Ejemplos ?
Mas de él las sedes, por donde quiera que opulenta se expande la regia, de fulgente oro resplandece y plata. Brilla el marfil en los solios, le lucen las copas a la mesa, 45 toda la casa goza, del real tesoro espléndida.
Y los fornidos, hércules de bolsillo, que lucen sus musculaturas inyectadas por las calles en transparentes playeras, aunque esté helando, para enguajolotarse de indestructibles y tratar de gritarle a cualquier enclenque...
Las décimas son buenas para quejas; el soneto está bien en los que aguardan; las relaciones piden los romances, aunque en octavas lucen por extremo.
Y así dice: "En mis campiñas esa rosa le ofrecí: son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí." Viste el rey ropas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar. La princesa está bella, pues ya tiene el prendedor, en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.
Y a su lado, la fisonomía inconfundible del Espadón, y, formándolo una corte deslumbradora, las hermosuras célebres de su período, cuyos trajes y adornos son polvo, y cuyas joyas, dispersas, lucen acaso hoy en las orejas y escote de las héteras famosas.
El libro no tiene barbas: le salen muchas cintas y marcas por entre las hojas, pero esas no son barbas: ¡el que sí es barbudo es el gigante que está pintado en el libro!: y es de colores la pintura, unos colores de esmalte que lucen, como el brazalete que le regaló su papá.
Más que barrido parecía lavado, bruñido: la luz con que Dios alumbra nuestro valle se prodigaba en un derroche de gloria; las zonas luminosas de todas aquellas paredes recién enlucidas, eran de una blancura incandescente; el follaje de árboles y trepadoras, los frutos, las flores, el césped, heridos por aquel resistero, semejaban una vegetación de talco, uno de esos paisajes con incrustaciones de nácar que lucen en el fondo de algunos pisapapeles de cristal.
¿Por qué no tendría al menos por marido a uno de esos hombres de entusiasmos callados que trabajaban por la noche con los libros y, por fin, a los sesenta años, cuando llega la edad de los reumatismos lucen una sarta de condecoraciones sobre su traje negro mal hecho?
Sus ojos lucen como azabaches; sus labios sonríen al pecho maternal; su cabellera se abre en rizos; sus manos juegan con los hilachos del pañuelo; su cuerpo desnudo ostenta saludable barniz.
Y mientras el sol se pone sonrosando las nieves con una claridad suave, junto a los árboles de la Alameda, que lucen sus cumbres resplandecientes en un polvo de luz, su esbeltez solemne y sus hojas nuevas, bulle un enjambre humano, a ruido de música, de cuchicheos vagos y de palabras fugaces.
Sí, señor; las duras peñas lucen este mes renovados musgos o, cuando menos, un liquen llamado geográfico, primer grado de la vegetación; y en cuanto a los hielos, y a la misma nieve, producen en las regiones polares ciertos fresales amarillentos y líquenes incoloros que sólo se nutren del aire, o sea del aliento vivificante de Flora, como los camaleones y los verdaderos poetas.
¡Leves os sean esos manjares indigestos y conviértanse en sangre de vuestra sangre y en hueso de vuestros huesos y ayude a peptonizarlos y a facilitar vuestras difíciles digestiones la acción de gracias que articulan los labios enjutos y la bendición que esparcen en el aire los dedos flacos del abate Pazavillini, sentado a la cabecera de la mesa, en que lucen ahora el queso de Camembert de coloración cadavérica, el Roquefort delicuescente y la decocción de chicoria amarga con que creyendo que absorbéis el café aromático, el licor de Voltaire y de Balzac, finalizáis vuestros pantagruélicos almuerzos!