Ejemplos ?
Como que jasta pa mí tiée sus salías esa mala siquirillera; como que la otra tarde me dijo la mu señora de bien que tenía ganas de saber cómo roía yo los coscorrones.
Así como así, estábamos muy solos, muy aburridos a veces en esta casa tan grandona. Yo tenía muchas, muchas ganas de un chiquillo, ¿sabes?
Las expresiones de que reviste sus pensamientos son tan groseras como la piel de un impúdico sátiro; no os habla más que de asnos embastados, forjadores, zapateros y curtidores, y hace el efecto de que dice las mismas cosas en otros términos, de manera que no es de extrañar que al ignorante y al tonto le entren ganas de reír.
-Pos mía tú, si te parece nos metemos aonde no mos puean ver como no suban en globo. -Es lo mejor, que no tengo yo ganas de tonteos con estos caballeros que por horas y por minutos van afinando la puntería.
-Te quiero bien -dijo-; confiaba en que podríamos seguir juntos mucho tiempo, y he aquí que voy a perderte. ¡Mi pobre, mi querido Juan!, me dan ganas de llorar, pero no quiero turbar tu alegría en esta última velada que pasamos juntos.
Vio el horno ardiente de la fábrica donde, soplando, le habían dado vida; recordó que hacía un calor sofocante en aquel horno estrepitoso, lugar de su nacimiento; que mirando a sus honduras le habían entrado ganas de saltar de nuevo a ellas, pero que, poco a poco, al irse enfriando, se fue sintiendo bien y a gusto en su nuevo sitio, en hilera con un regimiento entero de hermanos y hermanas, nacidas todas en el mismo horno, aunque unas destinadas a contener champaña y otras cerveza, lo cual no era poca diferencia.
¡Qué ganas tenía de salir de aquella oscura sala y de pasear entre aquellos macizos de flores multicolores y aquellas frescas fuentes!
Con la sorpresa de un impacto, mi vista se fijó en algo pavoroso: en los rincones de aquel salón apestoso había desparramados esqueletos sanguinolentos; algunos, apenas descarnándose, eran devorados por golosas ratas o por viborescos gusanos. Aquella escena me causó tanta repugnancia que sentí ganas de vomitar.
-Vamos a dejarnos de cosas esaborías, y cuénteme usté eso del Greñitas y la Tururú. -Ya me ha quitao usté las ganas de platicar. ¡Hombre, que con veinte menos tendría yo sesenta y pico!
-Vaya, más fijo que hay Dios que te merco toíto ese argahijo si te sales con la tuya. -Pos me voy a ganar er jornal, que tengo yo ya ganas de verme con tóas esas cosas en er chaleco.
Creía que era el sol que volvía a aparecer-. Le hice perder las ganas de mirarme con su ojo desencajado. Que cuelgue ahora allá arriba enviando la luz suficiente para que yo pueda verme.
Le haré un favor a esta pinche vieja, pensé. ¡Hasta las ganas se me habían quitado! Ya ni se me quería parar... pero cuando comenzamos...