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Trabajo de Historia

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TRABAJO SEGUNDO CORTE

“GOLPE DE ESTADO DEL GENERAL ROJAS PINILLA”

DANIELA ORDOÑEZ RAMOS

ALFONSO LOPEZ CARRASCAL

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA

ESCUELA DE DERECHO

SANTA MARTA DTCH

2019
TABLA DE CONTENIDO

1. INTRODUCCIÓN

2. BIOGRAFIA

3. HECHOS HISTÓRICOS IMPORTANTES

4. CRONOLOGIA DEL GOLPE

5. UN GOLPE DE ESTADO ANUNCIADO

6. ELEMENTOS ECONÓMICOS Y EMPRESARIALES DEL PERIODO DE ROJAS


PINILLA

7. COMO TERMINO EL GOBIERNO DE ROJAS PINILLA

8. AMNISTIA

9. ÚLTIMOS DIAS Y MUERTE

10. CONCLUSIÓN
INTRODUCCIÓN

En el presente trabajo me dispondré a dar un breve pero muy focalizado, repaso acerca de
la vida del coronel Rojas pinilla. Del que, quienes lo conocieron de cerca aseguran que el
gran rasgo de la personalidad del general Gustavo Rojas Pinilla fue la bondad, los actos de
su vida dejan ver que a lo largo de los años de su protagonismo político ejerció, más la
ingenuidad que el poder.

Los tres hechos que marcaron los picos de su vida pública, el golpe de Estado del 13 de
junio de 1953, su derrocamiento el 10 de mayo de 1957 y su derrota electoral el 19 de abril
de 1970, señalan cómo esa ingenuidad personal y política repetidamente le llevó al error, a
la incapacidad de adelantarse a los designios y las maniobras políticas de quienes
inicialmente lo utilizaron como un comodín, los mismos que hacia el final de su vida lo
volvieron a engañar.

Como todos los militares colombianos de este siglo, Rojas Pinilla nació con y para el
régimen apuntalado por una burguesía unipartidista liberal-conservadora, que encontró en
las Fuerzas Armadas su soporte, institución a la que formó dentro de una concepción
privada del servicio, encargada de precebar los derechos de un país político, olvidando sus
deberes de defensa y de protección del país real, el país nacional que exaltaba Gaitán. El
Ejército de 1920, cuando Rojas Pinilla obtuvo su grado de subteniente, era entonces una
institución cerrada que actuaba al vaivén de los acontecimientos, de orientación
básicamente conservadora, heredera de las victorias de las guerras civiles, como el propio
general boyacense. Posteriormente, mientras se desarrollaba la carrera del oficial, ese
ejército había soportado los gobiernos liberales de Olaya Herrera y López Pumarejo.
Analizaremos pues, su gobierno, como llego al mandato y su famoso llamado golpe de
estado.
 BIOGRAFIA:

Gustavo Rojas Pinilla nació en Tunja el 12 de marzo de 1900 en Melgar 17 de enero de


1975) fue un militar, ingeniero civil, político y presidente colombiano quien, tras el golpe
de Estado que le dio al presidente Laureano Gómez, ocupó la presidencia de Colombia del
13 de junio de 1953 al 10 de mayo de 1957.

Pasó sus primeros años en Tunja y Villa de Leiva, y en una propiedad rural en Arcabuco.

Hizo sus primeros estudios en Tunja, en el Colegio de las Hermanas de la Presentación,

y los secundarios en la Escuela Normal de Varones de Tunja, donde obtuvo el diploma

de normalista superior; sus compañeros lo llamaban cariñosamente "Tatayo".

'Esta formación pedagógica fue muy importante en su vida, pues en sus discursos

presidenciales y políticos siempre se expresó en forma didáctica, por lo cual sus ideas

fueron captadas fácilmente por el pueblo. Entre 1916 y 1917 hizo los estudios

complementarios de bachillerato en el Colegio de Boyacá, donde recibió. el diploma de

bachiller en ciencias. Gustavo Rojas Pinilla realizó una brillante carrera militar, que inició

cuando se vinculó a la Escuela Militar, donde obtuvo el grado de subteniente en 1920.

 HECHOS HISTÓRICOS IMPORTANTES:

Sus primeras actividades militares las realizó en el regimiento de artillería Tenerife N°-

2, en Medellín; en 1923 fue trasladado al regimiento de infantería Ayacucho N°9, de

Manizales, donde fue ayudante del general Marco Alzate, comandante de la Quinta
Brigada y padre del político Gilberto Alzate Avendaño. En la capital caldense fue

Ascendido a teniente del Ejército. En 1924 pidió permiso para retirarse del servicio activo,

con el fin de realizar estudios de Ingeniería Civil en Three State College, en Estados

Unidos. Se graduó de ingeniero civil en 1927, y un año después trabajó en la construcción

de la carretera Belén-Socha-San Salvador, que se convirtió en la vía de Boyacá a Casanare

y Arauca. También participó en la construcción de la carretera Vélez-Chipatá.

En 1932, con motivo del conflicto entre Colombia y Perú, el capitán Gustavo Rojas Pinilla

se vinculó de nuevo al ejército colombiano; se le destinó al grupo de artillería Bogotá N°-

1, en Bogotá. A mediados de 1933 fue destinado al puerto de Buenaventura, zona

Considerada de posible ataque peruano; allí ejerció las funciones de comandante de la

Batería de Costa e ingeniero militar de la región. En 1936 fue ingeniero del departamento

Técnico de la fábrica de municiones del ejército, y como tal fue enviado en misión especial

a Alemania, con el fin de obtener la maquinaria necesaria para fabricar las municiones en

Bogotá; por esos días ya había sido ascendido a mayor del ejército y se destacaba su

Interés por la ingeniería militar. A su regreso a Colombia, fue nombrado jefe del

departamento técnico de la fábrica de municiones.

En 1942 fue nombrado director de la Escuela de Artillería, y en 1943 fue enviado en

misión oficial especial ante el gobierno de Estados Unidos, para la consecución de armas

y materiales para las fuerzas militares, dentro del programa norteamericano Lend-lease;

este programa era un plan del gobierno de los Estados Unidos para el suministro de armas

a los países de América Latina. En 1944 fue subdirector de la Escuela de Guerra, y en


1945 fue nombrado director de la Aeronáutica Civil. Desempeñando esta actividad,

realizó el trabajo "Pistas de aterrizaje en Colombia", que le sirvió de tesis para su ascenso

a coronel del Ejército. En este estudio Rojas proyectó el Aeropuerto El dorado, cuya

construcción realizó durante su mandato presidencial.

A finales de 1946, el coronel Gustavo Rojas Pinilla fue nombrado comandante de la

Primera Brigada con sede en Tunja, su ciudad natal. En 1948 fue nombrado comandante

de la Tercera Brigada en Cali, donde el coronel Rojas sometió la rebelión ocurrida allí a

consecuencia del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

Por sus acciones de pacificación en Cali y el Valle del Cauca, Rojas Pinilla recibió

honores del Departamento del Valle y del gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez.

Rojas siempre consideró que su mejor actuación militar había sido la realizada en Cali

para calmar los ánimos el 9 de abril de 1948. La violencia política y social recrudeció

entre 1948 y 1953 y, en general, en la década de los cincuenta. Se organizaron las

guerrillas de los Llanos y numerosos grupos de resistencia en Tolima, Caldas, Valle,

Boyacá, Cundinamarca, Santanderes y otras regiones.

En 1953, Colombia experimentaba una crisis política. Las consecuencias del asesinato de

Gaitán aún se hacían sentir, el Congreso se encontraba clausurado desde el 9 de

noviembre de 1949 y el partido liberal, que no se había presentado a las últimas elecciones

presidenciales, desconocía la condición de presidente de Laureano Gómez.

En 1950 las muertes alcanzaron a llegar a 50.253; 447 por cada 100.000 habitantes. A

todo ello se sumó la ausencia de poder que significó la designación de Roberto Urdaneta
como presidente.

La muerte violenta del guerrillero Saúl Fajardo el 2 de diciembre de 1952, sumada a los

incendios del 6 de septiembre demostraron que los desmanes de las fuerzas del estado

hasta entonces sólo imputadas en regiones distantes sometidas al control militar, podían

suceder también en las calles de Bogotá. La repercusión de estos crímenes figura como

una de las causas que meses después contribuyeron al derrumbamiento del gobierno de

Urdaneta.

El 13 de junio de 1953 tuvo lugar el golpe militar contra el gobierno del presidente
Laureano Gómez "golpe de opinión"

 CRONOLOGIA DEL GOLPE:


1. Octubre de 1951 El Presidente Laureano Gómez sufre un derrame cerebral, lo que le
impide continuar como titular del cargo. Delega sus funciones al primer designado
Roberto Urdaneta Arbeláez, pero sigue controlando el gobierno desde su lecho de
enfermo usando como emisarios a sus dos hijos.
2. Septiembre de 1952 Roberto Urdaneta le solicita a Rojas Pinilla que regrese de
Estados Unidos a donde había ido como representante ante la Junta Interamericana
de Defensa, en Washington D.C., y lo reinstituye en su cargo de general de
las Fuerzas Armadas.

3. 17 de abril de 1953 El general Rojas elude un intento de Laureano Gómez por


separarlo del ejército. Gómez lo quería ausentar del país enviándolo a Fráncfort
como representante del gobierno en la inauguración de la ruta Bogotá-Fráncfort;
pero Rojas es informado de las dobles intenciones de Gómez y antes de subirse al
avión, decide no viajar.
4. 22 de mayo de 1953 El general Rojas convoca a un banquete de gala, en Bogotá, en
honor al presidente encargado Roberto Urdaneta y a la que asistieron toda la plana
mayor de las Fuerzas Armadas. En ella y con una ceremonia, Rojas le ofrece a
Urdaneta el apoyo de toda la entidad militar.
5. en 1953 Felipe Echavarría Olózaga, un industrial antioqueño, fue detenido y
culpado de adelantar actos terroristas en Colombia y torturado por miembros de la
G-2. Gómez toma el evento como excusa para responsabilizar del hecho a algunos
militares y en especial a Rojas Pinilla a pesar de que él no tenía nada que ver con los
eventos.
6. 11 de junio de 1953 Se conforma el último gabinete de Urdaneta, en el que se
asigna, entre otros, a Lucio Pabón como Ministro de Guerra.
7. 12 de junio de 1953 Rojas Pinilla viaja a Melgar. Había organizado previamente un
plan de comunicación en caso de alguna emergencia y previendo cualquier
maniobra en su contra.
8. Gómez le ordena a Urdaneta que destituya al general Rojas Pinilla pero Urdaneta se
niega argumentando que hasta tanto no se investigaran los hechos y reconocido a
los culpables, no haría ningún movimiento de personal.
9. 13 de junio de 1953 se lleva a cavo la toma de poder del general rojas pinilla.

 GOLPE DE ESTADO:

La necesidad de superar la desbordante situación de violencia en que se encontraba el país,


de recuperar para el Estado la funcionalidad de sus instituciones y de restaurar la
legitimidad del sistema, produjo el golpe militar del 13 de junio de 1953.

La intervención del Ejército empezó a ser apreciada por distintos grupos políticos y
económicos. Alfonso López Pumarejo, en el Partido Liberal, postuló con certeza que si la
violencia no se detenía, podría devorar al país. Estaba seguro de que el freno a la violencia
no era posible con Laureano Gómez en el poder: el periódico “El Siglo” trataba a los
liberales de “bandoleros” y el gobierno pedía a la dirección del partido que definiera su
rechazo a ellos2. El conflicto, en lugar de resolverse, parecía extremarse.
Los industriales tampoco estaban a gusto con el gobierno de Laureano Gómez. Según lo
descubrió Eduardo Sáenz porque los industriales sentían que las medidas para combatir la
inflación habían precipitado “una verdadera crisis con efectos deflacionistas”3. En la
Asamblea Nacional, realizada en Cali en abril de 1951, la Asociación Nacional de
Industriales –ANDI– insistió en la “proximidad del colapso” y su alarma fue trasmitida por
el Embajador americano al Departamento de Estado. Rafael Urdaneta, quien reemplazó
temporalmente a Laureano cuando éste dejó la presidencia por motivos de salud, hizo todo
lo posible para satisfacer las demandas de los industriales y visitó las instalaciones de
algunas empresas para constatar su estado. Aunque la mejoría económica fue reconocida un
año después, los industriales continuaron preocupados por la violencia y la “lucha a muerte
entre los partidos”.

A la queja se sumó la Federación Nacional de Comerciantes –FENALCO–, quien agregó a


ello su descontento por la limitación del crédito y la prohibición de las importaciones5. La
oposición de Gómez a la candidatura de Mariano Ospina, oficializada en abril de 1953,
confirmó el temor sobre la continuidad del régimen y acercó a los militares a una
importante fracción de los conservadores. Ospina Pérez era el único dirigente de ese partido
que podía ganar el apoyo liberal y convocar con legitimidad y fuerza la transformación de
la situación reinante. Gilberto Alzate lo apoyaba con la esperanza de sucederlo y los
liberales esperaban regresar, al menos, a la legalidad plena y ¿por qué no?, a un nuevo
“gobierno de unidad nacional”. Ospina, al mismo tiempo, estaba dispuesto a conceder la
amnistía a todos los guerrilleros y a propiciar políticas económicas que favorecieran a los
gremios de la producción y el comercio. Si Gómez combatía la candidatura de Ospina, la
opción por la intervención militar adquiría mayor vigencia: sólo ella podría recuperar el
poder político de los partidos y detener la violencia. En la Embajada Americana, la
perspectiva del golpe tampoco era desconocida. La Embajada no sólo no descartaba su
posibilidad concreta a partir de 1952, sino que … en realidad, lo esperaba: “el deterioro del
orden público mortifica en grado extremo a los militares”, se dijo en un comunicado . Los
primeros rumores llegaron a oídos del embajador en abril de ese año. Ante la crisis
ministerial desatada en esa fecha, Urdaneta pensó en nombrar militares en los ministerios y
gobernaciones. De esta manera, el presidente encargado buscaba adelantarse a los
propósitos de algunos oficiales y neutralizar su disgusto con posiciones burocráticas. La
decisión retrocedió por la intervención de Álzate Avendaño, quien detentaba alguna
influencia en los altos mandos.

Más que los militares, a la Embajada le preocupaban los guerrilleros. Aunque su triunfo era
poco probable y remoto, la posibilidad de alcanzar centros vitales de población y su
prolongada existencia contribuía a la inestabilidad del gobierno y acercaba la posibilidad de
un movimiento militar o de un golpe cívico-militar para tomarse el poder. Por esa razón, la
Embajada coincidía con la propuesta de López Pumarejo y los guerrilleros: amnistía
general y comités bipartidistas en todos los departamentos afectados para investigar cada
hecho de violencia. Sin embargo, en lugar de expresar su respaldo en forma oficial y
directa, el embajador intentó divulgar su pensamiento a través del Nuncio Apostólico, quien
se mostraba de acuerdo. La Embajada estaba convencida de que, si el gobierno no se
mostraba más flexible, el riesgo de una infiltración comunista en la guerrilla era cada vez
mayor. Es más: los guerrilleros del Llano practicaban ya, de manera espontánea e
inadvertida, algunos “principios comunistas”.

Tras los hechos del 6 de septiembre de 1952, la posibilidad de un golpe militar se hizo aún
más evidente. Al menos para el embajador norteamericano, su emergencia era irreversible.
No sólo parecía clara la inspiración, dirección y complacencia de los incendios contra las
casas de los dirigentes liberales y la prensa por parte de la fracción conservadora dirigida
por Álvaro Gómez y Jorge Leyva, sino que, abrumados por la magnitud de la situación, un
grupo de oficiales retirados, en unión con otros de servicio activo, empezaron a preparar un
golpe con el regreso del General Rojas Pinilla. Por eso se exigió su retorno y se consultó la
decisión con Ospina y Alzate, quienes se mostraron de acuerdo. Según el embajador, Alzate
pretendía alcanzar el poder en las elecciones inmediatas que los autores del golpe
convocaran. Para constatar los rumores, el 12 de septiembre de 1952 un funcionario de la
embajada se reunió con Alzate. En criterio de este último, los ataques del 6 de septiembre
eran “la angustiosa salida” del laureanismo para cerrar la posibilidad de un acuerdo liberal
con la candidatura de Ospina Pérez. En lugar de otorgar garantías a los dirigentes liberales
y cambiar su gabinete, el gobierno extremaba las políticas de fuerza. Con las dificultades
del orden público como pretexto, la Asamblea Constituyente elegiría a Jorge Leyva como
próximo presidente. Para Alzate, entonces, la situación del país se degradaba hasta la
anarquía. Las retaliaciones del bandolerismo no se hicieron esperar y por ello, no se
excluyó la posibilidad de una guerra civil. Agotados todos los intentos por la búsqueda de
una salida pacífica, no se pudo descartar un golpe militar . Al finalizar 1952, la
eventualidad de un golpe de estado no procedía solo de la Embajada en Colombia. El
Departamento de Estado observaba al gobierno como una “dictadura oligárquica” frente a
la cual “cabría preguntarse si el general Rojas Pinilla y el ejército continuarían dándole
pleno respaldo”. La frase final era sumamente concluyente: “Rojas y Alzate han sido
buenos amigos en el pasado”. El periódico “Diario de Colombia”, dirigido por Alzate
Avendaño, convirtió a Rojas en sujeto de mención y halagos constantes. La frase “General,
¡salve usted la patria!” se incluyó en sus páginas y apareció en los manifiestos . Hijo de
General y sobrino de altos oficiales, Alzate se preciaba de su “ancestro guerrero” e
intentaba utilizar sus parentescos. El cardenal Crisanto Luque, máximo jerarca de la iglesia
católica, visitó los cuarteles y pidió que “los militares se prepararan para el golpe de
estado”. Según dijo Alzate Avendaño: “Todo estaba previsto” para el golpe. Si Gómez
intentaba posesionarse o destituir a Rojas Pinilla, se caía . Según Alfredo Vásquez
Carrizosa: “La idea del golpe era un secreto a voces”. Incluso el presidente estaba enterado.
La desconfianza de Laureano Gómez hacia Gustavo Rojas Pinilla tenía antecedentes en dos
fuentes. La primera, cuando el presidente Ospina Pérez pasó por encima de los coroneles
Carlos Perdomo y Miguel Ángel Hoyos para ascender a Rojas y nombrarlo director del
Ejército. Más antiguos que Rojas en el cuerpo castrense, los dos oficiales tenían superior
derecho al importante cargo. Ospina ascendió a Rojas un día antes que a Perdomo y Hoyos,
y lo convirtió en general con 24 horas más antiguo que los otros. Esta medida, adicional a
las preferencias que Ospina Pérez había demostrado con el oficial a partir del 9 de abril de
1948, lo señalaba ante Gómez como “ospinista” acérrimo. Así se confirmó además cuando
respaldó el cierre del Congreso y evitó una conspiración planeada contra Ospina dos días
antes de la elección de Gómez como presidente.

La segunda fuente era el general Régulo Gaitán. Seguidor y amigo íntimo de Gómez, quien
transmitió su desconfianza frente a Rojas. El raudo paso de este último como director del
Ejército a Ministro de Correos y Telégrafos, se debió a confrontaciones con los generales
Bayona Posada y Sánchez Amaya, merced a las ínfulas y deseos de poder de Rojas, quien
emitía órdenes al Ejército sin tener en cuenta al Estado Mayor. Régulo Gaitán fue un
intrigante permanente contra Rojas.

Tal desconfianza motivó la primera decisión de Gómez que molestó a Rojas. Jefe del
Estado Mayor en 1950 y Comandante General de las Fuerzas Militares en 1951, Gómez
decidió, a través de Urdaneta, separarlo del cargo y nombrarlo Representante de Colombia
en la Junta Interamericana de Defensa, para confiarle a Régulo Gaitán la dirección de las
Fuerzas Militares19. Rojas comprendió la estrategia y recibió el apoyo de sus subalternos.
La tropa se acuarteló y Rojas se entrevistó con Urdaneta para exponer las causas de su
recelo. El cargo no era para el general de más alta graduación, sino para un coronel, como
había sucedido siempre. Urdaneta desestimó la existencia de propósitos diferentes al contar
con un general en Washington, que además dominaba el inglés y podría colaborar en la
adquisición de armamento. La negativa de Rojas para trasladarse a Washington fue
aplacada con un doble nombramiento como consejero militar de la embajada, algunos
dólares adicionales en gastos de representación, una importante comitiva de ayudantes, y
desplazamientos a Corea según su gusto .

Después de ejercer el cargo en mención, Rojas Pinilla regresó a Colombia el 25 de


septiembre de 1952 y dijo a su arribo: “Vengo a trabajar por la paz y la seguridad de
todos”. Luego recibió múltiples homenajes de militares retirados, suboficiales y oficiales .
En diciembre viajó a los Llanos con el propósito de visitar las guarniciones militares. En su
concepto, encontró “total adhesión al Ejército” y un “dominio de la legitimidad” cada vez
mayor .

Laureano realizó, entonces, un nuevo intento por alejar a Rojas del país y le ofreció un viaje
a Alemania para inaugurar los vuelos de Avianca en la ruta Bogotá-Frankfurt. En la
escalerilla del avión, varios oficiales le pidieron desistir del viaje porque durante su
ausencia sería llamado a calificar servicios. Al descender, los subalternos tiraron sus gorras
al cielo y celebraron con vítores la decisión del General Rojas se hizo consciente de su
poder y pidió a Urdaneta el cambio del ministro de guerra José María Bernal, quien fue
reemplazado por Lucio Pabón Núñez, recomendado por el mismo General. Según Rojas,
cuando Laureano se enteró de su permanencia en el país, decidió atacarlo a través del
periódico “El Siglo”.

Rojas Pinilla daba por supuesta la medida de Laureano. Antes de que ocurriera viajó a su
finca en Melgar, pero pidió a sus subalternos que le enviaran un avión en caso de algún
suceso extraordinario. Existen muchas versiones acerca de los hechos y no es del caso
confrontarlas o detenernos a su examen.

La prueba reina de que Gómez esperaba el golpe, no sólo se encuentra en su desaparición


del 13 de junio, ya que se dedicó a la panadería en casa de su consuegro. Está, sobre todo,
en su pasaporte: el suyo y los de su familia fueron expedidos y sellados con visas
diplomáticas el 10 de junio. Siete días después viajaron a Nueva York y se iniciaron los
trámites para dotar a los hermanos Enrique y Álvaro Gómez de visas de trabajo en Estados
Unidos30. El propio Álvaro Gómez dijo después, desde el exilio, que el golpe “estaba
decidido desde hacía por lo menos un mes y estaba prácticamente dado”. Para el
Departamento de Estado, el golpe de Rojas “tenía el apoyo conservador y la mirada
benévola de los liberales; podría significar el regreso de Colombia a la democracia y no
sería peor que el de Gómez con respecto a la persecución de los protestantes”.

El derrocado presidente, Laureano Gómez, no comprendió que los límites de su


autoritarismo lindaban con los intereses del Estado y de grupos privilegiados
históricamente consolidados. Tampoco entendió que toda la estructura del sistema
peligraba si continuaba su política de represión y desafío contra los guerrilleros liberales.
Entonces, inspiradas por la oposición conservadora, respaldadas por Ospina Pérez cuya
candidatura presidencial había vetado Gómez, impulsadas por Alzate y con el beneplácito
de la élite liberal cuyos líderes se encontraban en el exilio, las Fuerzas Armadas en cabeza
del general Gustavo Rojas Pinilla consumaron el golpe de Estado que la dirigencia civil les
pidió a gritos. Los militares asumieron el poder sin proyecto de gobierno, sin programa, sin
perspectiva propia. Al rechazar lo que consideraron una afrenta contra su comandante y sus
fuerzas, se encontraron de cara al gobierno porque los civiles a quienes se lo ofrecieron no
quisieron aceptarlo. Osaron quebrantar la Constitución porque, una vez dado el primer
paso, ya no tenían alternativa. Como dijo Rojas, tuvieron que “hacerse cargo del gobierno
del país”33. Sin embargo, tal como coinciden los testimonios, fueron los civiles y no los
uniformados quienes dijeron la última palabra el 13 de junio de 1953. Incluso el discurso
con el cual Rojas anunció a los colombianos su decisión de asumir el gobierno fue
redactado por un civil: Lucio Pabón Núñez. Los militares no estaban preparados para
tomarse el poder ni lo buscaron: se lo encontraron. La mejor prueba de ello es la manera
como se nombró al gabinete ministerial y su composición misma. De acuerdo con el
comandante de la FAC, coronel Alberto Pauwels, la designación de los ministros “fue una
encerrona de Ospina dominando al general Rojas: Ospina se aprovechó de la situación y le
nombró todo el gabinete al general Rojas” . En efecto, según coinciden los testimonios, la
nominación fue hecha por Ospina y Alzate en reunión con Rojas. Se entregaron algunas
carteras a los militares y las demás se reasignaron a los ministros de Gómez y Urdaneta; a
ospinistas y laureanistas que pasaron al gobierno de Rojas sin inmutarse y a los políticos
conservadores qu9e Ospina sugirió. La influencia de Ospina fue tan decisiva que incluso el
general Gustavo Berrío, quien había acompañado al general Régulo Gaitán y a Jorge Leyva
al Batallón Caldas con el objeto de reconocerlos como superiores, fue puesto preso y estuvo
a punto de ser fusilado, pero terminó nombrado ministro. Berrio había sido el Comandante
del Batallón Guardia Presidencial durante el gobierno de Ospina y era su amigo íntimo.
Según Arturo Abella, “uno solo de los altos funcionarios del gobierno quedó por fuera: el
presidente titular Laureano Gómez”. El propio Álzate terminó decepcionado: Ospina le
ganó el pulso frente a Rojas y optó por aceptar su retiro a la Embajada en España36. Para
algunos oficiales, con el gabinete designado, Rojas resultaba “más conservador que
militar”.

A pesar del gabinete 100% conservador, los siguientes anuncios del nuevo gobierno militar
auguraron la reconciliación nacional: indulto y amnistía para detenidos políticos y alzados
en armas, libertad de prensa, diálogo entre los partidos y “restablecimiento de las
condiciones necesarias para realizar elecciones puras”38. La Asamblea Nacional
Constituyente le reconoció el carácter presidencial a Rojas y éste lo asumió investido de
legitimidad. Las palabras de Darío Echandía, históricamente presentes, definieron la acción
de Rojas como un “golpe de opinión”

La guerrilla liberal del Llano respondió al llamado del gobierno y cesó hostilidades el 22 de
junio de 1953. Su segunda ley, promulgada cuatro días antes, murió con su autor, el
abogado Alvear Restrepo, en circunstancias no muy claras y en medio de la negociación
para deponer las armas. El 7 de julio, 500 combatientes de Antioquia, al mando de Juan de
Jesús Franco, entregaron sus armas ante el general Pío Quinto Rengifo, nombrado por
Rojas gobernador de ese departamento. Las entregas siguieron en cadena hasta que más de
dos mil hombres, encabezados por Guadalupe Salcedo, rindieron filas y sueños al gobierno
militar. A cambio, sólo algunos recibieron un crédito que pagaron totalmente en breve
tiempo. La libertad de prensa no llegó a estrenarse. A sólo dos semanas del nuevo gobierno,
la Oficina de información y propaganda del Estado –odipe– determinó la continuación de la
censura . Poco después quedó al arbitrio del gobierno en una ley que la Embajada
Americana calificó de “mal redactada y vaga”, “destinada a silenciar la oposición al
régimen”41. La reestructuración del poder judicial fue anunciada por Rojas con el
reemplazo de la Corte Suprema de Justicia. El Partido Liberal aprobó la medida porque
ganó con ella la posibilidad de recuperar altas posiciones en las funciones del Estado: la
mitad de los magistrados designados, incluidos Antonio Rocha y Darío Echandía, fueron
liberales. Para Alzate, por el contrario, era peligroso que el poder judicial quedara bajo
tutela del ejecutivo . Sin embargo, la luna de miel entre Rojas, los partidos políticos y la
prensa –a excepción del periódico “El Siglo”-, continuó sin mayores tropiezos. Ni siquiera
la masacre contra los estudiantes durante los días 8 y 9 de junio de 1954, logró modificar
las actitudes de la élite política frente al gobierno militar.

La reelección de Rojas fue aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente en 1954.


Aunque Rojas prometió la dejación del poder “una vez se devuel- “una vez se devuelvan al
país los valores de la democracia”, el hecho originó los primeros choques entre el
liberalismo y el presidente. La Asamblea decidió su conformación paritaria y colocó en
manos del gobierno la elección de 22 representantes liberales. De una lista suministrada por
las directivas del Partido Liberal y compuesta por 152 nombres, Rojas escogió 15 y eligió
los otros 7 según su albedrío. Para los dirigentes liberales, “la reelección de Rojas pudo ser
más elegante”45. En las siguientes sesiones, la Asamblea aprobó el voto femenino y,
basándose en las normas impulsadas por el general McCarthy en Estados Unidos, decretó la
ilegalización del “comunismo internacional” . Poco a poco el presidente reelegido se fue
alejando de sus socios. Minoritario en la Asamblea, debido a los miembros que
participaban en ella por fuera sus directrices, el liberalismo decidió su retiro de los altos
cargos y mostró su disgusto por la suspensión de elecciones y el reemplazo de las
Asambleas de partamentales y Consejos Municipales por cuerpos administrativos. Las
relaciones con industriales y comerciantes fueron muy fluctuantes y estuvieron signadas
por la negociación constante. En busca de fondos para atender sus proyectos, Rojas creó el
impuesto denominado “Cuota de Rehabilitación y Fomento”, equivalente al 20 % de los
tributos liquidados en 1952. La Andi aceptó a regañadientes, pero negoció plazos para su
pago. Al fin y al cabo, la entrega de los guerrilleros del Llano, lo justificaba. La tolerancia
de industriales y comerciantes no fue igual frente a las nuevas normas tributarias y la
inclusión de un impuesto sobre las acciones en las sociedades anónimas, decretado a partir
de 1954 para cubrir el déficit fiscal, impulsar la construcción de vivienda y financiar a las
Fuerzas Armadas: los índices en las bolsas de valores se derrumbaron y el Ministro de
Hacienda llamó al acuerdo. Las medidas tributarias se moderaron pero se mantuvo el
gravamen sobre las sociedades anónimas.

Las tensiones continuaron con el anuncio posterior de nuevos impuestos y fuertes


presiones de industriales y comerciantes para suspenderlos. Las decisiones
gubernamentales recibían a menudo el epíteto de demagógicas y se les asimilaba a los
dictados del gobierno peronista en Argentina. La injerencia del Estado en la economía
molestaba a los productores, a los comerciantes y a los cafeteros, cuya bonanza también fue
grabada. La táctica de Rojas consistió en implementar por decreto los tributos y negociar
después algunas concesiones cuando éstos fueran cuestionados por los empresarios.47

Rojas se mostró en diversas ocasiones inflexible con los gremios, pero cedió a favor de
ellos en muchos otros casos. A pesar de sus medidas, las ganancias de los empresarios
mantenían sus índices y sus balances eran satisfactorios. Por otra parte, la creación del
Banco Hipotecario Popular, el “Secretariado de Acción Social” –SENDAS–, la policía
femenina y la fundación del Instituto Nacional de Abastecimiento –INA–, le trajeron
respaldo popular.

La perspectiva apuntaba, entonces a organizar y dirigir el sindicalismo con la creación de la


‘Confederación Nacional de Trabajadores’ –CNT–, e impulsar su propio movimiento
político: el ‘Movimiento de Acción Nacional’ –MAN–. El reto fue inaceptable para los
partidos, quienes giraron a la oposición. Para los liberales, el régimen se acercaba al
totalitarismo y para el conservatismo la decisión de un nuevo movimiento con los
socialistas era descalificable. Rojas se entronizaba en el poder e incumplía su promesa de
permanencia transitoria. La Iglesia, por otra parte, sentía amenazada su influencia en la
Unión de Trabajadores de Colombia –UTC–, y la élite económica se declaraba sorprendida
por los anuncios de un movimiento “conservador, liberal y socialista contra las oligarquías
resentidas” que se inspiraba en el binomio “pueblo-fuerzas armadas”. Las contradicciones
se agudizaron y los periódicos liberales sufrieron de nuevo la censura hasta llegar al
cierre48. Una torpeza hirió de gravedad al régimen: la arremetida brutal de un poderoso
núcleo de detectives contra los asistentes a una corrida de toros. El suceso, a menudo, ha
sido ampliamente referido por las fuentes sin recordar su preámbulo. Ocho días antes, el
público taurino aplaudió el ingreso de Alberto Lleras Camargo y abucheó a la hija de Rojas.
Según algunos autores, Rojas decidió “enseñar una lección al público” y orientó adquirir un
grueso número de entradas para sus agentes en la próxima corrida. En efecto, éstos la
emprendieron contra los presentes el 5 de febrero de 195649. Lo que sólo se conoció
muchos años después, es que para la primer corrida, aquella en donde se aplaudió a Lleras,
los hijos de Eduardo Santos también habían comprado boletas para distribuir entre sus
simpatizantes con ese objetivo. Para entonces, el carácter transitorio del gobierno de Rojas
se convirtió en indefinido; no se autovislumbraba como puente para facilitar el retorno de la
democracia y los partidos, sino como gobierno perenne con el apoyo militar y en busca del
respaldo popular. La Asamblea Nacional Constituyente no fue convocada para 1955 y la
oposición se agudizó. La situación económica tampoco ayudó a Rojas: el precio del café
cayó en el mercado internacional y la balanza de pagos se desequilibró, la inflación se
disparó, el peso se devaluó frente al dólar y la reserva de divisas cayó. Rojas ganó la
enemistad de los bancos con su política fiscalista y las facilidades de crédito que impuso en
los bancos estatales, pero tuvo que ceder ante las ingentes presiones. El Banco Mundial y el
FMI le obligaron a reducir las importaciones oficiales, a aumentar el encaje bancario y a
prohibir los almacenes de depósito por parte de los bancos, entre otras medidas. La
oposición de los empresarios arreció.
 ELEMENTOS ECONÓMICOS Y EMPRESARIALES DEL PERIODO DE ROJAS
PINILLA :

Rojas pinilla velo por los derechos de los indígenas y su integración al Estado, le dio a la
comunidad Wayuu un acueducto. Es de recalcar también, que Automatizó la telefonía
urbana y rural para el fortalecimiento de las comunicaciones e impulsar la educación y la
cultura. En el tema de movilidad auspició el ferrocarril del Atlántico; la pavimentación de
la mayor parte de las carreteras troncales del país; construyó del Aeropuerto Internacional
El Dorado y 18 aeropuertos más. Terminó la represa hidroeléctrica de Lebrija y la
nueva refinería de Barrancabermeja y formuló un plan de obras públicas financiado
principalmente por las ganancias de la bonanza cafetera.

 COMO TERMINO EL GOBIERNO DE ROJAS PINILLA


Los jefes políticos comenzaron a ver cómo el acceso al poder se alejaba de ellos
mientras Rojas Pinilla ejercía mayor control y mano dura. Con todo esto y el
recrudecimiento de la violencia, los militares le pidieron a Rojas que entregara el
poder en 1957. Con la presión de diversos sectores se llamó a una Junta Militar
presidida por el general Gabriel París, quien convocó a elecciones en ese mismo
año.De esta forma entre 1956 y 1957 los líderes liberales y conservadores en cabeza
de Laureano Gómez y Alberto Lleras firmaron los acuerdos de Sitges y Benidorm
(Madrid), con los que se derrocó la dictadura y ambos partidos decidieron turnarse
en el poder cada cuatro años, lo que se conoce en la historia como el Frente
Nacional.
El “Frente Civil” ya no tenía reversa. Buscando definiciones concretas, Lleras
Camargo se reunió con Laureano Gómez en la ciudad de Benidorm. El propósito:
impedir la reelección de Rojas y acelerar su caída. La declaración, suscrita el 24 de
julio de 1956, recomendó una “acción conjunta destinada a conseguir el rápido
regreso a las formas institucionales de la vida política y a la reconquista de la
libertad y las garantías”. En forma novedosa, los dos jefes políticos separaron a
Rojas del conjunto de las Fuerzas Armadas, buscando la neutralidad o apoyo de
estas últimas.
Como se sabe, la oposición obtuvo un severo impulso con la insólita explosión del 7
de agosto de 1956 en la ciudad de Cali. Originada en un descuido del Ejército, que
parqueó camiones cargados con explosivos en la calle sin aviso alguno, fue tratada
por Rojas como “sabotaje de la oposición”. Según algunos autores, la magnitud del
hecho produjo manifestaciones de descontento en las Fuerzas Militares.

No obstante, la confianza de los uniformados ante Rojas fue advertida de nuevo por
el General París en enero de 1957: “Rojas Pinilla, presidente 1958-1962, por
decisión inmodificable de las Fuerzas Armadas”. El “Frente Civil” creció en afectos
y a él se unieron Ospina, Urdaneta y Guillermo León Valencia. La Iglesia, con su
cardenal Crisanto Luque asumió una posición beligerante contra Rojas. El 20 de
marzo de 1957 se firmó el pacto definitivo contra la reelección de Rojas. Los
partidos políticos liberal y conservador se comprometieron a: Crear un gobierno
civil que se ejerza a nombre de los dos partidos, que los represente por igual, en el
cual ambos colaboren y que esté sostenido por una sólida alianza que no permita su
naufragio ni lo deje inclinarse hacia la hegemonía.

Los ex presidentes en su totalidad, las direcciones de los partidos liberal y


conservador, los gremios y la iglesia, exigieron la salida de Rojas. Un sector del
conservatismo y la llamada “Dirección Nacional Liberal Popular”, continuaron
apoyando a Rojas, junto a la Confederación de Trabajadores de Colombia –CTC– y
diversos sindicatos de base. Sin embargo, el bloqueo económico, la movilización
estudiantil y, por último, el paro patronal y bancario promovido por Fenalco y la
Andi, con la orientación de Alberto Lleras, alcanzaron su objetivo el 10 de mayo de
1957.

Rafael Navas Pardo, el hombre fuerte del gobierno más cercano a Rojas, y Luis
Ordóñez, el comandante del servicio de inteligencia, fueron señalados mucho
tiempo después por el presidente de la Junta, Gabriel París, de intentar un golpe de
cuartel a mediados de 1957. En su concepto, sin embargo, no era un golpe para
restaurar a Rojas: Navas encabezaba el intento para asumir el poder con toda su
ambición58. Las intenciones de Navas fueron abortadas cuando los demás
miembros de la Junta descubrieron el montaje de una emisora clandestina y
ordenaron la detención de oficiales afectos a Navas59. Alberto Duarte Blum, el
Comandante del Ejército en época de Rojas y Ministro de Justicia, fue separado de
su cargo por la misma Junta, que lo relacionaba con rumores de revuelta en
noviembre de 1957 para impedir la votación del plebiscito que aprobó al Frente
Nacional. En marzo de 1958, tres capitanes; Gabriel Puyana, Guillermo Rodríguez y
José Jaime Rodríguez, procuraron liderar un golpe que instau rara una nueva Junta
compuesta por los coroneles Alberto Ruiz Novoa, Gabriel Revéis Pizarro y Gerardo
Ayerbe Chaux. El movimiento, que consultó a Lleras Camargo, fue desalentado por
su rechazo. En abril de 1957, varios coroneles propusieron a Navas Pardo que
continuara en el poder. En su criterio, los civiles no estaban preparados para asumir
el mando y libraban una campaña para desprestigiar a las Fuerzas Armadas. El
entonces mayor Álvaro Valencia Tovar se opuso a la idea, y Navas Pardo opinó que
no estaba dispuesto a perpetuarse en el gobierno. El último intento se ejecutó el 2 de
mayo, dos días antes de las elecciones presidenciales, encabezado por el
Comandante del Batallón Número 1 de Policía Militar, coronel Hernando Forero
Gómez, quien creía contar con el apoyo de Ordóñez y Navas, del Director de la
Policía Quintín Gómez, del Comandante de la Fuerza Aérea Alberto Pawels, y de
numerosas guarniciones del país. Rojas Pinilla, entre tanto, esperaba el desenlace de
los hechos en Santo Domingo, para trasladarse de inmediato a Bogotá y reasumir el
poder. El plan del golpe consistió en detener a los cinco miembros de la Junta, al
Comandante del Ejército Iván Berrío, y al virtual presidente Alberto Lleras
Camargo, controlar militarmente a Bogotá, garantizar el inmediato regreso de Rojas
y obtener el apoyo de los militares en todo el país. Sin embargo, falló porque no
pudieron localizar al almirante Rubén Piedrahita y porque el oficial de policía,
encargado de detener a Lleras, defeccionó y terminó entregándolo por error a una
patrulla leal del Batallón Guardia Presidencial. Con el fracaso del movimiento y el
asilo político de la mayoría de los participantes, entre los cuales se encontraba el
posteriormente célebre teniente Alberto Cendales, Alberto Lleras Camargo fue
elegido presidente con 2.482.984 votos, frente al candidato opositor al Frente
Nacional, Jorge Leyva, quien obtuvo 614.816 sufragios. Con ese abultado resultado,
la legitimidad rodeó al nuevo presidente quien, días más tarde, el 15 de mayo dirigió
a los militares el recordado discurso del Teatro Patria:

“Fuerzas Armadas entran a la política, lo primero que se quebranta es


su unidad porque abre la controversia en sus filas. El mantenerlas
apartadas de la deliberación pública no es un capricho de la
Constitución, sino una necesidad de su función. Si entran a deliberar
entran armadas. La política mina la moral y la disciplina de las
Fuerzas Armadas que al transgredir el límite de sus funciones entran
a la política y la dañan. La dañan porque nadie las invita a entrar a la
política, sino con el ánimo de que echen bala por su cuenta, pongan
los muertos, destruyan a sus enemigos y defiendan intereses ajenos a
las conveniencias generales de la República. Al término de las
extralimitaciones, las Fuerzas Armadas regresan a su oficio primitivo
rodeadas de adversarios, sin prestigio, sin gloria y sin amigos. Yo no
quiero que las Fuerzas Armadas decidan cómo se debe gobernar a la
nación en vez de que lo decida el pueblo, pero tampoco que los
políticos decidan cómo se debe manejar a las Fuerzas Armadas en su
función técnica, en su disciplina, en sus reglamentos, en su personal.
Las dos invasiones son funestas, pero en cualquier caso salen
perdiendo las Fuerzas Armadas.”

Se abrieron así las puertas de un nuevo pacto y una nueva relación entre civiles y militares
que se profundizarán a lo largo del Frente Nacional.

 AMNISTIA:

Una de sus preocupaciones fue la amnistía para los alzados en armas, principalmente para
los guerrilleros de los Llanos Orientales, Tolima, Antioquia y otros departamentos y
territorios nacionales azotados por la violencia. Para afianzar la justicia social con la ayuda
a los desposeídos, creó la institución SENDAS (Secretaría Nacional de Asistencia Social),
que dirigió su hija María Eugenia Rojas de Moreno. SENDAS auspició los mercados
populares, los aguinaldos del niño pobre, los restaurantes escolares, las guarderías infantiles
y creó centros de bienestar social en las ciudades y campos. Se preocupó por la vivienda
popular, la casa campesina, el seguro campesino y la bolsa de empleos.

Se creó la Oficina de Rehabilitación y Socorro para colaborar con los damnificados de la


violencia. El gobierno de Rojas Pinilla reconoció los derechos políticos de la mujer;
mediante el acto legislativo número 3 de la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC), de
agosto 25 de 1954, le concedió el voto. El 3 de agosto de 1954 Rojas fue reelegido para el
período 1954-1958. El gobierno militar tuvo que afrontar, entonces, una segunda ola de
violencia, que afectó profundamente al país con sus modalidades de venganza, bandidaje y
sadismo. Estos hechos se unieron a la oposición ejercida por los grupos políticos del
laureanismo y el comunismo.
 ÚLTIMOS DIAS Y MUERTE

El 21 de abril de 1974, Rojas fue elegido senador de la República; su suplente fue el


político boyacense Edmundo Quevedo Forero. En cuanto a su vida familiar, el general
Gustavo Rojas Pinilla estaba casado con la dama antioqueña doña Carola Correa Londoño,
y tuvieron tres hijos: Gustavo Emilio, María Eugenia y Carlos. El general Rojas murió de
un infarto cardíaco en su finca de Melgar, el 17 de enero de 1975.

Su entierro fue en Bogotá, donde estuvo en cámara ardiente en el Capitolio Nacional. Sus
ideas políticas (continuadas por su hija María Eugenia, quien ha sido senadora y fue
candidata a la Presidencia en 1974; y actualmente por su nieto, el senador Samuel Moreno
Rojas) de un socialismo a la colombiana, con la búsqueda de la justicia social y la paz, la
ayuda a los menesterosos y desvalidos, la justa distribución de los bienes, la defensa de la
autodeterminación de los pueblos, el progreso y el desarrollo, se convirtieron en su mensaje
a la posteridad de un país que reclama cambios urgentes para alcanzar la paz y la
prosperidad anhelada por todos.
CONCLUSIÓN

En 1953, en el momento en que Gustavo Rojas Pinilla produce el llamado “golpe de


opinión” en Colombia, trece de los veinte Estados latinoamericanos se hallaban bajo el
poder marcial. Algunos más, como Bolivia, tenían un presidente civil pero de facto. En
muchos de ellos, la constitución se encontraba interrumpida o no contemplaba procesos de
elección y sucesión presidencial. Al generalizar las circunstancias, el golpe de Estado
propinado por Rojas ha sido analizado muchas veces como parte de la irrupción que los
militares protagonizan con respecto a la política y el poder en todo Latinoamérica.

Haciendo un balance del gobierno de rojas pinilla tenemos entre lo bueno que: Introdujo la
tv en el país, Estimuló los programas de las escuelas radiofónicas. Impulso al vivienda
popular, la casa campesina, el seguro campesino y la bolsa de empleo; Reconoció los
derechos políticos de la mujer. Auspició el ferrocarril del Atlántico y creo aeropuertos.

Entre lo malo tenemos que: se dio la oposición de los dos partidos tradicionales. Así
mismo la oposición de la opinión pública y el sector estudiantil. Asumió la dictadura militar
y censuro importantes medios de comunicación.
BIBLIOGRAFIA

 Rojas, G. (1975). “Reportaje”. Revista de Historia, vol. I, n.° 1. Rojas, M. E. (2000)


 Rojas Pinilla, mi padre. Bogotá: Panamericana.

WEBGRAFIA

 El golpe de Rojas y el poder de los militares(Adolfo León Atehortúa Cruz)(2010)


http://www.scielo.org.co/pdf/folios/n31/n31a03.pdf
 GUSTAVO ROJAS PINILLA(enciclopedia banco de la republica)
https://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/Gustavo_Rojas_Pinilla#Obras_rea
lizad

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