Examen Comentario 25
Examen Comentario 25
Examen Comentario 25
Al igual que todo empeño humano —y la educación es sin duda el más humano y humanizador de
todos, según luego veremos—, la tarea de educar tiene obvios límites y nunca cumple sino parte de sus
mejores —¡o peores!— propósitos. Pero no creo que ello la convierta en una rutina superflua ni haga
irrelevante su orientación ni el debate sobre los mejores métodos con que llevarla a cabo. Sin duda el
esfuerzo por educar a nuestros hijos mejor de lo que nosotros fuimos educados encierra un punto paradójico,
pues da por supuesto que nosotros —los deficientemente educados— seremos capaces de educar bien.
Si el condicionamiento educativo es tan importante, nosotros los maleducados (por ejemplo los que
crecimos y estudiamos las primeras letras bajo una dictadura) estamos ya condenados de por vida a
perpetuar las tergiversaciones en las que nos hemos formado; y si hemos logrado escapar al destino
ideológico que nuestros maestros pretendieron imponernos, ello puede indicar que después de todo la
educación no es asunto tan importante como suelen suponer los conductistas pedagógicos.
Katharine Tait, en su delicioso libro My Father Bertrand Russell, señala que su ilustre progenitor
estaba paradójicamente convencido por igual de la importancia de una buena educación para sus hijos y de
que él personalmente no había sido irrevocablemente sellado por el rígido puritanismo de su formación
infantil. En cualquier educación, por mala que sea, hay los suficientes aspectos positivos como para
despertar en quien la ha recibido el deseo de hacerlo mejor con aquellos de los que luego será responsable.
El problema educativo ya no puede reducirse sencillamente al fracaso de un puñado de alumnos, por
numeroso que sea, ni tampoco a que la escuela no cumpla como es debido las nítidas misiones que la
comunidad le encomienda, sino que adopta un perfil previo y más ominoso: el desdibujamiento o la
contradicción de esas mismas demandas.
1
CRITERIOS ESPECÍFICOS DE CORRECCIÓN
En esta materia se otorga la debida importancia a la expresión escrita. Por este motivo, a la hora de
calificar la prueba, además del contenido, se tendrá en cuenta la capacidad de redacción del alumno. La
ortografía será juzgada en su totalidad (letras, y signos ortográficos de acentuación y puntuación) y valorada
como parte de la capacidad de expresión. Hechas las consideraciones precedentes, se establecen las siguientes
normas:
a) Por cada falta de ortografía se restará medio punto de la calificación final del ejercicio.
b) Cuando se repita la misma falta de ortografía, se contará como una sola.
Por la reiteración de errores de puntuación y faltas de acentuación se podrán deducir hasta dos puntos de la
calificación del ejercicio, según el criterio del corrector.
2
GUIÓN DE RESPUESTAS
3. El texto se halla integrado por cuatro párrafos que presentan una estructura bastante
clara:
- Presentación: párrafo 1.
- Conclusión: párrafo 4.
4. El alumno ha de sintetizar las ideas principales del texto sin reproducirlo literalmente.
5. Respuesta libre. (Se valorará la capacidad que posee el alumno para expresar
coherentemente sus argumentos).