno quien, en una exhortación dirigida a ambos emperadores en ese
año pidió la "aniquilación de la idolatría y la destrucción de los templos profanos". El hecho de que los paganos siguieran
ocupando puestos importantes en la administración del imperio hizo difícil legislar la destrucción activa de templos,
estatuas e inscripciones sin alienar a un gran segmento de la población. Sin embargo, los hijos de Constantino hicieron la
vista gorda ante actos privados de vandalismo y profanación cristianos.
En ese mismo año de 346 hubo nuevas persecuciones a gran escala contra los paganos en Constantinopla. Acaece el
destierro del famoso orador Libanio, acusado de "mago". El decreto del emperador Constancio del año 353 ordena la pena
de muerte para toda clase de culto con sacrificios a los "ídolos". Para el año 354 un nuevo decreto ordena el cierre de todos
los templos paganos. Algunos de ellos son profanados y se convierten en burdeles o salas de juego, con la consabida
ejecución de los sacerdotes presentes.
Se presenta otro edicto de Constancio en 354, que ordena la destrucción de todos los templos paganos y la ejecución de los
idólatras. Se produce la primera quema por fanatismo de muchas bibliotecas en muchas ciudades del Imperio. Se
presentan las primeras fabricas de cal, al lado de los templos paganos cerrados. Una gran cantidad de la arquitectura
sagrada pagana es convertida en cal para construcción.
El el año 356, los ritos paganos fueron declarados ilegales y bajo la pena de muerte a sus ejecutores. En el año 357
Constancio II proscribe todos los métodos de adivinación incluyendo la astrología.
En el año 359, en la ciudad de Escitópolis, Siria, los cristianos organizan el primer campo de concentración para la tortura
y ejecución de los paganos arrestados en cualquier parte del Imperio. Con el tiempo, Escitópolis se convierte en toda una
infraestructura de campos, mazmorras, celdas de tortura y salas de ejecución, a donde fueron a parar miles de paganos.
Los horrores más grandes de la etapa tienen lugar aquí.
Juliano fue filósofo, asceta, artista, neoplatónico, estoico, estratega, hombre de letras, místico y soldado. En las guerras,
acompañaba siempre a sus legiones, sufriendo las mismas privaciones y calamidades que un soldado raso de Infantería.
La adhesión al trono le permitió anunciar sin miedo su conversión al helenismo. Al ser proclamado augusto en el año 361,
Juliano de inmediato declaró su fe a los antiguos dioses romanos y buscó un renacimiento pagano. Juliano se propuso
revertir la legislación antipagana creada por primera vez por su tío. Volvió a abrir los templos, restauró sus fondos y
devolvió los bienes confiscados; renovó los templos que habían sido dañados por los vándalos cristianos; derogó las leyes
contra el sacrificio y prohibió a los cristianos enseñar a los clásicos.
Sin embargo, el renacimiento del paganismo llevado a cabo por Juliano fue interrumpido tan sólo dos años después, en
363, cuando en plena campaña contra el imperio sasánida del emperador Sappor II, Juliano sucumbió en una escaramuza
alcanzado en la espalda por la jabalina de un soldado desconocido. Se ha planteado la posibilidad de que la jabalina
proviniera de sus propias filas en razón de un complot del sector asiático del ejército, encabezado por oficiales cristianos,
entre los cuales se ha sugerido la hipotética implicación de Valentiniano, futuro Emperador de Occidente.
Juliano escribió Contra los Galileos, obra posteriormente destruida por orden de Teodoro II y de la que sólo se conocen
fragmentos a través del escrito del obispo Cirilo de Alejandría, Contra Julianum. En ella escribió:
Creo que conviene exponer a toda la humanidad los motivos por los que estoy
convencido de que la fabricación de los galileos es una ficción de hombres
motivados por la maldad. A pesar de que no tiene en sí nada de divina, mediante
la plena utilización de esa parte del alma que ama la fábula y es infantil y tonta,
ha inducido a los hombres a creer que el monstruoso cuento es verdad.
Juliano, Contra los Galileos.[2]
Persecución de Joviano
El último emperador patriota de Roma Juliano llamado "el
Apóstata" por los cristianos y difamado por ellos, es sucedido por el
emperador Joviano, cristiano integrista que vuelve a instaurar el
terror, incluyendo los campos de Escitópolis. Revocó los edictos de
Juliano y restableció el cristianismo como la religión más
favorecida en el imperio.
En las plazas de las ciudades orientales se erigen inmensas hogueras donde arden los libros sagrados de los paganos, la
sabiduría gnóstica, las enseñanzas egipcias, la filosofía griega, la literatura romana... El mundo clásico está siendo
destruido, y no sólo en aquel presente, sino también en el pasado y en el futuro. Los fanáticos cristianos quieren,
literalmente, borrar todo rastro de Egipto, Grecia y Roma, que nadie sepa que han existido y, sobre todo, qué han dicho,
pensado y enseñado los egipcios, los griegos y los romanos.
En 372, el emperador Valentiniano ordena al gobernador de Asia Menor exterminar a todos los helenos (entendiéndose
como tales a los griegos paganos de antigua estirpe helénica, es decir, arios, y sobre todo la antigua casta dirigente
macedonia) y destruir todos los documentos relativos a su sabiduría. Además, al año siguiente vuelve a prohibir todos los
métodos de adivinación. En 375 fue cerrado a la fuerza el templo del dios Asclepio en Epidauro, Grecia.
En 378 los romanos son derrotados por el ejército godo en la Batalla de Adrianópolis y en la que murió Valente,
emperador de Oriente. Posteriormente, el emperador interviene y, mediante una sagaz diplomacia, hace aliados
(foederati, o federados) a los godos, un pueblo germánico originario de Suecia y famoso por su belleza. Tiempo después,
en 408, tras la caída de Estilicón (un general de origen vándalo que sirvió a Roma fielmente pero que fue traicionado por
una chusma política cristiana y llena de envidia), las mujeres e hijos de estos germanos foederati son masacrados por los
romanos, propiciando que los hombres, presos de la rabia, se unan en masa al caudillo germano Alarico.
En el año 382, Graciano emitió un decreto que puso fin a todos los subsidios a los cultos paganos, se apropió de los
ingresos de los sacerdotes paganos y de las vírgenes vestales, confiscó las posesiones de los colegios sacerdotales y ordenó
retirar el Altar de la Victoria. Los colegios de sacerdotes paganos también perdieron todos sus privilegios e inmunidades.
Graciano declaró que todos los templos y santuarios paganos debían ser confiscados por el gobierno y que sus ingresos
debían ser propiedad del tesoro real. Además repudió la insignia del Pontifex Maximus.
La evidencia arqueológica, obtenida de los sitios del este del Mediterráneo, revela una destrucción y profanación
significativas de los templos. Esto se puede fechar en el período de la actividad de Cinegio en el este. Fuentes hagiográficas
contemporáneas, como la Vita Porphyrii, son testigos de la espectacular violencia religiosa dirigida contra los santuarios
paganos y los templos del Levante.
En 386, Libanio, el ya viejo orador pagano de Constantinopla, un abierto crítico de la iconoclastia cristiana y antaño
acusado de mago, dirige a Teodosio su desesperada y humilde epístola Pro Templis ("A Favor de los Templos"),
intentando así conservar los pocos templos y santuarios paganos restantes. Habló de ejércitos de "monjes vestidos de
negro", glotones y borrachos, que:
En 388, el emperador prohíbe las charlas sobre temas religiosos, probablemente porque el cristianismo no se pueda
sostener en debates. Entre 389-391 el emperador proclama los infames "decretos de Teodosio", que abolieron los festivales
paganos y se prohibieron todas las fechas festivas no-cristianas. En 391 Teodosio envía un decreto de prohibición contra el
paganismo en Egipto, en respuesta a la petición del obispo Teófilo, patriarca de Alejandría, y prohíbe específicamente
mirar a las estatuas paganas destrozadas. El obispo Teófilo, convierte el templo de Dionisio en una iglesia, destruye el
templo de Zeus, quema el Mitreo y profana las imágenes de culto. Los sacerdotes paganos son humillados y torturados
públicamente antes de ser lapidados. Hacia el final de su reinado, la legislación que proscribía la religión helenística se
volvió cada vez más dura. Este programa imperial de genocidio cultural descendió a una orgía de violencia y destrucción
en las últimas décadas del siglo IV.
Ese mismo año, se cierran los templos y santuarios del dios greco-egipcio Serapis en Alejandría, patrón de la ciudad, y el
obispo Teófilo ordena a su vez la destrucción del Serapeum, el templo consagrado al dios, que es uno de los centros más
importantes del culto pagano de Alejandría. Los paganos se refugiaron allí para defenderlo de las muchedumbres de
cristianos que les superaban enormemente en número. Tras asediar el edificio, la turba cristiana, al mando del patriarca
Teófilo, irrumpe en el templo, asesina a todos los presentes, profana las imágenes de culto, saquea los bienes e incendia su
famosa biblioteca. Es la famosa "segunda destrucción" de la Biblioteca de Alejandría, joya de la sabiduría antigua en
absolutamente todos los ámbitos, incluyendo filosofía, mitología, medicina, gnosticismo, matemáticas, astronomía,
arquitectura o geometría. A todas luces, una verdadera catástrofe espiritual para la herencia de Occidente. La defensa del
templo no se quedó sin la muerte de varios cristianos. El conflicto se resolvió con un edicto del emperador que ordenó a
los paganos a abandonar el templo y entregarlo a la Iglesia, declarando "mártires" a los cristianos fallecidos. Los
cristianos, al conseguir el templo, lo demolieron y sobre sus restos se edificó una iglesia. Teófilo destrozó él mismo, hacha
en mano, la colosal estatua de Serapis labrada por el gran artista ateniense Bryaxis.
El emperador de Occidente, Valentiniano II, aconsejado
también por el obispo Ambrosio, y a pesar de las peticiones
de los senadores paganos, se negó a restaurar el Altar de la
Victoria de la Cámara del Senado y de sus ingresos a los
sacerdotes y las vírgenes vestales. En el año 391,
Valentiniano II emitió una ley que no sólo prohibía los
sacrificios sino también prohibió las visitas a los templos.
Esto causó turbulencia nuevamente en Occidente.
Valentiniano II siguió rápidamente esta ley con una
segunda, que ordenaba cerrar los templos paganos.
Este fatídico año de 392 hay insurrecciones paganas contra la Iglesia y contra el imperio romano en Petra, Aerópolis,
Rafia, Gaza, Baalbek y otras ciudades orientales. En 394 Teodosio prohíbe los Juegos Olímpicos, los juegos pitios y los
juegos de Aktia y todos los gimnasios de Grecia son cerrados. A su vez, el Templo de Vesta, uno de los más antiguos de
Roma, fue clausurado, su antiguo fuego sagrado, que siempre había estado encendido, fue extinguido y las Vírgenes
Vestales fueron disueltas.
Amiano Marcelino, último gran historiador de Roma (que murió en el año 395) se lamentaba:
Esas pocas mansiones que una vez sirvieron para el cultivo serio de los estudios
liberales, ahora están llenas con diversiones ridículas de torpe indolencia... Las
bibliotecas, como tumbas, son cerradas para siempre.
En 399, el emperador Arcadio vuelve a ordenar la demolición de los templos paganos que sigan en pie. A estas alturas, la
mayoría de ellos se encuentran en las profundas zonas rurales del imperio.
En 400, el obispo Nicetas destruye el óráculo de Dionisio en Vesai, y hace bautizar a la fuerza a todos los paganos de la
zona. Para ese año, se ha establecido ya una jerarquía cristiana definida que incluye sacerdotes, obispos, metropolitanos (o
arzobispos de ciudades mayores) y patriarcas (arzobispos responsables de ciudades más importantes, a saber, Roma,
Jerusalén, Alejandría y Constantinopla).
En 401, una muchedumbre de cristianos lincha a los paganos en Cartago, destruyendo templos e ídolos. En Gaza, los
paganos son linchados a instancias del obispo San Porfirio, que, además, ordena la destrucción de los 9 templos que aun
quedaban en pie en la ciudad. Ese mismo año, el 15° Concilio de Calcedonia ordena la excomunión (incluso tras su
muerte) de cristianos que mantengan buenas relaciones con sus parientes paganos.
San Juan Crisóstomo, "Santo y Padre de la Iglesia", recauda fondos con la ayuda de mujeres cristianas ricas, y lleva a cabo
una labor de demolición de templos griegos. Una multitud cristiana liderada por Crisóstomo, arruinó el inmenso Templo
de Artemisa en Éfeso.[3]
En 406, el obispo San Eutiquio, discípulo de San Epifanio, prosigue en Salamina, Chipre, las destrucciones de templos y
los asesinatos de paganos.
En 407, el emperador Arcadio vuelve a lanzar un decreto en el cual prohíbe todos los cultos no-cristianos, lo cual significa
que aún en esas fechas el paganismo persiste.
Este mismo año de 408, un jefe romano de origen germánico que había
defendido valerosamente las fronteras del imperio, el vándalo Estilicón,
es ejecutado por un grupo de romanos decadentes envidiosos de sus
triunfos. Tras su injusta muerte, este grupo da una suerte de "golpe de
Estado" y las mujeres e hijos —un mínimo de 60.000 personas— de los
germanos foederati (federados a Roma, residentes dentro de sus fronteras
y fieles defensores de las mismas) son masacrados en toda Italia por los
cristianos. Tras este acto, los padres y esposos de estas familias (30.000
hombres que habían sido fieles soldados de Roma) se pasan a las filas del
rey visigodo Alarico, enfurecidos y clamando venganza contra los
asesinos.
En 415, una turba de cristianos comandados por Pedro el Lector Hipatia en el Cesáreo antes de ser
secuestran a la filósofa y matemática Hipatia mientras regresaba en ultrajada y asesinada, imaginada por el
pintor prerrafaelista inglés Charles
carruaje a su casa. La golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda
William Mitchell (1885).
la ciudad, hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto
tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de
Alejandría. Allí la violaron varias veces, la golpearon con piedras y después le desollaron la piel, arrancaron la carne con
conchas de ostras afiladas y descuartizaron su cadáver. Después pasearon sus trozos como trofeos por la ciudad hasta
llegar a un lugar denominado el Cinareo, donde finalmente fueron quemados. El ataque fue inducido por el arzobispo
Cirilo de Alejandría (370-444) "santo de la Iglesia".
En 416, un famoso dirigente cristiano conocido como "Espada de Dios" extermina a los últimos paganos de Bitinia, Asia
Menor. Ese año, en Constantinopla se despide a todos los funcionarios públicos, mandos del ejército y jueces que no sean
cristianos.
En 423, el emperador Honorio decreta que el paganismo es "un culto al Diablo" y ordena que todos aquellos que lo sigan
practicando sean encarcelados y torturados.
En 429, los paganos atenienses son perseguidos, y el templo de la diosa Atenea (el famoso Partenón de la Acrópolis) es
saqueado.
El 14 de noviembre de 435 un nuevo edicto del emperador Teodosio II ordena la pena de muerte para todos los herejes y
paganos del Imperio. Asimismo, el judaísmo es abiertamente proclamado como la única religión no-cristiana legal en
Roma. Este fue el final de las guerras judeo-romanas lo que marca el principio de la caída del Imperio Romano,
transformándose en un Imperio Judeo-Cristiano.
Entre 440 y 450, los cristianos demuelen los monumentos paganos de Atenas, Olimpia y otras ciudades griegas.
En 448, Teodosio II manda quemar todos los libros no-cristianos y en 450, en Afrodisias (Ciudad de Afrodita), todos los
templos son destruidos y todas las bibliotecas quemadas. La ciudad es rebautizada con el nombre de Stavroupolis (Ciudad
de la Cruz).
Persecución de Zenón
Entre 474 y 491 continúan las persecuciones antipaganas en el
imperio oriental bajo el reinado de Flavio Zenón. En 484, el
general Illus se rebeló contra Zenón y levantó su propio
candidato, Leoncio, al trono. Leoncio espera reabrir los templos y
restaurar las antiguas ceremonias, por lo cual, muchos paganos
se unieron en su revuelta contra Zenón. Illus y Leoncio se vieron
obligados, sin embargo, a huir a una fortaleza remota en Isauria,
donde Zenón los sitió durante cuatro años. Zenón finalmente los
capturó en 488 y fueron ejecutados.
Extensión del cristianismo en el año 485. El
Tras el fracaso de la revuelta de Leoncio, Zenón instauró una
Imperio Romano de Occidente ha caído, han
dura persecución hacia los intelectuales paganos y son surgido reinos germánicos en su lugar, el Imperio
exterminados la mayoría de paganos de Asia Menor. A su vez, Romano de Oriente aun subsiste e Inglaterra ha
muchos paganos llegaron a ser cristianos, o fingieron hacerlo, vuelto al paganismo con la invasión anglosajona.
con el fin de evitar la persecución. El filósofo Gesio es ejecutado. En rojo, las zonas sometidas a una fuerte
influencia cristiana. En rosa, las zonas menos
Severiano, Herestios, Zosimo, Isidoro y muchos otros sabios, son
sometidas a la Iglesia.
torturados y asesinados. El predicador cristiano Conon y sus
seguidores exterminan a los últimos paganos de la isla de Imbros,
en el nordeste del Mar Egeo. También se extermina en Chipre a los últimos creyentes del dios Zeus Lavranio.
En 486, en Alejandría, se descubren a más sacerdotes paganos que permanecían ocultos. Son humillados públicamente,
luego torturados y ejecutados.
En 493, Teodorico el Grande, un rey germano, asume el control de Italia. Admirador de la Roma clásica que él nunca
conoció, intenta preservar lo que queda de la arquitectura, de la escultura y del aparato estatal, y ordena poner fin a las
destrucciones cristianas.
En el imperio oriental, y ya en el Siglo VI, se declara que cualquier pagano carece de derecho alguno.
Persecución de Justino
En 525 el bautismo se hace obligatorio hasta para los que se declaren ya cristianos. El emperador Justino I manda destruir
el templo del dios local Teandrites y ordena una masacre de paganos en la ciudad de Zoara.
Persecución de Justiniano
En 528, Justiniano I prohíbe los llamados "juegos olímpicos alternativos" de Antioquía. Ordena ejecutar a todo aquel que
practique "la hechicería, la adivinación, la magia o la idolatría" y prohíbe todas las enseñanzas paganas.
En 529, el emperador cierra la Academia de Atenas fundada por Platón y confisca sus bienes. Así, se pone fin a la
existencia de uno de los principales centros de cultura europea desde el período clásico, prohibiendose la enseñanza de
toda la filosofía griega.
En 532, Juan Asiaco, monje integrista y fanático que cuenta con la bendición del emperador, organiza una cruzada contra
lo que queda de los maltrechos paganos de Asia Menor. A base de mucha sangre, "cristianiza" Frigia, Caria, y Lidia. 99
iglesias y 12 monasterios son construidos sobre templos paganos destruidos. En 546, Juan Asiaco condena a muerte en
Constantinopla a cientos de paganos.
En 553, en el II Concilio de Constantinopla, se decreta que: "Todo aquel que sostenga la mística idea de la preexistencia
del alma y la maravillosa opinión de su regreso, será anatematizado". Se trata de una ilegalización de las creencias sobre
la reencarnación.
En 556, el emperador manda a otro comisario cristiano, Amancio, a Antioquía, para exterminar a los últimos paganos y
quemar cualquier biblioteca privada que quede.
En 562 hay una ola de persecuciones en la que son humillados, arrestados, encarcelados, torturados y ejecutados paganos
de Atenas, Antioquía, Palmira y Constantinopla.
Persecución de Tiberio II
Entre 578 y 582, durante el reinado de Tiberio II, se torturan y crucifican paganos en todo el imperio oriental,
exterminando a los últimos paganos de Heliópolis y Baalbek.
En 580, agentes cristianos descubren en Antioquía un templo secreto dedicado a Zeus. El sacerdote pagano se suicida para
evitar la tortura, y el resto de paganos son detenidos por los cristianos. Los prisioneros, que incluyen, sorprendentemente,
al vice-gobernador Anatolio, son torturados y mandados a juicio a Constantinopla. Se les condena a ser devorados por las
fieras, pero las fieras no les atacan (cosa que nunca había pasado con los cristianos arrojados a las fieras durante las
antiguas persecuciones romanas). Por tanto, son crucificados. Después, la paganofóbica muchedumbre cristiana arrastra
sus cadáveres por las calles y los tira a un vertedero.
Persecución de Mauricio
En 583, el emperador Mauricio renueva las persecuciones antipaganas.
En 590 vuelve a haber otra fiebre antipagana. Para entonces, el paganismo organizado en el sur de Europa ha sido
prácticamente erradicado. Lo que queda es un montón de tristes ruinas salpicadas de sangre y tradiciones de significado
olvidado. Los helenos y latinos originales han sido perseguidos en todo el mediterráneo des-europeizándolo gravemente, y
permanece una enorme masa de mestizos sin herencia, que adoptan el cristianismo muy apropiadamente. Por encima de
ella se yergue una casta de pastores: la Iglesia y el clero cristiano.
Entre 590 y 604, el papa Gregorio I "El Grande" ordena quemar los contenidos de la biblioteca Palatina de Roma, debido a
los escritos "paganos" que albergaba.
En 692, durante el Concilio de Constantinopla, se prohíben celebraciones de origen pagano como las Calendas, las
Brumalias, las Anthesterias, etc.
Un caso notable fue el de una población laconia de Mesa Mani, Cabo Tainaron, en Grecia. En pleno año de 804, los
helenos paganos resistieron con éxito un intento por parte de Tarasio, patriarca de Constantinopla, de cristianizarlos. Su
resistencia duraría hasta que, entre 850 y 860, el armenio San Nikon, por la violencia, les convierte al cristianismo.
Recordemos que Laconia era el antiguo reino del que Esparta era capital.
Entre 950 y 988 sucede una violenta conversión de los últimos helenos de Laconia conducida por el "santo" armenio
Nicon el Metanoeite.
Esta fue una época de genocidio y lavado de cerebro que la Iglesia intentó ocultar a toda costa durante los siglos
posteriores. En ella se dieron la adulteración, quema, falsificación, manipulación y desfiguración de la literatura clásica.
De este modo, el cristianismo profanó la antigua sabiduría europea, erradicando la memoria de los dioses ancestrales y
saboteando la misma civilización europea durante siglos. Por ejemplo, los Anales de Tácito fueron corregidos y censurados
por los monjes copistas en todo aquello que pudiese manchar la memoria sobre los orígenes del cristianismo. Plinio el
Viejo afirma haber recogido en su Historia Natural 20.000 hechos teúrgicos o mágicos de las obras de 100 diferentes
autores griegos y romanos, pero no hemos podido recibirla íntegra. De la Historia del Imperio Romano empezada por
Aufidio Baso y terminada por el mismo Plinio sólo quedan fragmentos. De Tito Livio sólo restan algunas Décadas de su
obra histórica. Los libros de Herodoto, Suetonio y Plutarco están llenos de adulteraciones. De Euclides se conservan sus
Elementos de Geometría, pero los demás escritos suyos, en especial los Porismas, han desaparecido. A Porfirio le
quemaron casi toda su producción, en la cual había un Tratado sobre los oráculos, un Tratado sobre las Imágenes de los
dioses, un Tratado sobre el retorno del alma a Dios, un Tratado sobre la abstinencia, una Historia de la filosofía, unas
Cuestiones homéricas y los quince libros de su obra Contra los cristianos cuyos títulos ni siquiera se conocen y de los
cuales sólo se conservan escasos fragmentos. Los diversos comentarios de Proclo a los Diálogos de Platón se esfumaron en
el aire, y sus Elementos de teología fueron retocados y resumidos por los cristianos en un Libro de las causas, que se atri-
buyó a Aristóteles.
La obra de Arquímedes llamada El Método de los Teoremas Mecánicos originalmente se pensó perdida hasta que en 1906
fue redescubierta en el célebre Palimpsesto de Arquímedes, única copia conocida de este trabajo (hecha hacia el siglo X
por un escriba anónimo). Dicha obra contenía leyes matemáticas aplicadas como la ley de la palanca con la que podía
encontrar el área y volumen de cuerpos geométricos, y que 2000 años antes que Isaac Newton estuvo muy cerca de derivar
el cálculo infinitesimal. En el siglo XIII los cristianos borraron el contenido de esta copia y utilizaron sus hojas de
pergamino para escribir un libro de salmos y plegarias de un convento. Muchos de los resultados obtenidos por
Arquímedes no fueron obtenidos por los sabios sino hasta 500 años después, dando pie a la discusión de en qué estado de
avance estaría la civilización actual si este manuscrito hubiera estado al alcance de los sabios medio siglo antes de su
desaparición.
Los palimpsestos (manuscritos sobre los que se grababa de nuevo) aportan indicios de los momentos en que
desaparecieron las obras antiguas. Agustín sobrescribió el último ejemplar de Sobre la República de Cicerón para anotar
encima sus comentarios de los 'Salmos'. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro 'Antiguo Testamento' más.
Un códice con las Historias de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo... De acuerdo con
Catherine Nixey, en su obra La Edad de la Penumbra, sólo un 1% de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El 99% se
perdió.[5]
Además, se produjo otra pérdida definitiva, aún menos recordada que las demás, pero a su modo, casi tan importante. La
memoria de que existió una oposición al cristianismo desapareció. La idea de que los filósofos pudieron haber luchado con
vehemencia, con todo lo que tenían, contra el cristianismo fue, y aun es, ignorada. El recuerdo de que muchos se
alarmaron por la expansión de esta religión violentamente intolerante desaparece del paisaje. La idea de que muchos no
estaban entusiasmados sino disgustados por la visión de sus templos en llamas y demolidos se dejó -y se deja- de lado. La
idea de que los intelectuales estaban consternados -y asustados- por la visión de los libros ardiendo en piras ha caído en el
olvido. El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y
las siguientes generaciones lo creyeron. El 'triunfo' del cristianismo era completo.
A excepción de la literatura oficial más reciente que pretende concluir que los europeos simplemente se convirtieron y
aceptaron la "nueva fe" con pocas resistencias, por lo menos durante los últimos 200 años la investigación histórica siguió
la interpretación de que la persecución contra el conjunto de religiones no-cristianas que ahora denominamos
"paganismo" es el resultado de la intolerancia religiosa inherente al monoteísmo abrahámico. Por la propia naturaleza de
su creencia en un solo Dios todopoderoso, los cristianos eran incapaces de tolerar las creencias existentes en una variedad
de dioses. Ya desde la célebre obra de Edward Gibbon, The History of the Decline and Fall of the Roman Empire (1776–
89), de la cual se han realizado numerosos esfuerzos por desacreditarla, el cristianismo es equiparado con la "intolerancia"
y el paganismo con la "tolerancia".
Como ya se dijo anteriormente, el Imperio fue tolerante con diversas creencias, pero percibió en las actividades y
predicaciones judeocristianas una motivación completamente anti-romana, por lo cual actuó en defensa propia con su
inicial persecución. El cristianismo, sin embargo, se caracterizó desde sus inicios por su intolerancia e intransigencia, y
por considerarse a sí mismo como la única vía de salvación para todos los hombres del planeta; estas características fueron
heredadas del judaísmo, del cual procedía y al cual imitaba. Demostró que, paradójicamente, el considerar iguales a todos
los seres humanos es la mayor forma de intolerancia, pues se asume como dogma de fe que la misma religión o moral es
válida y obligatoria para todos los hombres, y por tanto se les impone, aun en contra de su voluntad. Este aspecto se
renovó después con las siguientes grandes y virulentas doctrinas igualitaristas: la de la Revolución Francesa y el
comunismo.
Los paganos, al aceptar la diferencia de pueblos, aceptaban también que éstos adoraran a dioses distintos a los suyos y
tuvieran costumbres distintas, y nunca hubieran pensado en predicar su religión o su moral fuera de su propio pueblo. Les
hubiera parecido ridículo predicar la adoración de Odín entre los negros, por ejemplo, y era indiferente para ellos que los
semitas adoraran a Moloch. La táctica del pagano europeo siempre fue dominar mediante el triunfo militar, no convertir a
la fuerza o manipular los pensamientos. La reacción del cristianismo, en cambio, fue arrasar con todo aquello que pudiera
recordar a las antiguas creencias y tradiciones paganas. Cualquier tipo de conocimiento no judeocristiano era tachado de
herejía y perseguido. El terrorismo espiritual había hecho su aparición en el mundo antiguo, irrumpiendo
sangrientamente en Europa.
En la antigua Europa pagana, los baños públicos eran muy comunes, al igual que el público en general tomaba
regularmente tiempo para bañarse de una manera u otra. En la Grecia clásica, el baño se consideraba parte de la actividad
deportiva: tenía que tomarse con agua fría y rápidamente, para dar más energía que placer. En tiempos arcaicos, los
romanos solían lavarse los brazos y las piernas todas las mañanas, y cada nueve días, durante el día de mercado, lavaban el
resto de sus cuerpos. Debido a la influencia oriental, para los griegos, pero aún más a menudo para los romanos, el baño
tomó principalmente los propósitos de relajación, descanso y bienestar físico. Se introdujeron el baño de vapor y el sauna:
estos dieron una sensación de bienestar y placer que explica su extraordinario éxito.
En la "Europa cristiana" las prácticas de higiene cambiaron drásticamente. Aunque estuvo muy cerca, la Iglesia no
prohibió oficialmente la higiene personal, pero comenzó a desaprobar una indulgencia "excesiva" en el hábito de bañarse.
Con la victoria del terror cristiano, la limpieza y la higiene eran en sí mismas sospechosas porque la preocupación por el
cuerpo se veía como un obstáculo para la salvación. La Iglesia condenó el baño público como "sensual", "mundano",
"inmoral" y "pecaminoso". El cristianismo condenó el modo de concebir esos placeres del cuerpo que, en la antigüedad
greco-romana, se consideraban valores positivos, incluso hasta el punto de verlos como actos sexuales degenerados. Las
autoridades eclesiásticas medievales proclamaron que el baño público "conducía a la inmoralidad, el sexo promiscuo y las
enfermedades" y alentaban el cierre de los baños que tanto habían contribuido a preservar la salud pública en las grandes
ciudades del mundo romano. Los cristianos de la época evitaban bañarse específicamente porque consideraban la limpieza
frecuente como un signo de vanidad, que era "pecado". La gente se bañaba y se cambiaba de ropa, a lo sumo, dos veces al
año: una en el otoño y otra en primavera, coincidiendo con la llegada del frío o el calor, el momento de cambiarse de ropa
por una más fresca o más cálida según el caso. La Iglesia en España, por ejemplo, animaba regularmente a los creyentes a
evitar el baño para distinguirse mejor de los odiados moros y judíos.
San Jerónimo dijo una vez: "El que se ha bañado en Cristo no tiene necesidad de un segundo baño". Este axioma fue
tomado en serio por los ascetas cristianos. Practicaron la mortificación ritual de la carne al negarse a lavarse. Llevaban las
mismas prendas todos los días hasta que quedaron reducidos a harapos. El hedor que se producía era conocido por los
cristianos como 'alousia' o el "olor de la santidad". Santos como Agnes y Margarita de Hungría eran venerados por los
cristianos debido a su rechazo a la higiene física. En la Regla de San Benito de Nursia, sólo a los monjes que estaban
enfermos se les concedió permiso para bañarse. Los monjes en buena salud y los jóvenes fueron alentados a revolcarse en
su propia suciedad y excremento. La Regla de San Benito fue la más influyente en la historia del monaquismo occidental,
siendo adoptado por miles de comunidades religiosas medievales como un texto monástico fundacional.
Este desagradable hábito cristiano de no bañarse eventualmente propició la Peste Negra, la pandemia más devastadora en
la historia de la humanidad, resultando en la muerte de entre 75 y 200 millones de personas y alcanzando su punto
máximo en Europa entre los años 1346 y 1353. Los daños de esta enfermedad siempre fueron significativamente más altos
en las regiones y entre las poblaciones donde el cristianismo pasó a ser la religión dominante. Por ejemplo, aunque la
peste redujo en un tercio la población del mundo musulmán, esta fue aún menor que los dos tercios estimados para
Europa. Estas diferencias macrorregionales en la mortalidad también se reflejan en escalas geográficas mucho más
pequeñas. Inglaterra bajo los Plantagenet perdió la mitad de su población a causa de la peste, mientras que Egipto perdió
sólo un tercio. Las diferencias en la limpieza física entre regiones geográficas enteras y poblaciones enteras mitigaron o
exacerbaron los estragos de la peste bubónica. Entre las poblaciones, los musulmanes y judíos tenían incluso tasas de
mortalidad más bajas que los cristianos. La aparente inmunidad de los judíos a la enfermedad despertó las sospechas de
sus contemporáneos cristianos quienes les acusaron de envenenar los pozos y fueron perseguidos como resultado, bajo
falsas causas.
Los cristianos que gobernaron Europa dejaron que la gran red de baños públicos que una vez poseía el Imperio, incluidos
los acueductos que les proporcionaban agua, cayera en un estado de deterioro permanente. La caída del Imperio romano y
la decadencia de las obras destinadas a mejorar el suministro de agua de la ciudad provocaron una crisis en el uso de las
termas. Los campos se vaciaron y en las ciudades, los hábitos como la cría de animales domésticos, de pollos, gansos y
cerdos, chocaban con las normas higiénicas más elementales. La ropa se lavaba en las aguas de los ríos, donde con
frecuencia se descargaban los desechos, se encontraban cadáveres de animales, así como líquidos sucios provenientes de
curtiembres y tintorerías. Las murallas que rodean las ciudades medievales limitan su desarrollo y obligan a sus
habitantes a vivir en espacios cada vez más reducidos. Las calles, estrechas y tortuosas, sin pavimento hasta los siglos XII-
XIV, a menudo son invadidas por lodo y escombros.
La crisis ideológica que comprometió profundamente a la civilización greco-latina fue favorecida por los filósofos del
último período clásico y por las religiones, principalmente de origen oriental, que fomentaron una actitud de resistencia
pasiva de las adversidades terrenales y de desapego de la vida física. Tanto fue así que entre los cristianos más fanáticos se
llegó a difundir la práctica de la emasculación, como método de salvación. Todo esto contribuyó, por un lado, a la difusión
de la idea de que el cuerpo es el enemigo del espíritu y, por el otro, al nacimiento de un cierto escepticismo respecto de la
utilidad del estudio de la naturaleza y del conocimiento científico. Incluso la medicina perdió credibilidad y nació una
convicción de que la enfermedad puede ser vencida recurriendo a la divinidad mediante la oración en lugar de recurrir a
los médicos y las medicinas. La victoria de los fanáticos religiosos señaló el cierre inminente de las academias de estudio
secular y con ello, el fin de la formación formal de los médicos. Cualquier conocimiento residual de la antigua sabiduría
médica, transmitido por los practicantes, fue condenado como "hechicería" o "brujería" y esta censura se extendió a los
ataques contra los remedios herbales. En lugar de buscar las causas naturales de la enfermedad, como alguna vez lo
hicieron los escritores hipocráticos, la doctrina oficial de la Iglesia desalentó la práctica de la medicina al atribuir todas las
dolencias corporales a los resultados del pecado y la posesión diabólica. Este progreso retardado en las artes curativas dejó
a Europa a merced de la enfermedad durante cientos de años.
Referencias
1. Candida Moss, The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom, 2013.
2. Julian the Apostate, Against the Galileans: remains of the 3 books, excerpted from Cyril of Alexandria, Contra
Julianum (1923) pp.319-433 (http://www.tertullian.org/fathers/julian_apostate_galileans_1_text.htm)
3. Una de las siete maravillas del mundo antiguo. Construido en el Siglo VI a.C. sobre una zona considerada sagrada
desde, al menos, la Edad de Bronce. Su construcción tardó 120 años.
4. Sermón 24:35 (https://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/discorso_031_testo.htm)
5. Catherine Nixey, La Edad de la Penumbra: Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico, Taurus, 2017. ISBN
9788430619542
Bibliografía
Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma. Parte III — El cristianismo y la caída del Imperio (https://
europasoberana.blogspot.com/2013/05/roma-contra-judea-judea-contra-roma-iii.html)
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