Violencia Moral en Las Relaciones Laborales
Violencia Moral en Las Relaciones Laborales
Violencia Moral en Las Relaciones Laborales
I - INTRODUCCIÓN
En las sociedades de nuestro mundo occidental, altamente industrializado, el lugar de trabajo
constituye el último campo de batalla, en el que una persona puede matar a otra sin ningún riesgo de
llegar a ser procesada ante un tribunal.(1)
En el mundo globalizado en el que se impone el "vale todo", con tal de obtener el mayor beneficio
económico o un mayor prestigio social, la flexibilización de las relaciones laborales está acercándolas a
las relaciones del derecho civil, otorgando al empleador la posibilidad de actuar impunemente,
imponiendo condiciones laborales nefastas o provocando situaciones en las que se desprestigie al
trabajador frente a los compañeros para conseguir la dimisión de aquél o que pacte con la empresa su
desvinculación. En definitiva nos encontramos ante una lenta y silenciosa alternativa de despido.
En países como Suecia se ha previsto y reprimido legislativamente las conductas de persecución
psicológica en el trabajo, como las que atentan contra la reputación de la víctima o la manipulación de
comunicación e información con los demás compañeros o superiores. En nuestro país actualmente las
iniciativas legislativas en la materia se resumen a algunos proyectos de ley(2) y el caso concreto del
acoso sexual en la administración pública, supuesto para el que rige el decreto 2385/1993.
En España el vacío legal existente en la materia fue remediado por los Tribunales de Justicia, con
sucesivos pronunciamientos(3), y en otros lugares como Brasil, comienzan a suscitarse algunos.(4)
II - CONCEPTO
La tortura psicológica, destinada a golpear la autoestima del trabajador, apuntando a forzar u obtener
su dimisión a través de métodos que consisten en sobrecargar al empleado de tareas inútiles, negarle
información o ignorarlos, constituyen acoso moral, cuyo efecto es el derecho a indemnización por daño
moral(5), ya que sobrepasa el ámbito profesional y desgasta la salud física y mental de la víctima y
deteriora su autoestima.
El hostigamiento moral tiene como actitud inicial los malos tratos y el ejercicio abusivo de la facultad
de organización del empleador al transformar la relación laboral, no otorgándole tareas al dependiente,
vulnerando el carácter sinalagmático del contrato de trabajo e incumpliendo una de sus obligaciones
principales como es la de suministrar ocupación.
El acoso en el trabajo es un fenómeno tan viejo como el mismo trabajo, sin embargo hasta principios
de la década del noventa no se lo ha identificado como un fenómeno que no sólo destruye el ambiente de
trabajo y disminuye la productividad, sino que también favorece el absentismo, ya que produce desgaste
psicológico(6). Es en los países anglosajones y nórdicos donde se comenzó a investigar este proceso.
El término "mobbing" proviene del inglés, en donde el verbo "to mob" significa "atropellar, atacar en
masa". En nuestro idioma, los términos más comunes para referirse a esta conducta son acoso moral,
acoso psicológico, intimidación, riesgo psicosocial en el trabajo o terrorismo psicológico.
El psicólogo del trabajo Heinz Leymann(7), lo denomina "psicoterror" y lo define como la "situación en
la que una persona (o en raras ocasiones un grupo de personas) ejerce una violencia psicológica
extrema, de forma sistemática y recurrente sobre otra persona o personas en el lugar de trabajo con la
finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar
el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente esa persona o personas acaben abandonando el lugar
de trabajo". Sobre la base de estos trabajos es la legislación sueca, como señalamos, la primera
normativa europea que contempla en forma específica el acoso moral en su ámbito de aplicación.
La Eurocámara la trata como hostigamiento en el lugar de trabajo y la define como "la sensación de
verse excluido de la comunidad social en el entorno laboral y de enfrentarse con exigencias insolidarias
en el trabajo, sin tener la posibilidad de oponerse a ellas".
El acoso en el lugar de trabajo incluye dos fenómenos:
a) el abuso de poder, que los asalariados no siempre aceptan, y al que pueden desenmascarar con
rapidez;
b) la manipulación perversa, que engaña, con insidias y causa muchos más estragos.
El "mobbing" nace en forma insignificante y se propaga insidiosamente, al principio las personas
acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas y agresiones, luego los
ataques se incrementan durante un período de tiempo y con regularidad, hasta que la víctima es
acorralada y se la coloca en una posición de inferioridad.
Se puede afirmar que, en un grupo es normal que existan conflictos por distintos motivos, pero lo que
constituye el acoso es la repetición de las humillaciones en las que no se produce ningún esfuerzo con
ánimo de apiadarse de la víctima.
En varias oportunidades la víctima reacciona en forma confusa, cualquier cosa que realice se vuelve en
su contra debido a la mediación de sus perseguidores, quienes pretenden desconcentrarla, confundirla e
inducirla al error.
La agresión es posible porque viene precedida de una descalificación de la víctima por parte del
agresor, esta depreciación justifica después el hostigamiento que se ejerció contra ella y conduce a
pensar que se merece lo que le ocurre.
En la mayoría de los casos los trabajadores intentan ser impecables en su tarea, se quedan hasta
tarde, no dudan en trabajar en jornadas no laborables y no faltan incluso cuando están enfermos, se trata
de una forma de dependencia que los estadounidenses denominan "workaholic" (adicto al trabajo), que
resulta ser consecuencia del dominio que la empresa ejerce sobre sus asalariados.
Cuando el proceso de intimidación se instaura, la víctima es desacreditada, se dice que el trato con ella
es difícil, que tiene mal carácter, o que está loca; se la considera responsable de las consecuencias del
conflicto y las personas que la rodean olvidan rápidamente cómo era la relación con anterioridad.
Teniendo en cuenta los distintos conceptos y características descriptas hasta aquí, podemos definir
genéricamente a la violencia moral en las relaciones laborales como un comportamiento recurrente y
sistemático, realizado en el lugar de trabajo por terceros, compañeros o superiores jerárquicos de la
víctima, que goza de un apoyo o un encubrimiento de la organización, y que, debido a su carácter
humillante, atenta contra la dignidad de la persona y la perturba gravemente en el ejercicio de sus labores
profesionales.
IV - SUJETOS
Los sujetos de la agresión son aquellos que llevan a cabo, individual o colectivamente, contra una o
varias personas de la empresa, de manera consciente o inconsciente, una actividad de violencia moral
para conseguir marginarlas o descalificarlas frente a otras.
El acoso moral puede darse en forma vertical u horizontal, según el lugar en que se encuentre el
agresor y la víctima dentro de la comunidad laboral.
Así entonces, existe acoso vertical si el sujeto activo que protagoniza las conductas humillantes es el
empleador ("side mobber"), por sí o por otras personas que por mandato de aquél se encuentran a cargo
de la dirección y que se relacionan jerárquicamente con los trabajadores, esto se denominó en la doctrina
anglosajona como "bossing" (del inglés "boss" = jefe).
En cambio, el acoso es horizontal cuando el sujeto activo está personificado en un compañero de
trabajo ("mobber") y entonces la responsabilidad del superior no nace de su accionar acosante, sino de su
tolerancia cómplice con el acosador.
Una tercera posibilidad es cuando el sujeto activo sea un grupo de empleados que comienza a realizar
conductas acosantes con el fin de lograr la destitución de un superior, lo que denominaremos acoso
vertical inverso, siendo responsable el empleador también por complicidad.
Otra figura relacionada es el denominado como "burn-out" que está motivado por la relación del
empleado con los clientes o usuarios de la empresa en la que trabaja y no por los superiores o
compañeros, sin perjuicio de la responsabilidad que le pueda caber a los primeros.
Hasta aquí se describió el sujeto activo del "mobbing" ahora corresponde establecer quienes son los
blancos de las conductas abusivas citadas, el sujeto pasivo puro es el trabajador, hiposuficiente,
necesitado, coaccionado, pero también entendemos que puede llegar a serlo el superior.
V - EVOLUCIÓN
Desde el punto de vista organizacional, se aprecian cuatro etapas típicas en el desarrollo del acoso
moral:
- La aparición de algún incidente crítico.
- La persecución sistemática.
- La intervención de los superiores.
- El abandono de trabajo.
La persona objeto del acoso se ve inmersa en tres períodos totalmente enlazados con una carga
elevada de sentimientos de impotencia que conduce en gran medida a poner en peligro la salud, llegando
en casos extremos a un final autolesivo:
Primer período: inicio del acoso psicológico
Ante las presunciones, el primer síntoma que sufre la víctima es la desorientación, no se explica por
qué la organización no la apoya y la presiona, confiando en que tarde o temprano la presión pasará y se
podrá integrar al proyecto de la empresa. Si el acoso continúa, se pregunta en qué falló y qué debe hacer
para que el hostigamiento concluya, analiza sus errores y manifiesta excesiva preocupación, es aquí
donde aparecen los primeros signos de ansiedad.
Segundo período: apertura del conflicto
En la mayoría de los casos el acosador, no cede en su empeño y mantiene el acoso psicológico,
haciéndole notar a la víctima que ante cualquier movimiento defensivo sólo conseguirá acrecentar el
hostigamiento, acompañando a la presión amenazas condicionadas de carácter punitivo dirigidas hacia
la seguridad laboral del acosado. Ante esto el acosado recurre a algunas personas de la organización con
capacidad de influencia, que pueden ayudarlo a afrontar el problema, busca que el asunto no se
popularice con el fin de que no le cause algún perjuicio laboral, sin que obtenga alguna solución
inmediata.
El acosado comienza a sentirse aislado y con síntomas de ansiedad, aparecen los primeros
sentimientos de culpa y con ellos brotes depresivos, disponiéndose a aguantar lo que sea necesario
ingresando a lo que se denomina "la espiral del "mobbing"", es decir una retroalimentación negativa en la
que la presión del acoso incide en los síntomas patológicos y éstos en la ineficacia de la respuesta
laboral, que justifican y refuerzan el hostigamiento de manera progresiva, agravando el problema hasta
hacerlo insostenible.
Tercer período: la huida
La presión recibida y el estado de salud deteriorado del acosado, tornan insostenible su presencia en el
ámbito laboral, optando por buscar soluciones fuera del dominio de la organización laboral a la que
pertenece, para evitar que su trabajo se vuelva meramente instrumental.
VI - RESPUESTA JURÍDICA
El trabajador afectado puede, en la actualidad, ejercer una serie de acciones legales para la defensa de
sus derechos, amparado en la normativa legal vigente.
El sujeto activo de las acciones legales es el trabajador agredido, pero el sujeto pasivo al cual va
dirigida la acción y al que se le puede llegar a exigir responsabilidad por los daños depende del tipo de
proceso, que puede dirigirse contra la empresa, contra el agresor o contra ambos. Resultando
imprescindible, previo al inicio de las acciones judiciales, que la víctima se ponga en contacto con
aquellos profesionales que puedan ayudarle, tanto a paliar los efectos como a neutralizar el acoso.
Las nuevas concepciones en materia de derechos humanos se caracterizan por la universalidad e
indivisibilidad de aquellos, ya que claman por su extensión, es decir la condición de persona es el único
requisito para ser titular de esos derechos, y cuando algún derecho es violado, los demás también lo son.
Es así como nuestra Constitución tutela los derechos fundamentales de la persona tales como:
seguridad, salud, descanso, estabilidad en el empleo, etc.; no obstante estas garantías la legislación
"flexible", sancionada de 1990 en adelante, debilitó esos derechos. En nuestro país, el constituyente de
1994, a diferencia del brasileño de 1988(9) no otorgó rango constitucional a la indemnización por daño
moral.
La norma laboral prohíbe realizar cualquier tipo de discriminaciones (art. 17, RCT) y sanciona al
empleador en el supuesto de que la extinción del vínculo se produzca por una causa discriminatoria (art.
11, L. 25013), el fundamento constitucional radica en lo normado por el artículo 16 de nuestra Carta
Magna y constituye una manifestación del principio general de igualdad de trato y no discriminación.
El convenio 111 de la OIT fue ratificado por ley 17677, razón por la cual, luego de la reforma
constitucional de 1994 y conforme lo establece el artículo 75, inciso 22), sus disposiciones tienen
jerarquía superior a las leyes y define a la discriminación como cualquier distinción, exclusión o
preferencia basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión política, ascendencia nacional u
origen social, que tenga por objeto anular la igualdad de oportunidades o de trato. En igual forma, se
encuentra la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) que en
el artículo 4 prohíbe todo tipo de discriminación.
En 1988 se sancionó la ley 23592 que en su artículo 1 establece una disposición general que expresa,
quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja, o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre
bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional,
será obligado a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su
realización y a reparar el daño moral y material ocasionados.