Las Fuerzas de Oposición Natural en La Voz
Las Fuerzas de Oposición Natural en La Voz
Las Fuerzas de Oposición Natural en La Voz
Amatista Trinidad
Al igual que los fenómenos más inquietantes y emocionantes para la mente humana, la voz
es invisible a nuestros ojos. A través de ella somos capaces de ser y estar en el mundo:
expresamos deseos, opiniones y necesidades. Tomamos decisiones, emitimos juicios y al
mismo tiempo hay algo en la cualidad de su sonido que nos permite conocer el entorno que
habitamos, el carácter de quienes nos rodean, la profundidad del espacio. Aun siendo
inherente al cuerpo humano, y con tantas funciones asociadas, la voz, carece de materia
visible. Sospecho que probablemente esta es la razón por la que su importancia vital ha sido
ignorada tanto en nuestro cotidiano como en nuestras prácticas escénicas.
Adentrarse en el universo vocal no es sólo un viaje de técnica y práctica, aunque sin duda es
un aspecto que no se puede ignorar. No obstante este aprendizaje parece ser una invitación
más radical y profunda cuyos misterios y epifanías intentaré develar en este escrito.
El estudio de la voz tiene distintas líneas de investigación. Desde la fonoaudiología, por
ejemplo, encontramos el universo científico del fenómeno, que define a la voz como la
vibración o sonido que el aire genera en nuestras cuerdas vocales ubicadas en la laringe.
Nos habla de su tono, intensidad, resonancia, brillo, color y otros tantos conceptos para
definirla, comprenderla y permitir espacios terapéuticos.
Algunas otras corrientes provienen principalmente del entrenamiento vocal con fines
artísticos o estéticos. Estos espacios han desarrollado metodologías para lograr que el/la/le
intérprete gane expertiz en el manejo de su instrumento vocal. Ahora bien, al día de hoy
conocemos entrenamientos clásicos que provienen principalmente desde la tradición de la
Ópera, cuyo foco está en ejercicios de respiración costo-diafragmática y repeticiones de
escalas musicales, aunque con la aparición de los estudios denominados somáticos, se han
inaugurado distintas maneras de aproximarnos a la voz. Algunas de ellas son las técnicas
Royhart, Linklater, Alexander etc... cuyos focos se centran en la relación de la voz con el
cuerpo y la imaginación, entre muchos otros elementos. Considerando las múltiples fuentes
de entrenamientos e información vocal, la principal pregunta que me hago es entonces,
¿Cómo se entrena una voz? ¿Cuáles son los elementos esenciales en un entrenamiento
vocal considerando su naturaleza inmaterial y al mismo tiempo orgánica?
En primera instancia, recuerdo las primeras sesiones del entrenamiento de Feldenkrais con
Michael Landau, y cómo abrió mi visión respecto a lo equivocados que estamos al centrar
nuestras prácticas corporales en repeticiones rápidas y mecánicas. Por primera vez
escuchaba que alguien proponía la lentitud, la posibilidad de darse el tiempo suficiente para
que la propiocepción aconteciese y desde ese estado de absoluta relajación y pasividad
reeducar algunos actos corporales tan fundamentales como caminar, pararse o sentarse.
“Quizás estamos haciendo más de lo necesario” dijo Michael en nuestra segunda sesión. Y
esas palabras quedaron resonando en mí.
¿Será que esto también sucede en el entrenamiento vocal? ¿Es que algunos ejercicios
exigen más de lo necesario?
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Por muchos momentos intuí que sí. En prácticas vocales que tomé en mi adolescencia los
ejercicios se apegaban muchísimo a la tradición musical. Con piano y bombillas
ejercitábamos escalas y glissandos. Pero a mí no me salían. Mi voz tendía a quebrarse, mi
cuello a acumular tensión. En ese entonces creí que tal vez yo no servía para el canto, no
había nacido con el don. Más tarde, en la escuela de teatro los entrenamientos vocales eran
menos ortodoxos, pero siempre se centraron en hablar más fuerte para que el público
escuchase lo que estaba diciendo. Entonces entrenábamos nuestros cuerpos hasta
cansarnos y sudar. Como por arte de magia nuestras voces se escuchaban más claras y
resonantes. Hoy comprendo que era el simple efecto de un cuerpo agotado incapaz de
aportar tensión al cuello y laringe. En ambos casos los entrenamientos me parecieron poco
eficientes. Demasiada rigidez por un lado, y muy poca especificidad por otro. El resultado de
ambos, en lo que pude observar en mí y en mi compañeros, naturalmente era una relación
con la voz centrada únicamente en lo exterior, en la repetición de una serie de ejercicios sin
saber muy bien qué se estaba haciendo o qué se quería producir a nivel vocal.
En la antigua filosofía del Tao encuentro una referencia muy interesante, en particular en el
texto “El tao de la voz” de Stephen Chun-tao Cheng que aclara mi visión:
El tao afirma que los opuestos o polaridades -ying y yang- existen en todas las cosas y
en todas partes. Lo femenino es yin, lo masculino es yang. Lo blando es yin, lo firme
es yang; ceder es yin, empujar es yang. Yin y yang son un par de fuerzas
complementarias que actúan sin cesar en el universo. Eliminar la una es destruir la
otra. (p.21)
Sabemos que la voz es un fenómeno invisible, agregamos la idea de que es uno vivo. Tal vez
una característica intrínseca de lo vivo es la multiplicidad. No se puede definir y encajar en
absolutos a lo vivo. No se puede dotar de formas rígidas o al menos no permanentemente.
Lo vivo posee contrastes junto con una cualidad de misterio que inspira las poesías, el arte y
la filosofía.
Es entonces cuando comprendo parte de la naturaleza vocal: Hecha de ondas sonoras
invisibles, producida por estructuras corporales blandas y rígidas. Liviana al mismo tiempo
que determinante. Interior, al mismo tiempo que exterior etc. Un entrenamiento adecuado es
aquel que reconozca esta diversidad. En mi paso por Voces Escénicas pude identificar
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algunos elementos que me parecen esenciales y cuyas lecciones me parecen aplicables a
distintas capas de mi experiencia humana. Los ejemplos son tantos que sobrepasan la
extensión de este escrito. Pero aquí daré algunos para intentar ilustrar mis ideas:
Comienzo por la idea de la tensión o esfuerzo, conceptos que comprendí con mayor
profundidad en las clases de Estill Voice con Alondra Carrillo y en Técnica Vocal con Olga
Quiroz. El esfuerzo físico naturalmente genera grados de tensión. En una emisión vocal
saludable la tensión es necesaria por ejemplo, para mantener un cuerpo alerta y
comprometido con la energía que la emisión requiera, por ejemplo, la tensión necesaria en el
canto de un bossanova, es distinta a la que necesitamos en un canto gutural.
Mas, en ambos casos, necesitamos la acción de la fuerza opuesta, la relajación. Pues un
cuerpo que sólo posee tensión provocará el cierre de la laringe y por lo tanto la dificultad o
incapacidad para emitir sonido.
Lo anterior sugiere en otros planos de existencia por ejemplo, la importancia de vivir en el
punto justo entre tensión y relajación, entre controlar y fluir. Instrucciones que día a día busco
replicar.
Un segundo alcance tiene que ver con el lugar que la mente ocupa en la práctica vocal.
Resulta desafiante abstraerse de los conceptos de lo que está bien o lo que es bello
vocalmente hablando. Existen tantas cualidades como ejercicios asociados a adquirirlas.
Vibratos, melismas, volúmenes y adornos son algunas de estas características. El deseo
mental sobretodo al iniciar un aprendizaje vocal de sonar de esas formas es considerable,
así como el terror a la equivocación. Nuestras mentes juegan un papel importantísimo en el
aprendizaje y la permanencia que nos permitimos en una práctica.
El estudio de la voz nos propone una lección profunda al mismo tiempo que un acercamiento
demasiado transparente al estado completo de nuestro cuerpo: emoción, cuerpo y mente.
Por lo que el error así como la expectativa pueden ser letales, y la posibilidad de abandonar
muy tentadora.
He experimentado estas sensaciones en varias ocasiones y he comprobado que una gran
manera de canalizarlas es a través del aumento de la atención en el cuerpo: Ya sea en llevar
la atención a los movimientos de las extremidades, o de estructuras más internas como la
lengua o el paladar blando. En estos casos me ha resultado muy útil conocer los sistemas
exactos que están comprometidos en la emisión vocal, de formas directas e indirectas. Por
ejemplo, recuerdo ejercicios de movimiento de dedos con Audrey que me ayudaron a
comprender que su movimiento facilitaba mi llegada a los agudos. Así como no olvido el
ejercicio de una K aspirada que Sara Pantoja nos enseñó en la sesión de Introducción al
Linklater, y de cómo me facilitó la comprensión del espacio interior que puede existir entre la
raíz de la lengua y el paladar blando.
Éstas no son más que aproximaciones a lo que el entrenamiento vocal ha despertado en mí:
Mi curiosidad, el deseo de la flexibilidad mental y corporal. El entendimiento de que es
posible ser disciplinado y suave a la vez. Pienso firmemente que las posibilidades que estos
ejercicios y este camino nos entrega son las de vivir con mayor comprensión de la naturaleza
de todo lo vivo: La interrelación de fuerzas.
No por nada a lo largo de la historia hemos definido a la voz como un susurro del alma, un
río, un color que viaja. Sus aspectos nos recuerdan que somos parte de este sistema de
vida, y nos enfrentan a este pulso. Mas, el alma y el cuerpo deben aprender a prepararse
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para tales lecciones, pues no es sencillo volver a lo flexible cuando se nos ha entrenado para
la rigidez, ni es fácil adoptar la suavidad cuando el mundo nos pide ser siempre fuertes.
Estos, son aprendizajes que sólo el tiempo logra integrar en nosotros. La voz y su
entrenamiento se levantan para mí como una esperanza en lo que significa ser humano y
formar parte de un sistema vivo con la capacidad de raciocinio y consciencia. Y a través de
ella he podido palpar las propias fuerzas que convergen en mi existencia.