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Comentarios 15 de Octubre

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1.- “(En el año 171 a. C.)... llegó de España una legación de una nueva clase de hombres.

Más de cuatro mil hombres, nacidos de soldados romanos y mujeres españolas, con las que
no tenían connubio, rogaban que se les diese una ciudad en la que habitar. El senado
decretó que manifestaran su nombre a L.Canuleio (pretor) y que se establecieran en Carteia,
junto al Océano, aquellos a los que él hubiera manumitido. Los carteienses que quisieran
permanecer en sus casas podrían hacerlo y, habiéndose asignado tierras, figurarían entre los
colonos. Esta sería llamada colonia latina de libertos.”
Tito Livio, Ab urbe condita.
La concesión de la latinidad fue un procedimiento selectivo y matizado, entendido como
una recompensa especifica a particulares en el supuesto de otorgares esa latinidad o la
entera ciudadanía, ya que, como se sabe los latinos constituían una categoría inferior
respecto a los ciudadanos romanos, pues, quienes eran titulares de ese ius latii se regían por
el derecho romano en lo relativo a asuntos comerciales y patrimoniales (ius commercium),
pero de ordinario no podían usar de él en lo relativo a otras cuestiones civiles- el
matrimonio con romanos (ius connubii)- ni por supuestos en el ejercicio de los derechos
estrictamente políticos: derecho al voto (ius sufragii) o a ser elegidos para desempeñar
cargos en Roma (ius honorum).
Esta concesión fue otorgada a los individuos aislados como a grupos enteros, como fue
reseñado por Tito Livio, que revistió de singular importancia la concesión de la latinidad en
el 171 a. C a mas de 4000 hombres nacidos de soldados romanos y mujeres españolas, entre
quienes no se había dado el matrimonio (connubio).
Lucius Canuleio Dives (rico) pretor de Carteia (178 a. C)en el Estrecho de Gibraltar o
también la llamada Hispania, en el siglo II a. C, tras la llegada de los ejércitos romanos a la
península ibérica en el marco de la segunda guerra púnica (211 a.C -201 a. C), la virtoria
contra Cartago provocó atención especial del Senado hacia sus recién incorporados
territorios occidentales, en su tarea de dar un nouis generis hominum (un nuevo género de
hombres) que buscaban un lugar donde asentarse de forma jurídica resultó la promoción de
Carteia a Colonia de derecho latino, tiempo después se señalaría este suceso como la
fijación de las bases para la romanización del estrecho de Gibraltar.

2. “El emperador Cesar Marco Aurelio Severo Antonio Augusto, dice: Es menester ante
todo referir a la divinidad las causas y motivos (de nuestros hechos); también yo tendría
que dar las gracias a los dioses inmortales porque con la presente victoria me honraron y
guardaron a salvo. Así pues, creo de este modo poder satisfacer con magnificencia y piedad
su grandeza al asociar al culto a los dioses a cuantos miles de hombre se agreguen a los
nuestros. Otorgo a todos cuantos se hallen en el orbe de la ciudadanía romana, sin que
quede nadie sin una ciudadanía excepto los dediticios. En efecto, conviene que todos, no
sólo contribuyan en todo lo demás, sino que participen también en la victoria. Y esta
constitución nuestra muestra la grandeza del pueblo romano”.Constitutio Antoniniana.
Siguiendo con la idea de la romanización, Antonino Caracalla, promulga en el año 212 la
conocida Constitucio Antoniana, que positivizó, facilitó y masificó el acceso a la
ciudadanía (maius Latium) a la gran mayoría de españoles libres en los albores del siglo III,
beneficiando así a los sectores marginados que no habían conseguido acceder a la misma.
Sin embargo, se resalta dentro del texto una excepción que para Meyer se entendía como
mandato adecuado a la manutensión incólume de la generalización romana, es decir, que
Caracalla quiso beneficiar solo a los habitantes de las ciudades excluyendo así a los
peregrinos que vivían en el campo a quien D´Ors llama dediticios elianos (esclavos
delincuentes que al ser manumitidos obtendrían la libertas); para Gino Segré, se referiría a
la continuidad de las propias organizaciones ciudadanas entendidas como las reconocidas
tributariamente al pagar un estipendio y la exclusión aplicaría para quienes no reconocieran
el tributo llamadas civitas dediticia. En ese sentido, en la aplicación de la lex a la nueva y
próxima civilización romana, quedarían excluidos a los nuevos peregrinos, que son
precisamente bárbaros asentados en territorio romano.
En ese orden de ideas, al quedar convertidos en ciudadanos todos los habitantes libres del
imperio, desapareció la tradicional frontera jurídica entre las personas, quedándose con la
mera diferenciación social.

3.- “El derecho del pueblo romano se deriva de las leyes,” los plebiscitos, los
senadoconsultos, las constituciones de los príncipes, los edictos de aquellos que tienen el
derecho de publicarlos y las respuestas de los prudentes “. Gayo, Instituciones, 1, 2-3.
En concordancia con la aplicación de la ley romana a las personas que hacían parte del
Imperio Romano, el concepto base de la normatividad o del cuerpo jurídico que regia los
derechos y deberes de los ciudadanos recae en las leyes (leges), diferenciadas en:
 Ius naturale: derivado de lo que la naturaleza nos enseña
 Ius Gentium: usado por los pueblos
 Ius civile: adecuado a los que estima licito por decisiones judiciales o interpretación
de los prudentes
 Ius honorarium: fijado por los magistrados
 Ius edicendi: edictos provincias que gobiernan dados por los pretores
En razón a tal propuesta, las leyes de correspondientes a las instancias de un magistrado por
dicción del pueblo reunido en comicios recibieron el nombre de lex rogata, que se
diferenció de la Lex data en cuanto a la delegación de los comicios a los magistrados para
la aplicación de la misma.
La ley como fuente del derecho es una “declaración de potestad” autorizada por el pueblo ,
que tiene carácter vinculante
Dentro de este gran genero como fuente del derecho, se encuentran también los plebiscitos
descritos como el acuerdo del grupo de plebeyos, reunidos en los “concilia plebis” dándole
paso a la aprobación de propuestas que realizan los tribunos de la plebe, que en principio
solo tenían carácter vinculante para los ciudadanos plebeyos que las votaban pero que a
partir de la ley hortensia (286 a. C) las equiparó a las leyes romanas convirtiéndolos
obligatorios para los ciudadanos romanos.
En tercer lugar, los senadoconsultos, que durante el principado carecían de carácter de ley,
gozaron de autoridad semejante, pues como Gayo lo comentó “Aquello que el Senado
manda y establece, por más que para algunos sea objeto de discusión”, toda vez que se
entendían como meras recomendaciones con fuerza moral.
Luego, refiere a las constituciones imperiales o de los príncipes (llamada así por el sistema
político instaurado a partir de Octavio Augusto como régimen de transición entre la
República y el Imperio) como obras que reúnen textos bíblicos junto a escritos de juristas
romanos y leyes de emperadores que adoptaron distintas formas como: edictos, mandatas,
rescriptas y decretas.
Finalmente, señala a los edictos de quienes tienen derecho definiéndolos como la primera
forma utilizada por el príncipe para dictar normas y diferenciado de los edictos de
magistrados por su perdida de aplicabilidad al renovar el cargo en cabeza de otra persona,
dejándolos sin efectos. Simultáneamente, las respuestas de los prudentes o jurisconsultos
ubicados como participantes en la consolidación de las fuentes de derecho, ya que ni los
magistrados ni los jueces estaban en realidad familiarizados, estos llegaron a ser de gran
importancia porque, aunque no participaban en la administración de la justicia, sí tenían
conocimientos legales: eran los iurisprudentes(también llamados iurisconsulti o
iurisperiti). Los responsa iurisprudentium eran grabados y editados por los alumnos del
experto en cuestión, y tenían autoridad proporcional a su reputación como abogado.
El ‘dar respuesta’ conducía a la adquisición de poder, y de algún modo Augusto debió de
controlarlo, limitando el derecho de responsa a ciertos juristas, a los que se concedió el ius
publice respondendi ex auctoritate Principis, es decir, los responsa de ciertos
jurisconsultos debían darse como emanados de su propia autoridad y, en tal carácter, se
restringía la libertad del juez que debía preferir sus opiniones a las de aquellos que no
contaban con esta facultad.
4.- “ Lucio Emilio Paulo (…) decretó que los siervos de los Hasteneses que moraban en la
torre Lascutana fueran libres, y mandó, asimismo, que siguieran teniendo y poseyendo las
tierras y el opidum que en aquella sazón poseyeran, mientras no dispusiesen otra cosa el
pueblo y el Senado romano”. Bronce de Lascuta, año 189 a.C.
Con la expansión del territorio romano y la incorporación de los territorios peninsulares, la
necesidad de nombrar nuevos pretores que rigieran las zonas de las provincias consideradas
dominio publico romanos, en el año 197 a. C se formaron las dos provincias de Citerior
(costa mediterránea y el norte de España) y Ulterior (parte meridional y territorios
occidentes), dividida ente la Bética (Andalucía) y Lusitania (Portugal).
La Bética (Alcalá de los Gazules, Cádiz) regida por el pretor Lucio Emilio Paulo en el año
191 a.C hasta 189 a.C, es uno de los tantos diversos ejemplos de las leyes provinciales. En
concreto, la lex plasmada en bronce (bronce de lascuta) refiere a un privilegio otorgado a
los lascutanos por su ayuda al imperio en la rebelión de los artenses en la dominación
romana.
5.- “ Se llaman extranjeros, dediticios aquellos que con las armas en la mano lucharon
alguna vez contra el pueblo romano y luego, vencidos, se rindieron”. Gayo, Instituciones,
Comentario, 5.
De nuevo, la lucha militar y la conquista territorial en la península refiere a la progresiva
incorporación de grupos de personas a estar supeditados al imperio con un carácter
diferenciador de los romanos de origen cuanto a las leyes. Pues, en suma, los hombres
libres o peregrinos anteriores quedaron convertidos en ciudadanos romanos y los
posteriores (bárbaros) como nuevos peregrinos.
Los dediticios eran los vencidos o los que aceptaban la rendición incondicional (deditio)
6.- “Los romanos, según la costumbre, enviaron diez senadores para organizar el Estado de
los pueblos de España que Escipión y Bruto antes que Escipión, habían conquistado o
recibido en sumisión”. Apiano Alejandrino. Las guerras púnicas. 98.
Como relata el historiador romano Apiano, la primitiva ciudad de Roma se había
convertido en una potencia bélica cuando a mediados del siglo III a.C derrotó a los
cartagineses en la primera guerra púnica e impuso su hegemonía en Italia, Cerdeña y
Sicilia.

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