Tres Llaves Que Abren Una Vida - Robert Vargas
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Tres Llaves Que Abren Una Vida - Robert Vargas
Robert Vargas
© 2010 Robert Vargas
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el permiso previo de los editores.
Diagramación y diseño de la portada por Alexander Mendoza
mendoza.alexander@gmail.com
Impreso en Venezuela
Introducción
CUANDO USTED ESCUCHA LA PALABRA “LLAVES” lo que
seguramente llega a su mente es que es una herramienta que sirve
tanto para abrir o cerrar. Con ella podemos cerrar las puertas de
nuestro hogar y darle seguridad a nuestra familia, poder encender el
motor de un carro y dirigirnos a diferentes lugares o abrir una puerta
y permitir que entre un amigo a nuestro hogar. En fin, las Llaves son
de gran utilidad para nuestras vidas. Y es por ello que hablaré en
todo el contenido de este libro de 3 Llaves que le permitirán abrir
un nuevo estilo exitoso en su vida y así poder hacer realidad lo que
Dios ha determinado para su existencia.
A través del tiempo he notado que uno de los factores que ha
detenido el avance de muchas personas, ha sido el
desconocimiento de principios universales establecidos por Dios y
los excelentes resultados que estos nos pueden traer. Creo que
estos principios podemos darle el nombre de “Llaves”. No dudo al
creer que Dios posee infinidades de Llaves que nos permitirán
abrir puertas y así llevarnos a niveles de vida más altos y la
vivencia de experiencias extraordinarias.
Todos nosotros en diferentes aéreas necesitamos tener
puertas abiertas que nos permitan alcanzar bendiciones que están
detrás de ellas. El mismo apóstol Pablo pensaba en ello, pues le
escribió a la iglesia a los colosenses: “… orando también al mismo
tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta…”
Colosenses 4:3. Pablo sabía que había una puerta que necesitaba
estar abierta para así establecer el propósito en su servicio a Dios
y pidió oración por ello. En otra carta, pero esta vez a los Corintios,
escribe: “porque se me ha abierto puerta grande y eficaz…” 1
Corintios 16:9. Aquí el apóstol estaba reconociendo que se le estaba
abriendo una gran oportunidad y que al tener esa puerta abierta
había que aprovecharla al máximo.
En conclusión, podemos decir con estos dos pequeños
ejemplos bíblicos citados anteriormente, que se necesitan ciertas y
específicas Llaves para abrir oportunidades y así explotar al máximo
el potencial y las cualidades que Dios nos ha entregado para
triunfar. Así que, a medida que vaya descubriendo estas 3 Llaves a
través de la lectura le animo y motivo para que pueda usarlas y así
abrir para usted puertas y bendecir a otras personas.
Robert Vargas
Barquisimeto – Venezuela
Primera Llave
Oír Palabras Motivadoras
Los Efectos del Oír
Está comprobado que nuestras reacciones, decisiones y
comportamientos están basados en lo que pensamos, consciente o
inconscientemente. Y a su vez nuestros pensamientos están
fundamentados en lo que entra a nuestra mente, ya sea por medio
del oído, vista, lo imaginativo, etc.
Debido a esto, la Biblia nos alerta una y otra vez en el cuidado
que debemos tener en las palabras que entran a nuestra mente por
medio del sentido del oído. Nos dice el Espíritu Santo a través del
rey Salomón:
“Cesa hijo mío, de OIR las enseñanzas que te hacen divagar
(errar) de las razones de sabiduría”
Proverbios
19:27
Dios está muy interesado en que prestemos mucha atención a lo
que oímos diariamente, y aquí en este verso bíblico nos advierte en
dejar de escuchar aquellas palabras que nos apartan de su
sabiduría. ¿Por qué? Porque es importante que una persona que
continuamente esté escuchando palabras negativas pueda ser
exitosa y estable en la vida.
¿Sabías qué lo que llega a nuestra mente, normalmente se
convierte en una idea? Y si esta idea permanece el tiempo
suficiente dentro de nosotros se convertirá en una creencia o lo que
es lo mismo en una convicción. Son estas convicciones las que nos
hacen tomar decisiones ya sean buenas o malas, todo dependerá
de la calidad de palabras que hayamos oído. Vea el siguiente
gráfico:
Palabras oídas
Llega a nuestra mente
Forma una idea
Establece una creencia o convicción
Segunda Llave
Pensar en Positivo
Tercera Llave
Hablar Palabras Llenas de Fe
Las palabras,
documentos escritos
Dios me dijo en una oportunidad algo que transformó por completo
mi manera de vivir y deseo que al leer esas palabras le preste la
mayor atención posible. Las palabras que Dios me dijo fueron las
siguientes: “Tus palabras son documentos legales, escritos en
el mundo espiritual”. ¿Leíste bien? Quiero repetirlas, pero esta
vez en primera persona; “Nuestras palabras son documentos
legales, escritos en el mundo espiritual”. A partir de esta
declaración que vino de parte de Dios, tomé la precaución y un
sumo cuidado con cada palabra que sale de mis labios. Me di a la
tarea de vigilar que lo que saliera de mis labios fueran palabras
positivas y llenas de fe. Le testifico que he pasado un buen tiempo
con un lenguaje distinto y los resultados han sido
SORPRENDENTES. Puedo decir que todos los aspectos de mi vida
han cambiado para bien producto de esa revelación que vino de
parte de Dios.
Leyendo la Biblia, después que Dios trajo esa palabra a mi vida,
entendí el texto siguiente:
“El que quiere… ver días buenos, refrene
su lengua del mal”
1 Pedro 3:10
Con solo leer detenidamente este verso bíblico he comprendido
con claridad que el problema que tienen muchas personas en no ver
días buenos en sus vidas está en no refrenar su lengua de hablar
mal y confesar palabras llenas de incredulidad. Gente que no han
tenido el más mínimo cuidado a la hora de pronunciar palabras. Hay
algunos que ni cuenta se dan de las consecuencias negativas que
trae para sus vidas el tipo de palabras que dicen y del daño que
hacen a otras personas con lo que pronuncian.
Uno de los reyes más nombrado en el antiguo testamento, el rey
David, como que ya sabía que nuestras palabras son documentos
escritos y que tienen tremendos efectos al pronunciarlas, pues él
dijo en una oportunidad:
“Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero”.
Salmo 45:1
Fue aquí en este versículo que comprendí como eran escritos
esos “documentos” en el mundo espiritual; con mis palabras. Me di
cuenta que mi lengua es una pluma que puede escribir para mi bien
como también para mal. Ahora, en mi continuidad de la lectura
bíblica obtuve más revelación con lo que escribió el rey Salomón en
su libro de proverbios:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua”
Proverbios 18:21
Llegué a la conclusión, después de estos textos bíblicos, que las
palabras que pronuncio con mi lengua, juegan un papel muy
importante y determinante para mi futuro. Note que este último texto
del hijo de David dice que la muerte y la vida están relacionadas
directamente con las palabras que pronunciamos con la lengua. Por
lo tanto, está en no-sotros determinar qué tipo de palabras
pronunciamos. Podemos decidir en pronunciar palabras de muerte,
enfermedad, pobreza o decidir hablar palabras de vida, salud y
prosperidad.
Lamentablemente hoy son incontables las personas que
continuamente caen en el error de confesar palabras de maldición y
no se dan cuenta que con ese tipo de declaraciones están
acarreando desgracias para sus vidas. Ahora, alguien podría decir
que en su vocabulario no hay ese tipo de palabras, no obstante,
creo que eso es producto del mal concepto que se tiene de la
palabra maldición. Si estudiamos este término veremos que
maldecir viene del griego kakologeo que significa hablar mal; kako,
mal; lego, hablar. Así que, maldecir es simplemente confesar o
hablar mal. Ahora, lo contrario de esta palabra maldición es
bendición, y esta última viene del griego eulogia que significa hablar
bien; eu, bien; lego, hablar. De esta palabra griega es donde se
deriva el término elogio, es decir, usted elogia cuando habla bien.
Para notar como hay vidas que suelen hablar mal veamos
“inocentes” maldiciones que muchos hablan sin percatarse de ello.
Por ejemplo, cuando alguien, por cualquier motivo no recuerda un
asunto y dice: “Es que esa mente mía no me sirve para nada”, allí
esta persona ha incurrido en palabras de maldición, soltó una
maldición en contra de su cerebro sin darse cuenta. Otro ejemplo
podría ser cuando cualquiera confiesa: “Yo nunca viviré sin
problemas, pues salgo de uno y entro en otro”. Allí también se ha
caído en un mal hablar. Y qué me dice de esta: “Este muchacho si
es malasangre”. Si lo ha notado esta palabra “malasangre” es una
sangre mala, y escuché en una oportunidad que una madre
insistentemente le confesaba eso a su hijo produciendo tiempo más
tarde Leucemia, es decir cáncer en la sangre, que por supuesto esta
enfermedad produjo la muerte de su hijo. Indiscutiblemente que
peligroso son las palabras de maldición.
Un último ejemplo podría ser una madre o un padre diciéndole a
su hijo “Muchacho bruto, tú no sirves para nada”. ¿Le es familiar ese
tipo de confesión? Puede que piense que si y que en varias
oportunidades le dijeron ese tipo de MALDICIÓN. Ahora, esto es
solo cuatro pequeños ejemplos, pero la lista de palabras de
maldición podría no terminar. Es por ello que a nuestro alrededor
nos conseguimos infinidad de personas que sus estilos de vidas son
a medias. Seres que no han podido remontarse a las alturas de la
excelencia por el tipo de maldiciones (hablar mal) que salen de su
boca o que le han confesado y atados por años.
He pensado con mucho detenimiento esto del hablar de las
personas y he llegado a la conclusión de que son muchas las que le
dan poca o nada de importancia a este tema de las confesiones. He
observado que hay una fuerte y profunda ignorancia de los efectos
que tienen las palabras habladas. Debemos entender que las
palabras que pronunciamos cada día no se las lleva el viento, como
algunos creen erróneamente, son esas palabras las que
precisamente van a determinar nuestro estilo de vida en el presente
y en el porvenir.
Permítame explicarle y profundizar un poco acerca de
cómo es que nuestras palabras son un documento escrito.
Cuando una persona rica escribe un testamento y muere, ese
documento entra en vigencia. Será este escrito lo que va a permitir
saber cómo se va a distribuir los bienes que esa persona fallecida
ha dejado. Dicho en otras palabras; el documento declara la
decisión del fallecido. Es exactamente lo que ocurre con nuestras
palabras, nosotros “escribimos los documentos” que han de decidir
nuestro futuro. Si hablamos palabras positivas, edificantes y que
están de acuerdo a la palabra de Dios, tendremos éxito, pero si
hablamos palabras negativas, llenas de incredulidad y que no estén
en línea con lo que ha dicho Dios, tendremos resultados
desagradables.
En nuestra cultura occidental se le da muy poca importancia a lo
que se dice, pero si una suma importancia a los documentos
escritos, firmados y sellados. Pero sí vemos en la Biblia, que es la
guía para nuestras vidas, notamos que Dios le da mucha
importancia a nuestras palabras, ya sea aquí en América o en
cualquier parte del mundo. Para él es tan legal las palabras
pronunciadas, como es para nosotros un documento firmado y
sellado en nuestras manos. Por ejemplo, usted puede tener en su
poder el título de propiedad de un terreno y con ese documento ir a
cualquier tribunal y confirmar que ese terreno es suyo. Con nuestras
palabras ocurre lo mismo, pues ellas son documentos legales,
escritos en el mundo espiritual. Son nuestras palabras o esos
“documentos” los que le dan la autoridad a Dios de moverse a
nuestro favor; pero de la misma manera le pueden dar el poder y
autoridad a los espíritus de las tinieblas para dañarnos.
Si lo ha notado, hay a nuestro alrededor seres que solo hablan
palabras cargadas de enfermedades, quejas e incredulidad. Son
este tipo de personas que no salen de problemas y pareciera que
nunca les sucediera algo bueno que resaltar. Debido a esto sus
cuerpos tienden a ser débiles y con una fuerte tendencia a las
enfermedades debido a las palabras que pronuncian continuamente.
Sus cuerpos reaccionan de acuerdo a lo que sus labios confiesan.
Dijo Santiago, inspirado por el Espíritu Santo, estas palabras:
“... la lengua está entre nuestros miembros y
contamina todo el cuerpo”
Santiago
3:6
¿Notó las palabras contamina todo el cuerpo? El cuerpo es
afectado, para bien o para mal, por las palabras que hablamos. Si
usted confiesa que su cuerpo no sirve para nada, vaya preparando
los servicios de la funeraria porque con unas palabras de ese tipo no
le queda mucha vida. Los médicos han comprobado que nuestras
palabras afectan directamente nuestro cuerpo y nuestro estado de
ánimo. Han explicado que nuestro sistema inmunológico, que son
nuestras defensas naturales, es fortalecido o debilitado por las
confesiones que hacemos. Por ejemplo, si alguien dice: “Es que mi
cuerpo está muy viejo, no me sirve para nada y siempre está
enfermo”, allí se cumple lo que dice Santiago que nuestra lengua
contamina todo el cuerpo y por ende nuestras defensas son
debilitadas por dicha confesión. Ahora, su sistema inmunológico se
fortalecerá cuando usted confiesa algo como “Cada día mi cuerpo
recibe fuerza de Dios y tengo las fuerzas del búfalo”. Si cada
mañana usted se anima y se decide a confesar palabras de este
tipo, no me extrañaría de que su cuerpo viva con una salud
inquebrantable. Voy a repetirle lo que dijo el sabio Salomón:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua”.
Proverbios 18:21
Aquí en este verso bíblico dice la muerte y la vida, sin embargo,
me atrevería a decir también: la enfermedad y la salud, la pobreza y
la prosperidad están en poder de la lengua. Irrefutablemente si
deseamos tener una vida exitosa y sobresaliente debemos
obligatoriamente erradicar toda confesión de derrota, de muerte, de
enfermedad y de pobreza de nuestros labios. Debemos
acostumbrarnos a un lenguaje Bíblico, un lenguaje que esté de
acuerdo con las declaraciones de Dios. Le aconsejo que cuando
esté tentado a pronunciar palabras negativas cierre su boca y no
diga nada o mejor confiese ¡Aleluya estoy en victoria!
Uno de los pasajes más ilustrativo para confirmar que nuestras
palabras son documentos escritos, es el de Noé y sus hijos. Dice en
el libro de Génesis que después del diluvio Noé se embriagó y uno
de sus hijos, llamado Cam, vio su desnudez (parece ser que era
prohibido que un hijo viera la desnudez de su padre). Pero lo que
quiero que notes son los versículos siguientes:
“Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que había
hecho su hijo más joven”.
Génesis 9:24
Dicen algunos estudiosos de la Biblia que Cam no solo vio la
desnudez de su padre Noé, sino que también abusó sexualmente de
él. Sin embargo, lo que deseo que notes, es que después de este
acontecimiento Noé abre su boca y pronuncia palabras que se
“escriben” en el mundo espiritual y que traerían como resultados las
maldiciones para los descendientes de Cam y Canaán (nieto de
Noé) y bendiciones para sus otros dos hijos (Sem y Jafet) y sus
descendencias. Las palabras que pronunció Noé fueron las
siguientes:
“Maldito sea Canaán; siervo de siervos
será a sus hermanos.
Bendito por Jehová sea Sem; Y sea Canaán su siervo.
Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de
Sem y sea Canaán su siervo”.
Génesis
9:25-27
Noé era un hombre que sabía los efectos que tienen las palabras
pronunciadas, porque después de enterarse de lo sucedido no
buscó otra manera de castigar a su nieto Canaán, sino solo
pronunciar palabras de maldición contra él y su futura descendencia.
Si observamos las genealogías que se desarrollaron de estos tres
hijos de Noé, después que éste pronunció estas malas y buenas
palabras, notaremos que fueron desa-rrollándose de acuerdo a
dicha confesión. Los descendentes de Cam recibieron una maldición
y originaron naciones, que según el historial bíblico, trajeron cargas
y problemas en vez de bendición. Por ejemplo, la gran mayoría de
los países del continente africano, el más pobre de este planeta y
donde se han originado varios tipos de enfermedades, proviene de
esta línea genealógica (descendientes de Cus, Mizraim y Fut).
Como dije anteriormente hay la teoría de algunos eruditos al
decir que Cam no solo vio la desnudez de su padre, sino que
también abusó de él sexualmente. He creído esto simplemente por
dos razones; primero, porque después que Noé despierta dice la
Biblia que él supo lo que su hijo Cam le hizo, estas palabras dejan
ver que no fue simplemente que Cam vio la desnudez de su padre,
sino que hubo una acción sobre Noé, y segundo, por las
descendencias que salieron de Cam. Si estudiamos la genealogía
de este hijo menor de Noé veremos que venía marcada por una
maldición. Fue esta descendencia la que precisamente dio origen a
las ciudades de Sodoma y Gomorra. Y si vemos el historial de estas
dos ciudades, notaremos que fueron famosas por las perversidades
sexuales que allí existieron. La perversidad llegó tan lejos que
quisieron tener relaciones sexuales con aquellos ángeles que Dios
había mandado a la casa de Lot para avisarle que saliera de allí por
la destrucción que se avecinaba a estas dos ciudades.
Me preguntaba por qué estás ciudades tenían tan fuerte
inclinación hacia la depravación sexual, y llegué a la conclusión de
que todo eso comenzó en la violación de Cam a su padre y luego
el sello de la maldición de Noé sobre sus descendientes. Es por ello
que el sabio Salomón escribió:
“… la maldición nunca vendrá sin causa”
Proverbio 26:2
Es decir, que la maldición de esas vidas perversas de Sodoma y
Gomorra fue causada años atrás. Todo esto me ha enseñado que
la confesión de palabras no es algo que deba tomarse ligeramente,
sino que es un tema que debe dársele una profunda consideración
y que las palabras de un padre, que es autoridad en su hogar,
marca el futuro de sus hijos.
Con referente a esto de las palabras de los padres, en una
oportunidad, después de dar una conferencia del poder de las
palabras, se acercó una mujer y me comentó que ahora entendía
porque le sucedieron tantas desdichas a una joven que ella conocía.
Ella me platicaba que trabajando en una casa de familia extranjera,
la hija del señor se enamoró de un joven venezolano, y el padre no
estaba de acuerdo con esa relación, pues él quería que su hija se
casara con un hombre de su misma nacionalidad. Esta hija le
desobedeció y se casó a escondida de su padre. Me decía esta
mujer que, cuando el padre se enteró de esto se molestó tanto que
cuando su hija se iba de su hogar le dijo con una voz furiosa: “Todos
los hijos que tengas con ese hombre, los perderás en abortos”.
¿Cuáles han sido los resultados? Esta joven ha sufrido tres abortos
y sin poder tener el primer hijo.
Alguien que ignore los efectos de una maldición podría atribuirle a
la “mala suerte” la infelicidad de esa joven, pero aquel que conoce
que nuestras palabras son documentos escritos en el mundo
espiritual, sabrá que todos esos abortos son producto de un
maleficio que vino con palabras pronunciadas por un padre airado.
Si usted que está leyendo estas líneas es padre o una madre le
pregunto: ¿qué le está diciendo y profetizando a sus hijos? ¿Qué
cosa le está marcando para su futuro? Si son cosas malas, por favor
ahora mismo anule todo eso con sus palabras y comience solo a
confesarle bendiciones.
Siguiendo con la historia del patriarca Noé, este también habló
otras palabras, pero a diferencia de las primeras, estas fueron de
bendición. Noé escribió para Sem: “Bendito por Jehová sea Sem
y sea Canaán su siervo”. No es de extrañarse que nuestro Señor
Jesús viniese de una generación bendita. La nación de Israel nace
también de esta línea genealógica y fue esta la causa por la cual
Dios le entregó la tierra de Canaán a la nación de Israel. La
bendición que reposaba sobre la descendencia de Sem decía que
los cananeos debían ser sus siervos. ¿Quiénes eran los pueblos
que fueron destruidos por Israel en los tiempos en que Josué
conquistaba la tierra prometida? Precisamente los descendientes
de Canaán.
¿Te das cuenta que las palabras que pronunciamos hoy
determinarán nuestro mañana? Escribe para tu vida, para tus
negocios, para tus hijos y para tu cuerpo cosas buenas. No permitas
que la incredulidad y el fracaso gobiernen tu vocabulario, sino más
bien la victoria y el éxito.
Una Venta en lo Espiritual
El libro de Génesis relata otra historia sorprendente de como se
escriben documentos en el mundo espiritual. Dice que Rebeca, la
esposa del patriarca Isaac, concibió gemelos en su vientre y cuando
llegó el tiempo del alumbramiento, el que salió primero le pusieron
por nombre Esaú y al otro Jacob.
“Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, había
gemelos en su vientre. El primero salió rubio: era todo velludo
como una pelliza, y le pusieron el nombre de Esaú. Después
salió su hermano, trabada su mano al talón de Esaú, y le
pusieron el nombre de Jacob.”
Génesis 25: 24-26
He estudiado un poco acerca de la cultura hebrea en lo referente
a los nombres que le colocaban a sus hijos y es sorprendente lo que
pude aprender de ese estudio. El nombre que se le colocaba a un
hijo prácticamente determinaba la personalidad y el futuro de este.
En este pasaje citado anteriormente nace dos niños, y al primero
que nace le colocan el nombre de Esaú. Este nombre significa
velludo, tenía tantos vellos en el cuerpo este niño que al verlo con
esas características físicas, le dieron ese nombre. Ahora, hagamos
dos preguntas: ¿por qué al segundo niño le dieron el nombre de
Jacob? y ¿qué significado tiene este nombre? Este nombre de
Jacob significa suplantador y personalmente creo que este nombre
se le lo dio específicamente su madre. Me inclino a decir esto
porque Rebeca recibió una revelación entes de que nacieran estos
hijos de que el menor iba, en un futuro, a suplantar al mayor. Dios le
dijo a Rebeca:
“Dos naciones hay en tu seno, dos pueblos divididos desde
tus entrañas, un pueblo será más fuerte que otro
pueblo, y el mayor servirá al menor”
Génesis 25: 23
Me da la impresión de que estas palabras dadas por Dios
marcaron para siempre a Rebeca. Así que, cuando sale el menor de
su vientre, ella le coloca el nombre de Jacob porque sabía, por lo
dicho por Dios, que un futuro su hijo menor suplantaría a Esaú.
Llego a la conclusión, que el nombre de Jacob prácticamente era un
nombre profético, porque cada vez que era nombrado le estaban
indicando que él iba a suplantar a su hermano mayor.
Debo resaltar que la Biblia relata que el niño varón que nacía
primero, es decir el primogénito, gozaba de ciertos beneficios que
no tenían el resto de sus hermanos, él venía a constituirse el jefe o
patriarca de la familia cuando fallecía su padre y heredaba la mitad
de todos los bienes que dejaba éste. Esto nos indica que sobre
Esaú reposaban grandes beneficios. Dicen las escrituras:
“… para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno
de los demás; porque él es el principio de su vigor, y
suyo es el derecho de la primogenitura”
Deuteronomio 21:17
Dice la Biblia que cuando estos dos muchachos crecieron, Jacob
había preparado un potaje y que su hermano Esaú venía cansado
de cazar en el campo. Era tanta el hambre que tenía Esaú que le
dijo a su hermano que le diera de ese potaje. Ahora, analiza bien la
respuesta de Jacob; él dijo:
“Véndeme en este día tu primogenitura”
Génesis 25:31
¿Por qué Jacob le hace esa propuesta a su hermano mayor?
Porque él sabía de los beneficios que se podían alcanzar al ser el
primogénito y anhelaba esa posición dentro de su familia. Ante los
ojos de Dios Esaú era el primogénito y era el que tenía derecho a
todo los beneficios de la primogenitura. Ahora, mira la respuesta de
Esaú a la propuesta de Jacob:
“He aquí que yo me voy a morir; ¿de qué, pues, me servirá la
primogenitura? Dijo Jacob: ¡Júramelo ahora! Él se lo juró y
vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú
pan y guisado de lentejas. El comió y
bebió, y levantándose, se fue. Así menospreció
Esaú la primogenitura”
Génesis 25:31-33
Me pregunto: ¿Había allí un abogado, un juez o un
representante del gobierno Hebreo? No, allí solo habían dos
muchachos negociando una primogenitura a través de palabras
habladas. Ahora, después que Esaú abrió su boca y juró que le
vendía la primogenitura a su hermano menor, en el mundo espiritual
se llevó a cabo un cambio de nombre. En la Biblia Dios debió
revelarse como el Dios de Abraham, Isaac y Esaú, sin embargo,
hasta hoy nuestro Creador se ha mostrado en su palabra como el
Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pero qué produjo éste
cambio de Esaú por Jacob, solo palabras habladas. Como le dije
anteriormente, para Dios las palabras habladas son tan legales
como lo son los documentos para nosotros. A los oídos de Dios las
palabras que pronunció Esaú fueron desagradables. Dice Dios en
su palabra:
“A Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación
y abandoné su heredad para los
chacales del desierto”.
Malaquías 1:3
Dios aborreció a Esaú por las palabras que pronunció al vender
su primogenitura y por su negligencia espiritual. ¿Sabías que la
posición que tú tienes ente los ojos de Dios puede ser afectada por
las palabras de tu boca? Si continuamente estás prenunciando
palabras negativas, tu existencia en esta tierra estará llena de
problemas como consecuencia de lo que continuamente confiesas.
Es decir, cuando tus palabras son contrarias a lo que dice la Biblia,
le cierras las puestas a las bendiciones que Dios desea para ti. Es
por eso que tu vocabulario debe ir siempre en línea con la palabra
de Dios.
No quiero terminar esta historia de estos dos hermanos sin antes
relatarte la bendición que “escribió” Isaac a Jacob y a Esaú antes de
él morir. Dice la Biblia que Isaac ya había envejecido y había
quedado sin vista, e ignorando el día exacto en que había de morir,
ordena a Esaú prepararle su plato favorito para luego bendecirlo
como el “primogénito”. Rebeca, su esposa, estaba escuchando
estas palabras y viendo que su otro hijo se había ido de caza, le
comenta a su hijo Jacob que vaya a su padre a recibir la bendición.
No obstante Jacob le responde a su madre que si su padre se
entera que no es Esaú en vez de bendecirlo lo maldecirá. Ahora,
quiero que notes las palabras de Rebeca:
“Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre
mi tu maldición…”
Génesis 27:13
Es sorprendente el conocimiento que esta mujer tenía acerca de
los efectos que tienen las palabras pronunciadas. Ella corrió el
riesgo que si su esposo confesaba una maldición sobre su hijo
Jacob, esa maldición caería sobre ella. Debido a eso disfrazó a
Jacob con los vestidos de Esaú y lo presenta delante de Isaac. Yo
me supongo que ya Rebeca sabía que años atrás su hijo mayor le
había vendido la primogenitura por un plato de lenteja a Jacob.
Cuando este estaba preparado para recibir la bendición, observa lo
que dice la Biblia:
“…y olió Isaac el olor de sus vestidos y lo bendijo diciendo:
Mira el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha
bendecido; Dios pues te dé del rocío del cielo y de las grosuras
de la tierra y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante
pueblos, y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos,
y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te
maldijeren, y benditos los que te bendijeren.”
Génesis 27:27-29
La bendición que confesó Isaac a su hijo Jacob, no eran papeles
firmados en lo natural, solo eran palabras que se estaban diciendo.
Isaac sabía muy bien lo que estaba ocurriendo en el mundo
espiritual con esas palabras que estaban saliendo de su boca. Que
diferencia a lo que ocurre hoy en día, son muchos los padres que
maldicen a sus hijos sin darse cuenta el efecto que se está
produciendo en el mundo espiritual para esas vidas y como
resultado dañará su futuro. Si los padres no ignoraran el daño que
puede producir las confesiones de maldición a sus hijos, pensarían
muy bien las palabras antes de pronunciarlas. Sigue diciendo las
escrituras que terminando Isaac de bendecir a Jacob, vino Esaú a
su presencia con el deseo de que éste lo bendijere, no obstante,
Isaac, un poco sorprendido, le comenta que su hermano Jacob se
apoderó de su bendición. Analiza bien las palabras que le dijo Isaac
a Esaú:
“He aquí yo le he puesto por Señor tuyo, y le he
dado por siervo a todos tus hermanos; de trigo
y de vino le he provisto”
Génesis 27:37
Cuando Isaac está bendiciendo a Jacob, las palabras que estuvo
pronunciando se estaban registrando en el mundo espiritual, pues
en el mundo natural no se estaba escribiendo ningún documento.
Es por ello que Isaac dijo: “le he puesto y le he provisto”. Por
favor no creas que tus palabras se las lleva el viento, serán ellas las
que determinarán las cosas para tu futuro.
Estoy convencido que la causa por la cual muchas persona, aún
cristianas, viven enfermos, arruinados y en mediocridad, es producto
de las palabras que han hablado y las que están diciendo hoy.
Viven atados a situaciones difíciles sin saber que son ellas mismas
las que han provocado tales situaciones. Si una persona vive mal
algo tuvo que haber ocasionando ese estilo de vida, pues la Biblia
dice lo siguiente:
“La maldición nunca viene sin causa”.
Proverbios 26:2
Note que esta porción de las escrituras nos enseña que la
maldición nunca vendrá sola, sino que habrá alguien que la causa.
¿Cómo lo hace? indiscutiblemente con palabras habladas, con
confesiones que pondrá en movimiento ese reprobable estilo de
vida.
Cuidado con los Nombres
En una ocasión leyendo las sagradas escrituras Dios me mostró
cosas de suma importancia acerca de la confesión de palabras, que
quedé impresionado y más convencido de lo que podemos alcanzar
con este principio espiritual. Esa revelación la encontraremos en el
libro de Rut. Dice allí la Biblia que había una familia Judía de la
ciudad de Belén que tuvo que salir de allí y dirigirse a las tierras de
Moab por una hambre que se desató en su tierra. Los nombres de
esta familia eran los siguientes: El Padre se llamaba Elimelec, la
madre Noemí, el primer hijo que se relata llevaba el nombre de
Malhón y el segundo Quelión.
Investigando un poco acerca del significado de los nombres
citados anteriormente encuentro que el nombre de Elimelec significa
“Mi Dios es Rey”, el de Noemí “amable”, pero lo sorprendente son
los significados de los dos hijos de este matrimonio; Malhón significa
“enfermo” y Quelión “débil o defectuoso”. La única explicación que
puedo encontrar para que esos dos muchachos recibieran esa
maldición como nombre es la siguiente: A Malhón que es “enfermo”
es que este tuvo que haber nacido con muchos problemas físicos y
lo tildaron de muy enfermo. Estas enfermedades pudieron ser
problemas respiratorios, o en la piel u otros. El segundo Quelión
que es el “débil o defectuoso” pienso que este nació o muy falto de
peso para considerarlo muy débil o con un deformación en su
cuerpo para llamarlo defectuoso.
Pongo a volar mi imaginación y pienso cuantas veces y por años
pudieron llamar a estos dos hijos de Elimelec con esos nombres
malditos. Ahora, donde quiero llegar es en lo siguiente, esa
maldición como nombre le trajo problemas espirituales, emocionales
y físicos a estos dos hombres. Desde niño a estos dos lo estaban
marcando cada vez con esa maldición. Puedo ver en mi mente a
Noemí llamando a sus dos hijos para que comieran y pronunciar las
siguientes palabras: “Enfermo y defectuoso vengan a comer, la
comida ya está servida”, o mandarlos a bañar y decirles “Enfermo y
defectuoso a bañarse que se hace tarde”. Todos los días y cada vez
que le pronunciaban sus nombres lo maldecían. ¿Trajo esto
problemas en estos dos hijos de Noemí? Por supuesto, esto originó
una muerte prematura.
“Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión,
quedando así la mujer desamparada
de sus dos hijos…”
Rut 1:5
Estos dos hombres murieron jóvenes, antes de tiempo, sin dejar
hijos producto de la maldición que llevaban como nombres. Pienso
en todo esto y percibo que sobre muchas personas también se
pronuncian este tipo de palabras y las consecuencias son terribles.
Son muchos que le han colocado un apodo incorrecto como nombre
y se ha hecho hasta normal que le pronuncien esa maldición. En
una oportunidad escuché que a una mujer la llamaban “la loca” y
esta respondía con tanta normalidad. Observé su comportamiento
después de escuchar este apodo y comencé a notar que esa
maldición que le lanzaban a cada momento ya le había afectado su
capacidad mental.
Si usted observa nuestra cultura notará que esto de los apodos
es muy común, pero lo sorprendente es la ignorancia que existe a
este principio. Hay a algunos que lo llaman “el diablo”, a otros “el
vampiro”, a otros “el burro”, a otros “el chueco” y lo sorprendente es
que estas personas ya responde cuando las llaman con esta
maldición. Hay mujeres que también que le cambiaron sus nombres
por un maldito apodo. Hay algunas que la llaman “la bruja”, a otras
“la tuerta”, a otras “la vara de puyar locos”, en fin, hay un
sinnúmeros de apodos que lo que hacen es maldecir a las personas
cada vez que se les llama y afectar negativamente sus vidas y el
propósito Divino y positivo que Dios tiene para ellas.
Debo aclararle que los cambios de nombres también se ven en la
Biblia y fue el mismo Dios que los hizo. Sin embargo, cada vez que
Dios le cambiaba un nombre a alguien lo hacía colocándole uno que
resaltara sus virtudes o para dar un efecto espiritual de avance, de
mejoría en la persona. Por ejemplo, nos conseguimos con el apóstol
Pedro. Su verdadero nombre era Simón y este nombre se deriva de
Simeón cuyo significado es junco. Un junco es una palma que
fácilmente es agitada por el viento y así precisamente era la vida de
Simón, un hombre inseguro y agitado por sus emociones. Sin
embargo, nuestro Señor Jesucristo, que sabía el poder
transformador de una palabra, le cambia el nombre por el de Pedro.
Este nombre tiene el significado de fuerte como una piedra o roca.
¿Cuál era el objetivo principal de Jesús de cambiarle el
nombre a su discípulo? Estoy seguro que era darle otro enfoque a
los pensamientos del hijo de Jonás. Así que, cada vez que este
hombre escuchaba su nuevo nombre le daba una identidad
diferente, le inyectaba una personalidad estable y de firmeza. A
parte de Pedro, también Dios le cambió el nombre a Oseas cuyo
significado es salvador por el de Josué Jehová el salvador. A Jacob
suplantador por el de Israel príncipe de Dios. A Abram “padre
supremo” por el de Abraham “padre de multitudes”.
Puede que esté pasando por su mente colocarse un apodo
para que así lo llamen de otra manera, le animo para que lo haga.
Conozco a varios que ya lo han hecho y se ha vuelto una
costumbre llamarlo con el nombre que se han colocado. Tengo un
amigo que ahora se hace llamar Próspero y cada vez que lo saludo
ya es normal para mí pronunciar automáticamente su nuevo
nombre. También se dé un pastor en la ciudad que cambió su
nombre por el de Abraham, porque él cree que fue llamado a ser
padre de multitudes y así pastorear a muchos hijos espirituales.
Si adopta un nuevo nombre le diré lo que le va a ocurrir; cada
vez que se lo pronuncien traerá un efecto espiritual sobre su vida y
será una palabra profética que le estará bendiciendo cada vez que
se lo hablen. Por supuesto, esto es un acto fe que solo harán las
personas que creen en las leyes que rigen lo espiritual. Ahora,
quiero aclarar algo, cuando hablo de cambiar de nombre no me
estoy refiriendo a hacerlo en sus documentos legales que estoy
seguro usted tiene, como títulos de propiedad, cuentas bancarias,
etc., me estoy refiriendo a la manera en que otros lo llamarán desde
un tiempo que usted determine. A continuación hay una lista de
nombres masculinos y femeninos en orden alfabético con sus
respectivos significados que usted puede tomar y hacerlo suyo o
para los futuros hijos que tendrá:
Abigail: La alegría de un Padre
Azucena: Bella como la flor
Aníbal: El que tiene la gracia de Dios
Arturo: Fuerte como un oso
Andrés: Valiente y varonil
Angélica: Enviada de Dios
Berenice: La que trae la victoria
Baldomero: El guerrero vencedor
Baltasar: Protegido por Dios
Camila: Dios la tiene presente
Carina o Karina: La muy amada
Carolina: La que es fuerte
David: Amado por Dios
Dante: De carácter firme
Dalmiro: El que es ilustre y noble
Efraín: Fructífero
Elisa: La que Dios ayuda
Eleazar: Dios es mi salvador
Evelia: La que es alegre
Erika: La princesa perdurable
Fanny: Coronada por la victoria
Gabriela: Que tiene fuerza divina
Gamaliel: Mi bendición viene de Dios
Guzmán: Enviado de Dios
Helen: Bella como el sol
Henry: Príncipe
Ivana: Un regalo de Dios
Jennifer: De gran espíritu
Janeth: Poseedora de la gracia de Dios
Jean: Lleno de gracia
Jhonny: Lleno de gracia Divina
Joaquín: El que tiene firmeza
Joel: Dios es su Señor
Laura: Victoriosa
Leticia: La que trae alegría
Leonardo: Fuerte como un león
Melisa: Dulce como la miel
Noemy o Noemí: Dulzura
Nelly: Dios es mi luz
Oriana: La que es de oro
Omar: Que tiene larga vida
Robert: Hombre seguido por el éxito
Ronald: El que es fuerte
Sonia: La que tiene sabiduría
Sofía: Sabiduría de Dios
Tamara: Que da protección
Tulio: El elevado por Dios
Valentina: Fuerte y saludable
Verenice: La que alcanza la victoria
Vicente: El vencedor
Victor: El que triunfa
Zenaida: Consagrada a Dios
Vamos, anímese si tiene un nombre que lo ha marcado
negativamente busque uno nuevo el cual marcará proféticamente su
futuro y le abrirán nuevas puertas que estoy convencido Dios desea
que estén abiertas. Le aseguro que las experiencias y bendiciones
que comenzará a experimentar serán ¡extraordinarias!
Atar y desatar con las Palabras
El mundo espiritual es tan real como éste libro que tienes ahora
en tus manos. Es de allí de donde vino todo lo que podemos ver
ahora. El autor de la carta a los Hebreos escribió:
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por
la palabra de Dios, de modo que lo que se ve (mundo terrenal)
fue hecho de lo que no se veía (mundo espiritual)”.
Hebreos 11:3
Aquí en este verso Bíblico podemos notar que Dios primero
pronunciada la palabra en el mundo espiritual y luego se hacía una
realidad lo físico en el mundo natural. Es decir, la manifestación
física era consecuencia de las palabras pronunciadas. Este es un
principio dado por Dios para enseñarnos que las palabras que
pronunciamos tendrán su manifestación física.
El problema de los que creen solo en lo material es que dicen que
lo espiritual no existe porque no se ve. Alguien podría decir que la
China no existe porque no la haya visto nunca, sin embargo, no
porque no la haya visto deja de existir. La China existe aunque tú y
yo no la hayamos visto. Es de la misma manera con el mundo
espiritual, él existe creámoslo o no.
Acabamos de leer que lo que se ve fue hecho por la palabra de
Dios. Cuando él habló vino a la existencia física sus palabras. Si
leemos varios versículos del primer capítulo de Génesis podremos
notar que cada vez que Dios habló algo se materializó, o lo que es
lo mismo, algo se hizo visible. Veamos algunos de ellos:
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”
Génesis 1:3
“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde,
hierba que de semilla… Produjo, pues, la tierra
hierba verde, hierba que da semilla
según su naturaleza”
Génesis 1:11,12
“Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves
que vuelen sobre la tierra… y creó Dios los
grandes monstruos marinos, y todo ser viviente
que se mueve, que las aguas produjeron
según su género”
Génesis 1: 20,21
Si leyó bien entonces habrá notado que lo que existió vino
después que Dios dijo. Él habló y se hizo una realidad física lo que
pronunció. Es de la misma manera en que tú y yo vamos a traer a la
existencia física las cosas que hablamos. Ahora, funcionará esto
solo para lo bueno, o también sucede para las cosas malas. La
respuesta es muy sencilla; las palabras que pronunciamos ponen en
funcionamiento leyes espirituales, tanto buenas como malas, y por
ende los resultados que tendremos en nuestra vida estarán
determinados por el tipo de palabras que salen de nuestros labios.
Dios es un Dios de principios y todo su mover está condicionado
a las leyes que él mismo ha establecido en el universo. La
confesión de palabras y la ejecución de sus efectos es un principio.
Todo lo que tú hablas tiene sus respectivos resultados. Si hablas
palabras correctas traerán resultados correctos y su hablas palabras
incorrectas traerán resultados incorrectos.
En el libro de Mateo nos conseguimos unas declaraciones
de nuestro Señor Jesucristo que es de suma importancia
considerarlas. Él dijo:
“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra,
será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en
la tierra será desatado en el cielo”
Mateo 18:18
En toda la Biblia se habla de una relación de dos mundos; el
mundo natural que es la tierra y el mundo espiritual. Puede que te
preguntes: ¿Cómo se ata o desata en la tierra para que pueda
atarse y desatarse en el mundo espiritual? CON LAS PALABRAS.
El sabio Salomón nos confirmó y enseñó exactamente la manera de
cómo se ata en la tierra. En el libro de Proverbios dice lo siguiente:
“Te has enlazado (atado) con las palabras de tu boca, y
has quedado preso (atado) en los dichos de tus labios”
Proverbios 6:2
¿De qué manera entonces una persona puede enlazarse y
quedar presa? Con las palabras o dichos de sus labios. Por
ejemplo, cuando una persona habla enfermedad o pobreza aquí en
la tierra, se está atando a la enfermedad o a la pobreza en el
mundo espiritual. Y es precisamente allí donde se le da autoridad a
Satanás, pues él se mueve en el mundo espiritual, y puede actuar
legalmente sobre la persona que tiene dicho vocabulario.
Hay que entender algo muy importante con referente a nuestra
voluntad. El hombre tiene una voluntad que le pertenece sólo y
exclusivamente a él. Tanto Dios como el diablo andan en busca de
dicha voluntad. Claro está que los métodos que Dios utiliza son
totalmente diferentes a los usados por Satanás.
Cuando una persona habla, está expresando su voluntad, está
diciendo cual es la decisión que ha tomado a través de su voluntad.
¿De qué manera fue que tú y yo aceptamos a Cristo como nuestro
salvador?; Fue creyendo con el corazón y confesándolo con nuestra
boca. ¿Por qué se tenía que expresar con la boca? Porque cuando
hablamos palabras es cuando nuestra voluntad habla.
Cuando una persona habla fracaso está expresando su voluntad,
está decidiendo a ser un fracasado, y Satanás, que tiene unas
orejas muy grandes para oír esas cosas, comienza a trabajar en
dicha persona con total libertad. ¿Puede Dios impedir tal cosa,
cuando ésta persona ha manifestado y decidido ser un fracasado?;
No puede, ¿por qué? Porque Dios respeta la voluntad de los
hombres.
Satanás conoce muy bien el principio espiritual que se desata en
el hablar y es por ello que desea que tú incurras en confesar
continuamente palabras de derrota. Él es muy insistente y viene con
palabras de muerte, pobreza y enfermedad a nuestra mente para
tratar de que se pronuncien con nuestros labios, pues de esa
manera estaríamos atándonos al fracaso.
He notado que es la falta de orientación espiritual en las
personas, lo que ha permitido que la humanidad viva como está
viviendo. Y una de las cosas que ignora la mayoría de personas son
los efectos o resultados que traen las palabras pronunciadas. Toda
la Biblia está llena de información espiritual con referente a los
efectos de las palabras que pronunciamos.
Son muchas las veces que analizo las palabras que pronuncian
las personas y lo que observo es un vocabulario de muerte y
fracaso. Por ejemplo, muchos dicen: “Hace un calor que me está
matando” o “Me estoy muriendo de hambre” o “Yo me moría del
susto”. En una oportunidad escuché a un hombre decir: “Estoy
quebrado y nada me sale bien”. Son exactamente estas mismas
personas las que atribuyen su fracaso al destino. Ellas dicen:
“Bueno el destino quiso que yo fuera un fracasado y pobre”. Yo diría
más bien que son las palabras que salen de sus labios. Son también
estas mismas personas las que culpan a Dios por sus estilos de
vida. Bien dijo el sabio Salomón:
“La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego
contra Jehová se irrita su corazón”
Proverbios 19:3
¿Ha escuchado a estas personas hablar contra Dios por la
condición en que viven? Estoy seguro que si, pero no es Dios el
culpable, él no desea que la humanidad viva como vive, pero la
gente también debe entender que mientras hablen fracaso
(enfermedad, pobreza, muerte, etc.) más atadas estarán al fracaso.
Recuerda el versículo que estamos estudiando:
“… todo lo que atemos (con las palabras) en la tierra,
será atado en el mundo espiritual”
Mateo 18:18
En el evangelio según Marcos hay una ilustración de cómo
quedamos atados en el mundo espiritual por las palabras que
pronunciamos aquí en la tierra. Dice el evangelista Marcos lo
siguiente:
“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y
viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si hallaba
en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas,
pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera:
Nunca jamás como nadie
fruto de ti. Y lo oyeron los discípulos”
Marcos 11:12-14
Aquí en este pasaje encontramos que Jesús tenía hambre y vio
desde lejos un árbol de higuera y fue hasta allí para ver si conseguía
algún fruto para comer. Sin embargo, al no conseguir nada
aprovecha la ocasión para darle una enseñanza a sus discípulos
con lo referente al poder que desatamos con nuestras palabras.
Dice la Biblia que Jesús dijo a la higuera “nunca jamás coma
nadie fruto de ti”. Esto pareciera para muchos una locura de que
alguien le estuviera hablando a un árbol, no obstante, aquí lo que
importaba para Jesús era la enseñanza que seguro quedaría
plasmada en el corazón de sus seguidores, él estaba atando a una
maldición a la higuera.
Podemos pensar que después que Jesús pronunció las
palabras a la higuera nada ocurrió, sin embargo, los efectos
estaban comenzando en la raíz de la higuera, es decir en el área
que no se ve. Esto nos enseña que todo lo usted pronuncia
primero se lleva a cabo en el mundo espiritual o en otras palabras
en el mundo que no se ve, para luego manifestarse en el mundo
físico. Ahora, ¿se vieron físicamente los efectos de las palabras de
Jesús? Leamos lo sucedido:
“Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se
había secado desde las raíces. Entonces Pedro,
acordándose, le dijo: Maestro mira la
higuera que maldijiste se ha secado”
Marcos 11:20,21
Cuando este verso bíblico comienza narrando que, “y pasando
por la mañana vieron la higuera seca”, es para darnos la lección
que no necesariamente las palabras que pronunciamos debe
manifestarse físicamente de inmediato, sino que debemos creer que
lo que pronunciamos con fe, esto se llevará a cabo en el tiempo que
Dios lo determine. La Biblia nos enseña que sólo pasaron horas
para que se manifestaran los efectos de las palabras de Jesús. Dice
que cuando Pedro vio la higuera seca se sorprendió y le recuerda al
maestro las palabras de maldición que éste pronunció, sin embargo,
creo que Jesús para nada estaba sorprendido, pues él sabía que lo
que había pronunciado el día anterior eso se manifestaría. Más bien
toma esta ocasión para enseñarle los resultados que se pueden
obtener con las palabras que pronunciamos y les dice a sus
discípulos:
“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere
a este monte; Quítate y échate en el mar, y no
dudare en su corazón, sino que creyere que será
hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”
Marcos 11:23
Le repito, a Jesús no le sorprendió que la higuera se hubiese
secado, porque él sabía el poder que se desata con las palabras
habladas. Y por ver a sus discípulos sorprendidos por lo seco que
estaba la higuera, les dice que cualquiera puede obtener lo que
dice. Si notó el versículo citado anteriormente le resalté con
mayúsculas las tres veces que Jesús le resalta lo que DIJERE, lo
que DICE y lo que DIGA le será hecho. Esto para mi ha sido una
revelación que me ha cambiado el curso de toda mi vida, he
comprendido con mucha claridad que lo que digo con mi boca, con
fe y no dudando, lo obtengo. Y lo que ahora arde en mi corazón es
que usted al leer estas palabras obtenga la misma revelación de
que lo que usted diga creyéndolo le será hecho.
Le animo de que tome la iniciativa y el buen hábito de hablar
palabras positivas y llenas de fe. Que desde este mismo momento
que lee estas líneas le dé un vuelco rotundo a su vocabulario y
comience a desatar desde el mundo espiritual las grandes cosas
que Dios desea manifestar en su vida.
Atados para muerte
En el antiguo testamento nos dice que cuando Moisés murió, ya
Dios tenía preparado a Josué la tarea de introducir a Israel en la
tierra de Canaán. La primera ciudad a conquistar, después que
cruzaron milagrosamente el río Jordán, era Jericó. Dios mismo les
trazó las estrategias a Josué de cómo conquistar la ciudad de las
palmeras. Fue a través de las alabanzas que aquellos muros que
rodeaban la ciudad se vinieron abajo. Dios les había dado una gran
victoria a su pueblo Israel. Pero lo que quiero que notes son las
palabras que pronunció Josué después de la victoria. Él dijo:
“Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y
reedificare esta ciudad de Jericó: Sobre su
primogénito eche los cimientos, de ella,
y sobre su hijo menor asiente sus puertas”
Josué 6:26
Josué sabía lo que estaba pronunciando en aquel momento. Él
estaba “atando” con sus palabras aquella posible persona que en un
futuro intentara reedificar la ciudad de Jericó. Josué sabía que él
llegara a morir, las palabras que salieran de su boca seguirían
latentes y vivas en el mundo espiritual. Pasaron aproximadamente
600 años, cuando un hombre llamado Hiel reedificó a la ciudad de
Jericó, y aquellas palabras que habían sido pronunciadas, casi seis
siglos atrás, produjeron el efecto de maldición que estaban en ellas.
Compruébelo leyendo con detenimiento el siguiente texto:
“En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio
de la vida de Abirán su primogénito echó el cimiento,
y a precio de la vida de Segub su hijo
menor puso sus puertas”
1 Reyes 16.34
¿Notaste que las palabras que pronunció Josué no se las llevó el
viento? Él había “atado” a tal persona y a pesar de haber pasado
casi 600 años no se invalidó el efecto de lo que Josué había
hablado. Es más, cuando los dos hijos de Hiel murieron, Josué no
estaba presente, pero si sus palabras. Si interpretamos la maldición
que Josué pronunció aquel día, fue algo como: “El hombre que se
levantare a reedificar a Jericó cuando esté echando los cimientos,
muera su hijo mayor, y cuando esté colocando las puertas muera su
hijo menor”. ¿Qué fue lo que ocurrió? Exactamente lo que Josué
habló. El sucesor de Moisés “ató” para muerte a los dos hijos de
Hiel; Abirám y a Segub. Permítame repetirle el versículo de Mateo:
“… todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo”.
Este pasaje que acabamos de estudiar personalmente me dio
dos grandes lecciones. La primera fue, que no importa el tiempo
que haya transcurrido cuando una maldición se ha soltado, ella se
manifestará. Note que Josué soltó con sus palabras una maldición y
pasaron casi seis siglos y esta vino sobre los hijos de Hiel. El largo
tiempo que había transcurrido no invalidaron las palabras. Me atrevo
a creer que lo dicho por Josué estaba intacto en el mundo
espiritual. Este análisis me llevó a la segunda lección que es una
interrogante ¿qué palabras pudieron decir mis antepasados que
todavía están latentes en mí? Empecé a meditar tanto en la línea
genealógica de mi padre como la de mi madre.
Para su información mi padre murió a una temprana edad, tenía
42 años cuando partió de esta tierra. Cuando esto ocurrió yo solo
tenía quince meses de haber nacido, así que, me tocó preguntarle a
mi madre qué tipo de hombre era y parte de sus características,
sobre todo la espiritual. Luego comencé a hacer lo mismo con mi
madre para así poder tener la mayor información espiritual posible.
Esta misma investigación la hizo mi esposa para luego entrar en un
rompimiento de cualquier maldición que se hubiese hecho en el
mundo espiritual por nuestros antepasados, cortar para siempre
con ella y así formar desde nosotros una nueva y bendecida
generación. En este momento que escribo viene a mi mente ese
momento en que hice esa oración con mi esposa. Primero rompí
cualquier maldición por la línea de mi padre (abuelos, bisabuelos,
tatarabuelos etc.), luego por la línea de mi madre (abuelos,
bisabuelos, tatarabuelos etc.), y de la misma manera hice con las
dos líneas genealógicas de mi esposa.
Dios me ha enseñado que con mis palabras puedo llegar tanto al
futuro como al pasado. Al futuro cuando desato una palabra
profética para que algo suceda y al pasado cuando voy a una
maldición dicha y anularla. Cuando rompí con cualquier maldición
que mis antepasados pudieron haberme atado, estaba viajando al
pasado y anular todo maleficio. Se cumple lo dicho por el profeta
Isaías:
“Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y
condenarás toda lengua que se levante
contra ti en juicio”
Isaías 54:17
Cuando el profeta dice aquí “condenarás toda lengua que se
levante contra ti” se está refiriendo a palabras pronunciadas en
contra nuestra, y que tenemos la autoridad dada por Jesús para
anular toda maldición y esta no prospere en contra de nosotros.
Seguramente usted ha notado que hay familias atadas a la
pobreza, divorcios, muerte prematura, enfermedades, drogas,
prostitución etc. Sin duda alguna ese tipo de personas están atadas
a una maldición. No me equivoco al creer que fueron ellos mismos
que han incurridos a un vocabulario reprobable o vienen atados
desde su pasado por una maldición. ¿Hay solución para esas vidas?
Por supuesto, Jesús dijo que lo que desatamos aquí en la tierra será
desatado en el mundo espiritual.
Leyendo en una ocasión la vida de Jesús en el evangelio según
Mateo mi dí cuenta que una de las causas por las cuales Israel no
ha dejado de tener conflictos y muertes de su gente a través de su
historia, ha sido producto de palabras que ellos mismos
pronunciaron y se ataron a esa maldición de muerte. Esto ocurrió en
aquel momento en que Jesús había sido preso y Pilato discutía con
los judíos quién debía ser liberado; Barrabás o Jesús, llamado el
Cristo. El gobernador Pilato veía que Jesús era inocente y él no
quería que la muerte del Mesías cayera y manchara su conciencia,
es por esto que lavándose las manos delante del pueblo les dice:
“Inocente soy yo de la sangre de este
justo; allá vosotros”
Mateo: 27:24
Pilato reconocía que este hombre llamado Jesús no tenía
ninguna razón para ser crucificado y de alguna manera quiere
quedar libre de su muerte. Y al no querer manchar su conciencia le
dice a los judíos “allá vosotros”. Ahora, quiero que preste la mayor
atención posible a las palabras que los judíos confiesan, atando así
a sus generaciones futuras. Ellos dijeron:
“Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre
sea sobre nosotros y sobre
nuestros hijos”
Mateo 27:25
Este pueblo no estaba midiendo las consecuencias que esta
maldición traería para sus generaciones futuras. Ellos se estaban
atando a una maldición de muerte con las palabras “… su sangre
sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.Este acontecimiento
ocurrió hace más de dos mil años y esas palabras siguen cobrando
vidas judías. Sólo Adolfo Hitler , en los campos de concentración
nazis, mató a casi seis millones de judíos. La sangre inocente de
Jesús sigue clamando por justicia a los judíos. Ocurrió
prácticamente lo mismo con la sangre de Abel, el cual fue
asesinado. Cuando Dios le reprocha a Caín su crimen, le dice “La
voz de la sangre de tu hermano clama a mi desde la tierra”
Génesis 4:10. Esto me ha enseñado que toda sangre inocente que
se derrama, clamará a Dios por justicia.
El pueblo Judío se ató y acarreó la maldición del derramamiento
de la sangre inocente de Jesús con esas palabras que confesó. La
historia ha demostrado por años la validez de esa atadura espiritual.
En este momento en que escribo observo por Internet que el pueblo
judío está desatando una guerra contra el Movimiento de
Resistencia Islámico (Hamás) donde ya hay varios judíos muertos. Y
todo esto por palabras de maldición que han sido confesadas.
Permítame hacerle esta pregunta: ¿Ya entendió claramente los
efectos que traen las palabras habladas? Confío que sí, y que usted
que lee estas líneas cambiará para siempre su vocabulario negativo
y de muerte por uno positivo y de vida.
Hay otra historia en la Biblia que nos confirma este principio
espiritual de cómo es que podemos atar con nuestras palabras. Es
el relato de la vida de Jacob cuando sale de la casa de su suegro
Labán con sus dos mujeres y sus once hijos. Allí se nos dice que
después de Jacob vivir veinte años con el padre de sus mujeres
resuelve partir nuevamente hacia su tierra. Sin embargo, por temor
a que su suegro no estuviese de acuerdo, decide irse cuando este
estaba retirado trasquilando sus ovejas. Pero antes de que esto se
llevara a cabo, Raquel, una de las hijas de Labán, toma los ídolos
de su padre, sin que lo sepa su esposo Jacob, y se los lleva
consigo. Pasados tres días Labán se entera de lo ocurrido y sale en
busca de su yerno. Cuando pudo alcanzarlo, aparte de otras
palabras le dice:
“¿Por qué me hurtaste mis dioses?”
Génesis 31:30
Jacob seguramente se sorprendió de estas palabras dicha por su
suegro Labán, pues él ignoraba que su esposa Raquel había
tomado los ídolos. Y es allí donde Jacob hace una declaración que
más adelante le traería una desgracia. Él confesó:
“Aquel cuyo poder hallares tus dioses NO VIVA”
Génesis 31:32
Lo que salió por los labios de Jacob fue una maldición de muerte
contra aquel que tuviese en su poder los ídolos de su suegro. Él sin
saberlo soltó y ató a una maldición a su esposa Raquel. Y aunque
Labán no consiguió sus dioses, ya que Raquel los escondió, esas
palabras fueron dichas y a su tiempo se manifestarían. ¿Qué
sucedió tiempo más tarde? Dice las escrituras que Raquel estaba en
los días de su alumbramiento y cuando este se iba a consumir hubo
problemas. Leamos.
“Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la
partera: No temas, que también tendrás este hijo. Y aconteció
que al salírsele el alma (pues murió) … así
murió Raquel, y fue sepultada…”
Génesis 35:17-19
Alguien que desconozca los principios espirituales de la
confesión, podría decir que esta muerte fue un hecho aislado y que
este era el tiempo que estaba destinado que Raquel muriera. Sin
embargo, sobre esta mujer, aquella que hurtó los ídolos de su padre
y los escondió, reposaban unas palabras de maldición dichas por su
esposo. Creo firmemente que esta muerte de Raquel fue prematura
y que su causa fueron las palabras pronunciadas por Jacob.
Deseo resaltar algo de suma importancia que se deja ver
claramente en este pasaje. Jacob no sabía que su esposa Raquel
tenía los ídolos de su suegro, no obstante, con todo y que Jacob
ignoraba ese hecho, las palabras de maldición que él confesó se
llevaron a cabo. Es decir, que la ignorancia no anula los efectos de
las palabras. He escuchado decir a personas “Yo me moría del
susto” o “Yo quería morirme o que me tragara la tierra” o esta “Me
muero del hambre”. Con este tipo de confesiones que hace muchas
personas no hemos de extrañarnos de que nos enteremos de unas
muertes repentinas y tan extrañas que le suceden a muchos. Pensar
en esto solo puedo exclamar “Dios ten misericordia de esas
personas que incurren en esos errores con su boca”.
Hace un tiempo atrás estaba leyendo el libro de Charles y
Frances Hunter “Como sanar a los enfermos” y allí ellos cuenta
un testimonio de como un pastor incurrió inocentemente en una
terrible declaración. Cuentan que el pastor le dijo a la congregación
que si él llegara a enfermarse no quisiera que nadie más orara por
él sino Charle y Frances Hunter. Esas palabras fueron una profecía
de muerte que lo estaban atando. Siguen narrando los Hunter que al
poco tiempo el diablo trajo un terrible cáncer en su cerebro que
estuvo a punto de ocasionarle la muerte. Fueron meses de una
terrible angustia que tuvo la vida del pastor y la de los suyos, no
obstante, la misericordia de Dios estuvo con este hombre y a través
del ministerio de los Hunter este hombre fue restaurado totalmente
en su cerebro.
Pensaba en ese testimonio y me preguntaba cuántas personas
por sus malas palabras han ocasionado muertes. Personas que no
tienen la más mínima idea, como ese pastor, que lo que están
diciendo son profecías que actuaran en contra de sus propias vidas.
En una oportunidad una mujer me narró que había leído uno de
mis libros acerca de las palabras y a través de la lectura pudo
entender porque a su hermano lo habían matado tan joven. Me
interesó su comentario y le pregunté qué había ocurrido. Ella me
comentó que cada vez que alguien buscaba a su hermano en su
casa su mamá le respondía “por allí anda, si no lo han matado”. Me
dice esta mujer que, eso era una confesión que por años su madre
había hecho sobre su hermano. Sin duda alguna, esta madre
ignorante del poder de la palabras estaba atando a su hijo a una
maldición, hasta que un día ocurrió la desgracia; su hermano fue
matado. Escuchaba esta historia con tristeza y me confirmaba que
la confesión de palabras es una arma de doble filo que la podemos
utilizar para vida o para muerte. Le reitero lo dicho por el sabio
Salomón:
“La muerte y la vida están en poder
de la lengua”
Proverbios 18:21
Si usted que lee es padre o madre ¿qué le está diciendo a sus
hijos? Los está bendiciendo o maldiciendo. Cuando un padre les
dice a sus hijos que son unos brutos y que se arrepiente de haberlos
tenido, los está atando a una maldición. ¿No fue con palabras que
Josué ató a los hijos de Hiel y Jacob a su esposa Raquel? De la
misma manera es que hoy se están atando familias enteras a las
maldiciones de la muerte prematura, enfermedades, pobreza, de
alcoholismo, del divorcio, etc. Te aconsejo a que no te apresures a
confesar palabras de maldición con tus labios, y sobre todo cuando
estés enojado. Toma el consejo que te da el Espíritu Santo a través
del apóstol Santiago:
“… todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar,
tardo para airarse”
Santiago 1:19
A parte de las palabras a los hijos, también podríamos hablar de
la economía, ¿qué estás diciendo tú de ella? No seas de aquellos
que dicen: “yo nunca saldré de deudas, siempre viviré endeudado y
pobre”. Con tales palabras te estarías atando a las deudas, y
déjame decirte que Dios no podría sacarte de esa condición, porque
tú mismo has decidido atarte a las deudas y a la pobreza. Si lo has
hecho, rompe con esa maldición ahora mismo.
Desatando con palabras
Seguramente van haber ocasiones en que vas a pronunciar
palabras que a lo mejor no quisiste decirlas, sin embargo, ellas
fueron pronunciadas y harán el efecto correspondiente, al menos
que tú destruyas tal efecto. Por ejemplo, tú puedes decir “no puedo
realizar ese trabajo”, aquí te acabas de atar a palabras de
imposibilidades, pero si reaccionas a lo que estás diciendo, puedes
anular tal confesión diciendo: “Anulo y destruyo el efecto de lo que
acabo de pronunciar y declaro que si puedo realizar ese trabajo
porque tengo la mente de Cristo y él me capacita con sabiduría que
viene de lo alto”. ¿Te das cuenta?, te ataste al principio pero
también te liberaste de esas palabras.
En una oportunidad pronuncié unas palabras de enfermedad
sobre mi vida, que hasta el sol de hoy no sé por qué las dije, sin
embargo, el efecto de esas palabras cayeron sobre mi cuerpo. Yo
había dicho algo en contra de mi estómago, y este fue afectado por
tres días. Empecé a hacer lo que un “buen cristiano” debía hacer;
reprendí al diablo, grité, dancé, pero no vi ningún resultado
satisfactorio sobre mi estómago. Recuerdo que fue al tercer día en
un estado de más tranquilidad y meditación con Dios, cuando vino la
solución a mi problema. El Espíritu Santo me dijo que tres días
atrás, yo mismo había atado mi estómago a una maldición. ¿Sabes
qué hice?, destruí con mis propias palabras lo que había dicho en
contra de mi estómago e inmediatamente desapareció todo aquello
que me estaba afectando. Yo mismo me había atado, pero también
yo mismo me desaté.
Indiscutiblemente esto fue para mí una gran lección que pude
obtener para el resto de mi vida. Tú tienes que estar alerta a qué es
lo que está saliendo de tus labios, porque puedes que estés
maldiciendo tu cuerpo, tu economía, tus propiedades, tu familia sin
darte cuenta. No importa que ignores lo que estás diciendo, esas
palabras llevarán el efecto que tienen que llevar. El salmista David
que creo que entendió muy claramente los efectos que tienen las
palabras, escribió:
“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda las
puertas de mis labios”
Salmo 141:3
Otro asunto que debemos vigilar, son las palabras que nos dicen
las personas. Hay personas a nuestro alrededor que cuando hablan
sólo dicen palabras destructivas. Cuando esas palabras son en
contra de ti, tienes que tener la valentía de refutarlas y decirles que
tú no crees tales cosas. Por ejemplo, alguien puede decirte: “Yo no
creo que puedas alcanzar o hacer tal cosa”, ¿qué te está diciendo?,
¿te está bendiciendo? Verdad que no, pues entonces dile que tú no
crees lo que te acaba de decir y responde que anulas esas palabras
que dijo en contra tuya y que si lo vas a hacer porque “para el que
cree todo le es posible”.
Cuando el Señor Jesús caminaba a la casa de un principal de la
sinagoga llamado Jairo, vinieron unos mensajeros con una noticia
no muy buena para Jairo. Ellos le dijeron:
“Tu hija ha muerto ¿para qué
molestas al maestro?”
Marcos 5:35
Prácticamente estas palabras le estaban diciendo a Jairo que ya
no habían más esperanza y que se olvidara de ver buenos
resultados. Sin embargo, quiero que notes la reacción del Señor
Jesús al oír estas palabras, él dijo: “Jairo, no temas, cree
solamente”. ¿Cuál era el propósito de Jesús al decir esto?,
simplemente destruir el efecto negativo en Jairo e inyectarle fe en su
corazón con otras palabras. Lea la historia completa en Marcos
5:21-43.
Hoy en día ocurre exactamente lo mismo, personas que solo
hablan palabras de muerte y fracaso. Estamos en la obligación de
impedir que estas palabras aten nuestras vidas y se aniden en
nuestra mente. No permitas que nadie le ate a las maldiciones.
Aléjese de ese tipo de personas. El rey Salomón, un hombre que fue
capacitado con una sabiduría especial y el apóstol Pablo nos
aconsejan:
“Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen
divagar de las razones de sabiduría”
Proverbios 19:27
“Las malas conversaciones corrompen
las buenas costumbres”
1 Corintios 15:33
Estos dos versículos bíblicos prácticamente nos están
insinuando que debemos alejarnos de ese tipo de personas que
tienen un vocabulario destructivo y más bien rodearnos de
amistades que pueden contribuir con nuestra edificación como
personas. Si pasamos mucho tiempo rodeado de gente con un
vocabulario negativo no cabe la menor duda que ese tipo de
palabras afectará nuestras buenas convicciones, pero si de lo
contrario, estamos en compañía de personas positivas, saturando
nuestra mente de sus palabras edificantes, lo más seguro es que
nuestra vida será llevada a un nuevo nivel.
Un lenguaje bíblico
Hemos llegado a esta última parte de este capítulo, y seguro
estoy que a través de lo que ha leído se ha dado cuenta la cantidad
de errores que ha cometido con sus confesiones y que desde ahora
en adelante pensará un poco más antes de pronunciar cada
palabra. Así que, aquí estudiaremos cuál es el tipo de palabras que
debe estar en su boca, para así construir una mejor vida y bendecir
a aquellas que están a su alrededor. Dice la Biblia:
“Si alguno habla, hable conforme a las
palabras de Dios”
1 Pedro 4:11
El Espíritu Santo, quien inspiró todas las escrituras, nos dice en
este versículo que nuestro vocabulario debe ser de acuerdo a lo que
Dios ha decretado en su palabra. No debemos hablar lo que el
mundo o Satanás dicen que hablemos. He notado que el problema
de muchos cristianos es que hablan cualquier tipo de lenguaje de
este sistema mundano. En la carta del apóstol Pablo a los romanos
dice:
“No os conforméis a este siglo…”
Romanos 12:2
Aquí la palabra “conforméis” viene del original griego
“suschematizo” lo cual significa moldearse y la palabra “siglo” es
“kosmo” que quiere decir “mundo opuesto a Dios y dominado por
Satanás”. En otras palabras el apóstol nos está diciendo, por el
Espíritu, que no debemos dejarnos moldear por este sistema
satánico que nos rodea.
Este “kosmo” que está a nuestro alrededor tiene unas
características totalmente opuestas a Dios, y una de ellas es el
vocabulario de fracaso y de muerte. ¿Sabías qué unas de las
palabras más utilizadas por este sistema es “no puedo” y “es
imposible”? Satanás quiere que éste sea nuestro vocabulario, pues
de esta manera mantendría a la iglesia en un estado de
imposibilidades y derrotas.
Tenemos que tomar la decisión que lo que salga de nuestro
labios tiene que ser palabras de posibilidades y de victoria. La Biblia
dice:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
Filipenses 4:13
Debemos declarar que Cristo nos capacita y nos da la fuerza
necesaria y su sabiduría para hacer grandes proezas en nuestras
vidas. Cuando confesamos la palabra de Dios con una actitud
correcta, ella hará el efecto por la cual fue creada, pues Dios dice
que su palabra “será prosperada en aquello para la envió” Isaías
55:11.
El autor de la carta a los Hebreos dijo: “Porque la palabra de
Dios es viva y eficaz…”. Nótese que no dice que es muerta, sino
viva y eficaz. Esta vida es la vida de Dios, su naturaleza y su
fuerza, y la palabra “eficaz” es “energes” en el griego y se refiere a
algo de acción, activo y efectivo. Es allí en “energes” donde se
origina la palabra energía. Podríamos entonces decir que la palabra
de Dios tiene su vida y está llena de energía.
¿Qué fue lo que utilizó Dios para crear todo lo que se ve? Simple
y únicamente palabras. Él no tenía un “depósito” en el cielo donde
sacó las galaxias, las estrellas y todo lo demás, él solo habló y vino
a la existencia lo que dijo. Dice la Biblia:
“Por la palabra de Dios fueron creados los cielos”
Salmos 33:6
Lo que Dios necesitó para crear fue abrir sus labios y pronunciar
palabras ¿Comprendes ahora por qué Pedro dijo: “Si alguno habla,
hable conforme a la palabra de Dios”? Nuestro Creador está
interesado en que nuestra boca hable su palabra.
Satanás sabe muy bien que la palabra de Dios está llena de
poder y que le hace un daño a su reino. He aquí la razón por la cual
él tratará de que tú no te intereses por la palabra y que de ninguna
manera la confieses. Él desea mil veces que hables cualquier otra
cosa menos lo que Dios ha dicho ¿Qué fue lo que Jesús utilizó
cuando Satanás lo tentó en el desierto? Solo lo que está escrito.
Una y otra vez Jesús le respondía al diablo: “Escrito está...”.
Dijo Dios a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de
la ley…” (Josué 1:8). Es exactamente lo que Dios te dice ahora:
“Nunca se aparte de tu boca mi palabra”. Repito lo que dije
anteriormente, tú no debes hablar la corriente de este sistema
mundano, debes hablar solo lo que está de acuerdo a la palabra de
Dios.
Es triste decirlo pero nuestro alrededor está lleno de personas
que solo hablan palabras de fracaso ¿Qué le vamos a responder?
¿Hablaremos igual a ellos? No podemos. Cuando alguien te diga
“es imposible”, tu respuesta solo debe ser “que todo es posible
para Dios”. No debes permitas que ese lenguaje de
imposibilidades gobierne tu vida. Rehúsa de una vez por todas a no
darle tus fuerzas y tu futuro a la incredulidad. No te conviertas a
ellos, sino que ellos se conviertan a tu lenguaje de fe. Que vean en
ti a una persona que ha decidido ser diferente al montón.
Las palabras corren con poder
Leyendo los Evangelios observé que muy pocas personas fueron
admiradas por Jesús, y que ellas tenías una característica muy
similar, creían en el poder de las palabras de Jesús. Primero
prestemos atención a la fe de un centurión romano. Dice la Biblia
que él tenía un siervo muy enfermo a punto de morir, al oír que
Jesús había entrado en Capernaum, mandó a buscarle. Lo
sorprendente de todo esto, es que cuando Jesús está cerca de la
casa del centurión, éste manda a unos amigos a decirle que él no es
digno de tener al Maestro en su casa, que solo pronunciara la
palabra de sanidad y su siervo sanaría. Observa la respuesta del
Señor: “Os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe”.
¿Qué fue lo que hizo maravillar e impactar a Jesús? Solamente
la certeza de que si el Señor hablaba palabras, traería resultados de
sanidad al siervo ¿Cuál fue la respuesta de Jesús al centurión? “Ve
y como creíste te sea hecho” (Leer Lucas 7:1-10; Mateo 8:13).
¿Ha menguado la palabra de Jesús en este tiempo? En
absoluto, esas palabras siguen teniendo el mismo poder. Si esto es
así ¿por qué entonces no poner la palabra de Dios en nuestros
labios? Me atrevo a decir que cuando ponemos la palabra de Dios
en nuestra boca es Dios mismo hablando a través de nosotros, y
cuando Dios habla siempre hay grandes manifestaciones.
Hoy te puede ocurrir lo mismo que el centurión, si en lugar de
estar hablando el lenguaje del mundo hablas la palabra de Dios. El
salmista oró a Dios y le dijo:
“No quites de mi boca en ningún tiempo
la palabra de verdad”
Salmos 119:43
¿Leíste bien? Dice “en ningún tiempo”, esto quiere decir que
desde el momento en que te levantas en la mañana debes estar
presto a pronunciar la poderosa palabra de Dios.
En segundo lugar observemos a un oficial del rey, que semejante
al centurión, creyó el poder de la palabra hablada. Dice la escritura
que cuando Jesús entró en Caná de Galilea éste oficial se enteró y
llegando hasta el Maestro le rogó que descendiese a su casa, ya
que su hijo estaba a punto de morir.
Después de Jesús decirle ciertas cosas al oficial del rey le
respondió a su petición: “Vé, tu hijo vive” ¿Qué dijo Jesús? Solo
palabras de sanidad ¿Cuál fue la actitud del oficial a las palabras de
Jesús? Fe, pues la Biblia dice: “Creyó las palabras que Jesús le
dijo y se fue”.
Quiero que notes que el único apoyo que tenía el oficial para
volver a su casa eran “palabras”. Este hombre había venido de
Capernaun a Caná de Galilea, porque cuando estaba llegando a su
casa le salieron sus siervos diciéndole que su hijo estaba sano, y el
les preguntó “a qué hora había comenzado a estar mejor”. La
respuesta de estos hombres fue “ayer a las siete le dejó la
fiebre”. Sí, aquí dice “ayer” por lo que uno deduce que le oficial del
rey llevaba horas de regreso a su casa.
¿Te das cuenta el poder de la palabra de Dios? A la misma hora
que Jesús habló palabras de sanidad, fue la misma hora en que fue
sanado el enfermo. El oficial tardó casi un día para llegar a su casa,
más la palabra de Jesús llegó en segundos al cuerpo del muchacho.
(Juan 4:46-53).
¡Qué poder tienen los dichos de Dios! Si en vez de estar
quejándote hoy en día, estuvieras declarando la palabra de Dios, las
cosas serían diferentes. Hoy es más fácil para muchos quejarse por
cualquier cosa que declarar con firmeza la palabra de Dios.
Con cuanta rapidez abre la gente sus labios para hablar
incredulidad y derrota. Le han hecho el trabajo más fácil al diablo
con ese tipo de confesiones. Dios solo está esperando que sus
hijos hablen su palabra. Tanto el centurión como el oficial del rey
consiguieron respuestas a sus problemas en la palabra de Dios. Hoy
no son diferentes las cosas, tú y yo tenemos la solución para
nuestras vidas en la incorruptible palabra de Dios. Solo confiésala
con valentía y no te dejes amedrentar por las circunstancias
adversas.
De día y de Noche
Quiero finalizar con uno de los pasajes más hermosos en lo
concerniente a confesar la palabra de Dios. Me refiero al Salmo
Uno.
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejos de
malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de
escarnecedores se ha sentado”
Salmo 1:1
Este salmo escrito por el rey David comienza con una
bienaventuranza para aquel que cumple estos tres requisitos:
1.- No andar en consejos de malos.
2.- No andar en camino de pecadores.
3.- No sentarse con escarnecedores.
Tanto el malo, el pecador y el escarnecedor hablan palabras que
no edifican espiritualmente. Y normalmente lo que uno oye
continuamente programa nuestra mente y por ende eso es lo que va
a confesar. Es por ello que es bienaventurado el que no tiene ese
tipo de amistades.
El segundo versículo de este mismo Salmo uno, nos dice cuál
debe ser nuestra actitud en la vida:
“Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley
medita de día y de noche”
Salmo 1:2
Alguien podría decir que no ve nada relacionado con la confesión
de la palabra en este versículo, sin embargo, estudiando el hebreo
(la lengua original del antiguo testamento), noto otra cosa. La
palabra “medita” en el original es “hagah” la cual significa: “repetir
silenciosamente con un sonido suave”. Podríamos entonces decir de
este versículo lo siguiente: “Sino que en la palabra de Dios está
su delicia y la repite silenciosamente de día y de noche”.
Seremos bienaventurados cuando no tengamos los tres tipos de
amistades que habla el versículo uno y cuando de día y de noche
estemos confesando la palabra. Pero allí no termina todo, porque el
versículo siguiente nos habla de los extraordinarios resultados que
tendremos a cumplir esta palabra:
“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae,
y todo lo que hace
prosperará”.
Salmo 1:3
Bendita sea la palabra de Dios por los grandes resultados que
nos pueden dar. Así como árbol plantado junto a corrientes de
aguas, así será aquel que de día y de noche está confesando la
palabra de nuestro Rey. ¿Cómo es un árbol junto a corrientes de
agua? De seguro será un árbol que, siempre estará fuerte, verdes
sus hojas, dará su fruto sin ningún retraso, sino en su tiempo y su
hoja nunca caerá. ¿Quiere usted tener las características de este
árbol? Puedo escuchar su corazón diciendo ¡Claro que sí! Entonces
lea la palabra de Dios, medite en ella y confiésela con una actitud de
fe y seguro que lo que haga en su vida todo prosperará.
Decídete ahora mismo a pasar más tiempo en la palabra,
escudríñala a profundidad y luego ponla en tu boca. Deja de una
vez por todas de hablar las palabras que el diablo quiere que
hables. Dios necesita aquí en la tierra cristianos llenos de poder, y
eso solo será posible si ella tiene un lenguaje bíblico, un lenguaje
lleno de fe.
-Robert Vargas