Al entrar en el anfiteatro, aparecieron nuevos motivos de asombro. En el centro se encontraba un grupo de extraños personajes que jugaban a los bolos.
Méndez, Pérez y cuatro o cinco más de sus compañeros de infortunio se entretenían en el juego de
bolos (bochas) y en el del ajedrez.
Ricardo Palma
Varios cronistas dicen que la querella tuvo lugar en el juego de
bolos pero otros afirman que el trágico suceso fue motivado por desacuerdo en una jugada de ajedrez.
Ricardo Palma
A los diablillos se les fue poniendo un aire de enfado al ver que Pierre no comía nada. Después de la comida dijo el maestro de los diablos: ─ Vamos a echar una partida de bolos.
Vosotros ─dijo a los diablillos─, id a buscar los bolos. Un minuto después, los diablillos trajeron consigo unos huesos de muertos en lugar de bolos y la cabeza de un cadáver en lugar de una bola.
Una tarde, por fin quiso abrir los ojos a la evidencia y se dirigió hacia el Pré–aux–Clercs como para dar un paseo. La vista se le nubló al reconocer el juego de bolos donde se desarrolló el duelo, y tuvo que sentarse.
Digo, pues, que el verdadero sentido es un juego de
bolos, donde con presta diligencia derriban los que están en pie y vuelven a alzar los caídos, y esto por la mano de quien lo puede hacer.
Miguel de Cervantes Saavedra
Seturas, a pesar de su afición, que era tal que le obligaba con frecuencia a negarse a hacer la partida a los jugadores de naipes y de bolos, no había formado una opinión política sobre un cuerpo más o menos sólido de doctrinas: en su afición era ciego y testarudo, y estaba tan encarrilado en la senda del periódico, que hubiera creído insultar la razón dudando una sola vez de sus declamaciones.
Las más de las veces una pulpería fuerte y afamada en la región por las atracciones que ofrecía al transeúnte (carreras, bolos, jugadas, etc.) apareció de núcleo inicial.
Y esta eficiencia que iba desde lo religioso (la estancia tenía oratorio), hasta el médico (también poseía botiquín y sangrador ), desde lo fabril (la estancia tenía telares y producía los lienzos y tucuyos que necesitaba) hasta los festivo (también contaba con canchas de bolos, carreras, sortijas, ramada con pistas de payadas y bailes) le trajo el aislamiento.
Cuando llegaron al pie de una pequeña colina que bordeaba la parte meridional se detuvieron en el lugar del juego de bolos, que les pareció el sitio indicado para batirse cómodamente.
A doquiera que llegaban, él se llevaba el precio y las apuestas de corredor y de saltar más que ninguno; jugaba a los
bolos y a la pelota estremadamente; tiraba la barra con mucha fuerza y singular destreza.
Miguel de Cervantes