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CCHH - Resumen Nuevo 2P

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Administración de los sueldos y salarios

Para entender cómo funciona el mundo de los sueldos y salarios, pensemos en la


actividad de una empresa como una máquina que transforma recursos en resultados.
Imagina que una empresa es como un gran rompecabezas: necesita piezas clave
como el dinero, la tecnología, las materias primas, y, por supuesto, el esfuerzo de las
personas. Cuando todo se combina de manera eficiente, se genera más riqueza, que
se reparte entre quienes aportan recursos, como los proveedores, inversionistas, y,
claro, los empleados.
Los empleados juegan un papel fundamental. Ellos no solo trabajan, sino que
también aportan sus conocimientos y habilidades. En el pasado, se solía priorizar a
los accionistas, pero hoy en día se reconoce lo importante que es que todos los
asociados, especialmente los empleados, reciban una parte justa de la riqueza
generada.
Ahora, ¿qué es la remuneración? Básicamente, es el pago que recibe un empleado
por su trabajo, y puede ser tanto económico como extraeconómico. La remuneración
económica directa incluye el salario, que puede ser por hora o mensual, además de
bonos, premios, y comisiones. Por otro lado, la remuneración económica indirecta
abarca beneficios adicionales como vacaciones pagadas, gratificaciones, y seguros.
Sumando todo esto, obtenemos la remuneración total, que es la combinación de lo
que se recibe directamente en efectivo y los beneficios adicionales. Pero no solo es el
dinero lo que cuenta; también hay aspectos extraeconómicos importantes. El orgullo,
el reconocimiento y la seguridad en el empleo son factores que influyen mucho en la
satisfacción laboral.
La remuneración es clave por varias razones. Permite a los empleados cubrir sus
necesidades, actúa como un incentivo para mejorar el desempeño, ayuda a retener
el talento y hace que la empresa sea más competitiva en el mercado laboral. Por eso,
debe verse no solo como un gasto, sino como una inversión en el capital humano de
la empresa.
Hablando de salarios, es importante diferenciar entre salario nominal y salario real. El
salario nominal es la cantidad de dinero que se acuerda en el contrato, pero no toma
en cuenta la inflación. El salario real, en cambio, refleja lo que realmente puedes
comprar con ese dinero después de considerar el impacto de la inflación. Ajustar el
salario nominal para que mantenga su poder adquisitivo es crucial, sobre todo en
tiempos de inflación.
También es interesante notar la diferencia en los costos de producción entre
empleados que reciben un salario mensual y aquellos que se pagan por hora. Los
empleados mensuales suelen estar en los gastos generales, mientras que los
empleados por hora se consideran costos directos de producción.
Para los individuos, el salario significa mucho: rutinas diarias, metas personales y
calidad de vida. Para las empresas, es un costo significativo pero también una
inversión en la productividad. El equilibrio entre estos dos aspectos es lo que
determina la eficiencia y la competitividad en el mercado.
La composición del salario es un tema complejo. Está influenciada por una mezcla de
factores internos y externos que pueden aumentar o estabilizar los salarios dentro de
una organización. Entender cómo todos estos elementos interactúan es esencial para
gestionar de manera efectiva los sueldos y salarios.
Podemos decir, entonces, que la remuneración es mucho más que un simple pago;
es una herramienta vital que influye en la satisfacción, la motivación y la eficiencia
en el trabajo. Por eso, es fundamental gestionarla con cuidado y estrategia para
asegurar el éxito tanto para los empleados como para la empresa.
En el mundo de los sueldos y salarios, no solo se trata de cómo pagamos a nuestros
empleados, sino también de cómo gestionamos ese pago para que sea justo y eficaz.
La administración de sueldos y salarios es el proceso que nos ayuda a establecer y
mantener estructuras salariales que sean justas y equitativas dentro de una
organización. ¿Qué significa esto en la práctica? Bueno, se basa en dos aspectos
clave.
Primero, el equilibrio interno. Esto se refiere a cómo determinamos los salarios en
relación con otros puestos dentro de la misma empresa. La idea es asegurarnos de
que los sueldos sean justos y proporcionales a las responsabilidades y niveles
jerárquicos dentro de la organización. Por ejemplo, no tendría sentido que un puesto
de menor responsabilidad recibiera un salario similar a uno con mayores
responsabilidades.
En segundo lugar, está el equilibrio externo. Este aspecto se enfoca en comparar
los salarios ofrecidos en nuestra empresa con los de otros puestos similares en el
mercado laboral. La meta aquí es garantizar que nuestros salarios sean competitivos
para atraer y retener talento. En otras palabras, queremos asegurarnos de que
estamos ofreciendo sueldos que no solo sean justos internamente, sino también
atractivos en comparación con lo que otras empresas están ofreciendo.
La administración de sueldos y salarios tiene varios objetivos importantes. En primer
lugar, busca remunerar adecuadamente según el valor de cada puesto. Esto significa
que cada puesto debe ser valorado de manera justa en función de sus
responsabilidades. También es crucial reconocer y premiar el desempeño y la
dedicación de los empleados. Los salarios no solo deben ser competitivos, sino
también reflejar el esfuerzo y la calidad del trabajo realizado.
Además, una buena administración de sueldos y salarios ayuda a atraer y retener
talento calificado, lo cual es vital para el éxito de la empresa. Facilita la movilidad y
el desarrollo profesional dentro de la organización, permitiendo a los empleados
crecer y avanzar en sus carreras. También se enfoca en asegurar que los sistemas de
remuneración sean aceptados y satisfactorios para todos, equilibrando las
necesidades financieras de la empresa con las relaciones laborales.
Para entender cómo se maneja la administración de sueldos y salarios en una
empresa, es importante saber cómo se valoran y clasifican los puestos. Este
proceso es fundamental para que todos los empleados reciban un pago justo según
su trabajo y responsabilidades. Vamos a desglosar cómo funciona este proceso de
una manera sencilla.
Primero, la valuación de puestos es como poner a cada trabajo en una especie de
“escala de valores”. Analizamos qué tan importante es cada puesto dentro de la
empresa y cómo se compara con otros. Esto nos ayuda a decidir cuánto debería
ganar cada persona según el trabajo que hace.
Para hacer esta valoración, utilizamos diferentes métodos, y todos se basan en
comparar los puestos entre sí o con ciertos criterios predefinidos. Todos estos
métodos tienen en común que nos ayudan a poner cada puesto en su lugar correcto
dentro de la estructura salarial de la empresa. Así, aseguramos que cada empleado
sea remunerado de manera justa y en línea con sus responsabilidades.
Método de Jerarquización (Job Ranking)
El método de jerarquización es como organizar tus puestos de trabajo en una especie
de “ranking” o lista de importancia. En esencia, estamos tratando de ordenar los
trabajos de la empresa de acuerdo con algún criterio que consideremos importante,
como la complejidad o la importancia de cada puesto.
Hay dos maneras principales de hacerlo:
Por medio de la Jerarquización por Definición de Límites Superior e Inferior,
donde primero, decidimos qué trabajos están en los extremos de nuestra lista. Por
ejemplo, el trabajo más complejo podría ser el límite superior y el menos complejo el
límite inferior. Luego, comparamos todos los otros trabajos con estos dos extremos y
los colocamos en una lista de acuerdo con su complejidad relativa.
También puede ser por medio de la Jerarquización por Puestos de
Referencia. Aquí, en lugar de usar solo dos extremos, seleccionamos varios puestos
de referencia que representan diferentes niveles de complejidad o importancia.
Luego, comparamos todos los otros trabajos con estos puestos de referencia para
ordenarlos en la lista.
Este método es bastante sencillo y rápido, pero no nos da un análisis muy detallado.
Por ejemplo, podrías decidir que el trabajo de un gerente de ventas es el más
complejo y que un trabajador de línea es el menos complejo, y a partir de ahí
organizas los demás trabajos en función de dónde se sitúan en esa escala.
Método de Escalas por Grados Predeterminados (Job Classification)
El método de escalas por grados predeterminados funciona un poco diferente.
El método de escalas por grados predeterminados organiza los trabajos en diferentes
“grados” o categorías que ya hemos definido. Por ejemplo, podríamos tener
categorías como supervisores, operadores especializados, y jornaleros.
Estos son los pasos para aplicarlo: Primero, definimos las categorías o grados. Cada
grado tiene un conjunto de responsabilidades y requisitos que lo caracterizan. Luego,
decidimos cuántos grados necesitamos, que puede depender de cuán diversa sea
nuestra organización y de las discusiones con sindicatos o equipos laborales.
Creamos una descripción detallada de lo que implica cada grado para que todos
entiendan claramente lo que cada uno significa, y finalmente, comparamos los
trabajos con estos grados definidos y los clasificamos en función de la descripción
que mejor se ajuste.
Este método es bastante fácil de implementar y administrar, pero puede ser rígido.
Una vez que tienes los grados establecidos, puede ser difícil adaptarlos a cambios en
los trabajos o en la estructura organizativa.
Método de Comparación de Factores (Factor Comparison)
El método de comparación de factores es un poco más detallado. En lugar de
simplemente clasificar los puestos, este método descompone cada puesto en varios
factores clave, como las habilidades requeridas, el nivel de responsabilidad y las
condiciones de trabajo. Luego, comparamos cada trabajo con un grupo de puestos de
referencia que representan diferentes niveles para cada factor.
Para aplicar el método de comparación de factores, primero empezamos
seleccionando los factores clave que afectan a cada puesto, como las habilidades
mentales necesarias, los requisitos físicos, las responsabilidades que conlleva el
trabajo y las condiciones en las que se desempeña. Una vez que tenemos estos
factores, nos aseguramos de definirlos claramente para que todos sepan
exactamente qué estamos evaluando. Luego, elegimos algunos puestos de referencia
que ejemplifiquen distintos niveles de cada uno de estos factores, lo que nos ayudará
a establecer estándares de comparación. Con estos estándares en mente, evaluamos
cada puesto en relación con los puestos de referencia, asignando valores específicos
a cada factor. Creamos una matriz que nos permite visualizar cómo se comparan
todos los puestos en función de estos factores, lo que facilita la creación de una
jerarquía. Finalmente, utilizamos la información de la matriz para desarrollar una
escala comparativa que clasifica los trabajos según los puntos obtenidos en cada
factor.
Esta comparación te permite ver cómo se relaciona un trabajo con otros en términos
de estos factores específicos. Aunque proporciona un análisis más detallado, puede
ser más complicado de implementar y llevar más tiempo.
Método de Valuación por Puntos (Point Rating)
El método de valuación por puntos es una técnica analítica y cuantitativa que asigna
puntos a diferentes aspectos de los trabajos. Esto nos ayuda a comparar trabajos de
manera precisa.
Para aplicar el método de valuación por puntos, comenzamos identificando los
factores clave que determinan el valor de cada puesto, como las habilidades
necesarias, el esfuerzo físico requerido, las responsabilidades asumidas y las
condiciones de trabajo. Cada uno de estos factores se pondera, es decir, se les
asigna un peso según su relevancia para el puesto. Luego, creamos una escala de
puntos que asigna valores a los diferentes grados de cada factor, estableciendo así
una forma estandarizada de medir cada aspecto del trabajo.
Con esta escala en mano, preparamos un manual de valuación que explica qué
significa cada grado en términos de puntos. Este manual actúa como una guía para
evaluar los puestos de manera consistente. Evaluamos cada puesto en función de
este manual, asignando puntos basados en cómo se ajusta a los factores definidos.
Finalmente, usamos el total de puntos obtenidos para ajustar los salarios,
alineándolos con el valor que cada puesto aporta a la organización. Este método es
preciso y objetivo porque convierte los aspectos cualitativos de los trabajos en
valores numéricos, pero también puede ser más complejo y llevar más tiempo para
implementarse correctamente.
Cuando hemos evaluado los diferentes puestos para entender cuánto valen y qué
responsabilidades tienen, necesitamos organizarlos para que podamos manejar
mejor los salarios y beneficios. La clasificación de puestos en una organización es
como organizar una biblioteca: se trata de agrupar los trabajos en categorías para
que todo sea más fácil de gestionar.
Para hacer esto, hay varias formas de clasificar los puestos. Uno de los métodos más
simples es el de jerarquización. Imagina que tienes una lista de trabajos y los
ordenas de acuerdo a qué tan importantes son o qué tanto se necesita de cada uno.
Los trabajos más importantes o complejos van al principio de la lista, y los menos
importantes al final. Esto nos da una idea clara de cómo agrupar los trabajos en
diferentes niveles o categorías.
Otro enfoque es el de los puntos. En este método, asignamos una puntuación a cada
puesto según las habilidades, responsabilidades y requisitos que tiene. Luego,
agrupamos los trabajos en categorías basadas en el rango de puntos que obtienen.
Es como si estuviéramos clasificando tus juguetes por el número de piezas que
tienen o por el tipo de juego que ofrecen.
También podemos clasificar los trabajos por tipo de carrera. Esto significa agrupar los
puestos en función del nivel de experiencia o la progresión en una carrera específica.
Por ejemplo, en un rol administrativo, podríamos tener Oficinista I, Oficinista II y
Oficinista III. Esto refleja el crecimiento y la responsabilidad creciente a medida que
uno avanza en la misma carrera.
Otra manera de clasificar los puestos es por grupo ocupacional, que organiza los
trabajos según la especialidad o área de conocimiento. Por ejemplo, podríamos tener
grupos de ingenieros como Ingeniero Civil, Ingeniero Electricista e Ingeniero Químico.
Cada grupo tiene un conjunto específico de habilidades y conocimientos.
También existe la clasificación por área de servicio. Aquí, agrupamos los trabajos
basándonos en el área general en la que trabajan. Por ejemplo, en el departamento
de finanzas, podríamos tener puestos como Gerente de Finanzas, Tesorero y
Contador, cada uno con roles y responsabilidades distintas pero relacionadas con las
finanzas.
Finalmente, está la clasificación por categoría, que organiza los trabajos según el
nivel de habilidad o responsabilidad requerida. Por ejemplo, podríamos tener
categorías como Secretaria Auxiliar, Secretaria de Español, Secretaria Bilingüe y
Secretaria Ejecutiva. Cada categoría refleja diferentes niveles de habilidad y
responsabilidad.
En resumen, clasificar los puestos ayuda a mantener todo en orden y facilita la
administración de los salarios y beneficios, asegurando que todos los empleados
reciban un trato justo y adecuado a sus responsabilidades.
Para cerrar, podemos decir que la administración de sueldos y salarios es mucho más
que simplemente fijar cuánto ganan los empleados. Es una parte crucial para
mantener la armonía y el éxito en cualquier organización. A través de un proceso
cuidadoso de valuación y clasificación de puestos, se asegura que cada trabajador
sea compensado de manera justa según el valor que aporta a la empresa, tanto en
comparación con sus colegas como con el mercado externo.
El objetivo final es crear un sistema salarial que no solo sea equitativo y competitivo,
sino que también motive y retenga al personal. Al final del día, una buena
administración de sueldos y salarios asegura que el personal esté motivado y feliz, lo
que a su vez beneficia a toda la empresa. Una estructura de sueldos bien pensada no
solo refleja el compromiso de la empresa con la justicia y la transparencia, sino que
también ayuda a mantener un ambiente de trabajo equilibrado y productivo. En
esencia, se trata de reconocer y valorar adecuadamente el esfuerzo y el talento de
las personas que hacen que la empresa funcione.
Prestaciones sociales
Hoy vamos a hablar de un tema muy importante para cualquier empresa y sus
empleados: los planes de prestaciones sociales. A menudo, cuando pensamos en
cómo se remunera a los trabajadores, nos enfocamos en el salario, pero en realidad,
el salario es solo una parte del paquete completo de compensación que las empresas
ofrecen. Este paquete también incluye una serie de beneficios adicionales,
conocidos como prestaciones sociales, que representan una parte significativa del
costo de tener personal.
Primero, es útil saber que las prestaciones sociales pueden ser muy variadas. En
general, las empresas las ofrecen en función del puesto de trabajo y el nivel del
empleado. Por ejemplo, un director puede tener un paquete de beneficios mucho
más amplio que un empleado de planta. Las prestaciones sociales están diseñadas
para cubrir varias áreas, como asistencia médica, seguro de vida, alimentación
y transporte, entre otras cosas. Todo esto ayuda a que los empleados se sientan
más seguros y satisfechos, lo que a su vez puede mantener su productividad y
motivación.m
El origen de las prestaciones sociales tiene que ver con la evolución de la
responsabilidad social de las empresas. En sus inicios, las prestaciones sociales
surgieron en respuesta a las expectativas de los trabajadores, las demandas de
los sindicatos, y la legislación gubernamental. A medida que las empresas
competían por atraer y retener talento, comenzaron a ofrecer más beneficios.
Además, las empresas buscaban formas de reducir sus costos tributarios a través
de deducciones legales.
Las prestaciones sociales se dividen en varios tipos. Algunas son obligatorias por
ley, como el aguinaldo, las vacaciones y el seguro de salud. Estas son
prestaciones que la empresa debe ofrecer sí o sí. Luego están las prestaciones
espontáneas, que las empresas ofrecen por su propia voluntad y no están obligadas
por ley. Estas pueden incluir cosas como vales de despensa, fondo de ahorro, o
transporte.
Dentro de las prestaciones, podemos distinguir entre económicas y
extraeconómicas. Las económicas son en forma de dinero, como los bonos por
vacaciones o los préstamos personales que ofrece la empresa. Las
extraeconómicas, por otro lado, son servicios o facilidades como asistencia
médica, transporte, o un comedor en el trabajo.
Además, las prestaciones también se pueden clasificar según sus objetivos. Hay
planes asistenciales que buscan proporcionar seguridad en caso de imprevistos,
como seguros médicos o ayuda económica en situaciones de emergencia. Luego
están los planes recreativos, que están diseñados para ofrecer descanso y
diversión, como actividades deportivas o eventos sociales. Y, finalmente, están
los planes complementarios, que buscan mejorar la calidad de vida con cosas
como transporte o horarios flexibles.
En muchos lugares, debido a la crisis de la seguridad social, las empresas están
optando por planes de seguridad social privada. Estos pueden ser
tradicionales, como seguros ofrecidos por bancos o aseguradoras, o más
específicos, como fondos de jubilación que permiten a los empleados hacer
aportaciones periódicas.
Un tema moderno es la flexibilidad en las prestaciones. Hoy en día, muchas
empresas ofrecen beneficios flexibles, permitiendo a los empleados elegir entre
diferentes opciones según sus necesidades. Esto ayuda a ajustar los costos y permite
a los empleados personalizar sus beneficios.
En cuanto a los costos de las prestaciones, es importante que las empresas
evalúen cómo se traducen estos costos en términos de salario equivalente. Esto
significa que deben considerar cuánto están gastando en beneficios en relación con
el salario total que ofrecen. Evaluar las prestaciones en este contexto ayuda a
entender mejor el costo real y la efectividad de estos beneficios.
Para planear las prestaciones y la seguridad social, las empresas deben tener en
cuenta varios criterios, como el tamaño de la organización, las necesidades de los
empleados, y la capacidad económica de la empresa. Los objetivos suelen incluir
reducir la rotación de personal, mejorar el clima laboral y fortalecer la
seguridad en el empleo.
Finalmente, es importante recordar que las prestaciones deben ofrecer un buen
retorno de inversión para la empresa. Esto significa que deben beneficiar tanto a
la empresa como a los empleados. Además, los costos deben compartirse entre la
empresa y los empleados para mantener una relación equitativa y evitar
percepciones de paternalismo.
En resumen, los planes de prestaciones sociales no solo son una forma de compensar
a los empleados, sino que también juegan un papel crucial en la atracción y
retención de talento, en la mejora del ambiente de trabajo y en el bienestar general
de los trabajadores. Así que, tanto para la empresa como para los empleados, tener
un buen plan de prestaciones es clave para el éxito y la satisfacción mutua.
Calidad de vida en el trabajo
Ahora hablemos sobre un tema fundamental que tiene un impacto enorme en el
funcionamiento de cualquier empresa: la calidad de vida en el trabajo. La forma en
que se gestionan los recursos humanos y las condiciones laborales puede marcar la
diferencia entre un lugar de trabajo exitoso y uno problemático.
Primero, hablemos de qué hace la administración de recursos humanos para
mantener un buen ambiente laboral. Su trabajo no solo consiste en contratar a las
personas adecuadas y pagarles bien, sino que también se ocupa de asegurar que
cada empleado tenga las mejores condiciones posibles. Esto incluye desde ofrecer
beneficios justos hasta garantizar que el entorno de trabajo sea seguro y cómodo.
Es esencial comprender qué es la higiene laboral. Este concepto abarca un conjunto
de normas y procedimientos diseñados para proteger la salud física y mental de los
empleados. El objetivo es prevenir riesgos asociados con el puesto de trabajo y el
ambiente en el que se desempeñan. Un plan efectivo de higiene laboral incluye,
entre otras cosas, la provisión de servicios médicos adecuados, como dispensarios
para emergencias y exámenes médicos regulares, así como medidas para controlar
áreas insalubres y mantener registros médicos precisos.
Además, la prevención de riesgos es una parte fundamental de la higiene laboral.
Esto implica identificar y mitigar peligros potenciales, como los químicos, el ruido y
otros factores que puedan afectar la salud. También se deben ofrecer servicios
adicionales, como programas educativos sobre hábitos de vida saludables y
convenios con autoridades locales para obtener servicios médicos complementarios.
De esta manera, se busca no solo prevenir enfermedades profesionales, sino también
reducir los efectos negativos del trabajo en empleados con condiciones preexistentes
y mantener la salud general del personal.
Otro aspecto crucial son las condiciones ambientales en el lugar de trabajo. La
iluminación adecuada es esencial para evitar la fatiga ocular y los accidentes. La
calidad y cantidad de luz deben adaptarse a las tareas específicas que se realizan, ya
sea mediante iluminación directa o indirecta. El ruido también es un factor
importante; el exceso de sonido puede afectar tanto la salud auditiva como la
productividad. Las empresas deben tomar medidas para controlar el ruido, ya sea
eliminando su fuente o proporcionando protección auditiva.
La temperatura y la humedad en el lugar de trabajo son otros factores que influyen
en el bienestar de los empleados. La temperatura debe ser adecuada para el tipo de
trabajo y puede requerir la instalación de sistemas de calefacción o ventilación. La
humedad, por otro lado, debe ser controlada según el tipo de industria para evitar
condiciones incómodas o insalubres.
Además de las condiciones ambientales, es importante considerar las condiciones de
tiempo en el trabajo. Esto incluye la duración de la jornada laboral, las horas extras y
los periodos de descanso. Un horario de trabajo bien equilibrado contribuye al
bienestar físico y mental de los empleados y mejora su desempeño general.
Las condiciones sociales en el trabajo también juegan un papel importante. La
manera en que los empleados se relacionan entre sí y la organización informal del
trabajo pueden afectar significativamente el ambiente laboral. Un buen clima social
no solo mejora la moral, sino que también incrementa la productividad.
La seguridad en el trabajo es crucial para que la producción siga en marcha y para
que los empleados se sientan bien y motivados. Para garantizar un entorno seguro,
se deben tomar una serie de medidas técnicas, educativas y médicas, que buscan
prevenir accidentes y fomentar prácticas seguras.
Primero, es importante que todos en la empresa, desde los jefes hasta los
trabajadores, asuman su parte en la seguridad. Cada jefe de área tiene que
asegurarse de que su equipo trabaje en un ambiente seguro. Aunque haya un
departamento especializado en seguridad, todos deben estar comprometidos con
seguir las normas y procedimientos que se establecen para evitar accidentes.
Para que un plan de seguridad funcione, debe adaptarse a las condiciones de trabajo.
Esto significa elegir al personal adecuado para cada tarea y asegurarse de que el
lugar de trabajo sea seguro. Todos los empleados deben recibir formación en
seguridad, incluyendo cómo manejar equipos de protección como gafas y guantes.
La dirección debe apoyar estos esfuerzos, asegurándose de que los empleados
conozcan las medidas de seguridad y las sigan. Además, se debe promover una
cultura de seguridad donde cada persona se sienta responsable de su seguridad y la
de sus compañeros.
La seguridad no solo es importante en las áreas de producción. También se debe
tener en cuenta en oficinas, almacenes y cualquier otra parte de la empresa. Incluso
fuera del trabajo, es útil promover prácticas seguras que puedan afectar el bienestar
general de los empleados. Tener un buen programa de seguridad no solo protege a
los empleados, sino que también mejora la eficiencia y el ambiente de trabajo en la
empresa.
Ahora, hablemos de la prevención de accidentes. Un accidente laboral es cualquier
evento inesperado que cause daño físico o material. En el trabajo, esto puede
significar una lesión, incapacidad o incluso la muerte. Los accidentes se dividen en
dos tipos: aquellos que no requieren que el trabajador se ausente y aquellos que sí.
Los accidentes sin ausencia no se cuentan en las estadísticas de frecuencia y
gravedad, pero deben registrarse. Los que causan ausencia pueden variar desde
incapacidades temporales, que duran menos de un año, hasta incapacidades
permanentes, que pueden afectar de manera duradera la capacidad de trabajo del
empleado.
Para prevenir accidentes, se deben tomar varias medidas. Primero, es necesario
tener políticas y procedimientos de seguridad claros. También es crucial ofrecer
formación continua a todos los empleados sobre prácticas seguras y el uso adecuado
de equipos. Además, siempre se debe investigar a fondo cualquier accidente para
entender qué salió mal y evitar que vuelva a ocurrir. Cumplir con las leyes de
seguridad laboral también es vital. Prevenir accidentes protege a los empleados,
reduce costos asociados con incidentes y mejora la reputación de la empresa. La
responsabilidad de la seguridad es compartida entre todos en la organización.
Para evaluar y controlar los accidentes laborales, se utilizan dos indicadores
principales: el coeficiente de frecuencia (CF) y el coeficiente de gravedad (CG). El CF
mide el número de accidentes con ausencia por cada millón de horas trabajadas,
mientras que el CG mide los días perdidos por cada millón de horas trabajadas. Estos
indicadores permiten comparar diferentes industrias y empresas en términos de
seguridad.
Las causas de los accidentes pueden ser diversas. Pueden estar relacionadas con el
equipo o lugar de trabajo, condiciones inseguras, tipos de accidentes, actos
inseguros o problemas personales de los empleados. Identificar estas causas es
esencial para tomar medidas correctivas y prevenir futuros accidentes.
Finalmente, es importante tener en cuenta los costos asociados con los accidentes
laborales. Los costos directos incluyen atención médica y compensaciones, mientras
que los costos indirectos pueden ser mucho mayores e incluyen gastos de
producción, pérdida de productividad y otros factores. En muchos casos, los costos
indirectos pueden ser hasta cuatro veces mayores que los costos directos. Además,
nunca se debe olvidar el impacto personal y familiar que un accidente puede causar.
En cualquier empresa, la vigilancia y prevención de robos es fundamental para
proteger los activos y mantener la seguridad. Para lograr esto, es esencial tener un
control riguroso sobre quién entra y sale de las instalaciones. Esto puede implicar
revisar a las personas al ingresar o salir de la empresa, a veces de forma aleatoria
para asegurar que no se establezcan métodos para eludir las medidas de seguridad.
Además, es importante realizar auditorías contables frecuentes para verificar que los
registros coincidan con el inventario físico. Esto ayuda a detectar problemas como la
sobrefacturación o la subfacturación, que pueden indicar intentos de evasión de
mercancías. También es crucial llevar un registro detallado de las facturas para evitar
pagos indebidos que podrían esconder actividades fraudulentas.
La prevención de incendios requiere una planificación detallada y un enfoque
proactivo. La presencia de sistemas adecuados, como extintores, sistemas de
detección de humo y alarmas, es esencial para proteger las instalaciones y equipos.
Además, el personal debe recibir capacitación continua para saber cómo actuar en
caso de un incendio. Los incendios ocurren cuando hay un combustible, un
carburante como el oxígeno, y una fuente de calor. Para extinguir un incendio, se
pueden eliminar al menos uno de estos elementos: por ejemplo, removiendo el
material inflamable, sofocando el fuego para reducir el oxígeno, o enfriando el
material con agua. Los extintores están diseñados para combatir diferentes tipos de
incendios, por lo que es importante usar el tipo adecuado según la clase de fuego, ya
sea espuma para materiales sólidos y líquidos inflamables, o gas carbónico para
equipos eléctricos.
La calidad de vida en el trabajo abarca tanto el entorno físico como el psicológico y
social de los empleados. Para mantener un ambiente laboral productivo y
satisfactorio, las organizaciones deben garantizar que los empleados se sientan
valorados y bien recompensados. Un entorno de trabajo positivo no solo mejora la
moral del personal, sino que también impacta directamente en la satisfacción del
cliente y la competitividad de la empresa. Las empresas que se destacan suelen
tener líderes confiables, una comunicación interna efectiva y una ética sólida.
También son reconocidas por el respeto hacia sus empleados, ofreciendo
oportunidades de desarrollo y justicia en los ascensos. Un sentido de orgullo en el
trabajo y buenas relaciones laborales son clave para fomentar un ambiente donde el
trabajo en equipo y la camaradería prosperen.
Finalmente, la administración de riesgos es crucial para identificar y manejar posibles
peligros que podrían causar daños o pérdidas. Esto incluye no solo tener sistemas
adecuados para la protección contra incendios, sino también contar con pólizas de
seguro para proteger la empresa en caso de siniestros o pérdidas de ganancias. Las
mejores empresas para trabajar se caracterizan por su capacidad para crear un
ambiente de trabajo saludable, con una administración justa y oportunidades para el
crecimiento y el reconocimiento, lo que a su vez contribuye a la seguridad y el
bienestar general de los empleados.
Relaciones con las personas
Los conflictos en las organizaciones son una parte inherente de la dinámica laboral, y
aunque a menudo se les ve con una connotación negativa, pueden ser una fuente de
cambio y mejora si se gestionan adecuadamente.
El conflicto y la cooperación son dos aspectos inseparables de la vida organizacional.
La cooperación, el acuerdo y la armonía solo tienen sentido en relación con sus
opuestos: desacuerdo, disensión y conflicto. En esencia, el conflicto se produce
cuando hay ideas, sentimientos o intereses que chocan, ya sea por diferencias de
opinión o por objetivos en competencia. Este choque de intereses no es algo
negativo en sí mismo, sino una oportunidad para que surjan nuevas ideas y
enfoques. Las teorías modernas sugieren que el conflicto y la cooperación son dos
caras de la misma moneda, y la resolución de conflictos es solo una fase en el
proceso más amplio de interacción social.
Las fuentes de conflicto pueden variar ampliamente, desde divergencias reales en los
intereses hasta percepciones de que otros obstaculizan los propios objetivos. Los
conflictos pueden surgir de acciones directas de una parte o de omisiones que
afectan negativamente a otra. Por lo tanto, entender la raíz del conflicto es esencial
para abordarlo de manera efectiva.
Para resolver conflictos, es necesario identificar y analizar las causas subyacentes. La
resolución de conflictos puede tomar varias formas, entre ellas la negociación, en la
que las partes buscan un acuerdo mutuamente aceptable; la mediación, donde un
tercero neutral ayuda a las partes a llegar a una solución; y el arbitraje, en el que un
tercero toma una decisión vinculante para ambas partes. También se puede recurrir a
la facilitación para ayudar a las partes a comunicarse mejor y a la consultoría de
procesos para entender el conflicto y desarrollar estrategias para resolverlo.
Las respuestas a los conflictos pueden ser muy variadas. La supresión implica
minimizar la manifestación del conflicto, mientras que la evitación consiste en
ignorar el problema con la esperanza de que se resuelva solo. La confrontación
aborda el conflicto directamente, y el compromiso busca un acuerdo donde cada
parte cede algo. La colaboración es quizás la respuesta más constructiva, ya que se
enfoca en trabajar juntos para encontrar una solución que satisfaga a todas las
partes involucradas.
Es interesante notar que los conflictos, aunque inevitables, pueden ser un signo de
dinamismo y vitalidad en una organización. La presencia de conflicto puede indicar
que hay energía y pasión en los debates y discusiones, lo que puede llevar a la
innovación y al cambio. Por el contrario, la falta de conflicto podría señalar
conformismo o apatía, lo que puede llevar a la falta de progreso y estancamiento. En
resumen, el conflicto es un proceso natural y necesario que, si se maneja bien, puede
ser una fuerza positiva para el crecimiento y la mejora en cualquier organización.
En una organización, varias condiciones pueden predisponer al conflicto. Primero, la
diferenciación de actividades juega un papel crucial. A medida que una organización
crece, se divide en distintas áreas o departamentos especializados. Cada uno
desarrolla su propio enfoque y objetivos, lo que puede llevar a conflictos debido a las
diferentes perspectivas y prioridades de estos grupos. Por ejemplo, el departamento
de ventas y el de producción pueden tener metas distintas, y si estas no están
alineadas, pueden surgir tensiones entre ellos.
Otro factor importante es la cuestión de los recursos compartidos. Los recursos
dentro de una organización suelen ser limitados y deben repartirse entre varios
grupos. Cuando un grupo intenta aumentar su parte de los recursos, otro grupo debe
reducir la suya, lo que puede llevar a conflictos. Esta competencia por los recursos
escasos puede generar disputas y resentimientos entre los grupos involucrados.
Además, las actividades interdependientes también predisponen al conflicto. En una
organización, los individuos y los grupos dependen unos de otros para completar sus
tareas. Esta interdependencia puede crear situaciones en las que un grupo o persona
percibe que otro está interfiriendo en sus responsabilidades o metas. Por ejemplo, si
el equipo de diseño retrasa la entrega de un proyecto, el equipo de marketing puede
verse afectado, lo que puede provocar tensiones entre los dos equipos.
El conflicto suele desencadenarse por la percepción de incompatibilidad de objetivos
y la posibilidad de interferencia. Cuando una parte percibe que sus objetivos son
incompatibles con los de otra parte, se genera un ambiente propenso al conflicto. Por
ejemplo, si dos departamentos tienen metas opuestas respecto a la asignación de un
presupuesto, esto puede llevar a conflictos.
Otra condición desencadenante es la percepción de posible interferencia. Si una
parte siente que la otra está bloqueando o dificultando la consecución de sus
objetivos, esto puede provocar conflictos. La percepción de que otro grupo está
obstaculizando el progreso hacia metas propias intensifica la confrontación.
El conflicto tiende a seguir un ciclo de hechos repetitivos. Generalmente, una acción
de una de las partes provoca una reacción de la otra, lo que puede intensificar o
resolver el conflicto. La resolución de un conflicto puede variar y no siempre es
definitiva. Puede implicar que una parte gane mientras la otra pierda, o puede
involucrar una negociación, un compromiso u otros medios que permitan que ambas
partes ganen algo. Este ciclo puede tener un impacto duradero en la manera en que
se manejan futuros conflictos. La forma en que se resuelve un conflicto influye en la
dinámica y en las relaciones futuras entre las partes involucradas.
El conflicto puede tener efectos tanto positivos como negativos. Entre los resultados
constructivos se encuentran la estimulación de energías, ya que el conflicto puede
despertar interés y motivación para mejorar el desempeño y resolver problemas.
También puede fortalecer la identidad del grupo, aumentando la cohesión y la
motivación al hacer que sus miembros se sientan más unidos en la defensa de sus
intereses. Además, puede equilibrar el poder al llevar a la aplicación de recursos para
su resolución, equilibrando las diferencias de poder entre las partes.
Sin embargo, el conflicto también puede tener resultados destructivos. Puede
generar sentimientos negativos, como frustración y ansiedad, que afectan el
bienestar de las personas involucradas. La cohesión aumentada con efectos
negativos puede llevar a una presión social para conformarse, disminuyendo la
libertad individual y la eficacia. Además, el conflicto puede desviar energía de
actividades productivas y entorpecer el desempeño del sistema entero. Las
relaciones entre las partes pueden verse perjudicadas, afectando negativamente la
comunicación y distorsionando las percepciones, lo que puede ampliar los efectos
negativos del conflicto.
La administración adecuada del conflicto es crucial para maximizar los efectos
constructivos y minimizar los destructivos. Existen varias formas de resolver
conflictos. La resolución ganar-perder ocurre cuando una parte alcanza sus objetivos
mientras la otra fracasa, lo que puede perpetuar el conflicto. La resolución perder-
perder implica que ambas partes hacen concesiones y no alcanzan completamente
sus objetivos, lo que puede mantener el conflicto latente. La resolución ganar-ganar
es ideal, ya que ambas partes encuentran soluciones que les permiten alcanzar sus
objetivos, reduciendo la probabilidad de futuros conflictos.
Capacitar a gerentes y supervisores en la administración de conflictos y habilidades
de negociación es esencial. Aunque la resolución ganar-ganar es ideal, no siempre es
posible en conflictos laborales. Una capacitación adecuada puede ayudar a las partes
a abordar los conflictos de manera más efectiva y a encontrar soluciones que
beneficien a todos.
Los conflictos laborales surgen entre organizaciones y sindicatos y pueden ser tanto
colectivos como individuales. Estos conflictos van más allá de las simples relaciones
de trabajo e involucran una variedad de intereses.
Entre las principales reivindicaciones que surgen en los conflictos laborales se
encuentran las condiciones legales de trabajo, que incluyen aspectos como la
jornada laboral, los horarios, los descansos y las condiciones para el despido. Estas
condiciones determinan la estructura y el equilibrio en la relación laboral, y cualquier
alteración o mal manejo de estos aspectos puede llevar a conflictos.
Otro aspecto relevante son las condiciones económicas del trabajo. Las
reivindicaciones en esta categoría abarcan salarios, reajustes salariales, primas por
peligrosidad, horas extra y comisiones, entre otros. Los trabajadores buscan asegurar
que su compensación sea justa y adecuada a las responsabilidades y riesgos
asociados con su trabajo.
Las condiciones físicas del trabajo también son un área de preocupación. Esto incluye
el ambiente laboral, la exposición a ruidos, temperaturas extremas, agentes químicos
y la provisión de equipos de protección. Los empleados demandan un entorno de
trabajo seguro y saludable, y las deficiencias en este aspecto pueden ser fuente de
conflictos.
En términos de condiciones sociales del trabajo, las reivindicaciones pueden abarcar
servicios y prestaciones tales como comedores, transporte, asistencia médica,
seguros de vida y guarderías. Estas condiciones buscan mejorar el bienestar general
de los empleados y su calidad de vida fuera del entorno de trabajo.
Finalmente, las condiciones de representatividad en el trabajo también son
importantes. Esto se refiere a la participación de los empleados en el proceso de
toma de decisiones, la existencia de comisiones de fábrica, consejos de empresa y
otros mecanismos que permiten a los trabajadores tener voz en la gestión y
funcionamiento de la organización.
La resolución de conflictos laborales requiere una comprensión profunda de los
intereses y objetivos de las partes involucradas. Los conflictos laborales no solo
implican cuestiones prácticas y económicas, sino también factores motivacionales
que a menudo no están reflejados en convenios o contratos colectivos. Por lo tanto,
es fundamental abordar estos factores motivacionales para llegar a una solución
efectiva y satisfactoria.
Una herramienta clave en la resolución de conflictos laborales es el contrato
colectivo. Este acuerdo normativo es celebrado entre sindicatos representativos y las
organizaciones, y estipula las condiciones de trabajo que se aplican a las relaciones
individuales. La vigencia de un contrato colectivo suele ser de hasta dos años, y su
propósito es resolver conflictos colectivos, evitar huelgas y mantener la paz social
mediante el consenso entre las partes.
El contenido de un contrato colectivo de trabajo puede incluir diversos elementos.
Entre estos se encuentran los horarios de trabajo y descanso, el descanso semanal
remunerado, el salario profesional y los reajustes salariales. También puede
especificar las condiciones de trabajo para mujeres y menores, las primas por
insalubridad y peligrosidad, las horas extra, y las condiciones de despido y
homologación salarial. Este tipo de contrato busca regular de manera integral las
condiciones laborales, asegurando que se cumplan las expectativas de ambas partes
y se reduzcan los riesgos de conflicto.
La negociación colectiva es el proceso en el que se llegan a acuerdos entre los
empleadores y los sindicatos sobre las condiciones laborales y otros temas
importantes. Esto puede hacerse a nivel de empresa, sindicato o incluso entre varios
sindicatos juntos.
Los sindicatos suelen preferir negociar con grandes empresas porque les da más
fuerza para que sus demandas sean tomadas en cuenta. Los sindicatos patronales,
por su parte, prefieren negociar a nivel colectivo para asegurarse de que se
representen bien los intereses de todos en su sector.
Negociar es como tratar de llegar a un acuerdo en una conversación: se busca que
todas las partes estén de acuerdo en algo, asegurando que todos sean escuchados y
que el resultado sea mejor que si cada quien actuara por separado.
Saber negociar bien es clave. Para negociar bien, es importante saber tomar
decisiones, comunicarse claramente, motivar a los demás, manejar conflictos y
planificar reuniones. Estas habilidades ayudan a resolver las diferencias de manera
efectiva y a encontrar soluciones que beneficien a todos.
La negociación sindical es cuando representantes de trabajadores y empleadores se
reúnen para discutir y acordar las condiciones laborales a través de convenios
colectivos. Este proceso incluye confrontar diferentes opiniones y expectativas para
encontrar una solución que funcione para ambas partes.
Para hacer un contrato colectivo, los sindicatos suelen organizar reuniones,
asambleas, y a veces incluso manifestaciones o huelgas. Las tácticas y estrategias
varían dependiendo del contexto económico y político en el momento.
Para mejorar las relaciones laborales, es importante tener una política de recursos
humanos clara y bien comunicada. También es clave crear canales de comunicación
abiertos donde los empleados puedan expresar sus expectativas y preocupaciones.
Mantener un diálogo constante con los líderes sindicales es esencial. Además, todos
los jefes, especialmente los supervisores, deben recibir capacitación en habilidades
de negociación. No hay que tomar demasiado en serio las declaraciones extremas de
algunos líderes sindicales, y el trato paternalista ha quedado atrás; hoy en día, se
debe tratar a todos con respeto e igualdad.
En una sociedad democrática, la forma en que se manejan las relaciones laborales
puede reducir la frecuencia de huelgas innecesarias. Si surge un conflicto, es
importante manejarlo con normalidad, reconociendo que el conflicto es una parte
natural de las relaciones laborales. Si se maneja bien, puede ser una oportunidad
para mejorar y encontrar soluciones que beneficien a todos.
Las políticas de relaciones laborales son cruciales para gestionar la interacción
entre una organización y sus sindicatos. Estas políticas no solo reflejan la ideología y
los valores de la alta dirección, sino que también están influenciadas por el desarrollo
del sindicalismo, el régimen político y la situación económica del país.
Una política paternalista se caracteriza por la rápida aceptación de las
reivindicaciones de los trabajadores. Este enfoque busca satisfacer las necesidades
de los empleados, lo que puede fortalecer al sindicato y generar nuevas
expectativas. Sin embargo, a corto plazo, esto puede debilitar a la organización y
provocar inseguridad entre los gerentes y supervisores, que sienten que están
perdiendo el control.
En contraste, una política autocrática adopta una postura rígida e impositiva. Las
reivindicaciones de los trabajadores no se atienden con la misma celeridad, lo que
puede llevar a la indisciplina y la oposición dentro del sindicato. La falta de diálogo y
la actitud de imposición tienden a generar descontento y actitudes rebeldes entre los
empleados.
La política de reciprocidad se basa en resolver las demandas mediante acuerdos
entre la dirección de la empresa y el sindicato, con una mínima participación de los
trabajadores y supervisores. En este enfoque, el sindicato se encarga de vigilar el
cumplimiento de los acuerdos pactados. Sin embargo, esto puede generar
desconfianza entre los trabajadores y sus supervisores hacia sus representantes
sindicales, ya que la participación activa de los empleados en la resolución de los
problemas es limitada.
Por último, la política participativa implica la colaboración entre el sindicato,
trabajadores, dirigentes y supervisores en la evaluación y resolución de las
demandas. Este enfoque se basa en negociar soluciones con datos concretos y
racionales, considerando al empleado desde un punto de vista social, político y
económico. Los problemas menores se delegan a los supervisores de primera línea,
mientras que la dirección y el sindicato abordan los problemas más generales. Esta
política fomenta un ambiente de armonía en las relaciones laborales y refuerza la
autoridad tanto de la gerencia como del sindicato, al anticiparse a los problemas y
tratar de resolverlos de manera consensuada.
El sindicalismo ha evolucionado de una respuesta a las malas condiciones laborales a
una fuerza que representa los derechos de los trabajadores y ejerce influencia
política en las democracias. Según el pensador Antonio Gramsci, los sindicatos son
parte integral del sistema capitalista, organizando a los trabajadores bajo este
régimen sin aspirar a una renovación radical de la sociedad. Gramsci argumentaba
que los sindicatos actúan dentro del marco capitalista y no como base para un poder
proletario.
Los sindicatos son asociaciones que defienden los intereses comunes de sus
miembros, ya sean trabajadores o empleadores. A nivel nacional, se agrupan en
federaciones que pueden formar confederaciones, como la Confederação Nacional da
Indústria (CNI) o la Confederação Nacional de Trabalhadores na Indústria (CNTI) en
Brasil.
Uno de los medios más conocidos para la acción sindical es la huelga. Esta
herramienta permite a los trabajadores detener el trabajo como forma de presión
para alcanzar sus demandas. Las huelgas pueden tener motivos diversos, como
mejorar condiciones laborales o salarios, responder a decisiones perjudiciales de la
empresa o buscar mayor participación política. Existen diferentes formas de huelga,
como la huelga simbólica, huelga de advertencia, paro por esmero, tortuguismo,
paros relámpago y ocupación del centro de trabajo. Estas formas varían en
intensidad y duración, dependiendo de la naturaleza del conflicto.
El derecho a la huelga es considerado un derecho económico y social fundamental.
Sin embargo, algunos medios de presión, como el sabotaje y las listas negras, son
ilegales y pueden tener graves repercusiones legales.
La mediación y el arbitraje son métodos importantes para resolver conflictos
laborales. La mediación implica la intervención de un tercero neutral para facilitar la
negociación entre las partes en conflicto, mientras que el arbitraje implica una
decisión final tomada por un tercero imparcial que ambas partes deben aceptar.
Desde el lado patronal, se pueden usar estrategias como el cierre temporal (lockout),
que suspende temporalmente las operaciones para presionar a los trabajadores, y las
listas negras, que registran a los trabajadores despedidos por actividades sindicales
para evitar su contratación futura.
Con la expansión de las organizaciones y la delegación de la gestión operativa a
administradores y técnicos especializados, ha surgido una creciente necesidad de
participación de los trabajadores en las decisiones empresariales. Existen varios
modelos de representación de los trabajadores:
Los Consejos de Fábrica o Comités de Empresa son elegidos por votación de los
empleados y permiten una participación en decisiones sobre administración, finanzas
y organización del trabajo. Estos consejos, que suelen tener un mandato de uno o
dos años, permiten a los empleados expresar su opinión y contribuir a la gestión de
la empresa.
La Cogestión o Gestión Compartida es un modelo que implica una participación
significativa de los trabajadores en la dirección empresarial. En países como
Alemania Occidental, grandes empresas tienen consejos administrativos paritarios
donde administradores y representantes de los trabajadores comparten la toma de
decisiones.
El modelo de Autogestión o Autoadministración, aunque raro, implica que la
administración de la empresa esté a cargo de los empleados. En algunos casos,
como en Croacia, el consejo de administración es elegido por los empleados y rinde
cuentas directamente a ellos en lugar de a los accionistas.
Finalmente, la representación sindical en la empresa es diferente a la representación
directa, ya que implica la participación de sindicatos externos a la organización. Este
modelo puede ser conflictivo y suele involucrar comisiones de fábrica que supervisan
el cumplimiento de los acuerdos colectivos sobre políticas de personal, remuneración
y disciplina.
Ética y Responsabilidad Social
En el mundo globalizado de hoy, las empresas están en el centro de la atención
pública. La eliminación de fronteras y la creciente transparencia han cambiado la
forma en que las organizaciones operan y cómo se les percibe. Ahora más que
nunca, las empresas deben ser responsables no solo de sus resultados financieros,
sino también de su impacto en la sociedad.
La responsabilidad social es la idea de que las empresas deben actuar de manera
ética y considerar las demandas de la sociedad derivadas de sus actividades. En
otras palabras, las organizaciones no solo deben preocuparse por ganar dinero, sino
también por cómo sus operaciones afectan a las personas y al entorno. Deben
asumir los costos sociales que generan y definir claramente su papel en la sociedad
para ganar respeto y legitimidad.
Para ayudar a las empresas a medir y comunicar su impacto social, existe el balance
social. Este es un documento que presenta un panorama de la situación social de
una empresa, incluyendo detalles sobre empleo, remuneración y condiciones
laborales. Es una herramienta crucial para evaluar si una empresa está siendo
socialmente responsable y para informar a los empleados, clientes y al público en
general sobre su desempeño en estas áreas.
Implementar un balance social pasa por varias etapas. Primero, en la etapa política,
la alta dirección debe reconocer la importancia del balance social como una
herramienta de relaciones públicas. Luego, en la etapa técnica, se establece un
sistema para recopilar y comunicar la información social necesaria. Finalmente, en la
etapa de integración de objetivos sociales, la empresa debe incorporar metas
sociales en sus decisiones, igualando su importancia con los objetivos económicos.
En términos de responsabilidad social, hay varios aspectos clave. Primero, las
empresas deben tener valores claros y principios éticos transparentes. Deben valorar
a sus empleados, pagando puntualmente, promoviendo su bienestar y fomentando
su participación en los beneficios. También deben comprometerse con prácticas
ambientales sostenibles, como la conservación de recursos y una gestión
responsable de desechos. Además, es importante que las empresas se involucren
con la comunidad local, apoyando actividades voluntarias y cumpliendo sus
compromisos con clientes y consumidores.
El balance social también aborda tanto los activos sociales (beneficios) como los
pasivos sociales (costos). Los activos sociales pueden incluir condiciones laborales
justas, oportunidades de desarrollo profesional y políticas ambientales responsables.
Los pasivos sociales, por otro lado, pueden incluir desigualdad salarial, impacto
ambiental negativo y condiciones laborales inseguras.
La evaluación de una empresa socialmente responsable considera cómo se relaciona
con diferentes grupos de interés. Para los empleados, esto incluye remuneración y
condiciones laborales. Para los accionistas, se revisan los resultados financieros y la
gestión de riesgos. Con los clientes, se analiza la calidad del producto y la ética en la
publicidad. En la relación con proveedores, se evalúa la responsabilidad en la cadena
de suministro. Y en la comunidad, se considera el impacto ambiental y las
inversiones sociales, mientras que con el gobierno se revisa el cumplimiento
normativo y la ética en las relaciones gubernamentales.
Existen varias formas de clasificar las cuentas sociales. Las cuentas reducidas al
análisis de costos sociales se centran en las inversiones en condiciones laborales
y mejoras ambientales. Las cuentas sociales con evaluación en costos y
efectos sociales consideran beneficios no monetarios como mejoras en educación o
salud. Las cuentas sociales con evaluación monetaria analizan los resultados
sociales netos, y las cuentas sociales de distribución de la riqueza muestran
cómo se reparte la riqueza generada entre diferentes partes interesadas.
Este enfoque integral del balance social nos recuerda que las organizaciones deben
rendir cuentas no solo por sus logros positivos, sino también por los efectos
negativos que puedan tener. Implementar estas prácticas de manera efectiva puede
ayudar a las empresas a ser más sostenibles y legítimas a largo plazo, fortaleciendo
su responsabilidad social y ética en el proceso.
Auditoría de Recursos Humanos
La auditoría de recursos humanos es una herramienta esencial para evaluar y
mejorar las políticas y prácticas relacionadas con el personal dentro de una
organización. Su propósito principal es identificar áreas de mejora, asegurarse de
que las prácticas actuales sean efectivas y eficientes, y ofrecer recomendaciones
para optimizar la gestión del capital humano.
Uno de los principales objetivos de la auditoría es analizar las políticas y
prácticas de recursos humanos. Esto significa evaluar cómo se están
implementando y cumpliendo estas políticas, y detectar si hay prácticas que podrían
ser perjudiciales para la organización o que no justifican su costo. A partir de este
análisis, se pueden proporcionar recomendaciones para mejorar, con el fin de
optimizar la eficiencia y efectividad de los programas de desarrollo de recursos
humanos.
La auditoría también tiene un rol de control y revisión continua. Actúa como un
sistema que informa a la administración sobre el funcionamiento del programa de
desarrollo de recursos humanos. Facilita ajustes y correcciones necesarios para
mejorar el rendimiento del sistema, asegurando que las actividades planeadas se
ejecuten de manera efectiva.
En cuanto a los estándares de evaluación y control, la auditoría compara los
resultados obtenidos al finalizar un proceso con los resultados esperados y evalúa el
desempeño en curso. Esto permite hacer ajustes en tiempo real y asegura una
evaluación continua y sistemática del rendimiento de recursos humanos.
La auditoría de recursos humanos no solo se enfoca en identificar problemas, sino
que también tiene una función educativa y correctiva. No solo señala fallos, sino
que también educa a los administradores sobre cómo diagnosticar y resolver
problemas relacionados con los recursos humanos. Además, propone soluciones y
mejoras prácticas, promoviendo un entorno de trabajo más efectivo y eficiente.
Las organizaciones modernas prefieren las revisiones sistemáticas y periódicas
en lugar de las esporádicas. Las auditorías planificadas y regulares proporcionan un
control preventivo y retroalimentación educativa que se adapta a las necesidades
específicas de la organización, evitando que los problemas se vuelvan críticos antes
de ser detectados.
Para llevar a cabo una auditoría de recursos humanos, se basa en verificaciones,
seguimientos, registros y estadísticas detalladas. Esto incluye políticas de
contratación, programas de entrenamiento y desarrollo, evaluaciones de desempeño,
beneficios y compensaciones, entre otros. Entre los componentes clave de una
auditoría se encuentran la verificación del cumplimiento normativo, el seguimiento
de prácticas de contratación y retención, la revisión de programas de capacitación, y
la evaluación del clima organizacional y la satisfacción laboral.
El proceso de la auditoría de recursos humanos empieza con una evaluación inicial,
que incluye el análisis de las relaciones organizacionales y el examen de registros e
informes de personal para identificar prácticas que requieren mejoras. Luego, se
aplican normas y medidas específicas para evaluar programas, políticas y
filosofías de recursos humanos en diferentes niveles: resultados, programas,
políticas, filosofía de administración y teoría.
Un aspecto importante de la auditoría es su efecto educativo. En grandes
organizaciones, sirve como una herramienta de refuerzo educativo para los
ejecutivos que manejan recursos humanos, al destacar la calidad de la gestión de
recursos humanos y su relación con la eficiencia organizacional. Esto puede resaltar
indicadores clave como la calidad del liderazgo, la motivación laboral, la eficiencia de
la supervisión y el desarrollo del personal.
Finalmente, la auditoría evalúa los resultados de la gestión de recursos humanos
en base a teorías aceptables, midiendo la adecuación de las prácticas y
procedimientos con respecto a la política y la teoría adoptadas. Permite evaluar la
eficiencia y eficacia en áreas críticas como la formación de personal, desarrollo,
compensación, beneficios y relaciones sindicales. También clarifica objetivos y
expectativas en términos de cantidad, calidad, tiempo y costos, y analiza la
contribución de recursos humanos a los objetivos globales de la organización, así
como el clima organizacional y la participación del personal.
Negociación
La negociación es básicamente el arte de llegar a acuerdos cuando dos o más
personas o grupos quieren algo y necesitan ponerse de acuerdo sobre cómo lograrlo.
Puede ser desde arreglar el precio de un coche hasta acordar las condiciones de un
contrato laboral. Un buen negociador ve esto como un reto y se emociona con la idea
de llegar a un buen acuerdo. Tiene que ser un buen comunicador, saber presentar
sus propuestas de forma clara y mantener el interés de la otra parte. Además, debe
ser persuasivo, capaz de convencer con argumentos sólidos, y tener un ojo agudo
para captar lo que la otra parte realmente necesita y cómo se comporta.
Ser sociable también ayuda mucho en la negociación porque facilita construir
relaciones y generar confianza. Hay que mostrar respeto, ser honesto y negociar de
buena fe, siempre buscando un acuerdo justo. La preparación es clave, y un buen
negociador sabe lo que quiere, pero también está dispuesto a ser flexible. Debe tener
confianza en sí mismo, mantener la calma y actuar rápido cuando sea necesario.
En cuanto a estrategias, la más positiva es la de ganar-ganar, donde ambas partes
encuentran beneficios. Pero en ocasiones, puede haber negociaciones más duras
donde una parte busca sacar el máximo provecho posible, y eso se llama ganar-
perder. Aunque esta última es más común en situaciones puntuales y no siempre
ayuda a mantener buenas relaciones a largo plazo.
Existen diferentes tácticas para negociar. Una de ellas es el desarrollo, que significa
poner en práctica la estrategia sin atacar directamente a la otra parte. Por otro lado,
la presión trata de reforzar tu posición y debilitar la del oponente, pero hay que tener
cuidado con esto porque puede afectar la relación personal. Algunas tácticas
específicas incluyen no hacer concesiones para desgastar a la otra parte, crear
tensión para incomodar al oponente, o incluso dar información falsa. Hay que saber
manejar estas tácticas sin caer en lo negativo.
Un error común es aceptar acuerdos que no son los mejores o dejarse llevar por
emociones que no tienen que ver con el negocio. Para mejorar en la negociación, es
importante reconocer y corregir estos errores, mantener el control emocional y
prepararse bien. También hay que estar atentos a las oportunidades de beneficio
mutuo y evitar dejarse llevar por la irracionalidad.
Finalmente, el concepto de la Mejor Opción a un Acuerdo Negociado (MOAN) destaca
que hay que compartir información, entender los intereses de cada parte, y construir
una base de justicia y confianza. La clave es no improvisar ni en la estrategia ni en
las tácticas, detectar las estrategias de la otra parte y mantener una comunicación
efectiva, escuchando activamente, haciendo preguntas adecuadas y permitiendo
respuestas en tiempo y forma. Con estas herramientas, es posible lograr acuerdos
que beneficien a todos y construir relaciones duraderas.

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