Persello. de Los Orígenes A La Emergencia

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C 10 La unión cívica radical.

De los orígenes Problemas de


Ana Persello a la emergencia del peronismo historia argentina
La Revolución del Parque
En la década de 1880, Argentina experimentó un período de gran prosperidad económica. Sin
embargo, hacia 1890, la crisis económica comenzó a hacer sentir sus efectos perturbadores.
Factores como el aumento del gasto público, empréstitos sin control y la emisión de moneda por
parte de entidades financieras provinciales contribuyeron a un aumento significativo de la deuda
interna y externa.
La crisis económica y la toma de medidas controvertidas por parte del presidente Miguel Juárez
Celman llevaron a la formación de una oposición política variada. Este movimiento opositor
incluyó a la universidad, la banca, la prensa, la milicia y otros grupos heterogéneos. Estos
actores compartían la preocupación por lo que veían como una crisis política y moral en
Argentina, así como la brecha entre las normas y la práctica política.
En respuesta a la necesidad de movilizar a los ciudadanos y restaurar las instituciones
democráticas, se formaron movimientos políticos como la Unión Cívica de la Juventud. Este
grupo se unió en 1890 con el objetivo de promover la restauración de la vida cívica activa y la
libertad de sufragio.
Para lograr sus objetivos, los opositores recurrieron a un recurso extremo: la revolución. El 26
de julio de 1890, un grupo de insurrectos se reunió en el Parque de Artillería en un intento de
desafiar al gobierno de Juárez Celman. A pesar de su fracaso en la revolución, esta experiencia
se convirtió en un evento mítico que simbolizaba una ruptura con el statu quo.
La demanda de libertad de sufragio se convirtió en un tema central en el debate político y fue
asociada con la legitimidad del gobierno. Se argumentó que el gobierno era ilegítimo debido a
la restricción del sufragio. La libertad de sufragio se consideraba un derecho, un deber y una
necesidad para garantizar la representación del pueblo en el gobierno.
Aunque la demanda de libertad de sufragio ganó adeptos en varios sectores de la sociedad
argentina, hubo desacuerdo en cuanto a su oportunidad, las dimensiones del cuerpo electoral y
el sistema de procedimientos para convertir los votos en cargos.
Antiacuerdismo y división de la Unión Cívica
Después de la Revolución del Parque, el presidente Miguel Juárez Celman fue destituido y
reemplazado por Carlos Pellegrini. Sin embargo, la oposición percibió que la "máquina opresora
y corruptora del oficialismo" seguía operativa en las provincias.
En enero de 1891, se celebró una Convención en Rosario en la que se eligió la fórmula
presidencial Bartolomé Mitre-Bernardo de Irigoyen para las elecciones de abril de 1892. Este
proceso involucró un nuevo sistema en el que delegados provinciales, elegidos en asambleas de
representantes de clubs seccionales por voto secreto y mayoría absoluta, tomaron decisiones en
lugar de las antiguas asambleas de notables. La división surgió cuando Bartolomé Mitre, en
Europa, llegó a un acuerdo con Julio Argentino Roca que desvirtuó la Convención. Los
acuerdistas formaron la Unión Cívica Nacional, mientras que los antiacuerdistas establecieron
la Unión Cívica Radical, liderada por Leandro Alem. Los antiacuerdistas argumentaban que los
pactos de cúpulas socavaban el régimen republicano al unir aspiraciones políticas diferentes.
En las elecciones presidenciales de 1892, los radicales se abstuvieron en protesta por el
acuerdo y la imposición del estado de sitio. El gobierno detuvo a numerosos dirigentes
radicales y eliminó la competencia electoral, lo que permitió que el nuevo mandatario asumiera
el cargo, pero dejó a los radicales con argumentos para impugnar su legitimidad.
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En 1893, estallaron revoluciones radicales en varias provincias, como San Luis, Santa Fe y
Buenos Aires. Sin embargo, estas revoluciones llevaron a la represión, la censura de la prensa
y la imposición del estado de sitio hasta abril de 1894.
La revolución, que había sido un elemento identitario del radicalismo en su fundación, perdió
fuerza como estrategia después de 1893. Los radicales comenzaron a competir en elecciones y,
en algunas provincias, se realizaron coaliciones. El liderazgo de Leandro Alem comenzó a ser
cuestionado, y se formaron tendencias más moderadas en el partido, lideradas por Bernardo de
Irigoyen. Hipólito Yrigoyen también ganó peso dentro del partido y demostró sus habilidades
organizativas en los eventos de 1893. La Convención de 1897 llevó a una reunificación del
partido bajo la presidencia de Bernardo de Irigoyen. Sin embargo, Hipólito Yrigoyen se negó a
ratificar el acuerdo y continuó ejerciendo influencia desde la provincia de Buenos Aires.
El partido
En 1880, Argentina logró la unificación política y territorial bajo el liderazgo del presidente
Julio A. Roca. Este proceso se centró en consolidar un poder central fuerte y en promover la paz
y la administración como medios para avanzar en el progreso y la legitimidad del gobierno.
El lema "paz y administración" implicaba la supresión de la lucha política en favor de un
enfoque en el progreso. Para los líderes de la época, la unanimidad se consideraba esencial para
lograr el pluralismo y la democracia.
El proceso de formación de partidos políticos en Argentina comenzó con la Revolución de
1852, que estableció redes de vinculación y movilización electoral fuera del aparato oficial. Sin
embargo, la noción de partido era incómoda para algunos en ese momento. Así en 1889, la
Unión Cívica se formó como una "conciliación de voluntades" más que como un partido
político. Su objetivo era buscar una reconciliación entre los hechos y la legalidad. Solo Leandro
Alem defendió abiertamente a los partidos políticos como generadores de buenas instituciones.
Después de la Revolución de 1890, los partidos políticos en Argentina comenzaron a redefinir
sus condiciones de funcionamiento y a ganar gradualmente aceptación como instituciones
legítimas. Esto marcó una ruptura con las agrupaciones de notables y llevó a un proceso de
consolidación de partidos políticos más democráticos. La Unión Cívica adoptó una carta
orgánica que establecía un sistema de gobierno del partido a través de una Convención y un
Comité Nacional. La Convención tenía la autoridad superior y dictaba el programa y elegía
candidatos por voto secreto. El Comité Nacional dirigía la organización y estaba compuesto por
representantes de las provincias.
La Unión Cívica Radical (UCR) también mantuvo esta estructura de partido impersonal y
principista. Se enfatizó la necesidad de evitar el personalismo en los partidos y en el gobierno ,
y se consideró que los partidos eran esenciales para un gobierno republicano. A fines del siglo
XIX, la opinión predominante en Argentina era que los partidos eran necesarios para un
gobierno republicano, y se veía su ausencia como un signo de atraso político. Se valoraba la
formación y la permanencia de los partidos, aunque persistían objeciones en defensa del
individuo como base de la representación y de la deliberación como la forma más adecuada de
toma de decisiones.
De Alem a Yrigoyen
Después de la muerte de Alem, la UCR experimentó un proceso de dispersión y finalmente se
disolvió. Sin embargo, en 1903, un grupo de dirigentes provinciales comenzó a reorganizarse y
buscar la reactivación del partido en toda la república.
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En febrero de 1904, se conformó el Comité Nacional de la UCR, eligiendo a Pedro C. Molina
como presidente. El partido publicó un manifiesto que reafirmaba su compromiso con los
principios radicales, el antiacuerdismo y la abstención como estrategia política.
En febrero de 1905, se produjo un movimiento revolucionario en varias provincias argentinas,
incluyendo Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Aunque fue rápidamente sofocado,
fortaleció el liderazgo de Hipólito Yrigoyen, quien había organizado la revuelta.
Hipólito Yrigoyen y Pedro C. Molina firmaron dos manifiestos que caracterizaron la revolución
como un esfuerzo para restaurar el orden y restablecer la libertad electoral, en lugar de
amenazar el orden establecido. Los manifiestos también enfatizaban la fidelidad de la UCR a
sus principios y su oposición a los acuerdos políticos. Hipólito Yrigoyen comenzó a imponerse
como líder en el partido después de la revolución de 1905. Su liderazgo se fortaleció, y su estilo
y enfoque político se distinguieron de los de Leandro Alem, aunque ambos compartían una
trayectoria política similar.
A pesar de la unidad en torno a la causa radical, surgieron tensiones y diferencias internas en la
UCR, especialmente en relación con las estrategias (abstención y revolución) y la naturaleza del
liderazgo de Yrigoyen. Una de las polémicas notables involucró a Pedro C. Molina y Hipólito
Yrigoyen en 1909, en la que se debatieron cuestiones de programas políticos y liderazgo. A
pesar de las tensiones internas, la UCR se caracterizó por ser una "causa santa" y un partido
"impersonal y democrático". Se consideraba una fuerza moral y política dedicada a defender los
derechos de los ciudadanos y a la construcción de la nación.
El gobierno
En 1912, se aprobó una nueva ley electoral que introdujo cambios importantes, como la
universalidad del voto, la obligatoriedad y el secreto del mismo. Además, reemplazó el sistema
de "lista completa" por el de "lista incompleta", que permitía la representación de las minorías.
Con la nueva ley electoral, la UCR pudo participar en elecciones y ocupar puestos de gobierno.
El partido se fortaleció al funcionar como un canal de selección y promoción de candidatos y
funcionarios.
La UCR expandió su presencia a lo largo del territorio argentino a través de comités locales que
ofrecían una variedad de actividades y servicios a la comunidad. Estos comités se convirtieron
en una parte integral de la vida política y social de las comunidades locales. A pesar del
crecimiento del partido, las tensiones internas persistieron. Diferentes facciones dentro del
partido luchaban por el poder y se enfrentaban en cuestiones de liderazgo y programas políticos.
En 1922, se produjo una escisión en el partido, dando lugar a la creación de la UCR
Principista, que publicó un manifiesto oponiéndose al liderazgo personalista y abogando por un
programa político más definido. La escisión reflejaba diferencias ideológicas dentro del partido.
Mientras que la facción de Yrigoyen se centraba en su liderazgo personal y un enfoque más
pragmático, los principistas defendían la idea de un partido más institucionalizado y con un
programa político claro. Las diferencias y tensiones dentro de la UCR se mantuvieron durante
décadas y se convirtieron en un aspecto importante de la identidad radical. Se presentaban
como una lucha entre dos visiones de la Argentina, una más liberal y republicana y otra más
nacionalista y popular.
Alvearismo e intransigencia
Después del golpe de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, las facciones del
radicalismo, incluyendo los personalistas y antipersonalistas, buscaron superar sus diferencias
para mantener la unidad del partido. El radicalismo emprendió reformas internas, incluyendo
la modificación de la carta orgánica y la elaboración de una plataforma partidaria para
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consolidarse como un partido disciplinado y organizado. También se aplicó el voto directo por
afiliado para la selección de autoridades y candidatos.
Durante este período, el radicalismo recuperó las estrategias de abstención y revolución
utilizadas en la oposición. Sin embargo, estos intentos revolucionarios no tuvieron éxito, y la
abstención electoral fue finalmente levantada en 1935. Se produjeron escisiones dentro del
partido. El grupo Forja y la corriente intransigente criticaron la dirección del partido y buscaron
definir un radicalismo más auténtico, cuestionando la falta de programas y la supuesta inercia y
ambigüedad del partido. Estas corrientes identificaban al radicalismo con la nación y defendían
la noción de una unidad espiritual de América. Consideraban que la división en partidos y
facciones era un obstáculo para la unidad de la nación.
Dentro del radicalismo, algunos miembros enfatizaron la necesidad de incluir reformas sociales
y económicas en su plataforma, reconociendo la importancia de la justicia social y la
intervención del Estado en la regulación de las relaciones laborales.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las posiciones del partido en relación con la neutralidad
difirieron. Para algunas facciones, la guerra era vista como un conflicto entre imperialismos,
mientras que otras defendían la causa de la democracia. En 1945, el Movimiento de
Intransigencia y Renovación (MIR) se formó como una facción dentro del radicalismo,
oponiéndose a acuerdos con otros partidos, especialmente con la Unión Democrática para
oponerse al peronismo. El MIR, junto con otros sectores de la intransigencia, se oponía a
cualquier acuerdo con partidos no radicales y caracterizaba al peronismo como una corriente
fascista. Sin embargo, algunos radicales, tanto intransigentes como alvearistas, se unieron al
movimiento peronista, argumentando que el radicalismo había abandonado sus principios.
Epilogo
El partido radical nació en la oposición a la coyuntura política y a la ingeniería institucional de
la época. Sus primeros líderes optaron por institucionalizar las relaciones internas a través de
una carta orgánica. En sus primeros años, el partido radical experimentó con la revolución, la
intransigencia y la alternancia entre participación electoral y abstención. Además, se centró en
el desarrollo de sus unidades de base, los comités, que organizaban actividades políticas a nivel
territorial.
Cuando el liderazgo de Hipólito Yrigoyen se consolidó, el partido adoptó una orientación que
enfatizaba la causa y la identificación con la nación. Aunque no definió un programa específico,
mantuvo una identidad diferenciada. Durante los primeros catorce años en el gobierno, el
partido se dividió en facciones y grupos internos. Esto condujo a la creación de mecanismos
internos para seleccionar líderes y candidatos, que combinaban elecciones directas e indirectas.
Las internas partidarias se convirtieron en la norma. A pesar de ello, los caudillos y punteros
no desaparecieron, sino que se insertaron en una estructura más formalizada y, aunque no
necesariamente más democrática, participaron en la vida del partido.
Los opositores al liderazgo de Alvear demandaron una mayor democratización del partido, la
inclusión de una mayor justicia social, la superación del caudillismo y el personalismo, así
como la introducción de prácticas que garantizaran una mayor democracia interna. La aparición
del peronismo obligó al partido radical a reconocer que ya no era el partido mayoritario. Los
intentos de establecer alianzas políticas, como la estrategia unionista, no tuvieron éxito, lo que
llevó a un cambio en la dirección del partido. La facción de la intransigencia planteó la
democratización interna del partido y la articulación de libertades públicas y justicia social.
Estos principios se reflejaron en un programa, aunque la unidad del partido siguió siendo
precaria.

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