El director de un hospital público quiere retener al mejor cardiólogo del hospital ofreciéndole un aumento de sueldo, pero el jefe de personal se niega a autorizar el aumento alegando que va en contra de la normatividad interna. Esto lleva al cardiólogo a renunciar y al director a pedir la renuncia del jefe de personal.
0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos)
71 vistas1 página
El director de un hospital público quiere retener al mejor cardiólogo del hospital ofreciéndole un aumento de sueldo, pero el jefe de personal se niega a autorizar el aumento alegando que va en contra de la normatividad interna. Esto lleva al cardiólogo a renunciar y al director a pedir la renuncia del jefe de personal.
El director de un hospital público quiere retener al mejor cardiólogo del hospital ofreciéndole un aumento de sueldo, pero el jefe de personal se niega a autorizar el aumento alegando que va en contra de la normatividad interna. Esto lleva al cardiólogo a renunciar y al director a pedir la renuncia del jefe de personal.
El director de un hospital público quiere retener al mejor cardiólogo del hospital ofreciéndole un aumento de sueldo, pero el jefe de personal se niega a autorizar el aumento alegando que va en contra de la normatividad interna. Esto lleva al cardiólogo a renunciar y al director a pedir la renuncia del jefe de personal.
Descargue como DOC, PDF, TXT o lea en línea desde Scribd
Descargar como doc, pdf o txt
Está en la página 1de 1
CASO: DOCTOR ESPÍNDOLA
El doctor Manuel Hernández, director de un hospital público de la Ciudad, ante la renuncia
presentada por el doctor José Espíndola, el mejor cardiólogo del hospital, quiso retenerlo ofreciéndole un pequeño aumento de sueldo y permitiéndole un mejor horario de trabajo que el de los otros médicos, siempre y cuando atendiese a los pacientes asignados. El doctor Espíndola argumentaba que él perdía mucho al no poder atender a los pacientes que lo buscaban en su consultorio particular y que, por otra parte, el sueldo que percibía en el hospital no era suficiente. No obstante la fuerza de sus argumentos, el doctor Espíndola terminó por ceder a la petición del doctor Hernández, acordando ambos en que este último se encargaría de llevar a cabo los trámites necesarios para cumplir lo prometido. Al solicitar el doctor Hernández al Lic. en Admón. Sergio Pérez, jefe de personal de la institución, que efectuara los trámites necesarios para elevar el sueldo del doctor Espíndola, fue informado que eso no era posible de acuerdo con la normatividad interna. Ante la negativa, el doctor Hernández argumentó molesto que no podían ser burócratas y dañar vidas por trabas administrativas. Añadió que el doctor Espíndola colaboraba siempre con el hospital aun fuera de su horario normal y el aumento que solicitaba era pequeño dado su prestigio, ya que tan sólo consistía en 15% del sueldo que recibe un médico de su categoría conforme al tabulador, lo que afirmó, era poco comparado con el costo de las demandas que el hospital había tenido que pagar por errores cometidos por otros médicos. En ese año se habían pagado multas e indemnizaciones equivalentes a 30 veces el sueldo del mismo doctor y que eso sí estaba totalmente fuera de una partida presupuestal. Por otra parte, el director consideraba que sería sumamente difícil reemplazar al doctor Espíndola, debido a su elevado nivel técnico. A pesar de las argumentaciones del doctor Hernández, el Lic. Pérez continuó objetando que no se podían violar las normas en un hospital público, hasta que se retiró sin llegar a un acuerdo; sin embargo, el doctor Hernández consideró que lo que le había dicho a Pérez era suficiente para que éste realizara el aumento ya que él era el director. El día de la quincena, el doctor Espíndola se dio cuenta que su salario no había sido incrementado. Se dirigió a la jefatura de personal, donde preguntó por su aumento al Lic. Pérez, quien le informó que ello no era posible pues no procedía conforme a la normatividad vigente en el hospital. Inmediatamente el doctor Espíndola se retiró y procedió a elaborar y firmar su renuncia, entregándosela al director. Este hecho molestó al doctor Hernández, director del hospital, que en el acto mando llamar a Pérez. Al tenerlo frente a sí solicitó su renuncia. Éste se limitó a contestar que no había motivo legal para ser despedido, y que por tanto demandaría a la institución, pues si no aplicaba la norma incurría en responsabilidad, y de no acatar las órdenes del director también sería despedido.
Preguntas
1. ¿Hay dualidad de autoridad? En tanto que el jefe de personal es la autoridad en materia de
salarios y responsable de aplicar la norma legal y, por otro lado, el director es el responsable de los resultados. 2. ¿La burocracia (normatividad inflexible) puede ocasionar mayores costos? 3. ¿Qué hubiera hecho usted en lugar del doctor Hernández? 4. ¿Es correcta la posición del Lic. Pérez al no autorizar el aumento? 5. ¿La autoridad del director es suficiente para resolver un problema que está más en el ámbito del liderazgo y por tanto en su influencia moral? 6. ¿Las estructuras actuales de la organización de la salud pública deben modificarse? Analice a la luz de las teorías estructuralistas. 7. ¿Qué propone para resolver este caso?