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El Ensayo Como Puente Entre Filosofía y Literatura

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El ensayo como puente entre la filosofía y la literatura

Karen González Cabrera

Gran parte de la crítica sobre el género ensayístico lo ubica dentro del campo de lo literario.
Esto abre camino a una problemática amplia sobre la expresión literaria y subjetiva que
aparece en algunos textos filosóficos y científicos. Encarna una discusión sobre la
tendencia a separar en objetivas y subjetivas las obras de escritores, filósofos y científicos.
Y el ensayo, género hibrido, en todas sus modalidades y con lazos en todas las áreas de
conocimiento, es fijado dentro de las expresiones literarias. En este sentido, se deduce que
todo texto que contiene la expresión particular de su autor sobre algún tema o
acontecimiento, inmediatamente resulta un "género menor" para algunos. Eduardo Nicol
argumenta que, justamente, las áreas de conocimiento como la filosofía y la ciencia
precisan de una forma de escritura que está separada de toda expresión subjetiva, pues su
pretensión es universalista, pretenden explicar la realidad de forma objetiva a través de
conceptos y abstracciones que dan cuenta de la realidad.

Ortega y Gaset, según Nicol, aunque filósofo riguroso, utiliza herramientas literarias en sus
ensayos, caso extraño por tratarse de un filósofo, comenta, ya que, no obstante, el ensayista
español condensa de forma genial los componentes de la ligereza de la expresión y la
profundidad de las ideas. Nicol argumenta a partir de la hibridez característica del género
en que escribe este filósofo al que ensalza, la separación tajante entre la filosofía y la
literatura a causa de su forma de expresión, pues la expresión literaria rompe con las
pretensiones de universalidad de la filosofía y las ciencias. Ortega y Gaset es pues, el
vehículo que utiliza para explicar aquello que es el ensayo a partir del dibujo de los límites
de la filosofía y las ciencias. De manera que la inserción de puntos de vista del autor en un
tratado científico lo convierten en ensayo, porque las problemáticas conceptuales son de
universales a universales, no de particulares a universales, como el caso del ensayo que
parte de la vivencia, del yo, para ir hacia asuntos universalistas a cerca del individuo y la
vida.

En su ensayo "La filosofía como expresión literaria (propuesta)" de 1991, Emilio Uranga
aborda esta problemática desde un punto de vista opuesto y cita al propio Ortega y Gaset al
respecto. Según Uranga, Ortega y Gaset considera lo filosófico como un componente que
se puede encontrar igualmente en un tratado que en una novela, cuento o poema. Esta
problemática discutida en el propio ensayo de Nicol, tiene su contraparte en el ensayo de
Emilio Uranga quien propone que la filosofía es una expresión literaria, ya que lo filosófico
y lo poético nunca han estado realmente desligados. El pensamiento de que los filósofos
"escriben mal" a causa de la importancia que se le da a las ideas más que a la expresión de
las mismas pretende separar la expresión de las ideas filosóficas, como si ello fuera posible.
Para Uranga la belleza de la expresión en filosofía es aquella que es fiel a la idea que
pretende expresar, las palabras son dóciles a la idea, no a la mera expresión, dice. Y
aquellos errores gramaticales y sintácticos en que incurren algunos filósofos no son más
que formas para expresar ideas que necesitan nuevas formas y palabras, ejemplo de esto es
Heidegger, quien crea palabras y recupera etimologías para expresar su pensamiento
filosófico.

Si bien es cierto que cada género de escritura, sea literario o no, corresponde a un contenido
y pretensión específicos, separar la escritura que precisa de una expresión literaria de la de
las ciencias a partir de una supuesta invalidez por carecer de un método riguroso me parece
dudoso y resultado solamente de una pretensión de objetividad que tienen las ciencias y
algunos sistemas filosóficos, pues ejemplos de verdaderas obras filosóficas que emplean
expresiones literarias hay muchos. Si las ideas requieren de una expresión que se decanta
por lo poético, son ellas las que buscan esa forma, y quizá son la mejor manera de mostrar
la profundidad de tales abstracciones.

Para Uranga hay un lazo entre filosofía y literatura que le sirve como base para el
argumento de que la filosofía es una expresión literaria: el drama de los enunciados
filosóficos, porque en cada proposición lógica figura un micro drama, un juego de palabras,
explica, pues palabras y enunciados en filosofía contienen en sí mismos una contradicción,
un problema filosófico, así, expone: "un discurso en que las proposiciones espejearan a la
vez la identidad y la contradicción de lo que enuncian sería el discurso propiamente
filosófico, aunque se dijera bajo la forma de poesía, de cuento o de tratado".
Bajo el argumento de Ortega y Gaset encontramos ejemplos de obras literarias que
contienen una semilla filosófica, así como obras filosóficas que utilizan recursos literarios,
de manera que la distancia no es grande entre filosofía y poesía, como apunta Uranga.

Pero volviendo al tema que propició llegar hasta Uranga, Eduardo Nicol utiliza el ensayo
como pretexto para hablar de la problemática de las formas expresivas de las obras
filosóficas desacreditando a aquellas que presentan la voz de su autor, pues ya no son
discursos de conceptos universales, apunta, "La ciencia positiva y la filosofía no surgen del
aire fino, por generación espontánea, sino que son productos del obrar humano" por lo cual,
dice, es preciso un análisis que dé cuenta de las motivaciones de cada teoría y sus
evoluciones fuera de la perspectiva de los propios autores, desde un enfoque cientificista.

Considero que conocer la obra filosófica de un autor lleva casi siempre a rastrear su
trayectoria académica e incluso conocer escritos que no son propiamente sistemáticos y
abonan al conocimiento de las motivaciones de su propuesta y sus cambios y maduraciones.
Con fines de estudio se suele separa la obra de la vida de su autor, sin embargo, detrás de
cada obra, de cualquier tipo, hubo una persona que la realizó y su importancia vital
evidentemente está implícita en el proceso de tal realización.

Desde su origen, la filosofía y la literatura han tenido objetivos comunes en torno al


individuo. Pero mientras la filosofía piensa desde un punto de vista distanciado la esencia
del individuo y la vida a partir de abstracciones, la literatura representa el drama de la vida
del individuo. Así pues, el ensayo, género intermedio entre estas áreas, parte de una
particularidad o desde la experiencia del yo para llegar a una universalidad, es decir, nace
desde el drama de la vida para insertarse fuera del escenario y como apéndice de éste para
dar cuenta de sentidos. Micro y macro dramas son a su vez condensados en el ensayo desde
un ejercicio focal que surge de la particularidad para insertarse en la universalidad.

Considero que la diferencia estriba en los objetivos y en las pretensiones de cada área de
conocimiento. La exhaustividad de un tratado y un ensayo llamado literario tienen la misma
validez y asertividad dentro del campo del conocimiento, pero son formas distintas de
conocer la realidad, ya lo hemos visto a lo largo de la historia con periodos como el
Renacimiento que proponía como centro al yo, al individuo y su reflexión más que al
tratado.

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