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Cuaresma en 20 Frases

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1.

- La celebración de la Cuaresma, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la
relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto
de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
La fe como respuesta al amor de Dios

2.- De aquí deriva para todos los cristianos, la necesidad de la fe,


del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro,
de modo que, para ellos, el amor al prójimo sea una consecuencia que se desprende de su fe,
la cual actúa por la caridad».
3.- El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo
y movido por este amor (2 Co 5,14)-,
está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo.
4.-Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona,
incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz
para atraer a la humanidad al amor de Dios.
La caridad como vida en la fe

5.- Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es
precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud la iniciativa divina que nos precede
y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad
con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.
6.- Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito.
No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo
que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Ga 2,20).
7.- La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (1 Tm 2,4); la caridad es «caminar»
en la verdad (Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor;
con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (Jn 15,14s).

La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro;


la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (Jn 13,13-17).
8.- En la fe somos engendrados como hijos de Dios (Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar
concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (Ga 5,22).
La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda;
la caridad hace que fructifiquen (Mt 25,14-30).
El lazo indisoluble entre fe y caridad

9.- A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar,
o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas
por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».
10.-La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios
para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste,
a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
11.- En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera
por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María,
deben coexistir e integrarse (Lc 10,38-42).
12.-La relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado
en la caridad. A veces, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad
o a la ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad
es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra».
13.-Ninguna acción es más benéfica y caritativa hacia el prójimo que hacerle partícipe
de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios:
la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.
14.- Como escribe el Papa Pablo VI el anuncio de Cristo el primer y principal factor
de desarrollo. La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada,
abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral
de la humanidad y de cada hombre.
15.- La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana,
nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada
de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo,
a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones
concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
Prioridad de la fe, primado de la caridad

16.- La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y
crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina
para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción
de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte.
17.- Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo,
nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús
al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo
nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna
para con todo hombre (Rm 5,5).
18.-La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos
fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la eucaristía. El bautismo precede a la eucaristía
pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano.
19.-Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella.
Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»),
pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»),
que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (1 Co 13,13).
20.-En este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar
el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios
redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso
reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre
y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida.
Benedicto XVI
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