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Naturaleza y Origen de La Contabilidad Positiva

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UNIVERSIDAD DE CARTAGENA

TEORIA CONTABLE

“NATURALEZA Y ORIGEN DE LA CONTABILIDAD POSITIVA”

NATALIA FAJARDO MARTÍNEZ


LUIS FERNANDO HERNADEZ MENDOZA
ESTUDIANTES

ARTURO RODRIGUEZ
DOCENTE

FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMICAS


PROGRAMA DE CONTADURIA PÚBLICA
VIII SEMESTRE DIURNO
CARTAGENA D.T Y C
22- MAYO -2020
NATURALEZA Y ORIGEN DE LA CONTABILIDAD POSITIVA

1. Introducción

“Los descubrimientos científicos normalmente son producto de la atmósfera


intelectual en que producen”. Santiago Ramón y Cajal (como se citó en Tua
Pereda, 2015). Si nos remitimos a un viaje cronológico hacia siglos anteriores, nos
encontraremos con muchos descubrimientos, desde cualquier tipo de área, que
son desembocados a raíz de sucesos culturales, fenómenos sociales que se han
impregnado en la época, ocasionando esas posturas subversivas de la sociedad y
materializándolas en una creación de conocimientos.
El positivismo, como teoría, ha surgido por esos acontecimientos culturales, de
esos problemas muy propios de la época.
Comenzamos con un análisis muy superficial con respecto a esta corriente, el cual
no surgió del vacío, del capricho de su precursor, Augusto Comte, por crear una
corriente científica. Como todo conocimiento instaurado en la sociedad, el inicio de
todo este desorden intelectual intentaba ayudar al hombre en sí mismo.
En aquella época, existían muchos problemas políticos y sociales, que
desembocaron en la Revolución Francesa.
Era una época de revoluciones ideológicas, exhaustas de los sistemas de
gobiernos monárquicos que abundaban en la época. La idea principal, con ayuda
de la ciencia, era encontrar una especie de armonía y tratar científicamente este
cumulo de precarias condiciones y problemas sociales que pululaban en Francia.
Para poder abordar esta corriente, este escrito se dividirá en tres aspectos.
En primer lugar, atisbaremos en las concepciones históricas del positivismo como
corriente de pensamiento; segundo, nos enfocaremos desde un punto de vista
netamente contable, cómo se han implementado históricamente y actualmente en
la contabilidad, todo con el fin de establecer y tratar de concluir la utilidad que
aporta al campo contable y, en general, a la sociedad que es el punto álgido de la
contabilidad como una ciencia social; tercero, describiremos cómo ha ayudado
esta corriente a la formación de un constructo teórico y qué obstáculos se han
presentado en ese intento ; y por último, presentaremos las respectivas
conclusiones derivadas de la revisión bibliográfica que se eligió para realizar este
trabajo.

2. Positivismo

Para hablar de lo cuantitativo, de lo “exacto”, de lo que empíricamente se puede


corroborar, tenemos que empezar y tomar como punto de referencia esta corriente
de pensamiento.

Para ello, tenemos que remitirnos muchos años atrás. Si hablamos de siglos, dos
siglos atrás, el siglo XIX para ser exactos.

Esta corriente se tiene que abordar desde dos perspectivas, que conllevan lo
mismo desde un punto de vista sustancial, pero tienen algunos rasgos donde
presentan diferencias. Estas dos perspectivas son: positivismo filosófico y
positivismo lógico.

Primeramente, arrancaremos con el positivismo filosófico, donde el principal


precursor de esta escuela es Augusto Comte, como ya lo habíamos adelantado
en la parte introductoria, que para formular, por decirlo así, esta escuela de
pensamiento se agarró del auge de las ciencias que se estaba impregnando en
una medida un poco leve, sin esa evolución frenética con la cual irrumpe en la
actualidad. “Para el positivismo, la ciencia, aparece como el gran medio de
encontrar las leyes del mundo experimental, en el que debe concentrarse el
conocimiento humano.” (Ferrari, 1973, pág. 80)

Según el positivismo histórico, de Augusto Comte, para que alguna idea se


transforme en conocimiento positivista, tiene que ser sometido a tres estados o
fases, el cual él denomina la Ley de los tres estados, que son los siguientes:
teológico, metafísico y positivo.
El primer estado, el teológico, “el hombre intenta explicar los fenómenos naturales
suponiéndolos efecto de la voluntad de espíritus o fuerzas sobrenaturales”.
(Moulines, p. 38) es meramente un paso abstracto, imaginativo, que empieza
desde la idealización de una idea, valga la redundancia.
El segundo estado, el metafísico, señala Gurvitch (como se citó en De Ferrari,
1973) que “corresponde a la época crítica o edad de la transición revolucionaria
que conduce a la anarquía intelectual, y después al advenimiento de la fase
positiva".

La última etapa, en la que desemboca todo es, lógicamente, la fase positivista.


En esta etapa se da el fenómeno observatorio para verificación de esa idea la cual
fue sometida en las dos fases anteriores, se irrumpe en la etapa de contrastación.
Según Díaz (2014) “El positivismo considera que no existe otro conocimiento que
el que proviene de la experiencia” (p. 237)
Ese el resumen fehaciente al transcurrir las tres etapas, a esa conclusión se debe
llegar para que un conocimiento sea considerado o este inmerso en el rotulo
positivista, porque de lo contrario descansaría en una posición idealista y sin
soporte para fundamentar y concluir la verificabilidad de dicho conocimiento.
Ahora bien, del positivismo surgió otra corriente derivada de esta, denominada el
positivismo lógico o “neopositivismo”, sigue siendo un positivismo a ultranza, cabe
recalcar, aunque parezcamos contradecirnos con lo inicialmente planteado, solo
que, como afirma Atencia (1991)

En cada época el positivismo, en sus diferentes versiones, se manifiesta como una


variante del estilo intelectual dominante. Así, las diferencias observables en las
diferentes “versiones” de la actitud positivista responden a las distintas
circunstancias históricas y condiciones culturales vigentes en cada época. (p. 145)

Y para hacer claridad sobre esto, es pertinente decir que, a raíz de los diferentes
contextos, la escuela neopositivista es una escuela que ha arribado a raíz de
sucesos de la época, como el frenético auge del Círculo de Viena, la cual fue una
escuela de científicos, creada a mediados del siglo XX.
Un detalle no menor: este término (neopositivismo) fue acuñado o adoptado en el
ámbito de la lengua alemana.

Con este prefijo “neo-” se alude a una cierta continuación del positivismo del siglo XIX,
desarrollado por Auguste Comte, (…), mientras que con el adjetivo “lógico” se destacaría más
el genuino rasgo diferencial de los miembros del Círculo de Viena, pues aspiraban a resolver
de una vez por todas mediante la clarificación lógica del lenguaje los atolladeros de la filosofía
hasta lograr su encaminamiento científico. (Nubiola, 1995, p.5)

Los rasgos principales de esta escuela de pensamiento son los de seguir


apostando por un empirismo, muy propio de la escuela predecesora positivista,
pero esta vez inculcando dentro de ese factor empírico, verificable por cierto, los
condimentos matemáticos, es decir, irrumpiendo en proceso de lógica formal.
Esta, de alguna u otra manera, en algunos rasgos la alejaría del positivismo
tradicional, ya que como dice Atencia (1991) “El Positivismo clásico, en fin, se
desarrolla en una época en que las grandes obras destinadas a renovar la lógica
formal aún no eran conocidas” (p. 152).
Entonces, podemos evidenciar, claramente, la diferencia entre los dos
positivismos. La diferencia estriba en los contextos, en la sociedad en que
aparecieron dichas corrientes y, sobre todo, en los avances que van de la mano
de los intelectuales de la época, porque los diferentes problemas de una época,
suscitan pensamientos y formas de solucionar diferentes a cada problema

3. Contabilidad positiva

Al momento de ingresar por la vertiente positivista en la contabilidad, pareciera


que todo lo que plantea el positivismo, en sus concepciones históricas, carece de
relación con la contabilidad, pues no necesariamente la contabilidad positiva va
arraigada a conceptos netamente empíricos (Monterrey, 1998). Cabe aclarar, que
no se había soslayado estos conceptos empíricos en la contabilidad, sino que la
forma de adquirir el conocimiento empírico no sólo se remitía a un proceso de
observación. (Hernández, 2008) que es lo considerado empirismo en el
positivismo histórico.
Dejando claro la connotación de los conceptos empíricos que se manejaban en la
investigación contable, ahora sí es necesario decir que “desde la década de 1960,
la investigación contable ha adoptado un matiz empírico (aunque los estudios
normativos continúan como parte integral de la literatura)” (Zeff, 1985, p. 25)

El pensamiento positivo se expresa en diversos escenarios contables, bien


aplicado al caso de la formación de teorías, el desarrollo de investigaciones en sus
diversas ramas de estudio (macro y micro), el ejercicio práctico contable o la
definición de marcos regulativos.
(Machado, 2013, p. 226)

En el caso de estas investigaciones empíricas, o en su defecto positivistas,


autores como Carlos Larrinaga (1999), Wai Fong Chua (como se citó en Vargas,
2013) han definido cómo ha sido este tipo de investigación positivista. Ha sido
funcionalista en la connotación que le atribuye Carlos Larrinaga (1999) o
perspectiva dominante como la ha denominado Wai Fong Chua (1986, como se
citó en Vargas).
Carlos Larrinaga (1999) afirma que esta investigación es objetivista y maneja
metodología cuantitativa, es realista y, obviamente, es de un talante positivista. La
postura asumida por la profesora Wai Fong Chua (como se citó en Vargas, 2013)
tampoco difiere mucho, ella afirma que:

La corriente principal de la investigación contable está dominada por una creencia


en el realismo físico, -esto es la concepción de que hay un mundo de realidad
objetiva que existe de manera independiente a los seres humanos y que posee
una naturaleza o esencia determinada que es susceptible de ser conocida. (p.275)

En adición a esto, y como prueba de que la contabilidad se estaba trasladando a


una investigación de carácter positivo y sus trabajos presentados en su mayoría
también eran del mismo talante, aparecieron intentos de constructos teóricos
abocados a una férrea tendencia positivista.
Adhiriendo a esta fiel tradición, irrumpió la Teoría contable positiva, o como es
conocida en sus siglas inglesas PAT, es una teoría que se remonta en la década
de los 60, pero su época de mayor penetración en el campo contable, se da en el
año 1978, teniendo como principales impulsores a Watts y Zimerman. “Es
"positiva" porque maneja hechos relacionados con la forma en que trabaja el
mundo, en contraste con teorías y declaraciones normativas sobre cómo debería
trabajar el mundo”. (Whitley, 1988, p. 21.)
Las principales premisas en las que parte la Teoría Contable positiva son las de
“explicar y predecir las prácticas contables observadas. Sus investigaciones tienen
una orientación estadístico – empírica”. Watts y Zimmerman (como se citó en
Silvana y Cicerchia, 2011)
.
El enfoque positivo se sustenta en dos grandes teorías: la teoría financiera basada
en la hipótesis de eficiencia, desarrollada por Ball y Brown en 1968 y la teoría de
la firma que tiene sus sustentos en los costos contractuales y las relaciones de
agencia vinculada a los aportes de Jensen y Meckling en 1986. (Barbei y Bauchet,
2014)

En el trasfondo de todo esto, la Teoría Contable Positiva se aboca por buscar una
especie de homogenización en el tratamiento contable, en aras de una objetividad
y no de un tratamiento disperso que dejaba a la literatura contable de la época en
un punto débil y exiguo, porque la contabilidad estaba ligada a la toma de
decisiones dependiendo los objetivos.
Es decir, eran cuestiones estudiadas desde el punto de vista de lo que se debe
hacer (Christenson, 2005), la contabilidad no se dedicaba a la aproximación
objetiva, sino que se remitía a una especie de especulación por la falta de un
cuerpo teórico que soportara y edificara información útil.
Aquí caemos, nuevamente, en un círculo vicioso en el que nos sumergimos cada
vez que hablamos en términos de lo que debería ser y de lo que tiene que ser la
contabilidad, pues, desde que ha irrumpido las ciencias sociales y se ha puesto a
la contabilidad en el rotulo de esta, ha sido más dificultoso llegar a un consenso y
parece casi imposible tratar de llegar a uno porque los estudiosos de la
contabilidad han entendido algo muy clave: que la sociedad avanza
vertiginosamente y ese ritmo vertiginoso de evolución en una sociedad ocasiona
que trate de evolucionar a la par de esta, dejando grietas cada vez mayores.
Pero en búsqueda de suprimir esta evolución de manera dispar, es menester
evaluar la situación entre estas corrientes que históricamente se han confrontado y
otear de manera provisional en qué punto de convergencia se encuentran.

4. Conclusiones

Luego de revisar en términos generales todo lo concerniente al positivismo, desde


su concepción como corrientes de pensamiento a su implementación en el campo
contable, se concluye lo siguiente:
Primero, concluimos con algo que se considera obvio, pero no porque sea obvio
es menos cierto, y es la riqueza que ha traído esta corriente en la contabilidad.
Segundo; al considerar la contabilidad como una ciencia social, la estamos
adentrando en la complejidad del entorno que demanda una ciencia social para
buscar verdades a la sociedad, incluyendo las relaciones de los individuos en las
organizaciones, esto llevado al paradigma de la complejidad ocurre a través de
“un ideal de formalización y matematización de la realidad, aunque ahora no vista
como sencilla y determinista, sino compleja y, en gran medida, indeterminada”.
(Werner, 2007, p. 54).
Por último, y para resumir esta revisión de literatura, se concluye que la
contabilidad a lo largo de la historia, como lo ponemos de manifiesto a través del
positivismo, ha evolucionado a la aras de las exigencias que demanda la
sociedad, pero se ha estancado por las limitaciones como las del poder, es decir
de las influencia política que conlleva la información y también por el objeto de
estudio al cual se abocan sus investigaciones, lo cual es un punto crucial en esa
constante búsqueda de una contabilidad prolífica, hibrida e independiente.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

 Atencia, J. M. (1991). Positivismo y neopositivismo.


 Barbei, A. A., & Bauchet, A. (2014). Teoría contable positiva: una revisión
de sus bases teóricas y la contribución a la teoría general contable.
Documentos de Trabajo del CECIN.

 Beattie, V. Tradiciones de investigación en contabilidad financiera.

 De Ferrari, N. L. (1973). Positivismo e historia. Universidad Nacional de


Cuyo, Instituto de Filosofía.
 Méndez, M & Ribeiro, D. (2012). Aspectos históricos del pensamiento
contable: de los inicios al paradigma de la utilidad. Nuevas corrientes de
pensamiento económico. N. 85. 7176.

 Monterrey, J. (1998). Un recorrido por la contabilidad positiva. Revista


ESPAÑOLA de financiación y contabilidad. Vol. XXVII (95), 427-467
 Moulines, C. U. (1975). La génesis del positivismo en su contexto científico.
Revista de filosofía DIÁNOIA, 21(21), 31-49.
 Nubiola, Jaime. (1999). Neopositivismo y filosofía analítica: balance de un
siglo. Acta Philosophica. 8. 197-222

 Tua Pereda, J. (1979). Principios y normas de contabilidad: historia,


metodología y entorno de la regulación contable.

 Pereda, T. (2000). El marco conceptual para la información financiera.


Análisis y.

 Whitley, R. D. (2011). Posibilidad y utilidad de la teoría positiva de la


contabilidad. Cuadernos de administración, 12(17), 18-37.

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