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Letras de Buenos Aires

por Carlos Dotro»

Los grupos de Florida y Boedo: Lo estético y lo social.


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Existió en Buenos Aires, entre los años 1920 y 1930, dos grupos literarios que motivaron más leyendas que vanguardias: los
de Florida y los de Boedo.
Si bien no marcaron dos actitudes estéticas bien definidas y concretamente asumidas, pasaron a la historia de la literatura
nacional como dos vertientes opuestas, nacidas del Martinfierrismo.
Ambos grupos contaban con sus respectivas publicaciones: el grupo de Florida -llamado así por estar ubicada su redacción
sobre la calle Florida, céntrica, aristocrática y europeizante- contaba, entre otras publicaciones, con la revista Proa, y el
grupo de Boedo -su redacción ubicada en la calle alejada, proletaria y tanguera del mismo nombre- estaba representado por
las revistas Los Pensadores y Claridad.
No obstante, no intentaron cimentar sus diferencias solamente colaborando con distintas publicaciones sino también
marcando su intencionalidad frente a la producción literaria. Los de Florida, dirigiendo su preocupación hacia una nueva
vanguardia estética, sin ingredientes ideológicos. Los de Boedo, inclinando su interés a una literatura que refleje los
problemas sociales, inspirados en el mundo del trabajo y la ciudad.
El arte puro confrontado con el arte comprometido.
El grupo de Florida era conformado, entre otros, por los escritores Conrado Nalé Roxlo, Horacio Rega Molina, Oliverio
Girondo, Ricardo Molinari, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernárdez, Raúl Gonzalez Tuñón, Eduardo
González Lanuza, Norah Lange y, a la cabeza, Ricardo Güiraldes.
El grupo de Boedo lo integraban, entre otros, los escritores Álvaro Yunque, Nicolás Olivari, Leónidas Barletta, Elías
Castelnuovo, César Tiempo y Roberto Mariani. Durante mucho tiempo se trató de vincular a este grupo, como su figura más
importante, a Roberto Arlt. Lo cierto es que él nunca se identificó plenamente con ninguno de los dos lados. Si bien poseía
una mayor afinidad estética e ideológica en su obra con los de Boedo, es verdad que Castelnuovo le rechazó la publicación
de su primera novela "El Juguete Rabioso", pudiéndola publicar gracias a la atención y generosidad de Ricardo Güiraldes,
puntal de los de Florida.

Un caso similar se dio con Raúl Gonzalez Tuñón, quien formaba parte del grupo de Florida, sin embargo la temática social
de su poesía, así como su ideología revolucionaria, lo relaciona estrechamente con los bodeistas. Por otro lado, Nicolás
Olivari, habiendo sido uno de los fundadores del grupo de Boedo, es uno de los primeros en abandonarlo para pasarse al de
Florida. Así, con el correr del tiempo, ambos grupos se fusionan. Algunos integrantes de Florida manifiestan preocupaciones
por los problemas sociales y algunos de Boedo, como Olivari, se interesan por las nuevas técnicas literarias
Jorge Luis Borges afirmó, en 1927, que "demasiado se conversó de Boedo y Florida, escuelas inexistentes", pero al año
siguiente publica un artículo en el diario "La Prensa" titulado "La inútil discusión de Boedo y Florida". Más allá de sus
conclusiones, parece aceptar, en su nota, la existencia de los dos grupos y su polémica.
Los antagonismos sirvieron para subrayar el porteñismo de nuestra cultura urbana.
En 1930, Elías Castelnuovo declaró: "tanto Boedo como Florida sirvieron de pretexto para iniciar una discusión que por
entonces era necesaria. Muerta la discusión, ambos grupos pasaron a la historia".
Leónidas Barletta afirmó que los dos grupos desaparecen definitivamente cuando encuentran un enemigo en común en la
dictadura militar del 6 de septiembre de 1930, dictadura que silencia la democracia y la cultura nacional.
Críticos e historiadores de la literatura no se mostraron poco sorprendidos ante la dependencia mutua y la constante
necesidad de "tenerse en cuenta" de ambos grupos.
Lo cierto es que, más allá del terreno literario, los grupos de Florida y Boedo se anticiparon a una antinomia social y cultural
que zanjará nuestra historia del siglo XX.

EL GRUPO DE BOEDO

Su nombre proviene de la editorial de la revista 'Claridad' ubicada en la calle Boedo al 800, en la Capital Federal. Constituido
por escritores revolucionarios y realistas, simpatizantes de la revolución rusa y del marxismo de la primera posguerra, que
utilizan la pluma para defender al proletariado. Luchan, a su vez, para elevar el nivel cultural de las masas populares. Lo
fundamental es la justicia social. Se inspiran en modelos rusos que describen la miseria del pueblo humilde, como Gorky y
Dostoiesvsky. También en los franceses Zola , France., Barbusse y Rolland.

En la década del '20 Boedo y Florida fueron dos grupos literarios antagónicos. Los escritores de Boedo (Roberto Mariani,
Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, Enrique Amorim, Lorenzo Stanchina, Álvaro Yunque, entre otros) eran, en su mayoría,
descendientes de inmigrantes, de izquierda, con una visión social del arte y estaban nucleados en revistas como Dínamo,
Extrema Izquierda y Los Pensadores. Formaron el primer movimiento de literatura realista y social que se dio en Argentina,
alrededor de la Editorial Claridad, de Antonio Zamora. El grupo de Florida (Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Norah
Lange, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Nicolás Olivari, Conrado Nalé Roxlo, entre otros) estaba nucleado en
las revistas Proa y Martín Fierro, era más elitista y promovía una estética vanguardista. Pero esta separación no era tan
tajante: Nicolás Olivari, fundador del grupo de Boedo, se pasó más tarde al de Florida; Raúl González Tuñón, de Florida,
construyó sin embargo una poesía de temática social y Roberto Arlt solía frecuentar las tertulias de ambos grupos. Borges,
que en su madurez solía calificar a la polémica de Boedo y Florida como una broma literaria, publicó el 30 de septiembre de
1928 en el diario La Prensa un ensayo sobre el tema: La inútil discusión de Boedo y Florida.
La primera guerra mundial (1914-1918) y la revolución rusa (1917) modificaron el horizonte histórico, y una era de optimismo
y de fe en el futuro parecía abrirse. Los años veinte eran un marco propicio para la literatura: se difundía, se discutía;
surgieron manifiestos, programas, revistas orales, exposiciones radiofónicas, reportajes periodísticos, tertulias y banquetes.
La nueva literatura argentina, asociada a distintas posturas de vanguardia estética y política, se definía con rótulos
llamativos, rivalidades de grupos, elogios y anatemas. El presidente Irigoyen representó, en 1916, el sufragio libre; en 1918
la Reforma Universitaria de Córdoba significó la independencia intelectual; en los veinte, con el presidente Alvear se vivieron

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los años locos de un breve periodo de bonanza entre las dos guerras. Posteriormente, los historiadores literarios, agruparon
la variedad de pequeñas revistas que surgieron en torno a dos polos ideológicos que escenificaron una larga polémica: el
grupo de "Florida" y el grupo "Boedo".
El grupo de Florida —nombre de una elegante calle céntrica de Buenos Aires— nucleaba a los aristocráticos adeptos al
ultraísmo; el grupo de Boedo —nombre de una calle de transito fabril en un barrio de clase obrera— propugnaba la creación
de una nueva conciencia social "realista". Florida miraba a Europa, Boedo miraba a Rusia y soñaba con la revolución
universal: los primeros defendían la pureza del lenguaje, los segundos acusaban a los anteriores de extranjerizantes. Ambos
grupos decían representar la auténtica cultura nacional. Mientras Florida reunía a jóvenes poetas, en Boedo estaban los
novelistas y prosistas. En realidad, uno y otro grupo estaban integrados por escritores amigos y camaradas que asistían a
los mismos cafés, discutían en las mismas tertulias y publicaban en las mismas revistas (el agruparlos rígidamente en dos
tendencias resulta injusto, aunque con los años se ha insistido en que las diferencias eran reales).

Según Borges, la polémica era una broma surgida del deseo de imitar a los grupitos de París que se alimentaban de la
publicidad y la intriga; su adscripción a Florida —afirma— fue involuntaria: "Yo habría preferido estar en el grupo de Boedo,
ya que estaba escribiendo sobre la vieja zona Norte y sobre arrabales*, tristeza y atardeceres. Pero fui informado por uno de
los conspiradores de que yo era uno de los guerreros de Florida y que era demasiado tarde para cambiar." Ahora sabemos
que fue algo más que una broma juvenil. Los de Boedo rechazaban a Borges por su extracción de clase, su cultura europea
y su concepto apolítico de la literatura. Martín Fierro, la revista del grupo Florida que se caracterizaba por su actitud
irrespetuosa, dio nombre a la "generación del 22", iniciada con el ultraísmo; a esta generación "martinfierrista" pertenecían
Borges y sus camaradas. Martín Fierro se cerró en 1927 cuando su fundador Evar Méndez se negó a participar en las luchas
políticas.

Con el golpe militar de Uriburu en 1930, Argentina entró en la "Década Infame": desaparecieron las revistas irreverentes, se
perdió el gusto por la discusión y el escándalo literario y se abandonaron las charlas de café. El mundo había cambiado, la
fiesta de la camaradería había terminado, y los escritores se dedicaron a su obra. Lejos ya de aquel fervor que lo convirtiera
en líder del ultraísmo, Borges comenzó a colaborar, en 1931, en la aristocrática revista Sur —fundada y financiada por
Victoria Ocampo—, que sería la más influyente en la cultura de América Latina durante las cuatro décadas siguientes.

Temas y grupos

Borges asocia azar a todo aquello que es irracional o caótico, a lo que excede la capacidad racional del ser humano. La
lotería de Babilonia propone un mundo regido por un infinito juego de azares; La señora mayor propone una causalidad
remota; en El informe de Brodie se describe una anulación de la causalidad.

Boedo y Florida
En la década del '20 Boedo y Florida fueron dos grupos literarios antagónicos. Los escritores de Boedo (Roberto Mariani,
Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, Enrique Amorim, Lorenzo Stanchina, Álvaro Yunque, entre otros) eran, en su mayoría,
descendientes de inmigrantes, de izquierda, con una visión social del arte y estaban nucleados en revistas como Dínamo,
Extrema Izquierda y Los Pensadores. Formaron el  primer movimiento de literatura realista y social que se dio en Argentina,
alrededor de la Editorial Claridad, de Antonio Zamora. El grupo de Florida (Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Norah
Lange, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Nicolás Olivari, Conrado Nalé Roxlo, entre otros) estaba nucleado en
las revistas Proa y Martín Fierro, era más elitista y promovía una estética vanguardista. Pero esta separación no era tan
tajante: Nicolás Olivari, fundador del grupo de Boedo, se pasó más tarde al de Florida; Raúl González Tuñón, de Florida,
construyó sin embargo una poesía de temática social y Roberto Arlt solía frecuentar las tertulias de ambos grupos. Borges,
que en su madurez solía calificar a la polémica de Boedo y Florida como una broma literaria, publicó el 30 de septiembre de
1928 en el diario La Prensa un ensayo sobre el tema: La inútil discusión de Boedo y Florida.

Budismo
Doctrina religiosa y filosófica karmática, muy difundida en Oriente y aparecida en el siglo V A.C., gracias al Buddha o 'el
Lúcido', príncipe de Nepal. Está basada en 'Cuatro Verdades', detrás de las cuales se encuentra el nirvana (el sufrimiento, su
origen, su curación y el medio para llegar a la curación). Cuando se llega al nirvana los actos que entretejen el karma dejan
de proyectar su sombra y se logra la libertad. Borges, devoto intelectual de esta doctrina, admiraba su amplio grado de
tolerancia y le dedicó diversas conferencias y un importante estudio, ¿Qué es el budismo?, escrito en colaboración con Alicia
Jurado.

Cábala
En su aspecto práctico, la cábala es un conjunto de operaciones hermenéuticas y criptográficas que intenta una
aproximación directa a dios a través del minucioso estudio de las letras que componen la Torah. Los cabalistas intentaron
una interpretación de las Escrituras basada en cálculos de las letras hebreas que la componen. Este modus operandi (más
que la doctrina espiritual) cautivó a Borges, es decir, la concepción de que mediante un método sistemático basado en la
combinación de elementos mínimos se puede acceder a una revelación mística. Borges le dedicó un ensayo de su libro
Discusión (Una vindicación de la cábala) y diversas conferencias, como las incluidas en Siete noches.

Caos - Cosmos
En su obra, Borges se mostró siempre preocupado por entender las leyes del universo. En su obra muestra la oposición
entre el inevitable caos del mundo y la insistencia del hombre por abarcar una totalidad ordenada o un cosmos, intentando
una y otra vez entender lo inexplicable, el azar y la locura.

Espejos
Borges no disfrazó la realidad para recrearla sino que recreó los espejos que disfrazan esa realidad. Los espejos sugieren
en su obra un ámbito de temida irrealidad que abre posibilidades perturbadoras. Símbolos de la multiplicación humana,
aparecen para él como un hálito de pudor. En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius se puede leer la famosa frase: "los espejos y la

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cópula son abominables porque multiplican el números de los hombres".

Grupo Sur
En 1925 Borges conoce a Victoria Ocampo, líder del Grupo Sur y que en 1931 funda la revista con el mismo nombre. Borges
fue figura prominente del movimiento y asiduo colaborador de la revista desde los primeros números. Entre los otros
narradores del Grupo Sur, se destacaron: José Bianco y Ernesto Sabato (quien, en Sobre héroes y tumbas llegó a utilizar
como personaje alegórico al propio Borges). En el grupo estuvieron también: María Luisa Bombal (escritora chilena) y Silvina
Ocampo. Fuera del grupo pero dentro del mismo ámbito cultural se puede incluir a Juan Carlos Onetti, por La vida breve; a
Julio Cortázar, por Los reyes y Bestiario y a Augusto Roa Bastos, por El trueno entre las hojas e Hijo de hombre. (Ver más
sobre Sur en Revistas y diarios).

Laberinto
El motivo del laberinto es un tema recurrente en sus cuentos, ya sea como símbolo o como edificio real, además de
representar el estilo circular de escritura borgiana. Cifra del desconcierto y la perplejidad del hombre, la imagen del laberinto
vertebra.La casa de Asterión; La muerte y la brújula y El jardín de senderos que se bifurcan.

Movimiento Ultraísta
En marzo de 1919 apareció en la revista Grecia y en la prensa madrileña un manifiesto de jóvenes liderados por Cansinos-
Asséns (inventor la palabra ultraísmo) y asistentes al Café Colonial, donde postulaban la necesidad de una renovación
literaria. Entre otros, pertenecieron al movimiento, Isaac del Vando-Villar, Guillermo de Torre, Pedro Garfias, Adriano del
Valle, José Rivas Panedas, Xavier Bóveda, Gerardo Diego y el mismo Jorge Luis Borges. La idea, que no se logró, era la de
modificarse continuamente, como reacción a los seguidores del modernismo. El ultraísmo español se nutrió de diversas
fuentes y disciplinas como la pintura (futurismo, cubismo, dadaísmo, expresionismo) y estaba abierto a todas las novedades.
Se caracterizaba básicamente por el humor, el uso de metáforas, la supresión de adjetivos inútiles y el uso del lenguaje
sintético. Su obra se encuentra fundamentalmente en las revistas Grecia, Cervantes, Ultra, Cosmópolis, Tableros y Alfar.
Cuando Borges regresó a Argentina en 1921, trajo con él los rasgos más significativos de la renovación ultraísta y los
presentó como programa estético. Ese año apareció en la revista Nosotros su artículo Ultraísmo (donde sintetizaba los
principios del movimiento) y, un año más tarde, publicó allí una antología con poemas ultraístas. Sin embargo, en 1966,
Borges juzgaría el 'dogma de la metáfora' como falso, pues "basta un solo verso no metafórico para probar que la metáfora
no es un elemente esencial, concluyendo en que el error del ultraísmo (...) fue el de no haber enriquecido, el de haber
prohibido simplemente. Por ejemplo casi todos escribíamos sin signos de puntuación. Hubiera sido mucho más interesante
inventar nuevos signos, es decir enriquecer la literatura (...) el ultraísmo fue una revolución que consistía en relegar la
literatura a un sola figura, la metáfora...".

Tiempo
El tiempo y sus posibilidades lúdicas constituyen uno de los pilares centrales de la obra de Borges. Un poema temprano de
Fervor de Buenos Aires, El truco, propone ya al lector la concepción cíclica del eterno retorno. El estudio y la negación del
devenir temporal es el propósito central del ensayo Nueva refutación del tiempo. Historia de la eternidad y El tiempo y J. W.
Dunne proponen el análisis de la regresión infinita y de las series temporales. En la construcción narrativa, el tiempo puede
asumir facetas sorprendentes, desde la percepción de uno detenido y personal en El milagro secreto hasta la confluencia de
la tríada temporal en la visión del Aleph en el cuento homónimo. El tiempo, en definitiva, es el camino que acerca al hombre
hacia su muerte; todo intento de refutación en Borges constituye un artificio que cambia el destino personal.

A PROPÓSITO DE FLORIDA Y BOEDO


por Javier Campo
 
La sociedad funde los campos: la literatura y la política se relacionan. Influyendo, determinando o modificando; el campo
productivo de lo literario (e ideológico) recibe y refracta los aportes de la política. Los debates y las polémicas reflejan esta
relación reciproca.
Los escritores de los grupos de Boedo y de Florida se van acomodando en torno al contenido de las revistas que
representan a ambas vertientes. En febrero de 1924, se funda la revista “Martín Fierro” dirigida por el poeta Evar Méndez,
y en el mismo año (septiembre) “Extrema izquierda” organizada por Elías Castelnuovo en torno a Boedo.
Significativo de las polémicas que enfrentan a estos grupos es un debate que surge a raíz de una carta de Roberto Mariani
(escritor netamente bodeísta) que es reproducida en el numero 7 (04-07-1924) de “Martín Fierro”. Mariani vierte una aguda
crítica contra la revista de Florida (que perfilaba su “anticontenidismo” como funcional al orden establecido), y da un
ejemplo que ilustra la actitud martinfierrista: “Hay un pecado capital en Martín Fierro: el escandaloso respeto al maestro
Leopoldo Lugones. Se le admira en todo, sin reservas; es decir; se le adora como prosista, como versificador, como
filólogo, como fascista”. Méndez responde en el numero siguiente (06-09-1924): “Lugones político no nos interesa [...] y lo
consideramos simplemente equivocado”. Solo equivocado. Leopoldo Lugones había comenzado a dar conferencias sobre
Mussolini rescatando las virtudes del Duce a partir de 1922 y en 1924, en ocasión de un aniversario de la batalla de
Ayacucho, dijo en Bolivia por primera vez su anticipada, fanfarrona y famosa frase sobre la llegada de la “hora de la
espada”.
Méndez y la vanguardia encarnada en Florida querían producir un arte “anticontenidista” sin darse cuenta de que su
elitismo intelectual suponía el agasajo intelectual con un elixir al que sólo una minoría social podía tener acceso, y por lo
tanto se cargaba de una fuerte impronta política. Por otro lado, cuando la mirada se pule solo sobre las formas la
conformidad con “lo que hay” actúa como un factor funcional a los representantes de las ideas políticas dominantes, en
ejercicio del poder del estado. La vanguardia intelectual de Florida en la década del 20 sigue tan atada a las formas de
existencia impuestas por la oligarquía en el siglo XIX, como a sus privilegios de juventud a la vanguardia y formada en las
“capitales intelectuales de la civilización”. O sea, Europa.
En la misma carta, Mariani dice: “¡Qué gesto el de Martín Fierro si se encarara con el maestro gritándole: Maestro, su
adhesión al fascismo es una porquería!”. En un tono de purísimo lenguaje, Méndez aclara que ellos no podrán responder
de esta manera: “En primer lugar, porque hemos tenido una educación doméstica lo suficientemente esmerada para
impedirnos perder hasta tal extremo nuestra compostura, y luego, porque poseemos medios de expresión un poco más
complicados pero igualmente eficaces”. Así responde la revista en la que participaron González Lanuza, Xul Solar, Borges
y Girondo: ante todo los modales. No buscan al público de un nivel cultural “bajo” ya que no están dispuestos a “tirar
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margaritas a puercos”(06-09-1924, Martín Fierro). La actitud de la revista de Florida no es para nada amable con los
inmigrantes sino que rescata la “pureza” de las formas en una actitud poco proclive a la solidaridad social. Europa sí,
europeos... algunos.
 
En “Extrema izquierda”, para referirse a “Martín Fierro”, se decía: “un gaucho matrero que degeneró en niño fifí”. Hay una
postura clasista pura que se mantiene enarbolada para mirar por encima y dirigir la consagración de lo culturalmente
legítimo. Y eso no es otra cosa que la fusión del contenido y las formas. Política y literatura. Por más que digan rescatar
artísticamente las formas sin demorarse en el contenido, el arte-purismo literario conlleva una postura política ideológica
(todo movimiento intelectual la posee, por presencia o ausencia). Política y literatura en momentos en que las ideas salían
al cruce de la sociedad. Boedo y Florida, la polémica abierta y la crítica alerta.
 
Un tiempo después
A ochenta años de esta polémica ¿dónde han quedado los debates y las discusiones de los intelectuales? Con los medios
masivos centralizados en pocas manos la crítica aparece como lo prohibido para muchos. El miedo a ver cerradas las
puertas de la masividad es muy fuerte. Como si no hubiera otras puertas, los intelectuales y escritores de hoy prefieren
guardarse sus ideas para compartirlas en la intimidad o en alguna entrevista con un pasquín estudiantil (que pueda ser
fácilmente desacreditado). Todo se ha vuelto uniforme, sólo se critica (tibiamente) a aquellos que ya están fuera de los
circuitos masivos y no a quienes se encuentran bajo el ala de algún conglomerado mediático. La chatura intelectual solo
permite que se hable vagamente sin atacar a los centros neurálgicos del poder. Cada cual a su quintita.
El signo de estos tiempos está sintonizado con la pasión acomodaticia en boga. Los escritores e intelectuales (más
literatos, menos filósofos) están marcados por la ideología forjada por la lógica de la democracia posmoderna (neoliberal).
Para dar un ejemplo, los políticos (hijos de una globalización exclusivista) ya no poseen ideales sino estrategias, y no le
hablan al pueblo sino a potenciales clientes. La introducción de esta razón marketinera en los medios masivos de
influencia, y trasvasada después a las factorías de intelectuales, otorga la legitimidad al discurso “moderado”. No es un
inconveniente para el debate que el discurso sea moderado sino que también es frío, “objetivo” y “neutral”. Ningún
discurso que transgreda lo que es bueno decir y a lo que es malo adscribir será aceptado. Hoy es bueno decir que Hitler y
Bush son despiadados, pero no está aceptado decir que la sociedad alemana, (mittelstand sobre todo) de la década del
30, poseía mecanismos y actitudes a los cuales la sociedad norteamericana actual hace actuar eficaz y suavemente. Los
intelectuales-operarios siguen esta línea acrítica y complaciente. No analizan. Solo repiten y escriben (y cobran, claro).
Intransigencia es una palabra anulada, las discusiones y las polémicas ya no existen, ha ganado el miedo. Y ese miedo no
es por la necesidad de subsistencia, no es porque los literatos tengan pavura a ver comprometida su existencia; sino
porque tienen un terror infinito a vivir “inseguros”, a perder sus “fueros” constituidos en los grandes medios que marcan las
pautas. Entonces se acostumbran a ser marionetas fláccidas sin otra función que la de ser operarios, la alegría no se
encuentra en decir lo que se piensa y reflexionar sobre la sociedad sino en obtener legitimidad en los más altos cenáculos
intelectuales, entre autoayudistas y politólogos políticamente correctos. La audacia de un Arlt, un Quiroga o un Martínez
Estrada, (cada cual en su posición) para reflexionar sobre el trabajo del intelectual, no es valorada. Y lo que no es
valorado no cobra ¿Hacer algo auténtico? Mucho sufrimiento. Veletas, cobardes, aburridos, insulsos, subordinados y
cagones.
Las agendas ya no son manejadas por los que las llenan sino por los que las administran y venden. Tan fácil sería que
diesen el paso hacia la autonomía... pero no seamos ingenuos: Los escritores “consagrados” son hijos de un orden que
ellos ayudan a construir. Y esos son los “autores-faro” a los que siguen los legos. Los intelectuales argentinos no poseen
la valentía de antaño. Aquellos escritores, estudiosos de la sociedad, hubieran cambiado mil palabras insulsas (aunque
bien pagadas) por una ardiente discusión que demostrara la fuerza de las ideas; y hubieran bregado por la utilidad social e
intelectual de un debate comprometido antes de dar un millón de conferencias huecas. Los rastrillos han dejado marcas
muy profundas, y siguen arando -entre tantos motivos- porque los ayudan a arar.

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